El Criticón

Opinión de cine y música

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Robocop (2014)


Robocop, 2014, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 117 min.
Dirección: José Padilha.
Guion: Joshua Zetumer.
Actores: Joel Kinnaman, Gary Oldman, Michael Keaton, Abbie Cornish, Jackie Earle Haley, Michael K. Williams, Jennifer Ehle, Jay Baruchel, Marianne Jean-Baptiste, Samuel L. Jackson.
Música: Pedro Bromfman.

Valoración:
Lo mejor: Guion consistente con excelente carga crítica y personajes de calidad. Buena puesta en escena.
Lo peor: Compararla con la original señalando diferencias como si fueran fallos. Lo infravalorada que ha sido mientras la otra se sobrevalora.
La frase:
-Qué es más grande que un héroe.
-Un heróe muerto.

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Otro remake más. ¿Necesario, innecesario, insultante? Pues este es uno de esos escasos casos en los que se puede hablar de una visión y actualización que parte de buenas ideas e intenciones y resulta muy acertada en su ejecución. Lo injusto es que la crítica y el público han sido muy crueles, yendo a matar, viendo solo los defectos y contando además las diferencias como tales aunque no lo sean, mientras que a la antigua, que tampoco era extraordinaria, se la mima demasiado. La versión de Verhoeven destaca por su crítica irónica y su estilo violento, pero ambos elementos se sustentan en una de acción policíaca más que clásica demasiado simplista, resultando un filme algo irregular a pesar de sus buenas maneras.

La versión de José Padilha parte también de unas bases bastante clásicas, una intriga policial sencilla, pero no resulta tan trillada y lineal como en la original. Los protagonistas tienen mayor densidad, el drama que vive la familia es más interesante y la trayectoria de Murphy se trabaja algo mejor. Joel Kinnaman (The Killing) y Abbie Cornish (Klondike) están muy correctos en sus interpretaciones, resultando cercanos al espectador a pesar de que al primero se le ve poco el rostro y la segunda aparece en contadas ocasiones. Los secundarios aportan algo más de vida, e incluso contando con que el dibujo del policía corrupto sea bastante simple se eluden los clichés cansinos de la anterior. La evolución del caso se desarrolla bastante bien y adquiere nuevas capas cuando Murphy es convertido en robot; la escena de su presentación es fantástica, por ejemplo. La pena es que esta sección no se remata bien. Es evidente que era secundaria, que lo importante y jugoso está en la sección empresarial, pero el villano es muy pobre, un gángster sin presencia ni desarrollo suficiente como para causar impresión. Algo más de empaque debería haber tenido.

En cuanto a la parte crítica la perspectiva cambia. La gente se queja de que no tiene un tono irónico tan marcado como la de Verhoeven, pero eso es quedarse muy en la superficie. Para empezar no está desaparecido por completo: el programa que presenta Samuel L. Jackson es escalofriante y ofrece una crítica a los grupos de presión ultraconservadores descarada y muy efectiva. En el resto del relato se omite ese tono burlón que rozaba la parodia en pos de un drama más serio, depositando el esfuerzo en edificar un análisis más concienzudo. Los gobiernos vendiendo derechos y privatizando por doquier, la ética (médica y empresarial) puesta por debajo del dinero, pérdida de derechos individuales frente a las empresas, mercenarios, robots y drones programados al antojo de las empresas como fuerzas de seguridad, corporaciones guiando las agendas políticas… La perspectiva de la crítica es amplia y detallada, no deja resquicios, es sólida y muy acorde a los tiempos que corren, exponiendo muy bien el funesto porvenir que nos espera. ¿Que no tiene el punto irónico y gamberro de Verhoeven? Pues vale, ¿y qué? Es otra versión, si quieres ver lo mismo ponte la original. Precisamente la queja sobre muchos remakes es que son clones sin alma. Aquí tenemos uno con entidad propia y no ha sido apreciado debidamente.

