El Criticón

Opinión de cine y música

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Logan


2017, EE.UU.
Género: Superhéroes, drama, acción.
Duración: 137 min.
Dirección: James Mangold.
Guion: James Mangold, Scott Frank, Michael Green.
Actores: Hugh Jackman, Patrick Stewart, Dafne Keen, Boyd Holbrook, Stephen Merchan, Richard E. Grant, Elizabeth Rodriguez, Eriq La Salle.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: El tono adulto, descarnado y trágico. Los actores. La puesta en escena.
Lo peor: Altibajos en el ritmo, villanos pobretones. Había potencial para más.
Mejores momentos: Las primeras escenas de la niña en el escondite de Logan. La escapatoria. El giro en la granja.
La frase:
-Xavier: Necesitan nuestra ayuda.
-Logan: Alguien vendrá.
-Xavier: Alguien ha venido ya.

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Alerta de spoilers: Presento la premisa, que supongo sale en los tráileres, y sólo menciono un detalle concreto: revelo el contrincante que se guarda en la manga el villano, pero no me parece especialmente relevante ni revelador.–

Después del éxito de Deadpool, que se atrevió en los tiempos que corren a ser una película comercial medio adulta, decidieron darle un tratamiento semejante a la siguiente entrega de Lobezno, a ver si así conseguían atraer más al público después de los dos flojos intentos anteriores. ¿Trabajarse el guion y la continuidad de la serie? Noooo, mejor tirar de una triquiñuela comercial. Pero está claro que funciona, porque la expectación creada, a pesar de los bandazos de la saga (el último con la aburrida X-Men: Apocalipsis) y de la baja calidad de los capítulos centrados en este personaje (X-Men Orígenes: Lobezno y Lobezno: Inmortal), todo el mundo se ha vuelto a dejar llevar por la expectación y las esperanzas. Pero mira tú por donde, esta vez ha habido sorpresa, y bastante grande.

Para empezar, el tratamiento adulto ya no es a medias. En Deadpool cumplían con cuatro tacos y cuatro tiros con algo de sangre, no había más violencia ni asomaba una trama especialmente seria y dura. En Logan recuperamos por fin la esencia del cine de acción y ciencia-ficción de los ochenta: las historias de peleas, tiros y supervivencia al límite requieren visceralidad y un drama impactante, no la simplificación que obliga la restricción autoimpuesta en estos tiempos debido a que la franja de público de 13 a 18 años es muy golosa. Logan es un relato sucio, agresivo, trágico e incluso obsceno, hasta el punto de llegar a ser desagradable en algunos momentos. Y no en el sentido de quejarse por ello, sino en el positivo: te remueve por dentro, estás casi toda la proyección sumido en una tensión angustiosa, te recuerda que el cine puede transmitir emociones muy intensas más allá de la diversión pasajera. Aparte, el despliegue de palabrotas y maldiciones aporta un humor bruto que también se echaba de menos (hoy en día encontramos rarísimas excepciones, como la obra de Quentin Tarantino, en especial Los odiosos ocho).

El ambiente inicial es melancólico. Se siente la pérdida de los amigos, de una vida mejor, y además se logra mediante un trasfondo sugerente, no se da todo mascado como suele ser habitual (me cansan esos típicos prólogos ñoños y flashbacks reiterativos). El pasado más o menos reciente de Logan y Xavier se señala sutilmente, sin llegar de hecho a concretar del todo. No hace falta más para exponer su pesadumbre y remordimientos. Y la llegada de problemas nos regala muchos tramos donde se sufre mucho con ellos y con la niña, Laura: te duele cada herida física y psicológica. Así, la intriga por su porvenir, el interés por ver si escapan de su miseria y tormento, te mantiene absorto y con el corazón en un puño.

Más que el guion, es la puesta en escena la que consigue esta excelente aura malsana y aciaga. Las luchas cuerpo a cuerpo recuperan esa intensidad y violencia ochentera a lo grande, todo golpe es contundente y deja marca, las heridas sangrientas reflejan la desagradable realidad, de forma que cada pelea resulta más impredecible y amenazadora: esta podría ser la última. Corramos un tupido velo sobre los ejércitos de peleles que caen como moscas mientras aplaudimos los efectos especiales. Aquí sudas, te encoges, y respiras de alivio. Y esto último no siempre, porque anunciaban el capítulo final en la historia de Logan, y aunque sabemos que siempre pueden hacer más entregas yendo al pasado, por más que los intérpretes de Xavier y Lobezno digan que aquí terminan sus participaciones, el fatalismo, la sensación constante de tragedia inminente, está muy logrado.

James Mangold no se prodiga mucho pero tiene algunos títulos muy interesantes donde muestra un buen talante como director, como Copland o El tren de las 3:10. Lo que me sorprende es que optaran por él a pesar de la tibia recepción de su aportación a esta serie, Lobezno: Inmortal. Quizá es porque, como señalé en su crítica, la sobriedad de su puesta en escena es lo poco que salvaba a la película. El resultado es digno de alabar, desde las intenciones de huir de un apartado visual con un despliegue de fantasiosos efectos especiales, al pulso que le imprime a la acción terrenal (peleas cuerpo a cuerpo y persecuciones). Pero sobre todo sobresale el tempo contenido (serio, sin artificios) a la hora dar forma al resto de la cinta, una combinación de western moderno (referencia a Raíces profundas incluida) y road movie estupenda. Cabe mencionar el inteligente uso de los escenarios: empezamos en los desiertos sureños, rodeados de la miseria y soledad de la zona, pero conforme avanzamos va apareciendo la naturaleza y la conexión humana (el capítulo de la familia granjera). El propio Xavier lo matiza innecesariamente, porque la bonita escena de la cena lo estaba dejando bien clarito: así tenía que ser la vida, no la mierda que vivimos. Hay bajones de ritmo, pero vienen del guion y eran difícilmente evitables. Unas veces no lo logra, como el receso explicativo del móvil y la pausa en el hotel, y otras sí sortea el problema: el clímax final se ve venir de lejos, pero lo exprime al máximo y logra gran fuerza dramática.

