El Criticón

Opinión de cine y música

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Mudo (Mute)

 


Mute, 2018, Reino Unido, Alemania.
Género: Crimen, drama.
Duración: 126 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Duncan Jones, Michael Robert Johnson.
Actores: Alexander Skarsgård, Paul Rudd, Justin Theroux, Seyneb Saleh, Noel Clarke, Robert Sheehan, Gilbert Owuor.
Música: Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: El reparto.
Lo peor: Guion de telefilme barato, puesta en escena floja, efectos especiales cutres.

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El esperado retorno de Duncan Jones, el realizador de la sorprendente y notable Moon (2009) y la entretenida Código fuente (2011), después de su fallido paso por el cine comercial con la mediocre Warcraft (2016), que rompió con su buena racha y lo dejó en un limbo, ha sido tal fiasco que parece haber firmado su sentencia como autor de culto al que los amantes del género habíamos prometido seguir.

Mudo es tan desastrosa que no se entiende cómo puede haber salido de la mente de quien escribió la fascinante odisea lunar y le dio vida con una impronta visual deslumbrante con cuatro duros. También nos ha supuesto un traspiés a muchos con Netflix. Quienes pensábamos que ninguna gran distribuidora quería hacerse con Mudo porque era ciencia-ficción demasiado inteligente y aplaudimos que Netflix la recuperara nos hemos dado con un canto en los dientes. Muchos han empezado a despotricar, con bastante razón, contra la plataforma de video bajo demanda por haberse convertido en un coladero de series b cutres que nadie quiere. Cercana a esta llegó la irregular aunque desde luego entretenida Bright (David Ayer, 2017) y la infame The Cloverfield Paradox (Julius Onah, 2018), y antes de eso una buena cantidad de morralla que es mejor olvidar. Así pues, queda claro que Netflix tiene que ponerse todavía las pilas en el apartado de cine.

Volviendo a Mudo, parece que Jones ha cogido un guion cualquiera de la pila de telefilmes que producen las teles públicas en cadena. Pero no, resulta que lo tenía en desarrollo desde hace años, es decir, que ha puesto en él todo su empeño y cariño. Lo que no sé si lo de secuela de Moon (más bien sería otra historia ambientada en el mismo universo) lo apañó por el éxito de aquella, pero desde luego es una decisión absurda: la única relación que hay es que el protagonista de Moon aparece de refilón un par de veces de fondo en televisión. Así, la decepción con esta película se torna incluso en un insulto.

La ciencia-ficción aquí es irrelevante. Estamos en una ciudad futurista a lo Blade Runner (Ridley Scott, 1982) pero el argumento no trata ninguna temática del género, pues como digo es un telefilme con todas las de la ley: un dramón de individuos torturados, líos amorosos y crímenes sensacionalistas. El protagonista es mudo por un accidente en la juventud, la chica una puta desgraciada, los malos unos psicópatas y unos gángsteres. Todo se cruza delante del pobre mudito, que tiene que lidiar con toda esta miseria entre infinidad de giros supuestamente lacrimógenos y chungos pero en realidad rebuscados e inverosímiles. La construcción de personajes es nula, se basan únicamente en un rasgo característico. Ninguno evoluciona o se ve obligado a cambiar por más que les caiga encima. La proyección avanza a trompicones, muchas veces sin un argumento concreto al que aferrarse, y aun así se ve venir casi todo. Desde que el mudo aguanta la respiración al beber agua por sus secuelas intuí el truco final, por ejemplo. Los momentos cumbres son lastimeros: telita la persecución en coche, o que el prota sea tumbado por cualquiera, porque es un blando, pero luego arrase en el pub.

A partir de cierto momento pensé que más que un guion tan torpe que cae en la vergüenza ajena lo que estaba intentando Jones era una aproximación al mundo del crimen en plan Guy Ritchie y Quentin Tarantino, con gente estrafalaria, humor negro, situaciones chocantes y giros inesperados a lo RockanRolla (2008), Snatch (2000), Reservoir Dogs (1992) y Pulp Fiction (1994). Pero queda una imitación chapucera, sin ingenio ni gracia, que termina pareciendo una parodia de sí misma.