Por si fuera poco el villano de esta sección resulta memorable. Este directivo de una gran corporación no es un enemigo al uso, es decir, no es el cansino malo que va contra el protagonista sin más, la situación es mucho más compleja. Él es hijo del capitalismo salvaje, hace lo que sabe hacer e incluso lo que debe hacer según lo que espera el sistema y la sociedad: competitivad, ganar a los contrincantes en el negocio, hacer dinero a toda costa. En el juego del capitalismo todo vale. Su descripción es excelente, sus motivaciones están claramente expuestas, y su posición como nexo y catalizador de toda la crítica al sistema es brillante. Michael Keaton está espléndido en su papel, y el duelo ético que mantiene con el ingeniero principal (Gary Oldman estupendo como siempre) es magnífico y ofrece unos cuantos grandes instantes.

Lo unico que falla es un detalle del final, donde se fuerza la muerte del empresario y para ello nos lo ponen cogiendo un arma y apuntando a Murphy y a su familia, algo absurdo en alguien tan inteligente y comedido a la hora de dar una buena imagen, y más cuando sabe que tiene la mano ganada porque la programación le impide a Robocop disparar o detenerlo. Si la película pretende hablar de la justicia democrática y la conciencia humana sobre la frialdad de las máquinas qué mejor que ver a Murphy superar su programación, detenerlo y procesarlo con garantías. Acabar en un vulgar tiroteo supone una horrible inclinación hacia los clichés made in hollywood en un momento crucial; de hecho el director sufrió muchísimo la injerencia de los productores, así que no me sorprendería esta escena fuera una imposición. Por suerte el epílogo con el programa de tv casposo vuelve al tono anterior, pero se echa de menos el giro ingenioso con el que acababa la de Verhoeven, o incluso alguna nueva versión del mismo.

La puesta en escena es bastante buena, algo muy de agradecer viendo el pobre nivel de los géneros de acción y ciencia-ficción hoy en día. Por una vez tenemos los dos elementos necesarios para que las escenas de acción funcionen a pleno rendimiento: buen contenido y buena dirección. José Padilha no tira de trucos visuales baratos, no pone los efectos especiales por encima de la narrativa, ni olvida que el protagonista de la escena son los personajes. El prólogo, el entrenamiento, el ataque al gángster y la lucha contra los grandes robots son cuatro secuencias muy llamativas, caracterizadas porque se esfuerza en darles entidad propia a cada una. Excelente planificación, fotografía, dirección y montaje y unos efectos impecables y limitados a lo necesario las hacen posibles. Solo le ha faltado una banda sonora con personalidad.

Robocop 2014 es emocionante y deja buen poso, deja ideas rumiando en la mente. Aparte de Oblivion o casos excepcionales como Hijos de los hombres pocas películas actuales de ciencia-ficción y menos de acción te dejan pensando a la salida. No será para enmarcar, pero es un buen ejemplo de lo que debería ser una película de acción de calidad y un remake digno.

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La noche más oscura


Zero Dark Thirty, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, histórico.
Duración: 157 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guion: Mark Boal.
Actores: Jessica Chastain, Jason Clarke, Kyle Chandler, Jennifer Ehle, Mark Strong, Stephen Dillane, James Gandolfini, Fares Fares.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena, ritmo estable y con un pico final excelente.
Lo peor: Narración fría, personajes poco definidos.
Mejores momentos: El tramo final, desde que localizan la casa hasta el fin del asalto: Maya apuntando los días, las reuniones, los helicópteros, la tensión en cada puerta y pasillo de la casa.

