El Criticón

Opinión de cine y música

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X-Men: Fénix oscura


Dark Phoenix, 2019, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 113 min.
Dirección: Simon Kinberg.
Guion: Simon Kinberg. Stan Lee, Jack Kirby, Chris Claremont, John Byrne, Dave Cockrum (cómic).
Actores: Sophie Turner, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Tye Sheridan, Evan Peters, Alexandra Shipp, Kodi Smit-McPhee, Jessica Chastain.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y actores principales que caen bien con facilidad.
Lo peor: Muy simplona y sin garra en guion y puesta en escena. Tras un puñado de capítulos, no han desarrollado prácticamente a ningún personaje, y encima pierden el tiempo metiendo unos villanos anodinos. Terminan pasando por completo de la continuidad de la saga.
El título: En el original han eliminado “X-Men”, como para intentar darle la categoría de Logan y Deadpool.

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X-Men: Primera generación parecía haber llegado para encarrillar la serie tras el batacazo de X-Men: La decisión final y las dos primeras de Lobezno en solitario, pero esta línea también se desinfló rápidamente, primero, por intentar abarcar demasiado en Días del futuro pasado, luego, por aspirar a tan poco en Apocalipsis. Tras los éxitos de las entregas paralelas Logan y Deadpool cabría pensar que tratarían de seguir manteniéndola viva, y con esfuerzo por aportar algo más novedoso, pero Fénix oscura ha vuelto a herirla de gravedad, y la adquisición de Fox por parte de Disney la ha dejado en el aire, con Los nuevos mutantes cada vez más retrasada. Por mi parte, no diría que no a que reinicien la saga dentro de unos años si se esmeran en hacerlo bien en vez de improvisar de mala manera. Hay muchos personajes y muchas historias que contar.

No es de recibo que lleguemos al cuarto episodio y sigan sin desarrollar a los numerosos protagonistas. Todo lo prometido en Primera generación quedó en suspenso en los siguientes, lo poco que dieron de sí los protagonistas principales se fue repitiendo en bucle y los secundarios seguían sin aprovecharse lo más mínimo. Que si Raven se va y no se va, que si Magneto se vuelve malo o no, que si Xavier quiere perdonar a todos los mutantes y la paz entre humanos. Si no fuera por el talento y magnetismo de los intérpretes, seguramente la serie no se habría mantenido viva tanto tiempo.

Aquí Raven vuelve a dudar con su lugar en el mundo, Xavier sigue lidiando con el gobierno y los mutantes que ponen en peligro el equilibrio… y por suerte, Magneto sale poco y hace menos. Este último arrastraba otro problema importante: siempre que se vuelve malo es momentáneamente y debido a factores externos, el resto del tiempo sólo quiere vivir por su cuenta. Pero aquí no nos libramos de esa cobardía argumental, porque se la encasquetan a Jean Grey en su conversión en Fénix. Su maldad es una crisis temporal que sin duda no habría ocurrido si esos cutres alienígenas que aparecen de vez en cuando no la hubieran forzado. Así, no hay sensación de conflicto, de crisis y tragedia real, de ruptura del statu quo que pueda dejar secuelas. Está claro que vencerán al villano de turno y todo volverá a la normalidad, como siempre.

Si en Apocalipsis el enemigo parecía distante y poco temible a pesar de tanto enredo, aquí estamos en las mismas. La nube misteriosa como macguffin de baratillo, los extraterrestres que no causan sensación alguna, salvo preguntas de por qué están ahí, y la anodina líder encarnada por Jessica Chastain son minutos perdidos, cada aparición suya desvía el interés y te hace pensar que podrían haber dedicado el tiempo a desarrollar mejor a los personajes.

Ni con Jean ponen ganas en profundizar realmente en su psique, en construir una evolución dramática más compleja. Sueltan cuatro tópicos sobre traumas infantiles y ale, a lanzar fuegos artificiales. Tampoco ayuda que Sophie Turner anda un poco justa, ni lo que canta el relleno que le han puesto en el sujetador. Con el resto de mutantes apuntan también a unos mínimos que apenas valen para mantener cierto aire de camaradería, que resulta agradable pero desde luego no como para implicarte, para conseguir que te interese su destino y lo que puedan sufrir por el camino. Para rematar, si la continuidad de la saga ya estaba muy liada a pesar de los malabares que han ido haciendo los autores, aquí directamente pasan de ella, pues el final de un par de personajes contradice todo lo que habíamos visto en la trilogía de mutantes adultos.

No se puede entender cómo se mantuvo a Simon Kinberg como escritor y productor en la saga tras su fallida entrada en La decisión final, y menos que vuelva a ella después de haber parido guiones tan nefastos como el de Cuatro fantásticos (Josh Trank, 2015). Tendría alguna autoridad como productor para mantenerse, o algún enchufe, porque aquí encima acabó como director.

Y precisamente el otro gran problema es la falta de garra visual, su nulo talento como narrador queda patente también tras la cámara. La proyección va ligerita, con lo que entra bien, pero con el piloto automático puesto, sin adecuarse al tono de cada situación, sin emoción en el drama, sin energía en la acción, sin clímax que aumenten la tensión. También carece de originalidad en escenarios y batallas. Todas las peleas son iguales, tortas entre calles lanzándose coches (algo de lo que ya abusó en La decisión final) y con algún vagón de metro de por medio, todo ello con unos poco efectos especiales de rayitos y colores que no impresionan nada a pesar de los doscientos millones de dólares que ha costado. Y para colmo, se filtró durante el rodaje que cambiaron el final previsto, que sería una lucha en el espacio, por un vulgar tren a pesar de haber usado ya el metro, donde repite los mismos golpes de todas las confrontaciones anteriores.

