El Criticón

Opinión de cine y música

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Misión imposible: Fallout


Mission: Impossible – Fallout, 2018, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 147 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie.
Actores: Tom Cruise, Henry Cavill, Ving Rhames, Simon Peg, Rebecca Ferguson, Alec Baldwin, Angela Bassett, Sean Harris, Michelle Monaghan, Vanessa Kirby.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Un portento visual con escenas de acción memorables. Mayor recorrido dramático de los protagonistas.
Lo peor: Se termina de dejar de lado el género de espionaje y suspense serio. Alguna situación menor un poco cogida por los pelos.
Mejores momentos: La persecución en moto, la pelea de helicópteros, la confrontación final en la montaña.
La frase: Su misión, si decide aceptarla…

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No esperaba novedades y subidones de calidad en la saga Misión imposible, parecía que sus productores, Tom Cruise a la cabeza, habían dado con la clave para amasar dinero y se aferrarían al esquema mientras pudieran. Dejar de lado el thriller de espionaje, simplificar las tramas a una somera exposición de los giros traiciones y escenarios de siempre, llevar a los personajes más hacia el género de superhéroes que al del drama serio y limitar su progresión a que cada uno tenga su momento de lucimiento pero sin cambio real, y centrarse en narrar a toda leche para que no se noten las carencias, colocando con calzador unas cuantas secuencias de acción poco inspiradas pero al menos bien rodadas. El equilibrio entre el desgaste y la simpatía del producto final mantuvo las dos últimas entregas en el limbo de películas muy entretenidas pero que no calan lo más mínimo en la memoria, así que yo ya daba por muerta a la serie. Pero por una vez la máxima de “más grande es igual a mejor” se cumple con creces en este nuevo episodio, y eso a pesar de estar escrito y dirigido por el encargado de la anterior, Christopher McQuarrie.

En realidad debería quejarme, pues han terminado abandonando del todo el cine de espías serio que tan buenos resultados dio en la primera y tercera entregas, al menos en calidad, porque en recepción el capítulo orquestado por J. J. Abrams se resintió un poco. Por si fuera poco, todavía se nota un poco que las secuencias de principales acción son versiones de las que han funcionado previamente en la saga: no falta la persecución en moto y un final de infarto con helicópteros. Pero lo cierto es que echando toda la carne en el asador esta vez disimulan muy bien la tendencia a la simplificación y la falta de imaginación. Tanto en el desarrollo de personajes como sobre todo en lo visual han puesto mucho esfuerzo, consiguiendo una cinta de acción emocionante y espectacular a niveles inesperados, hasta el punto de tener que citarla entre las mejores del género de los últimos años.

También puedo mencionar algún pequeño punto gris, como la tonta presentación del nuevo personaje (el agente de la CIA interpretado por Henry Cavill), en plan chaval de instituto haciendo bromas inverosímiles como quitarle el oxígeno al compañero en un salto en paracaídas, y cabe preguntarse qué hace el secretario de estado (Alec Baldwin) apareciendo a solas en un lugar de reunión de espías en media misión. Pero son cosas que se olvidan pronto; la primera, en la contundente pelea en el baño en la discoteca, la segunda, porque la escena de engaños y traiciones de turno es muy efectiva.

Se maneja mejor la continuidad, algo que echaba en falta en episodios previos. Aunque sea en parte a costa de repetir con un villano a lo James Bond (el encarnado de nuevo por Sean Harris), lo de luchar contra los restos de su organización da una correcta sensación de continuidad y familiaridad. Además, la confrontación pasa factura a los protagonistas, encontrándose Ethan Hunt y sus compañeros ante el reto más difícil hasta el momento. Se los ve sufrir en cada tramo de la misión, pero también asistimos a una lucha interna que sorprende muy para bien a estas alturas. El equipo duda en algunas situaciones, e incluso de las capacidades de Ethan, y este se enfrenta a unos dilemas éticos muy complicados. La escena en que se imagina matando policías para poder salvar a cientos de miles potenciales víctimas es sorprendentemente dura y cruel. Toda la película gira alrededor de ese tipo de decisiones, jugando con la sensación de que Ethan puede convertirse en un agente capaz de justificarlo todo por la misión, acercándose así a la máquina de matar sin brújula moral que son los villanos a los que se enfrenta. Por supuesto, esto es una de acción y héroes, así que el discurso es un tanto simple, con el bien y el mal en dos extremos muy claros, pero lo que vemos vale para dotar de mayor densidad a una premisa que parecía agotada.

Siguiendo con los personajes, cabe pensar que ya que han recuperado a Michelle Monaghan podían haber traído a Maggie Q y otros compañeros del episodio tercero, que resultaron muy simpáticos pero han sido olvidados por completo. En cambio, no aparece Jeremy Renner (por problemas de agenda)… y no me había dado cuenta hasta que lo he leído por internet después de verla, así de poco que aportaba su personaje, un comodín en la lucha de despachos en Nación secreta y un cero a la izquierda en Protocolo fantasma.

En cuanto a la acción, McQuarrie supera con creces lo visto en el capítulo precedente, tanto a la hora de imaginar situaciones grandilocuentes pero con algo de carga dramática como a la hora de plasmarlas en imágenes. Critiqué en aquel que la persecución, bien encaminada, acababa tirando más de la cuenta los por efectos digitales, y que el asalto al servidor de datos no era sino una versión del visto en la primera película. Aquí tenemos otra confrontación con coches y motos, así que cabría preguntarse a qué viene teniendo aquella tan fresca, pero la verdad es que resulta memorable, no se ha visto nada semejante en persecuciones desde Ronin (John Frankenheimer, 1998), aunque las de Jason Bourne no estaban mal tampoco. Nos recorremos París a toda leche con infinidad de momentos alucinantes y giros imaginativos que enriquecen el escenario, y todo ello sin sensación de que hay efectos especiales, sino personajes pasándolas putas por escapar y sobrevivir, chocándose incluso de vez en cuando. Y a eso le sumamos el desconcierto (en quién pueden confiar) y los conflictos morales (improvisar para salvar vidas y no reventar la tapadera en el proceso), con lo que además de asombroso resulta muy emocionante.

Como señalaba, tampoco es nuevo un clímax con helicópteros, pero que me aspen si esperaba algo la mitad de impresionante. De nuevo tenemos a Tom Cruise dándolo todo, colgando de la carga, cayéndose, agarrándose como puede, pegándose hostias alucinantes por la montaña… ¿Cuánto hizo él y cuánto es efecto especial? No quiero saberlo, el engaño es perfecto, parece una situación real grabada por un testigo, sobrecogedora como pocas del género a pesar de que a estas alturas es muy difícil sorprender. Atención además a las deslumbrantes imágenes de la naturaleza, el director aprovecha al máximo las localizaciones.

La cinta sólo se podría mejorar con una banda sonora más trabajada. Se echa de menos a Danny Elfman, Michael Giacchino y Joe Kraemer, pues Lorne Balfe es un alumno de la factoría Hans Zimmer, todo sintetizador y jugar con el ritmo y el volumen más que con la composición, convirtiéndose en un efecto sonoro más que una música que refuerce sensaciones concretas.

Ahora queda la duda de si realmente es necesaria otra entrega tras este sensacional hito. ¿Tienen algo más que contar, hay forma de superar el nivel visual? Sería hora de darle un giro, pero no creo que se atrevan.

