El Criticón

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Hellboy II: El ejército dorado


Hellboy II: The Golden Army, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Mike Mignola.
Actores: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Jeffrey Tambor, Luke Goss, Anna Walton, John Hurt.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras notables en guion y puesta en escena. Vestuario y maquillaje impresionantes.
Lo peor: Sigue resultando un tanto predecible y superficial cuando había mucho por explorar en el universo imaginario.
Lo peor: No soy un bebé, soy un tumor.

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Guillermo Del Toro y Mike Mignola estuvieron desde el estreno de Hellboy desarrollando la segunda parte sin encontrar el tono a la historia, y los estudios parecían interesados pero no metían prisa. Sin embargo, el éxito de la sobrevaloradísima El laberinto del fauno (2006) animó a todos y se pusieron en serio a ello. Además, le otorgaron un presupuesto algo superior a pesar de que la primera parte fue muy justa en taquilla.

Del Toro parece haber tomado nota de lo que peor funcionó y se lo trabaja mejor, o quizá la colaboración de Mike Mignola en el guion ha resultado muy enriquecedora. El relato está mejor equilibrado y tiene más personalidad, disimulando mejor que la premisa es de nuevo bastante básica. Los diálogos son más ágiles e ingeniosos, y el dibujo de los personajes más maduro. Las relaciones laborales y amorosas son muy moviditas, el romance ya no da vergüenza ajena, de hecho, el de Abe es muy atractivo, sobre todo porque aporta bastante a la trama, y los secundarios resultan más verosímiles, incluso aunque sus orígenes sean muy fantasiosos. Y también la suerte corrió de nuestra parte: Rupert Evans no pudo aparecer por problemas de agenda, con lo que nos libramos del agente novato idiota y el pésimo actor.

Hellboy, de nuevo encarnado con entusiasmo por Ron Perlman, es un rol central muy potente. Bruto e infantil y amable y fiel a partes iguales, continúa intentando ganarse el respeto de sus compañeros y superiores y encontrar razones para vivir en un mundo que no termina de aceptarlo. La seriedad y sabiduría de Abe sufre un traspiés cuando su corazón se interponte. El villano, el príncipe élfico Nuada, es más convincente que los de la primera entrega, su historia está bien desgranada y sus motivaciones, aunque primarias, se entienden, y con su hermana Nuala se redondea la cosa. El jefe de Hellboy, Tom Manning, ya no es un secundario gracioso cargante, y aunque alguna escena salida de madre todavía se lleva, encaja mejor en la historia y resulta bastante simpático. La nueva incorporación, el etéreo Johann Krauss y su traje estrafalario, es alucinante en diseño pero también aporta interesantes roces personales, y además evoluciona bien. Solo Liz queda un poco por debajo. Aunque su relación con Hellboy sea más consistente, en solitario no termina de destacar del todo; y Selma Blair sigue ofreciendo una interpretación muy pobre.

La aventura tiene escenarios mucho más imaginativos y un progreso más claro, si bien alguna parte secundaria no termina de funcionar del todo. El prólogo introduce bien la trama, y eso que de primeras parece un pegote, los elfos hacen una entrada imponente, la escena con las hadas se alarga demasiado pero tiene su gracia, y mientras el villano lleva a cabo su plan se intercala bien el día a día de la organización de Hellboy, la investigación, los problemas laborales…

Desde la visita al mercado oculto en adelante el subidón es de aúpa. El despliegue de criaturas del lugar corta la respiración; puede considerarse que lo alargan para vacilar, pero bien que se disfruta. La pelea con el elemental es impresionante y bastante emotiva. Los pocos tropiezos preceden al lanzamiento de la confrontación final, donde encontramos giros un poco rebuscados: el trol del carrito y la criatura que vigila la entrada resultan un poco artificiales, por eso de ser recursos fantásticos de pegote para agilizar la trama, y hay algún otro giro poco meditado, como la herida de Hellboy, un drama forzado prescindible. La batalla final, aunque acabes cansado de mamporros a robots dorados, ofrece un clímax más llamativo que el desenlace del primer capítulo, sobre todo porque la implicación de los personajes mucho mejor: en todo momento sabes que quedan conflictos dramáticos por cerrar, y la resolución no decepciona.

