El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: James Newton Howard

El protegido


Unbreakable, 2000, EE.UU.
Género: Suspense, drama, superhéroes.
Duración: 106 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: M. Night Shyamalan.
Actores: Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Robin Wright, Spencer Treat Clark.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Original, sugestiva, hecha con mucho mimo.
Lo peor: Lenta en un primer visionado, se puede hacer pesada en los siguientes, porque se basa mucho en golpes de efecto y el aspecto audiovisual es superior al contenido.

* * * * * * * * *

Tras deslumbrar a medio mundo con El sexto sentido en 1999, M. Night Shyamalan tomó un camino que descolocó a los que esperaban más de lo mismo, suspense y terror. De hecho, el primer tráiler parecía anunciar una de miedo, y el segundo no dejaba muy claro de qué iba. El protegido es una obra muy arriesgada y personal, con lo que llega con intensidad a algunos espectadores y choca frontalmente con otros, sobre todo si se va con ideas preconcebidas y la mente cerrada. Ofrece un perspectiva insólita del género de los superhéroes tanto en forma como en contenido, pero la cinta tiene más capas, porque también es un drama bastante certero.

Huyendo de mundos de fantasía y personajes con superpoderes grandilocuentes representados con muchos efectos especiales en aparatosas escenas de acción, el indio apuesta por tomar una perspectiva más realista y contenida, centrando el relato en el drama de dos individuos bastante normales y un entorno mundano y aburrido. Las bases, el argumento más clásico y muchos clichés del género de superhéroes están presentes, pero mostrados desde este ángulo tan humano. También es evidente que quiere homenajear al género, no sólo darle vuelta de tuerca. Las referencias a los orígenes, los cánones y otros detalles de este arte son constantes en todo el metraje, y además se funden con naturalidad con la trama y la descripción de los protagonistas.

El héroe es superior en lo moral y lo físico al hombre común, y por lo general también al supervillano, que se apoya en su intelecto retorcido para buscar ventaja exprimiendo diversos recursos y tecnologías y tratando de adelantarse a los planes de su némesis. El héroe es bueno de corazón, pero debe elegir entre una vida normal y la sacrificada responsabilidad de estar de guardia para salvar a desconocidos cada dos por tres, con lo que su viaje no está exento de dilemas; además, su contrincante suele ponerlo ante problemas y elecciones complicados. El enemigo se divide en dos tipos, los criminales comunes y el supervillano. Los primeros suelen servir únicamente para presentar al héroe y su aprendizaje. El villano emerge de una vida dura que se complica por los fallos del sistema, y actúa con rabia destructora que se agrava porque el bueno desbarata sus proyectos cada dos por tres. El autor reincide en la idea de que la dualidad es necesaria para el nacimiento y maduración de ambos: sin uno, el otro no tendría mucha razón de ser, y los dos se retroalimentan.

Estos conceptos están desarrollados a través de un drama sencillo, combinados con los problemas cotidianos de la gente de forma que vemos más de cerca que nunca a la persona real tras el superhéroe. En algunos cómics, como Superman o Spider-Man, se ha abordado ese aspecto, pero casi siempre es para poner en apuros al protagonista, con familias y amigos en peligro por culpa de los malos, y también para aportar algo de comedia con los choques entre las dos vidas. Shyamalan va a conflictos más oscuros y profundos pero que cualquier persona ha sufrido o puede sufrir alguna vez.

David Dunn es un guarda de seguridad que ve pasar los años sin que la existencia termine de llenar su vacío. Elecciones pasadas le hacen recordar que podía haber tenido otra vida, una de ensueño como deportista, y por ello es incapaz de ver lo que tiene delante. El matrimonio hace aguas, el niño es una carga, el trabajo lo aburre… Elijah Price en cierta manera va en sentido contrario. Se atribuye un lugar en el mundo, pero su vida y sus ambiciones chocan con sus limitaciones, y la frustración marca su personalidad. El encuentro entre ambos promete despertar el potencial de cada uno, pero antes tienen que enfrentar sus demonios internos y los efectos secundarios en su círculo cercano. Cabe destacar la parte del hijo de David, que sufre las consecuencias en algunas escenas muy potentes.

Bruce Willis nos dejó a cuadros en El sexto sentido con una interpretación seria y muy conmovedora después de estar décadas interpretando a distintas versiones de John McClane (La jungla de cristal, 1988), y aquí se mantiene en esa línea, aunque quizá un peldaño por debajo. Samuel L. Jackson capta muy bien la aflicción y cólera de Elijah. El joven Spencer Treat Clark está estupendo como niño confundido. Sólo Robin Wright queda un poco descolgada, pero también es cierto que su personaje es más secundario.

