El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: J. K. Simmons

Día de patriotas


Patriots Day, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense, acción.
Duración: 133 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg.
Actores: Mark Wahlberg, Michelle Monaghan, John Goodman, Kevin Bacon, Rachel Brosnahan, J. K. Simmons, Christopher O’Shea, Jimmy O. Yang, Alex Wolff, Themo Melikidze, Michael Beach.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Excelente en lo audiovisual, correcta en el drama, neutral en los hechos, con tramos tensos y espectaculares.
Lo peor: Por decir algo, quizá había potencial para más.
Mejores momentos: La entrada del FBI. Las discusiones sobre si publicar información en los medios. El tiroteo contra el todoterreno.

* * * * * * * * *

El maratón de Boston es la carrera más antigua y popular de Estados Unidos, y se da todos los años en abril en el festivo Día del Patriota. En 2013 sufrió un atentado que provocó por suerte sólo tres muertos, pues fue bastante aparatoso: dos atacantes con dos ollas con explosivos y metralla dejaron casi trescientos heridos y la cuidad se sumió en el terror durante días hasta que la amenaza fue neutralizada.

Peter Berg por entonces era un guionista y director (y a veces actor) que aparte de la atípica obra de culto Very Bad Things (1998) no daba muy buenas sensaciones. La sombra del reino (2007), Hancock (2008) y Battleship (2012) eran bastante flojas, y las series en que participó también. Pero la cosa ha cambiado desde entonces. Con El único superviviente (2013) y esta Día de patriotas se ha alzado como uno de los referentes de la acción con tintes dramáticos e históricos del momento, mostrando una madurez que bien le podía haber garantizado más reconocimiento y premios de los ha obtenido. Pero su estilo huye de la sensiblería y el ensalzamiento patriótico estándares de los Oscar y Globos de Oro, que sí cumplió por ejempelo una cinta menor pero multipremiada como En tierra hostil (2008).

Hay que recalcar que es todo un logro que Día de patriotas sea tan objetiva y neutral, porque la idea era hacer un homenaje a las víctimas y a la ciudad, y porque Estados Unidos es muy egocéntrico por lo general y esa herida caló hondo en la sociedad, así que cabría esperar un tono más lacrimógeno y a la vez vengativo, y por extensión sesgado. Pero Berg trata de mostrar qué ocurrió, quién lo sufrió y cómo la ciudad sobrepuso a la desgracia sin tomar partido emocional excesivo (sólo encontramos esto en los créditos finales, con las entrevistas a los implicados) ni meterse en berenjenales ideológicos. Así, no entra en la cuestión de cómo nace un terrorista, cómo se les pasó a las agencias de seguridad (uno de ellos estaba en las listas de distintas agencias y gobiernos como más que posible terrorista), de cómo la ciudad estuvo de facto bajo la ley marcial, algo impensable por ejemplo en Detroit con mucho más asesinatos al año, o cuando un supremacista blanco la lía parda, que ocurre muchas más veces de las que hay atentados de radicales islamistas y ni siquiera lo llaman terrorismo.

El único apunte crítico que hay emerge inevitablemente del relato de los hechos. Con tantas agencias trabajando juntas se provoca algún roce y retraso en toma de decisiones, mientras que por el lado contrario los medios hacen su agosto señalando incluso falsos culpables con las prisas. Sin embargo, no se para a ahondar y criticar esa problemática de las excesivas agencias con agendas propias y muchas fallas, que es bien patente desde el 11-S y el Katrina, ni que ningún medio de información pagó por la terrible injusticia de señalar a un ciudadano cualquiera como terrorista sin pruebas tangibles, sólo para vender más. Lo menciona porque ocurrió y pasa a otra cosa.

También es inevitable que haya algo de cursilería (las parejitas y sus frasecitas románticas, el intento de ligar del chino…), porque no hay mucho margen de maniobra al mostrar el día a día de gente corriente sin salirse por la tangente contando cosas más rebuscadas. Pero quizá el propio Berg lo sabía y desarrolla un personaje central ficticio que dirija mejor la historia y conecte mejor con el espectador que esas anécdotas. El personaje es muy sólido, funciona como nexo de toda la historia, centraliza y visibiliza el esfuerzo de la policía local, y Mark Wahlberg está más esforzado que de costumbre… pero aun así se llevó algunas críticas por no ser real; está claro que no llueve al gusto de todos.

El reparto es llamativo, pero con tanto personaje y salto de escenario pocos tienen tiempo para lucirse. Aparte del correcto Wahlberg el que más destaca es un sombrío e imponente Kevin Bacon como agente especial del FBI: con su mirada ya deja claro que está al mando.

Pero el nombre a recordar es Peter Berg, que construye este complejo, caótico y trágico evento como si fuera fácil. El ritmo es ágil en las partes menos intensas, los cambios de escenario no hacen que pierdas el hilo, y sintetiza bien incluso cuando se encuentra ante alguna dificultad importante: hay individuos cruciales en la parte final de los hechos, como el agente encarnado por J. K. Simmons y el estudiante chino en manos de Jimmy O. Yang, pero el realizador los presenta poco a poco sin dar la sensación de que rompen el flujo de acontecimientos.

Para la parte final nos trae un colofón de infarto. El intento de los terroristas de viajar a Nueva York pega un subidón en el factor suspense, y aunque conozcas más o menos el final de los acontecimientos sufres por los implicados y la tensión en el ambiente es palpable. El tiroteo que acaba con la vida de uno es memorable, de lo mejor en acción realista que se ha visto probablemente desde Heat (Michael Mann, 1995), pero cuando el hermano superviviente huye no hay sensación de bajón, sigue manteniendo la expectación.

Atención también al sorprendente y magnífico trabajo con efectos digitales. No se rodó en la calle, sino en un decorado con pantallas verdes que luego fueron sustituidas con ordenador por los bloques de edificios. No me di cuenta hasta que vi por casualidad una fotografía del rodaje.

Día de patriotas se puede disfrutar de varias maneras. Como homenaje, como drama, como thriller, como cinta de acción, y en todos los ámbitos cumple sin problemas cuando no impresiona.

La liga de la justicia


Justice League, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Zack Snyder, Joss Whedon (acreditado como guionista).
Guion: Chris Terrio, Zack Snyder, Joss Whedon.
Actores: Ben Affleck, Henry Cavill, Gal Gadot, Jason Momoa, Ezra Miller, Ray Fisher, Jeremy Irons, Diane Lane, Amy Adams, Connie Nielsen, J. K. Simmons, Ciarán Hinds, Joe Morton.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Duración comedida y va directo al grano, así que no aburre hasta la desesperación como Batman vs. Superman.
Lo peor: Flojísimo dibujo de personajes. Insustancial y anticuada en estilo y argumento. Mediocre en lo visual, que se torna pésimo en la batalla final. Que el estudio siga improvisando la serie sobre la marcha.
La pregunta: ¿A qué se refiere la “justicia” del título? Debería ser La Liga Defensora de la Tierra o algo parecido.
El título: Oficialmente es Liga de la justicia. Le han quitado el artículo “La”, como en Vengadores: La era de Ultrón con el “Los”. De verdad que no entiendo a las distribuidoras. Por supuesto, todo el mundo la conoce como La liga de la justicia.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Comento algún detalle por encima, pero no creo que haya nada revelador. —

La liga de la justicia se veía venir como un Batman vs. Superman (2016 ) segunda parte, porque todo en ella se ha ido planteando y desarrollando más o menos igual. De nuevo estamos ante la discutible idea de saltar de golpe a un filme grupal sin haber presentado como es debido a sus protagonistas por separado, ante la difícil tesitura satisfacer con un capítulo muy ambicioso y esperado a un público bastante dispar, tanto a los exigentes fans de los cómics como a los que sólo quieren pasar el rato con las películas que están de moda. Otra vez nos encontramos con un rodaje caótico, con imposiciones del estudio y filmación de escenas adicionales, es decir, se mantiene la falta de rumbo y la improvisación. ¿Puede salir algo bueno teniendo el listón tan alto y una gestión del proyecto tan desorganizada? Todo apuntaba a que sería otra catástrofe artística… y el estreno así lo confirma.

