El Criticón

Opinión de cine y música

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Casino Royale


Casino Royale, 2006, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 144 min.
Dirección: Martin Campbell.
Guion: Neal Purvis, Robert Wade, Paul Haggis.
Actores: Daniel Craig, Eva Green, Mad Mikkelsen, Judi Dench, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Jesper Christensen.
Música: David Arnold.

Valoración:
Lo mejor: Un guion alejado de los clichés de la saga en sus últimos capítulos: original, complejo, con el atrevimiento de tener segmentos muy diferenciados en estilo. Puesta en escena muy sólida.
Lo peor: Altibajos de ritmo, destacando su tramo final sin garra.
Mejores momentos: La larga partida de póquer, llena de momentos geniales: la bebida de Bond, la bebida envenenada.
La frase:
1) Tres partes de Gordon’s, una de vodka, media de Kina Lillet, lo agitas con hielo y luego le añades una fina rodaja de cáscara de limón.
2) Esa última mano casi me mata.
3) -Mezclado o agitado.
-¿Tengo cara de que me importe?

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Como es obvio casi ninguna reseña o artículo dedicado a Casino Royale evitó la comparación con las anteriores entregas de esta interminable saga. El aspecto rudo del rubio Daniel Craig fue duramente criticado por los fans, pero una vez vista la película prácticamente todo el mundo coincidió en que el actor cumple de largo con buen hacer y carisma y el tratamiento del personaje ha resultado innegablemente enriquecedor. La fórmula había sido llevada a extremos exagerados en las últimas producciones con Pierce Brosnan de protagonista, donde convertían a Bond casi en un superhéroe que rara vez sufría daños e incluso nunca se despeinaba. El construido para Craig es mucho más humano: tiene motivaciones más claras, sufre dolor y pena, se llena de sangre y suciedad, se enamora… y como es su primera aventura se ha optado también porque aún no tenga sus sellos clásicos de identidad, sino que los va adquiriendo poco a poco.

La historia también se ha distanciado del esquema tan repetitivo, huyendo del archienemigo único siempre empeñado en conquistar el mundo, mejorando la trama (nada de guarida final del malo y otros clichés) y sin abusar de otros detalles significativos, como los artefactos de tecnología tan avanzada que convertían a las últimas entregas en delirantes obras de ciencia-ficción (Q ni aparece). Supone todo un acierto, un soplo de aire fresco y humanizador en una saga que estaba estancada, y eso no quiere decir que no parezca una cinta Bond. Es una más original, compleja y seria. Mantiene el glamour (fiestas, coches, trajes), las mujeres bellas, las escenas de acción casi imposibles (¿por qué el el tipo perseguido huye hacia la obra y sube por ella, siendo un claro lugar sin salida?) resueltas con efectismo y una realización más que notable, el humor cínico y seco, y los villanos característicos y temibles. Pero todo es más y mejor.

La trama, como señalaba, huye del repetitivo esquema de Bond contra un loco megalómano que no tiene más motivación que ser malo porque sí. Lo enemigos son más ambiguos, una combinación de terroristas y organización secreta, y no se sabe por dónde pueden salir porque la historia no anda por los mismos caminos de siempre. Las indagaciones de Bond para ir descubriendo el plan enemigo siguen un patrón más de cine de espías serio y denso que de acción directa, siendo bastante enrevesadas, de hecho incluso demasiado, pues a veces cuesta quedarse con los detalles y pistas que dirigen sus acciones. Hay algunas que como no las pilles te quedas sin enteder parte de la trama (al final por ejemplo tienes que ver a la primera de quién es el teléfono que mira y de quién es el mensaje, para poder comprender el epílogo), y otras soluciones se quedan en el aire para otro momento de la película, dejándote pensando y con dudas, algo no muy apto para el espectador actual, pero también algo atractivo para el espectador exigente: se puede ver varias veces para sacarle todo el jugo. Los diálogos son más elaborados, inteligentes y sutiles (atención al análisis que se hacen mutuamente Bond y Vesper en el tren), y no faltan grandes dosis de humor marca de la casa.

