El Criticón

Opinión de cine y música

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Macbeth


Macbeth, 2015, EE.UU., Francia, Reino Unido.
Género: Drama.
Duración: 113 min.
Dirección: Justin Kurzel.
Guion: Jacob Koskoff, Michael Lesslie, Todd Louiso. William Shakespeare (obra).
Actores: Michael Fassbender, Marion Cotillard, Paddy Considine, David Thewlis, Jack Reynor, Sean Harris.
Música: Jed Kurzel.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía y música bellísimas.
Lo peor: El guion no expone personajes ni trama, la dirección es pretenciosa pero inerte.

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Vi los avances y me dije: no me la puedo perder, menuda belleza y fuerza transmiten las imágenes. Me puse con la película y ahí estaba esa fotografía de Adam Arkapaw (dado a conocer en la primera temporada de True Detective) tan elaborada que combina de forma fascinante el encuadre y la iluminación, pero también se le suma una banda sonora (Jed Kurzel, hermano del director) minimalista, tétrica, subyugante. El argumento no será original (difícil basándose en un texto tan antiguo), pero con ese arrebatador aspecto audiovisual prometía una cinta épica y hermosa de intrigas de la corte y batallas. Pero me aburrí soberanamente con un relato fallido e inerte en su interior. Si miro atrás, lo único que consigo deducir sobre lo que me han contado es gracias a que el relato me era conocido por la cultura popular aunque no haya leído directamente a Shakespeare. Y es que el guion y la dirección no atinan a formar un filme consistente y fluido, y como es obvio, en esas condiciones causar sopor es más probable que lograr emoción alguna.

Una película no son frases recitadas sin más, hay mucho, mucho más. El guion debe presentar y desarrollar un entorno, unos personajes y una historia concretos, y el director debe darle forma con todos los elementos técnicos y artísticos disponibles de manera que la narrativa cobre un sentido global. Aquí sólo tenemos fotografía y música. La escenificación, obcecada en la belleza visual exterior hasta tener unos cuantos momentos muy pretenciosos (cámaras lentas y composiciones rebuscadas), se olvida del contenido, así que el ritmo es negligente y la historia apenas cobra forma, mucho menos una atractiva. Los intérpretes, por mucho renombre y currículo que tengan, sólo recitan frases (la mayoría susurradas) con cara de intensidad, o sea, de tener problemas para ir al baño, pero a los protagonistas no se les reconocen sentimientos y motivaciones concretos, no se sabe por qué toman una decisión u otra, qué los aflige en cada momento. Ni siquiera al principio, cuando se atina a ver un argumento (y porque es presentado con texto en pantalla), se puede conocer a fondo qué planea cada individuo, qué espera de la situación y cómo se mueve por ella. Pero hay partes verdaderamente opacas. El tramo final ya ha perdido todo rastro de rumbo y sentido, sólo vemos a los actores con la eterna cara de compungidos que no se sabe de dónde sale. ¿Por qué Macbeth está en su habitación lamentándose? ¿Qué hay del reino y los contrincantes? ¿Adónde va la mujer y qué trama? Nada se entiende, nada produce un efecto y una respuesta clara en el devenir de acontecimientos y la evolución de los personajes.

La fascinación inicial se diluye rápido, y conforme avanza la proyección esta se va haciendo más y más larga y pesada. La belleza que alcanza ojos y oídos no llega a más sentidos.

Legend


Legend, 2016, Reino Unido, Francia, EE.UU.
Género: Drama, crimen.
Duración: 132 min.
Dirección: Brian Helgeland.
Guion: Brian Helgeland, John Pearson (novela).
Actores: Tom Hardy, Emily Browning, David Thewlis, Christopher Eccleston, Paul Anderson, Chazz Palminteri, Tara Fitzgerald.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: Reparto. Es una historia clásica pero efectiva.
Lo peor: Le falta bastante garra y originalidad.

