El Criticón

Opinión de cine y música

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La ciudad de las estrellas (La La Land)


La La Land, 2016, EE.UU.
Género: Comedia, drama, musical.
Duración: 128 min.
Dirección: Damien Chazelle.
Guion: Damien Chazelle.
Actores: Ryan Gosling, Emma Stone.
Música: Justin Hurwitz.

Valoración:
Lo mejor: Simpática y entretenida.
Lo peor: A pesar de su asombroso recibimiento no es la panacea en lo visual ni en lo argumental: el romance es muy predecible, el musical muy forzado y pobretón. El director muestra técnica pero no pasión, y los actores no están muy allá.

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En el fondo no esperaba mucho, pero aun así iba con cierta intriga. Una película con un recibimiento tan espléndido de crítica y público tendrá algo llamativo. Incluso hay muchas voces que la proclaman como una obra maestra. Pero, como suponía, me he encontrado un título comercial del montón. La comedia romántica más vieja y facilona posible adornada con ligeros toques de drama y unos pocos videoclips.

Por esto último la han descrito como musical, pero yo no lo veo. En un musical, la música, las canciones y los números coreografiados obviamente tienen una íntima relación con la trama y los personajes, pero son además el principal componente narrativo. Si estos números aparecen puntualmente, muchas veces sin relación clara con lo narrado, y en las que la tiene no se entiende muy bien por qué se usa este recurso, entonces son videoclips insertados en medio de la proyección. Ya desde el prólogo queda claro que se combina con desequilibrio la comedia romántica y el musical: el numerito inicial no pinta nada, no presenta a los personajes (que ni forman parte de la canción) ni se habla sobre algo relevante. Y de ahí en adelante olvídate de grandes despliegues estéticos, de escenarios vistosos y elaboradas coreografías; de hecho, en el caso de haber alguna, los protagonistas no están presentes (el prólogo) o se pasean entre medio sin hacer mucho (el final); y… ¿me lo parece, o las siluetas sobre el espacio en el observatorio son dobles? Tampoco es que canten mucho, por lo general apenas entonan un poco mientras hablan; la única que vez que la chica canta más en serio (en la última audición) no ofrece nada épico o conmovedor, y el turno de él (en el malecón) es tirando a lamentable. No hay ni una letra con garra, ni un baile complejo, ni un escenario deslumbrante. Todos los números obedecen a la técnica de los cansinos videoclips contemporáneos: iluminación artificial (mucha luz de día, mucho foco de noche, mucho neón, mucho amanecer eterno), vestuario excesivamente colorido (parece un anuncio), escenarios intrascendentes y música pegadiza para tratar de epatar sin contenido real, porque los protagonistas sólo se menean un poco delante de la cámara sin que haya una expresión artística concreta.

Sí es un homenaje al musical, eso está claro. Y al cine clásico y a la música en general. Pero la película sólo vive de eso, hasta el punto de ahogarse en las referencias y perder todo rasgo de personalidad propia y parecer un recopilatorio propio de YouTube, no de estrenar en cines. No voy a perder el tiempo citando todas sus fuentes, podéis ver por ejemplo este video, y pensar luego cuándo se pasa de la referencia y el homenaje al plagio. Yo consideraría que es plagio cuando no se aporta nada nuevo, cuando se intenta sacar rédito del trabajo de otros. Este caso lo es, sin duda. Además hasta el ridículo, pues en la obsesión por coger de obras remarcables del género ni cuidan la verosimilitud: atención al vestuario de varias épocas mezclado sin ton ni son, donde los protagonistas en cada escena visten con un traje de una tendencia distinta. ¿Quién tiene un armario así, y más sin dinero?

Es evidente que está todo inventado ya, pero hay muchos ejemplos de que se puede abordar algo clásico con garra y personalidad, como Comanchería con el western crepuscular, por citar una gran cinta del mismo año, e incluso se puede alcanzar la categoría de obra maestra dándole una inesperada vuelta de tuerca a conceptos muy conocidos: ahí están La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza y Matrix, por citar solo un par. Es gracioso que un personaje secundario diga que el jazz se muere porque no evoluciona, no se abre a los nuevos tiempos, no deja entrar ideas nuevas… Y este filme es precisamente eso mismo, un refrito de historias muy gastadas que no aporta nada genuino, ni siquiera lo que una vetusta banda de jazz ofrecería, algo de improvisación, pues está todo milimétricamente construido. Es que hasta la música es poco más que una tonada simple y repetitiva; menuda vergüenza el Oscar a banda sonora estando la monumental Rogue One de Michael Giacchino.

Lo que queda es una comedia muy básica, obsesionada también con los estereotipos, con llegar con lo más fácil y directo. Y me temo que esta triste fórmula ha triunfado… otra vez, porque todos los años la industria de Hollywood, con sus medios afines y sus Oscar, avala varios títulos prefabricados como este y hace caja de ello. Él es el guaperas pasota, pero un poco panoli, para que ella pueda moldearlo a su gusto. Ella, guapa, decidida, perfecta, pero tiene un novio de cartón que ni le gusta, para que así pueda anhelar algo más. Los encuentros, todo un cliché cursi detrás de otro. Las coincidencias, los roces y torpezas iniciales, la chispa, la vida en pareja (tan blando es el relato que ni los vemos follar, un beso casto y gracias), los problemas, el cambio de aires obligado por la vida, y fin.

