El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: Eric Warren Singer

Héroes en el infierno


Only the Brave, 2017, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 134 min.
Dirección: Joseph Kosinski.
Guion: Ken Nolan, Eric Warren Singer, Sean Flynn (artículo).
Actores: Josh Brolin, Miles Teller, Jeff Bridges, Jennifer Connelly, James Bagde Dale, Tyalor Kitsch, Andie MacDowell.
Música: Joseph Trapanese.

Valoración:
Lo mejor: La seriedad y contención en contra del sensacionalismo y el ensalzamiento habitual del género.
Lo peor: Se podría haber agilizado el ritmo. A la catástrofe le falta algo más de tensión y espectáculo.

* * * * * * * * *

Héroes en el infierno es una pequeña y grata sorpresa. Lo habitual en el género son melodramas de ensalzamiento de héroes con hazañas aderezadas con mucho sensacionalismo. Pero estamos ante una representación de un suceso trágico y heróico que no se limita a dibujar los personajes con cuatro arquetipos vistosos y a meterlos en una situación que se resuelve por su superioridad nata, sino que sus autores han buscado un acercamiento más serio, mostrando los hechos y sus protagonistas con naturalidad y objetividad. Es un riesgo, dado que el público está acostumbrado al espectáculo vacuo y también porque un drama tan mundano puede resultar aburrido, pero salen airosos con un relato ameno y emotivo en su justa medida para pasar un buen rato.

Básicamente seguimos la vida de un grupo de currantes ante un reto, así que predominan las anécdotas del trabajo, los conflictos personales, y los líos diarios en casa. Los bomberos nuevos tienen que integrarse, los problemas en casa los afectan y pueden superarlos o no, etc., quizá no sean historias sorprendentes pero están bien tratadas, componiendo un retrato de los implicados muy verosímil. No ves a novato torpe, al jefe duro, al compañero graciosete de tantas otras películas de esta índole, sino a gente real, con aristas y cambios de humor, con problemas, fallas y virtudes.

Y mientras, se va sembrando la semilla de la tragedia. La falta de recursos, el peligro potencial y la catástrofe que nunca esperan que llegue pero lo hace en su máxima expresión. Pero me temo que, después de todo, la gesta final de los bomberos no tiene tanta épica como se espera. El fuego los alcanza y poco más. Ahí sí podrían haber dejado un poco de lado sobriedad y trabajado más el clímax de tensión y el sentido del espectáculo. El primer aspecto se ve que lo busca el director Joseph Kosinski (Tron: Legacy, 2010, y Oblivion, 2013), intentando generar desazón con numerosos planos que muestran el avance del fuego, pero no es suficiente para transmitir la sensación de peligro necesaria para ponernos los pelos de punta y sufrir por el inminente destino de unos personajes que hasta entonces nos estaban interesando bastante. La floja música de Joseph Trapanese también influye en la falta de pegada de las escenas clave. En pocas palabras, el desenlace se ve venir como un trámite y ya está.

La otra única carencia notable sería la interpretación tan desganada de Miles Teller (ya estuvo muy flojo en la sobrevalorada Whiplash -2014-), que se queda a años luz de un reparto estupendo encabezado por Josh Brolin, Jeff Bridges, Jennifer Connelly y Taylor Kitsch.

Anuncios

La gran estafa americana


American Hustle, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 138 min.
Dirección: David O. Russell
Guion: David O. Russell, Eric Warren Singer.
Actores: Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Louis C.K.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El magnífico reparto y la buena calidad de los personajes la salvan del suspenso, pero…
Lo peor: … no evitan que sea un coñazo. El guion, de narrativa morosa y sin rumbo. La dirección, con escasos recursos. Su duración, a todas luces excesiva.

* * * * * * * * *

A la altura de la los cuarenta minutos de proyección me seguía preguntando cuándo iba a empezar la película. Pero no queda otra que aceptar que su ritmo y tono es ese: superficial, monótono, deslavazado, sin rumbo claro. El guion de David O. Russell es flojo tirando a malo: qué mal presenta la historia y lanza el grueso de la trama, para finalmente llegar a un desenlace que no es tan sorprendente como finge ser. Entre medio la profundidad del relato es mínima: interés, complejidad y trascendencia y brillan por su ausencia, mientras que la monotonía y la incapacidad para ir al grano y no perderse en recesos innecesarios se hacen patentes minuto tras minuto; y lLa voz en off que te explica de vez en cuando lo que precisamente vemos que está ocurriendo remata esas sensaciones de imprecisión.

