El Criticón

Opinión de cine y música

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Los siete magníficos


The Magnificent Seven, 2016, EE.UU.
Género: Acción, western.
Duración: 115 min.
Dirección: Antoine Fuqua
Guion: Nic Pizzolatto, Richard Wenk.
Actores: Denzel Washington, Chris Pratt, Ethan Hawke, Vincent D’Onofrio, Byung-hun Lee, Manuel Garcia-Rulfo, Martin Sensmeier, Haley Bennett, Peter Sarsgaard.
Música: Simon Franglen, James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Chris Pratt, Ethan Hawk y Vincent D’Onofrio.
Lo peor: Guion sin profundidad ni alma alguna: es un producto prefabricado para la taquilla fácil.
La polémica: La corrección política llega a límites absurdos: no se ve ni un solo caballo muerto por el suelo entre la gran cantidad de gente fallecida.

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No me olía nada bueno, a pesar de algunas críticas que la ponían como una de acción más que decente, pero lo cierto es que incluso con las bajas expectativas he acabado decepcionado.

El primer fallo notable que se ve está en la puesta en escena, con una elección para la fotografía extraña y equivocada. La paleta de colores obsesionada con los tonos azules y naranjas, obedeciendo a una ley del color básica y muy facilona que dice que son tonos cálidos que conectan con más facilidad con el espectador que otras elecciones más artísticas, puede funcionar en entornos urbanos (Transformers es un referente de este estilo), pero en paisajes naturales difícilmente encaje. Así, las escenas de mucho sol (y obviamente abundan) saturan demasiado el naranja, y los actores, que parecen siempre acalorados, en esos momentos se asemejan a muñecos de plástico. Pero los planos que tienen vegetación alcanzan cotas absurdas, con árboles que tienden a un azul verdoso muy irreal.

Antoine Fuqua es un realizador que domina bastante bien el cine de acción de corte más clásico y artesanal, esto es, sin artificios modernos (abuso de efectos especiales, cámara y montaje frenéticos). Lágrimas del Sol, El tirador y Objetivo: La Casa Blanca lucían bien, y la presente está en la misma onda, con escenas de acción bastante correctas, ejecutadas de forma que lleguen al espectador con la complejidad del escenario y la intensidad de la situación más que con una narrativa forzada con técnicas baratas. Por ello sorprende mucho ese colorido excesivo, falso. En El Rey Arturo también lo utilizaba, pero no tan saturado, y en el ambiente frío del norte encajaba mejor (aun así le habría venido bien algo más natural, claro). Bien podría haber salido un bluray mal equilibrado (no sería el primero: con La carretera tienes que elegir con cuidado la región porque una alguna está alterada de mala manera, Espartaco tuvo que tener una nueva restauración porque la primera fue desastrosa, El último mohicano requeriría una nueva también…), pero viendo fotos promocionales del metraje, los tráileres y otras críticas, está claro que es el estilo elegido para la película. Yo tuve que bajar un montón la saturación del reproductor, porque me sacaba completamente de la historia.

Una vez superado o ignorado el choque visual entramos en materia. La película trata sobre la formación de un grupo de gente peculiar y la aventura en que se embarcan, por lo tanto se espera ver personajes carismáticos, una dinámica entre ellos que enganche y divierta, y un viaje que atrape hasta que haga acto de presencia la acción. Pero este remake simplón sólo cumple en lo último… y no del todo, porque llega tras hora y media de sopor y quizá sea tarde para ganarse la conexión con el espectador. Veo que muchos han disfrutado, pero mi interés estaba por los suelos y apenas he conectado con la gran batalla. Fuqua demuestra su pericia con la cámara en una lucha épica alrededor del pueblo, entre sus calles y sus casas, logrando un espectáculo bastante gratificante. Pero los personajes que no me aburrían me provocaban rechazo, y aquí siguen en su tónica: cada vez que aparecen es para cumplir con otro topicazo cargante, y los finales de cada uno, fallezcan o sigan con vida, me han resultado entre intrascendentes y molestos. Esos tontos planos-resumen del protagonista mirando a sus colegas muertos, incluso al que está en el campanario y no puede ver, me dieron vergüenza ajena.

La presentación de cada protagonista trata de ser gradual, pero carece de fluidez y no logra despertar el interés nada más que en un par de ellos. En todos se abusa de estereotipos en algún momento, en varios de hecho en todas sus apariciones. La dinámica entre ellos es poco interesante, con su dibujo monocromático y los diálogos acartonados no hay manera de seducirnos. Obviamente, la falta de ingenio se ve también en el sentido del humor, que resulta infantil, torpe. El único chiste bueno es el tomado del western original, el de “Por ahora bien”, y lo exprimen de mala manera hasta gastarlo.

