El Criticón

Opinión de cine y música

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Días extraños


Strange Days, 1995, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 145 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guion: James Cameron, Jay Cocks.
Actores: Ralph Fiennes, Angela Bassett, Juliette Lewis, Tom Sizemore, Michael Wincott, Vincent D’Onofrio, William Fichtner, Josef Sommer.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: La combinación de cine negro con ciencia-ficción de corte cyberpunk. El tono adulto sin tapujos que explora los vicios del ser humano en un futuro plausible. El enérgico papel de Angela Bassett.
Lo peor: Un poco larga, un poco pagada de sí misma, para que a la hora de la verdad el thriller sea muy clásico y la resolución del complot un tanto rebuscada. El resto del reparto no está a la altura.
La fecha: La fiebre del cambio de milenio al acabar 1999 y entrar el año 2000 fue realmente absurda, porque el milenio empezó el día 1 de 2001.
El gazapo: Se ve claramente el cable que sujeta a un personaje que cae por un balcón.
La frase: Supones que tienes una vida, cuando en realidad traficas con las vidas de otras personas.

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Entre Mentiras arriesgadas (1994) y Titanic (1997) el titán James Cameron se puso a desarrollar una premisa que tenía en mente desde hacía mucho tiempo. Pero no quiso dirigirla, supongo que porque ya estaba inmerso, literalmente, en la recreación del famoso naufragio. Así que fue dejando paso a Kathryn Bigelow, quien fuera su esposa durante menos de tres años a finales de los ochenta. Entre ambos dieron forma a una historia muy del destilo de Cameron. Compleja, realista, con personajes muy humanos aunque la trama esté anclada en un universo de ciencia-ficción. Un tercer colaborador, Jay Cocks, que venía de trabajar con éxito con Martin Scorsese en La edad de la inocencia (1993), adaptó esta premisa al guion final. Bigelow no se llevó crédito como escritora, ni tan siquiera como productora, pero sí se encargó de dirigirla, sin que esté claro cuánto se implicó Cameron durante el rodaje. Tenía ya algunos títulos de acción a cuestas, destacando Lo llaman Bodhi (1991), aunque la fama no le llegó hasta que arrasó en los Oscar con una obra menor pero muy del gusto de la academia, En tierra hostil (2009), y luego con una superior pero tampoco brillante, La noche más oscura (2012). Su mejor cinta por ahora sigue siendo esta Días extraños.

Sin buscarlo, el proyecto llegaba tres años después de los graves líos raciales surgidos en Los Ángeles con el caso Rodney King y se rodó con el juicio de O. J. Simpson en marcha, así que el reflejo social que propone no podía ser más atinado. Corrupción de la policía y de las estrellas, conflicto racial, todo espoleado por la crisis económica, es el ambiente caótico, desesperado y a punto de explotar en el Los Ángeles del fin del milenio que nos presentan. Para evadirse, la nueva droga de moda no es un producto químico, sino una tecnología de realidad virtual que, conectada al cerebro, permite vivir las experiencias grabadas por otros como si fueras ellos. Lenny Nero, un policía venido a menos y expulsado del cuerpo, malvive trapicheando con estos videos, manteniendo una red clientelar según él exquisita. El único objetivo que lo mueve es recuperar a su antigua novia, ahora encaprichada de un agente de artistas que lleva al rapero más famoso del momento.

Como en una buena obra de cine negro, Nero se encontrará sin querer con un complot que le queda grande, jugando con la intriga de si entre toda la confusión conseguirá salir adelante. Me gusta mucho que el protagonista no sea el típico héroe, ya sea porque es presentado así o porque se sobrepone a sus limitaciones iniciales y termina venciendo a los malos (generalmente a tiros), sino que es un pringado obsesionado con sus vicios (ropa pija, clientes, la ex) e incapaz de ver la realidad, y cuando las cosas se joden da tumbos y recibe hostias por todos lados. Sólo consigue empezar a levantarse por la ayuda de sus amigos, otro ex policía, Max Peltier (el mítico secundario Tom Sizemore), la chófer y guardaespaldas Lornette Mason (Angela Bassett), y algún contacto de sus negocios. Esto le da al relato ese toque de realismo propio de Cameron y muy de agradecer en un cine obsesionado con villanos y héroes de cómic.

Los autores se toman las cosas con calma, a sabiendas de que hay que presentar un entorno verosímil y numerosos personajes entrelazados. El primer acto tiene algo del estilo de Paul Verhoeven en Robocop (1987), con información crucial (la historia del rapero) soltada en televisiones y el trasfondo de las escenas. Seguimos a Nero en un día normal, mostrándonos la vida en la ciudad, cómo funciona la tecnología, y conociendo a algunos personajes secundarios relevantes. Es un tramo entretenido, pero puede dar la sensación de que no se termina de concretar nada y quizá alguna parte podría haberse aligerado. Por ejemplo, el viaje con el cliente asiático de Lornette y la pelea de esta con Nero es un relleno innecesario, pues ya había quedado claro la relación entre ambos y ese personaje extra no aporta nada. Eso sí, cuando empieza a torcerse la cosa muchos detalles y otros individuos que han aparecido fugazmente cobran sentido.