La música de Marco Beltrami potencia la idea del western, matizando muy bien la melancolía y puntualmente la rudeza de los momentos de acción. Y en estos últimos no se vende al estilo esperable de coros y orquesta que trata de saturar los sentidos con supuesta épica, sino que es fiel a la línea moderada y sombría, con un tono roquero muy acertado. Los efectos especiales destacan precisamente por no destacar: aunque como señalaba no sea una obra de elaboradas situaciones fantasiosas, sí hay bastante trabajo con lo digital, en especial a la hora de poner los rostros de los actores sobre dobles de acción. La perfección del truco está en que no se nota nada, de hecho he visto algún reportaje (mismo aviso de spoilers que he aplicado aquí) y sorprenden la de ocasiones en que recurren a ello sin que te des cuenta; recordemos los torpes inicios (por abuso innecesario cuando estaba claro lo mal que quedaba) de esta técnica en El Señor de los Anillos y las precuelas de La guerra de las galaxias. Sólo en un momento noté efectos digitales: en un par de planos del coche enganchado a la valla. En cuanto a efectos sonoros, son también deslumbrantes, pero persiste esa manía incomprensible de maximizar todo: esas agujas que suenan como grandes globos desinflándose, los prismáticos que amplifican el sonido también…

El trabajo actoral de los tres protagonistas principales es de primer orden. Patrick Stewart está estupendo como anciano desvalido y con la cabeza medio ida pero que se aferra a la esperanza. Hugh Jackman da todo de sí en una interpretación muy completa, pues combina lo físico y la contención: su sufrimiento interno se hace muy tangible. Y la chiquilla, Dafne Keen, es un portento de cuidado. Sólo tenía un papel en su currículo, una serie coproducida entre Espala y Reino Unido, Refugiados. Quizá con ella llamó la atención de alguien relacionado con la película, o quizá su agente estuvo atento y la envió al casting. El caso es que hay que celebrar que llegara a tener esta oportunidad… y la aprovechara tan bien. Igual que Jackman, tiene un papel exigente en el que se ha implicado con entusiasmo, y ofrece un registro asombroso, sobre todo a la hora de transmitir emociones únicamente a través de la mirada. Pero los secundarios no están tan efectivos. Boyd Holbrook (Narcos) no me parece mal actor, pero no pega en el rol de líder mercenario, es demasiado joven y guapo, y por más que se esfuerce no logra imprimir el talante cruel y temible necesario; si es que parece el becario del grupo. Stephen Merchant (Extras, Life’s Too Short, como guionista y actor) está bien como compañero de fatigas y secundario destinado a ser simpático, pero no logra impresionar, seguramente porque se podría haber sacado más del personaje. Y prácticamente no hay más, porque Richard E. Grant como el doctor misterioso cumple, pero su rol es puramente un objeto de la trama.

Y así llego a los problemas de la propuesta. En el factor emocional han logrado un peliculón y una rara avis en el género muy de agradecer, pero una vez analizada en frío se le ven algunas mejoras evidentes que le impiden alcanzar notas más altas y sin duda lastrarán un poco los revisionados. Hay ratos donde la férrea conexión se pierde, tramos donde el ritmo decae bastante o aparecen lagunas narrativas dignas de mención.

El argumento de que Logan pasa de todo y le cae esto encima es una clásica historia de aceptación, maduración y redención. Como siempre en estos casos, sabemos de sobras que acabará tomando partido y luchando, así que lo esperable es que el viaje sorprenda y el personaje llegue hondo. En esta ocasión han acertado de lleno, casi de sobresaliente, con la fuerza que desprenden los buenos, pero la conspiración y los villanos se quedan bastante atrás. En ninguno de los dos casos hablo de estar ante un guion mediocre, sino de cumplir con lo justo en una obra que funciona tan bien en otros aspectos que sabe a ligera decepción, deja la sensación de que había mucho más potencial que explorar. Se podría justificar con que no se puede tener todo, supongo, pero no lo comparto, ha habido películas de sobra que cuentan con villanos y/o monstruos enemigos que dejan huella en la memoria, y eso incluso teniendo muchos más protagonistas. Mad Max es el mejor ejemplo en estos tiempos. Si vamos a centrarnos en momentos clave de la vida del héroe, qué menos que ponerle una réplica de su nivel. Pero el militar privado o mercenario que va tras él no da el tipo, es un cliché que parece sacado de El equipo A: aparece en todas partes, molesta un poco, y lo reservamos para el siguiente capítulo de la cinta; el doctor que lidera el proyecto es otro un cliché, pero este más insustancial, sólo justifica la trama; y el monstruo final funciona porque las escenas de acción son imponentes, pero es también un objeto inanimado e intrascendente. Además, este último parece indicar que los realizadores saben que no llegan con el rival, sea porque han pasado de currárselo o porque no han sido capaces, y optan por un recurso muy facilón, el de usar un clon de Lobezno para que transmita una sensación de familiaridad y de tensión simple y directa: como conocemos sus poderes, sabemos que el Lobezno real, viejo, herido y agotado, se ve superado. Se podría decir que su entrada en escena provoca un buen shock, pero también que es sensacionalismo barato, y que en general hubiera funcionado mil veces mejor unos enemigos mejor dibujados, cuya personalidad resultara a la vez irresistible e inquietante.

