El Criticón

Opinión de cine y música

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Hellboy II: El ejército dorado


Hellboy II: The Golden Army, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Mike Mignola.
Actores: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Jeffrey Tambor, Luke Goss, Anna Walton, John Hurt.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras notables en guion y puesta en escena. Vestuario y maquillaje impresionantes.
Lo peor: Sigue resultando un tanto predecible y superficial cuando había mucho por explorar en el universo imaginario.
Lo peor: No soy un bebé, soy un tumor.

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Guillermo Del Toro y Mike Mignola estuvieron desde el estreno de Hellboy desarrollando la segunda parte sin encontrar el tono a la historia, y los estudios parecían interesados pero no metían prisa. Sin embargo, el éxito de la sobrevaloradísima El laberinto del fauno (2006) animó a todos y se pusieron en serio a ello. Además, le otorgaron un presupuesto algo superior a pesar de que la primera parte fue muy justa en taquilla.

Del Toro parece haber tomado nota de lo que peor funcionó y se lo trabaja mejor, o quizá la colaboración de Mike Mignola en el guion ha resultado muy enriquecedora. El relato está mejor equilibrado y tiene más personalidad, disimulando mejor que la premisa es de nuevo bastante básica. Los diálogos son más ágiles e ingeniosos, y el dibujo de los personajes más maduro. Las relaciones laborales y amorosas son muy moviditas, el romance ya no da vergüenza ajena, de hecho, el de Abe es muy atractivo, sobre todo porque aporta bastante a la trama, y los secundarios resultan más verosímiles, incluso aunque sus orígenes sean muy fantasiosos. Y también la suerte corrió de nuestra parte: Rupert Evans no pudo aparecer por problemas de agenda, con lo que nos libramos del agente novato idiota y el pésimo actor.

Hellboy, de nuevo encarnado con entusiasmo por Ron Perlman, es un rol central muy potente. Bruto e infantil y amable y fiel a partes iguales, continúa intentando ganarse el respeto de sus compañeros y superiores y encontrar razones para vivir en un mundo que no termina de aceptarlo. La seriedad y sabiduría de Abe sufre un traspiés cuando su corazón se interponte. El villano, el príncipe élfico Nuada, es más convincente que los de la primera entrega, su historia está bien desgranada y sus motivaciones, aunque primarias, se entienden, y con su hermana Nuala se redondea la cosa. El jefe de Hellboy, Tom Manning, ya no es un secundario gracioso cargante, y aunque alguna escena salida de madre todavía se lleva, encaja mejor en la historia y resulta bastante simpático. La nueva incorporación, el etéreo Johann Krauss y su traje estrafalario, es alucinante en diseño pero también aporta interesantes roces personales, y además evoluciona bien. Solo Liz queda un poco por debajo. Aunque su relación con Hellboy sea más consistente, en solitario no termina de destacar del todo; y Selma Blair sigue ofreciendo una interpretación muy pobre.

La aventura tiene escenarios mucho más imaginativos y un progreso más claro, si bien alguna parte secundaria no termina de funcionar del todo. El prólogo introduce bien la trama, y eso que de primeras parece un pegote, los elfos hacen una entrada imponente, la escena con las hadas se alarga demasiado pero tiene su gracia, y mientras el villano lleva a cabo su plan se intercala bien el día a día de la organización de Hellboy, la investigación, los problemas laborales…

Desde la visita al mercado oculto en adelante el subidón es de aúpa. El despliegue de criaturas del lugar corta la respiración; puede considerarse que lo alargan para vacilar, pero bien que se disfruta. La pelea con el elemental es impresionante y bastante emotiva. Los pocos tropiezos preceden al lanzamiento de la confrontación final, donde encontramos giros un poco rebuscados: el trol del carrito y la criatura que vigila la entrada resultan un poco artificiales, por eso de ser recursos fantásticos de pegote para agilizar la trama, y hay algún otro giro poco meditado, como la herida de Hellboy, un drama forzado prescindible. La batalla final, aunque acabes cansado de mamporros a robots dorados, ofrece un clímax más llamativo que el desenlace del primer capítulo, sobre todo porque la implicación de los personajes mucho mejor: en todo momento sabes que quedan conflictos dramáticos por cerrar, y la resolución no decepciona.

El pico extra de dinero lo aprovechan de maravilla, siendo el vestuario y el maquillaje extraordinarios y los efectos digitales muy buenos. Del Toro también muestra más experiencia, con una dirección más cohesionada y mejor sentido del espectáculo. El montador ha cambiado y se nota, las coreografías también son superiores. Por otro lado, la banda sonora de Danny Elfman es más versátil y emocionante que la anterior de Marco Beltrami, pero también deja la sensación de que el rico universo permitía algo más original y se queda muy corto.

La cinta resultante es muy vistosa, deslumbrante a ratos, garantizando un entretenimiento de primera. La recepción de crítica y público fue más o menos igual, aunque en taquilla le fue algo mejor, pero no como para hacer grandes cantidades de dinero.

Del Toro quería desde el principio hacer una trilogía, e incluso se tanteó algún spin off, pero se quedó todo en el aire hasta que la productora pasó al reinicio, que llega de la mano de Andrew Cosby al guion (la serie Eurueka -2006-), Neil Marshall en la dirección (The Descent -2005-, Centurión -2010-) y con David Harbour (The Newswoom -2012-, Stranger Things -2016-) encarnando a Hellboy.

Ver también:
Hellboy (2004)
-> Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

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Misión imposible


Mission: Impossible, 1996, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 110 min.
Dirección: Brian De Palma.
Guion: Robert Towne, David Koepp, Steven Zaillian.
Actores: Tom Cruise, Jon Voight, Ving Rhames, Jean Reno, Emmanuelle Béart, Henry Czerny, Kristin Scott Thomas, Vanessa Redgrave.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: La mar de emocionante: intrigante, agobiante, espectacular.
Lo peor: El papel de Tom Cruise es muy flojo. El personaje de Emmanuelle Béart no tiene garra.
Mejores momentos: La incursión en el servidor. El tren entrando en el túnel.
La frase: Este mensaje se autodestruirá en cinco segundos…

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Auspiciado por el gran conflicto político de la época, la Guerra Fría, el género de espionaje vivió en los años cincuenta y sesenta una época dorada, eso sí, desde una perspectiva de entretenimiento ligero, sobre todo en cine y televisión. Ya había bastante penurias en el mundo real, las excepciones trascendentales como Siete días de mayo (John Frankenheimer, 1964) no eran lo habitual, sino la evasión estilo las adaptaciones de James Bond (Ian Fleming, 1953). En la caja tonta más aún, pues primaba el mantener a las familias entretenidas. El principal referente en este ámbito en Estados Unidos fue la serie Misión imposible de la CBS. Iniciada en 1966 por Bruce Geller, supuso un importante éxito que llegó a durar siete temporadas y fue una notable influencia para el género.

Mucho tardaron en llevarla a la pantalla grande. En Paramount Pictures, poseedora de los derechos, no encontraban enfoque y autores que la sacaran adelante hasta que llegó Tom Cruise, al que le gustaba la serie, con ganas de encabezar la adaptación. Con su fama no le fue difícil liderar el proyecto, imponiendo su protagonismo y eligiendo al director entre varios candidatos de renombre. En cambio, el guion pasó por muchas manos hasta que fue tomando forma, siendo el libreto final una combinación de lo desarrollado por distintos autores.

Raro es que con ese proceso no saliera una amalgama de poca calidad, pero la cinta resultante fue compleja y densa de narices y aun así no se le pueden encontrar carencias importantes. Eso sí, dejó a muchos espectadores más confusos que intrigados, aunque con las magníficas escenas de acción finales todo el mundo salió contento. No ocurrió así con la crítica, que no conectó con una recuperación seria de un género muy en desuso (salvo por la infatigable saga de James Bond) precisamente acusándola de ser demasiado grave y farragosa. Quizá los medios esperaban más fidelidad al original, pero los 500 millones de dólares que recaudó, siendo la tercera en taquilla en 1996, señalan sin lugar a dudas que al espectador medio le convenció la renovación. Partimos de un relevo del protagonista Jim Phelps (Peter Graves en la serie, Jon Voight aquí), que pasa a ser el mentor de un nuevo personaje, Ethan Hunt, encarnado por Tom Cruise. La aventura grupal pasa a una odisea en solitario, y el tono de espionaje se torna más oscuro.

