El Criticón

Opinión de cine y música

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Rey Arturo: La leyenda de Excálibur


King Arthur: Legend of the Sword, 2017, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 126 min.
Dirección: Guy Ritchie.
Guion: Guy Ritchie, Lionel Wigram, Joby Harold, David Dobkin.
Actores: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsoy, Aidan Gillen, Freddie Fox, Neil Maskell, Annabelle Wallis, Kingsley Ben-Adir, Craig McGinlay, Eric Bana.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: El dinero luce: vestuario, decorados y escenarios digitales impresionantes.
Lo peor: El guion es un torpe recopilatorio de los clichés del género. El director imprime mucho frenesí pero poca coherencia.
Mejores momentos: El intento de asesinato y la posterior persecución.

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Si las leyendas sobre el Rey Arturo no estaban lo suficientemente vistas, no digamos lo predecible y aburrida que puede resultar si volvemos a ella pero dejándola sólo en el armazón, una historia fundacional de la fantasía que ha sido exprimida durante años y años. El príncipe perdido pero con un destino que lo traerá de vuelta a la acción, el villano malvado porque sí y sus secuaces oscuros, el grupo de amigotes supuestamente simpáticos, el viaje, los objetos mágicos, la aceptación del destino, la guarida del enemigo, la lucha final. Desde el año 2000, con la explosión de las nuevas tecnologías, el género fantástico ha proliferado como setas, sobre todo tras los éxitos de El Señor de los Anillos (2001) y Harry Potter (2001). Obras rescatables más bien pocas: La Comunidad del Anillo (2001), pues en adelante esa saga patinó a lo grande, y quizá un par de capítulos del niño mago (tercero y cuarto: El prisionero de Azkaban -2004- y El cáliz de fuego -2005-). En la línea mediocre de este nuevo Rey Arturo, un montón, las más recientes y parecidas, La leyenda del samurái: 47 Ronin (2013), John Carter (2012) y Warcraft (2016), aunque podría citar también El destino de Júpiter (2015), que lleva el escenario al espacio pero cumple con todos los estereotipos.

El Guy Ritchie tan original y virtuoso de Lock & Stock (1998), Snatch: Cerdos y diamantes (2000) y RocknRolla (2008) parece estar diluyéndose en la deriva comercial de su carrera iniciada con Sherlock Holmes (2009). Ese episodio inicial de otra historia muy reutilizada se sostenía aceptablemente bien por su enérgico aspecto visual, pero en el segundo el desgaste ya era bien patente. En Operación U.N.C.L.E. (2015) su vitalidad realzaba bien un guion también muy pobre y anticuado, pero se seguía notando una deriva, menos pasión e ingenio que antes. En Rey Arturo entramos ya en una triste debacle de la que espero que se recupere.

Da la sensación de que Ritchie sabía que el libreto que tenía entre manos no valía un pimiento, así que no se corta a la hora de intentar darle un giro con su narrativa de estilo diferente, atrevido. Pero sin la mágica conexión entre la puesta en escena excéntrica y el desarrollo de la trama y los personajes que mostraba en sus primeros trabajos, un guion de escasa calidad y calado puesto en imágenes en plan loco tiene todas las de resultar un desastre. No logra una cohesión y personalidad suficientes para conseguir una película sólida y vistosa, de hecho ocurre lo contrario, salvo unos pocos enredos que se pueden considerar útiles lo que queda es un experimento hiperactivo, descentrado, incapaz de disimular las carencias de base y que añade más problemas.

El caos se apropia de un relato en principio simple pero que termina siendo incluso confuso. Esas explicaciones que reserva para exponer en algún flashback supuestamente molón, como por qué acaba la espada en la piedra, lastran capítulos que requerían ese conocimiento para resultar inteligibles, para no desconcertar arrastrando preguntas. Los recursos modernos quedan anacrónicos en la mayor parte de las situaciones, alguno incluso resulta delirante, como esos planos de los edificios que parecen dibujados por un arquitecto técnico, y sobre los que no hay forma de creerse que los protagonistas, todos del pueblo llano, pudieran entenderlos. Y para rematar, preparan las distintas fases del plan hablando de minutos. Que usen pólvora como si fuera habitual en esos tiempos, tengan unas armaduras alucinantes y muchos vistan como moteros (cuero negro, botas de impresión) se puede justificar con que es fantasía, pero los más puristas se quejarán con razón de que podían haber representado mejor la época. Se macera todo con música percusiva machacona, con ritmos rock pero sin ser rock; por suerte al menos no se han atrevido a meter guitarras metaleras en primer plano, un riesgo que tiene todas las de salir mal.