La puesta en escena es vistosa gracias a la ambientación (destacan las excelentes labores vestuario y maquillaje), porque David O. Russell de nuevo demuestra que dista mucho de ser el gran artesano que tantas nominaciones a premios mediáticos parecen reconocerle. The Fighter y El lado bueno de las cosas mostraban muchas carencias narrativas, y en esta estamos ante la misma situación. Algo más de vida sí consigue, alejándose del aspecto de telefilme del primer ejemplo, pero eso de que ha descubierto el travelling también tiene su lado malo: repite el cliché de acercarse al rostro del personaje demasiadas veces, dando la sensación de que estamos en la misma escena una y otra vez. Esta falta de recursos, de visión, se traduce en que el pobre libreto no gana enteros al ser llevado a la vida.

Como decía al inicio, se hace larguísima (dos eternas horas y veinte minutos), nunca es capaz de atrapar por culpa de su falta total de originalidad e ingenio, por su nula habilidades para asombrar, intrigar, divertir y emocionar, porque no sabe ofrecer giros eficaces ni lograr que cuando se torna inverosímil el espectáculo disimule la falta de credibilidad (en esto último O. Russell juega a ser Scorsese, estrellándose en el intento). Es una película sin sustancia ni energía, no se ve en ningún momento la supuesta gran aventura que viven los protagonistas.

Por suerte, esos personajes salen bien parados y sustentan hasta los largos capítulos donde el realizador parece olvidarse por completo de contar algo. En lo que sí ha demostrado Russell ser muy capaz es en la descripción de caracteres y en la dirección de actores, siendo estas cualidades las únicas que realmente han dado calidad a sus películas, destacando sobre todo la presente, la más malograda en cuanto a guion. Los cuatro protagonistas, incluyendo a la esposa rechazada, que tiene poca presencia pero resulta fascinante, son lo único que mantienen con vida el relato. Sus formas de ser se plasman bastante bien y su evolución resulta interesante, porque se ve muy bien el cambio que van sufriendo en sus vidas. Es fácil conectar con ellos, sus vivencias llegan con cierta intensidad incluso en los momentos menos atractivos de la aventura, y los actores los realzan de forma impresionante, dando el que sea probablemente el mejor reparto coral del año.

El camaleónico Christian Bale (aunque cabe preguntarse si de verdad era necesario engordar para el personaje) se inspira en el mejor Robert de Niro (hasta el tono de la voz recuerda a él ocasiones; por cierto, De Niro aparece en un pequeño papel) pero sin dejar la sensación de imitación: construye un rol completamente único, reconocible y creíble en cada gesto y tic, en las miradas, la forma de hablar… Este papelón reafirma a Bale como uno de los mejores intérpretes del presente, sobre todo ahora que el otro gran camaleón, Russel Crowe, anda algo en segundo plano. Amy Adams también está fantástica: pletórica en los mejores momentos del personaje, transmitiendo una energía que se contagia, y pasando magistralmente hacia la congoja y finalmente la desesperación cuando se tuercen las cosas. Es inenarrable la intensidad que muestra en la escena en que le dice la verdad al agente. Jennifer Lawrence arrasa en las tres o cuatro escenas que tiene: es increíble como una chica aparentemente tan dulce puede lograr un rol tan alocado y enérgico, además en un estilo diferente al de El lado bueno de las cosas, menos majareta y más inmadura y ajena a la realidad. Por cierto, no puedo evitar comentar la espectacular belleza de ambas mujeres, y lo hipnótico que resultan los escotes exageradísimos que les hacen llevar. Bradley Cooper está muy bien como agente obsesionado y descarriado, pero su labor en la recién citada El lado bueno de las cosas fue bastante superior. Los otros pocos secundarios relevantes están muy correctos: Jeremy Renner demostrando que es más que un actor de acción, Louis C. K. como eterno secundario de calidad.

Aunque se podría decir que la interpretación de Matthew McConaughey en Buyers Dallas Club supera al esfuerzo de Bale, Lawrence como secundaria le da mil vueltas a la favorecida por la Academia, Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud), si acaso debería haber sido rival directa de Sally Hawkins (Blue Jasmine), donde no sabría a quién elegir. Amy Adams, con cinco nominaciones a los Oscar a cuestas, tenía aquí el papel perfecto para ser el mejor del año, pero es que Cate Blanchett está insuperable en Blue Jasmine. De todas formas, aquí caigo en los errores de los medios y entregas de premios: destacar un solo papel cuando hay tantos excelentes es injusto, porque parece quitarle méritos a los demás. Pero como me suele pasar, no puedo evitar comentar los eternos desaguisados de los Globos de Oro y sobre todo los Oscar. En este caso destaca lo terriblemente injusto que es premiar por popularidad: las ridículas nominaciones a dirección, guion y película vuelven a señalar otro año más el sinsentido que son estos certámenes.

Casi ni la acabo, de plomiza y fallida. ¿Una de las diez mejores películas del año? Una de las peores, si acaso (hablando de producciones de primera división, claro). Al menos su éxito ha servido para reconocer a su memorable reparto, que en otras condiciones seguramente pasaría desapercibido. Por lo demás, dan ganas de ponerse El golpe (The Sting, 1973) para quitarse el mal trago.