El Criticón

Opinión de cine y música

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Kong: La Isla Calavera


Kong: Skull Island, 2017, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 118 min.
Dirección: Jordan Vogt-Roberts.
Guion: Dan Gilroy, Max Borenstein, Derek Connolly, John Gatins.
Actores: Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, Brie Larson, John C. Reilly, John Goodman, Corey Hawkins, Jason Mitchell, Shea Whigham, Toby Kebbell, Eugene Cordero, Thomas Mann.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Es una obra con personalidad, tiene consciencia de que es un entretenimiento, una factura impecable y unos personajes carismáticos.
Lo peor: En la pelea principal de los helicópteros contra King Kong la verosimilitud cae por los suelos, y al menos a mí me fastidió la experiencia. El prólogo es completamente innecesario.
Mejores momentos: No sé por qué le han quitado el King. Por eso andará tan cabreado el mono.
La frase: Reconozco a un enemigo en cuanto lo veo -Coronel Packard.

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Godzilla me resultó bastante entretenida, aunque se atascaba un poco en los clichés típicos del género, pero lo cierto es que esta nueva versión de King Kong, destinada a formar una serie con ese otro monstruo, no me llamaba mucho, ni siquiera contando con que los avances prometían al menos un aspecto visual potente. Pero como suele pasar, he acabado viéndola… y me ha sorprendido gratamente, he encontrado una superproducción que define a la perfección lo que debería ser el cine de acción comercial: con personalidad, consciencia de que es un entretenimiento, factura impecable y actores carismáticos en unos protagonistas más que decentes. Un par de semanas antes vi La gran muralla… y no hay color.

La introducción del misterio de la isla y los personajes que quieren resolverlo, más la unión del resto del equipo, la despachan rápido, que ya conocemos la historia y para colmo en los tráileres para variar nos han reventado más de la cuenta. Y aun así no sabe a precipitado, de hecho consiguen concretar las características de cada rol sin dejar la sensación de que cumplen con desgana con los estereotipos. Llegamos a la isla en un visto y no visto y entramos en materia sin rodeos innecesarios. Muchas películas hubieran perdido el tiempo posicionando personajes y relaciones, pero esta ha caído en manos de unos guionistas más hábiles, y las van desgranando poco a poco incluso entre las escenas de acción.

El grupo no es deslumbrante pero sí la mar de interesante. Reconoces quién es quién, más o menos intuyes cómo reaccionará cada uno, y siempre sabes dónde se encuentran, a pesar de estar muchas veces separados. Es cierto que su recorrido emocional es tirando a nulo, pero tampoco hacía falta que vivan un proceso de aprendizaje o que superen un drama psicológico, algo a lo que se aferran sin justificación clara en demasiadas cintas de acción. Como mucho se puede criticar que de algunos podrían haber sacado un poco más, en plan que sufrieran y se esforzaran más, pues a veces parece que tiran para adelante sin sudar mucho. Pero con el carisma logrado con la combinación de unos diálogos muy inspirados, llenos de humor, y unos actores de calidad, se perdona bastante.

Queda claro que el explorador (un estupendo Tom Hiddleston) está bien curtido en su trabajo y sin él se aburre, igual que el militar (Samuel L. Jackson), que además arrastra la obsesión con una guerra no acabada. Es evidente que el antibelicismo mueve a la fotógrafa, y esto resulta esencial en algún momento, aunque se podría decir que con un talento como Brie Larson podrían haber reforzado un poco más la parte dramática. El tesón y entusiasmo de los que dirigen la investigación (John Goodman, Corey Hawkins) es palpable, y Goodman como siempre se come la pantalla, aunque su destino es un tanto extraño. Hasta los secundarios tienen una personalidad tangible, no son maniquíes destinados a morir… Bueno, en realidad con estos hay dos excepciones, dos individuos que no aportan nada: la cuota-asiática encarnada por Tian Jing (vista recientemente también en La gran muralla) y la cuota de empresario cargante a la que da vida John Ortiz; por suerte su presencia es anecdótica y no molestan. Pero el que termina resultando más interesante es el menos esperado, el náufrago encarnado con entusiasmo por John C. Reilly, cuyo punto de locura, sin excesos tontos como cabría esperar en el cine comercial contemporáneo, es tronchante y no impide que resulte una figura muy humana.