Conforme Nero se ve hasta el cuello la también ciudad se degrada. Esa hábil combinación que realza la sensación de desconcierto y peligro además termina siendo crucial, porque el complot amenaza con terminar de hacer saltar todo por los aires. Los protagonistas corren a la desesperada, intentando encontrar alguna respuesta y salida, dando forma a un thriller magnífico que te atrapa y te zarandea tanto como a los personajes.

Pero le falta algo para resultar una obra perfecta. Lo cierto es que termina destacando más por el trasfondo de cyberpunk tan bien trabajado que por la calidad de la intriga criminal. Con el tono de ciencia-ficción y el detallismo en la reconstrucción de los problemas sociales cabe esperar que el noir se aparte también de lo ordinario, pero acaba más o menos como muchas del género. La pareja de policías que representan la corrupción del cuerpo (Vincent D’Onofrio y William Fichtner) no se trabaja tanto como otros personajes, aparecen y desaparecen quizá demasiado a conveniencia de la historia. Cuando enfocan en la fiesta del final a un secundario presentado tiempo atrás, se intuye rápidamente cómo resolverán el caso. El traidor de turno es forzado e inverosímil, lo que puede decepcionar después de tantos aires de grandeza con que han ido narrando el misterio. Ya he citado cierto exceso de metraje. Y también me sobran algunos flashbacks fugaces que aclaran las deducciones de los protagonista, como si tuvieran miedo de que no se entendiera la trama a pesar de apuntar claramente a un público adulto.

Pero no son problemas graves, sino pequeñas limitaciones que frenan un potencial mayor. La única carencia que me parece más destacable es que salvo Angela Bassett, que está espectacular, dura cuando debe serlo y agobiada cuando las cosas se desmadran, el reparto deja bastante que desear. Michael Wincott (Alien Resurrection, 1997) no transmite nada como cabrón desalmado, Sizemore no muestra el buen hacer y carisma de otros muchos papeles (Heat -1995-, por ejemplo), Juliette Lewis como la niñata que va en brazos de quien más la mime cumple en el morbo físico, pero como actriz da más bien lástima. El más importante, Ralph Fiennes, quien dejara muy buenas sensaciones en La lista de Schindler (1993), no convence con un registro muy limitado, es incapaz de mostrar ninguna de las muchas emociones que lo embargan, y si medio funciona es precisamente porque así cumple como panoli.

Bigelow levanta un thriller monumental con aspecto de superproducción a pesar de que el presupuesto fueron unos escasos 40 millones de dólares. Para las escenas del aparato de realidad virtual, con sus planos subjetivos, tuvieron que desarrollar una nueva cámara, pues no había con calidad cinematográfica (35mm) tan pequeñas en esa época. En la parte final se montaron una fiesta de verdad en plena plaza, cobrando entradas para amortizar un poco los gastos, con músicos como Aphex Twin y reservando un hotel entero.

Ese escenario grandilocuente disimula un poco los breves patinazos del guion en el desenlace. La celebración que representa el fin del milenio es espectacular, y la directora saca mucha tensión de las peleas, sobre todo la que ocurre en plena plaza con los policías corruptos. Su pulso enérgico y la buena fotografía sólo se ven empañados por un montaje precipitado en algunos momentos. Quizá quería dar ritmo a una película densa y larga, pero resulta un poco agobiante a veces. La música original tampoco es destacable, pero hay buenas canciones amenizando los ambientes de clubes y fiestas.

A pesar de su calidad, Días extraños fue un fracaso sonado y dejó el limbo la carrera de Bigelow, que tuvo que pasar por televisión (la serie Homicidio -1993-) para poder volver a recuperar la confianza de los estudios… que fueron en parte culpable del poco éxito: no sabían qué tenían entre manos y no le dieron publicidad. Parece otro caso de miedo a la ciencia-ficción, y más si es oscura y adulta, y eso a pesar de la carrera y fama de James Cameron, cuyo nombre encabezando los anuncios sin duda habría llenado las salas.

