El Criticón

Opinión de cine y música

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¡Ave, César!


Hail, Caesar! , 2016, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 106 min.
Dirección: Ethan Coen, Joel Coen.
Guion: Ethan Coen, Joel Coen.
Actores: Josh Brolin, George Clooney, Alden Ehrenreich, Ralph Fiennes, Channing Tatum, Tilda Swinton, Scarlett Johansson.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Sin pies ni cabeza, aburrida hasta la desesperación.

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Los hermanos Coen son un valor seguro para espectadores exigentes o cinéfilos, me dije. Sus películas siempre tienen grandes dosis de inteligencia y sutilezas y resultan bastante originales. Como mucho pueden ser algo arrítmicas (O Brother!) o incluso aburridas (El hombre que nunca estuvo allí era para mí la más floja, por ser un coñazo), pero hasta las más tontas, como Ladykillers, tenían su ingenio y gracia. Jamás llegué a pensar que se pudieran darse un batacazo como el de ¡Ave, César!

Las intenciones son claras: homenajear el cine clásico. Se toca la fama, la publicidad y el periodismo: el galán maduro, la joven estrella, el periodismo sensacionalista, las historias construidas por los estudios, los escándalos ocultos. Se abordan cómo no los rodajes: directores y actores con sus virtudes y vicios. Se muestra el mundo tras las cámaras, con los productores, directivos y majors. E incluso se toca el tema político, con el delirio comunista que oscureció el negocio durante algunos años.

Pero todos estos aspectos no forman parte de un relato con coherencia y equilibrio. Más que una película resulta de un programa de humor, de esos de números cómicos con escenificación sencilla, tipo teatro, y si acaso unos pocos exteriores. Vaya semanita sería el mejor ejemplo. Saltamos de una escena a otra sin conexión más allá de compartir algún protagonista (Josh Brolin como el productor) y una subtrama que intenta usarse como nexo, la del secuestro de la estrella (George Clooney). Pero no funciona la cosa, porque ninguna de las dos líneas, ni los propios personajes, mantienen interés más allá de algún buen chiste en el primer acto, cuando la presentación todavía no augura el desastre inminente. A la larga su escasa relevancia, enjundia e interés se diluye en el caótico galimatías, con lo que no hay nada que sostenga las dos horas de historias sueltas, anécdotas breves, recesos incomprensibles, salidas por la tangente y momentos metidos con calzador con los que tratan de exponer aquellos temas.

Creo que nunca he visto personajes más desubicados de los de Scarlett Johansson y Channing Tatum. Qué presentaciones más largas y cansinas para luego no exponer ninguna trama llamativa con ellos, y menos alguna fluida y graciosa. La periodista (Tilda Swinton) es intrascendente. El grupo comunista, incomprensible tras toda esa cháchara absurda, y todo para que al final no ocurra nada digno de mención con ellos. El personaje de Clooney parecía protagonista pero no lleva a ninguna parte, y su interpretación resulta algo forzada. El de Alden Ehrenreich, el joven guaperas que todavía debe aprender a actuar, es el único digno, pero también queda como una aventura forzada y mal unida a las demás. El de Brolin es el que más ocupa pero no ofrece una personalidad ni una trayectoria concreta dignas de mención. Y atención a Jonah Hill, que sale en el póster y sólo tiene una breve e insustancial escena.

El sentido del humor es flojo, a veces cutre (el pañuelo en el proyector), y con esa narrativa torpe y embarullada, la poca gracia inicial se difumina hasta no quedar nada en el tramo final, que de aburrido y cargante resulta insoportable. Por ejemplo, secuencias con potencial, como la peleílla entre el director exigente y el actor incompetente, se echan a perder por la negligente forma de estirar y repetir el chiste hasta destrozarlo y agotar la paciencia del espectador. Como resultado, tenemos un bodrio de los espectaculares, un despiporre sin pies ni cabeza que resulta tan inclasificable como exasperante. En la sesión en la que la vi la gente salía bufando y cabreada por el tiempo perdido.