Hasta las técnicas que funcionan medio bien son cuestionables. El resumen de la juventud de Arturo parece de primeras que ahorra muchos minutos… pero una vez pensado en frío resulta muy obvio: no hacía falta tanto enredo para decir que ha crecido aprendiendo a sobrevivir en las calles, bastaba con demostrarlo con su comportamiento, con las relaciones con sus amigos y enemigos y con sus habilidades. Lo mismo le ocurre al viaje por el otro mundo para mostrar su valía: incluso resumido en plan veloz resulta poco emocionante y muy trillado.

Cuando mejor resulta la cinta es precisamente cuando Ritchie se contiene un poco y piensa mejor en qué recursos son necesarios. La larga persecución posterior al intento de asesinato es la mejor parte de acción: grandes panorámicas y carreras por las calles exprimen el presupuesto a lo grande, y el realizador imprime ritmo y energía sin pasarse de rosca con los enredos visuales. Pero sólo este acto central funciona. El inicial es demasiado previsible, no engancha con fuerza. Y conforme nos lanzamos al desenlace vuelve ese tono predecible sobrecargado de excesos y la fantasía explota en un videojuego vergonzoso. Arturo matando gente a toda velocidad con la espada, en plan “le he dado al botón de hacer magia”, y el enfrentamiento final tan artificial pero inerte, con Vortigern transformándose en el monstruo de final de fase, carecen de la más mínima emoción y en lo visual resultan esperpénticos.

La falta de carisma de Arturo es otro gran lastre. El intento de mostrar sus penurias y que se ha hecho fuerte a base de los palos que da la vida no llega a funcionar, a eliminar la sensación de que es el mismo personaje de siempre, sobre todo porque una vez el destino lo alcanza todos los clichés explotan en fila sin trabajar lo más mínimo su psique. Estamos ante otro personaje que dice que no reiteradamente pero al final se apunta a todo. No quiere saber nada de la rebelión, no le importa el mundo más allá de su supervivencia, pero termina aceptando porque tiene pesadillas, y en cuanto dice que sí, de repente le importa todo eso y se hace amigo instantáneamente de los que lo han secuestrado. Y cómo no, de ahí en adelante todo le cae encima sin que se plantee mucho las cosas, y todo se resuelve con magia. Finalmente, me temo que mi apreciado Charlie Hunnam, al que sigo desde que lo conocí en su gran papel en Hijos de la anarquía (2008), es parte del problema, aunque Ritchie tendrá también bastante culpa al no dirigirlo bien: no parece poner esfuerzo en la composición del personaje, se limita a repetir el papel del motero criminal, un chulo pasota con gestos de matón de barrio; sólo le ha faltado la cadena colgando del pantalón. Los secundarios están en manos de buenos actores ingleses la mayoría, pero los personajes no tienen valor alguno, cada uno cumple el estereotipo de rigor: en el grupo de amigos tenemos al tipo ingenioso, al duro, al simpático… ni falta el de las artes marciales metido con calzador; en los villanos encontramos los típicos generales sin alma y un líder que es malo porque sí; este último lo interpreta Jude Law con cierto esfuerzo por poner caras de demente, pero no hay donde rascar y termina resultando caricaturesco.

En cierta manera es entretenida, pero sólo si te ríes por sus clichés tan tontos y su estilo sin mesura. Entiendo que quienes fueron esperando una película seria (porque fantasía no tiene por qué significar gilipollez infantil) salieran defraudados. Con los pésimos resultados de crítica y taquilla (dejará bastante pérdidas) con toda seguridad nos hemos librado de tener otra serie mediocre copando las carteleras.

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El único superviviente


Lone Survivor, 2013, EE.UU.
Género: Acción, bélico.
Duración: 121 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg, Marcus Luttrell y Patrick Robinson (novela).
Actores: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch, Eric Bana, Ben Foster, Ali Suliman, Alexander Ludwig, Jerry Ferrara.
Música: Explosions in the Sky, Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Dominio absoluto de la técnica (dirección, fotografía, montaje, sonido…) que ofrece escenas de acción incomparables.
Lo peor: Por las peculiaridades del género y el argumento no es un visionado que deje huella.