Voy de menos a más con los protagonistas. Ya se apunta bajo con el prólogo que presenta al villano, un malo malísimo porque sí, irreal y plano hasta aburrir; el competente Peter Sarsgaard se esfuerza, pero no puede evitar que resulte un personajillo ridículo, lo que empeora con su lamentable final. La llegada del indio se come mucho tiempo y no dice nada; yo es que ni la he entendido, se une a la empresa sin razón alguna y no aporta absolutamente nada; y por supuesto tendrá su final esperable, la pelea con el indio enemigo metida con calzador. Con el mejicano tratan de mostrar un tipo chungo pero carismático, pero no me lo creo, y su entrada es también muy repentina, sin dejar ver convicciones y motivaciones concretas que lo empujen a unirse con tanto entusiasmo. El chino de las artes marciales es un cliché andante, y no hace nada más que cumplir con ello, pero al menos tiene algo más de presencia en las dinámica de la banda. El líder, y el protagonista con más tiempo, es Chisolm, a mitad de camino entre agente de la ley y cazarrecompensas; resulta una figura muy clásica donde parece relegarse toda su personalidad a lo que consigan sacar el director y el intérprete; Denzel Washington hace de sí mismo, así que si te cae bien te gustará; a mí me ha resultado un personaje poco carismático para el peso que tiene. El loco es inquietante, impredecible, a ratos da miedo y a ratos divierte, y en gran parte es gracias a la inspirada labor de Vincent D’Onofrio. “Buenas noches” Robicheaux se lleva el mejor papel, con un Ethan Hawke muy entregado, y el mejor recorrido emocional hasta que lo destrozan con un giro final absurdo: de mostrar un poso intrigante, un problema creciente que lo agobia, pasa a ser el típico que huye para volver en el último instante para salvar a sus colegas, pero por el camino es como si faltaran escenas: ¿cómo ha superado su crisis?, ¿para qué ponen tanto énfasis en el dilema interno del personaje si no lo llevan a una conclusión? Faraday es el clásico timador, superviviente y guaperas, pero tiene su gracia y Chris Pratt está estupendo, rebosante de carisma pero también con un punto oscuro bastante logrado.

De roles secundarios con interés olvídate. ¿El pueblo? Sólo lo representa la chica blanca y guapita, el resto de individuos son figurantes. No hay relación directa entre el grupo y estas gentes, no se ven sus vidas, su sufrimiento. Si en la cinta de 1960 daba tiempo a mostrar todo con detalle, aquí también. Es cuestión de saber narrar. Por tener, incluso tenía reflexiones muy interesantes. Se hablaba de las dificultades de la vida en la época, que abría dos caminos, pistolero o granjero, y tenía escenas que trataban muy bien las miserias de cada elección, con momentos de nostalgia (¿y si hubiera tomado la otra dirección, si en vez de perseguir sueños hubiera aceptado la realidad?) que daban más verosimilitud al entorno y a los personajes (incluyendo los forajidos: son supervivientes que no saben hacer otra cosa, no villanos de cómic). Y con el pueblo se hacía un buen retrato de la vida bajo un yugo: la esperanza, el miedo y la lucha por la supervivencia; había gente dispuesta, gente cobarde, traiciones y alzamientos. Aquí no hay trasfondo de ningún tipo. El único intento de conectar pueblo y espectador es… con niñitos sufriendo. ¿Pero por qué demonios tienen a los niños en la aldea y sólo cuando la cosa se pone fea los tratan de esconder en el campo? Se suponía que son mercenarios listos y competentes.

El poco interés que despiertan algunos de los protagonistas más la sobria y contundente puesta en escena de Fuqua (aunque con el lastre del color excesivo) consiguen un entretenimiento pasajero aceptable si se hacemos la vista gorda a la simpleza exasperante de su guion, los estereotipos, las sentencias lastimeras, las escenas tontas que remarcan obviedades. Me temo que esto de perdonar el bajo nivel intelectual es algo que tenemos que hacer mucho en el cine taquillero actual, volviendo a traer a colación la pregunta de si el cine de Hollywood se ha vuelto estúpido o es el público el que se ha vuelto estúpido. La versión de John Sturges era una adaptación de la colosal Los siete samuráis en un modo indudablemente más comercial que la obra de Akira Kurosawa, pero aun así tenía una solidez, una calidad y personalidad que han permitido que se recuerde con agradado hasta nuestros días. ¿Qué necesidad había de rehacerla sin cambiar el escenario o la época, sino únicamente pasándola por la batidora intelectual para convertirla en un producto de usar y tirar? Pero precisamente hay ejemplos de que una revisitación hecha con mimo puede ser agradable: El tren de las 3:10 o Valor de ley, por centrarme en el oeste, fueron bastante buenas. Así que habría que señalar dos tendencias, la ultracomercial y la seria, y empezar a catalogar algunos remakes como merchansiding, no como películas, pues lo único que hacen es aprovecharse del renombre de la obra original para vender.

