El Criticón

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X-Men: Días del futuro pasado (incluyendo la Rogue Cut)


X-Men: Days of Future Past, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 131/149 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Simon Kinberg, Jane Goldman, Matthew Vaughn.
Actores: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Peter Dinklage, Evan Peters, Patrick Stewart, Ian McKellen, Halle Berry, Nicholas Hoult, Ellen Page, Shawn Ashmore, Johs Helman.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, del reparto y de la puesta en escena. En el guion se nota esfuerzo por contar las cosas bien…
Lo peor: … aunque hay deslices, agujeros y cosas cogidas por los pelos.
Mejores momentos: La discusión entre Erik y Charles en el avión.
La pregunta: ¿Cómo puede escuchar música Mercurio cuando va a toda velocidad?
Versiones: Finalmente vio la luz la versión extendida, llamada Rogue Cut. He actualizado la crítica para incluir al final mi opinión sobre la misma.

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Alerta de spoilers: Quizá revelo demasiados detalles para quien quiera verla sin saber nada.–

Me ha resultado difícil catalogar, analizar y puntuar esta película. El público la ha recibido de manera entusiasta, pero entre los más cinéfilos y sobre todo los frikis hay algo más de disensión, o al menos se considera buena aunque con algunos peros importantes. El problema es que intenta abarcar mucho, esquivando también mucho, y no siempre está acertada.

El primer punto conflictivo es que nace como un reinicio poco disimulado. La saga había caído muy bajo, tanto en calidad como en giros de trama y muertes más o menos innecesarias de personajes, con X-Men: La decisión final (que cerraba la trilogía original) y las dos partes de Lobezno (en especial la primera, más centrada en eventos de la Patrulla X). Bryan Singer, que puso en marcha la serie (X-Men, X-Men 2), al igual que muchos fans estaba muy descontento por como la manejaron los directores que la continuaron, y en un intento de redirigirla o resucitarla dio forma a X-Men: Primera generación, que tan bien dirigió Vince Vaughn. Era una saga paralela, yendo a los orígenes de la Patrulla X con nuevos actores para los personajes en sus versiones jóvenes. Apoyado por su gran y merecido éxito de crítica y público decidió que la serie podía ser salvada no sólo tangencialmente, sino por completo, porque el famoso cómic Días del futuro pasado le permitía unir las dos líneas narrativas mediante una historia de viajes en el tiempo. Así pues, ni corto ni perezoso aprovechó las paradojas temporales para establecer una nueva realidad donde los personajes principales que murieron ahora siguen vivos.

¿Está justificado llevar las nuevas entregas hacia un punto en el que esos títulos denostados desaparecen de la continuidad? ¿No es engañar al espectador decir ahora que dos o tres películas sobran? ¿No es jugar con nuestra inteligencia y sentimientos el matar y resucitar personajes sin control alguno? Por no decir que no queda claro qué películas son borradas en la nueva realidad. X-Men: La decisión final es evidente, porque resucitan a los ahí muertos, pero con las dos de Lobezno hay que ponerse a analizar a fondo qué partes son reinventadas. Los fans se han montado esquemas enrevesados, pero con la sensación de improvisación que tiene la serie prefiero no perder el tiempo pensando en ello. Al final no queda otra que aceptar el truco de las realidades paralelas como excusa para renovar la saga, no en vano este título en conjunto es bueno y los que vienen resultan prometedores. Pero eso no elimina la sensación de confusión y, en mi caso, tampoco del todo la de engaño, aunque se aplaca bastante porque en parte endiento el esfuerzo y los problemas a los que se ha enfrentado Bryan Singer.

Pero aun así hay un límite que no debería sobrepasarse y que sí me molesta bastante, hasta el punto de impedirme disfrutar del todo de las virtudes de esta entrega. Hablo del asunto de eliminar y resucitar personajes. No me gusta nada el viejo y cansino método de matar personajes a mogollón sólo cuando sabes que vas a tener un reset al final. Así, el clímax donde los mutantes del futuro caen como moscas sabe a falso y manipulador. Y con las reapariciones de fallecidos como Jean Grey se remata la jugada. Si se rompen los límites de la verosimilitud y de la conexión emocional, si no sabes que el muerto se va a quedar muerto, si ves venir que el argumento es una trampa circular barata o como queráis llamarlo, pues no sé vosotros, pero yo tendré problemas para conectar con el relato, es más, puedo sentirme estafado.

