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Trainspotting 2


T2: Trainspotting, 2017, Reino Unido.
Género: Drama, comedia.
Duración: 117 min.
Dirección: Danny Boyle.
Guion: John Hodge, Irvine Welsh (novela).
Actores: Ewan McGregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Kevin McKidd, Kelly Macdonald, James Cosmo, Shirley Henderson.

Valoración:
Lo mejor: El tirón de sus protagonistas, algunos momentos muy emotivos.
Lo peor: Es muy predecible y carece del subtexto ingenioso de la primera parte.
Mejores momentos: Los reencuentros de Renton: con su familia, con Sick Boy, con Begbie. Begbie dándose cuenta de lo mal que ha tratado a su familia.
La frase:
1) Es la nostalgia. Por eso estás aquí. Eres un turista en tu propia juventud.
2) Elige la vida. Elige ropa interior cara con la esperanza de revivir una relación muerta. Elige bolsos. Elige zapatos de tacón alto. Lana de cachemira y seda para sentir cómo se supone que se es feliz. Elige un iPhone hecho en China por una mujer que saltó por una ventana y métetelo en tu chaqueta hecha de una fábrica asiática a punto de incendiarse. Elige Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram y miles de otras maneras de echarle bilis a gente desconocida. Elige actualizar tu perfil. Dile al mundo lo que desayunaste esperando que a alguien le importe. Busca ex parejas, porque crees que estás mejor que ellos. Elige bloguear en directo desde tu primera masturbacón hasta tu muerte. La interacción humana reducida a mera información. Elige diez cosas que no sabías sobre celebridades operadas. Elige gritar sobre el aborto. Elige chistes de violación, porno de venganza y misoginia deprimente. Elige pensar que 11S nunca pasó, y que si pasó, fueron los judíos. Elige un contrato de cero horas y un viaje de dos horas al trabajo y elige lo mismo para tus hijos, pero peor. Y quizá piensa que lo mejor hubiera sido nunca hubieran nacido. Y luego relájate y ahoga el dolor con una dosis desconocida de una droga desconocida hecha en una cocina de un desconocido. Elige promesas no cumplidas y arrepentirte de todo. Elige nunca aprender de tus errores. Elige ver la historia repetirse. Elige resignarte lentamente a lo que puedes obtener en vez de aquello con lo que soñabas. Confórmate con menos, y con buena cara. Elige la desilusión y elige perder a seres queridos. Y al ir desapareciendo, un pedazo de ti muere con ellos. Hasta que ves que en el futuro, pedazo por pedazo, todos desaparecerán. Y no quedara nada de ti que no puedas llamar vivo o muerto. Elige tu futuro. Elige la vida.

* * * * * * * * *

Sin ser ni por asomo una mala película, Trainspotting 2 sí decepciona bastante. Como no la he leído, no puedo hablar de cuánto ha tomado de bueno y de malo de la novela en que se basa, Porno, ni de si esta mantuvo el tipo respecto a su predecesora, pero en cuanto a este segundo largometraje, era difícil cumplir con las expectativas de una obra que lleva veinte años siendo recordada con bastante entusiasmo, que dejó un legado de personajes, reflexiones y escenas memorables. Pero el problema es que da la impresión de que ni lo intentan, de que sus autores (mismo guionista y director: John Hodge y Danny Boyle) se apoyan en un mínimo seguro sin interés en ir más allá.

Ese mínimo es el factor nostalgia. ¿Qué harían nuestros queridos personajes veinte años después? Conocemos sus miserias actuales, donde siguen siendo incapaces de levantar cabeza, y enfrentamos el esperado retorno de Renton. ¿Habrá peleas, cómo se llegará a los más que probables perdones? El conocerlos tan bien de antemano permite entrar de lleno en la conexión emocional. El reencuentro de Renton y Simon (Sick Boy) es muy intenso y pasa por fases muy logradas. Sacan más partido de Spud que antaño, de hecho su idea de escribir relatos de sus vidas es muy hábil, pues aparte de bonita sirve para enlazar con historias del pasado. No desaprovechan tampoco el reencuentro casual entre Renton y Begbie, épico y delirante. Ni se olvidan de la adolescente misteriosa, ahora abogada de éxito, en una escena mucho mejor justificada que su aparición anterior. Hay unos cuantos momentos emotivos muy logrados, como la llegada de Renton a casa proyectando una sombra contra la pared que recuerda a su madre fallecida, la entrada en su habitación, los altibajos en la relación entre Renton y Sick Boy (atención al análisis que les hace la novia extranjera de este último en su idioma), y el caótico acercamiento de Begbie a su familia. Como hilo central tenemos una trama poco trascendental pero que al menos da sensación de dirección, el desarrollo del plan del burdel; también deja algún buen instante: genial Renton intuyéndose que quieren camelárselo, y la parte en que buscan dinero en una fiesta es divertida, aunque terminara alargándose demasiado.

Además el trabajo actoral es muy bueno. Todos apuntaban maneras hace veinte años, y ahora tienen gran experiencia detrás. El estupendo lado dramático de Ewan McGregor, el tono sombrío y fracasado de Johnny Lee Miller, la humanización que logra Robert Carlyle de un rol pasado de rosca, y la simpatía trágica que consigue Ewen Bremner, realzan de maravilla unos personajes muy humanos.

Pero no es suficiente para cumplir con las altas expectativas. Primero, la mayor parte de las situaciones se ven venir. Si el conjunto funciona es por el cariño que le tenemos a los personajes, porque está claro que sin factor sorpresa el ritmo se resiente, pues no ofrece una aventura tan vibrante como lo fue la primera entrega. Y segundo, parecen olvidar el otro factor clave para el éxito y la capacidad de dejar huella de aquella: la ingeniosa perspectiva social. Lo único a rescatar es un necesario y correcto tratamiento de la crisis de los cuarenta. Los protagonistas se replantean su vida y piensan en qué ha podido salir mal, pero se retrotraen a la adolescencia precisamente para sumergirse en los buenos recuerdos y sobrevivir con la melancolía, en vez de enfrentar el presente aprendiendo de los errores pasados. Pero estamos lejos del nivel de ingenio y chispa que con el que nos deslumbraron en los noventa, de las lecturas cínicas donde daban tan en el blanco que te reías medio atragantado.

Boyle y Hodge tienen la oportunidad de hablar de varios temas jugosos, como hicieron con la droga y la dualidad ciudadano aborregado contra inmaduro engreído, pero parecen esquivarlos a propósito para centrarse únicamente en sacar rédito de los personajes. Tenemos en bandeja tratar el fracaso de las instituciones penitenciarias para reconducir a los ciudadanos, pues no sólo caer en la cárcel es un paso habitual en la drogadicción, sino que el propio Begbie empieza esta historia en la prisión, algo que se trata únicamente como una anécdota más. Podrían haber ironizado mejor con que Renton, como decía en su gran discurso hace dos décadas, encontró una vida vacía en la estabilidad que exige la sociedad. Y sobre todo, quizá deberían haber hablado del problema social más relevante en estos años: la inmigración, tanto por las penurias de quienes se ven empujados a ella como los problemas de las sociedades que no logran absorberlas sin que surjan mil conflictos de discriminación, pobreza y por extensión delincuencia. Parecían amagar con esto último con la presencia de la novia de Sick Boy, Veronika (Anjela Nedyalkova), pero este rol queda como un comodín de la trama, da para un par de situaciones graciosas y el forzado giro final.