El otro problema es que la recreación de ese intrascendente futuro es muy endeble. Los efectos especiales son penosos, el cambio de las maquetas de Moon a lo digital ha sido un fallo enorme. Y en cuestiones de fotografía, música y dirección anda muy floja, de hecho la banda sonora es horrenda a pesar de venir del polifacético Clint Mansell.

Si no fuera porque el carisma y el buen hacer de los actores consigue hacer medio digerible el delirante viaje de los personajes habría quitado la película bien pronto. Eso no significa que no me arrepintiera de verla entera, claro.

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Warcraft


Warcraft, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 113 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Duncan Jones, Charles Leavitt.
Actores: Travis Fimmel, Paula Patton, Ben Foster, Dominic Cooper, Toby Kebbell, Ben Schnetzer, Clancy Brown, Robert Kazinsky.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: Correcto aspecto visual. La sección de los orcos es salvable.
Lo peor: Guion muy pobre: la trama es lo más estulto y predecible que puedas imaginar, los personajes son estereotipos realmente cansinos. El casting y la dirección de actores se han equivocado con la mayoría de los intérpretes.
El tráiler: Visto el tráiler, vista la película, lo cual, por una vez, más que criticar hay que agradecer.

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Me estaba ganando el primer acto, pues la presentación del universo y de los protagonistas tiene ritmo y despierta cierto interés. Pero conforme avanza, la fachada se cae a pedazos. Es otro título hecho a base de estereotipos y tonterías amontonados sin muchas ganas por esforzarse en que al menos destaque en algo o que el conjunto sea lo suficientemente sólido como para no parecer un insulto a la inteligencia del espectador.

La odisea del orco noble por sacar adelante su pueblo y su familia contra las miserias de la vida y las tradiciones obsoletas tenía potencial, más que nada por ofrecer una trama con cierta profundidad, aunque no sea nada original, y unos personajes que presentan un arco dramático al que poder engancharse. Pero con la corte humana cae el velo y se ve el escasísimo alcance e inteligencia del guion. El lío padre-hijo es harto predecible, pero las sandeces del mago y su aprendiz van más allá, provocando vergüenza ajena. El mago orco medio se salva porque las disputas entre las distintas visiones del mundo tienen algo de enjundia, pero con los humanos dan ganas de apartar la mirada. El choque entre las dos razas tampoco logra rascar nada, se atasca, o más bien se hunde, en clichés vulgares y aburridos. Lo que queda es un relato demasiado predecible y con un tono inmaduro y a veces incluso estúpido que llega a resultar bastante cargante.

Otro problema a la hora de conectar con tan limitados personajes es que ni los actores se encuentran cómodos ni el director parece esmerarse en que se adapten a sus roles. Sin directrices que lo guíen, Travis Fimmel simplemente repite el papel del vikingo Ragnar, lo que no pega en un caballero de una corte tipo medieval. Ben Foster (El tren de las 3:10, Pandorum, El único superviviente) es un actorazo, pero si lo conociéramos sólo por este papel pensaríamos lo contrario; está claro que no pudo hacer nada mejor ante esta situación. El rey (Dominic Cooper) es demasiado joven y guaperas. El aprendiz de hechicero (un desconocido Ben Schnetzer) parece sacado de una comedia adolescente de bajo nivel, es realmente patético. La única que cumple es Paula Patton (Misión Imposible: Protocolo fantasma), una intérprete que a mi parecer ha tenido mala suerte en su carrera.

En lo visual no está nada mal, de hecho el trabajo con los orcos es excelente, pero a estas alturas no sorprende, y la verdad es que tanta criatura, rayito y lucecita aumenta la sensación de estar ante una chorrada infantil. Si el director lograra unas batallas épicas podría pasar, pero no hay pasajes que impresionen. Parte de culpa la tiene también la banda sonora de Ramin Djawadi (Juego de tronos), pues es bastante floja, muy machacona.

Antes del estreno había las esperanzas en que un director tan prometedor como Duncan Jones (Moon) ofreciera una película de nivel o al menos un entretenimiento serio. Ahora cabe preguntarse qué demonios ha pasado. Si los productores se pusieron a alterar su obra hasta amenazar con dejarla irreconocible bien podía haber dimitido a tiempo, que suele ser lo más habitual; pero parece haber preferido vender su alma. La otra opción es que realmente buscara un entretenimiento facilón e intrascendente y se pasara de largo.