Con la contención citada, el relato avanza sin vistosos encuentros entre los dos protagonistas, sino con mucho diálogo y mucha exposición sutil que desgrana poco a poco los sentimientos, los miedos y los apáticos esfuerzos que hacen cuando la realidad trata de imponerse. Por ejemplo, desde la magistral presentación donde David se guarda el anillo esperando tener una aventura romántica se hace palpable su melancolía y el distanciamiento con su familia, y el accidente de tren no se ve, se muestra como lo viviría él, haciéndonos partícipes del cambio inesperado y cómo le afecta. Pero infinidad de detalles visuales y algunos diálogos muy certeros abundan por el relato; me gustan especialmente aquellos planos donde David mira algo y la cámara tarda unos segundos en acercarse a ello, matizando el estado de ánimo del personaje (expectante) y también el suspense.

Y es que el esfuerzo en la puesta en escena hace gala de una inteligencia y una cantidad de recursos asombrosa. Plano a plano Shyamalan compone un mosaico de sensaciones y belleza muy singular, y demostró que El sexto sentido no fue un momento puntual de inspiración sino la presentación de uno de los mejores directores del momento. La música de James Newton Howard, con una efectiva base electrónica, termina de realzar tanto el drama como la intriga, y brilla en los momentos de revelación, como la escena de David en la estación abriendo los brazos para conectar con la gente.

Pero, después de todo, la película se queda corta. Por la razón que fuera, Shyamalan va a un mínimo muy justo. Con el guion que desarrolla da la sensación de que no hay suficiente para un largometraje, sino que iría mejor en un capítulo de una serie tipo Dimensión desconocida (1959) o Más allá del límite (1963 y 1995). Así, rellena bastante, reincidiendo en algunas cosas (los encuentros con Don Cristal se repiten más de la cuenta), estirando el drama de la separación (alguna conversación, sobre todo la de la cita reconciliadora con la esposa, se alarga mucho)… y en cambio, donde debería haber más metraje, en el final, corta por lo sano porque prefiere terminar con el subidón del giro sorpresa. Resume con texto en pantalla lo que deberíamos ver, de forma que, aunque salieras del cine asombrado por el golpe de efecto, en los revisionados empieza a pesar la impresión de que después de todo no es un giro tan efectivo y faltaban por contar cosas. Cabe pensar que agilizando el ritmo mejoraría la experiencia y además cabría un enfrentamiento entre héroe y villano mejor trabajado, pues después de tanto tratar el tema y prometer termina abruptamente sin abordarlo.

Por ello no veo la obra maestra que defienden algunos, pero El protegido sin duda se ha de considerar una cinta de culto, original como pocas, hecha con gran amor al arte y a lo que se está contando.

Más tarde Shyamalan afirmó que tenía en mente una trilogía, pero quedó en el aire con el posterior declive de su carrera. Pero se atrevió a volver a tantear esa idea en Múltiple (2016), y con su arrollador éxito puso pronto en marcha una nueva película que combinara ambas, Glass (2019), formando dicho tríptico.

Anuncios

Detroit


Detroit, 2017, EE.UU.
Género: Drama, histórico.
Duración: 143 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guion: Mark Boal.
Actores: John Boyega, Algee Smith, Will Poulter, Jack Reynor, Ben O’Toole, Hannah Murray, Anthony Mackie, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Kaitlyn Dever, John Krasinski.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto.
Lo peor: Un retrato superficial y descentrado de unos hechos muy graves y relevantes: tenía potencial para mucho más y resulta una película fría, previsible, sin miga alguna

* * * * * * * * *

Pensaba que Detroit iba a ser una de las preferidas para encabezar la temporada de premios… aunque sí, eso por lo general no garantiza que sea buena película, pero al menos me mantengo al día. También me atraía por su aparente temática de análisis sociopolítico. Y, a pesar de que En tierra hostil fue un tanto floja y La noche más oscura podía haber sido mejor, Kathryn Bigelow me parece buena directora y todavía tengo la esperanza de que encuentre un guion con el que pegue un pelotazo… uno real, porque, de nuevo, las sobrevaloraciones de los Oscar pronto se ponen en su lugar: ¿alguien se acuerda a estas alturas de En tierra hostil, ha influido en el cine, en la sociedad, a pesar de sus churricientos galardones?