No conocemos nada de la vida personal de Hunt, no es necesario. La historia se centra en su equipo y su trabajo, y cómo trata de salir de un apuro enorme. Cualquier otro autor habría metido flashbacks o como poco alguna llamada telefónica a su familia, con algún niño mono de por medio, para forzar un drama innecesario y tratar de conectar con el espectador con clichés en vez de como logran hacer aquí, contando únicamente lo relevante en esta etapa de su vida. La escena que resume la dinámica de la banda, con el colegueo y la forma de trabajar de cada uno, es muy efectiva para ponernos en situación y conocer qué pierde Ethan cuando empiezan los problemas. Eso sí, aquí puedo citar uno de los pocos puntos grises de la propuesta: el matrimonio entre el viejo líder del equipo y la joven espía no resulta muy verosímil; deberían haber omitido ese dato y optar porque están compinchados por alguna razón relacionada con el espionaje, como dinero o librarse de algún problema.

Desde la primera misión la proyección mantiene el tono de intriga muy alto. ¿Qué está pasando, logrará Ethan salir airoso, en quiénes puede confiar? Vivimos codo con codo su desconcierto y el esfuerzo por desentrañar el complot, y si bien la trama es densa y complicada de seguir a veces, eso mismo garantiza atención máxima, compartir ese empeño por darle sentido a todo. Las sorpresas y las traiciones mantienen la tensión también en un punto álgido casi constante: en cualquier momento puede deshacerse lo andado.

Entre esa conexión y el trabajo físico al que se somete Tom Cruise en las secuencias más importantes se eclipsa bastante el flojísimo papel que ofreció, lejos del carisma de otros títulos recientes (Entrevista con el vampiro -1994-, Nacido el cuatro de julio -1989-) y de la buena interpretación de algunos inmediatamente posteriores (Jerry Maguire -1996-, Magnolia -1999-). En cambio no se trabajan lo suficiente a la compañera, Claire, que podía haber dado mucho más juego con la sospecha de si es de fiar o no, pero apenas deja huella a pesar de aparecer en muchas escenas; además, Emmanuelle Béart está muy sosa. Por suerte, el resto de secundarios es muy efectivo. La ambigüedad moral de Jean Reno (Krieger) y el carisma Ving Rhames (Luther) quedan patentes desde su primera aparición, y pronto su presencia interesa más que la de Béart. Voigh resulta muy intrigante y Henry Czerny construye un jefe tocapelotas efectivo.

Esencial a la hora de dar forma a esta atmósfera absorbente, sofocante a veces, es la dirección de Brian De Palma, que combina de maravilla los distintos tempos de cada escena, y las hay muy variadas. Las partes pausadas resultan tan intensas como otras más activas, por ejemplo, la misión inicial lleva un crescendo que consigue una acertada sensación de que se va perdiendo el control, y la parte de Ethan en los foros de internet transmite muy bien su agotamiento y tensión. Además, como el guion dosifica muy bien cambios de escenario y la introducción de nuevos personajes, la cinta nunca pierde fuelle. El nivel sube inesperadamente en la larga y pausada secuencia de la incursión en el servidor, que toma lo mejor del género (silencios, el peligro a ser descubiertos) y de la serie (el asombro de las tecnologías modernas, con esa alucinante sala) y De Palma remata con un pulso envidiable. Las salas de cine aguantaban la respiración cuando Tom Cruise se cuelga de los cables.

Para el tramo final llega otro cambio brutal, llevándonos a unas secuencias de acción que nos dejaron aún más anonadados. Lejos de las explosiones a lo Jerry Bruckheimer y Michael Bay (La roca -1996- y demás) que triunfaba en la acción más terrenal o de los grandes despliegues de efectos especiales de superproducciones más fantasiosas (Independence DayRoland Emmerich, 1996-, TwisterJan de Bont, 1996-), Cruise y De Palma querían algo espectacular pero más por sorprendente y complicado, y no sin pocas dificultades lo lograron. Ante la imposibilidad de rodar en trenes reales (falta de permisos y seguridad) mezclaron decorados con pantallas de fondo, y el resultado fue impecable, te crees la situación incluso veinte años después, no hay limitación alguna en los trucajes que te saque de las imágenes. La intriga por la resolución de la misión combinada con la peripecia de Ethan por los techos del tren fue asombrosa y sigue manteniéndose como una de las escenas de acción más impresionantes que se recuerdan.

Cabe destacar que mantuvieron muy bien un sello crucial de la original: la música de Lalo Schifrin que mezclaba orquesta con jazz de ritmos modernos es recuperada por Danny Elfman con bastante inspiración, teniendo muchos momentos estupendos, aunque también hay algún otro instante donde satura un poco por sobreutilización.

La segunda entrega, parida por John Woo en el año 2000, nadie entiende cómo pudo salir tan desastrosa (¿no lo vieron venir durante el rodaje?), y aunque es cierto que inicialmente la crítica fue incomprensiblemente muy suave, el público la puso a caldo y da la sensación de que muchos iban al cine para reírse del desastre. El paso del tiempo la ha ido poniendo en su lugar: como una de las peores películas de gran presupuesto de la historia. Aunque por el tirón de la primera amasó más de 500 millones, siendo la más taquillera del año, por encima incluso del pelotazo de Gladiator (Ridley Scott), hundió la serie hasta el punto de que parecía no iba a haber más.

Pero ni Cruise ni los estudios podían dejar morir una saga que sólo con el título daría dinero, y para 2006 se montaron una especie de reinicio. El trabajo de J. J. Abrams fue muy sólido, una buena mezcla de espionaje y acción con nuevos secundarios atractivos, aunque las críticas fueron irregulares y le costó llegar a los 400 millones de dólares, que quizá no fueron suficientes viendo su alto presupuesto y la excesiva campaña publicitaria. El siguiente episodio, Protocolo fantasma, llegó en 2011 de la mano de Brad Bird, y ofreció otro enfoque nuevo. Este por fin dio las ingentes cantidad de dinero deseadas (casi 700 millones), y la saga desde entonces sigue sus parámetros, esto es, una vuelta al entretenimiento más ligero con el que nació la serie en los sesenta, con historias más sencillas, más acción, y reutilización poco disimulada de los mejores momentos de la primera entrega.

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Serie Misión Imposible:
-> Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)

La liga de la justicia


Justice League, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Zack Snyder, Joss Whedon (acreditado como guionista).
Guion: Chris Terrio, Zack Snyder, Joss Whedon.
Actores: Ben Affleck, Henry Cavill, Gal Gadot, Jason Momoa, Ezra Miller, Ray Fisher, Jeremy Irons, Diane Lane, Amy Adams, Connie Nielsen, J. K. Simmons, Ciarán Hinds, Joe Morton.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Duración comedida y va directo al grano, así que no aburre hasta la desesperación como Batman vs. Superman.
Lo peor: Flojísimo dibujo de personajes. Insustancial y anticuada en estilo y argumento. Mediocre en lo visual, que se torna pésimo en la batalla final. Que el estudio siga improvisando la serie sobre la marcha.
La pregunta: ¿A qué se refiere la “justicia” del título? Debería ser La Liga Defensora de la Tierra o algo parecido.
El título: Oficialmente es Liga de la justicia. Le han quitado el artículo “La”, como en Vengadores: La era de Ultrón con el “Los”. De verdad que no entiendo a las distribuidoras. Por supuesto, todo el mundo la conoce como La liga de la justicia.

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Alerta de spoilers: Comento algún detalle por encima, pero no creo que haya nada revelador. —

La liga de la justicia se veía venir como un Batman vs. Superman segunda parte, porque todo en ella se ha ido planteando y desarrollando más o menos igual. De nuevo estamos ante la discutible idea de saltar de golpe a un filme grupal sin haber presentado como es debido a sus protagonistas por separado, ante la difícil tesitura satisfacer con un capítulo muy ambicioso y esperado a un público bastante dispar, tanto a los exigentes fans de los cómics como a los que sólo quieren pasar el rato con las películas que están de moda. Otra vez nos encontramos con un rodaje caótico, con imposiciones del estudio y filmación de escenas adicionales, es decir, se mantiene la falta de rumbo y la improvisación. ¿Puede salir algo bueno teniendo el listón tan alto y una gestión del proyecto tan desorganizada? Todo apuntaba a que sería otra catástrofe artística… y el estreno así lo confirma.