Debo matizar que la entrada en la isla tropieza un poco, pues la primera gran escena es bastante espectacular pero lo cierto es que me dejó frío. La aparición de King Kong derribando helicópteros es imponente en lo visual, con una orgía de destrucción bastante intensa, pero en la verosimilitud hace agua por todas partes. Para empezar, tenemos los helicópteros que se multiplican (se cuentan seis despegando del barco, pero en el aire se materializan trece), luego te tiras un rato preguntándote para qué llevan tantos… Al final está claro que es para usar como carnaza para tratar de lograr una secuencia de proporciones épicas, pero podían haber disimulado un poco, que no hay personajes y currantes del proyecto para llenar tantos. Y, sobre todo, no hay quien se crea tanta incompetencia en unos militares veteranos, cuya estrategia de ataque es acercarse en línea recta al simio y disparar, lo cual hacen sucesivamente a pesar de que ven a sus compañeros caer uno detrás de otro.

Por suerte, a partir de ahí no hay ningún momento que rechine, sino todo lo contrario, se saca gran partido del escenario incluso teniendo en cuenta que hay bastantes situaciones nada novedosas, pues ya hemos visto muchos filmes de monstruos. El director Jordan Vogt-Roberts obtiene un espectáculo de primer nivel, y todo ello sin abusar del efecto especial en una película que, por narices, los tiene en casi cada plano. La puesta en escena deja ver muy bien los golpes y la reacción de los personajes, y a la vez transmite la sensación de caos y destrucción, todo ello sin borrones, sin agitar la cámara más de la cuenta, y como digo sin abusar de las digitalizaciones o logrando que estas no se noten. Cualquier otro en estas circunstancias habría volado con la cámara sin ton ni son por todas partes, pero este realizador sabe siempre dónde poner el objetivo para transmitir la impresión de que estamos viendo una situación real incluso cuando sólo los colosos se zurran. Pero además tiene tiempo de esforzarse buscando la belleza, y de paso también el homenaje, pues Apocalypse Now viene a la mente en varias ocasiones. Sí, hay algún plano-vacile descarado (esos protagonistas posando con el horizonte al fondo), pero en general, para ser una cinta de acción, resulta asombrosamente delicada y hermosa en su fotografía.

No sé cómo Vogt-Roberts llamó la atención del estudio para encabezar un proyecto de este tamaño, pues en su haber no tiene ninguna obra de gran calibre, sólo unas pocas series desconocidas. Pero el acierto ha sido muy llamativo. Como Gareth Edwards con Godzilla, ha deslumbrado como hacedor de grandes espectáculos, y su carrera habrá que seguirla con atención.

Por supuesto, hay que alabar también el titánico esfuerzo del equipo técnico. Los efectos digitales son abrumadores, estamos en la liga que sólo unas pocas series con enorme apoyo detrás (presupuestario y empresarial) alcanzan, como Los Vengadores, Transformers y las nuevas entregas Las guerra de las galaxias. Impecable es decir poco. Seguro que hay infinidad de planos de la isla que son falsos, pero no se nota nada. Los animales son impresionantes, parecerían reales si no fuera porque su diseño fantasioso los delata. Los momentos más difíciles, como la batalla de Kong con algún otro monstruo en zonas de agua, son alucinantes, la conjunción de paisajes, actores, agua y criaturas es perfecta. Vuelvo a comparar con el otro taquillazo de la temporada: qué cutre resultaron los efectos especiales de La gran muralla y qué mal estuvo su director aunque tenía muchísima experiencia.

