El Criticón

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Trainspotting 2


T2: Trainspotting, 2017, Reino Unido.
Género: Drama, comedia.
Duración: 117 min.
Dirección: Danny Boyle.
Guion: John Hodge, Irvine Welsh (novela).
Actores: Ewan McGregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Kevin McKidd, Kelly Macdonald, James Cosmo, Shirley Henderson.

Valoración:
Lo mejor: El tirón de sus protagonistas, algunos momentos muy emotivos.
Lo peor: Es muy predecible y carece del subtexto ingenioso de la primera parte.
Mejores momentos: Los reencuentros de Renton: con su familia, con Sick Boy, con Begbie. Begbie dándose cuenta de lo mal que ha tratado a su familia.
La frase:
1) Es la nostalgia. Por eso estás aquí. Eres un turista en tu propia juventud.
2) Elige la vida. Elige ropa interior cara con la esperanza de revivir una relación muerta. Elige bolsos. Elige zapatos de tacón alto. Lana de cachemira y seda para sentir cómo se supone que se es feliz. Elige un iPhone hecho en China por una mujer que saltó por una ventana y métetelo en tu chaqueta hecha de una fábrica asiática a punto de incendiarse. Elige Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram y miles de otras maneras de echarle bilis a gente desconocida. Elige actualizar tu perfil. Dile al mundo lo que desayunaste esperando que a alguien le importe. Busca ex parejas, porque crees que estás mejor que ellos. Elige bloguear en directo desde tu primera masturbacón hasta tu muerte. La interacción humana reducida a mera información. Elige diez cosas que no sabías sobre celebridades operadas. Elige gritar sobre el aborto. Elige chistes de violación, porno de venganza y misoginia deprimente. Elige pensar que 11S nunca pasó, y que si pasó, fueron los judíos. Elige un contrato de cero horas y un viaje de dos horas al trabajo y elige lo mismo para tus hijos, pero peor. Y quizá piensa que lo mejor hubiera sido nunca hubieran nacido. Y luego relájate y ahoga el dolor con una dosis desconocida de una droga desconocida hecha en una cocina de un desconocido. Elige promesas no cumplidas y arrepentirte de todo. Elige nunca aprender de tus errores. Elige ver la historia repetirse. Elige resignarte lentamente a lo que puedes obtener en vez de aquello con lo que soñabas. Confórmate con menos, y con buena cara. Elige la desilusión y elige perder a seres queridos. Y al ir desapareciendo, un pedazo de ti muere con ellos. Hasta que ves que en el futuro, pedazo por pedazo, todos desaparecerán. Y no quedara nada de ti que no puedas llamar vivo o muerto. Elige tu futuro. Elige la vida.

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Sin ser ni por asomo una mala película, Trainspotting 2 sí decepciona bastante. Como no la he leído, no puedo hablar de cuánto ha tomado de bueno y de malo de la novela en que se basa, Porno, ni de si esta mantuvo el tipo respecto a su predecesora, pero en cuanto a este segundo largometraje, era difícil cumplir con las expectativas de una obra que lleva veinte años siendo recordada con bastante entusiasmo, que dejó un legado de personajes, reflexiones y escenas memorables. Pero el problema es que da la impresión de que ni lo intentan, de que sus autores (mismo guionista y director: John Hodge y Danny Boyle) se apoyan en un mínimo seguro sin interés en ir más allá.

Ese mínimo es el factor nostalgia. ¿Qué harían nuestros queridos personajes veinte años después? Conocemos sus miserias actuales, donde siguen siendo incapaces de levantar cabeza, y enfrentamos el esperado retorno de Renton. ¿Habrá peleas, cómo se llegará a los más que probables perdones? El conocerlos tan bien de antemano permite entrar de lleno en la conexión emocional. El reencuentro de Renton y Simon (Sick Boy) es muy intenso y pasa por fases muy logradas. Sacan más partido de Spud que antaño, de hecho su idea de escribir relatos de sus vidas es muy hábil, pues aparte de bonita sirve para enlazar con historias del pasado. No desaprovechan tampoco el reencuentro casual entre Renton y Begbie, épico y delirante. Ni se olvidan de la adolescente misteriosa, ahora abogada de éxito, en una escena mucho mejor justificada que su aparición anterior. Hay unos cuantos momentos emotivos muy logrados, como la llegada de Renton a casa proyectando una sombra contra la pared que recuerda a su madre fallecida, la entrada en su habitación, los altibajos en la relación entre Renton y Sick Boy (atención al análisis que les hace la novia extranjera de este último en su idioma), y el caótico acercamiento de Begbie a su familia. Como hilo central tenemos una trama poco trascendental pero que al menos da sensación de dirección, el desarrollo del plan del burdel; también deja algún buen instante: genial Renton intuyéndose que quieren camelárselo, y la parte en que buscan dinero en una fiesta es divertida, aunque terminara alargándose demasiado.

