El Criticón

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13 horas: Los soldados secretos de Bengasi


13 Hours: The Secret Soldiers of Benghazi, 2016, EE.UU.
Género: Acción, bélico, drama.
Duración: 144 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Chuck Hogan, Mitchell Zuckoff (novela).
Actores: John Krasinski, James Badge Dale, Pablo Schreiber, David Denman, Dominic Fumusa, Max Martini, David Costabile, Alexia Barlier, Peyman Moaadi, Toby Stephens.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Muestra a un Michael Bay sorprendetemente maduro y crítico. El presupuesto luce como si fuera el doble en notables escenas de acción.
Lo peor: No rasca mucho en un material más prometedor. Ritmo irregular, con tramos aburridos.
Mejores momentos: La persecución al coche blindado.

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13 horas no es una gran película, pero permite hacer un interesante análisis sobre la trayectoria de Michael Bay, denostado por unos por su inmadurez intelectual y admirado por otros por su habilidad para rodar escenas de acción colosales.

Con Dolor y dinero me dio una grata sorpresa, pues demostró que teniendo un buen guion y dejando atrás (aunque sea en parte) sus manías, podía hacer muy buen cine. De hecho empezaba a mostrar cierta madurez: era una ácida parodia del sueño americano, algo inesperado en quien hasta entonces rodaba con un tono conservador rayano al fanatismo. Por la apariencia, 13 horas parecía seguir ese buen camino, y su estreno confirma ese proceso de madurez y el riesgo por huir de los tópicos que lo llevaron al éxito. Vemos a un Bay muy cambiado, más reflexivo y crítico. Su amada patria ya no es impoluta e inquebrantable. El ejército no está compuesto por superhéroes infalibles. El machismo y la xenofobia se diluyen bastante.

Lo primero que salta a la vista es un desencanto con su gobierno y su adorado ejército. El realizador ha abierto los ojos, viendo la complejidad y fallas de su país y también del mundo en general. Así, desde el inicio de este drama basado en hechos reales la administración es puesta a parir sin muchos miramientos. El jefe de la delegación de la CIA en Bengasi es un oficinista inútil y los embajadores se meten en un berenjenal que no entienden. La cadena de mando, hasta llegar al Presidente, es inefectiva y una de las causas principales por las que los protagonistas quedan aislados al borde de la muerte. Y estos no son héroes arquetípicos como de costumbre, sino que trata de definir seres humanos con aristas en su personalidad, con miedos, con familias que echan de menos… Por supuesto, como los buenos de la función, son superiores moral y físicamente a los demás, pero no hasta deshacer los pasos bien dados: ni siquiera el torpe jefe de la CIA acaba como un malote tontorrón a su lado, sino que tiene bastante que decir. Además incluye una mujer que no es un florero, sino que forma parte de los acontecimientos y evoluciona con ellos. También intenta construir un entorno realista y enmarañado. Libia es un desastre, EE.UU. no pinta nada ahí, y los soldados no saben quiénes de los locales son aliados y quiénes hostiles.

Pero que Michael Bay haya dejado atrás la adolescencia (ya iba siendo hora) no implica que directamente estemos ante una gran película. Es sólo un hecho interesante a constatar en su carrera y en el cine de acción actual, en el que es un destacado representante. Que algunas las obras del género más taquilleras fueran engendros intelectuales como Transformers es una lástima. Pero si sigue creciendo podría ofrecer cosas muy interesantes. Ahora bien, acertó de lleno con Dolor y dinero pero 13 horas es un intento algo fallido: ni tiene un guion tan redondo ni le imprime un ritmo tan eficaz. Se queda bastante corta ante los títulos recientes más destacables, como Black Hawk Derribado, La noche más oscura o El único superviviente, manteniéndose en la onda de otros muchos que quedaron en tierra de nadie: Corazones de acero, En tierra hostil (sigue pareciéndome inexplicable su tirón mediático), El francotirador