Eso sí, para mi sorpresa la banda sonora de Hans Zimmer, que escuchada en disco me pareció un insoportable trabajo hecho con librerías y sintetizadores, se adapta bastante bien a las imágenes, aunque claro, queda lejos de la versatilidad de John Ottman y Michael Kamen.

Con un final más original y que centrara más el foco en los protagonistas podría haber resultado mejor, pero en esa ruidosa batalla acabé bastante desconectado. Con todo, por simplona y predecible que resulte, nunca cae en el caos o la vergüenza ajena como sí hizo La decisión final, y me ha resultado algo más entretenida que Apocalipsis, aunque es igual de decepcionante.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
-> X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

Passengers


Passengers, 2016, EE.UU.
Género: Acción, romance, ciencia-ficción.
Duración: 116 min.
Dirección: Morten Tyldum.
Guion: Jon Spaihts.
Actores: Jennifer Lawrence, Chris Pratt, Michael Sheen.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: En lo visual y lo interpretativo cumple de sobras.
Lo peor: Todos los estilos y argumentos que trata se quedan a medias, el potencial de la temática y su alcance (reflexiones morales y humanistas) no se exploran. Recuerda demasiado a filmes recientes. Los tráileres, otra vez jodiéndote la película entera.
El título: Otro título fácil que llega sin traducir por razones que se me escapan.

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Alerta de spoilers: Si quieres verla en blanco, quizá revelo demasiado del argumento.–

En los primeros avances presentaban lo justo de la historia (en el tráiler final la revientan entera sin miramientos, así que evítalos) y ya se intuía que lo de ciencia-ficción iba a ser más trasfondo que argumento principal y que la cosa apuntaba a cinta romántica. Quedaba por ver el tono: comedia, aventuras, drama… Por las flojas críticas me esperaba una comedia romántica más tontorrona, pero ese estilo no es excesivo y funciona aceptablemente bien, y, sobre todo, también tiene un poco de otros géneros: la aventura de supervivencia ocupa bastante tiempo, la ciencia-ficción tiene más presencia de la que preveía, e incluso se plantea algún dilema ético muy interesante. El problema es que la mezcla no tiene el equilibrio necesario: ni se termina de abordar todo el potencial de cada sección ni la combinación funciona con el ritmo y coherencia necesarios. El resultado, un entretenimiento pasajero digno pero que deja con la sensación de que han pasado otro guion prometedor por la batidora intelectual.

El tramo inicial es El último hombre en la Tierra, pero en una nave espacial. El protagonista hace lo que haría cualquiera en esa situación: tratar de divertirse para sobrellevar las miserias de la supervivencia en solitario. Pero no hay ni una escena que sorprenda, desaprovechan demasiado un entorno que permitía imaginar casi cualquier cosa, y por ello la proyección no termina de coger fuerza. Hasta que llega la toma de una decisión importante no hay mucho que rascar, el personaje es simple, la historia también. Cuando nos embarcamos en el romance se levanta un poco el interés. En realidad también cumple con lo básico sin mojarse, pero aunque sea previsible tiene la emoción y simpatía justa y lleva buen ritmo. Pero sobre todo se salva por la fuerza visual (el realizador exprime bien el generoso presupuesto) y el buen hacer de los tres únicos intérpretes. Porque estamos en uno de esos casos en que personajes con un dibujo superficial son levantados por los actores. Chris Pratt como el técnico pardillo enamorado y Jennifer Lawrence como la joven decidida y enérgica son capaces de mantener en pie esta odisea sin esforzarse mucho; incluso Michael Sheen como el camarero robot cumple muy bien.

En todo este trayecto se ven latentes una serie de pensamientos sobre la moral y el ser humano muy prometedores, pero no los exploran como se podría. La soledad y la supervivencia como catalizadores de decisiones éticas cuestionables, el amor capaz de hacerte sobrellevar cualquier tragedia, el dominio de la tecnología sobre el trabajo manual y las relaciones, la persecución de sueños y las migraciones forzadas… Había tanto donde sumergirse, y pasan de puntilla sobre todo, mojándose apenas un poco con un solo aspecto, la decisión del personaje que sostiene sobre una mentira monumental el romance. Y a esto le dan el cierre más predecible posible, una redención que se ve venir muy de lejos y aun así resulta un tanto forzada. Al menos ha servido para dar algo de enjundia al tramo central, eso sí.

Para el tercer acto llega la acción con una trama de supervivencia también muy ramplona, de hecho es incluso más pobre que el resto: en vez del esperable subidón me pareció que estiraban demasiado la cosa. Las escenas que no se intuyen de antemano parecen improvisadas (ahora un nuevo problema técnico seguido de una solución de ciencimagia sacada de la manga), con lo que falla un poco la conexión emocional: no siento el peligro, no me llega el esfuerzo de los personajes. Entretiene, pero no impacta. Además, no ayuda que aquí se vean más todavía las semejanzas o inspiraciones en películas recientes. Escenas sacadas de Gravity hay unas cuantas, pero también otras que recuerdan a Guardianes de la galaxia. Aunque la primera cinta que viene a la mente en una comparación general es Pandorum: el argumento inicial e incluso el parecido exterior de la nave es enorme. Aquella en cambio, en un registro muy distinto, eso sí (misterio y terror), tiene bastante más personalidad y pegada y un cierre con giros más trabajados.

Passengers se queda en un quiero y no puedo. Sus achaques no son graves, pero tampoco ofrece nada digno de recordar. Para ciencia-ficción imaginativa, reflexiva y hermosa tenemos aún reciente La llegada.