El pico extra de dinero lo aprovechan de maravilla, siendo el vestuario y el maquillaje extraordinarios y los efectos digitales muy buenos. Del Toro también muestra más experiencia, con una dirección más cohesionada y mejor sentido del espectáculo. El montador ha cambiado y se nota, las coreografías también son superiores. Por otro lado, la banda sonora de Danny Elfman es más versátil y emocionante que la anterior de Marco Beltrami, pero también deja la sensación de que el rico universo permitía algo más original y se queda muy corto.

La cinta resultante es muy vistosa, deslumbrante a ratos, garantizando un entretenimiento de primera. La recepción de crítica y público fue más o menos igual, aunque en taquilla le fue algo mejor, pero no como para hacer grandes cantidades de dinero.

Del Toro quería desde el principio hacer una trilogía, e incluso se tanteó algún spin off, pero se quedó todo en el aire hasta que la productora pasó al reinicio, que llega de la mano de Andrew Cosby al guion (la serie Eurueka -2006-), Neil Marshall en la dirección (The Descent -2005-, Centurión -2010-) y con David Harbour (The Newswoom -2012-, Stranger Things -2016-) encarnando a Hellboy.

Ver también:
Hellboy (2004)
-> Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

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Hellboy


Hellboy, 2004, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 122 min (cines), 132 min (Director’s Cut).
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro.
Actores: Ron Perlman, Doug Jones, Selma Blair, Rupert Evans, Karel Roden, Jeffrey Tambor, Biddy Hodson, Ladislav Beran.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: El carisma de Ron Perlman, el vestuario, el maquillaje y los efectos especiales.
Lo peor: Guion lamentable y puesta en escena muy pobre. Potencial desaprovechadísimo.
Versión del director: Tiene diez minutos más, con un par de escenas de colegueo y ligoteo no esenciales, y tampoco aporta violencia extra.

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Los cómics de Hellboy, creados por Mark Mignola en 1993, combinan aventuras y humor negro, esoterismo (con predilección por el nazismo) y mitología, esta última con influencia de las mitologías nórdica y griega y el horror informe de Lovecraft. En la búsqueda de poderes místicos los nazis abren un portal hacia el infierno, y aunque el doctor Trevor Bruttenholm (alias Broom) los sigue de cerca e impide que logren sus objetivos, un demonio bebé acaba en la tierra. Criado por él bajo el nombre de Hellboy (chico o niño del infierno), servirá en la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal, que analiza y contrarresta amenazas de complots paranormales y criaturas extrañas por todo el mundo.

La adaptación cinematográfica se fraguó justo antes del boom del cine de superhéroes que se dio con el Batman de Nolan (iniciada en 2005) y la serie Marvel de Los Vengadores (Iron Man vio la luz en 2008). En ese momento triunfaba X-Men (Bryan Singer, 2000), que se podría decir que abrió la veda, pero Hellboy llegaba menos para arrasar en taquilla aprovechando el tirón de aquella y más como rareza, pues partían de un personaje menos conocido, no era una superproducción ambiciosa y parecían apuntar a un público más adulto y alternativo.

Sin embargo, la cinta resultante no causó impresión alguna. Ni logró un tono distintivo y una personalidad llamativa, ni era tan adulta y original como se esperaba, sino que su pobre guion y su acabado visual poco enérgico ofrecieron una de acción genérica. Aunque la crítica fue bastante buena con ella a pesar de su escasa calidad, el público la recibió con gran tibieza, no pudiendo doblar su presupuesto en taquilla, necesario para empezar a ser rentable (hay que contar publicidad y distribución y la ganancia del cine). Pero tampoco fue un fracaso sonado, y tuvo que dar dinero en el mercado doméstico (dvd, bluray y venta de derechos a cadenas de televisión), porque hicieron una secuela cuatro años más tarde. Aunque tuvo mejor recorrido en taquilla tampoco fue un éxito y enseguida cayeron en el olvido, hasta que la llegada de una nueva versión en 2019 nos ha hecho mirar atrás.

Si en su momento fue poca cosa, el paso de los años no le hace ningún bien. La escasa inspiración y ambición del guion se hace más evidente cuantas más cintas de superhéroes hay, pero si os parece injusto ponerla en la balanza con el punto álgido del género, podemos compararla con cualquiera de acción, aventuras y fantasía de la época e incluso de décadas anteriores, y veremos cantidad de lugares comunes que el escritor y director Guillermo del Toro amontona con desgana.

