El Criticón

Opinión de cine y música

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Mortal Engines


Mortal Engines, 2018, EE.UU., Nueva Zelanda.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 128 min.
Dirección: Christian Rivers.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Philip Reeve (novela).
Actores: Hera Hilmar, Robert Sheehan, Hugo Weaving, Ronan Raftery, Jihae, Leila George, Patrick Malahide, Stephen Lang.
Música: Junkie XL.

Valoración:
Lo mejor: Diseño artístico asombroso y efectos especiales a veces espectacualres. El reparto es muy competente, y los personajes algo mejor trabajados de lo habitual.
Lo peor: El potencial inicial se diluye rápido, y acaba siendo predecible y teniendo algunos bajones de interés y acabado importantes.

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Es asombroso como, en la maraña de títulos comerciales de fantasía y acción, el público y a veces los medios son capaces de encumbrar el enésimo clon cansino y estúpido y al mes siguiente hundir otro de igual características y calidad. Mortal Engines apenas ha recaudado 80 millones de dólares mundiales y la han puesto a parir, mientras que sus hermanas espirituales Ready Player One (Steven Spielberg, 2018) y Alita: Ángel de combate (Robert Rodríguez, 2019) han rondado los 500 y conseguido críticas más que decentes. Sin duda no es una buena película, pero tampoco resulta un engendro anodino y por momentos vergonzoso e insultante como aquellas. Al menos Peter Jackson y sus compañeras intentan aportar algo y cuentan con talentos varios entre sus artífices que logran sumar unas décimas aquí y allá. Esto me sorprende bastante, dado lo poco que se han venido esforzando desde el éxito de El Señor de los Anillos.

En cierta manera es otra vez el sempiterno viaje del héroe, el despertar ante un sistema opresor y la confrontación contra el villano a través de varios de los pasos típicos, pero aprovechando el tono de distopía literaria consiguen alejarse de los clichés más rancios y conferir a la historia un tono más oscuro. Supongo que ese extra de complejidad estará en la novela, pero también podían haberlo simplificado y destrozado como se ha venido haciendo desde El Señor de los Anillos a Alita en incontables ocasiones.

La situación de los protagonistas y la sociedad engañada por los poderes es del estilo de Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953) y otras. Quienes luchan y traen el cambio no están representados por los héroes impolutos y decididos de siempre, son dos personas con su propia agenda y que por casualidad acaban en el ojo de la tormenta y ahí terminan siendo relevantes en el cambio global. Hester Shaw (Hera Hilmar) sólo busca venganza, no le importaba nada hasta que poco a poco empieza a sentir algo por su inesperado compañero de aventuras. Tom Natsworthy (Robert Sheehan) cree que algo va mal en la sociedad, pero hasta que es expulsado de ella no encuentra la determinación para cambiar las cosas. En otro giro inesperado, los productores han optado por buscar actores poco conocidos en vez de estrellas con tirón pero de poca calidad. Tanto Hilmar como Sheehan tienen encanto y buen hacer de sobras como para que te intereses por su odisea rápidamente. Temo que el fracaso de la cinta puede haber frenado sus carreras.

Más ambigüedad encontramos en el mundo presentado. No tenemos una clara y facilona distinción entre el bando bueno y el malo, la luz y la oscuridad, sino que el sistema político y social es más complejo. Cada pueblo y grupo hace lo que conoce y lo que necesita para sobrevivir, sin plantearse alternativas más éticas, como en la vida misma. El villano principal no es una etérea y fantasiosa representación del mal, sino un iluminado con motivaciones medio trabajadas. Desde luego no puede sorprender, pero al menos no es un cliché insoportable y se realza con la intensa interpretación de Hugo Weaving, de las mejores que ha dado.

Sin embargo, esas virtudes iniciales no se extienden al resto de personajes y al desarrollo de la historia, tras un prometedor primer acto el relato empieza a agotar su poco combustible y para el tramo final ha perdido mucho fuelle.

Da la impresión de que han incluido a varios roles secundarios porque estaban en la novela, pero terminan aportando bien poco. La rubia estirada (Leila George) no hace nada tangible a pesar de ser la hija del malo, y el pijo que parecía rival del protagonista (Ronan Raftery) aparece de vez en cuando y cuesta acordarse de quién era, y finalmente tampoco hace mucho. Aparte está la criatura asesina que meten a media película a soltar hostias sin venir a cuento, con la que intentan forjar una conexión emocional a través de la protagonista, pero que desde luego no funciona, queda como un pegote absurdo que consume demasiado tiempo. La pena es que su diseño es alucinante. Además, es imposible no pensar que el tiempo perdido con el monstruito podían haberlo dedicado a los personajes que se van juntando hacia el final para luchar, incluyendo los asiáticos, que quedan como como atontados mientras los protagonistas manejan la ciudad a su antojo; por ejemplo, la que lleva la aeronave, Anna Fang (Jihae), se limita a soltar cuatro frases grandiolocuentes tan forzadas que resulta cargante, y del resto del grupo te importan bien poco sus destinos.

La trama abandona sus promesas y acaba bastante encorsetada en lo más básico de ambos géneros, fantasía y distopía. Unos cuantos giros de esos en que les caen las revelaciones y soluciones encima a los personajes (la escalera que los lleva sin esfuerzo al lugar inaccesible, la reunión con el grupo de rebeldes, la previsible clave final) lanzan una batalla que no tiene sustancia, satura con mucho fuego artificial pero sin una gota épica ni drama. Y por supuesto, no tiene un desenlace definitivo, porque querían hacer secuelas.

El diseño artístico de la recreación de universo planteado es impresionante, y mira que a estas alturas es difícil sorprender. Es cierto que al resultar un mundo tan fantasioso puede costar entrar, pero los primeros planos de las ciudades móviles quitan la respiración con la combinación de decorados, efectos digitales y vestuario. Sin embargo, en otras muchas situaciones los distintos métodos no se terminan de integrar del todo, y termina pareciendo un videojuego. Las escenas en la naturaleza en la huida de la pareja protagonista deberían haberse realizado en exteriores, se notan mucho los decorados de cartón piedra y las pantallas de fondo, y en el primer ataque del zombi los fondos cantan aún más.

Pero lo que realmente frena su potencial como superproducción de las dejarte anonadado es la falta de experiencia del director Christian Rivers, o la mala experiencia y vicios adquiridos trabajando para Peter Jackson, pues viene de su equipo artístico. La repetición de tics y errores (el mismo tráveling para presentar cada nuevo escenario, demasiado plano aéreo, poca visión global en las partes más complejas, que mezclan planos de distinto estilo sin ton ni son) se traducen en una dirección torpe y caótica, lejos de referentes recientes del género como Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015). Y termina de venirse abajo por la falta novedades en guion y soluciones visuales de la pelea final; hay instantes calcados de El señor de los Anillos, La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) y Matrix Revolutions (hermanas Wachowski, 2003). Tampoco ayuda la ruidosa banda sonora de Tom Holkenborg (o Junkie XL, como se hace llamar); parece que la notable Mad Max: Furia en la carretera fue un caso aislado en su floja discografía.

También cabe comentar un detalle mosqueante. Se empeñan en señalar un trauma en la protagonista, pero encaja tan poco que no te lo crees de ninguna manera. Se tiran media película diciendo que es fea y deforme, cuando es un bellezón de cuidado y ahí todo el mundo tiene heridas y cicatrices por la dura vida que llevan. En Ready Player One teníamos un caso igual de absurdo.

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El atlas de las nubes


Cloud Atlas, 2012, EE.UU.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 172 min.
Dirección: Tom Tykwer, Lana Wachowski, Lilly Wachowski.
Guion: Tom Tykwer, Lana Wachowski, Lilly Wachowski, David Mitchell (novela).
Actores: Tom Hanks, Halle Berry, Jim Broadbent, Doona Bae, Ben Whisawh, Hugo Weaving, Jim Sturges, Keith David, James D’Arcy, David Gyasi, Susan Sarandon, Hugh Grant.
Música: Tom Tykwer, Reinhold Heil, Johnny Klimek.

Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena es muy buena: dirección, efectos especiales, música y actores ofrecen un acabado llamativo y buen ritmo.
Lo peor: Un guion ambicioso pero fallido. Las historias ni conectan entre sí ni narran algo llamativo por sí solas, siendo más bien simplonas.

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Basándose en la novela homónima de David Mitchell (2004), la hermanas Wachowski y Tom Tykwer (dado a conocer con Corre, Lola, Corre -1998-) iniciaron la adaptación a pesar de que nadie creía que un libro tan largo y complicado pudiera trasladarse a la gran pantalla. Las Wachowski venían del batacazo de Speed Racer (2008), donde esperando repetir la buena racha de la trilogía de Matrix (1999, 2003) el estudio les dio libertad creativa y un montón enorme de dinero que dejó un buen agujero en sus arcas. Con ese panorama, el ambicioso proyecto que presentaron esta vez no fue aceptado por ninguna major, y acabaron mendigando de varias productoras europeas pequeñas, subvenciones del gobierno alemán y, cuando se acabaron los fondos, poniendo de su propio bolsillo. Se estima que costó 100 millones de dólares, aunque algunas fuentes lo elevan a 130, o sea, una buena superproducción. Recaudó en cines precisamente 130 millones, lo que significa que dio bastantes pérdidas, pues hay que contar distribución, publicidad, la ganancia de los cines… se estima que una película debe recaudar el doble de lo que cuesta para empezar a dar dinero.

Cabe pensar que la fama de las Wachowski (aunque por aquel entonces sólo Lana había salido del armario) y la publicidad gratis que se llevó por ser un filme tan peculiar movilizó a más gente de la que lo haría en condiciones normales: tres horas de ciencia-ficción rara no es algo muy vendible. La recepción crítica fue dispar, con gente amándola y odiándola a partes iguales. Pero, viendo el resultado, me sorprende que no se estrellara con contundencia y aún tenga firmes defensores. Su simpleza es exasperante después de tanto que alardea de ser algo grande y único, y su longitud desmedida. Como cinéfilo, no tengo problemas con que una obra sea lenta, rebuscada y tarde en cobrar sentido. Pero tras una hora de metraje y con otras dos por delante empiezas a dudar seriamente de que tanta exposición de vivencias personales sin un nexo común vaya a alguna parte. Si seguí adelante fue por su imponente aspecto visual.

