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X-Men: Días del futuro pasado (incluyendo la Rogue Cut)


X-Men: Days of Future Past, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 131/149 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Simon Kinberg, Jane Goldman, Matthew Vaughn.
Actores: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Peter Dinklage, Evan Peters, Patrick Stewart, Ian McKellen, Halle Berry, Nicholas Hoult, Ellen Page, Shawn Ashmore, Johs Helman.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, del reparto y de la puesta en escena. En el guion se nota esfuerzo por contar las cosas bien…
Lo peor: … aunque hay deslices, agujeros y cosas cogidas por los pelos.
Mejores momentos: La discusión entre Erik y Charles en el avión.
La pregunta: ¿Cómo puede escuchar música Mercurio cuando va a toda velocidad?
Versiones: Finalmente vio la luz la versión extendida, llamada Rogue Cut. He actualizado la crítica para incluir al final mi opinión sobre la misma.

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Alerta de spoilers: Quizá revelo demasiados detalles para quien quiera verla sin saber nada.–

Me ha resultado difícil catalogar, analizar y puntuar esta película. El público la ha recibido de manera entusiasta, pero entre los más cinéfilos y sobre todo los frikis hay algo más de disensión, o al menos se considera buena aunque con algunos peros importantes. El problema es que intenta abarcar mucho, esquivando también mucho, y no siempre está acertada.

El primer punto conflictivo es que nace como un reinicio poco disimulado. La saga había caído muy bajo, tanto en calidad como en giros de trama y muertes más o menos innecesarias de personajes, con X-Men: La decisión final (que cerraba la trilogía original) y las dos partes de Lobezno (en especial la primera, más centrada en eventos de la Patrulla X). Bryan Singer, que puso en marcha la serie (X-Men, X-Men 2), al igual que muchos fans estaba muy descontento por como la manejaron los directores que la continuaron, y en un intento de redirigirla o resucitarla dio forma a X-Men: Primera generación, que tan bien dirigió Vince Vaughn. Era una saga paralela, yendo a los orígenes de la Patrulla X con nuevos actores para los personajes en sus versiones jóvenes. Apoyado por su gran y merecido éxito de crítica y público decidió que la serie podía ser salvada no sólo tangencialmente, sino por completo, porque el famoso cómic Días del futuro pasado le permitía unir las dos líneas narrativas mediante una historia de viajes en el tiempo. Así pues, ni corto ni perezoso aprovechó las paradojas temporales para establecer una nueva realidad donde los personajes principales que murieron ahora siguen vivos.

¿Está justificado llevar las nuevas entregas hacia un punto en el que esos títulos denostados desaparecen de la continuidad? ¿No es engañar al espectador decir ahora que dos o tres películas sobran? ¿No es jugar con nuestra inteligencia y sentimientos el matar y resucitar personajes sin control alguno? Por no decir que no queda claro qué películas son borradas en la nueva realidad. X-Men: La decisión final es evidente, porque resucitan a los ahí muertos, pero con las dos de Lobezno hay que ponerse a analizar a fondo qué partes son reinventadas. Los fans se han montado esquemas enrevesados, pero con la sensación de improvisación que tiene la serie prefiero no perder el tiempo pensando en ello. Al final no queda otra que aceptar el truco de las realidades paralelas como excusa para renovar la saga, no en vano este título en conjunto es bueno y los que vienen resultan prometedores. Pero eso no elimina la sensación de confusión y, en mi caso, tampoco del todo la de engaño, aunque se aplaca bastante porque en parte endiento el esfuerzo y los problemas a los que se ha enfrentado Bryan Singer.

Pero aun así hay un límite que no debería sobrepasarse y que sí me molesta bastante, hasta el punto de impedirme disfrutar del todo de las virtudes de esta entrega. Hablo del asunto de eliminar y resucitar personajes. No me gusta nada el viejo y cansino método de matar personajes a mogollón sólo cuando sabes que vas a tener un reset al final. Así, el clímax donde los mutantes del futuro caen como moscas sabe a falso y manipulador. Y con las reapariciones de fallecidos como Jean Grey se remata la jugada. Si se rompen los límites de la verosimilitud y de la conexión emocional, si no sabes que el muerto se va a quedar muerto, si ves venir que el argumento es una trampa circular barata o como queráis llamarlo, pues no sé vosotros, pero yo tendré problemas para conectar con el relato, es más, puedo sentirme estafado.

Además la historia comienza con cosas sin explicar, porque no hay forma de hacerlo sin perder mucho tiempo o cambiar por completo el argumento. Xavier aparece vivo y con el mismo cuerpo, y quien no haya visto la escena post-créditos de La decisión final no podrá entenderlo, y aunque lo haga es probable que le parezca otra trampa argumental. ¿Es aceptable tener que ver cosas ajenas a las películas para entenderlas? Porque para mí una escena extra no forma parte de la película. Siguiendo con Xavier y esos anexos, resulta que no se explica tampoco la escena post-créditos de Lobezno inmortal, donde Xavier y Magneto van a buscar a Lobezno en el presente. Y pasando a otro mutante, ahora resulta que Kitty tiene poderes que antes no tenía, todo por meter un rol conocido en la trama.

Pero si superamos esa barrera emocional, si esas omisiones y artimañas descaradas no nos tiran abajo la película, todavía se puede disfrutar de una buena cinta de superhéroes, y de hecho de una buena entrega de X-Men. Sigue teniendo algunos puntos mejorables, pero los aciertos son más destacables.

El argumento de viajes temporales en el fondo es muy clásico y se ve venir de lejos, pero se utiliza sabiamente, sin caer en topicazos, sin resultar farragoso o confuso en los saltos entre tiempos y protagonistas. De hecho el ritmo es muy bueno, siempre activo y con la trama y los personajes bien expuestos y desarrollados. Sólo se resiente un poco en la batalla final, pues las idas al futuro aportan poco aparte de sensacionalismo y el desenlace en el pasado es un poco repetitivo, pues es básicamente el mismo que el de Primera generación: Xavier y Erik enfrascados en una disputa moral ante un mundo que puede aceptar o perseguir a los mutantes según salgan las cosas. Pero aunque como final no tiene la pegada que debería, no es como para llevarse las manos a la cabeza, sobre todo porque la calidad de los personajes sustenta prácticamente cualquier cosa. Lo que sí sobra por completo es ese toque último de misterio con Mística disfrazada de Striker, que además de confuso es tramposo y mosqueante. Confuso porque no se sabe cómo y por qué acaba ahí (o qué pretenden con ello los guionistas), tramposo porque pone intriga artificial cuando sabemos que en la próxima entrega pueden hacer caso omiso como han hecho otras veces, y mosqueante porque precisamente ese final de Lobezno apuntaba directamente a que su línea temporal con Striker seguiría su curso, pero con Mística en medio lo enmarañan aparentemente sin venir a cuento.

Lo mejor es que la esencia de la Patrulla X brilla con intensidad. La lucha por los derechos y la integración, el conflicto contra las ambiciones y fobias de los poderosos, y sobre todo la propia lucha entre los mutantes por su forma de entender el mundo ofrecen un relato con varias capas y estilos muy equilibrados: la combinación de drama, mensajes y acción es excelente. La confección de los personajes es primordial en la ecuación, y es muy acertada. Destaca la profundidad emocional de Erik y Charles, el juego que da su dualidad y confrontación constante, así como el carisma de Lobezno, que por cierto muestra muy bien su evolución respecto a capítulos previos (más implicado en el grupo y la misión, de hecho termina liderando). Los secundarios no parecen incluidos por cumplir con el cómic y todos tienen su lugar en la historia. Pero aquí también hay un desliz. Para ser Mística tan protagonista no le dan suficiente profundidad al personaje, y una actriz tan competente como Jennifer Lawrence está muy sosa porque no hay margen para sacar más. Los demás sí trabajan muy bien: Michael Fassbender, James McAvoy y Hugh Jackman están como siempre estupendos; el momento en que discuten en el avión quita la respiración por todo lo que significa para los protagonistas y por la interpretación de los actores.

Donde no falla ni una pizca es en otro punto esencial: el espectáculo no se descuida. Visualmente es impecable desde los efectos especiales a la dirección de Singer. Las escenas de acción se planifican bien y el sensacionalismo visual (el estadio es quizá excesivo, la escena de Mercurio puro vacile) no engulle a la trama y personajes.

Como muchos fans, hubiera preferido que siguieran con la segunda parte de Primera generación, la mejor de la serie, en vez de meterse en este embrollo de reinicio forzado, pero al menos el resultado es francamente bueno más allá de lo que nos guste o no la manera de relanzar la saga y resucitar personajes.

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Actualización del original publicado el 16/10/2014:
Vista la versión extendida, llamada Rogue Cut (Versión Pícara, vamos)

Huelga decir que hay dos tipos de versiones extendidas de películas: las que merecen la pena y las que no. Algunas ediciones en dvd/bluray incluyen escenas extra sólo como reclamo, sin aportar nada esencial a los personajes o la trama. Pueden ser minutos que no hagan daño o pueden alagar innecesariamente la cinta. Por ejemplo la extendida de Terminator 2 no aporta nada y ralentiza el perfecto ritmo de la versión original. Luego están las ganan calidad, porque fueron recortadas negligentemente por la productora de turno, donde pensaban que una versión más reducida (y generalmente menos violenta) sería más viable comercialmente, pero luego resulta que lo que quedó fue un resumen malogrado. Los mejores ejemplos son Abyss, El reino de los Cielos y Alexander, cuyas versiones del director son inmensamente superiores a sus estrenos en cines.

¿En qué categoría entra la extendida de Días del futuro pasado? Pues concretamente en ninguna de las dos, la verdad, es más bien un caso nuevo. Como producción que tiene una parte de su público, el fandom, que es muy fiel y conocido por comprar cualquier edición que vea la luz, la productora no puso pegas al capricho del director Bryan Singer de sacar una edición más larga. Pero esa idea no obedece a razones narrativas, a que en cines tuviera que resumir o alterar el montaje por presiones externas. Lo que ocurrió es que rodó una subtrama con un personaje secundario, Pícara, solamente porque era muy apreciado en la saga, tanto por los seguidores como por él, pero luego vio que en el relato no pintaba mucho. Y como le han dejado ha sacado una versión que incluye ese capítulo anecdótico pensando en que gustaría, pero lo cierto es que es raro encontrar opiniones a favor de este montaje nuevo, la grandísima mayoría, incluso teniendo en cuenta lo que deseábamos ver al personaje, coincide en que la película no gana, sino todo lo contrario.

Siendo una obra pausada más que de acción trepidante, centrada en desarrollar el conflicto de sus personajes y formar las escenas cumbre desde esa base, ralentizar el ritmo aumentando el metraje con secuencias ligeras o intrascendentales es bastante contraproducente. La Rogue Cut incluye casi veinte minutos extras de pura morralla. Tenemos algún diálogo superficial que no aporta nada al dibujo de los protagonistas (Bestia y Lobezno charlando en la mansión) y extensiones de trama poco justificadas (la destrucción de Cerebro es innecesaria -y más con esa tonta escena de sexo-, ya teníamos razones de sobra para no encontrar a Mística). Lo más esperado era ver a Pícara, pero resulta a todas luces negligente meter una trama paralela enorme para que sólo aparezca para estar sentada sin hacer nada relevante. Si interaccionara en la trama del futuro, si se relacionara con los demás personajes… pero es que no hace nada, sustituye a Kitty unos minutos y punto. Y para llegar a eso hemos tenido su rescate en la mansión, una escena de acción larga pero insustancial y anticlimática que además incluyen de forma muy extraña, narrándola de forma paralela a cuando Magneto (en el pasado) recupera su casco, como si ambas cosas tuvieran alguna relación. Hay otros tantos detalles cambiados, pero son igualmente irrelevantes: qué más da dónde muera uno de los mutantes del futuro, si sabemos que esa línea se rehará.

Así pues, si vuelvo a verla será en la versión cines, y pienso que esta Rogue Cut quedará como una curiosidad fallida que probablemente se olvide con el tiempo.

Como siempre, movie-censorship hace una comparación exhaustiva.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
-> X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix Oscuro (2018)
X-Men: Los nuevos mutantes (2019)

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El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos


The Hobbit: The Battle of the Five Armies, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 144 min.
Dirección: Peter Jackson
Guion: Peter Jackson, Fran Walsh, Philippa Boyens, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Luke Evans, Evangeline Lilly, Orlando Bloom, Lee Pace, Aidan Turner, Dean O’Gorman, Ryan Gage.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Menos longitud, menos subtramas irrelevantes y acción más centrada equivalen a buen ritmo.
Lo peor: No tiene final. Tienes que comprarte la extendida para verlo, supongo, con lo que hay que considerarla como un timo descarado. Personajes secundarios insoportables: Legolas, Tauriel, Alfrid.
Mejores momentos: Bilbo negociando con Thranduil y Gandalf. El parlamento de Bardo y Thranduil con Thorin.
Peores momentos: Toda aparición de Legolas y Tauriel: el romance cansino, las piruetas de videojuego… Se lleva la palma el momento “anti-gravedad” de Legolas escalando por piedras que caen. Toda aparición de Alfrid, el secundario tonto.
La frase a destacar: ¿Me seguiréis una última vez? –Thorin.
La frase a repudiar:
-Por qué duele tanto.
-Porque era amor verdadero.
–Tauriel y Thranduil.

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La batalla de los cinco ejércitos no va a sorprender. Peter Jackson ya ha demostrado su forma de escribir y rodar, su estilo y tics, sus escasos aciertos y numerosas limitaciones. Pero lo que sí sorprende es que gran parte del público haya tardado tantas películas en darse cuenta. Lo aquí ofrecido no difiere en tono ni en calidad a lo visto ya en Las dos torres y sobre todo El retorno del rey, y seguía por el mismo camino en el inicio de esta trilogía. ¿Por qué ahora de repente la gente critica fallos que antes no criticaba? Lo único que se me ocurre es el efecto saturación: después de tanto ver los mismos vicios y cosas mal hechas parece que por fin van cayendo las vendas de los ojos. Como muchas otras veces, las modas y gustos del público son incomprensibles.

Casi se ven mejoras en el guion y la narrativa respecto a las dos primeras entregas de las aventuras de Bilbo y Thorin, pero me temo que el potencial no llega a despegar como sí hizo en algunas partes de La desolación de Smaug. Se ve algo de argumento. Es sencillo, pero no era necesario más para mover los personajes y la acción. Así, gracias a eso y a su menor duración, resulta una película más consistente y entretenida que las dos anteriores, donde todo era ir para adelante mientras aparecen dificultades improvisadas que ni siquiera dejan secuelas claras. Aquí se ve un frente común que mueve a todas las facciones (la montaña, sea por avaricia, supervivencia o planes políticos futuros), se ve cómo éstas actúan y se acercan a la confrontación, y cada bando tiene sus protagonistas que muestran bien sus ambiciones y puntos de conflicto. Este argumento justifica bien la batalla y sus distintas fases, y por si fuera poco Jackson inesperadamente acierta al no dejar que ésta engulla todo, porque alterna entre el jaleo global y los intereses personales, siguiendo peleas individuales bastante atractivas en un principio. También cabe destacar que Smaug acaba bien, yendo al grano pero sin parecer despachado con prisas.

