El Criticón

Opinión de cine y música

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El marciano


The Martian, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 144 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Drew Goddard, Andy Weir (novela).
Actores: Matt Damon, Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig, Jeff Daniels, Michael Peña, Sean Bean, Kate Mara, Sebastian Stan, Aksel Hennie, Benedict Wong, Mackenzie Davis, Donald Glover.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Buena descripción de personajes. Aventura espacial bastante entretenida. Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Le falta garra en todos sus elementos: drama, comedia, aventura de supervivencia. Apenas deja huella. El mediocre doblaje.
El título: De Marte: Operación rescate, a Marte (The Martian). Porque sí, traducirlo como El marciano era realmente complicado. ¿Cómo empleados tan ineptos toman decisiones tan relevantes? Pues obviamente te paseas por internet y todo el mundo la conoce con su título real.
La sorpresa: ¡Sean Bean no muere!
El dato: Drew Goddard iba a dirigir, pero prefirió decantarse por una obra que le atraía más, Los seis siniestros, un grupo de villanos Marvel (aunque al final se quedó en el limbo). Y Ridley Scott se entusiasmó por el proyecto, retrasando Prometheus 2 (cuyo nombre cambia cada pocos meses).
El libro: Andy Weir publicó la novela en su blog, pero viendo su calidad la gente le decía que la publicara en Amazon. Y el éxito fue enorme.

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El libro en que se basa (Andy Weir, 2011) no es revolucionario, pero como entretenimiento tiene bastante pegada. La odisea de Mark Watney por sobrevivir en solitario en Marte enlaza un sinfín de escenarios catastróficos que va sorteando con una personalidad arrolladora. Los saltos a la Hermes (la nave de los compañeros que lo dejaron atrás en la evacuación, dándolo por muerto) y a la Tierra enriquecen el relato con algo más de drama y realzando el alcance de la situación, porque los líos en la NASA son épicos también. Como atractivo extra, la afición a la ciencia-ficción suele ir de la mano con la pasión por la ciencia (ficción científica de hecho es una traducción más fiel de science fiction), y el libro es una gozada en ambos sentidos, porque desarrolla una aventura espacial de gran realismo y con planteamientos científicos muy cuidados. Para rematar, su narrativa es muy pero que muy cinematográfica, con lo que el anuncio de la adaptación generó muchas expectativas entre los lectores y los amantes del género.

Sin embargo, aunque su traslación a la gran pantalla ofrece un entretenimiento bastante decente con algunos puntos fuertes llamativos, también acusa una falta de intensidad importante, dejando la sensación de que hay mucho potencial sin aprovechar. Al público no parece importante tanto, pues la crítica es buena y la taquilla va bastante bien, pero a mí me ha dejado un regusto amargo. Para una vez que podemos tener una del género de gran presupuesto y con talento detrás (empezando por el director, pero también pasando por el notable reparto y cómo no el equipo técnico), resulta que se quedan bastante cortos. Sinceramente, hasta Prometheus (2012) me emocionó más, a pesar de tener un guion que se cae a pedazos, porque su aspecto visual es embriagador y la trama y el escenario ofrecen situaciones más variadas y vibrantes. El marciano tiene mejores personajes (más verosímiles y atractivos) y más consistencia en la trama, pero resulta bastante fría y arrítmica.

La proyección no empieza nada mal. Como el libro, nos lanza directamente a la tormenta y a la evacuación que da inicio al periplo del protagonista. Sus primeros pasos en la soledad marciana, tratando de encontrar una forma de extender su esperanza de vida hasta la posible y lejana misión de rescate, parecen llevarnos por al mismo viaje trepidante de la obra de Andy Weir. Pero pronto empieza a perder fuelle, los retos se diluyen en anécdotas poco interesantes y que no presentan peligros ni proezas que causen algún impacto. Llegamos a un punto en que Marte termina resultando una historia secundaria… y eso precisamente salva a la película, porque nos vamos a un teatro más atractivo y variado: la Tierra. La presentación de los personajes de la NASA y el JPL, que son un puñado largo, es bastante correcta. Nos ponemos a trabajar codo con codo con ellos y vamos conociendo sus posiciones (enseguida sabes a qué se dedica cada uno aunque no recuerdes su nombre), sus puntos fuertes y débiles, sus aspiraciones y las luchas y roces con los demás. Con este panorama, incluso te lamentas de que los tripulantes de la Hermes no tengan tanto tiempo en pantalla como ellos, porque también eran prometedores.