Además el trabajo actoral es muy bueno. Todos apuntaban maneras hace veinte años, y ahora tienen gran experiencia detrás. El estupendo lado dramático de Ewan McGregor, el tono sombrío y fracasado de Johnny Lee Miller, la humanización que logra Robert Carlyle de un rol pasado de rosca, y la simpatía trágica que consigue Ewen Bremner, realzan de maravilla unos personajes muy humanos.

Pero no es suficiente para cumplir con las altas expectativas. Primero, la mayor parte de las situaciones se ven venir. Si el conjunto funciona es por el cariño que le tenemos a los personajes, porque está claro que sin factor sorpresa el ritmo se resiente, pues no ofrece una aventura tan vibrante como lo fue la primera entrega. Y segundo, parecen olvidar el otro factor clave para el éxito y la capacidad de dejar huella de aquella: la ingeniosa perspectiva social. Lo único a rescatar es un necesario y correcto tratamiento de la crisis de los cuarenta. Los protagonistas se replantean su vida y piensan en qué ha podido salir mal, pero se retrotraen a la adolescencia precisamente para sumergirse en los buenos recuerdos y sobrevivir con la melancolía, en vez de enfrentar el presente aprendiendo de los errores pasados. Pero estamos lejos del nivel de ingenio y chispa que con el que nos deslumbraron en los noventa, de las lecturas cínicas donde daban tan en el blanco que te reías medio atragantado.

Boyle y Hodge tienen la oportunidad de hablar de varios temas jugosos, como hicieron con la droga y la dualidad ciudadano aborregado contra inmaduro engreído, pero parecen esquivarlos a propósito para centrarse únicamente en sacar rédito de los personajes. Tenemos en bandeja tratar el fracaso de las instituciones penitenciarias para reconducir a los ciudadanos, pues no sólo caer en la cárcel es un paso habitual en la drogadicción, sino que el propio Begbie empieza esta historia en la prisión, algo que se trata únicamente como una anécdota más. Podrían haber ironizado mejor con que Renton, como decía en su gran discurso hace dos décadas, encontró una vida vacía en la estabilidad que exige la sociedad. Y sobre todo, quizá deberían haber hablado del problema social más relevante en estos años: la inmigración, tanto por las penurias de quienes se ven empujados a ella como los problemas de las sociedades que no logran absorberlas sin que surjan mil conflictos de discriminación, pobreza y por extensión delincuencia. Parecían amagar con esto último con la presencia de la novia de Sick Boy, Veronika (Anjela Nedyalkova), pero este rol queda como un comodín de la trama, da para un par de situaciones graciosas y el forzado giro final.

Alerta de spoilers: Destripo el final, salta al siguiente párrafo si no quieres conocerlo.–
Para colmo este desenlace no me satisfizo nada. Primero, porque que deja completamente colgado el acercamiento entre Veronika y Renton, dando la impresión de que ha sido tiempo perdido; segundo, porque a partir de cierto momento se hace demasiado evidente; y tercero, por extensión, parece un remedo del original, resultando muy soso.

La sensación constante es que no llegan a contar nada relevante, ni con el ingenio y la ironía descarnada de la primera entrega. Se sostiene porque los personajes siguen siendo ellos mismos y dan algunos pasos bastante interesantes, pero a la hora de rematarlo no dejan un final que nos permita recordar sus historias con la pasión con que recordamos las vividas en el primer filme. Eso sí, me sorprende para bien que Danny Boyle no haya intentado sobrecargar lo visual para disimular la falta de contenido, algo que se veía venir dada su trayectoria; de hecho es bastante contenida en ese aspecto, aunque como es obvio tenga numerosos enredos visuales para mantener el estilo.

Trainspotting 2 resluta entretenida y simpática, pero nada más, y dado de donde viene, se le exije más.

Ver también:
Trainspotting.

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Trainspotting


Trainspotting, 1996, EE.UU.
Género: Reino Unido.
Duración: 94 min.
Dirección: Danny Boyle.
Guion: John Hodge, Irvine Welsh (novela).
Actores: Ewan McGregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Kevin McKidd, Kelly Macdonald, Peter Mullan, James Cosmo, Shirley Henderson, Eileen Nicholas.