Ahora bien, vuelvo a lo de siempre: entre esta y El retorno del rey, El hobbit, las últimas de Harry Potter y de Piratas del Caribe y otras tantas de fantasía de relativo éxito no hay mucha diferencia cualitativa e intelectual, pero la han machacado con una contundencia impresionante (al estilo John Carter y El destino de Júpiter) mientras aquellas son tratadas con mimo o incluso alabadas con entusiasmo. No entiendo a la masa de espectadores y creo que nunca lo haré.

Código fuente


Source Code, 2011, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 93 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Ben Ripley.
Actores: Jake Gyllenhaal, Michelle Monaghan, Vera Farmiga, Jeffrey Wright.
Música: Chris Bacon.

Valoración:
Lo mejor: Jake Gyllenhaal muy intenso.
Lo peor: Ritmo irregular, premisa vista, con más agujeros que ideas eficaces.
La pregunta: ¿Por qué el título no tiene prácticamente nada que ver con lo narrado?

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Después de deslumbrar con Moon, una película bastante original y muy bien ejecutada (ritmo equilibrado, sorpresas bien gestionadas, enorme actor principal, excelente puesta en escena), Duncan Jones vuelve a la ciencia-ficción para deleite de los aficionados, pero por desgracia no ofrece una obra que tenga las virtudes de la anterior. Código fuente parte de una premisa muy tratada en el género, el ritmo es renqueante, las sorpresas no impresionan y algunos giros son muy rebuscados.

El argumento se ha visto en no pocas ocasiones en la ciencia-ficción (todas las series de corte clásico han tenido un capítulo del estilo: Star Trek la próxima generación, Expediente X, Buffy la cazavampiros, Stargate SG-1 y otras), de hecho recientemente se ha estrenado la película Al filo del mañana, aunque sin duda la más recordada es la comedia El día de la marmota (reinventada por nuestros queridos traductores como Atrapado en el tiempo). Tampoco el concepto de introducirse en el cuerpo de otro es nuevo, donde destaca la serie Quantum Leap. Con este panorama, es empezar la película y ya te entra un bajón: esto está muy visto.

¿Le habrán dado Jones y el guionista Ben Ripley una vuelta de tuerca para realzar alguna virtud y lograr un filme más genuino y llamativo? Pues más bien no, porque el concepto se aplica a una trama de acción también muy básica. El héroe que debe frenar el atentado, la chica simpática a proteger… y no hay mucho más margen de movimiento. Como thriller al menos guarda cierta tensión por cómo el protagonista hallará las respuestas, tanto personales como sobre la intriga terrorista. La pega es que con tanto repetir las situaciones sin avanzar hacia nada tangible y novedoso es complicado mantener buen ritmo. El tramo inicial (la presentación), con tanda de preguntas y respuestas para explicar el universo planteado, se ralentiza demasiado. El capitán Stevens se entretiene más de la cuenta en tonterías en vez de avanzar con determinación. Por lo menos cuando se pone a ello el thriller toma protagonismo y da algo más realista y cercano con lo que conectar. Por ejemplo la paranoia con qué pasajero será el culpable funciona bien, y los distintos intentos de Stevens por hallarlo y buscar pruebas para detener el siguiente atentado mantienen el interés.

Además el personaje interpretado con entusiasmo por Jake Gyllenhaal resulta bastante agradable: la situación de confusión e indefensión que vive se transmite bien, su crecimiento hacia el final se expone correctamente. Por el otro lado, la capitana (Vera Farmiga) es más bien sosa, el jefe del proyecto (Jeffrey Wright) resulta demasiado caricaturesco y la chica (Michelle Monaghan) es una mujer florero.

Hasta aquí podríamos tener un título menor pero aceptable como entretenimiento. La trama terrorista termina con los hallazgos necesarios para que el criminal sea detenido antes de nuevos atentados y saltamos a la segunda parte del desenlace, que se centra en la ética del proyecto y el destino de Stevens. No es algo que se resuelva de forma espectacular (una intriga de despacho breve y sencilla), pero su punto trágico da un cierre interesante. Sin embargo se empeñan en colarnos un epílogo que le da la vuelta a todo para forzar un final feliz, y lo hacen sin que parezca importarles romper la credibilidad y seriedad de la propuesta.

