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Valérian y la ciudad de los mil planetas


Valerian and the City of a Thousand Planets, 2017, EE.UU., Francia, China, Bélgica…
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 137 min.
Dirección: Luc Besson.
Guion: Luc Besson. Cómic por Pierre Christin, Jean-Claude Mézières, y Évelyne Tranlé.
Actores: Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen, Sam Spruell, Rihanna, Ethan Hawke, Herbie Hancock.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Dirección artística, decorados, vestuario y efectos especiales magníficos.
Lo peor: Luc Besson se pierde en un frenesí demencial, ridículo, inclasificable. ¿Dónde quedó el inspirado autor de la inolvidable El quinto elemento? Los actores principales dan grima.

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Valérian: agente espacio-temporal, o Valérian y Laureline, como es más conocido, es un cómic francés de finales de los años sesenta que, si bien no alcanzó gran popularidad global, gracias a su asombrosa imaginación sirvió de inspiración para muchos autores de género posteriores. De hecho, es uno de los referentes menos conocidos de La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977): numerosas viñetas aparecen calcadas en la trilogía original. Aquí tenéis un artículo que habla de ello, por poner uno de los muchos que surgieron con la llegada de la película.

Que de la adaptación se ocupara Luc Besson, artífice de esa joya memorable que es El quinto elemento, fue toda una alegría para sus fans, pues con el potente material de origen y lo que se veía en los avances prometía una maravilla semejante. Esas impresiones también eliminaban un poco “el efecto John Carter“, eso de que pudiera perder la frescura que tuvo la obra en su momento al adaptarla tan tarde, cuando el género está tan sobado y ha habido tantas referencias a la misma que ya nos es conocida aunque ni siquiera conociéramos su nombre. Es decir, si mantenía el estilo imaginativo y vibrante de El quinto elemento (1997) no importaría que la premisa pareciera simple o anticuada.

Pero me temo que el resultado está precisamente en la onda del desastre de John Carter (Andrew Stanton, 2012) o de otro hostión monumental reciente, El destino de Júpiter (las hermanas Wachowski, 2015). La originalidad deslumbrante, el ritmo excelente, las situaciones rocambolescas tan emocionantes y los personajes carismáticos de El quinto elemento brillan por su ausencia. El galimatías que tenemos aquí apenas deja entrever unos pocos estereotipos que ahogan a los pobres personajes, y el prometedor universo se presenta con torpeza en capítulos caóticos y mal hilvanados incapaces de conmover lo más mínimo.

El nivel es tan bajo que provoca mucha vergüenza ajena y supone una enorme decepción, no ya porque Besson esté perdiendo el norte (recordemos la parida de Lucy… ¡que tendrá secuela!), sino porque se haya desaprovechado un material tan atractivo y tantos recursos monetarios y artísticos en tal bazofia. A pesar de que estamos en una época en que cualquier historia imaginable es factible de cobrar vida en imágenes con suficiente credibilidad, resulta que apenas hay guionistas y directores con talento e imaginación como para lograr buenas películas. Por cada Denis Villeneuve (La llegada -2016-, Blade Runner 2046 -2017-) y Christopher Nolan (Memento -2000-, Origen -2010-, El truco final -2006-, Interstellar -2014-) tenemos infinidad de morralla y productos prefabricados, pero también algunos batacazos de autores otrora admirados, como este caso o el de las hermanas Wachowski con El destino de Júpiter.

