El Criticón

Opinión de cine y música

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Rey Arturo: La leyenda de Excálibur


King Arthur: Legend of the Sword, 2017, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 126 min.
Dirección: Guy Ritchie.
Guion: Guy Ritchie, Lionel Wigram, Joby Harold, David Dobkin.
Actores: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsoy, Aidan Gillen, Freddie Fox, Neil Maskell, Annabelle Wallis, Kingsley Ben-Adir, Craig McGinlay, Eric Bana.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: El dinero luce: vestuario, decorados y escenarios digitales impresionantes.
Lo peor: El guion es un torpe recopilatorio de los clichés del género. El director imprime mucho frenesí pero poca coherencia.
Mejores momentos: El intento de asesinato y la posterior persecución.

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Si las leyendas sobre el Rey Arturo no estaban lo suficientemente vistas, no digamos lo predecible y aburrida que puede resultar si volvemos a ella pero dejándola sólo en el armazón, una historia fundacional de la fantasía que ha sido exprimida durante años y años. El príncipe perdido pero con un destino que lo traerá de vuelta a la acción, el villano malvado porque sí y sus secuaces oscuros, el grupo de amigotes supuestamente simpáticos, el viaje, los objetos mágicos, la aceptación del destino, la guarida del enemigo, la lucha final. Desde el año 2000, con la explosión de las nuevas tecnologías, el género fantástico ha proliferado como setas, sobre todo tras los éxitos de El Señor de los Anillos (2001) y Harry Potter (2001). Obras rescatables más bien pocas: La Comunidad del Anillo (2001), pues en adelante esa saga patinó a lo grande, y quizá un par de capítulos del niño mago (tercero y cuarto: El prisionero de Azkaban -2004- y El cáliz de fuego -2005-). En la línea mediocre de este nuevo Rey Arturo, un montón, las más recientes y parecidas, La leyenda del samurái: 47 Ronin (2013), John Carter (2012) y Warcraft (2016), aunque podría citar también El destino de Júpiter (2015), que lleva el escenario al espacio pero cumple con todos los estereotipos.

El Guy Ritchie tan original y virtuoso de Lock & Stock (1998), Snatch: Cerdos y diamantes (2000) y RocknRolla (2008) parece estar diluyéndose en la deriva comercial de su carrera iniciada con Sherlock Holmes (2009). Ese episodio inicial de otra historia muy reutilizada se sostenía aceptablemente bien por su enérgico aspecto visual, pero en el segundo el desgaste ya era bien patente. En Operación U.N.C.L.E. (2015) su vitalidad realzaba bien un guion también muy pobre y anticuado, pero se seguía notando una deriva, menos pasión e ingenio que antes. En Rey Arturo entramos ya en una triste debacle de la que espero que se recupere.

Da la sensación de que Ritchie sabía que el libreto que tenía entre manos no valía un pimiento, así que no se corta a la hora de intentar darle un giro con su narrativa de estilo diferente, atrevido. Pero sin la mágica conexión entre la puesta en escena excéntrica y el desarrollo de la trama y los personajes que mostraba en sus primeros trabajos, un guion de escasa calidad y calado puesto en imágenes en plan loco tiene todas las de resultar un desastre. No logra una cohesión y personalidad suficientes para conseguir una película sólida y vistosa, de hecho ocurre lo contrario, salvo unos pocos enredos que se pueden considerar útiles lo que queda es un experimento hiperactivo, descentrado, incapaz de disimular las carencias de base y que añade más problemas.

El caos se apropia de un relato en principio simple pero que termina siendo incluso confuso. Esas explicaciones que reserva para exponer en algún flashback supuestamente molón, como por qué acaba la espada en la piedra, lastran capítulos que requerían ese conocimiento para resultar inteligibles, para no desconcertar arrastrando preguntas. Los recursos modernos quedan anacrónicos en la mayor parte de las situaciones, alguno incluso resulta delirante, como esos planos de los edificios que parecen dibujados por un arquitecto técnico, y sobre los que no hay forma de creerse que los protagonistas, todos del pueblo llano, pudieran entenderlos. Y para rematar, preparan las distintas fases del plan hablando de minutos. Que usen pólvora como si fuera habitual en esos tiempos, tengan unas armaduras alucinantes y muchos vistan como moteros (cuero negro, botas de impresión) se puede justificar con que es fantasía, pero los más puristas se quejarán con razón de que podían haber representado mejor la época. Se macera todo con música percusiva machacona, con ritmos rock pero sin ser rock; por suerte al menos no se han atrevido a meter guitarras metaleras en primer plano, un riesgo que tiene todas las de salir mal.