Pero ya sabemos que con Peter Jackson no se puede esperar coherencia estilística, guion sólido, puesta en escena firme… y estos llamativos pilares no llegan a dar la buena película que podrían.

Persiste la manía de extenderse en personajes innecesarios que desvían el foco de la narración y por tanto afectan al ritmo y al interés. Es sencillamente absurdo: en vez de centrarte en sacar lo mejor de los protagonistas esenciales pierdes el tiempo metiendo secundarios que no vienen a cuento. Los líos de Legolas y Tauriel no sirven para reforzar la presencia de los elfos, sino todo lo contrario, consiguen que te canses de ellos porque se convierten en protagonistas paralelos a los que supuestamente son los verdaderos protagonistas. Por si fuera poco no dan ni una escena buena, se les reserva un caos de historias que van de lo insulso a lo excesivo: el romance cutre y cargante, la acción desmedida. A cambio un secundario que aportaba maneras, el gobernador, se relega completamente a rol cómico infantil. Por suerte dura poco… No así Alfrid, su particular Lengua de Serpiente, que aparece en todo el metraje como un digno contrincante de Jar Jar Binks al personaje más insoportable y vomitivo de la historia del cine. El peor sentido del humor que puedas imaginar se canaliza a través de él; llega a dar chistes de travestismo de lo más vulgares.

Por el otro lado es entendible que no todos los enanos puedan tener protagonismo, y los que más tienen no se usan mal: Balin tiene su parte, Fili y Kili la suya (y no se cambia el final respecto al libro como muchos temían). Gandalf aparece lo justo en la trama sacada de los apéndices, que aporta algo de continuidad global a la saga pero termina mostrando poco más que efectos especiales y peleas exageradas (Galadriel electrocutada da risa, el momento Yoda-saltimbanqui de Saruman igual), dejando de lado la tensión y la intriga por el destino de los personajes implicados, que aparecen y desaparecen, se hieren y curan mágicamente a lo largo de toda la trilogía sin transmitir mucha emoción. Thranduil pierde un poco con las tontas intrigas de Legolas y Tauriel, pero en el resto cumple como líder de un pueblo en disputa eterna con los enanos. El parlamento entre Bardo y él con Thorin está muy bien, por ejemplo. Bardo sigue siendo un roba escenas muy carismático que tampoco defrauda y es fiel a la esencia de la novela, y sorprendemente su familia no es muy pesada. El que queda muy desdibujado es el nuevo líder enano que llega como refuerzo: ¿quién es, de dónde viene, cuál es su cargo, por qué no ha ido antes a reclamar la Montaña si tanto le interesa a los enanos y tiene un buen ejército…?

Thorin es un personaje francamente bueno que para mí supone el mejor que ha dado la serie en sus seis películas. Se dibuja un líder lleno de claroscuros, pues alterna carisma con un tono altivo muy de agradecer en una saga de personajes bastante monocromáticos, y por si fuera poco se muestra una evolución bastante efectiva. Sin embargo Jackson con su limitada visión está a punto de cargárselo. Parece que piensa que el público está formado por retrasados mentales: para realzar que Thorin está cambiando nos pone musiquita insistente, planos inclinados de “manual del director primerizo” capítulo “reflejar locura”, miraditas de demente, y para rematar, efectos de voz por si acaso aún no te has enterado de que Thorin no es el mismo que antes. Y su vuelta a la cordura igual: la escenita del lago de oro solidificado es vergonzosa y eterna; cuando el oro se lo traga… ¡qué parábola más sutil! Por suerte el personaje tiene mucha fuerza y se sobrepone a las manazas del director. Sus altibajos, las dudas de lealtad, los aprietos en que pone a los suyos cuando la ambición le ciega, su redención… todo se desarrolla bastante bien. De hecho termina engullendo a Bilbo como protagonista principal. El hobbit sigue siendo interesante y crucial en la trama, pero se lleva un poco a segundo plano. Eso sí, éste nos regala el único momento genuinamente Tolkien: cuando lleva la Piedra del Arca a Gandalf y Thranduil y trata de negociar para salvar al enano a pesar de sus pecados.

En cuanto a actores como es habitual hay bastante irregularidad. Richard Armitage está soberbio y roba cantidad de escenas a Bilbo, a quien de nuevo Martin Freeman da vida repitiendo hasta el hartazgo unos tics muy evidentes (la mueca con la boca, los gestos con las manos). Luke Evans como Bardo realza un personaje atractivo pero que de sencillo podría haberse quedado en poca cosa. Y el resto cumple en papeles menores, aunque alguno muy justito: Orlando Bloom y Lee Pace como elfos no convencen con su pose antinatural.

En el tono o estilo como cabía esperar Jackson sigue patinando a lo grande con su concepción hipertrofiada de la narrativa de aventuras: criaturitas digitales, escenarios artificiales y mil exageraciones en fila cambian el realismo épico por el videojuego infantil, y la escasa calidad del apartado visual empeora la situación.

Si Legolas puede matar mil enemigos sin despeinarse… ¿cómo un ejército entero de elfos pierde tan rápido? Y más cuando los orcos son de papel: dos metros, armadura de puro hierro, y caen con piedrecitas lanzadas por un hobbit enclenque o no resisten el cabezazo de un enano (y vaya estrategia suicida atacar a cabezazos teniendo un martillo enorme). En La Comunidad del Anillo los orcos eran creíbles, tanto porque no eran dibujos animados digitales como porque las luchas transmitían realismo y dificultad. Desde entonces fue rebajándose el nivel en pos del espectáculo barato. Los protagonistas sólo sufren con el orco jefe de turno, con el final de la fase, el resto caen con sólo agitar la espada en el aire. Destacan para bien las muertes de un par de enanos y el duelo entre Thorin y el líder enemigo, donde incluso se puede ver que la pelea tiene algo de planificación, que no se dejó todo al ordenador. Pero son excepciones, y en el lado malo hay algunas paridas monumentales: la larga y ridícula lucha de Legolas (el vuelo con murciélago, las escaleras flotantes, el trol-joystick y mil memeces más) es de puro videojuego de plataformas, sólo le faltó la barra de vida.

El abuso de los efectos especiales generados por computadora, donde Jackson incluso llegó a afirmar que prefiere los orcos digitales a los recreados con maquillaje (aquí una fuente de sus declaraciones), indican bien su forma de hacer las cosas. Casi toda la batalla (ejércitos de muñequitos nada impresionantes), la mitad de las peleas personales (dobles digitales en cantidad), muchísimos escenarios (y eso que los decorados que hay son magníficos) son dejados al ordenador. Y esto no es Avatar, de hecho el nivel de los efectos especiales resulta sorprendentemente pobre. Como indicaba en el inicio de la trilogía, la calidad es más o menos la misma que en la de los anillos diez años atrás. ¿Cómo es posible que no hayan mejorado, a pesar de que se puede comprobar con el dragón en la segunda parte que se podían alcanzar grandes logros? Sin duda la razón más importante es el uso excesivo de esta tecnología en detrimento de otras, pues no hay tiempo y dinero para abarcar tanto, y más si se empeña en desterrar casi por completo los paisajes reales y tirar de recreaciones por ordenador, que en ningún momento aguantan la comparación (la zona de la batalla y la cascada ni se acercan a un mínimo aceptable para una superproducción tan esperada). Así pues, hay demasiada digitalización pobretona, demasiada pantalla de fondo cantosa (harto de ver la misma puesta de sol apunte donde apunte la cámara), demasiado paisaje claramente falso, y por si fuera poco también aplica un filtro extraño que consigue que los actores parezcan de plástico en muchísimas escenas, con lo que las imágenes parecen demasiado irreales y de poca calidad, dando la impresión de ser una película anterior a La Comunidad del Anillo, o incluso una de animación.

También hay que añadir un sinfín de detalles mosqueantes: en el primer capítulo nos decían que los trols se convierten en piedra a la luz del sol, pero aquí vemos decenas de ellos paseándose como si nada; ¿a santo de qué vienen esos gusanos sacados de Dune?, ¿y esos murciélagos?; pésimamente mostrada la supuesta diferencia de tamaño entre Kili y Tauriel, parece que ya ni se esfuerza a la hora de rodar; atención a cuando los enanos se preparan para la batalla poniéndose unas armaduras enormes, y cuando deciden finalmente salir a combatir resulta que se las quitan…

Por mucho ruido que haga su estreno debido al amplio público que sigue la saga, no es más que otra película comercial digna de nuestros tiempos, y no precisamente una destacable. Y con todo ello estaba dispuesto a darle un aprobado raspado. Aunque no tiene tramos tan interesantes como La desolación de Smaug sigue pareciéndome claramente mejor que Un viaje inesperado gracias a sus mejoras en el ritmo, su duración más comedida y a que la potente figura de Thorin sostiene bastante bien la historia (y lo secundan unos eficaces Bilbo y Bardo). Pero me temo para rematar todos los fallos tenemos la cagada suprema. Todo lo narrado en las tres películas se olvida en un final que no es final, porque deja todo sin cerrar. ¿Un ardid buscado a propósito para que compremos la versión extendida, o una chapuza de montaje fruto de tener que reducir el metraje para luego sacar esa versión? Sea como sea, el resultado es el mismo: es una estafa, un engaño que no debería permitirse. He pagado mi entrada para ver una película, no puedes ponerme sólo parte de ella. Por ello sí le voy a dar un suspenso, no hay forma de aprobar algo incompleto, cojo, sin final.

Alerta de spoilers: En adelante comento detalles y sorpresas del final.–

Resulta que no se nos muestra cómo acaba la batalla. Los ejércitos de enanos, elfos y hombres estaban siendo diezmados, llaman a retirada. Thorin ha salido a la desesperada para buscar una muerte redentora. Dejamos la situación de derrota inminente para pasar a peleíllas individuales finales. Llegan las águilas (ooootra vez) y frenan al nuevo ejército orco salvando a los protagonistas que estaban en medio… ¿Y el resto de la batalla? ¿Las águilas lo resuelven todo de golpe como los mocos verdes de El retorno del rey? No se ve claramente que suceda eso, y encima se adivina que debería haber más escenas, porque las mujeres dicen que van a salir a luchar con los hombres, algo que tampoco llegamos a ver y que de todas formas no parece que pueda cambiar mucho las cosas. Pasamos al retorno de Bilbo a la Comarca sin saber cómo demonios se ha dado la vuelta a una batalla que estaba perdida.

Y peor aún, después de tres películas centradas en el conflicto político alrededor de la Montaña Solitaria, la situación final de éste no se expone. Ni siquiera nos dan un cierre a la mayor parte de personajes implicados. ¿Cómo se reparten el tesoro, cómo queda organizada la política local? ¿No se hostian los distintos bandos después de haber vencido a los orcos? ¿Qué tipo de homenaje le hacen a Thorin, de héroe o de “olvidemos a este loco”? ¿Dónde y cómo reconstruye sus vidas el pueblo de Bardo? ¿Quién se alza como gobernante de los enanos? ¿Cuál es el destino del secundario cómico mongólico? Está claro que Jackson vio las críticas que tuvieron los dieciséis finales de El retorno del rey y aquí decidió mostrar solo el de Bilbo. Pero el efecto provocado es el opuesto: sabe a engaño dejar todo sin explicar. Ni siquiera queda claro el título de la película… ¿Cuáles son los cinco ejércitos? Orcos, enanos, elfos, hombres… ¿Águilas, murciélagos, gusanos… Bilbo?

Ver también
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

El hobbit: La desolación de Smaug


The Hobbit: The Desolation of Smaug, 2013, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 161 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Peter Jackson, Fran Walsh, Philippa Boyens, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Luke Evans, Evangeline Lilly, Orlando Bloom, Lee Pace, Stephen Fry, Benedict Cumberbatch, Sylvester McCoy, Graham McTavish, William Kircher, James Nesbitt, Stephen Hunter, Dean O’Gorman, Aidan Turner, John Callen, Peter Hambleton, Jed Brophy, Mark Hadlow, Adam Browm.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras respecto a la anterior en ritmo y calidad. Buenos personajes. Algunos tramos llamativos. Todo el largo capítulo con Smaug.
Lo peor: Las salidas de tono de costumbre: recesos y subtramas intrascendentes y aburridas, escenas de acción ridículas…
Peores momentos: La aparición de los elfos. El romance. Los barriles por el río. Las pelas de elfos y orcos en Ciudad Lago.
Mejores momentos: El ataque de las arañas. Bardo. El duelo intelectual entre Smaug y Bilbo.
El plano: Smaug mirando el enano gigante de oro.
La frase:
1) Bueno… ladrón. Te huelo. Oigo tu respiración. Siento tu aire. ¿Dónde estás? -Smaug
2) ¿Venganza? ¿Venganza? ¡Yo te mostraré venganza! -Smaug.

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La segunda entrega de El hobbit mejora considerablemente el despropósito visto en la primera, Un viaje inesperado. No era difícil, se podría pensar, pero no olvidemos que esto es como una película larga partida en tres partes, todo viene del mismo guion y del mismo rodaje. ¿Entonces cómo es posible que haya tanta diferencia de calidad? Pues a estas alturas no sorprende, ya vimos en El Señor de los Anillos los altibajos que puede ofrecer Peter Jackson, fruto de sus pobres dotes como director y guionista, de sus cambios respecto al original y sus improvisaciones hacia su propia obra.

La sorpresa que sí me he llevado es que el público y sobre todo la crítica muestran cierto cansancio en lo que llevamos de esta trilogía, empiezan a acusar la fórmula de Jackson de estirar y dar rodeos innecesarios y no de saber narrar sin desbarrar en lo visual. A mí la verdad es que me resulta incomprensible: no ha mejorado ni empeorado, sigue ofreciendo lo mismo que en la anterior saga, pero la trama y los personajes son lo suficientemente novedosos como para no saber a repetición descarada. No es objetivo decir ahora de repente son películas algo flojas, porque vienen siéndolo desde Las dos torres. Simple y llanamente, la moda está pasando.

En La desolación de Smaug volvemos a tener un guion superficial e incapaz de ir al grano, pero al contrario que en el capítulo precedente el ritmo es más fluido y el interés de la trama gana fuerza. Mostrar el objetivo del viaje al alcance de la mano es una buena ventaja, pero la mejora se debe sobre todo a que el camino ofrece aventuras con mayor cohesión y atractivo y los personajes son bastante sólidos. No nos libramos de recesos innecesarios, subtramas irrelevantes que ocupan mucho metraje y protagonismo mal repartido, pero las dos horas y cuarenta minutos ya no son insoportables, sólo excesivas: es inevitable pensar en lo que ganaría eliminando al menos cuarenta minutos y algunos secundarios cansinos.