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Zero Dark Thirty es una película atrevida. Primero, porque Kathryn Bigelow se la jugó sacando a la luz información que la CIA consideraba secreto de Estado, lo que le podría haber acarreado notables problemas legales. Por suerte, o no eran secretos tan importantes (los helicópteros si acaso, el resto se ve tal cual en el documental de National Geographic), o han pasado de complicarse la vida persiguiendo a alguien famoso. Segundo, porque la historia tiene una carga política y moral que tanto dentro como fuera de Estados Unidos podría tocar la sensibilidad de muchísima gente. Pero Bigelow ha sido muy inteligente al hacer un relato casi documental, limpio de juicios y valoraciones, que se limita a narrar hechos tal y como ocurrieron. Esto no ha impedido que los lloricas habituales hayan atacado a la película diciendo que vende tal o cual mensaje, cuando evidentemente no lo hace, pero allá ellos, pues así quedan en evidencia. Las cuestiones y críticas que las haga cada uno como le plazca, pero sobre EE.UU., no sobre la película: el asesinato de Osama Bin Laden sin juicio, la invasión de un estado soberano como Pakistán sin pedir permiso, las cárceles secretas de la CIA por todo el mundo, las torturas inhumanas… Estoy sorprendido y agradecido de que una obra proveniente de Hollywood, y más con esta temática, no incluya los habituales mensajes más o menos descarados o maquillados que aparecen en muchas de sus producciones.

El problema es que este estilo es difícil de manejar, pues de aséptico y neutro es fácil pasar a frío y distante. Aunque la cinta tiene un ritmo excelente y el avance de la investigación resulta bastante fluido, desde el principio hasta el final le pesa bastante la sensación de frialdad, de lejanía. No se pierde el tiempo en describir personajes secundarios, en situarlos por la trama y llevarlos de un punto a otro. Salen y entran de la historia constantemente, algunos tienen una sola escena, y muchas veces ni se indica quiénes son, con lo que todos parecen usarse únicamente como canalizadores de alguna parte de la trama, sin darles entidad ni hacerlos atractivos de cara al espectador. Cuesta hacerse una idea de quién es quién en la cadena de mando de la CIA: el director, el enlace con el gobierno, el ayudante de uno u otro, algún director de destacamento, agentes varios… También tengo que decir que cuando uno de esos roles secundarios cobró un repentino protagonismo estaba claro que era para forzar que su muerte resultara impactante… pero el tiro sale por la culata: el personaje tenía que haber sido atractivo desde el principio, darle tanta importancia de golpe sólo anuncia descaradamente que va a morir.

Siguiendo con la falta de claridad, se sueltan datos sin hacer el más mínimo esfuerzo por dar pistas sobre su significado: las siglas de agencias y organizaciones con toda probabilidad te sean desconocidas, y parece que a Bigelow le da igual, apáñatelas como puedas. Y qué quieres que te diga, pero si no sabes que el ISI es el servicio de inteligencia paquistaní, o qué demonios es eso de KSM que tanto mencionan (un terrorista capturado, uno de los principales artífices del 11S y otros atentados), muchas escenas y averiguaciones no podrás entenderlas del todo.

Por todo esto decidí ver la película por segunda vez, para comprobar si con la Wikipedia y la ficha de IMDB a mano, buscando cosas, mirando los rangos o trabajos de cada rol, le sacaba más jugo a un filme que me resultó entretenido pero bastante inerte, incapaz de emocionarme como para recordarlo con agrado. ¿Puedo decir entonces que Bigelow erige un thriller que se puede disfrutar en dos niveles, primero dejándose avasallar los acontecimientos y luego analizándolos a fondo? Pues no, porque todos estos caracteres siguen siendo entes sin alma que entran y salen de la gélida narración sin aportar mucha esencia.