El ritmo es el peor problema. Se atasca mucho a pesar de tener numerosas escenas de acción. La presentación se alarga más de la cuenta, los clímax de tensión no siempre funcionan, y en definitiva, le falta garra a un relato con mucho más potencial. Y es curioso, porque visualmente luce como si tuviera 100 y no 50 millones de presupuesto, con tiroteos y explosiones en cantidad muy bien rodados en colaboración con un gran experto en fotografía nocturna, Dion Beebe (Collateral, Corrupción en Miami). Pero ni ese buen sentido del espectáculo, ni unos personajes simpáticos con actores competentes, ni la sencilla pero correcta crítica, bastan para hacer una buena película. Porque aunque Bay lo haya intentado, en todo anda muy justo.

Qué cansina se hace la escena de los soldados hablando con las familias antes del meollo, sobre todo porque reincide en cosas ya vistas, con lo que el pretendido suspense en el inicio del conflicto se diluye más de la cuenta; la horrible banda sonora de Lorne Balfe (uno de los más recientes y peores compositores paridos por la factoría Zimmer) tampoco ayuda a matizar la tensión en los momentos clave; en las batallas más intensas cuesta distinguir con quién y dónde estamos, a pesar de que el escenario no es tan amplio como el de Black Hawk derribado, quedando claro que una cosa es grandilocuencia y espectáculo y otra saber narrar escenas más exigentes; el conflicto de hecho termina siendo muy repetitivo: una vez pasados los buenos momentos (la salida a la desesperada de la casa, la persecución al coche blindado) se limita a ofrecer varias oleadas de ataques al complejo, todas muy parecidas y que en vez de mantener una progresión creciente de intriga y desazón van dirigiéndose hacia el previsible desenlace con aparentemente cada vez más desgana: las muertes de varios protagonistas me resultaron poco o nada impactantes, de lo lejos que se ven venir; es decir, le falta una buena atmósfera a la narración más allá de ofrecer escenas de acción bien rodadas, no se termina de aprovechar eso de que el enemigo puede ser cualquiera y aparecer por cualquier parte; el análisis de Libia es superficial, después de todo, y las motivaciones del enemigo ni se contemplan; los intentos de filosofar (con una cita de una novela que repiten varias veces) son flojetes; y alguna salida cutre sigue habiendo, como ese “Arreglad vuestro país” que dicen los protagonistas al irse, zanjando de forma lastimera el tema político, o el absurdo “Estoy dispuesto a morir por mi país, ¿y tú?” que suelta otro yanqui ante un control de fanáticos armados, cuando la situación real es obviamente a la inversa.

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Iron Man 3


Iron Man 3, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 130 min.
Dirección: Shane Black.
Guion: Shane Black, Drew Pearce.
Actores: Robert Downey, Gwyneth Paltrow, Guy Pearce, Don Cheadle, Ben Kingsley, Rebecca Hall, James Badge Dale.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Divertimento garantizado. Tony Stark y la interpretación de Robert Downey. Buena dirección y efectos especiales.
Lo peor: Altibajos en el ritmo. Un villano sin carisma alguno. Un par de detalles bastante cutres al final.
Las frases:
1) En realidad odio trabajar aquí. Estos tipos son muy raros. -Un malo cualquiera.
2) -Trevor Slattery: Y luego, un día ellos me ofrecieron el papel, y sabían lo de las drogas.
-Iron Man: ¿Qué te dijeron? ¿Que te ayudarían a dejarlas?
-Trevor Slattery: Dijeron que me darían más.