Bilbo gana enteros al no abusarse de sus vaivenes con el grupo, al no estirarse su indecisión (tiene dudas y problemas, pero son consecuentes y no forzados) y mostrarse bien su maduración a través de su determinación y coraje (atención al enfrentamiento dialéctico con el dragón). Los efectos del anillo también se materializan correctamente, casi mejor que con Frodo de hecho. Pero seguimos con el problema de que Martin Freeman a veces sobreactúa más de la cuenta, rompiendo en ocasiones la buena conexión que establece con el espectador gracias a su simpatía y carisma. No sé si es porque el director lo exige o porque no sabe frenarlo, pero el gesto de vacilación o asombro acompañado de los cansinos tics con las manos se repite demasiado. Con Richard Armitage como Thorin no tengo quejas, está inmenso. Entre su interpretación y el sólido dibujo del personaje (esta vez no hay salidas de tono chocantes) tenemos un protagonista oscuro y caótico muy atractivo. Los momentos en que la tensión e impaciencia empujan sus acciones contrastan muy bien (y sin perder credibilidad) con los instantes donde muestra sus dotes de liderazgo. Recordad mis quejas con Aragorn: ¿por qué se apuntaba a todas las aventuras, si incluso decía varias veces que no quería estar ahí? ¡Ojalá hubiera tenido la mitad de carisma que Thorin! En cuanto a los secundarios, hablo ellos en el resto del análisis, pero resumo diciendo que hay algunos grandes aciertos y algunos deslices notables. Por los primeros en conjunción con los dos excelentes protagonistas, desde mi punto de vista La desolación de Smaug se alza como la película con mejores personajes desde La Comunidad del Anillo.

El diseño artístico, los decorados, el vestuario, el maquillaje y la música (mejor que en la primera parte) están como siempre en un nivel entre notable y extraordinario. Los efectos especiales vuelven a deslumbrar tras resultar algo flojos en Un viaje inesperado (las panorámicas de las ciudades y el dragón son alucinantes), pero arrastran todavía algunas deficiencias. El problema viene siendo el habitual: la irregularidad de Peter Jackson como director. ¿Por qué la recreación digital de Smaug es más que impecable, resultando de hecho sobrecogedora, y los orcos digitales son flojos aun estando escondidos siempre en la oscuridad? Porque improvisó sobre la marcha, eliminando orcos que eran actores disfrazadas y poniendo en el último momento unos creados por ordenador, y con las prisas no pueden acabarse con el cuidado esperable. Así, seguimos viendo que con este clásico enemigo hemos retrocedido en vez de avanzar: con lo magníficos que eran en la trilogía de los anillos aquí dejan bastante que desear, sobre todo en las peleas. Me temo que en éstas sólo los primeros planos son rodados con actores (y eso cuando los hay, claro), y en cuanto la cámara se aleja un poco todo se convierte en digital, y el cambio es horrible, texturas y movimientos no pasan por reales.

Además, como se veía venir en el primer episodio aparecen otras limitaciones si comparamos con El Señor de los Anillos. La extraña decisión de rodar algunas escenas de parajes naturales en decorados contrasta muy para mal con los excelentes paisajes elegidos. Por ejemplo, la escena que sigue al prólogo, con el grupo huyendo de los orcos, parece rodada en una cochera con cartón piedra y fondos falsos, resultando demasiado cutre. Y un nuevo tic explota por completo en esta entrega: el abuso de filigranas con la cámara para vacilar con el 3D aparece sólo en la recreación de algunos entornos (en Dol Guldur se ceba de lo lindo), pero en el resto del metraje parece que se olvida de que conoce esa técnica.

Fiel a su idea de tener un prólogo en cada película (todos efectivos menos el de Gollum en El retorno del rey), Jackson introduce la Piedra del Arca, que es esencial en los objetivos de los enanos, dando más peso e interés al viaje del grupo. Lo que no entiendo muy bien es el tema de Thrain, padre de Thorin: si está realmente vivo, si está actuando o se encuentra escondido acobardado… Si no explican más de este asunto en la tercera parte quedará como un dato innecesario y confuso. Pero lo que sobra sin duda es el cameo de turno del dichoso director, que se empeña en aparecer en todas sus películas de forma que veas claramente que es él. ¿Tanto ego arrastra?

Tras la persecución de los orcos con la que acababa Un viaje inesperado enlazamos con Beorn. Mantener este personaje totalmente innecesario sirve como excusa para librarse de la cacería, pero pensando en ello te das cuenta de que ésta fue sólo una excusa para acabar la anterior película con un clímax forzado. ¿No había suficiente con los trasgos de las cuevas y la salida por los pelos? Así, se van veinte minutos en la más absoluta nada. Resumir, sintetizar, ir al grano… para qué, si la idea es precisamente hacer una película innecesariamente larga. En fin, al menos este tramo no sale mal parado. Eso sí, tiene sus tonterías: Beorn es capaz de sobrevivir como el último de su especie pero es tan inútil que no logra quitarse un grillete de la muñeca después de tantos años. Más bien es que Jackson se empeña en recalcar visualmente algo obvio, cayendo en una inverosimilitud.

Llegamos al Bosque Negro y aunque la cosa empieza mal (con esa llamada telepática entre Gandalf y Galadriel) esta tenebrosa sección resulta estupenda. El ritmo es bueno, la atmósfera de suspense y agobio se logra sin problemas, la sensación de que están perdidos y sin salida es palpable, la escena de Bilbo asomándose por la cresta de los árboles es bonita y la lucha con las arañas resulta bastante espectacular y no abusa de gilipolleces exageradas. Pero llegan los elfos y lo estropean todo. Entonces volvemos a presenciar un videojuego, no una película. Piruetas ridículas, movimientos imposibles, exageración absurda sin límites… La falta de credibilidad y comedimiento echa por tierra toda la escena, hasta parecer una comedia cutre.

La elfa Tauriel resulta una protagonista secundaria prometedora, porque describe un conflicto entre los elfos abiertos al mundo y los conservadores, como el rey Thranduil, y es de suponer que en el tercer capítulo empujará al rey a actuar ayudando a hombres y enanos. Pero su dibujo abusa de viejos clichés (ooh, te gusta Legolas, pero no puedes estar con él porque es el príncipe, ¡qué original y profundo!) y la actriz Evangeline Lilly está bastante sobreactuada, realzando los gestos y reacciones de forma que queda todo vergonzosamente obvio. Además su historia nos muestra una parida sin nombre donde no logro discernir si se trata de humor malogrado o Jackson iba en serio: el romance con el enano Kili. ¿Esto es zoofilia o pederastia? Esta subtrama lastimera, con diálogos sonrojantes y excesivamente larga lastra la película entera: luego se va a buscarlo a Ciudad Lago, lo cura, se pelea por él con los orcos…

Y para colmo no viene sola, pues va acompañada por Legolas, al que también le ponen su ración de escenas innecesarias con las eternas y rebuscadas luchas con los orcos, incluido un anodino pique personal. ¿Para qué sirve todo esto? ¿Qué aporta a la película? Minutos y minutos desperdiciados. Otra gran pregunta es relativa al nuevo superpoder de Legolas: tiene ojos refulgentes, brillantes o fluorescentes, aunque no parecen tener utilidad y es algo que por lo visto pierde de aquí a los eventos de El Señor de los Anillos. También me pregunto cómo puede haber un destacamento de orcos corriendo y luchando por la ciudad y que nadie se entere.

La presentación del rey elfo tiene otra escenita surrealista: ese primerísimo plano a sus horribles cejas negras… ¿pero esto es serio o no? Y que me aspen si entiendo lo que le pasa en la cara. ¿El dragón le quemó y se lo oculta con un maquillaje holográfico? ¡Pobrecito, tiene heridas que nadie salvo él ve! Otra cuestión intrigante es por qué los elfos viven en una gran cueva, como los orcos y los enanos. Además, el diseño pretenderá ser espectacular, pero no parece muy útil: pasarelas, columnas… ¿pero hay zonas habitables?

Por suerte en el cautiverio de los enanos por parte de los elfos destacan algunos personajes. Bilbo actúa con determinación, una palabra que Jackson parecía desconocer, y la disputa entre Thorin y Thranduil describe dos roles ariscos, obstinados, cabezones e irreconciliables bastante interesantes. Balin vuelve a ser el único secundario del grupo con atractivo: su posición de viejo sabio es predecible pero efectiva. Resulta estupendo el gesto de lamentación cuando ve cómo Thorin echa por tierra las esperanzas de negociar con los elfos. Pero me temo que en seguida dejamos de lado los personajes para irnos en pos de otro aborto visual y narrativo. La escena de los barriles es del nivel de las andanzas por las cuevas de los trasgos. Inverosímil, exagerada, absurda, estúpida, larguísima… Esos barriles que flotan en una posición imposible, esas peleas con coreografías infantiles y dignas de un videojuego malo (el triple hit combo del enano gordo es de un ridículo que espanta), esas tonterías ilógicas (usar el arco como arma de corta distancia)… Toda la eterna escena resulta in-fu-ma-ble.

Menos mal que tras ese dislate enlazamos con otra buena sección. Bardo es otra gran sorpresa, y la estancia en Ciudad Lago está muy lograda. El casting ha acertado de lleno con un actor tremendamente carismático, pues Luke Evans está impecable en todo momento. Y el guion no anda mal encaminado en su dibujo. Rebelde, luchador, inteligente… todo eso se ve en cada una de sus acciones. No falla tampoco la aparición del Señor de la ciudad, un dirigente alejado del pueblo, pagado de sí mismo y cegado por la ambición que quizá no sorprenda pero que está bien construido. Su lugarteniente, una versión de Lengua de Serpiente, tampoco está mal: es un secundario cliché, el típico tío baboso que sólo sirve para poner en apuros a los protagonistas, pero no cae a límites vergonzosos. Así, este segmento central se sostiene bien en un grupo de caracteres sencillos pero sólidos y con atractivo suficiente para mantener la expectación. Le dan una somanta de palos al indeciso y hueco de Theoden, su comparación más obvia, quien tantos minutos ocupaba sin transmitir absolutamente nada.

La introducción a la historia de la lucha contra el dragón es efectiva, se entiende qué ocurrió y queda clara la influencia de esos hechos hasta llegar a la historia personal de Bardo. La salida de los enanos del lugar está bien trabajada: las disputas entre el Señor, Thorin y Bardo tienen diálogos de calidad impropios de Peter Jackson. Se enlaza rápido con la montaña, aunque la entrada a la misma podría haberse resumido un poco, que de tanto estirar la intriga termina perdiendo fuelle. También cabe señalar que hay un momento bastante fallido, uno de esos instantes forzados para dar protagonismo a algún personaje por encima de los demás, que como ya he comentado este realizador sólo sabe conseguirlo denigrando a los protagonistas. Bilbo encuentra el acceso a la puerta. “Tiene una vista aguda, señor Bolsón”, le felicitan. Resulta que nadie más ha sido capaz de ver el enano de piedra de cincuenta metros que tenían delante hasta que él lo ha señalado. Cutrísimo.

Pero antes de meternos con el dragón no hay que olvidar a Gandalf. No me parece mal incluir el tema del Nigromante, era la mejor forma de alargar la historia, porque a fin de cuentas también fue escrito por Tolkien, aunque fuese como anexo a la novela. El problema es que, aun sin ser una sección fallida, le falta algo de garra y definición. El mago se va no se sabe dónde a buscar pruebas del retorno de conocidos seres malvados. Empieza por el Rey Brujo, el líder de los Nueve Jinetes Negros que conocimos en El Señor de los Anillos, fieles sirvientes de Sauron. Como no está en su tumba deduce que ha sido llamado por su Señor. Aquí surgen preguntas obvias: dónde, cómo y por qué estaba enterrado, si sabían que no estaba muerto o podía resucitar, cómo ocurre y quién lo hace… Luego se va a Dol Guldur… Por qué no ha ido directamente si todas las sospechas apuntaban en esa dirección, cabe preguntarse también. Allí ve orcos y lucha con el Nigromante, y éste se revela como Sauron en una escena que tampoco se entiende muy bien qué pretende decir. Está claro que Jackson estaba atado con su estúpido “no tiene forma pero tiene forma de Ojo”, pozo que se cavó él solito en la trilogía de los anillos. Ahora tiene que salir un Nigromante, pero sale un humo… no, un ojo, no, Sauron… Bueno, todo a la vez. Da igual, el público no se cuestiona nada hoy en día. Y no es la única incongruencia de esta sección: Gandalf envía a Radagast y su nido con un mensaje para Galadriel. ¿Y por qué no se comunica telepáticamente como ha hecho antes en esta y la anterior películas? Porque Jackson tiene que incluir a Radagast pero a la vez quiere que Gandalf entre solo… Vamos, que se lía y lo apaña como puede. Finalmente Gandalf queda preso del enemigo, algo que no causa mucha desazón porque sabemos que saldrá airoso. Después de tantos minutos esta sección apenas deja huella, aunque que tampoco da asquito. Sólo espero que haya servido para sentar las bases de una buena trama de cara al último capítulo.

Por fin entramos a la Montaña Solitaria, y este tramo es lo mejor que ha dado la saga desde La Comunidad del Anillo. Aunque por desgracia cuenta con los fallos y excesos habituales, claro. La primera escena es para enmarcar. Los enanos ven su objetivo al alcance la mano, pero el miedo y la tensión están a flor de piel. Los gestos y diálogos, en especial los de Thorin y Balin al ver las inscripciones y el pasillo de entrada… Ufff, pone los pelos de punta ver tanta emoción contenida. No sé si es porque un material tan potente como el que tiene entre manos ha sido capaz cobrar vida y resistir e incluso superar la incompetencia habitual del realizador o porque es bipolar, pero el caso es que la escena es puro Tolkien. ¡Cuántos minutos y horas de películas sin que recordara a su obra! Cuando conocemos a Smaug tenemos a esos dos Peter Jackson en cruenta lucha por ver cuál emerge. A primera vista destaca el megalómano empeñado en poner montañas imposibles de monedas en un plano que se va abriendo hasta provocar carcajadas, el que desbarra con más pasarelas y columnas absurdamente grandes y disfruta derribándolas en una concepción desmedida e ilógica de las escenas de acción, abusando del estilo de videojuego de plataformas hasta provocar vergüenza ajena, rematándolo todo con tonterías inverosímiles (Thorin navegando por un río de oro sobre una carretilla) e incongruencias cantosas (el dragón que se hunde en una zona donde acabamos de ver que apenas le cubre una garra).

Pero también aparece el Jackson inesperadamente fiel a Tolkien e inspirado. Asistimos a un estupendo clímax que se ha trabajado con esmero desde el guion a través de diálogos, posicionamiento de personajes y paciencia para encontrar el tempo narrativo correcto, donde se mantiene la intriga y expectación sin recurrir a trucos visuales baratos y exagerados. En resumen, Smaug es una maravilla. El duelo intelectual con Bilbo está lleno de ingenio y grandes frases, la narración fluye con calma y seguridad, forjando una tensión e intensidad crecientes. Entran los enanos en acción, con Thorin casi cegado de ansias y deseos, y todo explota en una montaña rusa de acción donde el megalómano sigue obsesionado con forzar las cosas, pero donde todavía quedan retazos de sabiduría. La estrategia de reactivar la forja es excelente, y deja ver el plan de los enanos sin que por una ver el director remarque todo como si pensara que somos tan cortitos que no lo vamos a entender. La lucha pasa por diversas fases, y sí, algunas de videojuego, pero otras de gran espectacularidad. El enano de oro aparece ante Smaug regalando un plano fantástico con una pizca de humor genial: el careto del dragón es impagable. También está hábil Jackson encontrando una buena excusa para que el dragón salga a pagar su rabia con Ciudad Lago. La película acaba con un subidón de infarto y un desenlace abierto muy emocionante.

