El Criticón

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Blade Runner 2049


Blade Runner 2049, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 164 min.
Dirección: Denis Villeneuve.
Guion: Hampton Fancher, Michael Green, Philip K. Dick (novela).
Actores: Ryan Gosling, Robin Wright, Sylvia Hoeks, Jared Leto, Ana de Armas, Harrison Ford, Mackenzie Davis, Dave Bautista, Lennie James, David Dastmalchian, Tómas Lemarquis, Hiam Abbass.
Música: Hans Zimmer, Benjamin Wallfisch.

Valoración:
Lo mejor: Guion inteligente y acabado deslumbrante. Es respetuosa con la original y en algunos aspectos la supera: explora muy bien la temática, la historia es intrigante y absorbente, y los personajes inolvidables. El reparto está muy implicado. El aspecto visual es impecable: dirección, fotografía, y efectos especiales magníficos.
Lo peor: Repite los fallos más graves de la primera parte, hay un exceso de pretensiones y metraje: se podrían eliminar pasajes completos y agilizar otros, y el tramo final no está a la altura del resto del relato. Y por supuesto, al ser ciencia-ficción no se tuvo en cuenta entre los certámenes de premios más famosos en un año en que fue una de las mejores películas.
La frase:
1) La civilización ha dado saltos con trabajadores desechables. Perdimos estómago para esclavizar, excepto a seres diseñados.
2) Más humanos que los humanos.

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EL RIESGO DE CONTINUAR UNA OBRA DE CULTO

Terror generó el anuncio de una nueva versión o secuela de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) en una época en que se mancillan cintas de culto y clásicos sin pudor por arañar cuatro dólares en la taquilla. Todo apuntaba a desastre, tanto por las experiencias previas con otras continuaciones tardías como porque han pasado treinta y cinco años y el cine y la gente han cambiado y por tanto el factor asombro ya no puede funcionar igual, y menos con una cinta tan idealizada, hasta el punto de ser una de las más sobrevaloradas de la historia.

Pero contra todo pronóstico, salió una gran película. Los motivos son obvios, pero todavía los directivos de las majors y otros muchos productores siguen sin enterarse, a tenor de que se siguen haciendo secuelas y remakes basura en cantidad. Cuántas nuevas reinvenciones abominables de Terminator, Alien y Depredador tendremos que tragarnos hasta que se den cuenta de ello. Hay que tener respeto por la obra original, la seguridad de haber encontrado motivos válidos para continuarla, elegir autores con talento para desarrollarla, y no meter mano en el proceso cambiando de ideas sobre la marcha. ¿Que puede salir algo que no convenza a todos? Es probable, dado que el factor nostalgia e idealización pone barreras muy altas. Pero desde luego la posibilidad de tener un producto desalmado, torpe cuando no cutre hasta resultar insultante para el espectador, se reduce casi a cero.

Poner en marcha el proyecto fue complicado. Durante los noventa ya se planteó, pero se atascaron con la adquisición de los derechos de adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la novela de Philip K. Dick en que se basaron para la primera película. Estaban en manos de uno de los productores de aquella, Bud Yorkin, y no soltaba prenda hasta que en 2011 cedió ante Andrew Kosoveque y Broderick Johnson, no muy conocidos pero con una trayectoria lo suficientemente sólida como para fundar su propia productora, Alcon Enterntainment, con la que habían desarrollado un buen número de obras de suspense y acción de presupuesto moderado, algunas con bastante éxito como Insomnio (2002), El libro de Eli (2010), Prisioneros (2013)… No sé cómo llegaron a un acuerdo, pero por suerte incluyó la cláusula de no hacer remakes, sólo secuelas. También tuvo que ser complicado encontrar grandes estudios que apoyaran un título tan arriesgado. Compartieron la producción con Columbia Pictures, la distribución nacional (en Estados Unidos) corrió a cargo de Warner Bros. y la internacional fue a través de Sony Pictures.

