El Criticón

Opinión de cine y música

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San Andrés


San Andreas, 2015, EE.UU.
Género: Acción, catástrofes.
Duración: 114 min.
Dirección: Brad Peyton.
Guion: Carlton Cuse, Andre Fabrizio, Jeremy Passmore.
Actores: Dwayne Johnson, Carla Gugino, Alexandra Daddario, Ioan Gruffudd, Archie Panjabi, Paul Giamatti, Hugo Johnstone-Burt, Art Parkinson.
Música: Andrew Lockington.

Valoración:
Lo mejor: Sólida dirección, con buen ritmo a pesar de no tener guion. Los efectos especiales no defraudan.
Lo peor: El guion, un engendro lleno de clichés y tonterías, y lo peor, construido a trozos de otras películas.
Peores momentos: La absurda escena de reanimación. La huida del nuevo novio de mamá.

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Me gusta el cine de acción y efectos especiales. Entiendo que no siempre se busquen películas profundas y artísticas, sino entretenimientos sin más, porque para conseguir una obra maestra del calibre de Mad Max: Fury Road hay que tener talento pero también una iluminación repentina e irrepetible. Pero desde luego no me gusta que se vayan al extremo de parir sin vergüenza películas estúpidas y sin personalidad alguna, porque entonces como es obvio el factor entretenimiento se sustituye por el hastío y el rechazo. Y es que cada vez más la industria de Hollywood se inclina por el refrito de ideas, rebajar el listón intelectual y tratar de aturdir con efectos especiales. Con tanta basura uno mira al pasado, y películas de las que medio nos reíamos por tontorronas, hoy en día se recuerdan mucho mejor: fuera de algún tópico narrativo (normalmente relativo a los personajes, siempre simplificados para no quitar tiempo a la acción), los argumentos eran más originales y atrevidos, y se buscaba sorprender con escenas y efectos novedosos. Independence Day, Twister, Armaggedon (esta con una vena de humor estupenda) y otras cuantas, al ritmo que vamos, van a terminar considerándose clásicos, porque menudo varapalo dan a los principales filmes de los últimos años: 2012, El día del mañana, El núcleo… Y otra cosa es el tono. ¿Por qué nadie se pone a hacer una de catástrofes de corte serio? Ni siquiera las que tiran por el drama realista, como Lo imposible, terminan de despuntar. El nivel de la más grande del género, El coloso en llamas, parece imposible de alcanzar. Y tiene cuarenta años ya…

San Andrés sigue a rajatabla los peores vicios del cine actual. Para empezar, carece totalmente de originalidad. Todo en ella parece sacado de otras películas. Eso sí, seguramente no sea culpa de guionistas y director, sino de los productores, y aquellos sean unos pobres currelas que no se merecen la hostia que dan ganas de soltar. El caso es que toda y cada una de las escenas recuerda descaradamente a alguna obra previa, como si no se diesen cuenta de que así el factor sorpresa desparece y en esa situación lograr tensión e interés por el destino de los protagonistas es verdaderamente complicado. Y claro, le sumamos que obligan también a la citada limitación intelectual, y se termina de rematar la propuesta. La trama se puede aceptar que sea básica, pero sin escenarios y situaciones con un mínimo de enjundia poco impacto puede causar, y para colmo ningún personaje logra despertar suficiente interés como para sufrir por ellos, aunque por suerte no llegan al nivel de repelencia de otras cintas semejantes (Pompeya el mejor ejemplo: daban ganas de matarlos a todos).

Con esa idea de tomar de otros filmes y aferrarse a las bases más simples del género, los clichés se acumulan hasta desbordar. El prólogo que presenta al héroe, el científico que toman por loco pero resulta ser un genio, la familia divorciándose, los chavales de turno (chica guapa, chico medio tontito, niño sabihondo), la catástrofe, la separación, el viaje, las penurias estándares, el romance renaciendo en esos momentos difíciles, el reencuentro, la bandera estadounidense sobre sol naciente, y fin. El resto es rellenado con efectos digitales de impresión, pero claro, con tan poco detrás la cinta a duras penas logra emocionar lo más mínimo. Como mucho se puede decir que el director Brad Peyton (Viaje al centro de la Tierra 2) mantiene un ritmo trepidante que enmascara el vacío del guion, y aunque esto no basta para aprobar semejante producto de usar y tirar, por suerte por ello no resulta un visionado insoportable: entra de un tirón y se va como llegó, sin rozar ni una neurona.