La liga de la justicia no tiene aires de grandeza como El hombre de acero, ni es tan pretenciosa, aburrida y confusa como Batman vs. Superman. Al menos han intentado que sea más ligera y directa, como Wonder Woman. Pero en el proceso ha quedado otro batiburrillo de intenciones malogradas y apaños de última hora como Escuadrón suicida. Es simple y predecible, pero a la vez inconexa y precipitada. Es superficial y anodina, a pesar del empeño en abarcar varios superhéroes y una trama supuestamente épica. La proyección deja frío y se olvida nada más acabar si vas con la mente abierta, sin prejuicios. Pero si te pones a analizarla como fan y como cinéfilo es mejor reírse, porque no merece la pena apenarse de nuevo por el desastre en que ha caído el estudio Warner Bros. con la serie DC, en cómo han desaprovechado unos personajes con tanto potencial y tan admirados. El panorama resulta incluso desalentador, viendo que veníamos del gran Batman de Christopher Nolan y pensando que han agotado a este y a los demás superhéroes para una década, porque nadie se atreverá a reiniciar estas figuras en muchos años, y más cuando está confirmado que van a extender la agonía durante unos cuantos episodios más. Así que lo único que queda es pasártelo bien poniéndolos a caldo y viendo a los fanáticos tirarse de los pelos o intentar darle la vuelta y decir que son buenas películas pero incomprendidas.

La taquilla ya va dejando ver el desgaste, con un estreno y primer fin de semana por debajo de los demás capítulos. Si hacemos caso a las estimaciones de que el presupuesto alcanzaría los 300 millones de dólares, a lo que hay que añadir unos 100 más en publicidad (que seguramente sean más, pero por poner una cifra), debería recaudar por encima de 800 millones para empezar a dar dinero, así que va a ir muy justa la cosa. La masa de espectadores es fácil de llevar a la tendencia de moda y tarda en cansarse, pero tarde o temprano tendrán que darle la espalda a una serie que apenas gusta. ¿Será por fin en esta entrega? Hasta ahora los episodios rondaban los 700-800 millones de taquilla, sí, pero con toda seguridad por el tirón de los personajes y del género, en pleno momento álgido, y por la insistente campaña publicitaria, que mueve a la gente indecisa en plan “esta es la peli del mes y hay que verla”.

De hecho, es imposible no pensar que le deben la mitad de la recaudación a Disney/Marvel y otro poco al Batman de Nolan, que hacen efecto arrastre y son quienes mantienen al género muy vivo. Si en Warner/DC tuvieran que depender sólo del boca a boca y las críticas, la hostia sería mayúscula. De ahí que los fanáticos que se empeñan en defender esta saga contra viento y marea despotriquen contra Rottentomatoes con conspiraciones absurdas de que está comprada por Disney, cuando lo único que hacen en esa web es recopilar las críticas de decenas de medios. Y luego estos mismos niñatos intentan reventar la media en la IMDb poniéndole miles de dieces antes del estreno, se dedican a perseguir por los foros a quien opine mal de estos bodrios, y tratan de machacar al estreno de Marvel más cercano, en este caso Thor: Ragnarok, con argumentos pueriles y mucha rabia. Pero dejemos de lado esta surrealista guerra, perdida por Warner/DC y sus mercenarios ya desde El hombre de acero, y centrémonos en la película…

Como en el resto de la serie, lo primero que se observa es que el tono oscuro y épico está hecho a brochazos y es una fachada que cae rápido. La estética es artificial pero gélida, con esa fotografía de colores apagados nada naturales y los planos teatrales pero vacíos y sin visión global (una postal aquí, otra allí, pero la narrativa descuidada). Sumado a los penosos efectos especiales, se conforma un aspecto visual poco llamativo, desagradable incluso, por deslucido y cutre. La trama va de grandiosa, sombría y grave, pero al final resulta bastante insípida e infantil. Y sobre todo, lo peor de todo, los protagonistas tienen una descripción somera y un desarrollo muy exiguo, no son capaces de hacerlos crecer tras varios capítulos muy largos.

No hay conflicto ético llamativo, ni una lectura intelectual con el más mínimo atractivo. Claro que, si no los ha habido hasta ahora, no debería sorprender, pero dadas las temáticas que se trataban en los cómics y las otras adaptaciones, se echa de menos que profundicen en temas como la responsabilidad, la moral, la esperanza, la superación personal, etc. Apenas se señalan los puntos básicos de cada superhéroe, y desde luego no se explora ninguna otra línea conocida, como la corrupción de la sociedad (habitual en Batman), el poder de los medios (recurrente en Superman, a través del aquí inexiste Daily Mirror), etc. Tenemos flojas menciones al aspecto de Superman como faro de la humanidad, Diana sólo suelta un par de clichés a los nuevos sobre que sus poderes deberían estar al servicio del bien, y con Batman se roza el tema del miedo como arma porque los bichos malos se alimentan de miedo (aunque esto se olvida en largos tramos de la cinta), pero no porque se profundice en el personaje.

También se sigue descuidando otro aspecto esencial: la humanidad parece no existir. Aparecen Lois y la madre de Clark de refilón, para cumplir con ellas porque están en los cómics, pero no aportan nada al desarrollo emocional de Superman (casi mejor, después del patético desenlace de la pelea con Batman), y desde luego no sirven para recordarnos que la humanidad está en peligro. Es más, no sabría si ha habido una extinción en la Tierra, pues apenas vemos a unos pocos secundarios y figurantes, y los únicos con presencia relevante están metidos con calzador y sensacionalismo: las citadas mujeres de Clark y esa familia que vive cerca de la planta nuclear resultan muy cargantes. Es decir, nunca da la sensación de que la Tierra está en verdadero peligro, no parece que el grupo luche realmente por el ser humano, tanto por la supervivencia global como por sueños de una sociedad mejor, sino que parecen solamente unos frikis que se juntan en un descampado para pegarse con un gamberro sideral.

El villano provoca indiferencia total. Se puede perdonar que no tenga un dibujo complejo, que sea una entidad destructora sin más, si su presencia es una excusa para presentar al grupo de superhéroes. Pero aun así debe causar alguna impresión, tener cierto atractivo (diseño, carisma) y transmitir algo de peligro, es decir, que no parezca un infantil monstruo final de videojuego… no, peor, otro monstruo de videojuego, porque es intercambiable con todos los villanos de la saga. Si es que ni el nombre recuerdo. Intenciones, planes, poderes (¿y ese teletransporte?)… nada llega a definirse, es un muñeco digital sin alma alguna. Y como la puesta en escena y los efectos especiales son mediocres, la batalla final provoca más sopor que emoción.

Así que todo el peso del relato recae en el grupo, en su unión, sus relaciones incipientes, los primeros pasos en la lucha, la aceptación gradual del destino y la responsabilidad, el encontrarse a sí mismos y sacar coraje, etc. Viene a ser lo mismo de siempre, pero como siempre también, se puede hacer bien y cumplir de sobras, se puede conseguir un nivel extraordinario que permita rememorar la película años después, o se puede hacer el ridículo. Marvel se mantiene en los dos primeros puntos, con algunos picos antológicos, Guardianes de la galaxia y Los Vengadores. La reciente Thor: Ragnarok es otro gran ejemplo de que con una premisa clásica se puede conseguir una obra desbordante de personalidad. Pero con La liga de la justicia seguimos ahogándonos en un mar de decepciones.

La presentación de Aquaman es breve e insustancial, no llegamos a vislumbrar quién es, dónde vive, de qué cultura viene. Sólo nos quedamos con un vago dato: es el típico heredero que pasa de todo. Y su desarrollo no aporta ninguna capa, salvo incongruencias: va de chulo pasota de toda la vida que no quiere inmiscuirse en los problemas del mundo… ¿y entonces por qué ayuda al pueblo de pescadores? Sin conocer sus motivaciones y poderes (¿puede volar o la escena es exageradísima?), su presencia es confusa. Sin mostrar un carácter bien definido, sus chascarrillos parecen forzados. A pesar del carisma nato de Jason Momoa (Stargate: Atlantis, Juego de tronos), termina la proyección y me cuesta recordar que ha estado en ella, sólo me viene a la memoria la escena del Lazo de la Verdad, clásico humor “made in” Joss Whedon. La entrega que liderará en solitario debería haber llegado antes y la presente ser una conclusión o un punto y aparte a su trayectoria, como han hecho sabiamente en Marvel con todos sus protagonistas principales. Sin ir más lejos, parece un soso clon de Thor.

