El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: Jamie Foxx

Baby Driver


Baby Driver, 2017, Reino Unido, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 112 min.
Dirección: Edgar Wright.
Guion: Edgar Wright.
Actores: Ansel Elgort, Jon Hamm, Eiza González, Kevin Spacey, Jamie Foxx, Jon Bernthal.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, destacando el descubrimiento de Angel Ensort.
Lo peor: La total falta de inspiración del guion, ahogado en clichés cansinos.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hay unos pocos, pero no creo que sean muy relevantes.–

Con qué ganas cogí Baby Driver, la nueva película de Edgar Wright, para mí el único talento actual en comedias y uno de los más notables en el cine de acción. Y qué gran decepción me he llevado…

Su estilo sólo se nota en el pulso frenético de la puesta en escena, donde se presenta como uno de los mejores hacedores de peleas cuerpo a cuerpo, de tiroteos y de persecuciones del momento, porque, aparte de eso y de unos cuantos actores competentes, la cinta no ofrece nada. Quien otrora reinventara géneros como el zombi (Shawn of the Dead), el policíaco de acción (Hot Fuzz), el de superhéroes (Scott Pilgrim contra el mundo) y la comedia de pandillas (Bienvenidos al fin del mundo) mediante unas historias muy originales, unos personajes magnéticos y muy humanos incluso dentro de las locuras tremendas en que sumergía cada aventura, ahora se ha mostrado inesperadamente falto de ideas. En la presente cinta los protagonistas se basan en estereotipos muy básicos y muestran personalidades cambiantes para adaptarse a una trama simplona, enormenente predecible, asfixiada en su limitada forma y en tópicos del cine de gángsteres muy gastados.

El chico rarito pero dotado que se ve arrastrado a una tormenta y sueña con salir de ahí, la chica guapa y simpática de la que se enamora, el criminal malvado que lo tiene entre sus garras, los compañeros de andanzas cada cual más desequilibrado… Por mucha filigrana visual y enredo narrativo que intente Wright (esos paseos del chaval, qué cansinos se hacen), no es capaz de salir de los muros que él mismo se ha levantado: todo se ve venir de lejos, no hay giros ingeniosos y sí muchas situaciones forzadas, el humor es flojo y repetitivo, los personajes no enganchan en ningún momento. Lo único que llega a sorprender es lo mal que maneja algunos protagonistas y como empuja situaciones inverísimiles porque está empeñado en cumplir con el cliché de turno: ese gángster y a la vez mentor que cambia de forma de ser en cada aparición es lamentable, y Kevin Spacey no puede hacer mucho más allá de intentar parecer serio; el chico que una vez librado del contrato que lo ata va a cenar donde está su anterior jefe es poco verosímil, pero la gilipollez innombrable de las cintas de audio es totalmente increíble en alguien tan inteligente y una burda justificación del lío final; no lejos se queda la ridícula carambola de que acaben en el restaurante de la chica; y menuda cursilada el juicio donde todos ponen de bueno al chaval que ha atracado varios bancos y puesto patas arriba la ciudad, que se remata con ese plano final de postal barata.

Aparte, había leído en varias críticas que Wright conseguía una obra que roza el musical, con las canciones formando parte íntima de la narrativa… Y no. Hay unos cuantos videoclips mal empalmados y por lo general la música no transmite mucho, principalmente porque son canciones bastante flojas, sin magia alguna.

Baby Driver queda como una de acción del montón, con pocas secuencias con chispa entre infinidad de dramas artificiales pero gélidos, acción bien rodada pero con poca o ninguna sustancia y menos gracia, y unos protagonistas tan planos que es difícil conectar con ellos. Son los actores quienes los dotan de vida. El desconocido Ansel Elgort está muy bien como chico con cara de bueno, hábil en su trabajo y abatido en la vida. Lily James tiene encanto de sobra para medio salvar el romance más forzado de los últimos años. Jon Hamm es un actor enorme que merece encontrar papeles que le den más visiblidad, y dota de gran carisma a un asesino demasiado clásico. Eiza González cumple como la chica del anterior. Jamie Foxx tiene también facilidad para caer bien y consigue hacer soportable a un matón de manual muy cargante. Y en un mundo aparte está el lastimero Jon Bernthal: sigo preguntándome como encuentra papeles un actor tan limitado.