Valoración:
Lo mejor: Es un relato desbordante de personalidad, con personajes, situaciones y reflexiones que dejan huella.
Lo peor: A veces el efectismo inmediato se sobrepone a la coherencia global.
Mejores momentos: La presentación de la forma de vida de los protagonistas. La discoteca. El peor váter de Escocia. Begbie liándola en los bares. La recaída y sobredosis. El bebé.
El título: Es una doble referencia, primero, a la afición de observar trenes (que podría señalar que los personajes ven pasar la vida sin hacer nada), segundo, a las marcas que dejan los pinchazos de heroína.
La frase: Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿Pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

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Trainspotting trata sobre un grupo de amigos escoceses que observan cómo sus vidas pasan ante sus ojos sin conseguir hacer nada por dirigirlas, pues a su falta de aptitudes (y también de interés) para desenvolverse en la sociedad se le suma que la drogadicción termina de controlar sus destinos. La novela en que se basa logró cierto prestigio, pero esta adaptación pegó bastante fuerte, seguramente porque abordó un drama conocido desde una perspectiva muy original, donde la aventura distendida y la comedia ácida desbordante de vistosos recursos narrativos permiten entrar en un mundo trágico y sórdido con más simpatía y comprensión que rechazo o lástima. Consigue que te impliques con sus personajes, adorables aun dentro de su patetismo, y saques alguna buena reflexión a pesar del tono alocado y el trasfondo dramático. Pero también hay que señalar que el equilibrio dista de ser perfecto, dando la sensación de que se dejan de lado historias más relevantes para potenciar anécdotas intrascendentes, y de que se sobrecarga el envoltorio más de la cuenta.

La trayectoria de algunos personajes tiene huecos enormes. Sí, está claro que Renton es el protagonista principal, pero eso no implica olvidar al resto en momentos clave, olvidar el propósito con el que parecía empezar la película: mostrar varios ejemplos de la miseria en el mundo de la droga. El de Tommy es más llamativo, porque su escasa presencia es inversamente proporcional a la importancia y el atractivo de su trayectoria: es el que evitaba las drogas y tenía una vida más estable pero al final cae ahí por una depresión, y no recibe ayuda para salir, hundiéndose cada vez más; luego te enteras de pasada de que está arruinado, luego dicen de refilón que tiene sida… y así sucesivamente, hasta parecer una mera excusa para cumplir con esos temas. Y es raro, está claro que no es por miedo a mostrar la parte más siniestra, ahí está el pobre bebé descuidado como ejemplo. Mientras pasan de este personaje, con el tontorrón Spud nos tragamos una larga e intrascendente escena de ligoteo que acaba con él cagándose encima en una cama ajena, o con el propio Renton tenemos un proceso de desintoxicación demasiado largo y repetitivo donde al realizador se le va la pinza completamente con los enredos visuales. También cabe pensar qué pinta la chica adolescente aquí. Está claro que se usa para otra anécdota forzada, porque a la hora de la verdad no narran nada con ella a pesar de que parecía que iba a tocar las drogas en la adolescencia, como que se acostaba con adultos para conseguirlas, algo que al final no ocurre; no sabemos por qué sigue esa dinámica, y finalmente no aporta nada tangible. Y luego tenemos la gran pregunta: ¿cómo es que el desastre con el niño no trae problemas legales?

Pero pesar de esas lagunas y excesos, la originalidad y personalidad del conjunto convirtieron a Trainspotting en un éxito en su momento y en una obra de culto con el paso del tiempo. La simpatía que despiertan los protagonistas es innegable, y nos dejan infinidad de grandes momentos para el recuerdo. Renton (Ewan McGregor) es un rol central que dejó bastante huella en la generación que creció con la película. Con su narración mordaz y con sus esfuerzos y fracasos ejemplifica esa sensación de que no podemos controlar nuestras vidas, que los baches que pone la sociedad, nuestro entorno cercano (los amigos lo arrastran) y nosotros mismos con nuestras malas decisiones no hay manera de levantar cabeza por mucho que lo intentemos; pero el giro final abre la puerta a la esperanza con una posible maduración, eso sí, con un tono bastante cabrón. El tonto simpático Spud (Ewen Bremner) es un encanto, el amigo cortito que hay en toda pandilla, que sirve de mofa a veces pero siempre se mantiene fiel. Tommy (Kevin McKidd) es el responsable que mete la pata hasta el fondo por un desencanto gordo de la vida. Sick Boy (Jonny Lee Miller) es la versión opuesta al anterior, el irresponsable que vive el día a día sin una mínima visión de futuro. Y Begbie (Robert Carlyle) es el descentrado y violento que provoca altercados allá por donde va, sea por el placer de la adrenalina o por sus ataques de ira.