Pero para mi sorpresa, a pesar del caché de su autora y el éxito de sus obras, el estudio no la ha apoyado esta vez. Con su limitada distribución y la escasa campaña publicitaria, Detroit ha pasado completamente desapercibida: apenas se habla de ella y ha dejado unos ridículos 16 millones de dólares de recaudación mundial. Sería muy raro que la academia Oscar, que se apoya sobre todo en la presión de los medios y la insistencia de los estudios, la resucite de la nada. ¿La temática de policía racista ha asustado al estudio? Es posible, pues a pesar de los años pasados desde los hechos narrados, en Estados Unidos siguen más o menos igual, dando la sensación de que en cualquier momento podría ocurrir algo parecido otra vez.

Una vez vista, tampoco cumple como ensayo analítico, y aunque esto no debería sorprenderme tanto, algunas esperanzas me había hecho. Es de hecho combinación de La noche más oscura y En tierra hostil. Como la primera cinta, es un resumen de los eventos que intenta ser neutral y acaba resultando fría y superficial, y como la segunda, intenta abarcar distintas etapas de una situación sin ser capaz de hacernos entrar en ella, es decir, resultando caótica y poco emocionante. En la caza de Bin Laden podía perdonarse, porque era una acción militar concreta y se narraba con ritmo y garra, pero hablando de unos disturbios sociales tan grandes no puedes quedarte tan al margen de los condicionantes, los conflictos latentes, las personalidades de los protagonistas, las respuestas y repercusiones…

Me puse con ella sin haber visto ni un solo avance, es decir, sin saber exactamente qué perspectiva del tema iban a abordar, y conforme avanza se observa que van cambiando el ángulo y el tono varias veces, quedando un relato incapaz de ir al grano y de sacar jugo de una situación que permitía muchos rangos de análisis y crítica. Los veinte primeros minutos se dedican a exponer anécdotas y situaciones varias de los disturbios, dando la impresión de que se pretende dibujar un panorama completo del asunto. Pero la frialdad con que los hechos son expuestos me impidió entrar en el ambiente: estaba aburriéndome bastante. De repente saltamos a un estilo completamente distinto: hay que soportar otros treinta minutos siguiendo a una pandilla que busca su oportunidad para triunfar como músicos, y a la vez conocemos a un policía sin preparación y racista. El drama es ahora demasiado localizado e intrascendente (qué cansina la escena de ligoteo), y la construcción de los personajes (en especial el estereotipado agente) no llama como para interesarse por el esperable momento en que caerán en algún problema relacionado con las revueltas.

Está claro que querían ofrecer una introducción global a la situación y luego presentar a los personajes implicados en el caso que van a abordar, pero ninguno de los dos segmentos funciona, tanto por su poca pegada emocional y su escaso calado como porque son dos secciones demasiado separadas, incapaces de formar un todo superior. Así que se puede decir que la película de verdad tarda cincuenta eternos minutos en empezar. Y cuando lo hace, no ofrece nada arriesgado (por ejemplo, Perros de paja viene pronto a la memoria) ni tampoco provoca la necesaria sensación de desasosiego e imprevisibilidad. Los policías racistas asaltan un hotel lleno de negros y pierden los estribos y el control de la situación, los otros cuerpos de la ley (policía nacional, ejército) se desentienden, y se convierte en una pesadilla para los inocentes ahí atrapados. Es el mejor tramo, porque es más activo y concreto y por extensión entretenido. Pero aun así le falta componente emocional y crítico: seguimos ante una exposición sin sustancia alguna de los hechos, y, por mucho que fuera una situación real, no me he importaba mucho quién muriera.

El cuarto segmento, muy largo también, parece que por fin va a mojarse… pero las consecuencias (investigación, juicio, respuesta del público) siguen sin rascar en las muchas capas y caras de contenido que hay latente, se mantiene la línea entre desganada y gélida. Sinceramente, para esto me veo un documental. No entiendo la necesidad de tanto metraje y tanto detalle y las dosis de siempre de clichés y sensacionalismo si lo único que van a hacer es narrar en imágenes la entrada de la Wikipedia del caso. De hecho, parte de los acontecimientos los exponen en texto en pantalla al inicio y al final de la proyección, quizá porque vieron que faltaba contexto o claridad. Llegamos al desenlace y no ha dejado nada en que pensar, ni tan siquiera puedes hacerte una idea del ambiente social, político y económico que provocó los disturbios, ni si dejó secuelas, si se aprendió algo y se trató de solucionarlo de alguna manera.