X-Men: Apocalipsis


X-Men: Apocalypse, 2016, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 144 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Bryan Singer, Simon Kinberg, Dan Harrys, Michael Dougherty.
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Oscar Isaac, Rose Byrne, Evan Peters, Josh Helman, Sophie Turner, Tye Sheridan, Lucas Till, Kodi Smit-McPhee, Ben Hardi, Olivia Munn, Alexandra Shipp.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: El reparto, sobre todo los principales.
Lo peor: Es una repetición de todo lo visto. Prometía ser a cambio espectacular, pero se queda lejos de lograrlo.
Errores de continuidad: Se supone que a Rondador Nocturno lo conocen en X-Men 2, pero aquí está perfectamente integrado. Jean y Cíclope no conocían a Lobezno al llegar este en la primera X-Men, y es difícil que el encuentro que tienen aquí lo olvidaran. ¿Y cómo acabó Lobezno ahí si en X-Men: Días del futuro pasado se muestra que Mística lo rescata del fondo del río? ¿No se supone que hasta X-Men: La decisión final Jean Grey desconocía y temía los límites de sus poderes? Y supongo que hay más agujeros…

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Para muchos, la saga X-Men parecía agonizar sin remedio tras el cierre fallido de la trilogía original, la denostada X-Men: La decisión final, y las dos aventuras en solitario de Lobezno (I y II), prometedoras pero una vez vistas bastante insatisfactorias. Bryan Singer, quien diera vida a la adaptación de los cómics en la gran pantalla, era de los primeros en mostrarse decepcionado con el camino que llevaba, y se esforzó por darle nueva vida escribiendo el guion de X-Men: Primera generación, que remató sabiamente el director Matthew Vaughn, donde con el sencillo truco de ir a la juventud de los mutantes recuperaron la esencia intacta. Pero parece ser que seguía teniendo una espina clavada: darle un cierre digno a los mutantes adultos. Y se montó una difícil mezcla de ambas líneas temporales, X-Men: Días del futuro pasado. A tenor de su gran éxito, al público no pareció importarle que con cualquier excusa pudieran resucitar y matar personajes y rehacer tramas, además de volver toda la línea temporal muy confusa y llena de agujeros, pero a mí, aunque la película no estuvo nada mal, me pareció un jaleo innecesario y hubiera preferido que siguieran la serie exclusivamente con los nuevos protagonistas. Apocalipsis parecía volver a encarrillar las cosas, anunciando además una historia de gran épica al poner como villano al mutante más poderoso de los cómics. Pero Singer parece haberse dejado las neuronas en cuadrar la combinación de las dos líneas, y al retomar una en solitario ha mostrado un notable desgaste de ideas.

El problema más patente de esta entrega es que no ofrece nada nuevo. La temática clásica de aceptación de los mutantes está demasiado enquistada, no es capaz de darle nueva vida, o tan siquiera de probar a arriesgarse con una historia distinta. Y eso a pesar de que con el argumento elegido podía haberla dejado de lado para ir directamente a la acción, pero se empeña en incluir las escenas y clichés de rigor recalcando excesivamente la más que conocida posición de los tres bandos: Xavier, Magneto y gobiernos (curiosamente, nunca se habla de qué opina el pueblo llano de todo el tema).

Pero la falta de novedades se nota más en el agotamiento de los protagonistas. Todos ofrecen la misma historia personal que hemos visto en toda la serie, y más concretamente reviven situaciones que no se diferencian en nada de los dos capítulos previos. Xavier se limita a ser el buenazo que quiere integración y sacar adelante el colegio, pero a la hora de la verdad nunca vemos si los eventos de cada película dejan repercusiones o cambian las cosas, siempre se hace un reset sin más. Mística continúa buscando un hogar dando vueltas sin rumbo concreto por el mundo, para regresar al embrollo actual sin motivaciones claras; ¿en diez años no ha encontrado nada en lo que centrarse? Y sobre todo, Erik salta de la luz a la oscuridad según la tragedia familiar y el enemigo que amenace a los mutantes de turno. ¿En serio tenemos que ver otra vez a Magneto llorando, volviéndose contra los humanos, uniéndose a Xavier en la lucha (con los típicos roces iniciales y colegueo final), para luego irse otra vez? ¿Pero va a ser malo de verdad alguna vez? Menos mal que los actores (Lawrence, Fassbender, McAvoy) los realzan con interpretaciones muy entusiastas, porque si no vaya aburrimiento de protagonistas, cuando antes eran muy atractivos y resultaba fácil emocionarse con sus aventuras.

Los secundarios tampoco funcionan como podrían. Hay muchos personajes y Singer se obsesiona con darle una presentación completa a cada uno, con lo que el lanzamiento de la trama se posterga demasiado en secuencias que deberían ser mucho más imaginativas e intensas, porque lo que cuentan se ve venir o lo conocemos: el quién es quién, que Jean y Scott se liarán, que unos se unirán a Xavier y otros a los oponentes, que Lobezno se escapará del coronel Stryker… Hasta los que tiene ya presentados, como Peter (Mercurio), caen en ese círculo vicioso: ¡la misma escena-videoclip de la cinta anterior! ¿En serio? Por suerte, este grupo de jóvenes despierta la simpatía justa como para que se lleve bien la falta de rumbo claro, con la excepción de Moira, que es un pequeño desastre: ¿qué pinta en la narración? Pero de resultar lo justo de interesantes a deslumbrar, a dejar huella, hay un trecho muy grande. Si al final todos o al menos varios protagonistas avanzaran algo o se unieran dando un clímax que los exprimiera bien, pues quizá tanta exposición regulera se hubiera pasado un poco por alto, en plan “era necesario poner ciertas bases, aunque no fueran muy llamativas”. Pero me temo que también descuida mucho las transiciones y los desenlaces: cada uno tendrá la típica revelación en que acepte sus poderes y elija bando, pero sin avanzar realmente en su historia personal.

