El Criticón

Opinión de cine y música

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Piratas del Caribe: En el fin del mundo


Pirates of the Caribbean: At World’s End , 2017, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 168 min.
Dirección: Gore Verbinski.
Guion: Ted Elliot, Terry Rossio.
Actores: Johnny Depp, Geoffrey Rush, Orlando Bloom, Keira Knightley, Jack Davenport, Bill Nighy, Jonathan Pryce, Kevin McNally, Stellan Skarsgard, Naomi Harris.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Algunos tramos muy entretenidos y divertidos. ¡Y por fin ofrece una banda sonora original más que digna! La parte buena del reparto es impresionante (Johnny Depp, Geoffrey Rush, etc.).
Lo peor: Un metraje ridículamente abultado, un guion que se lía sobre sí mismo sin rumbo fijo. La parte mala del reparto es infame (Orlando Bloom) o poco interesante (Keira Knightley).
Mejores momentos: La gran reunión de piratas, que reúne muchos de los mejores chistes de la función (mención especial para el personaje de Keith Richards).
El plano: Por cutre, la pierna de la protagonista perfectamente depilada tras meses de ajetreada vida en navíos.
La frase: Tortugas marinas, amigo.

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No es que fuera una saga destacable más allá de rendir como un entretenimiento sin complicaciones que suplía su falta de originalidad y calidad cinematográfica ofreciendo espectacularidad y grandes dosis de humor y acción, amén de un personaje que probablemente será recordado durante años, Jack Sparrow, pero esta tercera entrega tiene un notable sabor a decepción, a oportunidad desaprovechada. Y es que Piratas del Caribe: En el fin del mundo recae en los mismos errores que cometió la segunda entrega, es decir, no saber ir al grano y recortar escenas para contar lo estrictamente necesario para la historia, pero además de presentar estas faltas bastante agravadas se añade un desgaste en el sentido del humor y de la acción, con lo que la película funciona irregularmente como diversión pasajera. Si no se es exigente se deja ver y permite algunas risas, y como el público no lo es sin duda arrasará en taquilla de forma que probablemente indicará a los productores que este puede ser exprimido con otra entrega, pero es una obra que deja bien claro el poco esfuerzo que se pone hoy día en ofrecer cintas que además de entretenimiento aúnen unas dosis mínimas de calidad.

Si ya la segunda entrega no exponía claramente las tramas, las cuales a pesar de ser sencillas a veces eran complicadas de seguir, el guion de En el fin del mundo se vuelve aún más obtuso, irregular y caótico. A lo largo del interminable metraje las historias de piratas, maldiciones, traiciones y amores se suceden de forma casi aleatoria, entrando y saliendo de la narración ora ofreciendo una sorpresa interesante, ora chocando torpemente, lo que se traduce en un galimatías en el que es difícil mantener el interés y la comprensión. Sumando a esto la ingente cantidad de escenas que no aportan nada al relato (la larga estancia de Sparrow en los dominios de Davy Jones, totalmente fuera de lugar) o que alargan numerosos tramos de manera más o menos negligente, obtenemos una cinta demasiado inflada (¡dos horas cuarenta minutos!) que aburre a ratos, que no atrapa de manera regular. Dudo que aguante más de un visionado sin llegar a ser soporífera.

Como decía, las aventuras de Sparrow y los demás piratas y criaturas han perdido bastante fuelle en cuanto al sentido del humor, mostrándose este realmente acertado y sorprendente en muy pocas ocasiones (genial la aparición de Keith Richards o las múltiples personalidades de Jack). Le falta inspiración y hay muchos momentos en los que se recurre a la broma demasiado fácil o se abusa de chistes de animales (que es lo más bajo donde puede caer el humor). También falla otro sentido que caracterizaba bastante bien a la saga, el de la acción trepidante, tanto aparatosa como visualmente llena de recursos. Las escenas de esta categoría apenas superan el par, y no es que las que se ofrecen tengan tanta garra y sean tan vistosas como las de las anteriores entregas. Sin ir más lejos, el conflicto final está cerca de ser un desastre: el ritmo es ineficaz, se abusa de efectos visuales y sonoros por encima de escenas con personajes y hay momentos muy mal resueltos, como esa flota enemiga huyendo sin razón.

