El Criticón

Opinión de cine y música

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Dunkerque


Dunkirk, 2017, EE.UU.
Género: Bélico, drama.
Duración: 106 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan.
Actores: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Tom Hardy, Cillian Murphy, Barry Keoghan, Jack Lowden, Aneurin Barnard, Kenneth Branagh, James D’Arcy, Harry Styles,
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Transmite la angustia y desesperación de la guerra y muestra llamativos ejemplos de cómo reacciona el ser humano ante situaciones límite. La narrativa es notable: dirección, fotografía, música y montaje muy bien combinados.
Lo peor: El guion descuida la coherencia más de la cuenta, y la puesta en escena termina cobrando demasiado protagonismo, viéndose las costuras algunas veces.
La frase:
-Prácticamente podemos verlo desde aquí.
-El qué.
-El hogar.

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Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento y los personajes.–

Dunkerque es una localidad situada al norte de Francia, ruta esencial durante la Segunda Guerra Mundial al estar en el canal de la Mancha que separa Europa de Reino Unido. Un breve texto en pantalla nos pone en situación: en el verano de 1940 unos cuatrocientos mil soldados británicos, franceses y belgas han quedado aislados en la costa de Dunkerque en espera de evacuación, mientras las tropas y aviación alemanas se acercan. De no sacarlos a tiempo, la catástrofe daría un vuelco brutal a la guerra… Pero los pocos navíos militares que llegan están siendo hostigados por los ataques aéreos, y la huida parece destinada al fracaso.

Más que una película sobre la guerra estamos ante una que trata sobre cómo el ser humano se comporta en situaciones desesperadas. Desde los primeros minutos queda claro que el hilo conductor no es la épica de supervivencia a base de tiros y heroicidades, sino la angustia y la impotencia. Con unos pocos personajes desperdigados aquí y allá veremos distintos ejemplos de respuesta ante una situación en la que prácticamente sólo cabe esperar la muerte. El desconocido Fionn Whitehead (sólo tenía un breve papel en una serie) es el joven soldado cobarde que sólo piensa en sobrevivir: no le importan sus compatriotas, se cuela por todas partes buscando su propia salvación. En sus desventuras conoceremos a otros con una actitud semejante, pero de peor calaña. Cillian Murphy encarna otro caso de flaqueza, pero este desde otra perspectiva: los remordimientos de sus acciones lo sumergen en un tormento constante. Mark Rylance interpreta a un civil anciano que manifiesta el talante decidido e implicado de los héroes, incluso sin coger armas: tenemos que ir a salvar a nuestros soldados; y a esa férrea brújula moral se aferran su hijo (Tom Glynn-Carney) y un amigo de este (Barry Keoghan), que quieren seguir su modelo. Tom Hardy y Jack Lowden dan vida a los pilotos de caza que no se amilanan ante ninguna dificultad, dispuestos a darlo todo por conseguir unos minutos más para que la evacuación sea un éxito. Los comandantes británico (Kenneth Branagh) y francés (James D’Arcy) tampoco agachan la cabeza, manteniendo la cordura y compostura para que sus hombres tengan una oportunidad más.

La narrativa es experimental y un tanto exigente. No me sorprende que haya no pocos espectadores que no se enteren de nada, aunque desde luego sí lo hace el que haya algunos diciendo “es otra de guerra, tiros y tiros hasta aburrir”… cuando precisamente el único que dispara es el del piloto, y no tiene escenas muy aparatosas. Dunkerque no ofrece un drama al uso, ni una descripción tradicional de la guerra. El relato se basa en una combinación de lo visual y lo emocional, es decir, la trama se desglosa sin describir a fondo los movimientos y planes, se pone todo el énfasis en tratar de transmitir cómo se sienten los protagonistas. La descripción de estos no se detiene en explicaciones tangenciales que apoyen su dibujo, sino que se expone poco a poco mediante sus acciones. Y ahí es cierto que hay que hacer cierto esfuerzo para entrar en el juego. Apenas tienen unas pocas frases, están divididos en tres líneas temporales distintas (la historia de la playa dura una semana, el viaje de los barcos civiles un día, la misión del piloto una hora), sus nombres probablemente no seas capaz de recordarlos, y con los jóvenes poco conocidos puede costarte distinguirlos cuando están hasta arriba de barro y aceite. Pero la recompensa es grata si te gustan las películas que no lo dan todo mascado y las emociones fuertes. A medida que pasan los minutos nos vamos adentrando a fondo en la mente de estos pocos individuos, y sus sentimientos y objetivos llegan con una claridad e intensidad más que certeras dolorosas, conforme vas conociéndolos e intuyendo cómo intentarán actuar, lo que las nuevas dificultades les echan encima va haciéndose cada vez más tangible y trágico. La primera vez que vemos al joven de infantería (Whitehead) tratar de colarse a un barco parece un pilluelo inmaduro, quizá incluso pienses que se merece un castigo por romper las filas, pero en los siguientes intentos de escapar con vida es imposible no sentir lástima por un niño al que adultos irresponsables han metido en un infierno.

Sufriremos envestidas de aviones, naufragios y ahogamientos en cantidad, pero entre medio mil anécdotas irán describiendo un tormento capaz de quitar el aliento en muchos tramos, la mayoría de supervivencia a la desesperada, algunos de acción, como los combates aéreos, otros inesperadamente contenidos y breves pero igualmente demoledores, como el soldado anónimo que se mete en el agua para morir mientras los demás miran sin hacer nada, porque saben que de una forma u otra probablemente acaben como él. Y tenemos también unos pocos detalles geniales, como el soldado que se sorprende de que otro esté mirando salidas y escapatorias del barco de salvamento que acaban de abordar con euforia, dándole en la cara con la realidad: aún no estás a salvo.

La virtuosa fotografía de Hoyte Van Hoytema es capaz de saltar de la playa al mar y al aire sin notarse desequilibrio, y logra un hábil uso de la distancia, con el horizonte siempre presente, hasta donde alcanza la vista, lo que remarca muy bien la sensación de indefensión y pequeñez de los protagonistas ante una situación que les viene grande. La música de Hans Zimmer parece, en una primera escucha aislada en disco, otra más escupida por sus sintetizadores, lejos del gran esfuerzo que puso en la composición de Interstellar, pero en la película va como anillo al dedo. Apoyándose en unos recursos básicos pero efectivos (ritmos repetitivos y crescendos que no parece explotar nunca) logra rematar muy bien las atmósferas agobiantes. Además, la construcción rítmica de la música y los clímax, sumada a la narrativa con distintas líneas temporales, remarca la obsesión habitual de Christophet Nolan con el tiempo, presente en prácticamente sus trabajos de una forma u otra.

Esto me lleva a señalar algo obvio: Dunkerque es una cinta muy bien medida, Nolan exprime emociones primarias a base de aturdir con técnicas de eficacia probada. Y desde luego funciona, en lo audiovisual posee cierta belleza y resulta apabullante en sensaciones (opresión, fatalismo, etc.), lo que realza muy bien el drama vivido por los atractivos protagonistas y logra una proyección intensa, sofocante, e incluso sobrecogedora en muchas secuencias. Los ataques de aviones alemanes, con el sonido afilado hasta casi molestar y la música repiqueteando incesantemente en una tétrica cuenta atrás, recuerdan al bombardeo de las aldeas en La tumba de las luciérnagas, donde no ves las bombas venir, pero el silbido hiela los huesos y anuncia la muerte.

Pero esa construcción tan estudiada, tan técnica y milimétrica, aun siendo esencial en el propósito y logre su objetivo con bastante robustez en la mayor parte del metraje, también es el origen de sus problemas o limitaciones. Una vez analizada frío se ve una cinta un tanto artificial, dejando la sensación de que una película sobre la guerra debería ser más natural y visceral. Sí, este estilo se puede justificar con que es una obra de sentimientos más que de desarrollar una historia con detalle, pero Nolan se aferra a la fórmula más de la cuenta. En algunos momentos se nota que fuerza el clímax con la música y el sonido, que en el fondo realmente no estamos ante una escena extraordinaria por sí sola. Y a la larga pesa. Podríamos señalar al menos un par de grandes títulos que abordan el género desde una perspectiva más emocional, como La delgada línea roja y Apocalypse Now, muy filosóficas e introspectivas ambas, pero también es indudable que mostraban el escenario bélico como si estuviéramos allí, sin que la técnica empleada dejara entrever trucos y huecos.

El pasar de puntillas sobre la perspectiva global de la evacuación deja muchas cosas sin explicar, lo que va restando puntos a la experiencia, pues puede llegar un punto en que te cuestiones tanto lo que está ocurriendo que te saque de las imágenes, lo que se ve agravado porque a partir de algún momento los clímax pueden empezar a parecer poco naturales. Así, el tramo final me resultó bastante menos satisfactorio que el enérgico y turbador acto central, ya estaba un poco saturado de tanta secuencia sofocante y esperaba más hechos concretos, más explicaciones y soluciones más claras. De hecho el propio Nolan afirmó que no podía alargar mucho el relato porque se podía romper el hechizo. A mí se me nubló en momentos puntuales aquí y allá, para empezar a disiparse claramente en el tramo final. A pesar de los numerosos planos aéreos de la playa y el entorno no es fácil hacerse una idea del escenario. En ningún momento parece haber ni tan siquiera cien mil personas en la playa, no digamos ya los cuatrocientos mil citados; no queda claro dónde están los alemanes, ni si sólo los franceses están resistiendo en la ciudad mientras los británicos no hacen nada en la playa; apenas vemos un par de aviones solitarios, cuando en realidad atacaron muchos e iban en grupos de bombarderos con escolta, ni se explica por qué no hay más barcos militares; y salvo un par de planos donde se ve un puñados de barcos civiles no hay sensación de una evacuación desesperada a gran escala, al final dicen que han evacuado a todo el mundo y ya está.