La psique de Tormenta no llega a abordarse a pesar del tiempo que ocupa. La de Mariposa Mental mejor no hablamos, sólo está para cumplir el cupo de enemigos, que no llegaban. Angel lo mismo, y no se sabe por qué Apocalipsis elige un mutante tan birria. Rondador aparece prácticamente en cada plano pero no se sabe nada de su vida y pensamientos. Bestia no avanza en ningún sentido, se ha relegado a relleno también. Scott y Jean qué hacen aparte de acercarse un poco el uno al otro; bueno, ella repite el clímax de X-Men: La decisión final en modo ligero, pero es lo mismo, es no aportar nada. Los peores parados son de nuevo los más relevantes. Con Peter parece que el realizador va a hacerlo avanzar en su drama (decirle a Erik que es su hijo) pero se lo guarda negligentemente para otra entrega. A esto se le suma el ciclo no repetitivo, sino ya cansino, de Erik. ¿Para qué sumerges a ambos en una tragedia de familias, de pérdida y búsqueda, si no los vas a llevar a una conclusión? Xavier sigue inmóvil, como si cumplir con lo de la calvicie fuera suficiente para señalar alguna supuesta evolución. Mística cada vez es más buena; fijo que se convertirá en la chunga de la primera X-Men en el último momento del último episodio en un giro trágico que la empuje al mal camino; igual ocurrirá con Magneto, supongo, porque Singer parece haberse inclinado por la fórmula blanda del cine comercial actual (Marvel a la cabeza): los protagonistas no pueden ser malvados, sólo llevados momentáneamente hacia la locura. Y para rematar, el conflicto con Apocalipsis se desarrolla de la forma más predecible posible. Este súper invencible villano (que quiere que lo adoren como a un dios pero en vez de mostrar grandeza lo destruye todo… que me lo expliquen) será derrotado por la esperable combinación de todos los poderes y el deus ex machina que se veía venir de lejos.

El otro gran problema es que ni si quiera da la talla como espectáculo. El ritmo aletargado y sin savia, las partes de acción poco inspiradas, y un aspecto visual que no cumple como debería, conforman una superproducción que parece haber costado la mitad de lo que dicen (178 millones de dólares). Los efectos de destrucción de ciudades no son nuevos ni se utilizan en elaboradas secuencias de acción, con lo que no impresionan lo más mínimo; se quedan a años luz de Transformers y Los Vengadores, la competencia más directa. Y en muchos momentos lo digital se nota demasiado: el campo de concentración o la reconstrucción de la mansión parecen un videojuego (por cierto, menudos conocimientos de arquitectura tienen los mutantes), y a veces la integración de actores con fondos añadidos en postproducción, como la escena de Apocalipsis usando a Xavier en el desierto, dan vergüenza ajena. Los robots y el estadio de Días del futuro pasado pasado quizá no sorprendían, pero al menos su acabado era imponente. Primera generación tampoco era impactante en lo visual, pero se suplía con una historia y unos personajes estupendos.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
-> X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

X-Men: Días del futuro pasado (incluyendo la Rogue Cut)


X-Men: Days of Future Past, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 131/149 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Simon Kinberg, Jane Goldman, Matthew Vaughn.
Actores: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Peter Dinklage, Evan Peters, Patrick Stewart, Ian McKellen, Halle Berry, Nicholas Hoult, Ellen Page, Shawn Ashmore, Johs Helman.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, del reparto y de la puesta en escena. En el guion se nota esfuerzo por contar las cosas bien…
Lo peor: … aunque hay deslices, agujeros y cosas cogidas por los pelos.
Mejores momentos: La discusión entre Erik y Charles en el avión.
La pregunta: ¿Cómo puede escuchar música Mercurio cuando va a toda velocidad?
Versiones: Finalmente vio la luz la versión extendida, llamada Rogue Cut. He actualizado la crítica para incluir al final mi opinión sobre la misma.

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Alerta de spoilers: Quizá revelo demasiados detalles para quien quiera verla sin saber nada.–

Me ha resultado difícil catalogar, analizar y puntuar esta película. El público la ha recibido de manera entusiasta, pero entre los más cinéfilos y sobre todo los frikis hay algo más de disensión, o al menos se considera buena aunque con algunos peros importantes. El problema es que intenta abarcar mucho, esquivando también mucho, y no siempre está acertada.

El primer punto conflictivo es que nace como un reinicio poco disimulado. La saga había caído muy bajo, tanto en calidad como en giros de trama y muertes más o menos innecesarias de personajes, con X-Men: La decisión final (que cerraba la trilogía original) y las dos partes de Lobezno (en especial la primera, más centrada en eventos de la Patrulla X). Bryan Singer, que puso en marcha la serie (X-Men, X-Men 2), al igual que muchos fans estaba muy descontento por como la manejaron los directores que la continuaron, y en un intento de redirigirla o resucitarla dio forma a X-Men: Primera generación, que tan bien dirigió Vince Vaughn. Era una saga paralela, yendo a los orígenes de la Patrulla X con nuevos actores para los personajes en sus versiones jóvenes. Apoyado por su gran y merecido éxito de crítica y público decidió que la serie podía ser salvada no sólo tangencialmente, sino por completo, porque el famoso cómic Días del futuro pasado le permitía unir las dos líneas narrativas mediante una historia de viajes en el tiempo. Así pues, ni corto ni perezoso aprovechó las paradojas temporales para establecer una nueva realidad donde los personajes principales que murieron ahora siguen vivos.