Hay poco que rescatar, si la cinta funciona en sus primeros capítulos aceptablemente bien es porque su ritmo es veloz y los personajes despiertan cierta simpatía. Algunas escenas, como la fiesta ochentera y el paseo siguiente, tienen algo de ingenio y humor. Pero el relato se apoya demasiado en la simplona y predecible dinámica de la pareja, y el desgaste va apareciendo hasta perder toda mi atención en el arco final, donde ya estaba muy claro lo poco que tienen para ofrecer y me lo vi venir todo de lejos. Por ello he echado de menos personajes secundarios. No hay ni uno con presencia suficiente para dejar huella, cuando podrían haber incluido varios para mostrar más perspectivas del mundo de Hollywood y no agotar tan rápido a la pareja protagonista, como hicieron hábilmente en Birdman y La invención de Hugo.

Los actores andan bien en carisma y belleza, pero sus papeles distan de resultar extraordinarios como tanto se ha querido vender. Emma Stone contagia bastante bien el entusiasmo del personaje, de hecho algunas escenas se sostienen únicamente gracias a su presencia, como la del banco… pero es eso, su presencia, la sonrisa y los ojos enormes, la cara tan agradable que tiene, porque su interpretación dista de impresionar. Y sé que puede lograr buenos papeles: en Birdman y Criadas y señoras estaba mejor. A Ryan Gosling lo tuve atragantado durante años (Drive, Los idus de marzo, Brigada de élite), no sé qué veía la gente en otro actor joven y en teoría atractivo sin registro interpretativo alguno, pero me sorprendió en Dos tipos buenos, donde por primera vez lo vi actuar de verdad y de hecho estuvo fantástico. Pero aquí vuelve a la pose de Drive, sin más esfuerzo interpretativo. Tampoco tienen grandes voces, ni ofrecen una esforzada labor física, porque el musical es muy parco en esos aspectos. Sabiendo que son capaces de hacer mucho más, el problema es claramente el director, que no sabe qué sacar de ellos. El resultado es que no veo química, no me creo la supuesta llama de la relación, los momentos tristones no me llegan. ¿Cómo ha entusiasmado tanto una pareja tan limitada?

Quizá habría que agradecer que no tragamos con un desenlace en plan “y fueron felices y comieron perdices”, pero en cambio pretende ser oscuro de forma sensacionalista. Todos tenemos amores pasados, relaciones rotas por trabajo, heridas no cerradas, y rememoramos caminos y decisiones que podríamos haber tomado de otra forma. Si se narrara con algo más de chispa… pero tiene un aura melancólica que me pareció impostada, y se remata con un número musical de cierre que por fin intenta jugar con la escenificación pero resulta más bien caótico y poco vigoroso. Así pues, queda un final incluso más artificial de lo habitual pero incapaz de evitar ser predecible, con lo que me resultó bastante pesado.

Como en ese engendro manipulador de Whiplash, Damien Chazelle demuestra buena técnica y saber rodearse de buenos editores. Hay planos secuencia bastante logrados y el montaje es excelente, sobre todo a la hora de obtener ese ritmo enérgico. Lástima que pusieran tan poco empeño en los números musicales, es decir, que falta pasión, un intento de ir más allá. La fotografía es correcta, pero la iluminación en cambio resulta muy forzada: luces de neón, focos evidentes, abuso de tonos muy básicos (ahora verde, ahora azul; por ejemplo, qué mal queda ese fondo verde hortera de la cena que sale mal). En otras palabras, en lo visual le falta naturalidad por lo general y capacidad de asombrar en los momentos clave, le pesa demasiado el estilo de videoclip.

Teniendo recientes La invención de Hugo y Birdman e incluso la correcta The Artist, La La Land palidece aún más. Esas sí fueron películas que homenajeaban al cine con clase, que se arriesgaban en su narrativa, tenían personajes con aristas y pegada e historias que sorprendían. Al menos, con su simpatía consigue contagiar un poco el amor por la música culta y el cine y teatro… Pero lo cierto es que dudo que los espectadores que salieran con lágrimas en los ojos (porque parece que hubo muchos) corran a ver un musical clásico de calidad o pretendan iniciarse en el jazz. Estamos en la época del consumo rápido, y eso es La La Land, una obra prefabricada en narrativa y sentimientos, ligera, simplona, que entre sin esfuerzo. ¿Esto es cine? No tiene nada original, ni una gota de personalidad, carece de emoción que no sea buscada artificialmente. Esto es al cine lo que Los 40 principales a la música: tendrá éxito, pero es de usar y tirar, no tiene valor real, ni por extensión perdurabilidad. Sólo engañará a quienes se puede conmover con cuatro recursos simples, a quienes no tienen memoria artística y no ven que todo se ha contado ya mil veces, y más aún, que todo lo toma con descaro de otros filmes. Está claro que la masa de espectadores abraza lo comercial, el entretenimiento pasajero que no requiera grandes exigencias intelectuales, pero que la crítica profesional se dejara engañar se me escapa. Tanto bombo, tanto Oscar (14 nominaciones, todas delirantes) y tanto dieces que le han dado, y estoy seguro de que estará totalmente olvidada en un par de años, como suele pasar.

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Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)


Birdman: Or (The Unexpected Virtue of Ignorance), 2014, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 119 min.
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guion: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo, Raymond Carver.
Actores: Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Naomi Watts, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough, Merritt Wever, Amy Ryan¸Lindsay Duncan.

Valoración:
Lo mejor: Reparto espléndido, gran labor de dirección. Fantástico análisis sobre el cine y el teatro. Comedia original, inteligente, con buen trasfondo.
Lo peor: Cierta carencias de ritmo y rumbo, una banda sonora fallida.