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
-> Misión imposible: Fallout (2018)

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La liga de la justicia


Justice League, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Zack Snyder, Joss Whedon (acreditado como guionista).
Guion: Chris Terrio, Zack Snyder, Joss Whedon.
Actores: Ben Affleck, Henry Cavill, Gal Gadot, Jason Momoa, Ezra Miller, Ray Fisher, Jeremy Irons, Diane Lane, Amy Adams, Connie Nielsen, J. K. Simmons, Ciarán Hinds, Joe Morton.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Duración comedida y va directo al grano, así que no aburre hasta la desesperación como Batman vs. Superman.
Lo peor: Flojísimo dibujo de personajes. Insustancial y anticuada en estilo y argumento. Mediocre en lo visual, que se torna pésimo en la batalla final. Que el estudio siga improvisando la serie sobre la marcha.
La pregunta: ¿A qué se refiere la “justicia” del título? Debería ser La Liga Defensora de la Tierra o algo parecido.
El título: Oficialmente es Liga de la justicia. Le han quitado el artículo “La”, como en Vengadores: La era de Ultrón con el “Los”. De verdad que no entiendo a las distribuidoras. Por supuesto, todo el mundo la conoce como La liga de la justicia.

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Alerta de spoilers: Comento algún detalle por encima, pero no creo que haya nada revelador. —

La liga de la justicia se veía venir como un Batman vs. Superman (2016 ) segunda parte, porque todo en ella se ha ido planteando y desarrollando más o menos igual. De nuevo estamos ante la discutible idea de saltar de golpe a un filme grupal sin haber presentado como es debido a sus protagonistas por separado, ante la difícil tesitura satisfacer con un capítulo muy ambicioso y esperado a un público bastante dispar, tanto a los exigentes fans de los cómics como a los que sólo quieren pasar el rato con las películas que están de moda. Otra vez nos encontramos con un rodaje caótico, con imposiciones del estudio y filmación de escenas adicionales, es decir, se mantiene la falta de rumbo y la improvisación. ¿Puede salir algo bueno teniendo el listón tan alto y una gestión del proyecto tan desorganizada? Todo apuntaba a que sería otra catástrofe artística… y el estreno así lo confirma.

La liga de la justicia no tiene aires de grandeza como El hombre de acero (2013), ni es tan pretenciosa, aburrida y confusa como Batman vs. Superman. Al menos han intentado que sea más ligera y directa, como Wonder Woman (2017). Pero en el proceso ha quedado otro batiburrillo de intenciones malogradas y apaños de última hora como Escuadrón suicida (2016). Es simple y predecible, pero a la vez inconexa y precipitada. Es superficial y anodina, a pesar del empeño en abarcar varios superhéroes y una trama supuestamente épica. La proyección deja frío y se olvida nada más acabar si vas con la mente abierta, sin prejuicios. Pero si te pones a analizarla como fan y como cinéfilo es mejor reírse, porque no merece la pena apenarse de nuevo por el desastre en que ha caído el estudio Warner Bros. con la serie DC, en cómo han desaprovechado unos personajes con tanto potencial y tan admirados. El panorama resulta incluso desalentador, viendo que veníamos del gran Batman de Christopher Nolan y pensando que han agotado a este y a los demás superhéroes para una década, porque nadie se atreverá a reiniciar estas figuras en muchos años, y más cuando está confirmado que van a extender la agonía durante unos cuantos episodios más. Así que lo único que queda es pasártelo bien poniéndolos a caldo y viendo a los fanáticos tirarse de los pelos o intentar darle la vuelta y decir que son buenas películas pero incomprendidas.

La taquilla ya va dejando ver el desgaste, con un estreno y primer fin de semana por debajo de los demás capítulos. Si hacemos caso a las estimaciones de que el presupuesto alcanzaría los 300 millones de dólares, a lo que hay que añadir unos 100 más en publicidad (que seguramente sean más, pero por poner una cifra), debería recaudar por encima de 800 millones para empezar a dar dinero, así que va a ir muy justa la cosa. La masa de espectadores es fácil de llevar a la tendencia de moda y tarda en cansarse, pero tarde o temprano tendrán que darle la espalda a una serie que apenas gusta. ¿Será por fin en esta entrega? Hasta ahora los episodios rondaban los 700-800 millones de taquilla, sí, pero con toda seguridad por el tirón de los personajes y del género, en pleno momento álgido, y por la insistente campaña publicitaria, que mueve a la gente indecisa en plan “esta es la peli del mes y hay que verla”.

De hecho, es imposible no pensar que le deben la mitad de la recaudación a Disney/Marvel y otro poco al Batman de Nolan, que hacen efecto arrastre y son quienes mantienen al género muy vivo. Si en Warner/DC tuvieran que depender sólo del boca a boca y las críticas, la hostia sería mayúscula. De ahí que los fanáticos que se empeñan en defender esta saga contra viento y marea despotriquen contra Rottentomatoes con conspiraciones absurdas de que está comprada por Disney, cuando lo único que hacen en esa web es recopilar las críticas de decenas de medios. Y luego estos mismos niñatos intentan reventar la media en la IMDb poniéndole miles de dieces antes del estreno, se dedican a perseguir por los foros a quien opine mal de estos bodrios, y tratan de machacar al estreno de Marvel más cercano, en este caso Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017), con argumentos pueriles y mucha rabia. Pero dejemos de lado esta surrealista guerra, perdida por Warner/DC y sus mercenarios ya desde El hombre de acero, y centrémonos en la película…

Como en el resto de la serie, lo primero que se observa es que el tono oscuro y épico está hecho a brochazos y es una fachada que cae rápido. La estética es artificial pero gélida, con esa fotografía de colores apagados nada naturales y los planos teatrales pero vacíos y sin visión global (una postal aquí, otra allí, pero la narrativa descuidada). Sumado a los penosos efectos especiales, se conforma un aspecto visual poco llamativo, desagradable incluso, por deslucido y cutre. La trama va de grandiosa, sombría y grave, pero al final resulta bastante insípida e infantil. Y sobre todo, lo peor de todo, los protagonistas tienen una descripción somera y un desarrollo muy exiguo, no son capaces de hacerlos crecer tras varios capítulos muy largos.

No hay conflicto ético llamativo, ni una lectura intelectual con el más mínimo atractivo. Claro que, si no los ha habido hasta ahora, no debería sorprender, pero dadas las temáticas que se trataban en los cómics y las otras adaptaciones, se echa de menos que profundicen en temas como la responsabilidad, la moral, la esperanza, la superación personal, etc. Apenas se señalan los puntos básicos de cada superhéroe, y desde luego no se explora ninguna otra línea conocida, como la corrupción de la sociedad (habitual en Batman), el poder de los medios (recurrente en Superman, a través del aquí inexiste Daily Mirror), etc. Tenemos flojas menciones al aspecto de Superman como faro de la humanidad, Diana sólo suelta un par de clichés a los nuevos sobre que sus poderes deberían estar al servicio del bien, y con Batman se roza el tema del miedo como arma porque los bichos malos se alimentan de miedo (aunque esto se olvida en largos tramos de la cinta), pero no porque se profundice en el personaje.

También se sigue descuidando otro aspecto esencial: la humanidad parece no existir. Aparecen Lois y la madre de Clark de refilón, para cumplir con ellas porque están en los cómics, pero no aportan nada al desarrollo emocional de Superman (casi mejor, después del patético desenlace de la pelea con Batman), y desde luego no sirven para recordarnos que la humanidad está en peligro. Es más, no sabría si ha habido una extinción en la Tierra, pues apenas vemos a unos pocos secundarios y figurantes, y los únicos con presencia relevante están metidos con calzador y sensacionalismo: las citadas mujeres de Clark y esa familia que vive cerca de la planta nuclear resultan muy cargantes. Es decir, nunca da la sensación de que la Tierra está en verdadero peligro, no parece que el grupo luche realmente por el ser humano, tanto por la supervivencia global como por sueños de una sociedad mejor, sino que parecen solamente unos frikis que se juntan en un descampado para pegarse con un gamberro sideral.