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Gravity


Gravity, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 91 min.
Dirección: Alfonso Cuarón.
Guión: Alfonso y Jonás Cuarón.
Actores: Sandra Bullock, George Clooney, Ed Harris.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: La narrativa visionaria y extraordinaria de Alfonso Cuarón ofrece un espectáculo inigualable y muy emocionante. Efectos sonoros y especiales fantásticos, música excelente.
Lo peor: Algunos tics e inconsistencias molestan un poco, en especial un tono machista mosqueante.

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Gravity apareció prácticamente de la nada, porque no era un rodaje que levantara expectación, y arrasó de manera impresionante, alcanzando los 700 millones de dólares en la taquilla y obteniendo una estupenda recepción crítica en los medios. Ese tirón mediático la llevó inesperadamente a los Oscar, donde es obvio que no se mide la calidad sino la afinidad con la Academia, y aun así se llevó unos cuantos premios. No el de película, aunque era de largo la mejor de todas las nominadas, pero qué más da, nunca han optado por la objetividad, por mucho que todavía haya gente que no se haya dado cuenta. Sin ir más lejos, la obra cumbre de Cuarón hasta la fecha, Hijos de los hombres, no fue tan bien recibida.

Gravity no tiene una trama compleja, sin rodeos nos sumerge en una aventura de acción y supervivencia rebosante de adrenalina. Eso sí, hay que poner en su lugar esa parida que usan algunos para atacarla, “el guión cabe en una servilleta”, como si la sencillez o falta de profundidad fuera un aspecto negativo, o como si el guión fueran sólo los diálogos, cuando la realidad es que describe todo lo que hay en la escena, tanto las imágenes como los sentimientos que el autor quiere transmitir, y este en concreto al ser una narración tan visual (incluyendo unas pocas metáforas, como el plano que recuerda a un feto) necesita largas descripciones. Podéis verlo aquí para haceros una idea.

Sin duda era un proyecto difícil de llevar a cabo dadas las metas que se marcó Cuarón, empeñado en rodar una serie de filigranas que requerían mucha imaginación y gran dominio de la técnica. Pero el resultado es un auténtico prodigio de narración audiovisual. Los estupendos efectos sonoros y especiales, la magistral banda sonora del desconocido Steven Price y la buena interpretación que consigue de Sandra Bullock (a pesar de los chutes de bótox que lleva) son imprescindibles también, pero lo realmente vital es la asombrosa forma en que Cuarón domina técnicas complejas e incluso visionarias sin perder en el esfuerzo el pulso narrativo, es decir, el ritmo del relato, la conexión emocional, los puntos álgidos de tensión e inquietud. Y además sabe captar la crudeza de la supervivencia al límite en un entorno bastante ficticio, de manera que te crees las situaciones de riesgo sin problema alguno. El plano secuencia inicial te deja boquiabierto y no vuelves a cerrar la boca hasta el final de la película, no hay descanso ni bajón en una proyección fascinante en lo visual, trepidante en el desarrollo de acontecimientos y emocionante en todo momento, hasta el punto de hacerte sudar y de agobiarte con la odisea de la protagonista. El viaje es corto pero de una intensidad que pocas películas logran alcanzar. Estás hora y media absorto, conteniendo la respiración, deslumbrado y sobrecogido prácticamente en cada instante. Nunca la expresión “esta película es una montaña rusa” se ha utilizado mejor.

Pero sí es cierto que acusa algunas deficiencias, unas fruto de forzar ligeramente su argumento, otras por ser apuntes de guión algo malogrados. La cinta es tan impresionante que de primeras puede que no se noten, pero en sucesivos visionados, aunque el espectáculo aguanta sin problemas, esos puntos oscuros se hacen bastante evidentes. Y también, a pesar del esfuerzo inicial por buscar realismo, incurren en mala ciencia cuando les conviene para realzar el drama.