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El único superviviente es la consagración de Peter Berg como director después de presentarse de forma muy prometedora con la macabra Very Bad Things y pasar a segundo plano dando muchos tumbos con producciones de escaso nivel. Friday Night Lights era aburrida y su puesta en escena excesiva y malograda, el tono simplón de Hancock y La sombra del reino no parecían señalar hacia el talento y la maduración sino hacia el acomodamiento, y finalmente Battleship, hecha como imitación a lo pobre de Michael Bay, apuntaba realmente bajo. Pero la aquí tratada recupera al realizador arriesgado y hábil que domina la narrativa sin vacilar lo más mínimo, deslumbrando con un aspecto visual realmente difícil de obtener sin la visión y técnica de la que hace gala.

La premisa, basada en hechos reales (en la novela del superviviente), es bastante básica: unos soldados destinados en Afganistán quedan incomunicados al abortar una misión y salen por patas porque una buena tropa de talibanes los persiguen a tiros. Solo uno sobrevivirá, y a duras penas. El guion como es esperable apuesta por lo sencillo y directo. Los personajes se definen tirando de alguna descripción trivial pero lo suficientemente sólida como para darles algo de profundidad, así como a través de los problemas que van surgiendo, donde se muestra bien cómo piensa y actúa cada uno. En este último estilo entra el dilema de si matar o no a los pastores que los descubren, donde discuten sobre las ramificaciones políticas y éticas de las acciones a tomar. Es un momento muy intenso donde se expone bien que en una guerra no siempre se pueden aplicar las normas a rajatabla, y donde se saca buen partido de los personajes, pues hasta entonces tenían cierto carisma pero esa escena los humaniza mucho antes de lanzar el grueso de la acción.

Antes de entrar en materia el ritmo es correcto aunque no haya un contenido especialmente llamativo. Los primeros pasos de la misión enganchan porque vamos conociendo cómo se ejecuta una tarea de ese tipo, y en los momentos de calma chicha se maneja bien la tensión. Pero a partir del punto de inflexión comienza la acción y Berg tiene claro que los pilares del relato son básicamente disparar y tratar de salvarse y por ello se esfuerza por sacarle el máximo partido a la puesta en escena. A partir de entonces la cinta resulta trepidante, sobrecogedora por momentos, pero no se basa en fuegos artificiales, sino que mantiene el foco en el tono bélico documental, resultando tanto espectacular como verosímil en la acción e intensa en el drama que viven los personajes. En todo momento se pueden ubicar los enemigos y los protagonistas, en qué situación se encuentran y qué heridas tiene cada uno: cada golpe, arañazo y balazo se ve con claridad y sabes quién se lo ha llevado. Carreras entre los árboles, caídas por barrancos (las hostias que se pegan te llegan a doler), tiroteos con estrategia, tiroteos a la desesperada… Te sumerges por completo en la odisea del grupo por salir con vida.

La luminosa fotografía con excelente uso de cámara en mano, el impecable montaje y los sobresalientes efectos sonoros (¿cuándo has escuchado silenciadores reales en una película?) son exprimidos por un Peter Berg inspirado, perfeccionista y paciente. ¿Cuánto costaría planificar, rodar y editar cada minuto de metraje? El resultado es excepcional, no se han visto escenas de acción bélica tan impresionantes, nítidas y verosímiles desde Black Hawk derribado (con la que por cierto guarda algunas semejanzas puntuales, como la escena del helicóptero abatido). Lo que se dice fallos o problemas no tiene ninguno, lo único que se puede señalar es que le falta algo para lograr ser una película que deje huella. Algún elemento que la hiciera distintiva dentro del género (tanto acción como bélico), una historia con más épica y pegada, y algo de trascendencia que permitiera recordarla más allá de ser un entretenimiento le hubiera venido bien, pero lo mismo ni lo buscaban, y además era muy difícil con un argumento de este tipo. Esto implica también que resulta un ejemplo notable de lo que debe ser un buen título de acción de ver y olvidar: el guion es sencillo pero no estúpido y visualmente resulta enormemente impactante sin tirar de acción hipertrofiada ni efectos digitales. Menos Transformers y más obras de este tipo, por favor.