Alerta de spoilers: Destripo el final, salta al siguiente párrafo si no quieres conocerlo.–
Para colmo este desenlace no me satisfizo nada. Primero, porque que deja completamente colgado el acercamiento entre Veronika y Renton, dando la impresión de que ha sido tiempo perdido; segundo, porque a partir de cierto momento se hace demasiado evidente; y tercero, por extensión, parece un remedo del original, resultando muy soso.

La sensación constante es que no llegan a contar nada relevante, ni con el ingenio y la ironía descarnada de la primera entrega. Se sostiene porque los personajes siguen siendo ellos mismos y dan algunos pasos bastante interesantes, pero a la hora de rematarlo no dejan un final que nos permita recordar sus historias con la pasión con que recordamos las vividas en el primer filme. Eso sí, me sorprende para bien que Danny Boyle no haya intentado sobrecargar lo visual para disimular la falta de contenido, algo que se veía venir dada su trayectoria; de hecho es bastante contenida en ese aspecto, aunque como es obvio tenga numerosos enredos visuales para mantener el estilo.

Trainspotting 2 resluta entretenida y simpática, pero nada más, y dado de donde viene, se le exije más.

Ver también:
Trainspotting.

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Trainspotting


Trainspotting, 1996, EE.UU.
Género: Reino Unido.
Duración: 94 min.
Dirección: Danny Boyle.
Guion: John Hodge, Irvine Welsh (novela).
Actores: Ewan McGregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Kevin McKidd, Kelly Macdonald, Peter Mullan, James Cosmo, Shirley Henderson, Eileen Nicholas.

Valoración:
Lo mejor: Es un relato desbordante de personalidad, con personajes, situaciones y reflexiones que dejan huella.
Lo peor: A veces el efectismo inmediato se sobrepone a la coherencia global.
Mejores momentos: La presentación de la forma de vida de los protagonistas. La discoteca. El peor váter de Escocia. Begbie liándola en los bares. La recaída y sobredosis. El bebé.
El título: Es una doble referencia, primero, a la afición de observar trenes (que podría señalar que los personajes ven pasar la vida sin hacer nada), segundo, a las marcas que dejan los pinchazos de heroína.
La frase: Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿Pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

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Trainspotting trata sobre un grupo de amigos escoceses que observan cómo sus vidas pasan ante sus ojos sin conseguir hacer nada por dirigirlas, pues a su falta de aptitudes (y también de interés) para desenvolverse en la sociedad se le suma que la drogadicción termina de controlar sus destinos. La novela en que se basa logró cierto prestigio, pero esta adaptación pegó bastante fuerte, seguramente porque abordó un drama conocido desde una perspectiva muy original, donde la aventura distendida y la comedia ácida desbordante de vistosos recursos narrativos permiten entrar en un mundo trágico y sórdido con más simpatía y comprensión que rechazo o lástima. Consigue que te impliques con sus personajes, adorables aun dentro de su patetismo, y saques alguna buena reflexión a pesar del tono alocado y el trasfondo dramático. Pero también hay que señalar que el equilibrio dista de ser perfecto, dando la sensación de que se dejan de lado historias más relevantes para potenciar anécdotas intrascendentes, y de que se sobrecarga el envoltorio más de la cuenta.

La trayectoria de algunos personajes tiene huecos enormes. Sí, está claro que Renton es el protagonista principal, pero eso no implica olvidar al resto en momentos clave, olvidar el propósito con el que parecía empezar la película: mostrar varios ejemplos de la miseria en el mundo de la droga. El de Tommy es más llamativo, porque su escasa presencia es inversamente proporcional a la importancia y el atractivo de su trayectoria: es el que evitaba las drogas y tenía una vida más estable pero al final cae ahí por una depresión, y no recibe ayuda para salir, hundiéndose cada vez más; luego te enteras de pasada de que está arruinado, luego dicen de refilón que tiene sida… y así sucesivamente, hasta parecer una mera excusa para cumplir con esos temas. Y es raro, está claro que no es por miedo a mostrar la parte más siniestra, ahí está el pobre bebé descuidado como ejemplo. Mientras pasan de este personaje, con el tontorrón Spud nos tragamos una larga e intrascendente escena de ligoteo que acaba con él cagándose encima en una cama ajena, o con el propio Renton tenemos un proceso de desintoxicación demasiado largo y repetitivo donde al realizador se le va la pinza completamente con los enredos visuales. También cabe pensar qué pinta la chica adolescente aquí. Está claro que se usa para otra anécdota forzada, porque a la hora de la verdad no narran nada con ella a pesar de que parecía que iba a tocar las drogas en la adolescencia, como que se acostaba con adultos para conseguirlas, algo que al final no ocurre; no sabemos por qué sigue esa dinámica, y finalmente no aporta nada tangible. Y luego tenemos la gran pregunta: ¿cómo es que el desastre con el niño no trae problemas legales?

Pero pesar de esas lagunas y excesos, la originalidad y personalidad del conjunto convirtieron a Trainspotting en un éxito en su momento y en una obra de culto con el paso del tiempo. La simpatía que despiertan los protagonistas es innegable, y nos dejan infinidad de grandes momentos para el recuerdo. Renton (Ewan McGregor) es un rol central que dejó bastante huella en la generación que creció con la película. Con su narración mordaz y con sus esfuerzos y fracasos ejemplifica esa sensación de que no podemos controlar nuestras vidas, que los baches que pone la sociedad, nuestro entorno cercano (los amigos lo arrastran) y nosotros mismos con nuestras malas decisiones no hay manera de levantar cabeza por mucho que lo intentemos; pero el giro final abre la puerta a la esperanza con una posible maduración, eso sí, con un tono bastante cabrón. El tonto simpático Spud (Ewen Bremner) es un encanto, el amigo cortito que hay en toda pandilla, que sirve de mofa a veces pero siempre se mantiene fiel. Tommy (Kevin McKidd) es el responsable que mete la pata hasta el fondo por un desencanto gordo de la vida. Sick Boy (Jonny Lee Miller) es la versión opuesta al anterior, el irresponsable que vive el día a día sin una mínima visión de futuro. Y Begbie (Robert Carlyle) es el descentrado y violento que provoca altercados allá por donde va, sea por el placer de la adrenalina o por sus ataques de ira.

Los actores prácticamente se dieron a conocer aquí, aunque solo uno logró catapultarse al éxito. McGregor se marcó papel pero sobre todo mostró gran carisma, y no tardó en labrarse una carrera muy completa. Carlyle estuvo espectacular pero no tuvo tanta suerte, aunque sí nos ha ido dejando notables interpretaciones (como Ravenous), hasta que pegó fuerte con Full Monty, el siguiente pelotazo inglés… y luego se volvió a estancar en títulos y papeles de menor calado. El resto no logró superar los roles secundarios y la televisión, aunque algunos han tenido puntualmente bastante reconocimiento: Kelly Macdonald en Boardwalk Empire, Kevin McKidd en Roma, y Jonny Lee Miller es un rostro que empieza a ser más conocido por el procedimental Elementary. También hay algunos secundarios que se convirtieron en aportes de lujo del cine y televisión inglesa, como James Cosmo y Peter Mullan, pero su presencia aquí es muy breve.