Tampoco funciona en el drama: los personajes no han tenido una profundidad y una evolución con la que conectar. El policía era gilipollas entonces y lo es ahora, ni se ha tratado de entender su actitud ni analizar la situación que permite que gente tan descarriada llegue tan lejos y luego se salga con la suya; el negro indeciso y cobarde lo era antes del asalto y lo sigue siendo después, y me da completamente igual la siguiente etapa de su vida, a la que dedican muchos minutos; el resto de la banda me atraen menos, pero no ocupan tanto tiempo… aunque claro, eso significa que son tratados como meros figurantes; el vigilante privado, aunque parece estar triste por el resultado del juicio, no sirve para exponer ninguna reflexión, así que sus esporádicas apariciones no parecen haber servido para nada.

El reparto se lo toma en serio, eso sí, y salva bastante una narración tan poco emocionante. La mayor parte son desconocidos pero cumplen bastante bien con el repertorio de personajes-cliché: los policías dan miedo, los negros pena; John Boyega (el vigilante) es el más destacado, pues aunque su rol es de los menos llamativos deja un par de escenas muy intensas; por cierto, es clavadísimo a Denzel Washington en versión joven. Kathryn Bigelow es buena realizadora, y como tal es capaz de dotar de cierta tensión a los momentos clave del asalto al hotel, pero no hay más enjundia en el guion, así que el resto del metraje parecen minutos tirados en introducciones y epílogos fallidos.

Al final da la impresión de que estamos ante un incidente aislado de tres policías racistas, cuando fallaron la política, todos los cuerpos de la ley, e incluso la sociedad en general. Pero claro, esto no es The Wire, es una obra sin personalidad, sin coraje, sin contenido, con un poco de acción y una pizca drama de amarillista y superficial para que la masa de espectadores se indigne un poco pero no sepa realmente por qué y pueda aplicarlo a un cambio de pensar real, es decir, para que impacte sólo el tiempo suficiente para ganar dinero y premios; y lo gracioso es que, como decía, le han quitado esa posibilidad al no darle apoyo desde la industria; por suerte, no es un caso que lamentar.

En el mismo estilo semidocumental que narra una crisis (el atentado islamista del maratón de Boston) tenemos la reciente Día de patriotas de Peter Berg, que resulta mucho más recomendable: se lo toma como una de acción y aun así es capaz de dar una impresión global de los hechos más compacta y cercana, y sobre todo, es una cinta muy entretenida.

Collateral


Collateral, 2004, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 120 min.
Dirección: Michael Mann.
Guion: Stuart Beattie.
Actores: Tom Cruise, Jamie Foxx, Jada Pinkett Smith, Mark Ruffalo, Peter Berg, Bruce McGill.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: La relación entre los dos protagonistas y la buena labor de ambos intérpretes. Excelente puesta en escena, buen uso de elementos clásicos del thriller.
Lo peor: Algo lenta, le cuesta bastante arrancar.

* * * * * * * * *

Michael Mann se marca un thriller muy a lo Hitchcock, con un individuo normal metido en un embrollo de tres pares de cojones, giros y cambios de juego estresantes y clímax de acción y misterio varios. Y ciertamente eso implica que no va a sorprender en los puntos clave, pero a cambio maneja muy bien el camino entre medio y se apoya en un pilar que aporta mayor interés a la fórmula: la fantástica dinámica entre los protagonistas. Es imposible no implicarse en la odisea del taxista y sentir fascinación por el asesino, de forma que aunque veas venir algún giro o supongas que habrá final feliz, hasta entonces estás sufriendo de lo lindo.

Su mayor limitación es que le cuesta bastante entrar en materia y en general es algo lenta. Quizá podrían haber metido más aventuras y acción, pero eso implicaría inclinarse por el género de la acción, cuando es evidente que buscaban un thriller basado en el viaje emocional de sus protagonistas. Con un escenario tan reducido, el taxi, y tan pocos personajes centrales, dos, el ritmo difícilmente puede ser trepidante. La presentación de estos funciona porque nos describe individuos muy interesantes, pero no impacta porque la trama tarda mucho en tomar forma.

