El Criticón

Opinión de cine y música

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Kong: La Isla Calavera


Kong: Skull Island, 2017, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 118 min.
Dirección: Jordan Vogt-Roberts.
Guion: Dan Gilroy, Max Borenstein, Derek Connolly, John Gatins.
Actores: Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, Brie Larson, John C. Reilly, John Goodman, Corey Hawkins, Jason Mitchell, Shea Whigham, Toby Kebbell, Eugene Cordero, Thomas Mann.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Es una obra con personalidad, tiene consciencia de que es un entretenimiento, una factura impecable y unos personajes carismáticos.
Lo peor: En la pelea principal de los helicópteros contra King Kong la verosimilitud cae por los suelos, y al menos a mí me fastidió la experiencia. El prólogo es completamente innecesario.
El título: No sé por qué le han quitado el King. Por eso andará tan cabreado el mono.
La frase: Reconozco a un enemigo en cuanto lo veo -Coronel Packard.

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Godzilla me resultó bastante entretenida, aunque se atascaba un poco en los clichés típicos del género, pero lo cierto es que esta nueva versión de King Kong, destinada a formar una serie con ese otro monstruo, no me llamaba mucho, ni siquiera contando con que los avances prometían al menos un aspecto visual potente. Pero como suele pasar, he acabado viéndola… y me ha sorprendido gratamente, he encontrado una superproducción que define a la perfección lo que debería ser el cine de acción comercial: con personalidad, consciencia de que es un entretenimiento, factura impecable y actores carismáticos en unos protagonistas más que decentes. Un par de semanas antes vi La gran muralla… y no hay color.

La introducción del misterio de la isla y los personajes que quieren resolverlo, más la unión del resto del equipo, la despachan rápido, que ya conocemos la historia y para colmo en los tráileres para variar nos han reventado más de la cuenta. Y aun así no sabe a precipitado, de hecho consiguen concretar las características de cada rol sin dejar la sensación de que cumplen con desgana con los estereotipos. Llegamos a la isla en un visto y no visto y entramos en materia sin rodeos innecesarios. Muchas películas hubieran perdido el tiempo posicionando personajes y relaciones, pero esta ha caído en manos de unos guionistas más hábiles, y las van desgranando poco a poco incluso entre las escenas de acción.

El grupo no es deslumbrante pero sí la mar de interesante. Reconoces quién es quién, más o menos intuyes cómo reaccionará cada uno, y siempre sabes dónde se encuentran, a pesar de estar muchas veces separados. Es cierto que su recorrido emocional es tirando a nulo, pero tampoco hacía falta que vivan un proceso de aprendizaje o que superen un drama psicológico, algo a lo que se aferran sin justificación clara en demasiadas cintas de acción. Como mucho se puede criticar que de algunos podrían haber sacado un poco más, en plan que sufrieran y se esforzaran más, pues a veces parece que tiran para adelante sin sudar mucho. Pero con el carisma logrado con la combinación de unos diálogos muy inspirados, llenos de humor, y unos actores de calidad, se perdona bastante.

Queda claro que el explorador (un estupendo Tom Hiddleston) está bien curtido en su trabajo y sin él se aburre, igual que el militar (Samuel L. Jackson), que además arrastra la obsesión con una guerra no acabada. Es evidente que el antibelicismo mueve a la fotógrafa, y esto resulta esencial en algún momento, aunque se podría decir que con un talento como Brie Larson podrían haber reforzado un poco más la parte dramática. El tesón y entusiasmo de los que dirigen la investigación (John Goodman, Corey Hawkins) es palpable, y Goodman como siempre se come la pantalla, aunque su destino es un tanto extraño. Hasta los secundarios tienen una personalidad tangible, no son maniquíes destinados a morir… Bueno, en realidad con estos hay dos excepciones, dos individuos que no aportan nada: la cuota-asiática encarnada por Tian Jing (vista recientemente también en La gran muralla) y la cuota de empresario cargante a la que da vida John Ortiz; por suerte su presencia es anecdótica y no molestan. Pero el que termina resultando más interesante es el menos esperado, el náufrago encarnado con entusiasmo por John C. Reilly, cuyo punto de locura, sin excesos tontos como cabría esperar en el cine comercial contemporáneo, es tronchante y no impide que resulte una figura muy humana.

