El Criticón

Opinión de cine y música

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Un lugar tranquilo


A Quiet Place, 2018, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 90 min.
Dirección: John Krasinski.
Guion: Bryan Woods, Scott Beck, John Krasinski.
Actores: Emily Blunt, John Krasinski, Millicent Simmonds, Noah Jupe.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Va al grano sin rodeos. Premisa clásica pero con buenos momentos. Estupendo reparto.
Lo peor: Demasiado susto sonoro, traicionando a la premisa del silencio. Demasiados lugares comunes con el género y por tanto demasiado previsible. Demasiados pequeños agujeros de guion que rompen la conexión más de la cuenta. Demasiado sobrevalorada, mientras otras del género más redondas pasan injustamente desapercibidas.
El título: Muchísima mejor traducción sería Un hogar en silencio. Se lo han tomado demasiado literal.

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Alerta de spoilers: Comento algunos detalles del argumento. No creo que destripe nada, pero es mejor verla en blanco.–

Como suele pasar, la idea y el guion de Un lugar tranquilo dio bastantes vueltas por los estudios hasta que tomó la forma final. Propuestas iniciales eran más extremas (una versión era completamente muda, aquí hay bastantes diálogos), y otras absurdas, como la idea del típico productor imbécil, que quería formara parte de la pseudo serie Cloverfield. John Krasinski, quien se dio a conocer en The Office (2005) como un gran actor y empezó a hacer sus pinitos como director, tampoco era el primer candidato, ni quería hacer una de terror, pero entre que tenía tiempo libre antes de meterse en la serie Jack Ryan (que es una pérdida de su talento), vio que el guion trataba más sobre la familia, y su mujer Emily Blunt, que la protagoniza, lo presionó, la acabó dirigiendo e interpretando y teniendo tanto éxito que podrá hacer las secuelas como quiera, aunque inicialmente también andaba diciendo que no participaría.

La premisa es muy clásica pero muestra potencial. Entramos en el relato ganando rápidamente interés por la familia e inquietándonos por el ambiente de peligros constantes en que viven. Los problemas del día a día en un mundo postapocalíptico tocan cosas sencillas, pero lo hacen con un cariño que se contagia. El amor entre los miembros de la familia, los baches y remordimientos debidos a tragedias, la pena por la pérdida, el esfuerzo por superar la adversidad… Con poco consiguen atrapar lo suficiente para seguir sus aventuras.

Los actores jóvenes cumplen y los adultos están estupendos: Krasinski y Blunt componen un retrato hermoso y a la vez doloroso de lo que supone formar una familia en momentos adversos. Está bien dirigida, con buen uso de los puntos de vista de cada personaje, de forma que en todo momento sabemos qué sienten y sufren sin que tengan que hablar, y un sabio manejo de los silencios, las pausas tensas, las carreras desesperadas…

El problema es que guionistas y director se atascan en una idea que creen más novedosa de lo que es, y pronto empiezan a apoyarse en ideas y soluciones muy usadas en el género y a descuidar las formas. El concepto de unas criaturas que oyen todo y tienes que vivir en silencio va como anillo al dedo para crear una historia de terror distintiva en contenido y narrativa, y aunque parece apuntar a ello en su primer acto, en adelante en vez de explorar a fondo las opciones los autores acumulan escenas muy vistas y por tanto predecibles y pequeños agujeros de guion que terminan de echar por tierra sus posibilidades. La cinta se va diluyendo tanto en el drama como en el suspense hasta desembocar en un tramo final muy convencional, y sólo en algunas situaciones la dirección y los actores levantan el nivel.

La historia familiar no crece, se queda en lo básico sin avanzar hacia algo más trascendental y emocionante. En el subidón final de acción la falta de calado pesa mucho, las anécdotas que iban perfilando sus vidas parecen nimiedades ante la gravedad de la realidad, y el desequilibrio hace que te cuestiones cosas hasta el punto de que termina chirriando el desenlace de los dos arcos principales de los personajes.