Dos cosas recalcitrantes quería destacar. Uno es el abuso de topicazos del género: la trama del científico no pinta ni aporta nada, está totalmente fuera de la película principal, pero por alguna razón pensaban que era imprescindible cumplir con ella. El segundo es el mensaje pro-familia, tan jodidamente mascado y estúpido que resulta surrealista. El nuevo amante de mamá es presentado como un imbécil, cobarde y sin respeto por la familia, en contraposición con el héroe imposible que representa papá, todo ello para remarcar que el divorcio solo causa desgracias, que debes cumplir con los mandamientos del matrimonio. Porque claro, San Andrés es un título comercial hasta la médula: te vende hasta el modelo de vida prototipo estadounidense. En el plano final con la bandera me sorprende que no obligaran a levantarse con la mano en el pecho y la cabeza alta.

Así pues, San Andrés divierte más por estúpida que por cualquier otra cosa.

PD: En lo de forzar el espectáculo por encima de todo se incluye hasta el casting: curvas y músculos en cantidad. A veces es difícil mirar la acción de fondo con Daddario y Gugino en el plano.

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Hércules


Hercules, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 98 min.
Dirección: Brett Ratner.
Guion: Ryan Condal, Evan Spiliotopoulos.
Actores: Dwayne Johnson, John Hurt, Ian McShane, Rufus Sewell, Aksel Hennie, Ingrid Bolsø Berdal, Reece Ritchie, Joseph Fiennes, Peter Mullan, Rebecca Ferguson.
Música: Fernando Velázquez.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, decorados. Batallas espectaculares. Personajes con carisma y buenos diálogos.
Lo peor: Le falta madurez. Se ve potencial para mucho más.

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Hércules ofrece un argumento sencillo donde se dosifica bien entre la aventura, los problemas personales, la intriga palaciega y el giro que lanza el arco final. Goza de buen ritmo y la puesta en escena es vistosa, aprovechando muy bien una notable labor de vestuario, decorados y efectos especiales. No va a sorprender con el cuento de traiciones en la corte, la princesa desvalida, el héroe con pasado que le aflige, los amigos simpáticos… pero todo se desarrolla de forma más que aceptable y gracias al carisma de los protagonistas (y de los actores, no me olvido de señalar el gran repertorio de secundarios de calidad y del buen hacer de La roca en primer plano) el relato se salva de caer en lo rudimentario y promete entretenimiento y espectáculo a raudales. Todos los personajes tienen su estilo y personalidad bien definida y mantienen una estupenda dinámica entre ellos, con una camaradería que canaliza los mejores golpes humorísticos.

Pero me temo que la cinta ve frenado su potencial, y probablemente mucho, porque no es sino un producto prefabricado por la productora de turno, que contrata a un director con poca personalidad y que no se queja de los cambios impuestos ni de que le fuercen un estilo simplificado que en vez de potenciar las virtudes del guion se incline por el sensacionalismo visual y los clichés que esos ejecutivos piensan que están de moda.

Por ello termina resultando irregular, con un estilo indeciso y unos excesos contraproducentes. Lo primero que salta a la vista es esa contradicción: la proyección empieza diciéndote que será una versión realista de la leyenda de Hércules, es decir, se señala repetidamente que no será de fantasía, sino una recreación pseudohistórica, pero aun así ruedan como si de fantasía se tratase, con un Hércules que pega puñetazos que mandan a la gente cinco metros más allá, que es capaz de lanzar carros de una patada y derribar estatuas de toneladas de peso, que va acompañado por una heroína sacada del peor juego de rol (todos los hombres con ropa y sucios, ella medio desnuda y siempre reluciente y depilada) que tira flechas imposibles (cuánto daño ha hecho Legolas; para empezar, la gilipollez de luchar como si el arco fuera un arma de cara a cara), y un tipo que lanza cuchillos teledirigidos, entre otros. Me temo que es fruto de lo que indicaba, es lo que piensan los productores que mola ahora: el estilo comercial moderno que han asentado obras como la saga Piratas del Caribe, es decir, olvidarse de cualquier atisbo de profundidad y verosimilitud a cambio de la acción sensacionalista. Por extensión, a veces resulta un tanto infantil: los enemigos caen como muñecotes inanimados, algo que desvirtúa batallas bastante espectaculares pero que prometían mucho más. De la misma manera el sentido del humor a veces se fuerza más de la cuenta, dando la sensación de que deambula sin control entre la aventura distendida y la comedia absurda.

