El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: Edward Norton

Moonrise Kingdom


Moonrise Kingdom, 2012, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 94 min.
Dirección: Wes Anderson.
Guion: Wes Anderson, Roman Coppola.
Actores: Jared Gilman, Kara Hayward, Edward Norton, Bruce Willis, Frances McDormand, Bill Murray.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual elaborado y colorista hasta resultar deslumbrante.
Lo peor: El guion hace aguas, es un cúmulo de anécdotas que no consigue narrar nada tangible y recordable.

* * * * * * * * *

Un cuento o fábula utiliza las fantasías, las anécdotas, los personajes secundarios estrafalarios y otros elementos como fórmulas narrativas, como recursos para un fin. Es decir, tras la magia, los detalles curiosos y los enredos visuales ha de haber un relato concreto, y quizá también un mensaje. Wes Anderson no se preocupa mucho del objetivo final, construye sus aventuras sólo con anécdotas, subtramas breves que explotan una idea paralela, personajes de relleno que sólo ofrecen una característica llamativa pero no tiene una posición clara y útil en la trama. Además se centra sobre todo en lo visual, dando una forma vistosa e hipnótica por fuera pero relegando aún más el contenido. Es decir, no perfila un guion sólido, sino que se apoya en una amalgama de videoclips más o menos impresionantes y hermosos pero que a duras logran exponer una historia y unas ideas y mensajes determinados.

La aventura romántica de los chavales es interesante en los momentos en que se llega a narrar algo, pero entre esos instantes hay transiciones llenas de curiosidades rebuscadas muy elaboradas en lo visual pero huecas en contenido. Y añádele que tratar los pasos claves de la adolescencia no es algo novedoso, con lo que Moonrise Kingdom apenas causa impresión por muchos enredos, o más bien alardes, que pretenda. De esta forma, aunque por lo general la odisea de los jóvenes consigue entretener, la sensación de que no vamos hacia ninguna parte, de que no se narra ninguna historia ni mensaje consistentes, va pesando y pesando cada vez más, sobre todo porque en el tramo final, en vez de tomar un rumbo de una vez, se termina de desviar por completo. ¿Cómo puedes meter una larga trama secundaria (el otro campamento -el de Harvey Keitel-) llena de chistes tontos (el rayo, la riada, el rescate) justo cuando estás lanzando el arco final? Y el desenlacen en la iglesia, con la clásica escalada a la torre, también carece de garra.

Así que la cinta, dispersa de por sí, termina sin ofrecerte algo con lo que emocionarte y que recordar. A la postre es el tono visual y el ritmo veloz lo que salva la función, dos aspectos que engañan los sentidos si te dejas llevar. La fotografía obsesionada con centrar milimétricamente la acción es la reconocible marca de Anderson, y le saca buen partido, porque cuida con gran mimo la composición de la escena: la fantástica iluminación y el uso del color, exteriores bien seleccionados e interiores bien adornados. Pero claro, ya podía poner tanto esmero en el guion, porque la fuerza emocional del exterior no alcanza el interior. Como se puede ver también en la posterior El gran hotel Budapest, como narrador todavía le falta todavía mucha maduración.

Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)


Birdman: Or (The Unexpected Virtue of Ignorance), 2014, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 119 min.
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guion: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo, Raymond Carver.
Actores: Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Naomi Watts, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough, Merritt Wever, Amy Ryan¸Lindsay Duncan.

Valoración:
Lo mejor: Reparto espléndido, gran labor de dirección. Fantástico análisis sobre el cine y el teatro. Comedia original, inteligente, con buen trasfondo.
Lo peor: Cierta carencias de ritmo y rumbo, una banda sonora fallida.