El villano provoca indiferencia total. Se puede perdonar que no tenga un dibujo complejo, que sea una entidad destructora sin más, si su presencia es una excusa para presentar al grupo de superhéroes. Pero aun así debe causar alguna impresión, tener cierto atractivo (diseño, carisma) y transmitir algo de peligro, es decir, que no parezca un infantil monstruo final de videojuego… no, peor, otro monstruo de videojuego, porque es intercambiable con todos los villanos de la saga. Si es que ni el nombre recuerdo. Intenciones, planes, poderes (¿y ese teletransporte?)… nada llega a definirse, es un muñeco digital sin alma alguna. Y como la puesta en escena y los efectos especiales son mediocres, la batalla final provoca más sopor que emoción.

Así que todo el peso del relato recae en el grupo, en su unión, sus relaciones incipientes, los primeros pasos en la lucha, la aceptación gradual del destino y la responsabilidad, el encontrarse a sí mismos y sacar coraje, etc. Viene a ser lo mismo de siempre, pero como siempre también, se puede hacer bien y cumplir de sobras, se puede conseguir un nivel extraordinario que permita rememorar la película años después, o se puede hacer el ridículo. Marvel se mantiene en los dos primeros puntos, con algunos picos antológicos, Guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014) y Los Vengadores (Joss Whedon, 2012). La reciente Thor: Ragnarok es otro gran ejemplo de que con una premisa clásica se puede conseguir una obra desbordante de personalidad. Pero con La liga de la justicia seguimos ahogándonos en un mar de decepciones.

La presentación de Aquaman es breve e insustancial, no llegamos a vislumbrar quién es, dónde vive, de qué cultura viene. Sólo nos quedamos con un vago dato: es el típico heredero que pasa de todo. Y su desarrollo no aporta ninguna capa, salvo incongruencias: va de chulo pasota de toda la vida que no quiere inmiscuirse en los problemas del mundo… ¿y entonces por qué ayuda al pueblo de pescadores? Sin conocer sus motivaciones y poderes (¿puede volar o la escena es exageradísima?), su presencia es confusa. Sin mostrar un carácter bien definido, sus chascarrillos parecen forzados. A pesar del carisma nato de Jason Momoa (Stargate: Atlantis, Juego de tronos), termina la proyección y me cuesta recordar que ha estado en ella, sólo me viene a la memoria la escena del Lazo de la Verdad, clásico humor “made in” Joss Whedon. La entrega que liderará en solitario debería haber llegado antes y la presente ser una conclusión o un punto y aparte a su trayectoria, como han hecho sabiamente en Marvel con todos sus protagonistas principales. Sin ir más lejos, parece un soso clon de Thor.

El drama familiar de Flash es escupido de mala gana, pero el chico resulta simpático, más humano que los demás. Se ve a un joven novato en esto de ser héroe, madura y se hace un hueco poco a poco. No deslumbra, se queda en un estereotipo un tanto limitado, y parece una imitación del Spider-Man de Capitán América: Guerra Civil (hermanos Russo, 2016), pero resulta agradable y su presencia y acciones sí vienen a la mente cuando piensas en la película. El actor Ezra Miller cumple en el papel de secundario cómico, pero faltaría por ver un progreso dramático más elaborado y cómo se desenvuelve en él.

Con Cyborg parece que intentan trabajárselo más, quizá por ser el más desconocido. Pero el lío paternofilial está demasiado visto y se desarrolla con clichés muy rancios. Al final hasta le hace ganar puntos a Flash: con él van al grano sin extenderse innecesariamente. En la comparación también pierde el actor Ray Fisher, incapaz de transmitir el supuesto tormento que vive su rol. Como héroe queda un remedo chapucero de Iron Man, con un traje y tecnología que todo lo puede, y como persona resulta más bien irritante.

Superman, con menos presencia, pierde más definición y profundidad, y mira que tenía poca. No se intuye de qué va ni qué siente. Se supone que ha de estar abrumado, pero parece pasárselo bien. El conflicto con Batman desaparece sin más, porque claro, acabaron bien después de todo… Pero entonces, ¿por qué el grupo teme que al resucitarlo vaya a por el hombre murciélago? Por cierto, increíble que Wayne, tan afligido por matarlo, no ayudara a su madre con las deudas que la llevan a quedarse sin casa. Y como decía, no existe conexión alguna entre Superman y la humanidad, por más que repitan la frase de que es un faro para la misma varias veces. Lo único digno de su presencia es que en la resurrección los guionistas se esfuerzan un poco. Luego está claro que no saben qué hacer con él, que meterlo en juego demasiado pronto acabaría con el malo en un pis pas, así que lo reservan con todo descaro para que los otros sufran un poco, con gilipolleces como que se preocupe por unos cuantos civiles a la huida (y eso que en El hombre de acero le importaron bien poco), cuando dejar al enemigo seguir con su plan es lo que podría causar un auténtico apocalipsis. Así que Superman queda otra vez casi al nivel del villano: un tipo súper poderoso que pulula por ahí sin saber qué lo motiva y qué piensa y que sólo pasa a primer plano para soltar hostias.

Batman posee cierto carisma y determinación, pero en el lado de Wayne, porque el hombre murciélago no me dice nada. Ben Affleck ha perdido fuelle (y ganado peso) respecto al buen papel en Batman vs. Superman: no se lo ve agobiado y tenso como debería ante tal empresa. Es otro que al terminar el visionado no sabes muy bien qué ha hecho, aparte de un par de escenas típicas donde lidia con la unión de la pandilla. Wonder Woman también apunta maneras. Tiene las ideas claras, quitando el absurdo de pasarse cien años de vacaciones, y algún diálogo digno. Pero una vez entrados en acción los atisbos de personalidad de estos dos desaparecen, engullidos por el caos sin contenido de la larga y cansina confrontación.

Está claro que el esfuerzo de Joss Whedon, centrado en definir mejor las relaciones de la banda, se ha ido en el tramo central, y que el final es puro Zack Snyder: fuegos artificiales (poco vistosos además) y nada de contenido. Porque la forma de rodar de Snyder y el paupérrimo nivel de los efectos especiales son el otro gran lastre de la saga y del episodio.

Es alucinante que se hayan gastado tanto dinero (recordemos: unos estratosféricos 300 millones de dólares) y luzca tan mal… de nuevo, porque no se entiende tampoco que sigan recurriendo al mismo equipo técnico que tan malos resultados da. Las pantallas de fondo cantan un montón (atención a la conversación de Clark y Lois en el maizal), las criaturas y escenarios digitales son propios de una película de hace veinte años (sonrojante la batalla de las amazonas), y el tramo final, todo hecho por ordenador, es puro videojuego, da lástima verlo. Para rematar, tenemos a Snyder y su incapacidad para dotar de ritmo y garra a la narrativa, y sus tics exasperantes: aspecto visual sintético, atardeceres eternos, cámaras lentas sin justificación alguna… Y la pena es que ni habiendo finalizado la cinta un artesano tan competente como Whedon se arregla la cosa, porque con unas pocas escenas sueltas es complicado cambiar un todo fallido, y aparte el estudio ha metido mano exigiendo un metraje de dos horas, cuando sabemos que había mucho material rodado (y probablemente obligaran a otras cosas, como a meter esos videoclips musicales tontorrones -el remix de The Beatles es incluso ofensivo- o a quitarle ropa a las amazonas -¡!-). Y me temo que el metraje final es tan caótico como el de Batman vs. Superman, tanto por el montaje de las peleas cuerpo a cuerpo, que siguen siendo bastante chapuceras, como en la narrativa global, que va a toda leche pero tropezándose y dejando huecos enormes.