Y con estas, Marte casi desaparece. Llega un momento en que da la sensación de que faltan escenas, que Ridley Scott se volvió a pasar de duración y ha tenido que recortar parte del tramo final de la odisea de Watney, saltando directamente al intento de rescate. Por ejemplo, no se explica por qué hace un agujero en el techo del rover y pone un plástico haciendo una burbuja, como si faltara el momento en que le da utilidad a lo que sea eso. Tampoco creo que el viaje de tres mil kilómetros lo hiciera sin que le pase nada (en el original, de todo), porque queda un vacío ahí que resulta un salto narrativo algo torpe.

Así pues, el ritmo peca de irregular y de falto de vigor en varios segmentos, algunos bastante largos. La novela no resulta un drama de altos vuelos ni tiene especial trascendencia, pero sí mantiene una sensación de lucha y peligro constante, de que cada día en Marte es enfrentarse cara a cara contra la muerte. Lo mejor captado por Drew Goddard (el guionista) y Ridley Scott es el sentido del humor del protagonista (y no siempre funciona), que trata de poner buena cara en todo momento, y el caos que se forma en la NASA. Pero la aventura de supervivencia resulta demasiado ligera, sin transmitir el peligro y la tragedia con la fuerza necesaria para dejar huella. La comandante sufre muy poco por el abandono de un miembro de la tripulación. Watney sólo se curra el huerto y la idea para intentar comunicarse, el resto del tiempo no se enfrenta a nada llamativo, y al final en la NASA también parece que falta algo de intensidad.

Estas limitaciones surgen del guion principalmente, pero el trabajo audiovisual tampoco es del todo eficaz. La dirección de Scott es más conservadora de lo habitual en un realizador dado a la magnificencia visual, con lo que contribuye a la falta de garra. Sí, hay belleza en los planos de Marte, y el decorado de la nave se aprovecha bien, pero por lo demás la puesta en escena no ofrece épica alguna, va como desganada. Y como extensión, tampoco luce como superproducción de más de cien millones. Es que me atrevo a compararla con la tontorrona serie b Los últimos días en Marte (Ruairi Robinson, 2013), que con unos ridículos diez millones lucía a un nivel bastante cercano (aquí el tráiler -que para variar te cuenta casi todo-). La banda sonora empobrece todavía más el acabado, porque donde se espera que la música realce la tragedia, matice la intriga o explote la acción, la floja partitura de Harry Gregson-Williams pasa sin causar la más mínima turbulencia en las emociones que debería transmitir la escena.

Así pues, El marciano es una película bastante entretenida que merece la pena ver en el cine, pero también resulta incapaz de emocionar y mucho menos de dejar un grato recuerdo. Quizá incluso por su ritmo moroso no aguante bien sucesivos visionados, algo que hasta la fallida Prometheus permite por su narrativa veloz y enérgica. Las otras incursiones recientes en Marte tampoco terminaron de convencer. La citada Los últimos días en Marte solo se la recomiendo a aficionados a la ciencia-ficción de terror básico (la típica de ir muriendo en fila), Misión a Marte (Brian De Palma, 2000) iba de pretenciosa pero era muy simplona, y Planeta rojo (Antony Hoffman, 2000) a pesar de su presupuesto era una serie b también muy justita.

Aparte tengo que mencionar que la calidad de los doblajes sigue bajando. En esta película mitad de los actores no parecen ponerle ganas, de hecho en alguna escena parece un doblaje amateur, con personajes que hablan sin matiz alguno en la voz cuando por la escena parece indicarse que están en tensión. Con el jugoso reparto que ha reunido Scott, el destroce es lamentable. El peor es el caso de Kate Mara, a quien le han encasquetado una voz muy reconocible y demasiado omnipresente: la de Natalie Portman, Keira Knightley, Scartlett Johansson, Anne Hatthawy y cualquier actriz joven que haya. Por el amor de dios, ¿es que no hay más dobladoras en el gremio? Me saca completamente del personaje e incluso de la película, pues me resulta falso e incluso desagradable, por ser una voz muy aguda que no le pega nada y que se escucha en demasiadas películas. Y por supuesto, donde hay doblaje hay traducción: vaya plaga de leísmo que asola el cine reciente. Hasta el poster comete faltas flagrantes: Traedle a casa. ¿Traedle qué, una pizza?