Dunkerque una película original, valiente y arriesgada como pocos autores se atreven a tan siquiera plantear hoy en día, una muy necesaria en una industria cada vez más autocomplaciente. De hecho el estudio fue muy reticente con el proyecto, porque los protagonistas no eran heroicos estadounidenses, el argumento no parecía comercial, requería mucho dinero, etc. Vamos, que si no fuera porque está bien consagrado y amortizado, esta cinta no habría visto la luz, salvo quizá una versión llena de estereotipos y argumentos trilladísimos. Y el precio a pagar quizá ha sido el restringirla para mayores de trece años, es decir, no hay una gota de sangre, lo que se echa de menos en algunos momentos y contribuye a esa falta de visceralidad.

Nolan, como viene siendo habitual en su llamativa filmografía, exprime y casi reinventa otro género más, ofreciendo una experiencia única y reavivando las esperanzas en que el cine contemporáneo todavía puede sorprender. Pero también es indudable que es una película con fallas y limitaciones, que la fantasmada de considerarla su mejor trabajo y una obra maestra no hay manera de justificarla. Para obra maestra Interstellar. El Caballero Oscuro y Memento son claramente superiores. Y El truco final y Origen están a un nivel semejante, pero a mí en lo personal me gustaron más. Esta recepción desmedida es quizá un efecto secundario de este panorama rebosante de series clónicas y remakes sin alma: un estreno con personalidad pega más fuerte de lo que lo haría con una competencia de más nivel. Y también pienso que estamos chocando de nuevo ante la barrera conservadora de los medios: la ciencia-ficción y la fantasía se tratan como cine de segunda al lado del drama (en este caso bélico), y después de ignorarlo durante tanto tiempo parece que por fin han descubierto a este director.

En pocas palabras, Dunkerque no habrá dado de lleno en el blanco, pero ha apuntado más alto y ha llegado más lejos que gran parte del cine actual.

Interstellar (con spoilers)


Interstellar, 2014, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, drama.
Duración: 169 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Jonathan Nolan, Christopher Nolan.
Actores: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Mackenzie Foy, Michael Caine, Casey Affleck, Timothée Chalamet.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Como ensayo sobre el ser humano es fascinante, como cinta de aventuras y ciencia-ficción es potente y cautivadora.
Lo peor: Una leve tendencia a explicar más de la cuenta, algún detalle menor y un final un poco comercial.
Mejores momentos: La despedida, el viaje y los fenómenos espaciales, el cobarde, el acople, la singularidad, el contacto…
El plano: Mirando debajo de la manta.

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Alerta de spoilers: Describo los pilares del argumento evitando revelar cosas concretas de la trama y más aún sorpresas y giros. Pero su trasfondo y mensajes los analizo a fondo, y repito que es una película para ver en blanco y dejarte embargar por su complejidad y capacidad de asombro. Ver también: Interstellar sin spoilers.–

Interstellar no es sólo una aventura espacial arrebatadora y un drama familiar de proporciones épicas y gran emotividad, también es una oda a la humanidad. Su trama nos sumerge en cómo enfrentamos las dificultades de la vida, pero llevándolo al extremo último, la cercanía de la extinción. ¿Conseguirá la humanidad sobreponerse a la estrechez de miras, las trabas morales, intelectuales y emocionales que han mostrado sus miembros en toda su existencia?

Anhelos, pensamientos, limitaciones y grandes gestas del hombre van pasando ante nuestros ojos conmoviéndonos, llevándonos a la reflexión. Nolan expone situaciones varias a través de los personajes y sus vivencias, y de algunas nos ofrece las dos caras, dejándote claro que nada es blanco o negro, que no existe una solución única como en las matemáticas, porque el hombre es un ser emocional. El mejor ejemplo es la mentira con que quieren educar a los jóvenes para que la supervivencia inmediata esté garantizada: no miréis al espacio, sino a la tierra, que la agricultura que nos da de comer es más importante que soñar con las lejanas estrellas. Y a la vez, quien mira a las estrellas como única salvación sustenta las esperanzas de su gente en una mentira igual de tétrica.

Se trata inevitablemente la eterna dualidad de la sociedad, progresistas contra conservadores. El choque entre la hermana, valiente y decidida a cambiar las cosas, con el hermano, cuya limitada visión lo lleva a esperar que todo se arregle solo, aferrándose al sueño de que lo que funcionaba antes en circunstancias sociales, políticas y económicas distintas, debería volver a funcionar, porque si no el mundo deja de tener sentido para él (demasiado complejo para entenderlo y asimilarlo, el problema básico de los conservadores), genera grandes momentos de tensión, y señala también que la ciencia siempre tiene algo que aportar, por mucha fobia que le tengan los estrechos de miras.

El mundo que queda es el de los mediocres y cobardes, el del gobierno que manipula para mantener a la población sumisa y señalando la ciencia como causante de los excesos pasados. La ciencia sobrevive como una organización clandestina por su cuenta. Esto no está muy lejos de la realidad actual, sobre todo en España, que hipoteca su futuro tirando de lo malo conocido por miedo a invertir en ciencia, un ente demasiado abstracto para las mentes simples. Los héroes como siempre son los que tienen mayor amplitud de miras, los visionarios, exploradores, científicos… El protagonista apunta maneras con su maquinaria agrícola dirigida por GPS, que le garantiza mejores cosechas mientras los demás se ríen de su afán por la tecnología y pretenden que sus hijos rebajen sus intelectos para amoldarse a una sociedad inmovilista, conservadora. Evidentemente esto tampoco está muy lejos de la realidad.

Como extensión de las heroicidades tenemos el conflicto entre el protagonista y un personaje que aparece en el tercer acto, que ciertamente Nolan se empeña en recalcarlo más de la cuenta, como se ha criticado hasta la saciedad por los detractores que se sustentan en un solo fallo para tratar de tumbar el conjunto. Y está lejos de hacerlo, porque la dualidad del cobarde que sólo piensa en la supervivencia propia inmediata contra el responsable que mira por otros y a largo plazo es muy interesante aunque sea obvia, y además da pie al gran y fantástico clímax de acción, que resulta sobrecogedor, dejándote aplastado por la tensión como pocas secuencias han logrado en el cine.

Está claro a estas alturas que el alegato a favor de la ciencia es muy completo y contundente, pero cabe destacar también que Nolan se acerca a la fe y al humanismo sin chorradas religiosas de por medio, aunque lo cierto es que siguiendo con la tónica de mensajes tratados con inteligencia y sensibilidad podría haber hecho alguna mención, porque es uno de los grandes motores sociales, culturales y espirituales de la humanidad, y también uno de sus peores defectos. En Contact por ejemplo sí lo tuvieron en cuenta.

Finalmente, no puede faltar la emoción más importante en las relaciones humanas, el amor. De primeras el discurso que suelta el personaje de Anne Hathaway me pareció un poco salido de madre, pero pronto se ve que la idea es esencial en el relato. Sí, podría haberse sintetizado mejor, de forma más sutil, pero como indicaba en la crítica sin spoilers, el realizador apuesta por llegar a todos los públicos. El amor nos une y guía frente de la adversidad incluso en los peores momentos, nos empuja a llegar más allá de donde la razón dicta, a sacrificarnos por los nuestros. En el onírico final este pensamiento resulta crucial.

Como indicaba, todo esto está sumergido en una aventura de supervivencia y descubrimiento deslumbrante. El primer acto en la Tierra está impregnado de intriga y desazón. La investigación que lanza el segundo acto va cambiando esa sensación por la magia, llevando un relato ya de por sí absorbente a un nuevo nivel de fascinación. El viaje espacial nos trae pura poesía audiovisual, una combinación de imágenes y música (Hans Zimmer pletórico) que ofrece las escenas más bellas y cautivadoras vistas en años. Y cuando se lanza de lleno a la trama filosófica todo lo visto hasta entonces adquiere nuevos sentidos, nuevas capas. Christopher Nolan, como ha demostrado en varias ocasiones, tiene una vena de visionario única y rueda con una técnica de primer nivel. Así, toda la película, casi tres horas, es un crescendo multinivel con una fuerza visual y emocional inenarrable. El largo clímax que hay desde el planeta helado, donde cabe destacar más que nunca la soberbia banda sonora de Hans Zimmer, confirma definitivamente a Interstellar como una obra maestra.

En cuanto a influencias hay que señalar lo obvio: está todo inventado, tratar de hundir la cinta porque una escena recuerda a tal o cual cosa es sencillamente absurdo; ninguna obra es cien por cien genuina y revolucionaria, siempre se parte de conocimientos previos. Las influencias y referencias más notables son las novelas y películas de Solaris, Contact y sobre todo 2001, en algunos elementos visuales y argumentales inevitables tratándose de mezclar espacio, filosofía e ideas sobre la humanidad (amor, destino, evolución, etc.). También fruto del género son conceptos básicos de ingeniería espacial como los ya imaginados entre otros por Arthur C. Clarke (Cita con Rama). Y se pueden citar otras probablemente casuales: la obstinación por lanzarse a lo desconocido a ciegas por pura curiosidad me recordó a Regiones apartadas, de William Gibson.