Esas grandes escenas sueltas, esos personajes con destellos de calidad y cierta profundidad y ese dragón inmejorable muestran que había en La desolación de Smaug una base más que suficiente para lograr una notable película de aventuras. Pero estamos en manos de Peter Jackson, y no sorprende que todo sea desvirtuado, desaprovechado, deformado en una narración tosca llena de memeces incomprensibles. Después de las nefastas El retorno del rey y Un viaje inesperado sólo podía echar pestes sobre su obra y fingir que no existía, pero esta entrega vuelve a recordarme las maravillas que podríamos haber visto en manos de un artífice inteligente, comedido, profesional, inspirado…

Ver también
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

El hobbit: Un viaje inesperado

The Hobbit: An Unexpected Journey, 2012, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 169 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Peter Jackson, Fran Walsh, Philippa Boyens, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Christopher Lee, Andy Serkis, Sylvester McCoy, Graham McTavish, William Kircher, James Nesbitt, Stephen Hunter, Dean O’Gorman, Aidan Turner, John Callen, Peter Hambleton, Jed Brophy, Mark Hadlow, Adam Browm, Ian Holm, Elijah Wood.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario y maquillaje (orcos y enanos espectaculares).
Lo peor: Guion inexistente, dirección horrible. Historia atropellada, personajes endebles. Duración descontrolada. Escenas de acción absurdas y ridículas.
Mejores momentos: El relato del destino de la familia de Thorin. El perdón a Gollum.
Peores momentos: El numerito a lo Disney con la vajilla. Los gigantes de piedra. La batalla con los orcos de principio a fin: los puentes colgantes, los enanos con superpoderes, los orcos muriendo como moscas, las caídas imposibles por barrancos, la escenita del árbol y el larguísimo paseo en águilas.
El plano: Hobbiton en todo su esplendor.
La frase: El mundo no está en tus libros y mapas. ¡Está ahí fuera! -Gandalf a Bilbo.

* * * * * * * * *

Cabría esperar que tras diez años y un par de títulos más en su filmografía Peter Jackson habría adquirido mayor experiencia a la hora de escribir y dirigir películas, pero lo cierto es que la trayectoria no prometía demasiado, pues King Kong seguía mostrando todas las deficiencias y tics de los que hizo gala en la trilogía de El Señor de los Anillos y The Lovely Bones, un intento de drama más serio, fue bastante machacado por la crítica. Peor se presenta el panorama cuando se piensa en que el éxito enorme de su fallida versión de la saga de la Tierra Media le daría sin duda carta blanca para continuar por el mismo camino. Finalmente el visionado de El hobbit me confirma su nula maduración artística y su empeño en aferrarse a su equivocada forma de entender la obra de Tolkien y cómo debe ser llevada al cine.

Así pues, El hobbit no tiene guion y Peter Jackson parece haber rodado otra vez con el método de grabar todo lo que se le ocurría sobre la marcha para luego editar un apaño de película en la sala de postproducción. La trama, resumible en cuatro líneas, se intenta definir aquí y allá pero con tal torpeza que se enmaraña innecesariamente. Los protagonistas no logran tomar forma del todo a pesar del tiempo que tienen en pantalla. Cada escena por separado es larga y tediosa y a la hora de formar un todo apenas tienen fluidez y coherencia, por no decir que algunas secciones sobran por completo. Por ello la duración de la cinta es descomunal e injustificable y la proyección se hace eterna (y encima tendrá versión extendida). No consigo entender cómo a gran parte del público puede resultarle entretenida.

Empezamos con un prólogo larguísimo que enlaza varias secuencias de mala manera. Para señalar que estamos en una historia previa a la aventura de Frodo, con Bilbo de joven, Jackson escribe líneas y líneas de diálogos vagos e incapaces de ir al grano, y empalma de forma lamentable la presencia de Frodo (sobra por completo, no hay razón alguna para mostrarlo) para luego, después de tanto jaleo, meter de sopetón el salto al pasado, a la aventura Bilbo con los enanos. Entre medio intercala la presentación de Smaug y el pueblo de los enanos, con demasiados minutos para algo que debería resumirse más, pues no es especialmente complejo y alargarlo confunde al espectador.

La presentación de Gandalf resulta también confusa. No se sabe qué ve en el hobbit para escogerlo, y no se aclara después, sino todo lo contrario, con frases crípticas como la de “lo escogí porque tengo miedo”. La llegada de los enanos se sintetiza muy bien, con un toque de humor bastante conseguido, pero la estancia en casa de Bilbo se eterniza, se alarga, se alarga y se alarga hasta el infinito (incluso con un par de canciones introducidas con calzador). Y todo ello, de nuevo, para mostrar algo que cabía en muchos menos minutos, que hubiera funcionado mejor de forma más directa y contundente. Además debemos soportar la escenita de la vajilla, donde los enanos hacen alarde de un poder mágico que no sé de dónde sale: son capaces de hacer levitar objetos. También cabe preguntarse cómo Bilbo tiene tal despensa (con mucha comida perecedera) si vive solo.

En medio del camino aparece la extensión de la historia de El hobbit tomando datos de los apéndices que acompañan a algunas ediciones de El Señor de los Anillos, pues la obra de Tolkien era algo que siempre estaba creciendo y varias historias paralelas a El hobbit que enlazan con El Señor de los Anillos se relatan o extienden en ellos. Es una decisión que entiendo e incluso aplaudo, pues da más fuerza a una novela muy sencilla y enlaza bien con la anterior trilogía; otra cosa claro está es el resultado.

Presentan a Radagast y éste al mal que asola el Bosque Negro (antes Verde) en una posible forma de nigromante. La introducción del mago en boca de Gandalf funciona (oh, sorpresa, diálogos correctos que llevan a algo tangible), pero Radagast es un risorio, una especie de Jar Jar Binks hiperactivo o drogado (¿la frase “el abuso de setas le nubla el juicio” es un chiste buscado a propósito o sale sin querer de los cutres diálogos?). La parida del nido en la cabeza, con las cagadas colgando por la cara, o la chorrada del carro tirado por conejos ponen de manifiesto otro problema que ya se intuía con la escenita de la vajilla: ¿pero esto es para adultos o para niños? Peter Jackson no es capaz de decidirse, e incluye salidas de tono demenciales en un contexto inadecuado, en un fallido intento de llevar el tono de la anterior trilogía pero ser fiel a una novela muy infantil. Como siempre, va sobre la marcha, improvisando como bien se le ocurre. El resultado es que de una escena sacada de Disney pasa a otra con monstruos escalofriantes y amputaciones, guardando ninguna coherencia estilística.

Otra prometedora inclusión de la historia de la Tierra Media es el relato sobre el destino de los enanos y de la familia de Thorin, una epopeya bien mostrada entre el prólogo y un inciso posterior que aporta un llamativo poso a la personalidad del enano. Estos añadidos otorgan al relato un aura de complejidad con un tono épico lleno de potencial que ya veremos si se desarrolla bien en el conjunto de la nueva trilogía. Como aspecto negativo, de nuevo la exposición de tanta información no se hace correctamente, pues el desenlace de la batalla y sus consecuencias no quedan muy claros.

Seguidamente, el encuentro con los trols cabría esperar que serviría para definir el rol de Bilbo en el grupo y hacer que ganase prestigio, pero ya sabemos que Jackson no permite que sus personajes avancen o evolucionen gradualmente, sino que deben hacerlo de golpe al final, así que toda la escena, todo el ingenio del hobbit, no sirve para nada. Y claro, cabe preguntarse entonces por qué se incluye una secuencia tan larga si no aporta nada al desarrollo de la aventura y sus protagonistas.

Hablando de tiempo mal empleado, por alguna razón que se me escapa Jackson decide meter una persecución con orcos y huargos. En el trajín, en un sorprendente e inesperado (por inteligente) apunte de guion Gandalf lleva a los enanos a Rivendel con disimulo, pues eran reticentes a ello. Sin embargo, el proceso es un tanto confuso debido a la errónea elección de la localización, del paisaje. Por otra razón incomprensible decidieron rodar en los parajes destinados en la anterior trilogía al país de Rohan y los jinetes de Theoden y Eomer. Y claro, cuando aparecen los jinetes elfos la gente que no ha leído los libros (comprobado por mí mismo cuando la vi en el cine) se pregunta por qué hay elfos allí, o por qué los enanos van por ese camino, y por qué a través de una cueva llegan repentinamente a Rivendel. En otro momento sorprendente vemos que hay elfos y música en Rivendel, siendo esta la única corrección que ha realizado Jackson sobre sus errores. Igualmente, el contraste de los rudos enanos con los delicados elfos y los chistes con la comida son el único momento humorístico que funciona, que no resulta estúpido. Por el contrario, la forzada y casual revelación de las runas en boca de Elrond resulta muy precipitada a pesar de su importancia, amén de exagerada: ¿era necesario tanto enredo con la piedra blanca y los rayos de luna?, ¿no podía colarse mejor la casualidad de la fecha?

Si Radagast presenta el asunto del mal que regresa, cosa que no quedaría mal si no fuera por su estulta presencia, en Rivendel se forma un repentino concilio de sabios que ahonda en el tema. Un concilio que no sabe de dónde sale, pues no se explica cómo ni por qué se reúnen, y que vuelve a poner de manifiesto la falta de calidad de los diálogos y de la exposición de la trama. Las explicaciones de Elrond metidas a golpes (y reinventando la historia del Rey Brujo de mala manera) y la fallida presencia de Saruman muestran como Jackson desconoce el término sutileza, dando unos instantes que provocan vergüenza ajena. Lo peor de todo es como pone de malote y cabezón a Saruman, como si fuera gilipollas perdido, en otra de esas técnicas que Jackson emplea a menudo: rebajar un personaje para ensalzar a otro, pues Gandalf es el protagonista y debe quedar como el listo que resuelve las cosas. Otro elemento difícil de entender es la confabulación entre Galadriel y Gandalf, poco explicada, sin razones ni destino claro. Además, aquí se da una de esas escenas sin pies ni cabeza que aparecen de vez en cuando, cuando Jackson se levanta creyéndose Uwe Boll: ¡Galadriel es un holograma o se teletransporta!

Partiendo de Rivendel pareciera que nos lanzábamos al desenlace de la cinta, con el conflicto con los orcos bajo la montaña, pero de repente nos vamos a un anexo delirante que no aporta nada excepto tirar por los suelos definitivamente la credibilidad de la aventura. Los gigantes de piedra son el colmo de la catástrofe que supone tener a un patán como Peter Jackson en las riendas de este proyecto. Tanto por contar, tantos protagonistas que necesitan mejorarse, tanta magia en historias y personajes disponible… y se monta una escena mastodóntica de montañas que se tiran piedras mientras los enanos están agarrados a las rodillas de los colosos. Y no se caen, y no les cae ningún cascote en la cabeza; se producen choques entre estas moles capaces de producir terremotos y nadie resulta aplastado ni herido. Y por si no hemos tenido suficiente, venga, pongamos a los personajes a punto de caerse por un barranco al final de la escena, sin venir a cuento, o quizá pensando que después de tanto efecto especial habría que meter de una vez por todas a los protagonistas en acción.

Diez minutos soportando esta parida indescriptible me sacó por completo de la película, y menos mal, porque de aquí en adelante la narración se sumerge aun más en este fatídico sendero. Como decía al principio, Jackson se vio con rienda suelta para explotar todas sus locuras. Las memeces de Legolas con el olifante en Pelennor o las paridas de Aragorn y Gimli acabando con orcos enormes como si fueran de papel en Helm son poca cosa comparado con lo visto en el tramo final de esta entrega. Y aquí no puedo sino preguntarme: ¿con Guillermo del Toro hubiéramos visto algo más maduro y centrado?

Cuando por fin son capturados por los orcos… bueno, cabría esperar un clímax final de infarto, con un escenario espectacular, unos enemigos temibles y con los personajes inmersos en situaciones extremas de forma que el espectador sudara de lo lindo, pero nada de emoción emerge de unas escenas tan aparatosas, exageradas y rebuscadas que resultan absurdas. Y en lo que a mí respecta me parecen incluso insultantes a la inteligencia del espectador: ¿pero qué pasa en el cine actual que todo tiene que ser lo más rebuscado e increíble, dónde está la carga dramática, la vivencia de los protagonistas y la conexión de estos con el espectador?, ¿por qué el público se traga tanto fuego artificial vacío? En fin, que no puedo entender cómo tanta parida acumulada puede resultar interesante. ¿El destino de los enanos? Me importa bien poco, porque no se pone esfuerzo en hacer que su situación resulte trascendente, sino que se gasta el esfuerzo en criaturitas digitales y escenas de acción imposibles. Los puentes colgantes infinitos (ahora resulta que los orcos son unos currantes de la hostia), los enanos que machacan orcos como si fueran maniquíes indefensos con técnicas surrealistas una detrás de otra (el ariete, los saltos entre puentes, los andamios móviles -qué cansino Jackson con esta tontería-)… Todo minuto de metraje desde que entramos en la cueva es un videojuego hortera sin sentido narrativo ni emotivo alguno. Hay momentos cumbre que rompen los esquemas de lo increíble y absurdo y llegan al más absoluto ridículo, como la caída de un andamio, con los enanos agarrados, por cientos de metros de barrancos. Digno del peor cine cutre. Y la cosa no acaba ahí, porque la escena del árbol que se cae o no se cae… qué largo y penoso, cuánto malabar rebuscado, cuánto se fuerza la credibilidad. El tacto y comedimiento de Jackson en las escenas de acción es nulo, y el resultado es grotesco. Y la emoción, cuando debe aparecer obligatoriamente con el duelo de Thorin… pues no lo hace, porque todo el envoltorio es esperpéntico.

Por fin llegan las águilas al rescate. Para una cosa que se podrían haber ahorrado, para algo que podrían haber mejorado con respecto al original… ¿Por qué no los llevan un poco más allá, por qué no los sueltan cerca de la montaña? Las águilas-taxi con limitación de viajes sobran en el libro, en la película no digamos. Y para colmo la escena del vuelo se extiende y extiende durante interminables minutos sin propósito tangible alguno.

Pero entre todo este galimatías de ruido sin sentido hemos tenido el encuentro de Bilbo con Gollum, para muchos lo mejor de la película y una muestra clara del problema del resto del tramo final. ¿Por qué? Pues porque Bilbo y Gollum ofrecen una secuencia de guion y personajes, con diálogos sólidos con sentido y objetivo, con fuerza dramática capaz de despertar emociones en el espectador (y muchas: miedo, rechazo, tensión… pena, lástima, alivio…). El final de esta parte, con Gollum desolado y Bilbo azotado por la lástima, es muy triste. Una pena sin embargo que la concepción de Gollum siga siendo exageradísima, con esas dos personalidades tan evidentes y el tono malogrado de secundario cómico aún latente en algunos instantes.

El cierre de la aventura mediante un final con explicación-lanzamiento del siguiente capítulo resulta sorprendentemente bien ejecutado, viendo lo mal que terminó Jackson las otras entregas. Y la visión del Bosque Negro con la Montaña Solitaria al otro lado está mejor recreada que los planos del estilo en la otra trilogía, donde todo parecía estar a doscientros metros de distancia.