The Equalizer (El protector)


The Equalizer, 2014, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 132 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guion: Richard Wenk, basado en la serie de Michael Sloan y Richard Lindheim.
Actores: Denzel Washington, Marton Csokas, David Harbour, Chloë Grace Moretz.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: No está mal rodada y los actores son buenos.
Lo peor: Guion de risa y tono manipulador inaguantable.

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El protector parece una parodia involuntaria. Para empezar, el protagonista resulta un superhéroe: ralentiza el tiempo (parece que gracias al reloj mágico), ve el futuro de la escena y lo reproduce fielmente, se mueve más rápido que las explosiones y las ondas expansivas, monta trampas que ni McGyver (ayudado por la supervelocidad)… Vamos, un coladero de incongruencias para ensalzar a un héroe imposible.

La trama tampoco da mucho de sí, es un refrito de todo lo visto en el género de acción más clásico. Tipo solitario, chica desvalida y villanos de cómic con secuaces ineptos que morirán en cantidad cuando el héroe decida ir a por ellos. Además carece de ritmo, porque se empeñan en darle un tratamiento de drama serio cuando es acción, perdiéndose en una larga exposición de personajes y relaciones que no pueden sorprender, con lo que saben a metraje estirado con pompa innecesaria.

Pero lo peor es que es un panfleto vomitivo del sueño americano: salvaje oeste, neoliberalismo y sueños imposibles. Que si tienes un trabajo de mierda es exclusivamente culpa tuya (el final de la prostituta es de risa, del mundo de la piruleta); el protagonista es un americano superior, de esos hechos a sí mismos contra el hombre y el sistema, y para realzarlo, todos a los que ayuda son desechos de la sociedad o inmigrantes (aaah los pobres mejicanitos); los villanos por supuesto son topicazos viciosos sobre extranjeros, que el país no genera gente así, oye; y los mensajes sobre la justicia a base de violencia son demenciales: vigilantes callejeros y vengadores, nada de proceso legal ni hostias, pues tiene pruebas de los delitos y aun así se encarga de aplicar su justicia del ojo por ojo.

Y así hasta el infinito. Si fuera intrascendente, o de cachondeo, como las buenas pelis de acción de los ochenta (a las que emula bastante), o como El fuego de la venganza (Tony Scott, 2004), a la que se parece mucho, pues sería divertida, pero al menos a mí me ha dado la sensación de que va en plan serio (aunque en el clímax final se va de madre), con lo que resulta esperpéntica y un insulto para la inteligencia del espectador. Por suerte para Antoine Fuqua, eso último no abunda, y no está teniendo mala recepción.

X-Men Orígenes: Lobezno


X-Men Origins: Wolverine, 2009, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 107 min.
Dirección: Gavin Hood.
Guion: David Benioff, Skip Woods.
Actores: Hugh Jackman, Liev Schrieber, Danny Huston, Will i Am, Lynn Collins, Kevin Durand, Taylor Kitsch.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida. Pareja protagonista carismática.
Lo peor: Previsible en varios tramos. Los efectos especiales y la dirección en las escenas cumbre son muy mejorables.

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Sus numerosas críticas negativas, que la ponían incluso peor que a la notablemente fallida X-Men: La decisión final, me mantuvieron bien alejado de las salas de cine, pero por género su visionado era algo que tarde o temprano abordaría. Y bueno, el resultado es mejor de lo esperado. Está lejos de ser una película mediocre, y como secuela le da varias vueltas a la recién citada, pero sí entiendo que no impactara mucho, pues resulta bastante simple y visualmente es mejorable.