¿Está justificado llevar las nuevas entregas hacia un punto en el que esos títulos denostados desaparecen de la continuidad? ¿No es engañar al espectador decir ahora que dos o tres películas sobran? ¿No es jugar con nuestra inteligencia y sentimientos el matar y resucitar personajes sin control alguno? Por no decir que no queda claro qué películas son borradas en la nueva realidad. X-Men: La decisión final es evidente, porque resucitan a los ahí muertos, pero con las dos de Lobezno hay que ponerse a analizar a fondo qué partes son reinventadas. Los fans se han montado esquemas enrevesados, pero con la sensación de improvisación que tiene la serie prefiero no perder el tiempo pensando en ello. Al final no queda otra que aceptar el truco de las realidades paralelas como excusa para renovar la saga, no en vano este título en conjunto es bueno y los que vienen resultan prometedores. Pero eso no elimina la sensación de confusión y, en mi caso, tampoco del todo la de engaño, aunque se aplaca bastante porque en parte endiento el esfuerzo y los problemas a los que se ha enfrentado Bryan Singer.

Pero aun así hay un límite que no debería sobrepasarse y que sí me molesta bastante, hasta el punto de impedirme disfrutar del todo de las virtudes de esta entrega. Hablo del asunto de eliminar y resucitar personajes. No me gusta nada el viejo y cansino método de matar personajes a mogollón sólo cuando sabes que vas a tener un reset al final. Así, el clímax donde los mutantes del futuro caen como moscas sabe a falso y manipulador. Y con las reapariciones de fallecidos como Jean Grey se remata la jugada. Si se rompen los límites de la verosimilitud y de la conexión emocional, si no sabes que el muerto se va a quedar muerto, si ves venir que el argumento es una trampa circular barata o como queráis llamarlo, pues no sé vosotros, pero yo tendré problemas para conectar con el relato, es más, puedo sentirme estafado.

Además la historia comienza con cosas sin explicar, porque no hay forma de hacerlo sin perder mucho tiempo o cambiar por completo el argumento. Xavier aparece vivo y con el mismo cuerpo, y quien no haya visto la escena post-créditos de La decisión final no podrá entenderlo, y aunque lo haga es probable que le parezca otra trampa argumental. ¿Es aceptable tener que ver cosas ajenas a las películas para entenderlas? Porque para mí una escena extra no forma parte de la película. Siguiendo con Xavier y esos anexos, resulta que no se explica tampoco la escena post-créditos de Lobezno inmortal, donde Xavier y Magneto van a buscar a Lobezno en el presente. Y pasando a otro mutante, ahora resulta que Kitty tiene poderes que antes no tenía, todo por meter un rol conocido en la trama.

Pero si superamos esa barrera emocional, si esas omisiones y artimañas descaradas no nos tiran abajo la película, todavía se puede disfrutar de una buena cinta de superhéroes, y de hecho de una buena entrega de X-Men. Sigue teniendo algunos puntos mejorables, pero los aciertos son más destacables.

El argumento de viajes temporales en el fondo es muy clásico y se ve venir de lejos, pero se utiliza sabiamente, sin caer en topicazos, sin resultar farragoso o confuso en los saltos entre tiempos y protagonistas. De hecho el ritmo es muy bueno, siempre activo y con la trama y los personajes bien expuestos y desarrollados. Sólo se resiente un poco en la batalla final, pues las idas al futuro aportan poco aparte de sensacionalismo y el desenlace en el pasado es un poco repetitivo, pues es básicamente el mismo que el de Primera generación: Xavier y Erik enfrascados en una disputa moral ante un mundo que puede aceptar o perseguir a los mutantes según salgan las cosas. Pero aunque como final no tiene la pegada que debería, no es como para llevarse las manos a la cabeza, sobre todo porque la calidad de los personajes sustenta prácticamente cualquier cosa. Lo que sí sobra por completo es ese toque último de misterio con Mística disfrazada de Striker, que además de confuso es tramposo y mosqueante. Confuso porque no se sabe cómo y por qué acaba ahí (o qué pretenden con ello los guionistas), tramposo porque pone intriga artificial cuando sabemos que en la próxima entrega pueden hacer caso omiso como han hecho otras veces, y mosqueante porque precisamente ese final de Lobezno apuntaba directamente a que su línea temporal con Striker seguiría su curso, pero con Mística en medio lo enmarañan aparentemente sin venir a cuento.

Lo mejor es que la esencia de la Patrulla X brilla con intensidad. La lucha por los derechos y la integración, el conflicto contra las ambiciones y fobias de los poderosos, y sobre todo la propia lucha entre los mutantes por su forma de entender el mundo ofrecen un relato con varias capas y estilos muy equilibrados: la combinación de drama, mensajes y acción es excelente. La confección de los personajes es primordial en la ecuación, y es muy acertada. Destaca la profundidad emocional de Erik y Charles, el juego que da su dualidad y confrontación constante, así como el carisma de Lobezno, que por cierto muestra muy bien su evolución respecto a capítulos previos (más implicado en el grupo y la misión, de hecho termina liderando). Los secundarios no parecen incluidos por cumplir con el cómic y todos tienen su lugar en la historia. Pero aquí también hay un desliz. Para ser Mística tan protagonista no le dan suficiente profundidad al personaje, y una actriz tan competente como Jennifer Lawrence está muy sosa porque no hay margen para sacar más. Los demás sí trabajan muy bien: Michael Fassbender, James McAvoy y Hugh Jackman están como siempre estupendos; el momento en que discuten en el avión quita la respiración por todo lo que significa para los protagonistas y por la interpretación de los actores.

Donde no falla ni una pizca es en otro punto esencial: el espectáculo no se descuida. Visualmente es impecable desde los efectos especiales a la dirección de Singer. Las escenas de acción se planifican bien y el sensacionalismo visual (el estadio es quizá excesivo, la escena de Mercurio puro vacile) no engulle a la trama y personajes.

Como muchos fans, hubiera preferido que siguieran con la segunda parte de Primera generación, la mejor de la serie, en vez de meterse en este embrollo de reinicio forzado, pero al menos el resultado es francamente bueno más allá de lo que nos guste o no la manera de relanzar la saga y resucitar personajes.