Aparte, es inevitable hablar también de la banda sonora. Las notas de Elmer Bernstein marcaron el cine del oeste para siempre, y muchos ojos (oídos) estaban puestos en la nueva versión. El gran pero polémico James Horner fue el elegido… ¿Daría un trabajo de los repetitivos o se esforzaría como había hecho recientemente en otros filmes? Por desgracia el compositor falleció dejando la partitura apenas empezada, y tuvo que ser acabada por sus ayudantes. Y sea porque Horner estaba en la línea poco inspirada o porque decidieron acabarla tirando de motivos típicos del compositor, lo que queda es una banda sonora rutinaria y repetitiva, sin personalidad ni garra, lo que termina realzando esas sensaciones en el filme.

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Southpaw


Southpaw, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 124 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guion: Kurt Sutter.
Actores: Jake Gyllenhaal, Rachel McAdams, Oona Laurence, Forest Whitaker, Naomie Harris, 50 Cent.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Emotiva e intensa sin sensiblerías innecesarias. Reparto muy implicado.
Lo peor: No sorprende en ningún momento.

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No empecé el visionado muy entusiasmado, pues el rumbo del relato se presenta tan predecible que no dejaba de preguntarme por qué hay autores empeñados en contar las mismas historias una y otra vez. De nuevo tenemos la odisea de superación deportiva típica yanqui, donde un novato tiene que llegar a lo alto o una estrella caída tiene que recuperar su posición. Además se mezcla con otro clásico, el del padre que está perdiendo a su familia y tiene que recuperarla. Y cómo no, todo apunta a que el éxito deportivo lo convertirá en mejor persona y padre. No basta tener un trabajo, claro, hay que demostrar que con esfuerzo cualquier estadounidense pringado puede llegar a ser el rey del mundo. Nunca vemos relatos de quienes se quedan en el camino, o en un punto medio y tienen que “aceptar” una “vida normal”.

Como decía, encontramos los puntos clave de todas estas historias. La familia rota, el infante que sufre las consecuencias, el padre que sólo puede reconstruir sus vidas si toma una obsesión y la lleva al límite, el mentor que lo ayudará en su ascenso… Este último asusta un montón, pues el topicazo con él es de escándalo: el tipo paciente, buenazo y experimentado que hemos visto mil veces, por ejemplo en Million Dollar Baby… no en vano Forest Whitaker es la versión barata de Morgan Freeman.

Pero sorprendentemente la película funciona muy bien dentro de su limitado rango de acción. No va a superar el escollo de ser un drama de superación que se ve venir de lejos, pero comparado con infinidad de títulos que llegan incluso a arrasar en los Oscar tiene mucho más valor. Lo primero a destacar en el guion de Kurt Sutter (The Shield, Hijos de la anarquía) es su tono natural y crudo, pues, exceptuando que el accidente que desencadena el evento puede ser un tanto exagerado, se opta por un drama realista, capaz de conmover con sus tragedias sin dejar la sensación de manipulación emocional o de sensacionalismo narrativo. Su segundo acierto es que esquiva bastante bien los aspectos más previsibles: se conecta férreamente con los personajes, las anécdotas del día a día son interesantes y la odisea no se atasca en clichés, sino que evoluciona con ritmo y fuerza. Además, el retorno a la competición tiene una conexión directa con el estado emocional del personaje: su fortaleza psicológica va madurando también. No es como esos superficiales cuentos de hadas sobre el sueño americano en los que con ganar la competición todo se arregla (Cinderella Man, El lado bueno de las cosas).

La más que correcta puesta en escena de Antoine Fuqua y el notable reparto realzan muy bien el producto. Jake Gyllenhal (atención al físico que consiguió) está inmenso en un rol que evoluciona a ojos vista: de la felicidad a la desolación, de la desesperación al renacer. Las escenas en que visita a la hija, que la joven Oona Laurence también interpreta muy bien, son demoledoras. Y Forest Whitaker y Rachel McAdams son valores seguros. Con la suma de todos estos factores el drama llega con intensidad, se vive con angustia la caída al abismo del protagonista, vibras con su recuperación paulatina, y en resumen, pasas un buen rato con una cinta emocionante y muy entretenida. Al final, como he dicho muchas veces, después de todo lo importante no es qué cuentes, sino cómo lo cuentes.

