El Criticón

Opinión de cine y música

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Nymphomaniac


Nymphomaniac, 2013, Europa.
Género: Drama.
Duración: 118 y 123 min.
Dirección: Lars von Trier.
Guion: Lars von Trier.
Actores: Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård, Stacy Martin, Shia LabBeouf, Christian Slater, Uma Thurman, Sophie Kennedy Clark, Connie Nielsen, Willem Dafoe, Jamie Bell, Mia Goth.

Valoración: Vol. 1 | Vol. 2
Lo mejor: Las historias son variadas, originales, bien narradas y con bastante pegada…
Lo peor: …pero todas en conjunto no ofrecen una obra lo suficientemente equilibrada y coherente como para dejar buenas sensaciones, problema que explota del todo con su delirante final.

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Como sus cinco horas y media de metraje eran insoportables en una sola tanda, tanto para el espectador (por esfuerzo y paciencia para estar sentado y atendiendo) como para el cine (por sesiones perdidas), la distribuidora obligó a partirla en dos partes y redujo su metraje a cuatro horas. Hay que decir que de partida no es una obra destinada al gran público y su exposición fue escasa, pero sí que se agradece que frenaran un poco los delirios de Lars von Trier y la hicieran un poco más asequible y cómoda de ver, por mucho que él reniegue de este montaje.

Un hombre mayor (Seligman) encuentra a una mujer tirada y herida (Joe). Esta no quiere ni ambulancia ni policía, así que se la lleva a casa. Como parte de los cuidados escucha la historia de su vida: es una ninfómana con una existencia miserable. La narración se desarrolla en forma de capítulos dedicados a distintas etapas, edades y vivencias de una personalidad que gira siempre alrededor del sexo. Hay lugar para el humor, la aventura y el drama, pero prima la perspectiva sombría con dosis de terror psicológico y tragedias brutales. Vicios, depresión, problemas de funcionamiento en sociedad, en el trabajo y la familia… Joe achaca todo eso a su maldad e inmoralidad, pero Seligman trata de hacerle ver un lado más positivo y de dar sentido a sus acciones.

Stellan Skarsgård está fantástico como Seligman, con una de esas interpretaciones contenidas que lo dicen todo con la mirada. Stacy Martin como la Joe joven-adulta y Charlotte Gainsbourg como la versión mayor transmiten bien el tono apesadumbrado y apático de esta mujer que pasa por el mundo como una sombra buscando sentir algo a través de su adicción. El resto de actores tienen papeles muy breves, debido a que aparecen en determinados episodios. El que más tiempo ocupa es Shia LaBeouf, quien no está mal pero no tiene la experiencia necesaria para dejar huella. En cambio Uma Thurman con su enorme presencia realza su capítulo hasta hacerlo de los más recordables.

Prácticamente todas las historias por separado tienen buen ritmo y un estilo propio (tanto en el continente como en el contenido) muy definido que las hace distintivas, entretenidas y emocionantes. Lars von Trier, alternativo y rebuscado como siempre, en lo visual se contiene bastante y en el guion no está tan críptico como otras veces, pero sí bordea el vacile intelectual de vez en cuando. La forma de enlazar secciones mediante las anécdotas de Seligman a veces resulta curiosa, dando un toque distendido y cambiando hábilmente el ritmo para no aburrir, pero en otras ocasiones roza la pedantería barata. Y en cuanto al sexo es una película muy explícita, con penes erectos y todo, algo que para algunos (sobre todo en EE.UU.) es como decir porno, pero que yo sepa sin penetración en primer plano no hay porno que valga. Pero desde luego no es para mojigatos, porque es directa y cruda tanto en el argumento como en lo visual, en ocasiones más de lo que parece necesario (el montaje fotográfico de penes es una broma o qué).

Aun contando con esos excesos puntuales Von Trier es capaz de hacernos vibrar, sufrir y sentir empatía incluso en los peores batacazos de la protagonista, conectar con Seligman y su aportación serena, amable y madura que trata de sacar lo mejor de cada bajón y fallo que tiene aquélla. Uno espera pues que el relato crezca hacia alguna parte, converja en una catarsis final que dé sentido a tanto metraje y relatos. Pero no ocurre así. La división en dos volúmenes realza el problema de la película: tras el ecuador en vez de ir a más y dirigirse hacia una conclusión patina con algunos altibajos y desvaría en un desenlace desastroso.