Aparte de escribir el guion, las Wachowski y Tykwer se repartieron las labores de dirección. No es un hecho insólito, pues es habitual que en superproducciones haya varios equipos en marcha, pero por lo general a “la segunda unidad” se la infravalora, se le otorga a un don nadie como director, normalmente al encargado de planificar las escenas de acción, y no se le da mucho crédito. Pero aquí estaban los tres realizadores al mismo nivel. Habiendo seis historias parece fácil repartirse el trabajo, pero en realidad es lo contrario. Hay muchos factores en juego para mantener el mismo estilo narrativo, y más teniendo en cuenta las distintas épocas y ambientaciones. Y el lío en la sala de montaje tuvo que ser arduo también. Pero parece que la dificultad más grande fue la financiación, que estuvo a punto de dejar la película a medias en varias ocasiones. También costaría colar la duración de 170 minutos a las distribuidoras, teniendo en cuenta que implica reducir las sesiones en los cines.

El resultado es digno de elogio, pues la puesta en escena es notable y el ritmo ágil. Las historias entran muy bien por los ojos y se siguen sin que pierdas el hilo (aunque su falta de complejidad desde luego ayuda) a pesar de los saltos entre épocas, de las numerosas escenas muy breves, de las partes de acción interrumpidas para ir a otras más introspectivas…

La fotografía, repartida entre el gran John Toll (Braveheart -1995-, La delgada línea roja -1998-, El último samurai -2003-) y el alemán Frank Griebe, se adapta a cada entorno permitiendo al espectador una inmersión total en cada ambiente, y nos regalan algunos planos bastante bellos, sobre todo en los espectaculares escenarios naturales. Los efectos especiales son de primer orden. El vestuario y el maquillaje son magníficos, con mención especial para los actores que encarnan individuos de distintas razas de forma muy verosímil (de anglosajón a asiático, de afroamericano a anglosajón…). El entusiasmo del notorio repertorio de actores elegidos es contagioso, y muy meritorio, porque interpretan a distintos roles en cada línea temporal. Y la banda sonora de Tom Tykwer y sus colaboradores habituales, Reinhold Heil y Johnny Klimek, es muy versátil y con temas muy hermosos. Sí, el director también suele ser compositor en sus películas, por ejemplo, El perfume, historia de un asesino; se hacen llamar Pale 3.

Pero a mitad de la proyección creo que ya es momento de asumir que estamos ante una tomadora de pelo o un experimento fallido. Aunque sean relatos más o menos amenos por sí solos, su trascendencia y profundidad son nulas y la conexión entre ellos inexistente, así que estás viendo varias películas simplonas mezcladas en una. Sólo queda desear que si se combinan hacia el final adquieran nuevos significados, pero desde luego no apunta a ello.

En los años setenta, un complot trata de hacer que una central nuclear falle; la intriga carece garra de los thrillers de la época, ni remonta cuando meten con calzador escenas de acción. En el presente (2012), un anciano editor con problemas de dinero acaba metido por la fuerza en un asilo y tiene unas aventuras tragicómicas totalmente irrelevantes pero aliñadas con una voz en off cansina. Una distopía futurista (en 2144 en Neo Seúl) definida a cuatro brochazos pasa por todos los clichés del género sin ahondar en nada. Un músico no consigue triunfar en 1936, y encima es homosexual, así que el pobre lo pasa mal. Un terrateniente estadounidense en 1849 viaja en barco, topándose con un esclavo fugado mientras un doctor hace más mal que bien cuando se pone enfermo. En un mundo postapocalíptico (2321) unos humanos sobreviven de la tierra y otros, escondidos con los restos de la antigua tecnología, pero tendrán que aprender a convivir juntos.

No he leído la novela, pero por lo que se comenta, la conexión entre las historias es más fluida y sustanciosa y se supone que sí generan en su conjunto un plano narrativo superior. Al parecer, cada relato va influyendo en los protagonistas del siguiente, y los finales se retroalimentan cobrando un sentido global. En la cinta no hay conexión sólida, sólo detalles menores sin significado detrás (algún recuerdo fugaz que comparten distintos personajes, destacando la música del compositor) y cada sección acaba a su manera sin tener interacción alguna. Lo único en común es un tono de buen rollo y amor a lo new age, que resulta demasiado mascadito y cursi y no deja lugar a la reflexión, salvo un poco en la distopía, y no es que sea original.

Viendo la trayectoria de sus autores y sus intenciones, descarto la idea de tomadura de pelo y El atlas de las nubes queda como un experimento fallido. Pero aun con el sabor a decepción tengo que agradecer la valentía y el esfuerzo por haberlo intentado. Si no fuera por esa actitud nos habríamos perdidos muchas obras maestras, empezando por la propia Matrix. Es más, sin duda esta aventura inspiró a las Wachowski para la serie Sense8 (2015), otra obra de concepción revolucionaria que no acabó bien, aunque en su primera temporada se vio hasta dónde podía llegar su enorme potencial.

Alerta de spoilers: Describo y analizo a fondo cada final.–

Como señalaba, la fallida lucha contra el sistema opresor de la sección de Neo Seúl es la única con algo de enjundia: acaba mal para la protagonista pero se amaga con que ha sembrado la semilla para el cambio. Pero la historia en sí es tan pobre y artificial (mucho efecto especial pero poco contenido) que no me convenció. La única que me gusta realmente es la del músico, la mejor desarrollada en cuanto a trasfondo histórico y evolución del personaje, con lo que consigue ser la más natural y emotiva. El resto es un quiero y no puedo, en alguna acercándose peligrosamente hacia la vergüenza ajena. El abuelete escapando de un asilo y reencontrándose con un amor de la juventud resulta un final bien tontorrón para un relato sin pies ni cabeza. El noble estadounidense se pasa al lado del abolicionismo de la esclavitud tras su experiencia, pero resulta todo tan superficial que no impacta lo más mínimo, siendo una parte por momentos aburrida. El thriller setentero acaba de la forma más predecible tras un par de tiroteos donde ni siquiera parecen tomárselo del todo en serio, con ese chiste salido de madre con el perro. El colmo es la del futuro apocalíptico, donde en el desenlace los protagonistas envían una señal de auxilio y esperan que los salven unos supuestos humanos que se fueron al espacio, con lo que todo queda igual que como se había presentado esta sección, vivir rezando y esperando una salvación milagrosa; por otro lado, no llega a explicarse la naturaleza de ese ridículo personajillo que interpreta Hugo Weaving en esta parte.

Hasta el último hombre


Hacksaw Ridge, 2016, EE.UU.
Género: Drama, bélico.
Duración: 139 min.
Dirección: Mel Gibson
Guion: Robert Schenkkan, Andrew Knight.
Actores: Andrew Garfield, Sam Worthington, Hugo Weaving, Vince Vaughn, Teresa Palmer.
Música: Rupert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La parte bélica es impresionante. Buenos actores secundarios.
Lo peor: Es un panfleto yanki descarado. Resulta simple, manipuladora y predecible.

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Soy de los que prefieren separar la obra de un artista de su vida privada. Más que nada, porque te puedes llevar muchas malas sorpresas al descubrir cómo piensan algunos a pesar de que sus trabajos te hayan gustado mucho. Si su labor tiene un sesgo muy marcado, pues paso de ella y ya está. No voy a irme al lado opuesto y montar campañas para prohibirlas como hacen algunos, porque es lo mismo, fanatismo. Pero a veces es difícil hacer la vista gorda, porque alguna de sus mamarrachadas puede ser tan grave que provoque gran rechazo, o peor, directamente afecte a la vida de mucha gente. Mel Gibson de hecho la lio tanto que prácticamente acabó vetado en Hollywood. Es un ultraconservador, homófobo y antisemita de cuidado, y tuvo algunas salidas de tono muy gordas paralelas a una recaída en su alcoholismo, más una condena por conducir borracho (sin cárcel pero con libertad condicional muy vigilada), con lo que su carrera, muy pública y dependiente del apoyo del gremio, quedó truncada.

Tras aparecer como actor en algunos títulos menores y olvidados parece que consiguió la confianza suficiente para tener financiación y distribución de su próxima cinta como director. Y en este retorno ha tenido claro su objetivo: un título de los que gustan en Hollywood, que dé premios (tres nominaciones gordas a los Globos de Oro por lo pronto), y de paso que ensalce también su ideología, pues a pesar del desprestigio que le dio el berrinche también sabe que mucho de lo que defiende está en la onda del pensamiento general de Estados Unidos.

Así, Hasta el último hombre es el clásico relato del hombre contra el sistema, la fe que todo lo puede, y la loa patriótica, donde se habla de lo dura que es la guerra… pero para ensalzar al país como salvador del mundo, el único que tiene entereza moral y héroes dispuestos a sacrificarlo todo por los demás. Y como tal, es un filme de mirada estrecha y tendencia manipuladora, y por extensión no hay ni un solo momento en que no sea harto predecible. Cada personaje cumple un rol: el protagonista capaz e inquebrantable pero que es tomado por tonto por todos por ser diferente, la chica dócil y guapísima que acepta a ese hazmerreír, el sargento malvado y el matón que luego verán el valor del héroe, la pandilla definida con cuatro estereotipos… Tenemos la familia difícil, el romance fácil (en dos frases la conquista) tan pasteloso y forzado como el de Pearl Harbour, las escenas de rigor de rechazo en el ejército, la obvia lucha incansable que pone a prueba el sistema, el momento decisivo, y los perdones y adulaciones esperables.

Lo triste es que está basada en hechos reales, pero no hacen ni un amago de ofrecer un relato menos idealizado y maniqueo, un ensayo que abordara de forma más realista la situación de la época, la formación de personalidades según los entornos, el nacimiento de sentimientos religiosos y el fanatismo, las distintas posturas sobre la guerra, etc. Para la película las cosas son como son y punto, no hay un trasfondo complejo, y obviamente no hay análisis ni crítica.

