El Criticón

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Rogue One


Rogue One, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: Gareth Edwards.
Guion: Chris Weitz, Tony Gilroy, John Knoll, Gary Whitta.
Actores: Felicty Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Wen Jiang, Guy Henry, Alan Tudyk, Riz Ahmed, Forest Whitaker, Mads Mikkelsen, Genevieve O’Reilly, Alistair Petrie.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Apartado visual inconmensurable. Banda sonora magnífica. Historia muy atractiva con infinidad de grandes momentos.
Lo peor: Algún estereotipo cargante con personajes secundarios. Unas pocas frases explicativas innecesarias.
Mejores momentos: La gran batalla. El épico y trágico final que enlaza con Una nueva esperanza.
El plano: La Estrella de la Muerte apareciendo tras un destructor. La silueta de la Estrella de la Muerte sobre el horizonte.
El título: ¿Qué costaba llamarla “Rebelde Uno”? Además, para variar llega a España con una coletilla: Rogue One: Una historia de Star Wars. Por no decir que ahora se empeñan en que sea Star Wars en vez de La guerra de las galaxias
La traducción: “Stardust” lo traducen como “Estrellita”, que resulta demasiado obvio. Pero hay que decir que tampoco era fácil: “Polvo de estrellas” como que no; “Lucero” quizá hubiera sido mejor, pero también suena un poco raro.
Las frases:
1) -Gerrera: ¿Puedes soportar ver la bandera imperial reinar por toda la galaxia?
-Jyn: No es un problema si no miras hacia arriba.
2) He colocado una debilidad, bien dentro del sistema. Una falla tan pequeña y poderosa que nunca la encontrarán. -Galen.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Intento no dar datos concretos y ser ambiguo, pero al hablar a fondo de la temática y la narrativa termino describiendo partes del argumento, así que si quieres verla completamente en blanco quizá sea mejor no leerme.–

Rogue One es una cinta bastante completa, toca varios géneros (aventuras, bélica, comandos…) y aborda diversas temáticas (guerra, dictadura, rebelión, terrorismo, ideales, redención…), y todo ello sin agobiarse con las restricciones impuestas (ser fiel a la serie -estilo e historias-, ser taquillera), de hecho es asombroso que nos ofrezcan una obra relativamente oscura y adulta, algo difícil de ver en estos tiempos donde se quiere abarcar todo el grupo de espectadores posibles, y más aún si tenemos en cuenta que estamos en manos de Disney, y los jóvenes e incluso niños son primordiales en su estrategia comercial. Rogue One rivaliza con El Imperio contraataca a la hora de describir un ambiente opresivo, fatalista, con calamidades inminentes a la vista. De hecho, guionistas y director idearon inicialmente un final feliz, convencidos de que no les iban a dejar reflejar el desenlace dramático que el relato exigía, tanto por argumento como por continuidad.

Comienza como una película de grupo, un concepto narrativo básico pero difícil de evitar, pues la propia realidad se mueve muchas veces por la unión de personas dispares con un objetivo común. El pionero en ver su potencial en una época en que los protagonistas solían ser héroes solitarios fue el gran Akira Kurosawa, con Los siete samuráis (1954). Recordemos que Lucas también se inspiró en su legado para Una nueva esperanza (en concreto en La fortaleza escondida, 1958), así que no es un referente nuevo en la saga. Pero más que de la estela potenciada luego por Los siete magníficos (1960), la presente bebe de la rama centrada en conflictos bélicos, como Doce del patíbulo (1967) y Los violentos de Kelly (1970): convictos, renegados o desertores embarcados, en medio de una guerra, en una misión con un futuro muy negro.

Poco a poco vamos conociendo a cada integrante de esta banda que, en tiempos más estables, tendrían vidas muy diferentes y separadas. En principio temía que Jyn se pareciera demasiado a Rey, la protagonista de El despertar de la Fuerza. Pero ni es la protagonista absoluta ni resulta un carácter simple, como tampoco lo fue Rey, pero sobre todo no se parece en nada a ella en personalidad y recorrido aunque su odisea parta de una separación violenta. Esa tragedia en la infancia forjó en Jyn Erso una personalidad huidiza, vive improvisando día a día su supervivencia y libertad, huyendo del dolor que significaría pararse a pensar y luchar. El resto del universo le importa un bledo, no cree en nadie ni en nada. Pero las circunstancias actuales la llevan hacia un camino donde debe replantearse sus miedos, convicciones e ideales. Felicity Jones había demostrado talento de sobras (La teoría del todo) además de experiencia (su carrera es bien larga), y expone bien esa personalidad derrotista que va ganando fuerza. Eso sí, en la comparación con Daisy Ridley (Rey), se queda bastante lejos de su arrebatadora interpretación.

En el otro lado del espectro está Cassian Andor, que en su primera escena es definido en un instante brillante como un veterano de la parte más dura de la rebelión: las misiones de infiltración, sabotaje, asesinatos… Su dilema interno se va exponiendo con una sutileza que ya querría George Lucas haber mostrado en las precuelas (o mejor: ya querríamos nosotros). Las nuevas órdenes le pesan cada vez más debido a la relación incipiente con sus compañeros, y los acontecimientos lo van dirigiendo hacia un punto de inflexión en el que tendrá elegir entre lo que se espera de él y lo que le susurra su conciencia. La única pega de una figura tan atractiva es que el actor Diego Luna no tiene el carisma y el registro necesarios, o el director no sabe guiarlo, para llegar a dar el personaje memorable que hay latente. A este lo acompaña el robot de turno, introducido sin duda porque hay que mantener el tono de la serie: un androide entre gracioso y pesimista, en la línea de C-3PO pero sin ser un clon descarado. Sin embargo, esta onda de chistes casi infantiles desentona un poco en el conjunto, y pocos me hicieron reír. Les ha faltado ingenio en sus diálogos, pero al menos dista de ser molesto como C-3PO y R2-D2 en las precuelas.

La introducción de los miembros secundarios del comando es también muy certera. En seguida sabes cuál el entorno en el que se movían y cómo este se ha visto afectado por el Imperio. Vuelvo a una comparación que hago mucho: ¿cuántas veces en el cine reciente hemos visto películas corales que sepan presentar a sus protagonistas adecuadamente? Mad Max: Furia en la carretera, Guardianes de la galaxia y para de contar. Hasta la versión nueva de Los siete magníficos, partiendo de las obras fundacionales del género, hizo bastante el ridículo (y no hablemos del desastre de Escuadrón suicida…). En Rogue One estamos rozando el cielo. La escena en que conocemos a Chirrut (el ciego) y Baze (el del arma gorda) vale su peso en oro: un diálogo de Cassian, un plano que los muestra al fondo en una pose muy descriptiva (sin nada que hacer, abatidos), más lo poco que conocemos de Jedha (la represión del Imperio), basta para conocer en un instante su situación. Y en la siguiente aparición ya los tenemos expuestos por completo y con un pie en la banda.

Pero me temo que lo de “por completo” es literal: ya no dan más de sí. El cielo no se alcanza, pues la historia personal de ambos no va más allá, se estanca demasiado en estereotipos un tanto vulgares. El tipo grandote y simpático con un arma tocha puede pasar porque tiene carisma aunque no aporte nada más, pero el asiático ciego experto en artes marciales está demasiado visto y parece fuera de lugar, hasta el punto de acabar siendo muy molesto. Además, obedece demasiado a “la cuota China”, eso de meter subtramas de corte asiático (el actor además es famoso en el género de las artes marciales) para vender la cinta en aquel país. En seguida aparece también el piloto que busca redención por los remordimientos de haber servido al Imperio, pero su recorrido psicológico también es muy limitado, tiene un par aportes al grupo y ya está, quedando como un simple nexo de unión entre personajes y partes de la historia.

La trama global se va configurando de manera bastante dinámica. Los saltos entre planetas y ciudades exponen con celeridad y claridad el entorno, sus habitantes, y la pieza correspondiente del argumento. El más destacable, Jedha, tiene muchísima personalidad, con una historia y una vida tangibles como se espera en la saga. Como señalaba, este lugar y sus habitantes se retroalimentan: la dominación del Imperio, la cultura medio destruida, las gentes perdidas, la resistencia en plan terrorismo liderada por Saw Gerrera… Algunos espectadores se quejan de que esta figura aparece muy poco, de hecho parece ser que Forest Whitaker vio reducido su protagonismo. Pero para mí cumple su función de sobras. Es el mentor de la protagonista, el que la educa en sus primeros pasos y luego su ausencia la libera de ataduras, permitiéndole desplegar su potencial. Si hubieran remarcado más ese rol hubiera resultado con bastante seguridad otro estereotipo muy claro y muy repetido en capítulos previos. Pero muestran lo justo de ese aspecto y abordan otro que le otorga un aire renovado: es un terrorista, no un héroe, abordando así una cara menos idílica de la resistencia.

Esa descripción ambigua de la moral de la rebelión es lo mejor del filme. Lejos de la luminosidad con que nos la describía Lucas (hasta las naves eran de un blanco reluciente), aquí conocemos las distintas facetas que tiene una lucha armada. Aparte de ideales loables, de políticos inquebrantables y héroes que admirar, también hay generales curtidos que no dudan en doblar la ética en la búsqueda de la victoria, secciones que abordan directamente el terrorismo, fanáticos, gente quemada, políticos cobardes, ciudadanos que miran para otro lado… Y a pesar de este llamativo crisol la trama política se expone con inteligencia: la posición de cada grupo (ubicación, planes, recursos) queda bien determinada en todo momento, superando la falta de definición que lastraba el Episodio VII y el poco partido que Lucas sacaba en las precuelas a pesar de tener mucho más protagonismo.

La parte del Imperio también tiene su miga. El villano principal, Krennic, deja muy buena impresión, en gran parte por el entusiasta papel de Ben Mendelsohn. Este actor lleva en el mundillo desde los ochenta, pero hasta hace pocos años no empezó a hacerse notar en algún rol secundario que le permitía explotar su potencial: Mátalos suavemente, El Caballero Oscuro, la leyenda renace y, sobre todo, Slow West, donde estaba espléndido como bandido. Tiene entre manos un tirano clásico pero al que da vida con gran intensidad: la falta escrúpulos y la ambición desmedida lo convierten en una figura a temer. Pero esto es el Imperio, y hay más como él que le pondrán las cosas difíciles en la guerra sucia entre altos mandos. En cuanto a su relación con los buenos, es más bien tangencial (más de resultado de las acciones de ambos bandos que de choque directo), y los momentos en que se cruzan son desiguales. La relación con Galen es inquietante, pues como buen invasor fuerza una amistad que en realidad es una jaula. Pero el encuentro final con nuestros protagonistas es demasiado clásico, facilón, se hubiera agradecido algo más original e impactante.

Con tanto salto de escenario, algunos se han quejado de que el primer segmento de la cinta va a trompicones, pero no lo comparto, pues enseguida se observa que nada está puesto al azar, que no hay minutos desperdiciados sino que, como decía, todo se va presentando e hilando con cuidado. Es más, en un segundo visionado incluso me gustó más este tramo inicial, porque vi desde el principio el trasfondo de guerra y desesperación que está ahí latente hasta el gran clímax. Hay que sentar unas bases argumentales y generar una atmósfera emocional concreta, y aquí lo hacen bastante bien. Sí, podía ser mejor, sin ir más lejos El despertar de la Fuerza me absorbió por completo desde el mismo prólogo. Pero en líneas generales el primer acto cumple de sobras. Es el acto central, el nudo, el que no da la talla.

A la salida de Jedha se estanca un poco la narrativa, en la larga escena en Eadu el ritmo pierde fuerza y se torna a la vez caótico. Los autores nos llevan a un escenario que, por conjunción de acontecimientos, resulta previsible, y no logran conferirle un interés extra en los eventos ni en el desarrollo de caracteres que aproveche el receso y lance mejor la entrada del tramo final. Unos van muy despacio (los protagonistas enredando en la nave y andando por ahí) y otros demasiado rápido (el escuadrón de refuerzo llega instantáneamente, y de forma muy forzada quedan incomunicados para que la situación explote). Y sobre todo, la escenas de disensión en el grupo y la catarsis crucial que viven Cassian y Jyn carecen de la emoción y fuerza necesarias.

Por suerte, en cuanto entramos en el largo tercer acto el subidón es espectacular. La reunión de la rebelión para rehacer sus planes, o más bien toda su organización, es magnífica, expone un sinfín de elecciones y visiones del mundo, y los miedos que amenazan con deshacer la endeble unión quedan muy bien reflejados. Recordemos que en El despertar de la Fuerza había una reunión semejante y se saldaba precipitadamente. Con este buen nivel, la evolución y la toma de decisiones finales de los protagonistas, aunque inevitablemente predecibles, resultan también verosímiles. Y de ahí, a la memorable batalla final. Sin las salidas de tono infantiles de las precuelas, ni su puesta en escena saturada de colores y muñequitos digitales, sino con un sentido del espectáculo encomiable.