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Legend destila profesionalidad en todos sus elementos, ofreciendo un clásico thriller de ascenso y caída del líder de una mafia que explota bien sus puntos fuertes: los personajes son atractivos, el romance funciona, la odisea criminal no está nada mal… Sin embargo se queda corta a la hora de conseguir un filme notable, porque todo sabe a visto y se atasca en unas pocas limitaciones.

Los capos que lideran la banda son Reggie y Ronald (o Ronnie). Este último tiene serios problemas mentales que lo llevan a actuar impulsivamente y con violencia descontrolada. El primero está en cambio más centrado y dirige los negocios con más cabeza. Junto a los secuaces habituales (el contable, los matones…) van cimentando una mafia cuyos lazos llegan hasta los órganos gubernamentales de Reino Unido, con lo que la ley lo tiene difícil para actuar. La chica es una joven que queda prendada del carisma de Reggie y del glamour al que le da acceso, pero una vez conoce mejor al novio y su mundo las nubes empiezan a tornarse grises.

Tom Hardy es un valor seguro y aquí vuelve a demostrar su gran talento haciendo reconocible a cada hermano al exponer gran facilidad sus distintas personalidades y la progresión de las mismas. Si alguien no conocía a este gran actor todavía, tiene recientes Mad Max: furia en la carretera, El renacido y esta para ponerse al día con cuatro grandes papeles. Emily Browning como la chica cumple de sobras transmitiendo las sensaciones de dulzura e inocencia, y mejora cuando la relación se torna agria.

Pero el guion de Brian Helgeland (conocido por un hito del género como es L.A. Confidential) se queda en lo básico, faltándole el toque de inspiración, no digamos ya de genialidad, necesario para destacar. Lo bueno es que dentro de esta limitación no da la sensación de parecer construido a base de otras obras del género (como la insípida Brigada de élite): la aventura delictiva (basada en hechos reales, por cierto) entretiene y el romance da fluye de forma bastante natural. Hay algún tópico facilón (el de los caramelos), pero entre la correcta construcción de personajes y el buen papel de los intérpretes es fácil conectar con ellos. Y encontramos algunos buenos momentos: el tramo final, en el que ella ve lo peor de un hermano y lo mejor del otro, es muy emocionante y además sirve para poner de manifiesto la hasta entonces sutil evolución de ambos. Pero sí se echa de menos algo más de originalidad y garra. Es muy fácil prever el desarrollo de las tres secciones (historia de mafias, la relación de los hermanos, el romance con la chica) y ninguna tiene detalles o giros que aporten algo novedoso o imaginativo. Y sobre todo da la impresión de que falta contenido: el recorrido y profundidad de la hazaña criminal tiene severas carencias, pues se supone que terminan dominando el mundo del hampa del Londres de la época pero realmente hemos visto pocas acciones relevantes, una peleílla con otra pandilla (que no da sensación de ganar una guerra) y la compra de un par de clubs. Es decir, la trama además de poco original está algo descuidada, y Helgeland trata de parchear los huecos con una narración en off que lo único que consigue es matizar esa incapacidad para lograr una epopeya mafiosa de nivel.

La ambientación y la dirección funcionan correctamente (aunque la banda sonora y la selección musical no me convencen) y el ritmo fluye bastante bien, pero ya está. De ahí a deslumbrar, a dejarte enamorado de las imágenes, hay un salto que Brian Helgeland no llega a conseguir… O quizá ni lo intenta, porque no toda película tiene que tratar de ser una obra maestra, ¿no? Legend cumple de sobras en su propósito de entretener con un producto bien acabado.

La teoría del todo


The Theory of Everything, 2014, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 123 min.
Dirección: James Marsh.
Guion: Anthony McCarten, Jane Hawking (biografía).
Actores: Eddie Redmayne, Felicity Jones, Harry Lloyd, David Thewlis, Simon McBurney, Charlie Cox.
Música: Jóhann Jóhannsson.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, música, actor principal.
Lo peor: Le sobra una pizca de sensiblería, la ciencia se deja demasiado de lado.

