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Los Vengadores: La era de Ultrón


Avengers: Age of Ultron, 2015, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 141 min.
Dirección: Joss Whedon.
Guion: Joss Whedon. Stan Lee y Jack Kirby (cómics).
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, James Spader, Samuel L. Jackson, Don Cheadle, Aaron Taylor-Johnson, Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Cobie Smulders, Anthony Mackie, Linda Cardenilli, Setellan Skarsgård.
Música: Danny Elfman, Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Personajes magníficos, ritmo excelente, escenas de acción de muy buen nivel.
Lo peor: No innova mucho. Podría haber sacado más de Ultrón. Hay algunos pequeños deslices en el guion.
Mejores momentos: La fiesta, el martillo, la disensión creciente entre el grupo, el nacimiento de Ultrón, el de Visión…
El título: Por alguna razón le han quitado el determinante en inglés y en la traducción oficial en castellano, y en mi opinión queda rarísimo.

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Decía en Los Vengadores que Joss Whedon se enfrentaba a una película muy difícil, pero en La era de Ultrón la cosa no se ha puesto más fácil. Primero, las limitaciones impuestas por el género y la continuidad de la serie siguen ahí. Es decir, no hay margen para narrar cualquier cosa, debe seguir unos parámetros, además especialmente restringidos por las intromisiones del estudio. Entre el estrés propio de un proyecto tan grande y esta restricción en las libertades (incluyendo aquí la absurda resurrección del agente Coulson en la serie Agent of S.H.I.E.L.D. , que no le sentó nada bien), Whedon dijo que ya había tenido suficiente y abandonó la saga. Bueno, también habría que sumarle el acoso de los fanáticos en las redes sociales, a los que no les bastaba con opinar que no les gustó algún detalle de la cinta (insignificantes además), tenían que hacerlo con insultos y amenazas. Tenemos que agradecer a estos imbéciles que un tipo siempre muy abierto a compartir con los fans tuviera que huir de esa relación.

Segundo, Los Vengadores resultó extraordinaria, dejando el listón muy alto, y claro, todo el mundo espera que las siguientes partes sean más grandes y mejores. ¿Cómo superar una película colosal, cómo no repetir argumentos, escenas y sensaciones a pesar de estar narrando otro capítulo más dentro de un mismo estilo? No se produjo el milagro esperado, pero por poco. O al menos eso pienso yo: ¿nos vamos a llevar las manos a la cabeza porque la segunda entrega sea “sólo” de notable? Algunos lo han hecho, y no me parece justo. Sí, se le pueden sacar algunos puntos grises y citar cierta falta de riesgo, pero no me parecen suficientes para denostar otra gran entrega de la serie.

El trabajo de Whedon vuelve a ser prácticamente impecable en todos sus elementos, logrando un fantástico equilibrio donde incluso los deslices que le podamos sacar no eclipsan la magistral combinación de acción, desarrollo de trama y evolución de personajes, y todo ello con las dosis justas de humor. El ritmo trepidante y las nada más y nada menos que cuatro grandes piezas de acción no se dejan en manos de fuegos artificiales vacuos como suele verse más de la cuenta en el género (saga Transformers a la cabeza), sino que, como en Los Vengadores, toda situación va aportando capas a la historia y los protagonistas. Cada uno tiene su personalidad, su lugar, y su viaje interno bien mostrado, y ninguno ensombrece a otros, de hecho incluso sorprende lo bien que aprovecha roles secundarios que otros autores habrían relegado en detrimento de los grandes superhéroes, como Viuda Negra y Ojo de Halcón; hasta los nuevos, los hermanos Maximoff, se ganan rápido su hueco. Porque Whedon no ha perdido el objetivo de la película, que no es otro que hablar de Los Vengadores.