Además la historia comienza con cosas sin explicar, porque no hay forma de hacerlo sin perder mucho tiempo o cambiar por completo el argumento. Xavier aparece vivo y con el mismo cuerpo, y quien no haya visto la escena post-créditos de La decisión final no podrá entenderlo, y aunque lo haga es probable que le parezca otra trampa argumental. ¿Es aceptable tener que ver cosas ajenas a las películas para entenderlas? Porque para mí una escena extra no forma parte de la película. Siguiendo con Xavier y esos anexos, resulta que no se explica tampoco la escena post-créditos de Lobezno inmortal, donde Xavier y Magneto van a buscar a Lobezno en el presente. Y pasando a otro mutante, ahora resulta que Kitty tiene poderes que antes no tenía, todo por meter un rol conocido en la trama.

Pero si superamos esa barrera emocional, si esas omisiones y artimañas descaradas no nos tiran abajo la película, todavía se puede disfrutar de una buena cinta de superhéroes, y de hecho de una buena entrega de X-Men. Sigue teniendo algunos puntos mejorables, pero los aciertos son más destacables.

El argumento de viajes temporales en el fondo es muy clásico y se ve venir de lejos, pero se utiliza sabiamente, sin caer en topicazos, sin resultar farragoso o confuso en los saltos entre tiempos y protagonistas. De hecho el ritmo es muy bueno, siempre activo y con la trama y los personajes bien expuestos y desarrollados. Sólo se resiente un poco en la batalla final, pues las idas al futuro aportan poco aparte de sensacionalismo y el desenlace en el pasado es un poco repetitivo, pues es básicamente el mismo que el de Primera generación: Xavier y Erik enfrascados en una disputa moral ante un mundo que puede aceptar o perseguir a los mutantes según salgan las cosas. Pero aunque como final no tiene la pegada que debería, no es como para llevarse las manos a la cabeza, sobre todo porque la calidad de los personajes sustenta prácticamente cualquier cosa. Lo que sí sobra por completo es ese toque último de misterio con Mística disfrazada de Striker, que además de confuso es tramposo y mosqueante. Confuso porque no se sabe cómo y por qué acaba ahí (o qué pretenden con ello los guionistas), tramposo porque pone intriga artificial cuando sabemos que en la próxima entrega pueden hacer caso omiso como han hecho otras veces, y mosqueante porque precisamente ese final de Lobezno apuntaba directamente a que su línea temporal con Striker seguiría su curso, pero con Mística en medio lo enmarañan aparentemente sin venir a cuento.

Lo mejor es que la esencia de la Patrulla X brilla con intensidad. La lucha por los derechos y la integración, el conflicto contra las ambiciones y fobias de los poderosos, y sobre todo la propia lucha entre los mutantes por su forma de entender el mundo ofrecen un relato con varias capas y estilos muy equilibrados: la combinación de drama, mensajes y acción es excelente. La confección de los personajes es primordial en la ecuación, y es muy acertada. Destaca la profundidad emocional de Erik y Charles, el juego que da su dualidad y confrontación constante, así como el carisma de Lobezno, que por cierto muestra muy bien su evolución respecto a capítulos previos (más implicado en el grupo y la misión, de hecho termina liderando). Los secundarios no parecen incluidos por cumplir con el cómic y todos tienen su lugar en la historia. Pero aquí también hay un desliz. Para ser Mística tan protagonista no le dan suficiente profundidad al personaje, y una actriz tan competente como Jennifer Lawrence está muy sosa porque no hay margen para sacar más. Los demás sí trabajan muy bien: Michael Fassbender, James McAvoy y Hugh Jackman están como siempre estupendos; el momento en que discuten en el avión quita la respiración por todo lo que significa para los protagonistas y por la interpretación de los actores.

Donde no falla ni una pizca es en otro punto esencial: el espectáculo no se descuida. Visualmente es impecable desde los efectos especiales a la dirección de Singer. Las escenas de acción se planifican bien y el sensacionalismo visual (el estadio es quizá excesivo, la escena de Mercurio puro vacile) no engulle a la trama y personajes.