* * * * * * * * *

Birdman es una película para cinéfilos. No hay más que ver cómo el público generalista la considera aburrida. Hay que saber de qué está hablando, qué referencia, qué critica, para entenderla, disfrutarla y sacarle todo el partido. Iñárritu construye una comedia ácida sobre defectos, errores y problemas del gremio (tanto teatro como cine), criticando unas veces, pero muchas más aportando una autocrítica entre sensible e irónica: esto es lo que hay, vamos a reírnos de ello, que es mejor que lamentarse. En la crítica está obviamente señalado el cine comercial de sagas clónicas que engullen actores y creatividad. El protagonista viene de ahí, con su Birdman (ironía amplificada, porque Michael Keaton fue Batman), y en plena crisis personal, artística y monetaria intenta conseguir prestigio como escritor, director y actor de “auténtico arte” con una obra de teatro sobre una conocida novela, pero en el camino debe luchar contra los clichés y el estancamiento (todos lo recuerdan como el superhéroe) y los críticos destructivos, quienes se llevan un buen varapalo en el relato (genial la vieja solitaria y arisca). Pero también representa la obsesión y locura (oye a Birdman en su cabeza), el distanciamiento de la realidad, los matrimonios rotos, los altibajos monetarios… en definitiva, es una visión de muchas estrellas de cine.

El resto de personajes ofrecen otras perspectivas, tanto los de escasa presencia (excelente Galifianakis como el productor homosexual) como sobre todo los más relevantes en la aventura. Destaca Edward Norton como el actor famoso intratable, exigente y caprichoso… Y ojo, que no se limita a un estereotipo, porque su dibujo es completo y realista. Naomi Watts es la actriz que sueña con un éxito y reconocimiento que nunca llegan, pues por cada estrella hay mil estrellados. Emma Stone es la joven que cayó en las drogas e intenta rehacer su vida, aunque ésta no es actriz, sino la hija del protagonista, así que más bien viene a completarlo a él, aunque es un personaje también muy logrado.

Hay que señalar las excelencias del reparto, probablemente el mejor del año. Michael Keaton y Edward Norton logran unas interpretaciones emocionales y profundas que quitan la respiración y nos hacen partícipes de todo el tormento y demonios internos de los personajes. Y los secundan muy bien Naomi Watts y Emma Stone, que si no llegan a deslumbrar es porque tienen menos tiempo.

Pero el relato abarca bastante más que la representación de diversas personalidades y la tragicomedia resultante. Es detallista a la vez que tiene gran amplitud de miras. Encontramos guiños geniales como la clásica pistola de Chekov (si muestras un arma -u objeto en general- en las primeras escenas, será crucial en el desenlace), que es tanto un recurso narrativo como un chiste casi inevitable. Y a la vez salta a otros temas de importancia, por ejemplo me encanta cómo se trata la incapacidad de algunos en el gremio para adaptarse a las nuevas tecnologías, sobre todo porque se analiza mostrando sus dos caras: por un lado la hipocresía de quejarte de no ser famoso mientras reniegas de los medios que predominan en la actualidad y son vitales para darte a conocer (twitter, youtube), y por el otro señalar lo triste que resulta hacerte famoso por la inmediatez de la anécdota (una gilipollez que se torna viral en internet) por encima del respeto y disfrute bien meditado de tu trabajo.

Iñárritu además apuesta por la filigrana visual, rodando como si fuera un plano secuencia único (aunque los cortes se notan bastante), con cámara en mano (Lubezki espléndido como siempre) y mezclando trucajes y efectos especiales con maestría. Aparte de deslumbrar, de dejarte fascinado incapaz de apartar la mirada de un relato muy vistoso, te introduce de lleno en el ambiente: el teatro cobra vida, parece que estás viviendo en él codo con codo con los protagonistas.

Siguiendo con la idea de no marcarse un drama, sino un homenaje con sátira, la narración va sumergiéndose cada vez más en la fábula, hasta llegar a un tramo final que mezcla realidad y los delirios del protagonista sin dejar del todo claro cuál es cuál, para terminar con un desenlace abierto a la imaginación, a la opción que quieras elegir. De hecho es tan abierto que descoloca si te esperas que haya un cierre claro para la odisea del personaje. Pero sólo los espectadores que no saben pensar y no quieren reflexionar, que lo quieren todo clarito y directo, saldrán defraudados (de hecho casi parece una crítica hacia ellos).