El drama familiar de Flash es escupido de mala gana, pero el chico resulta simpático, más humano que los demás. Se ve a un joven novato en esto de ser héroe, madura y se hace un hueco poco a poco. No deslumbra, se queda en un estereotipo un tanto limitado, y parece una imitación del Spider-Man de Capitán América: Guerra Civil, pero resulta agradable y su presencia y acciones sí vienen a la mente cuando piensas en la película. El actor Ezra Miller cumple en el papel de secundario cómico, pero faltaría por ver un progreso dramático más elaborado y cómo se desenvuelve en él.

Con Cyborg parece que intentan trabajárselo más, quizá por ser el más desconocido. Pero el lío paternofilial está demasiado visto y se desarrolla con clichés muy rancios. Al final hasta le hace ganar puntos a Flash: con él van al grano sin extenderse innecesariamente. En la comparación también pierde el actor Ray Fisher, incapaz de transmitir el supuesto tormento que vive su rol. Como héroe queda un remedo chapucero de Iron Man, con un traje y tecnología que todo lo puede, y como persona resulta más bien irritante.

Superman, con menos presencia, pierde más definición y profundidad, y mira que tenía poca. No se intuye de qué va ni qué siente. Se supone que ha de estar abrumado, pero parece pasárselo bien. El conflicto con Batman desaparece sin más, porque claro, acabaron bien después de todo… Pero entonces, ¿por qué el grupo teme que al resucitarlo vaya a por el hombre murciélago? Por cierto, increíble que Wayne, tan afligido por matarlo, no ayudara a su madre con las deudas que la llevan a quedarse sin casa. Y como decía, no existe conexión alguna entre Superman y la humanidad, por más que repitan la frase de que es un faro para la misma varias veces. Lo único digno de su presencia es que en la resurrección los guionistas se esfuerzan un poco. Luego está claro que no saben qué hacer con él, que meterlo en juego demasiado pronto acabaría con el malo en un pis pas, así que lo reservan con todo descaro para que los otros sufran un poco, con gilipolleces como que se preocupe por unos cuantos civiles a la huida (y eso que en El hombre de acero le importaron bien poco), cuando dejar al enemigo seguir con su plan es lo que podría causar un auténtico apocalipsis. Así que Superman queda otra vez casi al nivel del villano: un tipo súper poderoso que pulula por ahí sin saber qué lo motiva y qué piensa y que sólo pasa a primer plano para soltar hostias.

Batman posee cierto carisma y determinación, pero en el lado de Wayne, porque el hombre murciélago no me dice nada. Ben Affleck ha perdido fuelle (y ganado peso) respecto al buen papel en Batman vs. Superman: no se lo ve agobiado y tenso como debería ante tal empresa. Es otro que al terminar el visionado no sabes muy bien qué ha hecho, aparte de un par de escenas típicas donde lidia con la unión de la pandilla. Wonder Woman también apunta maneras. Tiene las ideas claras, quitando el absurdo de pasarse cien años de vacaciones, y algún diálogo digno. Pero una vez entrados en acción los atisbos de personalidad de estos dos desaparecen, engullidos por el caos sin contenido de la larga y cansina confrontación.

Está claro que el esfuerzo de Joss Whedon, centrado en definir mejor las relaciones de la banda, se ha ido en el tramo central, y que el final es puro Zack Snyder: fuegos artificiales (poco vistosos además) y nada de contenido. Porque la forma de rodar de Snyder y el paupérrimo nivel de los efectos especiales son el otro gran lastre de la saga y del episodio.

Es alucinante que se hayan gastado tanto dinero (recordemos: unos estratosféricos 300 millones de dólares) y luzca tan mal… de nuevo, porque no se entiende tampoco que sigan recurriendo al mismo equipo técnico que tan malos resultados da. Las pantallas de fondo cantan un montón (atención a la conversación de Clark y Lois en el maizal), las criaturas y escenarios digitales son propios de una película de hace veinte años (sonrojante la batalla de las amazonas), y el tramo final, todo hecho por ordenador, es puro videojuego, da lástima verlo. Para rematar, tenemos a Snyder y su incapacidad para dotar de ritmo y garra a la narrativa, y sus tics exasperantes: aspecto visual sintético, atardeceres eternos, cámaras lentas sin justificación alguna… Y la pena es que ni habiendo finalizado la cinta un artesano tan competente como Whedon se arregla la cosa, porque con unas pocas escenas sueltas es complicado cambiar un todo fallido, y aparte el estudio ha metido mano exigiendo un metraje de dos horas, cuando sabemos que había mucho material rodado (y probablemente obligaran a otras cosas, como a meter esos videoclips musicales tontorrones -el remix de The Beatles es incluso ofensivo- o a quitarle ropa a las amazonas -¡!-). Y me temo que el metraje final es tan caótico como el de Batman vs. Superman, tanto por el montaje de las peleas cuerpo a cuerpo, que siguen siendo bastante chapuceras, como en la narrativa global, que va a toda leche pero tropezándose y dejando huecos enormes.

Algunos de esos agujeros cantan mucho. Cuando se quedan tirados en los túneles porque Cyborg se larga, de repente aparecen afuera sin que sepamos cómo han salido. La solución de Batman con los insectoides sale de la nada, aunque quizá es mejor, porque me imagino una investigación absurda como la de Batman vs. Superman y me da la risa. Otro aspecto del rodaje extra que está dando que hablar es el dichoso bigote que tenía Henry Cavill para su siguiente película y eliminaron digitalmente con resultados muy cómicos, porque parece que han pintado con acuarela de color carne encima del labio.

En el lío de la producción también cambiaron de compositor. A estas alturas quieren a alguien con carácter, dejando de lado la electrónica sin alma de Junkie XL y al imprevisible Hans Zimmer, que lo mismo te hace un mix repetitivo de sintetizador que pare una genialidad, pero ahora anda diciendo que no quiere más películas de superhéroes. Así que han fichado a Danny Elfman, autor de la mítica partitura del Batman de Tim Burton, entre otras muchas maravillas. Eso no justifica que metan el tema principal de aquel Batman aquí, pero es que ya de paso incluyen también un homenaje al Superman de John Williams, con lo que da la sensación de que el estudio quería tirar de los buenos recuerdos de los espectadores para levantar el nivel emocional. El resto de su labor no destaca, y menos con tanto ruido. Si bien se agradece una orquestación más trabajada, la composición es de acción rutinaria, no se esmera (o no lo dejan) en crear motivos concretos para personajes (sólo recupera brevemente el simplón de Wonder Woman) ni en una trayectoria temática sólida, quedando una obra impersonal y predecible. De hecho, en algunos momentos se lo ve bastante limitado, como esos forzados violines lacrimógenos de las partes más dramáticas e íntimas.

El argumento trillado, las situaciones tan vistas, la poca enjundia intelectual, los protagonistas estereotipados y de escaso recorrido, y el acabado visual de cine cutre, dan como resultado una película ingenua, torpe, fea, que parece anticuada, como de los tiempos del Superman de Richard Donner, impropia de esta época donde el género alcanzó su madurez hace unos años, precisamente con otro Batman, el de Nolan, y se mantiene en todo lo alto desde entonces gracias a la serie Los Vengadores y los giros adultos de la agonizante X-Men, Logan y Deadpool.

Y una vez vista y digerida es inevitable hacerse la gran pregunta: ¿El estudio ha apartado a Snyder y fichado a Whedon para tratar de encauzar un barco que se hunde? Ojo, no quiero frivolizar con la tragedia familiar que vivió Snyder, pero de haberse retirado para reponerse mentalmente lo lógico es que el estudio terminara el rodaje en la línea de este autor, la línea que le estaba imprimiendo a la serie. Inicialmente todos pensamos en lo más lógico: ficharon a Joss Whedon porque es uno de los mayores expertos en cómics de Hollywood y un notable guionista y director (de hecho, es un pilar fundamental en Los Vengadores). Pero en frío era imposible no razonar que el estilo (y el nivel cualitativo) de Whedon y el de Snyder son muy distintos, y que no pinta mucho para un trabajo tan poco gratificante como finalizar y editar la película de otro. Había muchos autores sin temperamento pero con experiencia que podrían haberlo hecho. Sólo se me ocurre que podría haber firmado para este mal trago a cambio de poder realizar la adaptación de Batgirl que persigue desde hace tiempo.