Con una película tan larga y tanta exposición de personajes cabría esperar unos protagonistas de gran nivel, de gran fuerza, pero Jackson ya dejó bien claro en El Señor de los Anillos que escribir personajes es uno de sus puntos más débiles. Con tal poso (novela, películas previas y cantidad de contenido llevado a la pantalla) era prácticamente imposible tener unos protagonistas horribles, pero joder, era facilísimo tenerlos enormes, y no lo consigue.

Bilbo Bolsón no es mal rol. Al menos, su evolución lleva a alguna parte y tiene sentido, cosa que no se puede decir de Aragorn o Frodo, por ejemplo. Sus problemas por la pertenencia al grupo le llevan a actuar de una forma u otra, sus dudas y temores son claros y consistentes, y su maduración evidente. Pero todo está un nivel bastante superficial y ligero, con lo que no veo que tenga la fuerza suficiente para sostener todo el relato: su indecisión y pasotismo se alargan demasiado, sus vivencias no me llegaron con fuerza ni en los momentos cumbre. Con decir que la breve presencia de Bilbo en La Comunidad del Anillo me llena mucho más…

Thorin Escudo de Roble tiene un gran trasfondo que le otorga un potencial enorme, y aunque va bien encaminado (es tan arisco y altivo con en libro, da instantes interesantes, como Gandalf cabreándose con él) poco da de sí y en momentos cumbre, en la habitual incoherencia de Jackson con los personajes, incluso se estropea. En el desenlace, cuando más debe ofrecer, resulta que es tonto del culo: se lanza a por el orco albino como un demente. Y por si fuera poco empeora con otra de esas escenas típicas donde para reforzar un personaje (Bilbo rescatándole) se cisca por completo en otro: qué forzada resulta la derrota del enano, qué patán resulta cuando hasta ahora parecía una gran figura; para rematarlo casi llora como una nenaza al pedir perdón a Bilbo y aceptarlo en el grupo. De nuevo, lo sutil e inteligente no va con Jackson, sino lo cutre y directo. Como indicaba más atrás, cuando fin llega la evolución de Bilbo y Thorin ésta resulta forzada, repentina y bastante incoherente con lo visto anteriormente, hiriendo la concepción de estos personajes principales. Nada nuevo, y por lo que veo la gente está acostumbrada y le da igual que los protagonistas sean amalgamas sin sentido ni coherencia. Con todo, aun contando con este bajón Thorin es un rol más que aceptable, pero queda lejos del nivel de Boromir y Gandalf en La Comunidad del Anillo.

Gandalf el Gris, sea por eso de entrar y salir del relato, queda un poco en segundo plano, pero se muestra bien que se mueve por un plan y unos temores concretos (algo que faltaba en Gandalf el Blanco en Las dos torres y El retorno del Rey). Galadriel, Saruman y Elrond quedan relegados a figurantes no muy bien empleados, y destacaban más en La Comunidad del Anillo. El resto de enanos pinta bien poco, algo no muy entendible dado el metraje con el que cuentan; qué difícil es ver hoy día grupos amplios de protagonistas donde hasta secundarios muy secundarios son bien definidos. Y ya he mencionado a Gollum más arriba.

En los enemigos, si bien se contaba con la presencia del Rey Trasgo, se añade también a Azog, inspirado en cierta manera en la obra de Tolkien pero con presencia muy ampliada. Sin duda pensaron que los enanos debían tener un enemigo más focalizado, algo lógico, y lo cierto es que el orco albino es imponente y se introduce muy bien en la narración. El Rey Trasgo sin embargo es otro cantar. Su dicción perfecta y sus diálogos inteligentes… si aceptamos que hay orcos más sabios cabría esperar que efectivamente lo fuera, y que en consonancia con su posición fuera también un gran y temible líder… pero parece un personaje de Disney (sensación amplificada por su aspecto de dibujo animado), un villano cómico inaguantable que se complementa además con el orco mensajero digno de Harry Potter. Es el remate de todo el desastre que supone la parte de las cuevas.

En cuanto a las labores de producción, como era esperable Jackson se rodea de un gran equipo técnico que recrea la Tierra Media mediante una dirección artística notable, un vestuario magnífico, un maquillaje sobresaliente, unos decorados de nivel, una música muy correcta… Recalco que el vestuario resulta exquisito y el maquillaje excepcional: los orcos son impresionantes (y a su lado los digitales quedan fatal) y los enanos se distinguen perfectamente, de hecho mi temor a que algunos parecieran humanos o hobbits por no tener tanta barba ni enredos desaparece al verlos en movimiento.

Sin embargo, otros muchos de estos elementos están algo limitados, y no por cuestiones de calidad, sino porque al extender tanto una novela sencilla y nada abultada se produce otro fenómeno: la falta de contenido real, de puntos cumbre, implica que la magia de la Tierra Media se diluye mucho. Únicamente vemos La Comarca y Rivendel, ya conocidos, y las cuevas de los orcos, nada llamativas. En la anterior trilogía cada paso abría una puerta a un nuevo lugar, civilización o grupo de personajes más o menos maravilloso y fascinante. Aquí sólo hay una partida de enanos andando y corriendo por el campo. Por ello, hay poco donde estos elementos puedan destacar. Se vislumbra la grandeza de los decorados en el prólogo, con Erebor y la Montaña Solitaria, pero poco más. Con la música de Howard Shore ocurre lo mismo: apenas hay donde explayarse, sólo el tema de los enanos es nuevo, el resto son sonidos ya conocidos, porque el relato lo exige, que están además demasiado utilizados, porque Jackson se empeña en sobrecargar de música todas las escenas.

Y uno de estos elementos presenta un fallo importante muy visible: los efectos especiales no lucen. Con el tiempo que ha pasado desde la trilogía de los Anillos (diez años) y el presupuesto descomunal del que disponían no es perdonable que los efectos digitales y la escenificación de muchos instantes muestre una calidad tan ajustada, tan poco destacable, con momentos puntuales en los que directamente resulta bastante pobretona. Lo único digno de mención es de nuevo Gollum, pero como ocurrió en los episodios precedentes da la sensación de que echaron ahí todo el dinero y el resto parece inacabado. El diseño de los huargos ha mejorado, pero su recreación digital no. Los orcos digitales se quedan a años luz de los conseguidos con maquillaje (el Rey Trasgo es horrible), el acabado visual de las escenas con mucha digitalización canta sobremanera, sea por los colores falseados, la oscuridad forzada (siempre se hace de noche cuando hay mucho efecto digital que mostrar) o la falta de credibilidad en los movimientos (los enanos digitales son súper ágiles, los reales torpes y lentos). Igualmente, tenemos algunas transiciones mediocres de imagen real a decorado o digital, como cuando huyendo de los trasgos y de la aparición de los elfos los enanos se meten en una cueva: el decorado de la hendidura y la iluminación (juraría que añadida en postproducción) cantan muchísimo. Los efectos especiales deberían ser una herramienta para complementar la narración, cuando se convierten en la narración en sí, sin nada más detrás… pues el resultado es el que vemos aquí: artificio ostentoso sin contenido ni sentimiento.

Y gran parte de la culpa la tiene sin duda Peter Jackson con su pobre forma de rodar, pues sigue siendo incapaz de otorgar a la dirección un estilo fluido, uniforme. Volvemos a encontrar innumerables planos aéreos que saltan a primerísimos planos y secuencias de batalla que se componen de un plano cerradísimo lleno de caos donde no se ve nada y otro lejano creado digitalmente, sin mostrar visos de planificación, ni escenificación, ni uso sabio del montaje. Todo se hace a base de los citados apaños e improvisaciones en la sala de postproducción. Las batallas son el momento cumbre de tal desatino y falta de calidad y experiencia, pero hay otros instantes que provocan vergüenza ajena: por ejemplo el concilio de Rivendel… paraos a mirar la escena, está fatalmente construida. No puedo hablar del 3D, que no me interesa, ni de los 48 fotogramas por segundo, que sí prometen bastante.

Sobre los actores, no encuentro figuras que destaquen como lo hicieron algunas en las anteriores partes (Ian Holm, Ian McKellen, Sean Bean). Richard Armitage (Thorin) está bastante bien, mostrando con tino un personaje lleno de rabia y tensión, pero no termina de conseguir una gran interpretación. Ian McKellen (Gandalf) está con el piloto automático puesto (y por cierto, se nota un montón su edad). Ken Stott (Balin) cumple como el único enano secundario con protagonismo. Y dejo para el final a Martin Freeman como Bilbo, a quien considero un actor excelente que aquí está bastante descentrado. Seguramente será por las directrices de Jackson a la hora de abordar el personaje (también es un pésimo director de actores, como demostró en la anterior trilogía), pero la sobreactuación llena de histrionismos y amaneramientos me parece excesiva, con momentos vergonzosos (por ejemplo, cuando recorre la casa temiendo que los enanos no se hayan ido). Y el doblaje como siempre empeora cualquier sensación, porque precisamente la voz peor elegida es la que ponen a Bilbo, mientras que el resto están bastante acertadas.

En lo relativo a la fidelidad hacia la novela sin duda lo es más que El Señor de los Anillos, pero porque El hobbit es muy simple y lo único que hace Jackson es seguir su esquema, añadiendo francamente bien (para lo esperable por este autor) temas de los apéndices. Y Bilbo, Thorin y Gandalf no salen muy mal parados, como decía. Pero en varias ocasiones se pierde en los excesos habituales: la presencia de Saruman escuece, Thorin tiene ese bajón enorme al final y queda por ver si en los dos próximos episodios dará tumbos como Aragorn, las escenas de acción hipertrofiadas cambian la aventura fantástica por el videojuego sin credibilidad…. Además, de nuevo Jackson sigue pensando que ser fiel significa mencionar cosas que no pintan nada aquí, como Gondolin, Ungoliant o los cinco magos (dos no aparecen nunca, pero los menciona Gandalf, con lo que el espectador podría esperar algo de ellos), en vez de centrarse en perfilar mejor a los personajes y sus aventuras. También hay que recalcar el fallido tono que oscila entre infantil y adulto, que enrarece considerablemente la película y la adaptación: por un lado me alegro de que huyera del excesivo estilo infantil de la novela, pero si lo haces, hazlo por completo, no metas ramalazos absurdos como Radagast y sus animalitos, que desentonan muchísimo.

Ver también
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

El retorno del rey


The Return of the King, 2003, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 251 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler, John Noble.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion (personajes, incoherencias, equilibrio narrativo), dirección (tosca, irregular).
Mejores momentos: Sam y Frodo en las faldas del Monte del Destino, tanto en el ascenso como en el descenso.
Peores momentos: Toda aparición de Aragorn. La lluvia de calaveras. Los muertos verdes fluorescentes. La muerte de Denethor. Las almenaras. Legolas y el olifante.
El plano: Frodo y Sam en las faldas del Monte del Destino rodeados de lava.
La frase a destacar: No puedo llevarlo por usted, pero puedo llevarlo a usted junto con él -Sam.
La frase a repudiar: ¡Ese cuenta como uno! -Gimli.

* * * * * * * * *

Más que en Las dos torres resulta evidente que Peter Jackson trabajó casi sin guion, siguiendo el libro sobre la marcha mientras rodaba reescribiendo escenas a diario y cambiando de idea sobre tramas y otros aspectos con la cinta a medio terminar (todo esto se puede ver claramente en los extras, por si alguno no lo nota en la propia trilogía). En una película tan compleja, esto es sencillamente impensable, insostenible, incomprensible. Así pues, la trama carece totalmente de rumbo y consistencia, se apelotonan escenas unas detrás de otras sin coherencia ni equilibrio y se dilata el avance de la narración de forma fatídica, haciendo que el ritmo, a pesar de haber mucha acción y unos cuantos momentos impresionantes, sea tan tosco que el abultadísimo metraje se hace eterno e insoportable. Y todo lo que iba venía mal en cuanto a la adaptación aquí explota por todos lados. Los personajes son irrisorios e irreconocibles y la atmósfera de la novela no se halla por ningún lado o está completamente deformada, sólo se reconoce de ella los nombres de protagonistas y lugares.

Empezamos con un prólogo dedicado a Gollum que, como es habitual, resulta excesivo, por largo, por simple y por explícito. Como si no hubiera formas más hábiles y breves de mostrar esa historia sobre el personaje, y como si sirviera de mucho, puesto que no añade ningún matiz notable a una personalidad que no pasa de representar al loco gracioso en vez del ser miserable y lamentable de las novelas. Además, como se ve que Gollum gustó a la gente, aquí se alargó su presencia y se infló aún más su cansina doble personalidad, con escenas larguísimas para lo poco que dicen y con recursos paupérrimos (la cámara moviéndose a cada lado de la cara, como si fuéramos tontos y no supiéramos cuál es cada personalidad, la escenita en que mata un bicho…).

A continuación nos vamos a uno de los despropósitos más notables y criticados (incluso por el propio Christopher Lee, y no sin razón): la muerte de Saruman es de risa. Que el villano principal de media saga se elimine con tan poco tacto es imperdonable. Y por si fuera poco en la versión de cines ni siquiera se incluía su última escena, dejando ahí un agujero de guion enorme (y no es el primero, recordemos el caballo de Aragorn). Le siguen otras secuencias tan mal escritas que resultan lamentables y funcionan de manera muy pobre como transición de la parte de Rohan a la de Gondor. La fiesta con un Legolas de nuevo convertido en superhéroe (¡con el poder de no emborracharse!) y capaz de sentir a Sauron (¡ni Gandalf lo hace!), la visión de Pippin en la Palantir como justificación-apaño para hacer avanzar la trama y los diálogos en los que intentan convencer a Theoden para que haga algo (otra película más donde sigue siendo gilipollas perdido) dan vergüenza ajena.

No menos horrenda es la persistente manía de meter a Arwen y más Arwen en un relato ya de por sí demasiado largo. Por fin van a incluir la espada de Aragorn en la historia, es decir, por fin parece que le van a endosar a este paria su destino, pero se hace de forma que parece otro apaño de último momento (y van…). Y para rematar el despropósito de nuevo tenemos elfos paseando por media Tierra Media: ¿qué pinta Elrond yendo hasta Rohan, por qué no ha ido antes, por qué abandona a su gente en esos momentos (si es que vive alguien con él, que no lo parecía), y por qué luego vuelve a desaparecer?

Pero no se queda ahí la cosa con el tema de Aragorn y familia. Más adelante resulta que el destino de Arwen está ligado al del Anillo. ¿Esto qué es? ¿De dónde cojones sale? Enorme y sorprendente giro de acontecimientos (nótese la ironía) para seguir haciendo malabarismos para mantener el dichoso personaje en la película. Es impresionante la cantidad de recursos y la capacidad para ser fieles hacia las novelas y coherentes en la propia película la que muestran los guionistas (nótese de nuevo la ironía, por si no era evidente). Y por supuesto todo esto se orquesta con escenas que duermen a cualquiera y con Liv Tyler torturándonos con una interpretación esperpéntica. Pero sí, parece que por fin Aragorn acepta quién es y su destino, y se va a buscar unos fantasmitas que se esconden tras cataratas de calaveras. Esta última es probablemente la escena más estulta de toda la saga, y las hay bien penosas, y además uno se pregunta por qué con todo lo que había para contar no eliminan este pasaje tan fácilmente sacrificable, más aún cuando su resolución es espantosa, pues la marabunta de muertos que salva Minas Tirith es un recurso torpe y feo (tanto en lo argumental –anticlimático total- como en lo visual –indescriptiblemente cutre-) que además genera otro error de guion inmenso: ¿por qué los liberan?, ¡podían haber acabado con todos los ejércitos de Mordor en unos minutos!

