El Criticón

Opinión de cine y música

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La entrega


The Drop, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 106 min.
Dirección: Michaël R. Roskam.
Guion: Dennis Lehane.
Actores: Tom Hardy, Noomi Rapace, James Gandolfini, Matthias Schoenaerts, John Ortiz.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: La calidad de los personajes e intérpretes. El tono europeo: más originalidad y menos acción superficial.
Lo peor: Lenta e incapaz de ir al grano: se hace aburrida.

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La entrega es la última película del gran James Gandolfini, que se hizo un hueco en la historia del séptimo arte con un papel televisivo, el del mítico Tony Soprano, pero en cine no terminaba de despuntar. Encarna a un camarero con lazos con la mafia chechena que en otros tiempos disfrutó de una mejor posición y mayor respeto, y su interpretación tiene lo justo de amargura y melancolía como para hacer creíble al personaje, pero lo cierto es que no destaca mucho; más o menos igual estuvo en otra estrenada póstumamente, Sobran las palabras, dando la sensación de que Los Soprano no encontró un papel que le entusiasmara. Además no es el protagonista principal, pues este recae en un roba escenas nato y un talento en alza, Tom Hardy, quien hace suyo desde la primera escena al buenazo de andares raros y quizá algo corto de mollera pero que esconde más de lo que aparenta. Recuerda mucho al protagonista de Rundskop (más conocida con su título en inglés, Bullhead), con la que se dio a conocer el director Michaël R. Roskam. Noomi Rapace, anclada en chicas torturadas y desvalidas, a las que ciertamente capta muy bien, es la mujer de la función, un poco cliché de primeras (víctima a rescatar) pero que termina resultado bastante adorable.

El tono europeo del guion (Dennis Lehane, experto en vender sus novelas al cine) de primeras es un aliciente, porque garantiza un relato que se aleja de los topicazos de Hollywood (narración predecible adornada con predecibles escenas de acción) y sobre todo porque pone mucho énfasis en los personajes, en cómo enfrentan la situación emocionalmente, no sólo en cómo agarran la pistola y resuelven todo heroicamente. Pero esa virtud se limita a los protagonistas, todos muy humanos y con los que se conecta inmediatamente, porque la trama es simple y no se desarrolla bien. El ritmo es lento de por sí y se ve retenido aún más por subtramas completamente innecesarias, como la anodina investigación del detective, quien finalmente no tiene nada que aportar al relato, o por los capítulos que se estiran con conversaciones triviales y los que reinciden una y otra vez en cosas ya expuestas (cuántas veces nos van a decir que Deeds está loco y es una amenaza, por ejemplo).

Es una pena que una película que prometía ofrecer algo distinto se quede en tan poca cosa. De hecho hubo tramos que me aburrieron bastante. Al menos el largo capítulo final está bastante bien, y sobre todo los personajes llegan con intensidad y logran que al menos algo recuerdes de ella.

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Marea roja


Crimson Tide, 1995, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 116 min.
Dirección: Tony Scott.
Guion: Michael Schiffer, Richard P. Henrick.
Actores: Gene Hackman y Denzel Washington, James Gandolfini, George Dzundza, Matt Craven, Viggo Mortensen, Rocky Carroll.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Intensa y emocionante.
Lo peor: Exceso de sensacionalismo.
Mejores momentos: Toda escena en que el capitán y el primer oficial exponen y miden sus opiniones y diferencias, sea sutilmente o a gritos.

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El argumento de la película no es una lucha entre submarinos o la supervivencia tras un accidente, lo primero que cabría pensar dado el género, sino el duelo intelectual y moral entre el capitán y el primer oficial. Y sólo con ello consiguen una cinta de acción bastante intensa, con algunas escenas dignas de recordar.

El guion logra una combinación de elementos que resulta explosiva. La relación entre dos protagonistas con convicciones políticas y morales fuertes y opuestas ofrece un duelo con tramos impresionantes tanto en espectáculo como en carga intelectual y ética. La trama de conflicto político y bélico aporta intriga y tampoco olvida un llamativo subtexto crítico, analizando los motivos, actos y consecuencias de una guerra nuclear. Y el escenario en un submarino militar, donde no hay escapatoria y las normas son estrictas, es crucial para la situación de aislamiento (desconocimiento ante lo que pasa en el mundo), caos y motines.