La dirección de Gareth Edwards no está exenta de polémica, pues hubo semanas adicionales de rodaje y el realizador Tony Gilroy tuvo una participación que no sabemos hasta qué punto llega (acabó acreditado como co-guionista) ni cuánto se relegó a Edwards. ¿Ha afectado al resultado final el mal endémico de las grandes productoras de Hollywood, o sea, meter mano y coartar la libertad de los autores, o han salvado los trastes? Es probable nunca lo sepamos con exactitud, pero la verdad es que de haber problemas dudo que fueran por la labor de Edwards, que demostró con Godzilla ser un director de primera en cuanto a superproducciones, sino con toda probabilidad del guion, en plan de seguir reescribiéndolo incluso durante el rodaje. Y desde luego este impecable acabado visual recuerda a Edwards y su habilidad para componer planos que combinan elementos de muy distinto tamaño, además del tono intenso y claro que imprime a los momentos de acción, lejos del estilo vago actual de cámaras en mano excesivas y borrones digitales. En un momento estamos hundidos el barro en la playa, en otro levantamos la cabeza para ver la amenaza gigantesca de los AT-AT, a continuación volamos entre ellos con el escuadrón de cazas; entre medio pasamos al frío y mortal espacio, donde la amenaza enemiga llueve por todos lados mientras la flota se esmera por hacer mella en las defensas; ahora saltamos a una incursión a la base improvisada desde la desesperación…

Sólo un detalle reincidente pone una tibia sombra sobre este gran clímax, y precisamente viene de parte del guion: las frases explicativas que sueltan los personajes son demasiado evidentes, antinaturales, secas. ¿De verdad había que matizar tanto las cosas? Que la trama no es complicada. Ese almirante que se explica como si fuéramos niños tontos, mirando además para abajo (al planeta) para que quede más claro aún con quién habla, ese general que casi mira a la cámara para recalcar que “hay que matar al objetivo”, como si no estuviera claro, la descripción repetida del lío de la antena, etc. Por lo general los diálogos son bastante correctos (aunque de ahí a la genialidad hay un buen trecho, claro), pero en ocasiones puntuales meten estos patinazos que pueden afearte un poco la conexión con los acontecimientos.

Quien pensara que por ser una entrega paralela iba a ser una película más pequeña se llevará un sorpresón al encontrarse tanto escenario recreado con una magnitud y un detallismo espectacular, más una batalla colosal, a la altura de El retorno del Jedi. El titánico esfuerzo del equipo artístico da resultados extraordinarios, destacando el realismo de Jedha o el impresionante resultado de la compleja batalla. Un diez redondo para vestuario, decorados y efectos especiales en sus distintas técnicas (sobre todo los digitales, y más en los personajes hechos por ordenador).

Y un notable alto para Michael Giacchino, que tuvo la difícil labor de sustituir tanto a John Williams (la avanzada edad le impide realizar estos esfuerzos), el gran maestro, autor del sello más reconocible de la serie, como a Alexandre Desplat. El francés era la primera elección para cualquiera, por ser sin lugar a dudas el compositor más dotado y versátil del momento, pero no pudo adecuarse al calendario cambiante y precipitado que rige el mundo de la música de cine. Giacchino era la segunda elección también para casi todo el mundo, dada la clarísima influencia de Williams en sus trabajos, aunque yo pondría en liza también a James Newton Howard. El caso es que se ha enfrentado a dos autores con un renombre y un currículo intimidantes, y además tuvo que componer, orquestar y editar a toda prisa. Si con esas nos ha regalado un trabajo sobresaliente, qué hubiera hecho con más tiempo. Nos ofrece una versión de la marcha imperial soberbia, revisitaciones y reinvenciones estupendas de los temas de la rebelión y la esperanza, y un sinfín de inspiradísimos motivos de acción.

A lo largo del relato habíamos visto cantidad de referencias a la serie muy bien ubicadas (algunas incluso aparentemente innecesarias pero muy agradecidas, como la fugaz visión de la pareja del tipo deforme y el alien con aspecto de foca que Obi-Wan se carga en la cantina de Tatooine en Una nueva esperanza), pero el repertorio final es glorioso. Tenemos algunas muy escondidas (muere el piloto Rojo 5, el puesto que luego tomará Luke, y además hay apariciones de otros pilotos del Episodio IV, tomadas de metraje descartado del mismo), otras más claras (como es obvio se mantiene un entorno común: desde el robot negro que parece un coche teledirigido y hace un ruido muy característico, a los AT-AT), y como colofón final tenemos unas escenas que enlazan de forma inesperada y férrea con Una nueva esperanza, unas escenas que ponen los pelos de punta y cierran la película con ganas de aplaudir.

Hay que agradecer la genialidad que supone dar sentido a los dos únicos pero claros agujeros de guion que tenía Una nueva esperanza: la falta de una flota rebelde que diera guerra a la Estrella de la Muerte, y su punto débil tan inverosímil. Pero sobre todo hay que admirar la solución de continuidad tan cohesionada que han logrado, al contrario que Lucas, quien acabó La venganza de los Sith, a pesar de que tuvo un montón de años para pensar cómo unir las trilogías, con agujeros e incongruencias en cantidad. La única queja podría ser que hay demasiada mención a la Fuerza y los Jedi, en comparación con el aura de lejanía y misticismo que se les da en el Episodio IV. Pero esto más bien fue problema del propio Lucas, al hablar ellos como si hubieran desaparecido hace doscientos años y no veinte. Aun así es cierto que podrían haber tratado mejor el tema, pues parece que están empeñados en repetir cada dos por tres que es una entrega de La guerra de las galaxias. Por no decir que el amago de Jedi que hacen con Chirrut es confuso y mucha gente terminará pensando en que es un aprendiz de Jedi, o incluso que los poderes se pueden adquirir con fe y entrenamiento.

En cuanto al doblaje, este sale bastante bien parado en los actores principales y en la voz de Vader, donde el sustituto de Constantino Romero casi no se nota (y mira que yo soy muy quejica con estas cosas). Pero en algunos secundarios rechina demasiado: la voz de Chirrut y su acento marcado no convencen, pero es que la del piloto es muy histriónica, parece un doblaje de comedia.

En resumen, Rogue One, como película de grupo, se queda sin explorar todo el potencial que guardaba, pero en su trasfondo se iba exponiendo una obra bélica mucho más inteligente, una que en el tramo final explota a lo grande. Hay partes en las que el contraste entre ambas líneas se nota bastante. Conforme la trama bélica gran protagonismo conocemos a otros muchos personajes secundarios (generales, políticos, pilotos, soldados), unos con presencia breve, otros con más tiempo, pero los autores son capaces de dotar de cierta entidad a casi todos en pocos segundos y conseguir que nos interesemos por sus esfuerzos y, en el caso de haberlos, sus trágicos finales. Casi me apena más la muerte del líder del escuadrón que defiende al grupo de asalto desde el aire que la caída de varios del comando, con sus escenas largas tan típicas y artificiosas. Por ello pienso que le habría venido muy bien prescindir un poco del tono de aventura de grupo para embarcarse de lleno en una cinta bélica con numerosos individuos esparcidos por todas partes, en plan Un puente lejano. Un par de escenas menos para el asiático fanático, el robot tonto, el grandote y el piloto hiperactivo a la vez que se potencia a todos esos habitantes tan atractivos, se me antoja muy jugoso. Por supuesto, todo esto es especular sobre posibles cambios y mejoras, de forma bastante subjetiva además, y huelga decir que un guion mejor también nos vale para exprimir al máximo la opción del grupo reducido. En otras palabras, hablar de lo que habríamos hecho o deseado no lleva a nada. La película resultante es la que tenemos ante nuestros ojos, o la disfrutamos como tal o no, y pienso que tiene calidad de sobra como para que sus limitaciones no echen por tierra una gran experiencia.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
-> Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

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La guerra de las galaxias: Episodio VII – El despertar de la Fuerza


Star Wars: Episode VII – The Force Awakens, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 135 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Lawrence Kasdan, Michael Arndt, J. J. Abrams.
Actores: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Harrisond Ford, Carrie Fischer, Mark Hamill, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Andy Serkis, Lupita Nyong’o.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes son maravillosos, los diálogos geniales, la historia sencilla pero bien contada, y todo se remata con un reparto fantástico y una puesta en escena perfecta. La aventura es vibrante, emotiva y memorable como se espera de un capítulo de La guerra de las galaxias.
Lo peor: Un agujero de guion importante, más algunos detalles que podrían haber sido evitados.
Mejores momentos: Tantos… Los dejo para el apartado de spoilers.
El plano: El final, con dos protagonistas mirándose cara a cara.
Las frases:
1) Cumpliré con tu destino, terminaré lo que tú empezaste -Kylo Ren.
2) No sabía que había tanto verde en la galaxia -Rey.
3) Suéltame y deja la puerta abierta -Rey.

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Alerta de spoilers: Los datos reveladores los dejo para el apartado final, el resto de la crítica sólo menciono lo que se intuye en el tráiler. No revelo sorpresas, ni detalles concretos, ni el destino de los personajes.–

QUÉ ESPERABA

Con todo el dinero y prestigio que había en juego en Disney después de pagar a George Lucas 2.000 millones de dólares, más otra cifra semejante en acciones, era bastante esperable que fueran a tratar de esquivar los puntos polémicos de la trilogía de precuelas, denostada por la mayoría de los fans de la saga, y fijarse más en los aciertos de la trilogía original. Pero en el lado contrario pesaba el miedo a que en el lío de productores metiendo mano y cambiando guionistas y directores saliera un desastre aún mayor. Las continuas reescrituras de guion no me asustan de primeras, porque es parte del proceso (si siguen así mientras ruedan sí es para temblar) y hasta no ver el trabajo final no podemos opinar nada concreto. Fue la elección J. J. Abrams como realizador y firmante del repaso final al libreto la que me dio mucho miedo, pues precisamente falló en sus intentos de recuperar sagas y estilos de los años ochenta: la frialdad de Super 8 y Star Trek no eran buenas señales, y más concretamente las dos entregas de la renovada (y pisoteada, porque no tiene nada del espíritu de la original) serie trekkie apestaban bastante con su guion chapucero y el abuso de efectos narrativos y especiales sin ton ni son; y para colmo gustaron al público, con lo que los productores podrían pensar que valía la pena seguir por ese camino.

Así pues, pasé por una fase de negación total, “esto va a ser un desastre”, antes de limpiarme de toda sensación y esforzarme por ir sin prejuicios, en blanco, con la puerta abierta a la esperanza. La voy a ver y que venga lo que sea. Si es mala al menos podré divertirme poniéndola a parir en la redes. Pero los fans hemos tenido una suerte inmensa. El despertar de la Fuerza ha resultado ser un capítulo fantástico, memorable.

¡ES LA GUERRA DE LAS GALAXIAS!

Para empezar, ya en el tráiler se veía respeto por el espectador, en especial por el fan. Sabes que el fanático va a verla sí o sí, no se la destroces en un avance; pero tampoco jodas al público potencial revelándole lo mejor cuando es más efectivo crear expectación. ¡Creía que se había perdido la forma de hacer tráileres de verdad! También vimos entrevistas varias donde Abrams señalaba sus intenciones de mirar a las viejas películas, algo no del todo de fiar porque en las promociones se miente mucho, y también porque una cosa es lo que dices y otra lo que consigues al final. Pero el estreno confirmó ese amor por la saga y el esfuerzo por hacer las cosas bien, por buscar despertar en el espectador las mismas sensaciones que tuvimos con la trilogía original: vibrar con la aventura, sentir conexión y admiración por los personajes, sumergirte en un universo mágico y fascinante. Los fallos de Lucas en las precuelas han quedado atrás: los excesos visuales que saturaban de colores, criaturas digitales y escenas exageradas e infantiles en detrimento de un tono más serio y una narrativa mejor trabajada; el fracaso a la hora de confeccionar personajes de gran nivel (sólo en el Episodio III se acercaba a ello), incluyendo el casting y la dirección de actores, pero sobre todo los diálogos; las tramas políticas densas que no lograban el interés esperado y abandonaban la esencia aventurera y la clásica fantasía de espada y brujería.

Los actores elegidos son magníficos, los diálogos están rebosantes de ingenio y gracia, el dibujo de los personajes es estupendo, y como resultando tenemos unos protagonistas maravillosos y entrañables. La puesta en escena es intachable, no hay abuso de escenarios demasiados sobrecargados, sino que mantienen la belleza sobria y natural de las películas originales. Y la aventura deslumbra y emociona como pocas logran hacerlo. De principio a fin te mantiene pegado a la butaca con una odisea épica de familias enfrentadas, príncipes oscuros y elegidos de la luz, el destino señalando el camino, viajes a lo desconocido en busca de respuestas, lugares asombrosos y duelos inolvidables. Resumiendo, el capítulo séptimo es cien por cien La guerra de las galaxias.

Es imposible no enamorarse de Rey, la chica dotada pero abatida por un trauma del pasado que le impide explotar su potencial hasta que el destino la alcanza. Difícil no sentir empatía con Finn, su conflicto moral y su huida sin rumbo hasta que los acontecimientos lo empujan a decidir. Quieres abrazar a BB-8, un robot redondo que no habla pero resulta adorable. Poe es puro carisma y coraje. Te conmueves con la presencia de viejos conocidos, que son ellos mismos pero con nuevas historias a cuestas que les dan bagaje. Y puedes sentir temor y a la vez empatía por el villano, Kylo Ren, con su lucha interna y el inevitable enfrentamiento contra los héroes.