La pareja protagonista es lo más grotesco en cuanto a personajes que ha dado el cine reciente, y mira que podemos poner ejemplos lamentables en cantidad, la quinta de Transformers (Michael Bay, -2017-) a la cabeza. Para empezar, los intérpretes están horribles, parecen escupir sus diálogos como si su compañero no estuviera a su lado. Su elección no sé cómo ha podido salir de un casting serio, vaya par de críos sin carisma, ni química, ni porte; son poco o nada agradables de ver, por decirlo suavemente… ¿se supone que ella es modelo? Lo sorprendente es que Dane DeHaan (Valérian) estuvo muy bien en la serie En terapia (Rodrigo Garcia, 2008) en un papel exigente; de Cara Delevigne (Laureline) sólo conocía su papel secundario en Escuadrón suicida (David Ayer, 2016), donde apuntaba pocas maneras, pero tampoco es que fuera un personaje que permitiera mucho. En su defensa se puede decir que no ayuda que sus roles sean estereotipos cutres sin una sola arista a la que aferrarse, pero también es evidente no tienen el carisma necesario para salvarlos y el director no es capaz de sacarles la más mínima química. Sus personalidades están tan poco cuidadas que incluso resultan inverosímiles en el universo y la historia propuestos. ¿Cómo estos niñatos inmaduros y sin experiencia visible en ningún campo pueden haber llegado a ser espías o mercenarios de tal fama que el gobierno los tiene los primeros en su lista? Él, el típico quinceañero salidorro, y ella, la chica que va de madura y respetable pero es igual de idiota (“yo no me lío con niñitos”, aunque babea por él en todo momento). Como resultado, tenemos unos protagonistas principales que oscilan entre la aburrida indiferencia inicial y una creciente sensación de rechazo: acabas la proyección harto de ellos, de sus tonterías y de los penosos actores. Los fans de los cómics señalan que se parecen bien poco a los magnéticos personajes originales, así que la pena con lo que han hecho es mayor.

La trama… ¿Qué trama? Un doble prólogo intenta meternos en situación, pero si ya se hacen largos mientras los ves, el poco poso que dejan en la materialización del universo y la historia remarca la sensación de innecesarios. El primero narra el nacimiento de la ciudad de los mil planetas, algo que se podría resumir sin ocupar tantos minutos redundantes; ni la preciosa Space Oddity de David Bowie lo salva, me temo que está muy sobada ya. La segunda introducción resulta instantáneamente cursi y pesada, y se alarga hasta la desesperación para señalar un argumento muy simple: una raza alienígena muy especial está en peligro, y aunque parezca increíble no es porque pasen hambre (la película parace una oda a la anorexia). La hora siguiente la perdemos en aventuras caóticas con la parejita insoportable sin que se llegue a concretar nada. En El quinto elemento, aunque la premisa era tremendamente simple (vencer a un ente maligno sin definición), todo escenario mantenía la misión como objetivo, el efecto especial no se sobreponía a la aventura (la búsqueda de respuestas y la unión de los implicados), y los personajes tenían una presencia que levantaba cualquier situación. Aquí nos encontramos ante una exposición destartalada de una lluvia de ideas delirante vivida a través de dos individuos difíciles de querer.

El mercadillo en varias dimensiones, la especie retrógrada que secuestra a la chica, el trío de patos gilipollas, la pesca submarina con criaturas metidas con calzador en plan La amenaza fantasma (George Lucas, 1999), el numerito musical de Beyoncé… Todos los capítulos resultan largos, anodinos e inconexos, nunca hay sensación de que nos dirigimos hacia alguna parte, de que los personajes van cambiando. Para cuando Besson se decide a recuperar la trama principal ya es tarde, ha perdido la poca trascendencia e interés que pudiera tener. Los irritantes protagonistas y su descentrada odisea me han desesperado tanto que he tenido que ver la película repartida en varios días. Y todo para que al final apenas aborde otros pocos clichés cansinos: el militar genocida y sus secundarios peleles, la forzada maduración del prota, la penita que supuestamente debe darnos la raza desfavorecida, y la batallita final de rigor ponen un cierre sin garra alguna para un conjunto infame.

La pena es que en el aspecto audiovisual han derrochado a lo grande. Para una vez que tenemos una banda sonora de acción ajena a la factoría Hans Zimmer (clones sin alma), en manos del virtuoso Alexandre Desplat, esta pasa desapercibida entre tanto ruido. La labor de dirección artística es encomiable y se traslada a imágenes de forma deslumbrante gracias a un abultado presupuesto (180 millones de dólares). El universo es rico y vistoso hasta abrumar, pero, por culpa del penoso guion, en el mal sentido: no hay coherencia y verosimilitud como para que el bombardeo de imágenes cale hondo, todo queda infrautilizado como artificios vacuos. En El quinto elemento sentías que los personajes vivían en ese futuro imaginario, y los distintos escenarios cobraban vida propia. Aquí hay mucha lucecita, criatura, navecita y planeta exótico pero nada logra transmitir alguna emoción concreta más allá de una breve “molonidad” visual.