En cuanto a la trama, la conspiración va con la serie, que siempre ha tratado la manipulación de facciones y gobiernos sobre la población (aparte de otros temas, como la integración y demás), así que le puedo perdonar inicialmente que mantenga un nexo en común aunque sea algo muy trillado. El problema es que a pesar de ser un pilar fundamental no da mucho de sí, primero, porque sus líderes son estereotipos muy vistos, segundo, porque se desarrolla con menos pegada de lo deseable. De nuevo, si la aventura versa sobre Xavier, Logan y Laura tratando de sobrevivir a estas gentes y este complot, qué menos que lograr una conexión más sólida. Pero resulta que cumplen con la intriga con desgana, acordándose de ella sólo cuando necesitan un motor que empuje el viaje de los protagonistas. Algunos recursos narrativos un tanto torpes magnifican esa impresión, como ese móvil que explica el asunto poco a poco y con el vergonzoso el momento en que se agota la batería para forzar la intriga y cambiar de registro para no aburrir. ¿De verdad no había mejor forma de explicar los orígenes de los chavales y de justificar la historia de supervivencia que un relato tan sobado y de tan escasa profundidad?

Por suerte, esas carencias no son extremadamente graves, y en su equilibrio global sus virtudes deslumbran tanto que Logan no es sólo una gran experiencia, sino una película que hacía mucha falta y que con suerte reescribirá un poco tendencia del cine comercial actual.

PD: Los temas de continuidad, después del desastre que se ha ido generando y explotó del todo con Días del futuro pasado, como el cómo recupera las garras de adamantium después de Lobezno: Inmortal y las discrepancias de edades (Caliban aparece en los años ochenta –Apocalipsis– y aquí sin envejecer), mejor pasarlos por alto.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
-> Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix Oscuro (2018)
X-Men: Los nuevos mutantes (2019)

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X-Men: Días del futuro pasado (incluyendo la Rogue Cut)


X-Men: Days of Future Past, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 131/149 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Simon Kinberg, Jane Goldman, Matthew Vaughn.
Actores: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Peter Dinklage, Evan Peters, Patrick Stewart, Ian McKellen, Halle Berry, Nicholas Hoult, Ellen Page, Shawn Ashmore, Johs Helman.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, del reparto y de la puesta en escena. En el guion se nota esfuerzo por contar las cosas bien…
Lo peor: … aunque hay deslices, agujeros y cosas cogidas por los pelos.
Mejores momentos: La discusión entre Erik y Charles en el avión.
La pregunta: ¿Cómo puede escuchar música Mercurio cuando va a toda velocidad?
Versiones: Finalmente vio la luz la versión extendida, llamada Rogue Cut. He actualizado la crítica para incluir al final mi opinión sobre la misma.

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Alerta de spoilers: Quizá revelo demasiados detalles para quien quiera verla sin saber nada.–

Me ha resultado difícil catalogar, analizar y puntuar esta película. El público la ha recibido de manera entusiasta, pero entre los más cinéfilos y sobre todo los frikis hay algo más de disensión, o al menos se considera buena aunque con algunos peros importantes. El problema es que intenta abarcar mucho, esquivando también mucho, y no siempre está acertada.

El primer punto conflictivo es que nace como un reinicio poco disimulado. La saga había caído muy bajo, tanto en calidad como en giros de trama y muertes más o menos innecesarias de personajes, con X-Men: La decisión final (que cerraba la trilogía original) y las dos partes de Lobezno (en especial la primera, más centrada en eventos de la Patrulla X). Bryan Singer, que puso en marcha la serie (X-Men, X-Men 2), al igual que muchos fans estaba muy descontento por como la manejaron los directores que la continuaron, y en un intento de redirigirla o resucitarla dio forma a X-Men: Primera generación, que tan bien dirigió Vince Vaughn. Era una saga paralela, yendo a los orígenes de la Patrulla X con nuevos actores para los personajes en sus versiones jóvenes. Apoyado por su gran y merecido éxito de crítica y público decidió que la serie podía ser salvada no sólo tangencialmente, sino por completo, porque el famoso cómic Días del futuro pasado le permitía unir las dos líneas narrativas mediante una historia de viajes en el tiempo. Así pues, ni corto ni perezoso aprovechó las paradojas temporales para establecer una nueva realidad donde los personajes principales que murieron ahora siguen vivos.

¿Está justificado llevar las nuevas entregas hacia un punto en el que esos títulos denostados desaparecen de la continuidad? ¿No es engañar al espectador decir ahora que dos o tres películas sobran? ¿No es jugar con nuestra inteligencia y sentimientos el matar y resucitar personajes sin control alguno? Por no decir que no queda claro qué películas son borradas en la nueva realidad. X-Men: La decisión final es evidente, porque resucitan a los ahí muertos, pero con las dos de Lobezno hay que ponerse a analizar a fondo qué partes son reinventadas. Los fans se han montado esquemas enrevesados, pero con la sensación de improvisación que tiene la serie prefiero no perder el tiempo pensando en ello. Al final no queda otra que aceptar el truco de las realidades paralelas como excusa para renovar la saga, no en vano este título en conjunto es bueno y los que vienen resultan prometedores. Pero eso no elimina la sensación de confusión y, en mi caso, tampoco del todo la de engaño, aunque se aplaca bastante porque en parte endiento el esfuerzo y los problemas a los que se ha enfrentado Bryan Singer.

Pero aun así hay un límite que no debería sobrepasarse y que sí me molesta bastante, hasta el punto de impedirme disfrutar del todo de las virtudes de esta entrega. Hablo del asunto de eliminar y resucitar personajes. No me gusta nada el viejo y cansino método de matar personajes a mogollón sólo cuando sabes que vas a tener un reset al final. Así, el clímax donde los mutantes del futuro caen como moscas sabe a falso y manipulador. Y con las reapariciones de fallecidos como Jean Grey se remata la jugada. Si se rompen los límites de la verosimilitud y de la conexión emocional, si no sabes que el muerto se va a quedar muerto, si ves venir que el argumento es una trampa circular barata o como queráis llamarlo, pues no sé vosotros, pero yo tendré problemas para conectar con el relato, es más, puedo sentirme estafado.