Hay que remarcar que si con el taxista no hubieran logrado un personaje tan cercano la cinta se hubiera hundido bien rápido. Ahí Jamie Foxx es esencial. El actor capta muy bien la esencia de Max, un ciudadano normal y corriente que se conforma con trabajo fácil que le dé para una vida sencilla, a quien el riesgo le aterra como a muchos otros: está tan apegado a la rutina, tan aferrado a la zona de confort y seguridad, que es incapaz de seguir sus sueños, aunque los desea tanto que incluso miente a su madre para sentirse algo más realizado. Por el contrario el asesino Vincent es despiadado y frío y no conoce límites, ni personales ni morales: su lema es que nada importa, haz lo que quieras sin pensar en el daño y las consecuencias que dejes. Muy bien caracterizado, Tom Cruise transmite acertadamente el tono gélido y peligroso de este implacable ejecutor, logrando una de sus pocas interpretaciones complejas y de calidad (aunque no llega al nivel de Magnolia).

Cuando este asesino muestra su verdadera cara y Max cae en su espiral de violencia el relato adquiere mayor intensidad, introduciéndonos en un juego de supervivencia agobiante. Cada nuevo paso en el viaje del desdichado taxista se va regando la semilla de la inquietud, la relación entre los dos dispares individuos ofrece un duelo interpretativo y de personalidades muy completo, y la magnífica puesta en escena perfila una atmósfera extraña que matiza muy bien el aislamiento y la intriga: la ciudad se difumina, se vuelve fría, oscura y lejana, parece que solo existe el taxi y el ahora.

El clima de tensión creciente sobre el destino de nuestro protagonista llega a puntos cumbres y a inflexiones muy potentes, como el desastre en que acaba la implicación de las fuerzas de la ley en la discoteca o el funesto giro final con la abogada del primer acto, que se esperaba con desazón (porque la trama se presenta de forma que sabes que ocurrirá tarde o temprano, es una pistola de Chéjov descarada) y llega en el peor momento y cuando sabemos de lo que es capaz el villano. Es una sabia elección no tratar de convertir el final en una sorpresa salida de la nada, porque dada la trama era muy difícil lograrlo sin hacer trampas evidentes; de esta forma juegan con la intriga de cuándo y cómo le llegará su turno y cuánto sufrirá Max para resolver la situación.

Solo una pega podría ponerle, y es que una parte resulta un tanto exagerada: desentona en un thriller de corte realista la escena de Max plantando cara al mafioso empleador del asesino. No me ha resultado creíble ninguna de las veces que he visto la película, el fortalecimiento gradual del personaje no necesitaba esa exageración. Por lo demás, el único problema serio de Collateral es la citada falta de ritmo, sobre todo en su primer acto, aunque no es tan grave como para restarle atractivo a un thriller que recupera muy bien la fórmula clásica en una época donde prima la acción directa sin nada detrás.

Los Juegos del Hambre: En llamas


The Hunger Games: Catching Fire, 2013, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 146 min.
Dirección: Francis Lawrence.
Guion: Simon Beaufoy, Michael Arndt, Suzanne Collins (novela).
Actores: Jennifer Lawrence, Liam Hemsworth, Josh Hutcherson, Elizabeth Banks, Woody Harrelson, Lenny Kravitz, Stanley Tucci, Toby Jones, Philip Seymour Hoffman, Jena Malone, Donald Sutherland.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes tienen algo de calidad, el mundo imaginario posee bastante potencial.
Lo peor: Superficial, irregular, aburrida.

* * * * * * * * *

Como la primera parte, esta es una película de quieros y no puedo. Por suerte no espero nada de la saga (no soy lector de las novelas ni fan de la adaptación) y simplemente las veo y las olvido, porque si no me estaría tirando de los pelos por ver tantas posibilidades desaprovechadas. Hay un potencial enorme en todos los elementos de la trama y en todos los personajes, pero nunca termina de emerger del todo. La dictadura, el pueblo a un paso de la hambruna y de la rebelión, el control de la población que se hace a través de los medios de comunicación y los juegos, los personajes planteándose formas de lucha, el complot del que Katniss es una herramienta más… Todo se queda en la superficie, porque se difumina unas veces o se pasa descaradamente de ello otras.

Metraje hay de sobra, pero el guion nunca parece ser capaz de concretar y ahondar e ir al grano. Se pierde en cosas triviales y dedica demasiado tiempo a exponer cosas evidentes. Una escena magistral de un viejo ejecutado es un gran ejemplo de lo alto que podría llegar el relato, un listón que olvida en un trajín de intrascendentes viajes, cansinos lloriqueos de los protagonistas, romances simplones y apariciones en la tv demasiado largas, por no mencionar que se fuerza demasiado el tono juvenil, con el cansino triángulo amoroso.