La liga de la justicia no tiene aires de grandeza como El hombre de acero (2013), ni es tan pretenciosa, aburrida y confusa como Batman vs. Superman. Al menos han intentado que sea más ligera y directa, como Wonder Woman (2017). Pero en el proceso ha quedado otro batiburrillo de intenciones malogradas y apaños de última hora como Escuadrón suicida (2016). Es simple y predecible, pero a la vez inconexa y precipitada. Es superficial y anodina, a pesar del empeño en abarcar varios superhéroes y una trama supuestamente épica. La proyección deja frío y se olvida nada más acabar si vas con la mente abierta, sin prejuicios. Pero si te pones a analizarla como fan y como cinéfilo es mejor reírse, porque no merece la pena apenarse de nuevo por el desastre en que ha caído el estudio Warner Bros. con la serie DC, en cómo han desaprovechado unos personajes con tanto potencial y tan admirados. El panorama resulta incluso desalentador, viendo que veníamos del gran Batman de Christopher Nolan y pensando que han agotado a este y a los demás superhéroes para una década, porque nadie se atreverá a reiniciar estas figuras en muchos años, y más cuando está confirmado que van a extender la agonía durante unos cuantos episodios más. Así que lo único que queda es pasártelo bien poniéndolos a caldo y viendo a los fanáticos tirarse de los pelos o intentar darle la vuelta y decir que son buenas películas pero incomprendidas.

La taquilla ya va dejando ver el desgaste, con un estreno y primer fin de semana por debajo de los demás capítulos. Si hacemos caso a las estimaciones de que el presupuesto alcanzaría los 300 millones de dólares, a lo que hay que añadir unos 100 más en publicidad (que seguramente sean más, pero por poner una cifra), debería recaudar por encima de 800 millones para empezar a dar dinero, así que va a ir muy justa la cosa. La masa de espectadores es fácil de llevar a la tendencia de moda y tarda en cansarse, pero tarde o temprano tendrán que darle la espalda a una serie que apenas gusta. ¿Será por fin en esta entrega? Hasta ahora los episodios rondaban los 700-800 millones de taquilla, sí, pero con toda seguridad por el tirón de los personajes y del género, en pleno momento álgido, y por la insistente campaña publicitaria, que mueve a la gente indecisa en plan “esta es la peli del mes y hay que verla”.

De hecho, es imposible no pensar que le deben la mitad de la recaudación a Disney/Marvel y otro poco al Batman de Nolan, que hacen efecto arrastre y son quienes mantienen al género muy vivo. Si en Warner/DC tuvieran que depender sólo del boca a boca y las críticas, la hostia sería mayúscula. De ahí que los fanáticos que se empeñan en defender esta saga contra viento y marea despotriquen contra Rottentomatoes con conspiraciones absurdas de que está comprada por Disney, cuando lo único que hacen en esa web es recopilar las críticas de decenas de medios. Y luego estos mismos niñatos intentan reventar la media en la IMDb poniéndole miles de dieces antes del estreno, se dedican a perseguir por los foros a quien opine mal de estos bodrios, y tratan de machacar al estreno de Marvel más cercano, en este caso Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017), con argumentos pueriles y mucha rabia. Pero dejemos de lado esta surrealista guerra, perdida por Warner/DC y sus mercenarios ya desde El hombre de acero, y centrémonos en la película…

Como en el resto de la serie, lo primero que se observa es que el tono oscuro y épico está hecho a brochazos y es una fachada que cae rápido. La estética es artificial pero gélida, con esa fotografía de colores apagados nada naturales y los planos teatrales pero vacíos y sin visión global (una postal aquí, otra allí, pero la narrativa descuidada). Sumado a los penosos efectos especiales, se conforma un aspecto visual poco llamativo, desagradable incluso, por deslucido y cutre. La trama va de grandiosa, sombría y grave, pero al final resulta bastante insípida e infantil. Y sobre todo, lo peor de todo, los protagonistas tienen una descripción somera y un desarrollo muy exiguo, no son capaces de hacerlos crecer tras varios capítulos muy largos.

No hay conflicto ético llamativo, ni una lectura intelectual con el más mínimo atractivo. Claro que, si no los ha habido hasta ahora, no debería sorprender, pero dadas las temáticas que se trataban en los cómics y las otras adaptaciones, se echa de menos que profundicen en temas como la responsabilidad, la moral, la esperanza, la superación personal, etc. Apenas se señalan los puntos básicos de cada superhéroe, y desde luego no se explora ninguna otra línea conocida, como la corrupción de la sociedad (habitual en Batman), el poder de los medios (recurrente en Superman, a través del aquí inexiste Daily Mirror), etc. Tenemos flojas menciones al aspecto de Superman como faro de la humanidad, Diana sólo suelta un par de clichés a los nuevos sobre que sus poderes deberían estar al servicio del bien, y con Batman se roza el tema del miedo como arma porque los bichos malos se alimentan de miedo (aunque esto se olvida en largos tramos de la cinta), pero no porque se profundice en el personaje.

También se sigue descuidando otro aspecto esencial: la humanidad parece no existir. Aparecen Lois y la madre de Clark de refilón, para cumplir con ellas porque están en los cómics, pero no aportan nada al desarrollo emocional de Superman (casi mejor, después del patético desenlace de la pelea con Batman), y desde luego no sirven para recordarnos que la humanidad está en peligro. Es más, no sabría si ha habido una extinción en la Tierra, pues apenas vemos a unos pocos secundarios y figurantes, y los únicos con presencia relevante están metidos con calzador y sensacionalismo: las citadas mujeres de Clark y esa familia que vive cerca de la planta nuclear resultan muy cargantes. Es decir, nunca da la sensación de que la Tierra está en verdadero peligro, no parece que el grupo luche realmente por el ser humano, tanto por la supervivencia global como por sueños de una sociedad mejor, sino que parecen solamente unos frikis que se juntan en un descampado para pegarse con un gamberro sideral.

El villano provoca indiferencia total. Se puede perdonar que no tenga un dibujo complejo, que sea una entidad destructora sin más, si su presencia es una excusa para presentar al grupo de superhéroes. Pero aun así debe causar alguna impresión, tener cierto atractivo (diseño, carisma) y transmitir algo de peligro, es decir, que no parezca un infantil monstruo final de videojuego… no, peor, otro monstruo de videojuego, porque es intercambiable con todos los villanos de la saga. Si es que ni el nombre recuerdo. Intenciones, planes, poderes (¿y ese teletransporte?)… nada llega a definirse, es un muñeco digital sin alma alguna. Y como la puesta en escena y los efectos especiales son mediocres, la batalla final provoca más sopor que emoción.

Así que todo el peso del relato recae en el grupo, en su unión, sus relaciones incipientes, los primeros pasos en la lucha, la aceptación gradual del destino y la responsabilidad, el encontrarse a sí mismos y sacar coraje, etc. Viene a ser lo mismo de siempre, pero como siempre también, se puede hacer bien y cumplir de sobras, se puede conseguir un nivel extraordinario que permita rememorar la película años después, o se puede hacer el ridículo. Marvel se mantiene en los dos primeros puntos, con algunos picos antológicos, Guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014) y Los Vengadores (Joss Whedon, 2012). La reciente Thor: Ragnarok es otro gran ejemplo de que con una premisa clásica se puede conseguir una obra desbordante de personalidad. Pero con La liga de la justicia seguimos ahogándonos en un mar de decepciones.

La presentación de Aquaman es breve e insustancial, no llegamos a vislumbrar quién es, dónde vive, de qué cultura viene. Sólo nos quedamos con un vago dato: es el típico heredero que pasa de todo. Y su desarrollo no aporta ninguna capa, salvo incongruencias: va de chulo pasota de toda la vida que no quiere inmiscuirse en los problemas del mundo… ¿y entonces por qué ayuda al pueblo de pescadores? Sin conocer sus motivaciones y poderes (¿puede volar o la escena es exageradísima?), su presencia es confusa. Sin mostrar un carácter bien definido, sus chascarrillos parecen forzados. A pesar del carisma nato de Jason Momoa (Stargate: Atlantis, Juego de tronos), termina la proyección y me cuesta recordar que ha estado en ella, sólo me viene a la memoria la escena del Lazo de la Verdad, clásico humor “made in” Joss Whedon. La entrega que liderará en solitario debería haber llegado antes y la presente ser una conclusión o un punto y aparte a su trayectoria, como han hecho sabiamente en Marvel con todos sus protagonistas principales. Sin ir más lejos, parece un soso clon de Thor.

El drama familiar de Flash es escupido de mala gana, pero el chico resulta simpático, más humano que los demás. Se ve a un joven novato en esto de ser héroe, madura y se hace un hueco poco a poco. No deslumbra, se queda en un estereotipo un tanto limitado, y parece una imitación del Spider-Man de Capitán América: Guerra Civil (hermanos Russo, 2016), pero resulta agradable y su presencia y acciones sí vienen a la mente cuando piensas en la película. El actor Ezra Miller cumple en el papel de secundario cómico, pero faltaría por ver un progreso dramático más elaborado y cómo se desenvuelve en él.