Lo primero que salta a la vista es que hay demasiadas casualidades y agarres de último momento. La protagonista siempre se salva justo en el último instante u oportunidad, siempre por los pelos, dando la sensación de que se abusa del recurso más de la cuenta. Pero también tenemos un caso contrario: en una escena se le está agotando el oxígeno, está a punto de desfallecer, y se queda parada hablando con el otro astronauta (George Clooney) en vez de ir a toda leche hacia la escotilla para salvarse. El segundo aspecto criticable son los ramalazos machistas. Ella sufre muchísimo pero él ni se inmuta, como si el hombre fuera superior, algo que se remata porque es este hombre protector quien la guía y anima para que pueda salvarse en todos los momentos cruciales… ¡incluso hasta en sueños! Y cuando él no está debe aprender a valerse por sí misma, como si las mujeres llegaran a astronauta por sorteo. Para colmo resulta que su mayor logro como mujer es haber tenido una hija, y por cómo lo narran el ir al espacio no parece ser nada en comparación.

En cuanto a ciencia, se han trabajado mucho la recreación de cómo sería una situación semejante: los decorados y efectos especiales, los movimientos e inercias en el espacio, la transmisión del sonido… Pero es un poco mosqueante que el realizador se curre tanto detalles así (por ejemplo el lanzamiento del extintor para crear un momento de fuerza en sentido contrario) pero en otros se venda con todo descaro al lenguaje cinematográfico más básico: cuando Clooney acaba en deriva queda fatal, porque tras haber sido parado por la cuerda de repente se nos dice que sigue alejándose a pesar de que todavía está agarrado, como si algo tirara de él, y encima a un ritmo que dé tiempo a una despedida lacrimógena.

De la misma forma, hay conceptos básicos de la mecánica orbital que se omiten para poder mantener la trama deseada. Acelerar o frenar en órbita significa aumentar o disminuir la órbita (la distancia respecto a la Tierra), no acercarse más rápidamente a otro objeto en la misma, algo que requiere muchos cálculos y fuerzas. Y desde luego una mochila propulsora difícilmente pueda hacer tantas maniobras, ni siquiera la Soyuz y el Transbordador tienen la potencia y combustible necesarios para hacer algo más que llegar a su órbita (y eso lanzados con los tanques externos) y luego frenar para volver a la Tierra gracias a la atracción gravitatoria. Para simplificarlo todo se inventan que todas las estaciones implicadas están en la misma órbita, y omiten los cálculos y el enorme gasto de combustible que requiere cualquier desplazamiento. Con estos conceptos presentes, la simple lógica anula la premisa de que los escombros te alcanzan varias veces, porque si van a distinta velocidad, sencillamente no están en tu órbita. Otra cosa es que la cantidad de escombros aumentara en todas direcciones, pero no se indica eso. De hecho, incluso si omitimos el concepto de órbita, la lógica más básica tumba hasta lo de los noventa minutos: si te desplazas cientos de kilómetros, ¿cómo van a seguir tardando lo mismo en alcanzarte? Tardarán más o menos según la dirección que hayas tomado. Y por cierto, hay un gazapo evidente: Control indica una velocidad y luego Clooney los cita diciendo otra muy distinta.

Así que, después de todo Gravity no es la película científicamente hiperrealista que anunciaban, pero de todas formas se agradece que hagan ciencia-ficción más seria, y que demuestren que esta puede vender muchas entradas. De hecho, ese tratamiento serio permite que los amantes de la ciencia discutamos sobre fallos, aciertos y lo razonable o no de las decisiones que tomaron los autores.

Lo que sí está claro es que aun con sus excesos y leves inclinaciones comerciales, Gravity es toda una lección al cine de acción, rebosante de títulos realizados únicamente con efectos especiales pero sin esfuerzo alguno en la narrativa y la consecución de emociones intensas. Es una propuesta original y enormemente arriesgada resuelta con maestría, pero sobre todo es un viaje de sensaciones inolvidable.

Monuments Men


The Monuments Men, 2014, EE.UU.
Género: Bélico, aventuras.
Duración: 118 min.
Dirección: George Clooney
Guion: George Clooney, Grant Heslov. Novela de Robert M. Edsel y Bret Witter.
Actores: George Clooney, Matt Damon, Cate Blanchett, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin, Hugh Boneville, Bob Balaban.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, fotografía y ambientación.
Lo peor: Hecha a trozos sin conexión entre sí, es un galimatías y un rollazo.
El título: Estamos ante una de esos extraños casos en que para la versión española simplemente le quitan el “The” al título, como The Matrix, The Terminator o The Abyss. Y si en esos casos no tenía sentido, en este menos todavía.