Es obvio que la novela de Irvine Welsh en que se basa aporta mucho del subtexto de análisis social con una inteligente y mordaz vena humorística, pero el guionista John Hodge y el director Danny Boyle supieron explotarlo muy bien con su narrativa trepidante en ritmo e imaginativa en lo visual, aunque también fuera histriónica y sobrecargada en algunos momentos. El humor que oscila entre lo descarnado y lo sutil sin aparente esfuerzo y mediante el cual se aborda la crítica social es magnífico, destacando la mítica escena de la discoteca, la descripción del váter más sucio de Escocia, la dualidad entre el fracasado vago que no sabe hacer nada con su vida y el fracasado que al menos intenta salir adelante (Renton cargando con sus compañeros cuando él tiene trabajo), las salidas de tono de Begbie en los bares… Y la parte dura también se lleva alguna situación memorable, como el lío con el bebé o la sobredosis de un protagonista y el posterior intento de desintoxicación. Para abordar estos excesos fue esencial el surrealismo visual de Boyle, desbordante de recursos variados, soluciones inesperadas, secuencias que oscilan entre lo perturbador (el váter) y lo hilarante (el bebé acosando los sueños febriles), pero siempre con un tono gamberro y una energía que garantizan diversión constante. La frase seleccionada, el discurso de Renton más famoso, describe muy bien por dónde van los tiros: te remueve por dentro con un duro juicio a la sociedad dormida y aborregada, pero a la vez deja clara la patética posición del personaje, que se va al extremo opuesto, al de abandonarse a la evasión total e intenta justificarse diciendo que al menos él es consciente.

El legado cinematográfico que dejó es difícil de medir. ¿Podría considerarse precursora de la narrativa alocada que luego potenció Snatch: Cerdos y diamantes? ¿Influyó en Requiem por un sueño y quizá incluso en El club de la lucha? Lo que está claro es que tuvo cierto impacto social, sobre todo obviamente en Reino Unido, pues redefinió con maestría a toda una generación de gente perdida y desencantada y marcó tendencia audiovisual (la de videoclips musicales que se copiarían). A pesar de que la estética barriobajera de los noventa ha quedado muy obsoleta, pues las modas relativas al aspecto personal cambian rápido, el relato en sí es atemporal y tiene suficiente personalidad como para ser recordado todavía con agrado… tanto que la llegada de una segunda parte, que muestra veinte años después qué fue de los protagonistas, se eperaba con bastante entusiasmo. Pero, como suele ocurrir, el factor sorpresa brilla por ausencia en una secuela que ni parece intentar aportar alguno nuevo, que se basa únicamente en el tirón de sus personajes y olvida todo ese trasfondo tan inteligente. Por ello, el entusiasmo se enfrió bastante pronto y tuvo mucho menos éxito del anticipado… aunque supongo que cada vez que recuperemos Trainspotting o un espectador nuevo llegue a ella, acabaremos viendo la segunda también.

El director Danny Boyle, viendo el buen recibimiento de su alternativa propuesta narrativa, se quedó atascado en su obsesión por sobrecargar el aspecto visual, siendo contraproducente, por excesivo, en algunos títulos (Slumdog Millionaire, 28 días después), totalmente malogrado en otros (Sunshine), y más acertado cuando se centraba un poco (127 horas). Y aun así está claro que sigue gustando, viendo el inexplicable éxito de la pasadísima de rosca Slumdog Millionarie

Ver también:
Trainspotting 2.

La guerra de las galaxias: Episodio III – La venganza de los Sith


Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith, 2005, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 140 min.
Dirección: George Lucas.
Guion: George Lucas.
Actores: Hayden Christensen, Natalie Portman, Ewan McGregor, Ian McDiarmid, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Jimmy Smits, Anthony Daniels, Christopher Lee, Temuera Morrison.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Momentos puntuales de gran intensidad. Toda escena en la que sale Palpatine. Lo de siempre: el derroche de imaginación y recursos puestos en la recreación del universo. La banda sonora de John Williams, crucial en muchos instantes.
Lo peor: El potencial desaprovechado, las situaciones y escenas echadas a perder por una falta de garra en el guion y la dirección. Podría haber haber estado a la altura de la trilogía original, pero como las anteriores de esta trilogía termina decepcionando.
Mejores momentos: La batalla inicial. Palpatine tanteando y tentando a Anakin en varias ocasiones. Palpatine descubriendo sus cartas y luchando contra Windu y posteriormente contra Yoda. Amidala descubriendo el paso al Lado Oscuro de Anakin.
Los planos: El inicial, con la batalla sobre Coruscant. El picado a la máscara de Vader recién puesta.
Malaciencia: La batalla inicial está repleta de mala ciencia: capas que se mueven como si hubiera viento en el espacio, inercias imposibles (robots que se caen del casco de las naves), etc.
Las frases:
1) ¿Nunca has considerado que quizá estemos en el lado equivocado? -Padmé.
2) El Lado Oscuro de la Fuerza es un camino que puede aportar facultades y dones que muchos no dudan en calificar de antinaturales -Palpatine a Anakin.
3) -Anakin: ¿Es posible aprender ese poder?
-Palpatine: No de los Jedi.
4) ¡Tú eras el elegido! ¡Se suponía que ibas a destruir a los Sith, no convertirte en uno de ellos! ¡Se suponía que ibas a traer el equilibrio a la Fuerza, no dejarla en oscuridad! -Obi-Wan a Anakin.

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Y llegó el Episodio III. Al público y a la crítica les gustó, de hecho es el único de esta trilogía que consigue una media que ronda el notable, pero en mi caso tuvieron que pasar varios visionados hasta que conseguí apartar las malas sensaciones que me dejaban los instantes fallidos y los desaprovechados, que no son pocos, y consiguiera sacarle algo de jugo, porque tener tiene bastante. Mi opinión final está pues llena de sentimientos encontrados. Claro que me gusta, pero porque me apasiona el género, la saga y hablar de ello, pero no puedo decir que sea lo que esperaba de quien nos regaló la trilogía original, y más viendo el potencial que tenía la historia y los grandes momentos que se dejan entrever pero no terminan de asomar por completo. Por ello me cuesta ponerla por encima de El ataque de los clones como hacen muchos, pues si bien aquella se quedaba corta en su tramo inicial, cuando se lanza resulta épica, mientras que la aquí analizada pretende abarcar demasiado pero no le saca partido del todo a muchas cosas, y en varias escenas críticas se estrella tanto como la anterior en sus peores bajones.