Con Cyborg parece que intentan trabajárselo más, quizá por ser el más desconocido. Pero el lío paternofilial está demasiado visto y se desarrolla con clichés muy rancios. Al final hasta le hace ganar puntos a Flash: con él van al grano sin extenderse innecesariamente. En la comparación también pierde el actor Ray Fisher, incapaz de transmitir el supuesto tormento que vive su rol. Como héroe queda un remedo chapucero de Iron Man, con un traje y tecnología que todo lo puede, y como persona resulta más bien irritante.

Superman, con menos presencia, pierde más definición y profundidad, y mira que tenía poca. No se intuye de qué va ni qué siente. Se supone que ha de estar abrumado, pero parece pasárselo bien. El conflicto con Batman desaparece sin más, porque claro, acabaron bien después de todo… Pero entonces, ¿por qué el grupo teme que al resucitarlo vaya a por el hombre murciélago? Por cierto, increíble que Wayne, tan afligido por matarlo, no ayudara a su madre con las deudas que la llevan a quedarse sin casa. Y como decía, no existe conexión alguna entre Superman y la humanidad, por más que repitan la frase de que es un faro para la misma varias veces. Lo único digno de su presencia es que en la resurrección los guionistas se esfuerzan un poco. Luego está claro que no saben qué hacer con él, que meterlo en juego demasiado pronto acabaría con el malo en un pis pas, así que lo reservan con todo descaro para que los otros sufran un poco, con gilipolleces como que se preocupe por unos cuantos civiles a la huida (y eso que en El hombre de acero le importaron bien poco), cuando dejar al enemigo seguir con su plan es lo que podría causar un auténtico apocalipsis. Así que Superman queda otra vez casi al nivel del villano: un tipo súper poderoso que pulula por ahí sin saber qué lo motiva y qué piensa y que sólo pasa a primer plano para soltar hostias.

Batman posee cierto carisma y determinación, pero en el lado de Wayne, porque el hombre murciélago no me dice nada. Ben Affleck ha perdido fuelle (y ganado peso) respecto al buen papel en Batman vs. Superman: no se lo ve agobiado y tenso como debería ante tal empresa. Es otro que al terminar el visionado no sabes muy bien qué ha hecho, aparte de un par de escenas típicas donde lidia con la unión de la pandilla. Wonder Woman también apunta maneras. Tiene las ideas claras, quitando el absurdo de pasarse cien años de vacaciones, y algún diálogo digno. Pero una vez entrados en acción los atisbos de personalidad de estos dos desaparecen, engullidos por el caos sin contenido de la larga y cansina confrontación.

Está claro que el esfuerzo de Joss Whedon, centrado en definir mejor las relaciones de la banda, se ha ido en el tramo central, y que el final es puro Zack Snyder: fuegos artificiales (poco vistosos además) y nada de contenido. Porque la forma de rodar de Snyder y el paupérrimo nivel de los efectos especiales son el otro gran lastre de la saga y del episodio.

Es alucinante que se hayan gastado tanto dinero (recordemos: unos estratosféricos 300 millones de dólares) y luzca tan mal… de nuevo, porque no se entiende tampoco que sigan recurriendo al mismo equipo técnico que tan malos resultados da. Las pantallas de fondo cantan un montón (atención a la conversación de Clark y Lois en el maizal), las criaturas y escenarios digitales son propios de una película de hace veinte años (sonrojante la batalla de las amazonas), y el tramo final, todo hecho por ordenador, es puro videojuego, da lástima verlo. Para rematar, tenemos a Snyder y su incapacidad para dotar de ritmo y garra a la narrativa, y sus tics exasperantes: aspecto visual sintético, atardeceres eternos, cámaras lentas sin justificación alguna… Y la pena es que ni habiendo finalizado la cinta un artesano tan competente como Whedon se arregla la cosa, porque con unas pocas escenas sueltas es complicado cambiar un todo fallido, y aparte el estudio ha metido mano exigiendo un metraje de dos horas, cuando sabemos que había mucho material rodado (y probablemente obligaran a otras cosas, como a meter esos videoclips musicales tontorrones -el remix de The Beatles es incluso ofensivo- o a quitarle ropa a las amazonas -¡!-). Y me temo que el metraje final es tan caótico como el de Batman vs. Superman, tanto por el montaje de las peleas cuerpo a cuerpo, que siguen siendo bastante chapuceras, como en la narrativa global, que va a toda leche pero tropezándose y dejando huecos enormes.

Algunos de esos agujeros cantan mucho. Cuando se quedan tirados en los túneles porque Cyborg se larga, de repente aparecen afuera sin que sepamos cómo han salido. La solución de Batman con los insectoides sale de la nada, aunque quizá es mejor, porque me imagino una investigación absurda como la de Batman vs. Superman y me da la risa. Otro aspecto del rodaje extra que está dando que hablar es el dichoso bigote que tenía Henry Cavill para su siguiente película y eliminaron digitalmente con resultados muy cómicos, porque parece que han pintado con acuarela de color carne encima del labio.

En el lío de la producción también cambiaron de compositor. A estas alturas quieren a alguien con carácter, dejando de lado la electrónica sin alma de Junkie XL y al imprevisible Hans Zimmer, que lo mismo te hace un mix repetitivo de sintetizador que pare una genialidad, pero ahora anda diciendo que no quiere más películas de superhéroes. Así que han fichado a Danny Elfman, autor de la mítica partitura del Batman de Tim Burton, entre otras muchas maravillas. Eso no justifica que metan el tema principal de aquel Batman aquí, pero es que ya de paso incluyen también un homenaje al Superman de John Williams, con lo que da la sensación de que el estudio quería tirar de los buenos recuerdos de los espectadores para levantar el nivel emocional. El resto de su labor no destaca, y menos con tanto ruido. Si bien se agradece una orquestación más trabajada, la composición es de acción rutinaria, no se esmera (o no lo dejan) en crear motivos concretos para personajes (sólo recupera brevemente el simplón de Wonder Woman) ni en una trayectoria temática sólida, quedando una obra impersonal y predecible. De hecho, en algunos momentos se lo ve bastante limitado, como esos forzados violines lacrimógenos de las partes más dramáticas e íntimas.

El argumento trillado, las situaciones tan vistas, la poca enjundia intelectual, los protagonistas estereotipados y de escaso recorrido, y el acabado visual de cine cutre, dan como resultado una película ingenua, torpe, fea, que parece anticuada, como de los tiempos del Superman de Richard Donner (1978), impropia de esta época donde el género alcanzó su madurez hace unos años, precisamente con otro Batman, el de Nolan, y se mantiene en todo lo alto desde entonces gracias a la serie Los Vengadores y los giros adultos de la agonizante X-Men, Logan (James Mangold, 2017) y Deadpool (Tim Miller, 2016).

Y una vez vista y digerida es inevitable hacerse la gran pregunta: ¿El estudio ha apartado a Snyder y fichado a Whedon para tratar de encauzar un barco que se hunde? Ojo, no quiero frivolizar con la tragedia familiar que vivió Snyder, pero de haberse retirado para reponerse mentalmente lo lógico es que el estudio terminara el rodaje en la línea de este autor, la línea que le estaba imprimiendo a la serie. Inicialmente todos pensamos en lo más lógico: ficharon a Joss Whedon porque es uno de los mayores expertos en cómics de Hollywood y un notable guionista y director (de hecho, es un pilar fundamental en Los Vengadores). Pero en frío era imposible no razonar que el estilo (y el nivel cualitativo) de Whedon y el de Snyder son muy distintos, y que no pinta mucho para un trabajo tan poco gratificante como finalizar y editar la película de otro. Había muchos autores sin temperamento pero con experiencia que podrían haberlo hecho. Sólo se me ocurre que podría haber firmado para este mal trago a cambio de poder realizar la adaptación de Batgirl que persigue desde hace tiempo.

Siguiendo la labor de Whedon en el proyecto (por las noticias y declaraciones que ha habido) y analizando el resultado final, las dudas aumentan muchísimo. Sabiéndose que con él al frente el estudio buscó reforzar las relaciones entre personajes y un tono menos funesto y solemne, amén de reducir el metraje agilizando el ritmo y quitando morralla (Snyder nunca supo ir al grano), parece quedar claro que han mirado al éxito de Wonder Woman, con su estilo más luminoso y aventurero, y a la vena humorística que tan buenos resultados le da a Marvel. Es decir, todo apunta a que siguen improvisando y modificando la serie sobre la marcha, intentando encontrar un estilo y una personalidad según soplan las críticas, y han tratado a última hora de encauzar un filme que, finalmente, como Batman vs. Superman y Escuadrón suicida, se les ha ido de las manos. Para colmo, ahora andan algunos seguidores clamando por una versión del director editada por Snyder, como si de repente resultara que él no es el principal problema de la saga.