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Birdman es una película para cinéfilos. No hay más que ver cómo el público generalista la considera aburrida. Hay que saber de qué está hablando, qué referencia, qué critica, para entenderla, disfrutarla y sacarle todo el partido. Iñárritu construye una comedia ácida sobre defectos, errores y problemas del gremio (tanto teatro como cine), criticando unas veces, pero muchas más aportando una autocrítica entre sensible e irónica: esto es lo que hay, vamos a reírnos de ello, que es mejor que lamentarse. En la crítica está obviamente señalado el cine comercial de sagas clónicas que engullen actores y creatividad. El protagonista viene de ahí, con su Birdman (ironía amplificada, porque Michael Keaton fue Batman), y en plena crisis personal, artística y monetaria intenta conseguir prestigio como escritor, director y actor de “auténtico arte” con una obra de teatro sobre una conocida novela, pero en el camino debe luchar contra los clichés y el estancamiento (todos lo recuerdan como el superhéroe) y los críticos destructivos, quienes se llevan un buen varapalo en el relato (genial la vieja solitaria y arisca). Pero también representa la obsesión y locura (oye a Birdman en su cabeza), el distanciamiento de la realidad, los matrimonios rotos, los altibajos monetarios… en definitiva, es una visión de muchas estrellas de cine.

El resto de personajes ofrecen otras perspectivas, tanto los de escasa presencia (excelente Galifianakis como el productor homosexual) como sobre todo los más relevantes en la aventura. Destaca Edward Norton como el actor famoso intratable, exigente y caprichoso… Y ojo, que no se limita a un estereotipo, porque su dibujo es completo y realista. Naomi Watts es la actriz que sueña con un éxito y reconocimiento que nunca llegan, pues por cada estrella hay mil estrellados. Emma Stone es la joven que cayó en las drogas e intenta rehacer su vida, aunque ésta no es actriz, sino la hija del protagonista, así que más bien viene a completarlo a él, aunque es un personaje también muy logrado.

Hay que señalar las excelencias del reparto, probablemente el mejor del año. Michael Keaton y Edward Norton logran unas interpretaciones emocionales y profundas que quitan la respiración y nos hacen partícipes de todo el tormento y demonios internos de los personajes. Y los secundan muy bien Naomi Watts y Emma Stone, que si no llegan a deslumbrar es porque tienen menos tiempo.

Pero el relato abarca bastante más que la representación de diversas personalidades y la tragicomedia resultante. Es detallista a la vez que tiene gran amplitud de miras. Encontramos guiños geniales como la clásica pistola de Chekov (si muestras un arma -u objeto en general- en las primeras escenas, será crucial en el desenlace), que es tanto un recurso narrativo como un chiste casi inevitable. Y a la vez salta a otros temas de importancia, por ejemplo me encanta cómo se trata la incapacidad de algunos en el gremio para adaptarse a las nuevas tecnologías, sobre todo porque se analiza mostrando sus dos caras: por un lado la hipocresía de quejarte de no ser famoso mientras reniegas de los medios que predominan en la actualidad y son vitales para darte a conocer (twitter, youtube), y por el otro señalar lo triste que resulta hacerte famoso por la inmediatez de la anécdota (una gilipollez que se torna viral en internet) por encima del respeto y disfrute bien meditado de tu trabajo.

Iñárritu además apuesta por la filigrana visual, rodando como si fuera un plano secuencia único (aunque los cortes se notan bastante), con cámara en mano (Lubezki espléndido como siempre) y mezclando trucajes y efectos especiales con maestría. Aparte de deslumbrar, de dejarte fascinado incapaz de apartar la mirada de un relato muy vistoso, te introduce de lleno en el ambiente: el teatro cobra vida, parece que estás viviendo en él codo con codo con los protagonistas.

Siguiendo con la idea de no marcarse un drama, sino un homenaje con sátira, la narración va sumergiéndose cada vez más en la fábula, hasta llegar a un tramo final que mezcla realidad y los delirios del protagonista sin dejar del todo claro cuál es cuál, para terminar con un desenlace abierto a la imaginación, a la opción que quieras elegir. De hecho es tan abierto que descoloca si te esperas que haya un cierre claro para la odisea del personaje. Pero sólo los espectadores que no saben pensar y no quieren reflexionar, que lo quieren todo clarito y directo, saldrán defraudados (de hecho casi parece una crítica hacia ellos).

Como planteamiento, la idea de Birdman es imaginativa, innovadora y valiente, y a la hora de su ejecución Iñárritu tiene la inteligencia y habilidad para conseguir la obra vistosa, emocionante, divertida y reflexiva que pretendía. Sólo se pueden señalar dos aspectos algo grises: los altibajos en el ritmo y la banda sonora. Por intentar abarcar distintas historias sobre el mundo del cine hay capítulos menos llamativos que otros, algunos incluso algo inconexos (las visitas a la azotea no parecen esenciales), que afectan un poco al ritmo, transmitiendo la sensación de que a veces la historia no va en una dirección concreta; además el tramo final pierde un poco de fuerza comparado con la vivaz e intensa experiencia previa. Y no entiendo qué pretendía con el extraño enredo que monta con la banda sonora: una batería que incluso aparece de vez en cuando, que resulta más bien contraproducente, porque confunde y no aporta ningún matiz concreto a la escena, sólo ruido de fondo.

Estos deslices para mí apartan a Birdman de ser una película perfecta, pero lo que queda no es poco: una vibrante y original comedia irónica sobre el séptimo arte realizada e interpretada con maestría que nos recuerda que aún hay talento e imaginación en Hollywood.

Es una sorpresa que un título tan alternativo y bastante rebuscado e inteligente se alzara con los Oscar más importantes por encima de los dramones prefabricados que adoran en los dichosos premios. Eso sí, Michael Keaton y Edward Norton merecían ganar muchísimo más que Eddie Redmayne (La teoría del todo) y J.K. Simmons (Whiplash).