Lo peor de todo es que no llega a caer en el cine cutre. Si pudieras reírte de lo estúpida y chapucera que es al menos sacarías algo. Pero es aburrida y cargante hasta límites inclasificables. Corramos un tupido velo y hagamos como que no ha existido…

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Sinister


Sinister, 2012, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 110 min.
Dirección: Scott Derrickson.
Guion: Scott Derrickson, C. Robert Cargill.
Actores: Ethan Hawke, Juliet Rylance, James Ransone, Fred Dalton Thompson, Michael Hall D’Addario, Clare Foley.
Música: Christopher Young.

Valoración:
Lo mejor: El protagonista engancha con su historia, el thriller psicológico funciona.
Lo peor: La parte de terror y el clímax final se quedan muy cortos.

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Sinister (siniestro) es otra de misterio y terror que tuvo buena acogida en los últimos años y que he terminado viendo en esta especie de ciclo que improvisé tras las buenas sensaciones que me dejó La bruja y el interés que me despertaba la llegada de la secuela de The Conjuring (El caso Enfield), una de las pocas películas que realmente me ha dado miedo. En el proceso he encontrado buenos hallazgos, como Babadook, y algún fiasco, como It Follows. En cuanto a la presente, se queda más bien en tierra de nadie…

Un escritor se aferra al único éxito que tuvo, la novela sobre un crimen real espantoso, y trata de repetir la jugada siguiendo otros casos y arrastrando a su familia a nuevos hogares, donde los hijos sufren diversas consecuencias: las situaciones donde se mezcla el drama y lo sórdido, los vecinos que no ven con buenos ojos su presencia… Esta vez la cosa parece ir a peor, porque el tesón del protagonista se convierte en una obsesión que va minando la ya de por sí inestable dinámica familiar. El drama que viven resulta sólido, verosímil, aunque no sea especialmente novedoso, y se ve realzado por la correcta caída al infierno del padre de familia, que nos lleva de la mano hacia un correcto thriller psicológico.

Pero cuando llegamos a los momentos cumbre, cuando parece que va a despuntar el terror más puro, la cinta se frena casi en seco, pues a su guionista y director Scott Derrickson se le agotan las ideas y los clichés absorben la narración. Una vez terminado de presentar el misterio resulta que no es tan acongojante como se prometía. El asesino en serie estrafalario, enmascarado y con un toque fantasmagórico no inquieta mucho por más rebuscados que sean los asesinatos, y el realizador parece ser consciente de ello, pues lo intenta enmascarar con trucos baratos: los sustos sonoros forzados se confunden con una banda sonora histriónica (Christopher Young tiene mejores composiciones de terror), las esquemáticas visiones de niños por la casa no causan inquietud alguna, y hay algún giro un tanto tramposo (lo del hijo sonámbulo en la caja resulta muy exagerado). Cabe recalcar el abuso de los efectos sonoros: una figura borrosa que aparece de fondo ha de ser sutil, si metes un golpe de sonido contundente da la sensación de que quieres señalar algo en primer plano, y también de que no confías en la atmósfera sugerente que deberías estar generando. En El exorcismo de Emily Rose se le criticaba el abuso de este recurso tan pobre, con lo que se me han quitado las ganas de verla.

De esta forma se va diluyendo la intriga inicial y el relato se dirige hacia un camino demasiado predecible y falto de garra, teniendo un clímax final bastante pobre. Por suerte, la solidez del rol central mantiene cierto interés por inercia, así que la caída no llega a ser desastrosa y en conjunto Sinister, aunque no cause gran impacto, resulta un entretenimiento ligero e intrascendente con el que pasar el rato. La secuela tiene peores críticas, así que no me llama la atención.