Debo matizar que la entrada en la isla tropieza un poco, pues la primera gran escena es bastante espectacular pero lo cierto es que me dejó frío. La aparición de King Kong derribando helicópteros es imponente en lo visual, con una orgía de destrucción bastante intensa, pero en la verosimilitud hace agua por todas partes. Para empezar, tenemos los helicópteros que se multiplican (se cuentan seis despegando del barco, pero en el aire se materializan trece), luego te tiras un rato preguntándote para qué llevan tantos… Al final está claro que es para usar como carnaza para tratar de lograr una secuencia de proporciones épicas, pero podían haber disimulado un poco, que no hay personajes y currantes del proyecto para llenar tantos. Y, sobre todo, no hay quien se crea tanta incompetencia en unos militares veteranos, cuya estrategia de ataque es acercarse en línea recta al simio y disparar, lo cual hacen sucesivamente a pesar de que ven a sus compañeros caer uno detrás de otro.

Por suerte, a partir de ahí no hay ningún momento que rechine, sino todo lo contrario, se saca gran partido del escenario incluso teniendo en cuenta que hay bastantes situaciones nada novedosas, pues ya hemos visto muchos filmes de monstruos. El director Jordan Vogt-Roberts obtiene un espectáculo de primer nivel, y todo ello sin abusar del efecto especial en una película que, por narices, los tiene en casi cada plano. La puesta en escena deja ver muy bien los golpes y la reacción de los personajes, y a la vez transmite la sensación de caos y destrucción, todo ello sin borrones, sin agitar la cámara más de la cuenta, y como digo sin abusar de las digitalizaciones o logrando que estas no se noten. Cualquier otro en estas circunstancias habría volado con la cámara sin ton ni son por todas partes, pero este realizador sabe siempre dónde poner el objetivo para transmitir la impresión de que estamos viendo una situación real incluso cuando sólo los colosos se zurran. Pero además tiene tiempo de esforzarse buscando la belleza, y de paso también el homenaje, pues Apocalypse Now viene a la mente en varias ocasiones. Sí, hay algún plano-vacile descarado (esos protagonistas posando con el horizonte al fondo), pero en general, para ser una cinta de acción, resulta asombrosamente delicada y hermosa en su fotografía.

No sé cómo Vogt-Roberts llamó la atención del estudio para encabezar un proyecto de este tamaño, pues en su haber no tiene ninguna obra de gran calibre, sólo unas pocas series desconocidas. Pero el acierto ha sido muy llamativo. Como Gareth Edwards con Godzilla, ha deslumbrado como hacedor de grandes espectáculos, y su carrera habrá que seguirla con atención.

Por supuesto, hay que alabar también el titánico esfuerzo del equipo técnico. Los efectos digitales son abrumadores, estamos en la liga que sólo unas pocas series con enorme apoyo detrás (presupuestario y empresarial) alcanzan, como Los Vengadores, Transformers y las nuevas entregas Las guerra de las galaxias. Impecable es decir poco. Seguro que hay infinidad de planos de la isla que son falsos, pero no se nota nada. Los animales son impresionantes, parecerían reales si no fuera porque su diseño fantasioso los delata. Los momentos más difíciles, como la batalla de Kong con algún otro monstruo en zonas de agua, son alucinantes, la conjunción de paisajes, actores, agua y criaturas es perfecta. Vuelvo a comparar con el otro taquillazo de la temporada: qué cutre resultaron los efectos especiales de La gran muralla y qué mal estuvo su director aunque tenía muchísima experiencia.