Pero lo que más destaca es que los realizadores se atreven a fragmentar la trama en segmentos muy diferenciados de estilo y tono. Por ejemplo, el consabido prólogo de peleas se reserva para después de una pequeña y pausada introducción que presenta al nuevo Bond, pero sobre todo destaca que en mitad de la película la acción intensa se deja de lado por una larguísima partida de póquer que supone la confrontación principal con el villano, y que lejos de romper el ritmo resulta un tramo fantástico por su intriga y buen manejo de los personajes.

Sin embargo, este intento de dotar de mayores ramificaciones a la función sí termina jugando en contra del ritmo,. Al principio hay varias peleas y persecuciones que parecen infladas (sobre todo la del aeropuerto) para buscar efectismo a toda costa, y aunque como espectáculo funcionan, realmente trascendencia y recordabilidad tienen poca. Y por el contrario, en el tramo final peca de perder fuelle: la historia de amor se alarga demasiado y termina haciéndose previsible, y el combate del desenlace no es tan impresionante como los del principio. Aunque el hundimiento de la casa en Venecia está muy, muy bien hecho, llega tarde y no es muy llamativo, ni siquiera destaca en cuanto a la implicación de los protagonistas: Vesper está desaparecida sin hacer nada y Bond pega cuatro tiros que no están a la altura de las escenas cumbre de la cinta. Sin duda pretendían tirar por el drama emocional, poniendo a Bond ante un punto de inflexión importante en su vida, pero no funciona del todo, esta parte empieza sin energía tras el interludio de vacaciones románticas y apenas lo recupera. Y luego llega un epílogo que también tarda en arrancar, porque necesita más diálogos y explicaciones.

La puesta en escena de Martin Campbell, que también se encargó de Goldeneye, la única destacable de Brosnan, no destaca por tener mucha personalidad pero sí por ser contundente, impecable. Las complicadas escenas de acción son trepidantes pero claras, con planos abiertos y un montaje excelente que muestran muy bien todos los hechos, mientras que las pausadas mantienen un tempo muy correcto. En los actores, Daniel Craig está fantástico como Bond: imponente, duro, descarado… pero también muestra muy bien todo lo que sufre en las situaciones extremas que vive. Los secundarios cumplen de sobras, destacando a la sugerente Eva Green (Vesper), la rígida Judi Dench (M), y el inquietante Mad Mikkelsen (Le Chiffre).

A pesar de las reticencias iniciales, de alejarse de los cánones del cine de acción actual y de ser bastante densa, sorprendentemente la película funcionó muy bien entre la crítica y la taquilla, y hoy en día de hecho muchas listas la consideran entre las cinco mejores de Bond, algunas incluso la mejor. Para mí le falta algo de equilibrio narrativo para considerarla tan buena.

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Serie James Bond:
-> Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
Skyfall (20012)
Spectre (2015)

The Salvation


The Salvation, 2014, Dinamarca, Reino Unido, Suiza, Bélgica, Sudáfrica.
Género: Western.
Duración: 92 min.
Dirección: Kristian Levring.
Guion: Anders Thomas Jensen, Kristian Levring.
Actores: Mads Mikkelsen, Jeffrey Dean Morgan, Mikael Persbrandt, Eva Green, Eric Cantona, Jonathan Pryce.
Música: Kasper Winding.

Valoración:
Lo mejor: Va al grano con determinación y firmeza, resultando un título clásico pero efectivo.
Lo peor: No va a sorprender. La iluminación nocturna es irreal, casi desastrosa, resultando un inesperado y confuso contraste con la buena fotografía diurna.

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Un emigrante danés huye de la guerra en su país para perseguir el sueño de forjar una nueva vida en el Oeste americano. Pero cuando consigue traer a su familia se tropieza con la banda de pistoleros que aterra la zona, y la cosa acaba en tragedia y en un conflicto del que no ve salida.