Se hace una mitificación del héroe demasiado idílica. Incluso a pesar del tiempo que ocupa, el personaje carece de aristas, de evolución, de escenas que describan cómo llegó a ser quién es. La única visión a su pasado es para ensalzar sus virtudes: el padre era malo malísimo pero él supo sobreponerse. La chica y la boda no pintan nada en el relato, bastaba cumplir con algún flashback a modo de resumen si querían mencionar que estaba casado, porque al personaje y su historia no le aportan nada. Los incluye porque hay que cumplir con el estereotipo: el héroe patriota ha de ser completo, o sea, también padre de familia; por lo menos no cuelan niñitos monos. Es demasiado obvio el contraste entre la vida en el pueblo y la guerra: el ambiente en casa es agradable, luminoso, sacado directamente de un cuento (salvo por el padre borracho), la guerra es oscura, caótica, terrorífica, y con la muerte acechando en todo momento. Por supuesto, los japoneses son un ente indefinido, un mal a extirpar, mientras que el ejército yanqui está lleno de grandes líderes que ponen en forma a los jóvenes inmaduros pero prometedores, y una vez en guerra estos mueren como héroes o salen airosos por su superioridad ética y religiosa, en esa combinación ultraconservadora que casi parece decir “ganamos porque nuestro dios es el real”.

Y vamos a decirlo claramente: si hacemos caso a lo que nos han mostrado aquí, el protagonista era un fanático con un trastorno de la adolescencia (odia las armas por una pelea con su padre), y si acabó siendo un héroe fue por una conjunción de acontecimientos muy improbables. No quiero matar, pero me apunto a una guerra donde mis compañeros matan a decenas de personas y me voy a la batalla sin armas, poniendo en peligro a todo el pelotón al ser un lastre inútil. Si quería contribuir al país, pero no en el lado bélico, podía haber trabajado en fábricas que ayudaran en la crisis que dejó la guerra en casa: industria textil, alimenticia, automovilística… o, por hilar con la enfermería, el cuidado de los soldados que vuelven heridos. Ciertamente acaba metido a enfermero, pero ni siquiera nos muestran que estudie algo de enfermería en el entrenamiento. Es decir, con lo visto aquí me resulta un personaje tan irreal (sin profundidad ni motivaciones, casi una máquina) que no me lo creo. Hacía falta un relato más inteligente, profundo y sobre todo objetivo, es decir, con los pies en la tierra, para dar forma a una historia tan atípica e inesperada. Pero está claro que han cogido “el milagro” para vender ciertos ideales, y lo demás no importa.

La cinta se salva porque los autores ponen mucha pasión en lo que están contando y además Mel Gibson es un narrador de primer nivel y parece que su exilio no le ha afectado. El esfuerzo se agradece mucho en el mimo al detalle. Los diálogos son sorprendentemente ingeniosos para un guion tan superficial y previsible, y se nota mucho la mano de Gibson en la dirección de actores y el manejo de emociones a transmitir al público, con lo que logran dotar de algo de entidad a unos personajes en el fondo sin historia ni rumbo, o sea, puestos al servicio de la narración, y sacan algo de partido, aunque sea poco, hasta de las escenas más ñoñas. Así, la vida en el pueblo es demasiado de color de rosa, pero el protagonista cae bien sin muchos problemas y se sobrelleva mejor. El sargento está sacado con todo descaro de La chaqueta metálica, pero tiene pegada, y el pelotón está definido a base de clichés y anécdotas irrelevantes y superficiales, pero pasa el corte. En los actores destacan los excelentes papeles de Hugo Weaving (en un rol demasiado limitado consigue resultar verosímil) y Vince Vaughn (fantástico como el sargento cabrón), más el entusiasmo de Andrew Garfield, aunque anda todavía falto de experiencia y carisma.

Pero más que nada destaca la pericia del director con la acción, que se explaya a gusto cuando la guerra hace acto de presencia. Apoyado en unos efectos de sonido y un montaje extraordinarios Gibson hace gala de un dominio narrativo de quitarse el sombrero. La batalla es una auténtica pesadilla, te ves envuelto una carnicería que resulta un espectáculo muy gratificante para los amantes del género, pero también un drama capaz de ponerte los pelos de punta. Lo único malo del acabado es la banda sonora de Rupert Gregson-Williams, pues básicamente coge composiciones previas y las pega aquí y allá una y otra vez sin mucho tacto, con lo que no hay una buena simbiosis entre música e imágenes y termina siendo molesta.

En resumen, tengo sensaciones encontradas. Por un lado, es un entretenimiento simpático en su tramo inicial, y se torna impresionante y acongojante cuando se pone serio. Por el otro, le pesa demasiado la sensación de que están metiéndote a la fuerza un mensaje y unos sentimientos concretos. Esto último no parece pesar en las críticas y el público, todo sea dicho; no hay más que ver cómo muchos se han creído que es una obra sobre el pacifismo, cuando es precisamente lo contrario: qué grande es nuestro país que hasta un pacifista puede ser un héroe militar que ayuda a la cruzada para salvar el mundo e imponer nuestro fantástico modelo de vida. Mel Gibson la ha colado pero bien.

El Señor de los Anillos: El retorno del rey


The Return of the King, 2003, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 251 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler, John Noble.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion (personajes, incoherencias, equilibrio narrativo), dirección (tosca, irregular).
Mejores momentos: Sam y Frodo en las faldas del Monte del Destino, tanto en el ascenso como en el descenso.
Peores momentos: Toda aparición de Aragorn. La lluvia de calaveras. Los muertos verdes fluorescentes. La muerte de Denethor. Las almenaras. Legolas y el olifante.
El plano: Frodo y Sam en las faldas del Monte del Destino rodeados de lava.
La frase a destacar: No puedo llevarlo por usted, pero puedo llevarlo a usted junto con él -Sam.
La frase a repudiar: ¡Ese cuenta como uno! -Gimli.

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Más que en Las dos torres resulta evidente que Peter Jackson trabajó casi sin guion, siguiendo el libro sobre la marcha mientras rodaba reescribiendo escenas a diario y cambiando de idea sobre tramas y otros aspectos con la cinta a medio terminar (todo esto se puede ver claramente en los extras, por si alguno no lo nota en la propia trilogía). En una película tan compleja, esto es sencillamente impensable, insostenible, incomprensible. Así pues, la trama carece totalmente de rumbo y consistencia, se apelotonan escenas unas detrás de otras sin coherencia ni equilibrio y se dilata el avance de la narración de forma fatídica, haciendo que el ritmo, a pesar de haber mucha acción y unos cuantos momentos impresionantes, sea tan tosco que el abultadísimo metraje se hace eterno e insoportable. Y todo lo que iba venía mal en cuanto a la adaptación aquí explota por todos lados. Los personajes irreconocibles y la atmósfera de la novela no se halla por ningún lado o está completamente deformada, sólo toman de ella los nombres de protagonistas y lugares.

Empezamos con un prólogo dedicado a Gollum que, como es habitual, resulta excesivo, por largo, por simple y por explícito. Como si no hubiera formas más hábiles y breves de mostrar esa historia sobre el personaje, y como si sirviera de mucho, puesto que no añade ningún matiz notable a una personalidad que no pasa de representar al loco gracioso en vez del ser miserable y lastimero de las novelas. Además, como se ve que Gollum gustó a la gente, aquí se alargó su presencia y se infló aún más su cansina doble personalidad, con escenas larguísimas para lo poco que dicen construidas con recursos paupérrimos: la cámara moviéndose a cada lado de la cara, como si fuéramos tontos y no supiéramos cuál es cada personalidad, la escenita en que mata un bicho sin querer…

A continuación nos vamos a uno de los despropósitos más notables y criticados (incluso por el propio Christopher Lee, y no sin razón): la muerte de Saruman es de risa. Que el villano principal de media saga se elimine con tan poco tacto es imperdonable. Y por si fuera poco en la versión de cines ni siquiera se incluía su última escena, dejando ahí un agujero de guion enorme (y no es el primero, recordemos el caballo de Aragorn). Le siguen otras secuencias tan mal escritas que resultan moralla sin sentido ni garra y funcionan de manera muy pobre como transición de la parte de Rohan a la de Gondor. La fiesta con un Legolas de nuevo convertido en superhéroe (¡con el poder de no emborracharse!) y capaz de sentir a Sauron (¡ni Gandalf lo hace!), la visión de Pippin en la Palantir como justificación-apaño para hacer avanzar la trama, y los diálogos en los que intentan convencer a Theoden para que haga algo (otra película más donde sigue siendo gilipollas perdido) dan vergüenza ajena.

No menos horrenda es la persistente manía de meter a Arwen y más Arwen en un relato ya de por sí demasiado largo. Por fin van a incluir la espada de Aragorn en la historia, es decir, por fin parece que le van a endosar a este paria su destino, pero se hace de forma que parece otro apaño de último momento (y van…). Y para rematar el despropósito, de nuevo tenemos elfos paseando por media Tierra Media: ¿qué pinta Elrond yendo hasta Rohan, por qué no ha ido antes, por qué abandona a su gente en esos momentos (si es que vive alguien con él, que no lo parecía), y por qué luego vuelve a desaparecer?

Pero no se queda ahí la cosa con el tema de Aragorn y familia. Más adelante resulta que el destino de Arwen está ligado al del Anillo. ¿Esto qué es? ¿De dónde cojones sale? Enorme y sorprendente giro de acontecimientos (nótese la ironía) para seguir haciendo malabarismos para mantener el dichoso personaje en la película. Es impresionante la cantidad de recursos y la capacidad para ser fieles hacia las novelas y coherentes en la propia película la que muestran los guionistas (nótese de nuevo la ironía, por si no era evidente). Y por supuesto, todo esto se orquesta con escenas que duermen a cualquiera y con Liv Tyler torturándonos con una interpretación esperpéntica. Pero sí, parece que por fin Aragorn acepta quién es y su destino, y se va a buscar unos fantasmitas que se esconden tras cataratas de calaveras. Esta última es probablemente la escena más estulta de toda la saga, y las hay bien penosas, y además uno se pregunta por qué con todo lo que había para contar no eliminan este pasaje tan fácilmente sacrificable, más aún cuando su resolución es espantosa, pues la marabunta de muertos que salva Minas Tirith es un recurso torpe y feo (tanto en lo argumental –anticlimático total- como en lo visual –indescriptiblemente cutre-) que además genera otro error de guion inmenso: ¿por qué los liberan?, ¡podían haber acabado con todos los ejércitos de Mordor en unos minutos!