Tanto por ser de un género popular como por aportar algo de calidad en el mismo, es verdaderamente incomprensible la pésima distribución que le dieron. Para rematar el despropósito tuvo buenas críticas y sobre todo un director y unos actores de bastante tirón. De hecho fue ridículo no usarla junto a Nightcrawler para lanzar a Gyllenhaal a la campaña por el Oscar, algo que muchos medios daban por seguro, es decir, los todopoderosos hermanos Weinstein, quienes deciden cómo serán la mitad de los Oscar, tenían media campaña hecha. Pero ellos encumbran y ellos hunden. A la hora de escribir esto, en España está sin fecha incluso para dvd. El mismo destino sufrió otra cinta incluso más recomendable, Warrior, donde en Lionsgate no supieron o no quisieron ver su enorme potencial.

Aliens


Aliens, 1986, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción, terror.
Duración: 137 min. (cines), 154 min. (edición especial, 1992).
Dirección: James Cameron.
Guion: James Cameron, Walter Hill, David Giler.
Actores: Sigourne Weaver, Michael Biehn, Lance Henriksen, Carrie Henn, Paul Reiser, Bill Paxton, William Hope, Janette Goldstein.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Todo: guion, dirección, efectos especiales y decorados, música, reparto… Su inigualable capacidad para atrapar, impresionar, agobiar, aterrar… incluso innumerables visionados y años después.
Lo peor: Le sobran un par de escenas en su versión completa. Y por el contrario, a la versión corta le falta una crucial. La calidad del audio de la versión doblada en España es bastante mala, hubiera requerido un redoblaje más cuidado para el dvd, y más aún para el bluray (además, se nota mucho el contraste con las escenas añadidas en la edición especial); y la voz de la niña es horrible, como hecha por una actriz adulta con voz de falsete.
Mejores momentos: La inquietante entrada en el complejo, el primer y caótico ataque, Ripley tomando los mandos del tanque, la caída de Vasquez… Y todo el tramo final con la búsqueda de Newt y el enfrentamiento con la reina.
El plano: La nave pilotada por Bishop acercándose al generador (cuando Ripley decide ir a por Newt), con un tema musical que pone los pelos de punta.
El título en castellano: Oficialmente se denominó Aliens: El regreso. No sé por qué en España siempre ha existido la manía de añadir coletillas ambiguas o incomprensibles a los títulos. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, su nombre original es el que se recuerda.
La frase: ¡Aléjate de ella, zorra!

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Alerta de spoilers: Por si alguien no la ha visto a estas alturas, la destripo a fondo. —

Alien de Dan O’Bannon y Ridley Scott (1979) fue una de esas obras maestras revolucionarias que marcan un hito en la historia del séptimo arte y dejan al espectador (al que tuvo la suerte de verla en su época sobre todo) anonadado ante algo tan innovador y fascinante (y, en este caso, terrorífico). Una película de las que no se olvidan, de las que son capaces de romper la injusta barrera que separa el cine de ciencia-ficción del “cine de verdad”. Su éxito fue tal que pronto la maquinaria de Hollywood empezó a gestar una secuela, siendo uno de esos proyectos que deambulan por los estudios entre productores varios, contratando y cambiando guionistas e ideas constantemente, de forma que parecen abocados al fracaso artístico. Pero quiere la suerte que por aquel entonces habría gente con la cabeza bien puesta en la 20th Century Fox, y aunque inicialmente había dudas sobre su viabilidad económica, a partir de cierto momento el proyecto se tomó en serio. El nombre de James Cameron, un autor desconocido y sin un currículo digno de mención (el título de cine cutre Pirañas II), fue propuesto por alguien, pero no tenía la confianza del estudio a pesar de que algunos alabaron el argumento que propuso. Pero al deslumbrar con Terminator (1984) pensaron que él y su socia productora Gale Anne Hurd (con la que estuvo casada unos años por aquella época) reunían cualidades de sobra, y les dieron bastante libertad durante el rodaje, sobre todo porque su guion entusiasmó a todos.

Este mismo proceso se repitió en el resto de la serie con mucho peor suerte: en Alien 3 el estudio se sumergió en un caos de cambios de productores y guionistas y maltrataron a lo grande el trabajo del director David Fincher, en Alien Resurrection jugaron con otros tantos guiones, y aunque al final optaron por dar libertad al director Jean Pierre Jeunet, este tomó un rumbo inadecuado, e incluso cuando Ridley Scott resucitó la serie con un nuevo ángulo en Prometheus, el estudio impuso cambios de ideas y guionistas y además parecía que el propio realizador no supo muy bien por dónde quería ir. Así que Aliens acabó siendo un milagro que no se volvió a repetir en una serie que a partir de ahí nos ha traído muchos desencantos a sus seguidores.