Sin embargo, siendo Bigelow y el guionista Mark Boal conscientes de que sin un personaje con el que el espectador congenie no hay manera de hacer interesante la historia, es evidente que pusieron esfuerzo en mostrar un rol central más fuerte. Y la jugada sale bien, pero no espectacular, pues este clásico protagonista contra el mundo también peca de ser demasiado distante y superficial. Sí, es consistente y atractivo (su evolución está bien desarrollada), y tiene algunos buenos momentos, pero no puedo quitarme de encima la impresión de que le falta definición (qué la motiva, qué piensa en los momentos clave) y de que en definitiva no es un personaje con el carisma y fuerza suficiente como para hacer que su aventura sea capaz de dejar huella en el espectador. Además hay que decir que, si ella es el foco de la narración, por qué demonios la olvidas en el momento cumbre de su carrera: en el asalto final casi no sale, cuando era crucial ver su reacción en cada paso del mismo. Y lo contrario ocurre en el epílogo: para qué me la sacas llorando cuando ha acabado todo si no me das algo que explique la situación. ¿Llora de alivio porque ha terminado su difícil odisea? Tampoco me explicaste por qué puso tanto empeño en ella, así que no esperes que ahora de repente me interesen sus tribulaciones. La película hubiera debido acabar cuando mira el cadáver de Bin Laden y sale por la cortina: ya no hay más que contar sobre Maya. También tengo claro después de haber visto a Jessica Chastain en algunos muy buenos papeles (en especial en Criadas y señoras), no entiendo por qué ha causado tanta sensación, si su interpretación es correcta sin más.

Si la película destaca como entretenimiento de calidad es por su milimétrica puesta en escena, capaz de mantener el ritmo e interés incluso en largos tramos donde no está ocurriendo realmente nada extraordinario. Los pasos de la investigación se atacan todos con intensidad, consiguiendo que los saltos de uno a otro no pierdan fuelle. Aun sin mostrar algo con mucha esencia (ninguna escena impacta: el interrogatorio es sencillo, las averiguaciones iniciales no son muy trascendentes) la proyección avanza sin achaques. Y desde que se descubre la casa sospechosa, el subidón es notable, pues por fin hay un rumbo más claro, una trama más consistente y varios personajes secundarios con presencia más concreta y definida. Cómo suben y bajan los datos por la cadena de mando, cómo luchan y dudan por la viabilidad del asalto, la insistencia de Maya marcando los días en el cristal del despacho de su superior, las averiguaciones sobre la casa basadas en una observación externa y finalmente el espectacular asalto garantizan un entretenimiento de primera.

En estos momentos de mayor trascendencia la puesta en escena realza la narración de forma impresionante: en realidad el asalto a la casa son cuatro tiros, pero Bigelow llena media hora con ello y consigue que sea trepidante e intensa como la mejor cinta de acción. La excelente planificación, la cámara siempre puesta en el mejor sitio posible, el montaje perfecto, la fotografía e iluminación de calidad, el uso del sonido (efectos sonoros de impresión), la excelente y sutil banda sonora de Alexandre Desplat… No hay duda de que Bigelow es una directora de gran calidad, y de que Zero Dark Thirty sin esta realización de tan buen nivel podría haber sido un telefilme anodino.

Contagio


Contagion, 2011, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 106 min.
Dirección: Steven Soderbergh.
Guion: Scott Z. Burns.
Actores: Matt Damon, Lawrence Fishburne, Kate Winslet, Gwyneth Paltrow, Jennifer Ehle, Anna Jacoby-Hedron, Jude Law, Marion Cotillard, Bryan Cranston, Elliot Gould.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, fotografía, música, reparto… Su capacidad para dejarte pegado al asiento durante todo su metraje.
Lo peor: Nada. Si acaso que ha sido muy infravalorada.
Mejores momentos: Los primeros diez minutos, sobre todo si no sabes lo que te espera. Innumerables instantes que se desarrollan sólo con imágenes y música. El Día 1.

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Contagio es una de las películas más sorprendentes, atípicas y electrizantes de los últimos años. Muchos de los que vayan a verla, sea con ideas preconcebidas o no (cabría esperar algo parecido a Estallido), serán abofeteados en los cinco primeros minutos de proyección, donde se muestra sin miramientos lo que va a ser la tónica (muertes de protagonistas) y el estilo (secuencias rápidas, poco diálogo…). Yo mismo iba bastante en blanco, ya tenía claro que la vería por el reparto y el director y pasé de los trailers (que por lo visto te revientan media película), y con esas primeras escenas quedé muy impresionado, tanto para bien (la narración me atrapó de lleno instantáneamente) como para mal (¿de verdad era necesario ser tan explícito y duro con las muertes?).

