El Criticón

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Spider-Man: Lejos de casa


Spider-Man: Far from Home, 2019, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 129 min.
Dirección: Jon Watts.
Guion: Chris McKenna, Erik Sommers. Stan Lee, Steve Ditko (cómic).
Actores: Tom Holland, Samuel L. Jackson, Jake Gyllenhaal, Zendaya, Jon Favreau, Marisa Tomei, Jacob Batalon, Angourie Rice, Cobie Smulders, Martin Starr, Tony Revolori, Remy Hii, J. B. Smoove.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Personajes y actores magníficos. Aspecto visual estupendo, con una dirección impecable y unos efectos especiales asombrosos.
Lo peor: Bastante irregular en ritmo. Intenta abarcar demasiado y, aun sin fallar, no cuaja del todo.
Mejores momentos: Misterio haciéndose amigo de Peter en la cornisa y luego en el bar, y su revelación posterior.

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Salí del cine un poco confuso tras ver Spider-Man: Lejos de casa, sintiendo que no se centraba y daba muchos palos de ciego intentando innecesariamente abarcar demasiado, lo que limitó su puntos fuertes más de la cuenta. Estuve entre esa pequeña parte del público que chocó con una barrera que me impidió disfrutar del todo. Pero una vez vista en casa y reposada mejor le he sacado mucho más partido. Cambiar tanto el envoltorio del universo Spider-Man, tanto el escenario geográfico como los escenarios psicológicos en los que el héroe va madurando, descoloca bastante y parece que van a traicionar por completo al personaje, pero analizada en frío se observa que, aunque la irregularidad en ritmo e intenciones sigue presente y afectando a su potencial, sus bases no sólo no se resienten, sino que a pesar de todo es una adaptación muy buena que sería una cinta también redonda si no patinara de vez en cuando.

El primer lastre es el empeño en alejar a Peter Parker y su alter ego Spider-Man de su lugar de acción habitual, Nueva York, para lanzarlo por un caótico y precipitado tour por Europa. Venecia se reconoce bien, pero una vez salen de ahí es difícil enterarse de dónde está, y algunas transiciones se rellenan con demasiados chistes, de los que no todos funcionan (el de los holandeses sí, me moría de risa). No sé si tenían miedo a que esta ciudad estuviera sobre utilizada en el género y diera sensación de desgaste, pero si es una parte indisoluble del personaje no queda otra que esforzarse por mantenerla.

La cosa se agrava porque intentan alejarse de la descripción de Spider-Man como el buen vecino, el chico de barrio con historias más mundanas, y lo intentan convertir en un Vengador itinerante lidiando con un conflicto global. Es decir, se fuerza más de la cuenta que sea una secuela de Los Vengadores. Y no me mal interpretéis, esto es una serie y los episodios pueden tener más o menos continuidad, pero se puede hacer bien, como en Thor: Ragnarok, que pegaba un cambio estilístico notable pero muy acertado, y se puede hacer con cierta torpeza, como en la presente, donde las conexiones consumen tiempo y generan distracciones o incluso confusión.

En el primer acto alternan la historia de Spider-Man con el tema del lapso, los cinco años vividos con el universo diezmado por Thanos, algo quizá necesario para ubicar el relato, pero que de primeras despista un poco (¿esto es Spider-Man o una nueva unión de Los Vengadores?) y a la hora de la verdad no parece que tenga tanta importancia en la trama. El drama de la situación ya se desarrolló como es debido en su capítulo, Los Vengadores: Fin del juego. Y en la parte final, escondido entre los créditos, tenemos el rebuscado giro con los skrull, los alienígenas verdes cambia formas presentados en Capitana Marvel. Te obliga a replantearte lo ocurrido con un personaje crucial durante la proyección, pero igualmente resulta ser un esfuerzo inútil, porque en realidad no hay diferencias notables, una lectura nueva que dé un sentido distinto a los hechos. Bastaba con que ese personaje dijera al final que se va a una misión y no esperen ayuda de él próximamente. También descoloca la aparición de Johan Jameson en manos del mismo intérprete de la trilogía de Sam Raimi, J. K. Simmons. ¿A qué viene esto?

Pero lo más destacado es que pretenden que Spider-Man sea heredero de Iron Man. La relación de tutor-pupilo, casi devenida en padre-hijo, funcionó muy bien por su fuerza dramática, el extra de humanidad que le otorgaba a los personajes, pero ya cantaba un tanto que Spider-Man llevara trajes de tecnología Stark en vez de currárselo él, y dar un paso tan grande e injustificado como para ahora intentar convertirlo en Iron Man Junior no hace sino remarcar lo absurdo de esta decisión narrativa. El personaje no pega en ese puesto y la serie no necesita un sustituto, sino seguir por nuevos caminos.

La escena en el avión de Happy, con este mirando a Parker convertirse en el sucesor de Tony Stark, me parece completamente fuera de lugar y muy forzada en lo emocional; funcionaba de sobras ver a Peter vapuleado pero asumiendo que tiene que levantarse como Spider-Man una vez más, sobra la conversión en un héroe que no es. Y el mejor ejemplo de tiempo perdido es el capítulo del autobús y el drone, que me sacó completamente de la película y luego me costó volver a entrar porque le siguen dando vueltas un rato. Como situación cómica y de acción está totalmente pasada de rosca, es muy estúpida y exagerada; como parte de la progresión de la trama y el personaje es redundante, lo de las gafas queda explicado en dos frases, y la existencia de los drones y su potencial se podría haber presentado de muchas formas más eficaces.