Alerta de spoilers: En este último párrafo comento algunos detalles más concretos, incluidos del final, que quizá quieras evitar.–

Y sí, como también indiqué en el artículo sin spoilers, hay aspectos criticables. Aparte de los allí citados añado un par más que, aunque destacables, no empañan las cualidades globales de la obra. Pienso que se podría haber reducido bastante el prólogo de presentación de la familia, porque la aventura del drone perdido en plan persecución no aporta nada esencial, y se podía haber dedicado este tiempo a los hallazgos que llevan al protagonista a la NASA, que van muy precipitados. No entiendo por qué ponen tanto empeño en la dirección artística (bueno, es un decir, el robot es grotesco) pero luego el maquillaje lo descuidan: no parece que Michael Caine envejezca, podían haberlo maquillado un poco. Los peros más importantes son la sensación de que reincide un poco más de la cuenta en algunas explicaciones y la discutible inclinación hacia un final casi palomitero: aunque me parece verosímil tal y como se expone (desarraigo en plan Frodo al volver a la Comarca y verla totalmente cambiada: he salvado el mundo, pero no para mí), desentona un poco que tras tanto esfuerzo por salvar a su familia y reunirse con ella, el protagonista se vaya tan rápido en pos de una mujer con la que no me parece que haya congeniado más allá de en lo profesional. Y un detalle que pocos han visto: por qué, si tienen una lanzadera con capacidad de despegar y aterrizar en planetas, el lanzamiento inicial se hace con ella acoplada a un cohete estándar de los que usamos ahora.

Interstellar (sin spoilers)


Interstellar, 2014, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, drama.
Duración: 169 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Jonathan Nolan, Christopher Nolan.
Actores: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Mackenzie Foy, Michael Caine, Casey Affleck, Timothée Chalamet.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: No es sólo una obra maestra del cine, trasciende más allá de las imágenes, su mensaje es universal.
Lo peor: Algunos fallos puntuales son dignos de citar. Tan compleja y arriesgada que es y será incomprendida por muchos.
El título: ¿Pero qué costaba traducirlo?

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Alerta de spoilers: La crítica no tiene ningún dato revelador de ninguna clase.–

¿Cómo abordar la crítica de una maravilla como esta, sobre todo cuando su virtud más llamativa es su capacidad para sorprender? Nada quiero desvelar de ella, ni de argumento, ni de estilo, ni de lo que oculta detrás, toda la magia y mensajes. Es imprescindible que cualquiera que piense en ir a verla lo haga sabiendo lo menos posible del argumento, no digamos de imágenes, sorpresas, ideas subyacentes, etc.

Qué difícil es esquivar información hoy en día. Hay películas que sabes que irás a ver sí o sí y quieres llegar más o menos sin saber nada. O al menos eso hacemos muchos cinéfilos: con conocer quiénes son sus autores o si es parte de un género o una saga que nos interesa la veremos indistintamente de lo que resulte al final. Pero con internet y la televisión es casi imposible llegar virgen. Te cuelan reportajes por todas partes. Te revientan claves del argumento en titulares sólo por conseguir clics rápidos. Y mira que esta vez hemos tenido la suerte de que los productores han sido cuidadosos y no han dejado pasar tráileres que te cuentan todo, que son cada vez más comunes y odiosos. Pero también son imperdonables las críticas que dicen no revelar nada y lo hacen con todo descaro, o las que lo hacen sin avisar. No lo entiendo. ¿Qué ganas con esa actitud? Ni visitas ni respeto.

Pero sí, conseguí llegar al cine sabiendo casi únicamente que Christopher Nolan se iba al espacio; sólo un detalle de la trama me jodieron con un titular mierdero. Y no me entendáis mal, no soy un adorador ciego de este realizador, de esos que ponen de obra maestra todo lo que hace. No compartí el entusiasmo desmedido por Origen o El prestigio, a las que les faltaba mucho para el sobresaliente, y me decepcionó mucho su forma de acabar la trilogía de Batman después de apuntar tan alto. Pero tiene cualidades que pocos poseen hoy en día, tanto porque parece estar todo inventado como por la falta de riesgo que corren autores y productoras. La capacidad de innovar y sorprender son virtudes prácticamente desaparecidas desde los Steven Spielberg y James Cameron de finales de los ochenta y principios de los noventa, pero Nolan ha recuperado ese espíritu muy bien. Soy seguidor suyo desde que deslumbró con Memento, no uno de esos que se suben a la moda cuando ya tiene bien asentada su carrera (El Caballero Oscuro sería su punto álgido), y asisto a cada nueva proyección con sumo interés porque sé que todas van a conseguir algo cada vez menos habitual en el cine: asombrarme y dejarme pensando durante días, indistintamente de que consiga filmes redondos o no.

Así pues, iba sin saber nada y ni siquiera esperando ver una gran película, sólo sabía que con toda probabilidad iba a disfrutar bastante. Y qué bofetón me he llevado. Ni El Caballero Oscuro, en toda su grandilocuencia y magnificencia, me caló tan hondo, ni la narrativa insólita de Memento me dejó tan impresionado. Porque Interstellar es una obra maestra, pero también mucho más. He vivido el nacimiento de un clásico, algo que ocurre dos, tres o cuatro veces por década como mucho. He estado en el estreno de otras obras maestras (El pianista a la cabeza), pero pocas de esas que rompen esquemas de tal manera. Por ejemplo American Beauty dio la vuelta al drama y la crítica social tal y como se conocían hasta entonces, y Seven inventó varios géneros nuevos. Matrix sería la más cercana, por género y capacidad de impacto, porque genialidades como Hijos de los hombres por desgracia no han logrado un reconocimiento global y se limitan a ser “obras de culto”. He sentido lo que seguramente sintieron las generaciones anteriores ante el estreno de La Guerra de las Galaxias y de 2001: asombro por ver cómo se destrozan las fronteras del cine tal y como se conocían, y, como en el segundo caso, se llevan además a terrenos alejados de lo normal en el séptimo arte: la metáfora y la filosofía.

Interstellar resulta más introspectiva, profunda y emocional que directa y convencional. Es decir, como 2001 (por citar el referente más conocido, hay otras obras que se podrían señalar, Tarkovsky y Fritz Lang a la cabeza), es difícil de catalogar tanto en géneros como en corrientes de pensamiento. Y por apuntar al corazón y empujar a la reflexión, las obras de este estilo generan respuestas muy polarizadas. O entras en su juego y entiendes algo del trasfondo filosófico, o puedes chocarte de lleno contra una barrera invisible. Así, hay no pocos enfrentamientos entre críticos y aficionados sobre su alcance: ¿es una obra maestra o un timo?, ¿sus cualidades en conjunto la hacen inmortal o sus fallos derrumban la película?

Para mí es sin duda una obra maestra… y no por eso ignoro o niego los fallos que se le pueden sacar. No hay largometraje por bueno que sea al que no se le pueda señalar algún aspecto mejorable, o incluso algún gran agujero (¿verdad, Alien y La diligencia?). Sólo quizá Casablanca es tan jodidamente perfecta que parece librarse de ello, o quizá es que es tan vieja que se ha convertido en leyenda; y lo mismo se aplica a Metropolis y otras tan antiguas. Interstellar tiene algunos puntos dignos de citar como mejorables, y unos son más perdonables que otros.

Hay una muerte lastimera allá donde el agua (si la has visto sabrás qué escena es); en un principio con la intensidad del clímax quizá no te das cuenta, pero es que el personaje se queda como esperando la muerte, perdiendo bastante credibilidad la situación. No me gusta nada el diseño del robot, que es esperpéntico e ilógico (aunque lo mismo pretendían homenajear el monolito de 2001), y da la sensación de que tratan de esconder sus interacciones (movimiento, agarre, etc.) porque veían que efectivamente no quedaba bien. También pienso que el sentido del humor que intentan colar en algunas escenas queda un poco forzado.

El otro aspecto largamente criticado es uno muy subjetivo y que se puede mirar desde varios prismas: el exceso de explicaciones. A mí como a otros me rompe ligeramente el ritmo algunas ocasiones en que Nolan se empeña en explicar con pelos y señales algunas cosas… pero es que tampoco podía irse al otro extremo, que hay pilares de la trama sólo entendibles por amantes de la ciencia-ficción y la ciencia espacial. Quizá había un punto intermedio más comedido, pero yo entiendo y defiendo la posición de Nolan, aunque hubiera preferido algo más sutil. Apuesta por apuntar al público generalista, no solamente a los más inteligentes y además a los cultos en esta temática. Y como tal debe ser bastante expositivo, debe exponer las reglas básicas de la ciencia del relato y señalar el trasfondo que persigue, para que casi todo el mundo pueda aspirar a entender los planteamientos y mensajes desarrollados.