Además la historia comienza con cosas sin explicar, porque no hay forma de hacerlo sin perder mucho tiempo o cambiar por completo el argumento. Xavier aparece vivo y con el mismo cuerpo, y quien no haya visto la escena post-créditos de La decisión final no podrá entenderlo, y aunque lo haga es probable que le parezca otra trampa argumental. ¿Es aceptable tener que ver cosas ajenas a las películas para entenderlas? Porque para mí una escena extra no forma parte de la película. Siguiendo con Xavier y esos anexos, resulta que no se explica tampoco la escena post-créditos de Lobezno inmortal, donde Xavier y Magneto van a buscar a Lobezno en el presente. Y pasando a otro mutante, ahora resulta que Kitty tiene poderes que antes no tenía, todo por meter un rol conocido en la trama.

Pero si superamos esa barrera emocional, si esas omisiones y artimañas descaradas no nos tiran abajo la película, todavía se puede disfrutar de una buena cinta de superhéroes, y de hecho de una buena entrega de X-Men. Sigue teniendo algunos puntos mejorables, pero los aciertos son más destacables.

El argumento de viajes temporales en el fondo es muy clásico y se ve venir de lejos, pero se utiliza sabiamente, sin caer en topicazos, sin resultar farragoso o confuso en los saltos entre tiempos y protagonistas. De hecho el ritmo es muy bueno, siempre activo y con la trama y los personajes bien expuestos y desarrollados. Sólo se resiente un poco en la batalla final, pues las idas al futuro aportan poco aparte de sensacionalismo y el desenlace en el pasado es un poco repetitivo, pues es básicamente el mismo que el de Primera generación: Xavier y Erik enfrascados en una disputa moral ante un mundo que puede aceptar o perseguir a los mutantes según salgan las cosas. Pero aunque como final no tiene la pegada que debería, no es como para llevarse las manos a la cabeza, sobre todo porque la calidad de los personajes sustenta prácticamente cualquier cosa. Lo que sí sobra por completo es ese toque último de misterio con Mística disfrazada de Striker, que además de confuso es tramposo y mosqueante. Confuso porque no se sabe cómo y por qué acaba ahí (o qué pretenden con ello los guionistas), tramposo porque pone intriga artificial cuando sabemos que en la próxima entrega pueden hacer caso omiso como han hecho otras veces, y mosqueante porque precisamente ese final de Lobezno apuntaba directamente a que su línea temporal con Striker seguiría su curso, pero con Mística en medio lo enmarañan aparentemente sin venir a cuento.

Lo mejor es que la esencia de la Patrulla X brilla con intensidad. La lucha por los derechos y la integración, el conflicto contra las ambiciones y fobias de los poderosos, y sobre todo la propia lucha entre los mutantes por su forma de entender el mundo ofrecen un relato con varias capas y estilos muy equilibrados: la combinación de drama, mensajes y acción es excelente. La confección de los personajes es primordial en la ecuación, y es muy acertada. Destaca la profundidad emocional de Erik y Charles, el juego que da su dualidad y confrontación constante, así como el carisma de Lobezno, que por cierto muestra muy bien su evolución respecto a capítulos previos (más implicado en el grupo y la misión, de hecho termina liderando). Los secundarios no parecen incluidos por cumplir con el cómic y todos tienen su lugar en la historia. Pero aquí también hay un desliz. Para ser Mística tan protagonista no le dan suficiente profundidad al personaje, y una actriz tan competente como Jennifer Lawrence está muy sosa porque no hay margen para sacar más. Los demás sí trabajan muy bien: Michael Fassbender, James McAvoy y Hugh Jackman están como siempre estupendos; el momento en que discuten en el avión quita la respiración por todo lo que significa para los protagonistas y por la interpretación de los actores.

Donde no falla ni una pizca es en otro punto esencial: el espectáculo no se descuida. Visualmente es impecable desde los efectos especiales a la dirección de Singer. Las escenas de acción se planifican bien y el sensacionalismo visual (el estadio es quizá excesivo, la escena de Mercurio puro vacile) no engulle a la trama y personajes.

Como muchos fans, hubiera preferido que siguieran con la segunda parte de Primera generación, la mejor de la serie, en vez de meterse en este embrollo de reinicio forzado, pero al menos el resultado es francamente bueno más allá de lo que nos guste o no la manera de relanzar la saga y resucitar personajes.

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Actualización del original publicado el 16/10/2014:
Vista la versión extendida, llamada Rogue Cut (Versión Pícara, vamos)

Huelga decir que hay dos tipos de versiones extendidas de películas: las que merecen la pena y las que no. Algunas ediciones en dvd/bluray incluyen escenas extra sólo como reclamo, sin aportar nada esencial a los personajes o la trama. Pueden ser minutos que no hagan daño o pueden alagar innecesariamente la cinta. Por ejemplo la extendida de Terminator 2 no aporta nada y ralentiza el perfecto ritmo de la versión original. Luego están las ganan calidad, porque fueron recortadas negligentemente por la productora de turno, donde pensaban que una versión más reducida (y generalmente menos violenta) sería más viable comercialmente, pero luego resulta que lo que quedó fue un resumen malogrado. Los mejores ejemplos son Abyss, El reino de los Cielos y Alexander, cuyas versiones del director son inmensamente superiores a sus estrenos en cines.

¿En qué categoría entra la extendida de Días del futuro pasado? Pues concretamente en ninguna de las dos, la verdad, es más bien un caso nuevo. Como producción que tiene una parte de su público, el fandom, que es muy fiel y conocido por comprar cualquier edición que vea la luz, la productora no puso pegas al capricho del director Bryan Singer de sacar una edición más larga. Pero esa idea no obedece a razones narrativas, a que en cines tuviera que resumir o alterar el montaje por presiones externas. Lo que ocurrió es que rodó una subtrama con un personaje secundario, Pícara, solamente porque era muy apreciado en la saga, tanto por los seguidores como por él, pero luego vio que en el relato no pintaba mucho. Y como le han dejado ha sacado una versión que incluye ese capítulo anecdótico pensando en que gustaría, pero lo cierto es que es raro encontrar opiniones a favor de este montaje nuevo, la grandísima mayoría, incluso teniendo en cuenta lo que deseábamos ver al personaje, coincide en que la película no gana, sino todo lo contrario.