Pero entre todas estas desviaciones, entre los vaivenes en las localizaciones y alguna escena secundaria de enlace con la serie Los Vengadores que no encaje del todo, son capaces de mostrar un Spider-Man que es una representación impecable del ideado por Stan Lee y Steve Ditko, un personaje con gran profundidad y una evolución muy bien hilada con los acontecimientos, sin giros previsibles ni estereotipos de los que se suele abusar en el género, y sin dejar la impresión de que se repite después de cinco adaptaciones recientes sobre él. En las inevitables comparaciones, no diré que es ni mejor ni peor que el encarnado por Tobey Maguire y dirigido por Sam Raimi, pues aquel representaba una etapa más adulta muy bien a pesar del torpe capítulo inicial, pero desde luego vapulea a la pobre versión de Andrew Garfield y Mark Webb.

Peter Parker es un joven muy inteligente y resolutivo, y cómo no, todo se ve potenciado por los superpoderes, pero también es un adolescente corriente en cuanto a maduración y sentimientos se refiere. Choca contra sus propios defectos más que con los villanos, y aunque pone buena cara con su retahíla de chistes, sufre y aprende de toda vivencia. Si en la primera entrega se abordó su crecimiento como superhéroe, con los dilemas de la responsabilidad y la ética muy bien tratados, ahora toca entrar a fondo en su lado humano. Desbordado como héroe, quiere volver a ser normal, huir de aquella vida tan sacrificada, jugar con sus amigos, ligar con chicas. Pero conforme las cosas se tuercen debe aprender a mantener esa doble vida, a marcar distancias, a no correr riesgos innecesarios por caprichos y a sacrificar la normalidad cuando es necesario.

Tenemos un reto de gran nivel con un enfrentamiento final espectacular, dos aspectos que se echaron de menos en otros títulos recientes de la serie (Doctor Strange, Capitana Marvel, Ant-Man y la Avispa -y eso que con esta última comparte guionistas-), y unos secundarios encantadores, algo que falló estrepitosamente en The Amazing-Spiderman tanto en guion como en casting. El ambiente adolescente está muy bien conseguido, cada diálogo desborda ingenio y simpatía, mil detalles perfilan aquí y allá las formas de ser de cada rol y las relaciones (tía May y Happy, Ned y Betty), y los actores transmiten con gran naturalidad toda la gama de emociones por la que pasan, y son muchas. Misterio es intrigante, guarda una gran sorpresa inesperada si no conoces los cómics, y si lo haces, no importa, porque su personalidad está muy bien trabajada y conectas de lleno con la dinámica que establece con Peter. Jake Gyllenhaal está inmenso, desborda carisma en la cercanía y clava el punto de locura y frialdad cuando deja ver su verdadera cara.

Los guionistas ofrecen un clímax final bastante inspirado, tanto por la sabia mezcla de humor, acción y drama como por el genial giro final con la última bala, pero si termina de resultar la mar de efectivo es por el acabado visual. Estaba convencido de que ya no podrían sorprendernos, que La guerra del infinito y Fin del juego habían dejado el listón demasiado alto, pero entre la estupenda labor del director Jon Watts y los impecables efectos especiales son capaces de deslumbrar aprovechando los escenarios y recursos al máximo. Las escenas de avatares destruyendo ciudades a plena luz del día son espectaculares, todo parece completamente real, y los juegos de cámara en el puente de Londres siguiendo las andanzas del arácnido son alucinantes. Aparte, las visiones de Misterio, aunque breves, están muy bien resueltas. El versátil Michael Giacchino pone la puntilla con una banda sonora vibrante en la acción y muy juguetona en las partes más cómicas.

PD: Ahora se complica más la cosa en cuanto a la continuidad dentro de Los Vengadores, pues la falta de independencia del personaje puede volverse en su contra más de lo esperado por culpa de las guerras de entre los estudios. Spider-Man estaba aquí por cesión de Sony, dueña de sus derechos, a cambio de llevarse prácticamente toda la recaudación de taquilla, y cuando Disney/Marvel dijeron con toda la razón del mundo que merecían al menos la mitad de las ganancias, pues han hecho todo el esfuerzo creativo, han dicho que la siguiente cinta la harán ellos… Pero en Sony no tienen los derechos de Los Vengadores, así que todo apunta a que de haber una Spider-Man 3 sería sin mención alguna a todo lo ocurrido en las dos previas. El tiempo dirá cómo sale la cosa, pero cualquier conflicto de despachos siempre afecta a la creatividad, y Sony no da buenas vibraciones, pues ya patinó bastante con The Amazing-Spiderman y Venom era un truño también a pesar de su inexplicable y abrumador éxito de público… aunque esto probablemente haya propiciado el intento de recuperar al arácnido.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia, Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man y la Avispa (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores: Fin del juego (2019) (versión sin spoilers)
-> Spider-Man: Lejos de casa (2019)
Viuda negra (2020)
Los Eternos (2020)

Life (Vida)


Life, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, acción, ciencia-ficción.
Duración: 104 min.
Dirección: Daniel Espinosa.
Guion: Rhett Reese, Paul Wernick.
Actores: Jake Gyllenhaal, Rebecca Ferguson, Ryan Reynolds, Hiroyuki Sanada, Olga Dihovichnaya, Ariyon Bakare.
Música: Jon Ekstrand.