A mí me da la sensación de que a algunos les jode que no sea un producto intelectual exclusivo al que aludir para sentirse superiores. Nolan juega en la liga de Spielberg, no en la de Malick o Lars von Trier. Sabe que el cine es entretenimiento, y quiere entretener a todos, no mostrar su arte más abstracto y que sólo unos cuantos alcancen a comprenderlo (o a tragarse sus paridas). Y me parece tan digno como loable. ¿Es que no se dan cuenta del gran logro que ha conseguido? Ha colado ciencia-ficción dura y filosofía trascendental como si fuera una cinca comercial. Casi 700 millones ha recaudado en la taquilla, no se ha estrellado como Solaris, que contaba con el tirón de George Clooney pero luego la gente se salía del cine porque era demasiado poética y rebuscada. Y este éxito, más los recientes de Gravity y Guardianes de la galaxia, puede abrir muchas puertas a un género siempre denostado y tratado como de segunda categoría. Quizá próximas maravillas tengan una mejor recepción que joyas ignoradas como Hijos de los hombres, La carretera y otras.

Pero ninguno de los fallos que podamos atribuirle empaña un conjunto que va más allá de resultar una obra maestra del cine, pues también es una oda sobre la humanidad, una reflexión sobre nuestro potencial, nuestras limitaciones y nuestro sino. Interstellar lo tiene todo. Conjuga el drama cercano e introspectivo (conocemos a fondo los anhelos y miedos de los protagonistas) con una épica de aventuras y supervivencia deslumbrante. Cuando se lanza a la intriga y acción te atrapa hasta dejarte sin aliento en un espectáculo del estilo del director: grandilocuente, sí, pero también donde hace gala de una desbordante imaginería visual y gran dominio de la técnica. Y entre medio expone con sensibilidad y a la vez mucha fuerza mensajes de gran calado, pensamientos e ideas de diversa índole, en un relato que rebosa filosofía y metafísica sin notarse desigualdad con todo lo demás.

La fuerza inenarrable de las imágenes (en especial en sus sobrecogedores momentos álgidos) y la belleza del universo comparten mérito entre el realizador y el equipo artístico, pero hay un elemento crucial: el portento de banda sonora. Tras años en una línea comercial un tanto decepcionante recuperamos al Hans Zimmer más inspirado y esforzado, el que se implica de lleno en la narrativa y logra una partitura bella y poderosa que forja una simbiosis perfecta con las imágenes. No escuchaba algo tan hermoso y a la vez estremecedor desde La delgada línea roja.

El personaje principal es de esos inolvidables por su dibujo sencillo pero magnético, y también gracias a la estupenda interpretación de Matthew McConaughey. Otros pocos principales son esenciales para las muchas aristas de la historia, en especial Jessica Chastain, pero la historia fluye principalmente a través de él. No puedo decir más para no revelar nada, pero las sorpresas que guardan algunos de los secundarios son fantásticas, aunque el espectador avezado podrá intuir alguna con antelación (y hay que señalar que en este caso es prueba de que están bien planteadas, no de que sean previsibles). Pega, de haber una, es que un par de personajes en un momento dado son catalizadores de esas explicaciones largas, y puede molestar un poco a quien no las necesitara. El problema más destacable viene del doblaje: primero porque se ve que les cuesta doblar a McConaughey, que habla con la boca cerrada y farfullando, y segundo porque el de las féminas Anne Hathaway y Mackenzie Foy (la niña) es verdaderamente horrendo.

Como se veía venir, los festivales de premios de cine más famosos, en su conservadurismo y vicios (qué obsesión con los telefilmes simplones de superación personal), han pasado de semejante obra de arte, a pesar de que había antecedentes que hacían pensar en que podría tener opciones, porque Gravity y su director obtuvieron mucha representación el año pasado. Quizá fue porque era más simple, una aventura de supervivencia sin más complejidad, pero la ciencia-ficción reflexiva se les atraganta curiosamente tanto como la más comercial: Guardianes de la galaxia y esta Interstellar han sido con diferencia las mejores películas del 2014. Es más, no me cabe duda de que las dos, sobre todo la aquí analizada, son hitos cinematográficos que marcarán una época, mientras la decena de títulos seleccionados por estos supuestos referentes del cine estarán olvidados para el año que viene. Y otra broma suprema es el robo a Hans Zimmer, que se ha marcado la mejor banda sonora de la década y tampoco ha tenido la recepción merecida.

Ver también:
Interstellar con spoilers.

The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro


The Amazing Spider-Man 2, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 142 min.
Dirección: Marc Webb.
Guion: Alex Kurtzman, Roberto Orci, Jeff Pinkner.
Actores: Andrew Garfield, Emma Stone, Jamie Foxx, Dane DeHaan, Colm Feore, Sally Field.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: No llega a dar lástima y se ve sin muchos problemas.
Lo peor: Batiburrillo de personajes y tramas bastante inestable. Larguísima y descentrada. Efectos especiales flojos tirando a malos.

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Alerta de spoilers: Si a estas alturas no conoces el momento clave de la relación de Peter y Gwen habrá spoilers gordos. —

He intentado pensar y plasmar cómo es posible que una saga tan innecesaria, intrascendente y estulta puede tener tantísimo éxito, pero no soy capaz de darle sentido. Además es evidente que las hay peores. El público es así de poco exigente y fácil de atraer a ver las mismas historias una y otra vez. Setecientos millones hizo la primera entrega, otros setecientos la segunda. La tercera y capítulos paralelos ya están en marcha.

Dos horas y veinte minutos de peleas con numerosos villanos, líos amorosos, fantasmas del pasado acosándole, la responsabilidad de ser superhéroe sobre sus hombros… Dos horas veinte y… ¿ha madurado algo el héroe, hemos disfrutado con sólidos y atractivos personajes secundarios, ha dejado la contienda buenos dilemas éticos o tan siquiera ha sido entretenida y espectacular? Nada de nada, todo es intrascendente cuando no trivial. Spidey es un cero absoluto, en interés, carisma y profundidad. Sus motivaciones, pensamientos y luchas internas son superficiales, casi irrelevantes. Tantísimo metraje y no son capaces de mostrar un personaje central fuerte cuyo viaje transmita alguna mísera sensación. A veces ve el fantasma del padre de Gwen, como si quisieran decirnos que arrastra algún trauma, pero ni sus acciones ni su forma de ser nos muestran heridas. Y lo peor es que la evolución como héroe es nula. Empieza como empezó la primera película y acaba igual. Asume el rol de héroe o lo rechaza sin razones de peso, casi aleatoriamente. No parece haber aprendido nada de la lucha, de las pérdidas, de los hallazgos sobre su padre… Han pasado muchas cosas. Pero no ha ocurrido nada.

La química con Gwen sigue siendo completamente inexistente. En parte son los diálogos infantiles, las escenas románticas de serial cutre (Crepúsculo a la cabeza), en parte que los actores no están cómodos en sus papeles. Emma Stone se desenvuelve mejor que en la primera entrega, donde no había manera de creérsela como niña de instituto, pero su simpatía no basta para llenar un personaje tan plano. Andrew Garfield estoy seguro de que vale para más, de hecho en alguna escena está bastante intenso, pero vuelvo a todo lo dicho: su rol tampoco deja margen alguno, y seguramente por ello no son capaces de transmitir verosimilitud en el romance.

Ni punto de comparación con el Spider-Man de Sam Raimi encarnado por el carismático Tobey Maguire, en el que mostraban bien sus numerosos problemas y agobios: los villanos daban más juego (sobre todo en los capítulos 2 y 3), su evolución era más clara, los líos de chicas más variados y jugosos; y Mary Jane no sería fiel al cómic, pero era un personaje sólido y encantador.

El resto de protagonistas son puro adorno para cumplir con el género. Sin dar pie a buenos enfrentamientos y dilemas ni en general servir como punto de inflexión en la vida del héroe sólo ocupan metraje. Electro se define con algún cliché pero apuntaba maneras, y sin embargo no lo aprovechan, enseguida es engullido por el otro gran fallo de la película: la supeditación completa a los efectos especiales. El Duende Verde está en las mismas condiciones: el afligido y lleno de ira Harry Osborn parte de lo básico pero podría haber sido suficiente si se hubiera dirigido hacia alguna confrontación con más enjundia, que todos los pasos que da son de manual.

El guion no sabe manejar tanto como han querido meter. Todos los elementos y clichés del género y del cómic del que nace están presentes, pero ninguno destaca, todos van puestos en fila de mala manera. Los saltos entre tramas, personajes y situaciones no parecen seguir un orden, las secciones no tienen la conexión suficiente para generar en conjunto un relato coherente y atractivo, a duras penas convergen en alguna idea en común. Es decir, parece haber varias películas en una, empieza y acaba dos o tres veces. Rhino sobraba por completo, los guiños o breves apariciones de otros villanos saturan (Octopus, Felicia y otros que no conozco), los saltos entre Osborn y Electro ocupan mucho metraje para lo poco que dicen y su unión llega tarde y no muy bien.

Además Gwen metida con calzador en el clímax, con diálogos irrisorios y su destino completamente desaprovechado, dejan claro que ni con uno de los momentos más importantes en la vida de Spider-Man saben estar a la altura. El hábil arácnido es capaz de lanzar telarañas en las situaciones más complicadas (la fantasmada en la escalera electrificada cuando se presenta Electro) pero salvando a Gwen falla estrepitosamente. Y las consecuencias de su pérdida son… pasarse meses mirando la tumba, para luego coger el traje y seguir soltando chistes. ¿Vemos alguna transición en el héroe, el evento le marca o cambia? Ni una pizca, la muerte de la chica se lo han tomado un elemento de la trama con el que cumplir y no le han dado la categoría y consecuencias que merecía.