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Actualización del original publicado el 16/10/2014:
Vista la versión extendida, llamada Rogue Cut (Versión Pícara, vamos)

Huelga decir que hay dos tipos de versiones extendidas de películas: las que merecen la pena y las que no. Algunas ediciones en dvd/bluray incluyen escenas extra sólo como reclamo, sin aportar nada esencial a los personajes o la trama. Pueden ser minutos que no hagan daño o pueden alagar innecesariamente la cinta. Por ejemplo la extendida de Terminator 2 no aporta nada y ralentiza el perfecto ritmo de la versión original. Luego están las ganan calidad, porque fueron recortadas negligentemente por la productora de turno, donde pensaban que una versión más reducida (y generalmente menos violenta) sería más viable comercialmente, pero luego resulta que lo que quedó fue un resumen malogrado. Los mejores ejemplos son Abyss, El reino de los Cielos y Alexander, cuyas versiones del director son inmensamente superiores a sus estrenos en cines.

¿En qué categoría entra la extendida de Días del futuro pasado? Pues concretamente en ninguna de las dos, la verdad, es más bien un caso nuevo. Como producción que tiene una parte de su público, el fandom, que es muy fiel y conocido por comprar cualquier edición que vea la luz, la productora no puso pegas al capricho del director Bryan Singer de sacar una edición más larga. Pero esa idea no obedece a razones narrativas, a que en cines tuviera que resumir o alterar el montaje por presiones externas. Lo que ocurrió es que rodó una subtrama con un personaje secundario, Pícara, solamente porque era muy apreciado en la saga, tanto por los seguidores como por él, pero luego vio que en el relato no pintaba mucho. Y como le han dejado ha sacado una versión que incluye ese capítulo anecdótico pensando en que gustaría, pero lo cierto es que es raro encontrar opiniones a favor de este montaje nuevo, la grandísima mayoría, incluso teniendo en cuenta lo que deseábamos ver al personaje, coincide en que la película no gana, sino todo lo contrario.

Siendo una obra pausada más que de acción trepidante, centrada en desarrollar el conflicto de sus personajes y formar las escenas cumbre desde esa base, ralentizar el ritmo aumentando el metraje con secuencias ligeras o intrascendentales es bastante contraproducente. La Rogue Cut incluye casi veinte minutos extras de pura morralla. Tenemos algún diálogo superficial que no aporta nada al dibujo de los protagonistas (Bestia y Lobezno charlando en la mansión) y extensiones de trama poco justificadas (la destrucción de Cerebro es innecesaria -y más con esa tonta escena de sexo-, ya teníamos razones de sobra para no encontrar a Mística). Lo más esperado era ver a Pícara, pero resulta a todas luces negligente meter una trama paralela enorme para que sólo aparezca para estar sentada sin hacer nada relevante. Si interaccionara en la trama del futuro, si se relacionara con los demás personajes… pero es que no hace nada, sustituye a Kitty unos minutos y punto. Y para llegar a eso hemos tenido su rescate en la mansión, una escena de acción larga pero insustancial y anticlimática que además incluyen de forma muy extraña, narrándola de forma paralela a cuando Magneto (en el pasado) recupera su casco, como si ambas cosas tuvieran alguna relación. Hay otros tantos detalles cambiados, pero son igualmente irrelevantes: qué más da dónde muera uno de los mutantes del futuro, si sabemos que esa línea se rehará.

Así pues, si vuelvo a verla será en la versión cines, y pienso que esta Rogue Cut quedará como una curiosidad fallida que probablemente se olvide con el tiempo.

Como siempre, movie-censorship hace una comparación exhaustiva.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
-> X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

La gran estafa americana


American Hustle, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 138 min.
Dirección: David O. Russell
Guion: David O. Russell, Eric Warren Singer.
Actores: Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Louis C.K.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El magnífico reparto y la buena calidad de los personajes la salvan del suspenso, pero…
Lo peor: … no evitan que sea un coñazo. El guion, de narrativa morosa y sin rumbo. La dirección, con escasos recursos. Su duración, a todas luces excesiva.

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A la altura de la los cuarenta minutos de proyección me seguía preguntando cuándo iba a empezar la película. Pero no queda otra que aceptar que su ritmo y tono es ese: superficial, monótono, deslavazado, sin rumbo claro. El guion de David O. Russell es flojo tirando a malo: qué mal presenta la historia y lanza el grueso de la trama, para finalmente llegar a un desenlace que no es tan sorprendente como finge ser. Entre medio la profundidad del relato es mínima: interés, complejidad y trascendencia y brillan por su ausencia, mientras que la monotonía y la incapacidad para ir al grano y no perderse en recesos innecesarios se hacen patentes minuto tras minuto; y lLa voz en off que te explica de vez en cuando lo que precisamente vemos que está ocurriendo remata esas sensaciones de imprecisión.

La puesta en escena es vistosa gracias a la ambientación (destacan las excelentes labores vestuario y maquillaje), porque David O. Russell de nuevo demuestra que dista mucho de ser el gran artesano que tantas nominaciones a premios mediáticos parecen reconocerle. The Fighter y El lado bueno de las cosas mostraban muchas carencias narrativas, y en esta estamos ante la misma situación. Algo más de vida sí consigue, alejándose del aspecto de telefilme del primer ejemplo, pero eso de que ha descubierto el travelling también tiene su lado malo: repite el cliché de acercarse al rostro del personaje demasiadas veces, dando la sensación de que estamos en la misma escena una y otra vez. Esta falta de recursos, de visión, se traduce en que el pobre libreto no gana enteros al ser llevado a la vida.