Valoración:
Lo mejor: Realizadores y actores muy comprometidos. Buen ritmo y muchas emociones.
Lo peor: Los malditos tráileres te cuentan la película entera, ¡entera! Su falta de pretensiones significa apuntar muy bajo: todo se ve venir muy de lejos, los personajes carecen de la más mínima arista, son carne del bicho.
El título: En serio, qué demonios les pasa a las distribuidoras con los títulos.

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En parte es gracioso y en parte vale para una reflexión el hecho de que Vida llegue casi a la vez que Alien: Covenant. Ambas nacen a la estela de la obra maestra que Ridley Scott regaló al mundo en el primer Alien allá en lejano 1979. Vida no es el primer título que más que verse influenciado directamente vive de las rentas de otro, ni será el último. De hecho también bebe mucho de Gravity. Ni siquiera intenta disimularlo, ni tampoco disimula sus escasas ambiciones más allá de hacer pasar un buen un rato. Juega sobre seguro con honestidad, y no sale mal parado, porque no llega a caer nunca en la vergüenza ajena. Está claro que es un producto industrial, de consumir y tirar. Por el otro lado llega el propio Scott con un intento… no, un segundo intento, tras el fiasco de Prometheus, de revivir una saga agonizante artísticamente. Y lo hace con unas pretensiones intelectuales y narrativas bastante altas, pues persigue una temática más trascendental y darle a la historia nuevos aires. Pero resulta que Covenant se estrella en sus intenciones y acaba siendo un producto más simple y repetitivo de lo que anunciaban, llegando a ahogarse por completo en una pobre imitación de Alien salpicada de torpes adornos que no llevan a nada. Así que los fans de la ciencia-ficción y de la saga Alien nos encontramos en la absurda tesitura de acabar defendiendo a un hijo bastardo que apenas llega a la media para conseguir beca contra el primogénito mimado que ha entrado por la puerta principal con muchos títulos y enchufes pero que luego demuestra ser un patán…

En el guion de Paul Wernick y Rhett Reese (Zombieland, Deadpool) no hallamos intenciones de distanciarse de una premisa tan antigua y gastada, ni de mirar por una profundidad que le permitiera al menos intentar entrar en el cine de calidad, que, en pocas palabras, sería el que se recuerda años después. Pero es evidente que tanto ellos como el resto del equipo, destacando director e intérpretes, sabían dónde se metían y se esforzaron por realizar un trabajo serio que pueda alejar la impresión de producto de segunda o incuso un engaño para llenar salas sin mucho esfuerzo. No me voy a parar a citar las innumerables películas comerciales con cuatro veces su presupuesto que resultan mediocres y estúpidas, baste decir que Vida funciona mejor que muchísimas de ellas. Tiene alma de serie b, de cinta echa con cierto cariño, consciente de sus limitaciones y que sólo busca entretener. Y lo consigue francamente bien.

Uno de sus puntos fuertes es que no empezamos con una farragosa introducción donde intentan describir a los protagonistas a bases de tópicos cansinos. Si está claro que no hay intención (ni necesidad) de darles mucha dimensión, los adornos sobran. Empezamos entrando de lleno en el argumento: una sonda trae pruebas de vida en Marte, y esta se descontrolará a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). La intriga de cómo y cuándo se irá todo al traste podría haberse trabajado mejor, pero también se agradece que no se dilate más de la cuenta. Y mientras, con cuatro retazos nos presenan a cada miembro de la tripulación: el biólogo, el doctor, la encargada de la seguridad biológica, los ingenieros de vuelo y sistemas… Porque lo único que importa aquí es su trabajo, donde sufren una crisis extraordinaria. Apenas hay algún detalle humanizador, como mencionar que uno de ellos acaba de tener una hija, que no cobra protagonismo innecesario ni subraya el drama de forma facilona. La parte de sus personalidades que importa es su capacidad para reaccionar a esta crisis, y ahí tenemos un buen rango de situaciones. Los actores hacen el resto, pues, como señalaba, se lo toman muy en serio. Los principales y más conocidos, Ryan Reynolds, Rebecca Ferguson y Jake Gyllenhaal, se desviven como si estuvieran en un gran drama, transmitiendo muy bien el sufrimiento y la lucha constante.

El director sueco de origen chileno Daniel Espinosa (El invitado, El niño 44) confecciona un producto muy sólido en un escenario complicado, tanto por la limitación física (la estación) como la artística (el guion tan básico). No hay más que comparar con aquel engendro de Europa One (Europa Report en inglés, en otra de esas traducciones absurdísimas), por citar la más parecida que se me ocurre en los últimos años. Como se suele decir, se presenta como un “artesano de acción” de los que escasean (y eso que en El niño 44 desde luego no apuntaba maneras), ofreciendo una narración absorbente e impactante sin artificios modernos, eso de rodar con pantalla verde sin más esfuerzo por la atmósfera y que el ordenador y la postproducción aporten el factor emocional. Maneja la cámara que da gusto verlo, exprimiendo al máximo un decorado bien trabajado, produciendo adecuadamente el efecto de que flotamos en ingravidez (muy logrado también el trucaje de cuerdas con que se mueven los actores, algo nada fácil de conseguir) y, cuando la cosa se pone fea, sumergiéndonos en un entorno angustioso a la par que vibrante.