Hasta las técnicas que funcionan medio bien son cuestionables. El resumen de la juventud de Arturo parece de primeras que ahorra muchos minutos… pero una vez pensado en frío resulta muy obvio: no hacía falta tanto enredo para decir que ha crecido aprendiendo a sobrevivir en las calles, bastaba con demostrarlo con su comportamiento, con las relaciones con sus amigos y enemigos y con sus habilidades. Lo mismo le ocurre al viaje por el otro mundo para mostrar su valía: incluso resumido en plan veloz resulta poco emocionante y muy trillado.

Cuando mejor resulta la cinta es precisamente cuando Ritchie se contiene un poco y piensa mejor en qué recursos son necesarios. La larga persecución posterior al intento de asesinato es la mejor parte de acción: grandes panorámicas y carreras por las calles exprimen el presupuesto a lo grande, y el realizador imprime ritmo y energía sin pasarse de rosca con los enredos visuales. Pero sólo este acto central funciona. El inicial es demasiado previsible, no engancha con fuerza. Y conforme nos lanzamos al desenlace vuelve ese tono predecible sobrecargado de excesos y la fantasía explota en un videojuego vergonzoso. Arturo matando gente a toda velocidad con la espada, en plan “le he dado al botón de hacer magia”, y el enfrentamiento final tan artificial pero inerte, con Vortigern transformándose en el monstruo de final de fase, carecen de la más mínima emoción y en lo visual resultan esperpénticos.

La falta de carisma de Arturo es otro gran lastre. El intento de mostrar sus penurias y que se ha hecho fuerte a base de los palos que da la vida no llega a funcionar, a eliminar la sensación de que es el mismo personaje de siempre, sobre todo porque una vez el destino lo alcanza todos los clichés explotan en fila sin trabajar lo más mínimo su psique. Estamos ante otro personaje que dice que no reiteradamente pero al final se apunta a todo. No quiere saber nada de la rebelión, no le importa el mundo más allá de su supervivencia, pero termina aceptando porque tiene pesadillas, y en cuanto dice que sí, de repente le importa todo eso y se hace amigo instantáneamente de los que lo han secuestrado. Y cómo no, de ahí en adelante todo le cae encima sin que se plantee mucho las cosas, y todo se resuelve con magia. Finalmente, me temo que mi apreciado Charlie Hunnam, al que sigo desde que lo conocí en su gran papel en Hijos de la anarquía (2008), es parte del problema, aunque Ritchie tendrá también bastante culpa al no dirigirlo bien: no parece poner esfuerzo en la composición del personaje, se limita a repetir el papel del motero criminal, un chulo pasota con gestos de matón de barrio; sólo le ha faltado la cadena colgando del pantalón. Los secundarios están en manos de buenos actores ingleses la mayoría, pero los personajes no tienen valor alguno, cada uno cumple el estereotipo de rigor: en el grupo de amigos tenemos al tipo ingenioso, al duro, al simpático… ni falta el de las artes marciales metido con calzador; en los villanos encontramos los típicos generales sin alma y un líder que es malo porque sí; este último lo interpreta Jude Law con cierto esfuerzo por poner caras de demente, pero no hay donde rascar y termina resultando caricaturesco.

En cierta manera es entretenida, pero sólo si te ríes por sus clichés tan tontos y su estilo sin mesura. Entiendo que quienes fueron esperando una película seria (porque fantasía no tiene por qué significar gilipollez infantil) salieran defraudados. Con los pésimos resultados de crítica y taquilla (dejará bastante pérdidas) con toda seguridad nos hemos librado de tener otra serie mediocre copando las carteleras.

El único superviviente


Lone Survivor, 2013, EE.UU.
Género: Acción, bélico.
Duración: 121 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg, Marcus Luttrell y Patrick Robinson (novela).
Actores: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch, Eric Bana, Ben Foster, Ali Suliman, Alexander Ludwig, Jerry Ferrara.
Música: Explosions in the Sky, Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Dominio absoluto de la técnica (dirección, fotografía, montaje, sonido…) que ofrece escenas de acción incomparables.
Lo peor: Por las peculiaridades del género y el argumento no es un visionado que deje huella.