Aun así, debo decir que el varapalo de críticas que se lleva Brett Ratner, que ha caído en desgracia por cargarse la saga X-Men con su lamentable tercera entrega, es excesivo. Realiza una labor muy profesional, sin fisuras notables en la técnica, llegando a captar bien la épica del relato (espectaculares planos de ejércitos) a pesar de que la dinámica impuesta de acción chorra entorpezca más de la cuenta.

Pongo en la balanza sus virtudes y limitaciones. Por un lado destaca su tono ameno con buen ritmo, buen sentido del humor y personajes de muy buen nivel. Por el otro ve frenado su potencial al simplificarse el guion y potenciarse la narrativa simplona y los fuegos artificiales, dando la impresión de que había la semilla de una buena película y los productores se la han cargado. Como resultado es fácil que unos espectadores se lo pasen bomba y otros se pregunten de qué demonios va. Yo he conseguido conectar con su estilo desvergonzado y su autoconsciencia como aventura ligera sin más objetivo que divertir, que la sitúa por encima de muchas cintas de aventuras comerciales de los últimos años, todas ellas más pretenciosas y ambiciosas, como Pompeya, 47 Ronin, El hobbit, las secuelas de Piratas del Caribe

Por cierto, ha sido uno de esos casos donde dos estudios se pelean por sacar la misma idea adelante. Pero la otra, llamada Hércules, el origen de la leyenda y rodada en el estilo de 300, por las críticas que tiene parece estar cerca del cine cutre.

Dolor y dinero


Pain and Gain, 2013, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 129 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely.
Actores: Mark Walhberg, Dwayne Johnson, Anthony Mackie, Tony Shalhoub, Ed Harris.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Guion excelente, lleno de escenas geniales rebosantes de locuras y humor. Personajes magníficos y actores muy competentes.
Lo peor: Que no haya tenido el éxito que merece.
Mejores momentos: La confusión de coche, la reunión vecinal, la motosierra, la parrilla, el juicio resumido a través de chistes enormes…

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A pesar de su mala fama me parece indudable que Michael Bay tiene bastante talento como director de acción. El problema es que no termina de centrarse y dejarlo salir por completo, no es capaz de dejar atrás algunas limitaciones importantes. La principal y de la que derivan todos sus fallos y manías es que tiene una visión del mundo muy inmadura. Por ello elige guiones de escasa inteligencia y llenos de tonterías, y rueda ensalzando aspectos bastante criticables: clichés adolescentes, machismo, patriotismo exacerbado, grandilocuencia descontrolada… Así pare títulos tan irregulares como Transformers 3, máximo exponente de sus errores y aciertos: es terriblemente estúpida, pero cuando se centra en la acción logra algunas de las mejores escenas de la historia del género (la parte del edificio… sin palabras).

A mediados de su carrera se ve que intentó crecer con un par de producciones más serias: con Pearl Harbor emuló descaradamente el éxito de Titanic como drama emocional de grandes proporciones, y con La isla pretendió una de acción inteligente. Pero se estrelló estrepitosamente por culpa de los mismos puntos de vista y errores: asombrosamente ridículo fue el guion que aceptó para la primera, y la otra no ofreció nada llamativo. Desde entonces en vez de aprender algo se dedicó a potenciar esa vena más que juvenil inmadura, porque tristemente hay que admitir que su estilo y películas triunfan, fomentando así el círculo vicioso. Es decir, no va a replantearse nada mientras lo que haga se acepte en la taquilla, por mucho que luego lo pongamos a parir.

Viendo el panorama nada esperaba ya de él, pero de repente sorprende con Dolor y dinero, un título menor (no independiente, pero casi) de escasísimo presupuesto (20 millones, diez veces menos que en sus últimas producciones) que con un guion excelente y una puesta en escena que lo aprovecha muy bien debería abrir los ojos a cualquier detractor, pues aun siendo una comedia alocada demuestra que Bay puede rodar cine serio, es decir, inteligente y de calidad. Y digo debería porque no ha causado mucho impacto: a pesar de haber tenido buena distribución y publicidad no la ha visto casi nadie (85 millones de recaudación mundial), algo que no logro entender dado el tirón del director, capaz de triunfar con basuras como Dos policías rebeldes, mientras que la recepción crítica ha sido correcta pero no llamativa. Por ello me parece una película a reivindicar, una que creo ganará con el boca a boca y el tiempo. Pero me temo que si enlazo con lo dicho en el párrafo anterior aparece una mala lectura de todo esto: si con esta película que se sale de su onda no ha tenido éxito, se aferrará aún más a su tónica habitual… De hecho se rumorea un Dos policías rebeles III.