A cada fase de la pesadilla le saca el máximo partido. El laboratorio, el exterior, los distintos módulos… No hay sensación de repetición, de escenarios poco excitantes, aunque tenía todas la de resultar así, sino que atrapa con cierta intensidad incluso aunque te intuyas el resultado general, manteniendo un ritmo trepidante con algún segmento desasosegante. Lo más destacable es que las muertes no se precipitan, ni se resuelven con algún cliché tontorrón, algo muy habitual en el género, sino que hacen sufrir a cada personaje durante largo rato, mientras los otros buscan a la desesperada soluciones. Además, con el buen partido que saca de los intérpretes, los distintos clímax ganan puntos extra: en algunos momentos me descubrí algo inquieto por el destino de unos personajes que en principio me importaban bien poco. Los intentos de ubicar y exterminar al ente por toda la estación también funcionan, poniendo ante nuestros ojos planteamientos simples (tapar agujeros y accesos son los retos principales) pero muy bien ejecutados.

La recreación digital del alienígena cumple aceptablemente bien, que esto no es una superproducción, aunque también es cierto que teniendo la tecnología informática tan avanzada es inevitable pensar que podía haber quedado mejor. Pero en cuanto a ente hostil es bastante efectivo: una especie de pulpo escurridizo, inteligente, voraz, incansable… En resumen, como en todo elemento del filme, no sorprende pero funciona correctamente.

Si nos ponemos finos se podría señalar algún aspecto mejorable, como justificaciones algo cogidas por los pelos, como que se haya estropeado la radio justo ahora y haya que salir a arreglarla, pero la única de la que me quejaría es el clásico de los personajes haciendo alguna estupidez. Sí, el ser humano es muy falible, pero se puede exponer en situaciones verosímiles o de forma lastimera. Eso de que el biólogo juegue a través de un simple guante con un ente desconocido que crece a ojos vista… Y tampoco hay esclusa de descontaminación, entran y salen del módulo por una puerta normal. Pero al menos no estamos ante el caso de Prometheus y Covenant, donde todos los tripulantes son gilipollas perdidos durante todo el metraje y no hay ni un solo protocolo científico creíble.

El problema más notable es que no hay margen para la sorpresa, y menos con esos avances que te destripaban todo. No entiendo esa moda actual de contártelo todo, de mostrarte los momentos álgidos de las películas. Así no me ganan para el cine, sino todo lo contrario. La he visto en bluray porque soy un fanático de la ciencia-ficción y me lo trago casi todo, pero interés tenía poco. Incluso pienso que ha tenido poco tirón en taquilla porque era claramente más de lo mismo. Con unos avances intrigantes podían habernos engañado, y viendo lo amena que es, quizá no nos hubiéramos quejado.

Así pues, entre que la premisa está muy trillada y me la han destripado de antemano, conocía de sobras el desarrollo de la película. Incluso el intento de sorpresa final se ve venir muy de lejos. Pero no tiene más fallas, y aunque no se queda en la memoria da para dos horas de emociones fuertes.

Animales nocturnos


Nocturnal Animals, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 116 min.
Dirección: Tom Ford.
Guion: Tom Ford, Austin Wright (novela).
Actores: Amy Adams, Jake Gyllenhaal, Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson, Isla Fisher, Ellie Bamber.
Música: Abel Korzeniowski.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, fotografía, música.
Lo peor: Es un experimento fallido: dos películas en una, ambas predecibles y aburridas, y el conjunto insostenible, pretencioso y exasperante. Los créditos iniciales no sé a qué demonios vienen, pseudo arte provocador salido de madre.

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Alerta de spoilers: Describo a fondo el argumento, su desenlace y una especulación del sentido de lo narrado, pero qué más da…–

Esta es una de esas veces en las que me he sentido tan estafado que querría que me devolvieran las dos horas que he perdido. Sí, podía haber dejado el visionado a medias, pero a veces no soy capaz, quiero llegar al final para ver si en conjunto al menos remonta un poco, termino enganchado y se desvanece la sensación de que estoy tirando minutos que podía dedicar a otra cosa. Es como apostar, sigues perdiendo esperando ganar.

Me ha recordado bastante a The Neon Demon, tanto en estilo como en calidad, pero sobre todo en la sensación de timo y también de asombro porque una obra tan fallida tenga no unas pocas, sino bastantes buenas críticas. Le he dado muchas vueltas y leído unos cuantos foros y críticas a ver si es que se me ha pasado algún subtexto asombroso, pero no tiene nada.

El tramo inicial apuntaba maneras. Eso sí, si pasamos por alto la gratuita excentricidad provocadora de los créditos y la desganada presentación de la protagonista, pues la cinta realmente no arranca hasta que ella coge la novela, que es cuando nos describen aspectos más relevantes de su vida y nos sumergimos en el relato paralelo que sale de sus páginas. Hay unos quince minutos hasta ahí, que no parece mucho, pero ya va dejando constancia de lo que le cuesta ir al grano a su guionista y director Tom Ford. Para señalar en qué trabaja y que el matrimonio está enfriándose necesita dos largas y parsimoniosas escenas, y aun así lo primero no me quedó claro: ¿es artista, directora de una galería de arte, empleada en una, o de todo un poco? Pero además añade un tercer escenario donde presenta al hermano y su novia, que no aportan absolutamente nada en el resto del metraje.

