El Criticón

Opinión de cine y música

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El único superviviente


Lone Survivor, 2013, EE.UU.
Género: Acción, bélico.
Duración: 121 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg, Marcus Luttrell y Patrick Robinson (novela).
Actores: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch, Eric Bana, Ben Foster, Ali Suliman, Alexander Ludwig, Jerry Ferrara.
Música: Explosions in the Sky, Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Dominio absoluto de la técnica (dirección, fotografía, montaje, sonido…) que ofrece escenas de acción incomparables.
Lo peor: Por las peculiaridades del género y el argumento no es un visionado que deje huella.

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El único superviviente es la consagración de Peter Berg como director después de presentarse de forma muy prometedora con la macabra Very Bad Things y pasar a segundo plano dando muchos tumbos con producciones de escaso nivel. Friday Night Lights era aburrida y su puesta en escena excesiva y malograda, el tono simplón de Hancock y La sombra del reino no parecían señalar hacia el talento y la maduración sino hacia el acomodamiento, y finalmente Battleship, hecha como imitación a lo pobre de Michael Bay, apuntaba realmente bajo. Pero la aquí tratada recupera al realizador arriesgado y hábil que domina la narrativa sin vacilar lo más mínimo, deslumbrando con un aspecto visual realmente difícil de obtener sin la visión y técnica de la que hace gala.

La premisa, basada en hechos reales (en la novela del superviviente), es bastante básica: unos soldados destinados en Afganistán quedan incomunicados al abortar una misión y salen por patas porque una buena tropa de talibanes los persiguen a tiros. Solo uno sobrevivirá, y a duras penas. El guion como es esperable apuesta por lo sencillo y directo. Los personajes se definen tirando de alguna descripción trivial pero lo suficientemente sólida como para darles algo de profundidad, así como a través de los problemas que van surgiendo, donde se muestra bien cómo piensa y actúa cada uno. En este último estilo entra el dilema de si matar o no a los pastores que los descubren, donde discuten sobre las ramificaciones políticas y éticas de las acciones a tomar. Es un momento muy intenso donde se expone bien que en una guerra no siempre se pueden aplicar las normas a rajatabla, y donde se saca buen partido de los personajes, pues hasta entonces tenían cierto carisma pero esa escena los humaniza mucho antes de lanzar el grueso de la acción.

Antes de entrar en materia el ritmo es correcto aunque no haya un contenido especialmente llamativo. Los primeros pasos de la misión enganchan porque vamos conociendo cómo se ejecuta una tarea de ese tipo, y en los momentos de calma chicha se maneja bien la tensión. Pero a partir del punto de inflexión comienza la acción y Berg tiene claro que los pilares del relato son básicamente disparar y tratar de salvarse y por ello se esfuerza por sacarle el máximo partido a la puesta en escena. A partir de entonces la cinta resulta trepidante, sobrecogedora por momentos, pero no se basa en fuegos artificiales, sino que mantiene el foco en el tono bélico documental, resultando tanto espectacular como verosímil en la acción e intensa en el drama que viven los personajes. En todo momento se pueden ubicar los enemigos y los protagonistas, en qué situación se encuentran y qué heridas tiene cada uno: cada golpe, arañazo y balazo se ve con claridad y sabes quién se lo ha llevado. Carreras entre los árboles, caídas por barrancos (las hostias que se pegan te llegan a doler), tiroteos con estrategia, tiroteos a la desesperada… Te sumerges por completo en la odisea del grupo por salir con vida.

La luminosa fotografía con excelente uso de cámara en mano, el impecable montaje y los sobresalientes efectos sonoros (¿cuándo has escuchado silenciadores reales en una película?) son exprimidos por un Peter Berg inspirado, perfeccionista y paciente. ¿Cuánto costaría planificar, rodar y editar cada minuto de metraje? El resultado es excepcional, no se han visto escenas de acción bélica tan impresionantes, nítidas y verosímiles desde Black Hawk derribado (con la que por cierto guarda algunas semejanzas puntuales, como la escena del helicóptero abatido). Lo que se dice fallos o problemas no tiene ninguno, lo único que se puede señalar es que le falta algo para lograr ser una película que deje huella. Algún elemento que la hiciera distintiva dentro del género (tanto acción como bélico), una historia con más épica y pegada, y algo de trascendencia que permitiera recordarla más allá de ser un entretenimiento le hubiera venido bien, pero lo mismo ni lo buscaban, y además era muy difícil con un argumento de este tipo. Esto implica también que resulta un ejemplo notable de lo que debe ser un buen título de acción de ver y olvidar: el guion es sencillo pero no estúpido y visualmente resulta enormemente impactante sin tirar de acción hipertrofiada ni efectos digitales. Menos Transformers y más obras de este tipo, por favor.