La presentación de Minas Tirith se realiza con acertado esmero. El lugar se muestra en una secuencia larga con buen uso de efectos especiales y una pletórica banda sonora. Sin embargo debo decir que es el elemento del diseño artístico más desacertado, pues no refleja en absoluto las descripciones de las novelas. En el universo de Tolkien es una gran ciudad amurallada en siete niveles, una muestra del apogeo de la civilización de los hombres, llena de mansiones y belleza y con una población importante en sus buenos tiempos. Lo que se muestra en la película es un castillo o fortaleza, grande para ese tipo de construcciones pero ni por asomo una ciudad, pues posee cuatro casas estrechas y nada de grandeza. Y mantiene los siete niveles por cumplir, porque los tres últimos es como si no existieran, ocultos en una verticalidad imposible y antiestética.

La aparición de Denethor funciona también, pero porque el actor John Noble borda el papel de tal manera que una sola mirada acojona. Por unos instantes se ve al Denethor de Tolkien, una figura imponente capaz de hacer frente a alguien tan poderoso como Gandalf. Sin embargo es un espejismo, porque pronto se ve que el personaje se ha caricaturizado como tantos otros. Y su relación con Faramir se afila y amplía en exceso. Faramir, quien tras chupar metraje en cantidad en Las dos torres aquí no aporta casi nada, sólo esa misión suicida que mete más metraje innecesario. Luego se olvidan de él, y aparece al final de refilón con Eowyn, y quien no se haya leído los libros no entenderá qué pasa ahí. Con lo hermosas que eran las escenas en que se enamoran… y se podían haber metido perfectamente en vez de esos paseos innecesarios a Osgiliath y ese Pippin cantando bobadas.

Una de las mejores partes de la cinta, aunque por desgracia breve, es la llegada de Frodo y Sam a Mordor. El paso por Minas Morgul es espectacular, con la inquietante salida del ejército y el líder de los Jinetes Negros (el Rey Brujo, con un feo yelmo que no le hace justicia). La aparición de Ella-Laraña no es menos impresionante, otro instante donde se lucen con los efectos especiales y la música, aunque se queda como un capítulo interesante suelto entre dos fallos garrafales. El primero es la partida de Sam, que abandona a Frodo en el momento de mayor necesidad. Se cargan de un plumazo al fiel personaje, destrozan sin miramientos todo lo que han construido con él, y todo para crear un penoso momento de expectación o tensión; como si la araña fuera a ser menos interesante si entran los dos hobbits juntos. También es ridícula la escena de Galadriel “levantando” a Frodo, otro flipante recurso del genial Jackson. Pero más gordo es el segundo aspecto problemático que quería citar: estamos todavía en media película y estos dos hobbits apenas han avanzado. Según dicen los guionistas, dejaron Ella-Laraña para la tercera parte porque en la segunda no les cabía y al parecer aquí no tenían material suficiente para la trama de Frodo. Pero se ve rápido que es falso, que la quitaron forzosamente porque allí les sobraba después de perder el tiempo con los paseos con Faramir y ahora aquí tampoco pueden encajarla muy bien, pues para forzar su inclusión se ven también forzados a quitar metraje de otra parte. Y esa parte es ni más ni menos lo mejor de toda la novela: casi todo el trayecto a través de Mordor desaparece, y sólo se ven escenas fugaces en la versión extendida. Cuando se unen al pelotón de orcos en el libro se te cae el alma al suelo, aquí casi ni te enteras, resultando así el enésimo despropósito propiciado por la falta de planificación y de guion.

Y hablando de media película, todavía no ha partido Theoden. Otra vez se hace evidente lo que le cuesta a Jackson hacer avanzar los personajes y las tramas. Cuánto metraje abultado o directamente innecesario nos hemos comido hasta que parece que por fin va a pasar algo. Aunque no se sabe por qué ahora sí decide ir, pues simplemente lo hace. Como todos los personajes: no quieren pero lo hacen. Toma evolución y conflicto interno de calidad. En fin, que para se mueva de una vez tenemos que tragarnos la escena de las almenaras, esas que llegan hasta el corazón de Rohan y se ven desde los aposentos del Rey (tras recorrer medio continente): ¡tienen espías oteando desde una montaña al lado de la corte y les da igual! Al menos la música es de gran belleza. Y bueno, lo de partir no es definitivo: aún hay un montón de escenas que dicen más bien poco, como reuniones de ejércitos que se podrían haber resumido o el intento de dar interés y misterio a la partida de Aragorn por los senderos de los muertos.

En Minas Tirith estamos ya en pleno asedio. Como ocurrió en el asalto a Helm, hay algunos buenos momentos logrados gracias al equipo técnico (música, vestuario, efectos especiales, sonido…), pero en general el potencial de la situación está notablemente desaprovechado cuando no destrozado por completo por el inútil del director. Así, el asedio y la batalla son un conglomerado inestable de quieros y no puedo. La tensión y espectacularidad latentes se echan a perder por el nulo comedimiento del director a la hora de abordar la batalla y su incapacidad para planificar el desarrollo de las secuencias. Las catapultas increíbles (lanzan trozos imposiblemente grandes de castillos o casas), la Minas Tirith que se cae a cachos cual castillo de naipes (¿esta es la gran ciudad de los hombres que resiste durante siglos?) y la exagerada y ridícula aparición de los olifantes se contraponen torpemente a la efectiva tensión creada en el previo al combate, la asombrosa aparición del ariete acompañado de unos coros impresionantes (los efectos sonoros dejan sin aliento) y el acoso de los Nazgul con el inmejorable acompañamiento de la ostentosa y gloriosa música de Howard Shore.

Las tramas que se desarrollan durante la batalla son todas el desastre en su máximo esplendor, la catástrofe definitiva. El caos de secuencias es abrumador. Sí, por ritmo alocado y ruido constante hay algo de acción y espectáculo, pero es una mezcla de morralla incoherente cuando no totalmente hueca. La llegada de Theoden con un innecesario discurso (vaya forma de destrozar por completo la ventaja del factor sorpresa) y unos efectos especiales que dejan bastante que desear (ésa es otra: los efectos han bajado de nivel de forma alucinante, por el abuso de los mismos y las prisas por acabar a tiempo), la aparición de Aragorn con los muertos fluorescentes, las frases infantiles de Gimli y las salidas de tono incomprensibles con súper Legolas (lo del olifante va al olimpo de fantasmadas que no vienen a cuento ni encajan lo más mínimo en la película: ¿por qué Legolas tiene esos superpoderes?)… Tenemos también la absurda conversación de Gandalf con Pippin sobre las Tierra Imperecederas, un interludio que rompe toda la tensión y que no se entiende: ¿por qué le habla de algo que nunca va a ver, por qué meten algo que ningún no lector puede entender? No menos incongruente y molesta es la escena de Gandalf con el Rey Brujo (otro de los grandes momentos de la novela tirado a la basura), que resulta estúpida de narices: si Aragorn venció a varios Nazgul sin muchos problemas en La Comunidad del Anillo, ¿cómo es que Gandalf se acobarda y pierde ante uno? También dolorosamente desaprovechada está la confrontación entre Eowyn y el mismo Rey Brujo (mi momento favorito de la novela, donde resulta sobrecogedor), combate que resulta torpe, intrascendente y que encima se corta negligentemente en su mitad porque sí para luego retomarlo cuando ha perdido la poca fuerza que tenía. Y no menos triste es que se olviden de la caída de Eowyn y su posterior curación con el mencionado enamoramiento con Faramir (en la versión extendida apañan cuatro planos para tratar de incluirlo, pero queda fatal). Y finalmente, para seguir jodiendo personajes se termina de destrozar el carácter de Denethor, con su muerte propia del cine cutre, que resulta peor que la de Saruman, de un nivel que no soy capaz de describir: el tío recorre quinientos metros envuelto en llamas, y el plano que sigue su caída y enlaza con la batalla debe ser producto de alguna droga, porque no puedo creer que semejante parida se realice estando sobrio.

Como maravillas posteriores a la batalla disfrutamos con el golpe de estado de Gandalf con el que toma Gondor a su antojo para ceder el poder a Aragorn. Sorprendentemente el pueblo no se queja, pero qué más da, aquí no se explica nada. Y la escena en que Aragorn vacila a Sauron por la Palantir da risa. Se rematan estos involuntarios momentos cómicos cuando Gandalf de repente se da cuenta de que enviar a Frodo a Mordor es un suicidio… ¿Ahora saltan con esas? ¡Pero si era el plan!

Todo lo que acontece en adelante parece más forzado que nunca, puesto ahí por obligación porque sale en el libro, sin que supieran entenderlo y manejarlo debidamente. El desenlace de las tramas principales resulta anticlimático comparado con la batalla central. Falta la creación del ambiente adecuado de tensión y desesperación en la escena ante la Puerta Negra, y el abuso de flojos efectos digitales empeora la situación, porque acaba siendo todo demasiado irreal y exagerado. En fin, que se acumulan tantas barbaridades sin sentido que merecen ser analizadas una a una:
-Esos planos de pocos hombres rodeados por millones de enemigos ante Mordor son espantosos, y se remata con ese ridículo terremoto selectivo que sólo se carga a los malos.
-Aragorn matando porque sí a un emisario, Boca de Sauron: ¿éste es el rey de los hombres, este mercenario sin escrúpulos ni honor? Menudo insulto hacia el libro.
-El trol que ataca a Aragorn a cámara lenta resulta una escena inconexa, desubicada, porque en realidad era Sauron y no un trol quien aparecía a pegarse guantazos. Jackson se rajó por la presión de los fans, no porque careciera de sentido en la película (¿no se suponía que en la visión del neozelandés Sauron era un ojo?) y fuera una cagada enorme como adaptación.
-El infame Sauron-faro es una estupidez antológica que no hay manera de describir. Ese Sauron que se suponía que no tenía forma pero sí tiene forma de ojo (que me expliquen la lógica de esto), como un cartel luminoso y hortera encima de una torre. Otra vez no entendieron nada de lo que leyeron: Sauron tiene forma humanoide, claro que la tiene, y está en su torre dirigiendo sus ejércitos. Para rematar la jugada tenemos a Frodo atrapado por la luz (un haz de tracción digno de Star Trek) y luego soltado porque sí cuando aparece la tropa de Aragorn en la puerta. ¿Es que Sauron es monotarea? ¿Y hemos de suponer que no ha detectado amenaza en Frodo? ¿Y el hobbit es tan memo como para pasearse por delante de un ojo gigante?
-El diseño de estos dos seres (Sauron y Boca de Sauron) resulta otra gran muestra de que Jackson no comprendió nada de las novelas y se tomaba cada frase de forma literal: si el poder de Sauron lo representaba Tolkien como un ojo que todo lo ve cuando ataca las mentes de sus víctimas (en especial a quienes llevan algún anillo de poder), pues lo convertimos literalmente en un ojo (con todas las incongruencias citadas que eso genera); que uno se llama Boca de Sauron, pues lo hacemos de forma que se le vea sólo la boca. Ridículo, ridículo.

Pero en estos momentos también tenemos las escasas escenas salvables de la película: Frodo y Sam en el Monte del Destino. El ascenso (Puedo cargar con usted), la lucha en el interior (¡qué música!), la aceptación de la llegada del final cuando la lava les rodea es un oasis de belleza y emoción entre un sin fin de meteduras de pata. Si el resto de la película hubiera mantenido ese nivel de sensibilidad, intensidad narrativa y fidelidad…

Con la habitual incapacidad de Jackson para resumir, para mostrar cosas con una o pocas escenas, los epílogos y despedidas se alargan hasta el infinito. Se empalman de mala manera, de forma que parece haber muchos finales, y todos son tan lentos y forzadamente sensibleros que este tramo se eterniza. Algunas secuencias no aportan absolutamente nada, como ese Sam al que casan sin venir a cuento, claramente para esquivar los comentarios de que Frodo y Sam serían homosexuales (típicas tonterías infantiles a las que no hay que hacer ni caso, pero ya se sabe que Jackson se empeñó en tratar de contentar a todas las voces). Y en qué cabeza cabe eliminar el saneamiento de la Comarca, una de las mejores partes de la novela y un final sublime, pero dejar la parte de los Puertos Grises, que resulta confusa e innecesaria sin un contexto adecuado. Vamos, que eso sí sobraba en la adaptación. ¿Por qué se van? ¿Adónde? ¿Al cielo o paraíso o de vacaciones? ¿Para qué salvan la Tierra Media y se largan? Todo tan mal explicado, puesto ahí porque sí, que por enésima vez me pregunto si Jackson se enteró de algo de lo que leyó en la novela y cómo puede ser tan mediocre guionista y realizador. Es más, me pregunto qué cara se les quedaría a los no lectores al ver un epílogo tan incomprensible.

Decía que la labor de dirección en La Comunidad del Anillo no pasaba de normalita, pero al igual que ocurre con el guion, cuando la historia ganó en complejidad en las dos siguientes entregas se hizo patente la poca experiencia de Peter Jackson. Su dirección es plana, escasa en recursos (repite clichés y tics insoportables, como los primeros planos a cámara lenta o las falsas muertes -no sabe sacar drama de escenas sencillas si no es con sensacionalismo barato-) y poco hábil a la hora de unir distintos tipos de narración (conversaciones tranquilas, acción y efectos especiales). Se pasa de excesivos primeros planos a excesivos planos aéreos (¿cuántas veces hemos visto Isengard desde el aire?) sin una conexión eficaz, con lo que la película no muestra un aspecto visual constante, equilibrado, y parece hecha a trozos: ahora es un telefilme, ahora un videojuego, ahora sí consigue una correcta escena con actores y efx, pero en la siguiente parece todo apañado de mala manera. En las batallas grandes se nota mucho más, puesto que a su ineficacia se le suma la falta de planificación, siendo en su mayor parte secuencias digitales puestas sin mucho orden (tan caótico resulta todo que en El retorno del rey hay un plano de orcos luchando repetido, uno que aparece en la batalla de Osgiliath y luego de nuevo en la de Minas Tirith). La propia interacción con los efectos digitales es endeble, abusándose de ellos en demasiadas ocasiones, muchas de ellas con resultados bastante mediocres: se notan las pantallas de fondo, quedan bastante mal los ejércitos de muñequitos enanos y se nota mucho la presencia de los dobles digitales; y las transiciones entre lo digital y lo real tampoco funcionan, por ejemplo cuando Ella Laraña lanza a Sam por los aires queda fatal por el penoso el corte que hay para disimular. En resumen, comparar el trabajo de Jackson con cintas de aventuras de auténtica calidad como Indiana Jones, El guerrero nº 13 o El hombre que pudo reinar es inducir a la carcajada.