Siguiendo la labor de Whedon en el proyecto (por las noticias y declaraciones que ha habido) y analizando el resultado final, las dudas aumentan muchísimo. Sabiéndose que con él al frente el estudio buscó reforzar las relaciones entre personajes y un tono menos funesto y solemne, amén de reducir el metraje agilizando el ritmo y quitando morralla (Snyder nunca supo ir al grano), parece quedar claro que han mirado al éxito de Wonder Woman, con su estilo más luminoso y aventurero, y a la vena humorística que tan buenos resultados le da a Marvel. Es decir, todo apunta a que siguen improvisando y modificando la serie sobre la marcha, intentando encontrar un estilo y una personalidad según soplan las críticas, y han tratado a última hora de encauzar un filme que, finalmente, como Batman vs. Superman y Escuadrón suicida, se les ha ido de las manos. Para colmo, ahora andan algunos seguidores clamando por una versión del director editada por Snyder, como si de repente resultara que él no es el principal problema de la saga.

La liga de la justicia es otro fracaso (hasta el póster es horrendo) en una serie que deberían dejar morir (deberían haberlo hecho desde El hombre de acero) y reiniciar en unos años con buenos guionistas y directores y con la planificación adecuada.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
-> La liga de la justicia (2017)

Los Vengadores: La era de Ultrón


Avengers: Age of Ultron, 2015, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 141 min.
Dirección: Joss Whedon.
Guion: Joss Whedon. Stan Lee y Jack Kirby (cómics).
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, James Spader, Samuel L. Jackson, Don Cheadle, Aaron Taylor-Johnson, Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Cobie Smulders, Anthony Mackie, Linda Cardenilli, Setellan Skarsgård.
Música: Danny Elfman, Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Personajes magníficos, ritmo excelente, escenas de acción de muy buen nivel.
Lo peor: No innova mucho. Podría haber sacado más de Ultrón. Hay algunos pequeños deslices en el guion.
Mejores momentos: La fiesta, el martillo, la disensión creciente entre el grupo, el nacimiento de Ultrón, el de Visión…
El título: Por alguna razón le han quitado el determinante en inglés y en la traducción oficial en castellano, y en mi opinión queda rarísimo.

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Decía en Los Vengadores que Joss Whedon se enfrentaba a una película muy difícil, pero en La era de Ultrón la cosa no se ha puesto más fácil. Primero, las limitaciones impuestas por el género y la continuidad de la serie siguen ahí. Es decir, no hay margen para narrar cualquier cosa, debe seguir unos parámetros, además especialmente restringidos por las intromisiones del estudio. Entre el estrés propio de un proyecto tan grande y esta restricción en las libertades (incluyendo aquí la absurda resurrección del agente Coulson en la serie Agent of S.H.I.E.L.D. , que no le sentó nada bien), Whedon dijo que ya había tenido suficiente y abandonó la saga. Bueno, también habría que sumarle el acoso de los fanáticos en las redes sociales, a los que no les bastaba con opinar que no les gustó algún detalle de la cinta (insignificantes además), tenían que hacerlo con insultos y amenazas. Tenemos que agradecer a estos imbéciles que un tipo siempre muy abierto a compartir con los fans tuviera que huir de esa relación.

Segundo, Los Vengadores resultó extraordinaria, dejando el listón muy alto, y claro, todo el mundo espera que las siguientes partes sean más grandes y mejores. ¿Cómo superar una película colosal, cómo no repetir argumentos, escenas y sensaciones a pesar de estar narrando otro capítulo más dentro de un mismo estilo? No se produjo el milagro esperado, pero por poco. O al menos eso pienso yo: ¿nos vamos a llevar las manos a la cabeza porque la segunda entrega sea “sólo” de notable? Algunos lo han hecho, y no me parece justo. Sí, se le pueden sacar algunos puntos grises y citar cierta falta de riesgo, pero no me parecen suficientes para denostar otra gran entrega de la serie.

El trabajo de Whedon vuelve a ser prácticamente impecable en todos sus elementos, logrando un fantástico equilibrio donde incluso los deslices que le podamos sacar no eclipsan la magistral combinación de acción, desarrollo de trama y evolución de personajes, y todo ello con las dosis justas de humor. El ritmo trepidante y las nada más y nada menos que cuatro grandes piezas de acción no se dejan en manos de fuegos artificiales vacuos como suele verse más de la cuenta en el género (saga Transformers a la cabeza), sino que, como en Los Vengadores, toda situación va aportando capas a la historia y los protagonistas. Cada uno tiene su personalidad, su lugar, y su viaje interno bien mostrado, y ninguno ensombrece a otros, de hecho incluso sorprende lo bien que aprovecha roles secundarios que otros autores habrían relegado en detrimento de los grandes superhéroes, como Viuda Negra y Ojo de Halcón; hasta los nuevos, los hermanos Maximoff, se ganan rápido su hueco. Porque Whedon no ha perdido el objetivo de la película, que no es otro que hablar de Los Vengadores.

Si la primera parte trató de la formación del grupo, de hallar qué los une y los hace fuertes, en esta se analiza lo contrario, cuáles son sus debilidades, qué los puede separar, plantando obviamente los cimientos para la inminente Guerra Civil. Se le puede achacar que juega otra vez con los personajes hipnotizados/controlados, pero se perdona en cuanto se ve el provecho que saca de ello: las visiones y los miedos que estas hacen aflorar nos permiten conocer a los héroes más a fondo, y esto nos lleva a ver qué los separa, a conocer mejor las diferencias ideológicas y morales que antes sólo estaban latentes. Las escenas iniciales donde vemos el compañerismo (la fiesta, los chistes con el martillo) contrastan muy bien con la confrontación que va creciendo poco a poco, pero la llegada Ultrón y Visión lleva la disputa a nuevos niveles. Por cierto, la entrada de ambos es espectacular, pero la del segundo resulta muy sorprendente e intrigante si, como me ocurrió a mí, no conocías su existencia.

Ultrón, el villano que mueve los hilos para explotar estas debilidades, es fascinante. Como ente que busca el caos y la destrucción como elemento de renovación y evolución no es una idea original, pero su personalidad insolente, sus chascarrillos y lo bien que sirve para mostrar el alcance de ideas que se llevan hasta el extremismo, lo convierten en una presencia arrolladora, y como enemigo a batir a tortazos también resulta imponente. Pero con él se puede señalar la limitación principal de la película. Con toda probabilidad es fruto de las restricciones que mencionaba (el estudio se aferra al esquema básico y de eficacia comprobada), pero la sensación es que un villano de estas características, a lo que se le suma la entrada del también sugerente Visión, daba para algo más, para una trama más profunda e inteligente y para un tramo final más elaborado. Hubiera sido muy interesante ver un desenlace más centrado en una disputa intelectual y en dilemas éticos en vez de tener otra vez un apocalipsis en ciernes, un ejército de peleles y el grupo soltando hostias. Y no me malentendáis, el tercer acto que tenemos es dista de ser mediocre, de hecho es épico y los personajes dan mucho de sí, pero no es nada novedoso y sabe a poco teniendo entre manos potencial para más. Pero claro, la compañía no va a arriesgarse a permitir una trama filosófica tipo Matrix y el arquitecto.

A esta sensación de que no se atreven a innovar debemos sumarle algunos apuntes de guion un tanto grises. ¿Cuándo se pierde o roban el cetro de Loki? Aparece en manos de los malos en una escena postcréditos de El Soldado de Invierno, pero es algo que debería haberse explicado mejor dada su importancia en el argumento. Cuando la bruja ataca al grupo falta la visión de Banner hasta convertirse en Hulk, se nota un hueco gordo ahí que apunta a escena eliminada; o eso, o es una elipsis un tanto floja. El hallazgo de donde está retenida Natasha no se trabaja mucho. Ojo de Halcón va a buscarla por canales alternativos, pero no se explica cómo da con el código morse que ella envía a tampoco se sabe a dónde. Llamar “mejorados” a los “mutantes” suena ridículo, pero estas cosas son resultado de las guerras por derechos de autor. También puedo señalar alguna cuestión poco clara: ¿por qué tanto Los Vengadores como los gobiernos más importantes dejan la guarida de Strucker, una vez detenido, llena de material tecnológico avanzado que podría caer en manos de terroristas y gobiernos inestables, como finalmente vemos que ocurre con Ultrón?, ¿por qué asume Thor que Visión estará de su parte cuando lo que parece es que teme mucho a las gemas?

