El Criticón

Opinión de cine y música

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El origen del planeta de los simios


Rise of the Planet of the Apes, 2011, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 105 min.
Dirección: Rupert Wyatt.
Guion: Rick Jaffa, Amanda Silver.
Actores: James Franco, Freida Pinto, John Lithgow, Brian Cox, Tom Felton, Andy Serkis.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Se centra en contar algo tangible, la realización es exquisita, los efectos especiales memorables.
Lo peor: Resulta demasiado predecible y sus personajes son esquemáticos. Los actores cumplen por los pelos.
La frase: ¡No! –Caesar.

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El origen del planeta de los simios es una cinta muy hábil a la hora de tocar la fibra sensible del espectador, pues utiliza con sumo acierto las dosis justas de emociones, humanidad y escenas construidas para encandilar. No en vano está confeccionado como un drama muy clásico, cada personaje responde a un arquetipo muy definido y el desarrollo de la aventura sigue patrones muy concretos. Pero esas formas tan elementales son a la vez una virtud a destacar y su mayor limitación. El guion está bastante bien medido, demuestra un buen conocimiento del mundo del cine, de cómo poner cada frase y evento en el momento más acertado para impactar en conciencias y corazones, pero por extensión resulta una película muy simple, predecible en todo momento. La narración resulta excesivamente lineal y cada escena se ve venir muy de lejos; no hay sorpresa alguna, más aun cuando se conoce de antemano el desenlace. Y por si fuera poco a los personajes le falta densidad, todos responden a un patrón y de ahí no se mueven. Son evidentemente peones de la trama, no caracteres bien dibujados que se encuentran con una aventura y responden a ella según sus personalidades, es decir, se han proyectado como clichés andantes para desarrollar determinadas ideas, y entiendo las intenciones y hasta cierto punto las acepto (el protagonista y su padre tienen simpatía de sobra para que nos interesemos por su viaje), pero lo cierto es que resultan un tanto limitados, y en una película que habla sobre temas sociales y éticos se echa de menos más complejidad en uno de sus pilares fundamentales. Y me temo que en los secundarios sí se cae a un nivel un tanto cargante, como la chica, puesta ahí de adorno para cumplir con el cupo femenino de cara a la taquilla, y el ridículo villano (el chaval que pega a los animales), un personaje digno de una película de Disney. Además, los actores principales, exceptuando a John Lithgow, son muy poco competitivos.

No puedo quitarme la sensación de que en su base no es más que un telefilme sencillo de ciencia-ficción, agradable y ameno pero intrascendente, y de que es el dinero puesto en ella lo que la engrandece. Es decir, su excelente puesta en escena ofrece un acabado tan arrebatador que prácticamente disimula las líneas tan básicas de la historia y sus numerosos agujeros (que sea tan fácil sacar animales y viales de un centro de semejante nivel…), convirtiendo un relato quizá demasiado simplón en una aventura muy atractiva. Entre la virtuosa dirección del desconocido Rupert Wyatt y los perfectos efectos digitales (los simios son totalmente creíbles) la cinta es un deleite visual constante. La cámara siempre está el lugar adecuado para conseguir el plano perfecto o el travelling más dinámico y espectacular, la música acentúa cada escena correctamente y el registro interpretativo de Caesar es asombroso.

Así pues, el ritmo es impecable en todo momento, dando como resultado una montaña rusa de emociones, una narración intensa y atractiva incluso en los momentos en que se desarrolla algo tan previsible que probablemente debería aburrir. Sí, sin duda son emociones simples y maniqueas, pero para pasar el rato son más que válidas, sobre todo porque esta película supone una grata sorpresa en el cine comercial actual, pues es una superproducción que no engaña, que cuenta algo, aunque sea sencillo, esforzándose en hacerlo interesante sin basarse únicamente en aparatosos pero huecos efectos visuales y sonoros. Es evidentemente una película hecha para la taquilla, para gustar, pero debo decir que prefiero de largo esta línea al resto de las producciones comerciales recientes, casi todas basura sin alma, todo fuegos artificiales sobre la nada como Transformes 3 o Piratas del Caribe: En mareas misteriosas.

Pero también se puede mirar desde otra perspectiva, desde la del cinéfilo curtido. Entonces debo decir que incluso habiéndome gustado bastante me sorprende la cantidad de buenas críticas que recibe. Para mí es un gran estreno veraniego, pero dista de ser una gran película. Y además me ha despertado sentimientos encontrados. Como pasatiempo cumple con creces, pero deja el regusto de enésima producción creada únicamente para sacar tajada de la taquilla exprimiendo otra saga originalmente memorable que ya había sido alargada muchísimo más de la cuenta y que no necesitaba más reinicios, remakes o secuelas. Y también pone de manifiesto la nula inteligencia y cultura del espectador actual: en la sesión en que la vi numerosos espectadores se asombraron cuando el mono habló, llegando incluso a dar gritos en voz alta por la impresión. ¿Cómo puede haber un porcentaje tan amplio de la sala con tan pocas capacidades como para no olerse algo que se veía venir desde muchísimos minutos antes? Y sobre todo, ¿es perdonable desconocer la obra maestra que da nombre a la saga?