Cameron tuvo la osadía de cambiar el género y estilo por completo, planteando una odisea bélica en vez de repetir la fórmula del primer capítulo. Con la filmación y el estreno forjó definitivamente su leyenda de visionario y genio del cine, pero también de persona con la que es difícil trabajar debido a la exigencia de sus rodajes, pues el ambicioso filme que pretendía no fue fácil de llevar a cabo. La complejidad que requería provocó innumerables quebraderos de cabeza, y aunque todos fueron hábilmente resueltos por un equipo muy inspirado y dirigido con mano firme por el obstinado pero dotado director, secuelas quedaron. Como en otros trabajos suyos (Abyss), algunos currantes renegaron de él. El primer director de fotografía duró poco, por ejemplo; aunque el más sonado fue el caso de James Horner, que tuvo que escribir a toda prisa la banda sonora, soportando cambios y exigencias constantes, y no quiso volver a trabajar con él hasta que en Titanic lo convenció de aguna manera (con un sueldazo, seguramente). Recomiendo ver los extras de los dvds, en especial algunos como el dedicado a la creación de la reina alien o el del inicio del rodaje, pues aunque otros son menos satisfactorios (los típicos de entrevistas aburridas), los buenos son muy interesantes.

Como en toda obra de Cameron, su narrativa es extraordinaria a todos los niveles. Mide el tiempo de forma exquisita, sabiendo dónde poner cada personaje, trama y escena, y dominando admirablemente qué emoción y sensación sacar de cada instante. Así, hasta que llegamos al planeta casi pasa una hora, pero hasta entonces ha ido cimentando unas bases sobre la historia y los protagonistas de forma tan acertada que el trayecto ha resultado sumamente atractivo. El ritmo hasta entonces puede ser pausado, pero es intenso y expectante como en las partes más activas del relato.

Protagonistas que despiertan pasión ya desde sus primeras apariciones hay unos pocos en un repertorio memorable: Ripley, Bishop, Hicks y Newt son protagonistas que dejan huella, pero los secundaros resultan redondos también, destacando a Vasquez, Hudson, Gorman y el repelente Burke. Qué difícil es hoy día ver un grupo de personajes tan completo, verosímil y atractivo, sobre todo en los géneros de acción, ciencia-ficción y fantasía. Unos te caen simpáticos, otros resultan algo repelentes pero sin caer en clichés triviales (la trayectoria del teniente inexperto da mucho juego), y con todos se sufre de una forma u otra. El trabajo actoral es excelente. Sigourne Weaver consigue un papel aún más conmovedor que el de Alien, llenando la pantalla de forma impresionante, y Michael Biehn, junto a su gran interpretación en Abyss, demostró que como actor de cintas de acción valía bastante en comparación con el poco éxito que tuvo. Y los secundarios no se quedan atrás, destacando a Bill Paxton como el hiperactivo Hudson, Lance Henricksen como Bishop, capaz de llegarte a pesar de la máscara de frialdad robótica, la carismática Jenette Goldstein que da vida a la dura Vasquez, o la excelente representación del mando cobarde que hace William Hope como el teniente Gorman. Y como curiosidad, fue la única película en la que participó la intérprete de Newt, Carrie Henn, quien sólo volvió a ponerse ante las cámaras para unos pocos documentales rodados a partir del año 2000 para los dvds.

El prólogo con el rescate de Ripley es muy intrigante, su adaptación al mundo real mantiene un aura de pérdida y melancolía muy logrado, y la sensación de que quiere huir pero arrastra heridas no cerradas mantiene la expectación aunque sepamos que al final se lanzará a la aventura, porque no habría película de otra forma. Y su gradual maduración no defrauda, va ganando coraje, determinación y liderazgo, para acabar echándole huevos a lo grande en el inolvidable tramo final.

La presentación del comando militar es muy correcta, tiene los diálogos y situaciones necesarios sin caer en tópicos ni perder el ritmo. El diálogo con Vasquez haciendo ejercicio pone en cada lugar a varios de ellos, y la muestra de que Ripley sabe manejar el robot tiene la gracia suficiente para no parecer una mera justificación del clímax final. La entrada en el complejo del planeta, jugando con el misterio a lo desconocido, los pasillos desiertos y las señales de lucha, resulta acongojante. Cuando empiezan a pitar los detectores de movimiento, la tensión te mantiene aferrado al asiento. El ataque en la oscuridad de la estructura alienígena es abrumador y espeluzante, y la decisión de Ripley de tomar el mando (tanto del tanque como de la misión) expone en acción el cambio que iba viéndose en ella, la decisión de luchar con todo su ser contra el enemigo que cambió su vida. Hay sorpresas fantásticas, como el eterno plan de la corporación Weyland de hacerse con una de las criaturas (la escena en que Burke quiere infectar a Ripley o a la niña resulta hasta desagradable), situación que además señala ne que el hombre es también a veces un monstruo frío e implacable y el peor enemigo de sí mismo. A estas alturas estará claro que otra gran característica de Cameron es el realismo humano que desprenden sus obras: aparte de la verosmilitud que transmiten sus personajes, la historia siempre posee un trasfondo muy interesante; incluso Mentiras arriesgadas, a pesar de su tono absurdo, hablaba muy bien sobre la familia, sin los clichés rancios habituales.