Primero, es un suicidio de tener un bebé en esas condiciones, no resulta verosímil que estén tan felices por ello en vez de asustados. Esta parte se salva por las buenas escenas angustiosas, como el clavo, el parto, el sótano… pero también por los pelos, porque tienen demasiados agujeros de guion y no son nada originales. Segundo, comentaba en A ciegas (Susanne Bier, 2018) que este género sufre mucho el abuso de traumas artificiales para intentar que los personajes enganchen, en vez de contar con ellos algo que enganche, y este caso roza esa categoría. Como se centran en la supervivencia de la familia, los detalles del día a día eran enriquecedores, pero al no aportar en la parte final algo más pierde mucha fuerza. Sabemos de sobras que el padre se desvive en todo momento por su hija, que la quiere muchísimo aunque haya cierto distanciamiento desde la tragedia. En otras condiciones (antes del clímax, en un epílogo donde hayan superado la crisis externa) no hubiera molestado que cerraran ese conflicto personal, pero basar toda la pelea final con las criaturas en ello no funciona, el contraste entre la relevancia de una situación y la de la otra es muy grande y resulta forzadísimo. La cutre y tonta reconciliación, con giros absurdos (para qué sueltas el hacha, idiota), hunde el interés por los suelos, y ya había perdido bastante.

También pesa que se va descuidando cada vez más la coherencia, y eso que de primeras ya había cosas forzadas. Por qué la niña va siempre con el aparato si este no funciona… es decir, lo presentas de forma evidente como “el arma de Chéjov”, así que en las primeras escenas ya me has contado el final. Y sorprendido leo que hay espectadores no sólo sorprendidos, sino que no lo han entendido bien. Tienen electricidad, aunque no he visto placas solares, y se montan un buen sistema de vigilancia por cámaras, pero no se les ocurre poner altavoces para espantar a los bichos con interruptores colocados en lugares estratégicos. Es más, porqué no ponen lejos trampas con sonido, algo tan simple como una jaula que se cierre al entrar la criatura. Se ven otras hogueras de otros supervivientes: ¿por qué no se ayudan? Qué hace un clavo enorme clavado de abajo arriba en la parte del escalón que tienen pintada para pisar porque es supuestamente seguro y no hace ruido. En el silo de maíz te hundes unas veces sí y otras no. Y en ocasiones no son ni agujeros de guion, sino burdas trampas para dar forma a la escena como quieren. El bebé está encerrado en un baúl insonorizado y con una máscara con oxígeno para que no llore… pero aparece abierto y sin máscara, para ponerlo en peligro ante una criatura que ha entrado no se sabe cómo en el sótano que también está cerrado y aislado.

En la dirección también flojea la cosa después de sentar unas bases tan llamativas. Sea porque Krasinski patina o porque el estudio lo obliga, se empeñan en convertir el suspense con sobresaltos en terror de acojonarse, pero lo hacen abusando de sustos sonoros por todas partes, y vaya cagada inclinarse por esa fórmula en una película que empieza apuntando a todo lo contrario. Que aparece un anciano sospechoso de fondo, buuum golpe sonoro a todo volumen; que el papá agarra al niño en el último momento, buum; que pasa una criatura lejos y los personajes aguantan la respiración para no hacer ruido, buuum, atronador golpe sonoro… Y así todo el rato. Acaba siendo molesto, porque los respingos que puedas dar por sorpresas y temores crecientes se rompen, cambiados por la molestia del subidón incómodo. La pena es que la banda sonora de Marco Beltrami es bastante buena, pero la sobreutilizan sin mesura. En ocasiones también la construcción de la escena es demasiado evidente; por ejemplo, enfocar al cristal del coche ya me revela que la criatura golpeará por ahí. Al final, tanta publicidad y entusiasmo por su estilo, y hay otra reciente que maneja bastante mejor los silencios y las pausas tensas: No respires (Fede Álvarez, 2016). Es más, ¿tengo que recordarle al mundo la existencia del episodio Hush de la cuarta temporada de Buffy, la Cazavampiros (Joss Whedon, 1997), con casi veinte años a cuestas ya?

Y siguiendo con las comparativas, el guion es tan poco original que ni con Krasinski dando lo mejor de sí se salvan escenas cogidas directamente de clásicos del género, es decir, es una cinta que se ve venir en cuanto presenta la trama, que te intuyes cada escena en cuanto se pone en marcha.