Siendo una obra pausada más que de acción trepidante, centrada en desarrollar el conflicto de sus personajes y formar las escenas cumbre desde esa base, ralentizar el ritmo aumentando el metraje con secuencias ligeras o intrascendentales es bastante contraproducente. La Rogue Cut incluye casi veinte minutos extras de pura morralla. Tenemos algún diálogo superficial que no aporta nada al dibujo de los protagonistas (Bestia y Lobezno charlando en la mansión) y extensiones de trama poco justificadas (la destrucción de Cerebro es innecesaria -y más con esa tonta escena de sexo-, ya teníamos razones de sobra para no encontrar a Mística). Lo más esperado era ver a Pícara, pero resulta a todas luces negligente meter una trama paralela enorme para que sólo aparezca para estar sentada sin hacer nada relevante. Si interaccionara en la trama del futuro, si se relacionara con los demás personajes… pero es que no hace nada, sustituye a Kitty unos minutos y punto. Y para llegar a eso hemos tenido su rescate en la mansión, una escena de acción larga pero insustancial y anticlimática que además incluyen de forma muy extraña, narrándola de forma paralela a cuando Magneto (en el pasado) recupera su casco, como si ambas cosas tuvieran alguna relación. Hay otros tantos detalles cambiados, pero son igualmente irrelevantes: qué más da dónde muera uno de los mutantes del futuro, si sabemos que esa línea se rehará.

Así pues, si vuelvo a verla será en la versión cines, y pienso que esta Rogue Cut quedará como una curiosidad fallida que probablemente se olvide con el tiempo.

Como siempre, movie-censorship hace una comparación exhaustiva.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
-> X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix Oscuro (2018)
X-Men: Los nuevos mutantes (2019)

La fuente de la vida


The Fountain, 2006, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 96 min.
Dirección: Darren Aronofsky.
Guion: Darren Aronofsky.
Actores: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Sean Patrick Thomas.
Música: Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: La hábil conjunción de fotografía, música y dirección y la alternancia de realidad y fantasía crean un relato hermoso y cautivador. El reparto está muy bien.
Lo peor: Quizá le falta algo de ritmo al principio.

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Un investigador llamado Tom se obceca con hallar la cura del cáncer que está acabando con la vida de su amada Izzi. Mientras él se hunde emocionalmente y es incapaz de aprovechar lo que tiene (su sólida relación amorosa), ella abraza su destino con resignación y absorbe cada instante para atesorarlo, y vierte sus sentimientos en una novela en la que traslada sus vivencias a la época de los conquistadores españoles.

Darren Aronofsky elabora un ensayo sobre la obsesión humana por sobreponerse a la muerte, o dicho de otra forma, por el miedo a la misma y cómo este puede precisamente impedirnos vivir con normalidad. Lo que empieza como un drama sobre una pareja en momentos difíciles pronto se transforma en un relato de tono poético recreado con gran imaginería visual a través de tres narraciones paralelas que se entremezclan complementándose y dándose sentido una a la otra. Puede que le cueste un rato arrancar, pero cuando lo hace nos introducimos en un viaje profundamente conmovedor y muy hermoso.

En su brillante labor de dirección de Aronofsky juega con un sinfín de recursos con gran inspiración, manejando sabiamente la distancia (escenas grabadas desde el techo o la habitación contigua) y la cercanía (primerísimos planos) así como las diferentes atmósferas (la agobiante selva contra la luminosa esfera) para alternar entre tristeza y consuelo, entre soledad y calor humano, entre inquietud y esperanza. Y por si fuera poco maneja el tono y ritmo de forma magistral, generando una atmósfera embelesadora de intensidad creciente (aunque no en un estilo tan extremista como en Réquiem por un sueño) que lleva a una explosión final a modo de revelación o iluminación. El excelente trabajo de los actores Hugh Jackman, Rachel Weisz y Ellen Burstyn y la sublime combinación de virtuosa fotografía y expresiva y enérgica banda sonora ponen la puntilla a una experiencia que no deja indiferente a nadie.

Lejos de inclinarse hacia la tragedia Aronofsky apuesta por una evidente fábula con moraleja. Además, aunque sin duda no es una obra apta para todos los paladares, nunca se excede con un estilo farragoso o críptico, el relato es fácilmente inteligible, no como la parida pretenciosa de Terence Malick, El árbol de la vida, que también hablaba sobre el proceso de la vida y la muerte. Incluso los momentos más profundos se pueden entender sin mucho esfuerzo: el final sólo se le escapará a los espectadores poco dados a reflexionar (aunque por desgracia son millones).

Alerta de spoilers: Describo el final y sus implicaciones.–

El conquistador convirtiéndose en hierba al catar el árbol de la vida y la nave que llega a Xibalba y explosiona fusionándose con las estrellas reflejan lo obvio: que la única inmortalidad que hay es el ciclo de la vida, donde nuestra muerte da paso a nueva vida. Aunque sea tarde para haber aprovechado los últimos días con Izzi, a Tom finalmente le llega la revelación y acaba plantado una semilla para que un árbol crezca alimentándose del cuerpo de ella, liberándose así del tormento que le causaba no aceptar la muerte como algo natural e inevitable.

Prisioneros


Prisoners, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 153 min.
Dirección: Denis Villeneuve.
Guion: Aaron Guzikowski.
Actores: Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal, Viola Davis, Maria Bello, Terence Howard, Melissa Leo, Paul Dano.
Música: Jóhann Jóhannsson.

Valoración:
Lo mejor: Reparto excelente y puesta en escena de buen nivel.
Lo peor: Predecible y muy forzada.