El mejor logro del capítulo es que se desarrollan bastante bien las tramas personales. El personaje de Anakin sale bien parado, con una progresión clara e intensa de su caída al abismo, aunque como comentaré luego, Lucas entorpece considerablemente el alcance de algunas situaciones, como el enfrentamiento contra Obi-Wan. Y sobre todo, me temo que el actor Hayden Christensen no da la talla para un rol que requiere mostrar muchos sentimientos, con lo que el drama exigible de su tragedia se ve notablemente resentido. Parece que hasta Lucas debe ponerle unos ojos rojos de villano para mostrar la maldad que el actor es incapaz. Así, fases cruciales, como su lucha interna entre salvar a Palpatine y por extensión a Amidala o salvar a Windu y por lo tanto ser fiel a los Jedi, ven mermadas su fuerza. Por el efecto contrario Palpatine sí resulta un personaje memorable: el actor Ian McDiarmid no sólo da la talla, sino que está soberbio. Con su buen hacer las apariciones del Canciller y luego Emperador resultan fascinantes, y de hecho termina robando protagonismo a todos los demás. Suyas son las mejores partes de la película: sus largas e inquietantes conversaciones con Anakin, donde sutilmente lo tienta y arrastra a su lado, su descubrimiento como el principal lord Sith, su enfrentamiento con Windu… Huelga decir que con el doblaje se pierde muchísimo de los fantásticos cambios de voz que imprime el intérprete entre los diálogos fingidamente afables y los tiránicos.

Sin embargo, al centrarse tanto en esta pareja los otros dos protagonistas pierden bastante. Obi-Wan tiene mucha presencia, pero poco recorrido, pues más o menos repite el esquema del Episodio II: ir de un lado para otro y soltar unas cuantas hostias. Y por desgracia cuando debemos ver su conflicto interno ante las desviaciones de su alumno y amigo, Lucas falla estrepitosamente, jodiendo el punto álgido del personaje (luego me extiendo sobre esto). Amidala aporta menos todavía: es un elemento más en la transformación de Anakin, y ya está. Podría haberla puesto iniciando la rebelión con Bail Organa, para darle más juego y enlazar mejor con la trilogía original, o sencillamente seguir con su lucha política como senadora, pero Lucas prefiere gastar tiempo en criaturitas y batallitas innecesarias. En este último caso entra el estrafalario Grievous, un personajillo sin duda creado para los espectadores más jóvenes, para vender muñequitos; ninguna de sus apariciones tiene relevancia real y de exagerado termina cargando.

Curiosamente resulta que los Jedi secundarios tienen una historia más interesante. Las artimañas de Palpatine para desestabilizar a todos incluyen también a estos, usando a Anakin para meter cizaña en el Consejo, con lo que se da más vidilla a Windu y Yoda (sobre todo a este último, con la parte del exilio). Además terminan de ganar interés cuando deben enfrentarse a la verdad, aunque de nuevo Lucas mete la zarpa en esa esperadísima confrontación contra el Emperador al tirar por la criticada elección de convertir a estas figuras tan poderosas en espadachines saltimbanquis de circo. Finalmente, Jar Jar Binks aparece sólo para un par de planos y la pareja R2-D2 y C-3PO ya no son un recurso cómico infantil, lo que es un claro punto a favor.

En cuanto al desarrollo de las tramas, se juntan demasiadas cosas y Lucas además mete otras innecesarias. Así, aunque es el capítulo de esta trilogía que va más al grano y mejor ritmo tiene, resulta a la vez demasiado apresurado y superficial. El problema surge obviamente de que en las dos entregas previas anduvo en círculos más de la cuenta, con lo que aquí se ve obligado a contar demasiadas cosas: el viaje interno de Anakin paralelo al ascenso de Palpatine, las complicadas intrigas de este manipulando la política internacional, los Jedis en la guerra militar y política, y la paulatina unión de todo: caída de la República, nacimiento del Imperio y escenas de enlace con la trilogía original. Y falta tiempo, pero sobre todo falta profundizar y sacar la fuerza que requería cada momento cumbre, que hay muchos y pocos funcionan como deberían.

El relato resultante es pues irregular. Sí, no hay segmentos donde el ritmo baje tanto como en el tramo inicial del Episodio II, pero básicamente ocurre lo contrario, hay bastante ruido y paja que llevan al mismo fallo, perder un tiempo que se habría empleado mejor en otras partes más relevantes. La secuencia inicial de batalla sobre Coruscant quita la respiración, pero luego se pierde con la tontería de los ascensores y el aterrizaje forzoso tan alargado. Y así durante toda la película. A pesar del atractivo de la guerra y el drama personal nos comemos más enredos (Grievous, todo el innecesario viaje al mundo de Chewbacca, el rebuscado planeta de lava) que una exposición más inteligente y metódica de acontecimientos, dando la sensación de que todos los protagonistas deambulan demasiado por la galaxia hasta que se consigue concretar algo, y de que Lucas busca meter acción para agilizar el ritmo, pero lo hace con anexos que no desarrollan personajes y tramas y termina siendo contraproducente. Por suerte, al centrarse tanto en Palpatine destaca mejor el trasfondo político, tan infrautilizado en las dos anteriores partes, de hecho la relación entre la caída de la República, la de los Jedis y el nacimiento del Imperio se expone de forma concisa y con mayor pegada (y con todo contrario cuando se necesita: el bajón emocional con el exterminio de los Jedi está muy logrado).

Pero a la película le pesan sobre todo unas carencias de George Lucas que no se veían en la trilogía original pero que en esta fueron clave a la hora de dejarla muy lejos de su nivel: la falta de tacto con los personajes y la falta de calidad en la narrativa le impiden desarrollar el enorme potencial latente en la historia. Es decir, el guion carece de naturalidad e ingenio en los diálogos, la dirección de actores es mediocre, y tampoco logra sacar la emotividad e intensidad esperables de muchas escenas. Así, a pesar del atractivo de la trayectoria de Anakin y Palpatine se pasa de momentos con gran carga dramática a otros fatalmente desarrollados, sea por el histrionismo visual o todo lo contrario, por la frialdad de la puesta en escena. Entre los aciertos tenemos cualquier aparición de Palpatine tentando a Anakin (en su despacho, en la ópera), su revelación como Sith, el sencillo pero sobrecogedor montaje donde Anakin y Padmé “se miran” en la distancia ahogando sus penas, el paso final de Anakin al Lado Oscuro matando a Windu, y lo que sufre Amidala al ver en qué se ha convertido. Y hay que señalar que es en gran medida el portento de banda sonora de John Williams, la mejor de esta etapa y otra de sus grandes obras maestras, lo que realza estas secuencias y salva muchas otras. La cantidad de temas épicos y trágicos y el empaque inenarrable de sus notas transmiten muchas más sensaciones que el esfuerzo de Lucas.