De esta forma, aparte de ser un relato que maneja bien la atmósfera de intriga y tensión y pone a prueba a los protagonistas en situaciones extremas, va dejando en el espectador espacio para reflexionar sobre las implicaciones que supone tener misiles nucleares, invita a comprender a ambos personajes y finalmente permite posicionarse en un bando y elegir unas conclusiones. ¿Que existan potencias nucleares es una majadería o una responsabilidad en un mundo loco? ¿Hasta dónde debe llegar la implicación de individuos únicos en la toma de decisiones que afectarán a millones? Etc. etc.

Pero nace como cinta de acción, y el potencial como drama/thriller con contenido ve limitado su potencial, es decir, el tono y alcance parecen simplificados de cara al gran público, sensación que se agrava porque da la impresión de que el guion es más inteligente de lo que el director llega a comprender. Destaca la inclinación por el sensacionalismo, la obsesión por forzar el espectáculo y generar la emoción más directa y barata en el espectador, sea en la narración en general (algunas escenas se exageran mucho, en especial los motines sobre motines y los gritos) como en los detalles. Por ejemplo en los efectos sonoros se va de madre cosa mala, con armas que suenan como si se cargaran y amartillaran cada vez que aparecen en pantalla o alguien se mueve, forzando malamente la sensación de peligro hasta caer en lo ridículo en un par de momentos.

A pesar de todo Tony Scott no arrastra los excesos visuales de otras obras suyas y hace un buen trabajo. Consigue una puesta en escena viva y con buen ritmo a pesar del limitado escenario, y con el apoyo de la potente banda sonora de Hans Zimmer se matiza la fuerza e intriga de muchas escenas muy bien. Pero lo mejor son los actores, desde el memorable duelo entre Gene Hackman y Denzel Washington al repertorio de grandes secundarios: James Gandolfini, George Dzundza, Matt Craven, Viggo Mortensen

Resulta uno de los títulos más llamativos de la factoría del productor Jerry Bruckheimer, y desde luego es uno de los pocos de los serios e inteligentes (hay una excepción, porque también produjo Black Hawk Derribado). Además es, junto a El fuego de la venganza, la mejor película del fallecido Tony Scott, lo que viene también a decir las únicas realmente buenas. No llega al nivel de la excelente La caza del Octure Rojo, pero es un visionado muy disfrutable.

Sobran las palabras


Enough Said, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 93 min.
Dirección: Nicole Holofcener.
Guion: Nicole Holofcener.
Actores: Julia Louis-Dreyfus, James Gandolfini, Catherine Keener, Tony Collette, Ben Falcone,
Música: Marcelo Zarvos.

Valoración:
Lo mejor: Guion inteligente, maduro, lleno de humor y con un notable análisis de las relaciones humanas.
Lo peor: Nada concreto, solamente que le falta algo para ser una película realmente llamativa a pesar de que parece tener los ingredientes para ello.

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Las comedias románticas provenientes de Hollywood me resultan repelentes. La mayor parte son estupideces para niñas tontas, llenas de clichés y mensajes maniqueos y centradas además un rango de edad bajo (desde adolescentes a primeros matrimonios). Raro es encontrar títulos de cierta calidad y con un guion inteligente, y por ello Sobran las palabras es un pequeño oasis digno de visitar. Además para variar se centra en un público que cada vez tiene menos representación en el cine: el cuarentón. Me encuentro todavía lejos de esa edad y de la situación en que se hallan los protagonistas (padres divorciados con hijos adolescentes), pero eso no me ha impedido conectar con unos personajes muy cercanos y una historia humana y emotiva llena de enseñanzas sobre la vida.

El guion es bastante completo y equilibrado. Dibuja unos protagonistas muy realistas y grises, pues todos somos complejos y tenemos vicios y virtudes variados. La evolución de los mismos a lo largo de las vivencias relatadas está muy lograda, jugando también muy bien con el realismo: todos nos adaptamos mejor o peor a las distintas etapas de la vida. La trama mezcla muy bien el romance y la comedia, donde se juega con el humor de ironizar sobre lo cotidiano y el clásico enredo, con la protagonista hundiéndose cada vez más en su metedura de pata de mantener la mentira de que no sabe quién es su nueva clienta, es decir, la ex de su nuevo novio. Los diálogos son largos y bastante rápidos, y desde luego aportan mucha información sobre el personaje. Chistes recurrentes geniales (la amiga de la hija siempre en casa, el lío con la criada torpe), sentencias llenas de ingenio, sutilezas excelentes (los problemas del matrimonio amigo)… Raro es que recurra al golpe de efecto absurdo para hacer sonreír (como el momento del pene), y estos instantes también funcionan.