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La maravillosa fotografía unida a una brillante y bellísima banda sonora (Jóhann Jóhannsson) terminan de redondear una magnífica puesta en escena que además de imprimir un ritmo excelente sabe ensalzar muy bien el tono esperanzador más que trágico del guion, resultando un relato que maneja muy bien las emociones: es luminoso, emocionante, delicado, divertido, cercano… y cuando debe ser triste lo es sin resultar desolador. La vida de Stephen Hawking pasa por lugares comunes conocidos por todos, pero fluye con naturalidad de manera que no parece un compendio de anécdotas, con lo que el interés no decae ni viendo venir de lejos los puntos clave del viaje (matrimonio, llegada de la enfermedad, dificultades, rupturas, etc.). El actor Eddie Redmayne se transforma con admirable esfuerzo en la figura representada, que requiere no sólo un gran trabajo físico, sino también transmitir algo cuando está cada vez más paralizado. Felicity Jones está correcta en un registro más contenido, mostrando bien la transición de enamoramiento a frustración, pero no destaca como para dejar huella.

En líneas generales es buena película, sobre todo porque resulta más honesta que sensiblera, lo que se agradece bastante viendo la obsesión que hay en este género por los clichés y la manipulación emocional para buscar la conexión facilona e inmediata con el espectador. Es el único título llamativo entre los que este año han promocionado los Oscar muy por encima de su calidad real (Whiplash, Descifrando Enigma, Foxcatcher, El francotirador, Boyhood), el único en el que no me he tirado de los pelos por la cansina narrativa llena de arquetipos y tono sensacionalista forzado. Dicho de otra forma, es un correcto filme de superación personal y dejará buenas sensaciones en el espectador que no quiere ser moldeado, empujado y dirigido, en el que espera ver algo realista y honesto. Además la fantástica puesta en escena le da bastante más valor.

Pero tampoco se libra del todo de las limitaciones del género, con lo que su potencial se ve frenado, aunque no tanto como para hundir la propuesta. Se nota que refuerzan el drama humano tirando del morbo que proporciona la enfermedad y dejando casi de lado la importantísima obra e influencia del homenajeado. ¿Dónde está el trabajo y esfuerzo científico de Hawking? Sólo lo vemos trabajar en ecuaciones una vez, el resto del tiempo se limita a repetir “voy a escribirlo en un libro”. Los guionistas no se atreven a intentar mostrar qué investiga, qué hallazgos consigue, cuánto cambia el panorama de conocimientos sobre el universo. No tienes que hacer un ensayo científico, pero tampoco hay que ir con una cobardía que provoca momentos un tanto ridículos cuando por fin se mojan en describir algo, como esa descripción paralela, simplona y redundante de los agujeros negros.

Y para colmo, no falta el toque de conservadurismo religioso: no pocas escenas tratan de montar una dualidad y enemistad ciencia-dios que no debería existir, para inclinarse por un discurso conciliador también cobardica. Es una pena acabar la proyección tratando de suavizar el impacto de la obra de Hawking sobre la religión cuando ni siquiera has explicado qué alcance tienen sus hallazgos. Digo yo que si vas a montar un segmento dedicado a filosofar, qué menos que darle algo de profundidad e inteligencia. Pero nada, un par de escenitas para cumplir con los fanáticos y arreando, que pensar es malo.

Por lo demás, La teoría del todo entra muy bien por los ojos y llega al corazón sin demasiado artificio, y no deja la sensación de ser un telefilme, algo muy habitual en el género.

The Zero Theorem


The Zero Theorem, 2013, EE.UU., Francia, Reino Unido.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Dirección: Terry Gilliam.
Guion: Pat Rushin.
Actores: Christoph Waltz, Lucas Hedges, Mélanie Thierr, Matt Damon, Tilda Swinton, David Thewlis.
Música: George Fenton.

Valoración:
Lo mejor: Buen análisis social a través de personajes encantadores. Puesta en escena notable.
Lo peor: A pesar de tanto surrealismo, su temática no sorprende.