El héroe solitario e incomprendido, la chica dulce, el nuevo compañero novato que cierra el trío amoroso y genera roces en el trabajo, el mentor que morirá para forzar la maduración de aquellos, el villano sin personalidad que quiere destruir el mundo porque sí y sus secuaces raritos dan tumbos sin ton ni son en la presentación, nudo y desenlace más sobados y anodinos que puedas imaginar. De hecho, recuerda mucho a los trabajos previos de Del Toro, Blade II (2002, aunque esta sólo la dirigió) y Mimic (1997), con escenas calcadísimas como los climax finales con esas previsibles explosiones que acaban con los bichos.

El recorrido de los personajes es predecible y aburrido, sabes en todo momento cuál es la escena siguiente, si una de camaradería, una de conflicto, una de conciliación, una explicativa o un lastimero momento de transición a modo de videoclip (por cierto, atención al destroce que hacen versionando la mítica Red Right Hand de Nick Cave). Los diálogos dan bastante vergüenza ajena, y eso que se ve un intento de dar rienda suelta al humor negro y gamberro que se esperaba, pero este resulta infantil y muchas veces desubicado, forzado: hay muchos intentos de chiste que rompen el ritmo en las escenas de acción. A veces se cae a unos niveles sonrojantes: el trío amoroso de ingenuo es hasta gracioso, y por el lado contrario, el director del FBI es un personaje que busca ser cómico pero resulta insoportable, y eso que Jeffrey Tambor (Arrested Development -2003-) le saca todo el jugo posible a semejante esperpento.

Sólo salva la función el carisma de Ron Perlman (En busca del fuego -1981-, La ciudad de los niños perdidos -1995-, Alien Resurrection -1997-, Hijos de la anarquía -2008-), que hace suyo al personaje, no sólo porque se adecúa al físico, sino por su estupenda combinación de mala hostia con candidez. Doug Jones como Abe, el anfibio, consigue resultar simpático a pesar del aparatoso maquillaje, pero el personaje está muy desaprovechado y para colmo a media proyección lo dejan de lado. Jones se ha convertido en todo un genio de la interpretación por gestos y movimientos; recientemente lo pudimos ver en La forma del agua (2017, también a las órdenes de Del Toro) y Star Trek: Discovery (2018). Del resto, hasta un veterano como John Hurt (Alien -1979-) parece estar desubicando en el típico personaje comodín explicativo, no digamos ya los jóvenes Selma Blair (Una rubia muy legal -2001- y otras comedias de bajo nivel) y Rupert Evans (Ágora -2009-, muchas series menores), que están pésimos hasta sacarte de la película haciéndote que te preguntes cómo han podido pasar el cásting.

La decepción se agrava por el potencial que ponía en bandeja la mezcolanza de mitologías del cómic, con unos villanos y monstruos cada cual más extravagante y sugerente. Nazis, ocultismo, Rasputín, demonios del infierno… nada llega a desarrollarse lo suficiente como para generar expectación por el devenir de acontecimientos. Si te quedas con el quién es quién de los malos es por el aspecto de cada uno, porque no se llega a vislumbrar ninguna personalidad. De hecho, el diseño de Kroenen es espectacular, así que apena mucho que no se trabajara lo más mínimo su historia y ambiciones. Este y sus compañeros (la típica rubia nazi, el cansino loco de la dominación mundial -Rasputin-) aparecen esporádicamente para justificar las escenas de acción y la confrontación final de rigor, pero apenas llegan a aportar un mínimo de intriga y espectáculo aceptable.

Una vez se intuye el escaso recorrido de la propuesta, que en mi caso fue desde el manido y tonto prólogo, las únicas esperanzas quedaban puestas en el aspecto audiovisual que pudieran lograr, pero ya desde esa introducción apunta bajo. La puesta en escena se queda muy corta y la imaginación escasea demasiado a pesar de las posibilidades.