Pero sí, por fin quedan expuestas las dos premisas. Una es la sombría historia del libro (escrito por un antiguo novio), que versa sobre una familia que en un viaje en coche se ve acosada por una pandilla de paletos matones. La otra es la de la lectora, que lleva una vida exitosa de cara al público pero es incapaz de encontrar la felicidad. La intriga por el devenir de la familia encabezada por Jake Gyllenhaal no es nada sorprendente. Por ejemplo, recuerda sobremanera a la muy recomendable Breakdown de Jonathan Mostow, donde le secuestraban la mujer a Kurt Russel en las desiertas carreteras del centro-sur de EE.UU. Pero el drama que viven tiene algo de fuerza y la incertidumbre por su destino parece llevarnos hacia un destino concreto… Y sin embargo, conforme avanza se va viendo lo contrario, una falta de rumbo cada vez más clara, una pérdida de interés y garra mientras crece la sensación de que es un melodrama televisivo de escasa calidad y profundidad a pesar del tono impostado.

La vida de la mujer afligida (Amy Adams) se inicia con menos intensidad, pero aun así la necesidad de entender por qué está como está a pesar de tenerlo todo logra despertar la atención. Aunque me temo que su viaje emocional tampoco da nada de sí, se ve también su nivel de telefilme: estructura básica, descripción de personajes muy limitada, recursos narrativos torpes y predecibles. Tenemos escenas que no aportan nada, como la anodina recreación de un día de trabajo (la escena del móvil cayéndose, la reunión). Hay elementos mal introducidos, como la hija, metida con calzador mediante una simple llamada telefónica. Y encontramos varias situaciones vulgares y sensacionalistas: ¿no había mejor forma que hablar del fracaso del matrimonio que con una aventura en un hotel?, ¿era necesario lo del aborto para mostrar que la relación anterior también acabó mal? Pero el momento que más claramente deja constancia del desastre que es el guion fue la aparición de la madre, tan simplona, tan evidente, tan mascada en el intento de dar unos orígenes a la protagonista y describir una personalidad que el realizador no es capaz de exponer con acciones relacionadas directamente con el argumento.

Las malas sensaciones se rematan porque la otra esperanza de la que pendía la película te explota en la cara como un burdo engaño. Te tiras media proyección esperando que surja de una vez una conexión entre los eventos de la novela y lo poco que nos desgranan de la relación pasada de la artista con su autor. Este enredo narrativo ha de tener un sentido, me decía, ha de haber una lógica tras dos historias contadas con tanto énfasis en su trascendencia emocional que cada vez parecen más tramposas y forzadas. Pero alcanzamos el final de cada sección sin que esa unión que prometía darle una nueva lectura a este desatino llegue a hacer acto de presencia. Bueno, en realidad se me ocurre una teoría medio factible, pero está muy cogida por los pelos y es bastante absurda. Se podría suponer que el libro es una venganza contra ella por haberlo dejado y haber abortado. Pero claro, cabe pensar qué clase de venganza es esta, y si los autores de esta cinta y el libro en que se basa están realmente defendiendo que una ruptura y un embarazo interrumpido merecería como represalia un secuestro, tortura y violación… Por no decir que, cuando te viene a la cabeza esta posibilidad, lo siguiente que se espera es que el tipo haga algo parecido con ella; por eso la llamada a la hija es una pista falsa descarada, pues al final no sirve para nada. Una vez el velo cae, lo que parecía albergar mensajes ocultos y una estructura encaminada hacia algo más grande resulta haber sido puro humo, el relato es tosco, torpe y manipulador como pocas veces he visto.

Pero aún hay más, pues ambas historias acaban fatal. La odisea del padre de familia desbarra en unos fuegos artificiales ridículos, con ese cambio de tono que pasa de lo realista y serio al western más disparatado. El sheriff, otro personaje comodín como la madre, está ahí únicamente para justificar la venganza contra los matones, y da vergüenza ajena a pesar del esfuerzo del gran Michael Shannon, pues el realizador no logra disimular que no es capaz de mover al rol de Gyllenhaal en esa dirección (su personaje sólo se lamenta y lamenta) y tiene que buscar una forma de echarle encima el desenlace. Pero no queda ahí la cosa. En la decisión del sheriff de ir a por los secuestradores no pesa una historia personal concreta, un sentimiento que haya ido floreciendo poco a poco, también explota por factores externos repentinos: ooooh, justo ahora me ha salido un cáncer mortal y me da igual todo. La trayectoria de la artista es demencial también. Después de tanta depresión, de tanto matizar penurias, remordimientos, anhelos… su evolución no llega a una conclusión, queda todo en el aire; por no decir que esto implica que… ¡el remate de la venganza del tipo este por haberla dejado hace la tira de años es plantarla en una cita!