Como muchos fans, hubiera preferido que siguieran con la segunda parte de Primera generación, la mejor de la serie, en vez de meterse en este embrollo de reinicio forzado, pero al menos el resultado es francamente bueno más allá de lo que nos guste o no la manera de relanzar la saga y resucitar personajes.

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Actualización del original publicado el 16/10/2014:
Vista la versión extendida, llamada Rogue Cut (Versión Pícara, vamos)

Huelga decir que hay dos tipos de versiones extendidas de películas: las que merecen la pena y las que no. Algunas ediciones en dvd/bluray incluyen escenas extra sólo como reclamo, sin aportar nada esencial a los personajes o la trama. Pueden ser minutos que no hagan daño o pueden alagar innecesariamente la cinta. Por ejemplo la extendida de Terminator 2 no aporta nada y ralentiza el perfecto ritmo de la versión original. Luego están las ganan calidad, porque fueron recortadas negligentemente por la productora de turno, donde pensaban que una versión más reducida (y generalmente menos violenta) sería más viable comercialmente, pero luego resulta que lo que quedó fue un resumen malogrado. Los mejores ejemplos son Abyss, El reino de los Cielos y Alexander, cuyas versiones del director son inmensamente superiores a sus estrenos en cines.

¿En qué categoría entra la extendida de Días del futuro pasado? Pues concretamente en ninguna de las dos, la verdad, es más bien un caso nuevo. Como producción que tiene una parte de su público, el fandom, que es muy fiel y conocido por comprar cualquier edición que vea la luz, la productora no puso pegas al capricho del director Bryan Singer de sacar una edición más larga. Pero esa idea no obedece a razones narrativas, a que en cines tuviera que resumir o alterar el montaje por presiones externas. Lo que ocurrió es que rodó una subtrama con un personaje secundario, Pícara, solamente porque era muy apreciado en la saga, tanto por los seguidores como por él, pero luego vio que en el relato no pintaba mucho. Y como le han dejado ha sacado una versión que incluye ese capítulo anecdótico pensando en que gustaría, pero lo cierto es que es raro encontrar opiniones a favor de este montaje nuevo, la grandísima mayoría, incluso teniendo en cuenta lo que deseábamos ver al personaje, coincide en que la película no gana, sino todo lo contrario.

Siendo una obra pausada más que de acción trepidante, centrada en desarrollar el conflicto de sus personajes y formar las escenas cumbre desde esa base, ralentizar el ritmo aumentando el metraje con secuencias ligeras o intrascendentales es bastante contraproducente. La Rogue Cut incluye casi veinte minutos extras de pura morralla. Tenemos algún diálogo superficial que no aporta nada al dibujo de los protagonistas (Bestia y Lobezno charlando en la mansión) y extensiones de trama poco justificadas (la destrucción de Cerebro es innecesaria -y más con esa tonta escena de sexo-, ya teníamos razones de sobra para no encontrar a Mística). Lo más esperado era ver a Pícara, pero resulta a todas luces negligente meter una trama paralela enorme para que sólo aparezca para estar sentada sin hacer nada relevante. Si interaccionara en la trama del futuro, si se relacionara con los demás personajes… pero es que no hace nada, sustituye a Kitty unos minutos y punto. Y para llegar a eso hemos tenido su rescate en la mansión, una escena de acción larga pero insustancial y anticlimática que además incluyen de forma muy extraña, narrándola de forma paralela a cuando Magneto (en el pasado) recupera su casco, como si ambas cosas tuvieran alguna relación. Hay otros tantos detalles cambiados, pero son igualmente irrelevantes: qué más da dónde muera uno de los mutantes del futuro, si sabemos que esa línea se rehará.

Así pues, si vuelvo a verla será en la versión cines, y pienso que esta Rogue Cut quedará como una curiosidad fallida que probablemente se olvide con el tiempo.