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El único superviviente es la consagración de Peter Berg como director después de presentarse de forma muy prometedora con la macabra Very Bad Things y pasar a segundo plano dando muchos tumbos con producciones de escaso nivel. Friday Night Lights era aburrida y su puesta en escena excesiva y malograda, el tono simplón de Hancock y La sombra del reino no parecían señalar hacia el talento y la maduración sino hacia el acomodamiento, y finalmente Battleship, hecha como imitación a lo pobre de Michael Bay, apuntaba realmente bajo. Pero la aquí tratada recupera al realizador arriesgado y hábil que domina la narrativa sin vacilar lo más mínimo, deslumbrando con un aspecto visual realmente difícil de obtener sin la visión y técnica de la que hace gala.

La premisa, basada en hechos reales (en la novela del superviviente), es bastante básica: unos soldados destinados en Afganistán quedan incomunicados al abortar una misión y salen por patas porque una buena tropa de talibanes los persiguen a tiros. Solo uno sobrevivirá, y a duras penas. El guion como es esperable apuesta por lo sencillo y directo. Los personajes se definen tirando de alguna descripción trivial pero lo suficientemente sólida como para darles algo de profundidad, así como a través de los problemas que van surgiendo, donde se muestra bien cómo piensa y actúa cada uno. En este último estilo entra el dilema de si matar o no a los pastores que los descubren, donde discuten sobre las ramificaciones políticas y éticas de las acciones a tomar. Es un momento muy intenso donde se expone bien que en una guerra no siempre se pueden aplicar las normas a rajatabla, y donde se saca buen partido de los personajes, pues hasta entonces tenían cierto carisma pero esa escena los humaniza mucho antes de lanzar el grueso de la acción.

Antes de entrar en materia el ritmo es correcto aunque no haya un contenido especialmente llamativo. Los primeros pasos de la misión enganchan porque vamos conociendo cómo se ejecuta una tarea de ese tipo, y en los momentos de calma chicha se maneja bien la tensión. Pero a partir del punto de inflexión comienza la acción y Berg tiene claro que los pilares del relato son básicamente disparar y tratar de salvarse y por ello se esfuerza por sacarle el máximo partido a la puesta en escena. A partir de entonces la cinta resulta trepidante, sobrecogedora por momentos, pero no se basa en fuegos artificiales, sino que mantiene el foco en el tono bélico documental, resultando tanto espectacular como verosímil en la acción e intensa en el drama que viven los personajes. En todo momento se pueden ubicar los enemigos y los protagonistas, en qué situación se encuentran y qué heridas tiene cada uno: cada golpe, arañazo y balazo se ve con claridad y sabes quién se lo ha llevado. Carreras entre los árboles, caídas por barrancos (las hostias que se pegan te llegan a doler), tiroteos con estrategia, tiroteos a la desesperada… Te sumerges por completo en la odisea del grupo por salir con vida.

La luminosa fotografía con excelente uso de cámara en mano, el impecable montaje y los sobresalientes efectos sonoros (¿cuándo has escuchado silenciadores reales en una película?) son exprimidos por un Peter Berg inspirado, perfeccionista y paciente. ¿Cuánto costaría planificar, rodar y editar cada minuto de metraje? El resultado es excepcional, no se han visto escenas de acción bélica tan impresionantes, nítidas y verosímiles desde Black Hawk derribado (con la que por cierto guarda algunas semejanzas puntuales, como la escena del helicóptero abatido). Lo que se dice fallos o problemas no tiene ninguno, lo único que se puede señalar es que le falta algo para lograr ser una película que deje huella. Algún elemento que la hiciera distintiva dentro del género (tanto acción como bélico), una historia con más épica y pegada, y algo de trascendencia que permitiera recordarla más allá de ser un entretenimiento le hubiera venido bien, pero lo mismo ni lo buscaban, y además era muy difícil con un argumento de este tipo. Esto implica también que resulta un ejemplo notable de lo que debe ser un buen título de acción de ver y olvidar: el guion es sencillo pero no estúpido y visualmente resulta enormemente impactante sin tirar de acción hipertrofiada ni efectos digitales. Menos Transformers y más obras de este tipo, por favor.