El retorno del rey es el desastre, la debacle final, de un proyecto que le vino grande a sus autores (Jackson, Boyens, Walsh). Una muestra realmente patética de lo que es tirar dinero en unos realizadores sin las cualidades necesarias para escribir algo de calidad y para trasladarlo correctamente a imágenes. Es un producto comercial digno de nuestros tiempos, una hipertrofiada y confusa amalgama de efectos especiales y ruido que ahonda poco en los personajes y no sabe llevar una trama de forma coherente, es decir, que ofrece muchos fuegos artificiales en el aspecto visual y sonoro pero posee carencias enormes en el narrativo. Este tercer y último episodio es un bodrio infumable, lleno de agujeros e insultante hacia la sublime novela que dice adaptar. Han pasado la tira de años y sigo siendo incapaz de entender que haya una sola persona que diga que es una buena película, o peor aun, que de alguna forma sea capaz de tratar de defender que sea una supuesta obra maestra. Y no hablemos de defender su supuesta fidelidad, que es sencillamente imposible sin mentir con descaro.

Pero no es menos alucinante que la crítica también se volcara en ella después de despreciar la fantasía durante décadas. Y el colmo fue la entrega de los Oscar. Es de sobras sabido que no son premios a la calidad, sino adulaciones que se otorgan entre los propios artistas del gremio, influenciados notablemente por los medios, la taquilla y las modas (vean mi extenso y artículo poniéndolos a parir), pero aun así cabe preguntarse cómo un esperpento de acción ruidoso y vacío como El retorno del rey pudo arrasar de tal manera. Hemos visto robos descarados (Titanic frente a L.A. Confidential, por ejemplo), pero que joyas como Mystic River o Master and Commander (¡esto sí es una cinta de aventuras de calidad!) se fueran de vacío frente a esta memez no hay manera de entenderlo ni de perdonarlo. Se puede pensar que quisieron agradecer el esfuerzo titánico de llevar a cabo la trilogía, de compensar los premios que merecía en anteriores entregas pero no les dieron (técnicos todos, salvo alguno más importante como el de actor a Ian McKellen, o incluso el de película a La Comunidad del Anillo si nos ponemos, que no tenía competencia alguna), pero aun así es excesivo.

Como fanático de la obra de Tolkien y como friki pasé años en foros de internet siguiendo la creación de las películas y comentándolas, pero a pesar de ese tiempo de diversión me apena y duele que una obra que empezó tan bien perdiera tantísima intensidad y calidad. Es más triste aún viendo que se rodó todo de golpe, pero no me sorprende, ya lo he descrito claramente en las críticas: no se puede abordar un proyecto de semejante calibre sin tener las ideas claras, sin contar con un guion bien cerrado y sin la experiencia y cualidades mínimas como director. Pero lo que verdaderamente me duele, la espina que no me puedo quitar, es ver que esta trilogía sea considerada la adaptación definitiva y pensar que probablemente nadie más se atreva a hacerlo de nuevo y bien. Sólo queda soñar… Y leer de nuevo la novela.

Ver también:
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

Las dos torres


The Two Towers, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 223 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion disperso, alargado, torpe, con personajes mal desarrollados y de nula fidelidad a la novela.
Mejores momentos: El tramo inicial (hasta que aparece Bárbol y Aragorn se cae por el barranco), algunas escenas de la batalla de Helm.
Peores momentos: Todo lo que rodea a Faramir, Aragorn y Arwen. Las paridas de Legolas y Gimli en Helm. La capa de Frodo que se convierte en roca en la Puerta Negra.
El plano: Frodo y Sam observando la Puerta Negra.
La frase a destacar: Si esto es nuestro final, haré que rubriquen uno que permanezca en la memoria -Theoden.
La frase a repudiar: El Anillo de poder al alcance de mi mano. Una oportunidad para Faramir, capitán de Gondor, de mostrar su nobleza –Faramir.

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Su tramo inicial es francamente bueno, manteniendo las virtudes de La Comunidad del Anillo, es decir, buen ritmo y fidelidad a la novela. Pero conforme se introduce en la trama de Rohan se pierde cada vez más, y llega un momento (con el absurdo periplo de Aragorn) donde deja de lado la obra escrita para a partir de ahí sólo seguir los lugares que en ella se mencionan con personajes totalmente irreconocibles hablando de adaptación y de poca consistencia y credibilidad hablando de la propia película, y todo ello a través de escenas sin apenas coherencia y con un ritmo renqueante. Cuanto más avanza el metraje más se ve que el libreto se escribía sobre la marcha, que se rodaban mogollón de escenas y se dejaba casi todo el trabajo para la sala de montaje. Y el resultado deja mucho que desear, tanto en el narrativo en conjunto (me explayaré sobre ello en el resto del análisis) como en escenas sueltas, pues aparte de que el montaje es malillo se observan muchas secuencias editadas toscamente con recursos lastimeros, como las numerosas imágenes espejadas (cuántos personajes se vuelven zurdos de repente) con las que se intentan empalmar planos rodados sin la planificación adecuada; también hay un gran número de gazapos: alucinante cuando Eomer monta su caballo, se le cae la espada, y sigue hablando como si nada (algo que todos los presentes debieron notar por narices, pero por razones que se me escapan no se rodó un mísero plano de nuevo). Para aclarar la narración también se tienen que meter algunos parches, como una repentina voz en off de Saruman exponiendo sus planes o malogradas escenas con un mapa delante.

La mejor prueba de que todo se construía y rehacía sobre la marcha fue la elección de eliminar a la Arwen guerrera que habían ideado en principio, porque la presión del público al parecer fue más importante que la consistencia del guion. Trataron de improvisar una historia donde fuera más princesita de cuento, confeccionando una subtrama mal hilvanada y metida con calzador de forma tan precipitada que aparte de resultar una historia muy pobre deja fallos impresionantes. Son notables las huellas de su presencia en Helm, donde al borrar su presencia dejaron un rastro bastante claro para quien haya visto la película unas cuantas veces: hay un fugaz plano con Legolas duplicado (cuando cargan por la rampa), es decir, con Legolas y una Arwen mal tapada con efectos en post-producción, y si afinamos la vista se la ve incluso en plena batalla soltando mandobles.

Volviendo al análisis escena a escena, decía que el inicio funciona bastante bien. La persecución de Aragorn para rescatar a los hobbits mantiene el interés, tanto como el encuentro de Frodo con Gollum. La presentación de los personajes de Rohan es en principio encomiable (Eowyn es calcada a la novela, Eomer tiene carisma), pero conforme avanza se ve que han convertido al rey Theoden en un paria, seguramente por el patético pensamiento que reflejan los guionistas en los extras del dvd sobre por qué cambiaron la personalidad de Faramir. Qué triste es ver como afirman tan a las claras que no han entendido la novela ni tienen claro qué es lo que quieren o necesitan en la película. Parece ser que no puede haber héroes de mayor entereza, inteligencia y fuerza que Aragorn, el protagonista, y claro, como es un lelo, pues a los demás hay que ponerlos por debajo de él. Así pues, a lo largo de este y el siguiente episodio Theoden no es un rey, es un pobre atontado con trono que ha de ser dirigido por otros. A pesar de la soberbia interpretación de Bernard Hill el personaje carece de credibilidad y fuerza y resulta otro ente medio vacío que se mueve por el metraje sin saberse muy bien qué pinta ahí o hacia dónde va. Y da la sensación de que con Bárbol hacen lo mismo: lo convierten en un pringado que no se entera de nada, pues su bosque está siendo destruido, sus parientes muriendo ante sus narices, y no se entera, tienen que ser los hobbits quienes se lo digan, metiendo bastante metraje innecesario en una parte que termina siendo larga, simple y por extensión aburrida.

Merece una mención especial el exorcismo a Theoden. Por lo visto Lengua de Serpiente no sólo lo tenía engañado, sino que Saruman estaba como dentro de él, y Gandalf lo espanta cual exorcista de una de terror de serie B. Pero ya que estaba también le aplica un hechizo de rejuvenecimiento. La escena al completo es de risa. ¿Por qué de paso no lo convierte en un rey de verdad con un conjuro de +4 en carisma?

Ante el acoso de Saruman hay que ir a Helm a esconderse y luchar. Por alguna razón, Jackson decide que aunque haya material de sobra para contar es buena idea añadir cosas inventadas desde cero. Lanza a Aragorn en un viaje incomprensible y falto de interés que además se inicia con otra falsa muerte de esas que tanto abundan en la trilogía (parece que es la única forma que conoce para crear drama). ¿Por qué? ¿Qué aporta que Aragorn se pierda un rato? No aclara tramas, no desarrolla personajes…. Cabe pensar que lo monta para meter a Arwen, pero es absurdo: ¿todo esto para que Aragorn tenga un sueñecito con su amada? Para colmo la presencia de Arwen, aparte de verse demasiado apañada sobre la marcha (tanto que ella cambia de vestido de un plano a otro, no sé si aquí o en la siguiente entrega), resulta cursi y con diálogos tan primarios que se hace insoportable, por pesada, lenta y poco emotiva. Es una línea tan innecesaria como ajena al resto, muy mal introducida en la trama y tan torpe en lo que respecta al desarrollo de personajes que no me entra en la cabeza cómo pudo ser concebida y plasmada tan rematadamente mal. Bueno, sí hay respuesta para ello: los guionistas son mediocres.

Pero los añadidos no se limitan a este desatino sobre Aragorn y Arwen. La presencia de Faramir es ampliada también sin razón, generando una enorme cantidad de minutos que no llevan a ninguna parte y ralentizando el ritmo de la cinta de forma catastrófica en su tramo final. ¿Qué sentido tiene pasear a Frodo por media Gondor si no se va a narrar nada tangible, si sólo se está postergando la decisión de hacerle avanzar en la aventura? No se ahonda en ninguna trama, es redundante para presentar dicho país y a Faramir y sobre todo se cisca de una manera alarmante en este personaje, destruyéndolo completamente. Como decía, lo justificaron en los extras diciendo cosas del estilo de que si Aragorn no se deja influenciar por el Anillo y es el rey (¡pero si no quiere serlo!), el héroe, los demás personajes no pueden ser mejor que él (curiosamente, esta norma de no resistir al Anillo se aplica sólo a los hombres). A tomar por culo los ideales presentes en la novela de que hay hombres fuertes que luchan sin ceder al caos y al terror y que son los que permiten que la Tierra Media resista el avance de Sauron. En la película todo el mundo es gilipollas y no sabe lo que quiere, pero aun así lucha… Es algo que carece de sentido, de credibilidad y obviamente de grandeza y de épica.

Y por si fuera poco con tanto añadido se quedan sin tiempo y deben eliminar el espectacular episodio de Ella-Laraña para compensar, incrementando el desastre hasta perjudicar también a El retorno del rey, pues para mover dicha escena tuvieron que recortar un montón de metraje de Frodo en la parte más fascinante y subyugante de la novela: Mordor.

No me olvido de hablar de otros personajes principales, Frodo, Sam y Gollum. Frodo sigue siendo un pupas sin carisma e interpretado con desgana por Elijah Wood, pero no se puede decir que sea un caso grave, sobre todo si lo comparamos con el resto (aunque sus muecas de sufrimiento son horribles). Sam sale mejor parado, y el actor Sean Astin lo borda (salvo en el doblaje al castellano, donde parece literalmente un retrasado mental). Pero Gollum es otro cantar. La creación digital es impresionante, un logro enorme para la época. El realismo es casi total, la integración e interacción con el entorno fantástica; sólo en algunos planos se nota su origen digital (en la extendida sobre todo, donde parece acabado con prisas). Sin embargo el personaje es cargante de narices, una caricaturización excesiva, cosa que se agrava en El retorno del rey. Le ponen demasiadas escenas cómicas, estúpidas o donde se explayan cambiando de forma ridícula entre sus personalidades, notándose muy claramente la escasa habilidad de los guionistas para ahondar en la psique de los personajes, pues se lían y lían con escenas que no dicen nada y están llenas de diálogos y situaciones tan tontorronas que parecen escritas por un niño.

La batalla de Helm podría haber sido una parte increíble, pero se queda en unos pocos escasos momentos que recordar (la lluvia golpeando las armaduras, los orcos alzando las escaleras…) entre un galimatías de secuencias mal encajadas y una nula capacidad para sacar tensión de la situación y convertir un largo tramo de la cinta en algo que te deje estampado en el asiento de la impresión (potencial para ello tenía, desde luego). Jackson lo que hace es desbarrar con gilipolleces cómicas infantiles y amontonar recursos burdos para intentar sacar drama de un material ya destrozado. Insufribles Gimli y Legolas (el escudo usado como tabla de surf, ¿en qué cabeza cabe?), horrorosa la escena de Aragorn y el enano en la puerta los dos solos contra mil enemigos, vergonzosos (por sensibleros y manipuladores) los infinitos planos de niños y más niños (incluido sus puñeteros hijos, que los saca en las tres películas y se nota un huevo)… Además, la resolución del conflicto es torpe, precipitada y poco creíble, con esa llegada de Eomer en plan sorpresa barata y su descenso imposible por la ladera. Como ocurre en toda la trilogía, Helm resulta algo espectacular (unos pocos planos desde luego son impecables) por la conjunción de elementos artísticos tales como decorados, vestuario, música, efectos especiales y sonoros y en momentos puntuales gracias a los actores, porque da la sensación de que el señor guionista y director se empeña en destrozar un material con infinitas posibilidades.

Hay que comentar aparte el hecho de que de repente aparece una tropa de elfos en Helm. Para luchar con los hombres como antaño, dicen, pero aun así surgen preguntas. ¿Por qué los envían ahora y no antes? ¿Por qué una tropa y no un ejército? Si suponemos que en la película las fronteras de los elfos no están siendo atacadas por Sauron, que parece indicarse eso, ¿por qué sólo envían unos cuantos?, ¿para cumplir y quedar bien? Vaya con los elfos. Y todos mueren, pues es evidente que es una subtrama molesta que hay que dejar de lado. Pero por supuesto fallecen todos menos Legolas, que tiene superpoderes. ¿Dónde deja la coherencia de la trama, señor Jackson, por qué añade cosas que luego no es capaz de controlar y que claramente sobran, por qué en vez de trabajar mejor aspectos importantes (los personajes, la llegada de Gandalf y Eomer) pierde el tiempo añadiendo metraje inútil?

Paralelamente, Merry, Pippin y Bárbol, después de mucho marear la perdiz y aportar más humor cutre, por fin atacan Isengard. La escena no está mal, sobre todo por la siempre fantástica banda sonora, pero como no hay personajes con los que conectar la pelea no tiene emoción alguna. Y lo cierto es que de tanto abusar de los efectos especiales estos terminan notándose bastante; hay escenas que no han envejecido nada bien: en Isengard no se integran bien los efectos digitales y las maquetas, y la cabalgata de Gandalf por la ladera en Helm era cantosa en su momento, pero diez años después resulta horrorosa.

