El Criticón

Opinión de cine y música

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Orgullo, prejuicio y zombis


Pride and Prejudice and Zombies, 2016, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 107 min.
Dirección: Burr Steers.
Guion: Burr Steers. Seth Grahame-Smith (novela). Jane Austen (novela original).
Actores: Lily James, Sam Riley, Jack Huston, Bella Heathcote, Ellie Bamber, Millie Brady, Suki Waterhouse, Douglas Booth, Sally Phillips, Charles Dance, Matt Smith, Lena Headey.
Música: Fernando Velázquez.

Valoración:
Lo mejor: Buenos actores.
Lo peor: La mezcla de géneros es muy fallida: el guion y la dirección no dan la talla.

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Lo más atractivo de Orgullo, prejuicio y zombis (paso de esos “+” que han metido en España) era obviamente la promesa de darle una vuelta al género de romances de época sumergiéndolo en un apocalipsis zombi, fuera cómico o serio. Y al final ha resultado ser lo peor de la propuesta. Esta sección fantástica está metida con calzador, desarrollada de forma caótica, inconexa, confusa y desde luego sin garra. El tono elegido es tirando a distendido, pero sin lograr ni una pizca gracia ni ofrecer una aventura emocionante y entretenida. Y el único intento de buscar algo de inteligencia, el de hablar de la lucha de clases, precisamente carece de ella, se queda en un par de clichés.

Por no tener, no tiene ni gore. ¿Una de zombis sin gore? Pues ya la tuvimos en Guerra Mundial Z, y a pesar de las quejas aquí repiten la jugada de convertir un género por definición adulto en juvenil, o sea +13. No hay sangre, apenas se ven zombis feos y podridos… de hecho el maquillaje muy pobre, y empeora cuando recurren a lo digital. Es más, pienso que usaron mucho ordenador porque es menos real que las prótesis y la sangre y ayuda a pasar el corte de edad.

Lo que queda es lo de siempre, las historias románticas de familias inglesas adineradas, todo narrado aferrándose a los tópicos más viejos (no en vano la novela de Jane Austen es de 1813). La madre que quiere casar a las hijas, los candidatos de diversa condición (el guapo chulito que atrae a las hermanas tontas pero no a la madura protagonista, el tipo serio y tranquilo que asusta a estas pero atrae a la otra, el tonto y feo que nadie quiere, etc.), las separaciones forzosas, los llantos, las ensoñaciones, los reencuentros imposibles…

Esta historia funciona lo justo, tiene la suficiente solidez como para permitir al menos algo de entretenimiento. Los personajes son simples pero no tanto como para resultar cargantes, y se puede seguir con una pizca de interés sus andanzas en estos romances tan básicos. Además el buen reparto les otorga un punto extra, destacando sobre todo la presencia arrolladora de Lily James, todo un hallazgo de actriz: joven, bella y capaz de mostrar un registro de emociones muy amplio. Con razón se la rifan en todas estas obras de damiselas que viven enamoramientos y tragedias: Downton Abbey, Cenicienta, Guerra y paz

En cambio, la puesta en escena es otro gran lastre y termina de hundir la propuesta. Tiene una buena fotografía, pero el director la echa a perder con una composición de escenas pobre e inconsistente. Donde debería haber belleza y elegancia en las partes alegres y un tono trágico en las más sombrías, sólo encontramos una amalgama de planos mal confeccionados y malamente unidos. Las peleas de hecho resultan horribles, algo que empeora en el tramo final porque los efectos especiales son lamentables.

Se deja ver, pero también se quiere olvidar.

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La cumbre escarlata


Crimson Peak, 2015, EE.UU.
Género: Suspense, fantasía.
Duración: 119 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Matthew Robbins.
Actores: Mia Wasikowska, Jessica Chastain, Tom Hiddleston, Charlie Hunnam, Jim Beaver, Burn Gorman, Leslie Hope.
Música: Fernando Velázquez.