Ahora bien, como producción de Hollywood es casi inevitable ver cierto tono patriótico, y no hubiera sorprendido tampoco que fuera un panfleto descarado. Hay algo de sensacionalismo barato, como esas muertes de los protagonistas reincidiendo en su heroicidad más de la cuenta (hasta resultar empalagoso en algún caso), y algo de exaltación patriótica, como eso de que sean los yanquis quienes salven al pueblo del avance talibán cuando en realidad no hubo tal batalla, pero nada llega a extremos que te hagan llevarte las manos a la cabeza. Se hubiera agradecido más neutralidad, pero sabiendo que es el retrato de unos héroes nacionales tampoco cabría esperar otra cosa.

Troya (Director’s Cut)


Troy, 2004, EE.UU.
Género: Histórico, aventura, drama.
Duración: 196 min.
Dirección: Wolfgang Petersen.
Guion: David Benioff.
Actores: Brad Pitt, Diane Kruger, Eric Bana, Orlando Bloom, Saffron Burrows, Julian Glover, Brian Cox, Brendan Gleeson, Sean Bean, James Cosmo.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: La dirección, sobre todo en las escenas de luchas, es de primerísima calidad. Vestuario y decorados de gran nivel.
Lo peor: El guion es quizá demasiado sencillo. Algunos actores son mediocres. La incomprensible decisión de cambiar la banda sonora original: de obra maestra de Yared a un pobre trabajo de Horner.
Mejores momentos: Todas las peleas donde están Aquiles y Hector… o más bien todas las batallas.
La frase: A veces hay que servir para poder comandar.

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Escribí el comentario de Troya allá por el año 2006, y algunas veces que he vuelto atrás la vista no terminaba de convencerme cómo planteé mi opinión, por no decir que con el paso del tiempo he ido apreciando la película cada vez más. El visionado del Director’s Cut me abrió los ojos definitivamente: Troya es muy buena película, a pesar de las irregulares críticas que se llevó en su momento y de que incluso en aquél entonces a mí tampoco me llenó del todo. Así pues, he actualizado la crítica.

Entre la versión estrenada en cines y el Director’s Cut no hay ni un solo cambio que vaya en la línea de añadir escenas dedicadas a ahondar en personajes o a extender partes de la trama que presumiblemente tuvieran que quedarse en la nevera porque se sobrepasaba la longitud aceptada como viable comercialmente. Sin embargo, sí cambia mucho el tono, porque todo lo que se añade es relativo a su crudeza visual. Hay nada más y nada menos que media hora más dedicada a breves planos aquí y allá de sangre, espadazos violentos y escenas de luchas y saqueos. En el tramo final, con el asedio a Troya, ese cambio de tono se hace aún más palpable, porque aquí se incluye gran cantidad de pequeñas escenas que aumentan la longitud, fuerza, dureza y drama de las imágenes, consiguiendo que la breve escaramuza vista en la película (se centraba más en la victoria o caída de los protagonistas) resulte más que trágica durísima: palizas, violaciones, niños estampados contra la pared, muerte, fuego y destrucción por doquier. En resumen, Troya no cambia sustancialmente como lo hizo en El reino de los cielos, pero sí gana en espectacularidad y realismo y tiene un desenlace más intenso y dramático.

El guion de David Benioff parte de una premisa y unas bases simples desde la que aborda conflictos clásicos con bastante acierto. La ambición política y militar, los héroes, el deber, la familia, la patria, etc., forman parte de una trama bélica con tintes históricos que describe muy bien el proceso de la guerra, acertando de pleno a la hora mostrar con detalle cómo se desarrollan las batallas. Sin embargo el dibujo de los personajes no es tan detallado, pues las motivaciones de algunos resultan poco trabajadas, sin aristas, sin matices que los hagan destacar con intensidad. La representación de héroes y princesas funciona muy bien con la familia de Héctor, aun contando con esa falta de empaque que les haga resaltar como grandes roles, pero en cambio otros quedan muy deslavazados. Aquiles es el que peor parado sale, pues su forma de ser no se trabaja apenas y su evolución resulta demasiado evidente y poco atractiva. Igualmente, la política de los reyes termina siendo monocromática después de tanto prometer, hasta el punto de que Agamenón acaba algo caricaturizado. Algunos secundarios, como Briseida, Odiseo o Príamo resultan bastante interesantes (Odiseo incluso se me antoja infrautilizado), pero estos hacen destacar aún más la falta de calidad de algunos de los roles principales.

