El Criticón

Opinión de cine y música

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Black Mass. Estrictamente criminal


Black Mass, 2015, EE.UU., Reino Unido.
Género: Drama, crimen.
Duración: 123 min.
Dirección: Scott Cooper.
Guion: Mark Mallouk y Jez Butterworth. Dick Lehr y Gerard O’Neill (novela).
Actores: Johnny Depp, Joel Edgerton, Benedict Cumberbatch, Dakota Johnson, Kevin Bacon, Peter Sarsgaad, Jesse Plemons, Rory Cochrane, David Harbour, Corey Stoll.
Música: Tom Holkenborg.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Se estanca en tópicos y no ofrece nada llamativo.

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Otra de mafiosos, un género explotado hasta la saciedad porque parece que sigue teniendo bastante tirón. No hay más que ver que se estrenó junto a otra del estilo, Legend. Pero aquella es bastante superior a este flojo compendio de tópicos que no logra obtener un relato con la suficiente personalidad como para destacar entre tantas obras semejantes, de hecho más bien está a punto de estrellarse.

Los clichés empiezan pronto, con la narración que mira atrás para contar la odisea criminal al estilo Uno de los nuestros (Martin Scorsese, 1990). Las pocas promesas que parecen venir de los numerosos protagonistas no llegan a buen puerto, pues estos se atascan en la monotonía y falta de interés que despierta ver tal acumulación de tópicos. El matón de barrio que cae bien a los vecinos porque protege a los suyos. La pandilla que va ganando poder hasta dominar la zona. La ley que no consigue alcanzarlos. Los problemas de lealtad, los líos familiares, y los excesos que van acumulándose hasta que rompen la balanza y todo se viene abajo. Nada sorprende, ni siquiera el día a día de los criminales tiene aventurillas que amenicen este viaje tan predecible.

Tampoco funciona el único toque que podría haber aportado algo más, pues a pesar de estar basada en hechos reales lo narrado recuerda muchísimo a Infiltrados, también de Scorsese. Resulta que uno de los personajes principales, Joel Edgerton, trabaja en el FBI pero se dedica a hacer de topo para el capo (Johnny Depp). Pero el juego a dos bandas no termina de aprovecharse para aumentar la intriga y tensión por si descubrirán el pastel y si podrá librarse. Primero, el personaje es incluso menos llamativo que el limitado gángster. Segundo, se estanca una dinámica repetitiva que no parece avanzar, y cuando llegan los giros se producen tal y como se esperaba.

Tiene un reparto lleno de grandes actores, con un montón de secundarios muy reconocibles aunque no tengan mucha fama, pero salvo por Johnny Depp, que con ayuda del maquillaje transmite bien la vena psicópata de su esquemático rol, ninguno puede destacar en este panorama.

Cumple por los pelos, pero recomiendo echar el tiempo en la infinidad de títulos del género que resultan más completos y atractivos. Del mismo realizador, Scott Cooper, resultó un poco más interesante Out of the furnace; al menos tenía mejores personajes.

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The Equalizer (El protector)


The Equalizer, 2014, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 132 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guion: Richard Wenk, basado en la serie de Michael Sloan y Richard Lindheim.
Actores: Denzel Washington, Marton Csokas, David Harbour, Chloë Grace Moretz.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: No está mal rodada y los actores son buenos.
Lo peor: Guion de risa y tono manipulador inaguantable.

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El protector parece una parodia involuntaria. Para empezar, el protagonista resulta un superhéroe: ralentiza el tiempo (parece que gracias al reloj mágico), ve el futuro de la escena y lo reproduce fielmente, se mueve más rápido que las explosiones y las ondas expansivas, monta trampas que ni McGyver (ayudado por la supervelocidad)… Vamos, un coladero de incongruencias para ensalzar a un héroe imposible.

La trama tampoco da mucho de sí, es un refrito de todo lo visto en el género de acción más clásico. Tipo solitario, chica desvalida y villanos de cómic con secuaces ineptos que morirán en cantidad cuando el héroe decida ir a por ellos. Además carece de ritmo, porque se empeñan en darle un tratamiento de drama serio cuando es acción, perdiéndose en una larga exposición de personajes y relaciones que no pueden sorprender, con lo que saben a metraje estirado con pompa innecesaria.

Pero lo peor es que es un panfleto vomitivo del sueño americano: salvaje oeste, neoliberalismo y sueños imposibles. Que si tienes un trabajo de mierda es exclusivamente culpa tuya (el final de la prostituta es de risa, del mundo de la piruleta); el protagonista es un americano superior, de esos hechos a sí mismos contra el hombre y el sistema, y para realzarlo, todos a los que ayuda son desechos de la sociedad o inmigrantes (aaah los pobres mejicanitos); los villanos por supuesto son topicazos viciosos sobre extranjeros, que el país no genera gente así, oye; y los mensajes sobre la justicia a base de violencia son demenciales: vigilantes callejeros y vengadores, nada de proceso legal ni hostias, pues tiene pruebas de los delitos y aun así se encarga de aplicar su justicia del ojo por ojo.

Y así hasta el infinito. Si fuera intrascendente, o de cachondeo, como las buenas pelis de acción de los ochenta (a las que emula bastante), o como El fuego de la venganza (Tony Scott, 2004), a la que se parece mucho, pues sería divertida, pero al menos a mí me ha dado la sensación de que va en plan serio (aunque en el clímax final se va de madre), con lo que resulta esperpéntica y un insulto para la inteligencia del espectador. Por suerte para Antoine Fuqua, eso último no abunda, y no está teniendo mala recepción.