El Criticón

Opinión de cine y música

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El año más violento


A Most Violent Year, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 115 min.
Dirección: J. C. Chandor.
Guión: J. C. Chandor.
Actores: Oscar Isaac, Jessica Chastain, David Oyelowo, Elyes Gabel, Albert Brooks.
Música: Alex Ebert.

Valoración:
Lo mejor: Su fórmula clásica ofrece una cinta bastante sólida y atractiva, en especial en el manejo de la intriga y la calidad del rol central.
Lo peor: Pero no termina de deslumbrar, es predecible y le falta garra.

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El año más violento es un thriller con sabor setentero tanto en lo visual como en el argumento, una revisitación a las historias de crímenes y corrupción de la época y un homenaje al cine que las retrataba. Para empezar, el protagonista es una suerte de Michael Corleone con toques de Serpico, un individuo de gran personalidad que intenta evitar caer en la violencia del entorno pero la vorágine de acontecimientos lo arrastra inexorablemente hacia allí. Las mafias dominan los negocios típicos (basuras, calefacción, transporte), la policía es incompetente cuando no corrupta, y la urbe está sumida en un caos donde sólo los más fuertes triunfan. Nueva York se capta con colores ocres y apagados típicos del género, y la aventura mantiene también sus bases clásicas, ofreciendo una sencilla pero efectiva descripción de los tejemanejes, reuniones, alianzas, engaños, traiciones, etc.

Pero la trama no se sumerge en la complejidad y épica que suelen embargar estas películas. Es la odisea personal de un tipo moral contra un mundo amoral, así que no esperes una historia de grandes proporciones a lo El padrino o Uno de los nuestros, está más en la onda de Serpico o la posterior Atrapado por su pasado. Su autor (J. C. Chandor escribe y dirige, como en Margin Call y Cuando todo está perdido) es consciente de ello y fortalece la narración tratando de sacar el máximo partido de su protagonista, volcando sobre sus hombros todo el estrés y dificultades de la situación de forma que su viaje llegue con intensidad al espectador. A Abel Morales le llueve mierda por todas partes, puede desfallecer o morir en cualquier momento, y te mantiene expectante, en vilo constantemente. Hasta las escasas escenas de acción se apoyan únicamente en la carga emocional, en ver cómo supera las dificultades.

Oscar Isaac (A propósito de Llewyn Davis) ofrece todo lo que el papel necesitaba. Desde un registro contenido muestra magistralmente la tensión que carga, destacando su estupenda evolución: se va agobiando cada vez más, hasta casi no ver salida alguna. De esta forma el personaje se alza como uno de los más llamativos del año, de hecho, muchos esperaban que fuera el tirón final para que la película entrara en la carrera por los premios, aunque al final estos se decantaron por los melodramas cutres que tanto adoran.

El protagonista está bien secundado por una esposa que guarda buenas sorpresas, papel en manos de la competente Jessica Chastain (Criadas y señoras, Interstellar, Zero Dark Thirty). Sin embargo el resto de personajes no se trabajan tanto, y alguno requería un dibujo más elaborado para no parecer un mero objeto de la trama, como el chaval que huye, el jefe del sindicato de conductores o el detective, todos cruciales pero algo desdibujados.

Esas limitaciones también se extienden al resto del relato. Sin tener bajones de ritmo, de hecho, este es francamente bueno, sí acusa cierta falta de fuerza y carisma. Hay capítulos intensos que te hacen sudar un poco, pero ninguno que deje huella en la memoria. Y sobre todo carece de giros y soluciones sorprendentes, todo se ve venir con bastante antelación. La buena mano del director exprime el guión, pero al final la historia, de sencilla, no es capaz de causar mucha impresión. Le ha faltado una pizca de originalidad e ingenio para que consiguiera apartarse de parecer un homenaje o imitación profesional del género pero sin alma propia. Con todo, resulta un título muy recomendable para cinéfilos que echan de menos ciertas formas de hacer de cine: clasicismo, contención, manejo de las emociones, personajes como centro de la narración, trama que no pierde coherencia para buscar artificios comerciales. Pero precisamente por tener esas virtudes, sabe a poco que no se logre una obra remarcable. En este estilo recomendaría La noche es nuestra, un filme muy potente que no tuvo repercusión alguna.