En la parte romántica tengo que citar de nuevo el tono tan cercano que mantiene. Las situaciones en que se ven envueltos los protagonistas, sea por azar de la vida o por sus propias formas de ser, resultan muy identificables y creíbles. La primera cita es gloriosa, con un sinfín de pequeñas dudas al principio y luego el paulatino hallazgo de intereses en común. El inicio de la relación igual. Y la forma en que se mina esta por las quejas de la ex, lanzando el mensaje de que debes formar tu propia opinión, seguir tu propio corazón, funciona de maravilla (en ese sentido la cena que sale mal es fantástica).

El reparto está formado por actores bastante reconocibles pero ninguno especialmente famoso entre el gran público, al menos en el cine, porque en televisión tienen o han tenido más presencia. Sin embargo, a pesar de su veteranía y grandes papeles, a la pareja protagonista le falta algo de garra. Julia Louis-Dreyfus se mueve muy bien en la comedia, pero en el drama la he visto bastante limitada. Y James Gandolfini, por quien me lancé a ver la película, está correcto sin más, no me ha parecido que se esforzara mucho. Cabe decir también que la película se estrenó un par de meses después de su inesperado fallecimiento, aunque no es su último papel, ese fue en The Drop (en postproducción a la hora de escribir este artículo). De los secundarios (Toni Collette y Catherine Keener a la cabeza) no tengo queja alguna, de hecho, si hubiera sido una película coral es probable que le hubieran comido terreno a los dos protagonistas.

La única pega, de haber alguna más allá de esperar que Gandolfini estuviera sobresaliente, es la sensación de que le ha faltado tan solo una pizca de ingenio y trascendencia para llegar a ser una película de alta calidad.

La noche más oscura


Zero Dark Thirty, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, histórico.
Duración: 157 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guion: Mark Boal.
Actores: Jessica Chastain, Jason Clarke, Kyle Chandler, Jennifer Ehle, Mark Strong, Stephen Dillane, James Gandolfini, Fares Fares.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena, ritmo estable y con un pico final excelente.
Lo peor: Narración fría, personajes poco definidos.
Mejores momentos: El tramo final, desde que localizan la casa hasta el fin del asalto: Maya apuntando los días, las reuniones, los helicópteros, la tensión en cada puerta y pasillo de la casa.

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Zero Dark Thirty es una película atrevida. Primero, porque Kathryn Bigelow se la jugó sacando a la luz información que la CIA consideraba secreto de Estado, lo que le podría haber acarreado notables problemas legales. Por suerte, o no eran secretos tan importantes (los helicópteros si acaso, el resto se ve tal cual en el documental de National Geographic), o han pasado de complicarse la vida persiguiendo a alguien famoso. Segundo, porque la historia tiene una carga política y moral que tanto dentro como fuera de Estados Unidos podría tocar la sensibilidad de muchísima gente. Pero Bigelow ha sido muy inteligente al hacer un relato casi documental, limpio de juicios y valoraciones, que se limita a narrar hechos tal y como ocurrieron. Esto no ha impedido que los lloricas habituales hayan atacado a la película diciendo que vende tal o cual mensaje, cuando evidentemente no lo hace, pero allá ellos, pues así quedan en evidencia. Las cuestiones y críticas que las haga cada uno como le plazca, pero sobre EE.UU., no sobre la película: el asesinato de Osama Bin Laden sin juicio, la invasión de un estado soberano como Pakistán sin pedir permiso, las cárceles secretas de la CIA por todo el mundo, las torturas inhumanas… Estoy sorprendido y agradecido de que una obra proveniente de Hollywood, y más con esta temática, no incluya los habituales mensajes más o menos descarados o maquillados que aparecen en muchas de sus producciones.

El problema es que este estilo es difícil de manejar, pues de aséptico y neutro es fácil pasar a frío y distante. Aunque la cinta tiene un ritmo excelente y el avance de la investigación resulta bastante fluido, desde el principio hasta el final le pesa bastante la sensación de frialdad, de lejanía. No se pierde el tiempo en describir personajes secundarios, en situarlos por la trama y llevarlos de un punto a otro. Salen y entran de la historia constantemente, algunos tienen una sola escena, y muchas veces ni se indica quiénes son, con lo que todos parecen usarse únicamente como canalizadores de alguna parte de la trama, sin darles entidad ni hacerlos atractivos de cara al espectador. Cuesta hacerse una idea de quién es quién en la cadena de mando de la CIA: el director, el enlace con el gobierno, el ayudante de uno u otro, algún director de destacamento, agentes varios… También tengo que decir que cuando uno de esos roles secundarios cobró un repentino protagonismo estaba claro que era para forzar que su muerte resultara impactante… pero el tiro sale por la culata: el personaje tenía que haber sido atractivo desde el principio, darle tanta importancia de golpe sólo anuncia descaradamente que va a morir.