Como prueba de sus intenciones de hacerlo bien, contrataron a uno de los guionistas originales, Hampton Fletcher, y tantearon a un director con gran inventiva, Christopher Nolan. Pero este tenía sus propios planes, así que intentaron traer de nuevo a Ridley Scott. Este también estaba ocupado, con Alien: Covenant (2017), y sólo aportó algunas ideas a la historia. Viendo el resultado de sus últimas aproximaciones al género, Prometheus (2012) y Covenant, que además son de una saga iniciada en parte por él, cabe pensar que fue una suerte que no estuviera al frente, pues no parece tener la inspiración de la juventud. Mientras tanto, al guion se unió Michael Green, capaz de lo peor y lo mejor: de Linterna Verde a Logan, de Covenant a Blade Runner 2049, estas tres últimas además en el mismo año.

Si los temores iniciales se fueron aplacando al ver que se tomaban en serio el proyecto, la llegada del director Denis Villeneuve despertó un gran interés entre los cinéfilos. Ya apuntaba maneras rematando con un acabado muy sólido algunos thrillers y telefilmes con en apariencia poco alcance, como Prisioneros, pero dejó gran huella con Sicario (2015), tampoco muy consistente en guion pero con un acabado espléndido, y terminó de mostrar su gran talento y visión en la maravillosa La llegada (2016).

Blade Runner 2049 se rodó en Hungría para abaratar costes, aunque hay otras pocas localizaciones, como Islandia y España, para algunos exteriores. El Ejido y Sevilla sirvieron para el prólogo, por ejemplo.

MÁS HUMANOS QUE LOS HUMANOS, MÁS PELÍCULA QUE MUCHAS SECUELAS

Recuerdo la experiencia en el cine como si fuera ayer mismo. Quedé hipnotizado desde el prólogo, la historia que se abre ante los ojos invita a implicarse de lleno en lo intelectual tanto como en lo emocional, uniendo pistas en el intrigante caso que investiga el protagonista, dejándote llevar por los sugerentes pensamientos, quedando embelesado ante las poderosas imágenes. Supongo que así se sentirían los que vieron la original en su momento. Pocas veces en el cine reciente he encontrado obras tan absorbentes, con guiones tan inteligentes y acabados tan exquisitos. Y casi siempre ha sido en ciencia-ficción: la citada La llegada, Interstellar (Christopher Nolan, 2014), Mad Max (George Miller, 2015), e incluso algunos capítulos de Los Vengadores.

Blade Runner 2049 mantiene la esencia de la primera parte, su aspecto visual arrebatador, el futuro inquietante pero a la vez fascinante, el análisis filosófico sobre qué nos hace humanos y adónde llegaremos con las inteligencias artificiales, el cine negro en clave de ciberpunk… Pero en algunos amplía horizontes, halla un mejor equilibrio, o directamente se presenta bastante superior.

La investigación policíaca, tan fallida en aquella, aquí es impecable. Combina a la perfección la descripción del futuro imaginario, que es aún más desolador, la odisea de los replicantes por librarse del yugo de sus creadores y tener una vida propia (lo que incluye también los pensamientos existencialistas), la melancólica historia del protagonista, y da espacio a personajes secundarios bastante más complejos y atractivos.

La investigación se desgrana poco a poco, atrapando con la intriga de las indagaciones y los dramas de K (Ryan Gosling), el agente replicante que obedece al sistema pero se lamenta de no tener una vida plena. Las pistas llegan tras un gran esfuerzo personal y laboral, sin chorradas (la magia que hacían con una foto en la primera entrega) ni cosas que le caen encima entre escenas de acción, algo demasiado habitual en el cine en las últimas dos décadas. Se pueden ir uniendo los datos para dar forma al caso, de manera que te vuelcas de lleno y puedes deducir cosas por tu cuenta. Cada cierto tiempo alguna revelación crucial cambia el panorama por completo, llevándote hacia nuevos y enigmáticos caminos. Cuando creías tener ya construido el puzle, como el propio protagonista, te llevas un shock tremendo al desvelarse la realidad en un giro fantástico.

Gosling está espléndido. Es un actor que se ha hecho un maestro de la contención y lo sutil, y aquí la lleva la límites asombrosos. El replicante que debe mostrar una fachada de equilibrado y obediente está cada vez más roto por dentro, algo que se observa en cada silencio y mirada. La imagen de soso y empanado que ofrecía cuando empezó a darse a conocer en Drive (2011 y Los idus de marzo (ídem) ha quedado atrás. Entre Blade Runner 2049 y Dos buenos tipos (2016) debería haberse llevado alabanzas y premios por doquier.