Magia a la luz de la Luna


Magic in the Moonlight , 2014, EE.UU.
Género: Comedia, romance.
Duración: 97 min.
Dirección: Woody Allen.
Guion: Woody Allen.
Actores: Colin Firth, Emma Stone, Marcia Gay Harden, Eileen Atkins, Hamish Linklater, Simon McBurney,

Valoración:
Lo mejor: Los personajes son interesantes, la trama sencilla pero amena.
Lo peor: Le falta garra, ritmo y resulta muy predecible además de algo forzada.

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Un mago, escéptico hasta la médula, es llamado por un amigo para comprobar juntos si una chica que dice ser vidente podría ser la prueba que derrumbe su concepción del universo.

El punto de partida promete una comedia de enredo donde además poco a poco aparece el romance, y el dibujo inicial de los personajes es también atractivo, sobre todo el del protagonista (Colin Firth). Pero esa gran comedia que parece guardar el planteamiento no llega a madurar nunca. Hay varios factores que se unen para frenar sus posibilidades. La historia carece de originalidad, sigue un camino muy predecible y además se la ve como encorsetada, anclada en una dinámica muy limitada. Es decir, se repiten el mismo tipo de escenas una y otra vez (cansinos paseos en coche), se fuerzan tópicos (la lluvia los aísla y acerca), e incluso se incluyen giros que parecen metidos con calzador para forzar tal o cual cambio en el personaje en el momento exacto (el accidente y la visita al hospital es muy artificial).

La relación amorosa, como extensión de esas limitaciones, no termina de funcionar. Los diálogos tienen la huella de ingenio de Woody Allen y ofrecen divertidos juegos de ataque y defensa entre la pareja, pero no basta, porque no hay química (los actores tienen parte de culpa: ni Firth ni Emma Stone terminan de congeniar) y la evolución es muy facilona, incapaz de sorprender y emocionar. La intriga por ver cómo desvelarán la farsa o descubrirán la auténtica magia lleva mejor ritmo… pero tampoco tiene giros genuinos, y por extensión el final se huele a distancia.

Lo mejor es que el trasfondo buscado por Allen no se diluye en la simpleza del guion. Los mensajes sobre las esperanzas, el amor, lo que necesitan creer los humanos para seguir viviendo, etc., se intuyen sin problemas. El protagonista más que escéptico es cabezón irracional hasta el punto de que ni cree en el amor, pero la situación le hará comprender tanto las debilidades de las personas, esas que las llevan a creer en fantasías, como las suyas propias: reconocer que los sentimientos no se pueden medir con el rigor científico que pretende. Y por ello es una pena que la maduración del personaje no consiga engrandecer la pobretona historia de amor.

Nunca llega a decaer hasta el aburrimiento, tiene cierto encanto (personajes simpáticos, escenario vistoso y puesta en escena colorida) y entretiene sin problemas, pero resulta intrascendente y se olvida en cuanto termina la proyección.

The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro


The Amazing Spider-Man 2, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 142 min.
Dirección: Marc Webb.
Guion: Alex Kurtzman, Roberto Orci, Jeff Pinkner.
Actores: Andrew Garfield, Emma Stone, Jamie Foxx, Dane DeHaan, Colm Feore, Sally Field.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Si no esperas nada puede resultar entretenida.
Lo peor: Batiburrillo de personajes y tramas bastante inestable. Larguísima y descentrada. Efectos especiales flojos tirando a malos.

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Alerta de spoilers: Si a estas alturas no conoces el momento clave de la relación de Peter y Gwen habrá spoilers gordos. —

He intentado pensar y plasmar cómo es posible que una saga tan innecesaria, intrascendente y estulta puede tener tantísimo éxito, pero no soy capaz de darle sentido. Además, es evidente que las hay peores. El público es así de poco exigente y fácil de atraer a ver las mismas historias una y otra vez. Setecientos millones hizo la primera entrega, otros setecientos la segunda. La tercera y capítulos paralelos ya están en marcha.

Dos horas y veinte minutos de peleas con numerosos villanos, líos amorosos, fantasmas del pasado acosándole, la responsabilidad de ser superhéroe sobre sus hombros… Dos horas veinte y… ¿ha madurado algo el héroe, hemos disfrutado con sólidos y atractivos personajes secundarios, ha dejado la contienda buenos dilemas éticos o tan siquiera ha sido entretenida y espectacular? Nada de nada, todo es intrascendente cuando no trivial. Spidey es un cero absoluto, en interés, carisma y profundidad. Sus motivaciones, pensamientos y luchas internas son superficiales, casi irrelevantes. Tantísimo metraje y no son capaces de mostrar un personaje central fuerte cuyo viaje transmita alguna mísera sensación. A veces ve el fantasma del padre de Gwen, como si quisieran decirnos que arrastra algún trauma, pero ni sus acciones ni su forma de ser nos muestran heridas. Y lo peor es que la evolución como héroe es nula. Empieza como empezó la primera película y acaba igual. Asume el rol de héroe o lo rechaza sin razones de peso, casi aleatoriamente. No parece haber aprendido nada de la lucha, de las pérdidas, de los hallazgos sobre su padre… Han pasado muchas cosas. Pero no ha ocurrido nada.

La química con Gwen sigue siendo completamente inexistente. En parte son los diálogos infantiles, las escenas románticas de serial cutre (Crepúsculo a la cabeza), en parte que los actores no están cómodos en sus papeles. Emma Stone se desenvuelve mejor que en la primera entrega, donde no había manera de creérsela como niña de instituto, pero su simpatía no basta para llenar un personaje tan plano. Andrew Garfield estoy seguro de que vale para más, de hecho en alguna escena está bastante intenso, pero vuelvo a todo lo dicho: su rol tampoco deja margen alguno, y seguramente por ello no son capaces de transmitir verosimilitud en el romance.