La liga de la justicia es otro fracaso (hasta el póster es horrendo) en una serie que deberían dejar morir (deberían haberlo hecho desde El hombre de acero) y reiniciar en unos años con buenos guionistas y directores y con la planificación adecuada.

* * * * * * * * *

Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
-> La liga de la justicia (2017)
Aquaman (2018)

El contable


The Accountant, 2016, EE.UU.
Género: Acción, suspense, drama.
Duración: 128 min.
Dirección: Gavin O’Connor.
Guion: Bill Dubuque.
Actores: Ben Affleck, Anna Kendrick, J. K. Simmons, Jon Bernthal, Cynthia Addai-Robinson, John Lithgow.
Música: Mark Isham.

Valoración:
Lo mejor: Bien rodada. Ben Affleck se esfuerza.
Lo peor: Mezcla de géneros sin coherencia. Ritmo apático. Un final muy rebuscado.

* * * * * * * * *

Warrior tuvo una distribución pésima y nulo apoyo publicitario a pesar de su potencial para ganar premios (épica historia de superación personal, drama familiar intenso, actores espléndidos), es decir, el estudio no se mojó por ella. Pero el boca a boca la mantiene muy viva, sobre todo en internet, y los cinéfilos la tenemos como una obra muy a destacar en los últimos años, y más teniendo en cuenta que en comparación con las tonterías que alaban los festivales de premios más importantes gana por goleada.

Por ello esperaba, y supongo que todos los que la vieron también, que el siguiente título de su realizador, Gavin O’Connor, mantuviera el nivel y de paso corriera mejor suerte. Pero aunque esta vez ha contado con más apoyo del estudio (el doble de salas en su estreno y más publicidad) y ha tenido mejor acogida en taquilla, la calidad es otro cantar. En esta ocasión no ha elegido un guion que dé la talla, de hecho cabe señalar que Bill Dubuque también escribió El juez, otro drama lleno de sensacionalismo barato. Y me temo que, a pesar de la buena labor con la cámara, O’Connor tampoco ha sabido darle la forma adecuada, es decir, potenciar sus virtudes, disimular sus carencias. De hecho me da la impresión de que intenta otorgarle seriedad, reforzar el drama, cuando el argumento tira más por el thriller de acción, lo que precisamente remarca más el desequilibrio.

Inicialmente nos muestra su cara seria, con una historia sobre la vida de un chico autista y cómo en su maduración consigue encajar en la sociedad. Pero de repente pasa a la acción en un giro más chocante que sorprendente, sumergiéndonos en una aventura tipo James Bond y Jason Bourne, con un héroe superdotado y peleas y tiroteos exagerados. En este género la cinta muestra sus carencias: primero, el protagonista no es creíble, segundo, la trama a desentrañar es muy floja, sin sustancia ni intriga.

Lo cierto es que Ben Affleck se esfuerza y consigue estar ranozablemente bien como autista, pero el personaje en sí es una fantasmada en la onda de El protector (The Ecualizer) y se mantiene entre inverosímil y cargante durante todo el metraje. También se remarca demasiado el dilema ético del agente del FBI (J. K. Simmons), otro rol que resulta un tanto artificial, mientras a la vez su ayudante (la desconocida Cynthia Addai-Robinson) queda totalmente desdibujada a pesar de tener mucha presencia. De hecho está claro que estos dos están puestos en el relato únicamente para remarcar el tono conservador tan rancio al estilo El protector: la loa al pistolero solitario, al vigilante nocturno que acaba con los maleantes y tumba las malvadas corporaciones sin un proceso justo y legal. En cuanto a los villanos… es como si no existieran, son meros trámites con los que cumplir y el único recuerdo que dejan es que Jon Bernthal (The Walking Dead, Daredevil) nos tortura con otro papel lamentable.

La historia se va desgranando con unos pocos momentos decentes que consiguen salvarla del abismo de la indiferencia, como la relación con los ancianos granjeros o con la becaria (Anna Kendrick), que aportan un poco de humanidad a un relato muy frío. Pero en el tramo final tratan de combinar un gran pero predecible colofón (típico asalto definitivo a la guarida del malo) con un retorno al drama, y aquí más que nunca la mezcla de ambos estilos falla, sobre todo porque el desenlace es una mala copia del de Warrior, cayendo en un cierre más cómico que emotivo.

Si O’Connor se hubiera decantado por el thriller desde un principio quizá hubiera conseguido una mejor película, una más natural, honesta y equilibrada. Las fallas de ritmo, los cambios de tono, lo previsible y a la vez impostado que resulta todo, lastran demasiado una cinta con potencial que se queda en otra más de acción de ver y olvidar.

Terminator Génesis


Terminator Genisys, 2015, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 126 min.
Dirección: Alan Taylor.
Guion: Laeta Kalogridis, Patrick Lussier.
Actores: Arnold Schwarzenegger, Jason Clarke, Emilia Clarke, Jai Courtney, J.K. Simmons.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene si te la tomas como una de acción y ciencia-ficción para pasar el rato.
Lo peor: No parece una película de la saga, ni en calidad ni en esencia. La trama es un galimatías lleno de agujeros de guion, los personajes muy flojos, el reparto mediocre, la puesta en escena normalita. La negligente campaña publicitaria: destripan toda la película en los tráileres… ¡incluso en el póster!

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hay algunos spoilers sobre la trama… pero nada que no se viera en los tráileres, que te lo contaban todo. Al final hago una lista de fallos que sí incluye más detalles.–

Estamos ante otra superproducción de estudio realizada con prisas para exprimir una saga famosa justo antes de que pase una moda o, como en este caso, caduquen los derechos. Cogen a unos cuantos guionistas y los martillean entre varios ejecutivos con ideas variadas, muchas de ellas sin pies ni cabeza. Seleccionan a un director con poco renombre (corta carrera y sin contactos en la industria) que quiere ganarse algo de fama y amigos y se deje manipular. El resultado, otra película que no debería haber existido. Un caos de argumento, unos personajes queridos destrozados, un aspecto visual que está lejísimos de dar la talla.

Como entretenimiento de acción tiene un pase, es de estas de ver y olvidar sin que llegue a dejar nada para el recuerdo. El ritmo no es malo porque salta de una cosa a otra constantemente, al argumento no le haces caso porque de primeras se presenta absurdo, la acción es básica pero vale para darle vidilla, te ríes con sus chistes facilones y también con los agujeros de guion, y a otra cosa. Tiene un presupuesto descomunal que no luce y unas pretensiones que no llegan a nada, pero para vale aceptablemente como pasatiempo de bajo nivel. Pero teniendo en cuenta que debe ser el relanzamiento y reinicio de una saga de alta calidad y muy querida no puedes hacer la vista gorda a su falta de personalidad y calidad, de hecho, anda tan escasa de ambas que resulta un insulto al fan de la serie. Ya la tercera y cuarta partes se llevaron un buen varapalo porque cumplían por los pelos con los preceptos obligados. ¿Por qué no aprenden de los errores? Pues porque es algo esquivo para los magnates que buscan reventar la taquilla con productos y no con cine de verdad.

Tres son esos puntos clave que deberían haber mantenido de una forma o de otra. Personajes fuertes y carismáticos con los que pudieras conectar y sufrir. Una aventura de supervivencia al límite que roce el terror psicológico. Una puesta en escena sobresaliente que deje al resto del género en ridículo. La tercera entrega cumplía lo justo pero al menos era un buen título de acción, y la cuarta se acercaba bastante en todos los elementos, aportando además un nuevo camino que seguir, porque por fin vieron que repetir la fórmula de “Terminator al pasado más persecución” estaba agotada. No fue una obra redonda, y con lo exigente que es el fan se tardó en apreciar sus muchas virtudes, pero no me cabe duda de que por ahí deberían haber seguido, el camino estaba bien allanado: buena trama, buenos personajes y nuevas ideas que respetan el concepto original, amén de un aspecto visual con gran nivel y bastante estilo.