Si el tramo inicial se caracterizaba por una narrativa aletargada, conforme el interés va cayendo y el efectismo tira por suelo la credibilidad, obviamente se diluye la poca conexión que hubiera con las imágenes, creciendo el sopor hasta un nivel que pocas películas me han transmitido. La última media hora es verdaderamente insoportable, y en los últimos minutos estaba maldiciendo en voz alta del cabreo que tenía. Si no fuera por su correcta fotografía e iluminación, el fantástico reparto (aunque telita lo de los Globos de Oro dándole el de mejor actor secundario a Aaron Taylor Johnson, el único que no ofrece un gran papel), y la preciosa música del prodigio que es Abel Korzeniowski, le hubiera dado con mucho gusto un monumental cero.

Tom Ford, aunque se dio a conocer en el cine con la aclamada Un hombre soltero, viene del mundo de la publicidad de grandes marcas de ropa y cosméticos, donde cosechó gran éxito. Animales nocturnos tiene esa esencia de anuncio: estética y emociones superficiales, pero sin contenido real; lo que no sé es si la novela de Austin Wright en que se basa es igual de deshilvanada y pretenciosa. Ford juega a ser David Lynch (Mulholland Drive) pero no pasa de estar en la onda de un Nicolas Winding Refn cualquiera (Drive, The Neon Demon, Sólo dios perdona): enredos visuales en débil equilibrio sobre un guion que persigue unas pretensiones que se le escapan por mucho.

Southpaw


Southpaw, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 124 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guion: Kurt Sutter.
Actores: Jake Gyllenhaal, Rachel McAdams, Oona Laurence, Forest Whitaker, Naomie Harris, 50 Cent.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Emotiva e intensa sin sensiblerías innecesarias. Reparto muy implicado.
Lo peor: No sorprende en ningún momento.

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No empecé el visionado muy entusiasmado, pues el rumbo del relato se presenta tan predecible que no dejaba de preguntarme por qué hay autores empeñados en contar las mismas historias una y otra vez. De nuevo tenemos la odisea de superación deportiva típica yanqui, donde un novato tiene que llegar a lo alto o una estrella caída tiene que recuperar su posición. Además se mezcla con otro clásico, el del padre que está perdiendo a su familia y tiene que recuperarla. Y cómo no, todo apunta a que el éxito deportivo lo convertirá en mejor persona y padre. No basta tener un trabajo, claro, hay que demostrar que con esfuerzo cualquier estadounidense pringado puede llegar a ser el rey del mundo. Nunca vemos relatos de quienes se quedan en el camino, o en un punto medio y tienen que “aceptar” una “vida normal”.

Como decía, encontramos los puntos clave de todas estas historias. La familia rota, el infante que sufre las consecuencias, el padre que sólo puede reconstruir sus vidas si toma una obsesión y la lleva al límite, el mentor que lo ayudará en su ascenso… Este último asusta un montón, pues el topicazo con él es de escándalo: el tipo paciente, buenazo y experimentado que hemos visto mil veces, por ejemplo en Million Dollar Baby… no en vano Forest Whitaker es la versión barata de Morgan Freeman.

Pero sorprendentemente la película funciona muy bien dentro de su limitado rango de acción. No va a superar el escollo de ser un drama de superación que se ve venir de lejos, pero comparado con infinidad de títulos que llegan incluso a arrasar en los Oscar tiene mucho más valor. Lo primero a destacar en el guion de Kurt Sutter (The Shield, Hijos de la anarquía) es su tono natural y crudo, pues, exceptuando que el accidente que desencadena el evento puede ser un tanto exagerado, se opta por un drama realista, capaz de conmover con sus tragedias sin dejar la sensación de manipulación emocional o de sensacionalismo narrativo. Su segundo acierto es que esquiva bastante bien los aspectos más previsibles: se conecta férreamente con los personajes, las anécdotas del día a día son interesantes y la odisea no se atasca en clichés, sino que evoluciona con ritmo y fuerza. Además, el retorno a la competición tiene una conexión directa con el estado emocional del personaje: su fortaleza psicológica va madurando también. No es como esos superficiales cuentos de hadas sobre el sueño americano en los que con ganar la competición todo se arregla (Cinderella Man, El lado bueno de las cosas).

La más que correcta puesta en escena de Antoine Fuqua y el notable reparto realzan muy bien el producto. Jake Gyllenhal (atención al físico que consiguió) está inmenso en un rol que evoluciona a ojos vista: de la felicidad a la desolación, de la desesperación al renacer. Las escenas en que visita a la hija, que la joven Oona Laurence también interpreta muy bien, son demoledoras. Y Forest Whitaker y Rachel McAdams son valores seguros. Con la suma de todos estos factores el drama llega con intensidad, se vive con angustia la caída al abismo del protagonista, vibras con su recuperación paulatina, y en resumen, pasas un buen rato con una cinta emocionante y muy entretenida. Al final, como he dicho muchas veces, después de todo lo importante no es qué cuentes, sino cómo lo cuentes.