Otros tantos detalles son muestra de la poca calidad e inteligencia del guion de Alex Kurtzman, Roberto Orci y otros tantos. El discurso absurdo de Gwen de forzado no hay quien se lo trague, la enfermera aprendiz dando órdenes es un intento absurdo y tardío de mostrar la innecesaria evolución de un rol secundario, el prólogo tan largo y el epílogo que parece el inicio de la tercera parte evidencian que no saben ir al grano, sintetizar y ser sutiles. Además es descarado que recurren a trampas argumentales muy obvias: Oscorp es un comodín multiuso, todos los personajes y tramas surgen o pasan por ahí para ahorrar tiempo y complicaciones y ponerlos rápidamente en la órbita de Spidey.

Para colmo como espectáculo no luce lo más mínimo. Doscientos millones y los efectos especiales son mediocres tirando a malos, no superan a la primera película de Raimi, que tiene doce años ya. La recreación digital de los personajes (Spidey a la cabeza, pero antención a la horrible inserción de Paul Giamatti en la armadura de Rhino) y de la ciudad deja mucho que desear, los movimientos son irreales, la cámara se pierde en filigranas que aumentan la sensación de inverosimilitud… En la primera entrega me pareció que Mark Webb era un director clásico y serio, no dado al fuego artificial barato, pero ha descarrillado, se ha dejado llevar por el espectáculo vacuo. Todo explota en un clímax final donde hay mucho rudio y luces pero nada de contenido, nada de interés, nada de emoción.

La banda sonora ofrece un giro atrevido, con un Hans Zimmer más experimental que nunca. Me apena que prescindieran de James Horner precisamente cuando había conseguido, después de años de sequía, una partitura distintiva y bien adaptada a cada instante (breve actualización: Horner se salió del proyecto porque le parecía una mierda de película). La obra de Zimmer es original y bastante efectiva en la acción, pero muy impersonal y fría en el resto del filme.

Con todo ello, creo que la película llega al aprobado. Aun siendo arrítmica nunca decae hasta el sopor, pasan tantas cosas diferentes que en cierta manera engaña al aburrimiento. Y en líneas generales cumple justito, sólo cae en la vergüenza ajena en el humor y algunas escena románticas, el resto pasa como obra de superhéroes básica y trillada.

Ver también:
The Amazing Spider-Man.
Spider-Man 3.
Spider-Man 2.
Spider-Man.

El Caballero Oscuro: La leyenda renace


The Dark Knight Rises, 2012, EE.UU.
Género: Acción, drama, superhéroes.
Duración: 165 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, David S. Goyer.
Actores: Christian Bale, Joseph Gordon-Levitt, Tom Hardy, Anne Hathaway, Gary Oldman, Michael Caine, Morgan Freeman, Marion Cotillard, Matthew Modine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: La confección de los personajes principales.
Lo peor: Demasiado larga y descentrada, demasiados fallos y agujeros en un guion también demasiado pagado de sí mismo.

* * * * * * * * *

Decepción es la primera palabra que me vino a la mente mientras veía la tercera parte de la trilogía de Batman de Christopher Nolan. Decepción porque algo tan bien desarrollado tuviera un remate tan desequilibrado, caótico, fallido. Decepción porque el impresionante nivel alcanzado con El Caballero Oscuro decayera tanto de repente. Y no me entendáis mal. El Caballero Oscuro: La leyenda renace dista de ser una mala película, pero es que el listón estaba muy alto, y no esperaba que Nolan pudiera tener un patinazo de tal calibre. Muchos son los problemas de este capítulo: su falta de rumbo, la incapacidad para ir al grano y contar las cosas con claridad, los giros absurdos, la falta de credibilidad… Y es una pena, porque la base de la que parte es bastante atractiva: unos personajes muy sólidos y unas cuantas buenas ideas. Pero me temo el guion es tan torpe que hasta esos protagonistas de calidad son mal empleados en ocasiones.

La búsqueda de identidad y objetivos de Bruce Wayne/Batman (un siempre entregado Christian Bale) se amplía (y en cierta manera repite) respecto a los capítulos precedentes. La necesidad de aceptar y dominar el miedo para conocer tus límites o la obligación de mantener contacto humano para no perder el horizonte son temas recurrentes bien tratados… aunque no tan bien como antes, porque el desarrollo del personaje, obligado por la trama, parece estancarse y dilatarse en algunos momentos (en especial en la sección del pozo-cárcel). Otro problema notable con Wayne es que la proyección empieza indicando que ha pasado ocho años retirado (desde la caída de Harvey Dent en El Caballero Oscuro) y desde entonces está físicamente destrozado y psicológicamente agotado, como si llevara muchos años combatiendo el crimen cuando en realidad hemos visto que como Batman ha estado muy poco tiempo. Ese lapso temporal no se explica bien (se menciona de refilón) y sus consecuencias se fuerzan demasiado, pues no parece que fuera necesario exagerarlo tanto para iniciar el viaje para encontrarse a sí mismo y exponer el renacimiento del héroe.

Tenemos también a John Blake (Joseph Gordon-Levitt), incorrupto, inquebrantable y eficiente agente de la ley que trabaja siempre desde dentro de la norma, un héroe invisible pero ejemplar que Gothan necesita y que sólo alguien tan maduro como Gordon es capaz de ver, pues para el resto es un don nadie (a este respecto, el jefe de policía –Matthew Modine– resulta un tanto arquetípico). Su investigación acaba siendo más interesante que algunas partes dedicadas a Batman, aunque su presentación, con esa mágica deducción sobre quién se oculta tras la máscara del hombre murciélago, es irrisoria. Selina, o Catwoman (nombre que no llega a mencionarse), es una habilidosa ladrona de guante blanco en busca de redención. Sus encuentros con Wayne o Batman son todos excelentes, y la actriz Anne Hathaway, de la que esperaba poco, me sorprendió muy gratamente al mostrar con habilidad tanto la picaresca como las debilidades de su rol. Alfred, de nuevo en manos de un inmenso Michael Caine, tiene grandes momentos en su constante lucha para que su amado Bruce mantenga la cordura y la vida, y si bien su fantasía sobre su futuro es predecible resulta muy bonita y eficaz; lo que no queda muy bien es que sepa tantísimo de Bane: por mucha tecnología que tenga a su alcance parece poco probable que el mayordomo sea tan hábil a la hora de encontrar información que nadie ha encontrado. El comisario Gordon (Gary Oldman) es otro gran carácter, siempre al bordeando el límite de lo imposible en su cruzada contra el crimen; eso sí, lo de que su carta-revelación acabe en manos de Bane es un poco exagerado, por no decir que no tiene prácticamente repercusiones, así que no sé por qué se le da tanta relevancia.

El villano, Bane, resulta imponente como enemigo. Su determinación y fuerza, su presencia temible, el logradísimo efecto de voz que resulta acojonante… Tenía todas las de convertirse en un villano mítico, como el Joker de Heath Ledger… pero el plan que dirige no convence del todo, y el desenlace, con giro-trampa forzado, empequeñece bastante su figura. Tom Hardy está francamente bien, teniendo en cuenta que sólo se le ven los ojos. Y dejo para el final a Miranda (Marion Cotillard), personaje ambiguo y poco definido cuya presencia en toda la película parece forzada tanto para ofrecer el romance de turno como para la sorpresa final… sorpresa tan rebuscada y tramposa que no convence lo más mínimo y afea considerablemente el desenlace.

Es una pena que este notable y atractivo grupo de protagonistas esté sumergido en un argumento no muy bien planteado y peor ejecutado que, aparte de minar en ocasiones estos roles, desarrolla la narración con torpeza. Es evidente que Christopher Nolan, con sus habituales colaboradores Jonathan Nolan y Davis S. Goyer, es muy amigo del artificio y el sensacionalismo, pero hasta ahora lo había controlado bastante bien (Origen es muy satisfactoria, Memento es excelente) o lo había maquillado sabiamente (El truco final canta a truco, pero no deja de ser fascinante). En este título sin embargo falla bastante. El guion peca de grandilocuencia, fingiendo constantemente ser enorme y épico cuando en realidad no lo es tanto, otorgándole a la historia una trascendencia y complejidad claramente impostada y excesiva: la importancia que se le da a la cárcel roza el absurdo, los dilemas internos de Batman se embarullan demasiado, y la política empresarial en torno a la industria de Wayne es el remate de todo esto: tan ininteligible y opaca, tan innecesaria que me pregunto qué motivos había para incluir algo así y darle tanto tiempo.