Como decía al inicio, se hace larguísima (dos eternas horas y veinte minutos), nunca es capaz de atrapar por culpa de su falta total de originalidad e ingenio, por su nula habilidades para asombrar, intrigar, divertir y emocionar, porque no sabe ofrecer giros eficaces ni lograr que cuando se torna inverosímil el espectáculo disimule la falta de credibilidad (en esto último O. Russell juega a ser Scorsese, estrellándose en el intento). Es una película sin sustancia ni energía, no se ve en ningún momento la supuesta gran aventura que viven los protagonistas.

Por suerte, esos personajes salen bien parados y sustentan hasta los largos capítulos donde el realizador parece olvidarse por completo de contar algo. En lo que sí ha demostrado Russell ser muy capaz es en la descripción de caracteres y en la dirección de actores, siendo estas cualidades las únicas que realmente han dado calidad a sus películas, destacando sobre todo la presente, la más malograda en cuanto a guion. Los cuatro protagonistas, incluyendo a la esposa rechazada, que tiene poca presencia pero resulta fascinante, son lo único que mantienen con vida el relato. Sus formas de ser se plasman bastante bien y su evolución resulta interesante, porque se ve muy bien el cambio que van sufriendo en sus vidas. Es fácil conectar con ellos, sus vivencias llegan con cierta intensidad incluso en los momentos menos atractivos de la aventura, y los actores los realzan de forma impresionante, dando el que sea probablemente el mejor reparto coral del año.

El camaleónico Christian Bale (aunque cabe preguntarse si de verdad era necesario engordar para el personaje) se inspira en el mejor Robert de Niro (hasta el tono de la voz recuerda a él ocasiones; por cierto, De Niro aparece en un pequeño papel) pero sin dejar la sensación de imitación: construye un rol completamente único, reconocible y creíble en cada gesto y tic, en las miradas, la forma de hablar… Este papelón reafirma a Bale como uno de los mejores intérpretes del presente, sobre todo ahora que el otro gran camaleón, Russel Crowe, anda algo en segundo plano. Amy Adams también está fantástica: pletórica en los mejores momentos del personaje, transmitiendo una energía que se contagia, y pasando magistralmente hacia la congoja y finalmente la desesperación cuando se tuercen las cosas. Es inenarrable la intensidad que muestra en la escena en que le dice la verdad al agente. Jennifer Lawrence arrasa en las tres o cuatro escenas que tiene: es increíble como una chica aparentemente tan dulce puede lograr un rol tan alocado y enérgico, además en un estilo diferente al de El lado bueno de las cosas, menos majareta y más inmadura y ajena a la realidad. Por cierto, no puedo evitar comentar la espectacular belleza de ambas mujeres, y lo hipnótico que resultan los escotes exageradísimos que les hacen llevar. Bradley Cooper está muy bien como agente obsesionado y descarriado, pero su labor en la recién citada El lado bueno de las cosas fue bastante superior. Los otros pocos secundarios relevantes están muy correctos: Jeremy Renner demostrando que es más que un actor de acción, Louis C. K. como eterno secundario de calidad.

Aunque se podría decir que la interpretación de Matthew McConaughey en Buyers Dallas Club supera al esfuerzo de Bale, Lawrence como secundaria le da mil vueltas a la favorecida por la Academia, Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud), si acaso debería haber sido rival directa de Sally Hawkins (Blue Jasmine), donde no sabría a quién elegir. Amy Adams, con cinco nominaciones a los Oscar a cuestas, tenía aquí el papel perfecto para ser el mejor del año, pero es que Cate Blanchett está insuperable en Blue Jasmine. De todas formas, aquí caigo en los errores de los medios y entregas de premios: destacar un solo papel cuando hay tantos excelentes es injusto, porque parece quitarle méritos a los demás. Pero como me suele pasar, no puedo evitar comentar los eternos desaguisados de los Globos de Oro y sobre todo los Oscar. En este caso destaca lo terriblemente injusto que es premiar por popularidad: las ridículas nominaciones a dirección, guion y película vuelven a señalar otro año más el sinsentido que son estos certámenes.

Casi ni la acabo, de plomiza y fallida. ¿Una de las diez mejores películas del año? Una de las peores, si acaso (hablando de producciones de primera división, claro). Al menos su éxito ha servido para reconocer a su memorable reparto, que en otras condiciones seguramente pasaría desapercibido. Por lo demás, dan ganas de ponerse El golpe (The Sting, 1973) para quitarse el mal trago.

Los Juegos del Hambre: En llamas


The Hunger Games: Catching Fire, 2013, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 146 min.
Dirección: Francis Lawrence.
Guion: Simon Beaufoy, Michael Arndt, Suzanne Collins (novela).
Actores: Jennifer Lawrence, Liam Hemsworth, Josh Hutcherson, Elizabeth Banks, Woody Harrelson, Lenny Kravitz, Stanley Tucci, Toby Jones, Philip Seymour Hoffman, Jena Malone, Donald Sutherland.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes tienen algo de calidad, el mundo imaginario posee bastante potencial.
Lo peor: Superficial, irregular, aburrida.

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Como la primera parte, esta es una película de quieros y no puedo. Por suerte no espero nada de la saga (no soy lector de las novelas ni fan de la adaptación) y simplemente las veo y las olvido, porque si no me estaría tirando de los pelos por ver tantas posibilidades desaprovechadas. Hay un potencial enorme en todos los elementos de la trama y en todos los personajes, pero nunca termina de emerger del todo. La dictadura, el pueblo a un paso de la hambruna y de la rebelión, el control de la población que se hace a través de los medios de comunicación y los juegos, los personajes planteándose formas de lucha, el complot del que Katniss es una herramienta más… Todo se queda en la superficie, porque se difumina unas veces o se pasa descaradamente de ello otras.