En lo negativo destaca una escena que, la primera vez que vi la película, me sacó por completo de la misma, y a estas alturas todavía me cuesta aguantar, por cutre, por tirar por tierra un instante decisivo: Obi-Wan descubriendo la maldad en Anakin al ver cómo mata a los niños resulta una escena tan fría y torpe que destroza la tensión y dolor que se debían mostrar en esa situación; Lucas estuvo desacertadísimo a la hora de conseguir el tono necesario y sacar el máximo partido de Ewan McGregor, un actor de sobras competente. Pero hay otro error difícilmente perdonable: las peleas principales resueltas con demasiado efectismo y poca emoción. No logro entender cómo puede Lucas perder tanto el norte en ocasiones tan importantes como el duelo entre Anakin y Obi-Wan, el momento quizá más ansiado de toda la trilogía, que termina convertido en una patética lucha a espadas en plan videojuego de plataformas, con una filigrana estúpida detrás de otra (pero qué manía con dar vueltecitas mostrando la espalda al contrincante, y telita eso de agitar las espadas sin chocarlas). Y al igual que en El ataque de los clones, se empeña en hacer de ancianos Jedis y Sith unos superhéroes de inusitada agilidad, convirtiendo a Yoda, Dooku y Palpatine en esperpentos. Además, los rostros de Christopher Lee e Ian McDiarmid superpuestos a los ágiles extras quedan fatal, muy falsos. ¿De verdad no tenía mejor forma de mostrar el poder de estas supuestamente temibles figuras que con esos recursos estrambóticos y pueriles? Al menos al final sí recurre a los rayos en un par de ataques alucinantes y hay alguna treta donde entra en juego la inteligencia, los diálogos y acciones destinados a posicionar a sus rivales y aliados de la forma que les conviene, como la espeluznante táctica de Palpatine medio dejándose vencer por Windu para que Anakin interceda. Así de impresionantes tenían que haber sido todas las peleas al completo.

Pero hay más fallos importantes, en concreto con las obligadas conexiones con la vieja trilogía. Con la obsesión por incluir a la pareja de androides crea incongruencias monumentales: han estado metido en todos los fregados con personajes que en Una nueva esperanza resulta que no los recuerdan (los Lars, Obi-Wan). Ahora resulta que Amidala muere en el parto, cuando Luke decía recordarla de joven; aunque es cierto que en esto estaba atado por tiempo y lenguaje cinematográfico, pero sigue siendo un agujero claro. Y en el lado está Obi-Wan, que la ve nacer cuando la vieja trilogía no conoce su existencia. Tampoco funciona la amistad entre Yoda y Chewie, por inverosímil y forzada.

En cuanto a efectos especiales, el despliegue de mundos y escenarios es de nuevo insólito, siendo incluso más variado que en las anteriores partes, y el acabado esta vez es impecable, salvo por el fallo de los rostros superpuestos no se nota ninguna otra carencia en un trabajo extremadamente complejo: la integración de fondos mate, digitalizaciones, maquetas y actores es asombrosa. Algunas escenas son realmente impresionantes, como la batalla de naves inicial. Pero Hollywood no recompensó esta magnífica labor de dirección artística, efectos especiales y sonoros porque no se lleva bien con Lucas: esta trilogía no se llevó ningún Oscar en esos aspectos técnicos, cuando los merecía todos los tres años, de hecho el ridículo fue indescriptible cuando en esta ocasión sólo obtuvo la nominación al mejor maquillaje.

En conclusión, a pesar de sus numerosos buenos y muy buenos momentos y el gran partido que saca de los dos roles principales, en conjunto no termina de obtener un relato consistente, equilibrado y tan épico y demoledor como cabría esperar, resultando una película que oscila entre lo artificioso y lo gélido, perdiendo gran parte de la carga emocional que indudablemente guarda. De hecho tengo la clara impresión de que la historia tiene la suficiente fuerza como para conseguir hablar por sí sola a pesar de que George Lucas con su torpeza le pone mil trabas.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1980)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
-> Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)

La guerra de las galaxias: Episodio II – El ataque de los clones


Star Wars: Episode II – Attack of the Clones, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 142 min.
Dirección: George Lucas
Guion: George Lucas, Jonathan Hales.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Christopher Lee, Ian McDiarmird, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Temuera Morrison, Jimmy Smits.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La trama política y bélica cobre interés, los personajes también. Cuando se lanza la acción resulta un espectáculo glorioso, en especial gracias la imaginativa dirección artística y los magníficos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Tarda en arrancar: el tramo inicial no logra centrar la historia y narrarla con intensidad. Tiene un tono demasiado infantil que resulta muy molesto en ocasiones (le sobran todas las escenas de R2-D2 y C-3PO).
Mejores momentos: El combate espacial de Obi-Wan contra el cazador de recompensas. La batalla final: la ejecución con criaturas espeluznantes, la aparición de los Jedi, el ataque de los clones, la persecución de Dooku.
El plano: Los Jedis medio aniquilados y rodeados de enemigos.
La pregunta: ¿De dónde sale la profecía de Anakin y el equilibrio en la Fuerza? La mencionan varias veces sin explicar nada más.
Las frases:
1) Los maté, los maté a todos, están todos muertos. Y no sólo los hombres, sino también las mujeres y los niños. Son animales, y los maté como animales. ¡Los odio! –Anakin.
2) ¡¿Victoria?! ¿Victoria, dices? Maestro Obi-Wan, nada de victoria… Del Lado Oscuro el velo ha caído, las Guerras Clon empezado ya han –Yoda.
3) Siento que un día me vas a matar –Obi-Wan a Anakin.

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El ataque de los clones supuso para muchos fans un pequeño reencuentro con La guerra de las galaxias después del fiasco de La amenaza fantasma, pues este capítulo ofreció un producto de mayor calidad, más coherente y atractivo. La trama mejoraba considerablemente y nos introducía por fin en hechos realmente interesantes, mientras que los personajes adquirían cierta dimensión. Sin embargo sigue habiendo unos cuantos fallos importantes que no logran alejar del todo el fantasma de la decepción, la sensación de que George Lucas tenía entre sus manos un potencial mucho mayor y su torpeza narrativa y la obsesión por el tono infantil lo echan a perder.

El relato ofrece dos partes bien diferenciadas y de grandes contrastes. La primera aborda la relación romántica entre Padmé y Anakin, mostrando los puntos débiles y problemas del chaval para mantenerse en la Luz, mientras paralelamente se trata de poner las bases para el lanzamiento de las Guerras Clon a través de la investigación de Obi-Wan. Amidala sigue siendo un rol fuerte, con carácter y algunos buenos momentos, como la decisión de ir a rescatar a Obi-Wan y meterse en todo el fregado, anteponiendo sus valores políticos y morales sobre su propia supervivencia. El joven Skywalker en conjunto sale bien parado, quedando claras sus limitaciones y anhelos y mostrando una evolución sencilla pero correcta. Pero es evidente que daban para mucho más. Al romance le falta emotividad, el guion de Lucas se no llega, ofrece unos diálogos ramplones y algo inmaduros; ¿dónde quedaron esas líneas ágiles, imaginativas y eficaces que disfrutamos en la trilogía original en el triángulo amoroso Luke-Leia-Han? Solamente es digno de recordar aquel comentario sobre que el pueblo necesita un grupo de sabios que gobierne eligiendo lo que consideran mejor para la sociedad, diciendo sutilmente que la democracia no va con él.