Algunos de esos agujeros cantan mucho. Cuando se quedan tirados en los túneles porque Cyborg se larga, de repente aparecen afuera sin que sepamos cómo han salido. La solución de Batman con los insectoides sale de la nada, aunque quizá es mejor, porque me imagino una investigación absurda como la de Batman vs. Superman y me da la risa. Otro aspecto del rodaje extra que está dando que hablar es el dichoso bigote que tenía Henry Cavill para su siguiente película y eliminaron digitalmente con resultados muy cómicos, porque parece que han pintado con acuarela de color carne encima del labio.

En el lío de la producción también cambiaron de compositor. A estas alturas quieren a alguien con carácter, dejando de lado la electrónica sin alma de Junkie XL y al imprevisible Hans Zimmer, que lo mismo te hace un mix repetitivo de sintetizador que pare una genialidad, pero ahora anda diciendo que no quiere más películas de superhéroes. Así que han fichado a Danny Elfman, autor de la mítica partitura del Batman de Tim Burton, entre otras muchas maravillas. Eso no justifica que metan el tema principal de aquel Batman aquí, pero es que ya de paso incluyen también un homenaje al Superman de John Williams, con lo que da la sensación de que el estudio quería tirar de los buenos recuerdos de los espectadores para levantar el nivel emocional. El resto de su labor no destaca, y menos con tanto ruido. Si bien se agradece una orquestación más trabajada, la composición es de acción rutinaria, no se esmera (o no lo dejan) en crear motivos concretos para personajes (sólo recupera brevemente el simplón de Wonder Woman) ni en una trayectoria temática sólida, quedando una obra impersonal y predecible. De hecho, en algunos momentos se lo ve bastante limitado, como esos forzados violines lacrimógenos de las partes más dramáticas e íntimas.

El argumento trillado, las situaciones tan vistas, la poca enjundia intelectual, los protagonistas estereotipados y de escaso recorrido, y el acabado visual de cine cutre, dan como resultado una película ingenua, torpe, fea, que parece anticuada, como de los tiempos del Superman de Richard Donner (1978), impropia de esta época donde el género alcanzó su madurez hace unos años, precisamente con otro Batman, el de Nolan, y se mantiene en todo lo alto desde entonces gracias a la serie Los Vengadores y los giros adultos de la agonizante X-Men, Logan (James Mangold, 2017) y Deadpool (Tim Miller, 2016).

Y una vez vista y digerida es inevitable hacerse la gran pregunta: ¿El estudio ha apartado a Snyder y fichado a Whedon para tratar de encauzar un barco que se hunde? Ojo, no quiero frivolizar con la tragedia familiar que vivió Snyder, pero de haberse retirado para reponerse mentalmente lo lógico es que el estudio terminara el rodaje en la línea de este autor, la línea que le estaba imprimiendo a la serie. Inicialmente todos pensamos en lo más lógico: ficharon a Joss Whedon porque es uno de los mayores expertos en cómics de Hollywood y un notable guionista y director (de hecho, es un pilar fundamental en Los Vengadores). Pero en frío era imposible no razonar que el estilo (y el nivel cualitativo) de Whedon y el de Snyder son muy distintos, y que no pinta mucho para un trabajo tan poco gratificante como finalizar y editar la película de otro. Había muchos autores sin temperamento pero con experiencia que podrían haberlo hecho. Sólo se me ocurre que podría haber firmado para este mal trago a cambio de poder realizar la adaptación de Batgirl que persigue desde hace tiempo.

Siguiendo la labor de Whedon en el proyecto (por las noticias y declaraciones que ha habido) y analizando el resultado final, las dudas aumentan muchísimo. Sabiéndose que con él al frente el estudio buscó reforzar las relaciones entre personajes y un tono menos funesto y solemne, amén de reducir el metraje agilizando el ritmo y quitando morralla (Snyder nunca supo ir al grano), parece quedar claro que han mirado al éxito de Wonder Woman, con su estilo más luminoso y aventurero, y a la vena humorística que tan buenos resultados le da a Marvel. Es decir, todo apunta a que siguen improvisando y modificando la serie sobre la marcha, intentando encontrar un estilo y una personalidad según soplan las críticas, y han tratado a última hora de encauzar un filme que, finalmente, como Batman vs. Superman y Escuadrón suicida, se les ha ido de las manos. Para colmo, ahora andan algunos seguidores clamando por una versión del director editada por Snyder, como si de repente resultara que él no es el principal problema de la saga.

La liga de la justicia es otro fracaso (hasta el póster es horrendo) en una serie que deberían dejar morir (deberían haberlo hecho desde El hombre de acero) y reiniciar en unos años con buenos guionistas y directores y con la planificación adecuada.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
-> La liga de la justicia (2017)
Aquaman (2018)

Operación U.N.C.L.E.


The Man from U.N.C.L.E., 2015, EE.UU., Reino Unido.
Género: Acción, comedia.
Duración: 116 min.
Dirección: Guy Ritchie.
Guion: Guy Ritchie, Lionel Wigram, Sam Rolfe (serie original).
Actores: Henry Cavill, Armie Hammer, Alicia Vikander, Jared Harris, Hugh Grant, Elizabeth Debicki.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo vertiginoso, personajes y actores carismáticos.
Lo peor: La historia, demasiado trillada, sobre todo en el flojo tramo final.

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En los años sesenta, con la guerra fría en pleno auge, el cine y las series de espías pegaron fuerte, sobre todo en clave de acción y humor y con historias sencillas, porque si la idea era entretener, no podías tirar a la cara del espectador más drama y más miedo. En la pantalla grande triunfaba sobre todo James Bond (1962 en adelante), y en la pequeña Los vengadores (The Avengers, 1961), Cita con la muerte (Danger Man, 1960) o El agente CIPOL (The Man From U.N.C.L.E. , 1964).

El basarse en un género muy concreto y tratar de ser fiel a la fuente de la que proviene implica limitar mucho el mucho margen de maniobra. Si la actualizan demasiado puede perder la esencia original, si se mantienen demasiado fiel, resultar predecible y anticuada. Desde mi punto de vista, diría que Guy Ritchie se ha quedado en un término medio. No puedo dejar de pensar que al guion le ha faltado un poco de actualización y una pizca de inteligencia para conseguir un título que deje huella, pero también es evidente que resulta muy entretenida, sobre todo porque el director y los actores muestran mucho entusiasmo en su labor.

La dinámica entre los personajes y su ritmo alocado son sus puntos fuertes. Los espías ruso e inglés, eternos rivales, deben encontrar la forma de trabajar juntos, y con la chica de turno de por medio la cosa se complica. Tenemos garantizado infinidad de conflictos de todo tipo, la mayor parte con un tono humorístico ligero, unos pocos más elaborados, y los mejores los dejados a la química de los actores. Y Henry Cavill y Armie Hammer los explotan de maravilla, muestran un carisma arrollado y conexión de sobras para hacer verosímil una fantasía bastante pasada de rosca. Los secunda también con mucha gracia Alicia Vikander, que ya es un valor seguro allá por donde pase, y aunque sea breve se agradece la presencia del gran Jared Harris.

En el lado malo, la historia es tan predecible que no despierta ningún interés. Todo se ve venir tan de lejos que es imposible mantener la más mínima expectación por cómo saldrán airosos, y desde luego, aunque sea de espías, es más de aventuras que de intriga, así que tampoco hay suspense. Quizá era inevitable que aparecieran cacharritos varios y la base del enemigo, pero no por ello la trama tenía que pasar por todos los clichés y situaciones sin esforzarse lo más mínimo en darles algún giro ingenioso. Para agravar el problema, no hay villanos que dejen buena impresión.