Tanto por ser de un género popular como por aportar algo de calidad en el mismo, es verdaderamente incomprensible la pésima distribución que le dieron. Para rematar el despropósito tuvo buenas críticas y sobre todo un director y unos actores de bastante tirón. De hecho fue ridículo no usarla junto a Nightcrawler para lanzar a Gyllenhaal a la campaña por el Oscar, algo que muchos medios daban por seguro, es decir, los todopoderosos hermanos Weinstein, quienes deciden cómo serán la mitad de los Oscar, tenían media campaña hecha. Pero ellos encumbran y ellos hunden. A la hora de escribir esto, en España está sin fecha incluso para dvd. El mismo destino sufrió otra cinta incluso más recomendable, Warrior, donde en Lionsgate no supieron o no quisieron ver su enorme potencial.

Everest


Everest, 2015, EE.UU.
Género: Drama, aventuras.
Duración: 121 min.
Dirección: Baltasar Kormákur.
Guion: William Nicholson, Simon Beaufoy.
Actores: Jason Clarke, John Hawkes, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Thomas M. Wright, Martin Henderson, Ingvar Eggert Sigurðsson, Michael Kelly, Emily Watson, Keira Knightley, Sam Worthington, Robin Wright.
Música: Dario Marianelli.

Valoración:
Lo mejor: Los momentos cumbre agobian y causan desazón.
Lo peor: El ritmo es muy irregular, el dibujo de personajes superficial. No emociona e impacta como podría.

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El estreno llegó sin mucha expectación, pues no tiene nombres reconocibles ni una gran campaña publicitaria detrás. Pero las críticas y el boca a boca han sido bastante buenos, y si bien no se ha convertido en un taquillazo sin duda terminará siendo muy rentable. Yo fui por esa buena recepción, pero lo cierto es que la he visto excesiva. Es una película vistosa y entretenida, pero su potencial daba para muchísimo más. El drama no me removió por dentro lo más mínimo, el espectáculo va justito, los personajes secundarios son mejorables, el ritmo es muy irregular.

El principal problema es que al guion le falta inteligencia y determinación, y es la puesta en escena la que realza sus pocas virtudes. Termina pareciendo un telefilme de alto presupuesto: drama básico, desarrollo de personajes esquemático, desenlace sin garra, y sobre todo la impresión de que carece de trascendencia, y eso que se basa en una tragedia muy llamativa. Si termina resultando un título de acción dramática aceptable es por su tramo central, donde el desconocido director Baltasar Kormákur exprime el escenario y el sufrimiento de los protagonistas al máximo. El peligro de la tormenta, el cansancio de los escaladores, la tensión en el campamento… Consigue un puñado de largas secuencias donde hay bastante agobio e inquietud por el destino de los escaladores. Y por ello es una pena que se vea tan limitado por la escasa profundidad de los protagonistas, que se va diluyendo cuanto más secundarios son estos.

Los roles de Jason Clarke y John Hawkes son los únicos con una personalidad clara, los únicos que interesa seguir de principio a fin. En el siguiente rango ya estamos entre los clichés cargantes (Josh Brolin como el chulo tonto, Keira Knightley como la esposa sufridora) y los que te suenan pero no te queda claro quiénes son realmente: el sueco (¿o era ruso?) y algún otro los reconoces porque salen bastante, y el de Jake Gyllenhaal porque es el actor más conocido. Con estos el interés ya va justito. El siguiente nivel es de atractivo nulo, como la japonesa y otros que sólo hacen bulto, con lo que su sufrimiento apenas llega con intensidad, y en los casos en que alargan sus escenas innecesariamente empiezan a aburrir. Por ello me sorprende que algunos se hayan quejado de que han faltado escaladores, como una española que andaba por allí. Pues no, a la película le sobran personajes. O mejor, le falta un guion más hábil a la hora de presentarlos de forma cercera y darles una personalidad y posición claras. Aparte de todos estos tenemos el extraño caso del rol de Sam Worthington, que por alguna razón recibe mejor tratamiento que otros a pesar de ser completamente prescindible. Su gran aportación es hablar un par de veces por radio.

Everest tiene lo básico para cumplir como entretenimiento, pero el único recuerdo que deja es la sensación de haber desaprovechado una historia con más potencial.

Código fuente


Source Code, 2011, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 93 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Ben Ripley.
Actores: Jake Gyllenhaal, Michelle Monaghan, Vera Farmiga, Jeffrey Wright.
Música: Chris Bacon.

Valoración:
Lo mejor: Jake Gyllenhaal muy intenso.
Lo peor: Ritmo irregular, premisa vista, con más agujeros que ideas eficaces.
La pregunta: ¿Por qué el título no tiene prácticamente nada que ver con lo narrado?

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Después de deslumbrar con Moon, una película bastante original y muy bien ejecutada (ritmo equilibrado, sorpresas bien gestionadas, enorme actor principal, excelente puesta en escena), Duncan Jones vuelve a la ciencia-ficción para deleite de los aficionados, pero por desgracia no ofrece una obra que tenga las virtudes de la anterior. Código fuente parte de una premisa muy tratada en el género, el ritmo es renqueante, las sorpresas no impresionan y algunos giros son muy rebuscados.

El argumento se ha visto en no pocas ocasiones en la ciencia-ficción (todas las series de corte clásico han tenido un capítulo del estilo: Star Trek la próxima generación, Expediente X, Buffy la cazavampiros, Stargate SG-1 y otras), de hecho recientemente se ha estrenado la película Al filo del mañana, aunque sin duda la más recordada es la comedia El día de la marmota (reinventada por nuestros queridos traductores como Atrapado en el tiempo). Tampoco el concepto de introducirse en el cuerpo de otro es nuevo, donde destaca la serie Quantum Leap. Con este panorama, es empezar la película y ya te entra un bajón: esto está muy visto.