Pero las dos polémicas más comentadas son las siguientes. Tenemos la cueva del estanque, que el estudio obligó a incluir para unir con las próximas entregas de Los Vengadores. ¿Es que no había mejor forma de que Thor investigue sobre las gemas que dándose un baño en un lugar del que no se explica nada: dónde está, qué hace Thor o qué tiene el agua para ayudarlo a deducir cosas? Simplemente podría haberse comunicado con Heimdall, que todo lo ve, o haber ido a alguna biblioteca de su mundo. Por ello la escena rompe el ritmo y resulta desconcertante. Y por lo visto era más larga y más confusa: tras los pases de prueba tuvieron que eliminar la aparición de Loki porque la gente pensaba que era quien manejaba a Ultrón (¿?), pero también recortaron la parte en que Thor es poseído por alguien (¿algún secuaz de Thanos?) y se pone a hablar de las gemas, que más que explicar resulta también extraño e ininteligible. Más ruido hizo un desliz menor que tuvo Whedon en un simple diálogo: Natasha considerándose igual de monstruosa que Hulk por ser estéril. ¡Claro, porque ello te convierte en un incontrolable azote de la humanidad cada vez que te enfadas! Si quería hablar de que ella se siente tan poco normal como los otros por todo lo que tuvo que sufrir y sacrificar en su entrenamiento, podría haberlo hecho mejor, pero tampoco me parece como para armar el escándalo que se armó.

En cuanto a la puesta en escena, Whedon cumple otra vez como gran artesano de acción de calidad con una labor contundente y sabia, es decir, nada de agitar la cámara para ofrecer la sensación de ritmo y caos: la grandilocuencia del escenario y la batalla no engulle los personajes, que siempre sabemos dónde y cómo se encuentran, ni estos interfieren en la espectacularidad de los momentos más aparatosos. Ahora bien, al contrario que en Los Vengadores, hay algún momento donde se notan los efectos especiales, supongo que por querer abarcar y asombrar cada vez más. En el prólogo en el bosque y en la persecución en moto la integración de fondo, vehículos y personajes (reales y dobles digitales) se nota un poco en algunos planos. Pero por lo general el nivel de producción es asombroso, destacando el realismo de la destrucción final o la brutal pelea Iron Man vs. Hulk, indudablemente un tramo puesto para tratar de subir el listón con respecto a las entregas previas.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
-> Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Big Eyes


Big Eyes, 2014, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 106 min.
Dirección: Tim Burton.
Guion: Scott Alexander, Larry Karaszewski.
Actores: Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Jason Schwartzman, Terence Stamp, Krysten Ritter.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El sentido del humor y la sensibilidad del guion, la colorida puesta en escena, el excelente reparto.
Lo peor: El final es muy, muy soso.

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Qué extraño el poco éxito de Big Eyes, porque a mi parecer recupera al Tim Burton que firma películas sensibles y hermosas del estilo de las apreciadas Eduardo Manostijeras y Big Fish. En su contra jugaría la escasa distribución y publicidad que recibió. Los hermanos Weinstein, los todopoderosos productores, pueden hundir o encumbrar una película según les place, y parece que esta no les interesó. Pero aun así, sorprende que teniendo el tirón de actores y director de sobra conocidos no causara algo más de impacto. Al menos el presupuesto fue ínfimo (10 millones… compáralos con los absurdos 150 millones de Sombras tenebrosas) y no habrá llevado a nadie a la bancarrota.

Los guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski, expertos en biografías atípicas (Ed Wood, Man on the Moon), parten de unos pilares bastante básicos, pues la historia de superación personal no sorprende y gran parte de los capítulos de la vida de la pintora retratada (¡ja!) se ven venir. Pero el juego de la estafa le da una perspectiva muy interesante, y sobre todo saben exprimir cada situación obteniendo en general una aventura tragicómica muy emotiva. Los personajes son deliciosos, pronto te enganchas a la odisea de Margaret esperando que sea capaz de salir airosa, mientras no sabes sin abofetear o sentir pena por Walter. Además toca temas interesantes, como la fina frontera entre arte y mercantilismo, los altibajos de las modas, el machismo y la emancipación de la mujer, la soledad del millonario aislado del resto de la sociedad, los críticos resentidos…

La puesta en escena, crucial en la confección de esa atmósfera de cuento, es hábil y vistosa como se espera de un artesano del calibre de Tim Burton, aunque también dada la sencillez del relato no puede ofrecer algo complejo y enrevesado. El tempo de cada escena es excelente y sabe sacar lo máximo de personajes y actores, pero si destaca es por el colorido aspecto visual, donde se buscó a un director de fotografía que domina muy bien las tonalidades buscadas: el francés Bruno Delbonnel, artífice de genialidades como A propósito de Llewyn Davis, Amelie, Largo domingo de noviazgo… Aquí deslumbra más que en su anterior colaboración con Burton (Sombras tenebrosas) porque como decía se trabajan un estilo más intenso y recargado en cuanto a colorido: cada plano emula ser un cuadro a través de una cuidadísima iluminación.

Con esta combinación todas las escenas, por predecibles que puedan ser, poseen la chispa burtoniana tan genuina: la atmósfera algo irreal, casi absurda, el ingenio inagotable, y por supuesto también la belleza visual. Hasta una simple conversación en un restaurante, con la esperable disputa matrimonial, llega hondo por el buen ritmo, la gracia de los diálogos y la vuelta de tuerca casi surrealista del momento. Y hay tramos donde este estilo explota a lo grande, como las escenas en el bar: el jefe rarito, la exposición en el pasillo del baño, la llegada del rico… Pero hay otros muchos pasajes que juegan muy bien con el drama sencillo y la comedia ligera, consiguiendo una cinta amena y conmovedora. Tan sólo tiene un fallo importante, y es que en el desenlace los guionistas se quedan sin inspiración y la cinta cae de golpe a un abismo de desinterés. El juicio es insípido, toda la energía del relato desaparece en él. La falta de ritmo, el tono apático y la carencia de ingenio amargan bastante el final de la proyección. Parece formar parte de otra película distinta, la verdad.

El trabajo actoral es fantástico como también cabe esperar de dos pesos pesados como Amy Adams y Christoph Waltz. La primera capta muy la candidez de Margaret y está impresionante en sus altibajos emocionales, el segundo deslumbra como estafador de poca monta que llega mucho más lejos de lo esperado gracias al talento de su mujer, otorgándole al personajillo un patetismo encantador.

Terminator Salvation


Terminator Salvation, 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: McG.
Guion: John D. Brancato, Michael Ferris.
Actores: Christian Bale, Sam Worthington, Anton Yelchin, Moon Bloodgood, Jadagrace, Bryce Dallas Howard, Common, Helena Bonham Carter, Michael Ironside, Ivan G’Vera.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Guion complejo y sólido: buena trama y excelentes personajes. Puesta en escena deslumbrante: ritmo magnífico, acción de gran nivel.
Lo peor: Lo difífil que es superar las espectativas con sagas tan queridas, y más si en algunos tramos no da todo lo que podría (el asalto a Skynet, el duelo con el T-800). Que el público no viera sus muchas buenas cualidades. Que la productora no siguiera la saga por esta línea y se inventaran un nada prometedor reinicio (Terminator Genisys).
Mejores momentos: Desde la gasolinera hasta el agua. Marcus descubriendo quién es. La fuga.

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Alerta de spoilers: Describo la trama a fondo.–

Pienso que a Terminator Salvation le ocurrió, aunque en menor medida, lo mismo que sufrió otro estreno cercano muy esperado, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: que sea como sea la película, el público, al tener idealizada la saga, fue con unas expectativas imposibles de alcanzar. No ocurrió igual con Star Trek 2009, pero la situación no es la misma, porque el público en general no era fan de Star Trek y no esperaba nada en especial más allá de un entretenimiento descerebrado y espectacular (aunque para mí ni eso último cumplió). Terminator es un icono mundial del cine, y como tal es prácticamente intocable. En su estreno me pareció un espectáculo muy completo y una secuela de buen nivel, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren. Pero además me ha ido ganando como fan y firme defensor con el paso del tiempo y los sucesivos visionados.