Ahora bien, como producción de Hollywood es casi inevitable ver cierto tono patriótico, y no hubiera sorprendido tampoco que fuera un panfleto descarado. Hay algo de sensacionalismo barato, como esas muertes de los protagonistas reincidiendo en su heroicidad más de la cuenta (hasta resultar empalagoso en algún caso), y algo de exaltación patriótica, como eso de que sean los yanquis quienes salven al pueblo del avance talibán cuando en realidad no hubo tal batalla, pero nada llega a extremos que te hagan llevarte las manos a la cabeza. Se hubiera agradecido más neutralidad, pero sabiendo que es el retrato de unos héroes nacionales tampoco cabría esperar otra cosa.

Star Trek 2009


Star Trek / Star Trek 2009 , 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 126 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Eric Bana, Leonard Nimoy, Bruce Greenwood, Karl Urban, Zoe Saldana, Simon Pegg, John Cho, Anton Yelchin.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y buenos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Personajes mediocres, actores mediocres, guion inmaduro e insustancial, puesta en escena artificiosa y ruidosa… Y que utilicen a los personajes clásicos para este despropósito en vez de empezar en otra época y con otros protagonistas.
Mejores momentos: El prólogo, con algunos momentos alucinantes como…
El plano: … la tripulante que sale despedida de la nave durante el ataque.
El título: Ya le podían haber puesto un nombre concreto para diferenciarla del resto de la saga, que tenemos que citarla por el nombre del director o el año. Para una vez que hace falta no ponen un subtítulo.
La pregunta: No sé si es un cambio en la traducción o está así en el guion original: ¿por qué las clásicas naves Aves de presa pasan a llamarse Halcones?

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En un principio no esperaba nada de ella, pero como me ocurre en más ocasiones de las debidas mi vena friki me pudo. Los espectaculares avances, las ganas de no quedarme sin temas de conversación en los foros y finalmente las entusiastas críticas me llevaron a rastras al cine. Asistí a la proyección con bastante curiosidad, intentando ir sin prejuicios a pesar de estar convencido de que sería una actualización irrespetuosa con el original, esperando al menos encontrar un entretenimiento digno. Pero la realidad se impuso rápido. La ridícula presentación de Kirk echa por tierra las buenas sensaciones que deja el espectacular prólogo, diciendo a las claras que va a ser un producto de acción descerebrada acorde a nuestros tiempos: artificioso, ruidoso, trivial, vacuo, destinado a la masa, al consumo rápido, a engañar con fuegos artificiales a espectadores que ya han olvidado lo que es una trama coherente y atractiva, unos personajes verosímiles y una puesta en escena sólida que busque el espectáculo mediante una combinación de contenido y continente, y no sólo con un continente supuestamente muy vistoso. Star Trek 2009 es mucha parafernalia obtenida a golpe de billete, pero no tiene ni pizca de cine.

El guion es primitivo, insulso, simplista al máximo. La narración carece de rumbo, la forman escenas apresuradas, empalmadas de mala manera, que parecen sacadas de los peores videojuegos de plataformas. La falta de coherencia y credibilidad (no hay forma de hacer verosímiles a personajes tan críos y estúpidos, ni sus paseos por las naves turnándose en el mando) se agrava por los numerosos agujeros y fallas de verosimilitud (una nave minera capaz de acabar con las flotas de la Federación y los Klingon, el ilógico destierro de Kirk por parte de Spock –contraviene cualquier norma moral y legal, no hay quien se lo crea viniendo de tal personaje-), las escenas gratuitas (el salto en paracaídas, las criaturas del planeta de hielo, las cutres peleas cuerpo a cuerpo, la ya citada vergonzosa presentación de Kirk…) y las paridas insufribles (todo lo que rodea a Scotty, en especial la escena de las tuberías, y chistes tan infantiles como las manos de Kirk hinchadas) se amontonan unas detrás de otras sin un objetivo claro más allá de tratar de epatar con mucho ruido y pocas nueces.