Lo alucinante y triste es que la gente se ha vuelto loca, como si estuviera ante algo único y novedoso, cuando no es así. No voy a recriminarle que se pueda pensar en Alien (Ridley Scott, 1979) y La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), porque es inevitable, ya que son el nacimiento de muchos subgéneros que impliquen enfrentarse a monstruos en lugares aislados, sino que tome tanto del cine y la literatura del género, sobre todo clásicos de los años cincuenta y alrededores. Vienen pronto a la mente demasiadas semejanzas con Soy leyenda (Richard Matheson, 1954) y sus adaptaciones (El último hombre… vivoBoris Sagal, 1971-, Soy leyendaFrancis Lawrence, 2007-), hay mucho también de La guerra de los mundos (Herbert George Wells, 1898), al menos de sus versiones en pantalla grande (Byron Haskin, 1953, Steven Spielberg, 2005). Pero no hay que irse tan lejos. La memoria de la masa de espectadores es muy, muy corta, porque también toma con descaro de clásicos modernos. La escena del coche está sacada de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1953), y la del maizal y el sótano de Señales (M. Night Shyamalan, 2002).

Esta última me lleva decir que se puede realizar una escena, o incluso una película entera, como homenaje a otras, y ser respetuoso a la vez que aportas tu propia historia y estilo. En Señales, Shymalan lo hizo de maravilla, pero aunque tuvo muy buena taquilla por el efecto arrastre de El sexto sentido (1999) la gente no la entendió e incluso se metió con su final, considerado estúpido (luego se aceptan sin problemas tonterías de fantasmas con cosas pendientes y asesinos en serie que parecen inmortales). En cambio, Un lugar tranquilo copia aportando poco y con torpeza de su cosecha, destacando el final, y arrasa y se aprecia como si hubiera inventado algo nuevo.

Y por seguir con las injusticias, hay películas mejores a las que les cuesta no ya alcanzar su abrumador éxito de taquilla (400 millones de dólares mundiales contra 17 de presupuesto), sino una recepción tan entusiasta. Otras de Shymalan como El bosque (2004) y La visita (2015) (El incidente -2008- también se parece, pero fue muy floja), Hereditary (Ari Aster, 2018), The Descent (Neil Marshall, 2005), La carretera (John Hillcoat, 2009)… Y la comparación más obvia, por fecha y semejanzas, A ciegas, que ofrece una historia más sólida e impredecible pero no ha tenido tan buenas críticas.

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Sicario


Sicario, 2015, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 121 min.
Dirección: Denis Villeneuve.
Guion: Taylor Sheridan.
Actores: Emily Blunt, Josh Brolin, Benicio Del Toro, Victor Garber, Jeffrey Donovan, Raoul Max Trujillo.
Música: Jóhann Jóhannsson.

Valoración:
Lo mejor: La notable dirección de Denis Villeneuve, la música, la fotografía. El carisma de Emily Blunt, capaz de llenar la pantalla sin diálogos.
Lo peor: El guion más que simple parece incompleto.
Mejores momentos: El viaje a Méjico, el asalto en el túnel.

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Una competente agente del FBI, Kate Macer, llama la atención de un destacamento especial que lucha contra la influencia de los cárteles mejicanos en EE.UU., y la invitan a formar parte del grupo. Pero la violencia de estas mafias y las técnicas sucias de su nuevo trabajo podrían ser demasiado para ella: su idealismo y profesionalidad se verán ante retos que no había podido ni imaginar. Este viaje al infierno se expone a través de una trama muy sencilla pero exprimida con gran esfuerzo por el realizador canadiense Denis Villeneuve (Prisioneros, 2013) y está muy bien apuntalada por la excelente interpretación de Emily Blunt (Looper -2012-, Al filo del mañana -2014-).