Algunos secundarios llaman la atención incluso con apariciones breves: el replicante del prólogo (Dave Bautista) resulta trágico, la prostituta interpretada por Mackenzie Davis es llamativa a pesar de su escasa relevancia real, Lennie James da vida a un personajillo interesante también, el chatarrero esclavista, la doctora aislada, Ana Stelline (interpretada por la suiza Carla Juri) es enternecedora y su encuentro con K es memorable, y Joi (Ana de Armas) es un encanto, inicialmente una acompañante modélica para el torturado protagonista, luego cada vez más humana.

Pero los más relevantes logran dejar una profunda huella. La jefa de policía (Robin Wright) es atractiva de por sí, pero además aporta muy bien la perspectiva de los humanos que quieren mantener el statu quo. De la sorpresa que dio la neerlandesa Sylvia Hoeks todavía no me he repuesto, cada vez que vuelvo a ver la película alucino por el papelón que se marcó y lo que pasó desapercibido. Ya el personaje es potente, una replicante entre perrita faldera y perra de ataque con unas motivaciones que se van exponiendo de maravilla: la pobre sólo es capaz de sentirse viva y realizada obedeciendo fielmente y triunfando en los objetivos que le han marcado, aunque sea a costa de destruir vidas. Pero el torrente de miedos y rabia con que le da vida Hoeks es impresionante y redondea el personaje hasta que se sobrepone a los demás con los que comparte escena.

La esperada aparición de Harrison Ford como Deckard tenía la dificultad de ser uno de esos casos en que entra en juego la nostalgia y es difícil contentar a todos, pero no parece haber decepcionado a nadie. La vida que se intuye entre capítulos es sugerente, sin artificios ni más explicaciones de la cuenta, la posición actual como secundario funciona en bien el lado emocional, aunque en lo argumental sí se puede decir que podría haber hecho algo más relevante, sobre todo en el tramo en que está capturado. Las apariciones estelares de Gaff (Edward James Olmos y Rachael (Sean Young rejuvenecida por ordenador) también son emotivas.

En un escalón inferior queda Niander Wallace, el heredero Tyrell como principal fabricante de replicantes. No sé qué empeño hubo con poner a Jared Leto en papeles atípicos y exigentes (este y el fallido Joker de Escuadrón suicida -2016-), no ha mostrado ni carisma ni talento durante su carrera como para merecerlo. Su pose marcada es forzada tanto por el guion como por el actor, y si bien sus discursos son muy jugosos, se exceden con la cháchara un poco más de la cuenta. Sin duda se pretendía un individuo estrafalario, con una visión entre idealista y perturbadora, pero no cumple lo suficiente en ello ni termina siendo un villano que transmita verdadera sensación de peligro.

La puesta en escena es un portento asombroso. La recreación del futuro es impecable, una magnífica combinación de maquetas y ordenador. La fotografía de Roger Deakins con unos virtuosos juegos de luces y nieblas es bellísima. Y Denis Villeneuve une todo consiguiendo una obra que de hermosa y emocionante resulta sobrecogedora, te tiene tramos casi sin poder respirar, complemenente absorto. Sólo se queda corta, bastante corta, la banda sonora de Hans Zimmer y Benjamin Wallfish, que apenas funciona como un efecto sonoro de acompañamiento más que como una partitura bien implicada y con temas con la fuerza de los que nos dejó Vangelis.

EXCESOS AQUÍ Y ALLÁ DESLUCEN EL CONJUNTO

Con tanto talento y esfuerzo, con un resultado tan excelso, hasta el punto de aportar notorias mejoras a la obra original, es aún más inesperado que arrastrara también los mismos fallos de aquella. A veces peca de irse por las ramas, de pagada de sí misma y de sobre exposición de algunas ideas. En el tramo final da la sensación, aunque desde luego no es tan grave como en la primera parte, de que se desvía de algunas propuestas planteadas por el camino. Sumado a eso, la longitud excesiva y un desenlace anticlimático hacen que pierda fuerza y ritmo en el tercer acto.

Todo ello lastra una obra que, viendo sus puntos fuertes, debería haber sido de sobresaliente, quizá incluso una obra maestra. La capacidad de abstraerte de lleno en las poryección en los primeros dos o tres visionados se resiente en los siguientes, una vez sus fallas empiezan a hacerse más evidentes, y si ya era un poco densa, puede hacerse pesada. Como en la cinta original, la sensación de que se quedan a las puertas de algo grandioso es un tanto decepcionante.