Eso sí, le faltan algunas puntadas para el notable. Se echa de menos algún escenario más original y sacar más provecho de unos personajes con potencial, y se podían haber resuelto mejor algunas partes. El prólogo sobra por completo, es anticlimático y evidente. Encontrarse al piloto sin más hubiera sido una buena sorpresa (o no, viendo que en los avances te cuentan todo hoy en día). La batalla principal con los helicópteros ya la he mencionado: podría haber sido mejor sin forzar tanto la cosa. Por otro lado, la selección musical está muy trillada, y aunque funcione porque son buenas canciones, podían esmerarse en sorprender un poco; aparte, hay demasiadas, un par de numeritos musicales sobran. En cuanto a la banda sonora original, tampoco se han esforzado mucho, al contrario de lo visto en Godzilla, donde eligieron a uno de los mejores compositores del momento, Alexandre Desplat, y dejaron que trabajara a gusto. La labor de Henry Jackman es bastante básica, rudimentaria, cumple con lo que le piden y ya está.

En resumen, Kong: La Isla Calavera tiene personalidad, estilo y calidad suficientes para considerarla una buena película, algo que en el cine comercial actual, lleno de títulos mediocres, es bastante sorprendente. Sin embargo, creo que su tono de aventura desenfadada está siendo tomado por algunos espectadores como “es tonta y cutre”. Eso se le puede aplicar a La gran muralla, que resultaba irrisoria por la cantidad de estulticia que emanaba de su guion y la puesta en escena fallida, pero no aquí, donde son conscientes de la fantasía excesiva que tienen entre manos y exprimen el factor entretenimiento con sabiduría. Quizá es que han sido demasiado sutiles. Por ejemplo, el rol de Samuel L. Jackson es criticado como acartonado, simple o estúpido, cuando a mí me parece evidente que buscan una hipérbole, una vuelta de tuerca al estereotipo: es tan exagerado como toda la aventura, y su decisión final deja claro que lo sabían y se están riendo de ello.

Ver también:
Godzilla.

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Jack Reacher: Nunca vuelvas atrás


Jack Reacher: Never Go Back, 2016, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 118 min.
Dirección: Edward Zwick.
Guion: Edward Zwick, Richard Wenk.
Actores: Tom Cruise, Cobie Smulders, Danika Yarosh, Aldis Hodge, Holt McCallany, Madalyn Horcher.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene.
Lo peor: Pierde personalidad y calidad. El doblaje es infame.
El bótox: Atención al nuevo careto de Tom Cruise: parece picado por avispas…

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Jack Reacher no arrasó en taquilla pero cumplió bien, y sobre todo, poco a poco el boca a boca fue propagando sus virtudes, así que vendió mucho en dvd y bluray. Estaba claro que con su fuerte personalidad y la recuperación de la fórmula de los thrillers de los años setenta había ganado bastantes adeptos como para que una segunda parte fuera rentable. Lo gracioso es que la fama adquirida por su autor, Christopher McQuarrie, lo llevó a ser elegido para rodar las nuevas entregas de Misión Imposible (la quinta, Nación secreta, y la sexta), así que esta serie quedó huérfana. Por suerte parecía que los productores sabían lo que tenían entre manos, pues buscaron un autor de las características adecuadas, alguien competente y de estilo clásico. El elegido fue Edward Zwick, director (y en algunas también guionista) de El último samurái, Diamante de sangre, Resistencia, Estado de sitio y, más atrás, Tiempos de gloria y Leyendas de pasión. Pero me temo que la veteranía del realizador no ha sido suficiente para mantener y mejorar la serie, que ha acusado el habitual desgaste de las segundas entregas.

La historia de corrupción en el ejército es algo predecible pero está bien desarrollada, resultando entretenida e intrigante como para enganchar sin problemas. Además supera un poco el patinazo que tenía la primera parte con su villano de cómic y el increíble traidor: sí, el malo y su plan son muy convencionales y no sorprenden, pero al menos resultan más verosímiles. Sin embargo, al contrario que la primera parte, falla a la hora de dibujar a los buenos, la relación entre ellos y su implicación en el caso. Es una pena, porque el personaje de Jack Reacher parecía poder sustentar cualquier situación, pero aquí su odisea personal se estanca, su esfuerzo en la investigación no llega con la misma intensidad.