Villeneuve maneja que da gusto el tempo narrativo, contruye un ambiente tenso con puntos álgidos sobrecogedores que transmiten magistralmente la sensación de desasosiego e inquietud por los inminentes peligros que rodean al equipo. Hay un par de escenas cumbre de las de agarrarse a la butaca conteniendo la respiración: en la misión a Méjico y el asalto al túnel el nivel de tensión pone los pelos de punta. Pero es ineludible mencionar la importancia de los elementos en los que se apoya: la banda sonora del islandés Jóhann Jóhannsson (La teoría del todo, 2014) es minimalista (sin grandes despliegues orquestales) pero esencial a la hora de realzar el peligro, la fotografía de Roger Deakins (destacando en especial en las escenas nocturnas) es vistosa pero equilibrada, y el montaje de Joe Walker es excelente. Finalmente, con Emily Blunt transmitiendo el estado de ánimo de Kate con gran intensidad, llenando la pantalla de forma impresionante en las muchas escenas en que los diálogos son escasos, se termina de lograr un thriller muy atractivo en lo visual y con bastante pegada.

Pero mucho me temo que la película se queda a las puertas de alcanzar metas más altas, pues el guion de Taylor Sheridan no vale para el thriller serio y de altos vuelos que sin duda buscaban. De ramplón y superficial resulta predecible, y tiene muchos huecos. La proyección avanza como si fuera el eterno prólogo de una trama que promete desarrollarse pero que no llega realmente a hacerlo, dejando un relato expuesto a retazos y algo forzado que no logra dotar de coherencia y entidad a la historia y el resto de personajes. Hay otros buenos actores, ojo, como Benicio del Toro y Josh Brolin, pero son roles secundarios muy puestos al servicio de la trama, no se les da vida con la fuerza y verosimilitud suficientes como para que resulten personajes naturales: el de Brolin es un cliché con patas y el de Del Toro puro humo; y peor resulta el amigo negro de la protagonista (Daniel Kaluuya), aburrido como él sólo y que evidentemente sólo sirve para tener una conexión con su mundo anterior, por no decir que no se justifica su presencia: no lo quieren ahí pero el tío se apunta a todo y nadie rechista. Realmente tampoco explican bien la presencia de Kate en el grupo, y cuando lo hacen resulta bastante cutre.

En cuanto a la trama, más o menos lo mismo, indefinición y patinazos. Unos cuantos giros que ni siendo muy rebuscados dejan de verse venir de lejos (como el estadounidense traidor, que además es completamente inverosímil), otros tantos puntos oscuros (la amenaza de muerte que sufre ella no hay quien se la crea, sabiendo lo fiel a las reglas que es y lo poco que tarda en ir a sus superiores cuando ve irregularidades), y varios momentos sensacionalistas (el asalto a la mansión parece sacado de una entrega de James Bond, con silenciador imposible incluido -¿esto no era una película seria?-). En todo este caos finalmente queda un análisis paupérrimo de temas que prometían mucho más: hasta dónde llegar con la lucha contra los cárteles, las peleas entre agencias, el oscurantismo gubernamental, etc.

Es cierto que Villeneuve consigue sacar bastante energía casi de cualquier escena (igual que el guion del telefilme que tenía en Prisioneros -2013-), pero eso no impide que el ritmo tenga algunos altibajos. Entre eso y las vaguedades del guion, aunque Sicario te hace pasar muy buen rato, poco después empiezas a pensar en sus carencias y en que podía haber dado mucho más de sí.

Al filo del mañana


The Edge of Tomorrow, 2014, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 113 min.
Dirección: Doug Liman.
Guion: Christopher McQuarrie, Jez Butterworth, John-Henry Butterworth, Hiroshi Sakurazaka (novela).
Actores: Tom Cruise, Emily Blunt, Bill Paxton, Brendan Gleeson, Jonas Armstrong, Tony Way, Kick Gurry, Charlotte Riley, Noah Taylor.
Música: Christophe Beck.

Valoración:
Lo mejor: Personajes y actores muy carismáticos. Entretenimiento de buen nivel.
Lo peor: Arrítmica, predecible, final anticlimático.
La frase: La Operación Caída no es nuestra jugada final, sino la del enemigo.

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El argumento a lo día de la marmota no es nuevo, y el relato no tiene nada especialmente original o impactante que lo haga destacar por encima de la media de los géneros de la ciencia-ficción y la acción. Al menos esa es mi opinión, porque para mi sorpresa ha sido una película muy bien recibida por crítica y público, mientras que la otra incursión reciente de Tom Cruise en el género, la fascinante Oblivion, pasó muy desapercibida.