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Terry Gilliam nunca ha dejado atrás el cine extraño y surrealista, pero desde Brazil (1985) no se embarcaba en una historia que mirara a un futuro imaginario para analizar nuestro inmediato porvenir, es decir, la fábula distópica. The Zero Theorem nos relata cómo las nuevas tecnologías (informática y telecomunicaciones) absorben nuestras vidas haciéndonos dependientes de ellas, suplantando las relaciones humanas reales, limitando nuestra capacidad para socializar. Apuntala el análisis con la crisis económica y laboral: la competencia por el trabajo es dura, la miseria ahoga el mundo a pesar de la fachada de bienestar y felicidad que genera la tecnología.

Todo esto lo vemos a través de los ojos de un ser antisocial, marginado y con principios de demencia al que seguimos en su odisea por encontrar respuestas a la existencia, por hallar un lugar en el mundo que le devuelva las ganas por vivir. Es un personaje complejo que Christoph Waltz capta a la perfección, sobre todo a la hora de dar pena por su aislamiento y soledad. Conocerá a una chica atractiva y extrovertida, de la que huye porque siente que es demasiado buena para él, o porque le asusta enfrentarse a alguien tan distinto. Pero pronto se verá que ella tiene sus propios problemas emocionales que harán que conecten. Otras relaciones terminan de definir a nuestro protagonista: el jefe de departamento al que no soporta pero que está siempre encima, controlando su tiempo y su vida, y el joven becario que le hará recuperar algunas cosas (placeres sencillos como la comida) que tenía olvidadas.

El estilo de la narración (en lo visual tanto como en el contenido) es histriónico, afilado y excesivo acorde al surrealismo que impregna la obra de Gilliam. Los personajes se llevan al límite, convirtiéndolos en caricaturas a veces funestas, otras lastimeras, pero siempre acertando en la intención de hacernos ver y pensar sobre problemas reales. Dicho de otra forma, el mensaje es claro y no resulta engullido por las partes más abstractas (como el trabajo o el teorema cero).

El exterior es vistoso, rebuscado pero crucial a la hora de describir el entorno, la escena y el personaje. Barroquismo mezclado con cyberpunk, y color y plástico combinados con roca y mugre, exponen muy bien la dualidad del futuro presentado, lo que se refuerza con simbología abierta a teorías (por ejemplo, el ordenador en el altar de la iglesia se puede tomar como símbolo de lo que domina la vida del hombre del futuro). Destaca sobre todo por lo que han logrado con unos escasos ocho o diez millones de dólares: luce como una superproducción. Y todo gana enteros con la hábil mano de Gilliam: los encuadres originales y la cámara inclinada no son caprichosos, sino esenciales en la atmósfera buscada.

Pero hay que decir que a estas alturas este estilo no sorprende, que Gilliam no logra algo tan distintivo o innovador como lo fueron Brazil y Doce monos. La combinación de elementos es sólida y se usa con sabiduría, pero en ningún momento causa gran impresión. Huellas de cualquier título de la ciencia-ficción se pueden ver en todo momento (la ciudad recuerda rápidamente a Blade Runner), pero destaca sobre todo la influencia del surrealismo francés de Jean-Pierre Jeunet. Y en lo argumental tampoco ofrece un análisis realmente novedoso: otros tantos títulos recientes han tratado la misma temática, aunque sea desde otros puntos de vista.

Pero las cosas bien hechas también tienen valor, y más si aportan una perspectiva valiente, inteligente y vistosa. Así, Gilliam no rompe esquemas, pero obtiene una obra rica en lo visual, inteligente en su contenido y con unos personajes que llegan e inspiran. Eso sí, huelga decir que su estilo no es apto para el espectador medio, amigo de la inmediatez, lo conocido y lo expuesto sin segundas lecturas. Solo los que busquen cine arriesgado o de autor podrán disfrutar el visionado.

Red 2


Red 2, 2013, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 116 min.
Dirección: Dean Parisot.
Guion: Jon Hoeber, Erich Hoeber.
Actores: Bruce Willis, Helen Mirren, John Malkovich, Mary-Louise Parker, Anthony Hopkins, Catherine Zeta-Jones, Neal McDonough, David Thewlis, Brian Cox.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Lo que queda de los personajes.
Lo peor: Insípida y aburrida.
Mejores momentos: Los celos entre Sarah y Katja.