Como indicaba en el cuadro resumen, no es una película que pueda sorprender, pues parte de un argumento muy sobado en el western, llega con décadas de retraso y no intenta en ningún momento aportar algo nuevo. Además es curioso que en una coproducción europea se embarquen en una historia tan estadounidense, sobre todo porque no aportan un toque distintivo o una historia más enfocada en los colonos y sus vicisitudes, porque al final el origen de los protagonistas resulta irrelevante y la historia es como digo la de siempre. Pero como también repito muchas veces, un relato, del género y formato que sea, puede valer la pena sólo con estar bien narrado. Y ahí The Salvation funciona francamente bien. Los clichés del género están presentes, muchas escenas se ven venir de lejos y el destino de los personajes es evidente desde que son presentados, pero el realizador Kristian Levring se esmera en construir una aventura sólida y con garra suficiente para que esas bases no se conviertan en un lastre.

Todos los personajes logran resultar entre aceptables y atractivos. Los más estereotipados, como el adolescente que quiere ayudar, no entorpecen ni resultan cargantes. Los villanos tienen una pizca de sentido más allá de ser malos porque sí: las clásicas ambiciones de terratenientes combinadas con el disfrutar de ser el matón más fuerte. No esperaba que Jeffrey Dean Morgan, un secundario de series ñoñas (Anatomía de Grey por ejemplo) pudiera llegar a imponer tanto, pero logra un enemigo que causa miedo aunque se pueda deducir su destino. Los aldeanos muestran varias caras de la cobardía, siendo el más interesante el alcalde, sobre todo por el estupendo papel de un valor seguro como es Jonathan Pryce. El protagonista, Mads Mikkelsen, tiene carisma de sobra para sobrellevar un rol tan clásico, el del padre de familia que se enfrenta solo al peligro. Este actor fue de hecho quien me empujó a ver la película, pues su papel en Hannibal como el asesino caníbal me tiene fascinado. En cambio la siempre atractiva Eva Green no tiene mucho que hacer: si partes de un cliché y encima haces que sea un personaje mudo, poco que aportar tiene si no le das una historia llamativa, cosa que no hacen.

El tono y el ritmo son muy buenos, la cinta fluye bien sin atascarse en ningún pasaje, y mira que muchos son muy básicos, y las escenas de acción y tiroteos son emocionantes y no escatiman en violencia. En el gran conflicto final maneja muy bien la situación de cada personaje y la intriga sobre por dónde sobrevendrá la muerte de cada uno (las esquinas, los suelos, los planos amplios para ubicarte), de forma que tenemos un tiroteo espectacular y tenso a partes iguales.

Pero hay un detalle extraño y malogrado en la por lo general buena puesta en escena. A pesar de su acertada fotografía diurna, con una excelente iluminación, grandes planos y algún tráveling muy eficaz, en la fotografía nocturna hacen una cosa extrañísima. No sé si han rodado de día con filtros o aplicando un tratamiento digital posterior, o si lo han hecho de noche fallando estrepitosamente en la iluminación, porque el resultado es bastante fallido, parece que la imagen está mal. Tampoco funcionan un par de efectos digitales cutres: el fuego y los pozos petrolíferos no llegan a un mínimo aceptable de calidad.

El entusiasmo con que se narra una propuesta tan poco novedosa se contagia: a mí me ha resultado una película muy emocionante e intensa, lo suficiente como para que su estructura a base de topicazos consiga saber más a nostalgia y homenaje que a imitación. Ahora bien, es inevitable que al acabar la proyección te pongas a pensar que es una lástima que no aportaran ni una idea o giro que le diese un poco más de originalidad y “recordabilidad”.

Pájaro blanco de la tormenta de nieve


White Bird in a Blizzard, 2014, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Dirección: Gregg Araki.
Guion: Gregg Araki, Laura Kasischke (novela).
Actores: Shailene Woodley, Eva Green, Christopher Meloni, Shiloh Fernandez, Gabourey Sidibe, Thomas Jane, Mark Indelicato.