La única idea con algo de chispa es la naturaleza de los alienígenas, pero aparte de ello no parece que se esfuercen en buscar una vuelta de tuerca a la trama que aporte algo más de savia y sorpresas. Pero también tuve la sensación de que tanto guionista como director son conscientes de ello, de que no buscaban un filme complejo y trascendente, sino un entretenimiento. El resultado es una cinta honesta y lo suficientemente inteligente, pues va a lo que va sin disimular y a la vez no toma por tonto al espectador. Se explica lo justo y necesario (a partir de cierto momento no se repiten vivencias en escenarios nuevos, pero queda claro que han vivido esas partes varias veces) y se pone el esfuerzo en construir personajes sólidos y en dotar de emoción y humor a su aventura. De hecho este sentido del humor es muy de agradecer, porque además de efectivo aleja del relato un tono serio que le podría haber venido grande.

Pero no siempre el objetivo de sus creadores se cumple, porque con una premisa tan básica se notan las costuras (resulta predecible en ocasiones) o el nivel de interés pierde fuerza en varios segmentos. En el principal problema es el inestable ritmo. El tramo de presentación es correcto, pero desde mi punto de vista no tiene la fuerza necesaria para empezar la proyección cautivándote con fuerza. A las explicaciones de rigor para entender el universo presentado y dar forma al entorno donde el protagonista se verá estancado les falta algo de vidilla. No llega hasta el punto de aburrir pero retrasa el lanzamiento de la trama más de la cuenta. El tramo central es el mejor, pues la mezcla de acción con la carismática pareja protagonista tratando de resolver la situación ofrece un buen espectáculo. Pero sin margen para sorprender pronto la rutina empieza a hacer mella. Desde la estancia en la granja el ritmo decae considerablemente. Y con un desenlace tan previsible a la vista hacía falta un tramo final con más pegada. El clímax acusa de exceso de fuegos artificiales para lo poco que cuenta: el grupo (metido con calzador) en apuros, las muertes poco impresionantes de secundarios, explosiones y destrucción irrelevantes, la pareja supuestamente sudando de lo lindo cuando en estas escenas no hay la mitad de emoción que en los mejores momentos, y el consabido final feliz forzado no logran disfrazar que ahí se vieron faltos de ideas. El interés casi acaba por los suelos y empaña un poco las virtudes del relato.

También hay un par de lagunas y trampas importantes. En un momento dado queda claro que el ente alienígena conoce la existencia de nuestro héroe y trata de eliminarlo con una trampa… pero no queda claro cuánto sabe y cuánto puede hacer, de hecho mi impresión es que debería estar persiguiéndolo con el mismo esfuerzo que ponen los humanos en matarlo, y lo único que parece hacer es esperar. También cabe preguntarse cómo resulta tan fácil que el protagonista huya de su pelotón y se ponga a entrenar con la soldado más conocida a la vista de todos sin que nadie se haga preguntas. En cuanto a trampas, es muy cantoso que el desenlace fuerce la presencia del grupo a costa de dejar de lado la credibilidad: aunque aceptemos que creen la loca historia, lo que no tiene ni pies ni cabeza es que puedan salir de la base con un helicóptero sin permiso, cuando ha quedado bien claro al principio del filme que no puede salir ni una llamada telefónica para no dar pistas sobre la misión y que hay tolerancia cero con los desertores.

Los protagonistas son el plato fuerte de la función, y terminan siendo el sustento principal de la trama. Los secundarios tienen bastante más presencia, definición y carisma de lo que se ve hoy en día en el cine. En todo momento sabes quién es quién y qué esperar de él. Y la pareja protagonista es de muy buen nivel. El soldado de carrera pero sin experiencia y cobarde y la dura y fría heroína forman una pareja de opuestos no por clásica menos eficaz. Los diálogos y situaciones en que se ven envueltos los exprimen muy bien, la evolución de ambos es clara y efectiva y los actores dan la última puntada de carisma, en especial Emily Blunt (Looper), quien sabe sacar lo mejor de un personaje que no permite mucha gesticulación, que se define con poses, silencios y miradas. Gracias a ellos la sencillez de la trama se disimula bien, pues sus vivencias llegan con intensidad, y la repetición de capítulos, que al principio no apuntaba maneras, cobra rápidamente fuerza conforme evolucionan sus motivaciones, planes y penurias.