¿Qué será de cada personaje? Como saga de fantasía te puedes hacer una idea general, igual que era fácil intuir que en Una nueva esperanza ganaría el Bien sobre el Mal. Pero aun así el viaje resulta no sólo atractivo, sino delicioso, cada nueva vivencia y acontecimiento llega con una intensidad que pocas veces he visto en el cine reciente (Interstellar, Mad Max: Furia en la carretera y Guardianes de la galaxia). Se disfruta a lo grande viendo cómo crecen y la dinámica que van creando entre ellos, cómo se enfrentan a los distintos problemas externos y conflictos internos. Y menuda química se logra: gracias a la combinación de guion, casting y dirección de actores se ofrece un resultado difícilmente mejorable. Los diálogos son ingeniosos, dulces, emotivos, oscuros, trágicos… según requiera la situación, describiendo a cada personaje con mucho tacto, cimentando sus relaciones con naturalidad y atractivo. Cabe destacar que el sentido del humor es brillante, siendo la entrega más divertida de toda la serie. Los primeros pasos entre Rey, Finn y BB-8 son geniales y te ganan para toda la proyección; sublime el momento de BB-8 haciendo el gesto de “ok”, por ejemplo. Y en la parte oscura no defraudan tampoco, teniendo líneas que dan canguelo: las dudas de Kylo, sus arrebatos (“¿El androide ha robado un carguero?”), el interrogatorio (“Tú… tienes miedo”)…

El elenco elegido es un acierto digno de aplauso. Los jóvenes Daisy Ridley (unos pocos papeles muy secundarios en algunas series inglesas) y John Boyega (dado a conocer en Attack the Block) demuestran un entusiasmo y compromiso total, logrando unos personajes tan creíbles que desde su primera aparición te quedas prendado de sus miserias, miedos, esperanzas y esfuerzos. Oscar Isaac es un gran actor que ya cuenta con mucho reconocimiento (fantástico su papel en A propósito de Llewyn Davis), y derrocha carisma y simpatía. Harrison Ford es lo que se esperaba, un Han Solo viejo, con historia y cargas detrás. La única un poco corta sería Carrie Fisher, pues le falta algo de garra a sus intervenciones. A Adam Driver lo conocía por su papelón en Girls y sabía de lo que era capaz, pero aun así me ha dejado anonadado. Qué magistral exposición de lo que supone caer al Lado Oscuro: los sentimientos encontrados, el miedo, la sumisión al líder… Así tenía que haber sido Anakin en las precuelas: un chico perdido, lleno de contradicciones y miedos, atraído por las formas más llamativas y fáciles del Lado Oscuro, pero Lucas tropezaba demasiado en su desarrollo, y sobre todo la pifió a lo grande con la elección del intérprete. También cabe señalar que el doblaje al castellano es excelente, algo cada vez menos común; de hecho en las precuelas era bastante malo.

LA PUESTA EN ESCENA, TAMBIÉN IMPECABLE

El guion es certero, pero la dirección de Abrams, sumada al trabajo actoral y el esfuerzo del equipo técnico, es lo que termina de levantar esta enorme película. Decir perfecta es quedarse corto. La proyección es un no parar, no te deja respirar, no hay bajones ni desviaciones. El equilibrio y empaque de cada escena es sensacional, cada una de ellas combina magistralmente un poco de acción, un poco de fascinación por lo desconocido, de fantasía épica, de personajes cautivadores, de diálogos brillantes, y otro tanto de pequeños detalles que terminan de perfilar su irresistible magia. No se dejan huecos donde el desinterés y la desconexión puedan aparecer, no se desaprovecha una sola emoción que pueda sacarse de la situación.

Por ejemplo tenemos una escena presentada en el tráiler, la de un personaje misterioso rondando las ruinas de un destructor imperial: con golpe de sonido sutil y un plano llamativo captan toda tu atención, con el entorno te envuelve la atracción por lo desconocido, con la acción del personaje (recoger chatarra para sobrevivir) te definen lo justo de su vida para conectar con él y esperar más con interés. Y basta un par de secuencias por protagonista para ponerlos en camino, no hay una larga y farragosa introducción ni recesos expositivos, todo fluye de maravilla como en pocas obras se ha visto (de nuevo cito Mad Max, porque está claro que es el referente de la década). Lucas en las precuelas se perdía en largas secuencias de acción hipertrofiada que sólo contenían efectos especiales, y cuando se centraba en los personajes lo hacía tarde y lejos del nivel exigible. Abrams pone todo su empeño en que cada situación aporte algo al desarrollo de los protagonistas.

La fotografía es estupenda, el montaje es un portento indescriptible, los efectos especiales están siempre al servicio de la narración y son magníficos (hay mucho digital, pero sabiamente usado)… Pero lo que más me llama la atención es el magistral uso del sonido. Pocas veces he visto una implicación tan férrea y efectiva entre efectos sonoros y la transmisión de emociones: un disparo de bláster parado en el aire, la entrada de Rey en pantalla, un casco que retumba al caer, o los efectillos para mostrar el poder de Kylo, son usados con sabiduría para contener o explotar tal o cual emoción.

En cuanto a la inevitable mención a John Williams, este ofrece una composición exquisita que realza la acción y el drama con el esperable virtuosismo, pero como se inclina más por lo sutil algunos han acabado descontentos al no encontrar algún tema tan épico como deseaban, como si la banda sonora fuera sólo eso. Aquí hay más apoyo velado a la acción y los personajes (el tema de Rey es sencillo y el de Kylo muy contenido) que un despliegue de cortes de gran fuerza heroica o trágica como los que necesitaba La venganza de los Sith. Y tiene tantos momentos inolvidables como en las demás entregas: Rey’s Theme, March of the Resistance, Kylo Ren Arrives at the Battle, The Abduction, Scherzo for X-Wings… No, Williams no ha fallado, ha superado el listón, por alto que lo pusiéramos, como hace casi siempre.

AUNQUE TIENE ALGÚN FALLO… ¿Y ES UN REMAKE?

Ahora bien, aunque El despertar de la Fuerza es una obra deslumbrante en el sentido emocional, en llegar directa al corazón, no es perfecta en la lógica. Algún error tiene, y quizá porque se acerca más a la trilogía original, repite algunas lagunas de aquella. El principal problema es el deus ex machina que da cierre al misterio principal, el nexo que mueve a los personajes… la Búsqueda de rigor en la fantasía, vamos. Pues resulta que se resuelve porque sí, y descoloca bastante después de tanto darle importancia al asunto. Y lo peor es que da la sensación de que era facilísimo hacerlo bien. Por suerte es el único fallo importante. Las preguntas sobre dónde está la flota de los malos, que nadie vea venir una estación tan grande y peligrosa o lo fácil que es acabar con ella, vienen de las viejas películas y no me parecen agujeros de guion grandes (sí lo fue en El retorno del Jedi al no explicar qué es de la enorme flota tras la destrucción de la Estrella de la Muerte); incluso podría decir que también se repite el mal uso del tiempo que se ve en la batalla de Una nueva esperanza: según indican los personajes, todo el asalto se desarrolla en quince minutos, pero es como si hablaran en tiempo de película y no en tiempo de lo que realmente duraría, de forma que dicen “dos minutos” y vemos un montón de eventos y desplazamientos. Lo único que puedo considerar como mejorable es que podrían haber matizado algunas cosas: la ubicación de los distintos planetas importantes queda un poco confusa, no se sabe muy bien de dónde viene y a dónde va la Estrella de la Muerte, y quizá habría sido mejor explicar algo de la estructura política actual para darle un poco de dimensión a la galaxia. El resto son detalles menores o aspectos muy subjetivos (la mayor parte los tengo que dejar obviamente para la sección de spoilers), como lo de si es un remake descarado o velado o no lo es en absoluto.

Yo no veo lo de remake de Una nueva esperanza, y menos si me saltan con que no tiene aportes originales. Sí le puedo poner alguna pega, pero no como para echar bilis como hacen algunos. Hay referencias más o menos claras (la esfera de entrenamiento, el ajedrez holográfico) y varios lugares comunes, inevitables para que reconozcamos el universo y conectemos mejor con el entorno. Es cierto que las precuelas se arriesgaban más, pero vuelvo al principio de la crítica: había que volver a lo que funcionaba, y para ello qué mejor que recuperar cosas conocidas. Sí, hay un planeta desértico, sí, los personajes se encuentran porque el Destino es así, y sí, hay una confrontación final clásica, porque va con el género.

Pero también es cierto que los realizadores se obsesionan más de la cuenta con el factor nostalgia, y habría enriquecido el relato si hubieran evitado dos puntos en común demasiado utilizados en la serie para aportar algo más novedoso. Podrían haber puesto un planeta no desértico para variar (o al menos haberlo llamado Tatooine directamente, leches): una tundra o uno pantanoso como parece que tenían pensado inicialmente. Pero bueno, el lugar funciona en su propósito: una jaula psicológica para la protagonista, un entorno visualmente atractivo. ¿Que sea un desierto te fastidia lo emotiva que es la presentación de Rey, su la espectacular entrada en la trama y los asombrosos planos de destructores estrellados? Pues lo siento, pero a mí está muy lejos de molestarme.

Que la batalla final sea contra otra súper arma es lo único que rechina realmente, porque no costaba nada haber planteado un desenlace de otra forma, por ejemplo con una incursión en territorio enemigo en alguna nave o base que no fuera de estas características. Por otro lado, tampoco me parece un motivo poner a parir la cinta. Es sólo un macguffin, un elemento sobre el que hacer girar la trama y los personajes. Y la trama no es cómo detienen el chisme, sino el viaje de los personajes: el drama familiar de corte fantasioso, la tragedia shakesperiana de padres e hijos, la Luz contra la Oscuridad; y ahí funciona de maravilla, superando con creces a las problemáticas precuelas. Por lo demás, sin planetas exóticos, alienígenas variados (también había un bar en El ataque de los clones y nadie se quejó), duelos a espada y demás elementos, esto no sería La guerra de las galaxias. Jurassic World sí era un remake nada disimulado: repetía casi todas las situaciones paso por paso y no aportaba nada realmente nuevo, ni siquiera ponían esfuerzo en dotar de profundidad a los personajes. El despertar de la Fuerza está muy lejos de esa categoría.

CONCLUSIÓN

El llamativo agujero de guion y cierta falta de atrevimiento para ir más allá es lo único que aparta a El despertar de la Fuerza del sobresaliente. De corazón quiero dárselo, la he visto tres veces en cines y he vivido el mismo torbellino de emociones en todas las ocasiones, pero es indudable que podría haber llegado un poco más allá. Sin embargo, también tengo que decir que, aunque se vea un poco el plumero en el factor nostalgia, Abrams y equipo han hecho muy bien lo que tenían que hacer: recuperar la esencia de la saga, ganarse de nuevo a los fans. Es el capítulo piloto de una serie y a la vez una transición entre etapas, y ahí funciona a la perfección: satisface a los viejos espectadores, atrae a las nuevas generaciones, y estoy convencido de que tiene la suficiente calidad y personalidad como para aguantar el paso de los años. El desarrollo y profundización de las tramas vendrá luego. O eso espero, porque empezando esta trilogía tan bien, si el resto crece como se espera podemos estar ante algo antológico.

ME SOBRAN ALGUNAS QUEJAS

Aunque a la grandísima mayoría del público y la crítica le ha gustado, hay un sector muy ruidoso (internet maximiza las polémicas) que se empeña en buscar fallos, exagerando lo del remake o quejándose de que no aborda los mil millones de temas posibles en una obra de fantasía. ¿Pero queréis una entrega de La guerra de las galaxias o una versión alternativa, una nueva saga espacial que sólo comparta el nombre, como ocurre con la nueva Star Trek? Para eso están los spin off que han puesto en marcha. La trilogía tiene que versar sobre la lucha entre Jedis y Sith, y para ello tiene que seguir cierto patrón. Ya vimos que la inclinación hacia la política en las precuelas no contentó a casi nadie.

Otra obsesión es la de tener explicación de todo. Deja que haya incógnitas. Si Una nueva esperanza causó un gran impacto fue porque transmitía sensación de misterio, de haber vislumbrado sólo una parte de un mundo vasto y mágico. Si explican todo lo que ocurre y nos cuentan el pasado y la trayectoria completa de todos los personajes, ¿dónde queda la intriga, la atracción por lo desconocido y el interés en ver más capítulos? Quién es el viejo del principio, cuál la situación de los Jedi que quedan, cómo nace la Primera Orden y quién es su líder, y otras cosas en suspenso están muy bien sin desvelarse por completo. Curiosamente, muchas de las obras de aventuras y acción que triunfan en los últimos tiempos son muy dadas a no explicar, no profundizar y ni siquiera a dar coherencia y lógica a situaciones y personajes: El Señor de los Anillos, Piratas del Caribe y casi todas las que nacen en su estela tienen una narrativa torpe y llena de huecos, con personajes que actúan sin que se expongan sus motivaciones y tramas completamente inconexas… Y no hay muchas quejas sobre ello. Pero con El despertar de la Fuerza algunos han ido al otro extremo, todo es analizado a fondo y expuesto a un escrutinio excesivo e injusto.

Hay que admirar la película por lo que es, no por lo que esperábamos que fuera. Y está claro que es mucho más La guerra de las galaxias que las precuelas, aunque sea menos original y arriesgada. Es el capítulo inicial de un nuevo ciclo, no se puede pedir que tuviera un poco de todo (sería proclive a quedarse corta en todo) o que se aleje mucho del concepto básico (entonces seguro que se quejarían de que no se parece a la serie).

DETALLES VARIOS QUE SON REVELADORES

Alerta de spoilers: Hay algunos comentarios que no me cabían en la crítica por ser spoilers gordos. No sigas leyendo de aquí al final si no has visto la película.–

Me resultó fantástica la humanización de los soldados imperiales, no sólo por Finn, sino por las reacciones de otros tantos oficiales y soldados (genial la pareja que huye ante la pataleta de Kylo). Que no sea un ejército impersonal de extras otorga más credibilidad y tragedia a la guerra, y más posibilidades a la historia. En cuanto a Finn, qué grandísima presentación combinada con habilidad con la de Poe. “Cálmate, cálmate”, “Estoy calmado”, “Me lo decía a mí mismo”.