Eso sí, le faltan algunas puntadas para el notable. Se echa de menos algún escenario más original y sacar más provecho de unos personajes con potencial, y se podían haber resuelto mejor algunas partes. El prólogo sobra por completo, es anticlimático y evidente. Encontrarse al piloto sin más hubiera sido una buena sorpresa (o no, viendo que en los avances te cuentan todo hoy en día). La batalla principal con los helicópteros ya la he mencionado: podría haber sido mejor sin forzar tanto la cosa. Por otro lado, la selección musical está muy trillada, y aunque funcione porque son buenas canciones, podían esmerarse en sorprender un poco; aparte, hay demasiadas, un par de numeritos musicales sobran. En cuanto a la banda sonora original, tampoco se han esforzado mucho, al contrario de lo visto en Godzilla, donde eligieron a uno de los mejores compositores del momento, Alexandre Desplat, y dejaron que trabajara a gusto. La labor de Henry Jackman es bastante básica, rudimentaria, cumple con lo que le piden y ya está.

En resumen, Kong: La Isla Calavera tiene personalidad, estilo y calidad suficientes para considerarla una buena película, algo que en el cine comercial actual, lleno de títulos mediocres, es bastante sorprendente. Sin embargo, creo que su tono de aventura desenfadada está siendo tomado por algunos espectadores como “es tonta y cutre”. Eso se le puede aplicar a La gran muralla, que resultaba irrisoria por la cantidad de estulticia que emanaba de su guion y la puesta en escena fallida, pero no aquí, donde son conscientes de la fantasía excesiva que tienen entre manos y exprimen el factor entretenimiento con sabiduría. Quizá es que han sido demasiado sutiles. Por ejemplo, el rol de Samuel L. Jackson es criticado como acartonado, simple o estúpido, cuando a mí me parece evidente que buscan una hipérbole, una vuelta de tuerca al estereotipo: es tan exagerado como toda la aventura, y su decisión final deja claro que lo sabían y se están riendo de ello.

Ver también:
Godzilla (2013)
-> Kong: La Isla Calavera (2017)

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Langosta


The Lobster, 2015, Grecia, Irlanda, Países Bajos, Reino Unido, Francia.
Género: Comedia, drama.
Duración: 119 min.
Dirección: Yorgos Lanthimos.
Guion: Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou.
Actores: Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, Ashley Jensen, Ariane Labed, Angeliki Papoulia, John C. Reilly, Léa Seydoux, Michael Smiley, Ben Whishaw, Roger Ashton-Griffiths.

Valoración:
Lo mejor: Original, reflexiva, divertida. Los personajes llegan hondo.
Lo peor: Le falta ritmo y gracia. A veces puede resultar un poco rebuscada.

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En plan distopía a medio camino entre el surrealismo y la sátira, Langosta hace una deconstrucción de las bases de las relaciones humanas, en especial la amistad y el amor. Diversas convenciones sociales, limitaciones personales y otros clichés son desmenuzados y caricaturizados, supongo que con la esperanza de que reflexionemos sobre vicios, errores y costumbres muy generalizados que obstruyen vínculos que deberían fluir de forma más natural, sensata y honesta.

El tono es irónico rayano la humillación, porque como te sientas identificado con alguno de sus ejemplos te hará trizas. Me gustó mucho lo descarado que es con las falsas amistades y los intentos de afianzar las parejas con gustos (¡y dolencias!) fingidos, pero este ensayo tiene numerosos escenarios y situaciones que oscilan entre lo simpático, lo descabellado y lo inquietante. En el hotel destacan los primeros pasos para formar lazos, llenos de inseguridades y mentirijillas, la dinámica con la chica que sangra por la nariz y los altibajos entre los amigos que hace el protagonista. En la ciudad entramos en la parte más oscura: la visita a los padres de otra protagonista, en plan pareja simulada, llega a resultar un tanto incómoda. En cambio el otro escenario esencial no me convence del todo: esa obsesión con aislarse en el bosque no he pillado a qué podría apuntar (si es que había alguna intención oculta), y el viaje de los personajes se estanca un tanto, así que ese tramo se me hizo un poco pesado.