Y de nuevo el paso al juego rompe el poco ritmo que había, pues deja de lado una trama política con algo de contenido para ir a una aventura de supervivencia anodina. Igual que en el primer capítulo la estancia en el juego (supongo que heredándolo de la novela) es incapaz de mostrar algo emocionante y complejo, ofreciendo un viaje desganado donde los pocos recursos que ofrece son bastante tramposos y rebuscados: en vez de reforzar el prometedor conflicto entre personajes y la lucha contra la hostil naturaleza, tenemos triquiñuelas tecnofantasiosas que parecen improvisadas.

Para colmo, la evolución respecto al episodio precedente es mínima. Se ve que Katniss ha cambiado bastante, de hecho, es un buen rol central, pero la trama es exactamente la misma, paso por paso, capítulo por capítulo. Sabiendo que iba ser una historia apenas cambiada por los nuevos puntos de vista de la protagonista podrían, qué digo, deberían haber aprovechado para dar más entidad a los correctos pero mejorables personajes secundarios y sobre todo al entorno, a la exposición y desarrollo del universo. ¿Sabemos algo nuevo del mundo tras otras dos horas y media de película, o ha cambiado este lo suficiente como para ofrecer nuevos horizontes narrativos? Nada de nada. Tan solo el epílogo va un paso más allá. Así pues, parece un remake realizado con más presupuesto. Y se nota en la ambientación (la ciudad y la selva son bastante espectaculares), pero no en la puesta en escena, que es bastante normalita.

Como la primera parte, resulta demasiado irregular, larga, pesada y poco emocionante a pesar de prometer mucho. Como suele ocurrir, esto no es problema para que la taquilla reviente, pues el público ya está acostumbrado a tener el listón muy bajo.

Saga Los Juegos del Hambre:
Los Juegos del Hambre (2012)
-> Los Juegos del Hambre: En llamas (2013)

After Earth


After Earth, 2013, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 100 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: Gary Whitta, M. Night Shyamalan.
Actores: Jaden Smith, Will Smith.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Buenos efectos especiales, paisajes y dirección artística.
Lo peor: Personajes aburridos, aventura sin contenido ni emoción.

* * * * * * * * *

El problema principal de After Earth es que carece de alma, de emoción, de contenido. Es superficial, anodina e intrascendente en el sentido completo de cada término: no parece pasar casi nada, y lo poco que hay no despierta interés alguno. La aventura carece de garra, a pesar de las infinitas posibilidades que abre la fantasía presentada (es más, no tiene peso alguno en el argumento que se estrellen en la Tierra, podría ser cualquier planeta). Solo tenemos un par de problemas con animales, poco interesantes cuando no ridículos (ese águila perdona vidas sacado de una película de Disney), y el resto de la odisea de supervivencia es prácticamente corretear por los bosques. La conexión con los protagonistas es débil: la familia es un tópico andante, el padre demasiado aburrido y pesado, y sobre todo el chaval, protagonista absoluto, resulta repelente. Una cosa es mostrar a un adolescente con problemas varios en su proceso de maduración, y con ello lanzar mensajes sobre la familia, la responsabilidad, etc., pero el guion salió torcido y el niño resulta muy cargante, y la labor patética del actor Jaden Smith lo empeora hasta hacerlo insoportable. En vez de sentir empatía con el protagonista se genera distanciamiento e incluso odio.

Además, la estructura en capítulos, cual fases de videojuegos, se adivina muy pronto y hace que toda escena por venir resulte extremadamente previsible. Y las descripciones de situaciones y elementos del mundo representado tienen algunos momentos de vergüenza ajena. Por ejemplo, a las explicaciones de los poderes de los personajes solo les falta indicar qué combinación de teclas hay que usar, y el accidente que les lleva a la Tierra se desarrolla con unos diálogos realmente estúpidos llenos de tecnojerga absurda que claramente intentan esconder lo poco verosímil que resulta acabar en dicho planeta.

En la puesta en escena destaca el gran presupuesto de forma notable, sobre todo en la breve estancia en el otro mundo, que resulta espectacular para lo poco que sale, y Shyamalan resuelve cada secuencia con gran profesionalidad, sin caer en el abuso de efectos especiales, sacando buen partido de las sencillas escenas de acción. Pero arrastra dos limitaciones: una es que del libreto se puede sacar poco jugo, con lo que ni en los momentos más difíciles de la aventura del personaje podemos sentir emoción alguna, es decir, se ve en las imágenes que la cosa debería funcionar, pero al no haber contenido la narración no llega con intensidad. La otra es que Shyamalan va con el piloto automático: en ningún momento nos hace pensar que estamos ante el genio visionario que parió joyas como El sexto sentido, El protegido, Señales y El bosque (The Village), donde aparte de sus excelentes guiones deslumbraba con una puesta en escena imaginativa y absorbente. Otra triste sorpresa es que la banda sonora del siempre eficaz James Newton Howard es muy floja, algo que sin duda pone una gota extra en el escaso interés que despierta el relato.