El relato es irregular, prometedor pero lleno de altibajos, con varios segmentos predecibles y otros desaprovechados. La rivalidad entre Logan (Lobezno) y Victor se maneja bastante bien, y hay algunos pasos interesantes en su relación: el grupo de mercenarios, el intento de alejarse de esa violencia y la soledad del renegado (bonito el capítulo del anciano que le regala la moto). El sentido del humor funciona (flipante el gordo) y el ritmo es bastante correcto, con lo que en líneas generales empieza siendo una aventura algo básica pero lo suficientemente emocionante y divertida como para dejar buenas sensaciones. El problema es que no es capaz de ir a más, sabe a poco constantemente (de los secundarios se debería haber sacado mucho más) y conforme se acerca al final incluso pierde algo de energía.

Gámbito aporta bien poco, el villano termina resultando muy limitado, y para colmo descubrimos que la trama ha partido de una trampa bastante fea, la de la muerte fingida, que ensucia un desenlace ya bastante turbio, pues en toda la estancia en la isla lo previsible ya sí alcanza cotas importantes: nada sorprende, no se transmite emoción ni tensión por el destino de los protagonistas. Además se ven muy forzados los giros para enlazar con la trilogía de X-Men sin faltar a la continuidad: no matar al villano, borrar la memoria de Lobezno, Gámbito yéndose sin interesarse por los demás y Cíclope sin enterarse de nada (la base de la historia de Lobezno en las dos primeras entregas es la búsqueda de sus orígenes, y Cíclope no recuerda nada de esta historia). El Victor/Dientes de Sable presentado en la trilogía nada que ver tiene con el de aquí, pero eso es un error de concepto de aquellas, no de esta. Y con X-Men: Primera generación se produce otra incongruencia, esta también inesperada: Xavier calvo y sin silla de ruedas.

Las escenas de acción son demasiado aparatosas, demasiado exageradas, pero a la hora de dar ritmo y vidilla a la narración no van mal encaminadas. El problema es que no están resueltas con profesionalidad, quedando algo cutres a veces. Los efectos especiales, incluso en secuencias que no son de acción (la aparición de Xavier), no dan la talla como superproducción: parece que la mitad de la película está rodada en una cochera con pantallas verdes, y los fondos falsos se notan demasiado, el color, la textura y la integración fallan a veces estrepitosamente. La realización de Gavin Hood no es muy llamativa, y de hecho, en las escenas complejas se ve falto de experiencia y recursos: deja casi todo al ordenador, y este no funciona. Es una pena que no se saque partido de un presupuesto que sin duda debería haber dado algo bastante más espectacular.

Si en conjunto se salva es porque el ritmo no llega a decaer a pesar de no ser una montaña rusa, los actores son muy competentes (en especial la pareja protagonista, Hugh Jackman y Liev Schrieber) y la idea de central es atractiva aunque no llegue a dar nada digno de recordar.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
-> X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

El reino de los cielos (Director’s Cut)


The Kingdom of Heaven, 2005, EE.UU.
Género: Histórico, aventuras, drama.
Duración: 190 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: William Monahan.
Actores: Orlando Bloom, Eva Green, David Thewlis, LIam Neeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Marton Csokas, Brendan Gleeson, Ghassan Massoud, Alexander Siddig.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La excelente puesta en escena de Ridley Scott, la fotografía, la música, el vestuario, los decorados, las localizaciones y los efectos especiales.
Lo peor: Cierta falta de energía y ritmo, de grandeza y épica, tanto en la trama como en los personajes, que impide que, aun teniendo una buena base y esté rodada de forma magistral, llegue a ser una gran película.
Mejores momentos: La primera batalla (en los bosques, al poco de partir del hogar de Balian) y el asedio al completo.
La música: Aparte de la compuesta para la película aparecen temas de otras bandas sonoras, quizá por falta de tiempo: cuando Balian da los discursitos de turno suena claramente (tanto que molesta) un tema de Jerry Goldsmith de El guerrero número 13, y en otras ocasiones se oyen partes Blade II, Hannibal y El Cuervo.
La curiosidad: El actor que está tras la máscara del rey leproso es Edward Norton.
Comparativa entre versiones: movie-censorship.
La frase: Qué hombre es aquél que no quiere mejorar el mundo.