La trama de fondo (la nave romulana) parecía salvable y además se presenta como lo único que guarda algún parecido con la saga clásica, pero no se potencia, porque la idea es centrarse en presentar a los personajes, y como estos son infames e insoportables el conjunto no resulta nada atractivo. Todos los caracteres son repelentes tópicos andantes con motivaciones forzadas o poco claras (¿qué mueve a Kirk?, ¿cómo entra en la academia y cómo aguanta ahí –atención a como se cargan el mítico Kobayashi Maru-?) o muy poco trabajadas (el resto); el único que medio se salva es Spock, y porque le dedican mucho metraje. En cuanto a las interpretaciones, Eric Bana rescata a un malo caricaturesco con su carisma y buen hacer (alguien así de impresionante tenían que haber contratado en Némesis para hacer de villano) y el cada vez más interesante Karl Urban es el único que consigue hacer algo reconocible a su personaje, pero toda la chavalería muestra notables limitaciones y, lo que es peor, un carisma nulo: Chris Pine (Kirk) me da hasta pena, Zachary Quinto (Spock) está en el registro interte con el que se dio a conocer en Héroes, y casi todos los demás no pueden ocultar que provienen de comedias tontas, o el guion se lo impide (especialmente molestas son las presencias Simon Pegg –Scotty- y Anton Yelchin –Chekov-). Indicar también que la aparición de Leonard Nimoy, aunque medio se justifique por la trama, no es más que un tramposo enlace y cebo para los viejos trekkies.

Pero para colmo, tampoco resulta nada destacable como superproducción de acción y entretenimiento, sino que también se ancla en los cánones comerciales contemporáneos. J. J. Abrams no sólo repite un tic que frenó el potencial visual de Misión imposible III, la puesta en escena histérica, sino que lo amplifica de forma descontrolada obteniendo un aspecto visual hipertrofiado: la fotografía está saturada de movimientos, colores y brillos y el montaje es caótico hasta resultar mareantes. En cuanto al estilo, como ha quedado claro se ha optado por acción trepidante sin escenificación, es decir, mucho rayito y explosiones pero nada de planificación ni de exprimir a los personajes. Cualquier otra película de la saga tiene escenas de acción y batallas espaciales mucho más interesantes (en especial La ira de Khan, Primer contacto, Aquel país desconocido e incluso la denostada Némesis), pues tienen un guion que relata algo consistente.

Y dos aspectos que no esperaba que me defraudaran lo han hecho de forma notable. Uno es la música de Michael Giacchino (una joven promesa que llevo tiempo siguiendo), que inesperadamente suena rutinaria, fría, impersonal y algo machacona; por si fuera poco el tema principal que se inventa para sustituir al viejo es un tanto simplón. Curiosamente, para mi sorpresa ha sido una música bien recibida por los espectadores poco dados a atender a este elemento. El otro es el diseño interior del Enterprise, que se limita a ser un puente de mando blanco y brillante (que no me gusta nada de nada), un pasillo y medio y unas salas de máquinas infinitas y horrendas. Por cierto, ¿por qué ese empeño en rodar muchas escenas en naves industriales? Le quita realismo, parece que se les acabó el dinero (que por lo general luce bastante bien) y se fueron a un polígono a rodar.

Los guionistas se las apañan para crear una realidad alternativa desde la que podrán dirigir la nueva etapa de la saga hacia donde se les antoje. La verdad es que no lo entiendo, no entiendo por qué cogen los personajes originales y los reinventan. Para eso lo lógico es empezar desde cero, en cualquier época que les venga en gana (mejor tras las demás películas y series, pues así tendrían un universo muy completo como base y además no se arriesgarían a pifiarla con las líneas temporales). Además, el parecido con la saga en estilo, forma y contenido es totalmente nulo, con lo que me pregunto por qué demonios no hicieron una película que no se llamara Star Trek. Pero ya se sabe que el dinero es quien manda, y una franquicia nueva es arriesgada, les resulta más fácil tomar un nombre que ya tiene prestigio. Y no les importa deformarlo por completo, me temo, con tal de engrosar los bolsillos. No soy lo que se dice un trekkie y aún así me siento estafado. Star Trek 2009 me resulta, lo mire por donde lo mire, innecesaria y fallida. Ha tenido una recepción comercial que en cierta manera era esperable, pero no hasta el punto de tener incluso muy buenas críticas, críticas que no alcanzo a comprender. Como ha gustado mucho, las secuelas ya están en marcha.

Star Trek (2009):
-> Star Trek (2009)
Star Trek: En la oscuridad (2013)
Star Trek: Más allá (2016)