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Un telefilme con buenos actores, eso es Prisioneros. Personajes definidos a retazos y por extensión de dibujo maniqueo. Trama sensiblera y sensacionalista, simple y predecible, con giros flojos y algunas resoluciones lastimeras (qué forzada resulta la escena final: ¿pero qué hace el personaje de Gyllenhaal ahí?).

Como suele ocurrir los papelones de los actores dan más entidad a unos personajes bastante limitados, y la puesta en escena es de buena calidad y consigue narrar con buen ritmo y una lograda atmósfera la pobre trama. De hecho, el tono recuerda a la estupenda Zodiac: el relato es oscuro, sofocante, enfermizo, inquietante… Gracias a esta combinación de reparto capaz de conectar con la fibra sensible del espectador y de atmósfera absorbente la película entra bastante bien a pesar de su excesiva duración. Como drama facilón es pues efectivo, aunque en nada que escarbes los trucos y limitaciones del guion te salpican de lleno.

Para mi sorpresa está siendo una de las cintas más valoradas del año, apareciendo en muchas listas de las diez mejores de la temporada. No puedo entender tal entusiasmo ni aun pensando en lo que gustan en EE.UU. los dramones con buen reparto.

Lobezno: Inmortal


The Wolverine, 2013, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 126 min.
Dirección: James Mangold.
Guion: Mark Bomback, Scott Frank.
Actores: Hugh Jackman, Tao Okamoto, Rila Fukushima, Hiroyuki Sanada, Svetlana Khodchenkova, Brian Tee.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Fuera de las escenas de acción, visualmente cumple bastante bien.
Lo peor: Simple, aburrida, y no parece una película de superhéroes.

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Decir que no parece una película de superhéroes se podría considerar un cumplido si se entiende que por ello no abusa de los clichés del género, pero me temo que se va al otro extremo: los superhéroes están metidos con calzador en un thriller muy trillado. El empresario que se jubila, la pelea por el trono entre los hijos, los contactos políticos y mafiosos, el romance… Nada sorprende, todo se desarrolla de la forma más previsible y simple posible.

Víbora es como si se incluyera por cumplir el cupo, no transmite sensación alguna, es como si no estuviera. Lobezno no parece Lobezno. Apagado, sin el estilo arisco de costumbre que tan simpático y gracioso resultaba, es un rol poco sustancioso que va de acá para allá sin que se sepa por qué hace lo que hace; es decir, no se justifican sus acciones: repite mucho que no quiere estar ahí pero se apunta a todo… Odio este tipo de protagonistas con personalidad indefinida. La vidente que lo acompaña es más interesante, pero no se le saca mucho partido. Ya no hay más mutantes, y el resto de personajes son clichés de lo más vulgares.

La chica tiene un pase porque la actriz elegida cumple bien en el físico y en la interpretación como joven tímida a la que hay que proteger (resulta encantadora y dulce), pero precisamente eso la hace incongruente respecto a la trama donde la sumergen: esta niñita no cuela como empresaria candidata a dirigir la compañía más grande del país. Además el romance con Lobezno es muy facilón y falto de interés. El hermano malvado es insoportable, por típico y predecible, y el villano no despierta mucho interés, pues aunque su objetivo se trabaja bastante no tiene presencia ni carisma como para dejar huella; quizá también es que Magneto ha puesto el listón muy alto, o que el desenlace en plan monstruo final de videojuego no sorprende lo más mínimo.

Lo mejor que puedo decir es que la puesta en escena es muy correcta. En manos de un artesano como James Mangold (Copland, El tren de las 3:10) Japón luce bien, el tempo narrativo es fluido a pesar de que no hay un guion consistente detrás, y en líneas generales la película entra sin problemas a pesar de su larga duración, aunque al final te quedes con cara de no haber visto nada. Pero por esa sobriedad también se queda corta. De nuevo, no parece una cinta de superhéroes. Las escenas de acción son bastante normalitas: peleas a puñetazos y espadas nada impactantes, con coreografías muy básicas y un montaje mejorable. La secuencia más espectacular tampoco logra un aprobado: la parte del tren está puesta ahí claramente porque hay que cumplir con el género y porque veían que la cinta se venía abajo en este tramo; resulta tan aparatosa e intrascendente como injustificada.

Además los efectos especiales, para los pocos que hay, no lucen nada, de hecho, son reguleros. En un principio parecía que apostaban por la acción tradicional, pero pronto se ven trucajes digitales mediocres por todas partes. La parte del tren es bastante floja en lo visual, pero es que incluso escenas simples de tiroteos están llenas de pantallas de fondo y extras añadidos cutremente: qué mal queda la gente superpuesta en los tejados. Cada vez se dejan más cosas al ordenador, supuestamente ahorrando dinero y esfuerzo pero perdiendo verosimilitud y espectacularidad. El colmo del absurdo está en la cama adaptable del empresario: ¿de verdad aporta algo esa chorrada de efecto digital?

Lobezno: Inmortal como thriller es uno del montón, nada destacable. Como aventura de superhéroes resulta confusa, porque la mezcla con el anterior género no funciona, no termina de llevar a nada no ya nuevo, sino simplemente atractivo. Y además es monótona y aburrida. Resulta menos sustanciosa y entretenida que X-Men Orígenes: Lobezno, que tampoco era gran cosa.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
-> Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix Oscuro (2018)
X-Men: Los nuevos mutantes (2019)

X-Men Orígenes: Lobezno


X-Men Origins: Wolverine, 2009, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 107 min.
Dirección: Gavin Hood.
Guion: David Benioff, Skip Woods.
Actores: Hugh Jackman, Liev Schrieber, Danny Huston, Will i Am, Lynn Collins, Kevin Durand, Taylor Kitsch.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida. Pareja protagonista carismática.
Lo peor: Previsible en varios tramos. Los efectos especiales y la dirección en las escenas cumbre son muy mejorables.