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Cuando vi en el cine El reino de los cielos salí algo decepcionado. La película de Ridley Scott estaba coja, se notaban algunos agujeros en el guion y una falta de fluidez en la narración que hacían pensar en un gran recorte de metraje antes de su estreno. Por ejemplo, el personaje de Balian salía muy mal parado, con una descripción pobre y una evolución mal desarrollada (pasaba de joven herrero a caballero dotado sin explicación alguna). Esta falta de equilibrio y profundidad se hacía notar, forzando que un relato visualmente impecable y con aparente potencial en la historia dejara cierto mal sabor de boca. Las críticas fueron tibias, y la recepción del público también.

Por suerte, para el dvd Ridley Scott pudo sacar la versión que él y el guionista William Monahan tenían en mente. Lo que ocurrió fue lo de siempre: la productora pensó que la película era muy larga para ser vendible, y exigió un montaje cercano a las dos horas que se centrara en la acción y además eliminara violencia para hacerla para mayores de 13 años. La versión Director’s Cut (corte o montaje del director) añade alrededor de cuarenta y cinco minutos (llevando la proyección hasta las tres horas diez) y forman una cinta más redonda y equilibrada, hasta el punto de que no recomiendo ver la versión corta, pues en comparación parece una chapuza donde se omiten datos cruciales. Ahora se explica que Balian tiene experiencia en combate y que sabe construir maquinaria de guerra, se añade una subtrama muy interesante con el hijo de Sybilla, se profundiza en la relación entre ella y Balian, se detalla la política de reyes y facciones y se potencian numerosos tramos con pequeñas escenas que matizan y redondean personajes y situaciones, incluyendo escenas tan interesantes como el duelo de espada entre Balian y Guy de Lusignan. Además se recupera toda la sangre y violencia que fue eliminada, dotando a las batallas de mayor realismo y crudeza.

Sin embargo debo decir que este Director’s Cut llega a pecar de excesos en algunos momentos, y pienso que con unos quince minutos menos ganaría. Sin duda el ritmo es bueno, y su larga duración no se hace pesada, pero lo cierto es que hay pasajes algo faltos de intensidad. Algunas secciones creo que se podrían haber resumido para hacerlas más ligeras y directas (la partida de Balian al comienzo, su adaptación al nuevo hogar, alguna intriga política algo lenta) y desde luego breves escenas aquí y allá que no aportan nada consistente no deberían haberse incluido (como que el sepulturero del pueblo de Balian -el de la oreja cortada- aparezca en plena batalla).

Hay suficiente calidad en El reino de los cielos como para hablar de un filme notable que no sólo aguanta sino que gana con los sucesivos visionados. El problema más grande, agravado además por el daño que ha hecho la versión corta, es esa sensación constante de que nunca llega a dar todo lo que parece querer ofrecer: por su género y estilo, por la clara grandilocuencia que destila la trama y la ejecución (la excelsa puesta en escena), es una película que clama a los cuatro vientos que te ofrecerá una obra maestra tipo Braveheart, Gladiator o Espartaco. Y se queda a bastante distancia de ello. Es una pena que, aunque Scott disponía de los medios necesarios además de su notable habilidad tras las cámaras, al guion de William Monahan le falte algo de calidad y fuerza y sea incapaz de desarrollar todo el potencial latente. El resultado es una producción de aventuras medievales muy vistosa y entretenida, pero apenas hay grandeza en un relato que debería tenerla y a los personajes le falta algo de garra que los ensalce como roles capaces de dejar huella en el espectador. ¿Alguien se emociona o sufre intensamente siguiendo a Balian, Sibylla o cualquier secundario? Aprovechando una escena sacada directamente de Lawrence de Arabia, aquella en que el protagonista, perdido en pleno desierto, se encuentra con uno de sus rivales antes de meterse en todo el jaleo, hilo una comparación entre ambas: la cinta de David Lean sí mostraba un aura de grandeza donde tanto el rol principal como todo secundario que iba apareciendo en la historia dejaban grato recuerdo en el espectador.

Los actores, quitando a un siempre mediocre Orlando Bloom, que no tiene el carisma suficiente para ser protagonista aunque por suerte está mucho mejor que en otros títulos (Troya, Piratas del Caribe), son buenos profesionales, pero salvo Eva Green ninguno resulta muy destacable, quizá porque sus personajes no tienen el trasfondo suficiente como para conseguir algo notable de ellos.