Pero si por algo destaca Troya es por su fastuosa puesta en escena, que realza las virtudes que guarda el libreto hasta conseguir una cinta épica espectacular. Wolfgang Petersen, aprovechando al máximo el amplio presupuesto, ofrece un festín de batallas realizadas con la mayor claridad que he visto en ninguna película, olvidando la moda de agitar la cámara y embarullar todo de efectos digitales, un recurso facilón y pobre del que abusan directores mediocres últimamente en las películas de corte semejante (Peter Jackson en El Señor de los Anillos a la cabeza). La minuciosidad con que se planifica el rodaje, desde las estrategias de ejércitos hasta las luchas mano a mano entre los protagonistas, es bien palpable y se capta en imágenes de forma magistral. Cada conflicto o batalla tiene un sentido y una forma perfectamente identificable, destacando especialmente el fantástico contraste entre la técnica de Héctor (limpia, de manual) y la de Aquiles (bruta y llena de recursos fruto de la experiencia en numerosos combates).

El ritmo es bastante bueno: las dos horas y cuarenta minutos de la versión de cines o las tres y cuarto de la completa no se hacen largas. Aunque algunas partes sin acción resulten algo faltas de empaque o trascendencia, otras tienen mucha fuerza, como la intensa petición de Príamo a Aquiles en pleno campamento de este último (su enemigo). También me gusta lo hábilmente que se presenta la historia: tras el prólogo pasamos rápidamente al desencadentante del conflicto (el romance entre Helena y Paris), sin perder el tiempo, sintetizando muy bien la situación política y la posición de cada rol en la aventura.

En cuanto a actores, este tipo de producciones es muy proclive a facilitar interpretaciones de gran nivel, pero lo cierto es que aunque tiene un reparto correcto no brilla especialmente. Brad Pitt y Orlando Bloom están muy flojos (este último es especialmente irritante), Eric Bana cumple pero no destaca y las chicas (Diane Kruger, Rose Byrne) se desenvuelven bien en papeles limitados a poner cara de pena mientras ven a los machos hostiarse en el sinsentido de la guerra. Los que sí destacan son el resto de secundarios, todos figuras de sobrada experiencia: Peter O’Toole (aunque sobreactúa en algunos momentos), Sean Bean, Brian Cox, James Cosmo y Brendan Gleeson resultan imponentes y hacen pensar en la errónea idea de elegir actores con más fama que habilidades para los papeles principales.

Una mención especial merece el tema de su música, una historia bastante conocida por los fans del género (vean aquí el artículo que le dediqué). La banda sonora original recayó en un compositor poco conocido pero de sobrada experiencia en el estilo buscado, Gabriel Yared (El paciente inglés). Realizó una composición completamente acorde con la temática del filme: música apoteósica, heroica, que emula la época antigua (ver artículo). Precisamente por eso fue descartada: en los pases de prueba las quejas del público fueron encaminadas principalmente a recalcar que la música sonaba antigua. Ridículo pero cierto. Así que los productores se buscaron algo más comercial, y se recurrió a un contrato de última hora con James Horner, quien tuvo la ardua tarea de crear una partitura compleja y larga en poquísimas semanas. La labor que ofrece un Horner que estaba en unos años de bajón es un auto-plagio constante de sus peores sonidos, utilizados aquí con una exasperante repetición. Una obra bastante vulgar que acompaña a las imágenes sin motivos musicales claros, sin la conexión necesaria (ver artículo). Sin duda hace perder algunos puntos a la película, y los amantes de la obra maestra compuesta por Yared soñábamos con ver un montaje con su partitura algún día, pero viendo que el Director’s Cut es la edición final esa esperanza se desvanece.

Troya no deja ningún personaje o trama para la posteridad, y desde luego no resulta en conjunto una película con la fuerza suficiente como para ganarse un hueco en los anales del cine, pero dentro del género es un título muy gratificante, sobre todo porque en lo relativo a narrar batallas de época supone una producción ejemplar difícilmente superable. Queda lejos de la complejidad y trascendencia de Gladiator, Braveheart o Espartaco, pero merece ser mejor considerada de lo que está.