Predestination


Predestination, 2014, Australia.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 97 min.
Dirección: Michael Spierig, Peter Spierig.
Guion: Michael Spierig, Peter Spierig.
Actores: Ethan Hawke, Sarah Snook, Noah Taylor.
Música: Peter Spierig.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene bastante. Su primera mitad tiene su intriga.
Lo peor: Trucos y trampas evidentes. El guion finge ser complejo e inteligente cuando no lo es.

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Predestination parecía una de estas cintas de ciencia-ficción de serie b (poco presupuesto y ambiciones) con potencial para resultar una buena película, de hecho leí comentarios muy entusiastas y me lancé a ella con interés. Pero una vez vista me ha parecido muy poca cosa, un ejercicio pretencioso malogrado porque los autores no tienen el nivel necesario para llegar hasta donde quieren.

Ethan Hawke es un agente del tiempo encargado de perseguir a un terrorista que sembró el caos en el pasado. Sus intentos por cazarlo no están dando resultados, pero sus últimas pruebas parecen apuntar a un solitario escritor.

No esperéis acción ni un apartado visual de ciencia-ficción, está más inclinada a la intriga en tono de cine negro. En su primer acto encontramos un protagonista del que sabemos poco que sigue a un fantasma al que parece que nunca veremos en un filme pausado pero que maneja bien la intriga. Se juega con el misterio de hacia dónde irá la historia, cómo el protagonista avanzará en su investigación y dará caza al villano, y cuando aborda al individuo en el bar el interés crece porque suponemos que finalmente es quien buscaba.

La calidad de los diálogos y los atractivos personajes enfrascados en esa larga pero jugosa conversación apuntan maneras, y el relato sobre la chica sigue el mismo tono en un principio… Pero al no navegar hacia nada concreto empieza a perder fuerza, y cuando por fin se encamina me temo que se torna un filme enormemente predecible y lleno de trucos baratos. Los guionistas intentan clásicas jugadas del despiste, historias que enlazan personajes en distintos tiempos, giros que supuestamente le darían la vuelta a todo… pero no ofrecen nada nuevo y las costuras cantan a distancia. Los personajes que se ocultan en el plano con todo descaro (diciendo a las claras quién será, aunque la intención fuera la opuesta), las informaciones reservadas para cuando les da la gana soltar la supuesta sorpresa (qué cutre el hallazgo de la lavandería), las revelaciones tan forzadas en la parte final cuando antes no soltaban prenda, las fallidas secuencias circulares a lo Doce monos

Aunque no pareciera apuntar muy alto, al menos no esperaba que se derrumbara. Pero cuando la fachada cae no hay vuelta atrás, va perdiendo ritmo, interés y credibilidad hasta un encuentro final lamentable con el terrorista. Llega al punto de que parece una broma: ¿de verdad estáis intentando colar esa trampa, ese giro, ese argumento? Además adquiere también un tono de trascendencia e inteligencia bastante impostado. A media película ya puedes saber todo: a quién mira el quemado en el prólogo, cómo acabarán encontrándose los protagonistas, qué resultará de todo ello… y el tramo final se ve venir tan de lejos que acabé la película cabreado por su simpleza mal disimulada. Dudo que el relato de Robert A. Heinlein en el que se basa (All You Zombies) sea tan facilón, la verdad.

Una vez asentada he de decir que cumple su cometido de entretener sin muchos problemas, y quien no esté muy puesto en este estilo podrá sacarle algo más de partido al ser engañado con ideas muy sobadas. De hecho del género tenemos un título reciente mucho más interesante en Looper. Con la que no puede compararse es con el gran referente, Doce monos. La pondría en la onda de Código fuente: para pasar el rato y no analizarla a fondo, porque hace aguas.

Boyhood


Boyhood, 2014, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 165 min.
Dirección: Richard Linklater.
Guion: Richard Linklater.
Actores: Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Lorelei Linklater, Marco Perella.

Valoración:
Lo mejor: Realista y cercana, y con alguna buena historia.
Lo peor: Pero en general es un relato poco interesante y sin garra, y demasiado largo.