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Cuando todo está perdido


All Is Lost, 2013, EE.UU.
Género: Drama, aventuras.
Duración: 103 min.
Dirección: J. C. Chandor.
Guion: J. C. Chandor.
Actores: Robert Redford.
Música: Alex Ebert.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y con buen ritmo.
Lo peor: Poco impactante.

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Cuando todo está perdido es una clásica aventura del hombre contra la naturaleza, de supervivencia en situaciones extremas. Se caracteriza por su único personaje (nadie más aparece en todo el metraje) y la casi total falta de diálogos, pues apenas suelta unas pocas frases y gritos. Este solitario navegante despierta con un agujero en su yate de recreo, y a partir de ahí inicia una odisea por sobrevivir en medio del océano, complicándose la situación cada vez más por las intensas tormentas que azotan la zona.

Aun siendo una narración muy sencilla resulta bastante entretenida, pues un problema detrás de otro impiden que pierda ritmo. Pero también es cierto que de lineal y falta de garra acaba siendo poco impactante y trascendente. La comparación con Náufrago es inevitable: el viaje de Tom Hanks combinaba espectáculo, un personaje cuyas vicisitudes llegaban con intensidad, una interesante comparativa entre su vida normal y su estancia en la isla… Cuando todo está perdido es amena, pero no causa muchas sensaciones. Las dificultades llegan bien ordenaditas en fila y ninguna produce agobio, tensión o la impresión de inminente muerte del protagonista. De hecho, a veces cabe pensar que se lo ponen demasiado fácil: tiene comida y artilugios para navegar, y como mucho pasa algo de sed. Hay momentos en que parecen unas vacaciones con algún problema mecánico.

Otro impedimento a la hora de llegar a ser un filme con más empaque es que visualmente resulta bastante limitada. El director J. C. Chandor (autor de la recomendable Margin Call) se maneja bien en el reducido espacio del barco, pero no es capaz de mostrar los envites de la hostil naturaleza como una película de aventuras requiere. Es decir, no hay espectáculo y grandeza en las imágenes. Las tormentas no se ven, no tenemos ningún plano amplio mostrando las temibles olas, solo cae agua encima. Se puede decir que no había presupuesto para más (9 millones de dólares), pero entonces cabe preguntarse por qué teniendo una lista de unos quince productores no se puso un poco más de interés creativo y monetario.

El papel de Robert Redford también es criticable desde la perspectiva de que podría haber dado mucho más de sí con un mínimo esfuerzo. Da la impresión de que el personaje se resigna a aguantar todo lo que le cae encima sin más, y eso no lo hace especialmente interesante. ¿Dónde está el sufrimiento, el miedo, la tensión, el esfuerzo al límite por salir con vida? Tan solo en un par de momentos transmite algo de emoción, el resto del tiempo está muy inexpresivo.

Por lo que he leído en algunos artículos parece ser que Redford se creía que tenía un peliculón entre manos y se quejó de las pocas nominaciones a los grandes premios que ha obtenido, echándole la culpa a la distribuidora y no a su escasa trascendencia y calidad. Su nominación como actor en los Globos de Oro ha sido la única llamativa, y a todas luces es inmerecida, tanto como darle el mismo premio a la mejor banda sonora, que cumple bien su función pero ni por asomo destaca como para contarla entre las mejores del año.

Como entretenimiento cumple francamente bien, algo que debe señalarse como un mérito destacable dadas las limitaciones del escenario y el argumento, pero no deja de ser un telefilme que ha llegado lejos únicamente por el nombre de su protagonista.