Villeneuve afirma que tenía un montaje previo de cuatro horas y recortó hasta dos horas cuarenta. Si lo consideró demasiado grandilocuente y largo, cómo sería, porque en la versión final queda claro que el realizador y el principal guionista están tan enamorados de su trabajo que acaban resultando un tanto pretenciosos, forzando en algunos momentos un tono solemne innecesario e incapaces ver lo que sobra o resulta reiterativo.

Como en la original, hay demasiadas letras iniciales agobiándote con una información que luego resulta que está muy bien explicada en los primeros escenarios. Hay planos y escenas contemplativas un tanto forzadas. La relación con Joi se alarga demasiado sobre cosas que ya están claras. La llegada a Las Vegas tiene minutos perdidos en enseñar el paisaje apocalíptico y la chorrada de las abejas. Y en general hay bastantes situaciones que se podrían haber agilizado.

También tenemos un breve pero molesto salto hacia el lado contrario, hacia la simplificación excesiva. Tras la investigación y otras situaciones donde iba siendo un relato inteligente y enrevesado, de repente se empeñan en darte la resolución bien mascadita: sobra completamente decir quién es la doctora aislada con flashbacks y diálogos explicativos, la deducción es evidente ya antes de que el protagonista lo asimile.

Hay algunos agujeros de guion llamativos y un giro muy forzado en el final. Cómo sabe K que el tipo que encuentra en Las Vegas es el que busca, podría ser otro fugitivo o superviviente cualquiera. Y sobre todo, cómo averigua al final adónde van a llevar al preso y cuándo es el traslado. Aunque ese mismo hecho es absurdo de por sí: no me creo que el todo poderoso Wallace no tenga recursos para interrogarlo en la Tierra y tenga que llevárselo a planetas lejanos, es una excusa muy torpe para justificar el rescate. ¿No hubiera sido mejor una incursión en su guarida, vencerlo en su propio terreno? Eso implicaría también que el villano no deje de aparecer en el desenlace y no se sepa más de él. También me pregunto por qué el viejo edificio Tyrell está abandonado, con los problemas obvios de espacio que hay en la ciudad. No hubiera sido tampoco mala idea jugar con la nostalgia y los orígenes de los replicantes llevando al preso a ese lugar y desarrollar el final ahí.

El desenlace elegido, aparte de poco meditado y mal justificado, también resulta bastante anticlimático. El encuentro entre K y Deckard (con Sinatra y Elvis de fondo) y la pelea contra Luv se eternizan sin aportar nada concreto en el arco dramático de los personajes y en los pensamientos planteados, son tortas sin más. Y la cosa empeora porque justo antes de lanzarlo se habla de una rebelión de los replicantes contra sus creadores… algo que se deja totalmente de lado. Así, cabe preguntarse para qué sirve la misteriosa replicante con un ojo, (Hiam Abbass): K podría haber cerrado el caso de muchas otras formas.

GÉNERO MENOSPRECIADO, OBRA DE CULTO

Pero aun con sus fallas el conjunto resulta tan fascinante que se ha convertido en cinta de culto, y esta vez, al ser una saga ya asentada, ha ocurrido al instante. Eso implica que pocos la vimos y pocos la adoramos, pero suficientes como para que su nombre suene constantemente. El riesgo corrido por los productores y autores les ha dado prestigio entre los espectadores y medios más cinéfilos, pero en reconocimiento del público anduvo algo justa y los premios más populares como es habitual no la tuvieron en cuenta, al considerar la ciencia-ficción como cine de segunda categoría.

El presupuesto fue muy abultado, de 150 millones de dólares, aunque se rumorea que llegó a 185. En taquilla dio unos decentes 260 millones, pero claro, tenía hacer unos 350 para empezar a dar dinero. Aquí hay que decir que los productores se columpiaron bastante. Siendo ciencia-ficción seria e inteligente y para mayores de 18, no sé cómo esperaban arrasar como si fuera una saga tipo Los Vengadores o La guerra de las galaxias. Villeneuve y Scott afirman que desearían hacer más películas, pero con sus ocupadas agendas y tanto dinero en juego no parece que vaya a ocurrir. Por suerte, el renombre que se ha ganado Villeneuve le ha permitido volver a obtener financiación para otro título difícil del género, Dune de Frank Herbert.