Siguiendo con los villanos, no comparto la decepción por Phasma, esa comandante de traje plateado (interpretada por Wendoline Christie, Brienne en Juego de tronos) de la que muchos esperaban gran protagonismo por su aspecto diferente, aunque desde luego no estaría mal que apareciera de nuevo para explotar la relación con Finn. Por otro lado, el discurso del general Hux (Domhnall Gleeson) en plan nazi es imponente y describe bien las ambiciones de la Nueva Orden, con lo que se realza sin querer la falta de descripción de la situación política en la República: la escena de destrucción del planeta capital resulta menos impactante de lo que debiera, y ni siquiera queda claro si es Coruscant u otro mundo, ni por qué la Resistencia se esconde tan cerca.

También hay algunos detalles que, sin afectar realmente al conjunto, me disgustan un poco. ¿Por qué Rey toma el mando del Halcón Milenario por encima de Chewbacca? No me parece lógico, ni que vaya ella a por Luke siendo una don nadie, debería ir alguien cercano, como la propia Leia, u otro alto rango que lo conozca. Tampoco tiene mucho sentido el abrazo entre Rey y Leia, como si se conocieran íntimamente. Espero que el Líder Snoke dé juego, porque de primeras no me causó mucha impresión, no impone como debería. Y quizá el único diálogo fallido sale de su boca: la excesiva matización en quién es el padre de Kylo me parece innecesaria, es como si hablara para un niño chico. Las partes de acción son magníficas, impresionantes de arriba abajo… pero se pasan un poco con las hostias que se lleva el Halcón, que para ser chatarra resulta casi indestructible. Por el lado contrario, no entiendo la queja sobre que Han lo encuentra por arte de magia, cuando dice con claridad que lo estaba buscando por el sector y lo ha detectado al despegar. Y finalmente, me mosquea cómo se abre la tierra para que Kylo siga vivo. Justo en una escena paralela pusieron en bandeja una solución más natural: Hux recibe la orden de buscarlo, así que podría haber aparecido con la nave disparando a Rey para que esta huya sin matarlo.

Por suerte, como indicaba sólo hay un fallo con cierta gravedad, de esos que se pueda considerar un agujero de guion claro que fastidia un poco la narración: el giro que lanza el cierre de la trama de búsqueda de Luke, con R2-D2 despertándose repentinamente en el momento justo sin que haya una razón para ello. ¿De verdad ninguno de los guionistas y productores implicados encontró una manera más coherente y fluida de hacerlo? Es que es muy simple: tenían que haber dejado la presentación del robot para ese instante, y que fuera ahí cuando BB-8 se topa con él, le diga que tiene pistas sobre su amo, y el otro despierte para compartir el resto de la información. Ahora bien, la escena de cierre es tan hermosa y emotiva que te hace olvidar el torpe truco que nos lleva a ella: el fantástico plano de Luke reticente y Rey insistente.

Y huelga decir que todos los pequeños peros quedan eclipsados por la cantidad abrumadora de grandes escenas, por la lluvia de sensaciones que transmite toda la proyección. El encuentro de Rey y BB-8, la fuga de Finn y Poe, la unión de Finn y Rey y todo lo que viven juntos hasta… hasta el final de la película: los diálogos ingeniosos escupidos a toda prisa (la cinta adhesiva), los pasos en la relación (las veces que se salvan mutuamente)… Pero ni con tantos momentos memorables Han Solo y Chewbacca, secundarios en este relato, quedan por debajo en relevancia e interés: también hacen gala de una gran química, derrochan diálogos geniales y tienen infinidad de escenas deliciosas. La entrada en el Halcón, la negociación con los mercenarios, la ballesta, la oferta de trabajo a Rey, el encuentro con Leia, el frío y la chaqueta, la decisión de enfrentar a Kylo cara a cara…

En el antro de Maz Kanata (¿qué tiene de malo este personaje?, es encantador e intrigante) hay otras tantas inolvidables: el sable láser atrayendo a Rey (se me encogió el corazón con la fuerza que posee toda la secuencia), el soldado llamando traidor a Finn, la captura de Rey por Kylo… Luego incluso mejora: qué tensión en el interrogatorio, qué emocionante la forma en que ella empieza a descubrir sus habilidades (fantástica la fuga usando al soldado imperial –que por cierto parece ser un cameo de Daniel Craig-). Todas las apariciones de Kylo son sensacionales también: el disparo del bláster parado en el aire, la mirada a Finn sospechando de él, los arrebatos, su discurso ante el casco quemado de Darth Vader, el miedo ante Rey… y sobre todo el paso final al Lado Oscuro con una tragedia que se intuye pero no quieres creer, para terminar en un duelo final que por fin está a la altura de los de Luke y Vader: inquietante, oscuro, lleno de diálogos de gran intensidad, con los personajes en primer plano y un entorno natural bien aprovechado, olvidando las florituras absurdas y escenarios de estilo videojuego de las precuelas. Y por cierto, qué problema hay con que Finn sepa manejar un sable láser, si es evidente que conoce todas las armas de mano y se adapta rápidamente a cualquier otra.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
-> Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio IV – Una nueva esperanza


Star Wars: Episode IV – A New Hope, 1977, EE.UU.
Género: Fantasía, aventuras.
Duración: 121 min. (1977), 125 min. (Edición Especial, 1997).
Director: George Lucas.
Escritor: George Lucas.
Actores: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Alec Guinness, Peter Cushing, Anthony Daniels, Kenny Baker, Peter Mayhew, David Prowse, James Earl Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La imaginación y tesón de George Lucas por sacar su visión adelante. La maravillosa historia, los míticos personajes, los gloriosos diálogos, la sucesión de escenas que incluso casi cuarenta años después siguen resultando hipnotizantes, los revolucionarios efectos especiales y por supuesto la música de John Williams, probablemente la mejor banda sonora de la historia del cine.
Lo peor: Nada, excepto lo comentado en la introducción sobre las ediciones retocadas.
Mejores momentos: Por supuesto, el prólogo, con la inmensa nave del Imperio dando caza a los rebeldes. Y a partir de ahí, prácticamente todo: Mos Eisley, la estancia en la Estrella de la Muerte, la huida (mención especial para el combate contra varios cazas)…
Los planos: El inicial con el destructor copando toda la pantalla. Luke mirando al horizonte soñando con el futuro. El Halcón Milenario entrando en la Estrella de la Muerte.
El título: Se estrenó como La guerra de las galaxias a secas y sin número de capítulo, pero cuando tuvo éxito y Lucas pudo rodar más entregas se lo cambió.
Errores de traducción: Hay infinidad de fallos garrafales. El remote (la bola de entrenamiento que usa Luke) como los lejanos, con lo que el resto del diálogo se tergiversa de forma delirante; el reverso tenebroso en vez del Lado Oscuro; los parsecs convertidos en parasegundos (y lo primero está mal también, porque es una unidad de distancia); prueba mental en vez de sonda mental (mental probe); las blast doors (puertas blindadas) como puertas romboides (y además en castellano añaden antes un diálogo inexistente en el original: cierren las puertas romboides), los blaster (las pistolas) con una traducción distinta en cada vez; reactores inferiores en vez de motores subluz; y hay algunos diálogos inventados por completo, algo que es más habitual de lo que parece.
Las frases:
1) Que la Fuerza te acompañe.
2) Su carencia de fe resulta molesta -Darth Vader.
3) No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido. La posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza -Darth Vader.
4) ¿Quién está más loco: el loco o el loco que sigue al loco? -Obi-Wan.
5) Ayúdame Obi-Wan Kenobi, eres mi única esperanza -Leia.

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Una nueva esperanza, aunque mucha gente no se da cuenta, es un relato muy clásico, muchísimo, dentro del género de la fantasía. Es el sempiterno cuento del Bien contra el Mal, la odisea del joven, sus amigos, su mentor y el pueblo oprimido contra el gran tirano oscuro. El desarrollo sigue bastante el estilo habitual de estas narraciones, de hecho podríamos compararlo el gran referente, El Señor de los Anillos de Tolkien, y encontraríamos numerosos paralelismos, algunos incluso tomados más allá de la estructura narrativa (como los pasillos redondos del Halcón Milenario, probablemente inspirados en las casas hobbits): Luke/Frodo, Obi-Wan/Gandalf, Han Solo/Aragorn, Darth Vader/Saruman, Emperador/Sauron, Estrella de la Muerte/Mordor, Mos Eisley/Bree, tropas imperiales/orcos, la Fuerza/el Anillo, etc. Pero hay muchas más influencias: la obra de Kurosawa, cómics como Flash Gordon, largometrajes como Metropolis (el diseño de C-3PO), o la propia realidad, pues se basó en la Segunda Guerra Mundial para la forma de rodar las batallas espaciales. Pero no voy a extenderme al respecto, que hay muchos artículo sobre ello, y voy a centrarme en el análisis de la película.

Esa supuesta limitación, ese clasicismo de las bases del relato, no impidió que George Lucas orquestara una obra maestra deslumbrante. No importaba que fuera evidente que Luke partiría a la aventura y se convertiría en héroe, que la princesa sería salvada y los buenos ganarían, cada paso era y es, aun habiendo transcurrido casi cuarenta años desde el estreno, un deleite narrativo y visual. ¿Cómo lo logró? Contando la historia con muchísima pasión e inspiración y creando un envoltorio fascinante, un mundo desbordante de pueblos, gentes y criaturas extraordinarias donde introdujo unos personajes sencillos pero muy atractivos cuyos ingeniosos diálogos y aventuras embelesaron a millones de espectadores. Es decir, que acertó a lo grande con una combinación magistral. Por un lado, se apoyó en anhelos humanos primarios: el adolescente que quiere vivir aventuras, el bribón que cae bien a todos, la chica madura y decidida pero también muy hermosa, y el alzamiento contra el opresor; o sea, una historia humana, directa al corazón. Por el otro, ese universo tan singular y asombroso dejó anonadado y soñando a medio mundo, porque todo parecía nuevo y maravilloso.

El ritmo de la cinta es impecable, mostrando una insólita capacidad para dejarte embobado escena tras escena: pone cada capítulo y revelación en el orden más acertado, manteniendo el interés constante y desglosando las sorpresas poco a poco. Desde el prólogo, con la mítica entrada del inmenso destructor imperial y la aparición de los androides, hasta la antológica batalla final, el desfile de imágenes cautivadoras es casi indescriptible. La presentación de C-3PO y R2-D2 es estupenda y resultan adorables en toda la trilogía, al contrario del desastre en que los convierte en las precuelas: tienen una personalidad clara, y sufrimos y nos divertimos con ellos. Ponte en la época para entender mejor el impacto: dos robots como protagonistas principales durante un buen trecho de la proyección. Su periplo por el desierto y el encuentro con Luke nos va poniendo poco a poco en situación además de irnos sumergiendo en el vistoso universo planteado. Tatooine con sus dos soles, la misteriosa figura de Obi-Wan, el sugerente goteo de información sobre una guerra que asola la galaxia, los sueños de Luke de salir de la miseria y conocer el universo, Mos Eisley y su agresiva mezcolanza étnica, la taberna y la fantástica introducción de Han Solo y Chewbacca…

Luke es un encanto, congenias rápido con sus esperanzas por tener una vida más emocionante. Y su evolución está muy bien trabajada, no se apunta a todo porque sí, algo que detesto en los héroes del cine contemporáneo. Tiene dudas que entendemos bien, toma decisiones imperfectas, y el entorno influye más de lo que puede creer. De hecho el Destino juega a su favor, como es habitual en este tipo de cuento: si no es por la llegada de los androides no habría caído en la órbita de acontecimientos que lo llevarán al lugar que le corresponde. Cuando el Imperio acaba con su familia no tiene ataduras que limiten su potencial, y empieza su camino como Jedi. Obi-Wan aparece poco, pero lo justo para poner en la buena dirección a Luke, y resulta muy intrigante, tanto por su actitud como porque planta más misterios atractivos ante el espectador: los Jedi, su relación con Darth Vader y con el padre de Luke, la vieja guerra… Han Solo atrapa también a la primera, con su porte de bandido carismático y sus diálogos directos con un toque de cinismo. Uno de sus aspectos más vistosos es que resulta un héroe gris, fuera del canon habitual: no duda en disparar a quien va tras él. Por eso se criticó tantísimo a Lucas cuando cambió esa escena: estaba destruyendo la esencia del personaje. Su colega Chewbacca es otro punto genial: no entendemos lo que dice pero se convierte rápidamente en un secundario entrañable.

Una vez en el espacio acabamos en las garras del temible enemigo: la estancia en la Estrella de la Muerte es inquietante y mantiene la tensión a flor de piel al poner un futuro cada vez más oscuro sobre los protagonistas. El enemigo parece demasiado poderoso y terrorífico como para que puedan salir con facilidad de su formidable base, y Lucas explota eso muy bien, haciendo que estén en desamparo constante, improvisando, corriendo, pasándolas putas en cada momento. Además, la descripción de las figuras principales del enemigo es impresionante, hasta el punto de que Darth Vader se convirtió en uno de los iconos más admirados del cine. El diseño del traje, sus estremecedores poderes, las referencias a un pasado misterioso, la voz de James Earl Jones y el buen doblaje de Constantino Romero… Moff Tarkin no se queda atrás, con una personalidad fría y un aspecto amenazador (Peter Cushing no necesitaba elaboradas máscaras para ello), y sirve para mostrar el aspecto más terrenal del Imperio, el ejército tiránico implacable.