La dirección de Del Toro es convencional y muy televisiva, ahogada en planos cerrados y escenificación básica de rostro en rostro. Donde más se nota la falta de ese talento que algunos se empeñan en ver en el realizador es en las escenas de acción, que con unas coreografías vulgares y un montaje tosco resultan más bien cutres. Todo son borrones en movimiento y gente lanzada por los aires, y se dejan ver unos trucos demasiado evidentes: cómo cantan los movimientos con cuerdas, llegando a dar momentos ridículos, como el derrumbe de la pasarela al final, donde Hellboy patalea en el aire. Tampoco ayuda el tono para mayores de 13 años que obligaron en una propuesta que pide a gritos ser para mayor de 18: los diálogos esquivan las palabrotas, o cuando por fin van a recurrir a ellas las dicen a medias (sólo les falta un pitido), a Kroenen sin traje lo esconden de mala manera tras objetos, y de sangre y violencia no se ve casi nada, ni si quiera en la versión extendida como suele ser habitual.

La banda sonora de Marco Beltrami es efectiva pero poco inspirada, ofreciendo típicas fanfarrias heroicas y demás motivos de acción rutinarios, cuando la premisa daba para explorar sonidos más originales; pero claro, lo más probable es que se mantuviera en lo que querían los productores.

Apenas aguanta el tipo porque el vestuario y maquillaje son muy llamativos y los efectos especiales bastante buenos. De hecho, pienso que Abe es aparcado a media película con la excusa de que está herido para ahorrar las horas de maquillaje en la parte más difícil de rodar, las escenas de acción del tramo final. Por otro lado, ya que tenemos tanto traje elaborado, bien le podían haber puesto un vestuario a Liz que soportara el fuego por alguna cualidad mágica, porque va lanzando llamas sin que se le queme la ropa.

Lo digital está bastante bien hecho y se mantiene con el paso del tiempo (más teniendo en cuenta que no era una gran superproducción), sobre todo porque no se abusa de ello y porque sabiamente cuando los monstruos copan el primer plano son muñecos o gente disfrazada. El perro-demonio está muy logrado y la criatura final está bien hecha, lástima que esta forme parte de un clímax tan soso. Eso sí, hay un par de extraños momentos en que recurren al ordenador para cosas que podían haber hecho con material real, como la cuerda con la que enganchan a Kroenen por el cuello o los coches al cruzar la calle, que dan un cante horroroso.

En resumen, Hellboy prometía pero acaba siendo un producto muy convencional y perecedero.

Ver también:
-> Hellboy (2004)
Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

La cumbre escarlata


Crimson Peak, 2015, EE.UU.
Género: Suspense, fantasía.
Duración: 119 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Matthew Robbins.
Actores: Mia Wasikowska, Jessica Chastain, Tom Hiddleston, Charlie Hunnam, Jim Beaver, Burn Gorman, Leslie Hope.
Música: Fernando Velázquez.

Valoración:
Lo mejor: El decorado de la casa no está mal. Los actores escogidos son llamativos.
Lo peor: El acabado visual no sorprende como se esperaba. El guion es lastimero. La película resultante es simple, predecible y muy aburrida.

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No esperaba gran cosa a tenor de las tibias críticas, pero tampoco que me decepcionara de semejante manera. Ni siquiera su acabado visual resulta arrebatador como tanto se prometía. Sí, las obsesiones de Del Toro de sobrecargar el escenario ofrecen un entorno interesante gracias al buen trabajo de diseño de producción, pero el realizador no le saca el partido que podría. La fotografía es rutinaria y la iluminación bastante floja, con unos tonos verde azulados muy falsos, con lo que parece más bien un telefilme poco inspirado. Planos que jueguen con acierto con lo hermoso y lo sobrecogedor hay pocos, muy pocos. La escena final en la nieve es la única que me impresionó. En cambio muchas partes cruciales fracasan estrepitosamente: esos fantasmas de plastilina y sin sentido en la trama dan más bien pena.

El relato en sí tampoco consigue despertar el más mínimo interés, no digamos ya fascinación como supongo se pretendía. Si la dirección es apática, el guion resulta superficial, plano. La narración avanza sin ritmo ni fuerza, y también sin contenido, con lo que aburre, y aburre, y aburre cada vez más. No hay ninguna atmósfera en la que sumergirse, y termina sin saberse sin es drama, thriller o terror. Los caracteres son un esbozo, no se expone motivación alguna ni se explican acciones poco claras, como el supuesto enamoramiento de la chica, que la ponen como inteligente y luego resulta ser muy cortita, o que acepte vivir en una casa en ruinas. En cuanto los caracteres son presentados se ve venir todo acontecimiento, porque además de básica y sin garra, ni en los momentos cumbre la trama es capaz de esquivar su simpleza y previsibilidad, como la llegada del héroe en el último momento.