Como planteamiento, la idea de Birdman es imaginativa, innovadora y valiente, y a la hora de su ejecución Iñárritu tiene la inteligencia y habilidad para conseguir la obra vistosa, emocionante, divertida y reflexiva que pretendía. Sólo se pueden señalar dos aspectos algo grises: los altibajos en el ritmo y la banda sonora. Por intentar abarcar distintas historias sobre el mundo del cine hay capítulos menos llamativos que otros, algunos incluso algo inconexos (las visitas a la azotea no parecen esenciales), que afectan un poco al ritmo, transmitiendo la sensación de que a veces la historia no va en una dirección concreta; además el tramo final pierde un poco de fuerza comparado con la vivaz e intensa experiencia previa. Y no entiendo qué pretendía con el extraño enredo que monta con la banda sonora: una batería que incluso aparece de vez en cuando, que resulta más bien contraproducente, porque confunde y no aporta ningún matiz concreto a la escena, sólo ruido de fondo.

Estos deslices para mí apartan a Birdman de ser una película perfecta, pero lo que queda no es poco: una vibrante y original comedia irónica sobre el séptimo arte realizada e interpretada con maestría que nos recuerda que aún hay talento e imaginación en Hollywood.

Es una sorpresa que un título tan alternativo y bastante rebuscado e inteligente se alzara con los Oscar más importantes por encima de los dramones prefabricados que adoran en los dichosos premios. Eso sí, Michael Keaton y Edward Norton merecían ganar muchísimo más que Eddie Redmayne (La teoría del todo) y J.K. Simmons (Whiplash).

El reino de los cielos (Director’s Cut)


The Kingdom of Heaven, 2005, EE.UU.
Género: Histórico, aventuras, drama.
Duración: 190 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: William Monahan.
Actores: Orlando Bloom, Eva Green, David Thewlis, LIam Neeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Marton Csokas, Brendan Gleeson, Ghassan Massoud, Alexander Siddig.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La excelente puesta en escena de Ridley Scott, la fotografía, la música, el vestuario, los decorados, las localizaciones y los efectos especiales.
Lo peor: Cierta falta de energía y ritmo, de grandeza y épica, tanto en la trama como en los personajes, que impide que, aun teniendo una buena base y esté rodada de forma magistral, llegue a ser una gran película.
Mejores momentos: La primera batalla (en los bosques, al poco de partir del hogar de Balian) y el asedio al completo.
La música: Aparte de la compuesta para la película aparecen temas de otras bandas sonoras, quizá por falta de tiempo: cuando Balian da los discursitos de turno suena claramente (tanto que molesta) un tema de Jerry Goldsmith de El guerrero número 13, y en otras ocasiones se oyen partes Blade II, Hannibal y El Cuervo.
La curiosidad: El actor que está tras la máscara del rey leproso es Edward Norton.
Comparativa entre versiones: movie-censorship.
La frase: Qué hombre es aquél que no quiere mejorar el mundo.

* * * * * * * * *

Cuando vi en el cine El reino de los cielos salí algo decepcionado. La película de Ridley Scott estaba coja, se notaban algunos agujeros en el guion y una falta de fluidez en la narración que hacían pensar en un gran recorte de metraje antes de su estreno. Por ejemplo, el personaje de Balian salía muy mal parado, con una descripción pobre y una evolución mal desarrollada (pasaba de joven herrero a caballero dotado sin explicación alguna). Esta falta de equilibrio y profundidad se hacía notar, forzando que un relato visualmente impecable y con aparente potencial en la historia dejara cierto mal sabor de boca. Las críticas fueron tibias, y la recepción del público también.

Por suerte, para el dvd Ridley Scott pudo sacar la versión que él y el guionista William Monahan tenían en mente. Lo que ocurrió fue lo de siempre: la productora pensó que la película era muy larga para ser vendible, y exigió un montaje cercano a las dos horas que se centrara en la acción y además eliminara violencia para hacerla para mayores de 13 años. La versión Director’s Cut (corte o montaje del director) añade alrededor de cuarenta y cinco minutos (llevando la proyección hasta las tres horas diez) y forman una cinta más redonda y equilibrada, hasta el punto de que no recomiendo ver la versión corta, pues en comparación parece una chapuza donde se omiten datos cruciales. Ahora se explica que Balian tiene experiencia en combate y que sabe construir maquinaria de guerra, se añade una subtrama muy interesante con el hijo de Sybilla, se profundiza en la relación entre ella y Balian, se detalla la política de reyes y facciones y se potencian numerosos tramos con pequeñas escenas que matizan y redondean personajes y situaciones, incluyendo escenas tan interesantes como el duelo de espada entre Balian y Guy de Lusignan. Además se recupera toda la sangre y violencia que fue eliminada, dotando a las batallas de mayor realismo y crudeza.