Y es que resulta que Nunca vuelvas atrás precisamente sí retrocede, deja la esencia del capítulo inicial para inclinarse por una de acción más facilona. De thriller denso con sabor añejo pasamos a una “buddy movie” (pareja de protagonistas opuestos en personalidad y forma de trabajar), a la que le suman además una adolescente petarda. Y no estamos ante la inteligente y divertidísima Dos tipos buenos, el guion carece ingenio y originalidad. Los roces entre los dos protagonistas son los mismos de siempre en este subgénero y arrastran al otrora fascinante Jack Reacher, alejándolo del rol carismático e intrigante para llevarlo hacia un modelo de héroe de acción más convencional. Es que ni siquiera aprovechan la trama militar para ahondar en su pasado. La falta de carisma del rol de Cobie Smulders y de su interpretación no ayudan, logrando más bien que se eche de menos a la solvente Rosamund Pike. Con la niña la cosa empeora, es la típica criaja que quieren a toda costa que resulte simpática pero acaba siendo bastante cargante. Los clichés rancios se ceban en ella. ¿Por qué asume Jack que se habrá ido a la calle cuando lo que sabemos de ella es lo contrario, que se habría escondido? Todo para hacer la gracia paterno-filial de “es lo que haría yo”. Esto se remata con el epílogo híper azucarado: una cosa es mostrar química, otra llorar por un tío que conoces de hace dos días. Y en la pelea final (que se alarga demasiado cuando está claro qué va a pasar) el momento llave defensiva era un “arma de Chéjov” demasiado evidente y previsible. ¿Es que no había forma más inspirada de cerrar el clímax?

La pérdida de autenticidad alcanza también a la forma de la aventura, que en un par de momentos imita a la más exitosa saga de Jason Bourne, como la escena de persecución desde un despacho lleno de tecnología, metida con calzador con todo descaro, o el malo secundario (el sicario) que sólo sirve para que Reacher tenga alguna pela a tortas al estilo de aquella serie. A todo ello hay que sumar unos pocos puntos oscuros. Algunos secundarios son comodines de la trama también sin disimulo: el oficial negro no parece tener un cargo concreto, hace de todo conforme avanza la película; no recuerdo haber visto una escena en la que Jack y la oficial que lo ayuda se intercambien números de teléfono, pero se llaman sin problemas.

En conjunto, Nunca vuelvas atrás es una de acción la mar de entretenida, pero la combinación entre virtudes (la correcta intriga militar, el ritmo intenso) y limitaciones (el poco tirón de sus personajes) impiden que resulte muy destacable, que deje huella. La decepción se agrava porque era una saga que esperábamos que ofreciera thrillers de más categoría, y ha sido estirada con una fórmula de cine de acción muy básica (como ocurrió también con Misión Imposible, dicho sea de paso). Aparte tengo criticar la cada vez más patente pérdida de calidad del doblaje en España. No es normal que títulos destinados a los puestos altos en la taquilla, como Doctor Strange, ofrezcan resultados tan cuestionables. En este caso, exceptuando la voz de Tom Cruise, parece realizado por un grupo de amateurs, a todos los secundarios da grima escucharlos… y el único con una voz profesional es el soldado afroamericano, pero habla como Will Smith, lo que descoloca un montón.

Ver también:
Jack Reacher.

La entrevista


The Interview, 2014, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 112 min.
Dirección: Evan Goldberg, Seth Rogen.
Guion: Dan Sterling, Evan Goldberg, Seth Rogen.
Actores: James Franco, Seth Rogen, Randall Park, Lizzy Caplan, Diana Bang.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, hay algunos buenos momentos y chistes.
Lo peor: El potencial desaprovechado y el exceso de tonterías.
El título: Aquí ha llegado como The Interview. En una película se inventan por completo la traducción del nombre, en la siguiente no lo traducen. No hay quien entienda a las distribuidoras españolas.

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Otra comedia de la pandilla encabezada por Seth Rogen y James Franco. Esta vino con polémica por tener el atrevimiento de meterse con una dictadura cuyos dementes líderes están todo el día amenazando con lanzar misiles a todo el mundo, algo que podría haber traído problemas a la paz mundial. ¿Una provocación innecesaria o una crítica que debería hacerse más a menudo? Kim Jong-un provoca pavor, pero desde las democracias no podemos doblegarnos al miedo, y qué mejor método para plantar cara y levantar el ánimo que la crítica y ridiculización, o sea, la comedia, un método empleado desde tiempos inmemoriales para esos propósitos.