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Alerta de spoilers: Describo bastante la trama, sobre todo los giros finales.–

Tras el éxito de Los Vengadores muchas miradas estaban puestas en Iron Man 3, y más aún después de que la segunda entrega no convenciera a todos. La extraordinaria calidad de la obra de Joss Whedon puso el listón del género muy alto, a un nivel difícilmente alcanzable, a lo que sumamos su notable respuesta en la taquilla (mil quinientos millones de dólares). Así, se atrajeron demasiados ojos hacia una entrega que no aspiraba en principio a tanto. En Disney/Marvel respondieron dándole un buen extra de presupuesto, pero como siempre, todo depende del guion y de que el director lo aproveche bien. De ambas labores se encarga Shane Black, habitualmente guionista (autor de notables títulos de acción en los 90: Arma letal, El último Boy Scout, El último gran héroe…) y que dio el salto a director en 2005 con Kiss Kiss, Bang Bang, una comedia de acción que se está ganando el estatus de cinta de culto. Es sorprendente que el estudio confiara en alguien tan inexperimentado para rodar una superproducción, pero más inesperado es que donde Black esté menos acertado sea precisamente en el guion.

Quienes disfrutaron con la segunda parte disfrutarán también con esta, pues tiene más o menos sus mismas virtudes y defectos que la alejan un poco del notable equilibrio hallado en el episodio inicial, pero los que esperasen una cinta del calibre de Los Vengadores seguramente no habrán podido disfrutarla como se puede disfrutar: como un entretenimiento más que correcto. Eso sí, con el efecto arrastre de Los Vengadores y la recaudación extra que da el 3D (entradas más caras), en taquilla ha pegado más fuerte de lo esperado (y más viendo sus tibias críticas), superando la barrera de los mil millones.

El relato parte de una base muy sólida gracias al tiempo y desarrollo que ha tenido en los tres títulos precedentes (con el tercero me refiero a Los Vengadores): el enorme y fascinante Tony Stark, interpretado con gran vitalidad por Robert Downey. El carisma nato del actor, la crisis que vive el personaje y su arrolladora personalidad plasmada a través de buenos diálogos y chistes llenan por completo la pantalla. Lo secundan eficazmente la encantadora Pepper (Gwyneth Paltrow), con la que tiene gran química, el atractivo Coronel James Rhodes (Don Cheadle) pidiendo a gritos más protagonismo, y cómo no, su ordenador personal, el siempre simpático Jarvis. En el lado malo queda el rol de la nueva chica, Maya (Rebecca Hall), carente de definición y rumbo y usada únicamente como elemento de la trama; termina la película y te olvidas de que ha estado ahí.

La aventura se inclina por conceptos básicos pero eficaces si se usan correctamente, y aunque Black va bien encaminado no consigue exprimirlos del todo. El viaje interior de Stark está muy conseguido. Debe encontrarse a sí mismo, hallar un camino en la vida que le permita enfrentar sus importantes responsabilidades y le enseñe a mantener la distancia justa entre el superhéroe y el hombre. El receso con el niño es muy interesante, porque se inclina por lo intimista sin perder ritmo, porque el niño en un encanto y porque se maneja muy bien el gran sentido del humor que tiene esta serie.

Pero la historia donde sumergen esta búsqueda personal está bastante limitada. La investigación es simple y la adornan con chorradas fallidas que no impiden que se haga larga. La reconstrucción de la escena de la bomba es absurda. ¿Cómo la hacen? ¿Escanearon la escena antes de atender a Happy? Parece obedecer simplemente a la idea de meter efectos especiales porque sí, en vez de una clásica y realista visita al sitio. Tampoco funciona el otro hallazgo de pistas cruciales: con qué facilidad hackea los servidores de la empresa del villano y encuentra todas las pruebas. Así, no parece haber un esfuerzo real por parte de Tony, todo se resuelve con la cienci-magia.