Con el grupo diezmado volvemos al estilo que caracterizó a la primera entrega: la claustrofóbica resistencia ante un enemigo implacable. No hay lugar donde esconderse, y menos en un escenario tan cerrado. La situación de peligro inminente y la opresión del entorno oscuro y con criaturas al acecho se transmite al espectador magistralmente: una simple escena que muestra a los personajes cerrando una puerta pone los pelos de punta. Tras otro feroz y acongojante ataque, la huida por los conductos de ventilación resulta sobrecogedora, con momentos brutales como la caída de Vasquez y Gorman, el teniente en su momento redentor.

Ahora no queda otra que salir por patas antes de que el complejo estalle, un giro introducido con la suficiente habilidad para no parecer forzado. Pero la cosa se compilca con la desaparición de Newt. Ripley se ha encariñado, ve en ella la hija que perdió, y no está dispuesta a dejarla atrás, arrastrando al espectador en uno de los clímax finales más largos, subyugantes y espectaculares de la historia del cine. La búsqueda de la chiquilla, el interminable y terrorífico enfrentamiento con la reina alien, y el espeluznante epílogo sorpresa en la Sulaco te mantienen con el corazón en vilo durante largos minutos. Aquí deslumbra a lo grande ese exquisito manejo del tempo narrativo del que hace gala Cameron: los interminables pasillos, la alarma insistente, las miradas entre Ripley y la reina, el ascensor, el amago con que Bishop las ha abandonado, el remanso de paz roto trágicamente y la épica lucha sin cuartel contra la reina usando el robot de carga casi no te dejan respirar incluso aunque hayas visto la película innumerables veces.

Como señalaba más arriba, James Cameron controla al detalle y exprime todo elemento para que las ideas que tiene en mente se trasladen con fidelidad al celuloide. La labor de recreación artística es un portento, destacando los inigualables diseños de H. G. Riger, y el trabajo para levantarlo todo es loable: decorados y maquetas logran unas naves y escenarios imponentes y hacen verdaderamente tangibles cada situación y criatura; por ello esta película, y más concretamente la reina alien, resulta una magnífica muestra de que cualquier muñeco manejado por títeres, cables y piezas mecánicas funciona mejor que el efecto digital más logrado. La notable fotografía convierte los pasillos en algo inquietante, gracias también a un manejo excelente de la iluminación. El impecable montaje da forma exquisita a cada escena, tenga esta el ritmo que tenga. Y una banda sonora de James Horner que, a pesar de las dificultades y los controvertidos plagios, nos regaló una obra de acción y terror insólita, remata con una fuerza inenarrable la atmósfera del filme.

El resultado garantiza un visionado inolvidable. Estamos ante una obra que rompe cualquier esquema y catalogación. Capta todos los sentidos y los dirige a una tempestad de acción y terror, nos envuelve en un constante halo de claustrofobia, angustia e inquietud que transmite la certeza de la muerte (nadie parece estar a salvo) y la incertidumbre del caos (en cualquier momento pueden reaparecer los monstruos) con enorme intensidad. Es imposible apartar la mirada de la pantalla, salvo que sea por miedo o asco. Es una secuela que desde el más absoluto respeto sabiamente se distancia del original. Nunca una segunda parte con una visión tan atrevida y diferente había resultado tan memorable. En definitiva, Aliens es una obra maestra que complementa de maravilla a otra obra maestra.

La única pega que puedo ponerle es que a las dos versiones que existen les falta algo. La de cines recorta una escena imprescindible, la que presenta la pérdida de la hija de Ripley, crucial para entender su apego con Newt. Y la versión completa que pudo sacar más tarde Cameron (se la recortaron por larga) tiene una escena sobrante, la de las ametralladoras automáticas, que rompe un poco el ritmo para lo poco o nada que aporta. También se podría discutir si es necesario mostrar a los habitantes de la colonia antes de la llegada de los marines, que en esencia no es metraje especialmente importante e incluso podemos decir que la aventura es más intrigante sin saber nada de la colonia hasta que llegamos con Ripley. Sea como sea, ninguno de estos momentos o falta de ellos rompe la magia del conjunto. Lo que sí puede molestar (al menos si eres un cinéfilo exigente) es la poca calidad del audio doblado y la rechinante voz de la chiquilla. Como digo en la ficha, un título de esta categoría requería una mejora sustancial en este ámbito (redoblaje o remasterización si hay una fuente viable) para tener unas ediciones en dvd y bluray dignas. Así que la versión original es la más recomendable.