Ni punto de comparación con el Spider-Man de Sam Raimi encarnado por el carismático Tobey Maguire, en el que mostraban bien sus numerosos problemas y agobios: los villanos daban más juego (sobre todo en los capítulos 2 y 3), su evolución era más clara, los líos de chicas más variados y jugosos; y Mary Jane no sería fiel al cómic, pero era un personaje sólido y encantador.

El resto de protagonistas son puro adorno para cumplir con el género. Sin dar pie a buenos enfrentamientos y dilemas ni en general servir como punto de inflexión en la vida del héroe sólo ocupan metraje. Electro se define con algún cliché pero apuntaba maneras, y sin embargo no lo aprovechan, enseguida es engullido por el otro gran fallo de la película: la supeditación completa a los efectos especiales. El Duende Verde está en las mismas condiciones: el afligido y lleno de ira Harry Osborn parte de lo básico pero podría haber sido suficiente si se hubiera dirigido hacia alguna confrontación con más enjundia, que todos los pasos que da son de manual.

El guion no sabe manejar tanto como han querido meter. Todos los elementos y clichés del género y del cómic del que nace están presentes, pero ninguno destaca, todos van puestos en fila de mala manera. Los saltos entre tramas, personajes y situaciones no parecen seguir un orden, las secciones no tienen la conexión suficiente para generar en conjunto un relato coherente y atractivo, a duras penas convergen en alguna idea en común. Es decir, parece haber varias películas en una, empieza y acaba dos o tres veces. Rhino sobraba por completo, los guiños o breves apariciones de otros villanos saturan (Octopus, Felicia y otros que no conozco), los saltos entre Osborn y Electro ocupan mucho metraje para lo poco que dicen y su unión llega tarde y no muy bien.

Además, Gwen metida con calzador en el clímax, con diálogos irrisorios y su destino completamente desaprovechado, dejan claro que ni con uno de los momentos más importantes en la vida de Spider-Man saben estar a la altura. El hábil arácnido es capaz de lanzar telarañas en las situaciones más complicadas (la fantasmada en la escalera electrificada cuando se presenta Electro) pero salvando a Gwen falla estrepitosamente. Y las consecuencias de su pérdida son… pasarse meses mirando la tumba, para luego coger el traje y seguir soltando chistes. ¿Vemos alguna transición en el héroe, el evento lo marca o cambia? Ni una pizca, la muerte de la chica se lo han tomado un elemento de la trama con el que cumplir y no le han dado la categoría y consecuencias que merecía.

Otros tantos detalles son muestra de la poca calidad e inteligencia del guion de Alex Kurtzman, Roberto Orci y otros tantos. El discurso absurdo de Gwen de forzado no hay quien se lo trague, la enfermera aprendiz dando órdenes es un intento absurdo y tardío de mostrar la innecesaria evolución de un rol secundario, el prólogo tan largo y el epílogo que parece el inicio de la tercera parte evidencian que no saben ir al grano, sintetizar y ser sutiles. En ese sentido, resulta descarado que recurren a trampas argumentales muy obvias: Oscorp es un comodín multiuso, todos los personajes y tramas surgen o pasan por ahí para ahorrar tiempo y complicaciones y ponerlos rápidamente en la órbita de Spidey.

Para colmo, como espectáculo no luce lo más mínimo. Doscientos millones y los efectos especiales son mediocres tirando a malos, no superan a la primera película de Raimi, que tiene doce años ya. La recreación digital de los personajes (Spidey a la cabeza, pero antención a la horrible inserción de Paul Giamatti en la armadura de Rhino) y de la ciudad deja mucho que desear, los movimientos son irreales, la cámara se pierde en filigranas que aumentan la sensación de inverosimilitud… En la primera entrega me pareció que Mark Webb era un director clásico y serio, no dado al fuego artificial barato, pero ha descarrillado, se ha dejado llevar por el espectáculo vacuo. Todo explota en un clímax final donde hay mucho rudio y luces pero nada de contenido, nada de interés, nada de emoción.

La banda sonora ofrece un giro atrevido, con un Hans Zimmer más experimental que nunca. Me apena que prescindieran de James Horner precisamente cuando había conseguido, después de años de sequía, una partitura distintiva y bien adaptada a cada instante (breve actualización: Horner se salió del proyecto porque le parecía una mierda de película). La obra de Zimmer es original y bastante efectiva en la acción, pero muy impersonal y fría en el resto del filme.

The Amazing Spider-Man:
The Amazing Spider-Man (2012)
-> The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (2014)

Brigada de élite


Gangster Squad, 2013, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 113 min.
Dirección: Ruber Fleischer.
Guion: Will Beall, Paul Lieberman (novela).
Actores: Sean Penn, Josh Brolin, Ryan Gosling, Nick Nolte, Giovanni Rivisi, Robert Patrick, Emma Stone, Michael Peña, Mireille Enos.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Sean Penn.
Lo peor: Guion construido a cachos de otras películas, dirección horrible, Ryan Gosling perdidísimo como siempre.

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Gangster Squad (Brigada antigángster, convertida en Brigada de élite en España) es una pobre amalgama de los thrillers policíacos basados o inspirados en los criminales famosos de los años cuarenta y cincuenta, de hecho, el argumento está claramente tomado de Los intocables de Elliot Ness, una de las últimas obras remarcables del género.