Valoración:
Lo mejor: El tono melancólico y algunos apuntes de guion la distinguen en un género muy repetitivo.
Lo peor: Pero no se aprovecha, y se diluye hasta quedar en poca cosa: se ve y se olvida.

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Medio escondido tras un thriller ligero encontramos un clásico drama sobre el proceso de maduración, el paso de niño o adolescente a adulto. La atmósfera de thriller y la narración no lineal (vamos conociendo la historia familiar en flashbacks) le da un toque entre oscuro y melancólico que aporta una pizca de originalidad a un género muy trillado y sobre todo muy limitado, porque hay poco que contar sobre la vida de un adolescente que no se haya contado ya. Otra virtud es que la fuerza del carácter central promete un buen nexo de unión entre el relato y el espectador.

Pero nunca termina de desplegar el potencial que tiene. No logra decantarse por un género (thriller, adolescencia, dramón), con lo que no parece una película muy centrada… y de hecho el ritmo es bastante lento, moroso en algunos tramos, y la narración no lineal, eficaz en un principio, conforme avanza la película se torna contraproducente, por aportar poco o directamente ser reiterativa. También termina siendo tramposa, porque da un puñado de pistas falsas para que luego nos cuelen un giro bastante forzado. Aunque lo cierto es que no llegó a molestarme, en parte por cierta desconexión en el tramo final, en parte porque me interesaba más el viaje psicológico de la chica que el trasfondo de misterio.

Es esa adolescente madura, simpática y valiente quien sustenta la cinta, y en gran parte por la natural y emotiva interpretación de Shailene Woodley. La familia aporta lo justo del típico matrimonio agonizante (padre apagado y distante, madre deprimida) que garantiza un entorno donde crecer como marginado antisocial o como persona que se fortalece rápido. El primer caso está muy sobado en el género, y por suerte estamos ante el segundo, con una chica decidida y carismática que resulta encantadora; atención a su aventura sexual con el detective, por ejemplo. Una comparación obvia es Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower), que
sería un claro ejemplo de la primera situación. Dicho título está adquiriendo un estatus de culto que no comparto, porque me aburrió un montón (tanto que ni escribí sobre ella), mientras que la aquí comentada me ha parecido más realista, incluso con el thriller de por medio, y emocionante, aunque tampoco llegue a ser una gran obra y también se olvida en cuanto se ve.

El guionista y director Gregg Araki parece haberse afincado en el género adolescente, aunque todavía no ha logrado un título que lo haga destacar en el panorama del cine independiente.

Perfect Sense


Perfect Sense, 2011, Reino Unido.
Género: Romance.
Duración: 92 min.
Dirección: David Mackenzie.
Guion: Kim Fupz Aakeson.
Actores: Eva Green, Ewan McGregor, Connie Nielsen, Denis Lawson, Stephen Dillane.
Música: Max Richter.

Valoración:
Lo mejor: Actores, dirección, fotografía. Precioso relato de amor con trasfondo muy original.
Lo peor: Altibajos en el ritmo. Le falta garra en los últimos minutos.

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Perfect Sense es una producción independiente escrita por el danés Kim Fupz Aakeson y dirigida por el inglés David Mackenzie cuyo estreno llegó en 2011 en el festival de Sundance. Tras pasar por otros tantos festivales fue apareciendo en dvd, pero como es habitual en España no se sabe nada de ella. Parece que va camino de convertirse en una cinta de culto, es decir, de esas en los que la hemos visto nos preguntamos cómo un título tan llamativo y vendible fácilmente por su reparto no ha tenido el favor de las distribuidoras. Sí, es rarita, pero no hasta el punto de resultar difícil o ininteligible.