Entrada actualizada de la original publicada el 28/05/06.

Deadfall


Deadfall, 2012, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 95 min.
Dirección: Stefan Ruzowitzky.
Guion: Zach Dean.
Actores: Eric Bana, Olivia Wilde, Charlie Hunman, Sissy Spacek, Kris Kristofferson, Kate Mara, Treat Williams.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Buenos personajes en una historia bastante correcta. El estilo clásico es muy de agradecer. Un reparto de calidad.
Lo peor: La sensación de que hay demasiadas casualidades.

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Que grata sorpresa me ha supuesto Deadfall, un título de acción con sabor a clásico y con un punto de calidad y originalidad muy ausente en el género en la actualidad. Un título donde todo lo que tiene funciona muy bien en su único objetivo: entretener. No es una gran película, no pretende serlo. Es una buena película de acción sin pretensiones. Y vaya si es de agradecer en los tiempos que corren.

Lo cierto es que tiene más de thriller o incluso de western moderno perlado de drama que de acción, pero quizá por eso destaca: porque resulta una mezcla bien equilibrada. Incluso se puede decir que posee vestigios del cine de los Cohen, con el ritmo tranquilo pero intenso, una buena exposición de caracteres y unas cuantas situaciones un tanto extrañas: la madre se lo toma todo con una calma impresionante, Addison es un personajillo inquietante, el capítulo del maltratador es algo rarito…

No encontramos escenas de acción horteras y llenas de explosiones y efectos especiales, sino tiroteos y persecuciones con los protagonistas en el ojo de los acontecimientos, sufriendo, sudando y puteando la vida de otros mientras hunden la suya propia en el abismo. La confección los estos personajes es bastante correcta. Por supuesto que tira de clichés (el padre protector, por ejemplo), pero estos no tienen nada de malo si se emplean con conocimiento. Hay muchos protagonistas y todos tienen un lugar concreto en la historia y una personalidad bien clara que les hace moverse de una forma u otra. La evolución también es palpable, pues ninguno acaba como había empezado, todos han tenido unas vivencias que los han moldeado. Así, los actores, todos de calidad, encuentran base de sobra para construir buenas interpretaciones, teniendo casi todos un momento puntual donde lucirse: Eric Bana derrocha carisma como psicópata (brutal la escena de la cabaña, todo calmado, y el contraste con las escenas finales, donde está desesperado), Charlie Hunman (protagonista de Sons of Anarchy) tiene una progresión semejante (de contenido a desesperado: sublime cuando suelta lo que lleva dentro en la cena familiar) y Olivia Wilde es creíble como chica dulce y sencilla perdida en una vida que no controla (y no me había dado cuenta de lo guapa que es hasta ahora). En segundo plano están profesionales como Kate Mara, Sissy Spacek o Kris Kristofferson, muy correctos en papeles menos complejos.

El ritmo es excelente, y es algo digno de alabar, pues se dedica bastante tiempo a presentar y mover caracteres. Ello se debe a que todas las escenas tienen sentido en la progresión de la trama y los personajes, algunas incluso funcionando a través de sutilezas (con detalles enormes, como la confusión Lisa/Liza), con lo que no hay bajones de interés. Además, sabiamente la proyección empieza en plena acción (no vemos el atraco) y ubica breves reyertas aquí y allá (como el robo de la moto al indio) que impiden que el ritmo pausado resulte lento. Destaca también por su punto de originalidad: sí, más o menos se sabe como acabará todo, pero el tener a tantos personajes separados y acercándose a través de escenas inesperadas le da a la cinta un acertado aire renovado dentro de su propio clasicismo. Lo único que me parece realmente criticable serían las casualidades: todo se va juntando a golpe de suerte. Pero es que sin ello no habría película.

La atmófera resulta crucial también. La inmersión en el lugar es muy buena, desde los impresionantes paisajes de la frontera canadiense, muy bien aprovechados en las persecuciones en moto, hasta la personalidad de los lugareños (cazadores, paletos, etc.). La dirección del austríaco Stefan Ruzowitzky en su salto a Hollywood es justo lo que necesita un guion de estas características: sobria y profesional, que no se vaya por las ramas con florituras innecesarias. Es capaz de imprimir el ritmo y tensión necesarios incluso en el clímax final, que se desarrolla con los protagonistas sentados a la mesa.