El grupo justiciero se compone de todos los clichés posibles: el novato, el pistolero maduro, el manitas, el chulo ligón, el prota y líder heroico, la mujercita, la novia… Algunos parecen puestos para cumplir el cupo (el mejicano sirve para un par de chistes), otros porque pensaron que era obligatorios incluirlos pero luego no supieron manejarlos (qué aburrido es el personaje de Emma Stone), otros prometen pero luego solo dan la escena molona de rigor (el veterano y su tiro final)… El grupito se salva porque sus miembros se definen con rapidez y cada uno se reconoce bien en todo momento, y porque Josh Brolin como héroe y Sean Penn como villano funcionan correctamente gracias a su calidad y carisma como intérpretes, de hecho Penn está inmenso. Por el lado contrario, sigo sin entender qué ven algunos en Ryan Gosling, quien está tan penoso como siempre. Tiene el mismo careto en toda la película, el mismo que en todas sus películas; en escenas cumbre, cuando debe mostrar ira y rabia, da pena verlo.

La narración va a toda leche, y eso es bueno porque la proyección se hace corta, pero malo porque da la sensación de que todo se expone atropelladamente, de que muchos pasos se dan sin la dedicación y profundidad necesarias. Encontramos algunas cosas poco claras, como que los malos hallen la casa del protagonista (todo para poner a la mujer en peligro… y por eso la estupenda escena de la bañera se desaprovecha: está metida con calzador), pero las secuencias que más abundan son las que parecen refritos o fallidos homenajes al género: el clásico montaje resumiendo las acciones del grupo, las fiestas en bares más predecibles, el típico tiroteo en coche, el asalto final que se sabe perfectamente cómo acabará…

Si el guion falla por eso de tomar de aquí y de allá sin aportar nada de la cosecha propia, la dirección no funciona por lo contrario: pretende ir algo más allá y se pierde en excesos. Ruben Fleischer a veces parece imitar al género, pero otras mete salidas de tono extrañas y malogradas, como enredos visuales a lo Snatch y toques de Matrix (cámaras lentas y planos rebuscados) que quedan fatal, en ocasiones ridículos. Además, los tiroteos y peleas están tan mal rodados que no se entiende nada y a veces resultan incluso bastante cutres.

Lo mejor que puedo decir es que no es realmente mala, de hecho entretiene sin problemas. Lo que pasa es que cualquiera que haya visto algo de cine negro tendrá una sensación constante de esto ya lo he visto y de imitación pobretona. Queda muy lejos de la correcta Los intocables de Elliot Ness (1987) de Brian de Palma y a años luz de la extraordinaria L.A. Confidential (1997) de Curtis Hanson, que sí aportó savia nueva y calidad., y ni siquiera se aproxima a la infravalorada pero interesante Enemigos públicos (2009) de Michael Mann. Hasta en televisión hay producciones de mucho mayor calibre: Boardwalk Empire (2010, Terence Winter) es una lección de cine al lado de esta pobre Brigada de élite.

The Amazing Spider-Man


The Amazing Spider-Man, 2012, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 115 min.
Dirección: Mark Webb.
Guion: Steve Kloves.
Actores: Andrew Garfield, Emma Stone, Rhys Ifans, Denis Leary, Martin Sheen, Sally Field.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía.
Lo peor: Guion simple y superficial que además relata una historia de sobras conocida, con lo que no tiene interés… y no parece esforzarse en dárselo.
Detalles: Qué cargantes me resultan tantas pantallitas llenas de imágenes movimiento y que emiten ruido constantemente. ¿De verdad alguien se cree que en una oficina, y más una científica, se trabaja con esa orgía audiovisual en el monitor?

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Sin conocer a fondo lo que ocurrió en los despachos de Hollywood es difícil analizar con certeza las causas por las que se abandonó una saga de éxito entre la crítica y el público para hacer un reinicio muy poco tiempo después, pero es evidente que se debió a una mezcla indeterminada de dos factores, dinero (el presupuesto de Spider-Man 3 se fue de madre y prometía seguir creciendo en siguientes entregas) y egos, (exigencias de actores, productores, compañías involucradas, derechos de autor) que bien merecería un reportaje extenso en alguna revista de cine en vez de los artículos publicitarios escritos con plantilla que hacen. Es decir, es otro caso de productoras cinematográficas que quieren a toda costa más películas de un género o saga de éxito. Les da igual las que ya existen, pueden rehacer, reinventar o reiniciar (la inteligente y trascendental Hulk contra el bodrio comercial El increíble Hulk), o pueden fingir que no existen si no convencen (X-Men: La decisión final y Lobezno no se tienen en cuenta para X-Men First Class y venideras, Superman Returns no cuenta para Superman: Man of Steel), y todo ello por lanzarse a por el dinero rápido en vez de hacer las cosas bien (algo que da incluso más beneficio, como demostró Christopher Nolan con su BatmanI y II-). Así pues, Spider-Man tenía mucho tirón como para estar en la nevera demasiado tiempo.

Las comparaciones son inevitables, así que en todo momento comparo con otras del género, sobre todo con el capítulo inicial de la trilogía de Sam Raimi.

En apariencia da la sensación de que con The Amazing Spider-Man buscaban un acercamiento más oscuro y serio (siguiendo la exitosa estela de Batman, aunque no en un estilo tan trascendental y complejo), pero si bien visualmente es sombría y el Spidey está más atormentado, lo cierto es que el guion tropieza una y otra vez con detalles que lo alejan de esa idea inicial. El romance juvenil peca de tontorrón y largo, resultando una comedia tan fallida como la de Raimi, y hay salidas de tono difícilmente perdonables: me sorprende que la gente reniegue del logrado baile del Peter malvado en Spider-Man 3 y acepte aquí la irrisoria forma de descubrir los poderes (las escenas cómicas en su casa o en el metro son ridículas). Así pues, al no encajar el contenido con el tétrico aspecto visual, la cinta resulta algo confusa y pretenciosa: finge ser oscura y trascendente pero no lo es.