Como siempre, movie-censorship hace una comparación exhaustiva.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
-> X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix Oscuro (2018)
X-Men: Los nuevos mutantes (2019)

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Origen


Inception, 2010, EE.UU.
Género: Suspense, acción, ciencia-ficción.
Duración: 148 min.
Dirección: Christpoher Nolan.
Guion: Christopher Nolan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Ellen Page, Ken Watanabe, Tom Hardy, Dileep Rao, Cillian Murphy, Tom Berenger, Marion Cotillard, Michael Caine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El genial toque de Christopher Nolan: la originalidad y calidad que ofrece de nuevo tanto en el guion como en la dirección.
Lo peor: Reparto, personajes, música, montaje.
Mejores momentos: El clímax con varios hechos sucediéndose paralelamente, en especial las escenas en el hotel.
Las preguntas: Si el protagonista no puede ir a EEUU a ver a sus hijos, ¿por qué su padre no se los lleva a otro país de vez en cuando? ¿Por qué Ariadne, al dibujar el último laberinto en el cuaderno en la prueba que le hace Cobb, descarta una hoja en blanco y lo hace en el cartón de la tapa?

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Alerta de spoilers: Hasta el próximo aviso sólo describro el argumento.–

Está claro que Christopher Nolan es uno de los mejores directores del momento. La facilidad que tiene este genio para lograr películas arriesgadas y complejas sin que se vea resentida la capacidad para llegar al espectador medio es asombrosa. Desde Steven Spielberg no hemos tenido a nadie capaz de llenar las salas con taquillazos de alta calidad y sobre todo tantísima valentía y originalidad. Pero Origen, a pesar del entusiasta recibimiento, no es la gran obra maestra que anuncian. Me ha parecido una película magnífica, a alcance de muy pocos, tanto a nivel de guion como de realización, pero no veo la maravilla revolucionaria que muchísimos parecen haber encontrado. Principalmente es por la sensación de que no es tan compleja como parece, pero también porque no da todo lo que podría haber dado y porque hay elementos mejorables que impiden que sea tan redonda como sus dos trabajos más destacados hasta ahora, Memento y El Caballero Oscuro. De hecho incluso me gustó más El Prestigio, aunque está a su nivel.

Origen sorprende otra vez con una historia valiente e intrincada pero con gran ritmo y pegada, y también relativamente fácil de entender. Sin duda habrá algún espectador casual que pierda detalles, que sólo se quede con una perspectiva global, pero no será porque Nolan no define con mucho detenimiento las distintas etapas de la cinta, el funcionamiento y los límites de su propuesta, dejando tiempo más que de sobra digerirlo todo y entender los nuevos giros.

Los protagonistas entran en los sueños de sus clientes o víctimas para sacarles información del subconsciente mediante engaños que estando despiertos notarían. Pero ya desde el prólogo Nolan rompe la primera noción que nos plantea: también entran en sueños dentro de sueños. El protagonista principal engancha rápido. Arrastra un misterio que lo hace vulnerable, que nos permite sentir compasión e interés por ver si saldrá adelante. Su necesidad de expiar sus pecados para poder volver a casa lo pone en una posición precaria, y no tarda en verse obligado a realizar un trabajo muy peligroso. La clásica formación del grupo de compañeros cobra interés más por la sugerente propuesta del juego con los sueños que por los personajes en sí, y el thriller va creciendo a ojos vista, enseñándote en cada paso algo ingenioso y dándole la vuelta de nuevo poco después. A pesar de su abultada longitud, necesaria para exponer un universo tan complejo poco a poco, el ritmo es absorbente, apenas se resiente tras algunos visionados en algún pasaje bastante prescindible aunque lejos de resultar negligente, como la huida por las calles de Mombasa.

Para el tramo final es difícil no estar absorto en un thriller tan inspirado y vistoso, y Nolan remata la jugada con un apoteósico y larguísimo desenlace que te deja clavadísimo a la butaca. Entramos en varios niveles de sueño combinando distintos clímax de acción y drama, porque el personaje principal y su tormento se mantiene siempre en primer plano. Las asombrosas peleas en el hotel con la gravedad alterada, la intriga por cómo los protagonistas resolverán los problemas de cada sueño, cada uno más difícil, el ritmo relativamente pausado pero agobiante que imprime Nolan y la tensión y la épica aumentada a niveles estratosféricos por la ostentosa música de Hans Zimmer, nos dejan uno de los mejores finales vistos en muchos, muchos años.