La presentación de Minas Tirith se realiza con acertado esmero. El lugar se muestra en una secuencia larga con buen uso de efectos especiales y una pletórica banda sonora. Sin embargo, debo decir que es el elemento del diseño artístico más desacertado, pues no refleja en absoluto las descripciones de las novelas. En el universo de Tolkien es una gran ciudad amurallada en siete niveles, una muestra del apogeo de la civilización de los hombres, llena de mansiones y belleza y con una población importante en sus buenos tiempos. Lo que se muestra en la película es un castillo o fortaleza, grande para ese tipo de construcciones pero ni por asomo una ciudad, pues posee cuatro casas estrechas y nada de grandeza. Y mantiene los siete niveles por cumplir, porque los tres últimos es como si no existieran, ocultos en una verticalidad imposible y antiestética.

La aparición de Denethor funciona también, pero porque el actor John Noble borda el papel de tal manera que una sola mirada acojona. Por unos instantes se ve al Denethor de Tolkien, una figura imponente capaz de hacer frente a alguien tan poderoso como Gandalf. Pero es un espejismo, porque pronto se ve que el personaje se ha caricaturizado como tantos otros. Y su relación con Faramir se afila y amplía en exceso. Faramir, quien tras chupar metraje en cantidad en Las dos torres aquí no aporta casi nada, sólo esa misión suicida que mete más metraje innecesario. Luego se olvidan de él, y aparece al final de refilón con Eowyn, y quien no se haya leído los libros no entenderá qué pasa ahí. Con lo hermosas que eran las escenas en que se enamoran… y se podían haber metido perfectamente en vez de esos paseos innecesarios a Osgiliath y ese Pippin cantando bobadas.

Una de las mejores partes de la cinta, aunque por desgracia breve, es la llegada de Frodo y Sam a Mordor. El paso por Minas Morgul es espectacular, con la inquietante salida del ejército y el líder de los Jinetes Negros (el Rey Brujo, con un feo yelmo que no le hace justicia). La aparición de Ella-Laraña no es menos impresionante, otro instante donde se lucen con los efectos especiales y la música, aunque se queda como un capítulo interesante suelto entre dos fallos garrafales. El primero es la partida de Sam, que abandona a Frodo en el momento de mayor necesidad. Se cargan de un plumazo al fiel personaje, destrozan sin miramientos todo lo que han construido con él, y todo para crear un penoso momento de expectación o tensión; como si la araña fuera a ser menos interesante si entran los dos hobbits juntos. También es ridícula la escena de Galadriel “levantando” a Frodo, otro flipante recurso del genial Jackson. Pero más gordo es el segundo aspecto problemático que quería citar: estamos todavía en media película y estos dos hobbits apenas han avanzado. Según dicen los guionistas, dejaron Ella-Laraña para la tercera parte porque en la segunda no les cabía y al parecer aquí no tenían material suficiente para la trama de Frodo. Pero se ve rápido que es falso, que la quitaron forzosamente porque allí les sobraba después de perder el tiempo con los paseos con Faramir y ahora aquí tampoco pueden encajarla muy bien, pues para forzar su inclusión se ven también forzados a quitar metraje de otra parte. Y esa parte es ni más ni menos lo mejor de toda la novela: casi todo el trayecto a través de Mordor desaparece, y sólo se ven escenas fugaces en la versión extendida. Cuando se unen al pelotón de orcos en el libro se te cae el alma al suelo, aquí casi ni te enteras, resultando así el enésimo despropósito propiciado por la falta de planificación y de guion.

Y hablando de media película, todavía no ha partido Theoden. Otra vez se hace evidente lo que le cuesta a Jackson hacer avanzar los personajes y las tramas. Cuánto metraje abultado o directamente innecesario nos hemos comido hasta que parece que por fin va a pasar algo. Aunque no se sabe por qué ahora sí decide ir, pues simplemente lo hace. Como todos los personajes: no quieren pero lo hacen. Toma evolución y conflicto interno de calidad. En fin, que para se mueva de una vez tenemos que tragarnos la escena de las almenaras, esas que llegan hasta el corazón de Rohan y se ven desde los aposentos del Rey (tras recorrer medio continente): ¡tienen espías oteando desde una montaña al lado de la corte y les da igual! Al menos la música es de gran belleza. Y bueno, lo de partir no es definitivo: aún hay un montón de escenas que dicen más bien poco, como reuniones de ejércitos que se podrían haber resumido o el intento de dar interés y misterio a la partida de Aragorn por los senderos de los muertos.

En Minas Tirith estamos ya en pleno asedio. Como ocurrió en el asalto a Helm, hay algunos buenos momentos logrados gracias al equipo técnico (música, vestuario, efectos especiales, sonido…), pero en general el potencial de la situación está notablemente desaprovechado cuando no destrozado por completo por el inútil del director. Así, el asedio y la batalla son un conglomerado inestable de quieros y no puedo. La tensión y espectacularidad latentes se echan a perder por el nulo comedimiento del director a la hora de abordar la batalla y su incapacidad para planificar el desarrollo de las secuencias. Las catapultas increíbles (lanzan trozos imposiblemente grandes de castillos o casas), la Minas Tirith que se cae a cachos cual castillo de naipes (¿esta es la gran ciudad de los hombres que resiste durante siglos?) y la exagerada y ridícula aparición de los olifantes se contraponen torpemente a la efectiva tensión creada en el previo al combate, la asombrosa aparición del ariete acompañado de unos coros impresionantes (los efectos sonoros dejan sin aliento) y el acoso de los Nazgul con el inmejorable acompañamiento de la ostentosa y gloriosa música de Howard Shore.

Las tramas que se desarrollan durante la batalla son todas el desastre en su máximo esplendor, la catástrofe definitiva. El caos de secuencias es abrumador. Sí, por ritmo alocado y ruido constante hay algo de acción y espectáculo, pero es una mezcla de morralla incoherente cuando no totalmente hueca. La llegada de Theoden con un innecesario discurso (vaya forma de destrozar por completo la ventaja del factor sorpresa) y unos efectos especiales que dejan bastante que desear (esa es otra: los efectos han bajado de nivel de forma alucinante, por el abuso de los mismos y las prisas por acabar a tiempo), la aparición de Aragorn con los muertos fluorescentes, las frases infantiles de Gimli y las salidas de tono con súper Legolas (lo del olifante va al olimpo de fantasmadas que no vienen a cuento ni encajan lo más mínimo en la película: ¿por qué Legolas tiene esos superpoderes?)… Tenemos también la absurda conversación de Gandalf con Pippin sobre las Tierra Imperecederas, un interludio que rompe toda la tensión y que no se entiende: ¿por qué le habla de algo que nunca va a ver, por qué meten algo que ningún no lector puede entender? No menos incongruente y molesta es la escena de Gandalf con el Rey Brujo (otro de los grandes momentos de la novela tirado a la basura), que resulta estúpida de narices: si Aragorn venció a varios Nazgul sin muchos problemas en La Comunidad del Anillo, ¿cómo es que Gandalf se acobarda y pierde ante uno? También dolorosamente desaprovechada está la confrontación entre Eowyn y el mismo Rey Brujo. Mi momento favorito de la novela, donde resulta sobrecogedor, aquí se resulta un enfrentamiento torpe, intrascendente y que encima se corta negligentemente en su mitad porque sí para luego retomarlo cuando ha perdido la poca fuerza que tenía. Y no menos triste es que se olviden de la caída de Eowyn y su posterior curación con el mencionado enamoramiento con Faramir; en la versión extendida apañan cuatro planos para tratar de incluirlo, pero queda fatal. Y finalmente, para seguir jodiendo personajes se termina de destrozar el carácter de Denethor, con su muerte propia del cine cutre, que resulta peor que la de Saruman, de un nivel que no soy capaz de describir: el tío recorre quinientos metros envuelto en llamas, y el plano que sigue su caída y enlaza con la batalla debe ser producto de alguna droga, porque no puedo creer que semejante parida se realice estando sobrio.

Como maravillas posteriores a la batalla disfrutamos con el golpe de estado de Gandalf con el que toma Gondor a su antojo para ceder el poder a Aragorn. Sorprendentemente el pueblo no se queja, pero qué más da, aquí no se explica nada. Y la escena en que Aragorn vacila a Sauron por la Palantir da risa. Se rematan estos involuntarios momentos cómicos cuando Gandalf de repente se da cuenta de que enviar a Frodo a Mordor es un suicidio… ¿Ahora saltan con esas? ¡Pero si era el plan!

Todo lo que acontece en adelante parece más forzado que nunca, puesto ahí por obligación porque sale en el libro, sin que supieran entenderlo y manejarlo debidamente. El desenlace de las tramas principales resulta anticlimático comparado con la batalla central. Falta la creación del ambiente adecuado de tensión y desesperación en la escena ante la Puerta Negra, y el abuso de flojos efectos digitales empeora la situación, porque acaba siendo todo demasiado irreal y exagerado. Se acumulan tantas barbaridades sin sentido que merecen ser analizadas una a una:
-Los planos de unos pocos hombres rodeados por millones de enemigos ante Mordor son espantosos, y se remata con el ridículo terremoto selectivo que sólo se carga a los malos.
-Aragorn matando porque sí a un emisario, Boca de Sauron: ¿este es el rey de los hombres, este mercenario sin escrúpulos ni honor? Menudo insulto hacia el libro.
-El trol que ataca a Aragorn a cámara lenta resulta una escena inconexa, desubicada, porque en realidad era Sauron y no un trol quien aparecía a pegarse guantazos. Jackson se rajó por la presión de los fans, no porque careciera de sentido en la película (¿no se suponía que en la visión del neozelandés Sauron era un ojo?) y fuera una cagada enorme como adaptación.
-El infame Sauron-faro es una estupidez antológica que no hay manera de describir. Ese Sauron que se suponía que no tenía forma pero sí tiene forma de ojo (que me expliquen la lógica de esto), como un cartel luminoso y hortera encima de una torre. Otra vez no entendieron nada de lo que leyeron: Sauron tiene forma humanoide, claro que la tiene, y está en su torre dirigiendo sus ejércitos. Para rematar la jugada tenemos a Frodo atrapado por la luz (un haz de tracción digno de Star Trek) y luego soltado porque sí cuando aparece la tropa de Aragorn en la puerta. ¿Es que Sauron es monotarea? ¿Y hemos de suponer que no ha detectado amenaza en Frodo? ¿Y el hobbit es tan memo como para pasearse por delante de un ojo gigante?
-El diseño de estos dos seres (Sauron y Boca de Sauron) resulta otra gran muestra de que Jackson no comprendió nada de las novelas y se tomaba cada frase de forma literal: si el poder de Sauron lo representaba Tolkien como un ojo que todo lo ve cuando ataca las mentes de sus víctimas (en especial a quienes llevan algún anillo de poder), pues lo convertimos literalmente en un ojo (con todas las incongruencias citadas que eso genera); que a uno lo llaman Boca de Sauron porque es el emisario, pues lo hacemos de forma que se le vea sólo la boca. Ridículo, ridículo.