El desarrollo de la historia sigue todos los puntos esperables y admisibles en el género, pero lo hace con tan poca intensidad y originalidad que no consigue despertar mucho interés. Carece de la fuerza y emoción de obras como Spider-Man 2, de la capacidad para entretener que tenía Iron Man y de la profundidad y riesgo de los Batman de Nolan; eso sí, nunca llega a dar vergüenza ajena como títulos infames del calibre de Los cuatro fantásticos. Cada sección, escena y acontecimiento se ve venir de lejos, y aunque los diálogos y situaciones dan de sobras para construir una aventura digna, ésta es incapaz de dejar huella. Y peros tiene unos cuantos. Los personajes son irregulares (luego me extiendo sobre ello) y la aventura no deslumbra en las obligadas confrontaciones entre héroe y villano. Las peleas con el Lagarto son correctas pero nada llamativas: la del puente sabe a poco y el desenlace es muy poca cosa, amén de tener una secuencia que resulta un despropósito: la escena de las grúas. Si los espectadores se quejaban de la conexión de Spidey con el pueblo en las de Raimi, aquí se alcanza un nivel de cutrez enorme. Resulta que está herido y se empeña en hacer saltos grandes a los que no llega, en vez de seguir como antes, de edificio en edificio, pero por suerte los currelas se ponen de su parte y le ayudan con las grúas. El tono sensiblero forzado, la casualidad de que haya tanta grúa en fila sin obras a la vista… Es una forma completamente fallida de alargar el clímax y meter la reacción del pueblo ante la presencia de un superhéroe. Y para colmo, cuando llega al edificio de repente se le cura la pierna y puede hacer todo lo que hace un minuto era incapaz.

Andrew Garfield ofrece una interpretación intensa en los momentos más difíciles, logrando hacer creíble a un adolescente con problemas. El problema radica en el personaje. Es demasiado joven para unas cosas (para el actor elegido, para sus geniales conocimientos de ciencia salidos de la nada) y demasiado mayor para otras (los ligoteos de adolescente recién entrado en la pubertad). Este desequilibrio lastra unas cuantas escenas de la película, pues de repente pasa de niñato a genio o de criajo inútil y enrabietado a superhéroe capaz sin que haya una transición visible. Emma Stone no conecta lo más mínimo con su rol (qué forzada está en algunas escenas intentando parecer una niña) y la química con Garfield es mínima, con lo que la relación amorosa no funciona. El Spider-Man y Peter Parker que mostró Raimi fue mucho más equilibrado y a Tobey McGuire se lo veía más cómodo en su papel, y Mary Jane era un personaje con mucha más presencia (interés e importancia) que Gwen, amén de que Kirsten Dunst mostró más vitalidad y carisma y la relación entre ambos transmitía credibilidad y emoción.

Siguiendo con los desequilibrios de los personajes, la cinta falla en otro aspecto crucial: el mensaje de la gran responsabilidad que traen los superpoderes se pierde en una excesivamente larga e intensa ansia de venganza (por no decir que los malabarismos para no repetir la frase estrella “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” resultan penosos). Por mucho que Spidey suelte más chistes que el de Raimi no deja de ser un macarra sin progresión que lo lleve a convertirse en el héroe. Al final se supone que capta el mensaje, pero entonces rompe la promesa para ligar con la chica olvidando todo lo aprendido, volviendo así al punto de inicio… ¡Dos horas de película para que todavía no se haya visto al auténtico Spider-Man! En cuanto a los secundarios, los tíos de Peter están un peldaño por debajo de los vistos en la de Raimi, sea porque se los describe mediante clichés o porque no resultan tan simpáticos (tía May es bastante cargante); el Lagarto (Rhys Ifans) es un villano sin carisma (y aun así mejor que el insulso Duende Verde), con una progresión tan previsible y simplona que aburre, con tontadas incomprensibles, como que a su alrededor aparezcan lagartos en cantidad (¿?), y con un final incapaz de aportar nada de emoción ni contenido (¿ha aprendido algo el héroe en la contienda?, nada de nada); el agente de policía y padre de Gwen (un estupendo Denis Leary) resulta más interesante que el villano, ofreciendo puntos de vista más inteligentes (el único momento en que a Spidey se le ponen límites morales es en la cena familiar) y atractivos (su destino atrae más que el del Lagarto, aunque sea otro cliché cansino).

En una valoración global, diría que The Amazing Spider-Man llega al aprobado, superando así a la primera película de Raimi, que me pareció bastante más regulera. Es simple y fácil pero entretenida, y es predecible pero no del todo insípida. El guionista Steve Kloves hace más o menos lo mismo que en Harry Potter: escribir un relato superficial y anodino. Por el contrario su acabado visual resulta bastante correcto, con una buena dirección de Marc Webb (el director de 500 días juntos está más centrado que el Raimi inicial) que aprovecha muy bien una fotografía de gran nivel (aunque la obsesión por la iluminación oscura no funciona y le quita varios puntos). Para pasar el rato es un visionado agradable y simpático si se aborda con las exigencias al mínimo… Pero precisamente por estar tan limitada la considero un fracaso. Si llegara diez años atrás seguramente la considerara buena película del género, pero ahora no aporta absolutamente nada, es un remedo insustancial de todo lo visto en el cine de superhéroes hasta la fecha y desde luego es un reinicio incomprensible y absurdo. Para qué hacer un reset cuando tenías armados tan buenos personajes e historias, por qué volver atrás en vez de seguir hacia adelante, por qué en esas condiciones no se esforzaron en hacer algo realmente distintivo y de calidad… The Amazing Spider-Man es una de las películas más innecesarias de la historia. Que la gente fuera a verla al cine dice bien poco del nivel de exigencia del espectador…

… Y de hecho la taquilla fue tan buena que habrá segunda parte. Viendo la poca garra, originalidad y valentía del guion, en principio dudo de que su secuela sea capaz de dar el salto hacia algo interesante y de mayor calidad… pero tampoco esperaba nada en la trilogía de Raimi tras el insulso primer episodio, y luego se convirtió en una saga digna de recordar (II y III), así que quién sabe.