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El éxito de Red fue bastante merecido. Como comedia de acción destacaba bastante en un panorama lleno de títulos repetitivos, de ideas agotadas. Los excelentes personajes, un ritmo bastante acertado y sobre todo el gran sentido del humor nos dieron una película bastante recomendable. La secuela es por el contrario una gran decepción. La chispa y energía de su predecesora no se ven por ninguna parte. Los personajes son una sombra de lo que eran, estirados sin sacarles mucho partido. El humor carece de originalidad, pero también de gracia: apenas consigue llevarte a la carcajada.

Por suerte los protagonistas eran tan buenos que lo poco que queda de ellos basta para salvar la función. Cada tramo dedicado a cada uno de ellos resulta divertido debido a sus peculiares personalidades, y la dinámica entre todos mantiene al relato en una constante sensación de que hay un buen poso y en seguida va a coger carrerilla… Pero el embrujo dura poco, porque una vez se va formando una perspectiva global de la narración queda claro que los guionistas no saben muy bien cómo enlazar un capítulo con otro y mover a los protagonistas hacia algo interesante. Es decir, el argumento es endeble y difuso, se salta de acá para allá sin motivos claros (damos la vuelta al mundo varias veces sin razón alguna), vemos metraje y más metraje sin tener a la vista un objetivo concreto.

En la primera entrega alabé a los actores bastante merecidamente, pero aquí se nota que no tienen material con el que trabajar, todos van con el piloto automático puesto. La puesta en escena es correcta, destacando de nuevo por ser sobria y efectiva en comparación con los cansinos artificios del cine de acción actual.

Nada original, poco graciosa, con un ritmo bastante caótico, Red 2 resulta un aburrimiento bastante grande. No llega a ser mala, pero tampoco logra resulta un visionado que deje buenas sensaciones: se ve con pasividad, sin despertar emociones en ningún sentido, y se olvida al instante. Otra saga echada a perder.

El reino de los cielos (Director’s Cut)


The Kingdom of Heaven, 2005, EE.UU.
Género: Histórico, aventuras, drama.
Duración: 190 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: William Monahan.
Actores: Orlando Bloom, Eva Green, David Thewlis, LIam Neeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Marton Csokas, Brendan Gleeson, Ghassan Massoud, Alexander Siddig.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La excelente puesta en escena de Ridley Scott, la fotografía, la música, el vestuario, los decorados, las localizaciones y los efectos especiales.
Lo peor: Cierta falta de energía y ritmo, de grandeza y épica, tanto en la trama como en los personajes, que impide que, aun teniendo una buena base y esté rodada de forma magistral, llegue a ser una gran película.
Mejores momentos: La primera batalla (en los bosques, al poco de partir del hogar de Balian) y el asedio al completo.
La música: Aparte de la compuesta para la película aparecen temas de otras bandas sonoras, quizá por falta de tiempo: cuando Balian da los discursitos de turno suena claramente (tanto que molesta) un tema de Jerry Goldsmith de El guerrero número 13, y en otras ocasiones se oyen partes Blade II, Hannibal y El Cuervo.
La curiosidad: El actor que está tras la máscara del rey leproso es Edward Norton.
Comparativa entre versiones: movie-censorship.
La frase: Qué hombre es aquél que no quiere mejorar el mundo.

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Cuando vi en el cine El reino de los cielos salí algo decepcionado. La película de Ridley Scott estaba coja, se notaban algunos agujeros en el guion y una falta de fluidez en la narración que hacían pensar en un gran recorte de metraje antes de su estreno. Por ejemplo, el personaje de Balian salía muy mal parado, con una descripción pobre y una evolución mal desarrollada (pasaba de joven herrero a caballero dotado sin explicación alguna). Esta falta de equilibrio y profundidad se hacía notar, forzando que un relato visualmente impecable y con aparente potencial en la historia dejara cierto mal sabor de boca. Las críticas fueron tibias, y la recepción del público también.