Ahora bien, la cinta es mucho menos de lo que promete… si no conoces a esta banda, porque si es así te harás una idea de su estilo. Como toda su obra, es una parodia simple y tirando a cutre, humor “made in Hollywood”: por mucho que vayan de adultos y comprometidos se inclinan más por el estilo bruto (incluso abusando de lo escatológico) que por la inteligencia, la ironía y la mordacidad. En un par de ocasiones parecen que quieren ir por ese camino, pero no llegan. La propia premisa apuntaba en ese sentido: criticar a los medios no comprometidos y a los manipuladores, pero también las mentiras y abusos de los gobiernos e incluso la ceguera y el pasotismo de muchos ciudadanos. Pero el protagonista que no se entera de nada y hacia el final abre los ojos y madura, más la efectiva escena en que derrumba a Kim Jong-un ante los espectadores norcoreanos, son los únicos momentos donde asoma ese potencial, y no precisamente desbordando ingenio y sutilezas.

El resto es como digo humor básico (chistes de amistad, incompetencia, situaciones incómodas, etc.) con inclinación por visual (tortas, violencia en tono absurdo) que funciona en lo justo para dar una comedia simplona pero pasable si no exiges más. La pareja protagonista funciona por la gracia y química de los actores y la sencilla pero evidente evolución de los personajes (la escena de la tienda falsa o la del tanque están bastante bien), y encontramos algunos chistes efectivos (la truculenta muerte de un general, la aparición de Eminem). Pero el ritmo de la aventura es inestable, con tramos aburridillos (la escena estúpida del tigre) y varios chistes muy vulgares.

Capitán América: Guerra Civil


Captain America: Civil War, 2016, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 147 min.
Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
Guion: Christopher Markus y Stephen McFeely. Joe Simon y Jack Kirby (cómics).
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Don Cheadle, Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Anthony Mackie, Chadwick Boseman, Paul Rudd, Emily VanCamp, Tom Holland, Daniel Brühl, William Hurt.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Perfectamente equilibrada en todos sus elementos: trama emocionante, personajes excelentes con gran evolución, espectáculo de primer nivel.
Lo peor: No se libra de ser algo previsible, y se echa de menos un poco más de enjundia política y riesgo en la parte final (matar a alguien importante).
Mejores momentos: La persecución al Soldado de Invierno, la batalla en el aeropuerto, la confrontación final.
El título: Otra traducción oficial a medias. ¿Pero qué costaba traducir Civil War?
La frase:
1) Un imperio derribado por sus enemigos puede recuperarse. ¿Pero uno que se desmorona desde dentro? Está muerto. Para siempre. -Zemo.
2) ¿Puedes mover el asiento? –Soldado de Invierno a Falcon.
3) ¿Habéis visto esa película antigua, El Imperio contraataca? –Spider-Man.
4) Soy tu conciencia. No hablamos mucho estos días. –Ant-Man a Iron Man.

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Alerta de spoilers: Hay datos reveladores de la trama y del resultado de la guerra, pero no creo que sea nada inesperado.–

La tercera entrega del Capitán América debería haberse cambiado de nombre y haber sido la tercera de Los Vengadores, porque implica al grupo entero y retoma la historia con los temas principales de La era de Ultrón, esto es, la disensión en el equipo. Pero bueno, esto es una serie y se pueden mezclar como los productores y guionistas quieran; de hecho es evidente que también bebe mucho de El Soldado de Invierno.

Por otro lado, es inevitable realizar la comparación con Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, la respuesta de DC/Warner a la exitosa combinación de superhéroes de Marvel/Disney. La victoria más que clara es humillante. Donde aquella resultó inconsistente y caótica por culpa de una pésima descripción de personajes, una trama embarullada y un aspecto visual sobrecargado pero inerte, la aquí descrita es vibrante en la historia y asombrosa en lo visual gracias a que sus protagonistas son magníficos y a que sus realizadores tienen las ideas claras y dominan las técnicas cinematográficas con una precisión encomiable.