El plan de Bane es el hilo narrativo más importante y el que peor parado sale. Dice que quiere torturar a la ciudad atacando la esperanza de sus habitantes, para luego matarlos con una bomba. Primero, algo tan aparatoso no resulta creíble, al menos no de la forma en que se narra, pues en Batman Begins Ra’s Al Ghul (Liam Neeson) hacía más o menos lo mismo y no cantaba tanto. Segundo, lo superficial y vago que resulta mina su fuerza y credibilidad: la ideología es confusa (es anarquía y dictadura a la vez, pero no queda claro ni qué pretendía mostrarse ni qué resulta), es totalmente increíble que un país deje abandonada una ciudad en manos de terroristas durante tanto tiempo (qué cuesta colar un equipo de francotiradores o usar drones para acabar con los cabecillas), y no hablemos del cachondeo con la bomba: que si explota en determinadas condiciones, que si hay alguien con detonador, que si está en un camión dando vueltas… Y lo más importante: ¿cuáles son las razones que esgrime Bane para destruir Gotham? En Batman Begins la Liga de las Sombras se justificaba en la decadencia de la ciudad, pero aquí no recuerdo que digan nada, y la cuidad precisamente vive una época dorada. Tanta ambigüedad y falta de rumbo confunde y descoloca al espectador, y por extensión hace que pierda interés en la película.

El libreto de El Caballero Oscuro estaba perfectamente medido, colocando cada baza en su momento justo, pero aquí parece que no sabían cómo abordar unas cuantas ideas sueltas y todo queda mostrado con torpeza, desarrollado con irregularidad y adornado con pedantería injustificada. Como resultado de tanto caos, a la hora de rematar los mensajes habituales de la mitología de superhéroes, después de tanto enredo, Nolan está muy cerca de hacer el ridículo: con lo glorioso que resultó el conflicto moral de los barcos en el plan de Joker, aquí el ya de por sí nebuloso objetivo ideológico de Bane termina en una maniquea lucha entre terroristas y policías, sin que de por medio se haya visto mucha interacción con el pueblo (solo unos pocos protagonistas) y desde luego sin carga de ética ni análisis social, económico y político, cuando al iniciarse el ataque de Bane parecía que se iba a desarrollar una crítica al sistema capitalista y la desigualdad que genera.

Todo el argumento principal de la película rebosa grandilocuencia sin objetivo determinado, con lo que a medio camino se va quedando sin gas y en la resolución, cuando el humo deja ver la nada que hay detrás, se agota por completo. Pero el resto de secciones importantes navegan en el mismo mar caótico. El limbo de Batman en el pozo está lleno de tonterías: nadie es capaz de lanzar una de esas cuerdas que tienen apañando un garfio, nadie de fuera viene a sacar a algún amigo o familiar, vemos una ridícula curación de una vértebra dislocada… Otros muchos pequeños detalles afean la proyección aquí y allá: las peleas cuerpo a cuerpo nunca han sido lo más destacable, una pena teniendo en cuenta su importancia, pero aquí los trucos cinematográficos (coreografías, montaje) tienen momentos en que cantan demasiado (gente que cae sin ser golpeada, puñetazos y patadas horribles…); si la moto y el coche de Batman eran feos de narices, el esperpéntico diseño de la aeronave termina por destrozar algo mítico y esencial en el personaje: sus cachivaches y aparatos en esta saga no destacan nada; Batman se pone a pintar un murciélago gigante de gasolina en el puente con la bomba a punto de explorar y gente a punto de morir; etc., etc.

Y todo esto ocurre durante una narración excesivamente alargada, descentrada, incapaz de ir al grano y avanzar con paso firme y decidido. En momentos clave, como el clímax final, se nota muchísimo: qué larga y tediosa llega a hacerse la persecución al camión, y más sabiendo que al ser un trámite obligatoriamente previsible deberían haberse centrado en hacerlo espectacular y directo; o qué mal se resuelve la confrontación última, con esos malos que tienen un ejército armado y corren para enfrentarse a puñetazos a los policías desarmados.

El Caballero Oscuro: La leyenda renace podría haber sido muchísimo mejor reduciendo su metraje (¡dos horas y cuarenta minutos!), agilizando la trama, simplificando cosas que están muy adornadas. Potencial había de sobra: los personajes son muy atractivos y el reparto es excelente; la música ha mejorado mucho (y el tema de Bane es impresionante); escenas de calidad hay unas cuantas, sean dilemas y dramas personales (cuánto duele la partida de Alfred) o secuencias puntuales muy logradas (el prólogo es espectacular); la dirección es bastante buena (aun con el recurrente fallo de las peleas)… En resumen, estamos ante espectáculo algo denso pero entretenido, con partes dignas de destacar y unos protagonistas que llegan muy bien. Pero resulta demasiado irregular, aparatoso y largo. Y con dos episodios de tanta calidad delante suya, el sabor a decepción se magnifica.

Origen


Inception, 2010, EE.UU.
Género: Suspense, acción, ciencia-ficción.
Duración: 148 min.
Dirección: Christpoher Nolan.
Guion: Christopher Nolan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Ellen Page, Ken Watanabe, Tom Hardy, Dileep Rao, Cillian Murphy, Tom Berenger, Marion Cotillard, Michael Caine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El genial toque de Christopher Nolan: la originalidad y calidad que ofrece de nuevo tanto en el guion como en la dirección.
Lo peor: Reparto, personajes, música, montaje.
Mejores momentos: El clímax con varios hechos sucediéndose paralelamente, en especial las escenas en el hotel.
Las preguntas: Si el protagonista no puede ir a EEUU a ver a sus hijos, ¿por qué su padre no se los lleva a otro país de vez en cuando? ¿Por qué Ariadne, al dibujar el último laberinto en el cuaderno en la prueba que le hace Cobb, descarta una hoja en blanco y lo hace en el cartón de la tapa?

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hasta el próximo aviso sólo describro el argumento.–

Está claro que Christopher Nolan es uno de los mejores directores del momento. La facilidad que tiene este genio para lograr películas arriesgadas y complejas sin que se vea resentida la capacidad para llegar al espectador medio es asombrosa. Desde Steven Spielberg no hemos tenido a nadie capaz de llenar las salas con taquillazos de alta calidad y sobre todo tantísima valentía y originalidad. Pero Origen, a pesar del entusiasta recibimiento, no es la gran obra maestra que anuncian. Me ha parecido una película magnífica, a alcance de muy pocos, tanto a nivel de guion como de realización, pero no veo la maravilla revolucionaria que muchísimos parecen haber encontrado. Principalmente es por la sensación de que no es tan compleja como parece, pero también porque no da todo lo que podría haber dado y porque hay elementos mejorables que impiden que sea tan redonda como sus dos trabajos más destacados hasta ahora, Memento y El Caballero Oscuro. De hecho incluso me gustó más El Prestigio, aunque está a su nivel.

Origen sorprende otra vez con una historia valiente e intrincada pero con gran ritmo y pegada, y también relativamente fácil de entender. Sin duda habrá algún espectador casual que pierda detalles, que sólo se quede con una perspectiva global, pero no será porque Nolan no define con mucho detenimiento las distintas etapas de la cinta, el funcionamiento y los límites de su propuesta, dejando tiempo más que de sobra digerirlo todo y entender los nuevos giros.

Los protagonistas entran en los sueños de sus clientes o víctimas para sacarles información del subconsciente mediante engaños que estando despiertos notarían. Pero ya desde el prólogo Nolan rompe la primera noción que nos plantea: también entran en sueños dentro de sueños. El protagonista principal engancha rápido. Arrastra un misterio que lo hace vulnerable, que nos permite sentir compasión e interés por ver si saldrá adelante. Su necesidad de expiar sus pecados para poder volver a casa lo pone en una posición precaria, y no tarda en verse obligado a realizar un trabajo muy peligroso. La clásica formación del grupo de compañeros cobra interés más por la sugerente propuesta del juego con los sueños que por los personajes en sí, y el thriller va creciendo a ojos vista, enseñándote en cada paso algo ingenioso y dándole la vuelta de nuevo poco después. A pesar de su abultada longitud, necesaria para exponer un universo tan complejo poco a poco, el ritmo es absorbente, apenas se resiente tras algunos visionados en algún pasaje bastante prescindible aunque lejos de resultar negligente, como la huida por las calles de Mombasa.

Para el tramo final es difícil no estar absorto en un thriller tan inspirado y vistoso, y Nolan remata la jugada con un apoteósico y larguísimo desenlace que te deja clavadísimo a la butaca. Entramos en varios niveles de sueño combinando distintos clímax de acción y drama, porque el personaje principal y su tormento se mantiene siempre en primer plano. Las asombrosas peleas en el hotel con la gravedad alterada, la intriga por cómo los protagonistas resolverán los problemas de cada sueño, cada uno más difícil, el ritmo relativamente pausado pero agobiante que imprime Nolan y la tensión y la épica aumentada a niveles estratosféricos por la ostentosa música de Hans Zimmer, nos dejan uno de los mejores finales vistos en muchos, muchos años.

Origen resulta una película muy estimulante, tanto porque exige atención e ir pensando y teorizando conforme avanza, algo insólito en el cine contemporáneo, como porque es un espectáculo de primera, tanto en originalidad como en ejecución. La propuesta es tan fascinante que ha embrujado incluso más de la cuenta al público, que la ha puesto rápidamente como una de las mejores películas de la historia cuando en realidad se le puede poner muchas pegas…

La necesidad imperiosa de llegar a todos los públicos empieza a lastrar una propuesta que tenía potencial para más. Los personajes se hacen preguntas básicas que no pegan en expertos en su trabajo, algunas son incluso demasiado obvias. De hecho con Ariadne (Ellen Page) se nota demasiado. Está claro que es el nexo entre el universo ficticio y el espectador, difícilmente evitable dado lo intrincado del argumento, pero se debería haber disimulado mejor. No resulta verosímil que cojan a una universitaria, casi una niña, y la metan en un trabajo tan peligroso con tan poca preparación. Se va introduciendo en varios niveles de sueños y su único propósito en ellos parece ser explicarnos las cosas.