Origen resulta una película muy estimulante, tanto porque exige atención e ir pensando y teorizando conforme avanza, algo insólito en el cine contemporáneo, como porque es un espectáculo de primera, tanto en originalidad como en ejecución. La propuesta es tan fascinante que ha embrujado incluso más de la cuenta al público, que la ha puesto rápidamente como una de las mejores películas de la historia cuando en realidad se le puede poner muchas pegas…

La necesidad imperiosa de llegar a todos los públicos empieza a lastrar una propuesta que tenía potencial para más. Los personajes se hacen preguntas básicas que no pegan en expertos en su trabajo, algunas son incluso demasiado obvias. De hecho con Ariadne (Ellen Page) se nota demasiado. Está claro que es el nexo entre el universo ficticio y el espectador, difícilmente evitable dado lo intrincado del argumento, pero se debería haber disimulado mejor. No resulta verosímil que cojan a una universitaria, casi una niña, y la metan en un trabajo tan peligroso con tan poca preparación. Se va introduciendo en varios niveles de sueños y su único propósito en ellos parece ser explicarnos las cosas.

Con el resto el problema es que no tienen un dibujo muy elaborado y muchas veces parecen incluirse para cumplir el número necesario de soñadores. Estamos muy lejos del amplio y trabajado repertorio de El Caballero Oscuro o de los atractivos protagonistas de El Prestigio. Aquí todo gira alrededor del carácter de DiCaprio, cosa entendible y aceptable, más cuando resulta un rol central excelente, pero se potencia demasiado a costa de dejar a los secundarios con una definición escasa y una presencia forzada. No sabemos nada de las motivaciones de cada uno, hasta el punto de que no se entiende que se arriesguen con una misión tan arriesgada. ¿No tienen familias, no conocen otra cosa, sólo les mueve el dinero, su lealtad a Cobb es así de férrea? No se explica nada, ni si quiera se señala sutilmente algún u otro aspecto. En vez de dedicar tiempo a la persecución en Mombasa, ¿por qué no lo dedicaron a explorar la relación entre ellos? Unos cuantos chistes entre los personajes de Hardy y Gordon-Levitt son de lejos insuficientes, de hecho me parecieron incluso bastante fuera de lugar.

El reparto tampoco deslumbra, es bastante irregular. Leonardo DiCaprio repite un personaje muy parecido al de Shutter Island, y lo hace sin las ganas puestas en esa y otras labores recientes. Ellen Page y Marion Cotillard se esmeran en dotar de vida a dos figuras que son meros objetos de la trama, y en cierta manera funciona, Page consigue hacer creíble la preocupación por Cobb y Cotillard transmite bien la melancolía y el pesar, así que es una pena que no tuvieran un papel más complejo. Joseph Gordon-Levitt (500 días juntos) es un actor lamentable con carisma nulo, lo que afea bastante el producto: es el secundario con más presencia y no muestra ni un sentimiento, no se altera ante ninguna situación. El resto (Tom Hardy, Ken Watanabe, Dileep Rao) cumplen sin más en otros roles con nulo recorrido. Al final es el objetivo de la misión, Cillian Murphy, el que ofrece una labor más competitiva. Tampoco funciona plenamente la banda sonora. Nolan arrastra por ahora un defecto notable en su por otra parte deslumbrante filmografía: es muy dado a sobrecargar sus películas con un susurro de fondo, la forma más fácil de dar ritmo a una escena, y Zimmer se presta a ello con su estilo comercial de los últimos años, donde compone a base de librerías predefinidas en un sintetizador. El tema de acción será imponente y realza mucho el clímax, pero puedes terminar harto de escucharlo tantas veces sin una progresión adecuada a los distintos escenarios, y fuera de él hay aún menos exploración emocional, todo es adorno.