Riddick


Riddick, 2013, EE.UU.
Género: Acción, aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: David Twohy.
Guion: David Twohy.
Actores: Vin Diesel, Katee Sackhoff, Jordi Mollá, Matt Nable, Dave Bautista, Bokeem Woodbine, Raoul Trujillo, Nolan Gerard Funk, Karl Urban.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual, con efectos especiales bien usados a pesar del escaso presupuesto. Personajes, diálogos y situaciones emocionantes y divertidas en cantidad: es una aventura muy entretenida.
Lo peor: Algún altibajo en el ritmo, sobre todo los forzados por la inclusión de la trama Necromonger.
El gazapo: Vaako dice haber conocido gente del pueblo de Riddick con los mismos ojos, cuando sabemos que él se los puso así por voluntad propia.
La frase:
-No me gusta esta tendencia. Dos muertos, un desaparecido.
-Exacto. Tres muertos.
-Pues miradlo así, muchachos: ahora cabemos todos en una nave.

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Alerta de spoilers: Puede haber ligeros spoilers relativos al argumento, pero no revelo sorpresas y muertes clave.–

David Twohy vuelve a los orígenes, a la esencia de Pitch Black, tras el desastroso universo que se inventó en la secuela Las crónicas de Riddick, donde nos mostraba una historia que nada tenía que ver con la inicial, ni en estilo (cambia la aventura de supervivencia por una intriga palaciega), ni en alcance (era bastante ambiciosa, aunque fallara estrepitosamente), ni en aspecto visual (surrealista orgía gótica la de los Necromongers). Riddick es la que debería haber sido la segunda parte, porque era el movimiento más lógico, lo que todo el mundo esperaba, lo que ponía el personaje de Riddick en bandeja: una aventura de supervivencia en clave de ciencia-ficción (planetas hostiles, alienígenas terroríficos) y con peleas entre mercenarios.

El relato se divide en tres capítulos (la parte Necromonger la dejo aparte): la adaptación de Riddick al planeta, la lucha contra los mercenarios y el cambio de juego que fuerza la llegada de las criaturas. El primer segmento es lento, pero la odisea de Riddick por mantenerse con vida en un entorno desconocido mantiene el interés constante. El paisaje árido está muy logrado, los líos con los distintos animales mantiene la expectación e intriga, y el cómo responderá el personaje a cada situación ofrece una aventura de supervivencia sencilla pero atractiva. Y el alien-perro que se agencia como mascota es un puntazo, además de un gran guiño a la segunda entrega. Lo más cercano que recuerdo en estilo sería Enemigo mío (Wolfgang Petersen, 1985), porque After Earth es un truñete, así que se agradece que los fans de la ciencia-ficción tengamos por fin una película decentilla de aventuras espaciales.

El segundo tramo es el más largo e importante. Riddick atrae a los mercenarios como único método que ve para salir del planeta, ahora que estima que la amenaza de las lluvias promete despertar a los monstruos que yacen latentes bajo tierra. Sí, es descarado que se cambia la aparición de criaturas en la oscuridad vista en Pitch Black por la aparición con las lluvias (que además también traen oscuridad), pero es un punto de partida en común, el resto se parece bien poco. La llegada de los cazarrecompensas cambia la situación del protagonista: ahora el enemigo son los hombres. O más bien lo es él mismo para ellos, porque su objetivo es matarlos para hacerse con una de las naves. Aquí brilla de nuevo uno de los aspectos que destacó en la primera película: un grupo de personajes sólido y atractivo. Cada mercenario, aun los muy secundarios, tiene su forma de ser definida hábilmente en pocos minutos, y la dinámica que mantienen entre ellos es excelente.

Jordi Mollá es Santana, el líder del grupo más pendenciero, una serie de brutos y despojos de la sociedad. Como suele pasar, esconde tras su fachada de matón inseguridad y miedos en cantidad, y si se mantiene en el mando es porque sus hombres son aún menos inteligentes que él. Mollá está correcto como patán desalmado, sobre todo cuando empieza a hundirse y perder liderazgo, porque cuando llega un grupo bien organizado, unos mercenarios que podríamos llamar profesionales, y ven el panorama, no tardan en imponer su autoridad. Matt Nable como Johns muestra bien ese aire de hombre curtido y seguro de sí mismo que va cambiando la situación sutil y ágilmente para su beneficio. Lo secunda una dura pero también espabilada Dahl, que hace de Santana su mascota de forma tronchante. Su intérprete, Kate Shackoff, me ha sorprendido gratamente, pues en Battlestar Galactica haciendo de Starbuck me pareció una actriz limitadísima, mientras que aquí está pletórica, mostrando un cinismo genial: suyas son las mejores frases y algunas de las escenas más divertidas.

Hablando diversión, esta abunda en este tramo intermedio, que hace gala de un humor gamberro excelente. Entre las escenas de acción y los cazarrecompensas cayendo poco a poco ante los envites de Riddick hay no pocas escenas, instantes y diálogos muy graciosos: la incompetencia, las puñaladas, las bromas o las situaciones donde Riddick acojona al personal provocan una grata sonrisa cada dos por tres. El único desliz es que hay una escena donde este tono se lleva al extremo y cae directamente en la auto parodia fallida, casi en el cine cutre: la muerte “en cinco segundos” es irrisoria, por rebuscada y exagerada.