Y desde luego no entiendo cómo esta cinta tan limitada consiguió recaudar 225 millones de dólares cuando con las magníficas Hot Fuzz, Bienvenidos al fin del mundo y Shaun of the Dead no hizo ni cincuenta con cada una. Sólo espero que en el futuro Wright recupere la inspiración y no se venda al dinero fácil.

Anuncios

Collateral


Collateral, 2004, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 120 min.
Dirección: Michael Mann.
Guion: Stuart Beattie.
Actores: Tom Cruise, Jamie Foxx, Jada Pinkett Smith, Mark Ruffalo, Peter Berg, Bruce McGill.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: La relación entre los dos protagonistas y la buena labor de ambos intérpretes. Excelente puesta en escena, buen uso de elementos clásicos del thriller.
Lo peor: Algo lenta, le cuesta bastante arrancar.

* * * * * * * * *

Michael Mann se marca un thriller muy a lo Hitchcock, con un individuo normal metido en un embrollo de tres pares de cojones, giros y cambios de juego estresantes y clímax de acción y misterio varios. Y ciertamente eso implica que no va a sorprender en los puntos clave, pero a cambio maneja muy bien el camino entre medio y se apoya en un pilar que aporta mayor interés a la fórmula: la fantástica dinámica entre los protagonistas. Es imposible no implicarse en la odisea del taxista y sentir fascinación por el asesino, de forma que aunque veas venir algún giro o supongas que habrá final feliz, hasta entonces estás sufriendo de lo lindo.

Su mayor limitación es que le cuesta bastante entrar en materia y en general es algo lenta. Quizá podrían haber metido más aventuras y acción, pero eso implicaría inclinarse por el género de la acción, cuando es evidente que buscaban un thriller basado en el viaje emocional de sus protagonistas. Con un escenario tan reducido, el taxi, y tan pocos personajes centrales, dos, el ritmo difícilmente puede ser trepidante. La presentación de estos funciona porque nos describe individuos muy interesantes, pero no impacta porque la trama tarda mucho en tomar forma.

Hay que remarcar que si con el taxista no hubieran logrado un personaje tan cercano la cinta se hubiera hundido bien rápido. Ahí Jamie Foxx es esencial. El actor capta muy bien la esencia de Max, un ciudadano normal y corriente que se conforma con trabajo fácil que le dé para una vida sencilla, a quien el riesgo le aterra como a muchos otros: está tan apegado a la rutina, tan aferrado a la zona de confort y seguridad, que es incapaz de seguir sus sueños, aunque los desea tanto que incluso miente a su madre para sentirse algo más realizado. Por el contrario el asesino Vincent es despiadado y frío y no conoce límites, ni personales ni morales: su lema es que nada importa, haz lo que quieras sin pensar en el daño y las consecuencias que dejes. Muy bien caracterizado, Tom Cruise transmite acertadamente el tono gélido y peligroso de este implacable ejecutor, logrando una de sus pocas interpretaciones complejas y de calidad (aunque no llega al nivel de Magnolia).

Cuando este asesino muestra su verdadera cara y Max cae en su espiral de violencia el relato adquiere mayor intensidad, introduciéndonos en un juego de supervivencia agobiante. Cada nuevo paso en el viaje del desdichado taxista se va regando la semilla de la inquietud, la relación entre los dos dispares individuos ofrece un duelo interpretativo y de personalidades muy completo, y la magnífica puesta en escena perfila una atmósfera extraña que matiza muy bien el aislamiento y la intriga: la ciudad se difumina, se vuelve fría, oscura y lejana, parece que solo existe el taxi y el ahora.

