El Criticón

Opinión de cine y música

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Cloverfield (Monstruoso)


Cloverfield, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 85 min.
Dirección: Matt Reeves.
Guion: Drew Goddard.
Actores: Michael Stahl-David, T. J. Miller, Jessica Lucas, Lizzy Caplan, Odette Annable, Mike Vogel.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La parte central con acción entretiene…
Lo peor: … pero no basta para salvar el resto, tan previsible y monótono que asombra que tuvieran la cara de venderlo como si fuera una película novedosa.
Mejores momentos: Los créditos, cuando se ha acabado la tortura y suena el tema de Michael Giacchino.

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Con una buena campaña publicitaria, generando expectación mediante la intriga (algo que los traductores españoles se pasaron por el forro en el título) y la presencia constante en internet, el productor J. J. Abrams consiguió vender una cinta menor (25 millones de dólares de presupuesto) como si fuera un evento mundial que no podías perderte. Pero al final se vio que todo era humo, que fue exprimir la moda del “metraje encontrado” que inició (creo) El proyecto de la bruja de Blair y tuvo otros éxitos (como Chronicle) a pesar de que ningún título ha dado calidad cinematográfica digna de mención hasta la recomendable The Visit de Shyamalan, que en cambio en taquilla se ha quedado más corta que otras (pendiente tengo [Rec], que parece la mejor valorada, pero es que ya no me fío del género). Tirando del estilo “youtuber” (niñatos grabando sus andanzas), los clichés más rancios sobre juventud y la acción más facilona, el listo de Abrams logró colar una película de escasa trascendencia, menor inteligencia y desde luego nula originalidad, pues es una versión no acreditada de Godzilla que reúne tanto tópico que termina saturando.

La presentación no se estira mucho pero cansa bastante. El amigo simpático y un poco tonto, el prota más serio que será el héroe (a pesar de que lo presentan como alguien cobarde y sin iniciativa, menudo cambio pega), las chicas sin personalidad concreta pero atractivas, la fiesta imposible (botellón de etiqueta, todos guapísimos, nadie borracho…), la relación amorosa en tensión de rigor… Cuando por fin empieza la esperada acción resulta que sólo un par de pasajes entre tiros transmiten algo de tensión, sólo en esos instantes se alcanza lo que obviamente pretendían con la cinta: sumergirte en primera persona en el caos. Y parte del mérito lo tienen los estupendos efectos sonoros, eso sí. Pero una vez pasado el subidón, el resto va hacia cuesta abajo y sin frenos, porque la aventura de supervivencia es flojísima; en el tramo final el interés acaba por los suelos: estaba deseando que terminara de una vez, distrayéndome navegando por internet.

Primero, tras ese insustancial primer acto exclusivamente dedicado a ellos no logran dibujar personajes con los que conectar, de hecho llegan a resultar molestos por los diálogos estúpidos y los tópicos en fila. Segundo, se tira de lo básico para tratar de generar intriga (las televisiones, la gente corriendo), y no hacen amago alguno de buscar alguna escena más trabajada, sino todo lo contrario, enlazan secuencias demasiado trilladas, como el momento con visión nocturna o flash y el ataque de los bichos en un espacio cerrado… Por cierto, en esa escena del metro rompen las reglas del metraje encontrado y meten música sutil para matizar la tensión; así de falsa es la película. Por ello prácticamente sólo vemos gente cansina andando y agitando la cámara entre caos y ruido, una combinación incapaz de narrar algo concreto, mucho menos de resultar emocionante.

Y también tenemos de los agujeros de guion, pues con el poco empeño que le han puesto se cae a pedazos. ¿Cuántos amigos hay en la fiesta, cuántos por la ciudad, y cuántos familiares? Da igual, el héroe salido sólo quiere encontrar a la tía buena que le gusta (a su actual novio ni lo vuelven a mencionar), y los amigos son tan tontos que van con él (¿ellos no tienen a quienes localizar?) aunque se tiran media película diciendo que no quieren ir. Motivaciones claras, lógica… para qué. Con un “quiero rescatar a la mujer que amo” los militares rompen el protocolo, las órdenes, la cuarentena. No necesitamos lógica, las tet… el amooor lo justifica todo.

Lo peor es pensar que salió de un productor (Abrams) y un guionista (Drew Goddard) con talento y de un director (Matt Reeves) que ha demostrado luego también tenerlo (El amanecer del planeta de los simios no es buena película, pero su buen trabajo la salva bastante). Es decir, me fastidia bastante que gente que podía estar haciendo cosas serias se monten algo que básicamente es un videoclip para estaf… epatar a espectadores facilones y sacarles los cuartos. Pues no sé si se ofenderán los que han disfrutado con ella, pero yo espero más de una película, sobre todo que no me intenten engañar con un producto hecho a cachos de otros, con un nivel intelectual en negativo y con un estilo que se vende como hiperrealista (cámara en mano, ambiente en primera persona, tono post 11-S) pero canta a falso (vaya planos magníficos realizan a pesar del miedo y de correr por su vida) y maniqueo (qué facilón y superficial todo lo que se mete de fondo: ejército incapaz, saqueos…).