Desde ese primer golpe de efecto es un no parar, la trama se lanza con un ritmo impresionante, con una velocidad y fuerza que ya quisieran para sí muchas cintas de acción. El guion de Scott Z. Burns orquesta un amplio entramado de protagonistas con el que ofrece diversas perspectivas de la historia. Saltamos entre países, ciudades y personajes siguiendo la trayectoria del virus, y da tiempo para mostrar a los científicos trabajando y los problemas logísticos colaterales (distintos organismos implicados, etc.), para exponer los problemas políticos y sociales (pánico, saqueos) así como la influencia de los medios de comunicación, desde donde también se pone un ejemplo de los sacacuartos habituales (el periodista insensato –Jude Law– y su defensa irracional de falsas medicinas -homeopatía-, conspiraciones –qué malas son las farmacéuticas- y paranoias -todo el mundo miente menos yo-, llega a resultar desagradable). Y todo ello sin olvidar los dramas personales, todos realistas, cercanos (en especial los de Matt Damon y su hija), muy bien aprovechados a pesar del poco tiempo que tienen algunos de los protagonistas y los constantes saltos narrativos que hay. Pocos deslices encontramos en esta hábil y densa estructura; si acaso cabe decir que como era de esperar en tal tinglado alguna aventura queda un poco por debajo del resto, como la de Marion Cotillard, a la que le falta algo de dedicación.

El reparto también es de los más llamativos en muchos años, un desfile de nombres conocidos y secundarios de gran nivel (Bryan Cranston por ejemplo), todos de calidad más que contrastada. Y todos están impecables en sus papeles, aunque por tiempo en pantalla y las características de sus roles destacan Matt Damon, en una de sus mejores interpretaciones dramáticas, o Kate Winslet, de quien se podría decir que está siempre impecable. Aunque si tengo que elegir me quedo con otros dos: Lawrence Fishburne, que aun teniendo un papel más serio y no dado a cambios de registros muestra con una facilidad pasmosa la presión a la que está sometido, y la adolescente Anna Jacoby-Heron, que en este su primer trabajo ofrece un recital a tener en cuenta de cara a su futuro.

La puesta en escena es magnífica, la mano de Steven Soderbergh ofrece una lección de virtuosismo narrativo digno de ver. Es difícil perder el hilo u olvidarse de algún personaje, todo se expone con el máximo cuidado para que cada escena esté donde se requiere y transmita y narre lo necesario, y para ello cada plano está puesto con una intención concreta, sea transmitir el miedo por el contagio (roces fugaces, apoyos en puertas y barras para convertir lo cotidiano -viajar en autobús- en peligro) o mostrar aspectos cruciales de la trama (con un plano a los viales de ántrax y sars y otro a la emoción contenida de la científica ya sabemos que están guardando las muestras –virus o cura o ambos- para la posteridad). La fotografía es excelente, el montaje mejor… pero si algo destaca es la banda sonora de Cliff Martinez (Solaris), que supone un gran hallazgo en una época de crisis en la música de cine. Su implicación con las imágenes es perfecta, consiguiendo una simbiosis de una eficacia que no se ha visto en años. Sutil o intensa según necesidades, impecable en sus funciones de matizar el suspense o desgarrarte por dentro por la dureza de la tragedia mostrada, es para mí elemento más importante de la película, pues muchas escenas carecen de diálogo y resulta crucial para darles el tono requerido.

El ritmo no da descanso y los personajes desfilan con mil problemas ante nuestros ojos sin que sepamos quién caerá y quién se salvará. La puesta en escena llena por completo los sentidos, exprimiendo y amplificando de manera impresionante un guion que en otras manos podría haber sido un caos. Casi no puedes pestañear y respirar durante dos horas, intrigado, inquieto, salpicado constantemente de sensaciones y emociones. Thriller, drama, ciencia-ficción apocalíptica con un ligero tono de documental… Contagio es una película compleja e inteligente que no olvida el sentido del espectáculo, pues resulta una proyección intensa e impactante.