En el segmento final aparecen los monstruos para hostigar y eliminar a los supervivientes. Lo de un grupo aislado muriendo en fila no es nuevo, ni lo era en Pitch Black, pero es una parte breve y bien usada. Las últimas pugnas de lealtad y las últimas traiciones realizadas por desesperación para sobrevivir mantienen el interés alto a pesar de tener algún momento tremendamente previsible; por ejemplo es obvio que Riddick será rescatado en los momentos finales.

En la puesta en escena Twohy también recupera la esencia de Pitch Black. Con poco presupuesto se monta una película sencilla pero donde aprovecha al máximo lo que tiene. El planeta está recreado magistralmente, trasladándonos muy bien a un entorno original e inquietante: la reconstrucción del escenario alienígena resulta fantástica gracias a los decorados, pantallas de fondo y al uso de filtros. Las criaturas digitales cumplen de sobra. Las naves no deslumbran pero ya no son esperpentos ni cantan a efecto barato (salvo las de los necros que vuelven a aparecer, que obviamente siguen siendo feísimas). Y sobre todo, la dirección es más comedida, pues Twohy no fuerza una fotografía llena de malabares absurdos como en Las crónicas de Riddick y también controla mucho mejor las escenas de acción. Además, la música de Graeme Revell, aparte de recuperar el tema original, apoya a las imágenes muy bien en todo momento. No me olvido de citar a Vin Diesel, cuya presencia y voz son la esencia de Riddick, porque todo sea dicho, no es un personaje que requiera un papel complejo. Lo que sí puedo criticar es que se exagera de nuevo con sus capacidades: tanto la fuerza como la resistencia a heridas graves (se lleva unas pocas) roza lo inverosímil en más ocasiones de las debidas: ¿pero con cuántos agujeros en el torso acaba este hombre?

El único problema de Riddick, y es importante, es que la sombra de Las crónicas de Riddick la alcanza. Su nefasta existencia mancha esta entrega, porque Twohy no se arriesga a hacer un reset que la relegue al olvido, algo que, justo es decir, sería arriesgado, porque dejaría cuestiones abiertas. Está obligado a enlazar con esa segunda parte, y aunque lo reduce al máximo tenemos que aguantar un prólogo (sabiamente insertado mediante un flashback después de mostrarnos brevemente que volvemos a los orígenes de la saga) y un epilogo dedicados a exponer como Riddick deja a los necros primero y vuelve a por venganza al final. Como la trama del subuniverso era incomprensible y las disputas por el trono simplonas, estos recesos aportan bien poco salvo confusión y desinterés, dejando muchas preguntas en el aire. Por qué Riddick, un tipo solitario, se queda dirigiendo a una raza que no le gusta y rodeado de gente de la que desconfía, expuesto a conspiraciones que ponen su vida en peligro; nadie lo quiere ahí, lo tiene fácil para hacer un pacto con Vaako (Karl Urban en una brevísima aparición) para cederle su puesto a cambio de una pequeña nave. Con esa lógica, el intento de asesinato está un poco cogido por los pelos: ¿por qué arriesgarse a tenerlo en contra con lo fácil que es dejarlo ir? Lo justifican medio de pasada diciendo que el tipo de la cara marcada lo hace por su cuenta por ser un fanático religioso, pero no queda muy bien. Y el retorno en busca de retribución por esa traición es realmente anticlimático: ¿Vaako se ha ido al subuniverso? Pues vale… ¿y qué es, qué busca allí, dónde está, cómo ha ido, etc.? Casi dan ganas de editar uno mismo el filme eliminando esos veinte minutos innecesarios.

Ante este panorama me ha costado elegir qué nota darle, porque exceptuando ese lastre Riddick cumple de sobras con su propósito. Es una serie b entretenida y vistosa que conoce sus limitaciones y objetivos. Tenemos un puñado de personajes muy atractivos, encabezados por el fascinante Riddick, frases fantásticas por doquier, escenas de aventura y acción más que correctas, un ritmo bastante bueno, una gran ambientación lograda con pocos recursos… Pero esas dos escenas desvían el interés y el ritmo demasiado, y alargan el final bastante más de la cuenta. Aun así, la he visto dos veces y la he disfrutado un montón, así que he optado perdonar bastante ese notable fallo.

Costó menos de la mitad que Las crónicas de Riddick (38 contra 105 millones de dólares) y recaudó prácticamente lo mismo… y cabe pensar que si no hubiera arrastrado el efecto rechazo forzado por aquella probablemente habría conseguido causar mayor impacto. Con un poco de suerte tendremos otra entrega… pero me temo que viendo el final de esta, los malditos Necromongers seguirán frenando su potencial.