Ahora bien, como producción de Hollywood es casi inevitable ver cierto tono patriótico, y no hubiera sorprendido tampoco que fuera un panfleto descarado. Hay algo de sensacionalismo barato, como esas muertes de los protagonistas reincidiendo en su heroicidad más de la cuenta (hasta resultar empalagoso en algún caso), y algo de exaltación patriótica, como eso de que sean los yanquis quienes salven al pueblo del avance talibán cuando en realidad no hubo tal batalla, pero nada llega a extremos que te hagan llevarte las manos a la cabeza. Se hubiera agradecido más neutralidad, pero sabiendo que es el retrato de unos héroes nacionales tampoco cabría esperar otra cosa.

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Plan en Las Vegas


Last Vegas, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 105 min.
Dirección: Jon Turteltaub.
Guion: Dan Fogelman.
Actores: Morgan Freeman, Michael Douglas, Robert De Niro, Kevin Kline, Mary Steenburgen, Jerry Ferrara, Romany Malco.
Música: Mark Mothersbaugh.

Valoración:
Lo mejor: Buen sentido del humor. Buenos personajes. Grandes actores.
Lo peor: Nada concreto, si acaso que es muy facilona.

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Cuatro amigos desde que eran críos rondan ahora los setenta, y cada cual hace la vida por su lado con sus propios problemas y achaques debidos a la edad. La boda de uno de ellos con una jovenzuela es la excusa perfecta para montar una despedida de soltero y volver a encontrarse. La reunión trae antiguas disputas, pero también servirá para afianzar una amistad algo oxidada.

Plan en Las Vegas es una suerte de Resacón en Las Vegas pero con abueletes de protagonistas, y si bien el tono del humor es también sencillo, se tratan temas más adultos. La descripción de cada uno de ellos es bastante correcta, y las relaciones se trabajan muy bien: conforme avanza la proyección los vemos cambiando poco a poco. Como los protagonistas tienen bastante profundidad, el relato gira alrededor de cómo enfrentan las distintas situaciones más que a mostrar situaciones graciosas sin más. Las limitaciones de la edad (enfermedades, movilidad, soledad), la perspectiva de la vida que dan los años, nuevos retos y esperanzas, enfrentar fantasmas del pasado, etc., acompañan al grupito mientras se desmadran en la ciudad del pecado.

El sentido del humor es de buen nivel, y no pierde fuelle en ningún momento. Las locuras de las fiestas (incluso las coladas porque sí, como el concurso de belleza), los chistes sobre la edad, los encontronazos entre personajes y las peculiaridades de sus formas de ser mantienen una sonrisa constante en el espectador, rematándolo con algunos buenos chistes de vez en cuando. Pero también hay hueco para el drama ligero. La disputa eterna entre dos miembros de la pandilla, las críticas a la boda con la joven, el enfrentamiento a sentimientos bloqueados (nuevos romances, nuevas formas de ver las relaciones con familia y amigos), etc. Y todo ello no engulle la comedia, si acaso la hace más trascendente al darle un poso más realista. Además no se cae en el dramón, porque no se inclina hacia la melancolía, sino que siempre busca el final alegre. Eso también se aplica al humor: no esperéis algo ácido o gamberro, es una comedia de aventuras sencillas y chistes amables.

Los actores son grandes nombres del gremio, pero eso no quiere decir nada. Tanto Morgan Freeman como Robert De Niro llevan años apalancados, rodando sin esforzarse y cobrando el cheque. Honrosas excepciones como el buen papel del segundo en El lado bueno de las cosas recuerdan puntualmente que todavía saben trabajar, pero eso no evita que un servidor abordase esta comedia pensando que quizá era otro título donde pasan sin dejar huella. Por suerte no es así, pues ambos están cómodos en sus papeles, sea por las razones que sea (les gustó el guion, el director supo manejarlos…). De Niro ofrece un estupendo cascarrabias siempre enfurruñado, y Freeman se desenvuelve bien en un anciano que recupera algo de emoción por la vida. Michael Douglas y Kevin Kline (el menos conocido y sorprendentemente el más caracterizado) están en la onda del anterior: muestran bien el cambio de la rutina y el olvido hacia un nuevo torrente de emociones.

Se puede decir que Plan en Las Vegas es quizá demasiado sencilla, que no corre riesgo alguno y resulta predecible, pero el humor mantiene el tipo, el ritmo es bueno (se hace corta) y los personajes y sus aventuras llegan con cierta intensidad. Resulta más redonda y equilibrada que otra del estilo que se estrenó hace poco, Tipos legales (con Al Pacino). No dejará una gran huella en la memoria, pero da para un rato muy agradable.