Justo cuando parecía que tomaba un camino más centrado en hacer que Joe encontrara un lugar en el mundo, que hallara sentido a su vida, las historias pierden fuerza y se apartan del hilo conductor para irse a detalles triviales tanto breves (la pareja de negros) como excesivamente largos (el capítulo del sado se hace eterno), con lo que partes en apariencia esenciales, como el intento de formar una familia, quedan muy difuminadas y estiradas. Más adelante se centra de nuevo: el acercamiento a la chica saca lo mejor de Joe, aunque se iniciara como de costumbre desde el lado oscuro, y pone otra vez el foco en su maduración como persona. El que parecía el final tira por esa vena oscura, algo que no sorprende dada la naturaleza del relato pero supone un golpe duro, ya que se conecta bastante bien con los personajes y después de tanta miseria cabría esperar algo de luz y esperanza. La situación que la lleva a acabar tirada en la calle como la vimos al principio y sus reflexiones y nuevas esperanzas suponen un final para mí perfecto. En estas condiciones la película habría acabado bien, y en conjunto a pesar de tener altibajos y exceso de metraje habría sido un viaje bastante interesante, distinto, valiente y de los que hacen pensar. Pero me temo que no acaba no acaba ahí…

De repente Von Trier fuerza una conclusión ridícula y da un giro final vergonzoso. Después de remover conciencias y empujar a reflexionar remata cuatro horas de filosofía con una cutre, infantil y lastimera conclusión de que las acciones de Joe se deben…. redoble de tambores… ¡al machismo!, y que lo que hacía era una venganza contra los hombres. Acabar con tal simplificación decepciona enormemente, pero todavía queda la sorpresita…

Alerta de spoilers: Selecciona el texto si quieres leer sobre el giro final.–

Seligman el asexual amable, que escucha pacientemente siempre tratando de sacar lo mejor de Joe y hacerla sentir bien, se pone a violarla, ella reacciona pegándole un tiro, fundido en negro y fin. Ni pies ni cabeza. Resulta una broma de muy mal gusto.

Fin de spoilers

Supongo que Von Trier quería un relato pesimista, cruel y desagradable, pero para ello fuerza un final que traiciona a la verosimilitud de lo narrado previamente y por tanto al espectador. Así pues, no puedo recomendar la película. En principio parece atractiva para espectadores atrevidos y ávidos de nuevas experiencias, pero cuatro horas de visionado para un cierre tan malogrado no resulta nada satisfactorio. Quizá si hubiera resultado una obra maestra la decisión de Von Trier se perdonara como un giro fallido, pero como no lo es uno espera que al menos el cierre deje buenas sensaciones y disimule las carencias previas. Y en estas condiciones dudo seriamente que el montaje del director (si es que llega a ver la luz, como miniserie por ejemplo) aporte sustancia y mejoras, porque en esta versión ya se ve que sobran minutos en cantidad. Cabía en una película de dos horas y media con una narración más ágil, pero ya se sabe que Von Trier va de gafapasta y alternativo y, viendo el final, un tarado o un bromista de cuidado.

Por cierto, la campaña publicitaria con posters de todos los protagonistas en posturas sexuales y rostros en pleno orgasmo sí que es una fantasmada, prácticamente sólo la protagonista (en distintas edades) y Shia LaBeouf tienen escenas de sexo.

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Rompenieves


Snowpiercer, 2013, EE.UU., Francia, Corea del Sur, República Checa.
Género: Ciencia-ficción, distopía, drama.
Duración: 115 min.
Dirección: Joon-ho Bong.
Guion: Joon-ho Bong, Kelly Masterson, basados en la novela gráfica de Jacques Lob, Benjamin Legrand y Jean-Marc Rochette.
Actores: Chris Evans, Jamie Bell, Tilda Swinton, John Hurt, Ed Harris, Octavia Spencer, Kang-ho Song, Alison Pill, Ah-sung Ko.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, decorados.
Lo peor: Todo lo demás: refrito inconsistente de todos los clichés del género.

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Alerta de spoilers: Hay ligeros spoilers sobre el argumento, no recomiendo leer si quieres verla sin saber nada.–

El director surcoreano Bong Joon-ho pegó el pelotazo de forma internacional con The Host, aunque no fuera una gran película (ya se sabe que las modas son impredecibles), lo que le ha permitido dar el paso a crear una co-producción rodada en Europa con reparto anglosajón para venderla directamente al mundo entero. Pero lo sorprendente es que en vez de ofrecer una cinta comercial se ha empeñado en hacer una obra de ciencia-ficción rarita, de esas que los cuatro fans del género esperamos con entusiasmo pero el resto del planeta pone poco interés o quizá ni se entera de que existe, porque las distribuidoras se asustan y no la estrenan como es debido. Vamos, que ha vacilado a todo el mundo.

Rompenieves se basa en la novela gráfica francesa Le Transperceneige, y trata sobre un mundo postapocalíptico donde por culpa de un fallido experimento contra el cambio climático nos hemos sumergido en una edad de hielo. La población humana casi se ha extinguido, solo sobreviven los pasajeros de un tren que circula sin cesar, en plan arca. Pero estos pasajeros están divididos en dos estratos sociales, los ricos y los pobres, y la pugna constante pone en peligro la supervivencia del hombre.

No sé qué tal resulta la propuesta en el cómic originario, pero la traslación de Joon-ho es un desastre impresionante. La catástrofe es fruto de una mezcolanza sin cohesión ni equilibrio de ideas, géneros, estilos, referencias… Es inevitable citar un ejemplo con el que guarda bastantes similitudes: Matrix. Aquélla sí supo reunir ideas clásicas y bastante vistas de forma que el relato en su conjunto brillase como algo rematadamente original. Rompenieves hace agua por todas partes: las referencias cantan a imitación barata, las ideas y pensamientos que puede dar el género se disipan por la ineficaz narrativa, la puesta en escena no logra aprovechar el prometedor entorno.