El clima de tensión creciente sobre el destino de nuestro protagonista llega a puntos cumbres y a inflexiones muy potentes, como el desastre en que acaba la implicación de las fuerzas de la ley en la discoteca o el funesto giro final con la abogada del primer acto, que se esperaba con desazón (porque la trama se presenta de forma que sabes que ocurrirá tarde o temprano, es una pistola de Chéjov descarada) y llega en el peor momento y cuando sabemos de lo que es capaz el villano. Es una sabia elección no tratar de convertir el final en una sorpresa salida de la nada, porque dada la trama era muy difícil lograrlo sin hacer trampas evidentes; de esta forma juegan con la intriga de cuándo y cómo le llegará su turno y cuánto sufrirá Max para resolver la situación.

Solo una pega podría ponerle, y es que una parte resulta un tanto exagerada: desentona en un thriller de corte realista la escena de Max plantando cara al mafioso empleador del asesino. No me ha resultado creíble ninguna de las veces que he visto la película, el fortalecimiento gradual del personaje no necesitaba esa exageración. Por lo demás, el único problema serio de Collateral es la citada falta de ritmo, sobre todo en su primer acto, aunque no es tan grave como para restarle atractivo a un thriller que recupera muy bien la fórmula clásica en una época donde prima la acción directa sin nada detrás.

The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro


The Amazing Spider-Man 2, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 142 min.
Dirección: Marc Webb.
Guion: Alex Kurtzman, Roberto Orci, Jeff Pinkner.
Actores: Andrew Garfield, Emma Stone, Jamie Foxx, Dane DeHaan, Colm Feore, Sally Field.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Si no esperas nada puede resultar entretenida.
Lo peor: Batiburrillo de personajes y tramas bastante inestable. Larguísima y descentrada. Efectos especiales flojos tirando a malos.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Si a estas alturas no conoces el momento clave de la relación de Peter y Gwen habrá spoilers gordos. —

He intentado pensar y plasmar cómo es posible que una saga tan innecesaria, intrascendente y estulta puede tener tantísimo éxito, pero no soy capaz de darle sentido. Además, es evidente que las hay peores. El público es así de poco exigente y fácil de atraer a ver las mismas historias una y otra vez. Setecientos millones hizo la primera entrega, otros setecientos la segunda. La tercera y capítulos paralelos ya están en marcha.

Dos horas y veinte minutos de peleas con numerosos villanos, líos amorosos, fantasmas del pasado acosándole, la responsabilidad de ser superhéroe sobre sus hombros… Dos horas veinte y… ¿ha madurado algo el héroe, hemos disfrutado con sólidos y atractivos personajes secundarios, ha dejado la contienda buenos dilemas éticos o tan siquiera ha sido entretenida y espectacular? Nada de nada, todo es intrascendente cuando no trivial. Spidey es un cero absoluto, en interés, carisma y profundidad. Sus motivaciones, pensamientos y luchas internas son superficiales, casi irrelevantes. Tantísimo metraje y no son capaces de mostrar un personaje central fuerte cuyo viaje transmita alguna mísera sensación. A veces ve el fantasma del padre de Gwen, como si quisieran decirnos que arrastra algún trauma, pero ni sus acciones ni su forma de ser nos muestran heridas. Y lo peor es que la evolución como héroe es nula. Empieza como empezó la primera película y acaba igual. Asume el rol de héroe o lo rechaza sin razones de peso, casi aleatoriamente. No parece haber aprendido nada de la lucha, de las pérdidas, de los hallazgos sobre su padre… Han pasado muchas cosas. Pero no ha ocurrido nada.