El único aspecto negativo digno de mención (más allá de algún pequeño punto gris en el guion que también abordaré) es uno difícilmente evitable, aunque no imposible, en una serie que llega a la conclusión de una de sus historias principales: se ve venir. Como he comentado en el capítulo previo, La era de Ultrón, los autores están atados al género, a la serie, a la fuente original y sobre todo al esquema que desea el estudio. Si los productores principales (Kevin Feige a la cabeza) se atrevieran a dejar más margen podría haberse orquestado la guerra civil de forma más valiente y buscando giros más originales, pero hay que cumplir con las reglas establecidas, como incluir el villano de rigor y no sumergirse en un berenjenal intelectual ni incluir escenas arriesgadas que supuestamente puedan espantar a determinados espectadores, porque pretenden llegar a todos los públicos. Así surgen unas pocas limitaciones en un episodio que, como La era de Ultrón, pedía a gritos más valentía (aunque en una onda distinta, claro está).

La más evidente es la presencia de Zemo. Como clásico enemigo con su plan de venganza para fastidiar a los héroes que le han causado algún daño colateral en sus acciones le falta algo de verosimilitud, porque el proyecto es un tanto rebuscado (entrar en un edificio tan protegido, esperar que los acontecimientos lleven a tus víctimas donde tú quieres y justo cuando quieres), pero en principio no me parecería grave, pues el mensaje de fondo (la responsabilidad social y política de las misiones) y la idea en sí tienen pegada (genial la frase nº 1), amén de que es un macguffin y lo relevante es la respuesta de los protagonistas. Pero a esa ligera falta de consistencia de su intriga hay que sumarle que, a la hora de la verdad, no parece pintar mucho en una historia que ya estaba desarrollándose sin él. Las diferencias ideológicas y éticas dentro del grupo estaban ya expuestas, el tema de la responsabilidad subyacente a sus actos llega con las reacciones de los gobiernos, y la unión de ambas corrientes conduce claramente a esta guerra civil. El tiempo dedicado a presentar y desarrollar a Zemo se podía haber dedicado a ahondar más en los temas políticos y éticos, pero aquí entra en juego la falta de riesgo intelectual, el miedo a embarcarse en temas complejos.

En La era de Ultrón y El Soldado de Invierno ponían las bases de un prometedor thriller político que juega con los ideales primarios de los EE.UU. (es obvio que el sesgo tira para allá), pero a la hora de la verdad no quieren mojarse del todo y se ven obligados a utilizar un recurso externo que termine de lanzar el conflicto y empuje a los héroes a su lado más oscuro. Por un lado tenemos a Rogers como el liberal de toda la vida, fiel a las libertades individuales, con un código moral estricto que lo lleva a plantearse quejas contra el estado. Por el otro, vemos a Stark como el capitalista conservador, a favor del gobierno imponiendo un orden cuasi fascista (y, antes de reformarse un poco, creyéndose que el resto del mundo era suyo). Pero los autores, en vez de llevar estas diferencias hacia una verdadera guerra interna lo reconducen a una historia básica de venganza, de momento de pérdida de la humanidad por trágicos factores ajenos. Stark se inclina por un orden mundial más rígido no porque vaya con su estilo, sino únicamente porque le apena un criajo muerto, pero ojo, sólo un estadounidense con intereses afines (ingeniería), los niños sokovianos se la sudan. Rogers se rebela exclusivamente porque debe salvar a un amigo, no porque el gobierno está legislando restricciones a las libertades en vez de buscar soluciones más cercanas al pueblo. Y la confrontación final se lanza porque Zemo explota esos sentimientos, no porque la postura ideológica sea insalvable y tomen la determinación de actuar contra sus hermanos para salvar su visión del país y el mundo. Si es que al terminar parece que Stark y Rogers pueden hacer las paces en cualquier momento, y los demás lo mismo pero mucho antes del desenlace. Y dudo que exista la posibilidad de que en próximas entregas luchen en bandos opuestos, y menos que algunos se alíen con los villanos.