Saga Riddick:
Pitch Black (2000)
Las crónicas de Riddick (2004)
-> Riddick (2013)

Las crónicas de Riddick


The Chronicles of Riddick, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 119/134 (director’s cut) min.
Dirección: David Twohy.
Guion: David Twohy, Jim Wheat, Ken Wheat.
Actores: Vin Diesel, Colm Feroe, Karl Urban, Judi Dench, Thandy Newton, Alexa Davalos, Keith David, Linus Roache.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario y algunos decorados (por calidad, no por diseño). Un reparto sorprendentemente entusiasta.
Lo peor: Guion infame, dirección horrible, dirección artística confusa e irregular, presupuesto muy mal aprovechado.
Mejores momentos: Riddick haciéndose amigo de un perro-alien.

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Alerta de spoilers: Hay spoilers gordos, pero digo yo: qué más da.–

El guionista y director David Twohy sorprendió en el año 2000 con una gratificante serie b de ciencia-ficción que encandiló a los amantes del género y pronto se convirtió en un título de culto, o quizá ni eso, porque lo cierto es que su popularidad es notable. Pitch Black no partía de una base muy original, pero Twohy enriquecía el argumento con detalles muy acertados, recreando un entorno hostil inquietante y atractivo. Además contaba con un grupo de personajes de muy buen nivel, donde destacaba un rol central enormemente carismático, Riddick, encarnado por el musculoso Vin Diesel. Una secuela que siguiera las andanzas de Riddick por el universo era algo muy esperado, pero Twohy decepcionó a lo grande con un despropósito inconmensurable…

Los problemas de Las crónicas de Riddick son muchos, pero el primero es el concepto totalmente equivocado desde el que partió el realizador. La gente esperaba ver un mercenario-delincuente-fugado perseguido por mercenarios cazarrecompensas, y pasa sobre ello de carrerilla para sumergirse en un surrealista y confuso relato sobre una raza de seres místicos llamada Necromongers que va por el universo arrasando con todo. Al parecer buscan la entrada del inframundo o infrauniverso o subuniverso, o algo así, pero no queda claro realmente qué es eso, ni las cualidades de la raza: tiene poderes que no se explican, la naturaleza de sus naves es extraña, lo de invadir mundos en su búsqueda no se entiende… La trama de esta gente presenta una manida e insípida conspiración por el trono, con un rey temible (Colm Feroe), unos súbditos acobardados y traicioneros y una especie de princesa (Thandy Newton) o dama noble (tampoco se explica) bastante inteligente que empuja a su amado (Karl Urban) a ser tan ambicioso como ella. Riddick se ve envuelto en el jaleo por arte de magia, pero luego en un requiebro de guion vergonzoso resulta que sí hay una conexión fuerte con ellos: es el elegido, el superviviente de un planeta arrasado que escapó de las garras del líder para acosarlo ahora que retorna como adulto. Un Harry Potter musculado y asesino, vamos.

El intento de enlazar con Pitch Black a través del musulmán que sobrevivió (Keith David) y la breve estancia en su casa no aporta nada consistente, pero este capítulo lanza la historia principal después de un prólogo que prometía otra cosa (la aventura de supervivencia de Riddick), y presenta el sinsentido que va a ser la película. Aparecen los Necromongers y empieza la fiesta: personajes desubicados en una trama sin mucha cohesión y atractivo, escenas de acción ridículas y llenas de memeces, diálogos acartonados, una puesta en escena muy pobre, salidas de madre surrealistas (los visores, los elementales)…

Entre las cansinas peleas de los necros acabamos porque sí en una cárcel en otro planeta raro, donde tenemos más aventuras sin un arco narrativo tangible, sin un destino claro. Muertes rebuscadas y fugas pretendidamente espectaculares pero demasiado exageradas y con enormes paridas (ese sol que solo calienta donde da, si te cubres a la sombra el clima se mantiene fresquito a pesar de que el resto del planeta está hirviendo literalmente) forman esta especie de subpelícula que termina con un clímax larguísimo lleno de hostias a puños nada llamativas. Nos trasladamos de nuevo a las naves necros para acabar la película con una peleílla de manual en la guarida del villano, adornada con gilipolleces que incluso a estas alturas descolocan (¿esa capacidad de teletransporte de dónde sale?) y un par de sorpresas muy facilonas (el traidor, la posición final de Riddick).