Teniendo en cuenta que la segunda y tercera partes fueron realizadas de un tirón, observo el resultado final de las mismas y no puedo sino pensar que rodaban sobre la marcha, con un guion que se sobrescribía prácticamente en directo como sucedió con El Señor de los Anillos de Peter Jackson (así le fue…). No parecen darse cuenta de que rodar sin un guion bien escrito y cerrado se traduce en una falta de consistencia narrativa notable (sobre todo si en la mesa de montaje no se atina a formar bien la película), en escenas que se acoplan o estorban, en fallos e inconsistencias… Me gustaría saber si Gore Verbinski, un director del que pienso que tiene bastantes recursos y creo que ha conseguido que esta saga no sea un estropicio absoluto aportando un sólido manejo de la cámara, tuvo las manos atadas por la productora (o sea, obligado a seguir directrices comerciales y no recortar ni aportar nada de su propia mano) o si los errores son también en parte culpa suya.

De los elementos denominados técnicos no hay reproche digno de mención. La música ha mejorado muchísimo, siendo la única parte de la (por ahora) trilogía que denota un trabajo real en su composición. El reparto tiene grandes intérpretes, como el genial Johnny Depp retratando al desequilibrado Sparrow o el estupendo Geoffrey Rush como Barbossa, más un número amplio de secundarios de gran profesionalidad, aunque también están los consabidos rostros bellos que no dan nada de sí: ya estoy cansado de nombrar a Orlando Bloom como un actor incapaz de la más mínima expresión (a ver si es verdad eso que dijo sobre retirarse del cine). El vestuario es detallista, los decorados impresionantes, los efectos especiales muy creíbles… Todos estos elementos están a la altura de lo esperado, pero nada consigue que El el fin del mundo destile buenas sensaciones excepto la de que se presenta como una extensión fallida e innecesaria de una saga de aventuras que, aunque no terminaba de cuajar, era un disfrutable espectáculo que bien valía la entrada de cine.

Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto


Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest , 2006, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 150 min.
Dirección: Gore Verbinski.
Guion: Ted Elliot, Terry Rossio.
Actores: Johnny Depp, Orlando Bloom, Keira Knightley, Jack Davenport, Bill Nighy, Jonathan Pryce, Kevin McNally, Stellan Skarsgard.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El imaginativo diseño y recreación de los decorados (barcos principalmente) y las criaturas, el estupendo vestuario. El sentido del humor y aventura. Johnny Depp y el correcto reparto de secundarios.
Lo peor: Un guion con muchos tropiezos y, sobre todo, un metraje abultadísimo que hace que la película se pierda muchísimo en cosas que no sirven para nada. Y un siempre nefasto Orlando Bloom.
Mejores momentos: Sendos ataques del kraken y todas las apariciones del hombre-pulpo (Davy Jones).
La frase: ¡Echad el ron también!

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El desorbitado éxito de la primera parte llevó a los productores rápidamente a realizar secuelas, y, siguiendo la estela de otras superproducciones recientes que se han rodado de un tirón para abaratar costes, han rodado segunda y tercera parte conjuntamente. El presupuesto no quiero ni imaginarlo, pero al final es casi lo único que salva esta, al menos viendo la segunda entrega, saga.

El cofre del hombre muerto da lo que se espera de ella, o sea, lo mismo que su predecesora pero multiplicado por mil. Como entretenimiento es bastante eficaz, y se pueden destacar más o menos las mismas virtudes y defectos que en La maldición de la Perla Negra. Goza de un buen sentido de la aventura y del humor, con constantes peleas y escenas de acción complicadas y divertidas repletas diálogos y situaciones cómicas, siendo siempre las mejores las protagonizadas por un de nuevo excelente Johnny Depp. El guion es una mera farsa para llevar la aventura, más maldiciones y tesoros por donde mover a los personajes; no se le puede pedir más porque no lo va a dar.