No sorprende que los Óscar y Globos de Oro de nuevo se volcaran en cintas melodramáticas e históricas prefabricadas (La forma del aguaGuillermo del Toro-, Los archivos del PentágonoSteven Spielberg-, El instante más oscuroJoe Wright-) cuando había obras de superhéroes, fantasía y ciencia-ficción muy superiores: Logan (James Mangold), Guardianes de la galaxia Vol. 2 (James Gunn), Thor Ragnarok (Taika Waititi), It: Capítulo 1 (Andy Muschietti) y la presente deberían haber rivalizado en el top del año junto a Dunkerque (Christopher Nolan) y Tres anuncios a las afueras (Martin McDonagh), las únicas notables que se contaron en esos obtusos certámenes. Al menos, en los aspectos técnicos sí obtuvo algunas distinciones.

Saga Blade Runner:
Blade Runner (1981)
-> Blade Runner 2049 (2017)

Ant-Man y la Avispa


Ant-Man and the Wasp, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes, comedia.
Duración: 118 min.
Dirección: Peyton Reed.
Guion: Chris McKenna, Erik Sommers, Andrew Barrer, Gabriel Ferrari, Paul Rudd.
Actores: Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Michael Peña, Laurence Fishburne, Walton Goggins, Michelle Pfeiffer, Bobby Cannavale, Judy Greer, T. I., David Dastmalchian, Hannah John-Kamen, Abby Ryder Fortson, Randall Park.
Música: Christophe Beck.

Valoración:
Lo mejor: La mar de entretenida. Buena en la comedia, correcta en el drama familiar, protagonistas carismáticos.
Lo peor: Incapaz de profundizar en los temas latentes. Tramas dispersas, villanos flojos, falta de rumbo y nada impresionante en lo visual. El grupo de secundarios graciosos se sobreutiliza demasiado.
El título: Ale, otro traducido a medias, menudo ridículo.
Mejores momentos: Cogiendo un camión como si fuera un monopatín. La visita al colegio.

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Como en la primera entrega, los autores esquivan temáticas de gran calado (el thriller político de Capitán América: El Soldado de Invierno), épicas gestas de dioses (Thor: El mundo oscuro, Thor: Ragnarok), dilemas éticos de altos vuelos (Los Vengadores: La era de Ultrón), lo místico y paranormal (Doctor Strange), etc., para buscar un divertimento sencillo, un héroe pequeño, con sus problemas personales y familiares e historias de superación más mundanas. Pero, como en la primera parte, se pasan un poco de frenada, porque todo ello no significa que no se pudiera ahondar algo más en reflexiones como la alienación moral del individuo, las elecciones propias y los condicionantes externos que te llevan por un camino u otro, las responsabilidad, la redención, etc., todos latentes con los problemas con la ley de Scott Lang y los Pym (agravados por los eventos de la Guerra Civil) y con los villanos elegidos, Fantasma y su cuidador.

Lo cierto es que inicialmente apunta maneras. La relación de padre e hija versus la necesidad de aventuras y el tira y afloja con la ley generan situaciones variadas y divertidas. La responsabilidad del héroe aparece pronto, con la disyuntiva de elegir ayudar a los Pym saltándose las normas o centrarse en los suyos y complacer al sistema. La dinámica entre Scott, Hank y Hope es mejor aún, se materializan otras relaciones normales y corrientes pero atractivas con las que es fácil conectar y a veces sentirse reflejado. La aparición de Fantasma pone más dificultades en su misión y un buen toque de intriga. Cuando conocemos su situación se presentan otros conflictos morales interesantes: no es un villano acartonado, sino un ser humano que ha sido empujado al mal camino y la desesperación lo lleva a cometer actos con consecuencias poco meditadas.