¿Le habrán dado Jones y el guionista Ben Ripley una vuelta de tuerca para realzar alguna virtud y lograr un filme más genuino y llamativo? Pues más bien no, porque el concepto se aplica a una trama de acción también muy básica. El héroe que debe frenar el atentado, la chica simpática a proteger… y no hay mucho más margen de movimiento. Como thriller al menos guarda cierta tensión por cómo el protagonista hallará las respuestas, tanto personales como sobre la intriga terrorista. La pega es que con tanto repetir las situaciones sin avanzar hacia nada tangible y novedoso es complicado mantener buen ritmo. El tramo inicial (la presentación), con tanda de preguntas y respuestas para explicar el universo planteado, se ralentiza demasiado. El capitán Stevens se entretiene más de la cuenta en tonterías en vez de avanzar con determinación. Por lo menos cuando se pone a ello el thriller toma protagonismo y da algo más realista y cercano con lo que conectar. Por ejemplo la paranoia con qué pasajero será el culpable funciona bien, y los distintos intentos de Stevens por hallarlo y buscar pruebas para detener el siguiente atentado mantienen el interés.

Además el personaje interpretado con entusiasmo por Jake Gyllenhaal resulta bastante agradable: la situación de confusión e indefensión que vive se transmite bien, su crecimiento hacia el final se expone correctamente. Por el otro lado, la capitana (Vera Farmiga) es más bien sosa, el jefe del proyecto (Jeffrey Wright) resulta demasiado caricaturesco y la chica (Michelle Monaghan) es una mujer florero.

Hasta aquí podríamos tener un título menor pero aceptable como entretenimiento. La trama terrorista termina con los hallazgos necesarios para que el criminal sea detenido antes de nuevos atentados y saltamos a la segunda parte del desenlace, que se centra en la ética del proyecto y el destino de Stevens. No es algo que se resuelva de forma espectacular (una intriga de despacho breve y sencilla), pero su punto trágico da un cierre interesante. Sin embargo se empeñan en colarnos un epílogo que le da la vuelta a todo para forzar un final feliz, y lo hacen sin que parezca importarles romper la credibilidad y seriedad de la propuesta.

Alerta de spoilers: El siguiente párrafo tiene spoilers sobre alguna sorpresa y el desenlace.–

La idea de explorar los recuerdos del cerebro conservado de un fallecido (con un margen de memoria de ocho minutos) a través de una simulación informática en plan realidad virtual está bastante bien delimitada (aunque es inevitable hacerse preguntas, claro) y como ficción científica tiene cierta verosimilitud. Además la posición del héroe (pronto se adivina que es otro fallecido conservado en una máquina) ofrece una perspectiva oscura que hace plantearse los límites de la ética. Pero en medio del relato de repente se ponen a hablar de realidades alternativas, es decir, la máquina parece que no crea solo una simulación, sino que en algún requiebro justificado con tecno jerga absurda resulta que genera realidades paralelas. Todo esto obedece a la idea de poner un final feliz. El héroe salva a los pasajeros y a Chicago y se va con la chica, aunque sea en una realidad alternativa. Pero ni la palabrería pseudocientífica vale para tragarse la trampa argumental. El absurdo de enviar un email desde la simulación/realidad alternativa al mundo real y el giro mágico donde la mente del protagonista se queda en el cuerpo del receptor no hay quien se los trague, y por tanto generan una importante sensación de rechazo hacia el desenlace, pues sabe a engaño.

Prisioneros


Prisoners, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 153 min.
Dirección: Denis Villeneuve.
Guion: Aaron Guzikowski.
Actores: Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal, Viola Davis, Maria Bello, Terence Howard, Melissa Leo, Paul Dano.
Música: Jóhann Jóhannsson.

Valoración:
Lo mejor: Reparto excelente y puesta en escena de buen nivel.
Lo peor: Predecible y muy forzada.

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Un telefilme con buenos actores, eso es Prisioneros. Personajes definidos a retazos y por extensión de dibujo maniqueo. Trama sensiblera y sensacionalista, simple y predecible, con giros flojos y algunas resoluciones lastimeras (qué forzada resulta la escena final: ¿pero qué hace el personaje de Gyllenhaal ahí?).

Como suele ocurrir los papelones de los actores dan más entidad a unos personajes bastante limitados, y la puesta en escena es de buena calidad y consigue narrar con buen ritmo y una lograda atmósfera la pobre trama. De hecho, el tono recuerda a la estupenda Zodiac: el relato es oscuro, sofocante, enfermizo, inquietante… Gracias a esta combinación de reparto capaz de conectar con la fibra sensible del espectador y de atmósfera absorbente la película entra bastante bien a pesar de su excesiva duración. Como drama facilón es pues efectivo, aunque en nada que escarbes los trucos y limitaciones del guion te salpican de lleno.

Para mi sorpresa está siendo una de las cintas más valoradas del año, apareciendo en muchas listas de las diez mejores de la temporada. No puedo entender tal entusiasmo ni aun pensando en lo que gustan en EE.UU. los dramones con buen reparto.