El estilo de cine experimental, con un toque absurdo demencial, se le atragantará a muchos, pero es que no es una cinta para el gran público, sino para quien busque algo distinto y que haga pensar. Me recordó, por la idea de usar referencias poéticas e imaginativas para referirse a distintos sentimientos humanos, a Perfect Sense, aunque por lo demás no se parecen en nada, empezando porque la presente apuesta por la comedia. Eso sí, ahí se queda un poco corta. Es divertida, pero no de las de reírse a carcajada limpia. Si funciona es por su originalidad, que te mantiene siempre en alerta por la nueva ocurrencia que pueda llegar, por su mensaje tratado con un estilo único que te conmueve e irrita por igual, y en especial gracias a sus encantadores personajes, que enganchan rápido y ayudan a que incluso en los momentos más rebuscados tengas una conexión férrea con sus vivencias y las extrañas ideas del griego Yorgos Lanthimos no se te atraganten.

El reparto está repleto de actores de primera, aunque la mayoría sin el reconocimiento merecido. Destaca Colin Farrell como el protagonista afligido y empanado que desespera porque está a punto de convertirse en un paria (o sea, no tener pareja), pero John C. Reilly, Ben Whishaw y Rachel Weisz también captan muy bien el tono: a la vez tienen que hacer reír, dar pena y resultar extravagantes pero sin caer en lo estúpido.

Guardianes de la galaxia


Guardians of the Galaxy, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras, superhéroes.
Duración: 121 min.
Dirección: James Gunn.
Guion: James Gunn, Nicole Perlman.
Actores: Chris Pratt, Bradley Cooper, Zoe Saldana Dave Bautista, Michael Rooker, Lee Pace, Karen Gillan, John C. Reilly, Glenn Close, Benicio Del Toro, Vin Diesel, Josh Brolin.
Música: Tyler Bates.

Valoración:
Lo mejor: Todo, en especial su gran sentido de la aventura y el espectáculo y los gloriosos personajes.
Lo peor: Lo de siempre: por ser ciencia-ficción muchos medios no la incluyen entre las mejores del año, como si fuera cine de segunda.
Mejores momentos: El plan de fuga. La decisión de no esconderse y luchar por la galaxia (la escena en círculo uniéndose a Quill).
La frase:
1) Pasé casi toda mi vida rodeada de mis enemigos. Estaré agradecida de morir entre amigos –Gamora.
2) Nosotros somos Groot –Groot.

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Qué grata sorpresa ha dado Guardianes de la galaxia cuando realmente nadie esperaba mucho de ella. Primero, el cómic en que se basa es casi totalmente desconocido fuera de los fans del género, no es una saga con proyección popular como X-Men, Spider-Man y otros. Segundo, como película nacía como serie secundaria al grueso de Marvel (el grupo de Los Vengadores), y se jugaron 170 millones dólares de presupuesto con un director y un actor principal poco conocidos esperando que diera lo suficiente para tener una franquicia paralela rentable. Pero los resultados han sido estratosféricos, pues la película es magnífica y la taquilla ha respondido con entusiasmo (775 millones mundiales), con lo que ha saltado a primer plano a lo grande y sin duda aprovecharán para realzar la unión entre estos personajes y los de Los Vengadores (Thanos es enemigo común de ambas sagas), algo que hubiera peligrado de no tener éxito.

Junto al cercano estreno de Capitán América: El soldado de invierno, supone también la muestra definitiva de la madurez del género, diciendo a las claras que Los Vengadores no fue una excepción y confirmando que se pueden hacer las cosas bien planificando adecuadamente las series, contratando a gente con talento, visión y amor por lo que hacen, y sin interferir desde los despachos con ideas metidas con calzador. En The Amazing Spider-Man vimos el ejemplo contrario: un reinicio apresurado y la productora metiendo la zarpa, de forma que el producto final carece de personalidad y calidad, y ahora se tiran de los pelos porque no saben qué hacer con la serie.

Guardianes de la galaxia es aventuras, acción, comedia, ciencia-ficción… vamos, lo que se denomina space opera, género dominado hasta ahora exclusivamente por La guerra de las galaxias. De hecho a muchos nos parece mejor película que cualquiera de la segunda trilogía de George Lucas (episodios I, II, III). Y hablando del género, quien haya visto la magnífica serie Farscape verá similitudes en cantidad, aunque no sé con certeza quién se influyó en quién (esta etapa del cómic es posterior a la serie) y cuánto es casualidad, y no he encontrado algún artículo o declaración al respecto.