Pero sobre todo da la sensación de que había infinidad de posibilidades en la idea de jugar con la mente, lo onírico, las pesadillas, la confusión de realidad y sueño… y después de todo la visión de Nolan no va más allá de doblar ciudades y una pelea en ingravidez, espectacular y resuelta con maestría, pero no tan novedosa como nos venden. La propuesta recuerda bastante a Matrix, por ejemplo: crear entornos virtuales y luchar alterando las físicas del mundo real. Y me temo que cuanto más bajamos en los sueños menos parece esforzarse. El eterno y cansino tiroteo en la nieve afea un poco un clímax por lo general impresionante, y el esperado limbo no deja de ser una pesadilla básica, una ciudad medio derruida. Es más, no se entiende muy bien cómo en la fantasía de Mal y Cobb lo único que hacen es construir bloques horteras hasta tener una ciudad infinita, cuesta creer que esta es su visión idílica del mundo.

En cuanto a teorías, dobles lecturas y cuestiones, hay algunas cosas que comentar, pero también pienso que había más posibilidades.
Alerta de spoilers: Destripo claves del final.–

Es probable que salgas del cine intentando encajar alguna duda. Una muy común es cómo puede entrar Cobb en el limbo de Saito, pero se asume que están conectados con la máquina en el avión y dentro de los sueños todo vale, si vemos otras máquinas es únicamente para mantener el engaño ante la víctima (Fischer). También puede confundir que salgan de ahí suicidándose, cuando andaban diciendo que con tal sedación morirían, pero Cobb se ha saltado “la patada”, es decir, sabe que ya no están sedados.

El final me disgusta un poco, porque Nolan, en su afán de explicarlo todo y darlo todo cerrado, pone la peonza tambaleándose en el último momento, mostrando que Cobb está en la realidad. Dejándola girando y cortando el plano quedaba todo a la imaginación del espectador. Pero al menos sí hay una cuestión el aire, aunque no sé si es buscada por Nolan o no. ¿Y si en realidad toda la misión es para hacerle un Origen a Cobb? El plan con Fischer sería para forzar que Cobb enfrente su pasado con Mal para que la única forma de salir que tenga sea hallando una forma de perdonarse, esto es, de hacerse el Origen a sí mismo sin darse cuenta.

Nota 08/08/17: le he pegado un repasillo a la crítica.

Hard Candy


Hard Candy, 2005, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 115 min.
Dirección: David Slade.
Guion: Brian Nelson.
Actores: Ellen Page, Patrick Wilson, Sandra Oh.
Música: Harry Escott, Molly Newman.

Valoración:
Lo mejor: Lo arriesgado de la propuesta. Los inmensos actores. Dirección y fotografía.
Lo peor: Es un tanto rebuscada y le faltan sorpresas con garra.
Mejores momentos: El instante en que vemos el cambio de la Haylye dulce y juguetona a la fría y calculadora. La cruel operación.

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La producción independiente Hard Candy ha ido recibiendo un correcto número de buenas críticas a su paso por los festivales, ganando en Sitges los premios de mejor película, mejor guión y el premio del público. En la taquilla mundial no fue un taquillazo, pero sí funcionó bien teniendo en cuenta sus orígenes, lo cual tiene mucho mérito no sólo teniendo en cuenta que es cine independiente (muchas veces sobrevalorado por culturetas varios), sino atendiendo a que es una producción muy arriesgada en contenido y forma, pues narra la venganza de una adolescente contra un supuesto pedófilo que atacó sexualmente a una de sus amigas y está realizada limitando la narración a dos personajes y a un par de escenarios minimalistas, con lo que que podría asemejarse a una obra de teatro si no se hiciera especial hincapié en una fotografía tan colorida y trabajada. El resultado, una obra muy original aunque de difícil digestión, no apta para todos los públicos pero una ocasión perfecta para el espectador con inquietudes.

Comienza con un prólogo en el que sólo vemos la pantalla de un ordenador y una conversación a través de un programa de mensajería instantánea donde un adulto queda con una joven de catorce años. La narración pasa entonces a una cafetería y de ahí a la casa del hombre pasando por una fugaz estancia en un parking. Son los únicos escenarios de esta peculiar historia, pero son más que suficientes, pues la fotografía de Jo Willems proporciona unos encuadres llenos de color (muy trabajado en la post-producción) y de vida, obteniendo magníficos planos del hogar del protagonista, una casa de decoración moderna tan sobria como bella muy bien elegida. Además, se limita a primerísimos planos de los actores funcionando con eficacia como catalizador de la narración hacia los elementos principales del relato, los personajes.

