El Criticón

Opinión de cine y música

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Monuments Men


The Monuments Men, 2014, EE.UU.
Género: Bélico, aventuras.
Duración: 118 min.
Dirección: George Clooney
Guion: George Clooney, Grant Heslov. Novela de Robert M. Edsel y Bret Witter.
Actores: George Clooney, Matt Damon, Cate Blanchett, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin, Hugh Boneville, Bob Balaban.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, fotografía y ambientación.
Lo peor: Hecha a trozos sin conexión entre sí, es un galimatías y un rollazo.
El título: Estamos ante una de esos extraños casos en que para la versión española simplemente le quitan el “The” al título, como The Matrix, The Terminator o The Abyss. Y si en esos casos no tenía sentido, en este menos todavía.

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Qué pena que un argumento tan potente, que una perspectiva alternativa tan original y atractiva de la Segunda Guerra Mundial, que un tipo de filme con base para ofrecer una aventura como las de antaño (con la referencia de Los violentos de Kelly a la cabeza) se quedara en tan poca cosa, prácticamente en nada. George Clooney y Grant Heslov (su colaborador habitual) no han sabido adaptar bien la novela en que se basan, confeccionando un guion superficial, desestructurado y disperso incapaz de dotar de vida a los protagonistas y de dar ritmo y objetivo a una trama compuesta de capítulos anecdóticos casi sin conexión entre ellos. Son errores que se veían en otros de sus títulos en común, las sobrevaloradas Buenas noches, y buena suerte (tediosa y caótica como la aquí comentada) o Los idus de marzo (telefilme sin garra), pero aquí se ven maximizados porque la sensación de potencial desaprovechado es enorme.

A primera vista la labor de dirección de Clooney es correcta en la composición de escenas sueltas, pero sin una trama con proyección trabajada y creciente es difícil saber si la poca intensidad de la narración es fruto del guion o de falta de visión en conjunto como director. Todas las escenas tienen el mismo tempo, no hay tensión o intriga en aumento ni la elaboración de algún clímax en momentos clave. Como resultado la película es un inestable conglomerado de escenas sueltas cuyo hilo conductor (buscar y recuperar las obras de arte robadas por los nazis) no basta como nexo en común, como centro de gravedad sobre el que hacer girar los acontecimientos de manera que haya una progresión narrativa en la que sumergirse con interés y emoción.

Con los protagonistas ocurre lo mismo. Los personajes aparecen en pantalla sin más, no se expone bien quién es quién a pesar de que se nos presentan de uno en uno. De ahí nos vamos al frente, donde todo el rato están nombrando ciudades pero finalmente no tenemos ni idea de dónde estamos y cuál es la misión actual. Cuando se separan en grupos todo se viene abajo definitivamente, saltamos entre ellos sin que haya motivos claros solo para soportar anécdotas triviales y aburridas que no aportan nada al argumento: ahora fumamos, ahora un chiste, ahora echamos de menos el hogar aunque realmente no da esa sensación, ahora la escena de francotirador de turno, ahora la de “he pisado una mina”… Los intentos de humor que deberían mostrar camaradería son un desastre, pues las escenas se fuerzan demasiado para meter la gracia. La muerte de algún protagonista no impacta lo más mínimo. Los discursos narrados que aparecen de vez en cuando cansan y son otra muestra de que no sabían cómo enlazar las historias entre sí. La única línea con algo de continuidad es la relación entre Matt Damon y Cate Blanchett, pero es muy simple y no impresiona lo más mínimo.

En estas condiciones es difícil interesarse por el porvenir de los protagonistas y el desarrollo de sus aventuras. No hay sensación de esfuerzo, de trabajo, de peligro, de que se muevan realmente hacia algo, solamente saltamos entre un caso y otro. Y ninguna de estas aventuras tiene fuerza suficiente por sí sola para dejar huella, salvo los hallazgos finales, y por la importancia de estos, no porque la película impacte: el nivel de hijoputismo de los nazis fue tan grande que resulta difícil de creer todo lo que estaban haciendo.

La ambientación está bien lograda, hay buenos paisajes y escenarios pequeños pero efectivos de la guerra. Pero eso no es nada que no se consiga con dinero. El reparto es lo único llamativo, pero solo destacan por carisma, porque con los diálogos acartonados y el escaso calado emocional de los personajes ninguno puede conseguir una buena interpretación. También destaca para mal el habitual tono patriotero paternalista que se traen los estadounidenses. Ellos salvan el mundo, la cultura y la forma de vida occidental, que además es la única que vale. Hasta la música realza ese patriotismo de forma demasiado evidente y cargante, decepcionándome Alexander Desplat por primera vez.