Pero en estos momentos también tenemos las escasas escenas salvables de la película: Frodo y Sam en el Monte del Destino. El ascenso (Puedo cargar con usted), la lucha en el interior (¡qué música!), la aceptación de la llegada del final cuando la lava los rodea es un oasis de belleza y emoción entre un sin fin de meteduras de pata. Si el resto de la película hubiera mantenido ese nivel de sensibilidad, intensidad narrativa y fidelidad…

Con la habitual incapacidad de Jackson para resumir, para mostrar cosas con una o pocas escenas, los epílogos y despedidas se alargan hasta el infinito. Se empalman de mala manera, de forma que parece haber muchos finales, y todos son tan lentos y forzadamente sensibleros que este tramo se eterniza. Algunas secuencias no aportan absolutamente nada, como ese Sam al que casan sin venir a cuento, claramente para esquivar los comentarios de que Frodo y Sam serían homosexuales (típicas tonterías infantiles a las que no hay que hacer ni caso, pero ya se sabe que Jackson se empeñó en tratar de contentar a todas las voces). Y en qué cabeza cabe eliminar el saneamiento de la Comarca, una de las mejores partes de la novela y un final sublime, pero dejar la parte de los Puertos Grises, que resulta confusa e innecesaria sin un contexto adecuado. Vamos, que eso sí sobraba en la adaptación. ¿Por qué se van? ¿Adónde? ¿Al cielo o paraíso o de vacaciones? ¿Para qué salvan la Tierra Media y se largan? Todo tan mal explicado, puesto ahí porque sí, que por enésima vez me pregunto si Jackson se enteró de algo de lo que leyó en la novela y cómo puede ser tan mediocre guionista y realizador. Es más, me pregunto qué cara se les quedaría a los no lectores al ver un epílogo tan incomprensible.

Decía que la labor de dirección en La Comunidad del Anillo no pasaba de normalita, pero al igual que ocurre con el guion, cuando la historia ganó en complejidad en las dos siguientes entregas se hizo patente la poca experiencia de Peter Jackson. Su dirección es plana, escasa en recursos (repite clichés y tics insoportables, como los primeros planos a cámara lenta o las falsas muertes -no sabe sacar drama de escenas sencillas si no es con sensacionalismo barato-) y poco hábil a la hora de unir distintos tipos de narración (conversaciones tranquilas y drama, acción y efectos especiales). Pasa de excesivos primeros planos a excesivos planos aéreos (¿cuántas veces hemos visto Isengard desde el aire?) sin una conexión eficaz, con lo que la película no muestra un aspecto visual constante, equilibrado, y parece hecha a trozos: ahora es un telefilme, ahora un videojuego, ahora sí consigue una correcta escena con actores y efx, pero en la siguiente parece todo apañado de mala manera. En las batallas grandes se nota mucho más, puesto que a su ineficacia se le suma la falta de planificación, siendo en su mayor parte secuencias digitales puestas sin mucho orden. Tan caótico resulta todo que en El retorno del rey hay un plano de orcos luchando repetido, uno que aparece en la batalla de Osgiliath y luego de nuevo en la de Minas Tirith. La propia interacción con los efectos digitales es endeble, abusándose de ellos en demasiadas ocasiones, muchas de ellas con resultados bastante mediocres: se notan las pantallas de fondo, quedan bastante mal los ejércitos de muñequitos enanos y se nota mucho la presencia de los dobles digitales; y las transiciones entre lo digital y lo real tampoco funcionan, por ejemplo, cuando Ella Laraña lanza a Sam por los aires queda fatal por el penoso el corte que hay para disimular. En resumen, comparar el trabajo de Jackson con cintas de aventuras de auténtica calidad como Indiana Jones (Steven Spielberg, 1981), El guerrero nº 13 (John McTiernan, 1999) o El hombre que pudo reinar (John Huston, 1975), es inducir a la carcajada.

El retorno del rey es el desastre, la debacle final, de un proyecto que le vino grande a sus autores, tanto Peter Jackson, como sus colaboradoras, Fran Walsh y Philippa Boyens. Es un producto comercial digno de nuestros tiempos, una hipertrofiada y confusa amalgama de efectos especiales y ruido que ahonda poco en los personajes y no sabe llevar una trama de forma coherente, es decir, que ofrece muchos fuegos artificiales en el aspecto visual y sonoro pero posee carencias enormes en el narrativo. Este tercer y último episodio es un bodrio infumable, lleno de agujeros e insultante hacia la sublime novela que dice adaptar. Han pasado la tira de años y sigo siendo incapaz de entender que haya una sola persona que diga que es una buena película, o peor aún, que de alguna forma sea capaz de tratar de defender que sea una supuesta obra maestra. Y no hablemos de defender su supuesta fidelidad, que es sencillamente imposible sin mentir con descaro.

Pero no es menos alucinante que la crítica también se volcara en ella después de despreciar la fantasía durante décadas. Y el colmo fue la entrega de los Oscar. Es de sobras sabido que no son premios a la calidad, sino adulaciones que se otorgan entre los propios artistas del gremio, influenciados notablemente por los medios, la taquilla y las modas (vean mi extenso y artículo poniéndolos a parir), pero aun así cabe preguntarse cómo un esperpento de acción ruidoso y vacío como El retorno del rey pudo arrasar de tal manera. Hemos visto robos descarados (Titanic frente a L.A. Confidential, por ejemplo), pero que joyas como Mystic River o Master and Commander (¡esto sí es una cinta de aventuras de calidad!) se fueran de vacío frente a esta memez no hay manera de entenderlo ni de perdonarlo. Se puede pensar que quisieron agradecer el esfuerzo titánico de llevar a cabo la trilogía, de compensar los premios que merecía en anteriores entregas pero no les dieron (técnicos todos, salvo alguno más importante como el de actor a Ian McKellen, o incluso el de película a La Comunidad del Anillo si nos ponemos, que no tenía competencia alguna), pero aun así es excesivo.

Como fanático de la obra de Tolkien y como friki pasé años en foros de internet siguiendo la creación de las películas y comentándolas, pero a pesar de ese tiempo de diversión me apena y duele que una obra que empezó tan bien perdiera tantísima intensidad y calidad. Es más triste aún viendo que se rodó todo de golpe, pero no me sorprende, ya lo he descrito claramente en las críticas: no se puede abordar un proyecto de semejante calibre sin tener las ideas claras, sin contar con un guion bien cerrado y sin la experiencia y cualidades mínimas como director. Pero lo que verdaderamente me duele, la espina que no me puedo quitar, es ver que esta trilogía sea considerada la adaptación definitiva y pensar que probablemente nadie más se atreva a hacerlo de nuevo y bien. Sólo queda soñar… Y leer de nuevo la novela.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo (2001)
Las dos torres (2002)
-> El retorno del rey (2003)
EL HOBBIT
Un viaje inesperado (2012)
La desolación de Smaug (2013)
La batalla de los cinco ejércitos (2014)

El Señor de los Anillos: Las dos torres


The Two Towers, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 223 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion disperso, alargado, torpe, con personajes mal desarrollados y de nula fidelidad a la novela.
Mejores momentos: El tramo inicial (hasta que aparece Bárbol y Aragorn se cae por el barranco), algunas escenas de la batalla de Helm.
Peores momentos: Todo lo que rodea a Faramir, Aragorn y Arwen. Las paridas de Legolas y Gimli en Helm. La capa de Frodo que se convierte en roca en la Puerta Negra.
El plano: Frodo y Sam observando la Puerta Negra.
La frase a destacar: Si esto es nuestro final, haré que rubriquen uno que permanezca en la memoria -Theoden.
La frase a repudiar: El Anillo de poder al alcance de mi mano. Una oportunidad para Faramir, capitán de Gondor, de mostrar su nobleza –Faramir.

* * * * * * * * *

Su tramo inicial es francamente bueno, manteniendo las virtudes de La Comunidad del Anillo, es decir, buen ritmo y fidelidad a la novela. Pero conforme se introduce en la trama de Rohan, Peter Jackson y sus colaboradoras se pierden cada vez más, y llega un momento (con el absurdo periplo de Aragorn) donde dejan de lado la obra escrita para a partir de ahí sólo seguir los lugares que en ella se mencionan con personajes totalmente irreconocibles hablando de adaptación y de poca consistencia y credibilidad hablando de la propia película, y todo ello a través de escenas sin apenas coherencia y con un ritmo renqueante. Cuanto más avanza el metraje más se ve que el libreto lo escribían sobre la marcha, que rodaban mogollón de escenas y dejaban casi todo el trabajo para la sala de montaje. Y el resultado deja mucho que desear, tanto en el narrativo en conjunto como en escenas sueltas, pues aparte de que el montaje es pobretón se observan muchas secuencias apañadas con recursos lastimeros, como las numerosas imágenes espejadas (cuántos personajes se vuelven zurdos de repente) con las que se intentan empalmar planos rodados sin la planificación adecuada; también hay un gran número de gazapos: alucinante cuando Eomer monta su caballo, se le cae la espada, y sigue hablando como si nada (algo que todos los presentes debieron notar por narices, pero por razones que se me escapan no se rodó un mísero plano de nuevo). Para aclarar la caótica narración metieron algunos parches, como una repentina voz en off de Saruman exponiendo sus planes o malogradas escenas con un mapa delante.