La química con Gwen sigue siendo completamente inexistente. En parte son los diálogos infantiles, las escenas románticas de serial cutre (Crepúsculo a la cabeza), en parte que los actores no están cómodos en sus papeles. Emma Stone se desenvuelve mejor que en la primera entrega, donde no había manera de creérsela como niña de instituto, pero su simpatía no basta para llenar un personaje tan plano. Andrew Garfield estoy seguro de que vale para más, de hecho en alguna escena está bastante intenso, pero vuelvo a todo lo dicho: su rol tampoco deja margen alguno, y seguramente por ello no son capaces de transmitir verosimilitud en el romance.

Ni punto de comparación con el Spider-Man de Sam Raimi encarnado por el carismático Tobey Maguire, en el que mostraban bien sus numerosos problemas y agobios: los villanos daban más juego (sobre todo en los capítulos 2 y 3), su evolución era más clara, los líos de chicas más variados y jugosos; y Mary Jane no sería fiel al cómic, pero era un personaje sólido y encantador.

El resto de protagonistas son puro adorno para cumplir con el género. Sin dar pie a buenos enfrentamientos y dilemas ni en general servir como punto de inflexión en la vida del héroe sólo ocupan metraje. Electro se define con algún cliché pero apuntaba maneras, y sin embargo no lo aprovechan, enseguida es engullido por el otro gran fallo de la película: la supeditación completa a los efectos especiales. El Duende Verde está en las mismas condiciones: el afligido y lleno de ira Harry Osborn parte de lo básico pero podría haber sido suficiente si se hubiera dirigido hacia alguna confrontación con más enjundia, que todos los pasos que da son de manual.

El guion no sabe manejar tanto como han querido meter. Todos los elementos y clichés del género y del cómic del que nace están presentes, pero ninguno destaca, todos van puestos en fila de mala manera. Los saltos entre tramas, personajes y situaciones no parecen seguir un orden, las secciones no tienen la conexión suficiente para generar en conjunto un relato coherente y atractivo, a duras penas convergen en alguna idea en común. Es decir, parece haber varias películas en una, empieza y acaba dos o tres veces. Rhino sobraba por completo, los guiños o breves apariciones de otros villanos saturan (Octopus, Felicia y otros que no conozco), los saltos entre Osborn y Electro ocupan mucho metraje para lo poco que dicen y su unión llega tarde y no muy bien.

Además, Gwen metida con calzador en el clímax, con diálogos irrisorios y su destino completamente desaprovechado, dejan claro que ni con uno de los momentos más importantes en la vida de Spider-Man saben estar a la altura. El hábil arácnido es capaz de lanzar telarañas en las situaciones más complicadas (la fantasmada en la escalera electrificada cuando se presenta Electro) pero salvando a Gwen falla estrepitosamente. Y las consecuencias de su pérdida son… pasarse meses mirando la tumba, para luego coger el traje y seguir soltando chistes. ¿Vemos alguna transición en el héroe, el evento lo marca o cambia? Ni una pizca, la muerte de la chica se lo han tomado un elemento de la trama con el que cumplir y no le han dado la categoría y consecuencias que merecía.

Otros tantos detalles son muestra de la poca calidad e inteligencia del guion de Alex Kurtzman, Roberto Orci y otros tantos. El discurso absurdo de Gwen de forzado no hay quien se lo trague, la enfermera aprendiz dando órdenes es un intento absurdo y tardío de mostrar la innecesaria evolución de un rol secundario, el prólogo tan largo y el epílogo que parece el inicio de la tercera parte evidencian que no saben ir al grano, sintetizar y ser sutiles. En ese sentido, resulta descarado que recurren a trampas argumentales muy obvias: Oscorp es un comodín multiuso, todos los personajes y tramas surgen o pasan por ahí para ahorrar tiempo y complicaciones y ponerlos rápidamente en la órbita de Spidey.