Tanto la trama como el aspecto visual se adornan con elementos que terminan de formar, o más bien deformar, este galimatías. El estilo de los necros es demencial. La mezcla de faraones galácticos en plan Stargate con ese diseño de vestuario y naves salpicados del Dune de Lynch (una especie de armada gótica) y del anime Los Caballeros del Zodíaco (armaduras y armas anacrónicas en gente que domina el viaje espacial) se remata con toques de las fumadas de gente como Giger (diseñador artístico de Alien) y Jean-Pierre Jeunet (realizador de La ciudad de los niños perdidos y Delicatessen), como esos monstruos-visores que no se sabe qué pintan ahí o los interiores de las naves necros, que parecen el nido de los aliens.

Es evidente que Twohy intentó abarcar demasiado y se quedó corto a la hora de darle vida a este universo tan variado (no quiero usar la palabra “rico”), tanto en la narrativa (la falta de cohesión, la mezcolanza de ideas sin objetivo claro) como en lo visual. El presupuesto fue de superproducción, algo más de cien millones de dólares, pero la película parece una obra de serie b hecha con cuatro duros: no gestionó bien los recursos, porque unas partes lucen bien y otras demasiado mal, cayendo hasta el cine cutre en algunos momentos. Hay unos pocos decorados impresionantes, como el interior de la nave necro, enorme y muy detallado (a lo que sumamos el complejo vestuario de sus habitantes), o la cárcel en plan mina abandonada, que contrastan enormemente con el ridículo pueblo de cartón piedra donde vive el musulmán. Algunos planos de los diversos mundos dan bien el pego, tanto en panorámicas como en entorno (los decorados que recrean sus ecosistemas son aceptables), pero en cuanto empiezan a meter naves, humo, polvo y explosiones la mezcla resulta espantosa, pareciendo un videojuego mediocre. Lo de las naves de hecho es incomprensible: son el elemento más antiguo y fácil de hacer en la ciencia-ficción, sea con maquetas o digitalmente, y aquí todas son horribles, no solo por ese diseño grotesco, sino porque cantan un montón a efecto especial barato; luego en cambio nos sacan unos alien-perros, algo extremadamente complejo (movimiento de músculos y tal), y sorprenden por lo bien hechos que están.

Es comparar con producciones que tienen la mitad de presupuesto y lucen diez veces mejor, como Serenity, y queda claro que Twohy ha tirado el dinero de forma extremadamente negligente. Ante este aspecto visual tan caótico y confuso no queda otra que hablar de desastre, incrementado además por la pobre labor de dirección: la fotografía que parece improvisada por un cámara borracho, las escenas de acción chusqueras donde abusa de primeros planos, efectos baratos (flashes constantes para dar sensación de acción) y montaje horrible… ¿Dónde quedó el director que con poco dinero hizo de Pitch Black un título visualmente muy llamativo, que sabía imprimir un excelente tempo narrativo usando sabiamente recursos varios (silencios, iluminación, etc.)?

Algo que sorprende en este despiporre es que los actores se lo toman muy en serio, esforzándose bastante en sus papeles. Si tengo que elegir me quedo con Thandy Newton, con sus miradas intensas llenas de ansias de poder, pero veteranos como Colm Feroe y Judi Dench dejan claro que no están ahí solo para cobrar el cheque, y transmiten seriedad en roles que son risibles. El resto de secundarios está en el mismo tono, destacando a Karl Urban, un valor seguro. Vin Diesel no tiene un papel complejo, su personaje es su físico y porte, y cumple correctamente. La chica que aparece en la cárcel, una desconocida Alexa Davalos, está en esa misma onda. La pena es que como personaje no tenga mucha chicha, a pesar de venir de la primera entrega: es quien se hacía pasar por un chico y se quedó prendada de la forma de vivir de Riddick. Esperábamos que el antihéroe fuera su mentor, pero la reunión de ambos es poco satisfactoria y la muerte de ella en plan cine cutre da penita.

Esta última queja lleva un planteamiento interesante: Las crónicas de Riddick es tan mala que tiene un pie en el cine de pésima calidad y otro en el cine cutre, ese que es divertido por lastimero. Si estuviera metida de lleno en la cutrez hilarante lo mismo podría entretener, pero como no es así resulta un visionado verdaderamente insoportable (y más el director’s cut de dos horas y cuarto). Recaudó 115 millones, así que no fue un fracaso monetario. Twohy tuvo una segunda oportunidad con la tercera entrega, Riddick, donde ofrece lo que debería haber sido esta segunda parte, una emocionante aventura de mercenarios en clave de ciencia-ficción.