Conforme van llegando los supuestos momentos álgidos el ritmo termina de perder el poco fuelle que tenía, la escasa tensión va desapareciendo (se supone que la chica no tiene escapatoria, pero no sufres intriga ni interés alguno por su destino), y para rematar los agujeros de guion hacen acto de presencia. Ese pueblo donde ven ir jovencitas a la mansión cada poco tiempo y ni una vuelve, pero les da igual. Ese giro final en que uno de los implicados ve por fin ve la luz pero en vez de ir todos a por la loca, que son varios y van armados, apuñala a uno de sus aliados para “disimular”. Así, si no fuera por la última escena en la nieve, el desenlace habría sido ridículo.

La pena es que en estas condiciones se desperdicia un reparto de grandes talentos: la joven Mia Wasikowska (que se está quedando encasillada en papeles de época), Jessica Chastain, Tom Hiddleston y Charlie Hunnam no logran sacar nada de sus inertes roles. Otra cuestión es qué ha hecho Guillermo del Toro para despertar una fascinación equiparable a la de Tim Burton en sus mejores momentos, porque no ha hecho ni una película buena.

Pacific Rim


Pacific Rim, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 131 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Travis Beacham, Guillermo del Toro.
Actores: Charliel Hunnam, Diego Klattenhoff, Idris Elba, Rinko Kikuchi, Charlie Day, Burn Gorman, Max Martini, Ron Perlman.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: Dirección artística, efectos especiales, vestuario.
Lo peor: Guion simple y estúpido lleno de personajes planos, secundarios insoportables y humor infantil.

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Esperaba bastante más, viendo las críticas decentillas, la buena pinta de los avances y que Del Toro suele ser original y arriesgado. Aquí el único riesgo ha sido el económico, porque en el narrativo Pacific Rim es un refrito de mil cosas ya vistas. De hecho, por momentos da la impresión de ser un capricho poco meditado del realizador: solo quería ver monstruos gigantes pegándose y soltar unos cuantos homenajes a sus animes y mangas favoritos, y parece que se pensaba que el resto saldría solo. Y no, sin guion difícilmente puede funcionar una película.

El libreto no es que sea simple, es que es un despropósito. Los personajes se definen y relacionan con clichés viejos y cansinos, y su evolución en la aventura es tan evidente y predecible que más que aburrir desesperan. El comandante duro con pasado oscuro que al final realiza una heroicidad, el protagonista que es un héroe noble pero herido, el héroe contrincante que es un chulo imbécil con éxito, la chica que quiere meterse en un mundo de hombres pero no la dejan, los amigos del bueno (forzadamente simpáticos) y los secundarios cómicos… bueno, los últimos requieren un párrafo extra. Estamos ante un récord. Los dos científicos son los personajes más insoportables que he tragado en una película. Ni los robots gemelos de Transformers, ni Jar Jar Binks, ni Arwen. Los dos son descritos de forma tan caricaturesca que no parecen formar parte de la misma película, porque el resto no se desarrolla como una parida del mismo calibre; y los dos pobres actores tienen que sobreactuar como lunáticos porque el guion describe los roles humorísticos más salidos de madre que puedas imaginar. Griterío sin sentido, chistes ridículos, muecas horteras… una gilipollez sin nombre detrás de otra. ¿En qué cabeza cabe pensar que podrían resultar graciosos?