Valoración:
Lo mejor: El decorado de la casa no está mal. Los actores escogidos son llamativos.
Lo peor: El acabado visual no sorprende como se esperaba. El guion es lastimero. La película resultante es simple, predecible y muy aburrida.

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No esperaba gran cosa a tenor de las tibias críticas, pero tampoco que me decepcionara de semejante manera. Ni siquiera su acabado visual resulta arrebatador como tanto se prometía. Sí, las obsesiones de Del Toro de sobrecargar el escenario ofrecen un entorno interesante gracias al buen trabajo de diseño de producción, pero el realizador no le saca el partido que podría. La fotografía es rutinaria y la iluminación bastante floja, con unos tonos verde azulados muy falsos, con lo que parece más bien un telefilme poco inspirado. Planos que jueguen con acierto con lo hermoso y lo sobrecogedor hay pocos, muy pocos. La escena final en la nieve es la única que me impresionó. En cambio muchas partes cruciales fracasan estrepitosamente: esos fantasmas de plastilina y sin sentido en la trama dan más bien pena.

El relato en sí tampoco consigue despertar el más mínimo interés, no digamos ya fascinación como supongo se pretendía. Si la dirección es apática, el guion resulta superficial, plano. La narración avanza sin ritmo ni fuerza, y también sin contenido, con lo que aburre, y aburre, y aburre cada vez más. No hay ninguna atmósfera en la que sumergirse, y termina sin saberse sin es drama, thriller o terror. Los caracteres son un esbozo, no se expone motivación alguna ni se explican acciones poco claras, como el supuesto enamoramiento de la chica, que la ponen como inteligente y luego resulta ser muy cortita, o que acepte vivir en una casa en ruinas. En cuanto los caracteres son presentados se ve venir todo acontecimiento, porque además de básica y sin garra, ni en los momentos cumbre la trama es capaz de esquivar su simpleza y previsibilidad, como la llegada del héroe en el último momento.

Conforme van llegando los supuestos momentos álgidos el ritmo termina de perder el poco fuelle que tenía, la escasa tensión va desapareciendo (se supone que la chica no tiene escapatoria, pero no sufres intriga ni interés alguno por su destino), y para rematar los agujeros de guion hacen acto de presencia. Ese pueblo donde ven ir jovencitas a la mansión cada poco tiempo y ni una vuelve, pero les da igual. Ese giro final en que uno de los implicados ve por fin ve la luz pero en vez de ir todos a por la loca, que son varios y van armados, apuñala a uno de sus aliados para “disimular”. Así, si no fuera por la última escena en la nieve, el desenlace habría sido ridículo.

La pena es que en estas condiciones se desperdicia un reparto de grandes talentos: la joven Mia Wasikowska (que se está quedando encasillada en papeles de época), Jessica Chastain, Tom Hiddleston y Charlie Hunnam no logran sacar nada de sus inertes roles. Otra cuestión es qué ha hecho Guillermo del Toro para despertar una fascinación equiparable a la de Tim Burton en sus mejores momentos, porque no ha hecho ni una película buena.

Hércules


Hercules, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 98 min.
Dirección: Brett Ratner.
Guion: Ryan Condal, Evan Spiliotopoulos.
Actores: Dwayne Johnson, John Hurt, Ian McShane, Rufus Sewell, Aksel Hennie, Ingrid Bolsø Berdal, Reece Ritchie, Joseph Fiennes, Peter Mullan, Rebecca Ferguson.
Música: Fernando Velázquez.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, decorados. Batallas espectaculares. Personajes con carisma y buenos diálogos.
Lo peor: Le falta madurez. Se ve potencial para mucho más.