Para colmo, como espectáculo no luce lo más mínimo. Doscientos millones y los efectos especiales son mediocres tirando a malos, no superan a la primera película de Raimi, que tiene doce años ya. La recreación digital de los personajes (Spidey a la cabeza, pero antención a la horrible inserción de Paul Giamatti en la armadura de Rhino) y de la ciudad deja mucho que desear, los movimientos son irreales, la cámara se pierde en filigranas que aumentan la sensación de inverosimilitud… En la primera entrega me pareció que Mark Webb era un director clásico y serio, no dado al fuego artificial barato, pero ha descarrillado, se ha dejado llevar por el espectáculo vacuo. Todo explota en un clímax final donde hay mucho rudio y luces pero nada de contenido, nada de interés, nada de emoción.

La banda sonora ofrece un giro atrevido, con un Hans Zimmer más experimental que nunca. Me apena que prescindieran de James Horner precisamente cuando había conseguido, después de años de sequía, una partitura distintiva y bien adaptada a cada instante (breve actualización: Horner se salió del proyecto porque le parecía una mierda de película). La obra de Zimmer es original y bastante efectiva en la acción, pero muy impersonal y fría en el resto del filme.

The Amazing Spider-Man:
The Amazing Spider-Man (2012)
-> The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (2014)

La sombra del reino


The Kingdom, 2007, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 115 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Matthew Michael Carnahan.
Actores: Jamie Foxx, Chris Cooper, Jason Bateman, Ashraf Barhom, Jennifer Garner, Jeremy Piven.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Un reparto de calidad. El impresionante tiroteo final.
Lo peor: Aburre, la historia no tiene fuerza. Y el montaje es abrumador (planos de pocos segundos).

* * * * * * * * *

En un principio me resultó atractiva por los espectaculares avances, el nombre de Michael Mann en los créditos aunque fuera como productor, el reparto y la temática, pero cuando llegó el estreno las críticas fueron muy, muy tibias. El visionado me confirma que es una cinta menor de (poca) acción donde da la sensación de que se ha desaprovechado una buena oportunidad para hacer un thriller de acción con análisis político.

Su inicio es confuso, tanto por esos créditos agobiantes donde no hay quien asimile tanta información como por ese primer tramo donde no se sabe muy bien qué pasa y en el que no se presenta debidamente a los personajes. La larga parte central se dedica a mostrarnos la investigación de los protagonistas sobre el atentado, pero es una historia que no transmite nada, mientras que las repercusiones políticas son tratadas de forma muy superficial y sin mojarse lo más mínimo. El último capítulo es el más interesante, pues asistimos a un largo e intenso tiroteo bien realizado, con instantes impactantes y grandes dosis de realismo (las balas hacen agujeros en las paredes, los personajes acaban llenos heridas y agotados).

Los conductores del relato son unos personajes poco definidos y por tanto nada atractivos. Salvando la buena relación entre Fleury (Jamie Foxx, tan correcto como siempre) y Al Ghazi (Ashraf Barhom, el más destacado del reparto), los únicos caracteres que evolucionan y aportan algo de contenido, el resto suponen más tedio que interés. Sale algún buen chiste entre Sykes (Chris Cooper) y Levitt (Jason Bateman), pero nada más, porque algunos no se sabe ni por qué se les incluye en la narración, como Jennifer Garner y Jeremy Piven, que entran y salen de la pantalla sin razones aparentes.

Quien dirige la función es Peter Berg, en cuya carrera trabaja indistintamente como actor, productor, escritor y director, y cuyas obras más conocidas son la aburrida serie Friday Night Lights (como creador y escritor) y películas como la macabra y divertidísima Very Bad Things (como director y escritor). En la cinta que nos atañe su labor no es nada remarcable. Construye un estilo visual demasiado caótico en todo momento, utilizando un montaje abrumadoramente rápido (planos de no más de tres segundos) que no encaja en ningún momento excepto en el tiroteo final. Es el mismo error que comente en Friday Night Lights, ofrecer una dirección plana que no se adapta a las distintas escenas, lo que se traduce en una frialdad narrativa considerable.

La sombra del reino es una producción un tanto irregular en interés, deja la sensación de que el material ha sido desaprovechado y si no fuera por el logrado tercio final probablemente le hubiera otorgado un suspenso.