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Sus numerosas críticas negativas, que la ponían incluso peor que a la notablemente fallida X-Men: La decisión final, me mantuvieron bien alejado de las salas de cine, pero por género su visionado era algo que tarde o temprano abordaría. Y bueno, el resultado es mejor de lo esperado. Está lejos de ser una película mediocre, y como secuela le da varias vueltas a la recién citada, pero sí entiendo que no impactara mucho, pues resulta bastante simple y visualmente es mejorable.

El relato es irregular, prometedor pero lleno de altibajos, con varios segmentos predecibles y otros desaprovechados. La rivalidad entre Logan (Lobezno) y Victor se maneja bastante bien, y hay algunos pasos interesantes en su relación: el grupo de mercenarios, el intento de alejarse de esa violencia y la soledad del renegado (bonito el capítulo del anciano que le regala la moto). El sentido del humor funciona (flipante el gordo) y el ritmo es bastante correcto, con lo que en líneas generales empieza siendo una aventura algo básica pero lo suficientemente emocionante y divertida como para dejar buenas sensaciones. El problema es que no es capaz de ir a más, sabe a poco constantemente (de los secundarios se debería haber sacado mucho más) y conforme se acerca al final incluso pierde algo de energía.

Gámbito aporta bien poco, el villano termina resultando muy limitado, y para colmo descubrimos que la trama ha partido de una trampa bastante fea, la de la muerte fingida, que ensucia un desenlace ya bastante turbio, pues en toda la estancia en la isla lo previsible ya sí alcanza cotas importantes: nada sorprende, no se transmite emoción ni tensión por el destino de los protagonistas. Además se ven muy forzados los giros para enlazar con la trilogía de X-Men sin faltar a la continuidad: no matar al villano, borrar la memoria de Lobezno, Gámbito yéndose sin interesarse por los demás y Cíclope sin enterarse de nada (la base de la historia de Lobezno en las dos primeras entregas es la búsqueda de sus orígenes, y Cíclope no recuerda nada de esta historia). El Victor/Dientes de Sable presentado en la trilogía nada que ver tiene con el de aquí, pero eso es un error de concepto de aquellas, no de esta. Y con X-Men: Primera generación se produce otra incongruencia, esta también inesperada: Xavier calvo y sin silla de ruedas.

Las escenas de acción son demasiado aparatosas, demasiado exageradas, pero a la hora de dar ritmo y vidilla a la narración no van mal encaminadas. El problema es que no están resueltas con profesionalidad, quedando algo cutres a veces. Los efectos especiales, incluso en secuencias que no son de acción (la aparición de Xavier), no dan la talla como superproducción: parece que la mitad de la película está rodada en una cochera con pantallas verdes, y los fondos falsos se notan demasiado, el color, la textura y la integración fallan a veces estrepitosamente. La realización de Gavin Hood no es muy llamativa, y de hecho, en las escenas complejas se ve falto de experiencia y recursos: deja casi todo al ordenador, y este no funciona. Es una pena que no se saque partido de un presupuesto que sin duda debería haber dado algo bastante más espectacular.

Si en conjunto se salva es porque el ritmo no llega a decaer a pesar de no ser una montaña rusa, los actores son muy competentes (en especial la pareja protagonista, Hugh Jackman y Liev Schrieber) y la idea de central es atractiva aunque no llegue a dar nada digno de recordar.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
-> X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix Oscuro (2018)
X-Men: Los nuevos mutantes (2019)

El truco final (El Prestigio)

The Prestige, 2006, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 128 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, Christopher Priest (novela).
Actores: Hugh Jackman, Christian Bale, Michael Caine, Scarlett Johansson, Piper Perabo, Andy Serkis, David Bowie, Rebecca Hall.
Música: David Julyan.

Valoración:
Lo mejor: Ambientación, actores, y sobre todo la magnífica labor de Christopher Nolan en guion y dirección: el uso de la narración no lineal, el manejo del tiempo, el ritmo que imprime, el partido que saca de los personajes, el interés constante y lleno de grandes momentos y sorpresas…
Lo peor: Que al final se empeñe en explicarlo todo al detalle, quitándole muchísimo interés al eliminar la posibilidad de que salgas del cine lleno de dudas, ideas y ganas de verla otra y otra vez.
Mejores momentos: Angier viendo a la familia de Borden. Borden interrumpiendo la función de Angier. La aparición de Tesla. El gato y los sombreros. Angier introduciéndose en la máquina. Borden intentando sacar a Angier del tanque.
La pregunta: ¿Pero a qué juegan los traductores con los títulos de algunas películas?
La frase:
-Sarah: No más mentiras, no más secretos.
-Borden: Los secretos son mi vida.

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Christopher Nolan es uno de los autores más dotados del momento, un director que, aunque no tiene un sello muy característico más allá de sus siempre perfectos juegos con las líneas temporales, es un artista impecable desde el guion a la dirección, capaz de exprimir al máximo los personajes y de sacar todo el partido posible a la narración. Gracias a él productos menores como Insomnia son altamente entretenidos, cintas como Batman Begins derrochan carisma, y el experimento de Memento dio como resultado una de las películas más destacables, atípicas y difíciles del cine moderno.