El ritmo otorgado por el director novel David Slade resulta correcto teniendo en cuenta la dificultad de mantener el interés en estas circunstancias, aunque en ningún momento atrapa con la intensidad que lo hacen otros elementos (actores y fotografía). La narración se desarrolla en continuas conversaciones rodadas sobre todo en secuencias largas, con un buen montaje que no se muestra ni precipitado ni estático, sino adecuado a las necesidades del momento. Sólo un par de momentos de estilo de video clip (con música ruidosa inclusive) resultan molestos, incluso sabiendo que las intenciones del autor eran destacar momentos de confusión (el protagonista drogado, por ejemplo). Slade mantiene la narración en cerrados encuadres de los rostros de los personajes, demostrando una dirección de actores magistral donde los intérpretes del reducido elenco se lucen consiguiendo interpretaciones inolvidables, de las mejores en años, ignoradas por los grandes premios (Globos de oro, Oscares…) y el público por la limitada distribución del filme. La actuación de Patrick Wilson es redonda, muestra con genial habilidad los diferentes estados de su personaje (contención ante el dulce, frustración, tensión, terror…), pero la de Ellen Page es antológica, quien con 18 años consiguió ofrecer un papel digno de ser recordado en la historia, pero que por desgracia es muy probable que se pierda en el olvido a pesar de que sólo con ver un par de planos ya se puede comprobar la increíble capacidad de expresión, la cantidad de matices que es capaz de mostrar en unos segundos… y eso por no hablar de la facilidad con que cambia de registro en uno de los momentos claves del filme. Sinceramente, sólo por ver a los actores merece la pena el esfuerzo de atreverse con este nada fácil visionado, pues el duelo interpretativo es sublime.

Las brevísimas apariciones de personajes secundarios como el del dependiente de la tienda de dulces, la ex-novia, la mujer que sale del baño o la única con algo de diálogo, la vecina (Sandra Oh, la feísima pero magnífica actriz conocida sobre todo por su papelón en la serie Anatomía de Grey), están muy bien incluidas, ya que ofrecen evidencias irrefutables de que la historia no es una falsa realidad, sea sueño, delirio mental o lucha interna contra la conciencia. Un aporte de guión muy significativo, última prueba de que Brian Nelson es buen escritor (a pesar de ser su primera obra en cine) y sabía que lo que estaba haciendo podría haber dado pie a teorías de diversa índole que apartaran las verdaderas intenciones de su obra hacia desvaríos fantasiosos (aunque he visto alguna crítica que evita estas pruebas en pro de sus delirantes búsquedas de significados ocultos –esos amantes de David Lynch…-). Su libreto juega con una de las peores perversiones del ser humano y sus consecuencias en las víctimas y sus allegados (secuelas mentales como la repetición del daño en otras personas… que aquí con un giro rebuscado aparece dirigido hacia el criminal) y los verdugos (remordimientos), así como la búsqueda de justicia y/o venganza, además de dejar en la mesa una pregunta que no tiene fácil respuesta: ¿es lícito moral y legalmente iniciar una relación de amor/sexo con una menor si ella lo consiente y demuestra plena madurez psicológica, como es el caso de la protagonista de Hard Candy?

En resumen, Brian Nelson ha creado una interesante aunque ligera (no conmoverá profundamente al espectador, le falta algo de garra) reflexión social desarrollada con diálogos que, si bien no son de un nivel que merezca un calificativo demasiado alabador (un inciso para recomendar Antes del amanecer y su secuela, muestras definitivas de cómo hacer una película únicamente con los diálogos de dos personajes), sustentan sin problemas la historia. Además, añade efectismo al relato incluyendo elementos de cine de suspense y en algunas ocasiones casi de terror psicológico, cuyo único error sería que quizá es algo forzado, sobre todo en su resolución propia de películas de asesinos en serie de giros rebuscados, instantes que no llegan a ser muy negativos para la valoración global y sin los que probablemente Hard Candy se hubiera quedad en una mera charla con algo de sustancia pero sin interés como película.