Saga Riddick:
Pitch Black (2000)
-> Las crónicas de Riddick (2004)
Riddick (2013)

Pitch Black


Pitch Black, 2000, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, acción, suspense.
Duración: 109/112 (unrated) min.
Dirección: David Twohy.
Guion: Jim Wheat, Ken Wheat, David Twohy.
Actores: Vin Diesel, Radha Mitchell, Cole Hauser, Keith David, Claudia Black, Rhiana Griffith, Lewis Fitz-Gerald, John Moore.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: La iluminación, la fotografía, el buen pulso que imprime el director. Los excelentes personajes llenos de sorpresas que dan giros magníficos al relato.
Lo peor: Que rechazar el clásico “hay monstruos y gente muriendo en fila” impida ver sus muchas virtudes.
Mejores momentos: El accidente, los primeros pasos por el planeta. La conversación sobre el cebo. La carrera por el desfiladero en la oscuridad. La redención de Carolyn.
La frase: Una regla. Quédate en la luz.
La mala ciencia: Los anillos planetarios paralelos son imposibles, desafían la física más básica (ver artículo de Malaciencia).

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Alerta de spoilers: Hay algún dato que se puede considerar spoiler, pero nada que te estropee el visionado; aun así debo indicar que es una película de las de saber lo menos posible antes de verla.–

Entre sus detractores se repite el mantra de que es otro clon de Alien (Ridley Scott, 1979), una crítica negativa cogida por los pelos e injusta. Sí, es evidente que la idea de un grupo aislado cuyos miembros mueren poco a poco no es nueva, pero si nos ponemos a hilar fino hay que decir que es la base de cientos y cientos de películas, tanto de terror como de acción, y no vamos a rechazarlas a todas por eso. Por esa regla de tres, Depredador (John McTiernan, 1987) también sería una mala película. Quedarse en la superficie y no ver nada más, cuando Pitch Black tiene mucho más que ofrecer, es muy triste.

El accidente resulta espectacular, sobre todo gracias a que pone el foco de narración en las reacciones de la piloto, consiguiendo que en tan solo un par de minutos sudemos de lo lindo con la situación. Luego seguimos hacia una breve aventura de supervivencia, donde la descripción del planeta resulta atractiva e inquietante: los filtros de colores y el desértico escenario elegido muestran una atmósfera alienígena muy llamativa para el espectador y desalentadora para los personajes, y la presentación paulatina de las criaturas genera inquietud por el futuro. Cuando llega la oscuridad, los monstruos acechan en todas direcciones, y hay pocos lugares donde guarecerse.

Pero lo mejor es que el grupo de personajes es de muy buena calidad. En casi todas las cintas de este estilo que se os ocurran desde la citada Alien, sobre todo en los últimos años, el poco nivel de los protagonistas ha sido crucial a la hora del fracaso de la obra. Comparad Depredador con Predators (Nimród Antal, 2010), por ejemplo. Que muera gente irrelevante no causa impacto. Que lo hagan personajes sólidos y creíbles y por extensión atractivos sí conmueve. Y si además tenemos una dinámica de grupo compleja que pone en bandeja muchos buenos problemas y estupendos giros de la trama, más interesante resulta todo. Por ello Pitch Black no es solo una de misterio en plan sálvese quien pueda, tiene también mucho de drama de supervivencia con tintes de thriller psicológico.

Cada rol es descrito con prontitud y de forma certera, con lo que en seguida sabemos quién es quién en el grupo, y todos evolucionan con los continuos problemas, sus motivaciones y limitaciones son puestas a prueba y sacan lo peor y lo mejor de ellos. Algunos protagonistas echándose en cara defectos para ocultar sus propios miedos, acciones que marcan a otros en sus siguientes movimientos (como la decisión de Carolyn Fry de lanzar los contenedores de pasajeros para salvar la nave y, en consecuencia, a sí misma), dilemas inquietantes (¿y si matamos a uno para dejarlo como cebo?), pruebas demenciales (Riddick tentando a Fry a sabiendas de que estuvo a punto de abandonar a la tripulación), acciones inesperadas (Riddick ablandándose en un par de momentos cruciales, y todo lo contrario en otros instantes), sorpresas geniales (“la chica está sangrando”)… Pronto queda claro que nos enfrentamos a la inmundicia humana tanto como a las criaturas: Riddick es un asesino, y genera miedo y rechazo, pero el supuesto policía que lo ha detenido se descubre tan peligroso o más que él, y el resto también cargan sobre sus espaldas secretos y mentiras que una vez desvelados cambian el tablero de juego por completo.

Pero la aventura en clave de suspense (no es terror puro como Alien, sino de intriga como Depredador) también funciona muy bien. Comentaba que la presentación de los bichos es inquietante, y su aparición final no defrauda. Se puede decir que hay algún momento donde el peligro parece desaparecer sin motivos, pues a veces se ponen a hablar como si ya no hubiera criaturas alrededor, pero por lo general la amenaza es bastante constante. No sabes lo que espera en la oscuridad, cada dos por tres cae un personaje (obviamente algún secundario, aunque alguna sorpresa hay), y de vez en cuando tenemos un tramo espectacular. Aparte del citado dilema de dejar como carnaza a alguien del grupo destaca todo lo que ocurre en el desfiladero, donde de nuevo el guion sorprende no dejándose llevar únicamente por la acción (los bichos volviéndose locos) y nos deja a cuadros con la jugada a estas alturas inesperada de Riddick con respecto al resto del grupo. En este estilo resulta también magistral el clímax con la redención de Fry, con conversaciones muy intensas justo cuando se espera un desenlace clásico de acción y sustos.