Monuments Men es un asombroso desastre narrativo que además muestra que la carrera de George Clooney como realizador va hacia abajo en vez de hacia arriba: le falta bastante para entender los conceptos más básicos del lenguaje cinematográfico.

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The Artist


The Artist, 2011, Francia, Bélgica.
Género: Drama, comedia.
Duración: 100 min.
Dirección: Michel Hazanavicius.
Guion: Michel Hazanavicius.
Actores: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman, James Cromwell, Penelope Ann Miller.
Música: Ludovic Bource.

Valoración:
Lo mejor: Actores, música, fotografía.
Lo peor: Que tanta publicidad y premios y su forma atípica parezcan implicar que es una gran película, cuando dista de serlo
Mejores momentos: El sueño en el que el sonido ataca al protagonista. La chica tratando de chantajear al director.

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Rodada en blanco y negro, muda, en formato 1:37 (con el que empezó el cine), usando la música como constante elemento enfatizador de la acción y contando con algunos planos que referencian a cintas clásicas, desde la parte técnica está bastante claro que The Artist pretende homenajear y recordar al cine de la época silente. Pero el argumento sigue también firmemente esa idea, pues muestra la vida del gremio en la época, tanto delante como detrás de la pantalla, con mucho cuidado en escenificar situaciones de aquellos tiempos: el galán, la estrella ascendente, los géneros de moda, las productoras principales, etc.

La trama parte de una base sencilla para mostrar todo ello. Un actor de éxito del cine mudo ve truncada su carrera cuando hace aparición el sonido. Su forma de actuar ya no está de moda, y su ego le impide arriesgarse a evolucionar. Por el lado contrario, una joven estrella femenina a la que ayudó a afianzarse es ahora quien triunfa. Aunque resulta una historia ciertamente previsible y posee tramos que necesitan más intensidad, la aventura se narra francamente bien, en especial gracias al empaque de sus protagonistas. Estos personajes se ganan al espectador con pocas escenas, pues a pesar de la condición de película muda son descritos con gran habilidad en pocos minutos (genial la presentación del actor, acaparando todos los aplausos), y con el mismo éxito se exponen las relaciones amorosas (preciosa la escena donde tienen que repetir tomas) y las distintas etapas por las que van pasando.

Es crucial para ello un buen trabajo actoral, algo que superan de largo los dos protagonistas absolutos. Bérénice Bejo tiene el encanto y vitalidad de las estrellas de la época, pero Jean Dujarin está inconmensurable, pues muestra con una facilidad pasmosa los tres registros que mantiene el personaje: cuando actúa en sus películas, cuando mantiene su fachada de galán ante el público (el tío la clava, es un auténtico Humphrey Bogart), y cuando está en casa y es él mismo. Con un par de gestos y miradas nos traslada por completo a la situación que se esté mostrando en ese momento, y tampoco falla cuando cae en desgracia y se va deprimiendo y desesperando.

Otros elementos como el vestuario y la fotografía resultan muy buenos, pero si tras el papelón de Dujardin merece ser destacado algo más es la banda sonora de Ludovic Bource, adaptada perfectamente al estilo de la epoca, evolucionando constantemente según la narración lo requiera, poniendo la puntilla de suspense y emoción que necesita cada escena… Realza tanto la cinta que ayuda a enmascarar esa ligera falta de ritmo y da mucha vida a las situaciones más predecibles… De hecho tengo la sensación que si The Artist funciona es gracias a todos estos aspectos técnicos que ensalzan un guion bien intencionado pero demasiado sencillo y lineal.

El estilo de cinta muda sin duda es una barrera para el espectador medio, pero a quienes les guste de verdad el cine seguramente les entre muy bien. Es muy entretenida y divertida y está bien hecha e interpretada. Pero parece que a los críticos le gustan las visiones al pasado, porque sino no se entiende el apabullante éxito académico que ha obtenido, cuando es una cinta interesante pero bastante normalita. Y si bien los premios le vienen bien, pues ha lanzado su carrera y tanta fama ayuda a vencer prejuicios (sin los Oscar ni de coña la hubieran estrenado en mi zona), lo cierto es que me parece injusto que su prestigio se valúe por el impacto mediático más que por su propia calidad. Aunque es un visionado grato no me parece que sea como para citarla como una gran película, como una para recordar. Como mucho anecdótica y curiosa por su estilo ajeno a los cánones actuales, pero ya está.