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La gente se ha tirado como loca a los pies de la frase “ha tardado doce años en rodarla”, cuando le ha llevado menos de cincuenta días en total, unos pocos días de trabajo cada no sé cuántos años, cuando le apetecía y le venía mejor a los actores. Y además ha sido un rodaje realmente sencillo, porque la película es muy simple en forma y contenido. Si hubiera requerido alguna fórmula narrativa compleja, técnicas insólitas, o lo que fuera, pues se entendería el aplauso por el esfuerzo, pero en estas condiciones no hay nada llamativo como para encumbrarla como una de las epopeyas más grandes del cine. Además, viendo la película resulta evidente que no hacía falta este enredo. Podía haber cogido distintos actores para las distintas edades del protagonista y para los demás jóvenes, con un mínimo parecido y maquillaje sobraba. Vamos, que ha sido publicidad nada más, y por lo visto ha colado, porque muchos hablan de la cinta como de algo único.

Y Boyhood no tiene nada de extraordinaria. Está más cerca de resultar un telefilme que una obra genuina y profunda como cualquier capítulo de su trilogía sobre el amor (Antes del amanecer…), que dicho sea de paso sí que está muy alejada de convencionalismos. Al menos es un buen telefilme, eso sí. Destaca por su naturalidad, por no tirar por sensacionalismo, por abarcar la vida de una persona cualquiera con la mezcla justa de realismo, sinceridad y emoción. Pero efectivamente va muy justa, no aporta trazas de innovación e intensidad que logren formar un relato original y con garra. Era inevitable abarcar fases comunes en cualquier familia occidental, que de eso va, pero se podía hacer con más ritmo y algo más de trascendencia.

El principal problema es que el protagonista pasa demasiado de todo, se implica poco o nada en todo lo que ocurre en su existencia. Todo le cae encima, no se esfuerza por nada. Se cansa de su tremenda novia y la deja, y enseguida se tropieza con una mucho mejor. Así se amplifica la impresión de que se empalman anécdotas sin la necesaria progresión dramática y emocional. Es cierto que nunca decae hasta el aburrimiento, pero se hace evidente que requería un protagonista carismático y con mayor proyección o crecimiento que aportara un viaje más movidito.

Sencillamente, para qué quiero ver un resumen de la vida de alguien, si tengo la mía propia. Si no me aporta una historia lo suficientemente conmovedora o impactante como para recordarla, o no llega a mostrar ideas que me hagan pensar o reflexionar, ¿qué me aporta la película? No es mal entretenimiento, pero tampoco bueno, porque es lenta y le sobra metraje. Tampoco es un gran drama, sino más bien superficial e intrascendente, porque como digo pasa por encima de todo cual anécdotas, sin dejar una huella en las siguientes historias. Los matrimonios fracasados de la madre son los mejores tramos, los únicos que ofrecen algo llamativo y emocionarte durante un rato. Y en cuanto a pensamientos, solo deja algún buen momento en el tramo final, con los discursos del padre y la madre cuando el hijo ya es adulto y se independiza, donde se deja alguna acertada pero desde luego no sorprendente reflexión sobre nuestro lugar en el mundo, qué nos depara la vida y demás.

También debo decir que es irregular en cuanto a consistencia. En algún aspecto se muestra acertada, como la inclusión de referencias de la cultura popular para ubicarnos en las distintas épocas y jugar con la nostalgia, pero en otros deja huecos notables, como la completa desaparición de los hermanastros tras la separación: me resulta muy poco creíble que dejaran de relacionarse.

El reparto es irregular: Patricia Arquette está estupenda, Ethan Hake y Lorelei Linklater (la hermana) pasan sin pena ni gloria, y el chico, Ellar Coltrane, no tiene presencia suficiente para soportar tanto metraje.

Boyhood ha sido una decepción bastante grande, esperaba mucho de Linklater y las expectativas crecieron con las críticas (la ponen como una de las mejores del año en todas partes), para luego encontrarme con tan poca cosa. Es la cinta independiente de moda que todos dicen haber visto y alaban para sentirse alternativos y cultos.