El cierre del filme carece de fuerza, queda muy diluido. Jackson no es capaz de hacer que el desenlace abierto enganche. Intenta meter como puede alguna escena explicativa para resumir la situación, como ese diálogo de Theoden mirando a Mordor o el largo y cansino monólogo de Gollum. La primera escena se nota a la legua que fue apañada (otro apaño, sí) a última hora, pues la pantalla de fondo canta demasiado. Seguramente se creó tiempo después del rodaje principal, como algunas otras de las que sí hay constancia, para tratar de aclarar la historia. Y encima es cutre de narices, pues desde casi el corazón de Rohan ven Mordor como si estuviera a medio día de camino… ¡e incluso se oyen los truenos del Monte del Destino desde ahí!… cuando en El retorno del rey parecen estar a tres cordilleras de distancia de Gondor. La otra escena, la de Gollum contándonos su plan, resulta larguísima para lo poco que aporta y de nuevo expone lo que le cuesta al director el que los personajes avancen hacia alguna dirección.

En esta entrega conviene hacer mención al doblaje. Es una saga de visionado obligatorio en versión original, por la calidad de algunos actores, por la voz y dicción de los mismos (Ian McKellen o Chrisptopher Lee son para escuchar con sus voces reales) y por el cuidado puesto en los distintos acentos (al menos en principio, que luego Elijah Wood y Sean Astin imitan el inglés británico de pena). El doblaje es en unos personajes excelente (Gandalf, Aragorn) y en otros totalmente inadecuado, tanto que llega a resultar molesto: Sam y Frodo están en manos de algunos de los peores actores del gremio y el resultado es digno de enseñar en las escuelas como algo que no debe hacerse. Otros también cambian tanto que quedan irreconocibles, como Eowyn, que en castellano parece una niña tontita.

En esta ocasión también es más recomendable la versión extendida, pues la resumida resultaba bastante desequilibrada e incluso tenía un agujero enorme: cuando Aragorn está perdido se encuentra con un caballo que conoce pero que no se presenta hasta que ves la versión larga. ¿Cómo se puede ser un cineasta tan inútil como para dejar un cabo suelto de tal calibre? Pero en ambas versiones hace falta algo que ya no se puede hacer: una reestructuración a fondo de la trama desde el guion que dé ritmo y consistencia a la narración, la eliminación de pasajes innecesarios o muy alargados (cito de nuevo el periplo de Aragorn y la presencia de Arwen, así como casi todo lo relativo a Faramir, pero también detalles tontos como la insulsa escena extra de Eowyn cocinando, tan pueril e innecesaria que da vergüenza ajena) y pulir la incoherencia estilística de Jackson, pues es un tipo que mete escenas infantiles en momentos épicos, rompiendo el realismo y la tensión del instante de forma notablemente negligente.

Por algunos buenos tramos y por los buenos resultados que la pasta echada en ella dan en el aspecto visual, Las dos torres es un entretenimiento eficaz (aunque pierde mucho ritmo e interés a partir de su ecuador), pero no ofrece mucho para todo lo que abulta y después de La Comunidad del Anillo deja malas sensaciones. Y sobre todo, como adaptación es de risa y tiene unos personajes tan pobres que llegan a dar pena e incluso resultan molestos, más aun teniendo en cuenta que una cinta de aventuras de estas características necesita héroes carismáticos.

Ver también:
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

La Comunidad del Anillo


The Fellowship of the Ring, 2001, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 228 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Ritmo, espectacularidad, música, actores, vestuario, localizaciones, decorados.
Lo peor: La dirección, floja y que desaprovecha muchos instantes. Decisiones erróneas sobre la confección de determinados personajes, que luego lastrarán las otras dos entregas.
Mejores momentos: La presentación de los hobbits. El clímax en Moria, desde la llegada de los orcos a la caída de Gandalf. La lucha y caída de Boromir.
Peores momentos: El ataque de los Jinetes Negros. Las escaleras de Moria. Los Uruks-Hai sacados del barro.
El plano: La Comunidad al completo caminando por montañas.
La frase a destacar: Que extraño destino sufrir de tanto miedo y tantas dudas por algo tan pequeño, tan insignificante -Boromir.
La frase a repudiar: No quiero ese poder. Nunca lo he querido -Aragorn.

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Allá por su estreno en 2001 un servidor contaba con diecinueve años, había leído la novela al menos un par de veces (es uno de esos libros tan mágicos que de vez en cuando caes en su embrujo de nuevo) y seguía la creación de las películas con sumo interés. Recuerdo que las expectativas eran altísimas, pero salí bastante contento del cine. Me pareció corta y de ritmo aceleradísimo, que resumía bien la novela y visualmente había captado su esencia, y que los fallos que arrastraba, notables algunos, no eran suficientes para desequilibrar una cinta de aventuras deslumbrante y entretenidísima. Mi opinión sigue siendo la misma después de diez años y probablemente un número de visionados semejante: es una película de enorme calidad que auguraba una saga memorable. Lástima que al final fuera la única realmente acertada y tenga el problema de que valorando la trilogía entera sus fallos se ven más graves, pues te das cuenta de que lo que empezó mal aquí luego se convirtió en una bola de nieve imposible de frenar.

Con un presupuesto holgado pero no infinito Peter Jackson trató de rodearse de un equipo técnico de primera calidad. Acertó de pleno en elecciones como la empresa que manejó los efectos especiales, el vestuario y las armas (WETA) y en el constante apoyo en los artistas más conocidos que han plasmado la obra de Tolkien en ilustraciones, John Howe y Alan Lee, que fueron cruciales para la fidelidad del diseño artístico. No fue tan certero en otros aspectos como la fotografía y el montaje, que resultaron bastante normalitos, pero sí tuvo (y por extensión tuvimos) una suerte inesperada en un caso que resultó probablemente el más llamativo de todos: la música. Para la banda sonora Howard Shore fue elegido porque otros (James Horner y Wojciech Kilar) pedían contratos muy exigentes. ¿Se imaginan que hubieran seleccionado a Horner como en principio se pretendía? Estaba precisamente en una etapa de bajón, y me temo que hubiéramos escuchado un remedo de Willow por enésima vez. Tuvimos una fortuna infinita con Shore, cuya dedicación a la hora de buscar los sonidos más adecuados y su frescura de ideas dio unos resultados difícilmente mejorables.

La recreación de la Tierra Media se lleva a detalles extremos (hasta las runas de las espadas tienen su significado), destacando especialmente el magnífico vestuario y decorados y fallando sólo en algunos detalles que son culpa directa del director: los países de los elfos resultan vacíos (¿es que no vive nadie con Elrond?), fríos e incluso terroríficos en vez de alegres y llenos de música. Los excelentes efectos especiales suponen un apoyo crucial (espectacular prólogo, memorable la lucha contra el trol), los sonoros más de lo mismo, y la música ayuda de forma magistral a sumergirnos en un mundo imaginario lleno de lugares, culturas y criaturas tanto hermosas como aterradoras. Así pues, el aspecto visual alcanzó un nivel impresionante, digno de lo plasmado en la novela.

El ritmo de la cinta es de montaña rusa, con una acertada alternancia de los momentos álgidos y los pausados, aunque debo decir que es deudora del sencillo esquema de este primer libro, pues Jackson no es capaz de manejar el ritmo de las otras dos entregas, que son bastante más complejas. Este episodio tiene sus achaques, pero son minucias en un conjunto trepidante y espectacular. El prólogo que nos pone en situación es una forma muy eficaz e impactante de introducirnos en la historia del mundo que nos van a mostrar. La presentación de la Comarca es maravillosa (sobre todo en la versión extendida) y Bilbo y Gandalf eran exactamente como los imaginaba. El inicio de la aventura y la salida de la aldea funcionan bien (la aparición de Saruman es perfecta), aunque con peros: Pippin y Merry se apuntan porque sí, sin explicarse, y de igual manera confían en Aragorn.

El tramo siguiente es el más flojo. El ataque de los Jinetes Negros en la cima está pésimamente resuelto por Jackson, siendo una escena tosca y carente de emoción e intriga. Tampoco transmite mucho la aparición de una Arwen guerrera con la poco atractiva persecución a caballo. La estancia en la casa de Elrond (Rivendel) podría dar más de sí, pero el Concilio, una parte larguísima en la novela, se resume francamente bien y expone correctamente de qué va el asunto del Anillo. Por mi parte lo hubiera hecho de otra manera (metiendo los flashbacks del prólogo aquí), pero como adaptación no funciona mal. Sin embargo aquí se presenta finalmente a Aragorn, y lo que se muestra asusta: no es un rey en el exilio que se embarca en una misión con un objetivo, es un civil cualquiera que no quiere saber nada de sus antepasados y su destino… y aun así se apunta al fregao, sin que se nos exponga motivo alguno de por qué lo hace cuando dice no querer hacerlo (ver la frase a repudiar). Por suerte el resto de la película se centra en la aventura y no es hasta los otros episodios cuando su misión cobra importancia, así que aquí no se ve el estropicio cometido y el personaje, aunque algo soso, resulta simpático.

Una vez formada la Comunidad del Anillo entramos en el mejor segmento, el de mayor intensidad y emoción. Se ahonda en la personalidad de Boromir, un carácter acertadamente acentuado con respecto al libro y que supone, tras Gandalf el gris, el mejor protagonista de la saga; es mítico el plano en las cimas nevadas cuando coge el Anillo y expresa sus dudas. Sobrecogedora resulta la entrada en Moria, impresionante la lucha contra el trol (muy bien potenciada respecto al libro). La aparición del balrog, monstruo que, aunque sea una versión muy personal de la criatura (casi lo convierten en un dragón enorme), resulta acongojante, tanto por los efectos especiales como por el ambiente que genera la banda sonora. La caída de Ganfald y la posterior escena de lloros es sublime, para mí el mejor momento de la trilogía, capaz de dejarte sin respiración y siendo un instante que sin duda hizo llorar a muchos espectadores. Sin embargo, en todo este exquisito clímax Jackson desbarra como hace demasiadas veces a la hora de meter cosas de su propia cosecha: la escena de las escaleras de piedra que se balancean parece tener intención de alargar la secuencia para sacarle más partido, pero es una tontería infantiloide que entorpece considerablemente el desarrollo y ritmo de una parte que no necesitaba nada más.

Seguramente pensando en que había que seguir mostrando peligros, la sección de Lórien pasa de ser un descanso o interludio pacífico en la novela a un sitio lúgubre, siniestro y peligroso en la película (hasta la despedida, donde de repente todo es bonito y hay regalos y Galadriel se vuelve súper maja). Jackson se carga de un plumazo la esencia del lugar en las novelas (magia, belleza, poesía, descanso), lo cual no sería excesivamente grave si funcionara en la adaptación como ocurre con Bree (una parte también oscurecida), pero no lo hace, pues resulta una sección irregular, mal manejada, que en general termina por no saberse qué pinta ahí y además posee partes incomprensibles e innecesarias, como las visiones del espejo (para qué ponerlas si no aportan nada, pues el saneamiento de la Comarca no existirá).

En el tramo final la batalla con los Uruk Hai es brutal. Las coreografías son soberbias, mostrando todos los golpes de espada con mucha claridad y obteniendo una confrontación épica, y su final con la caída de Boromir es otro logradísimo momento trágico. Lástima que el desenlace de la película se alargue en exceso, pues como se puede ver a lo largo de la trilogía a Jackson le cuesta horrores hacer que sus personajes avancen, evolucionen, maduren, decidan: cuando Frodo duda si se va o no se va se hace eterno y rompe la fuerza de la escena irresponsablemente. Y respecto a este personaje está ya bastante claro que no sabe qué hacer con él, ni cómo dirigir a Elijah Wood: sólo sirve para cargar con el Anillo mientras pone muecas de sufrimiento. ¡Qué protagonista más aburrido! ¿Dónde está el Frodo maduro, culto y decidido de las novelas?

Debo incluir un anexo sobre los Uruks Hai, pues resulta ridícula la versión que se hace de ellos en el filme: ¡Saruman los recoge del barro como si fueran sapos! Es un sinsentido de tales proporciones que no me entra en la cabeza cómo demonios se les ocurrió algo así. Y además su diseño deja bastante que desear (muy simple, tanto el físico como el vestuario, pues llevan las espadas en la mano), cuando los orcos vistos en Moria eran la perfección absoluta de diseño y maquillaje. No comprendo cómo se puede estar tan acertado en un momento y tan errado en otro; son una de las dos únicas cosas del departamento artístico que me rechinan (la otra es Minas Tirith, como comentaré en su momento).

No me olvido de recomendar la versión extendida, pues la estrenada en cines fue un resumen obligado por la productora debido a la alta duración de la película. Mejora el ritmo y la consistencia ligeramente, y explica con más detenimiento algunos detalles significativos. De hecho no deberían llamarse versiones extendidas, pues son el montaje previsto por el director. Pero claro, aquí entra en juego el dinero: menos duración equivale a más pases en el cine, y si encima sacan distintas ediciones en dvd pues más beneficio aún.

El reparto tiene figuras acertadísimas, pero también un par de elecciones criticables. Destacan las magníficas interpretaciones de Ian McKellen (Gandalf), Ian Holm (Bilbo) y Sean Bean (Boromir). Me desentona Hugo Weaving, pues confecciona un Elrond muy rudo, y Elijah Wood no convence del todo como Frodo, cosa que se agravará más adelante. Y se mire por donde se mire sobra Liv Tyler como Arwen, tanto el personaje, insoportable en toda la trilogía, como la actriz, una de las peores que he visto, tan infame que da grima en todas sus escenas. Y por favor, vaya princesa elfa: tiene cara de atontada, sin porte ni elegancia ni una belleza inimaginable, cosas que sí muestra Cate Blanchett como Galadriel.

La dirección es algo limitada en recursos (que mal rodadas están las escenas nocturas, con una horrible iluminación con focos) pero está maquillada lo suficiente por la propia intensidad de la historia y la fuerza visual que se obtiene gracias a los paisajes, el vestuario y los decorados como para no desentonar demasiado. Tampoco posee una fotografía digna de recordar, por no decir que se exceden con las gradaciones digitales, con las alteraciones de colores en postproducción (en los extras se muestra bastante bien), terminando con algunas escenas muy sobrecargadas de colores demasiado falsos (Lóthlorien, Rivendel). Sea como sea, el presupuesto y las labores de los equipos técnicos lucen de maravilla y ocultan lo impersonal y sencilla que resulta esa labor de dirección, salvo cuando ésta desbarra con sinsentidos como Legolas “viendo” a los Uruk Hai, el abuso de artificiosos planos aéreos o los primeros planos a cámara lenta propios de un mal telefilme.

El que la puesta en escena no sea sobresaliente y los todavía no muy destacables errores de adaptación son aspectos que no desentonan lo suficiente como para afear una cinta de aventuras de gran nivel. La Comunidad del Anillo quedó muy, muy cerca de lo que para mí sería la adaptación soñada de la maravillosa novela de Tolkien, y como película, aun contando con algunas imperfecciones en concepto y forma, resulta un espectáculo memorable y muy emocionante. Se convirtió rápidamente en una de mis producciones favoritas, una odisea épica digna de ver una y otra vez. Lástima que a Peter Jackson el proyecto se le escapó rápidamente de las manos, pues las dos siguientes entregas, Las dos torres y El retorno del rey, suponen un bajón de calidad y fidelidad enormes y acaban siendo muy decepcionantes.

Ver también:
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.