La trama es floja y no se expone muy bien. Se pierde más tiempo en tratar de describir el mundo imaginario, que tampoco se logra con eficacia (ya desde el largo y cansino prólogo), que en desarrollar una historia clara y concreta con capacidad para enganchar y emocionar. De hecho, el objetivo de los monstruos termina resultando confuso, porque se empeñan en darle importancia a las tonterías de los científicos en vez de al argumento, y no termina de entenderse realmente cuál era el plan del enemigo. También hay algunas partes que no vienen a cuento, como el entrenamiento en artes marciales, donde no se entiende para qué sirve, qué puntúan y qué demonios tiene que ver el vencer a alguien con un palo con tener buena conexión para el enlace. Y bueno, lo poco que hay de trama se compone de un sinfín de clichés también. Se sabe perfectamente qué escena vendrá después de la actual, cuándo la chica será aceptada, cuándo el protagonista renacerá como héroe y se limarán las rencillas con su rival, etc. Los homenajes al manga y anime me parece que funcionan, aunque como no soy experto en el tema no puedo decir si oscila más hacia la referencia bien incluida o hacia el tomar ideas muy vistas.

Al final lo único que queda son las peleas de robots y monstruos gigantes. Pero como siempre digo, sin nada detrás que respalde a las imágenes difícilmente se puede establecer una conexión. La trama aburre, los personajes no interesan… era complicado levantar el tinglado, se necesitaba una fuerza narrativa y visual importante para maquillar un guion tan pobre… Y en cierta manera el espectáculo es gratificante, pero también tiene varios problemas importantes. Las peleas son bastante mejorables, pues todas siguen un patrón repetitivo y bastante tramposo, tanto que llega a molestar en un par de ocasiones. Ya pueden sufrir los robots, que los protagonistas se sacarán en el último momento una artimaña o un arma que les garantiza la victoria en un instante (al más puro estilo manga/anime barato, todo sea dicho). El porqué no han empleado antes algo tan útil en vez esperar a que el enemigo destruya media ciudad y los deje hechos polvo no se explica, porque se busca el efectismo por encima del sentido común y la coherencia. La escenita en que la chica saca la espada da vergüenza ajena, por ejemplo. Igualmente, se dejan mil preguntas en el aire que exponen la poca credibilidad y lógica del argumento: peleas a puñetazos en vez de lanzar armamento a distancia, el absurdo de esperar a que los monstruos se acerquen a las ciudades en vez de poner misiles apuntando a la grieta, el científico yendo sin escolta a una misión vital, el robot que se supone analógico cuando vemos electricidad y ordenadores por todas partes, lo mal que queda lo de que el robot puede pegarse hostias enormes pero los pilotos se menearán un poco y ya está…

Lo que sí luce de maravilla es el dinero. El diseño artístico es excelente desde el vestuario a los titanes, y los casi 200 millones de presupuesto los hacen realidad de forma alucinante. La destrucción de ciudades, los monstruos, los efectos de agua, la mezcla de decorados reales y digitales… Todo resulta impresionante y creíble, en ningún momento hallamos alguna digitalización cantosa que pueda fastidiar un poco la magia de las escenas (otra cosa es que el sinsentido del guion sí lo haga). Del Toro rueda con tino la complicada mezcla de escenas “pequeñas” (a ras de tierra con humanos) y de grandes proporciones (mostrando edificios y robots desde las alturas), transmitiendo muy bien en todo momento la sensación de gran tamaño de los colosos. Es evidente que todo el dinero ha ido a los efectos especiales, porque el reparto aglutina actores baratos (sin estrellas, provenientes de la televisión); por suerte son todos de demostrada calidad, con los carismáticos Idris Elba (The Wire, Luther, Prometheus) y Charlie Gunham (Hijos de la anarquía) a la cabeza.

He de decir que Pacific Rim entretiene, sobre todo si sabes a lo que vas, a ver una aventura sencilla y de cachondeo. El problema es que en muchos momentos lo sencillo se convierte en estúpido y cutre, y el salto de fe en plan “bueno, sino no habría película” es muy difícil de hacer cuando los fallos y carencias son tan visibles. Una cosa es que no debas tomártela en serio, otra que te rías más de la propia película que con ella. La gran fuerza visual le da más valor, pero ni por esas puedo citarla como una buena cinta de acción palomitera; ni siquiera llega al nivel de Transformers 1 y 2, sus comparaciones más obvias. Y no me gusta nada el argumento que algunos esgrimen para defenderla: “es espectacular, que es lo que se espera”. Matrix, Aliens y Terminator 2 son las películas más espectaculares de la historia… y tienen unos guiones perfectos. Se puede hacer cine de acción y efectos especiales que tenga un mínimo de calidad. Se puede hacer una película espectacular y divertida sin que resulte tan profundamente gilipollas que parezca un insulto a la inteligencia del espectador.