Metraje hay de sobra, pero el guion nunca parece ser capaz de concretar y ahondar e ir al grano. Se pierde en cosas triviales y dedica demasiado tiempo a exponer cosas evidentes. Una escena magistral de un viejo ejecutado es un gran ejemplo de lo alto que podría llegar el relato, un listón que olvida en un trajín de intrascendentes viajes, cansinos lloriqueos de los protagonistas, romances simplones y apariciones en la tv demasiado largas, por no mencionar que se fuerza demasiado el tono juvenil, con el cansino triángulo amoroso.

Y de nuevo el paso al juego rompe el poco ritmo que había, pues deja de lado una trama política con algo de contenido para ir a una aventura de supervivencia anodina. Igual que en el primer capítulo la estancia en el juego (supongo que heredándolo de la novela) es incapaz de mostrar algo emocionante y complejo, ofreciendo un viaje desganado donde los pocos recursos que ofrece son bastante tramposos y rebuscados: en vez de reforzar el prometedor conflicto entre personajes y la lucha contra la hostil naturaleza, tenemos triquiñuelas tecnofantasiosas que parecen improvisadas.

Para colmo, la evolución respecto al episodio precedente es mínima. Se ve que Katniss ha cambiado bastante, de hecho, es un buen rol central, pero la trama es exactamente la misma, paso por paso, capítulo por capítulo. Sabiendo que iba ser una historia apenas cambiada por los nuevos puntos de vista de la protagonista podrían, qué digo, deberían haber aprovechado para dar más entidad a los correctos pero mejorables personajes secundarios y sobre todo al entorno, a la exposición y desarrollo del universo. ¿Sabemos algo nuevo del mundo tras otras dos horas y media de película, o ha cambiado este lo suficiente como para ofrecer nuevos horizontes narrativos? Nada de nada. Tan solo el epílogo va un paso más allá. Así pues, parece un remake realizado con más presupuesto. Y se nota en la ambientación (la ciudad y la selva son bastante espectaculares), pero no en la puesta en escena, que es bastante normalita.

Como la primera parte, resulta demasiado irregular, larga, pesada y poco emocionante a pesar de prometer mucho. Como suele ocurrir, esto no es problema para que la taquilla reviente, pues el público ya está acostumbrado a tener el listón muy bajo.

Saga Los Juegos del Hambre:
Los Juegos del Hambre (2012)
-> Los Juegos del Hambre: En llamas (2013)

El lado bueno de las cosas


Silver Linings Playbook, 2012, EE.UU.
Género: Comedia, drama.
Duración: 122 min.
Dirección: David O’Russell.
Guion: David O’Russell, Matthew Quick (novela).
Actores: Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Jacki Weaver, Chris Tucker, John Ortiz, Shea Whigham, Anupam Kher, Julia Stiles.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Actores, personajes. El primer tramo, original y muy intenso.
Lo peor: Altibajos enormes, ritmo mediocre, rumbo nada claro y final simplón.

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El lado bueno de las cosas empieza de manera muy prometedora. Un pobre desgraciado ha tenido un brote de locura debido que era bipolar sin diagnosticar, y como resultado acaba encerrado en el loquero durante un tiempo. Sale bajo vigilancia de su psiquiatra, y si no se adapta de nuevo a la vida podría acabar encerrado de nuevo. Se deja entrever un buen drama con toques de comedia sobre la frágil psique humana, lo difícil es que volver a encajar cuando todos piensan que estás como una cabra, y se exponen además buenos dilemas: ¿está más loco el protagonista o los supuestamente sanos que le rodean, como su padre con la obsesión por el fútbol? El repertorio de personajes con problemas y heridas es estupendo, y explota del todo cuando hace acto de presencia la chica: una espléndida Jennifer Lawrence en un personaje glorioso. Los primeros pasos del tortuoso romance entre estos dos marginados se desarrolla al principio de forma excelente, con el punto justo de humor y amor, sin olvidar los buenos planteamientos sobre el comportamiento y las relaciones humanas.

Pero las promesas no terminar de tomar forma, de llevar la narración hacia algo realmente consistente y llamativo. De hecho, ocurre todo lo contrario: conforme la proyección avanza se va disipando a marchas forzadas. Los pequeños fallitos de ritmo e intensidad que se venían sucediendo sin notarse en exceso toman protagonismo. La trama pierde el foco, termina desbarrando en una comedia romántica demasiado previsible. El segmento final cae a límites casi nefastos, por forzado y poco interesante, y desemboca en una resolución tan facilona y previsible que decepciona (y no voy a perder el tiempo analizando el típico mensaje de la cerrada mentalidad estadounidense de superar los males internos a través de méritos externos, de que las personas solo pueden realizarse ganando al resto en algo, y si no ganan es que no valen).

El resultado es más o menos el mismo que el de The Fighter: describe buenos personajes y entorno, y ofrece un puñado de buenos momentos, pero no se exprime todo el potencial, el ritmo es renqueante y en ocasiones decae demasiado. Además, la puesta en escena es igualmente pobretona, de telefilme, con instantes donde se nota muy limitada, como en las escenas en que se requiere una buena escenificación: los bailes, sobre todo en el concurso, están fatalmente rodados. También como en The Fighter, son los actores los que han encumbrado la película muchísimo más allá de lo que merece (era favorita en los Oscar, menuda broma). Jennifer Lawrence estaba mejor en Winter’s Bone, un papel difícil de igualar, pero merece cualquier premio que le den, porque está impresionante. De ella lo esperaba, viendo su trayectoria, pero Bradley Cooper sorprende muchísimo después de tantos papeles normalitos: su interpretación es muy intensa, dota al personaje de un montón de matices sólo con la mirada, la locura, tensión y miedos que le atacan constantemente los muestra de forma totalmente creíble. Y rematan la jugada secundarios espléndidos: Robert de Niro por fin en un papel bien trabajado, Jacki Weaver manteniendo bien el tipo ante tanto peso pesado, y las breves pero espectaculares apariciones de Chris Tucker.