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Hércules ofrece un argumento sencillo donde se dosifica bien entre la aventura, los problemas personales, la intriga palaciega y el giro que lanza el arco final. Goza de buen ritmo y la puesta en escena es vistosa, aprovechando muy bien una notable labor de vestuario, decorados y efectos especiales. No va a sorprender con el cuento de traiciones en la corte, la princesa desvalida, el héroe con pasado que le aflige, los amigos simpáticos… pero todo se desarrolla de forma más que aceptable y gracias al carisma de los protagonistas (y de los actores, no me olvido de señalar el gran repertorio de secundarios de calidad y del buen hacer de La roca en primer plano) el relato se salva de caer en lo rudimentario y promete entretenimiento y espectáculo a raudales. Todos los personajes tienen su estilo y personalidad bien definida y mantienen una estupenda dinámica entre ellos, con una camaradería que canaliza los mejores golpes humorísticos.

Pero me temo que la cinta ve frenado su potencial, y probablemente mucho, porque no es sino un producto prefabricado por la productora de turno, que contrata a un director con poca personalidad y que no se queja de los cambios impuestos ni de que le fuercen un estilo simplificado que en vez de potenciar las virtudes del guion se incline por el sensacionalismo visual y los clichés que esos ejecutivos piensan que están de moda.

Por ello termina resultando irregular, con un estilo indeciso y unos excesos contraproducentes. Lo primero que salta a la vista es esa contradicción: la proyección empieza diciéndote que será una versión realista de la leyenda de Hércules, es decir, se señala repetidamente que no será de fantasía, sino una recreación pseudohistórica, pero aun así ruedan como si de fantasía se tratase, con un Hércules que pega puñetazos que mandan a la gente cinco metros más allá, que es capaz de lanzar carros de una patada y derribar estatuas de toneladas de peso, que va acompañado por una heroína sacada del peor juego de rol (todos los hombres con ropa y sucios, ella medio desnuda y siempre reluciente y depilada) que tira flechas imposibles (cuánto daño ha hecho Legolas; para empezar, la gilipollez de luchar como si el arco fuera un arma de cara a cara), y un tipo que lanza cuchillos teledirigidos, entre otros. Me temo que es fruto de lo que indicaba, es lo que piensan los productores que mola ahora: el estilo comercial moderno que han asentado obras como la saga Piratas del Caribe, es decir, olvidarse de cualquier atisbo de profundidad y verosimilitud a cambio de la acción sensacionalista. Por extensión, a veces resulta un tanto infantil: los enemigos caen como muñecotes inanimados, algo que desvirtúa batallas bastante espectaculares pero que prometían mucho más. De la misma manera el sentido del humor a veces se fuerza más de la cuenta, dando la sensación de que deambula sin control entre la aventura distendida y la comedia absurda.

Aun así, debo decir que el varapalo de críticas que se lleva Brett Ratner, que ha caído en desgracia por cargarse la saga X-Men con su lamentable tercera entrega, es excesivo. Realiza una labor muy profesional, sin fisuras notables en la técnica, llegando a captar bien la épica del relato (espectaculares planos de ejércitos) a pesar de que la dinámica impuesta de acción chorra entorpezca más de la cuenta.

Pongo en la balanza sus virtudes y limitaciones. Por un lado destaca su tono ameno con buen ritmo, buen sentido del humor y personajes de muy buen nivel. Por el otro ve frenado su potencial al simplificarse el guion y potenciarse la narrativa simplona y los fuegos artificiales, dando la impresión de que había la semilla de una buena película y los productores se la han cargado. Como resultado es fácil que unos espectadores se lo pasen bomba y otros se pregunten de qué demonios va. Yo he conseguido conectar con su estilo desvergonzado y su autoconsciencia como aventura ligera sin más objetivo que divertir, que la sitúa por encima de muchas cintas de aventuras comerciales de los últimos años, todas ellas más pretenciosas y ambiciosas, como Pompeya, 47 Ronin, El hobbit, las secuelas de Piratas del Caribe

Por cierto, ha sido uno de esos casos donde dos estudios se pelean por sacar la misma idea adelante. Pero la otra, llamada Hércules, el origen de la leyenda y rodada en el estilo de 300, por las críticas que tiene parece estar cerca del cine cutre.