La mejor prueba de que todo se construía y rehacía sobre la marcha fue la elección de eliminar a la Arwen guerrera que habían ideado en principio, porque la presión del público, que reaccionó fatal a las filtraciones, al parecer fue más importante que la consistencia del guion (la fidelidad estaba claro que no les importaba mucho). Trataron de improvisar una historia donde fuera más princesita de cuento, confeccionando una subtrama mal hilvanada y metida con calzador de forma tan precipitada que aparte de resultar una historia muy pobre deja fallos impresionantes. Son notables las huellas de su presencia en Helm, donde tratar de borrarla dejaron un rastro bastante claro para quien haya visto la película unas cuantas veces: hay un fugaz plano con Legolas duplicado (cuando cargan por la rampa), es decir, con Legolas y una Arwen mal tapada con efectos en post-producción, y si afinamos la vista se la ve incluso en plena batalla soltando mandobles.

Volviendo al análisis escena a escena, decía que el inicio funciona bastante bien. La persecución de Aragorn para rescatar a los hobbits mantiene el interés, tanto como el encuentro de Frodo con Gollum. La presentación de los personajes de Rohan es en principio encomiable (Eowyn es calcada a la novela, Eomer tiene carisma), pero conforme avanza se ve que han convertido al rey Theoden en un paria, seguramente por el patético pensamiento que reflejan los guionistas en los extras del dvd sobre por qué cambiaron la personalidad de Faramir. Qué triste es ver como afirman tan a las claras que no han entendido la novela ni tienen claro qué es lo que quieren o necesitan en la película. Parece ser que no puede haber héroes de mayor entereza, inteligencia y fuerza que Aragorn, el protagonista, y claro, como es un lelo, pues a los demás hay que ponerlos por debajo de él. Así pues, a lo largo de este y el siguiente episodio Theoden no es un rey, es un pobre atontado con trono que ha de ser dirigido por otros. A pesar de la soberbia interpretación de Bernard Hill el personaje carece de credibilidad y fuerza y resulta otro ente medio vacío que se mueve por el metraje sin saberse muy bien qué pinta ahí o hacia dónde va. Y da la sensación de que con Bárbol hacen lo mismo: lo convierten en un pringado que no se entera de nada, pues su bosque está siendo destruido, sus parientes muriendo ante sus narices, y no se entera, tienen que ser los hobbits quienes se lo digan, metiendo bastante metraje innecesario en una parte que termina siendo larga, simple y por extensión aburrida.

Merece una mención especial el exorcismo a Theoden. Por lo visto, Lengua de Serpiente no sólo lo tenía engañado, sino que Saruman estaba como dentro de él, y Gandalf lo espanta cual exorcista de una de terror de serie b. Pero ya que estaba también le aplica un hechizo de rejuvenecimiento. La escena al completo es de risa. ¿Por qué de paso no lo convierte en un rey de verdad con un conjuro de +4 en carisma?

Ante el acoso de Saruman hay que ir a Helm a esconderse y luchar. Por alguna razón, Jackson decide que aunque haya material de sobra para contar es buena idea añadir largas subtramas inventadas. Lanza a Aragorn en un viaje incomprensible y falto de interés que además se inicia con otra falsa muerte de esas que tanto abundan en la trilogía, pues parece que es la única forma que conoce para crear drama. ¿Por qué? ¿Qué aporta que Aragorn se pierda un rato? No aclara tramas, no desarrolla personajes…. Cabe pensar que es un receso forzador para tratar de desarrollar a Arwen, pero es absurdo: ¿todo esto para que Aragorn tenga un sueñecito con su amada? Para colmo la presencia, de la elfa, aparte de verse demasiado apañada sobre la marcha (tanto que ella cambia de vestido de un plano a otro, no sé si aquí o en la siguiente entrega), resulta cursi y con diálogos tan primarios que se hace insoportable, por pesada, lenta y poco emotiva.

Pero los añadidos no se limitan a este desatino sobre Aragorn y Arwen. La presencia de Faramir es ampliada también sin razón, generando una enorme cantidad de minutos que no llevan a ninguna parte y ralentizando el ritmo de la cinta de forma catastrófica en su tramo final. ¿Qué sentido tiene pasear a Frodo por media Gondor si no se va a narrar nada tangible, si sólo se está postergando la decisión de hacerlo avanzar en la aventura? Resulta redundante para presentar dicho país y a Faramir y sobre todo se cisca de una manera alarmante en este personaje, destruyéndolo completamente. Como señalaba, lo justificaron en los extras diciendo cosas del estilo de que si Aragorn no se deja influenciar por el Anillo y es el rey (¡pero si no quiere serlo!), el héroe, los demás personajes no pueden ser mejor que él (curiosamente, esta norma de no resistir al Anillo se aplica sólo a los hombres). A tomar por culo los ideales presentes en la novela de que hay hombres fuertes que luchan sin ceder al caos y al terror y que son los que permiten que la Tierra Media resista el avance de Sauron. En la película todo el mundo es gilipollas y no sabe lo que quiere, pero aun así lucha… Es algo que carece de sentido, de credibilidad y obviamente de grandeza y de épica.

Y por si fuera poco, con tanto añadido se quedan sin tiempo y deben eliminar el espectacular episodio de Ella-Laraña para compensar, incrementando el desastre hasta perjudicar también a El retorno del rey, pues para mover dicha escena tuvieron que recortar un montón de metraje de Frodo en la parte más fascinante y subyugante de la novela: Mordor.

No me olvido de hablar de otros personajes principales, Frodo, Sam y Gollum. Frodo sigue siendo un pupas sin carisma e interpretado con desgana por Elijah Wood, pero no se puede decir que sea un caso grave, sobre todo si lo comparamos con el resto (aunque sus muecas de sufrimiento son horribles). Sam sale mejor parado, y el actor Sean Astin lo borda (salvo en el doblaje al castellano, donde parece literalmente un retrasado mental). Pero Gollum es otro cantar. La creación digital es impresionante, un logro enorme para la época. El realismo es casi total, la integración e interacción con el entorno fantástica; sólo en algunos planos se nota su origen digital (en la extendida sobre todo, donde parece acabado con prisas). Sin embargo, el personaje es cargante de narices, una caricaturización excesiva, cosa que se agrava en El retorno del rey. Le ponen demasiadas escenas cómicas, estúpidas o donde se explayan cambiando de forma patética entre sus personalidades, notándose muy claramente la escasa habilidad de los guionistas para ahondar en la psique de los personajes, pues se lían y lían con escenas que no dicen nada y están llenas de diálogos y situaciones tan tontorronas que parecen escritas por un niño.

La batalla de Helm podría haber sido una parte increíble, pero se queda en unos pocos escasos momentos que recordar (la lluvia golpeando las armaduras, los orcos alzando las escaleras…) entre un galimatías de secuencias mal encajadas y una nula capacidad para sacar tensión de la situación y convertir un largo tramo de la cinta en algo que te deje estampado en el asiento de la impresión (potencial para ello tenía, desde luego). Jackson lo que hace es desbarrar con gilipolleces cómicas infantiles y amontonar recursos burdos para intentar sacar drama de un material ya destrozado. Insufribles Gimli y Legolas (el escudo usado como tabla de surf, ¿en qué cabeza cabe?), horrorosa la escena de Aragorn y el enano en la puerta los dos solos contra mil enemigos, vergonzosos (por sensibleros y manipuladores) los infinitos planos de niños y más niños (incluido sus puñeteros hijos, que los saca en las tres películas y se nota un huevo)… Además, la resolución del conflicto es torpe, precipitada y poco creíble, con esa llegada de Eomer en plan sorpresa barata y su descenso imposible por la ladera. Como ocurre en toda la trilogía, Helm resulta algo espectacular (unos pocos planos desde luego son impecables) por la conjunción de elementos artísticos tales como decorados, vestuario, música, efectos especiales y sonoros y en momentos puntuales gracias a los actores, porque da la sensación de que el señor guionista y director se empeña en destrozar un material con infinitas posibilidades.

Hay que comentar aparte el hecho de que de repente aparece una tropa de elfos en Helm. Para luchar con los hombres como antaño, dicen, pero aun así surgen preguntas. ¿Por qué los envían ahora y no antes? ¿Por qué una tropa y no un ejército? Si suponemos que en la película las fronteras de los elfos no están siendo atacadas por Sauron, que parece indicarse eso, ¿por qué sólo envían unos cuantos?, ¿para cumplir y quedar bien? Vaya con los elfos. Y todos mueren, pues es evidente que es una subtrama molesta que hay que dejar de lado. Pero por supuesto fallecen todos menos Legolas, que tiene superpoderes. ¿Dónde deja la coherencia de la trama, señor Jackson, por qué añade cosas que luego no es capaz de controlar y que claramente sobran, por qué en vez de trabajar mejor aspectos importantes (los personajes, la llegada de Gandalf y Eomer) pierde el tiempo añadiendo metraje inútil?

Paralelamente, Merry, Pippin y Bárbol, después de mucho marear la perdiz y aportar más humor cutre, por fin atacan Isengard. La escena no está mal, sobre todo por la siempre fantástica banda sonora, pero como no hay personajes con los que conectar la pelea no tiene emoción alguna. Y lo cierto es que de tanto abusar de los efectos especiales estos terminan notándose bastante; hay escenas que no han envejecido nada bien: en Isengard no se integran bien los efectos digitales y las maquetas, y la cabalgata de Gandalf por la ladera en Helm era cantosa en su momento, pero diez años después resulta horrorosa.

El cierre del filme carece de fuerza, queda muy diluido. Jackson no es capaz de hacer que el desenlace abierto enganche. Intenta meter como puede alguna escena explicativa para resumir la situación, como ese diálogo de Theoden mirando a Mordor o el largo y cansino monólogo de Gollum. La primera escena se nota a la legua que fue apañada (otro apaño, sí) a última hora, pues la pantalla de fondo canta demasiado. Seguramente se creó tiempo después del rodaje principal, como algunas otras de las que sí hay constancia, para tratar de aclarar la historia. Y encima es cutre de narices, pues desde casi el corazón de Rohan ven Mordor como si estuviera a medio día de camino… ¡e incluso se oyen los truenos del Monte del Destino desde ahí!… cuando en El retorno del rey parecen estar a tres cordilleras de distancia de Gondor. La otra escena, la de Gollum contándonos su plan, resulta larguísima para lo poco que aporta y de nuevo expone lo que le cuesta al director el que los personajes avancen hacia alguna dirección.