La caída de Obi-Wan, la huida por los pelos y la pelea contra los cazas te siguen manteniendo en vilo y funcionan hábilmente para lanzar el tramo final. Por un lado tenemos otro paso en la maduración de Luke: la emancipación, tomar decisiones por sí mismo… aunque como vemos por los consejos de Obi-Wan desde el más allá, su despertar como Jedi continúa (me pregunto si Lucas tenía bien planeado el desarrollo del personaje de cara a los próximos capítulos o las voces de Obi-Wan fueron introducidas en plan deus ex machina). Por el otro, el realizador vuelve a mostrar lo certero que fue su trabajo como guionista y director al saltar al último acto de la narración con inmediatez, sin romper el ritmo ni el aura de “el Imperio se los va a comer a todos”: la fuga es una treta de Vader para encontrar la base rebelde. Así, llegamos a la sobrecogedora batalla final pensando que los malos tienen a los buenos justo donde querían a pesar de todas sus penurias, de forma que, aunque asumes que ganarán los héroes como se espera, estás temiendo todo el rato la derrota inminente. Y ni te cuento lo que tuvo que ser el ver por primera vez la parte final, cuando Darth Vader sale y va cargándose a todos los compañeros de Luke sin mucho esfuerzo. En el epílogo también acierta de lleno tirando por algo básico pero tremendamente efectivo: entrega de medallas con música feliz y heroica, miradas entre los protagonistas congeniando y celebrando, y fin.

Tan sólo ligeros detalles del guion rechinan levemente, y huelga decir que no hay película considerada hito del cine que se libre de tener algún desliz o alguna parte que podría haber sido más lógica de otra manera (y quizá mayor lógica implicaría menor espectacularidad o belleza). Por ejemplo, siempre me ha resultado un poco cogido por los pelos que los Jedis se hayan convertido en leyenda poco verosímil para la gente, a pesar de su presencia y relevancia en las Guerras Clon hace tan solo unos veinte años; y esto es algo que se nota más con la existencia de las precuelas. Pero lo único que sí cojea bastante es que el ataque a la Estrella de la Muerte resulta un tanto forzado. ¿De verdad unos pocos cazas pueden con semejante mastodonte? ¿Y por qué el Imperio envía tan pocas naves a defenderla? Además, el tiempo del combate no se maneja muy bien: en la cuenta atrás, en dos minutos tenemos varias escaramuzas y ataques, en los siguientes tres otro puñado, y así sucesivamente, pero la sensación es que duran muchísimo más. Eso sí, a cambio el tempo narrativo es impecable: qué tensión en toda la larga escena.

En cuanto al reparto, salvo por las estrellas Alec Guinness y Peter Cushing se escogieron actores muy desconocidos, y algunos quedaron escondidos tras aparatosas máscaras y disfraces o incluso con la voz cambiada (James Earl Jones era la voz de Vader, mientras que el cuerpo correspondía a David Prowse). Si bien entre los protagonistas, excepto la sobria interpretación de Guinness, que le da un toque de misterio muy eficaz a Obi-Wan, ninguno ofrece un papel digno de elogio, todos cumplieron correctamente: casi parece que Mark Hamill funciona como Luke por estar tan perdido como él, Carrie Fisher imprime el coraje justo a Leia, y Harrison Ford tenía el desparpajo necesario para hacer verosímil al desvergonzado Han Solo. Pero fue la unión de los tres, mostrando una química muy natural que aprovechaba al máximo los ágiles diálogos, lo que realmente hizo destacable a los protagonistas. Y gracias a ello se supera la conocida ineptitud de Lucas para dirigir a los actores, que se quejaban de no recibir indicaciones claras; por el contrario, en la trilogía de precuelas esta carencia se hizo muy evidente. Curiosamente, sólo Ford supo o quiso aprovechar el éxito del filme para labrarse una vistosa carrera. De hecho no tardó en enlazar con otra saga que le permitiría meterse en la piel de otro personaje antológico: Indiana Jones.

A la hora de dirigir el proyecto Lucas se enfrentó a la misma lucha que han enfrentado todos los visionarios: la incomprensión del mundo y la falta de ayuda y dinero que eso supone. Incluso compañeros y amigos del gremio le expresaron serias dudas. Alec Guinness afirmó mientras rodaban que no entendía nada porque el guion le parecía un sinsentido, Brian de Palma y John Milius echaron pestes del visionado de prueba, siendo Steven Spielberg el único que vio el potencial de la película. Porque Lucas estaba cerca de su sueño, pero si no se hubiera dejado asesorar no habríamos tenido La guerra de las galaxias tal y como la conocemos hoy. Precisamente esto es algo que se le critica en la trilogía de precuelas, donde absorbió todo el trabajo creativo dejando ver sus muchas carencias como narrador. Uno puede ser bueno en varios ramos del arte cinematográfico, pero difícilmente puedan dominarse todos.

Lucas destacó en los principales, como el ideólogo de la historia y el director del proyecto. Supo mantener al equipo cohesionado incluso en el insoportable desierto, y fue capaz de obtener de cada apartado artístico y técnico lo máximo de sí. Con la inestimable ayuda del principal encargado de los efectos especiales, John Dykstra, llevaron más allá de lo imaginable técnicas conocidas (las maquetas y los matte paintings no eran nuevos), les dieron formas únicas, mejoraron, reinventaron y combinaron todo hasta lograr un aspecto visual tan novedoso como arrebatador. Vaya repertorio de alienígenas y naves tan extraños y asombrosos, menudas batallas espaciales sin igual. Cabe destacar que el diseño de las naves fue tan impresionante que los destructores, los cazas y sobre todo el Halcón Milenario forman parte de la cultura popular desde entonces. No en vano, la empresa que fundaron para este trabajo, Industrial Light and Magic (ILM), se convirtió en referente en cuanto a efectos especiales y sigue siéndolo hoy en día aunque cuente con buenos rivales.

Y el estar Lucas por entonces abierto a la experiencia de otros dio sus frutos. Las recomendaciones de Spielberg fueron cruciales, tanto para la entrada de John Williams como para encaminar a repasar prácticamente la narración entera, o sea, que la película final no se pareció en nada a lo que estaba construyendo Lucas, que se había atascado en un montaje farragoso. Los editores Paul Hirsch y Richard Chew y sobre todo su mujer Marcia Lucas cambiaron muchas cosas, como un primer acto que introducía a Luke rompiendo el ritmo saltando a la superficie en plena batalla del prólogo, o el orden de varias secuencias grandes para aclarar la trama, pero también mejoraron la construcción de los clímax de tensión, como la batalla final, donde en principio la Estrella de la Muerte no estaba a punto de acabar con la base rebelde, por lo que no se creaba esa intensa sensación de peligro y apremio que mencioné más atrás. Este fantástico documental amateur analiza este aspecto a fondo.

Pero el último empujón que encumbró a La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza, que la convirtió en una obra maestra que enamoró al mundo entero y no tardó mucho en establecerse como un mito, fue el apartado sonoro, con la portentosa y vibrante música de John Williams. El maestro era de sobras conocido, pero elevó su batuta a un nivel inconcebible: prácticamente cada personaje, pasaje y situación tiene un tema musical propio de gran complejidad, y algunos muestran una fuerza y belleza sin parangón. Es evidente que gran parte la magia de la película se debe a sus notas.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
-> Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio III – La venganza de los Sith


Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith, 2005, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 140 min.
Dirección: George Lucas.
Guion: George Lucas.
Actores: Hayden Christensen, Natalie Portman, Ewan McGregor, Ian McDiarmid, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Jimmy Smits, Anthony Daniels, Christopher Lee, Temuera Morrison.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Momentos puntuales de gran intensidad. Toda escena en la que sale Palpatine. Lo de siempre: el derroche de imaginación y recursos puestos en la recreación del universo. La banda sonora de John Williams, crucial en muchos instantes.
Lo peor: El potencial desaprovechado, las situaciones y escenas echadas a perder por una falta de garra en el guion y la dirección. Podría haber haber estado a la altura de la trilogía original, pero como las anteriores de esta trilogía termina decepcionando.
Mejores momentos: La batalla inicial. Palpatine tanteando y tentando a Anakin en varias ocasiones. Palpatine descubriendo sus cartas y luchando contra Windu y posteriormente contra Yoda. Amidala descubriendo el paso al Lado Oscuro de Anakin.
Los planos: El inicial, con la batalla sobre Coruscant. El picado a la máscara de Vader recién puesta.
Malaciencia: La batalla inicial está repleta de mala ciencia: capas que se mueven como si hubiera viento en el espacio, inercias imposibles (robots que se caen del casco de las naves), etc.
Las frases:
1) ¿Nunca has considerado que quizá estemos en el lado equivocado? -Padmé.
2) El Lado Oscuro de la Fuerza es un camino que puede aportar facultades y dones que muchos no dudan en calificar de antinaturales -Palpatine a Anakin.
3) -Anakin: ¿Es posible aprender ese poder?
-Palpatine: No de los Jedi.
4) ¡Tú eras el elegido! ¡Se suponía que ibas a destruir a los Sith, no convertirte en uno de ellos! ¡Se suponía que ibas a traer el equilibrio a la Fuerza, no dejarla en oscuridad! -Obi-Wan a Anakin.

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Y llegó el Episodio III. Al público y a la crítica les gustó, de hecho es el único de esta trilogía que consigue una media que ronda el notable, pero en mi caso tuvieron que pasar varios visionados hasta que conseguí apartar las malas sensaciones que me dejaban los instantes fallidos y los desaprovechados, que no son pocos, y consiguiera sacarle algo de jugo, porque tener tiene bastante. Mi opinión final está pues llena de sentimientos encontrados. Claro que me gusta, pero porque me apasiona el género, la saga y hablar de ello, pero no puedo decir que sea lo que esperaba de quien nos regaló la trilogía original, y más viendo el potencial que tenía la historia y los grandes momentos que se dejan entrever pero no terminan de asomar por completo. Por ello me cuesta ponerla por encima de El ataque de los clones como hacen muchos, pues si bien aquella se quedaba corta en su tramo inicial, cuando se lanza resulta épica, mientras que la aquí analizada pretende abarcar demasiado pero no le saca partido del todo a muchas cosas, y en varias escenas críticas se estrella tanto como la anterior en sus peores bajones.

El mejor logro del capítulo es que se desarrollan bastante bien las tramas personales. El personaje de Anakin sale bien parado, con una progresión clara e intensa de su caída al abismo, aunque como comentaré luego, Lucas entorpece bastante el alcance de algunas situaciones, como el enfrentamiento contra Obi-Wan. Y sobre todo, me temo que el actor Hayden Christensen no da la talla para un rol que requiere mostrar muchos sentimientos, con lo que el drama exigible de su tragedia se ve muy resentido. Parece que hasta Lucas debe ponerle unos ojos rojos de villano para mostrar la maldad que el actor es incapaz. Así, fases cruciales, como su lucha interna entre salvar a Palpatine y por extensión a Amidala o salvar a Windu y por lo tanto ser fiel a los Jedi, ven mermadas su fuerza. Por el efecto contrario Palpatine sí resulta un personaje memorable: el actor Ian McDiarmid no sólo da la talla, sino que está soberbio. Con su buen hacer, las apariciones del Canciller y luego Emperador resultan fascinantes, y de hecho termina robando protagonismo a todos los demás. Suyas son las mejores partes de la película: sus largas e inquietantes conversaciones con Anakin, donde lo tienta con sutileza y lo arrastra a su lado, su descubrimiento como el principal lord Sith, su enfrentamiento con Windu… Huelga decir que con el doblaje se pierde muchísimo de los fantásticos cambios de voz que imprime el intérprete entre los diálogos fingidamente afables y los tiránicos.

Sin embargo, al centrarse tanto en esta pareja los otros dos protagonistas pierden bastante. Obi-Wan tiene mucha presencia, pero poco recorrido, pues más o menos repite el esquema del Episodio II: ir de un lado para otro y soltar unas cuantas hostias. Y, por desgracia, cuando debemos ver su conflicto interno ante las desviaciones de su alumno y amigo, Lucas falla a lo grande, jodiendo el punto álgido del personaje (luego me extiendo sobre esto). Amidala aporta menos todavía: es un elemento más en la transformación de Anakin, y ya está. Podría haberla puesto iniciando la rebelión con Bail Organa, para darle más juego y enlazar mejor con la trilogía original, o sencillamente seguir con su lucha política como senadora, pero Lucas prefiere gastar tiempo en criaturitas y batallitas innecesarias. En este último caso entra el estrafalario Grievous, un personajillo sin duda creado para los espectadores más jóvenes, para vender muñequitos; ninguna de sus apariciones tiene relevancia real y de exagerado termina cargando.

Curiosamente, resulta que los Jedi secundarios tienen una historia más interesante. Las artimañas de Palpatine para desestabilizar a todos incluyen también a estos, usando a Anakin para meter cizaña en el Consejo, con lo que se da más vidilla a Windu y Yoda (sobre todo a este último, con la parte del exilio). Terminan de ganar interés cuando deben enfrentarse a la verdad, aunque de nuevo Lucas mete la zarpa en esa esperadísima confrontación contra el Emperador al tirar por la criticada elección de convertir a estas figuras tan poderosas en espadachines saltimbanquis de circo. Finalmente, Jar Jar Binks aparece sólo para un par de planos y la pareja R2-D2 y C-3PO ya no son un recurso cómico infantil, lo que es un claro punto a favor.