Cuando se dio a conocer que el director de esta nueva entrega sería McG muchos pusieron el grito en el cielo, pues su currículo contaba con los engendros de Los Ángeles de Charlie y su secuela. Sin embargo yo le otorgué el beneficio de la duda, primero, porque echando un vistazo a esas cintas se venía que sabía rodar escenas de acción, y segundo, porque es el guion lo más importante y lo que suele fallar. Y ahí tenía muchos miedos, pues el libreto ha corrido a cargo de John Brancato y Michael Ferris, quienes en su haber tienen “joyas” como Catwoman y Primeval, y quienes escribieron también Terminator 3, donde se aferraron demasiado a los clichés de la saga pero sin lograr el tono adecuado. En ambos campos estoy bastante sorprendido y satisfecho.

Su principal acierto es el cambio de escenario, evitar repetir la fórmula de las tres primeras entregas, en cuyo tercer capítulo mostraba un desgaste enorme. Los más puristas no recibieron bien que se alejara tanto del esquema tradicional, pero igualmente hubiera sido criticada por repetitiva si no lo hubiera hecho; como digo, es imposible contentar a todos. El argumento salta en parte a lo que muchos deseábamos ver desde las visiones del futuro de los primeros episodios: la guerra contra las máquinas. Alguno se vio defraudado porque pasamos directamente a la resistencia tras la guerra y no vemos el gran conflicto, pero eso debería olvidarse en cuanto se ve lo trabajada que está la trama, porque estamos ante el guion más complejo de la saga. Se amplía la premisa de huida y supervivencia con una historia mucho más completa y variada, y crece también el número de personajes.

La vida en la resistencia, con el carismático líder John Connor, se presenta muy atractiva desde el espectacular y memorable ataque a la base de los robots, que muestra el potencial visual y sienta las bases de la trama con contundencia. Esta se presenta sólida, atractiva y además se desarrolla muy bien: el conflicto con los comandantes de la resistencia (mítico Michael Ironside), el desarrollo del plan final y el día a día en ese mundo desolado ofrecen varios frentes que agobian a Connor mientras intenta dar sentido a los mensajes de su madre en relación con las intenciones de las máquinas. Quizá el rol de Bryce Dallas Howard (la novia) no es muy llamativo, y teniendo en cuenta que parece ser el mismo personaje de Terminator 3 (Kate Bosworth, interpretada allí por Claire Danes) quizá deberían haberle dado más protagonismo, pero vale para dar más vida al entorno, y a cambio la dura Blair es muy interesante y el soldado Barnes representa bien a los seguidores fieles que tiene Connor.

Mientras, tenemos la odisea de Marcus, que se inicia en ese sugerente prólogo en la cárcel y gana en interés al toparse con Kyle Reese, otro protagonista muy conseguido con el que se conecta rápidamente. La situación de desconcierto que enfrenta Marcus se traslada muy bien al espectador, en parte por el magnetismo de Sam Worthington, y el interés sigue ganando enteros con la excelente evolución de la amistad que va formando con Reese y la chiquilla. Los pasos que va dando hasta encontrarse con Connor ofrecen una estupenda aventura de supervivencia postapocalíptica que combina con gran equilibrio la intriga, los recesos para exponer personajes, la acción… ¡y qué acción! La larga secuencia que empieza en la gasolinera y acaba con Marcus en el agua quita la respiración, como se espera de una película de Terminator.

La llegada de Marcus a la resistencia cambia toda la situación y deja a Connor perplejo al romper todos sus esquemas sobre lo que sabía y esperaba de las máquinas, aumentando la intriga sobre lo que está ocurriendo y poniendo más oscuridad sobre el destino de Marcus. Otra gran secuencia de acción tiene lugar en este campamento, y sirve como lanzamiento del arco final. Pero aquí llega un punto de ruptura importante, porque la incursión en Skynet defraudó a muchos, pues ciertamente es bastante irregular. Todos esperábamos ver la base enemiga en todo su esplendor: llena de máquinas bestiales, infranqueable para el hombre, en plan el núcleo de Matrix Revolutions. Pero el asalto final parece quedarse en poca cosa, como si se hubiera acabado el presupuesto. Y es que los realizadores apuestan por una incursión sencilla donde priman los personajes y el homenaje a la saga, algo que no me parecería mal si no fuera porque arrastra una serie de fallos que impiden que se desvanezca la sensación de engaño.

Tenemos cosas bien pensadas y bien ejecutadas, como las revelaciones del plan de Skynet, la inquietud por el destino de los protagonistas, el encuentro entre Connor y Reese, algunos homenajes a la saga (el escenario y detalles varios -la voz imitada, etc.-)… Tenemos cosas bien pensadas pero mal ejecutadas, como la lucha de Marcus por superar su programación (qué cutre la forma de quitarse el chip de la nuca; las máquinas no son tan tontas, debería haberse mostrado de forma más creíble), o el no del todo efectivo intento de homenaje con la lucha contra el T-800, que peca de poco creíble a veces: ¿pero por qué los Terminator se empeñan en lanzar gente lejos en vez de agarrarlos y machacarlos al instante? Y tenemos cosas mal planteadas y mal ejecutadas, porque parece que los personajes se pasean por Skynet como estuvieran por su casa; es evidente que las máquinas deben dejarles entrar para cerrar la trampa, pero se debería haber hecho de forma más verosímil; y en cuanto a la resistencia no hay excusa que valga: aterrizan un helicóptero y los rescatan sin aparente esfuerzo.

Así pues, aunque entiendo las intenciones de acercarse al estilo de la saga y apostar por los personajes por encima de la acción sin más, el desenlace no funciona del todo. ¿Tanto hablar del asalto final de la resistencia, tanto mostrar a grupos de la misma por todo el mundo, y después sólo vemos un helicóptero, ningún combate con máquinas, ninguna dificultad real? Con un clímax más logrado la película no es que hubiera ganado enteros, es que entonces quizá podríamos estar hablando de una obra mítica como lo son las dos primeras partes.

Vuelvo a un detalle recién mencionado porque me parece el otro único fallo digno de mención de la película y también ayuda a que el desenlace desluzca un poco. Me mosquea la manía de acabar todas las peleas de las películas de acción a puñetazos y lanzando gente contra las paredes de forma nada creíble (nadie acaba con los huesos destrozados en este tipo de filmes), y aquí más que nunca carece de sentido: qué hace un Terminator alejando a su víctima dándole así más oportunidades de sobrevivir, que la enganche bien y le destroce los huesos. Tanta exageración hace que pierda la sensación de peligro constante y tangible que transmitían los dos primeros capítulos, donde tener cerca a un Terminator significaba probablemente morir. Aquí parece un juego de te lanzo y te pillo que denota falta de ideas a la hora de planificar el duelo final, que requería más intriga y tensión y menos hostias sensacionalistas.

Me extiendo también en otro aspecto, el de las referencias. Cantidad de homenajes a la saga pululan por la cinta (la cuerda en la escopeta, el primer plano de un pie pisando algo, una gasolinera, algunos diálogos y mil detalles más), dando al episodio la acertada sensación de pertenecer a una serie aunque tenga un estilo muy distinto, pero también hay que señalar que tropiezan con una dificultad importante: prácticamente se tomaron como una obligación meter al T-800 y a Arnold Schwarzenegger, y claro, no podían mostrarlo tan viejo (fuera o no gobernador todavía), y se montaron una aparición digital que no convence del todo. Podrían haber mostrado el proceso de ponerle la piel y la cara del actor en monitores de ordenadores en la factoría, por ejemplo, sin tener que sacarlo en acción. O directamente haber pasado de ello, qué manía con incluir a Schwarzenegger: en Terminator queda bien claro que usan distintos rostros para pasar desapercibidos, de hecho Reese lucha con uno distinto en una de las visiones del futuro.