Pero en Génesis dan un paso atrás… con tirabuzón, tropiezo y fractura de tobillo. Y aún pretenden arrastrarse para realizar más secuelas. Espero que la taquilla, que no va bien, y las flojas críticas, les sirvan de aviso y dejen la saga en paz, porque para verla agonizar mejor dejarla ir. Para colmo, este reinicio llega considerando que la tercera y cuarta partes no existen. La han vendido así y se puede observar en algunos detalles; el encuentro entre Reese y Connor es distinto a lo visto en Salvation (McG, 2009), por ejemplo. Es decir, tienen los santos cojones de decirte que esta película y no las anteriores es la buena. Pero es que una vez vista te das cuenta de que los terminator enviados a los 90 ya no existen, ergo es como decir que Terminator 2 (James Cameron, 1991) también la puedes sacar de la serie, que ya no es válida. Pues obviamente va a ser al revés: Génesis es la que nadie va a incluir en la cronología de la saga, por estúpida e insultante. Para rematar, engancharon y engañaron a James Cameron (no sé cómo, dinero no necesita; ¿alguna obligación contractual?… porque sencillamente, no hay quien se crea sus palabras) para hacer un anuncio donde decía “Esta es la secuela de Terminator que yo habría hecho”. Pues no, coño, no me toméis el pelo así.

Los personajes son lo contrario a lo esperado. Oscilan entre la indiferencia, el aburrimiento y lo cargante, con lo que gran parte del tiempo resultan repelentes y quieres que mueran de una vez. Es problema de un libreto blando e indeciso tanto como de interpretación: qué horror de casting. Kyle Reese es un soldado de escasa personalidad, y Jai Courtney se ajusta a ello con su actuación sin savia ni sentimientos, con lo que termina resultando una versión cutre y anodina del carismático y sufridor Reese de Michael Biehn en la primera entrega y el encantador Anton Yelchin que representó su versión joven en Salvation. La Sarah Connor dura que yo conocía era una mujer de armas tomar, decidida y violenta como los tiempos requieren, pero a la vez se la veía llena de cargas y miedos como madre y como salvadora de la humanidad. No hay conflicto interno alguno en la Sarah actual, y la falta de carisma empeora las sensaciones. Aquí el fallo es principalmente de casting, porque al menos dura sí la muestran, y seguramente podría haber funcionado con una actriz que le diera fuerza… Pero Emilia Clarke no de la talla, literalmente porque tiene complexión de niña, pero sobre todo porque se la ve forzada. Y peor está en los momentos emocionales, que no los hace creíbles y en los que carece de la más mínima química con Courtney, y mira que era necesaria dado el obligado romance. En Juego de tronos (2011) ya mostraba sus carencias, ¿por qué ese empeño en hacerla famosa? Y aparte, ¿quién va a metese en tiroteos llevando un wonderbra?

A John Connor directamente que le hubieran cambiado el nombre. El Connor del tramo inicial es insípido, nada que ver con la excelente representación de Christan Bale, verosímil como líder con un gran peso encima. Jason Clarke me parece buen actor desde que lo conocí en The Chicago Code (2011), pero no logra captar al personaje, primero por sosainas y luego por la cosa sin pies ni cabeza en que lo convierten. Arnold Schwarzenegger como el Terminator (¿de verdad hacía falta decirlo?) está correcto en un papel que no requiere más que un toque de seriedad, el problema es exclusivo del guion: mientras que la idea de que envejece es simple pero efectiva, el resto de aportes que lo alejan de la descripción original son una cagada. Como en la tercera parte, lo convierten en un secundario cómico, y esta vez peor, porque los chistes son repetitivos y sin gracia alguna. Pero también lo humanizan más de la cuenta con una sensiblería que no resulta creíble. Por ejemplo, el pique con Reese cuando cargan las armas: se ve a una persona que intenta esconder su vejez y hace un chiste con un nuevo amigo, algo incompatible con el tipo de robot que conocíamos. Y lo rematan otorgándole conocimientos que de ninguna manera podrían estar a su alcance: ¿un terminator, una unidad de combate e infiltración, tiene conocimientos avanzados de las armas secretas de Skynet? Ni de coña. Una unidad que tiene muchas posibilidades de ser capturada por el enemigo no lleva información vital que además le es inútil en su misión. Que el terminator construya una máquina temporal con tecnología de 1984 mientras la Skynet del futuro sudó de lo lindo es totalmente absurdo e inverosímil, una excusa forzadísima para que viajen a la nueva línea temporal en nuestro presente.

El argumento es un despropósito, y no sólo porque la premisa parte de ese sinsentido. Hay como dos películas en una. La primera es el intento de relanzar la serie sin faltar a las ideas originales. La segunda es el intento de hacer una nueva saga bastante distinta. Ninguna de las dos funciona, y al combinarlas se quedan ambas a medias: sin ritmo, rumbo ni coherencia. Para colmo, nos jodieron las escasas sorpresas relevantes en la penosa campaña publicitaria, la más negligente e insultante que recuerdo haber visto: los tráileres te cuentan absolutamente todo, y hasta el póster (que encima es horrendo) te destripa el giro con John Connor.

Partimos desde un punto ya conocido: en la victoria final sobre Skynet, esta inteligencia artificial despliega su último recurso, una máquina del tiempo con la que envía un terminator a 1984 para asesinar a Sarah Connor e impedir así que nazca su mayor rival, John Connor, quien liderará la resistencia. Pero los humanos logran enviar también un defensor, Kyle Reese. Sin embargo, en esta película cambian las cosas. Reese se encuentra con una línea temporal reescrita porque otra pareja de terminator (un T-1000 malvado y un T-800 reprogramado como aliado) ha sido enviada a la infancia de Sarah. Así pueden colar la idea de que el T-800 envejece y mantienen a Schwarzenegger en el papel, pero no esperes que te expliquen quién, cómo y cuándo envía esos robots a los años setenta, de la misma forma que no se esfuerzan por hacer verosímil la máquina temporal del 84 con la que se permiten el borrón y cuenta nueva de tramas y fechas. Es la excusa para montarse este burdo reinicio, y punto.

Una vez reseteada de mala manera la serie, empieza el caos. Skynet es ahora Génesis, John es Skynet, Génesis es un niño pesado… y todo esto da igual, porque no se explica ni desarrolla nada, no lleva a ninguna trama elaborada. Los personajes deambulan de un escenario a otro y todo les cae encima, hacen lo que sea, y siguen adelante como si nada hubiera ocurrido. No hay una evolución del drama personal llamativa, emocionante, y el romance tira de topicazos inmaduros bastante cargantes. La trama finge ser compleja pero es superficial e intrascendente y se da mascadita en pequeñas dosis porque se asume que el espectador es tonto. La narración se limita a escena de acción tras escena de acción, que para colmo no dan la talla, sea por los agujeros de guion (a casi todas se les puede sacar alguna incoherencia importante; al final del artículo pongo una lista con las más llamativas) o el flojo nivel visual. Esta forma de narrar, cada vez más común en el cine contemporáneo, es algo que detesto. Sobre todo me resulta insoportable lo de que los personajes no se esfuerzan realmente por nada. Reese capta recuerdos por arte de magia, y estos le indican hacia dónde tiene que ir; fuera de escena el Abuelo (el T-800 enviado a los setenta) monta y desarrolla un gran plan de forma que al final lo único que tienen que hacer para acabar con Skynet en 2016 es poner unas bombas. No hay más línea argumental que pegar tiros hacia delante, salvo esa delirante subtrama con el personaje secundario tonto de turno (otro cliché del cine actual), el policía-chiste que aparece de vez en cuando sin aportar nada (J. K. Simmons).

Y por supuesto, olvídate de cualquier rastro de inteligencia. ¿Alguna pensamiento filosófico sobre el destino de la humanidad con la tecnología? No. ¿Entonces para que convierten a John en Skynet? ¿Qué revelación ha tenido, cuál es su objetivo, por qué aparece y desaparece y sus intenciones para con los héroes cambian cada dos por tres? El galimatías resultante sólo consigue aburrir, porque habla y habla pero ni dice ni lleva a nada. Estropean lo que conocíamos de Skynet para convertirlo en Génesis, una inteligencia artificial que parece un niño mimado con un arrebato. ¿Cómo pretendes que esos hologramas estúpidos den miedo y sensación de peligro? En las tres primeras partes no veíamos directamente el enemigo principal y aun así lo temíamos, y aunque en la cuarta ya flojeó al mostrar un núcleo al que parecía demasiado fácil acceder, al menos mostraba inteligencia sin igual que aquí no llega a verse ni en el Connor tuneado.