Sin embargo debo decir que este Director’s Cut llega a pecar de excesos en algunos momentos, y pienso que con unos quince minutos menos ganaría. Sin duda el ritmo es bueno, y su larga duración no se hace pesada, pero lo cierto es que hay pasajes algo faltos de intensidad. Algunas secciones creo que se podrían haber resumido para hacerlas más ligeras y directas (la partida de Balian al comienzo, su adaptación al nuevo hogar, alguna intriga política algo lenta) y desde luego breves escenas aquí y allá que no aportan nada consistente no deberían haberse incluido (como que el sepulturero del pueblo de Balian -el de la oreja cortada- aparezca en plena batalla).

Hay suficiente calidad en El reino de los cielos como para hablar de un filme notable que no sólo aguanta sino que gana con los sucesivos visionados. El problema más grande, agravado además por el daño que ha hecho la versión corta, es esa sensación constante de que nunca llega a dar todo lo que parece querer ofrecer: por su género y estilo, por la clara grandilocuencia que destila la trama y la ejecución (la excelsa puesta en escena), es una película que clama a los cuatro vientos que te ofrecerá una obra maestra tipo Braveheart, Gladiator o Espartaco. Y se queda a bastante distancia de ello. Es una pena que, aunque Scott disponía de los medios necesarios además de su notable habilidad tras las cámaras, al guion de William Monahan le falte algo de calidad y fuerza y sea incapaz de desarrollar todo el potencial latente. El resultado es una producción de aventuras medievales muy vistosa y entretenida, pero apenas hay grandeza en un relato que debería tenerla y a los personajes le falta algo de garra que los ensalce como roles capaces de dejar huella en el espectador. ¿Alguien se emociona o sufre intensamente siguiendo a Balian, Sibylla o cualquier secundario? Aprovechando una escena sacada directamente de Lawrence de Arabia, aquella en que el protagonista, perdido en pleno desierto, se encuentra con uno de sus rivales antes de meterse en todo el jaleo, hilo una comparación entre ambas: la cinta de David Lean sí mostraba un aura de grandeza donde tanto el rol principal como todo secundario que iba apareciendo en la historia dejaban grato recuerdo en el espectador.

Los actores, quitando a un siempre mediocre Orlando Bloom, que no tiene el carisma suficiente para ser protagonista aunque por suerte está mucho mejor que en otros títulos (Troya, Piratas del Caribe), son buenos profesionales, pero salvo Eva Green ninguno resulta muy destacable, quizá porque sus personajes no tienen el trasfondo suficiente como para conseguir algo notable de ellos.

Lo que está claro es que Ridley Scott no desaprovecha la oportunidad que ofrece el género y levanta una producción colosal que resulta deslumbrante en general y sobrecogedora en algunos tramos. La fotografía de John Mathieson capta muy bien lo buscado por Scott: los paisajes europeos son bellos y fríos (los tonos azulados otorgan una insólita belleza a los bosques), los desiertos de Jerusalén son cálidos (el colorido luminoso contrasta mucho con el tramo inicial de la cinta, y remarca muy bien la nueva vida o renacimiento del protagonista), las secuencias de batalla tienen planos amplios espectaculares, etc. La música de Harry Gregson-Williams es excelente y ofrece temas enérgicos y hermosos. El vestuario, las localizaciones, los decorados y los efectos digitales son perfectos y Scott los usa con maestría para erigir esta épica de grandes proporciones.

En el momento cumbre, el asedio, todo explota en un tramo de una fuerza visual increíble. Los ejércitos, las torres de asalto, las catapultas, las piedras golpeando los muros y los magníficos planos desde tierra o desde el aire mostrando toda la envergadura del asalto dejan sin aliento. El detallismo con que se muestran los pasos de la batalla, sin perder en ningún momento el ritmo y objetivo de la narración, son loables (un inconmensurable trabajo desde la escenificación en el rodaje al montaje en postproducción), y la nitidez y espectacularidad con que se muestra todo es extraordinaria. Y todo ello además en un tono realista muy de agradecer: sin abuso de efectos especiales, sin florituras absurdas, mostrado con claridad cada escena, golpe, finta, herida, etc. Comparen este asedio con la horterada llena de ruidos y efectos especiales de El retorno del rey