El problema principal con el que carga es un metraje abultadísimo. Pide a gritos un nuevo montaje que pula el ritmo, que elimine pasajes innecesarios y extremadamente largos (las aventuras entre la tribu de indios son graciosillas, pero… ¿qué pintan ahí?) que desvían la atención sobre un argumento ya de por sí no demasiado sólido y alargan en demasía muchas partes. Dos horas y media, digamos dos horas y veinte minutos quitando créditos, es excesivo para una producción destinada nada más que a pasar un buen rato, y más si no se administra bien el tiempo.

Volviendo a los actores, Depp está eficazmente secundado, de nuevo, por un plantel de secundarios de lujo. No hay ninguno sobre el que tenga quejas, y alguno destaca especialmente incluso con papeles muy breves (Jonathan Pryce) o tras maquillaje y efectos digitales (Bill Nighy). Otra mención especial para Kevin McNally (que interpreta al segundo de Sparrow, Gibbs), quien ha visto ampliado su papel hasta hacerme dudar de si tiene más minutos en pantalla que el propio Depp; desde luego, más que Keira Knightley seguro que sí. En cuanto a los otros dos supuestos principales del reparto, Orlando Bloom es tan penoso como siempre, con las mismas muecas torpes y su inexpresividad habitual, y Keira Nightley cumple por los pelos si somos generosos.

El plato fuerte de la función es sin duda la pasta que han echado en ella. La cuidadísima dirección artística nos deja un deleite de creaciones asombrosas, desde el El Holandés Errante, un barco de aspecto burtoniano donde se ha cuidado hasta el más mínimo detalle, hasta las pintorescas y variadas criaturas, ya sean el kraken o los medio hombres medio peces, creaciones bastante oscuras y asquerosas para ser una película Disney (¿cómo puede tener una calificación para mayores de siete años?). El dinero ha sido muy bien invertido, haciendo posible que estos diseños cobren vida de forma magistral: los decorados son grandes, variados y ricos en detalles, el vestuario es perfecto, y los efectos digitales consiguen que el kraken y el hombre pulpo (Davy Jones, el malvado de la función) resulten totalmente realistas al ojo humano.

Gore Verbinski ha realizado una buena labor, teniendo en cuenta la magnitud de la producción. Sabe manejar la cámara, sabe aprovechar los recursos y guiar a los actores. Mueve la cámara entre los decorados con solvencia y eficacia, monta la película dando vida a las peleas y ocultando su poca originalidad y consiguiendo que las escenas más exageradas no resulten ridículas sino impactantes y simpáticas.

Como fan del género, no puedo terminar sin mencionar la banda sonora original. Ya comenté la aberración musical que supuso la de la primera entrega, prepretada por Klaus Badelt. Aquí Hans Zimmer se ha dedicado él mismo a la creación de música (aunque supongo que contaría con su pandilla de colaboradores habituales) en vez de meter mano en el trabajo de otros, haciendo que el producto sea más redondo y menos sintético y ruidoso… Pero no deja de ser una versión mejor arreglada de la misma composición, con algunos buenos aportes (el tema del kraken con el órgano) y poco más ( aquí puedes ver mi análisis).

Tampoco me olvido de las referencias a otras películas. Si en la anterior entrega fue El temible burlón (película infinitamente superior) la plagiada descaradamente, ahora hay notables similitudes con El Señor de los Anillos: el primer ataque del kraken es igual al ataque de la misma criatura en la entrada de Moria, y Elizabeth mata monstruitos con dos espadas de la misma forma que Legolas elimina orcos; en ambas secuencias hay planos en los me costaría discernir qué película es cada una.