Por suerte, para el dvd Ridley Scott pudo sacar la versión que él y el guionista William Monahan tenían en mente. Lo que ocurrió fue lo de siempre: la productora pensó que la película era muy larga para ser vendible, y exigió un montaje cercano a las dos horas que se centrara en la acción y además eliminara violencia para hacerla para mayores de 13 años. La versión Director’s Cut (corte o montaje del director) añade alrededor de cuarenta y cinco minutos (llevando la proyección hasta las tres horas diez) y forman una cinta más redonda y equilibrada, hasta el punto de que no recomiendo ver la versión corta, pues en comparación parece una chapuza donde se omiten datos cruciales. Ahora se explica que Balian tiene experiencia en combate y que sabe construir maquinaria de guerra, se añade una subtrama muy interesante con el hijo de Sybilla, se profundiza en la relación entre ella y Balian, se detalla la política de reyes y facciones y se potencian numerosos tramos con pequeñas escenas que matizan y redondean personajes y situaciones, incluyendo escenas tan interesantes como el duelo de espada entre Balian y Guy de Lusignan. Además se recupera toda la sangre y violencia que fue eliminada, dotando a las batallas de mayor realismo y crudeza.

Sin embargo debo decir que este Director’s Cut llega a pecar de excesos en algunos momentos, y pienso que con unos quince minutos menos ganaría. Sin duda el ritmo es bueno, y su larga duración no se hace pesada, pero lo cierto es que hay pasajes algo faltos de intensidad. Algunas secciones creo que se podrían haber resumido para hacerlas más ligeras y directas (la partida de Balian al comienzo, su adaptación al nuevo hogar, alguna intriga política algo lenta) y desde luego breves escenas aquí y allá que no aportan nada consistente no deberían haberse incluido (como que el sepulturero del pueblo de Balian -el de la oreja cortada- aparezca en plena batalla).

Hay suficiente calidad en El reino de los cielos como para hablar de un filme notable que no sólo aguanta sino que gana con los sucesivos visionados. El problema más grande, agravado además por el daño que ha hecho la versión corta, es esa sensación constante de que nunca llega a dar todo lo que parece querer ofrecer: por su género y estilo, por la clara grandilocuencia que destila la trama y la ejecución (la excelsa puesta en escena), es una película que clama a los cuatro vientos que te ofrecerá una obra maestra tipo Braveheart, Gladiator o Espartaco. Y se queda a bastante distancia de ello. Es una pena que, aunque Scott disponía de los medios necesarios además de su notable habilidad tras las cámaras, al guion de William Monahan le falte algo de calidad y fuerza y sea incapaz de desarrollar todo el potencial latente. El resultado es una producción de aventuras medievales muy vistosa y entretenida, pero apenas hay grandeza en un relato que debería tenerla y a los personajes le falta algo de garra que los ensalce como roles capaces de dejar huella en el espectador. ¿Alguien se emociona o sufre intensamente siguiendo a Balian, Sibylla o cualquier secundario? Aprovechando una escena sacada directamente de Lawrence de Arabia, aquella en que el protagonista, perdido en pleno desierto, se encuentra con uno de sus rivales antes de meterse en todo el jaleo, hilo una comparación entre ambas: la cinta de David Lean sí mostraba un aura de grandeza donde tanto el rol principal como todo secundario que iba apareciendo en la historia dejaban grato recuerdo en el espectador.

Los actores, quitando a un siempre mediocre Orlando Bloom, que no tiene el carisma suficiente para ser protagonista aunque por suerte está mucho mejor que en otros títulos (Troya, Piratas del Caribe), son buenos profesionales, pero salvo Eva Green ninguno resulta muy destacable, quizá porque sus personajes no tienen el trasfondo suficiente como para conseguir algo notable de ellos.