Lo único para recordar, aparte del memorable tema de Michael Giacchino que se escucha en los créditos, es que muchos actores han ido destacando en el mundo de las series y en menor medida en el cine: Lizzy Caplan ofrece un papelón inolvidable en Masters of Sex, T.J. Miller está en Silicon Valley haciendo muy suyo a un personaje muy característico, aunque también lo hemos visto en Deadpool, Odette Annable ha pasado por House y Banshee, y Jessica Lucas ha estado en Cult y Gotham, y lo ha intentado en cine sin demasiado éxito (Posesión infernal, Pompeya).

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Posesión infernal (2013)


Evil Dead, 2013, EE.UU.
Género: Terror, gore.
Duración: 91 min.
Dirección: Fede Álvarez.
Guion: Fede Álvarez, Rodo Sayagues.
Actores: Jane Levy, Shiloh Fernandez, Lou Taylor Pucci, Jessica Lucas, Elizabeth Blackmore.
Música: Roque Baños.

Valoración:
Lo mejor: Excelente puesta en escena. Orgía gore espeluznante. El segmento final da escenas espectaculares.
Lo peor: La falta de originalidad (en especial en su primer tramo: soso y predecible). Y por extensión, la falta de originalidad en el género.
Mejores momentos: La lengua y el cúter. La amputación del brazo. El largo e intenso final en la lluvia de sangre.

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El remake de Posesión infernal (Sam Raimi, 1981) parte de una gran limitación: el género es muy estricto, todos sus escasos argumentos están muy vistos, y si además es una revisitación de un título conocido, pues más se cierra a un esquema muy manido y por lo tanto predecible y falto de interés. Su tramo inicial, la presentación de personajes y del lugar, deja por ello malas sensaciones. Todo está muy trillado, carece de rasgos distintivos y es tan simple que augura un bodrio más del género, que los hay a patadas. Por si fuera poco en principio da la impresión de seguir la forma actual de hacer cine de terror, es decir, parece que quiere dar miedo a base de ruidos y efectos sonoros sobrecargados, sin trabajar la atmósfera de suspense e inquietud y la conexión del espectador con los personajes. Por ejemplo, darle zoom al reflejo del demonio en el espejo y remarcar su presencia con un golpe sonoro claramente sobra, pues la sutileza de verlo de refilón daba más canguelo.

Sin embargo, hay que aceptar y entender algunas de sus limitaciones. No pretende ser un drama profundo, y los personajes se definen por lo tanto con retazos sencillos y rápidos. Y por suerte esto se hace bastante bien, pues se ve rápidamente quién es quién y cómo piensa cada uno. Sin duda podría haber sido mejor, pero es que el argumento es básicamente ver cómo mueren, no cómo se enfrentan en sus últimos momentos de la vida a su yo interno y otros conflictos psicológicos que arrastren.

Pasada la rutinaria presentación el relato va creciendo poco a poco en interés e intensidad, y cuando empiezan a morir los protagonistas no se pierde tiempo en recesos innecesarios, sino que sigue adelante con firmeza, con lo que resulta un relato muy entretenido. Es indudable que no va a sorprender con quién va a caer o sobrevivir, pues es evidente, así que sus autores centran las energías en sacar de cada escena y muerte lo más espectacular y sobrecogedor posible, y por suerte la casquería y el gore funcionan muy bien. La proyección resulta una montaña rusa de emociones, de ritmo e intensidad siempre creciente, siempre yendo más allá. La lengua cortada con el cúter o la amputación del brazo darán asco hasta al espectador más curtido. La chica poseída asomando por la trampilla da escalofríos. Y cuando todo parece haber terminado se lanza en un apoteósico y largo desenlace bajo la lluvia de sangre que sin duda supone uno de los grandes momentos de la historia del cine gore. Además, aparte del delirio de sangre y vísceras, en este fantástico pasaje se consigue un ambiente de tensión y repulsión impresionante: la huida no parece terminar nunca, el monstruo es imparable, la muerte inminente.

Se nota una clara y triste falta de riesgo, se nota que ha nacido como una producción comercial que usa un referente famoso para venderse, pero al menos el director Fede Álvarez supo lidiar con la falta de trascendencia del guion rodando una orgía gore deslumbrante, horripilante, grotesca y por extensión fascinante y espectacular, eso sí, para quien sea capaz de soportar tanta sangre. Además hay que decir que es el primer largometraje de este autor, con lo que le da un varapalo considerable al Raimi de la cinta original. La fotografía es excelente, destacando su estupenda iluminación (hay no pocos planos magníficos), la música empieza siendo poca cosa (muy vista y repetitiva) pero hacia el final gana muchísima calidad (qué coros) y le da un punto extra a las escenas, la planificación y edición de cada secuencia es muy buena…

Es indudable que Posesión infernal pedía a gritos un remake (es una de las pocas películas de la que podría decir tal cosa), pero quizá llega tarde, porque el género está muy visto y es imposible no pensar en que podrían haber dedicado este talento y esfuerzo realizando una historia original y arriesgada que diese una película con interés y carisma suficientes como para ser recordada.

En lo que a mí respecta, quitando su falta de originalidad es uno de los mejores títulos de terror y gore que he visto en los últimos años.