Por suerte, Guy Ritchie es un realizador de muchos recursos, y pone buen empeño en narrar con ritmo y energía, dejándote sin respiro, sin tiempo a pensar en las carencias internas. El montaje es frenético pero efectivo, nunca caótico, pues sabe qué forma dar a cada escena. Por ejemplo, la persecución final, con cada uno por su lado, es decir, sin apenas contacto, es digna de elogiar: a base de zooms y movimiento constante de cámara es capaz de darle emoción. Eso sí, donde no hay no se puede rascar, por mucho que adornes. El tono predecible se agrava demasiado en el clímax final, pues al centrarse en la acción rutinaria (guarida del malo, salvación del mundo, etc.) termina perdiendo bastante fuelle.

Vale para pasar un buen rato, pero no deja huella alguna.

Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia


Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 151 min.
Dirección: Zack Snyder.
Guion: Chris Terrio, David S. Goyer.
Actores: Ben Affleck, Henry Cavill, Amy Adams, Gal Gadot, Jesse Eisenberg, Diane Lane, Jeremy Irons, Lawrence Fishburne, Holly Hunter, Scoot McNairy.
Música: Hans Zimmer, Junkie XL.

Valoración:
Lo mejor: Batman y Ben Affleck tienen el suficiente interés como para salvar parte de la cinta.
Lo peor: El guion chapucero, la puesta en escena grandilocuente pero mediocre. El dinero no luce. Aburrida y confusa. Los momentos cruciales son desastrosos y decepcionan a lo grande.
Mejores momentos: Batman en misión de rescate, la única escena realmente llamativa.
El plano: Lois Lane en la bañera.
La pregunta: ¿Gotham y Metrópolis son la misma ciudad? No en los cómics, pero aquí parece que sí.
El título: Yo voy a poner “vs.”, que es la abreviación correcta de “versus” en castellano.
La frase: Dime, ¿sangras? Lo harás -Batman a Superman.

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Alerta de spoilers: La comento con todo detalle, incluido el final.–

Una campaña publicitaria insistente y demasiado explícita (hasta el punto de contarte toda la película en cada tráiler, y hubo muchos) vendía lo rematadamente obvio: que la proyección versaría sobre la mítica confrontación entre Batman y Superman. Pero llegas al cine y te tragas dos horas y media de sinsentidos para que la batalla dure cinco minutos y sea un bluff total en justificación, en motivaciones de los personajes, en sentido del espectáculo. ¿Adónde va el resto del metraje? A un embrollo donde las pocas veces que se puede intuir qué quieren contarte queda claro que lo están haciendo de la peor manera posible. Guionista (Chris Terrio con historia de David S. Goyer) y director (Zack Snyder) se pierden en una narrativa torpe y caótica donde no entienden ni dominan conceptos cinematográficos básicos. Esta obra debería ser estudiada en las escuelas de cine como ejemplo a evitar. ¿Cómo pueden dedicar tantos minutos a tan pocos personajes y no sacar casi nada de ellos? ¿Cómo la historia es tan simple pero resulta tan enmarañada y confusa? También se puede analizar el método de vender una serie de películas sólo con la publicidad, no afianzando su calidad, y cómo los espectadores nos dejamos engañar una y otra vez.

Clark Kent aparece un par de veces para cumplir con el cupo de novio y periodista, pero no se trabaja más su intento de vivir entre los hombres. Superman tiene más protagonismo… y tampoco son capaces de introducirnos en su mente. ¿Qué siente, qué sufre, qué piensa y espera de la humanidad y cómo planea responder ante los pocos retos morales y legales que se plantean en la trama? Como en la primera parte, vaga por el mundo sin rumbo, frunce el ceño (sigo pensando que Henry Cavill valía para más) sin que sepamos por qué y pelea con una determinación no explicada, pues su viaje interior carece de la coherencia y fuerza necesarias para conectar con el personaje y vislumbrar algún tipo de evolución. Le ponen de nuevo algunas escenas introspectivas que lejos de servir para algo vuelven a resultar pretenciosas y fallidas: esa visión con el padre en la montaña descoloca un montón (forzada en forma y contenido para no aportar nada claro), hay una conversación con la madre que en cuanto termina me olvidé sobre qué iba, se persona en el juicio y no sabemos si se está rindiendo ante el ser humano, si tiene algún plan para darle la vuelta al asunto o qué. Claro que tampoco se entiende el propio juicio: de qué se lo acusa y por qué esa intervención para salvar a una ciudadana estadounidense de las garras de unos mercenarios se supone que le da mala imagen; qué demonios hace EE.UU. juzgando un tiroteo en el extranjero; y no digamos ya lo justito de verosimilitud que resulta el que no se dé cuenta de la trampa con la silla de ruedas, o por qué esta también se supone que debe hacer que la gente lo vea como enemigo público. Así pues, el conflicto entre la humanidad y Superman no hay por dónde agarrarlo, no se presenta nada concreto y no ofrece conclusión de ningún tipo. Por ello los personajes implicados (militares, congresistas y periodistas) sólo sirven de apoyo puntual sin lograr causar ninguna impresión.

Lois también está igual que en el capítulo inicial: metida en todo sin venir a cuento. Momentos risibles, como ese helicóptero que le da Perry White porque sí, o lo de que suelte la lanza y luego vuelva a por ella, son lo único que deja para el recuerdo aparte de la belleza de Amy Adams, porque su enorme talento no llega a aprovecharse. Diana Prince/Wonder Woman está también metida con calzador: no se aclara nada sobre ella a pesar de tener numerosas apariciones breves, con lo que no sabes qué hace por el mundo (¿es de kryptón o qué?), cuáles son sus lealtades, su visión de las cosas y su forma de actuar. Si vas a presentar un personaje de la serie de forma que no sea sólo un cameo sutil para los lectores de los cómics tienes que hacer que tenga sentido en la historia. Y atención a su infantil aparición en la batalla (plano molón y musiquita roquera barata) y a la foto “antigua” (¿no sería lo más lógico pensar que es una foto de una fiesta de disfraces con filtro sepia?) en que sale posando con otros tipos raros, cuando se supone que quiere pasar desapercibida. Gal Gadot acaba como Adams: sólo te acuerdas de su asombrosa belleza. Aparte tenemos a los otros héroes de la saga que están adaptando, Flash y demás, donde precisamente se van al extremo de no esclarecer nada y que sólo los fans pillen la cosa; por cierto, la presentación de Aquaman acercándose a una cámara cual pececito curioso es tronchante.

Lex Luthor es el peor de todos los protagonistas, una auténtica cagada. En vez de plasmar al Luthor conocido han intentado imitar al exitoso Joker de El Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2008): un demente estrafalario lleno de tics delirantes que sólo quiere traer el caos. ¿Dónde está el megalómano millonario con grandes planes para hacerse más y más millonario e importante y que odia a Superman porque es el único rival capaz de echar al traste sus maquinaciones? No sabemos nada de él y entre sus balbuceos apenas se deja entrever un plan. Por alguna razón está empeñado en que Batman y Superman se zurren, pero no se dice por qué, y cuando se expone algún paso del supuesto proyecto resulta tan débil y cogido por los pelos que provoca vergüenza ajena: oooh cuidado, que ha enviado cartas provocadoras a Bruce Wayne; ¿y alguien entendió lo de África, por qué se supone que era una treta contra Superman, y por qué usan balas que sólo Luthor tiene, lo que las convierte en una pista clara del autor de todo?; pero para agujero de guion lo de que sabe por arte de magia quiénes son los álter ego y las familias de cada superhéroe. Diría que Jesse Eisenberg no lo hace mal, pero como la interpretación que le exigen no pega para el personaje y este termina resultando una catástrofe, pues tiene todas las papeletas para que le cojas asco.