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Qué pena que un argumento tan potente, que una perspectiva alternativa tan original y atractiva de la Segunda Guerra Mundial, que un tipo de filme con base para ofrecer una aventura como las de antaño (con la referencia de Los violentos de Kelly a la cabeza) se quedara en tan poca cosa, prácticamente en nada. George Clooney y Grant Heslov (su colaborador habitual) no han sabido adaptar bien la novela en que se basan, confeccionando un guion superficial, desestructurado y disperso incapaz de dotar de vida a los protagonistas y de dar ritmo y objetivo a una trama compuesta de capítulos anecdóticos casi sin conexión entre ellos. Son errores que se veían en otros de sus títulos en común, las sobrevaloradas Buenas noches, y buena suerte (tediosa y caótica como la aquí comentada) o Los idus de marzo (telefilme sin garra), pero aquí se ven maximizados porque la sensación de potencial desaprovechado es enorme.

A primera vista la labor de dirección de Clooney es correcta en la composición de escenas sueltas, pero sin una trama con proyección trabajada y creciente es difícil saber si la poca intensidad de la narración es fruto del guion o de falta de visión en conjunto como director. Todas las escenas tienen el mismo tempo, no hay tensión o intriga en aumento ni la elaboración de algún clímax en momentos clave. Como resultado la película es un inestable conglomerado de escenas sueltas cuyo hilo conductor (buscar y recuperar las obras de arte robadas por los nazis) no basta como nexo en común, como centro de gravedad sobre el que hacer girar los acontecimientos de manera que haya una progresión narrativa en la que sumergirse con interés y emoción.

Con los protagonistas ocurre lo mismo. Los personajes aparecen en pantalla sin más, no se expone bien quién es quién a pesar de que se nos presentan de uno en uno. De ahí nos vamos al frente, donde todo el rato están nombrando ciudades pero finalmente no tenemos ni idea de dónde estamos y cuál es la misión actual. Cuando se separan en grupos todo se viene abajo definitivamente, saltamos entre ellos sin que haya motivos claros solo para soportar anécdotas triviales y aburridas que no aportan nada al argumento: ahora fumamos, ahora un chiste, ahora echamos de menos el hogar aunque realmente no da esa sensación, ahora la escena de francotirador de turno, ahora la de “he pisado una mina”… Los intentos de humor que deberían mostrar camaradería son un desastre, pues las escenas se fuerzan demasiado para meter la gracia. La muerte de algún protagonista no impacta lo más mínimo. Los discursos narrados que aparecen de vez en cuando cansan y son otra muestra de que no sabían cómo enlazar las historias entre sí. La única línea con algo de continuidad es la relación entre Matt Damon y Cate Blanchett, pero es muy simple y no impresiona lo más mínimo.

En estas condiciones es difícil interesarse por el porvenir de los protagonistas y el desarrollo de sus aventuras. No hay sensación de esfuerzo, de trabajo, de peligro, de que se muevan realmente hacia algo, solamente saltamos entre un caso y otro. Y ninguna de estas aventuras tiene fuerza suficiente por sí sola para dejar huella, salvo los hallazgos finales, y por la importancia de estos, no porque la película impacte: el nivel de hijoputismo de los nazis fue tan grande que resulta difícil de creer todo lo que estaban haciendo.

La ambientación está bien lograda, hay buenos paisajes y escenarios pequeños pero efectivos de la guerra. Pero eso no es nada que no se consiga con dinero. El reparto es lo único llamativo, pero solo destacan por carisma, porque con los diálogos acartonados y el escaso calado emocional de los personajes ninguno puede conseguir una buena interpretación. También destaca para mal el habitual tono patriotero paternalista que se traen los estadounidenses. Ellos salvan el mundo, la cultura y la forma de vida occidental, que además es la única que vale. Hasta la música realza ese patriotismo de forma demasiado evidente y cargante, decepcionándome Alexander Desplat por primera vez.

Monuments Men es un asombroso desastre narrativo que además muestra que la carrera de George Clooney como realizador va hacia abajo en vez de hacia arriba: le falta bastante para entender los conceptos más básicos del lenguaje cinematográfico.