Pero bueno, al menos esta cuestión no está dejada de lado por completo. Las acciones y consecuencias de los políticos corruptos y de las ambiciones y motivaciones de cada personaje están en la serie en todo momento y destacando con mayor intensidad en los episodios que se centran en esta trama. Y sobre todo, se ve a los protagonistas sufrir cada decisión y resultado, y el enfrentamiento es épico en la acción y apasionante en lo dramático. Sencillamente, a la hora de implicar de lleno a los héroes en el paso final los productores no han tenido los redaños de ir a por todas, sin duda pensando en que una cinta comercial que implicara elegir bando en un espectro político realista y tener consecuencias en plan tragedia seria podría ser demasiada emoción y reflexión para la masa de espectadores.

Siguiendo por este camino de cierta cobardía, resulta que no tienen el valor de matar a nadie. Aunque fuera predecible, Iron Man o Capitán América deberían haber muerto; más bien el primero, pues es una película del segundo y la historia sigue con cada individuo actuando más o menos por libre dado que todas las organizaciones y gobiernos en los que han trabajado se han podrido o movido por intereses propios. Además algún secundario podría haber sufrido también consecuencias más graves, o incluso haber caído, que sólo nos ponen uno (el menos relevante, además) herido, y sabemos que con la tecnología mágica que tienen no será por mucho tiempo.

Aparte se puede mencionar alguna cosilla cogida por los pelos. Si Stark está tan compungido y arrepentido ante el niño muerto, ¿por qué va tan alegremente a fichar a Spider-Man, que además de ser un crío lo mete en este embrollo medio engañado? También cuestionaría la rapidez con que le hace un traje nuevo, o que se entretenga en ello cuando tiene un margen de tiempo tan corto. Y hablando de tiempos, Iron Man llega en un tris a Siberia cuando los otros llevan la tira viajando (el tiempo de que este fuera al hospital, luego al complejo de los Vengadores, luego a la cárcel en el confín del océano…). En la lucha del aeropuerto Vision no debería estar, se nota que no saben qué hacer con él; podría haberse quedado en la guarida lamentándose por la situación, algo más propio de su forma de ser. Y el giro clave anda un poco forzado: ¿qué hace una cámara en esa carretera perdida, y más con sonido?

Por suerte, como en La era de Ultrón, las restricciones y pequeños fallos no engullen el relato, sino que se vuelve a demostrar que en esta saga saben explotar unos puntos fuertes muy bien elegidos y encontrar autores que mantengan el tono sin perder fuelle. Los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, bien asentados en la serie, elaboran una trama sencilla pero certera donde mantienen un fantástico equilibrio entre el drama, el humor, la acción, los dramas personales… Saben que lo principal son los personajes, y, dejando aparte el blandengue empujón para terminar de lanzar la conflagración, las formas de ser y el proceso que los lleva a tomar una elección u otra están claros en todo momento. Este fantástico repertorio serviría de base para casi cualquier aventura que les echaran encima, y si cogemos una con gran atractivo pues tenemos una bomba entre manos. La Guerra Civil los exprime muy bien, sacando a la luz parte de su lado más oscuro pero también sus convicciones más férreas, jugando con las alianzas y las decisiones difíciles, poniendo al espectador en la excitante tesitura de tener que ir elucubrando qué hará cada uno.

Es difícil manejar tanto protagonista, incluso con la ventaja de tener varias entregas a cuestas, pero lo dominan tan bien que hasta los introducidos a media película mantienen el tipo: Ant-Man tiene su hueco y su carácter, no queda como un cupo a cumplir, pero Spider-Man deslumbra como nadie se esperaba. Al anunciar un nuevo reinicio el fandom mostró su hastío y decepción (y es que las The Amazing Spider-Man de Sony casi hunden al personaje), pero en sólo dos secuencias la gente de Marvel ha logrado que todos recuperen el entusiasmo a lo grande. Un buen casting, una escena que define al protagonista en pocos diálogos, y una donde explota sus cualidades. No parece tan difícil, así que cabe preguntarse cómo otros la han cagado tanto en otras muchas cintas de superhéroes. No hay que ir muy lejos, ahí tenemos la malograda Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, que contaba con muy pocos personajes y prácticamente ninguno tiene consistencia ni casi sentido, por no hablar de que las introducciones de los roles secundarios fueron lamentables.