Ver también:
-> El origen del planeta de los simios (2011)
El amanecer del planeta de los simios (2014)
La guerra del planeta de los simios (2017)

Slumdog Millionaire


Slumdog Millionarie, 2008, Reino Unido.
Género: Drama.
Duración: 120 min.
Dirección: Danny Boyle.
Guion: Simon Beaufoy, Vikas Swarup (novela).
Actores: Dev Patel, Freida Pinto, Madhur Mittal, Anil Kapoor, Irrfan Khan, Saurabh Shukla, Mia Drake, Rajendranath Zutshi, Rubina Ali, Ayush Mahesh Khedekar.
Música: A. R. Rahman.

Valoración:
Lo mejor: Aunque sólo sirvan para vacilar, la cantidad de recursos del director.
Lo peor: Indescriptiblemente pretenciosa y artificiosa, además de sobrevalorada.

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No me despertaba buenas sensaciones por su estilo (el parecido con la infumable Ciudad de Dios, una de las cintas más sobrevaloradas de la historia, es notable) ni por su repercusión (es la película mimada del año, esa que parece obligatorio ir a ver porque es buena), pero finalmente me esforcé en verla por curiosidad, porque como cinéfilo me gusta conocer qué ha sido considerado de lo mejor del año, no porque me produjera verdadero interés. El resultado es más o menos como lo esperaba: a pesar de sus excelentes críticas no es nada más que un enredo pseudo artístico construido con tantos efectismos visuales que la historia se diluye casi por completo, lo que se traduce en una cinta artificiosa pero hueca.

El relato de supervivencia de los críos está bien y podría haber dado para una gran historia de superación personal paralela a una descripción de las miserias de los países tercermundistas, pero es adornado con engañabobos muy evidentes, con tramas de cuento de hadas demasiado edulcoradas y numerosos giros que claramente buscan la conexión fácil con el espectador, molar con escenitas chulas, por decirlo de forma coloquial. Vamos, que esa narración excesivamente rebuscada evidentemente no está hecha para contar la historia de manera que se le saque más partido y profundidad, sino para resultar más efectista y llamativa, y en el proceso la historia pierde toda intensidad, va y viene demasiado con anécdotas que aportan muy poco, buscando descaradamente la sonrisa y la emoción fácil. Además toda crítica social que se puede intuir se queda en la superficie, en unas cuantas escenas espectaculares pero banales (por no decir que los niños fueron utilizados para la película y luego devueltos a sus miserables vidas de prodecencia, demostrando una vez más la hipocresía del Primer Mundo). Así pues, da la sensación de que en muchos tramos no se está contando nada tangible, de hecho, tanto durante la proyección como al final de la misma me pregunté cuál era la trama principal, si su idea central no es más que una excusa para soltar unas cuantas ideas y curiosidades en teoría atractivas y vacilar con trucos narrativos y con la puesta en escena, es decir, si no es más un videoclip que una película.

La realización obviamente está acorde con el contenido. Hay que decir que el director Danny Boyle, a pesar de su mediocre pero increíblemente sobrevalorada carrera (ni su más famosa, Trainspotting, pasa de ser simplemente una película curiosa, y no digamos ya las alabadas pero mediocres Sunshine o 28 días después), posee gran técnica y sabe manejar multitud de recursos, pero los usa más para embelesar con un aspecto visual abarrotado que para dar la forma correcta a la narración (aunque bueno, podría decirse que saber venderse también es otra cualidad). La puesta en escena es colorista, vanidosa, y hasta me atrevería a decir narcisista; está llena de trucos rebuscados, triquiñuelas y vaciles varios que son soltados aquí y allá sin motivos claros. Huelga decir que la fotografía y el montaje están a la altura de lo necesitado (aparatosos, frenéticos), pero visto lo visto no sé si es digno de elogio. En la parte actoral los intérpretes cumplen bastante bien, incluso los críos. Y la selección musical es muy interesante y completa y adorna (de nuevo: adorna más que aporta algo realmente necesario) bastante bien.

En resumen, Slumdog Millionaire es una película pretenciosa y artificiosa hasta límites indescriptibles. Tan rebuscada y exagerada, con casualidades tan ridículas (la de vueltas absurdas que se da para cada respuesta del programa) que constantemente me preguntaba: ¿y esto ahora a qué viene? Por más alabanzas que hayan vertido en ella no es más que un entretenimiento pasajero, demasiado tramposo pero muy fácil de ver. Fue incomprensiblemente aclamada por la crítica, de hecho, en un giro insólito los Óscars, en otro año vergonzoso, se rindieron ante ella a pesar de que en un principio está bastante alejada de sus cánones (será que la simpática historia de superación personal les llegó a pesar de sus rebuscados adornos). Y es perfecta para el público actual, que se deja engañar por unos cuantos artificios, por un envoltorio vistoso y saturado, aunque no haya nada en su interior.