Lo que está claro es que Ridley Scott no desaprovecha la oportunidad que ofrece el género y levanta una producción colosal que resulta deslumbrante en general y sobrecogedora en algunos tramos. La fotografía de John Mathieson capta muy bien lo buscado por Scott: los paisajes europeos son bellos y fríos (los tonos azulados otorgan una insólita belleza a los bosques), los desiertos de Jerusalén son cálidos (el colorido luminoso contrasta mucho con el tramo inicial de la cinta, y remarca muy bien la nueva vida o renacimiento del protagonista), las secuencias de batalla tienen planos amplios espectaculares, etc. La música de Harry Gregson-Williams es excelente y ofrece temas enérgicos y hermosos. El vestuario, las localizaciones, los decorados y los efectos digitales son perfectos y Scott los usa con maestría para erigir esta épica de grandes proporciones.

En el momento cumbre, el asedio, todo explota en un tramo de una fuerza visual increíble. Los ejércitos, las torres de asalto, las catapultas, las piedras golpeando los muros y los magníficos planos desde tierra o desde el aire mostrando toda la envergadura del asalto dejan sin aliento. El detallismo con que se muestran los pasos de la batalla, sin perder en ningún momento el ritmo y objetivo de la narración, son loables (un inconmensurable trabajo desde la escenificación en el rodaje al montaje en postproducción), y la nitidez y espectacularidad con que se muestra todo es extraordinaria. Y todo ello además en un tono realista muy de agradecer: sin abuso de efectos especiales, sin florituras absurdas, mostrado con claridad cada escena, golpe, finta, herida, etc. Comparen este asedio con la horterada llena de ruidos y efectos especiales de El retorno del rey

Sin duda será muy difícil superar lo que aquí se ha logrado. Con un presupuesto bastante ajustado comparado con lo que se ve en pantalla (nada más que 130 millones), Scott levanta una producción de una complejidad y dificultad que no está al alcance de muchos, y consigue además un acabado de una calidad impresionante. Sin embargo hay un título cercano en fechas (2004) digno de comparar: Troya. La obra de Wolfgang Petersen también es una producción de las difíciles y de acabado ejemplar que merece citarse y compararse. Es curioso que tal y como ocurre con El reino de los cielos falle lo justo en su guion (mejorable confección de personajes, falta de trascendencia de la trama) como para que, siendo bastante buena y teniendo un acabado exquisito, tampoco termine de resultar una gran película.

El trabajo de Scott me parece tan admirable que pienso firmemente que no se ha sabido valorar la calidad de esta producción: las labores de dirección, fotografía, música, montaje, vestuario, decorados y efectos especiales no obtuvieron ninguna nominación a premios importantes. ¿Cómo es posible que una película que resulta ejemplar en cuanto a realización pasara tan desapercibida? Es más, me pongo a pensar que la mediocre El retorno del rey arrasó por donde pasó un par de años antes, y la comparo con esta… y no soy capaz de entenderlo, ni de asimilarlo. Es evidente que los Oscar, Globos de Oro y demás carecen de sentido objetivo y se mueven por fama y moda (y El reino de los cielos no causó mucho impacto mediático), pero claro, aun así no puedo evitar citar la injusticia cometida.

Caballo de batalla


War Horse, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 146 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Lee Hall, Richard Curtis, Michael Morpurgo (novela).
Actores: Jeremy Irvine, Peter Mullan, Emily Watson, David Thewlis, Tom Hiddleston, Bennedict Cumberbatch, Celine Buckens.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena. Algunos momentos de gran fuerza.
Lo peor: El forzadísimo tono sensiblero. El ritmo apático de su primer tramo. Su simpleza y previsibilidad a pesar de tanto envoltorio exquisito.
Mejores momentos: Los caballos que llegan con jinetes al frente de ametralladoras… y pasan sin ellos. Soldados de distintos bandos tratando se salvar al caballo en las trincheras.