Batman es el único que sale bien parado, de hecho, parece una película de Batman más que de Superman o repartida entre ambos. Dedican algo de esfuerzo en mostrar las dos caras de su vida y a matizar su punto de partida, su transición y su posición final. Y su clásico apoyo, Alfred, funciona medianamente bien también, aunque sea en gran parte por el carisma de Jeremy Irons. Pero lo más destacable es que Ben Affleck da la sorpresa al marcarse un buen papel, algo que nadie esperaba. Estamos ante un Wayne/Batman atormentado, obsesivo y desatado bastante atractivo y que casi supone la salvación de la cinta. Casi, porque obviamente forma parte de ella y se tropieza con sus limitaciones. Así, aunque sea el único personaje en que se puede ver una forma de ser y un propósito, tampoco destaca en coherencia y buena progresión. Primero, los realizadores no son capaces de ver qué es lo importante. ¿De verdad era necesario repetir la escena de la muerte de sus padres a estas alturas? Una visita al cementerio para mostrar brevemente su dolor bastaba. El confuso, largo y lento prólogo lastra demasiado su presentación: esa surrealista elevación por murciélagos, por qué corre hacia su edificio sin el traje de Batman (y por qué la gente no desaloja hasta que llama, cuando están viendo la cuidad caer en pedazos), la cansina cámara lenta del asesinato. Segundo, cuando a duras penas se deja entrever su potencial entre subtramas anodinas (la investigación del “Portugués Blanco” parece escrita por un amateur, con momentos absurdos como ponerle un localizador a un camión que pretende destrozar) y resoluciones chapuceras (el lastimero hackeo al ordenador de Luthor), este no llega a madurar porque el resto del relato tampoco lo hace. ¿Por qué decide ir contra Superman? Sí, le mosquea su aura divina, le tocó las pelotas con la destrucción de su edificio, y queda claro que es un tipo rabioso y violento, pero de ahí a odiarlo a muerte y decidir enfrentarse a ese rival en apariencia imbatible hay un salto que no se matiza lo más mínimo, porque dejan toda la lógica del conflicto en manos del plan de Luthor y este es un despropósito.

Pero vale, al final tenemos por fin la esperadísima batalla entre los dos superhéroes… Parpadeas y se acaba. ¿Ya está? ¿Tanto ruido para esto? Es realmente triste que no hayan sabido sacarle partido a la parte más importante de la película: no es verosímil, ni emocionante, ni grandiosa. Empieza rebosando incoherencias, se pasa en un suspiro y no deja huella alguna. Media lucha se basa en lanzar al contrincante más allá en vez de intentar aplastarlo o atravesarlo, y resulta muy breve, con pocos trucos y trampas por parte de Batman; uno de los momentos cumbre es la forzada tensión mientras carga un arma: ¡debería tener de todo por todas partes! Además se le ven muchas carencias. Me pregunto por qué Batman guarda la lanza lejos. Úsala en el primer momento de debilidad, que menuda imprudencia es darle más oportunidades a semejante rival. O mejor, ¿por qué no haces balas con kryptonita en vez de un arma de cuerpo a cuerpo? Superman es igual de tonto: lánzale rayos a las piernas hasta inmovilizarlo si no quieres matarlo, pero no sigas acercándote cuando es evidente que tiene más trucos, y sobre todo grita de una puñetera vez por qué no deberíais luchar, so memo, que cuando llega el giro ya no hay quien se crea el cambio repentino en Batman, que sin más se convierte en su mejor amigo. Y vaya cutrez de giro, demostrando definitivamente lo pésimo que es el guion. Primero, porque telita el recordatorio para tontos, como si no estuviera claro cómo se llamaba la madre de Bruce. Segundo, porque llega Lois para aclarar la situación (porque Superman se quedó mudo ante Batman por la razón que sea y así sigue), a pesar de que ella en realidad no ha podido escuchar la conversación. Tercero, por lo demencial de la decisión de Batman en plan “¡No puedo matarlo, su madre se llama igual que la mía! ¡Esto perdona todos los pecados que le atribuía, aunque no sepa cuáles son! ¡Ahora somos amigos hasta la muerte!”

De ahí pasamos al anticlimático final contra un bicho grande que los fans de los cómics sabrán qué es, pues aquí no se explica nada. Como decía, este Luthor no quiere construirse un imperio, sino destrozar cosas porque sí. El gobierno de EE.UU., muy amable él, deja que un millonario de dudosa lealtad acceda a su bien más preciado, una nave alienígena, y la nave de kryptón, muy amable ella, le deja hacer de todo a pesar de que el protocolo de seguridad dice que no repetidas veces. Y de todo lo que le enseña sobre el universo lo único que le mola es hacerse un monstruo al que llamaré “clon del trol de Moria” (La Comunidad del Anillo), pues es igualito pero con rayos. En la batalla, el único momento que aparece algo de guion es para hacer el ridículo: los autores, defendiéndose de las críticas a El hombre de acero (2013), recalcan que la gente de la ciudad ha salido de trabajar y no hay nadie y que la lucha final es en una isla desierta. El resto lo dejan en manos de la puesta en escena, de la que hablo en seguida. En cuanto al final, no lo entiendo. ¿Esperas que me crea que Superman se va a quedar muerto, o que Batman lo haría si hubiera muerto él? No, hay que seguir con la serie. Este tipo de trampas argumentales tan sensacionalistas me revientan. ¿Cómo pretenden que sufra emociones ante tal engaño? Aparte está la lentitud y desgana con que cierran una despedida tan predecible, y lo innecesaro que resulta mostrar la entrada de Luthor en la cárcel y la amenaza que le hace Batman.

Para dar forma al superficial y la vez caótico y desconcertante guion llega la dirección Zack Snyder con su estilo presuntuoso y artificial que no logra disimular su nulo dominio narrativo. Saltamos de escena en escena sin cohesión entre ellas, sin un rumbo claro en los acontecimientos, sin garra a pesar de los enredos visuales. El colorido falso busca un tono sombrío sin conseguirlo, unas cuantas secuencias de acción tratan de ser oscuras y violentas pero no transmiten nada, el clímax final pretende ser sobrecogedor pero acaba resultando inerte por el abuso de lo digital y la inexistencia de argumento y personajes. La única escena digna de citar como espectacular es el combate de rescate a Martha Kent donde Batman suelta hostias como panes. Pero parece rodada por otra persona, porque el resto de persecuciones, tiroteos, peleas cuerpo a cuerpo o conflictos colosales entre edificios son esperpénticos. La persecución con el batmóvil debería ser trepidante, pero posee un montaje tan malo que va a trompicones, sin sensación de velocidad. La pelea en la premonición del futuro es de una tosquedad impresionante: Snyder trata de hacer un plano secuencia y le queda una coreografía muy mal fingida, con cada soldado enemigo esperando el turno para que Batman los tumbe con sus lentos golpes, porque por algún motivo deciden no disparar sus ametralladoras. Por estas fechas se estrenó la primera temporada de la serie Daredevil (Drew Goddard, 2015), y te encuentras con estupendas luchas en todos los capítulos, más un monumen tal y memorable plano secuencia en el segundo episodio que deja a la altura del betún al de este filme. La confrontación entre los superhéroes ya la he comentado. Y la batalla final es todo muñeco digital sobre fondo digital: ruido, lucecitas y borrones sin ton ni son (ah, ¿la tipa esa tiene un látigo mágico?), así que yo ya estaba desesperado de aburrimiento. El descomunal presupuesto (unos 250 millones de dólares) no luce lo más mínimo. Parece que estamos ante la adaptación en videojuego y no ante la película que nos anunciaban. Es comparar con Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) y Guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014), por citar las dos más llamativas en lo visual (dirección y calidad de los efectos especiales) de la serie Marvel, y se te cae la cara de vergüenza. Cabe señalar también que la banda sonora de Hans Zimmer en la primera entrega no era uno de sus mejores trabajos, pero sí poseía cierta épica, mientras que aquí ha perdido fuelle, resultando bastante estrepitosa, sin personalidad y poco implicada con las imágenes.