Con el resto el problema es que no tienen un dibujo muy elaborado y muchas veces parecen incluirse para cumplir el número necesario de soñadores. Estamos muy lejos del amplio y trabajado repertorio de El Caballero Oscuro o de los atractivos protagonistas de El Prestigio. Aquí todo gira alrededor del carácter de DiCaprio, cosa entendible y aceptable, más cuando resulta un rol central excelente, pero se potencia demasiado a costa de dejar a los secundarios con una definición escasa y una presencia forzada. No sabemos nada de las motivaciones de cada uno, hasta el punto de que no se entiende que se arriesguen con una misión tan arriesgada. ¿No tienen familias, no conocen otra cosa, sólo les mueve el dinero, su lealtad a Cobb es así de férrea? No se explica nada, ni si quiera se señala sutilmente algún u otro aspecto. En vez de dedicar tiempo a la persecución en Mombasa, ¿por qué no lo dedicaron a explorar la relación entre ellos? Unos cuantos chistes entre los personajes de Hardy y Gordon-Levitt son de lejos insuficientes, de hecho me parecieron incluso bastante fuera de lugar.

El reparto tampoco deslumbra, es bastante irregular. Leonardo DiCaprio repite un personaje muy parecido al de Shutter Island, y lo hace sin las ganas puestas en esa y otras labores recientes. Ellen Page y Marion Cotillard se esmeran en dotar de vida a dos figuras que son meros objetos de la trama, y en cierta manera funciona, Page consigue hacer creíble la preocupación por Cobb y Cotillard transmite bien la melancolía y el pesar, así que es una pena que no tuvieran un papel más complejo. Joseph Gordon-Levitt (500 días juntos) es un actor lamentable con carisma nulo, lo que afea bastante el producto: es el secundario con más presencia y no muestra ni un sentimiento, no se altera ante ninguna situación. El resto (Tom Hardy, Ken Watanabe, Dileep Rao) cumplen sin más en otros roles con nulo recorrido. Al final es el objetivo de la misión, Cillian Murphy, el que ofrece una labor más competitiva. Tampoco funciona plenamente la banda sonora. Nolan arrastra por ahora un defecto notable en su por otra parte deslumbrante filmografía: es muy dado a sobrecargar sus películas con un susurro de fondo, la forma más fácil de dar ritmo a una escena, y Zimmer se presta a ello con su estilo comercial de los últimos años, donde compone a base de librerías predefinidas en un sintetizador. El tema de acción será imponente y realza mucho el clímax, pero puedes terminar harto de escucharlo tantas veces sin una progresión adecuada a los distintos escenarios, y fuera de él hay aún menos exploración emocional, todo es adorno.

Pero sobre todo da la sensación de que había infinidad de posibilidades en la idea de jugar con la mente, lo onírico, las pesadillas, la confusión de realidad y sueño… y después de todo la visión de Nolan no va más allá de doblar ciudades y una pelea en ingravidez, espectacular y resuelta con maestría, pero no tan novedosa como nos venden. La propuesta recuerda bastante a Matrix, por ejemplo: crear entornos virtuales y luchar alterando las físicas del mundo real. Y me temo que cuanto más bajamos en los sueños menos parece esforzarse. El eterno y cansino tiroteo en la nieve afea un poco un clímax por lo general impresionante, y el esperado limbo no deja de ser una pesadilla básica, una ciudad medio derruida. Es más, no se entiende muy bien cómo en la fantasía de Mal y Cobb lo único que hacen es construir bloques horteras hasta tener una ciudad infinita, cuesta creer que esta es su visión idílica del mundo.

En cuanto a teorías, dobles lecturas y cuestiones, hay algunas cosas que comentar, pero también pienso que había más posibilidades.
Alerta de spoilers: Destripo claves del final.–

Es probable que salgas del cine intentando encajar alguna duda. Una muy común es cómo puede entrar Cobb en el limbo de Saito, pero se asume que están conectados con la máquina en el avión y dentro de los sueños todo vale, si vemos otras máquinas es únicamente para mantener el engaño ante la víctima (Fischer). También puede confundir que salgan de ahí suicidándose, cuando andaban diciendo que con tal sedación morirían, pero Cobb se ha saltado “la patada”, es decir, sabe que ya no están sedados.

El final me disgusta un poco, porque Nolan, en su afán de explicarlo todo y darlo todo cerrado, pone la peonza tambaleándose en el último momento, mostrando que Cobb está en la realidad. Dejándola girando y cortando el plano quedaba todo a la imaginación del espectador. Pero al menos sí hay una cuestión el aire, aunque no sé si es buscada por Nolan o no. ¿Y si en realidad toda la misión es para hacerle un Origen a Cobb? El plan con Fischer sería para forzar que Cobb enfrente su pasado con Mal para que la única forma de salir que tenga sea hallando una forma de perdonarse, esto es, de hacerse el Origen a sí mismo sin darse cuenta.

Nota 08/08/17: le he pegado un repasillo a la crítica.

El Caballero Oscuro


The Dark Knight, 2008, EE.UU.
Género: Acción, suspense, superhéroes.
Duración: 152 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan.
Actores: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Maggie Gyllenhaal, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Monique Curnen, Chin Han, Eric Roberts.
Música: Hans Zimmer y James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Un guion sublime, un reparto extraordinario y una puesta en escena capaz vibrante.
Lo peor: Algunos excesos y agujeros empañan un poco un conjunto tan serio y sólido.
Mejores momentos: Cualquier escena con Dent/Dos Caras o Joker, en especial las que tratan grandes dilemas morales. La alucinante explosión del hospital. Los clímax con Joker y Dos Caras.
Mejores planos: Joker volando el hospital. Joker sacando la cabeza por la ventanilla de un coche.
El gazapo: El plano de la montaña de billetes ardiendo se alarga demasiado y se ve la estructura donde están apilados.
La frase: O mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano.

* * * * * * * * *

A través de un guion ambicioso y denso, lleno de capas y capas (quizá demasiadas para su comprensión en un primer vistazo, pero las justas para obligarte a pensar, a realizar más visionados que permitan exprimir la experiencia), se desarrolla un thriller monumental, al nivel de grandes del género, sean clásico de la época como Chinatown, El halcón maltés, El sueño eterno… o excepciones modernas, como L.A. Confidential.

Christopher Nolan nos sumerge de lleno en la inmundicia que vive Gotham: las mafias tienen sumida a la ciudad en un estado de control y terror, la policía está comprada o extorsionada, los políticos desbordados, los ciudadanos pierden la fe. Pero también estamos ante una de superhéroes. Batman y Joker sirven para explotar los dilemas morales latentes, y a la vez para aumentar el espectáculo de acción. Tenemos suspense, acción y drama con gran carga ética hasta convertir la obra en un festín fascinante, sobrecogedor a ratos… pero también incluso excesivo en algunos momentos, y con algunos detalles malogrados dignos de citar.

La acción es variada e impresionante. Vuelve a deslumbrar el amor de Nolan por el trabajo manual, no por dejar todo al ordenador. Los tiroteos, peleas, persecuciones y explosiones resultan desde intensos a alucinantes, sobre todo el hospital explotando y la larga persecución al furgón policial. Incluso hay que agradecer mejoras en el montaje y en la ejecución de las peleas cuerpo a cuerpo, más nítidas y efectivas que las de Batman Begins. Ahora bien, en cambio se le va la mano con la fantasía. En el primer capítulo Nolan puso mucho cuidado en que fuera una de superhéroes realista, explicando las tecnologías de Batman de forma que parecieran bastante plausibles. Pero aquí se le va la pinza con lo del sónar de los móviles, que le permiten ver toda la ciudad en 3D y escuchar a todos en directo, y con la dichosa escena del ladrillo, que no tiene ni pies ni cabeza: ¿cómo demonios saca una huella dactilar de una bala destrozada dentro de un ladrido usando otro ladrillo y otra bala?

La trama es enrevesada pero engancha con fuerza, aunque cuesta seguir da sus frutos: las intrigas de facciones y personajes danzando uno alrededor del otro, respondiendo cada uno a su manera según las circunstancias cambian, son tan ricas y atractivas que no puedes apartar la mirada de la pantalla. Y el Joker llega para darle a todo una vuelta inesperada. Resulta un villano extraordinario, no se limita a ser el enemigo a derrotar y que como mucho sirve como empuje para la maduración del héroe, sino que afecta a toda Gotham, a todos los personajes, y la victoria no se puede alcanzar únicamente derrotándolo, sino superando la debacle moral y emocional a la que los ha arrastrado.

Pero también hay excesos. El viaje a China para capturar a Lau (el contable de la mafia) es redundante y aparatoso, pareciéndome más innecesario cuantas más veces veo la película. Son minutos que se podían haber ahorrado, para mostrar que Batman es un grano en el culo para los mafiosos bastaba capturarlo en el aeropuerto o algo igual de breve y conciso. La falsa muerte de un personaje resulta bastante tramposa para al final no tener mucha justificación: ¿se hace pasar por muerto para conducir un camión? Si fuera para investigar y actuar desde la sombra con un plan más tangible podría adquirir algo más de sentido, pero queda como un giro bastante forzado. También me pregunto cómo, en el final, sabe Gordon a cuántos ha matado Dos Caras en su locura. Por suerte, en general tenemos infinidad de momentos y sorpresas bastante imprevisibles que encajan muy bien a pesar de la infinidad de ramificaciones de la historia.