The Amazing Spider-Man:
-> The Amazing Spider-Man (2012)
The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (2014)

Criadas y señoras


The Help, 2011, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 146 min.
Dirección: Tate Taylor.
Guion: Tate Taylor.
Actores: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O’Reilly, Allison Janney, Sissy Spacek.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Historia muy bien narrada, llena de personajes excelentes. Un gran reparto. Una música muy bonita.
Lo peor: Nada.
El título: Por una vez, el título en castellano es mejor que el original.

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La historia de cómo se fue gestando el final de la diferencia de clases entre negros y blancos en los años 60 (más de cien años después de la abolición de la esclavitud…) se ha abordado de muchas maneras, al igual que la aventura de la persona con ideales modernos enfrentada a un mundo abrazado a las injusticias por comodidad e ignorancia. Pero una buena película en parte lo es porque aporta una visión original y bien narrada sobre cualquier argumento, por muy visto que esté. Y Criadas y señoras se quita de un plumazo cualquier atisbo a cine pasado de moda, a historia demasiado clásica, ya sea por la recreación de la época cuidada a todos los niveles (realismo, detallismo, confección de personajes) o porque ofrece una perspectiva muy cercana y humana: deja de lado la política (aunque algo se ve de fondo en las noticias) y los dramas trágicos para centrarse en el día a día de unas pocas y deliciosas protagonistas.

Basándose en una novela de Kathryn Stockett, Criadas y señoras narra una historia ficticia (aunque no lo parece) en la que una serie de eventos revolucionan un pequeño pueblo sureño, haciendo tambalear el obstinado conservadurismo y las injusticias que éste genera. A través de un crisol de personajes de distinto origen y condición vemos la forma de vida de la época, los roles de cada clase, género y estatus social, los clichés, las costumbres y situaciones que llevan a la desigualdad y la opresión. El guion expone la situación de forma magistral a través de personajes definidos con sumo detalle, donde cada rol sirve para desarrollar un ejemplo de la condición humana y todos juntos muestran las grietas de la sociedad que formamos.

La situación de equilibrio social sustentada sobre el miedo a cambiar por un lado y a luchar contra las normas inmorales por el otro se rompe cuando entra en juego una joven blanca que, tras haberse formado en la universidad, vuelve a su pueblo con energía e ideales y se topa con la sinrazón del racismo, el estancamiento de la sociedad conservadora y las absurdas pajas mentales de sus obtusas amigas y familias, que ven todo intento de progresismo como un ataque a su propia existencia. Lo de siempre en las sociedades humanas, vamos. Su entusiasmo y determinación por sacar adelante su vida laboral (pretende ser escritora) y su conciencia ante la situación la llevan a preparar un libro que saque toda la inmundicia que las señoritas pijas blancas vierten sobre las criadas negras.

Sustentando las magníficas protagonistas hallamos el que probablemente sea el reparto más espectacular del año. La indómita y entusiasta Skeeter recae en una joven pero eficaz Emma Stone (estrella emergente tanto por belleza como por calidad); las dos principales criadas, las explotadas y abatidas Aibileen y Minny (la del pastel de mierda) son retratadas de forma impresionante por Viola Davis y Octavia Spencer respectivamente (premios en cantidad se han llevado las dos); la descentrada y rechazada ricachona Celia es mostrada por una brillante Jessica Chastain (a la que los kilos ganados para el papel le sientan de maravilla y quien ha pegado el pelotazo en 2011 con El árbol de la vida y Criadas y señoras marcándose papelones en ambas), y Bryce Dallas Howard realiza una gran composición de la retrógrada Hilly. Redondeando el plantel, en un apartado más secundario tenemos a dos inmensas veteranas: Sissy Spacek y Allison Janney. Pero como suele ser habitual, el doblaje empobrece estas estupendas labores, de hecho en este caso supone una limitación notable más allá de perderse la interpretación real: no se distinguen a las mujeres unas de otras (todas parecen tener la misma voz chirriante) y se eliminan los acentos entre clases/razas. Parece un telediario de Canal Sur, donde nadie tiene el acento del lugar.

Pasar de las dos horas en un relato que oscila entre la comedia y el drama ligero puede parecer excesivo, pero entre la cantidad y calidad de personajes y tramas y la fluidez de la narración la proyección pasa volando sin decaer lo más mínimo en ningún instante. Todas las líneas se entrelazan de forma exquisita, nunca parece haber un cabo suelto o una protagonista fuera de lugar en este filme perfectamente equilibrado. Hasta la narración en off funciona muy bien complementando momentos clave.

Criadas y señoras es una película que tiene de todo, y todo puesto en su sitio y en su justa medida. Una película que da todo lo que se espera del buen cine: entretenimiento que no olvida la inteligencia ni la calidad, que emociona en cada minuto de metraje pero también deja buen poso días tras su visionado, y que además también sirve como crítica y enseñanza de los males de la humanidad. Sin ser deslumbrante como para hablar de una cinta memorable, sí me parece que ha sido de las mejores producciones en un año en el que como ocurre más veces de las deseadas triunfan o se aplauden títulos claramente inferiores. Curiosamente tiene muchísimos elementos que gustan en Hollywood, de hecho es un filme que huele a Oscar en cada plano, pero a pesar de que (junto a Hugo) supera claramente a todas las demás nominadas (incluida a la ganadora, The Artist), pasó sin armar mucho revuelo. En la taquilla le fue bastante bien, sin embargo.