Siguiendo con la falta de claridad, se sueltan datos sin hacer el más mínimo esfuerzo por dar pistas sobre su significado: las siglas de agencias y organizaciones con toda probabilidad te sean desconocidas, y parece que a Bigelow le da igual, apáñatelas como puedas. Y qué quieres que te diga, pero si no sabes que el ISI es el servicio de inteligencia paquistaní, o qué demonios es eso de KSM que tanto mencionan (un terrorista capturado, uno de los principales artífices del 11S y otros atentados), muchas escenas y averiguaciones no podrás entenderlas del todo.

Por todo esto decidí ver la película por segunda vez, para comprobar si con la Wikipedia y la ficha de IMDB a mano, buscando cosas, mirando los rangos o trabajos de cada rol, le sacaba más jugo a un filme que me resultó entretenido pero bastante inerte, incapaz de emocionarme como para recordarlo con agrado. ¿Puedo decir entonces que Bigelow erige un thriller que se puede disfrutar en dos niveles, primero dejándose avasallar los acontecimientos y luego analizándolos a fondo? Pues no, porque todos estos caracteres siguen siendo entes sin alma que entran y salen de la gélida narración sin aportar mucha esencia.

Sin embargo, siendo Bigelow y el guionista Mark Boal conscientes de que sin un personaje con el que el espectador congenie no hay manera de hacer interesante la historia, es evidente que pusieron esfuerzo en mostrar un rol central más fuerte. Y la jugada sale bien, pero no espectacular, pues este clásico protagonista contra el mundo también peca de ser demasiado distante y superficial. Sí, es consistente y atractivo (su evolución está bien desarrollada), y tiene algunos buenos momentos, pero no puedo quitarme de encima la impresión de que le falta definición (qué la motiva, qué piensa en los momentos clave) y de que en definitiva no es un personaje con el carisma y fuerza suficiente como para hacer que su aventura sea capaz de dejar huella en el espectador. Además hay que decir que, si ella es el foco de la narración, por qué demonios la olvidas en el momento cumbre de su carrera: en el asalto final casi no sale, cuando era crucial ver su reacción en cada paso del mismo. Y lo contrario ocurre en el epílogo: para qué me la sacas llorando cuando ha acabado todo si no me das algo que explique la situación. ¿Llora de alivio porque ha terminado su difícil odisea? Tampoco me explicaste por qué puso tanto empeño en ella, así que no esperes que ahora de repente me interesen sus tribulaciones. La película hubiera debido acabar cuando mira el cadáver de Bin Laden y sale por la cortina: ya no hay más que contar sobre Maya. También tengo claro después de haber visto a Jessica Chastain en algunos muy buenos papeles (en especial en Criadas y señoras), no entiendo por qué ha causado tanta sensación, si su interpretación es correcta sin más.

Si la película destaca como entretenimiento de calidad es por su milimétrica puesta en escena, capaz de mantener el ritmo e interés incluso en largos tramos donde no está ocurriendo realmente nada extraordinario. Los pasos de la investigación se atacan todos con intensidad, consiguiendo que los saltos de uno a otro no pierdan fuelle. Aun sin mostrar algo con mucha esencia (ninguna escena impacta: el interrogatorio es sencillo, las averiguaciones iniciales no son muy trascendentes) la proyección avanza sin achaques. Y desde que se descubre la casa sospechosa, el subidón es notable, pues por fin hay un rumbo más claro, una trama más consistente y varios personajes secundarios con presencia más concreta y definida. Cómo suben y bajan los datos por la cadena de mando, cómo luchan y dudan por la viabilidad del asalto, la insistencia de Maya marcando los días en el cristal del despacho de su superior, las averiguaciones sobre la casa basadas en una observación externa y finalmente el espectacular asalto garantizan un entretenimiento de primera.

En estos momentos de mayor trascendencia la puesta en escena realza la narración de forma impresionante: en realidad el asalto a la casa son cuatro tiros, pero Bigelow llena media hora con ello y consigue que sea trepidante e intensa como la mejor cinta de acción. La excelente planificación, la cámara siempre puesta en el mejor sitio posible, el montaje perfecto, la fotografía e iluminación de calidad, el uso del sonido (efectos sonoros de impresión), la excelente y sutil banda sonora de Alexandre Desplat… No hay duda de que Bigelow es una directora de gran calidad, y de que Zero Dark Thirty sin esta realización de tan buen nivel podría haber sido un telefilme anodino.