Como en la primera entrega, tenemos unas cuantas frases con gancho y un sentido del humor bien medido, capaz de no desentonar en un relato bastante trágico. Pero la carga ética ha dado un paso más allá. Nunca antes una de superhéroes había sido tan atrevida, tan adulta, nunca habían abordado dilemas morales tan ambiguos, oscuros y dramáticos. Con los numerosos protagonistas principales y secundarios vemos diversos espectros morales y enfrentamos traiciones, cobardías, sacrificios y heroicidades de todo tipo. Muchas situaciones son propias del género (épicas luchas del bien contra el mal), pero otras se sumergen en un berenjenal de reflexiones profundas y de respuesta nada fácil, donde Nolan sale airoso a pesar del riesgo. Todo el largo clímax final, aunque tiene bastante ritmo y acción, se apoya principalmente en algunas de las reflexiones más inteligentes duras vistas en el cine respecto a las limitaciones del ser humano y las razones de su alineamiento moral: ciudadano pasivo y ciudadano comprometido, héroe y criminal, y la débil línea que los separa si las circunstancias son propicias.

La representación de personajes tan complejos y atormentados termina de resultar memorable gracias al excelso reparto que ha vuelto a reunir Nolan. El Batman que interpreta Christian Bale es lo suficientemente turbio (carismático pero rudo, justo pero temible, violento pero con principios claros) como para resultar un rol central antológico, una versión del héroe probablemente insuperable. Los asistentes, colaboradores y amigos están en manos de más que reconocidos profesionales (Morgan Freeman, Michael Caine y Gary Oldman, todos excelentes como es habitual en ellos), mientras que los que afrontan la interpretación de los dos grandes villanos están soberbios en papeles de dificultad extrema. Aunque pocos hablan de él, Aaron Eckhart borda su rol de héroe que cae al lado oscuro. Y Heath Ledger está dando que hablar más por méritos propios que por su trágico fallecimiento. La transformación en Joker es completa, la voz, los gestos, cada movimiento y cada tic, cada sílaba y mirada forma parte del personaje, de su antológica transformación. La cinta, enorme de por sí, gana enteros gracias a esta abrumadora presencia. La única pega en este reparto es que el carácter femenino sigue estando en un nivel inferior al resto, tanto porque el personaje no consigue despuntar (al menos aquí es necesario, mientras que en la primera parte si se quitase ni se notaría) como porque la actriz, aunque en esta ocasión cumple (se ha sustituido a la guapa pero sosa Katie Holmes por la poco atractiva pero profesional Maggie Gyllenhaal), carece de la fuerza y carisma necesarios para jugar en la misma liga que sus compatriotas masculinos.

Nolan dirige este coloso como si fuera fácil. Imprime un ritmo magnífico, toda escena parece relevante (aunque alguna realmente no lo sea tanto) gracias a su fuerza visual, su intensidad, y sobre todo debido a lo bien que va hilando la trama. Aunque busca un tono ominoso nunca peca de grandilocuencia; aunque ocurren muchas cosas a toda velocidad no da sensación de apresurado; la acción nunca se pone por encima de la historia, es parte de ella. En otras palabras, es capaz de mantener un equilibrio perfecto entre el thriller serio y trascendental y la acción de película taquillera. Destaca la labor de fotografía de Wally Pfister, con unos planos aéreos magníficos y una estupenda iluminación, así como el citado esfuerzo en los efectos especiales. Sin embargo, algunos criticaron el diseño artístico, argumentando que Gotham no tiene personalidad; pero yo no lo veo así, me da la impresión de que todo el mundo esperaba algo del estilo de Tim Burton, pero esto es estilo Nolan: más realista, tangible, una versión hiperbólica de la realidad. En ese sentido, los vehículos del hombre murciélago no me gustaron inicialmente, pero al final me di cuenta de que era por la misma razón, tenía ideas preconcebidas y el cambio fue muy brusco, pues se aleja del estilismo gótico y busca una rudeza cuasi militarista. En cuanto a la banda sonora de Hans Zimmer y James Newton Howard, estos aportan un buen tema para Joker, y me parece más contenida (hay menos insistencia en machacar con la música), pero igualmente parece un efecto sonoro más que una partitura con personalidad cuando debe destacar y sutil cuando debe ser un complemento narrativo.

El Caballero Oscuro es una de las obras más arriesgadas de los últimos años. Aun contando con el éxito de la primera entrega, que le dieran a Nolan tanto dinero (185 millones de presupuesto) y carta blanca total sorprende viendo lo inmovilistas y cobardes que son en los grandes estudios. Y Nolan, habiendo demostrado de sobras ser un visionario capaz, esto es, sin miedo a innovar pero también sabiendo que ha de vender, no ha fallado en esta gran oportunidad. Ha conseguido una película única, rompedora, una película adulta, oscura e inteligente como pocas. Quizá incluso es demasiado de todo ello, pero eso no ha sido impedimento para que el público la haya recibido con entusiasmo, incluso demasiado, pues a tenor de las notas en la IMDb muchísimos la tienen como una de las diez mejores películas de la historia. Para mí está claro que le falta bastante para considerarla una obra maestra, pero eso no impide que, sin ser redonda, sí consiga resultar extraordinaria, un hito que se recordará eternamente.

Y además permite algunas reflexiones sobre el cine, tanto de superhéroes como en general. El género parecía estar condenado a albergar títulos comerciales con poco empeño en el guion y más en el espectáculo directo. Excepciones como el personal Batman de Tim Burton no parecían, a pesar de calar rápidamente en la memoria del espectador, haber dejado huella en las tendencias artísticas de Hollywood. Más recientemente recuperamos un poco las esperanzas en que se lo tomaran en serio con la gran Spider-Man 2, que mostraba sin complejos personajes sufriendo bastante y drama de alto nivel. Y en menor medida teníamos otros títulos bien acabados, como Hulk o Iron Man, que corrieron una suerte muy dispar en taquilla. Pero todavía no parecía que estuviéramos cerca de romper la absurda barrera que considera que hay cine de primera fila (dramas de corte clásico) y cine de segunda (ciencia-ficción, fantasía, acción y animación), esa que mantienen en Hollywood los muy conservadores estudios, los medios afines y los premios principales (los Globos de Oro y los Oscar). La excepción de El retorno del rey no la contemplo, porque ni la entiendo: fue un bodrio y no cumplía los cánones de la Academia, y aun así arrasó, mientras verdaderas obras maestras, como Matrix o Hijos de los hombres, siguen siendo ninguneadas a lo grande.

Entonces llega Christopher Nolan con su visión adulta y sombría y con un tratamiento de thriller clásico. Batman Begins ya apuntaba alto, pero El Caballero Oscuro ha subido el listón y además ha causado gran impacto. De cara al público, sin duda ha servido para terminar de asentar el género. En la taquilla es un éxito sin paragón, y la valoración es incluso excesiva, pues como señalaba se pone muy por encima de su calidad real. Pero, ¿habrá sido suficiente para quitar la venda de los ojos en los tradicionalistas gremios de Hollywood? Sólo grandes hitos que marcan época, como Alien y Aliens, Terminator y Terminator 2, Matrix, La jungla de cristal y un injustamente corto etcétera, consiguen ser admitidas por estos supuestos expertos y críticos, y en la mayoría de los casos lo hacen tras unos cuantos años, tras haber pasado sin gloria alguna por los malditos premios que supuestamente se otorgan a las mejores del año, cuando los prejuicios han sido derribados por el peso de la razón y el paso del tiempo. Este año tenemos dos filmes magistrales que piden a gritos derribar esa injusta y arcaica barrera, Wall-E y El Caballero Oscuro. Ya veremos qué ocurre en los próximos meses, si El Caballero Oscuro entrará de golpe por la puerta delantera en la historia del cine o lo hará poco a poco por la trasera, como suele ocurrir. Lo que es indudable es que entrará, que no será recordada solamente por romper récords de taquilla o por ser la que ofreció una gran última interpretación de una joven estrella.

Actualización 04/08/17. Con el estreno de Dunkerque me he puesto a repasar la filmografía de Nolan, y le he dado un pequeño repaso a la crítica. El tiempo no afecta a estas dos primeras entregas… pero la tercera sigue siendo fallida, me temo. Pero lo importante es que, al final, tanto la Academia de los Oscar como los Globos de Oro se rindieron a su cerrazón y obsesiones y no nominaron a El Caballero Oscuro a mejor película, guion ni dirección; Wall-E apenas arañó una a mejor guion. Y para variar, las seleccionadas fueron melodramas sensacionalistas de cuidado. Un cinta menor como Slumdog Millionaire fue elegida la mejor del año por ambos premios en otro ridículo inclasificable. La única sorpresa es que la AFI (American Film Institute) sí la incluyó en su lista de lo mejor del año, junto a Wall-E e incluso Iron Man.

Ver también:
Batman Begins (2005).
-> El Caballero Oscuro (2008)
El Caballero Oscuro: La leyenda renace (2012).