Por su falta de emoción y espectacularidad no pasa el corte como cinta de acción veraniega, pero lo cierto es que es más insípida y aburrida que realmente mala. Lo que está claro es que es un nuevo batacazo de Shyamalan en su cada vez más errática y decepcionante carrera.

El legado de Bourne


The Bourne Legacy, 2012, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 135 min.
Dirección: Tony Gilroy.
Guion: Tony Gilroy, Dan Gilroy.
Actores: Jeremy Renner, Rachel Weisz, Edward Norton, Scott Glenn, Donna Murphy, Stacey Keach.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Nada destacable.
Lo peor: Aburre y no deja huella.

* * * * * * * * *

El intento de extender la saga Bourne cambiando al actor deja bastante que desear artísticamente hablando, aunque en taquilla no le ha ido mal, pues a pesar de no llegar al nivel de la tercera parte (sus 440 millones fueron una razón de peso para extenderla) se mantiene en los resultados de las dos primeras, no muy lejos de 300 millones, aunque eso sí, el presupuesto ya está aumentando bastante.

El principal problema de El legado de Bourne es su falta de identidad. Hasta ahora la serie se caracterizaba por ofrecer un intenso thriller de acción centrado en la supervivencia de un espía superdotado descarriado de la organización que le dio vida. La aventura se aderezaba con las dosis justas de drama (el personaje es creíble y sufre de lo lindo) e intriga política, con los problemas de las agencias que van tras él. El conjunto estaba plenamente equilibrado y dio una trilogía muy gratificante, sobre todo viendo los tiempos que corren en el cine de acción. Pero esta cuarta entrega falla a la hora de encontrar ese equilibrio, y por ello el resultado es bastante insatisfactorio.

La aventura de Bourne se centra demasiado en el drama personal y poco en la acción, y en ninguno de los dos aspectos destaca por ofrecer una historia atractiva o intensa. La escasa acción cuando aparece no impresiona: resulta repetitiva y poco espectacular. El drama se alarga demasiado con el tema de la búsqueda de las pastillas, y la presencia del personaje de Rachel Weisz, rol femenino poco interesante para el gran tiempo que ocupa en pantalla, no dice mucho. Bourne sigue siendo un protagonista atractivo, y Jeremy Renner está bien en su papel, pero la falta de rumbo en su historia llega a aburrir (¿pero cuánto tiempo se va a tirar en la cabaña de la montaña?).

Mientras, el thriller político peca de excesivo. Los líos de agencias, con Edward Norton a la cabeza, sueltan demasiada información (nombres de proyectos) que a la hora de la verdad poco tienen que decir en la trama, y menos en los problemas de Bourne. En los capítulos anteriores el objetivo era cazar al agente, pero aquí deriva en una crisis política que no consigue parecer trascendente, que resulta demasiado enrevesada y ajena al resto de la película.

Así, El legado de Bourne peca de ambiciosa y de perder el objetivo de entretener en el intento. Su duración es excesiva, sus dos líneas narrativas paralelas no convergen adecuadamente y para colmo como cinta de acción no ofrece nada digno recordar. Sigo pensando que Bourne tiene mucho potencial para explorar, así que si ruedan más entregas espero que se pongan las pilas. El problema es que el autor es el mismo que en anteriores capítulos, Tony Gilroy, y el camino aquí iniciado es poco prometedor. También es una pena que John Powell no repitiera en la banda sonora, pues James Newton Howard busca su propio estilo y no convence tanto como el creado por Powell para la saga.

* * * * * * * * *

Serie Jason Bourne:
El caso Bourne (2002)
El mito de Bourne (2004)
El ultimátum de Bourne (2007)
-> El legado de Bourne (2012)
Jason Bourne (2016)

Los Juegos del Hambre


Hunger Games, 2012, EE.UU.
Género: Aventuras, ciencia-ficción, drama.
Duración: 142 min.
Dirección: Gary Ross.
Guion: Gary Ross, Billy Ray, Suzanne Collins (novela).
Actores: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson , Stanley Tucci, West Bentley, Willow Shields, Elizabeth Banks, Woody Harrelson, Toby Jones, Donald Sutherland.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, intérpretes. El guión presenta una prometedora distopía…
Lo peor: … que se va perdiendo en un cúmulo de vaguedades, errores y una considerable falta de rumbo. Se hace larga.