Doug Liman (El caso bourne) es un artesano bastante competente que se prodiga menos de lo deseable, y alguna vez con guiones lastimeros (Jumper). Aquí ofrece un espectáculo grato, aunque no me parece que llegue a conseguir una atmósfera y un aspecto visual como para cortar la respiración en ningún momento. Comparando con Oblivion, por volver a un referente próximo, sus escenas de acción sí dejaban pegado al asiento gracias a una mezcla de guion (algo más de originalidad y empaque), puesta en escena (magnífica la labor de Joseph Kosinski) y sensaciones globales (la situación de los protagonistas transmitía mejor el peligro). Ni siquiera el diseño artístico deslumbra, pues donde debería lucir más falla un poco: los alienígenas son una versión descarada de los del popular videojuego Crysis. Al menos los efectos especiales son buenos y los trajes de combate no están mal. También podría decirse que le ha faltado una banda sonora con más pegada.

Al final la crítica me ha quedado un poco más negativa de lo que pretendía, porque es cine palomitero del bueno, alejado del lastimero nivel del género en la actualidad, donde esta temporada hemos tenido truños como Pompeya, Transformers 4, dos versiones de Hércules… Pero es que con tanta buena crítica parece que estamos ante un peliculón, y dista mucho de serlo.

Looper


Looper, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis, Emily Blunt, Paul Dano, Jeff Daniels, Piper Perabo, Noah Segan.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: Un puñado de ideas geniales y unas cuantas escenas muy potentes.
Lo peor: Ritmo renqueante. Parece haber varias películas en una. Algunos detalles de guion y puesta en escena bajan su nivel medio.

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Alerta de spoilers: Es una película para ver sin saber nada y dejarse sorprender. Pero a la vez me es imposible comentarla bien sin describir detalladamente la trama y algunas sorpresas. —

Looper es uno de esos títulos de ciencia-ficción que los fans esperamos con ansia porque exponen lo obvio: el género permite tantas posibilidades que es una lástima que haya tan pocas películas y menos aún tengan un mínimo de calidad aceptable. ¿Que los viajes en el tiempo están muy vistos? Pues sí si te limitas a los tópicos, porque desde luego el potencial que tienen es enorme. Su autor Rian Johnson lo ha visto, y se ha montado una historia bastante llamativa con varias ramificaciones y detalles muy interesantes.

En un futuro cercano se sabe que un futuro más lejano se inventarán los viajes en el tiempo, y se prohibirán pero algunas mafias seguirán usándolos porque en una sociedad tan controlada la única forma de asesinar sin dejar rastro es enviando a las víctimas al pasado (al futuro donde empieza la película) para que sicarios contratados, llamados loopers, se encarguen de los cuerpos. Estos looper completan su servicio o círculo (loop) cuando tienen que ejecutar a su versión futura, porque una vez llegan a la edad en que se prohíbe su existencia deben ser eliminados. Una vez muerto tu yo viejo te retiras y puedes vivir hasta esa edad de los jugosos ahorros. Pero cuidado si no quieres matar a tu versión anciana, porque las mafias que te pagan son implacables.

En esta situación se verá nuestro protagonista. Su yo del futuro tiene un plan demencial para asegurar su línea temporal. Primero, escapar de sí mismo y de la mafia de esta época. Segundo, dar caza a un temible mafioso que domina en el futuro y está acabando con todo el sistema de loopers y ha destruido su idilio justo cuando encontró algo que hacer con su vida. En plan Terminator tratará de dar con él cuando es todavía un niño.