En esta entrega conviene hacer mención al doblaje. Es una saga de visionado obligatorio en versión original, por la calidad de algunos actores, por la voz y dicción de los mismos (Ian McKellen o Chrisptopher Lee son para escuchar con sus voces reales) y por el cuidado puesto en los distintos acentos (al menos en principio, que luego Elijah Wood y Sean Astin imitan el inglés británico de pena). El doblaje es en unos personajes excelente (Gandalf, Aragorn) y en otros totalmente inadecuado, tanto que llega a resultar molesto: Sam y Frodo están en manos de algunos de los peores actores del gremio y el resultado es digno de enseñar en las escuelas como algo que no debe hacerse. Otros también cambian tanto que quedan irreconocibles, como Eowyn, que en castellano parece una niña tontita.

En esta ocasión también es más recomendable la versión extendida, pues la resumida resultaba bastante desequilibrada e incluso tenía un agujero enorme: cuando Aragorn está perdido se encuentra con un caballo que conoce pero que no se presenta hasta que ves la versión larga. ¿Cómo se puede ser un cineasta tan inútil como para dejar un cabo suelto de tal calibre? Pero en ambas versiones hace falta algo que ya no se puede hacer: una reestructuración a fondo de la trama desde el guion que dé ritmo y consistencia a la narración, la eliminación de pasajes innecesarios o muy alargados (cito de nuevo el periplo de Aragorn y la presencia de Arwen, así como casi todo lo relativo a Faramir, pero también detalles tontos como la insulsa escena extra de Eowyn cocinando, tan pueril e innecesaria que da vergüenza ajena) y pulir la incoherencia estilística de Jackson, pues es un realizador aficionado a meter escenas infantiles en momentos épicos, rompiendo el realismo y la tensión del instante de forma notablemente negligente.

Por algunos buenos tramos y por los buenos resultados que la pasta echada en ella dan en el aspecto visual, Las dos torres es un entretenimiento eficaz (aunque pierde mucho ritmo e interés a partir de su ecuador), pero no ofrece mucho para todo lo que abulta, y después de La Comunidad del Anillo deja malas sensaciones. Y sobre todo, como adaptación es de risa y tiene unos personajes tan pobres que llegan a dar pena e incluso resultan molestos, más aun teniendo en cuenta que una cinta de aventuras de estas características necesita héroes carismáticos.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo (2001)
-> Las dos torres (2002)
El retorno del rey (2003)
EL HOBBIT
Un viaje inesperado (2012)
La desolación de Smaug (2013)
La batalla de los cinco ejércitos (2014)

El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo


The Fellowship of the Ring, 2001, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 228 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Ritmo, espectacularidad, música, actores, vestuario, localizaciones, decorados.
Lo peor: La dirección es irregular y desaprovecha muchos instantes. Decisiones erróneas sobre la confección de determinados personajes, que luego lastrarán las otras dos entregas.
Mejores momentos: La presentación de los hobbits. El clímax en Moria, desde la llegada de los orcos a la caída de Gandalf. La lucha y caída de Boromir.
Peores momentos: El ataque de los Jinetes Negros. Las escaleras de Moria. Los Uruks-Hai sacados del barro.
El plano: La Comunidad al completo caminando por montañas.
La frase a destacar: Que extraño destino sufrir tanto miedo y tantas dudas por algo tan pequeño, tan insignificante -Boromir.
La frase a repudiar: No quiero ese poder. Nunca lo he querido -Aragorn.

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Allá por su estreno en 2001 un servidor contaba con diecinueve años, había leído la novela al menos un par de veces (es uno de esos libros tan mágicos que de vez en cuando caes en su embrujo de nuevo) y seguía la creación de las películas con sumo interés. Recuerdo que las expectativas eran altísimas, pero salí bastante contento del cine. Me pareció corta y de ritmo aceleradísimo, que resumía bien la novela y visualmente había captado su esencia, y que los fallos que arrastraba, notables algunos, no eran suficientes para desequilibrar una cinta de aventuras deslumbrante y entretenidísima. La versión extendida además dejó claro que la de cines era un resumen para poder venderla mejor, pues mejoró el tono precipitado. Mi opinión sigue siendo la misma después de diez años y probablemente tras más de diez: es una película de gran calidad que auguraba una saga memorable. Lástima que al final fuera la única realmente acertada y tenga el problema de que valorando la trilogía en conjunto sus fallos se ven más graves, pues te das cuenta de que lo que empezó mal aquí luego se convirtió en una bola de nieve imposible de frenar.

Con un presupuesto holgado pero no infinito Peter Jackson consiguió rodearse de un equipo técnico de gran talento. Acertó de pleno en una elección muy arriesgada y que de fallar le habría garantizado críticas de nepotismo: confió los efectos especiales (artesanos y digitales) a la pequeña empresa que fundó años atrás, WETA. Esta sólo había participado en tres cintas nada complejas en esos campos, pero para la trilogía invirtieron en personal y recursos con gran visión, y como resultado se convirtió de golpe en una de las referentes del gremio, rivalizando con la ILM de George Lucas. También destaca el constante apoyo en los artistas más conocidos que han plasmado la obra de Tolkien en ilustraciones, John Howe y Alan Lee, que fueron cruciales para la fidelidad del diseño artístico. No fue tan certero en otros aspectos como la fotografía (Andrew Lesnie) y el montaje (varios), que resultaron bastante normalitos, pero sí tuvo (y por extensión tuvimos) una suerte inesperada en un caso que resultó probablemente el más llamativo de todos: la música. Para la banda sonora Howard Shore fue elegido porque otros (James Horner y Wojciech Kilar) pedían contratos muy exigentes. ¿Se imaginan que hubieran seleccionado a Horner como en principio se pretendía? Estaba precisamente en una etapa de bajón, y me temo que hubiéramos escuchado un remedo de Willow por enésima vez; y de Kilar es difícil predecir qué podría salir, pero las negociaciones no llegaron a buen puerto. Shore era una de las opciones menos vistosas posibles, pero su dedicación a la hora de buscar los sonidos más adecuados y su frescura de ideas dio unos resultados difícilmente mejorables.

La recreación de la Tierra Media se lleva a detalles extremos (hasta las runas de las espadas tienen su significado), sobre todo en los magníficos vestuario y decorados, fallando sólo en algunos detalles que son culpa directa del director: los países de los elfos resultan vacíos (¿es que no vive nadie con Elrond?), fríos e incluso terroríficos en vez de alegres y llenos de música. Los excelentes efectos especiales suponen un apoyo crucial (espectacular prólogo, memorable la lucha contra el trol), los sonoros más de lo mismo, y la música ayuda de forma magistral a sumergirnos en un mundo imaginario lleno de lugares, culturas y criaturas tanto hermosas como aterradoras. Así pues, el aspecto visual alcanzó un nivel impresionante, digno de lo descrito en la novela.

El ritmo de la cinta es de montaña rusa, con una acertada alternancia de los momentos álgidos y los pausados, aunque debo decir que es deudora del sencillo esquema de este primer libro, pues Jackson no es capaz de manejar el ritmo de las otras dos entregas, que son bastante más complejas. Este episodio tiene sus achaques, pero son minucias en un conjunto trepidante y espectacular. El prólogo que nos pone en situación es una forma muy eficaz e impactante de introducirnos en la historia del mundo que nos van a mostrar. La presentación de la Comarca es maravillosa (sobre todo en la versión extendida) y Bilbo y Gandalf eran exactamente como los imaginaba. El inicio de la aventura y la salida de la aldea funcionan bien (la aparición de Saruman es perfecta), aunque con peros: Pippin y Merry se apuntan porque sí, sin explicarse, y de igual manera confían en Aragorn.

El tramo siguiente es el más flojo. El ataque de los Jinetes Negros en la cima está muy mal resuelto por Jackson, quien ofrece una escena tosca y carente de emoción e intriga. El ritmo es torpe, con cámaras lentas, encuadres fallidos y una iluminación pésima que rompen no ya la tensión, sino la conexión, pues parece una escena de cine cutre. Tampoco transmite mucho la aparición de una Arwen guerrera con la poco atractiva persecución a caballo.

Partes como esta dejan patente que la labor de dirección es algo limitada en recursos pero en líneas generales está maquillada lo suficiente por la propia intensidad de la historia y la fuerza visual que se obtiene gracias a los paisajes, el vestuario y los decorados como para no desentonar demasiado. Por ello mismo también queda una fotografía resulta a pesar de que realmente no es virtuosa, es más, en el tratamiento del color es bastante mala, dejaron el esfuerzo para la postproducción, con demasiada alteraciones de colores mediante el ordenador (en los extras se muestra bastante bien), terminando con algunas escenas muy sobrecargadas de tonos demasiado falsos (Lóthlorien, Rivendel).

La estancia en la casa de Elrond (Rivendel) podría dar más de sí, pero el Concilio, una parte larguísima en la novela, se resume francamente bien y expone correctamente de qué va el asunto del Anillo. Por mi parte lo hubiera hecho de otra manera (metiendo los flashbacks del prólogo aquí), pero como adaptación no funciona mal. Sin embargo, aquí se presenta finalmente a Aragorn, y lo que se muestra asusta: no es un rey en el exilio que se embarca en una misión con un objetivo, es un civil cualquiera que no quiere saber nada de sus antepasados y su destino… y aun así se apunta al fregao, sin que se nos exponga motivo alguno de por qué lo hace cuando acaba de decir precisamente no querer hacerlo (ver la frase a repudiar). Por suerte, el resto de la película se centra en la aventura y no es hasta los otros episodios cuando su misión cobra importancia, así que aquí no se ve el estropicio cometido y el personaje, aunque algo soso, resulta simpático.

Una vez formada la Comunidad del Anillo entramos en el mejor segmento, el de mayor intensidad y emoción. Se ahonda en la personalidad de Boromir, un carácter acertadamente acentuado con respecto al libro y que supone, tras Gandalf el gris, el mejor protagonista de la saga; es mítico el plano en las cimas nevadas cuando coge el Anillo y expresa sus dudas. Sobrecogedora resulta la entrada en Moria, impresionante la lucha contra el trol (muy bien potenciada respecto al libro). La aparición del balrog, monstruo que, aunque sea una versión muy personal de la criatura (casi lo convierten en un dragón enorme), resulta acongojante, tanto por los efectos especiales como por el ambiente que genera la banda sonora. La caída de Ganfald y la posterior escena de lloros es sublime, para mí el mejor momento de la trilogía, capaz de dejarte sin respiración y siendo un instante que sin duda hizo llorar a muchos espectadores. Sin embargo, en todo este exquisito clímax Jackson desbarra como hace demasiadas veces a la hora de meter cosas de su propia cosecha: la escena de las escaleras de piedra que se balancean parece tener intención de alargar la secuencia para sacarle más partido, pero es una tontería infantiloide que entorpece considerablemente el desarrollo y ritmo de una parte que no necesitaba nada más.