La historia versa sobre cómo se conocen y comienzan a enamorarse una mujer solitaria que está perdiendo la esperanza en encontrar a alguien con quien compartir la vida y un hombre en apariencia bastante cabrón con las mujeres (el clásico usar y tirar) pero que en realidad se comporta así por problemas sentimentales varios. Su unión les hará enfrentarse a conflictos tanto del pasado como del presente y les permitirá ver la vida a través de una nueva perspectiva. La relación gira además alrededor de un acontecimiento catastrófico: una epidemia está haciendo que la población mundial pierda paulatinamente los sentidos y tenga ataques de diversa índole (como ira o felicidad incontrolables). Este trasfondo atípico funciona (al contrario que la absurda invasión alienígena de la fallida Monster) como hipérbole para lanzar la historia de amor desde un ángulo distinto y analizar el comportamiento humano en condiciones extremas. Aunque algunas reflexiones son claras (la esperanza y lucha que nos hace salir hacia adelante mostrada con el restaurante lleno de clientes sin gusto y olfato), otras muchas se dejan para que el espectador desarrolle sus propias ideas.

La aventura amorosa lleva muy buen ritmo, los personajes resultan cercanos y sus emociones alcanzan con fuerza al espectador. Los dos actores principales, Ewan McGregor y Eva Green, están estupendos, esenciales a la hora de trasladar esa sensación de proximidad y credibilidad. El seguimiento de la pandemia, tanto en el círculo de los protagonistas (el restaurante, sobre todo) como en las escenas que muestran al resto de la ciudad e incluso del mundo, está bastante bien hilado, y si bien a veces parece discutible darle tanta importancia al exterior (los excesivos montajes de imágenes de alrededor del globo no son esenciales), otras veces aciertan de lleno: cuando el caos y la desesperación toman la ciudad el romance adquiere aún más intensidad.

La naturalidad, emotividad y belleza que desprende el relato lo ponen por encima de lo que se suele ver en el género últimamente, por no decir que su estilo arriesgado le otorga un aura única. Me tengo que remontar a Antes del amanecer y Antes del anochecer para poder citar una aventura romántica que me cautivara, aunque cierto es que Perfect Sense, aunque bien encaminada, no llega a tal nivel de perfección, pues a veces parece que a guionista y director se les escapa un poco el rumbo de la historia. Se producen pequeños altibajos en el ritmo, juegan con ideas narrativas que no parecen del todo acertadas (la voz en off no me convence, los citados montajes de fotos se descontrolan), y sobre todo el segmento final puede resultar algo predecible a partir de cierto momento y además, por eso de ser abierto para empujar al espectador a la reflexión, no contentará a todos.

La labor de dirección de David Mackenzie es francamente buena, y si bien a veces se deja ver la falta de dinero se apoya muy bien en una estupenda fotografía y en una música muy acertada y ofrece imágenes por lo general hermosas y en ocasiones bastante poderosas. Perfect Sense es una bella historia de amor narrada desde una perspectiva bastante curiosa que estoy seguro que llegará muy bien al espectador que acepte historias intimistas, reflexivas y también distintas, arriesgadas.

El reino de los cielos (Director’s Cut)


The Kingdom of Heaven, 2005, EE.UU.
Género: Histórico, aventuras, drama.
Duración: 190 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: William Monahan.
Actores: Orlando Bloom, Eva Green, David Thewlis, LIam Neeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Marton Csokas, Brendan Gleeson, Ghassan Massoud, Alexander Siddig.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La excelente puesta en escena de Ridley Scott, la fotografía, la música, el vestuario, los decorados, las localizaciones y los efectos especiales.
Lo peor: Cierta falta de energía y ritmo, de grandeza y épica, tanto en la trama como en los personajes, que impide que, aun teniendo una buena base y esté rodada de forma magistral, llegue a ser una gran película.
Mejores momentos: La primera batalla (en los bosques, al poco de partir del hogar de Balian) y el asedio al completo.
La música: Aparte de la compuesta para la película aparecen temas de otras bandas sonoras, quizá por falta de tiempo: cuando Balian da los discursitos de turno suena claramente (tanto que molesta) un tema de Jerry Goldsmith de El guerrero número 13, y en otras ocasiones se oyen partes Blade II, Hannibal y El Cuervo.
La curiosidad: El actor que está tras la máscara del rey leproso es Edward Norton.
Comparativa entre versiones: movie-censorship.
La frase: Qué hombre es aquél que no quiere mejorar el mundo.