La puesta en escena, sin resultar especialmente brillante, sí es muy correcta, adaptándose hábilmente a los cambios de tono del relato y sin fallas en momentos clave. La sección diurna destaca por los filtros tan bien usados y los planos amplios que muestran la desolación de donde han caído los personajes. Cuando nos sumergimos en la noche el realizador David Twohy (quien se dio a conocer con la entretenida Han llegado) sabe cambiar el registro hacia el terror psicológico de un espacio reducido, rodando además muy bien la oscuridad: se ve lo justo para que obviamente veamos algo, pero de forma que resulte creíble (cuántos focos cantosos habremos visto en películas oscuras). Además logra que la cinta luzca muy bien a pesar de que es una producción menor, con tan solo 23 millones de dólares de presupuesto. Los efectos especiales presentan algunas carencias en las digitalizaciones, pero no abusa de ellos innecesariamente, con lo que se funden bien en la narración y te olvidas pronto de que las texturas de las bestias son bastante pobres. Los decorados funcionan mejor: la nave y la colonia no son escenarios grandes, pero no es que se necesitara más, y son muy efectivos. La música cumple bien su propósito, aunque cabe pensar que una partitura que supiera perfilar mejor la intriga le habría venido bien en algunos momentos.

En cuanto a los actores, Vin Diesel ahora es muy famoso, pero este papel llegó justo antes que su éxito con A todo gas (The Fast and the Furious), con lo que algunos lo conocimos aquí. Su carisma es innegable, haciendo de Riddick un personaje inquietante e imponente a partes iguales. El resto son desconocidos salvo en el caso de Radha Mitchell, la única que hemos visto en alguna otra película de cierto nivel, lo que facilita la conexión con los personajes a pesar de que ninguno destaque con una gran interpretación o incluso se pueda decir que de un personaje como Fry se podría sacar mucho más jugo del que saca esta actriz.

Los únicos peros que le puedo poner son detalles fugaces que no afectan a aspectos importantes, pero también son llamativos y descolocan un poco. Al director se la va la cabeza con algunos efectos innecesarios: distorsión de imagen e inversión de colores aparecen en unas pocas ocasiones sin venir a cuento, sin un objetivo claro, y quedan bastante mal. La representación de la visión de Riddick es un tanto absurda, pues según lo que nos muestran ve peor que los demás; si iban a mostrar esto, era obligatorio hacerlo bien. También puedo criticar un par de momentos de exageración absurda: Riddick se disloca los huesos como quien se hace crujir los nudillos.

No se puede decir que, a pesar de su envoltorio original y sus momentos puntuales de ingenio, Pitch Black sea una obra revolucionara o un hito del género, pero tiene la suficiente originalidad y pegada, tanto en la ciencia-ficción como en el suspense, como para dejar buenas sensaciones en los seguidores de ambos géneros. Pero si llega a ser una buena película es por ese magnífico grupo de personajes y las mil situaciones, putadas y dilemas que enfrentan en medio de todo el caos. Así pues tenemos una obra que sabe distanciarse lo justo de un planteamiento muy básico para resultar atractiva, y que redondea la propuesta con un guion consistente lleno de momentos muy intensos y unos cuantos giros bien ejecutados. Además parece ganar con el tiempo. La he visto un montón de veces y no dejo de disfrutarla, no le veo carencias de ritmo ni pérdida de interés con los sucesivos visionados. Y la escasez de obras remarcables del género (tanto serie b como de gran presupuesto) desde su estreno la hace más atractiva.

No fue lo que se dice un exitazo de taquilla, pero como costó tan poco no tuvo problemas para doblar su presupuesto. Además el boca a boca la trató bien, ganándose pronto un estatus de culto entre los amantes de la ciencia-ficción. En dvd tuvo que vender muy bien, porque a la esperada secuela le dieron 100 millones para que Twohy la hiciera a lo grande… La pega es que Las crónicas de Riddick se alejó mucho de lo esperado, tanto en estilo como en calidad: resulta rara, confusa y malísima. Tuvimos que esperar a la tercera parte, Riddick, para volver a ver al fascinante asesino en una aventura más acorde al estilo de esta pequeña joya que es Pitch Black.

Saga Riddick:
-> Pitch Black (2000)
Las crónicas de Riddick (2004)
Riddick (2013)