En cuanto al desarrollo de las tramas, se juntan demasiadas cosas y Lucas además mete otras innecesarias. Así, aunque es el capítulo de esta trilogía que va más al grano y mejor ritmo tiene, resulta a la vez demasiado apresurado y superficial. El problema surge de que en las dos entregas previas anduvo en círculos más de la cuenta, con lo que aquí se ve obligado a contar demasiadas cosas: el viaje interno de Anakin paralelo al ascenso de Palpatine, las complicadas intrigas de este manipulando la política internacional, los Jedis en la guerra militar y política, y la paulatina unión de todo: caída de la República, nacimiento del Imperio y escenas de enlace con la trilogía original. Y falta tiempo, pero sobre todo falta profundizar y sacar la fuerza que requería cada momento cumbre, que hay muchos y pocos funcionan como deberían.

El relato resultante es pues irregular. Sí, no hay segmentos donde el ritmo baje tanto como en el tramo inicial del Episodio II, pero básicamente ocurre lo contrario, hay bastante ruido y paja que llevan al mismo fallo, perder un tiempo que se habría empleado mejor en otras partes más relevantes. La secuencia inicial de batalla sobre Coruscant quita la respiración, pero luego se pierde con la tontería de los ascensores y el aterrizaje forzoso tan alargado. Y así durante toda la película. A pesar del atractivo de la guerra y el drama personal nos comemos más enredos (Grievous, todo el innecesario viaje al mundo de Chewbacca, el rebuscado planeta de lava) que una exposición más inteligente y metódica de acontecimientos, dando la sensación de que todos los protagonistas deambulan demasiado por la galaxia hasta que se consigue concretar algo, y de que Lucas busca meter acción para agilizar el ritmo, pero lo hace con anexos que no desarrollan personajes y tramas y termina siendo contraproducente. Por suerte, al centrarse tanto en Palpatine destaca mejor el trasfondo político, tan infrautilizado en las dos anteriores partes, de hecho la relación entre la caída de la República, la de los Jedis y el nacimiento del Imperio se expone de forma concisa y con mayor pegada (y con todo lo contrario cuando se necesita: el bajón emocional con el exterminio de los Jedi está muy logrado).

Pero a la película le pesan sobre todo unas carencias de George Lucas que no se veían en la trilogía original pero que en esta fueron clave a la hora de dejarla muy lejos de su nivel: la falta de tacto con los personajes y la falta de calidad en la narrativa le impiden desarrollar el enorme potencial latente en la historia. Es decir, el guion carece de naturalidad e ingenio en los diálogos, la dirección de actores es mediocre, y tampoco logra sacar la emotividad e intensidad esperables de muchas escenas. Así, a pesar del atractivo de la trayectoria de Anakin y Palpatine, se pasa de momentos con gran carga dramática a otros muy mal desarrollados, sea por el histrionismo visual o todo lo contrario, por la frialdad de la puesta en escena. Entre los aciertos tenemos cualquier aparición de Palpatine tentando a Anakin (en su despacho, en la ópera), su revelación como Sith, el sencillo pero sobrecogedor montaje donde Anakin y Padmé “se miran” en la distancia ahogando sus penas, el paso final de Anakin al Lado Oscuro matando a Windu, y lo que sufre Amidala al ver en qué se ha convertido. Y hay que señalar que es en gran medida el portento de banda sonora de John Williams, la mejor de esta etapa y otra de sus grandes obras maestras, lo que realza estas secuencias y salva muchas otras. La cantidad de temas épicos y trágicos y el empaque inenarrable de sus notas transmiten muchas más sensaciones que el esfuerzo de Lucas.

En lo negativo destaca una escena que, la primera vez que vi la película, me sacó por completo de la misma, y a estas alturas todavía me cuesta aguantar, por cutre, por tirar por tierra un instante decisivo: Obi-Wan descubriendo la maldad en Anakin al ver cómo mata a los niños resulta una escena tan fría y torpe que destroza la tensión y dolor que se debían mostrar en esa situación; Lucas estuvo desacertadísimo a la hora de conseguir el tono necesario y sacar el máximo partido de Ewan McGregor, un actor de sobras competente. Pero hay otro error difícilmente perdonable: las peleas principales resueltas con demasiado efectismo y poca emoción. No logro entender cómo puede Lucas perder tanto el norte en ocasiones tan importantes como el duelo entre Anakin y Obi-Wan, el momento quizá más ansiado de toda la trilogía, que termina convertido en una patética lucha a espadas en plan videojuego de plataformas, con una filigrana estúpida detrás de otra (pero qué manía con dar vueltecitas mostrando la espalda al contrincante, y telita eso de agitar las espadas sin chocarlas). Y al igual que en El ataque de los clones, se empeña en hacer de ancianos Jedis y Sith unos superhéroes de inusitada agilidad, convirtiendo a Yoda, Dooku y Palpatine en esperpentos. Además, los rostros de Christopher Lee e Ian McDiarmid superpuestos a los ágiles extras quedan fatal, muy falsos. ¿De verdad no tenía mejor forma de mostrar el poder de estas supuestamente temibles figuras que con esos recursos estrambóticos y pueriles? Al menos al final sí recurre a los rayos en un par de ataques alucinantes y hay alguna treta donde entra en juego la inteligencia, los diálogos y acciones destinados a posicionar a sus rivales y aliados de la forma que les conviene, como la espeluznante táctica de Palpatine medio dejándose vencer por Windu para que Anakin interceda. Así de impresionantes tenían que haber sido todas las peleas al completo.

Pero hay más fallos importantes, en concreto con las obligadas conexiones con la vieja trilogía. Con la obsesión por incluir a la pareja de androides crea incongruencias monumentales: han estado metido en todos los fregados con personajes que en Una nueva esperanza resulta que no los recuerdan (los Lars, Obi-Wan). Ahora nos muestran que Amidala muere en el parto, cuando Luke decía recordarla de joven, y Obi-Wan ve nacer a Leia cuando en la vieja trilogía no conoce su existencia; aunque es cierto que en esto Lucas estaba atado por tiempo y lenguaje cinematográfico, sigue siendo un agujero claro. Tampoco funciona la amistad entre Yoda y Chewaka, por inverosímil y forzada.

En cuanto a efectos especiales, el despliegue de mundos y escenarios es de nuevo insólito, siendo incluso más variado que en las anteriores partes, y el acabado esta vez es impecable, salvo por el fallo de los rostros superpuestos no se nota ninguna otra carencia en un trabajo extremadamente complejo: la integración de fondos mate, digitalizaciones, maquetas y actores es asombrosa. Algunas escenas son realmente impresionantes, como la batalla de naves inicial. Pero Hollywood no recompensó esta magnífica labor de dirección artística, efectos especiales y sonoros porque no se lleva bien con Lucas: esta trilogía no se llevó ningún Oscar en esos aspectos técnicos, cuando los merecía todos los tres años, de hecho el ridículo fue indescriptible cuando en esta ocasión sólo obtuvo la nominación al mejor maquillaje.

En conclusión, a pesar de sus numerosos buenos y muy buenos momentos y el gran partido que saca de los dos roles principales, en conjunto no termina de obtener un relato consistente, equilibrado y tan épico y demoledor como cabría esperar, resultando una película que oscila entre lo artificioso y lo gélido, perdiendo gran parte de la carga emocional que indudablemente guarda. De hecho tengo la clara impresión de que la historia tiene la suficiente fuerza como para conseguir hablar por sí sola a pesar de que George Lucas con su torpeza le pone mil trabas.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
-> Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio II – El ataque de los clones


Star Wars: Episode II – Attack of the Clones, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 142 min.
Dirección: George Lucas
Guion: George Lucas, Jonathan Hales.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Christopher Lee, Ian McDiarmird, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Temuera Morrison, Jimmy Smits.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La trama política y bélica cobra interés, los personajes también. Cuando se lanza la acción resulta un espectáculo glorioso, en especial gracias la imaginativa dirección artística y los magníficos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Tarda en arrancar: el tramo inicial no logra centrar la historia y narrarla con intensidad. Tiene un tono demasiado infantil que resulta muy molesto en ocasiones (le sobran todas las escenas de R2-D2 y C-3PO).
Mejores momentos: El combate espacial de Obi-Wan contra el cazador de recompensas. La batalla final: la ejecución con criaturas espeluznantes, la aparición de los Jedi, el ataque de los clones, la persecución de Dooku.
El plano: Los Jedis medio aniquilados y rodeados de enemigos.
La pregunta: ¿De dónde sale la profecía de Anakin y el equilibrio en la Fuerza? La mencionan varias veces sin explicar nada más.
Las frases:
1) Los maté, los maté a todos, están todos muertos. Y no sólo los hombres, sino también las mujeres y los niños. Son animales, y los maté como animales. ¡Los odio! –Anakin.
2) ¡¿Victoria?! ¿Victoria, dices? Maestro Obi-Wan, nada de victoria… Del Lado Oscuro el velo ha caído, las Guerras Clon empezado ya han –Yoda.
3) Siento que un día me vas a matar –Obi-Wan a Anakin.

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El ataque de los clones supuso para muchos fans un pequeño reencuentro con La guerra de las galaxias después del fiasco de La amenaza fantasma, pues este capítulo ofreció un producto de mayor calidad, más coherente y atractivo. La trama mejoraba considerablemente y nos introducía por fin en hechos realmente interesantes, mientras que los personajes adquirían cierta dimensión. Sin embargo, sigue habiendo unos cuantos fallos importantes que no logran alejar del todo el fantasma de la decepción, la sensación de que George Lucas tenía entre sus manos un potencial mucho mayor y su torpeza narrativa y la obsesión por el tono infantil lo echan a perder.

El relato ofrece dos partes bien diferenciadas y de grandes contrastes. La primera aborda la relación romántica entre Padmé y Anakin, mostrando los puntos débiles y problemas del chaval para mantenerse en la Luz, mientras paralelamente se trata de poner las bases para el lanzamiento de las Guerras Clon a través de la investigación de Obi-Wan. Amidala sigue siendo un rol fuerte, con carácter y algunos buenos momentos, como la decisión de ir a rescatar a Obi-Wan y meterse en todo el fregado, anteponiendo sus valores políticos y morales sobre su propia supervivencia. El joven Skywalker en conjunto sale bien parado, quedando claras sus limitaciones y anhelos y mostrando una evolución sencilla pero correcta. Pero es evidente que daban para mucho más. Al romance le falta emotividad, el guion de Lucas ofrece unas situacioens y diálogos ramplones y algo inmaduros; ¿dónde quedaron esas líneas ágiles, imaginativas y eficaces que disfrutamos en la trilogía original en el triángulo amoroso Luke-Leia-Han? Sólo es digno de recordar aquel comentario sobre que el pueblo necesita un grupo de sabios que gobierne eligiendo lo que consideran mejor para la sociedad, diciendo de manera sutil que la democracia no va con él.

El casting magnifica el problema, pues la elección de Hayden Christensen se presenta como un error monumental e imperdonable. Tuvo que ser por mediación de Lucas, porque me cuesta creer que de otra forma un actor tan limitado pasara el corte. Provoca bastante vergüenza ajena ver como su inexpresividad lastra los momentos en que Anakin debe transmitir tal o cual sentimiento intenso, fastidiando más de la cuenta la escena, la credibilidad del personaje, la conexión con el espectador. Un actor competente y un director que sepa exprimirlo pueden levantar un personaje simple e incluso uno mal escrito, pero aquí no se da el caso. Y por si fuera poco, el doblaje, que por lo general es bastante flojo, en este carácter resulta nefasto, aumentando las malas sensaciones. Siguiendo con los actores, destacaría la presencia de secundarios que representan muy bien a sus personajes (Christopher Lee, Samuel L. Jackson e Ian McDiarmid), y me da la sensación de que Ewan McGregor y Natalie Portman están más implicados en sus roles que en el Episodio I.

La sección de Obi-Wan tampoco sale bien parada, consume mucho tiempo para lo poco que aporta. Es obvio que Lucas pretende ir sentando las bases del complot político y preparando el lanzamiento de las Guerras Clon, pero patina bastante en ello. Se obsesiona con la historia detectivesca, que es simple a más no poder y deja a Obi-Wan como un inútil, pues es demasiado lento y torpe sacando conclusiones para lo que se espera de un Jedi. Se empeña en maquillar con acción, dando una de cal y otra de arena: se equivoca de largo con la persecución aérea en Coruscant (larguísima y exagerada), quizá pensando en que el tramo inicial requería alguna escena intensa cuando lo que pide a gritos es sacar más partido de los personajes y exponer mejor la trama, y acierta bastante con la pelea contra Jango Fett en los asteroides, que llega en mejor momento y resulta espectacular. Y mientras se pierde en todo esto se olvida de dar a la política el tiempo necesario, quedando de nuevo algo confuso todo el tema de facciones e intenciones; de hecho sigue habiendo cosas muy raras, como esa Amidala que fue reina elegida en dos mandatos (¿?) y ahora es senadora en la República. Por lo menos, al final Dooku explica con claridad el conflicto, y terminas haciéndote una idea la situación y del plan de Palpatine de poner a todos contra todos para alzarse de las cenizas como salvador.