Los actores prácticamente se dieron a conocer aquí, aunque solo uno logró catapultarse al éxito. McGregor se marcó papel pero sobre todo mostró gran carisma, y no tardó en labrarse una carrera muy completa. Carlyle estuvo espectacular pero no tuvo tanta suerte, aunque sí nos ha ido dejando notables interpretaciones (como Ravenous), hasta que pegó fuerte con Full Monty, el siguiente pelotazo inglés… y luego se volvió a estancar en títulos y papeles de menor calado. El resto no logró superar los roles secundarios y la televisión, aunque algunos han tenido puntualmente bastante reconocimiento: Kelly Macdonald en Boardwalk Empire, Kevin McKidd en Roma, y Jonny Lee Miller es un rostro que empieza a ser más conocido por el procedimental Elementary. También hay algunos secundarios que se convirtieron en aportes de lujo del cine y televisión inglesa, como James Cosmo y Peter Mullan, pero su presencia aquí es muy breve.

Es obvio que la novela de Irvine Welsh en que se basa aporta mucho del subtexto de análisis social con una inteligente y mordaz vena humorística, pero el guionista John Hodge y el director Danny Boyle supieron explotarlo muy bien con su narrativa trepidante en ritmo e imaginativa en lo visual, aunque también fuera histriónica y sobrecargada en algunos momentos. El humor que oscila entre lo descarnado y lo sutil sin aparente esfuerzo y mediante el cual se aborda la crítica social es magnífico, destacando la mítica escena de la discoteca, la descripción del váter más sucio de Escocia, la dualidad entre el fracasado vago que no sabe hacer nada con su vida y el fracasado que al menos intenta salir adelante (Renton cargando con sus compañeros cuando él tiene trabajo), las salidas de tono de Begbie en los bares… Y la parte dura también se lleva alguna situación memorable, como el lío con el bebé o la sobredosis de un protagonista y el posterior intento de desintoxicación. Para abordar estos excesos fue esencial el surrealismo visual de Boyle, desbordante de recursos variados, soluciones inesperadas, secuencias que oscilan entre lo perturbador (el váter) y lo hilarante (el bebé acosando los sueños febriles), pero siempre con un tono gamberro y una energía que garantizan diversión constante. La frase seleccionada, el discurso de Renton más famoso, describe muy bien por dónde van los tiros: te remueve por dentro con un duro juicio a la sociedad dormida y aborregada, pero a la vez deja clara la patética posición del personaje, que se va al extremo opuesto, al de abandonarse a la evasión total e intenta justificarse diciendo que al menos él es consciente.

El legado cinematográfico que dejó es difícil de medir. ¿Podría considerarse precursora de la narrativa alocada que luego potenció Snatch: Cerdos y diamantes? ¿Influyó en Requiem por un sueño y quizá incluso en El club de la lucha? Lo que está claro es que tuvo cierto impacto social, sobre todo obviamente en Reino Unido, pues redefinió con maestría a toda una generación de gente perdida y desencantada y marcó tendencia audiovisual (la de videoclips musicales que se copiarían). A pesar de que la estética barriobajera de los noventa ha quedado muy obsoleta, pues las modas relativas al aspecto personal cambian rápido, el relato en sí es atemporal y tiene suficiente personalidad como para ser recordado todavía con agrado… tanto que la llegada de una segunda parte, que muestra veinte años después qué fue de los protagonistas, se eperaba con bastante entusiasmo. Pero, como suele ocurrir, el factor sorpresa brilla por ausencia en una secuela que ni parece intentar aportar alguno nuevo, que se basa únicamente en el tirón de sus personajes y olvida todo ese trasfondo tan inteligente. Por ello, el entusiasmo se enfrió bastante pronto y tuvo mucho menos éxito del anticipado… aunque supongo que cada vez que recuperemos Trainspotting o un espectador nuevo llegue a ella, acabaremos viendo la segunda también.

El director Danny Boyle, viendo el buen recibimiento de su alternativa propuesta narrativa, se quedó atascado en su obsesión por sobrecargar el aspecto visual, siendo contraproducente, por excesivo, en algunos títulos (Slumdog Millionaire, 28 días después), totalmente malogrado en otros (Sunshine), y más acertado cuando se centraba un poco (127 horas). Y aun así está claro que sigue gustando, viendo el inexplicable éxito de la pasadísima de rosca Slumdog Millionarie

Ver también:
Trainspotting 2.