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Cuando vi en el cine El reino de los cielos salí algo decepcionado. La película de Ridley Scott estaba coja, se notaban algunos agujeros en el guion y una falta de fluidez en la narración que hacían pensar en un gran recorte de metraje antes de su estreno. Por ejemplo, el personaje de Balian salía muy mal parado, con una descripción pobre y una evolución mal desarrollada (pasaba de joven herrero a caballero dotado sin explicación alguna). Esta falta de equilibrio y profundidad se hacía notar, forzando que un relato visualmente impecable y con aparente potencial en la historia dejara cierto mal sabor de boca. Las críticas fueron tibias, y la recepción del público también.

Por suerte, para el dvd Ridley Scott pudo sacar la versión que él y el guionista William Monahan tenían en mente. Lo que ocurrió fue lo de siempre: la productora pensó que la película era muy larga para ser vendible, y exigió un montaje cercano a las dos horas que se centrara en la acción y además eliminara violencia para hacerla para mayores de 13 años. La versión Director’s Cut (corte o montaje del director) añade alrededor de cuarenta y cinco minutos (llevando la proyección hasta las tres horas diez) y forman una cinta más redonda y equilibrada, hasta el punto de que no recomiendo ver la versión corta, pues en comparación parece una chapuza donde se omiten datos cruciales. Ahora se explica que Balian tiene experiencia en combate y que sabe construir maquinaria de guerra, se añade una subtrama muy interesante con el hijo de Sybilla, se profundiza en la relación entre ella y Balian, se detalla la política de reyes y facciones y se potencian numerosos tramos con pequeñas escenas que matizan y redondean personajes y situaciones, incluyendo escenas tan interesantes como el duelo de espada entre Balian y Guy de Lusignan. Además se recupera toda la sangre y violencia que fue eliminada, dotando a las batallas de mayor realismo y crudeza.

Sin embargo debo decir que este Director’s Cut llega a pecar de excesos en algunos momentos, y pienso que con unos quince minutos menos ganaría. Sin duda el ritmo es bueno, y su larga duración no se hace pesada, pero lo cierto es que hay pasajes algo faltos de intensidad. Algunas secciones creo que se podrían haber resumido para hacerlas más ligeras y directas (la partida de Balian al comienzo, su adaptación al nuevo hogar, alguna intriga política algo lenta) y desde luego breves escenas aquí y allá que no aportan nada consistente no deberían haberse incluido (como que el sepulturero del pueblo de Balian -el de la oreja cortada- aparezca en plena batalla).

Hay suficiente calidad en El reino de los cielos como para hablar de un filme notable que no sólo aguanta sino que gana con los sucesivos visionados. El problema más grande, agravado además por el daño que ha hecho la versión corta, es esa sensación constante de que nunca llega a dar todo lo que parece querer ofrecer: por su género y estilo, por la clara grandilocuencia que destila la trama y la ejecución (la excelsa puesta en escena), es una película que clama a los cuatro vientos que te ofrecerá una obra maestra tipo Braveheart, Gladiator o Espartaco. Y se queda a bastante distancia de ello. Es una pena que, aunque Scott disponía de los medios necesarios además de su notable habilidad tras las cámaras, al guion de William Monahan le falte algo de calidad y fuerza y sea incapaz de desarrollar todo el potencial latente. El resultado es una producción de aventuras medievales muy vistosa y entretenida, pero apenas hay grandeza en un relato que debería tenerla y a los personajes le falta algo de garra que los ensalce como roles capaces de dejar huella en el espectador. ¿Alguien se emociona o sufre intensamente siguiendo a Balian, Sibylla o cualquier secundario? Aprovechando una escena sacada directamente de Lawrence de Arabia, aquella en que el protagonista, perdido en pleno desierto, se encuentra con uno de sus rivales antes de meterse en todo el jaleo, hilo una comparación entre ambas: la cinta de David Lean sí mostraba un aura de grandeza donde tanto el rol principal como todo secundario que iba apareciendo en la historia dejaban grato recuerdo en el espectador.