Como no logra centrarse en lo importante, la primera mitad de la película anda algo escasa de ritmo, pero al menos tiene algo de lo que carecía La amenaza fantasma: la historia muestra una dirección concreta y unos personajes más o menos complejos a los que seguir con un interés que estaban lejos de despertar en aquel episodio. Vale, Obi-Wan inicialmente queda un poco deslucido con su torpeza, pero su determinación y coraje también quedan patentes, sobre todo en el siguiente segmento.

La segunda parte adquiere mayor intensidad y dinamismo y en ella se suceden diversas situaciones muy emocionantes en las que muchos vimos la esencia de la saga por fin recuperada, aunque la película en conjunto no llegara todavía al nivel de la trilogía original. La trama política que hay de trasfondo, no del todo aprovechada pero bastante atractiva, deriva por fin en la apasionante historia bélica que transforma el universo para siempre. Desde que las pesquisas de Obi-Wan lo llevan al planeta donde se reúne el enemigo nos sumergimos en el grandioso inicio de las Guerras Clon. La inquietante presencia de Dooku, el espectáculo donde pretenden sacrificar a Padmé, Anakin y Obi-Wan mediante criaturas horrendas, y la intrusión de los Jedis que abre las puertas a una batalla de una espectacularidad sin parangón, te mantienen agarrado a la butaca casi sin respirar, asombrado y extasiado a partes iguales.

Sin embargo, este inconmensurable clímax se ve lastrado de forma importante por los desvaríos infantiloides de George Lucas (y eso que esta vez se acredita un colaborador en el guion, Jonathan Hales). Llevó a Jar Jar a segundo plano por la presión de los espectadores, pero no rebajó el tono infantil y estúpido, sino que lo depositó sobre R2-D2 y C-3PO, a quienes hace centro de un sin fin de memeces que no hay por dónde coger ni forma de soportar. Pero es que en cierto momento también arrastra a Anakin y Padmé: la infame escena de la factoría de droides es un despropósito. No hacía falta más metraje en esa parte, y desde luego no con este aspecto de videojuego para niños.

También grave resultó el esperadísimo enfrentamiento entre grandes Jedis y Siths, tratado de una forma que todavía la mayor parte de los seguidores no hemos podido perdonar. Pero en qué cojones pensaba Lucas al convertir a dos viejales como Yoda y Dooku en superhéroes de gran agilidad. La batalla a espadas es histriónica, ridícula, y además choca con lo visto en la saga, con lo esperado: que lucharan con una combinación de lanzamiento de objetos, de sobrecogedores rayos, y sobre todo a través diálogos inteligentes y manipuladores. Por ello, el desenlace de la gran batalla no resulta satisfactorio: después de generar tanta tensión con la pelea final entre protagonistas, esta resulta ser un numerito de circo. Por desgracia, en La venganza de los Sith siguió por el mismo camino…

El diseño de los lugares y criaturas y los efectos especiales y sonoros que los recrean fue un trabajo muy imaginativo y complejo, y si bien su calidad general fue digna de alabanza, con momentos deslumbrantes, de nuevo el abuso de lo digital le ha restado durabilidad de cara al paso de los años. La comparación entre alienígenas de maquillaje y digitales pierde otra vez en favor de los primeros: Yoda, Jar-Jar o el cocinero que visita Obi-Wan no aguantan como personajes con diálogo. Los dobles digitales de actores tampoco convencen, en especial en los planos en que ponen el careto de Christopher Lee sobre un extra más ágil. Aunque la batalla tiene muchos planos sobrecogedores, también hay alguno cantoso: cuando los personajes se montan en las naves para ir de aquí para allá se notan mucho las pantallas de fondo, pero lo peor es el empeño en hacer los soldados con el ordenador, con muchos momentos (como su presentación) que parecen de película de animación. Y sorprendentemente, al contrario que en el resto de la serie, incluyendo las antiguas, hay algún matte painting (fondo pintado) que se nota un montón, por ejemplo alguno de los paisajes rocosos por donde pasa Obi-Wan al aterrizar donde se esconden los villanos (Geonosis).

No me olvido de citar otro sello de la saga: la banda sonora de John Williams sigue siendo sumamente efectiva pero aquí firma su trabajo menos notable para la misma, pues sólo aporta un motivo nuevo realmente destacable, el hermosísimo tema de amor. Aparte, hacen algo raro en un momento dado: no entiendo por qué utilizan el tema de Duel of the Fates, el del duelo con Darth Maul, para la escena de búsqueda de Anakin, esa que va en moto por el desierto. No tiene nada que ver en temática.

Rebajando la carga cómica insufrible, haciendo madurar un poco el producto y equilibrando un poco más el tramo inicial, con toda probabilidad estaríamos ante una entrega al nivel de la trilogía original, pero lo cierto es que no vale la pena seguir hablando de “y si…” tanto tiempo después: esto es lo que hay, consigues apartar sus fallos y disfrutar o te toca ser el fan que reniega y hace como no existe, actitud que me parece igual de válida y justificada.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
-> Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio I – La amenaza fantasma


Star Wars: Episode I – The Phantom Menace, 1999, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: George Lucas.
Guion: George Lucas.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Liam Neeson, Jake Lloyd, Ian McDiarmid, Pernilla August, Frank Oz, Ahmed Best, Hugh Quarsie, Anthony Daniels, Kenny Baker.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: En un buen cine o equipo casero es un visionado espectacular gracias a sus impresionantes efectos sonoros y visuales.
Lo peor: Es una memez infantil con un guion lastimero y unos personajes aburridos. Y Jar Jar… ¿en qué cabeza cabe semejante parida?
Mejores momentos: El clímax con varias batallas a la vez: la espacial y la de los protagonistas en el palacio, que termina con el enfrentamiento con Darth Maul.
El plano: Jar Jar pisando una boñiga.
Las frases:
1) El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti -Yoda a Anakin.
2) La capacidad de hablar no te hace inteligente -Qui-Jon a Jar Jar.

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No formé parte de la generación que vivió el nacimiento de La guerra de las galaxias en directo pero sí fui de los que creció con ella, viendo las tres películas una y otra vez en cada etapa de mi vida y disfrutándolas infinitas veces. Así pues, el retorno de la saga fue algo que seguí con pasión, y aunque no era tan friki como para hacer colas enormes y disfrazarme, sí acudí al cine con una expectación desmedida, con una pasión que pocas obras de arte pueden despertar, y más aún en tantísimos individuos a lo largo del planeta. Recuerdo los innumerables reportajes incluso en los telediarios, las masas de aficionados, los avances que nos ponían los pelos de punta y el corazón a mil… pero no recuerdo muy bien el primer visionado. Sé que lo disfruté como un espectacular entretenimiento, y sé que fui a los cines al menos una vez más (quizá dos), pero no tengo claro en la memoria cuánto de bueno y cuánto de malo saqué de la película, ni si me cagué directamente en George Lucas o tardé en asimilar lo que La amenaza fantasma realmente era, es decir, un bodrio enorme. A lo largo de los años la he ido viendo en dvd unas cuantas veces, muchas más de las que vería una película de tan ínfima calidad si no fuera porque es La guerra de las galaxias (el fanatismo es lo que tiene), pero llegó un momento en que alcancé el límite: ya no soy capaz de visionarla, sólo con observar una escena al azar me produce completo rechazo.

Hipnotizados por la emoción, por las letras amarillas, la música de John Williams, las naves espaciales y la presencia de nombres y lugares reconocibles por todos, la proyección pasó ante nuestros ojos a toda velocidad siendo consumida como una droga: cegándonos de sensaciones, extasiándonos de placer. Porque como superproducción resulta realmente vistosa: el derroche de recursos monetarios se tradujo en un derroche de medios humanos y tecnológicos y por ende en un repertorio de efectos especiales y sonoros memorables. Pero no tardó en hacerse evidente, una vez que el nivel de frikismo en sangre se volvió estable y nos permitió razonar más con la cabeza que con el corazón, que Lucas había fallado estrepitosamente.

La amenaza fantasma es una película torpe ya desde el título, que todavía no se sabe muy bien qué quiere decir. Como es obvio ofrece una introducción a unos personajes y a una historia de los que sólo conocíamos su desenlace: versa sobre el inicio del fin de los Jedis y la República y sienta las bases para el próximo nacimiento del Imperio y la Resistencia. Había tanto que contar, tantas grandes historias podrían haberse desarrollado… y George Lucas no logró ir más allá de una presentación simplona de algunos caracteres cruciales, quedando estos muy desaprovechados, y una exposición apática e insustancial de la situación política. Tenemos un niño que se pasea por los mundos jugando con cacharros y navecitas y unos Jedis que no representan el misticismo y sabiduría que les atribuíamos por lo visto en la trilogía original, pues aquí esas cualidades se han eliminado de un plumazo con los midiclorianos y su categoría de gente famosa en todo el universo. Como digo, algunas cosas no cantaban a primera vista; por ejemplo, te quedabas flipado viendo a los Jedis en la apoteósica lucha con sables láser y no te dabas cuenta de que realmente no han construido unos personajes y una orden con un mínimo de complejidad y magia esperables para la saga. El dibujo de Obi-Wan y Qui-Jon es muy simple, su evolución nula, carecen de carisma… es decir, no despiertan interés alguno. Y Anakin apenas pasa de simpático, algo que podemos achacar a que es su presentación, pero tampoco termina de convencerme, porque sólo se repite una y otra vez que es buen piloto, no hay más acercamiento a su psique y potencial. Sólo quizá Amidala tiene algo más de carácter y evoluciona mejor: arrinconada en la política, termina huyendo para sobrevivir como puede en planetas hostiles… pero tampoco hace nada realmente recordable. Además, ella no termina de funcionar como enlace con la torpe intriga política, que carece de profundidad y aun así cuesta seguir los bandos e intenciones y planes que tiene cada uno; ¿alguien captó a la primera las diferencias y trayectoria de la mezcolanza de Palpatine, la Federación de Comercio y un senado de una república con reinas como Amidala? Para rematarlo todo, soportamos un despreciable muñeco parlante que sin duda provocó más de un ataque de ira y varios intentos de atentado contra su padre ideológico.

Los diálogos carecen del ingenio, la pasión y gracia de la trilogía clásica: son tontorrones y vacuos a más no poder, y los actores los escupen con evidente desgana. Liam Neeson, Ewan McGregor e incluso la ya por entonces bastante eficaz Natalie Portman están bastante perdidos, sin duda por una combinación de personajes superficiales, dirección de actores endeble y el trabajar muchas veces ante caracteres que no están ahí, pues serán puestos mediante el ordenador en postproducción. El único realmente destacable del reparto es el joven Jake Lloyd que interpreta a Anakin, quien se desenvuelve de maravilla a pesar de su corta edad (muchísimo mejor que el acartonado Hayden Christensen que encarnará al rol en posteriores entregas).

Pero lo peor de todo es su insufrible tono infantil, tan exagerado que da la sensación de que toda la película es un anuncio de muñecos y demás merchandising. Nadie entiende en qué demonios pensaba Lucas al crear una cosa tan patética como Jar Jar Binks y hacerlo dar vueltas por la historia soltando gilipolleces tan grandes. No puedo entender cómo se decantó tanto por el público menor de trece años sabiendo que la mayor parte de los seguidores eran adultos y que lo más aplauido de la trilogía original eran precisamente las partes más adultas y oscuras. Y qué mala suerte tuvimos con su ego, que lo empujó a ser el único artífice de todo el proyecto: realizó las labores de escritor, director y productor implicándose hasta en el más mínimo detalle, con lo que nadie le plantó cara para decirle: “¿pero es que has perdido el juicio, cómo vas a meter semejante insulto a la inteligencia del espectador?”.

Debido a sus numerosas partes de acción la proyección avanza con ritmo, pero carece de un rumbo concreto y tropieza de escena en escena sin mucha consistencia, alardeando de escenarios, civilizaciones y secuencias de acción poco esforzadas en el contenido, es decir, supeditando todo a los efectos especiales y sonoros en vez de trabajando con esmero los personajes y la historia. Los efectos visuales son de gran nivel, eso sí: una notable combinación de maquetas, fondos pintados y ordenador. Aquí hay que matizar que hay mucho desconocimiento, que esa crítica de que “todo es digital” es bastante desacertada: sólo los alienígenas (empezando por Jar Jar) son creados por ordenador, el resto es artesanal. No hay más que ver algunos recopilatorios de imágenes del rodaje para ver la cantidad impresionante de maquetas que usaron. El problema es que te quedas con el abuso de seres digitales, que evidentamente no convencen tanto como un buen maquillaje o muñeco y envejecen muchísimo peor, a lo que se suma el excesivo colorido de las imágenes, que se alejan de la sobriedad de la trilogía original para inclinarse hacia un estilo casi de animación. Además, el propio Lucas escondió mucho el uso de efectos tradicionales en los documentales y los “cómo se hizo”, donde vacilaba más de las nuevas tecnologías, contribuyendo a la confusión.