Los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely (ambos trabajan siempre juntos, teniendo títulos como la trilogía de Las Crónicas de Narnia, Capitán América o Thor 2) se basan en la historia real de un grupo de perdedores que, obsesionados con el sueño americano de triunfar, optan por agarrar ese sueño en vez de ganárselo: se plantean el secuestro de un tipo con dinero para extorsionarlo. Como patanes que son, todo les sale fatal, y se sumergen en una espiral de calamidades que los lleva directo al abismo, con asesinatos incluidos.

El delirio está garantizado en este trepidante, original y divertidísimo relato, alzándose como una de las mejores comedias gamberras que recuerdo desde Very Bad Things (aunque sin un humor negro tan excesivo). La gracia emerge de las situaciones absurdas, casi irreales a veces, de las meteduras de pata (cuando se equivocan de coche…), de las excentricidades y tics de los protagonistas (Victor y su palabrería incesante, Paul el buenazo…), de los excesos cometidos (Paul derrochando el dinero en droga)… Toda secuencia es un despiporre, y hay escenas descojonantes cada dos por tres. La policía sin creerse el relato de Victor, la devolución de la motosierra con restos de sangre, la reunión vecinal de seguridad, las paridas que le suelta Daniel a los niños que entrena… Llega un punto en que muy acertadamente nos recuerdan, mediante texto en pantalla, que estamos ante una historia real, consiguiendo realzar lo absurdo de los hechos mientras se logra otro chiste genial.

La narrativa es más que vivaz, es impresionante: de principio a fin es un no parar, con cada tramo bien medido en el tiempo y el ritmo, pues aunque se notan capítulos bien diferenciados (la presentación de personajes, la preparación del crimen, el desastre, las secuelas, la persecución del detective) todos duran lo necesario, se enlazan con habilidad y fluyen de maravilla. Bay saca lo mejor de sí con sus travellings constantes, su fotografía llena de colorido y los numerosos recursos de los que hace gala en las escenas más exigentes. Además capta a la primera el tono irreverente y casi auto paródico y lo aprovecha muy bien, formando un aura de fábula sobre el fracaso que potencia el tono lastimero pero humorístico de los acontecimientos. ¿Se ven algunos de sus cansinos tics?, os preguntaréis. Pues en cierta manera están ahí: las mujeres tienen un papel de mero objeto, la patria se ensalza bastante… Pero también forman parte de la parodia: la chica es tonta porque los protagonistas lo son también y no pueden aspirar a más, y como decía las señas clásicas de Estados Unidos son objeto de burla (hasta algunas cosas secundarias, como las reuniones sobre superación personal y empresarial, se ridiculizan sabiamente). Lo cierto es que sorprende que un tipo que hace un cine tan conservador tenga tanto sentido de autocrítica.

La descripción de los personajes es certera, cada uno tiene su forma de ser, sus manías y limitaciones, y los actores los interpretan muy bien. Mark Walbergh acierta de lleno a la hora de mostrar un tontaina ambicioso, y Dwayne Johnson sorprende enormemente (nunca mejor dicho) con su panoli perdido de la vida al principio y que evoluciona muy bien hacia la desesperación. Anthony Mackie tiene menos presencia pero está correcto. Tony Shalhoub y Ed Harris son valores seguros, y ambos están en su salsa: el primero puede dar rienda a su vena histriónica, pues el personajillo que tiene entre manos es repelente y consigue que dé grima y pena a la vez, y Harris como serio agente retirado flipando por el caso cumple de sobras.

Dolor y dinero es una de las mejores comedias de los últimos años, tan carismática y divertida que no entiendo cómo no ha pegado un pelotazo como el de otras locuras consideradas de culto, como Snatch, porque desde luego lo merecería. Y es la prueba de que Michael Bay, si elige bien el guión, puede hacer buen cine.