Para rematar el despropósito, como decía tampoco parece que se esfuercen por mantener el sello de la saga en su esencia más importante: no llegan a aparecer las exigibles grandes secuencias de acción y persecución que ponen a los protagonistas al borde de la muerte, con huidas por los pelos, un clima de intriga que roza el terror (al menos en las dos primeras entregas) y donde no se olvidaban de desarrollar personajes humanos que te calen hondo. Sólo salvo la escena del ácido, el resto son anécdotas enlazadas donde no son capaces de formar una trama sólida e impactante y menos exponer buenos caracteres. Los tiroteos son breves e insípidos, y la gran pieza de acción central es la vista en los avances: unos pocos minutos correteando con el autobús para acabar de forma súper exagerada. Intriga y tensión y sentido del espectáculo y del asombro no llegan a aparecer.

Gran parte del problema es el infame libreto, pero 155 millones daban para bastante más. El director Alan Taylor, por mucho que deslumbrara en televisión (desde Homicidio -1993- a Juego de tronos, pasando por varios clásicos: Oz -1997-, Los Soprano -1999-, Mad Men -2007-…), no logra el nivel requerido, y eso que se entrenó en superproducciones con la más que correcta Thor: El mundo oscuro (2013). Jonathan Mostow y sobre todo McG nos regalaron secuencias de acción impactantes y superiores a la media del género, y aunque no llegaran al nivelazo del genial James Cameron se veía talento y en el segundo caso también esfuerzo por buscar el tono de tensión constante, por lo que Salvation mantenía el sello de la saga de forma aceptable. Pero Génesis es una obra sin alma, sin sentido del espectáculo ni como señalaba capacidad para transmitir ni una de las emociones que se esperan encontrar. Las peleas a puñetazos son muy simplonas, carecen de energía y vitalidad, tanto por la falta de originalidad como por la monótona forma de rodarlas (el montaje es bastante malo). La corta y simple persecución con el autobús tampoco impacta nada a pesar de ser la más relevante, y el resto son unas breves escaramuzas con aún menor capacidad para causar alguna impresión, como la persecución con helicópteros, que se limita a mostrar borrones digitales movimiento y mucho ruido pero no llega a narrar nada. El largo e insustancial desenlace es lo peor de todo. Deberían haber buscado algo más ambicioso, que pegar tiros a las cámaras para que Skynet no moleste con su monólogo de humor mediante hologramas mientras ponen cargas explosivas no es un clímax digno de la serie. Así que, si estaba siendo una de acción normalucha, el interés acaba por los suelos, dejándote sin nada que recordar. Y en las partes pausadas está peor, con una dirección apática; hay momentos muy flojos, como esos torpes primeros planos en los momentos románticos.

Los efectos especiales son muy limitados en una serie donde se espera que deslumbren, de hecho, ni llegan al mínimo aceptable como superproducción. El futuro se asemeja a un videojuego, es realmente penoso, parece que estás viendo el clon de The Asylum en vez de la película oficial. Luce muchísimo mejor el futuro de Terminator 2 de hace… ¡casi veinticinco años!, no digamos ya el de Salvation. Parecen haber echado todo el dinero y esfuerzo en la recreación de Schwarzenegger de joven, que está bien conseguida pero se sigue notando falsa (no resulta tan creíble como los Na’vi de Avatar). Es que ni siquiera convence el nuevo esqueleto del terminator, con una mandíbula distinta que le confiere un aspecto de robot demente más que temible. Y para terminar, la banda sonora de Lorne Balfe es insistente y chapucera, cuando las demás han sido sencillas pero sumamente efectivas a la hora de reforzar la intriga y tensión.

Cuando vi Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015), me dije: “no he visto una película de acción y ciencia-ficción de semejante nivel desde Matrix (hermanas Wachowski) y Terminator 2“. Que sea una obra ajena a la saga la que más recuerde en sensaciones y calidad a la misma…

Alerta de spoilers: Termino con la larga lista de preguntas, inconsistencias y agujeros de guion, que obviamente señalan detalles muy concretos de la película.–

-Tanto repetir la fórmula de enviar un terminator al pasado empieza a generar preguntas. En Terminator se suponía que el envío de un robot y un héroe para frenarlo fue un movimiento de última hora y a la desesperada, pero si siguen mandando robots de uno en uno cuando les place (y la Resistencia averigua sin problemas la fecha y envía también un solo defensor), pues parece que realmente no tienen tantos problemas para enviarlos, así que… ¿por qué cada bando no manda un puñetero comando? Y en esta película en concreto se nota más el patinazo, porque vemos a Skynet coger un solo terminator de todo el lote que tiene y a la Resistencia hacerse con la máquina con bastante tranquilidad y enviar a Reese sin prisas, pero luego además resulta que alguien envía otra pareja más. Manda a veinte hombres fuertes, John Connor, que pareces imbécil, y no dejes sin vigilancia la máquina para que Skynet siga fastidiando.
-También cabre preguntarse por qué si Skynet tiene la máquina del tiempo lista, en vez de usarla y acabar con la Resistencia de una vez sigue extendiendo la guerra.
-La gilipollez de que una vez derrotada Skynet los terminator y naves se desconecten y caigan… ¿entonces como funciona el terminator en el resto de la película, y por qué no activa el resto del lote para defender la máquina?
-Señores guionistas (y productores mete mano), si vais a extender o justificar las escenas con trucos baratos, intentad que no se noten tanto, que hay innumerables capítulos, en especial de acción, cuya justificación parte de o tiene una cagada muy clara: si Sarah sabe en qué momento y lugar aparece el Terminator en el 84, qué demonios hace que no está preparada esperando en vez de arriesgarse a un enfrentamiento directo; con Reese igual, espera a que esté a punto de morir en la tienda de ropa porque en caso contrario no tendríamos el momento de tensión cutre; en la huída con el cambión Kyle tiene un lanzagranadas y no lo usa hasta que el T-1000 ha cumplido con la filigrana molona buscada; en la trampa para el T-1000 el Abuelo está desparecido en vez de proteger a Sarah, para aparecer porque sí al final de la escena, pues con él presente la escena habría durado un minuto; el Abuelo ha tenido veinte años para armar los cargadores y preparar bombas, pero no lo ha hecho sencillamente porque querían meter una escena de transición y otra cómica; habiendo un montón de coches, más manejables y mejores para pasar desapercibidos, cogen un autobús, que da más espectáculo; ni el lógico T-800 ni el entrenado Reese son capaces de prever que si dejan otro helicóptero lo pueden usar policías o John-Skynet para perseguirlos si averiguan que han tomado ese camino, pero claro, entonces no habría persecución.
-Qué casualidad que el poli tonto se trasladara de LA a San Franscisco y deduzca tan rápido de un fotograma borroso que dos gamberros en un puente son los misteriosos tipos que busca
-Qué conveniente la explicación de que John-Skynet sea único: los demás sujetos que quiso convertir Skynet se murieron, él no… por que sí y punto
-Persiste la manía de coreografiar peleas lanzando al contrincante lejos cuando lo tienen agarrado dispuesto para ser machacado a puñetazos y cuchilladas: vemos que John-Skynet le puede cortar un brazo al Abuelo, y en vez de seguir destrozándolo se dedica a tirarlo de acá para allá lejos de su alcance, como si una caida o choque contra una pared demostrara hacerle daño, y como si no pensara que le está dando tiempo a encontrar una escapatoria o arma.
-El T-800 detecta la bisagra falsa, una parte del T-1000. Es una capacidad que no parecía tener en Terminator 2.
-Con un cargador (20-30 balas como mucho) Sarah hace miles de agujeros en los barreños de ácido. ¿Y si no llega a tener arma? Vaya mierda de plan.
-Tienen la máquina del tiempo en el mismo sitio que la trampa para el T-1000, con todos los riesgos que conlleva.
-El T-800 de los años 70 se carga a un T1000 solo con un bazoca.
-Qué casualidad que la sala de pruebas de la poli esté llena de armas de gran calibre. ¿No podrían los guionistas simplemente hacer que los personajes entren en un almacén de armas?
-En Cyberdine construyen un par de proyectos secretos revolucionarios, la poliaelación y la máquina del tiempo… y los tienen tras cristaleras desde donde cualquier currante del resto de la empresa lo ve todo; toma seguridad y secreto.
-¿Por qué se apagan los carteles publicitarios de Génesis?
-El Abuelo al final es capaz de regenerarse… pero mantiene su aspecto viejo.
-“No tenemos armas para luchar contra esta nueva clase de Terminator”… “No pasa nada, me fabrico un súper imán con un megáfono viejo”.