Con semejante nivel de efectos especiales habría que ser un manta para no conseguir una cinta espectacular, pero con las carencias enormes de los personajes y la trama no hay manera de conectar con ellos y sentir atracción por el devenir de acontecimientos. También hay altibajos notables en la calidad narrativa: hay unas pocas escenas con potencial, pero se olvida de él y se dedica a tratar de epatar con los efectos, resultando la mayoría de ellas huecas, insustanciales, y unas pocas son nefastas. Así, tenemos secuencias impresionantes en lo visual (sobre todo disfrutadas por primera vez en un cine de calidad), pero lastradas por esas lacras (incluyendo los patinazos infantiles), con lo que pierden bastante pegada, sobre todo con el paso del tiempo. La carrera de vainas es asombrosa pero un tanto larga para lo poco que aporta realmente, las confrontaciones finales son todas alucinantes en lo audiovisual (en especial la batalla espacial y el duelo con Darth Maul) pero la presencia estulta de Jar Jar y aquí también de Anakin haciendo tonterías rebaja mucho el nivel, y Maul mola en la lucha, pero como villano carece de personalidad y por extensión de interés. Pero también encontramos otras partes donde el ridículo está garantizado de forma indescriptible, como la de las criaturas marinas, absurdo añadido donde los haya, o sobre todo la insoportable y vergonzosa lucha de los Gungan, con el insufrible Jar Jar siendo el objetivo de escenitas cómicas que ni el payaso más desesperado habría intentado para sobrevivir; a Lucas sólo le faltó incluir alguna escena de tartas.

Como era de esperar, John Williams se encargó de nuevo de la banda sonora. Esta tuvo momentos de indudable genialidad que contentaron a cualquier fan (atención a los coros del duelo con espadas láser) y por lo general realza muy bien numerosos pasajes y aporta el toque de épica y magia esperable. Sin embargo, una queja sí tengo, aunque es de nuevo culpa de Lucas: ¿hay un solo minuto de la cinta que carezca de música? Es una forma bastante facilona de reforzar el ritmo, sobre todo porque al tercer visionado termina resultando más cansino que el hilo musical de un ascensor.

En resumen, La amenaza fantasma fue en su momento un gran espectáculo, pero tan banal y vacuo que no soporta sucesivos visionados sin que se derrumbe por completo su fachada y saque a relucir su infame guion y tono inmaduro. Además, al estar tan supeditada narrativamente a los efectos especiales del momento nació con fecha de caducidad incorporada, pues pronto surgen nuevas cintas más imponentes en el aspecto visual. Las obras atemporales, como la trilogía original, son las que consiguen un equilibrio entre lo visual y lo argumental de forma que el paso del tiempo no les haga perder frescura y capacidad de impacto. Las dos siguientes entregas mejoran sustancialmente lo aquí ofrecido, y aunque no alcanzaron cotas remarcables si mostraron algo de dignidad. Ojalá George Lucas se hubiera dedicado sólo a ser creador y productor y hubiera dejado la dirección y el guion en manos de gente que tuviera dos dedos de frente y unas ideas más maduras.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
-> Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias, de George Lucas

Infinitos artítulos, análisis y documentales se han realizado sobre la saga más famosa y, sí, por qué no, la más importante de la historia del cine, sobre una serie de películas que marcó un punto de inflexión en el arte y en el negocio del séptimo arte, así que no voy a perder el tiempo indagando sobre el proceso de producción y otros muchos temas relacionados que, aunque fascinantes, ya han sido muy tratados, y voy a ir al grano, a dar mi opinión sobre las viejas y nuevas trilogías, sobre este fenómeno que forma parte de la cultura popular, que tiene un hueco especial en el corazón de millones de seguidores. Aun así, me apetecía hacer una presentación que resuma la trayectoria e impacto de la saga, así que allá va.

George Lucas cambió la forma de hacer y de vender el cine, pero también la forma de vivir el cine. Con el estreno de La guerra de las galaxias en 1977 (luego renombrada a Episodio IV – Una nueva esperanza) cambió la concepción de los efectos especiales, la importancia de la música en las películas y fuera de ellas (John Williams popularizó el género de cara al público que no fuera exclusivamente cinéfilo, e influyó en prácticamente todos los autores posteriores), y con su extraordinaria calidad y éxito dio un empuje notable al cine de aventuras, de fantasía y, al ser “space opera”, también al de ciencia-ficción. Modificó aspectos en apariencia nimios como la forma de los créditos: el no tener lista de actores al inicio derivó en un conflicto con la industria. En 1977 el negocio del cine no volvió a ser lo mismo. Se lanzó el merchandising desenfrenado, es decir, la creación de todo un mercado alrededor de las películas. Figuras y jueguetes, juegos de todo tipo (de mesa, de rol, de ordenador…), literatura (tanto novelas como cómics) y cualquier otra cosa que pudiera ofrecer dinero aprovechando el tirón mediático fue desde entonces proclive a ser comercializado. Hoy día este modelo de negocio llega a límites hasta molestos, habiendo producciones que sólo se realizan con el fin de explotar dicho mercado. Y en 1977 también se impuso un cambio notable en los espectadores. A pesar de haber existido numerosos éxitos de taquilla que creaban colas inmensas de espectadores, a partir de La guerra de las galaxias lo que se dice los seguidores, los fanáticos, emergieron como una masa muy influyente. Asociaciones o simples grupos de amigos, convenciones, quedadas, disfraces, coleccionismo… El friki empezó a pegar con fuerza.

Una nueva esperanza (1977), El Imperio contraataca (1980) y El retorno del Jedi (1983) fueron un hito cultural sin precedentes y nunca perdieron su hueco en el corazón de sus innumerables seguidores, ganándose a las nuevas generaciones sin problemas porque el paso del tiempo no afectaba a su imagen y calidad y el universo paralelo seguía creciendo sin parar. Pese a ello, Lucas tardó más de una década en atreverse a ofrecer nuevos capítulos cinematográficos. No fue hasta pasado el ecuador de los noventa cuando se lanzó con las tres entregas que a modo de precuelas narran los orígenes de la saga.

Como era de esperar, el estreno de los episodios I, II y III (La amenaza fantasma en 1999, El ataque de los clones en 2002, La venganza de los Sith en 2005) levantó pasiones, movilizó tanto a la generación que creció viendo la original como a los que se fueron enganchando después, y también atrajo a muchos nuevos fans: medio mundo se volcó de lleno en las películas más esperadas de aquellos años. La expectación y la emoción fueron tales que a casi nadie le importó que La amenaza fantasma fuera bastante floja (eso sí, todo un espectáculo palomitero), y el fuego no llegó a apagarse porque por suerte las siguientes entregas mejoraron bastante y se acercaron algo más al espíritu de la saga. Pero aun así el baremo global de calidad de esta nueva trilogía es inferior al de la original y muchos aficionados acabaron desencantados. Se hizo evidente que Lucas debería haberse dedicado exclusivamente a las labores de ideólogo y productor y haber dejado el guion y la dirección en manos más experimentadas y profesionales, porque el chispazo de inspiración que tuvo en las viejas películas no llegó a estas.

Mientras tanto, también se tanteó el mundo de la televisión con The Clone Wars (La guerras clon, tres temporadas de animación tradicional a partir de 2003 y continuada en digital a partir de 2008 con un puñado más). Pero, por desgracia, fue una producción de animación dedicada al público infantil y de escaso interés, por lo que habría que considerarla más bien merchandising. b>Lucas también < afirmó estar preparando una serie con actores reales, pero por una razón u otra (es probable que pensara que era demasiado complicada en esfuerzo y recursos) la dejó en suspenso. Lo mismo ocurrió con la tercera trilogía, planteada ya en los años ochenta pero que no se vio con fuerzas para realizar, quizá pensando en sería otra empresa de unos diez años.

Alrededor de estos proyectos George Lucas cometió otro fallo artístico, este inmenso e imperdonable: las ediciones retocadas de la trilogía clásica. Remasterizó a fondo la imagen y sonido de las tres películas y las reestrenó en cines en 1997, como reclamo antes de la llegada de La amenaza fantasma. Pero me temo que fue más allá de una simple restauración a los estándares de calidad del momento, sacándose de la manga una reinvención de su legado: añadió escenas, modificó otras (el infame momento en que Han Solo pasa a no disparar primero), metió estúpidos e innecesarios bichos digitales por todas partes y cambió actores que no era necesario cambiar. ¿Qué pasó por su mente, por qué se empeñó en deformar una obra de arte para añadirle morralla innecesaria? Y lamentablemente, para el dvd (2004) y luego el bluray (2011) siguió añadiendo pequeños cambios que alejaban la saga de su concepción original. Las quejas fueron infinitas, pero el fanatismo es el fanatismo, y pocos se resistieron a comprar unas ediciones que parecía que iban a ser las únicas (por no decir que los extras eran muy llamativos).

Sin embargo, a regañadientes dio un ligero paso atrás y sacó las películas originales en dvd en una Edición Limitada (2006). Pero aunque entonces pudimos ver la trilogía original de la forma más fiel a como fue concebida, sin añadidos molestos, también tenía unas pegas que generaron más polémica: las ofreció sin puesta a punto, sin remasterizar al estándar exigible, sino partiendo del Laserdisc editado en 1993, que tenía mejora de imagen y sonido respecto a los Laserdisc y VHS anteriores pero no al nivel esperable para un dvd de buena calidad. Y desde luego no vio la luz en bluray, más que nada porque para ello sí que se queda lejos de aguantar el tipo. Al menos estas Ediciones Limitadas traen ambas versiones (remasterizada y original) y estaban a muy buen precio, y con ellas cada fan que las pudiera adquirir (yo fui de los que tuvimos la paciencia de esperar una versión más fiel) decidirá qué prefiere ver en cada momento. Pero entre que llegó tras decir que no verían nunca la luz, la falta de remasterización y la escasa publicidad y tirada que tuvo, Lucas no se lució mucho. Os recomiendo las comparaciones que hay en Zonadvd.com, para que veáis las mejoras y las chapuzas que cometió con tanta edición: IV, V y VI.

Pero La guerra de las galaxias no terminó aquí, porque antes de retirarse Lucas vendió la que probablemente sea la gallina de los huevos de oro más grande de la historia del arte: su compañía Lucasfilms, con todos los derechos de su obra, fue a parar a la todopoderosa Disney por la nada desdeñable cifra de 4.000 millones de dólares (mitad en efectivo, mitad en acciones). Y Disney como es obvio va a explotar la saga todo lo que pueda, primero con nuevas películas y segundo con todo el merchandising subyacente (por ejemplo ya hay serie de animación infantil: Star Wars Rebelds).

La tercera trilogía, o trilogía de secuelas (episodios VII, VIII y IX), va a ver finalmente la luz, pero no será la única, porque entre un capítulo y otro Disney realizará películas paralelas (o spin-offs) que narrarán historias variadas (la juventud de Han Solo por ejemplo es casi segura), con lo que no tendremos que esperar dos o tres años entre un estreno y otro, sino que tendremos uno por temporada. Vamos, harán como con el universo Marvel: inundar un mercado dispuesto a absorber de todo.

Ahora bien, esta nueva etapa también nace con polémica, aunque para mi sorpresa, dado el nivel de exigencia del fandom, no tanta como esperaba. Resulta que para no estar tan constreñidos por el universo creado en libros, cómics, videojuegos y juegos de rol (lo que terminó llamándose Universo Expandido), los productores han dejado de considerarlos historia oficial como hasta ahora (sólo se salva la serie animada The Clone Wars). Es decir, todo el tiempo y dinero que han empleado los fans se ha convertido en humo. Por un lado, se puede entender que las películas sean el único canon válido (yo lo perfiero así, porque si no hay mucha morralla), pero entonces lo lógico es que no se hubieran apoyado las demás líneas como si fueran oficiales. Ahí Lucas estuvo bastante torpe al decir que sí a todo sin pensar en el futuro, y los nuevos productores han cortado por lo sano. Como digo, salvo una pataleta inicial, la gente parece habérselo tomado bien. Al fin y al cabo, esas historias que admires siguen estando ahí como universo paralelo y cada cual puede tenerlas en cuenta o no según le venga en gana.

Para asegurarse el éxito del nuevo rumbo de Lucasfilms los directivos de Disney han contratado como directora de la compañía a la veterana productora Kathleen Kennedy, probablemente la mujer más poderosa y exitosa de Hollywood (por ejemplo fue co-fundadora de Amblin Enterntainment con Steven Spielberg). Y para mantenerse dentro del espíritu de la saga se han cuidado de contar con el otro gran nombre que estuvo implicado con Lucas desde el principio, Lawrence Kasdan, coguionista en la trilogía original (y co-creador de Indiana Jones, por señalar mejor su currículo y relación con Lucas). Como es de esperar en un proyecto tan grande, los guiones pasan por muchas manos y los directores entran y salen según surgen diferencias o el calendario no les va bien, así que dejaré los comentarios sobre el agitado proceso a cada película, para que este artículo no caduque a los dos días.

La primera parte en llegar es el Episodio VII – El despertar de la Fuerza, al que seguirá la primera historia paralela o antología, Rogue One, y así alternando las seis películas hasta que anuncien otras nuevas, porque dudo que se contenten con estas. De nuevo la magia del universo La guerra de las galaxias tiene en vilo a millones de espectadores en todo el mundo, y esta vez más que nunca, porque esa obligada incorporación de guionistas y directores variados genera expectación nueva: ¿superarán los errores de Lucas, nos decepcionarán, nacerán nuevas maravillas que marquen otra época en el séptimo arte?

PD: como veis, he tenido la decencia de no mencionar el especial navideño y los telefilmes de los Ewoks.

Episodio IV – Una nueva esperanza (1977, A New Hope)
Episodio V – El Imperio contraataca (1980, The Empire Strikes Back)
Episodio VI: El retorno del Jedi (1999, The Return of the Jedi)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999, The Panthom Menace)
Episodio II – El ataque de los clones (2002, Attack of the Clones)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005, Revenge of the Sith)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015, The Force Awakens)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017, The Last Jedi)
Han Solo (2018, Solo)