Pero el relato entra en una dinámica de vueltas en círculos con todos estos frentes abiertos sin avanzar con determinación en una dirección clara. El drama pasa poco a poco de simpático a previsible, y la aventura no le confiere nuevos giros y lecturas que lo realcen. No se llega a explorar el potencial de los temas jugosos que hay latentes, pues termina inclinándose del todo por la comedia y la acción. Fantasma y el científico pasan sin dejar huella alguna, sin abordar los discursos éticos que ponían en bandeja. Con Scott y los Pym igual, los escritores se obsesionan con el reto de rescatar a la madre y dejan de lado las reflexiones que había latentes, de hecho, tan si quiera llega a materializarse ningún cambio notable en sus formas de ser. Así que la cinta no logra adquirir la trascendencia necesaria para que te impliques de lleno con la historia y te mantengas al lado de los personajes, pues se va perdiendo la conexión cuando las cosas se tuercen y para el tramo final te ves venir todo y no sufres con sus problemas ni temes por sus destinos. Ser una comedia no obliga a dejar de lado la profundidad y el drama, como bien han demostrado Guardianes de la galaxia Vol. 1 y Vol. 2 y Thor: Ragnarok.

También pesa el fallido mafioso, que queda como ajeno a la película, un enemigo de cartón piedra sin interés alguno que únicamente aparece aquí y allá para poner las cosas más difíciles cuando los guionistas quieren una nueva pieza de acción. Walton Goggins se ganó merecidamente con sus grandes interpretaciones y personajes en The Shield (Shawn Ryan, 2002) y Justified (Graham Yost, 2010) el ser considerado para cualquier papel de villano o tipo de dudosas tendencias, pero una cosa es tener un rol bien escrito, como aquellas o ya en cine Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015), y otra monocromáticos y sin carisma como el de Tomb Raider (Roar Uthaug, 2017) o el presente. Así que, con sus dientes postizos tan llamativos (tuvo un par de accidentes donde perdió los naturales), el pelo largo tan feo, los trajes estrafalarios y la nula personalidad que le confiere el guion, su personajillo da más bien pena, nunca supone un peligro real. A media película también cobran protagonismo los amigos de Scott, un grupo de secundarios cómicos efectivo en pequeñas dosis, pero a los que se empeñan de nuevo en sacar demasiado y únicamente como chistes andantes. Poca empatía puedes sentir por ellos con tan corto desarrollo, y también acaban lastrando algunas escenas.

Por suerte, pasan tantas cosas que mantiene un ritmo trepidante, el sentido del humor es variado y bastante efectivo, los protagonistas principales resultan muy simpáticos y las escenas de acción son sencillas pero con la combinación de todo funcionan correctamente. Hay que destacar como comedia es bastante buena, tiene infinidad de chistes locos, diálogos chispeantes y situaciones caóticas que mantienen el nivel en casi todo momento, sólo algunos excesos con los amigos de Scott parecen pasados de rosca. Momentos como el camión usado como monopatín o la entrada en el colegio pueden hacerte llorar de risa, y en toda la proyección mantienes la sonrisa.

En el sentido del espectáculo tampoco son capaces de lanzarse a por todas. La historia de la búsqueda de la mujer de Pym en el mundo cuántico podía haberse desarrollado de muchas formas, pero al final queda como un macguffin simplón, el reto objetivo mientras tienen otras aventuras, y no llega a producir tensión real, sabes perfectamente cómo acabará. Por ello mismo tenían que habérselo trabajado más, tanto buscando problemas más elaborados durante el viaje por el mundo cuántico como sobre todo en el aspecto visual, de forma que la situación asombrara, ofreciera un escenario único y un acabado deslumbrante. Pero a pesar de las posibilidades infinitas pasa lo mismo que en Doctor Strange pero agravado: no ponen mucho esfuerzo, recurren a unos pocos enredos visuales básicos y ya está. Peyton Reed dirige con el piloto automático puesto, repitiendo encogimientos y agrandamientos sin aportar soluciones narrativas y visuales novedosas. La persecución en coche termina haciéndole un poco larga y el clímax en el puerto cumple por los pelos. Entrando en el mundo cuántico es donde más se echa de menos algo más imaginativo, todo se limita a lucecitas y enredos digitales que a veces ni se entienden (dónde flotan esos tardígrados, dónde están los átomos, qué son esos bulbos lleno de colorines del destino final), hasta el punto de dejar cuestiones importantes sin resolver: ¿de qué ha vivido Janet durante treinta años, cómo se ha hecho ropas y armas, qué poderes ha adquirido?

Ant-Man y la Avispa es una película bastante disfrutable si no se espera de ella nada más que divertirse, pero si se desea que Marvel dé un giro y explore otras opciones, pues a estas alturas se puede exigir más ambición, o que tan siquiera ahonde un poco más en un potencial mayor, puede decepcionar más de la cuenta.