Volviendo a las buenas cualidades de la cinta, destaca bien pronto que el director logra un ritmo ejemplar y muy coherente con la trama, algo que se ve muy poco en el cine del género de acción actualmente. Cito de nuevo Star Trek 2009 como ejemplo, pues en ella se intercalan escenas porque sí sólo para tratar de asombrar con el presupuesto, olvidando el guion y la narración en el proceso. McG sabe ir al grano sin florituras innecesarias: la película es corta pero aprovecha cada instante, las secuencias de acción sirven para desarrollar la trama, no sólo para impresionar, y además son nítidas (nada de agitar la cámara y emborronar todo con digitalizaciones) y los personajes están bien sumergidos en la situación en todo momento (genial cómo trabajan juntos Marcus y Reese). Mantiene el asombro constante desde el principio (al asalto a la base de las antenas, con algunos momentos alucinantes como el plano secuencia del helicóptero), hasta la fuga de Marcus del cuartel de Connor, porque como decía el acto final lo enfocan de forma que pierde algo de fuelle. Destaca especialmente la eficaz fotografía, que con esa excelente elección del colorido ocre y apagado le otorga al futuro un aspecto siniestro y derruido, y por supuesto los excelentes efectos especiales y los sobrecogedores efectos sonoros.

Otro elemento crucial que se salda con gran éxito es la buena labor del reparto. Sam Worthington demuestra un carisma nato esperable en un héroe de acción y una interpretación muy contenida que en el mismo campo sorprende. El Connor de Christian Bale queda un poco eclipsado porque Marcus tiene más protagonismo y un recorrido emocional más complejo, pero Bale está como de costumbre inmenso, mostrando tanto las dudas como la determinación con gran energía: qué miradas más potentes consigue. También aportan el toque justo de carisma los secundarios más importantes, Anton Yelchin como Kyle y Moon Bloodgood como Blair, que se hacen querer desde sus primeras apariciones (sí, el guion tiene mucho que ver, pero ellos lo realzan).

Apuntaba muy alto como capítulo inicial de una nueva etapa de la serie, y no por el forzado monólogo final, sino porque prometía entregas con tramas igual de trabajadas. Sin embargo no tuvo mucho éxito y en el caos de productores, derechos de autor y demás no llegó a continuarse por aquí… y se montaron un reinicio desde cero (Terminator Genisys, para verano de 2015). Y aquí no puedo echar solo la culpa a los productores, porque fue el público quien no supo admirar el valor de Terminator Salvation.

La gran estafa americana


American Hustle, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 138 min.
Dirección: David O. Russell
Guion: David O. Russell, Eric Warren Singer.
Actores: Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Louis C.K.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El magnífico reparto y la buena calidad de los personajes la salvan del suspenso, pero…
Lo peor: … no evitan que sea un coñazo. El guion, de narrativa morosa y sin rumbo. La dirección, con escasos recursos. Su duración, a todas luces excesiva.

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A la altura de la los cuarenta minutos de proyección me seguía preguntando cuándo iba a empezar la película. Pero no queda otra que aceptar que su ritmo y tono es ese: superficial, monótono, deslavazado, sin rumbo claro. El guion de David O. Russell es flojo tirando a malo: qué mal presenta la historia y lanza el grueso de la trama, para finalmente llegar a un desenlace que no es tan sorprendente como finge ser. Entre medio la profundidad del relato es mínima: interés, complejidad y trascendencia y brillan por su ausencia, mientras que la monotonía y la incapacidad para ir al grano y no perderse en recesos innecesarios se hacen patentes minuto tras minuto; y lLa voz en off que te explica de vez en cuando lo que precisamente vemos que está ocurriendo remata esas sensaciones de imprecisión.

La puesta en escena es vistosa gracias a la ambientación (destacan las excelentes labores vestuario y maquillaje), porque David O. Russell de nuevo demuestra que dista mucho de ser el gran artesano que tantas nominaciones a premios mediáticos parecen reconocerle. The Fighter y El lado bueno de las cosas mostraban muchas carencias narrativas, y en esta estamos ante la misma situación. Algo más de vida sí consigue, alejándose del aspecto de telefilme del primer ejemplo, pero eso de que ha descubierto el travelling también tiene su lado malo: repite el cliché de acercarse al rostro del personaje demasiadas veces, dando la sensación de que estamos en la misma escena una y otra vez. Esta falta de recursos, de visión, se traduce en que el pobre libreto no gana enteros al ser llevado a la vida.

Como decía al inicio, se hace larguísima (dos eternas horas y veinte minutos), nunca es capaz de atrapar por culpa de su falta total de originalidad e ingenio, por su nula habilidades para asombrar, intrigar, divertir y emocionar, porque no sabe ofrecer giros eficaces ni lograr que cuando se torna inverosímil el espectáculo disimule la falta de credibilidad (en esto último O. Russell juega a ser Scorsese, estrellándose en el intento). Es una película sin sustancia ni energía, no se ve en ningún momento la supuesta gran aventura que viven los protagonistas.

Por suerte, esos personajes salen bien parados y sustentan hasta los largos capítulos donde el realizador parece olvidarse por completo de contar algo. En lo que sí ha demostrado Russell ser muy capaz es en la descripción de caracteres y en la dirección de actores, siendo estas cualidades las únicas que realmente han dado calidad a sus películas, destacando sobre todo la presente, la más malograda en cuanto a guion. Los cuatro protagonistas, incluyendo a la esposa rechazada, que tiene poca presencia pero resulta fascinante, son lo único que mantienen con vida el relato. Sus formas de ser se plasman bastante bien y su evolución resulta interesante, porque se ve muy bien el cambio que van sufriendo en sus vidas. Es fácil conectar con ellos, sus vivencias llegan con cierta intensidad incluso en los momentos menos atractivos de la aventura, y los actores los realzan de forma impresionante, dando el que sea probablemente el mejor reparto coral del año.

El camaleónico Christian Bale (aunque cabe preguntarse si de verdad era necesario engordar para el personaje) se inspira en el mejor Robert de Niro (hasta el tono de la voz recuerda a él ocasiones; por cierto, De Niro aparece en un pequeño papel) pero sin dejar la sensación de imitación: construye un rol completamente único, reconocible y creíble en cada gesto y tic, en las miradas, la forma de hablar… Este papelón reafirma a Bale como uno de los mejores intérpretes del presente, sobre todo ahora que el otro gran camaleón, Russel Crowe, anda algo en segundo plano. Amy Adams también está fantástica: pletórica en los mejores momentos del personaje, transmitiendo una energía que se contagia, y pasando magistralmente hacia la congoja y finalmente la desesperación cuando se tuercen las cosas. Es inenarrable la intensidad que muestra en la escena en que le dice la verdad al agente. Jennifer Lawrence arrasa en las tres o cuatro escenas que tiene: es increíble como una chica aparentemente tan dulce puede lograr un rol tan alocado y enérgico, además en un estilo diferente al de El lado bueno de las cosas, menos majareta y más inmadura y ajena a la realidad. Por cierto, no puedo evitar comentar la espectacular belleza de ambas mujeres, y lo hipnótico que resultan los escotes exageradísimos que les hacen llevar. Bradley Cooper está muy bien como agente obsesionado y descarriado, pero su labor en la recién citada El lado bueno de las cosas fue bastante superior. Los otros pocos secundarios relevantes están muy correctos: Jeremy Renner demostrando que es más que un actor de acción, Louis C. K. como eterno secundario de calidad.

Aunque se podría decir que la interpretación de Matthew McConaughey en Buyers Dallas Club supera al esfuerzo de Bale, Lawrence como secundaria le da mil vueltas a la favorecida por la Academia, Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud), si acaso debería haber sido rival directa de Sally Hawkins (Blue Jasmine), donde no sabría a quién elegir. Amy Adams, con cinco nominaciones a los Oscar a cuestas, tenía aquí el papel perfecto para ser el mejor del año, pero es que Cate Blanchett está insuperable en Blue Jasmine. De todas formas, aquí caigo en los errores de los medios y entregas de premios: destacar un solo papel cuando hay tantos excelentes es injusto, porque parece quitarle méritos a los demás. Pero como me suele pasar, no puedo evitar comentar los eternos desaguisados de los Globos de Oro y sobre todo los Oscar. En este caso destaca lo terriblemente injusto que es premiar por popularidad: las ridículas nominaciones a dirección, guion y película vuelven a señalar otro año más el sinsentido que son estos certámenes.

Casi ni la acabo, de plomiza y fallida. ¿Una de las diez mejores películas del año? Una de las peores, si acaso (hablando de producciones de primera división, claro). Al menos su éxito ha servido para reconocer a su memorable reparto, que en otras condiciones seguramente pasaría desapercibido. Por lo demás, dan ganas de ponerse El golpe (The Sting, 1973) para quitarse el mal trago.