Si la primera parte trató de la formación del grupo, de hallar qué los une y los hace fuertes, en esta se analiza lo contrario, cuáles son sus debilidades, qué los puede separar, plantando obviamente los cimientos para la inminente Guerra Civil. Se le puede achacar que juega otra vez con los personajes hipnotizados/controlados, pero se perdona en cuanto se ve el provecho que saca de ello: las visiones y los miedos que estas hacen aflorar nos permiten conocer a los héroes más a fondo, y esto nos lleva a ver qué los separa, a conocer mejor las diferencias ideológicas y morales que antes sólo estaban latentes. Las escenas iniciales donde vemos el compañerismo (la fiesta, los chistes con el martillo) contrastan muy bien con la confrontación que va creciendo poco a poco, pero la llegada Ultrón y Visión lleva la disputa a nuevos niveles. Por cierto, la entrada de ambos es espectacular, pero la del segundo resulta muy sorprendente e intrigante si, como me ocurrió a mí, no conocías su existencia.

Ultrón, el villano que mueve los hilos para explotar estas debilidades, es fascinante. Como ente que busca el caos y la destrucción como elemento de renovación y evolución no es una idea original, pero su personalidad insolente, sus chascarrillos y lo bien que sirve para mostrar el alcance de ideas que se llevan hasta el extremismo, lo convierten en una presencia arrolladora, y como enemigo a batir a tortazos también resulta imponente. Pero con él se puede señalar la limitación principal de la película. Con toda probabilidad es fruto de las restricciones que mencionaba (el estudio se aferra al esquema básico y de eficacia comprobada), pero la sensación es que un villano de estas características, a lo que se le suma la entrada del también sugerente Visión, daba para algo más, para una trama más profunda e inteligente y para un tramo final más elaborado. Hubiera sido muy interesante ver un desenlace más centrado en una disputa intelectual y en dilemas éticos en vez de tener otra vez un apocalipsis en ciernes, un ejército de peleles y el grupo soltando hostias. Y no me malentendáis, el tercer acto que tenemos es dista de ser mediocre, de hecho es épico y los personajes dan mucho de sí, pero no es nada novedoso y sabe a poco teniendo entre manos potencial para más. Pero claro, la compañía no va a arriesgarse a permitir una trama filosófica tipo Matrix y el arquitecto.

A esta sensación de que no se atreven a innovar debemos sumarle algunos apuntes de guion un tanto grises. ¿Cuándo se pierde o roban el cetro de Loki? Aparece en manos de los malos en una escena postcréditos de El Soldado de Invierno, pero es algo que debería haberse explicado mejor dada su importancia en el argumento. Cuando la bruja ataca al grupo falta la visión de Banner hasta convertirse en Hulk, se nota un hueco gordo ahí que apunta a escena eliminada; o eso, o es una elipsis un tanto floja. El hallazgo de donde está retenida Natasha no se trabaja mucho. Ojo de Halcón va a buscarla por canales alternativos, pero no se explica cómo da con el código morse que ella envía a tampoco se sabe a dónde. Llamar “mejorados” a los “mutantes” suena ridículo, pero estas cosas son resultado de las guerras por derechos de autor. También puedo señalar alguna cuestión poco clara: ¿por qué tanto Los Vengadores como los gobiernos más importantes dejan la guarida de Strucker, una vez detenido, llena de material tecnológico avanzado que podría caer en manos de terroristas y gobiernos inestables, como finalmente vemos que ocurre con Ultrón?, ¿por qué asume Thor que Visión estará de su parte cuando lo que parece es que teme mucho a las gemas?

Pero las dos polémicas más comentadas son las siguientes. Tenemos la cueva del estanque, que el estudio obligó a incluir para unir con las próximas entregas de Los Vengadores. ¿Es que no había mejor forma de que Thor investigue sobre las gemas que dándose un baño en un lugar del que no se explica nada: dónde está, qué hace Thor o qué tiene el agua para ayudarlo a deducir cosas? Simplemente podría haberse comunicado con Heimdall, que todo lo ve, o haber ido a alguna biblioteca de su mundo. Por ello la escena rompe el ritmo y resulta desconcertante. Y por lo visto era más larga y más confusa: tras los pases de prueba tuvieron que eliminar la aparición de Loki porque la gente pensaba que era quien manejaba a Ultrón (¿?), pero también recortaron la parte en que Thor es poseído por alguien (¿algún secuaz de Thanos?) y se pone a hablar de las gemas, que más que explicar resulta también extraño e ininteligible. Más ruido hizo un desliz menor que tuvo Whedon en un simple diálogo: Natasha considerándose igual de monstruosa que Hulk por ser estéril. ¡Claro, porque ello te convierte en un incontrolable azote de la humanidad cada vez que te enfadas! Si quería hablar de que ella se siente tan poco normal como los otros por todo lo que tuvo que sufrir y sacrificar en su entrenamiento, podría haberlo hecho mejor, pero tampoco me parece como para armar el escándalo que se armó.