Sin duda será muy difícil superar lo que aquí se ha logrado. Con un presupuesto bastante ajustado comparado con lo que se ve en pantalla (nada más que 130 millones), Scott levanta una producción de una complejidad y dificultad que no está al alcance de muchos, y consigue además un acabado de una calidad impresionante. Sin embargo hay un título cercano en fechas (2004) digno de comparar: Troya. La obra de Wolfgang Petersen también es una producción de las difíciles y de acabado ejemplar que merece citarse y compararse. Es curioso que tal y como ocurre con El reino de los cielos falle lo justo en su guion (mejorable confección de personajes, falta de trascendencia de la trama) como para que, siendo bastante buena y teniendo un acabado exquisito, tampoco termine de resultar una gran película.

El trabajo de Scott me parece tan admirable que pienso firmemente que no se ha sabido valorar la calidad de esta producción: las labores de dirección, fotografía, música, montaje, vestuario, decorados y efectos especiales no obtuvieron ninguna nominación a premios importantes. ¿Cómo es posible que una película que resulta ejemplar en cuanto a realización pasara tan desapercibida? Es más, me pongo a pensar que la mediocre El retorno del rey arrasó por donde pasó un par de años antes, y la comparo con esta… y no soy capaz de entenderlo, ni de asimilarlo. Es evidente que los Oscar, Globos de Oro y demás carecen de sentido objetivo y se mueven por fama y moda (y El reino de los cielos no causó mucho impacto mediático), pero claro, aun así no puedo evitar citar la injusticia cometida.

El legado de Bourne


The Bourne Legacy, 2012, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 135 min.
Dirección: Tony Gilroy.
Guion: Tony Gilroy, Dan Gilroy.
Actores: Jeremy Renner, Rachel Weisz, Edward Norton, Scott Glenn, Donna Murphy, Stacey Keach.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Nada destacable.
Lo peor: Aburre y no deja huella.

* * * * * * * * *

El intento de extender la saga Bourne cambiando al actor deja bastante que desear artísticamente hablando, aunque en taquilla no le ha ido mal, pues a pesar de no llegar al nivel de la tercera parte (sus 440 millones fueron una razón de peso para extenderla) se mantiene en los resultados de las dos primeras, no muy lejos de 300 millones, aunque eso sí, el presupuesto ya está aumentando bastante.

El principal problema de El legado de Bourne es su falta de identidad. Hasta ahora la serie se caracterizaba por ofrecer un intenso thriller de acción centrado en la supervivencia de un espía superdotado descarriado de la organización que le dio vida. La aventura se aderezaba con las dosis justas de drama (el personaje es creíble y sufre de lo lindo) e intriga política, con los problemas de las agencias que van tras él. El conjunto estaba plenamente equilibrado y dio una trilogía muy gratificante, sobre todo viendo los tiempos que corren en el cine de acción. Pero esta cuarta entrega falla a la hora de encontrar ese equilibrio, y por ello el resultado es bastante insatisfactorio.

La aventura de Bourne se centra demasiado en el drama personal y poco en la acción, y en ninguno de los dos aspectos destaca por ofrecer una historia atractiva o intensa. La escasa acción cuando aparece no impresiona: resulta repetitiva y poco espectacular. El drama se alarga demasiado con el tema de la búsqueda de las pastillas, y la presencia del personaje de Rachel Weisz, rol femenino poco interesante para el gran tiempo que ocupa en pantalla, no dice mucho. Bourne sigue siendo un protagonista atractivo, y Jeremy Renner está bien en su papel, pero la falta de rumbo en su historia llega a aburrir (¿pero cuánto tiempo se va a tirar en la cabaña de la montaña?).

Mientras, el thriller político peca de excesivo. Los líos de agencias, con Edward Norton a la cabeza, sueltan demasiada información (nombres de proyectos) que a la hora de la verdad poco tienen que decir en la trama, y menos en los problemas de Bourne. En los capítulos anteriores el objetivo era cazar al agente, pero aquí deriva en una crisis política que no consigue parecer trascendente, que resulta demasiado enrevesada y ajena al resto de la película.