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Desde los avances se intuía y los primeros minutos de proyección confirman el tono e intenciones que Steven Spielberg quería para War Horse: un sensiblero melodrama familiar centrado en animales, un clásico cuento de superación, separación y reencuentro. Su virtuosismo en la puesta en escena consigue que el viaje sea espectacular a la par que emocionante, y si bien hay momentos capaces de estrujar el corazón y humedecer los ojos, hay otros donde ese tono consigue transmitir todo lo contrario, la sensación de que el estilo se ha forzado en exceso, de que la búsqueda de la lágrima fácil se intenta a través de trampas muy evidentes. Resulta en ocasiones tan enervantemente ñoña, facilona y predecible que por momentos parece un insulto a la experiencia (esto ya lo he visto, esto es una bobada cursi) e inteligencia (tan pasado de rosca que no sé cómo esperas que me lo crea) del espectador. Y es una pena que a veces patine tanto, porque como digo la realización es exquisita y la historia puntualmente posee gran fuerza.

El peor tramo es el inicial. El proceso de unión entre el chaval y el caballo obedece a unos clichés y un estilo tan clásico que resulta viejo y por extensión ingenuo, a lo que se le suma que es tan previsible que no despierta interés y que parece tan decididamente obsesionado con conectar con la fibra sensible del espectador que se ven los trucos muy rápido y provoca más rechazo que emoción. El empresario villano, el padre sobrepasado por la situación, la madre fuerte, el joven entusiasta y esperanzado… Todo resulta tan evidentemente moldeado que casi provoca arcadas. Cuando aparece una oca graciosilla a complementar las escenitas bobas de animales casi dejo la película a medias. Pero menos mal que no lo hice…

Cuando empieza la guerra y el caballo se ve envuelto en ella la cosa cambia bastante. La tontería familiar se deja de lado para seguir al equino en una aventura que muestra la tragedia del conflicto bélico en varios niveles. Se trata la deshumanización de los soldados, donde algunos intentan resistirse encontrando consuelo en el cuidado de estos animales, y se analiza el efecto que la situación causa en el resto de la sociedad (en especial en las clases bajas) y la soledad que trae consigo la muerte y la desolación. De hecho, a veces me parece un relato demasiado intenso y oscuro comparado con el que encontramos al inicio de la proyección: las escenas de guerra son tétricas y hay muchos muertos (incluidas ejecuciones), aunque se evitan mostrar los impactos de bala con diversos juegos visuales (que son virtuosos pero también parecen forzados).

En este viaje hay también muchos momentos claramente destinados a estimular la lágrima y sensibilidad del espectador, pero unos cuantos de ellos resultan muy acertados (los personajes con los que se topa el caballo siempre aportan esperanza dentro del caos, en especial la encantadora pareja del anciano y la niña -imposible no pensar en Heidi, por cierto-), otros resultan gratificantes (por divertidos a la par que bonitos, como los soldados de distintos bandos salvando al caballo en las trincheras), otros se controlan mucho mejor (la reaparición del anciano al final me pareció muy comedida y eficaz) y algunos aunque estén bastante sumergidos en la onda previsible y forzada llegan en el momento justo, y quizá si antes no se hubiera abusado tanto hubieran funcionado mucho mejor (el reencuentro final del chaval con el caballo es digno de culebrón pero difícil de eludir en una narración de este tipo).

El relato tiene un envoltorio técnicamente perfecto y artísticamente sobrecogedor. La ambientación (desde el impecable vestuario a las localizaciones y decorados), el sonido, la música, la fotografía… Steven Spielberg une todo bajo su mando ofreciendo una labor de dirección que derrocha recursos y habilidades en cantidades no mesurables. De hecho, su inmenso aspecto visual es más esperable en una gran epopeya y parece excesivo para una cinta tan sencilla, algo que sin duda disfraza bastante el tono de fábula tontorrona.

Aunque como pasatiempo cumple con creces y algunos puntos fuertes elevan su nota, no me cabe duda de que con un estilo más maduro e inteligente la película podría haber sido de muchísima calidad. Estar destinada para todos los públicos no significa rebajar su nivel hasta casi el retraso mental. Menos tono Disney y más madurez y naturalidad le hubiera venido francamente bien. No puedo evitar citar un ejemplo de lo que sería un perfecto drama familiar: E.T., una de la producciones más recordadas de Spielberg y que sin duda está en la cumbre del género.