Saga Terminator:
Terminator (1984)
Terminator 2: El día del juicio final (1991)
Terminator 3: La rebelión de las máquinas (2003)
Terminator: Salvation (2009)
Reinvenciones/remakes:
-> Terminator: Génesis (2015)
Terminator: Destino oscuro (2019)

Whiplash


Whiplash, 2014, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 107 min.
Dirección: Damien Chazelle.
Guion: Damien Chazelle.
Actores: Miles Teller, J. K. Simmons, Paul Reiser.
Música: Justin Hurwitz.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto.
Lo peor: Tan manipuladora que resulta ofensiva. Pero a tenor de su éxito esto no parece importarle a casi nadie.
El póster: Cumple a rajatabla “la regla del póster”: cuantas más críticas de obra maestra y más estrellitas veas en un póster, menos buena será la película.

* * * * * * * * *

Creía que no podía ver un filme más tramposo y manipulador que Dallas Buyers Club, pero Whiplash se esmera a lo grande y alcanza ese esperpéntico nivel. Por suerte está mejor narrada, y si apagas las neuronas puede llegar a entretener. Pero sinceramente, no puedo aprobar tamaño insulto a la inteligencia del espectador. Que la masa de espectadores se trague cualquier cosa, que sea moldeable por los medios, no es motivo para aleccionar atentados contra la dignidad y el buen gusto como este. Pero resulta que este género es el favorito en los Óscar, como vemos año sí y año también, pues cada temporada nos llegan varios de estos melodramas prefabricados y espurios que son encumbrados por el poder mediático de la Academia y aplaudidos por la masa descerebrada. Esta vez casi hacen pleno con las nominadas, de ocho título sólo Birdman y El gran hotel Budapest se apartan del género, son originales y tienen calidad cinematográfica digna de alabar, el resto, todas maniqueas, retorcidas y sensacionalistas: El francotirador, Boyhood, Descifrando enigma (esta llega a niveles de vergüenza ajena), Selma, La teoría del todo (aunque esta, dentro de este estilo, es salvable). Pero lo que se me escapa es que la crítica (al menos la estadounidense) la aclame casi unánimemente: un 95% en rottentomatoes.com. ¿Tan fuera de la realidad vivo? ¿O es que a la gente le gusta ser engañada?

Resulta que tenemos que creernos que en pleno siglo XXI alumnos adultos (el más joven parece ser el protagonista, y es mayor de edad) se dejan vejar día tras día por un profesor incapaz para enseñar y que da sus clases insultando, amenazando, exprimiendo a los alumnos hasta que lloran y sangran (literalmente), e incluso abofeteando y lanzando objetos que pueden herir gravemente. El régimen de terror es de dictadura total, inverosímil en sus primeras escenas, realmente ridículo cuando se va de madre. Y todos se callan y tragan. Todos adultos. En el país donde te denuncian por cualquier tontería.

El relato prometía ser otra vulgar y arquetípica historia de superación personal (con planos de manual, como el careto del padre en el momento de revelación del hijo), pero pronto se convierte en un artificial thriller psicológico que no llega a comedia involuntaria por el simple hecho de que es tan falso e insostenible que resulta molesto. Es comparar con Black Swan y se me cae la cara al suelo de vergüenza ajena.

Si pretendes mostrar un drama de crecimiento y superación personal debes ser honesto, construir unos personajes y un entorno realistas, o, si se trata de una fábula o exageración, hacerlo de forma que funcione dentro de su planteamiento. Pero cada vez está más claro que es más fácil llegar al espectador medio a través de clichés, trampas argumentales, manipulación emocional barata, etc. Sólo hay unas pocas escenas que atienden a conceptos sobre relaciones y sentimientos humanos verosímiles, como el breve noviazgo, pero no aportan realmente nada al caos global.

La puesta en escena es muy profesional y no hace alardes innecesarios. El director de verdad se cree lo que está rodando, y otorga un dinamismo muy acertado a un argumento que da poco margen. A pesar de los escenarios cerrados y los personajes sentados en situaciones siempre semejantes, el ritmo de cada escena es correcto, sobre todo gracias a una labor de montaje de gran calidad. Y de los actores saca también bastante partido. El joven desconocido Miles Teller (aunque con el reinicio de Los cuatro fantásticos es de suponer que se hará famoso) está muy implicado en el rol de alguien obsesionado, solitario y que acaba quemado, y al veterano pero tampoco popular J.K. Simmons (más allá de Spider-Man pocos lo habrán visto) se le da bien imponer y gritar. Pero en otro giro absurdo de acontecimientos la notable labor del joven Teller ha pasado desapercibida mientras la obsesión con Simmons es incomprensible, pues se alaba como si su papel fuera revolucionario cuando no es para tanto; si aceptamos esa valoración, entonces en comparación Oz tenemos la mejor interpretación de la historia. La pena, claro está, es que por mucho que se esfuercen los intérpretes los protagonistas son tan excesivos y absurdos que no pueden calar lo más mínimo.

Con el filme igual. De nada sirve su certera impronta visual si lo que hay detrás da más pena que risa. Acabé el visionado sólo porque me da rabia dejar películas a medias y por mi asombro ante lo que veía: quería saber si el guionista era capaz de llevar más allá el despropósito. Y los niveles alcanzados son de quitar la respiración. Desde el accidente de coche esto resulta una parida difícil de definir. Se mofa tanto de la inteligencia del espectador que se permite saltar a su giro final y conclusiones (tan rebuscadas como todo lo demás) dejando de lado las explicaciones: ¿el tío va a un concurso con una banda que no conoce sin haber ensayado juntos, y acepta trabajar para quien abusó tanto de él? Por no decir que en nada que busques un comentario de alguien que sepa de jazz te desmonta la película. No, saber tocar la batería en jazz no es darle más rápido que nadie y marcarse solos dignos del heavy metal más ruidoso, es saber seguir y marcar el ritmo incluso en las improvisaciones. Ahí también han mentido con descaro.

Lo de Whiplash es demencial. Tan demencial como que haya un solo espectador que se haya tragado tanta trola, manipulación, clichés y memeces. Y me temo que son millones.

Spider-Man 2


Spider-Man 2, 2004, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 127 min.
Dirección: Sam Raimi.
Guion: Alvin Sargent.
Actores: Tobey McGuire, Kirsten Dunst, James Franco, Alfred Molina, Rosemary Harris, J. K. Simmons.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes cobran fuerza y la cinta adquiere gran intensidad, teniendo muchos momentos magníficos: las escenas de acción, los toques de humor casi auto paródico…
Lo peor: Nada, excepto que sorprendentemente hay quien prefiere el bodrio de la primera entrega.
Mejores momentos: La escena del tren, de principio a fin.
La frase: La inteligencia no es un privilegio, es un don, y debe usarse por el bien de la humanidad.

* * * * * * * * *

Tras una primera entrega con gran sabor a decepción por su guion simple y plano, por sus personajes aburridos y la nada lograda puesta en escena, Sam Raimi dio una grata sorpresa al sobreponerse de todos los errores que lastraron aquella adaptación y conseguir en el segundo intento una producción de superhéroes espectacular, rica en caracteres y con diálogos interesantes, llena de emoción y humor. Sumando una dirección eficaz y unos efectos digitales ya mejor trabajados, Spider-Man 2 se alza como una producción de superhéroes modélica y una de acción de no perderse.

La narración es fluida, muy equilibrada. El tiempo está bien administrado, repartiendo de maravilla las presentaciones de los caracteres (el villano sale muy bien parado en esta ocasión) y llevando la trama con un ritmo muy adecuado en cada momento. Así, las partes dramáticas y románticas tienen plena dedicación pero no aburren, la acción es intensa pero no se olvida de tener contenido y sentimientos, y el sentido del humor es brillante y está dosificado correctamente, aunque Spider-Man sigue sin ser muy dicharachero. No se observan tramos resueltos apresuradamente, aunque se podría indicar que la parte final, la presentación del nuevo Duende, queda un poco descolgada, pero sí hay varias escenas ejecutadas casi con maestría, como los cómicos intentos de Parker de dejar de lado su faceta heroica o la escena cumbre del filme, la impresionante lucha en el metro cuyo final es capaz de cortar la respiración y humedecer los ojos.