Si El Prestigio hubiera estado en manos de autores del montón probablemente se habría quedado en una producción superficial de trucos y engaños, de giros rebuscados y trampas argumentales. Pero el guion que Christopher Nolan ha escrito junto a su hermano basándose en la novela de Christopher Priest (de la que dicen que es muy buena y original, y la película desde luego es buen indicativo de ello) va mucho más allá de un simple y lineal retrato del mundo de los magos, construyendo un magnífico relato sobre el enfrentamiento de dos grandes genios de la magia a lo largo de sus vidas a través de una aventura que profundiza con detallismo en el alma de los protagonistas, reflejando con ellos las virtudes y miserias del ser humano de forma loable: la ambición, la corrupción, el amor, el odio, la ética…

Además tenemos el sublime formato no lineal que le han otorgado el relato, enriqueciendo de manera singular el desarrollo de los acontecimientos y el clima de intriga. Asistimos a una historia llena de misterios y sorpresas notables que el espectador debe ir resolviendo a medida que las distintas líneas narrativas convergen, divergen o danzan entrelazadas mientras forman el espléndido mosaico de personajes enfrentados, ambiciones, espectáculos de ilusionismo, investigaciones… A la hora de dirigir esta trama de notable complejidad estructural Nolan no ha cometido ni un fallo (si exceptuamos el final), ofreciendo una película de ritmo inmejorable, con un sentido del tiempo y del espacio exquisito, genial teniendo en cuenta la dificultad de mostrar la evolución de los personajes junto al suspense de las intrigas de forma coherente y que resulte atractiva e impactante para el espectador: en todo instante se sabe en qué momento y lugar de la vida de cada carácter estamos.

Debo reincidir en que la evolución de caracteres, aparte de modélica destaca porque no se ve perjudicada por la peculiar estructura narrativa. La presentación y maduración de los personajes están expuestas con asombrosa habilidad, siendo especialmente eficaz en los cambios en la moralidad de Angier (genial su gradual caída en la desesperación y la pérdida de la ética), pero a la vez nada descuidada en la constante ambigüedad y decadencia de Borden. No se olvida tampoco de los secundarios que se ven envueltos en el tortuoso enfrentamiento, con el correcto mentor de los magos, el preocupado y amistoso ingeniero Cutter, la delicada esposa Sarah… aunque la ayudante Olivia se presenta algo descuidada, quizá por la falta de carisma en la interpretación de Scarlett Johansson.

Como viene siendo habitual, Nolan se rodea de un reparto de grandes nombres, que salvo la insípida recién mencionada Johansson (hablando claro está de la interpretación, porque la chica es muy bella) no decepcionan, con la ligera excepción de que personalmente el gran Michael Caine, tras el papelón en Batman Begins, aquí no me resulta tan memorable (lo que no significa que no esté perfecto). Christian Bale resulta como siempre una presencia imponente, y su actuación está a la altura de su personaje, el genio oscuro y ambicioso. Hugh Jackman tiene entre manos un carácter en principio más racional y sentimental, pero más adelante desesperado y amoral, y plasma su evolución con todo detalle; mención especial para el momento en que lee las últimas páginas del diario de Borden. Los papeles secundarios, exceptuando a Johansson, recaen en actores menos conocidos, pero están a la altura de las circunstancias, especialmente Rebecca Hall y Piper Perabo, más expresivas que su compatriota famosa, o David Bowie, encarnando con comedimiento a un enigmático Tesla.

La ambientación del siglo XIX es correcta, generalmente limitada a los escenarios cerrados de los teatros, evitando así alardes innecesarios en un relato cuyo fuerte es la forma y el contenido, no el aspecto externo, que de todas formas ni mucho menos ha sido descuidado: vestuario de primer nivel, efectos sonoros y especiales bien empleados y sobre todo un atrezo rico en detalles. Como es habitual en Nolan (al menos hasta sus Batman), la música no es un factor primordial del que ostentar y abusar, sino un complemento sutil puesto al servicio de la narración. Así, la partitura de David Julyan proporciona el suspense y dramatismo necesario, su presencia no llama la atención indebidamente; su audición en disco es pues, aburrida, pero su fusión con las imágenes, perfecta.

Un pero tiene El Prestigio, un pero demasiado grave y que ensucia de forma innecesaria y evitable una producción excepcional y sorprendente. A lo largo del relato Nolan va soltando pistas más que evidentes (demasiado en algunas ocasiones) sobre los misterios principales (los resultados de la máquina o los trucos de Borden) que cualquier espectador que preste algo de atención y disfrute del cine inteligente irá enlazando, o quizá simplemente sospechando, de manera que se van atando cabos y antes de la resolución de la historia es posible desglosar y comprender cada truco narrativo y argumental (que además, en ninguna ocasión defraudan y encajan a la perfección en la historia). Si un espectador no es tan despierto como para enterarse de todo, no importa, no siempre captamos todo a la primera, y así podemos disfrutar de otros visionados. Pero la tendencia del cine (al menos del que viene de Hollywood) desde hace cinco o diez años se inclina por no dejar nada a la inteligencia del espectador, como si fuera una urgencia ineludible expresar cada idea de la forma más simple, dando como resultado que cada vez hay menos producciones que no recurren a lo fácil (tópicos, tanto visuales como argumentales), e incluso cuando alguna producción demuestra algo más de decencia e inteligencia, esta termina estropeándose al explicar todo con detalle antes de finalizar la proyección, dejando sin preguntas e inquietudes al público (hay excepciones, como la saga Matrix).

El Prestigio es una película especialmente inteligente, de las que ofrecen la posibilidad de volver a verla con atención extra y ser analizada desde múltiples ángulos, y por eso mismo resulta molesto que en el final se recurra a la típica escena en la que los dos protagonistas se encuentran cara a cara y desvelan toda respuesta y misterio. Pero resulta aún más doloroso que un director de tanta calidad como Nolan, un autor que demostró con Memento que aún existe el cine que hace que te exprimas las neuronas (incluso con la posibilidad de que no obtengas respuestas claras), caiga tan bajo como para desvelar todo, absolutamente todo, en dicha conversación, añadiendo incluso flashbacks que no dejan resquicio alguno donde usar la imaginación. Me pregunto si ha sido por presión de la productora o por decisión propia, y prefiero inclinarme por la primera opción.

Sin ese final, sin ese estropicio cometido negligentemente en pro de la cada vez más lamentable idea de que el público es idiota, El Prestigio hubiera sido una película inolvidable, pero se queda, que no es poco, en un visionado imprescindible.