Para colmo, anuncian que en bluray/dvd tendrá media hora más, es decir, que a pesar de su lentitud, de su incapacidad para narrar con concisión y claridad, y de que sin duda le sobra metraje por todas partes, la película era aún más larga, tres horas nada menos. De hecho, algún recorte evidente hay: Batman no consigue robar la kryptonita del camión, pero luego aparece con ella mientras vemos la base de Luthor atacada. ¿Me pones una escena donde no llega a mostrarse el objetivo buscado pero omites la que sí lo hace? Sí señor, con dos cojones. ¿Y aclararán en ese montaje otras muchas cosas sin sentido? Como por qué aparece Superman arrastrando un barco, quiénes son esos tipos con poderes que ven Wayne y Prince en los archivos de Luthor, qué diantres es esa visión de Batman peleando contra Superman que finalmente es algo que no sucede en la película, por qué enfocan a un cuadro con tanta insistencia, por qué nos plantan esa larga escena final de Luthor en la cárcel… Algunas respuestas me las han dado lectores de los cómics: deducen que Luthor ha conocido al supervillano de la serie, Darkseid, y sabe que viene, y la visión del futuro formaría parte de ese conflicto. Señores Torrio y Snyder, ¿me tratáis de presentar las siguientes películas con la mitad de la información y de forma que la trama de la que estoy viendo ahora se resienta en ritmo y comprensión? Y peor todavía, ¿después de tanto bombo y platillo me estáis diciendo que esta no es la lucha definitiva entre Batman y Superman? Y yo que me quejaba de las escenas postcréditos de Marvel como torpe salto entre capítulos…

Los productores y autores implicados no aprendieron de los errores de la primera parte de la serie, sino que los han magnificado, consiguiendo que un título muy prometedor, a pesar de las reticencias que levantaba El hombre de acero, resulte un galimatías plomizo y cansino que no es capaz ni de ofrecer un espectáculo aceptable. Aunque sin duda las hay peores (Batman y Robin, Los Cuatro Fantásticos, El increíble Hulk, algunas que ni me atrevo a ver: Catwoman, Linterna Verde, el reinicio de Los Cuatro Fantásticos…), Batman vs. Superman, por la ambición con que nace y las esperanzas con que llegaba, ha resultado el desastre supremo de las películas de superhéroes. ¿Dónde quedó el prometedor Zack Snyder del notable remake El amanecer de los muertos (2004)? Desde entonces ha perdido el norte en una especie de vanguardismo mal entendido donde no hace cine, sólo videoclips que capturan viñetas de cómic. ¿Adónde fue el David S. Goyer que deslumbró con el imaginativo guion de Dark City? En adelante los únicos libretos destacables son los que terminaron otros (el Batman de Christopher Nolan), menos esta chapuza que ha rematado Chris Terrio… que precisamente será quien escriba la serie a partir de ahora, con Snyder de nuevo en la dirección. Pero me temo que con tanta publicidad y ansias por ver unos superhéroes muy queridos probablemente engañen a suficientes espectadores como para sacar tajada y seguir con la misma farsa. Wonder Woman y La liga de la justicia son atractivas e iremos a verlas porque la curiosidad nos puede, pero luego volveremos a lamentarnos. Qué duro es ser friki.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
-> Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)
Aquaman (2018)

El hombre de acero


Man of Steel, 2013, EE.UU.
Género: Superhéreoes.
Duración: 143 min.
Dirección: Zack Snyder.
Guion: David S. Goyer, Christopher Nolan.
Actores: Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Diane Lane, Russell Crowe, Antje Traue, Harry Lennix, Christopher Meloni, Laurence Fishburne, Kevin Costner.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante espectacular.
Lo peor: Irregular, con tramos aburridos. Intenta abarcar mucho y se queda a medio camino de todo.
La pregunta: ¿Cómo una nave de veinte mil años de antigüedad es compatible con la tecnología de Krypton actual?

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Superman es un superhéroe para mí incomprensiblemente popular y querido: el concepto es simplón a más no poder, la serie de películas que le dio fama fue cine cutre del verdaderamente horrible ya desde la primera entrega, la famosa de Richard Donner (1978) con Christopher Reeve (¡pero cómo un esperpento de tal calibre pudo tener éxito y ser recordado durante décadas!… y de las secuelas mejor no hablar), las series de televisión también tuvieron mucho tirón pero poquísima calidad (Las aventuras de Lois y Clark -1993- y Smallville -2001- eran bastante malillas), y el intento de reinicio cinematográfico reciente, Superman Returns (Bryan Singer, 2006), fue otro fracaso de calidad pero esta vez también de taquilla. Ahora llega otra versión más, otro intento de sacar una franquicia rentable. Como la anterior, arrastra disgustos y polémicas. Es curioso, las versiones antiguas (cine o tv) se adoran sin reservas a pesar de ser mediocres o penosas, pero a las nuevas se les exige demasiado. Este último reinicio tampoco ha conseguido deslumbrar: la crítica la pone a parir, y el público aunque menos duro está muy dividido.

Como superproducción veraniega El hombre de acero resulta entretenida y bastante espectacular, pero con altibajos notables y con un tono trascendental que resulta bastante impostado. O dicho de otra forma, es pretenciosa e intenta abarcar demasiado, pero no consigue llegar a nada. Han intentado contar tanto y buscaban una historia tan grandiosa e intensa que no se han dado cuenta de que o no les cabía o no se conseguía la fluidez y solidez suficientes para no resultar un galimatías engreído. El resultado es un resumen de película, un batiburrillo de ideas e intenciones adornadas con pompa y grandilocuencia sin mesura alguna. Y la verdad sea dicha, prefiero chorradas como Transformers (Michael Bay, 2007), Armaggedon (ídem, 1998) e Independence Day (Roland Emmerich, 1996), por citar referentes del género “revienta taquillas de verano”, que no van fingiendo ser más de lo que son y resultan más divertidas y entretenidas (aunque es cierto que estas a veces se van al lado contrario, a lo estúpido).

El tramo inicial se hace larguísimo, a la narración le cuesta ir al grano sin dar vueltas innecesarias. Se tarda una eternidad en contar todo lo de Krypton, pues aunque entiendo que quisieran darle relevancia está claro que no lo han sabido mostrar bien. Los delirios de Zod resultan exagerados desde un principio, y la caída de los padres de Kal-El es insípida. Las preguntas sobre la situación del planeta dejan agujeros importantes en la credibilidad del argumento: con tanta tecnología y tantas naves, y se quedan a esperar la destrucción; no queda claro por qué abandonaron todas sus colonias por el universo; y lo peor, la historia de esa especie de calavera mágica es un lío incomprensible, con lo que no se entiende la mitad de lo que hacen los kryptonianos y los objetivos de Zod. El diseño del lugar en plan videojuego termina de restarle realismo: hay demasiado enredo visual en los decorados y efectos especiales y poco esfuerzo en hacer un lugar verosímil: no parecen tener unas estancias habitables. Una vez en la Tierra, Superman deambula demasiado hasta que por fin se lanza la acción, y mientras, el guion es incapaz de darle al otro personaje principal, Lois Lane, una personalidad llamativa y una posición concreta en la historia. El padre del héroe, Jor-El, es otro cuya presencia resulta forzada, y sus discursos tratando de explicar la trama resultan cargantes; además, eso de que el holograma sea tan activo e inteligente y hábil (como si fuera más bien un clon de la personalidad) no me convence lo más mínimo, es otro recurso muy cogido por los pelos.