El casting magnifica el problema, pues la elección de Hayden Christensen se presenta como un error monumental e imperdonable. Tuvo que ser por mediación de Lucas, porque me cuesta creer que de otra forma un actor tan limitado pasara el corte. Provoca bastante vergüenza ajena ver como su inexpresividad lastra los momentos en que Anakin debe transmitir tal o cual sentimiento intenso, fastidiando notablemente la escena, la credibilidad del personaje, la conexión con el espectador. Un actor competente y un director que sepa exprimirlo pueden levantar un personaje simple e incluso uno mal escrito, pero aquí evidentemente no se da el caso. Y por si fuera poco, el doblaje, que por lo general es bastante flojo, en este carácter falla estrepitosamente, aumentando las malas sensaciones. Siguiendo con los actores, destacaría la presencia de secundarios que representan muy bien a sus personajes (Christopher Lee, Samuel L. Jackson e Ian McDiarmid), y me da la sensación de que Ewan McGregor y Natalie Portman están más implicados en sus roles que en el Episodio I.

La sección de Obi-Wan tampoco sale bien parada consume mucho tiempo para lo poco que aporta. Es obvio que Lucas pretende ir sentando las bases del complot político y preparando el lanzamiento de las Guerras Clon, pero patina bastante en ello. Se obsesiona con la historia detectivesca, que es simple a más no poder y deja a Obi-Wan como un inútil, pues es demasiado lento y torpe sacando conclusiones para lo que se espera de un Jedi. Se empeña en maquillar con acción, dando una de cal y otra de arena: se equivoca de largo con la persecución aérea en Coruscant (larguísima y exagerada), probablemente pensando en que el tramo inicial requería alguna escena intensa cuando lo que pide a gritos es sacar más partido de los personajes y exponer mejor la trama, y acierta bastante con la pelea contra Jango Fett en los asteroides, que llega en mejor momento y resulta espectacular. Y mientras se pierde en todo esto se olvida de dar a la política el tiempo necesario, quedando de nuevo algo confuso todo el tema de facciones e intenciones; de hecho sigue habiendo cosas muy raras, como esa Amidala que fue reina elegida en dos mandatos (¿?) y ahora es senadora en la República. Por lo menos al final Dooku explica claramente el conflicto, y terminas haciéndote una idea la situación y del plan de Palpatine de poner a todos contra todos para alzarse de las cenizas como salvador.

Como no logra centrarse en lo importante, la primera mitad de la película anda algo escasa de ritmo, pero al menos tiene algo de lo que carecía La amenaza fantasma: la historia muestra una dirección concreta y unos personajes más o menos complejos a los que seguir con un interés que estaban lejos de despertar en aquel episodio. Vale, Obi-Wan inicialmente queda un poco deslucido con su torpeza, pero su determinación y coraje también quedan patentes, sobre todo en el siguiente segmento.

La segunda parte adquiere mayor intensidad y dinamismo y en ella se suceden diversas situaciones realmente emocionantes en los que muchos vimos la esencia de la saga por fin recuperada, aunque la película en conjunto no llegara todavía al nivel de la trilogía original. La trama política que hay de trasfondo, no del todo aprovechada pero bastante atractiva, deriva por fin en la apasionante historia bélica que transforma el universo para siempre. Desde que las pesquisas de Obi-Wan lo llevan al planeta donde se reúne el enemigo nos sumergimos en el grandioso inicio de las Guerras Clon. La inquietante presencia de Dooku, el espectáculo donde pretenden sacrificar a Padmé, Anakin y Obi-Wan mediante criaturas horrendas, y la intrusión de los Jedis que abre las puertas a una indescriptiblemente espectacular batalla, te mantienen agarrado a la butaca casi sin respirar, asombrado y extasiado a partes iguales.

Sin embargo este inconmensurable clímax se ve lastrado de forma importante por los desvaríos infantiloides de George Lucas (y eso que esta vez se acredita un colaborador en el guion, Jonathan Hales). Llevó a Jar Jar a segundo plano por la presión de los espectadores, pero no rebajó el tono infantil y estúpido, sino que lo depositó sobre R2-D2 y C-3PO, a quienes hace centro de un sin fin de memeces que no hay por dónde coger ni forma de soportar. Pero es que en cierto momento también arrastra a Anakin y Padmé: la infame escena de la factoría de droides es un despropósito. No hacía falta más metraje en esa parte, y desde luego no con este aspecto de videojuego para niños.

Igualmente grave resultó el esperadísimo enfrentamiento entre grandes Jedis y Siths, tratado de una forma que todavía la mayor parte de los seguidores no hemos podido perdonar. Pero en qué cojones pensaba Lucas al convertir a dos viejales como Yoda y Dooku en superhéroes de gran agilidad. La batalla a espadas es histriónica, ridícula, y además choca con lo visto en la saga, con lo lógicamente esperado: que lucharan con una combinación de lanzamiento de objetos, de sobrecogedores rayos, y sobre todo a través diálogos inteligentes y manipuladores. Por ello, el desenlace de la gran batalla no resulta satisfactorio: después de generar tanta tensión con la pelea final entre protagonistas, esta resulta ser un numerito de circo. Por desgracia en La venganza de los Sith siguió por el mismo camino…

El diseño de los lugares y criaturas y los efectos especiales y sonoros que los recrean fue un trabajo extraordinariamente imaginativo y complejo, y si bien su calidad general fue digna de alabanza, con momentos deslumbrantes, de nuevo el abuso de lo digital le ha restado durabilidad de cara al paso de los años. La comparación entre alienígenas de maquillaje y digitales pierde otra vez en favor de los primeros: Yoda, Jar-Jar o el cocinero que visita Obi-Wan no aguantan como personajes con diálogo. Los dobles digitales de actores tampoco convencen, especialmente en los planos en que ponen el careto de Christopher Lee sobre un extra más ágil. Aunque la batalla tiene muchos planos sobrecogedores, también hay alguno cantoso: cuando los personajes se montan en las naves para ir de aquí para allá se notan mucho las pantallas de fondo, pero lo peor es el empeño en hacer los soldados con el ordenador, con muchos momentos (como su presentación) que parecen de película de animación. Y sorprendentemente, al contrario que en el resto de la serie, incluyendo las antiguas, hay algún matte painting (fondo pintado) que se nota un montón, por ejemplo alguno de los paisajes rocosos por donde pasa Obi-Wan al aterrizar donde se esconden los villanos (Geonosis).

No me olvido de citar otro sello de la saga: la banda sonora de John Williams sigue siendo sumamente efectiva pero aquí firma su trabajo menos notable para la misma, pues sólo aporta un motivo nuevo realmente destacable, el hermosísimo tema de amor. Aparte, hacen algo raro en un momento dado: no entiendo por qué utilizan el tema de Duel of the Fates, el del duelo con Darth Maul, para la escena de búsqueda de Anakin, esa que va en moto por el desierto. No tiene nada que ver en temática.