El relato parte de una idea bastante antigua, la clase obrera contra la clase dirigente, tratada en plan distopía, es decir, ciencia-ficción de corte social y filosófico como las clásicas novelas Un mundo feliz, Fahrenheit 451, 1984 o la menos conocida pero igual de fascinante Este día perfecto. En cine no hay muchas obras realmente destacables más allá de Metrópolis y Matrix, pero el fan recordará también las recientes V de Vendetta (basada en otra novela gráfica, y siendo una cinta asombrosamente sobrevalorada) o la prometedora pero fallida Equilibrium. Pero se aferra a las bases del género demasiado, de forma que cada elemento resulta enormemente predecible. Los personajes son monocromáticos clichés andantes: tenemos el anciano sabio, el héroe que atacará el sistema, el amigo fiel y el villano todopoderoso (en plan arquitecto de Matrix o líder de Este día perfecto de forma nada disimulada). De la misma forma la aventura da los pasos más previsibles sin esforzarse lo más mínimo por distanciarse de ellos o aportar algo distintivo: despertar, conocimiento, lucha, revelación, cambio de juego. El final está en la misma onda: lo hemos visto mil veces, y los cutres intentos de sorprender empeoran las cosas. En los detalles del entorno, en lo visual y en momentos puntuales aquí y allá recuerda demasiado a todas esas obras citadas, pero también trae a la memoria varios videojuegos representativos de los últimos años: Portal, Bioshock, Metro… Por ejemplo, los videos en plan retro con los que lavan el cerebro al ciudadano son calcados a los de los dos primeros títulos.

Por si fuera poco, ya desde la premisa la escasa credibilidad de la propuesta es enorme, con lo que el salto de fe que hay que hacer para conectar con el universo presentado es difícil de superar. ¿Casi veinte años encerrados en un tren? Es realmente dudoso en cuestión de supervivencia, en que el equilibrio social se mantenga tanto tiempo, y sobre todo que con la catástrofe planetaria nada lo haya hecho descarrilar o frenarse. Además las inverosimilitudes, las cosas imposibles o mal explicadas (la escuela para niños está pasando la discoteca donde la gente está drogada hasta las cejas, algo realmente absurdo), se acumulan y acumulan, de forma que se acrecienta la sensación de que el guion es un refrito poco meditado.

El intento de darle la vuelta a todo, de aportar algo nuevo, llega tarde y mal. Una vez se ha presentado el argumento, el entorno, los protagonistas y se ha iniciado la revolución de turno de la forma más predecible, lineal y monótona posible, la película intenta tirar por el surrealismo a lo Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos), por forzar en cada capítulo de la aventura un pequeño cambio de juego y estilo. Pero el intento fracasa estrepitosamente. Ahora es seria, ahora absurda, ahora surrealista, ahora alegórica, ahora psicológica, ahora de acción tonta, ahora de ciencia-ficción… Cuando es seria peca de inverosímil y anodina a la vez, cuando tira hacia el absurdo se adentra en el cine cutre, con el surrealismo no logra un tono que provoque emociones y haga pensar en vez de parecer diarrea narrativa, la parte intelectual es de postín y superficial a pesar de su pretenciosidad, la ciencia-ficción no aporta nada sustancioso, y menos original, y la acción es rebuscada hasta resultar a veces ridícula.

El cambio de tono en cada capítulo solo se logra en los decorados, todos magníficos, porque la puesta en escena no está a la altura. Cuando Joon-ho busca acción intensa la cámara en mano la maneja muy mal: la pelea principal en el ecuador del relato (al pasar sobre el puente) es un esperpento. Cuando aborda la acción desde la coreografía y el intento de forjar un aura embelesadora (habitual en el cine asiático) el cambio de ritmo es fatídico: la parte de las saunas no está mal fotografiada, pero el tempo hace aguas, porque frena el segmento más intenso para meter un par de innecesarias florituras visuales.

Aparte de los impresionantes decorados el reparto es lo único rescatable. Chris Evans como el héroe está irreconocible, tanto por la barba como por su interpretación oscura y con cambios de estado de ánimo bien mostrados (de desmoralizado a heroico). Ed Harris, Tilda Swinton y John Hurt son valores seguros. Secundarios de nivel hay unos pocos. Y el director se trae a la estrella coreana Song Kang-ho… Lo que no sé es si no se ha esforzado por aprender inglés o solo habla coreano como homenaje al país.

Rompenieves no consigue, a pesar de tanto enredo, quitarse el sabor a distopía predecible y mal narrada. Tiene un pie en el cine cutre, de ese que es tan malo que te ríes, pero el otro está en el cine horrible, con lo que se hace pesada más que divertida. Un despropósito.