Todo este segmento se adorna con la pompa citada. La escenificación que pretende dar a cada momento la mayor trascendencia y drama posible no termina de funcionar. Toda la supuesta intensidad de las escenas se ve muy falsa: demasiada música insistente, demasiado atardecer naranja, demasiado discurso inflado, demasiado “mira qué momento más glorioso” cuando lo único que tenemos es lo de siempre, un héroe buscando su lugar en el mundo. Y como no hay un rol central llamativo, pues Superman es plano por definición y además sacan bien poco de él, la sensación de que no están contando nada pero lo esconden tras mucho artificio es constante.

Cuando llegamos a los momentos cumbre del relato la débil fachada de película seria y profunda termina por desmoronarse. Lo único que vamos a ver una vez se lanza el argumento principal (también muy visto: salvar Nueva York, digo Metrópilos, digo la Tierra) es acción de la aparatosa y ruidosa sin contenido ni personajes interesantes en el foco de la narración. No me interesa lo más mínimo el destino de los currantes del Daily Planet, a pesar de que se empeñan en sacarlos sufriendo por la ciudad; concretamente, la escena de la mujer atrapada en los escombros es vergonzosa. Lois está metida en todos los fregados de forma forzadísima. Los militares y el científico son aburridos clichés andantes. Zod es un villano demasiado histriónico, y por el contrario Superman un héroe demasiado simple y apagado. El duelo a tortas con el grupo de Zod es espectacular, impresionante a veces, pero carente de emoción, porque no hay forma de conectar con los personajes.

Y sobre todo, como dicen muchas críticas: ¿dónde están los mensajes clásicos de Superman? El drama humano no hace acto de presencia, porque la catástrofe es puro efectismo sin nada detrás. El conflicto interno de Clark es muy pobre, a pesar de tantos flashbacks cansinos; escenas cutres como la del padre suicidándose por un maldito perro no ayudan. No vemos mucho de su adaptación al mundo real, más allá de los paseos huyendo de su responsabilidad y un par anécdotas de la juventud (que duran una eternidad para lo poco que dicen). De hecho, el Clark adulto no existe, lo dejan para la segunda entrega. Salvo un par de clichés de rigor (salvar gente, eludir peleas) no vemos realmente cómo intenta hacer una vida normal entre los humanos: las relaciones, los sentimientos, no parecen importar, como si pensaran que con esos tópicos bastara para contruir su personalidad. Tampoco tenemos el clásico juego de esconder su personalidad secreta, sobre todo ante Lois, pues ella desde un principio sabe quién es. La aceptación de su importante destino no emociona, ni tampoco se expone muy bien: lo único que hace es hostiarse con monstruos como él, no se ve conexión alguna con la humanidad, no se ve una transición verosímil de individuo con poderes asustado y huidizo a figura heroica que acepta responsabilidades de gran calado. Lo más triste es que Jor-El nos suelta varios sermones sobre estos temas, pero el guion es incapaz de traspasar todo eso a Kal-El. Para colmo, esta ausencia de la esencia de Superman se remata en una escena que roza el ridículo: después de destruir media ciudad dejando un reguero de probablemente miles de muertos, porque es evidente que no se ha preocupado por nadie (salvo por Lois en alguna escena metida con calzador), de repente se desvive por una familia en peligro. No cuela, a estas alturas no cuela. Además, es difícil olvidar al Superman vengativo que le hace la bromita al camionero. Como dice un amigo mío, este no es Superman, es Hulk: un tipo que teme a su otro yo, que se dedica a huir de todo vagabundeando por el mundo, y que cuando se desata no piensa en nada excepto destruir a su oponente arrasando con todo lo que haya por medio.

Sobre la puesta en escena tenía muchísimas dudas, pues después de apuntar maneras con el excelente remake El amanecer de los muertos (2004), Zack Snyder se dedicó a la experimentación con 300 (2006) y Watchmen (2009), que dejaban ver algunas buenas ideas pero poca experiencia y grandes fallos en su ejecución. Finalmente, su labor ha resultado como el guion: regularceja, con muchos puntos criticables y muchos aires de grandeza. El intento de darle un aspecto oscuro se realiza con un colorido apagado y saturado que queda muy artificial. La cámara en mano con la idea de darle un toque de realismo es irregular: algunas peleas aéreas resultan bastante logradas, con un buen uso de zooms que consiguen esa sensación de estar viendo algo real, pero el resto de enfrentamientos es un caos sin sentido, sobre todo los de puñetazos en planos cortos, donde no se entiende nada. También hay errores de concepto notables: la cámara en mano y los reflejos y demás virguerías visuales sobran por completo en escenas pausadas, pues transmiten el efecto contrario al buscado. Por ejemplo, las conversaciones íntimas entre padre e hijo fallan estrepitosamente en su tempo narrativo, pues son auténticos videoclips cuando debería buscarse un tono sencillo, cercano y cándido con el que se lograra transmitir la conexión familiar.

Los efectos especiales me han sorprendido por ser normalitos. Si algo se espera de una superproducción de este calibre es que deslumbre y asombre, pero ocurre todo lo contrario: parece una cinta con por lo menos diez años de antigüedad. Tanto Krypton como las ciudades terrestres resultan muy falsas (esos tonos naranjas de cuando los efectos digitales estaban empezando…), los dobles digitales se notan mucho (y se emborronan para intentar ocultarlo), la destrucción de Metrópolis tiene muchos planos cantosos… Es alucinante lo lejos que se queda de títulos como Transformers y Los Vengadores (Joss Whedon, 2012), que tienen efectos especiales nítidos y creíbles. También tengo que decir que, aunque las armaduras del grupo de Zod son impresionantes, el diseño artístico no tiene originalidad y personalidad alguna, y no me pega en esta película: parece sacado de descartes de Matrix (el criadero de fetos, las naves y máquinas de estilo insectoide), o de Alien y Prometheus (estilo H. R. Giger, vamos), y la batalla final recuerda mucho a Independence Day (los planos de aviones incapaces de dañar la nave alienígena).

Los actores son todos competentes, pero como los personajes son cascarones vacíos no hay margen para ofrecer un buen papel, y es imposible no pensar en que han desperdiciado a una actriz con tanto potencial como Amy Adams y que no hay material suficiente para juzgar a Henry Cavill. Lo que sí tengo que decir es que el doblaje es una aberración que destroza a dos principales: Zod y Lois resultan tan ridículos que parecen una parodia de las que hace la gente en youtube. En cuanto a la banda sonora, resulta en la onda del Hans Zimmer comercial: épica contundente que a veces resulta un poco sobrecargada, y aunque sin duda funciona bastante bien (mejor que las compuso para el Batman de Nolan), también es incomparable con la ostentosa belleza de John Williams ni con la excelente Superman Returns que nos regaló John Ottman y que pasó injustamente desapercibida.

Está claro que Zack Snyder y David S. Goyer han intentado repetir el éxito de la trilogía de Batman de Christopher Nolan (su mención en los créditos como guionista señala un asesoramiento importante), pero es que la idea es claramente equivocada: Superman no da para un héroe atormentado y una historia densa y oscura, es más básico y apela al lado más luminoso de la humanidad. Además, conseguir un El Caballero Oscuro (2008) es muy difícil… de hecho, a El hombre de acero le ha pasado como a El Caballero Oscuro, la leyenda renace (2012): entretenida y espectacular en general, pero bastante irregular, excesiva unas veces y aburrida otras, pero siempre con un tono pretencioso notablemente fallido.

PD: se podrían haber ahorrado el epílogo, pues resulta intrascendente y el chiste de “qué bueno está” es penoso.

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Serie La liga de la justicia:
-> El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)
Aquaman (2018)