Esencial en la calidad del producto es su acabado, y no decepciona lo más mínimo: la puesta en escena es magnífica. Los Russo (que sorprendentemente vienen de series de humor –Community, Arrested Development, Finales felices-) tienen lo mejor de Whedon, esto es, no perder de foco a los personajes y mostrar con claridad las escenas más trepidantes: la parte del aeropuerto combina elegancia con asombro, y cada héroe está en su salsa (salvo Visión, pero esto es cosa de guion). Pero además aportan el sello con el que deslumbraron en El Soldado de Invierno: su estilo rudo, de caos bien controlado, en las escenas más sucias, o sea, las peleas a puños, sobre todo si son a la desesperada. La lucha de Rogers y Barnes en el escondite de este último y sobre todo la persecución por las carreteras de la ciudad son impresionantes: enérgicas, veloces, contundentes… y aun así se entiende en todo momento qué está pasando, dónde está cada uno. En sólo dos películas se han alzado como grandes referentes del cine de acción, y su carrera genera mucha expectación; en sus manos han puesto la próxima entrega de Los Vengadores, La guerra del infinito (en dos partes) y espero que después no se queden anclados en Marvel y exploren nuevos horizontes con los que deleitarnos.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
-> Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol2. (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Pantera Negra (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Juerga hasta el fin


This is the End, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 107 min.
Dirección: Evan Goldberg, Seth Rogen.
Guion: Evan Goldberg, Seth Rogen.
Actores: Seth Rogen, Jay Baruchel, James Franco, Jonah Hill, Danny McBride, Craig Robinson, Emma Watson, Michael Cera, Rihanna, Channing Tatum, Mindy Kaling, Paul Rudd, Aziz Ansar.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Ver a los actores famosos riéndose de sí mismos. El tono gamberro y loco.
Lo peor: La falta de ingenio y originalidad.

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Con toda seguridad ver a una pandilla de actores bastante conocidos haciendo de sí mismos en una comedia gamberra va a tener algo de gracia por muy chusquera que sea la película que se monten. Y vaya repertorio tenemos. Prácticamente aparece toda una generación, la mayoría conocidos entre sí por películas en común, todas esas comedias chorras como Superfumados, Supersalidos, Infiltrados en clase y Virgen a los 40: Seth Rogen, Jay Baruchel, James Franco, Jonah Hill, Danny McBride, Craig Robinson, Emma Watson, Michael Cera, Rihanna, Channing Tatum, Mindy Kaling, Paul Rudd, Aziz Ansar… La lista es interminable, y todos se desmelenan y se dejan llevar en esta locura donde los que no mueren bien rápido serán objeto de mofa sin miramientos.

Pero desde el guion (si es que no está todo improvisado a partir de un corto que hicieron previamente) no se esfuerzan en elaborar algo ingenioso ni una parodia original de sus vidas y del factor fama, sino que enlazan chistes guarros, humor a base del conflicto básico (disputas, peleas), y… ya está, para de contar. Lo bueno es que van sin miedo a soltar la burrada más gorda (hablar de violar a Emma Watson, el pollón del demonio, etc.), con lo que como comedia absurda y bruta cumple bastante bien. Lo malo es que esa simpleza del sentido del humor y la ausencia de una trama más llamativa que el aislamiento en la casa limitan mucho el rango de acción. El tramo central, una vez pasado el jaleo que da pie al apocalipsis, pierde mucho fuelle al repetir los mismos chistes una y otra vez. Hasta que empiezan a moverse y salir de la casa no se recupera. Entonces pone un poco más el foco en la evolución de los personajes y ofrece nuevas situaciones con más interés, pero es quizá tarde y tampoco sorprende mucho.

Más o menos a la vez llegó, no sé si por casualidad o qué, la versión inglesa de la banda equivalente de las islas, Edgar Wright, Simong Pegg y demás: Bienvenidos al fin del mundo. La diferencia de calidad es monumental, abrumadora. Y la carrera de ambos grupos también está a años luz de diferencia.