Así, El legado de Bourne peca de ambiciosa y de perder el objetivo de entretener en el intento. Su duración es excesiva, sus dos líneas narrativas paralelas no convergen adecuadamente y para colmo como cinta de acción no ofrece nada digno recordar. Sigo pensando que Bourne tiene mucho potencial para explorar, así que si ruedan más entregas espero que se pongan las pilas. El problema es que el autor es el mismo que en anteriores capítulos, Tony Gilroy, y el camino aquí iniciado es poco prometedor. También es una pena que John Powell no repitiera en la banda sonora, pues James Newton Howard busca su propio estilo y no convence tanto como el creado por Powell para la saga.

* * * * * * * * *

Serie Jason Bourne:
El caso Bourne (2002)
El mito de Bourne (2004)
El ultimátum de Bourne (2007)
-> El legado de Bourne (2012)
Jason Bourne (2016)

El increíble Hulk


The Incredible Hulk , 2008, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 114 min.
Dirección: Louis Leterrier.
Guion: Zak Penn.
Actores: Edward Norton, Liv Tyler, William Hurt, Tim Roth.
Música: Craig Armstrong.

Valoración:
Lo mejor: No verla. Hacer como que no existe.
Lo peor: No existe guion, los efectos especiales son de risa, los actores están completamente perdidos…
La pregunta: ¿Por qué todos los actores susurran en vez de hablar de forma normal? ¿Tan pocas ganas de estar ahí tenían?

* * * * * * * * *

La productora (Marvel) no quedó contenta con el Hulk de Ang Lee: era una película inteligente y de calidad y pensaron que no había hecho todo el dinero posible por culpa de ello… Y se montaron este engendro de El increíble Hulk, una de las cintas de superhéroes estúpidas y ruidosas, que no hizo más dinero, porque el boca a boca la hundió.

Sabía que no iba a ver una gran película, sin embargo esperaba disfrutar de un entretenimiento con algo de dignidad, pues las críticas no fueron nada malas. Pero no, la función es un despropósito de enormes proporciones. ¿Guion? Prescindieron de él; supongo que suponían que (¡toma ya!) no era necesario para hacer una película de acción intensa. Sin embargo acción no hay demasiada, es burda y nada sorprendente. Supongo que supusieron que (¡ahí va otra!) esas pocas escenas repletas de efectos especiales, ruido y música machacona serían suficientes para salvar la función, pero los efectos especiales, sobre todo los digitales, parecen sacados de una serie de televisión de presupuesto modesto (¿cómo es posible que el Hulk de Lee, con varios años a cuestas ya, cuente con unos efectos tan buenos y tan bien empleados que la hacen parecer mucho más actual y sobre todo más creíble y espectacular?), los efectos sonoros no impresionan y la música es reiterativa y nada interesante. ¿Cómo se pueden gastar tantísimo dinero en algo que luce tan poco, no sólo en cuanto a calidad, sino sobre todo en el aspecto visual?

Al final lo que queda es un esperpento de un nivel sorprendente donde se suceden escenas que recuerdan demasiado a otras películas (empezando por la saga Bourne, que para bien o para mal –este caso- ha marcado la forma de hacer el cine de acción actual) cuyas razones de ser ni se explican ni importan, donde personajes completamente vacíos y aburridos susurran sin ganas penosas frasecillas que cuando no producen carcajadas directamente incitan al suicidio. Ante caracteres tan estúpidos y caricaturescos actores experimentados como Edward Norton, Tim Roth o William Hurt no saben qué hacer y se muestran muy perdidos e incómodos, mientras que la inexpresiva y atontada Liv Tyler sigue sin darse cuenta de que no es actriz. Que se dedique a otra cosa, por favor.

El resultado en taquilla ha sido más o menos el mismo en ambas versiones: el presupuesto abultadísimo y la recaudación nada lustrosa (unos 250 millones en todo el mundo). Se habla de secuela, aunque a saber si se hace, pero por lo pronto se ha relacionado la película con Iron Man (con esa aparición de Tony Stark al final, que por cierto no aporta nada) de cara a los futuros proyectos interrelacionados que hay en proceso, como The Avengers. Una lástima que estén montando la franquicia con la película equivocada. Si es que se le puede llamar película.