Rebajando la carga cómica insufrible, haciendo madurar un poco el producto y equilibrando un poco más el tramo inicial, con toda probabilidad estaríamos ante una entrega al nivel de la trilogía original, pero lo cierto es que no vale la pena seguir hablando de “y si…” tanto tiempo después: esto es lo que hay, consigues apartar sus fallos y disfrutar o te toca ser el fan que reniega y hace como no existe, actitud que me parece igual de válida y justificada.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1980)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
-> Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)

La guerra de las galaxias: Episodio I – La amenaza fantasma


Star Wars: Episode I – The Phantom Menace, 1999, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: George Lucas.
Guion: George Lucas.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Liam Neeson, Jake Lloyd, Ian McDiarmid, Pernilla August, Frank Oz, Ahmed Best, Hugh Quarsie, Anthony Daniels, Kenny Baker.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: En un buen cine o equipo casero es un visionado espectacular gracias a sus impresionantes efectos sonoros y visuales.
Lo peor: Es una memez infantil con un guion lastimero y unos personajes aburridos. Y Jar Jar… ¿en qué cabeza cabe semejante parida?
Mejores momentos: El clímax con varias batallas a la vez: la espacial y la de los protagonistas en el palacio, que termina con el enfrentamiento con Darth Maul.
El plano: Jar Jar pisando una boñiga.
Las frases:
1) El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti -Yoda a Anakin.
2) La capacidad de hablar no te hace inteligente -Qui-Jon a Jar Jar.

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No formé parte de la generación que vivió el nacimiento de La guerra de las galaxias en directo pero sí fui de los que creció con ella, viendo las tres películas una y otra vez en cada etapa de mi vida y disfrutándolas infinitas veces. Así pues, el retorno de la saga fue algo que seguí apasionadamente, y aunque no era tan friki como para hacer colas enormes y disfrazarme, sí acudí al cine con una expectación desmedida, con una pasión que pocas obras de arte pueden despertar, y más aún en tantísimos individuos a lo largo del planeta. Recuerdo los innumerables reportajes incluso en los telediarios, las masas de aficionados, los avances que nos ponían los pelos de punta y el corazón a mil… pero no recuerdo muy bien el primer visionado. Sé que lo disfruté como un espectacular entretenimiento, y sé que fui a los cines al menos una vez más (quizá dos), pero no tengo claro en la memoria cuánto de bueno y cuánto de malo saqué de la película, ni si me cagué directamente en George Lucas o tardé en asimilar lo que La amenaza fantasma realmente era, es decir, un bodrio enorme. A lo largo de los años la he ido viendo en dvd unas cuantas veces, muchas más de las que vería una película de tan ínfima calidad si no fuera porque es La guerra de las galaxias (el fanatismo es lo que tiene), pero llegó un momento en que alcancé el límite: ya no soy capaz de visionarla, sólo con observar una escena al azar me produce completo rechazo.

Hipnotizados por la emoción, por las letras amarillas, la música de John Williams, las naves espaciales y la presencia de nombres y lugares reconocibles por todos, la proyección pasó ante nuestros ojos a toda velocidad siendo consumida como una droga: cegándonos de sensaciones, extasiándonos de placer. Porque como superproducción resulta realmente vistosa: el derroche de recursos monetarios se tradujo en un derroche de medios humanos y tecnológicos y por ende en un repertorio de efectos especiales y sonoros memorables. Pero no tardó en hacerse evidente, una vez que el nivel de frikismo en sangre se volvió estable y nos permitió razonar más con la cabeza que con el corazón, que Lucas había fallado estrepitosamente.

La amenaza fantasma es una película torpe ya desde el título, que todavía no se sabe muy bien qué quiere decir. Es obviamente una introducción a unos personajes y a una historia de los que conocíamos únicamente su desenlace: versa sobre el inicio del fin de los Jedis y la República y sienta las bases para el próximo nacimiento del Imperio y la Resistencia. Había tanto que contar, tantas grandes historias podrían haberse desarrollado… y George Lucas no logró ir más allá de una presentación simplona de algunos caracteres cruciales, quedando estos muy desaprovechados, y una exposición apática e insustancial de la situación política. Tenemos un niño que se pasea por los mundos jugando con cacharros y navecitas y unos Jedis que no representan el misticismo y sabiduría que les atribuíamos por lo visto en la trilogía original, pues aquí esas cualidades se han eliminado de un plumazo con los midiclorianos y su categoría de gente famosa en todo el universo. Como digo, algunas cosas no cantaban a primera vista; por ejemplo te quedabas flipado viendo a los Jedis en la apoteósica lucha con sables láser y no te dabas cuenta de que realmente no han construido unos personajes y una orden con un mínimo de complejidad y magia esperables para la saga. El dibujo de Obi-Wan y Qui-Jon es muy simple, su evolución nula, carecen totalmente de carisma… es decir, no despiertan interés alguno. Y Anakin apenas pasa de simpático, algo que podemos achacar a que es su presentación, pero tampoco termina de convencerme, porque únicamente se repite una y ota vez que es buen piloto, no hay más acercamiento a su psique y potencial. Sólo quizá Amidala tiene algo más de carácter y evoluciona mejor: arrinconada en la política, termina huyendo para sobrevivir como puede en planetas hostiles… pero tampoco hace nada realmente recordable. Además ella no termina de funcionar como enlace con la torpe intriga política, que carece de profundidad y aun así cuesta seguir los bandos e intenciones y planes que tiene cada uno; ¿alguien captó a la primera las diferencias y trayectoria de la mezcolanza de Palpatine, la Federación de Comercio y un senado de una república con reinas como Amidala? Finalmente soportamos un despreciable muñeco parlante que sin duda provocó más de un ataque de ira y varios intentos de atentado contra su padre ideológico.

Los diálogos carecen del carisma, la pasión y gracia de la trilogía clásica: son tontorrones y vacuos a más no poder, y los actores los escupen con evidente desgana. Liam Neeson, Ewan McGregor e incluso la ya por entonces bastante eficaz Natalie Portman están bastante perdidos, sin duda por una combinación de personajes superficiales, dirección de actores endeble y el trabajar muchas veces ante caracteres que no están ahí, pues serán puestos digitalmente en postproducción. El único realmente destacable del reparto es el joven Jake Lloyd que interpreta a Anakin, quien se desenvuelve de maravilla a pesar de su corta edad (muchísimo mejor que el acartonado Hayden Christensen que encarnará al rol en posteriores entregas).

Pero lo peor de todo es su insufrible tono infantil, tan exagerado que da la sensación de que toda la película es un anuncio de muñecos y demás merchandising. Nadie entiende en qué demonios pensaba Lucas al crear una cosa tan patética como Jar Jar Binks y hacerlo dar vueltas por la historia soltando gilipolleces tan grandes. No puedo entender cómo se decantó tanto por el público menor de trece años sabiendo que la mayor parte de los seguidores eran adultos y que lo más aplauido de la trilogía original eran precisamente las partes más adultas y oscuras. Y qué mala suerte tuvimos con su ego, que lo empujó a ser el único artífice de todo el proyecto: realizó las labores de escritor, director y productor implicándose hasta en el más mínimo detalle, con lo que nadie le plantó cara para decirle: “¿pero es que has perdido el juicio, cómo vas a meter semejante insulto a la inteligencia del espectador?”.