El problema es que parece juntar varias películas en una, con los consecuentes problemas de definición y ritmo y la sensación de confusión que transmite cambiar el estilo a mitad de camino. Primero tenemos la exposición del universo, paralela a la presentación del protagonista. Es un segmento estupendo, muy fluido y donde todo se entiende sin problemas y resulta muy atractivo. Cuando llega la versión futura promete cambiar hacia una caza en plan película de acción, pero de repente pierde fuelle. El esperado cambio en la vida del protagonista, que de adinerado yendo de fiesta en fiesta se convierte en un yonki a la fuga, se desvanece en un romance no malo pero sí previsible y un tono que se inclina hacia la acción simplona. Los mafiosos para los que trabaja, que en esta situación se convierten en enemigos, son personajes muy flojos (en especial el pistolero estúpido) y toman demasiado protagonismo en detrimento de la propuesta inicial de ciencia-ficción. Y mientras, aunque la aventura del yo futuro da algunos buenos momentos (el drama de ejecutar niños, con buenas sorpresas incluidas), resulta finalmente poco atractiva, su protagonismo queda muy diluido cuando se esperaba más de esta sección. Destaca también el resumen de su trayectoria hasta la edad de viajar al pasado, pero también supone un golpe al ritmo, pues es como un corto metido de por medio.

Y de repente tenemos otro cambio de rumbo, y este es brutal. Si te llega a sacar por completo de la narración no hay más que hacer, la película te parecerá fallida. Si no, aún hay buenas ideas y giros con los que disfrutar. Ya no hablamos solo de viajes en el tiempo y la persecución, ahora tenemos una de superpoderes también. La telequinesis mencionada de pasada al principio cobra protagonismo. No diré más para no desvelar algunas sorpresas interesantes que dan un par de escenas magníficas, pero sí es evidente que esta historia no ha tenido el recorrido e importancia necesarios para que nos interesemos por ella repentinamente, con lo que es como ver otra película empezando cuando llevamos realmente media proyección. Cuando por fin toma forma nos ofrece otro relato muy atractivo, y recalco que tiene instantes geniales, pero también está lastrado por elementos artificiales innecesarios: el enfrentamiento final del yo futuro en la guarida de los malos es insípido (un tiroteo exagerado y mediocre) y para colmo el pistolero tonto sobrevive para seguir molestando en un desenlace donde no pinta nada.

Cabría pensar que una película con varias historias complejas condensadas tendría un ritmo trepidante, pero ocurre lo contrario. Por sus fallos y por no estar desarrollados a fondo, ninguno de los segmentos destaca por ser vibrante y emocionante como las posibilidades del argumento parecían poner en bandeja. La puesta en escena también es irregular. Parece profesional y consistente de primeras, pero a veces le da por intentar deslumbrar, como si quisiera dejar huella porque el género lo exige. Unas pocas escenas algo forzadas contrastan con otras muy bien trabajadas: la huida del piso con planos rebuscados o el citado tiroteo no dan la talla al lado del fantástico resumen de la vida del protagonista en el futuro o de los instantes en que al personaje con poderes se le va la pinza.

En cuanto al reparto, quienes mejores me han parecido son los que menos tiempo están: la chica (Emily Blunt) y su hijo (Pierce Gagnon), en especial este último, dan buenos papeles. Joseph Gordon-Levitt sigue sin convencerme a pesar de su éxito, no cambia mucho el registro aunque su personaje podría dar bastante juego. Bruce Willis cumple sin más en un papel sorprendente en su carrera: es un secundario. Cabe señalar que maquillan Levitt para parecerse a su yo futuro (lentillas y retoque de nariz y labios), pero mi impresión es que resulta más confuso que otra cosa: todo el rato me preguntaba qué le pasaba en la cara, por qué estaba tan raro.

Con este panorama no puedo darle una gran nota a Looper. Quisiera que fuera una gran película, que no tuviera tantos problemas, que sus gloriosas ideas dieran un relato más sólido y genuino, pero no es así. Por ello también tiene posibilidades de convertirse en un título de culto de la ciencia-ficción: muy recomendable por sus elementos destacables pero sin llegar a ser una producción redonda ni especialmente conocida. También es inevitable pensar que semejante premisa se hubiera desarrollado mejor en una miniserie de varias horas.

El guionista y director Rian Johnson ha llamado lo suficiente la atención como autor de ciencia-ficción como para ser incluido en el equipo de las nuevas entregas de La guerra de las galaxias.