En cuanto a la puesta en escena, Whedon cumple otra vez como gran artesano de acción de calidad con una labor contundente y sabia, es decir, nada de agitar la cámara para ofrecer la sensación de ritmo y caos: la grandilocuencia del escenario y la batalla no engulle los personajes, que siempre sabemos dónde y cómo se encuentran, ni estos interfieren en la espectacularidad de los momentos más aparatosos. Ahora bien, al contrario que en Los Vengadores, hay algún momento donde se notan los efectos especiales, supongo que por querer abarcar y asombrar cada vez más. En el prólogo en el bosque y en la persecución en moto la integración de fondo, vehículos y personajes (reales y dobles digitales) se nota un poco en algunos planos. Pero por lo general el nivel de producción es asombroso, destacando el realismo de la destrucción final o la brutal pelea Iron Man vs. Hulk, indudablemente un tramo puesto para tratar de subir el listón con respecto a las entregas previas.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
-> Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Lincoln


Lincoln, 2012, EE.UU.
Género: Drama, histórico.
Duración: 150 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Tony Kushner, Doris Kearns Goodwin (novela).
Actores: Daniel Day-Lewis, Sally Field, David Strathairn, Joseph Gordon Levitt, James Spader, Tomme Lee Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto, vestuario, fotografía, iluminación.
Lo peor: Lenta, más pensada para ganar premios que para resultar entretenida.

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Steven Spielberg es un gran director, con un currículo lleno películas de estilos y géneros diversos que han causado un notable impacto tanto en el arte cinematográfico como en la sociedad. El terror agobiante (Tiburón), el drama con toques de ciencia-ficción (E.T.), la acción (Parque jurásico), la aventura (Indiana Jones), la historia (La lista de Schindler)… Su maestría con la cámara ha sacado todo el partido posible de guiones a la altura de las circunstancias. Pero no siempre ha ocurrido así. También ha habido casos donde el libreto no daba mucho margen o donde el propio Spielberg patinaba un poco. Por ejemplo La guerra de los mundos no tenía una base de calidad, con lo que a pesar de su exquisito acabado era incapaz de dejar huella. En sus dos últimos largometrajes, War Horse y Lincoln, al guion quizá le falta algo, o quizá no, pero es el propio director quien no lo remata bien: se ve claramente un tono forzado, la intención de capturar una emoción o peor, un premio, por encima del equilibrio global de la cinta y su capacidad para conectar con el espectador de forma más natural.

Lincoln apuesta demasiado por la sobriedad, la magnificencia, la clara idea de ganar premios, con los Oscar en el punto de mira. Y como cada escena debe ser la más solemne, intensa, milimétrica y oscarizable, el relato resulta un tanto manipulador y presuntuoso, y también un tanto encorsetado, teatralizado. Hay mucha verborrea con poca esencia, poco gancho (Tony Kushner no es Aaron Sorkin, por hacer la evidente comparación con El Ala Oeste) y sí mucha trascendencia impostada. Realmente la intriga política no tiene más complejidad que un capítulo de la citada serie, pero cada momento se traslada a pantalla como si fuera cada uno de ellos el instante más importante y supuestamente emocionante que has visto nunca. Todo resulta tan ampuloso, planificado y subrayado que no parece haber margen para que fluyan los sentimientos y la naturalidad del relato, es decir, para que no parezca una postal. Se pierde mucho el propósito de ofrecer una película emotiva, intensa, entretenida, y se va al extremo de lucirse con aires de grandeza, manipular el sentimiento (aunque por suerte no es tan tramposa en este aspecto como War Horse) y dar lecciones casi pedantes de cómo hacer cine.