A pesar de ser un relato que sigue los pasos típicos de este tipo de producciones, éste llega al espectador de manera intensa al no caer en estereotipos simplones, pues el esquema predefinido del argumento solo es el esqueleto de una historia bien escrita y narrada con entusiasmo. Las vivencias de cada personaje resultan cercanas y no anodinas (como sí fueron en la anterior entrega), los amores y dilemas del héroe y la transición del villano y su caída se desarrollan a través de diálogos bien trabajados, sin sabor a artificialidad ni huecos. El reparto está centrado en su labor y cada intérprete proporciona los matices necesarios a sus personajes, hasta el punto de que ya me es imposible imaginar un Spider-Man que no sea el excelente Tobey McGuire o una Mary Jane que no tenga el rostro de la interesantísima y extraordinariamente bella Kirsten Dunst, aunque también es inevitable citar las inmejorables actuaciones de Alfred Molina (Octopus), Rosemary Harris (May Parker) y J. K. Simmons (Jonah Jameson).

Spider-Man 2 toma todo lo básico del género y lo mezcla en un cóctel de resultado fantástico, cuya degustación deja muy buena sensaciones incluso tras numerosos visionados. Como decía, como cine de superhéroes la considero imprescindible, y como cinta de acción, altamente recomendable.

Spider-Man:
Spider-Man (2002)
-> Spider-Man 2 (2004)
Spider-Man 3 (2007)

Spider-Man 3


Spider-Man 3, 2007, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 139 min.
Dirección: Sam Raimi.
Guion: Sam Raimi, Ivan Raimi, Alvin Sargent.
Actores: Tobey Maguire, Kirsten Dunst, James Franco, Thomas Haden Church, Rosemary Harris, J. K. Simmons, Bryce Dallas Howards, Topher Grace.
Música: Christopher Young.

Valoración:
Lo mejor: Los caracteres y la fuerza del relato, tanto en el drama como en la acción y la comedia. Todos los actores, excepto…
Lo peor: …el infame Topher Grace. Los evidentes tijeretazos impiden que sea tan redonda como la segunda entrega, haciendo que algunas partes y personajes queden desaprovechados.
Mejores momentos: El rescate de Gwen, la escena en el restaurante, el baile en el club de jazz y la lucha final.
El plano: Por polémico, el de Spider-Man con la bandera de EE.UU al fondo, que también se pudo ver en la primera entrega. Patriotismo hortera que no viene a cuento.
La frase: ¿De dónde salen estos tíos?

* * * * * * * * *

La tercera entrega del Hombre Araña cierra esta trilogía aunque no bloquea la puerta a más continuaciones, pues es más que seguro que veremos más de sus aventuras, sea con los mismos autores y actores o con otros distintos. Este punto y aparte ha tenido una recepción bastante floja entre los fans que habían disfrutado mucho con las dos primeras partes, sobre todo entre los fieles adeptos a los cómics. Las causas más notables son el mayor distanciamiento respecto a la obra escrita, la falta de presencia de algunos caracteres sumamente importantes en la misma y un ritmo apresurado a la vez que renqueante. No sé cómo me las apaño para ir casi siempre a contracorriente, pero he de admitir que, al contrario que la gran mayoría de los seguidores, he disfrutado casi tanto como con el episodio intermedio, el cual me pareció inmensamente superior a la primera y flojísimaadaptación de este torturado superhéroe. Esos fallos que tanto han disgustado al público para un servidor apenas son unos baches en esta entretenidísima cinta de acción en la que el baremo de grandes escenas, personajes carismáticos, buenos actores, efectos especiales impresionantes y equilibrio entre drama, acción, y comedia superan con creces la media que ofrece el actualmente de moda cine de superhéroes, no llegando a la altura de Spider-Man 2 o Batman Begins (Christopher Nolan, 2006) pero sí a la de las primeras entregas de X-Men (Bryan Singer, 2000, 2003).

Raimi intenta abarcar mucho en esta crucial aventura, tanto que antes del estreno muchas eran las voces que veían la presencia de tres villanos como algo excesivo. Pero lo cierto es que, salvo porque se echa de menos mayor presencia del mítico Venom, que tiene apariciones bastante limitadas a pesar de ser el enemigo más terrible y atractivo al que se ha enfrentado el héroe en el cómic, el desarrollo y confluencia de los tres enfrentamientos está bien trabajado, siendo lastrado solamente por la rapidez con que ocurre algún acontecimiento debido al recorte de algunas escenas. Así, aunque se consiguen buenas presentaciones de los villanos, hay algunos baches que impiden que las historias sean redondas.

Si el cambio respecto al original de ubicar al Hombre de Arena en el asesinato del tío de Peter está bien escrito y encaja en la historia de las películas (aun así es un golpe para muchos fans), la escena en comisaría donde se le presenta el caso a Parker está incluida con calzador (al igual que el personaje del Capitán de policía –James Cromwell-, que no pinta mucho). Sin embargo, con este supervillano me han sorprendido mucho, pues no esperaba nada de él y han obtenido un enemigo extraordinario, cuya intruducción es preciosa (la escena en su hogar con su familia) y ofrece un individuo con todos sus actos justificados por una personalidad compleja y con buenos dilemas éticos que se contraponen a su imperiosa necesidad de salvaguardar la vida de su hija. Además, el actor es físicamente perfecto para el papel.

El joven Duende Verde, interpretado con entusiasmo por James Franco, nos ofrece otro personaje trabajado con esmero y con grandes instantes (impagable el desayuno con MJ), pero cabe preguntarse por qué, teniendo el tiempo y metraje tan limitado, Raimi se entretiene en provocarle amnesia, lo que hace que durante un tramo del filme haya un receso innecesario en su trama. Quizá esté justificado para meter a Harry Osborn de nuevo en los líos amorosos, pero no me cabe duda de que había mejores formas de escribir esta parte. Por otro lado, hay quien se ha quejado de la inclusión de su sirviente, una suerte de Alfred que le proporciona la revelación clave para encarrilarlo en el buen camino… Queda algo forzado, pero funciona como recurso que ahorra muchas complicaciones.

Venom, el que muchos querrían que hubiera sido plato fuerte de la función, se queda limitado a ser otra figura en un reparto coral, con la consecuente pérdida de importancia e interés. El monstruo está logradísimo en cuanto a su inquietante presencia, el nivel de los efectos especiales es notable y ofrece una lucha final impresionante. Cuando Spider-Man ha de lidiar con él en los momentos en que el simbionte le posee presenciamos momentos de gran tensión donde Peter tiene aún más dificultades para hacer frente a los dilemas morales habituales. Esta vez el concepto ético principal es la venganza, de la que se sirve Spider-Man con gusto tanto contra personajes queridos que le han hecho daño (divertidísima y a la vez de gran crueldad la genial escena del club de jazz) como contra sus enemigos (brutal combate contra el Hombre de arena en el metro). El lado oscuro y los sentimientos reprimidos salen a la luz en escenas que también han dado mucho que hablar, como ese Peter desvergonzado bailando por las calles que, a pesar de exponer bien su cambio de carácter y de servir como contrapunto cómico a las dificultades que atraviesa con el traje negro, no ha calado entre los espectadores.

Como sucede en Spider-Man 2, Sam Raimi se suelta y consigue hallar una gran armonía entre el drama, la acción y el humor, destinando a cada parte todo lo que puede conseguir en un metraje sobresaturado. Con una sólida dirección tanto a la hora de manejar la cámara como de guiar a los actores (todos en sus mejores interpretaciones en toda las saga, exceptuando al inexpresivo y apático Topher Grace, enorme error de casting), dota a la cinta de un ritmo trepidante en el que sólo interfieren unos pocos recortes que dejan escenas descolgadas o forzadas. Exprime muy bien los líos amorosos alrededor de Peter Parker y MJ, con las inclusiones de Osborn y la fugaz pero crucial presencia de Bryce Dallas Howard como Gwen, donde juega de nuevo con el sentido del humor brillante y casi auto paródico (fantástica la escena en el restaurante, con el actor fetiche de Raimi, Bruce Campbell). Nos deleita con escenas de acción intensas, algunas muy exageradas y algo confusas y a las que le sobran el griterío de los niños y el entusiasmo de los reporteros, pero por lo general impresionantes. Por ejemplo, el rescate de Gwen es alucinante: el desorbitado presupuesto (algunas fuentes lo cifran en 300 millones de dólares) se exprime bien.

Spider-Man 3 es pues un espectáculo de gran nivel y con grandes historias que hubiera ofrecido una película impresionante si no se hubiera intentando abarcar tanto. Tras verla, no puedo dejar de preguntarme cómo demonios lo hizo Christopher Nolan para construir en su Batman Begins esa casi impecable producción rebosante de personajes y tramas.

Spider-Man:
Spider-Man (2002)
Spider-Man 2 (2004)
-> Spider-Man 3 (2007)