Debido a sus numerosas partes de acción la proyección avanza con ritmo, pero carece de un rumbo concreto y tropieza de escena en escena sin mucha consistencia, alardeando de escenarios, civilizaciones y secuencias de acción poco esforzadas en el contenido, es decir, supeditando todo a los efectos efectos especiales y sonoros en vez de trabajando con esmero los personajes y la historia. Los efectos son de gran nivel, eso sí: una notable combinación de maquetas, fondos pintados y ordenador. Aquí hay que matizar que hay mucho desconocimiento, que esa crítica de que “todo es digital” es bastante desacertada: sólo los alienígenas (empezando por Jar Jar) son creados por ordenador, el resto es artesanal. No hay más que ver algunos recopilatorios de imágenes del rodaje para ver la cantidad impresionante de maquetas que usaron. El problema es que te quedas con el abuso de seres digitales, que evidentamente no convencen tanto como un buen maquillaje o muñeco y envejecen muchísimo peor, a lo que se suma el excesivo colorido de las imágenes, que se alejan de la sobriedad de la trilogía original para inclinarse hacia un estilo casi de animación. Además el propio Lucas escondió mucho el uso de efectos tradicionales en los documentales y los “cómo se hizo”, donde vacilaba más de las nuevas tecnologías, contribuyendo a la confusión.

Con semejante nivel de efectos especiales habría que ser un manta para no conseguir una cinta espectacular, pero con las carencias enormes de los personajes y la trama no hay manera de conectar con ellos y sentir atracción por el devenir de acontecimientos. Además hay altibajos notables en la calidad narrativa: hay unas pocas escenas con potencial, pero se olvida de él y se dedica a tratar de epatar con los efectos, mientras que la mayoría resultan huecas, insustanciales, y unas pocas son directamente nefastas. Así, tenemos secuencias impresionantes visualmente (sobre todo disfrutadas por primera vez en un cine de calidad), pero evidentemente lastradas por esas lacras (incluyendo los patinazos infantiles), con lo que pierden bastante pegada, sobre todo con el paso del tiempo. La carrera de vainas es asombrosa pero un tanto larga para lo poco que aporta realmente, las confrontaciones finales son todas alucinantes en lo audiovisual (en especial la batalla espacial y el duelo con Darth Maul) pero la presencia estulta de Jar Jar y aquí también de Anakin haciendo tonterías rebaja mucho el nivel, y Maul mola en la lucha, pero como villano carece totalmente de personalidad y por extensión de interés. Pero también encontramos otras partes donde el ridículo está garantizado de forma indescriptible, como la de las criaturas marinas, absurdo añadido donde los haya, o sobre todo la insoportable y vergonzosa lucha de los Gungan, con el insufrible Jar Jar siendo el objetivo de escenitas cómicas que ni el payaso más desesperado habría intentado para sobrevivir; a Lucas sólo le faltó incluir alguna escena de tartas.

Como era de esperar John Williams se encargó de nuevo de la banda sonora. Esta tuvo momentos de indudable genialidad que contentaron a cualquier fan (atención a los coros del duelo con espadas láser) y por lo general realza muy bien numerosos pasajes y aporta el toque de épica y magia esperable. Sin embargo una queja sí tengo, aunque es de nuevo culpa de Lucas: ¿hay un solo minuto de la cinta que carezca de música? Es una forma bastante facilona de reforzar el ritmo, sobre todo porque al tercer visionado termina resultando más cansino que el hilo musical de un ascensor.

En resumen, La amenaza fantasma fue en su momento un gran espectáculo, pero tan banal y vacuo que no soporta sucesivos visionados sin que se derrumbe por completo su fachada y saque a relucir su infame guion y tono inmaduro. Además, al estar tan supeditada narrativamente a los efectos especiales del momento nació con fecha de caducidad incorporada, pues pronto surgen nuevas cintas más imponentes en el aspecto visual. Las obras atemporales, como la trilogía original, son las que consiguen un equilibrio entre lo visual y lo argumental de forma que el paso del tiempo no les haga perder frescura y capacidad de impacto. Las dos siguientes entregas mejoran sustancialmente lo aquí ofrecido, y aunque no alcanzaron cotas remarcables si mostraron algo de dignidad. Ojalá George Lucas se hubiera dedicado sólo a ser creador y productor y hubiera dejado la dirección y el guion en manos de gente que tuviera dos dedos de frente y unas ideas más maduras.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1980)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
-> Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)

Indomable


Haywire, 2011, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 93 min.
Dirección: Steve Soderbergh.
Guion: Lem Dobbs.
Actores: Gina Carano, Channing Tatum, Michael Douglas, Antonio Banderas, Michael Fassbender, Ewan McGregor, Michael Angarano.
Música: David Holmes.

Valoración:
Lo mejor: Visualmente sobrecogedora, con escenas de acción insuperables. Gran personaje central muy buen interpretado.
Lo peor: Trama simple y a la vez confusa.
Mejores momentos: Toda pelea y huida.

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La trama de Indomable es simple, lo cual no sería excesivamente grave si no fuera porque el guionista se empeña en enmarañarla con una narración no lineal que no aporta nada salvo confusión. El resultado es que cuesta seguir la historia y los personajes secundarios no terminan de perfilarse ni dejan claro sus roles en la trama, pues aparecen en escenas sueltas mal ubicadas. Sin embargo el personaje central es muy potente y las situaciones en que se ve envuelto resultan espectaculares y atractivas, con lo que la aventura interesa, eso sí, menos de lo que podría haber conseguido con un guión más definido y potente.

Mientras el argumento es algo pobre, o está mal desarrollado, el aspecto visual por el contrario es de una calidad alcanzable por muy pocos autores. Cuando Steve Sodebergerh se pone serio, le salen maravillas. Cada plano es perfecto, cada escena una orgía de genialidades, y el conjunto resulta un espectáculo hipnotizante. La planificación de cada secuencia y las coreografías de las luchas nos regalan las mejores peleas cuerpo a cuerpo que he visto en una película. No exagero: las mejores. Todo golpe resulta creíble y se ve nítido (que aprendan las de Jason Bourne), se sufre viendo a la protagonista recibir palizas una detrás de otra, flipas en colores con algunos trucos y planos… Las huidas por tejados o la sencilla persecución en coche ofrecen lo mismo: virtuosismo digno de alabar, siendo capaz de dejarte sin aliento con un realismo y credibilidad insólitos.

Hay muchos actores conocidos, pero con papeles muy breves (Michael Douglas, Antonio Banderas, Michael Fassbender, Ewan McGregor). Quien destaca es la protagonista absoluta, una fantástica Gina Carano: es fuerte pero ágil y a la vez guapa (qué curvas), siendo físicamente perfecta para el papel de agente capaz de enfrentarse a tantos problemas. La música funciona de maravilla, con un tono muy original muy acertado.

Dada sus características, estoy seguro de que Indomable será de las que o gustan o repelen. En lo que a mí respecta, me ha dejado un ligero regusto a decepción, a posibilidades desaprovechadas, pues la diferencia cualitativa entre el contenido y el continente es importante. Pero aunque a veces se haga algo lenta, dé la sensación de que está bastante hueca o incluso resulte un poco confusa, las partes de acción están tan bien rodadas que me la película dejó pasmado las dos veces que la he visto. Pide a gritos una secuela con mejor trama, pues el personaje es fantástico. Y si la cruzamos con Jason Bourne sería la hostia.