La presentación de los villanos es irregular. El juego al engaño con el Mandarín (Ben Kingsley) es muy eficaz, pues al principio resulta inquietante pero tiene un giro bien conseguido hacia la comedia, donde se ofrecen algunos chistes brutales, de los mejores que he visto en muchísimo tiempo. Además da para plantearse algunas reflexiones sobre el poder y responsabilidad de los medios de comunicación. Pero quien se alza como villano principal, Aldrich Killian, no termina de funcionar. A pesar de tener mucho tiempo en pantalla, de desarrollarse a través de una larga exposición, no resulta un enemigo llamativo. Le falta originalidad (es taaaan previsible) y no tiene carisma como para despertar algo de interés; ni siquiera Guy Pearce le coge el punto… o no hay manera de hacerlo. El principal problema es que no se sabe qué meta persigue. En un principio parece querer dominar el mundo desde las sombras (usa al Mandarín y luego al vicepresidente para no dar la cara), pero no queda claro por qué, qué espera conseguir con ello. ¿Controlarlo todo, sumergir el mundo en caos, demostrar lo que puede hacer? Con el elaborado plan se describe un enemigo que parece inteligente… pero a la hora de la verdad no lleva a nada, porque de repente se deja de lado y se limita a ser el típico loco resentido que sólo quiere ver sufrir al héroe. Con Maya estamos en una situación semejante: ¿qué la motiva, qué persigue? Cambia de bando varias veces sin quedar claro por qué.

El otro gran fallo es que los poderes de los enemigos son cambiantes. La capacidad de regeneración se adapta a las necesidades del guion, con lo que se pierde credibilidad a marchas forzadas. Uno sale indemne de una gran explosión, pero muere de un disparo de Iron Man en el pecho; se supone que el poder es de regeneración, pero luego resulta que también proporciona agilidad y fuerza sin igual, de hecho llegan a un nivel que rivalizan con las numerosas armaduras automatizadas de Iron Man. De esta forma llegamos a otro fallo de la película: el final es espectacular, pero se empeña tanto en serlo que termina pasándose de rosca.

Shane Black maneja muy bien las escenas de acción, sobre todo en el colosal enfrentamiento final en la plataforma petrolífera. El problema es que es difícil hoy día, con tanta película centrada en obtener lo más grande e impresionante, conseguir una y otra vez el efecto asombro. Aquí estamos cerca de tener un clímax memorable si no fuera porque fuerzan la acción por encima del guion. Las armaduras automatizadas son una cagada. Toda la película llorando porque se ha quedado sin armadura, liándola parda para arreglarla, y resulta que tiene un montón en reserva (cincuenta o más, se ve que son baratas). Y peor aún, una vez finalizado el conflicto las destruye porque sí en vez de guardarlas por si acaso o cederlas a otros, como a SHIELD. Una cosa es superar tus demonios internos, otra ser imbécil. Está claro que la aparición de tanto traje se debe únicamente a que querían meter algo espectacular sí o sí, y luego son un incordio para cualquier otro capítulo que quieran hacer, porque claro, con ellas Tony es virtualmente indestructible, pues no han podido con él ni siquiera esos tipos tan poderosos. Así pues, toca reset forzado. El otro patinazo es la caída y resurrección de Pepper, un intento de meter drama que de forzado y a la vez predecible no funciona, porque también se ven obligados a volver al statu quo, y esto lo hacen tan mal que la trampa argumental sienta fatal, sabe a engaño cutre: le quitan los poderes en una frase que suelta Tony de pasada en el epílogo.

Esta es la tónica de toda la película. Los errores ensombrecen a las numerosas virtudes, es constante la sensación de que con pocas mejoras podría haber sido bastante buena. La decepción se agrava porque parece un retroceso tras la brillante Los Vengadores. Por suerte parece ser un bache puntual, porque Capitán América: El soldado de invierno devolvió con creces las esperanzas a los fans.

PD1: ¿Por qué rompe Tony el teléfono del periodista? No tiene sentido, porque ha respondido a su pregunta.
PD2: Qué conveniente que en el ataque a la casa el traje no funcione hasta el último momento, pero bueno, se puede perdonar porque así se lanza el argumento.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
-> Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man y la Avispa (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)