Alerta de spoilers: El siguiente párrafo tiene spoilers sobre alguna sorpresa y el desenlace.–

La idea de explorar los recuerdos del cerebro conservado de un fallecido (con un margen de memoria de ocho minutos) a través de una simulación informática en plan realidad virtual está bastante bien delimitada (aunque es inevitable hacerse preguntas, claro) y como ficción científica tiene cierta verosimilitud. Además la posición del héroe (pronto se adivina que es otro fallecido conservado en una máquina) ofrece una perspectiva oscura que hace plantearse los límites de la ética. Pero en medio del relato de repente se ponen a hablar de realidades alternativas, es decir, la máquina parece que no crea solo una simulación, sino que en algún requiebro justificado con tecno jerga absurda resulta que genera realidades paralelas. Todo esto obedece a la idea de poner un final feliz. El héroe salva a los pasajeros y a Chicago y se va con la chica, aunque sea en una realidad alternativa. Pero ni la palabrería pseudocientífica vale para tragarse la trampa argumental. El absurdo de enviar un email desde la simulación/realidad alternativa al mundo real y el giro mágico donde la mente del protagonista se queda en el cuerpo del receptor no hay quien se los trague, y por tanto generan una importante sensación de rechazo hacia el desenlace, pues sabe a engaño.

Moon


Moon, 2009, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, suspense.
Duración: 97 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Nathan Parker, Duncan Jones.
Actores: Sam Rockwell, Kevin Spacey.
Música: Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, interpretación (genial Sam Rockwell), música, aspecto visual (efectos especiales, decorados, fotografía…).
Lo peor: Lo de siempre: que al ser ciencia-ficción no se hablara de ella, cuando fue una de las mejores del año 2009.

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Moon quizá no se recuerde como un clásico de la ciencia-ficción, pero es un soplo de aire fresco tanto en el género, bastante apagado en los últimos años, como en el cine en general, falto de películas arriesgadas e inteligentes. Es una obra en la que se observa con agrado que han puesto amor por el arte y ganas de hacer las cosas bien.

El guion cuida muchísimo la descripción los personajes y su forma de enfrentarse a una situación tan confusa y delicada, retratando el conflicto interno de los mismos de forma magistral. La narración mantiene un ritmo pausado pero expectante donde te ofrecen la información justa en el momento justo, destacando algunos instantes como el descubrimiento del asunto y los primeros roces entre personajes, la breve pero concisa llamada o ese final en el que muchos autores hubieran añadido más de lo necesario. Qué difícil me es describir algunos de sus grandes aciertos sin desvelar nada, pero no quiero hacerlo, pues es un visionado para disfrutar yendo en blanco.

Si eres un espectador curtido en la ciencia-ficción, sea en el formato que sea, quizás las sorpresas principales no te resulten impresionantes o incluso las veas venir de antemano, de hecho incluso el desenlace puede ser intuido a partir de cierto momento. Pero eso no significa que la historia sea simple y fácil de prever, pues en realidad es una película en la que se disfruta pensando, formando teorías y viendo cuales finalmente se suceden y cuales no. ¿Cuándo fue la última vez que saliste de una proyección repasando ideas, rumiando detalles, sonriendo satisfecho por la originalidad y madurez de la propuesta?

El actor principal (y prácticamente el único), un entonces bastante desconocido Sam Rockwell, confecciona una de las interpretaciones más memorables de los últimos años. Su soledad, sus temores, sus achaques, su incomprensión de la situación a la que se enfrenta… El papel es de los que no se olvida. Y la puesta en escena es de primera calidad, destacando una fotografía excelente, una banda sonora puntual pero acertadísima cuando aparece y la apuesta por lo tradicional, es decir, decorados bien detallados y la nula utilización de lo digital (las maquetas cumplen a la perfección).

Moon es un conjunto equilibradísimo de buenas ideas y acierto tanto al plasmarlas en papel como al llevarlas a imágenes. Es una lección de cine hecha con cinco míseros millones de dólares. Y por supuesto, al ser ciencia-ficción solo tuvo reconocimiento en festivales menores, siendo automáticamente descartada por los nefastos Oscar (quienes prefieren aclamar tonterías como En tierra hostil en vez de maravillas como esta). Por último debo indicar que es la ópera prima de Duncan Jones, así que ya tenemos otro autor de calidad a quien seguir la pista con entusiasmo.