Serie Alien:
Alien (1979).
-> Aliens (1986).
Alien 3 (1992).
Alien Resurrection (1997).
Prometheus (2012).
Alien: Covenant (2017).

The Amazing Spider-Man


The Amazing Spider-Man, 2012, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 115 min.
Dirección: Mark Webb.
Guion: Steve Kloves.
Actores: Andrew Garfield, Emma Stone, Rhys Ifans, Denis Leary, Martin Sheen, Sally Field.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía.
Lo peor: Guion simple y superficial que además relata una historia de sobras conocida, con lo que no tiene interés… y no parece esforzarse en dárselo.
Detalles: Qué cargantes me resultan tantas pantallitas llenas de imágenes movimiento y que emiten ruido constantemente. ¿De verdad alguien se cree que en una oficina, y más una científica, se trabaja con esa orgía audiovisual en el monitor?

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Sin conocer a fondo lo que ocurrió en los despachos de Hollywood es difícil analizar con certeza las causas por las que se abandonó una saga de éxito entre la crítica y el público para hacer un reinicio muy poco tiempo después, pero es evidente que se debió a una mezcla indeterminada de dos factores, dinero (el presupuesto de Spider-Man 3 se fue de madre y prometía seguir creciendo en siguientes entregas) y egos, (exigencias de actores, productores, compañías involucradas, derechos de autor) que bien merecería un reportaje extenso en alguna revista de cine en vez de los artículos publicitarios escritos con plantilla que hacen. Es decir, es otro caso de productoras cinematográficas que quieren a toda costa más películas de un género o saga de éxito. Les da igual las que ya existen, pueden rehacer, reinventar o reiniciar (la inteligente y trascendental Hulk contra el bodrio comercial El increíble Hulk), o pueden fingir que no existen si no convencen (X-Men: La decisión final y Lobezno no se tienen en cuenta para X-Men First Class y venideras, Superman Returns no cuenta para Superman: Man of Steel), y todo ello por lanzarse a por el dinero rápido en vez de hacer las cosas bien (algo que da incluso más beneficio, como demostró Christopher Nolan con su BatmanI y II-). Así pues, Spider-Man tenía mucho tirón como para estar en la nevera demasiado tiempo.

Las comparaciones son inevitables, así que en todo momento comparo con otras del género, sobre todo con el capítulo inicial de la trilogía de Sam Raimi.

En apariencia da la sensación de que con The Amazing Spider-Man buscaban un acercamiento más oscuro y serio (siguiendo la exitosa estela de Batman, aunque no en un estilo tan trascendental y complejo), pero si bien visualmente es sombría y el Spidey está más atormentado, lo cierto es que el guion tropieza una y otra vez con detalles que lo alejan de esa idea inicial. El romance juvenil peca de tontorrón y largo, resultando una comedia tan fallida como la de Raimi, y hay salidas de tono difícilmente perdonables: me sorprende que la gente reniegue del logrado baile del Peter malvado en Spider-Man 3 y acepte aquí la irrisoria forma de descubrir los poderes (las escenas cómicas en su casa o en el metro son ridículas). Así pues, al no encajar el contenido con el tétrico aspecto visual, la cinta resulta algo confusa y pretenciosa: finge ser oscura y trascendente pero no lo es.

El desarrollo de la historia sigue todos los puntos esperables y admisibles en el género, pero lo hace tan poca intensidad y originalidad que no consigue despertar mucho interés. Carece de la fuerza y emoción de obras como Spider-Man 2, de la capacidad para entretener que tenía Iron Man y de la profundidad y riesgo de los Batman de Nolan; eso sí, nunca llega a dar vergüenza ajena como títulos infames del calibre de Los cuatro fantásticos. Cada sección, escena y acontecimiento se ve venir de lejos, y aunque los diálogos y situaciones dan de sobras para construir una aventura digna, ésta es incapaz de dejar huella. Y peros tiene unos cuantos. Los personajes son irregulares (luego me extiendo sobre ello) y la aventura no deslumbra en las obligadas confrontaciones entre héroe y villano. Las peleas con el Lagarto son correctas pero nada llamativas: la del puente sabe a poco y el desenlace es muy poca cosa, amén de tener una secuencia que resulta un despropósito: la escena de las grúas. Si los espectadores se quejaban de la conexión de Spidey con el pueblo en las de Raimi, aquí se alcanza un nivel de cutrez enorme. Resulta que está herido y se empeña en hacer saltos grandes a los que no llega, en vez de seguir como antes, de edificio en edificio, pero por suerte los currelas se ponen de su parte y le ayudan con las grúas. El tono sensiblero forzado, la casualidad de que haya tanta grúa en fila sin obras a la vista… Es una forma completamente fallida de alargar el clímax y meter la reacción del pueblo ante la presencia de un superhéroe. Y para colmo, cuando llega al edificio de repente se le cura la pierna y puede hacer todo lo que hace un minuto era incapaz.