Los actores, quitando a un siempre mediocre Orlando Bloom, que no tiene el carisma suficiente para ser protagonista aunque por suerte está mucho mejor que en otros títulos (Troya, Piratas del Caribe), son buenos profesionales, pero salvo Eva Green ninguno resulta muy destacable, quizá porque sus personajes no tienen el trasfondo suficiente como para conseguir algo notable de ellos.

Lo que está claro es que Ridley Scott no desaprovecha la oportunidad que ofrece el género y levanta una producción colosal que resulta deslumbrante en general y sobrecogedora en algunos tramos. La fotografía de John Mathieson capta muy bien lo buscado por Scott: los paisajes europeos son bellos y fríos (los tonos azulados otorgan una insólita belleza a los bosques), los desiertos de Jerusalén son cálidos (el colorido luminoso contrasta mucho con el tramo inicial de la cinta, y remarca muy bien la nueva vida o renacimiento del protagonista), las secuencias de batalla tienen planos amplios espectaculares, etc. La música de Harry Gregson-Williams es excelente y ofrece temas enérgicos y hermosos. El vestuario, las localizaciones, los decorados y los efectos digitales son perfectos y Scott los usa con maestría para erigir esta épica de grandes proporciones.

En el momento cumbre, el asedio, todo explota en un tramo de una fuerza visual increíble. Los ejércitos, las torres de asalto, las catapultas, las piedras golpeando los muros y los magníficos planos desde tierra o desde el aire mostrando toda la envergadura del asalto dejan sin aliento. El detallismo con que se muestran los pasos de la batalla, sin perder en ningún momento el ritmo y objetivo de la narración, son loables (un inconmensurable trabajo desde la escenificación en el rodaje al montaje en postproducción), y la nitidez y espectacularidad con que se muestra todo es extraordinaria. Y todo ello además en un tono realista muy de agradecer: sin abuso de efectos especiales, sin florituras absurdas, mostrado con claridad cada escena, golpe, finta, herida, etc. Comparen este asedio con la horterada llena de ruidos y efectos especiales de El retorno del rey

Sin duda será muy difícil superar lo que aquí se ha logrado. Con un presupuesto bastante ajustado comparado con lo que se ve en pantalla (nada más que 130 millones), Scott levanta una producción de una complejidad y dificultad que no está al alcance de muchos, y consigue además un acabado de una calidad impresionante. Sin embargo hay un título cercano en fechas (2004) digno de comparar: Troya. La obra de Wolfgang Petersen también es una producción de las difíciles y de acabado ejemplar que merece citarse y compararse. Es curioso que tal y como ocurre con El reino de los cielos falle lo justo en su guion (mejorable confección de personajes, falta de trascendencia de la trama) como para que, siendo bastante buena y teniendo un acabado exquisito, tampoco termine de resultar una gran película.

El trabajo de Scott me parece tan admirable que pienso firmemente que no se ha sabido valorar la calidad de esta producción: las labores de dirección, fotografía, música, montaje, vestuario, decorados y efectos especiales no obtuvieron ninguna nominación a premios importantes. ¿Cómo es posible que una película que resulta ejemplar en cuanto a realización pasara tan desapercibida? Es más, me pongo a pensar que la mediocre El retorno del rey arrasó por donde pasó un par de años antes, y la comparo con esta… y no soy capaz de entenderlo, ni de asimilarlo. Es evidente que los Oscar, Globos de Oro y demás carecen de sentido objetivo y se mueven por fama y moda (y El reino de los cielos no causó mucho impacto mediático), pero claro, aun así no puedo evitar citar la injusticia cometida.