Es una pena que el público actual solo quiera ver explosiones sin sentido y sin contenido real, porque con las tibias críticas que tiene Deadfall me da la sensación de que se quedan en la superficie de este interesantísimo thriller sin ver todo lo que hay detrás. Y la distribución tampoco está siendo justa, pues en EEUU fue muy escalonada y en poquísimos cines hasta que ha salido en dvd/bluray este febrero, y en España está sin fecha de estreno a la hora de escribir esto, así que me huelo que irá a dvd directamente también. Vaya forma de desaprovechar una buena película.

Star Trek 2009


Star Trek / Star Trek 2009 , 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 126 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Eric Bana, Leonard Nimoy, Bruce Greenwood, Karl Urban, Zoe Saldana, Simon Pegg, John Cho, Anton Yelchin.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y buenos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Personajes mediocres, actores mediocres, guion inmaduro e insustancial, puesta en escena artificiosa y ruidosa… Y que utilicen a los personajes clásicos para este despropósito en vez de empezar en otra época y con otros protagonistas.
Mejores momentos: El prólogo, con algunos momentos alucinantes como…
El plano: … la tripulante que sale despedida de la nave durante el ataque.
El título: Ya le podían haber puesto un nombre concreto para diferenciarla del resto de la saga, que tenemos que citarla por el nombre del director o el año. Para una vez que hace falta no ponen un subtítulo.
La pregunta: No sé si es un cambio en la traducción o está así en el guion original: ¿por qué las clásicas naves Aves de presa pasan a llamarse Halcones?

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En un principio no esperaba nada de ella, pero como me ocurre en más ocasiones de las debidas mi vena friki me pudo. Los espectaculares avances, las ganas de no quedarme sin temas de conversación en los foros y finalmente las entusiastas críticas me llevaron a rastras al cine. Asistí a la proyección con bastante curiosidad, intentando ir sin prejuicios a pesar de estar convencido de que sería una actualización irrespetuosa con el original, esperando al menos encontrar un entretenimiento digno. Pero la realidad se impuso rápido. La ridícula presentación de Kirk echa por tierra las buenas sensaciones que deja el espectacular prólogo, diciendo a las claras que va a ser un producto de acción descerebrada acorde a nuestros tiempos: artificioso, ruidoso, trivial, vacuo, destinado a la masa, al consumo rápido, a engañar con fuegos artificiales a espectadores que ya han olvidado lo que es una trama coherente y atractiva, unos personajes verosímiles y una puesta en escena sólida que busque el espectáculo mediante una combinación de contenido y continente, y no sólo con un continente supuestamente muy vistoso. Star Trek 2009 es mucha parafernalia obtenida a golpe de billete, pero no tiene ni pizca de cine.

El guion es primitivo, insulso, simplista al máximo. La narración carece de rumbo, la forman escenas apresuradas, empalmadas de mala manera, que parecen sacadas de los peores videojuegos de plataformas. La falta de coherencia y credibilidad (no hay forma de hacer verosímiles a personajes tan críos y estúpidos, ni sus paseos por las naves turnándose en el mando) se agrava por los numerosos agujeros y fallas de verosimilitud (una nave minera capaz de acabar con las flotas de la Federación y los Klingon, el ilógico destierro de Kirk por parte de Spock –contraviene cualquier norma moral y legal, no hay quien se lo crea viniendo de tal personaje-), las escenas gratuitas (el salto en paracaídas, las criaturas del planeta de hielo, las cutres peleas cuerpo a cuerpo, la ya citada vergonzosa presentación de Kirk…) y las paridas insufribles (todo lo que rodea a Scotty, en especial la escena de las tuberías, y chistes tan infantiles como las manos de Kirk hinchadas) se amontonan unas detrás de otras sin un objetivo claro más allá de tratar de epatar con mucho ruido y pocas nueces.