Andrew Garfield ofrece una interpretación intensa en los momentos más difíciles, logrando hacer creíble a un adolescente con problemas. El problema radica en el personaje. Es demasiado joven para unas cosas (para el actor elegido, para sus geniales conocimientos de ciencia salidos de la nada) y demasiado mayor para otras (los ligoteos de adolescente recién entrado en la pubertad). Este desequilibrio lastra unas cuantas escenas de la película, pues de repente pasa de niñato a genio o de criajo inútil y enrabietado a superhéroe capaz sin que haya una transición visible. Emma Stone no conecta lo más mínimo con su rol (qué forzada está en algunas escenas intentando parecer una niña) y la química con Garfield es mínima, con lo que la relación amorosa no funciona. El Spider-Man y Peter Parker que mostró Raimi fue mucho más equilibrado y a Tobey McGuire se le veía más cómodo en su papel, y Mary Jane era un personaje con mucha más presencia (interés e importancia) que Gwen, amén de que Kirsten Dunst mostró más vitalidad y carisma y la relación entre ambos transmitía credibilidad y emoción.

Siguiendo con los desequilibrios de los personajes, la cinta falla en otro aspecto crucial: el mensaje de la gran responsabilidad que traen los superpoderes se pierde en una excesivamente larga e intensa ansia de venganza (por no decir que los malabarismos para no repetir la frase estrella “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” resultan penosos). Por mucho que Spidey suelte más chistes que el de Raimi no deja de ser un macarra sin progresión que lo lleve a convertirse en el héroe. Al final se supone que capta el mensaje, pero entonces rompe la promesa para ligar con la chica olvidando todo lo aprendido, volviendo así al punto de inicio… ¡Dos horas de película para que todavía no se haya visto a Spider-Man como es! En cuanto a los secundarios, los tíos de Peter están un peldaño por debajo de los vistos en la de Raimi, sea porque se les describe mediante clichés o porque no resultan tan simpáticos (tía May es bastante cargante); el Lagarto (Rhys Ifans) es un villano sin carisma (y aun así mejor que el insulso Duende Verde), con una progresión tan previsible y simplona que aburre, con tontadas incomprensibles, como que a su alrededor aparezcan lagartos en cantidad (¿?), y con un final incapaz de aportar nada de emoción ni contenido (¿ha aprendido algo el héroe en la contienda?, nada de nada); el agente de policía y padre de Gwen (un estupendo Denis Leary) resulta más interesante que el villano, ofreciendo puntos de vista más inteligentes (el único momento en que a Spidey se le ponen límites morales es en la cena familiar) y atractivos (su destino atrae más que el del Lagarto, aunque sea otro cliché cansino).

En una valoración global, diría que The Amazing Spider-Man llega al aprobado, superando así a la primera película de Raimi, que me pareció bastante más regulera. Es simple y fácil pero entretenida, y es predecible pero no del todo insípida. El guionista Steve Kloves hace más o menos lo mismo que en Harry Potter: escribir un relato superficial y anodino. Por el contrario su acabado visual resulta bastante correcto, con una buena dirección de Marc Webb (el director de 500 días juntos está más centrado que el Raimi inicial) que aprovecha muy bien una fotografía de gran nivel (aunque la obsesión por la iluminación oscura no funciona y le quita varios puntos). Para pasar el rato es un visionado agradable y simpático si se aborda con las exigencias al mínimo… Pero precisamente por estar tan limitada la considero un fracaso. Si llegara diez años atrás seguramente la considerara buena película del género, pero ahora no aporta absolutamente nada, es un remedo insustancial de todo lo visto en el cine de superhéroes hasta la fecha y desde luego es un reinicio incomprensible y absurdo. Para qué hacer un reset cuando tenías armados tan buenos personajes e historias, por qué volver atrás en vez de seguir hacia adelante, por qué en esas condiciones no se esforzaron en hacer algo realmente distintivo y de calidad… The Amazing Spider-Man es una de las películas más innecesarias de la historia. Que la gente fuera a verla al cine dice bien poco del nivel de exigencia del espectador…

… Y de hecho la taquilla fue tan buena que habrá segunda parte. Viendo la poca garra, originalidad y valentía del guion, en principio dudo de que su secuela sea capaz de dar el salto hacia algo interesante y de mayor calidad… pero tampoco esperaba nada en la trilogía de Raimi tras el insulso primer episodio, y luego se convirtió en una saga memorable (II y III), así que quién sabe.

Ver también:
The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro.
Spider-Man 3.
Spider-Man 2.
Spider-Man.