Sombras tenebrosas


Dark Shadows, 2012, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 113 min.
Dirección: Tim Burton.
Guion: Seth Grahame-Smith.
Actores: Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Eva Green, Chloë Grace Moretz, Bella Heathcote, Jackie Earle Haley, Gulliver McGrath.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El aspecto visual, excelente en todo momento. Los actores, perfectos todos en personajes bastante llamativos. Cuando hay un chiste, este es muy bueno.
Lo peor: Lo poco que da de sí la prometedora historia: termina resultando previsible, aburrida y con un final insípido.
Mejores momentos: Todo momento humorístico basado en el choque de Barnabas con los años 70 o con el resto de la familia.

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La idea de parodiar el clásico de Drácula en sí no es una gran ocurrencia, pero traer el vampiro a una época casi presente (los setenta) y hacer chocar sus costumbres y vocabulario antiguo con los tiempos modernos y los miembros actuales de su familia proporciona un sinfín de escenas graciosas muy inspiradas. Y los personajes están muy bien dibujados, resultando notablemente carismáticos y estrafalarios, es decir, en la línea habitual del cine de Tim Burton.

Llena la pantalla un inmenso Barnabas, hombre de familia emprendedor, noble y educado que ve su vida truncada por la maldición de una bruja celosa. Johnny Depp se sumerge plenamente en su trabajo, haciendo de cada gesto y movimiento una parte del personaje, siendo crucial esto último porque muchos chistes se basan precisamente en gestos entre protagonistas. Si la película hubiera conseguido causar mayor impacto, quizá su papel se recordara mejor. Una veterana pero todavía atractiva Michelle Pfeiffer pone experiencia de sobra en una mujer que, por herencia, debe lidiar con la caída del imperio familiar. Se enfrenta resignada al asunto, hasta que el retorno de Barnabas promete nuevos tiempos… o viejos. Chlöe Grace Moretz, la joven estrella que ha demostrado en varias películas tener talento natural de sobra (La invención de Hugo, Déjame entrar…), representa a la adolescente rebelde que trata de encontrar un lugar en el mundo; la chica consigue recrear a la jovencita pasota de forma genial. Helena Bonham Carter borda a su doctora borracha que carece de objetivos en la vida hasta que la aparición del vampiro cambia las cosas. Eva Green repite un papel que a la larga puede terminar perjudicando su progresión como actriz: el de mujer seductora. Sí, sin duda lo hace bien (con esa mirada y ese escote tiene muchos puntos ganados), pero me parece que tiene calidad para mejores papeles. Y además su rol es el menos satisfactorio: una villana atractiva en un primer vistazo, pero que poco da de sí a lo largo de la historia. Un par de secundarios también importantes pero un tanto desaprovechados son el hermano pequeño, que no aporta mucho, y la institutriz de la que se enamora Barnabas, que parece puesta ahí únicamente como pretexto para la trama (o sea, el mcguffin). Finalmente cabe citar que la aparición estelar de Alice Cooper es brillante, pero la del mítico Christopher Lee sabe a poco, y más teniendo en cuenta que el género de la película y su presencia casi obligan a hacer algún chiste y referencia sobre sus papeles de Drácula.

Con un inicio tan atractivo, el fino sentido del humor y los fascinantes protagonistas, cabría esperar bastante más, pero por desgracia Sombras tenebrosas no explota su potencial. La historia carece de ritmo, interés y sorpresas, y conforme avanza se dirige cada vez más hacia caminos muy trillados dejando atrás casi toda su gracia. O dicho de otra forma, los personajes y sus problemas por sí solos atraen… pero estos no son embarcados en una trama lo suficientemente llamativa que los lleve a algún lugar concreto. Entre chiste y chiste pasan escenas insípidas de diálogos vacíos, y, lo más grave, una vez superada la llegada de Barnabas al “presente” nos encontramos con que el conflicto entre él y la bruja carece de emoción y no es capaz de despertar el más mínimo interés, desembocando además en un sosísimo clímax final.

Tim Burton nos deleita con su habitual impronta gótica capaz de mezclar lo tenebroso y lo humorístico sin quedar cutre, ofreciendo un aspecto visual imponente que sin embargo no es suficiente para levantar un guion demasiado irregular y endeble.