* * * * * * * * *

Los Juegos del Hambre arranca con un prólogo que describe muy bien su mundo imaginario, nos sumerge de lleno en la tragedia que viven sus habitantes y nos lanza tras unos pocos personajes muy bien presentados. Promete embarcarnos en una distopía trágica con aventuras intensas… pero por desgracia, sea porque el guion no sabe exprimir la novela o porque esta también falla (no la he leído), una vez iniciado el juego la proyección rápidamente pierde esa fuerza inicial y termina convertida en una aventura de supervivencia aburrida e intrascendente.

La situación extrema de supervivencia (nada más y nada menos que matarse entre ellos) resulta una aventura desigual, con poca garra y una narrativa desganada. Los caracteres riendo y correteando por el bosque tiran por tierra la credibilidad. Que la protagonista llore a una chiquilla pero no a otras fallecidas no obedece a lógica alguna (y menos si la escena es tan desesperantemente larga). Los cambios de bando del amigo no se explican. Que me saquen un peligro y me tengan que explicar mediante narración paralela de qué va la cosa es penoso. Que para mostrar más peligros tenga que recurrirse a chorradas de ciencia-ficción (la realización del programa mete un incendio aquí y unos perros asesinos allá), con todas las posibilidades que el entorno hostil y la lucha entre personajes ofrece, muestra definitivamente que la historia no da más de sí, que sus escritores (y esto seguro que viene del libro) no tienen recursos narrativos suficientes para sostener el conjunto. En definitiva, toda la sustancia que podría haber tenido se diluye en estas poco satisfactorias aventuras por el bosque. Apenas se recuperan algunas ideas llamativas en el tramo final, como el amor quizá fingido quizá no con el que dan espectáculo a la audiencia para salvar el trasero o las tenues pinceladas sobre la política de la parte rica del mundo y las revueltas en la zona sometida y pobre (que no sé si serán más completas en la novela).

El otro punto a favor de la película es que no parece nacer como superproducción comercial (salvo porque se nota la forzosa reducción de violencia). El presupuesto de menos de ochenta millones no sirve para recrear un mundo imaginario con la calidad exigible hoy en día… pero la verdad es que no me importa que lo digital se note y las pantallas de fondo sean incluso cutres, porque se suple con una dirección que aporta solidez más que de sobra. En las cintas taquilleras casi siempre falta una mano que dé entereza, calidad y personalidad al acabado de la película, que no permita que los efectos especiales se coman la narración y a la vez impida que los productores, por miedo a perder audiencias, te obliguen a dirigir la cinta con la técnica más simple y facilona posible. Gary Ross sabe que está ante una historia de personajes y que no tiene dinero para montarse una aventura visual de altos vuelos, así que se centra en esos protagonistas. Los primeros planos son constantes, porque siempre están en juego los problemas y sentimientos, pero la fotografía y el montaje son de calidad y en general la narración fluye muy dinámica. Además, saca muy buen partido de unos actores bastante experimentados, en especial la impresionante Jennifer Lawrence, que ha demostrado más que de sobra ser una actriz enorme (Winter’s Bone) y vuelve a estar estupenda, sobre todo teniendo en cuenta que su rol es la película y siempre está en pantalla. Qué raro es ver grandes papeles en obras destinadas al público juvenil y protagonizadas por jóvenes.

Sin duda, el buen acabado, tanto en dirección como en interpretación, otorga a la cinta un aura de seriedad y un mínimo de calidad que el guion pierde a marchas forzadas a pesar de partir de algunas ideas muy atractivas. El equilibrio sin embargo es débil, y en mi opinión la balanza se inclina hacia el lado malo: Los Juegos del Hambre resulta demasiado larga para el poco contenido que tiene, y llega a hacerse aburrida. Su enorme éxito ha garantizado la puesta en marcha de secuelas con más presupuesto, con lo que el aspecto visual mejorará considerablemente… pero ya veremos si son capaces de atinar con el guion. Mi experiencia en cine comercial y sagas de este tipo me dice que es muy improbable.

Saga Los Juegos del Hambre:
-> Los Juegos del Hambre (2012)
Los Juegos del Hambre: En llamas (2013)