Seguramente pensando en que había que seguir mostrando peligros, la sección de Lórien pasa de ser un descanso o interludio pacífico en la novela a un sitio lúgubre, siniestro y peligroso en la película… hasta la despedida, donde de repente todo es bonito y hay regalos y Galadriel se vuelve súper maja. Jackson se carga de un plumazo la esencia del lugar en las novelas (magia, belleza, poesía, descanso), lo cual no sería muy grave si funcionara en la adaptación como ocurre con Bree (una parte también oscurecida), pero no lo hace, pues resulta una sección irregular, mal manejada, que en general termina por no saberse qué pinta ahí y además posee partes incomprensibles e innecesarias, como las visiones del espejo: para qué ponerlas si no aportan nada, pues el saneamiento de la Comarca no existirá.

En el tramo final la batalla con los Uruk Hai es brutal. Las coreografías son soberbias, mostrando todos los golpes de espada con mucha claridad y obteniendo una confrontación épica, y la caída de Boromir es otro logradísimo momento trágico. Lástima que el desenlace de la película se alargue en exceso, pues como se puede ver a lo largo de la trilogía, a Jackson le cuesta horrores hacer que sus personajes avancen, evolucionen, maduren, decidan: cuando Frodo duda si se va o no se va se hace eterno y rompe la fuerza de la escena irresponsablemente. Y respecto a este personaje, está ya bastante claro que no sabe qué hacer con él, ni cómo dirigir a Elijah Wood: sólo sirve para cargar con el Anillo mientras pone muecas de sufrimiento. ¡Qué protagonista más aburrido! ¿Dónde está el Frodo maduro y culto pero cercano y decidido de las novelas?

Debo incluir un anexo sobre los Uruks Hai, pues resulta ridícula la versión que se hace de ellos en el filme: ¡Saruman los recoge del barro como si fueran sapos! Es un sinsentido de tales proporciones que no me entra en la cabeza cómo demonios se les ocurrió algo así. Y además su diseño deja bastante que desear, muy simple, tanto el físico como el vestuario, pues llevan las espadas en la mano, cuando los orcos vistos en Moria eran la perfección absoluta de diseño y maquillaje. No comprendo cómo se puede estar tan acertado en un momento y tan errado en otro; son una de las dos únicas cosas del departamento artístico que me rechinan (la otra es Minas Tirith, como comentaré en su momento).

No me olvido de recomendar la versión extendida, pues la estrenada en cines fue un resumen obligado por la productora debido a la alta duración de la película. Mejora el ritmo y la consistencia ligeramente, y explica con más detenimiento algunos detalles significativos. De hecho, no deberían llamarse versiones extendidas, pues son el montaje previsto por el director. Pero claro, aquí entra en juego el dinero: menos duración equivale a más pases en el cine, y si encima sacan distintas ediciones en dvd pues más beneficio aún.

El reparto tiene figuras acertadísimas, pero también un par de elecciones criticables. Destacan las magníficas interpretaciones de Ian McKellen (Gandalf), Ian Holm (Bilbo) y Sean Bean (Boromir). Me desentona Hugo Weaving, pues confecciona un Elrond muy rudo, y Elijah Wood no convence del todo como Frodo, cosa que se agravará más adelante. Y se mire por donde se mire sobra Liv Tyler como Arwen, tanto el personaje, insoportable en toda la trilogía, como la actriz, una de las peores que he visto, tan infame que da grima en todas sus escenas. Y por favor, vaya princesa elfa: tiene cara de atontada, sin porte ni elegancia ni una belleza inclafisicable, cosas que sí muestra Cate Blanchett como Galadriel.

El que la puesta en escena no sea sobresaliente y los todavía no muy destacables errores de adaptación son aspectos que no desentonan lo suficiente como para afear una cinta de aventuras de gran nivel. La Comunidad del Anillo quedó muy, muy cerca de lo que para mí sería la adaptación soñada de la maravillosa novela de Tolkien, y como película, aun contando con algunas imperfecciones en concepto y forma, resulta un espectáculo memorable y muy emocionante, una odisea épica digna de ver una y otra vez. Lástima que a Peter Jackson el proyecto se le escapó rápidamente de las manos, pues las dos siguientes entregas, Las dos torres y El retorno del rey, suponen un bajón de calidad y fidelidad enormes y acaban siendo muy decepcionantes.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
-> La Comunidad del Anillo (2001)
Las dos torres (2002)
El retorno del rey (2003)
EL HOBBIT
Un viaje inesperado (2012)
La desolación de Smaug (2013)
La batalla de los cinco ejércitos (2014)

Capitán América: El primer Vengador


Captain America: The First Avenger , 2011, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 124 min.
Dirección: Joe Johnston.
Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely.
Actores: Chris Evans, Hayley Atwell, Sebastian Stan, Tommy Lee Jones, Hugo Weaving, Dominic Cooper, Richard Armitage, Stanley Tucci, Samuel L. Jackson, Toby Jones, Neal McDonough.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Personajes, diálogos, puesta en escena. Sabe exprimir el género de maravilla: héroes, villanos, fortalezas, dilemas morales, confrontaciones… todo se aprovecha bastante bien.
Lo peor: Unas veces parece un resumen y otras que le faltan escenas. Los efectos digitales se quedan a medias, y a veces incluso cantan bastante.
La frase: Yo no te voy a besar.

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Con Capitán América, de la que no esperaba nada, me he encontrado por sorpresa con una de las mejores películas de superhéroes Marvel, con un guion que sabe manejar cada elemento y tópico del género de manera hábil y una puesta en escena bastante espectacular. La exposición del nacimiento del héroe es de las mejores que he visto (aunque a veces quede un poco raro el trucaje para adelgazar al protagonista) y su maduración resulta bastante creíble… hasta cierto punto, pues después de tanto indicar que el elegido tiene algo especial además de ganas de guerra, resulta que el tío lo primero que hace en toda confrontación es ir de frente sin más, meterse de lleno entre las tropas enemigas sin pensar en algún plan, quizá sabiendo que los soldados enemigos siempre atacan de uno en uno. O dicho de otra forma, los planes de los buenos y las escenas de acción se los podían haber trabajado un poco más, pues echan a perder personajes que tenían buena base. Los secundarios más importantes resultan también muy correctos, en especial el villano y su científico, pero también los del bando bueno, como el genio de Stark o el general; a la chica le faltaría un poco más de dedicación, pero no es grave; la verdadera pega es que con la falta de tiempo otros caracteres quedan muy atrás, como el grupo que se une al Capitán en el ecuador de la historia (da la sensación, como ocurrió en Thor, de que están ahí para contentar a los fans del cómic).

Destacan diálogos sumamente ingeniosos y divertidos así como escenas que además de resumir un proceso de maduración que podía haber sido muy largo resultan excelentes como momento cómico (por ejemplo, la bandera y la granada del entrenamiento, que justifican la elección de nuestro protagonista ante otros en apariencia más preparados). Pero hay mucho que contar y algunas partes se ventilan a modo de videoclips o saltos de tiempo que dejan una ligera sensación de que se ha resumido en exceso. Pero era casi obligatorio si no querían elegir entre partir la película en dos y dejar la historia a medias o simplificarla en exceso. Y por el lado contrario, viendo que en unas partes les falta tiempo cabe preguntarse por qué alargan tantísimo la sección dedicada a los bonos de guerra, que se hace bastante pesada.

La realización es buena en cuanto al sentido del espectáculo, pero quieren abarcar tanto que a veces resulta irreal, por exagerada o porque los efectos especiales no pueden llegar a tales límites si no es con el doble de tiempo y dinero. Aunque la recreación de la época es excelente, con grandes persecuciones por las calles de los años 40, y los vehículos y fortalezas enemigos resultan enormes y bien diseñados, algunos momentos terminan dejando ver un exceso de ambición y no quedan del todo bien: algún plano de combate o de tanques gigantes canta a pantalla de fondo y efecto digital menor. Yo prefiero poco pero bien hecho y donde prime la trama, y lo cierto es que ésta aquí está bastante bien trabajada, así que esos fallos o excesos no me han molestado demasiado. Incluso escenas cumbre que podrían resultar previsibles, como la clásica confrontación final en la guarida del enemigo, mantienen el interés y sentido del espectáculo muy bien, y no resulta especialmente grave que algunos instantes (como la persecución del coche al avión) no sean visualmente perfectos.

En cuanto al reparto, sorprende ver la maduración de Chris Evans, quien resultó insoportable en la abominación de Los cuatro fantásticos pero ha pasado a convertirse en un intérprete bastante correcto (eso sí, un poco absurdo que repitan con él habiendo sido ya rostro de un héroe Marvel). Aun así, enormes nombres eclipsan su figura: brillan con luz propia la estupenda composición de villano que hace Hugo Weaving o las impresionantes aportaciones de Tomy Lee Jones. La chica (Hayley Atwell, yo la conocí en Los pilares de la Tierra) en cambio queda bastante en segundo plano, ya sea porque su personaje no es muy llamativo o porque le falta algo de carisma. Los secundarios están excelentes, en especial Stanley Tucci y Tobey Jones.

El ambiente de universo Marvel que posee la cinta funciona de maravilla, dándole esa idea buscada de que es un capítulo que forma parte de una serie que se encamina hacia un desenlace (Los Vengadores). La presencia del padre de Tony Stark (con su exposición tecnológica al estilo de Iron Man), así como el prólogo y el epílogo dedicados a traer al Capitán al presente con Shield, encajan a la perfección en la propia historia interna de la película. Y viendo los buenos resultados de esta entrega, la esperada Los Vengadores ha ganado considerable interés entre los amantes del género.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
-> Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol2. (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Pantera Negra (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)