Lo que está claro es que Ridley Scott no desaprovecha la oportunidad que ofrece el género y levanta una producción colosal que resulta deslumbrante en general y sobrecogedora en algunos tramos. La fotografía de John Mathieson capta muy bien lo buscado por Scott: los paisajes europeos son bellos y fríos (los tonos azulados otorgan una insólita belleza a los bosques), los desiertos de Jerusalén son cálidos (el colorido luminoso contrasta mucho con el tramo inicial de la cinta, y remarca muy bien la nueva vida o renacimiento del protagonista), las secuencias de batalla tienen planos amplios espectaculares, etc. La música de Harry Gregson-Williams es excelente y ofrece temas enérgicos y hermosos. El vestuario, las localizaciones, los decorados y los efectos digitales son perfectos y Scott los usa con maestría para erigir esta épica de grandes proporciones.

En el momento cumbre, el asedio, todo explota en un tramo de una fuerza visual increíble. Los ejércitos, las torres de asalto, las catapultas, las piedras golpeando los muros y los magníficos planos desde tierra o desde el aire mostrando toda la envergadura del asalto dejan sin aliento. El detallismo con que se muestran los pasos de la batalla, sin perder en ningún momento el ritmo y objetivo de la narración, son loables (un inconmensurable trabajo desde la escenificación en el rodaje al montaje en postproducción), y la nitidez y espectacularidad con que se muestra todo es extraordinaria. Y todo ello además en un tono realista muy de agradecer: sin abuso de efectos especiales, sin florituras absurdas, mostrado con claridad cada escena, golpe, finta, herida, etc. Comparen este asedio con la horterada llena de ruidos y efectos especiales de El retorno del rey

Sin duda será muy difícil superar lo que aquí se ha logrado. Con un presupuesto bastante ajustado comparado con lo que se ve en pantalla (nada más que 130 millones), Scott levanta una producción de una complejidad y dificultad que no está al alcance de muchos, y consigue además un acabado de una calidad impresionante. Sin embargo hay un título cercano en fechas (2004) digno de comparar: Troya. La obra de Wolfgang Petersen también es una producción de las difíciles y de acabado ejemplar que merece citarse y compararse. Es curioso que tal y como ocurre con El reino de los cielos falle lo justo en su guion (mejorable confección de personajes, falta de trascendencia de la trama) como para que, siendo bastante buena y teniendo un acabado exquisito, tampoco termine de resultar una gran película.

El trabajo de Scott me parece tan admirable que pienso firmemente que no se ha sabido valorar la calidad de esta producción: las labores de dirección, fotografía, música, montaje, vestuario, decorados y efectos especiales no obtuvieron ninguna nominación a premios importantes. ¿Cómo es posible que una película que resulta ejemplar en cuanto a realización pasara tan desapercibida? Es más, me pongo a pensar que la mediocre El retorno del rey arrasó por donde pasó un par de años antes, y la comparo con esta… y no soy capaz de entenderlo, ni de asimilarlo. Es evidente que los Oscar, Globos de Oro y demás carecen de sentido objetivo y se mueven por fama y moda (y El reino de los cielos no causó mucho impacto mediático), pero claro, aun así no puedo evitar citar la injusticia cometida.

Desafío total (2012)


Total Recall, 2012, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: Len Wiseman.
Guion: Kurt Wimmer, Mark Bomback, Philip k. Dick (relato).
Actores: Colin Farrell, Kate Beckinsale, Jessica Biel, Bryan Cranston, Bill Nighy.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Efectos especiales impresionantes. Gran recreación del futuro.
Lo peor: Simple y sin garra.
Título en latinoamérica: El vengador del futuro. ¿De qué se venga? ¿Dónde está el viaje al pasado?
Director’s Cut: Hay dos versiones de la película, una con 118 minutos y otra con 130: la productora la recortó mucho para el estreno en cines pero en dvd el director pudo ofrecer su visión. No he encontrado una comparativa entre ambas, pero al parecer en la versión corta se omiten cosas importantes.