El laberinto del fauno


El laberinto del fauno , 2006, Méjico, España.
Género: Drama, fantasía.
Duración: 112 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro.
Actores: Sergi López, Maribel Verdú, Ivana Baquero, Álex Angulo, Doug Jones, César Bea, Ariadna Gil.
Música: Javier Navarrete.

Valoración:
Lo mejor: La parte dedicada a la post-guerra, los actores, la fotografía, la sólida dirección, el diseño de las criaturas y el maquillaje.
Lo peor: Que la parte fantástica no termina de cuajar, haciéndose esperar para luego apenas mostrar un par de criaturas, y el ritmo es algo aburrido.
El plano: El Capitán cosiéndose la boca.
Mejores momentos: Prácticamente toda aparición del Capitán Vidal.

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Oscuro y casi gore es este cuento adulto que ha orquestado Guillermo del Toro. En la post-guerra de la Guerra Civil española una niña de unos trece años es llevada por su madre ante su padrastro en un molino perdido en algún bosque. Él es un militar, el Capitán Vidal, encargado de atosigar a los rebeldes, aunque también lidia con los traidores entre sus filas. Allí la joven ve envuelta en una aventura donde un tétrico fauno la toma como posible Princesa de su reino y le solicita realizar las pruebas pertinentes.

Lamentablemente, aunque de aspecto visual muy llamativo, es una historia fantástica que nunca termina de cuajar, como si estuviera escindida de la trama principal. Tenemos dos películas en una, con pocas interacciones entre ellas, y la parte que en principio prometía ser la más importante se queda en una aventura poco trascendente, en una historia secundaria aunque desde el prólogo y también desde la campaña publicitaria se diga lo contrario. Así mismo, no quedan nada claras las motivaciones de la joven para enmarcarse en tan arriesgada empresa, ni cómo puede salir y entrar de un edificio tan vigilado. Sin embargo, cabe destacar que el final de esta trama está resultando muy comentado por sus posibles y contrapuestas interpretaciones: ¿es esa aventura real o fruto de la imaginación de la protagonista, que se evade así de la dura realidad? Pero eso no arregla su falta de empaque y conexión con la línea principal, la enésima producción sobre la guerra civil española.

Lo único para recordar Capitán, el habitual tirano malvadísimo de la función, es protagonista de los tramos más interesantes y de las escenas más conseguidas, y la interpretación de Sergi López es excelente en todo momento; asistimos también a los traidores, torturas, conflictos y resoluciones más o menos conocidos, pero los personajes están bien tratados y el guion consigue crear una trama bastante interesante. Todos los actores están muy bien en sus papeles, destacando sobre todo la joven Ivana Baquero como la protagonista Ofelia y Álex Angulo como el Doctor.

Sin embargo, aparte de decepcionar en lo relativo al argumento prometido, la división de las tramas también juega en contra del ritmo de la narración, postergando el desarrollo de ambas historias: en gran parte del metraje no parece que se avance a ninguna parte, pero es que tampoco hay conclusiones que dejen huella.

Lo mejor es la realización de Guillermo del Toro, con una puesta en escena sólida que aprovecha una fotografía estupenda y unos decorados muy detallistas. Además, el vestuario y el maquillaje son sencillamente impresionantes. Pero en el sonido Del Toro se excede, resultando hipertrofiado, molesto: cada escena está cargada de todo tipo de sonidos constantemente, aunque los objetos que los produzcan en realidad apenas emitan ruidos perceptibles; le quita realismo a las escenas y las sobrecarga demasiado de efectos innecesarios. Por el otro lado, la banda sonora de Javier Navarrete es magnífica, tan hermosa que realza muchos tramos insípidos.

Encontramos pues una apuesta llamativa dentro del cine nacional, sobre todo teniendo en cuenta la calidad de su realización, pero se queda a las puertas de ser una buena producción de fantasía adulta y como drama social no aporta nada nuevo. Y sigo sin entender la fascionación que despierta Guillermo del Toro, que no ha dado ni una película llamativa pero está en un altar como si fuera Tim Burton, de hecho, el arrollador éxito de la presente El laberinto del Fauno es incomprensible..