La trama de fondo (la nave romulana) parecía salvable y además se presenta como lo único que guarda algún parecido con la saga clásica, pero no se potencia, porque la idea es centrarse en presentar a los personajes, y como estos son infames e insoportables el conjunto no resulta nada atractivo. Todos los caracteres son repelentes tópicos andantes con motivaciones forzadas o poco claras (¿qué mueve a Kirk?, ¿cómo entra en la academia y cómo aguanta ahí –atención a como se cargan el mítico Kobayashi Maru-?) o muy poco trabajadas (el resto); el único que medio se salva es Spock, y porque le dedican mucho metraje. En cuanto a las interpretaciones, Eric Bana rescata a un malo caricaturesco con su carisma y buen hacer (alguien así de impresionante tenían que haber contratado en Némesis para hacer de villano) y el cada vez más interesante Karl Urban es el único que consigue hacer algo reconocible a su personaje, pero toda la chavalería muestra notables limitaciones y, lo que es peor, un carisma nulo: Chris Pine (Kirk) me da hasta pena, Zachary Quinto (Spock) está en el registro interte con el que se dio a conocer en Héroes, y casi todos los demás no pueden ocultar que provienen de comedias tontas, o el guion se lo impide (especialmente molestas son las presencias Simon Pegg –Scotty- y Anton Yelchin –Chekov-). Indicar también que la aparición de Leonard Nimoy, aunque medio se justifique por la trama, no es más que un tramposo enlace y cebo para los viejos trekkies.

Pero para colmo, tampoco resulta nada destacable como superproducción de acción y entretenimiento, sino que también se ancla en los cánones comerciales contemporáneos. J. J. Abrams no sólo repite un tic que frenó el potencial visual de Misión imposible III, la puesta en escena histérica, sino que lo amplifica de forma descontrolada obteniendo un aspecto visual hipertrofiado: la fotografía está saturada de movimientos, colores y brillos y el montaje es caótico hasta resultar mareantes. En cuanto al estilo, como ha quedado claro se ha optado por acción trepidante sin escenificación, es decir, mucho rayito y explosiones pero nada de planificación ni de exprimir a los personajes. Cualquier otra película de la saga tiene escenas de acción y batallas espaciales mucho más interesantes (en especial La ira de Khan, Primer contacto, Aquel país desconocido e incluso la denostada Némesis), pues tienen un guion que relata algo consistente.

Y dos aspectos que no esperaba que me defraudaran lo han hecho de forma notable. Uno es la música de Michael Giacchino (una joven promesa que llevo tiempo siguiendo), que inesperadamente suena rutinaria, fría, impersonal y algo machacona; por si fuera poco el tema principal que se inventa para sustituir al viejo es un tanto simplón. Curiosamente, para mi sorpresa ha sido una música bien recibida por los espectadores poco dados a atender a este elemento. El otro es el diseño interior del Enterprise, que se limita a ser un puente de mando blanco y brillante (que no me gusta nada de nada), un pasillo y medio y unas salas de máquinas infinitas y horrendas. Por cierto, ¿por qué ese empeño en rodar muchas escenas en naves industriales? Le quita realismo, parece que se les acabó el dinero (que por lo general luce bastante bien) y se fueron a un polígono a rodar.

Los guionistas se las apañan para crear una realidad alternativa desde la que podrán dirigir la nueva etapa de la saga hacia donde se les antoje. La verdad es que no lo entiendo, no entiendo por qué cogen los personajes originales y los reinventan. Para eso lo lógico es empezar desde cero, en cualquier época que les venga en gana (mejor tras las demás películas y series, pues así tendrían un universo muy completo como base y además no se arriesgarían a pifiarla con las líneas temporales). Además, el parecido con la saga en estilo, forma y contenido es totalmente nulo, con lo que me pregunto por qué demonios no hicieron una película que no se llamara Star Trek. Pero ya se sabe que el dinero es quien manda, y una franquicia nueva es arriesgada, les resulta más fácil tomar un nombre que ya tiene prestigio. Y no les importa deformarlo por completo, me temo, con tal de engrosar los bolsillos. No soy lo que se dice un trekkie y aún así me siento estafado. Star Trek 2009 me resulta, lo mire por donde lo mire, innecesaria y fallida. Ha tenido una recepción comercial que en cierta manera era esperable, pero no hasta el punto de tener incluso muy buenas críticas, críticas que no alcanzo a comprender. Como ha gustado mucho, las secuelas ya están en marcha.

Star Trek (2009):
-> Star Trek (2009)
Star Trek: En la oscuridad (2013)
Star Trek: Más allá (2016)