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Como la producción de Paul Verhoeven (1990), Desafío total se inspira en un relato de Philip K. Dick donde un currante aburrido decide hacer un viaje virtual para llenar de emoción su vida. Pero el proceso falla porque su memoria ya se haya alterada, y descubre entonces que es un espía atrapado y puesto a dormir en una vida hecha a medida, y ahora deberá averiguar cuál era su trabajo y objetivos y quiénes su amigos y aliados.

Mientras que en la cinta protagonizada por Schwarzenegger el argumento se desarrollaba como un thriller intenso, lleno de misterio y acción, aquí resulta superficial, constreñido entre tiroteos y persecuciones donde solo se busca el efecto especial aparatoso y se olvida (algo habitual en el cine actual) de dotar de verdadera entidad y credibilidad a los personajes. Poco o nada interesa el destino del protagonista y quienes van apareciendo en su camino, pues ninguno posee el carisma y la fuerza que ofrecía el enorme plantel de la versión anterior. Ya puede sudar Colin Farrell, tener peleas con las aburridas féminas (Kate Beckinsale, Jessica Biel), enfrentarse a villanos supuestamente importantes (desaprovechado Bryan Cranston) o haber algún giro final sorprendente (el del tatuaje, ridículo, el de la misión secreta, poco resultón), que nada llega a despertar suficiente interés como para que días después de la proyección se siga pensando en la película, algo que sí ocurría con la otra. El camino que se sigue está además muy trillado: sabes perfectamente cuándo aparecerá una persecución, cuando un tiroteo, cuando una pelea a puñetazos… y también se prevé cómo acabará cada secuencia y qué vendrá después.

Este fallido aspecto de narración lineal se debe en gran parte a que no se aprovecha lo más mínimo el género de ciencia-ficción, porque lo único que se hace es trasladar cualquier elemento del cine de acción actual a un entorno digitalizado. Por ejemplo, la persecución por tejados tiene casas del futuro y unos cuantos robots, pero en realidad no se añade nada en contenido y resultados a lo visto en innumerables películas ancladas en el presente. En la de Verhoeven cada nuevo escenario estaba lleno de sorpresas y aportaba alguna secuencia si no importante sí espectacular, y sobre todo como en cualquier buena película de ciencia-ficción el escenario, el universo planteado, tenía sentido, se integraba en la trama, era parte de los personajes. Aquí solo los retazos de lucha obrera parecen ir hacia alguna parte en relación con la aventura del protagonista, pero es algo poco trabajado: es difícil enterarse de cómo se llegó a esa situación (se tienen que explicar cosas mediante rótulos al inicio porque en la trama no saben meterlas) y al no haber secundarios de calidad que sustenten el entramado social imaginario (como los mutantes) todo queda en un trasfondo muy vago sobre el que se orquesta una simple aventura de acción.

Al menos, como cinta de acción funciona sin muchos achaques. Es un no parar donde todo se desarrolla a toda velocidad y con ello disfraza bastante bien su guion tan facilón. De hecho, hay tramos trepidantes muy logrados, como la larga persecución de coches magnéticos. Aunque eso sí, debo decir que hay una sección bastante salida de madre: la parida del viaje por el interior del planeta no hay por dónde agarrarla. Y por supuesto, cuando cobra importancia la trama se ven sus limitaciones, como en el enfrentamiento final, que resulta demasiado predecible.

Es ineludible destacar que el nivel de los efectos especiales es impresionante, sobre todo teniendo en cuenta que el presupuesto no era de los gordos (120 millones está muy por debajo de los 200 estandarizados hoy día para superproducciones). El diseño de la ciudad (casa sobre casa hasta llenar el cielo) es detallado, los fondos digitales y decorados son impecables, la interacción de personajes con el entorno resulta creíble y la dirección de Len Wiseman (Underworld, La jungla 4.0) es francamente buena y lo aprovecha todo muy bien.

Por su ritmo intenso y su acabado visual espectacular es un visionado más que aceptable si te atrae el género. Pero es una pena que el guion de Kurt Wimmer sea tan poca cosa, con lo que a pesar de tener experiencia en el género (Ultravioleta, Equilibrium, Esfera) sigue defraudando.