Pero aun resultando forzosamente teatral y milimetrada, la puesta en escena es notable en la labor de dirección y brillante en la fotografía e iluminación así como en la dirección artística (decorados, atrezo, vestuario). A pesar de estar rodado casi todo en interiores y con largas conversaciones, Spielberg se inclina por planos amplios y bastante escenificación: en vez de usar un montaje que salte de rostro en rostro apuesta por llenar la pantalla con todo lo que hay y mueve personajes y cámara lo mínimo necesario. La composición de cada escena ofrece cuadros de gran riqueza y belleza (la luz entrando por la ventana ofrece instantes cautivadores), y por ello es una lástima que esta extraordinaria labor se quede en el exterior, en la impronta visual, que Spielberg no haya estado tan atinado a la hora de darle a la narración en su conjunto el tono y empaque necesarios para resultar tan conmovedora por dentro como por fuera.

Lo mejor es que la figura de Lincoln, aunque algo endiosada, llega con intensidad al espectador. Su descripción y forma de ser está bien expuesta, su presencia llena la pantalla y se hace notar en los personajes que lo rodean, y el mimetismo habitual de Daniel Day Lewis le otorga varios puntos extra, pues se sumerge muy bien en el rol, desde el aspecto físico a la forma de ser: la voz y entonación característica (imprescindible la versión original), la mirada, la forma de moverse, los gestos… Con todo, aunque sea una gran labor creo que Hugh Jackman merecía más el Oscar a mejor actor, pues su papel en los Los miserables me pareció superior.

Por la fuerza de este rol central es una pena que no tenga secundarios a la altura, pues aunque hay varios personajes con casi tanta presencia como él no se acercan a su nivel, y el entramado de caracteres queda por ello bastante cojo. El tipo que le acompaña (David Strathairn) es un maniquí (su dibujo es tan superficial que no se comprende su posición en todo el asunto: ¿qué hace ahí, quién es?), Sally Field aparece por cumplir el cupo familiar (nominada al Oscar… ¿de verdad?), Tommy Lee Jones está estupendo como siempre, pero su personaje no me dice mucho, y el trío de pillos para los chanchullos (liderados por James Spader) no funciona como receso cómico. El resto de secundarios, sean unos cuantos políticos monocromáticos y aburridos o algún flojo intento de mostrar la perspectiva de los negros (con los criados de la familia Lincoln) me transmiten la misma sensación que los secundarios de Zero Dark Thirty: son elementos de la trama, sin entidad ni vida, y están ahí como objetivos o complementos del personaje central en puntos tan concretos de la historia que en el resto del metraje se nota que sobran. El hijo mayor (Joseph Gordon-Levitt) por ejemplo, cuando cumple su objetivo desaparece sin más. Además, tanto la presencia de este hijo como el innecesario epílogo mencionando la muerte de Lincoln se nota que solo buscan poner la gota de drama oscarizable que tanto gusta en la Academia de Hollywood: la familia rota (ay, que mi niño se va a la guerra) y la epopeya personal con desenlace épico-trágico. Si se supone que la narración versa sobre la enmienda (con lo que está claro que el título de Lincoln no es acertado), un final así era difícil de ver como algo útil en la narración, y desde luego no queda bien.

Hay suficiente calidad en Lincoln como para que su tono pretencioso no la convierta en un visionado excesivamente cargante y aburrido, y desde luego su fuerza visual es impactante, pero precisamente ver que ese potencial no se ha canalizado en la mejor dirección fastidia un poco. La mejor forma de resumir todo este rollo que estoy soltando es con una pregunta: si tan importante es la consecución de la enmienda anti esclavitud y tan trágica la guerra… ¿por qué en ningún momento me siento emocionado, abrumado o afligido por la supuesta fuerza de los acontecimientos? Porque Spielberg se empeña tanto en señalar y forzar cada escena y sensación que o no me la creo o me satura por exagerada. En la técnica Lincoln es muy buena película. Conceptualmente (el cómo se ha abordado la narración y con qué intenciones) resulta un tanto manipuladora. Como entretenimiento se queda a medio camino.