Su mejor baza son los personajes, alrededor de los que gira todo, porque la trama no es otra que la formación del grupo. Y el realizador James Gunn maneja esa idea como casi ningún otro autor en el cine contemporáneo (Los Vengadores de Joss Whedon es otro gran ejemplo), donde parecía olvidada la regla de tener personajes fuertes para narrar algo y no dejarlos de lado en detrimento de los efectos especiales. Así, ni siquiera en la escena de acción más aparatosa se pierde el cometido principal: desarrollar a los protagonistas y la relación entre ellos. No hay un minuto desaprovechado, ninguna escena que tire por lo fácil (el sensacionalismo visual sin nada detrás), siempre tenemos una conexión emocional con lo que estamos viendo, con lo que el espectáculo llega más hondo y resulta más gratificante.

Peter Quill es una clásica y efectiva mezcla de héroe y antihéroe en la línea de los míticos Han Solo (La guerra de las galaxias) y Malcolm Reynolds (Firefly, y obviamente deriva del primero), es decir, tiene cualidades de mujeriego y pasota y es un fuera de la ley, pero también posee sentido de la responsabilidad, piensa en los débiles y da un paso al frente cuando es necesario. Resulta enormemente carismático, y por si fuera poco es definido con la profundidad y aristas suficientes para que se sostenga no sólo con su estilo, sino también con su credibilidad y cercanía, resultando uno de los mejores personajes (no sólo de acción) de los últimos años. Y qué hallazgo Chris Pratt, el tontito simpático y entrado en kilos de Parks and Recreations y secundario en otras tantas comedias, que parecía completamente inadecuado al personaje pero en quien confió ciegamente James Gunn. Y no defraudó. Primero, se puso en forma en pocos meses, y segundo, se adapta al personaje como si fuera él mismo.

Gamora es la chica solitaria y herida que se mantiene al margen, Drax el grandullón atontado (con una vuelta de tuerca genial, por eso de que no pilla las ironías), Groot es… bueno, Groot, Rocket el loco pendenciero… Pero todos son también mucho más, porque se ve una persona detrás del nombre por muy alienígenas que sean, y van evolucionando según se desarrollan los acontecimientos. Los intérpretes aportan lo justo para realzar su magnetismo: la melancolía de Zoe Saldana, la ira contenida y el aspecto despistado de Dave Bautista (que no era actor propiamente dicho, viene de la lucha libre -wrestling-), Bradley Cooper transmite el tono socarrón de Rocket sólo con la voz (ni idea de si el doblaje está a la altura)… Escenas memorables nos regalan un gran número: la fuga de la cárcel, el intento de acercamiento de Quill a Gamora (con el walkman), la reunión para decidir qué hacer (si huir o sacrificarse por la galaxia), el rescate de Gamora del espacio…

Los únicos fallos son detalles, pequeñas trampas argumentales o limitaciones del medio y el género difícilmente evitables. En esto último entra el papel de los malos y el villano. El género de superhéroes define enemigos bastante monocromáticos, salvo excepciones (en Spider-Man se cuida más su psicología), y eso de que sean malos porque sí puede mosquear un poco. Pero en casos como este o Los Vengadores se perdona, pues, como decía, el argumento de la película no es otro que la formación del grupo protagonista. En esa premisa el archienemigo juega un papel testimonial, es un catalizador, no un personaje principal. Cumplen poniendo algún capitán (el representado por Djimon Hounsou) y algún villano secundario (Nébula –Karen Gillan-) con los que habrá una lucha más completa, pero al final estos igualmente sirven para complementar la evolución de los protagonistas. Por otro lado, también habitual es que los soldados enemigos sean figuras sin forma ni personalidad que mueren como moscas. Aquí entra la clasificación por edades: no puedes tener seres humanos matando seres humanos violentamente, esto es una aventura apta para los jóvenes. Aun así hay momentos en que hacen cosas extrañas: se hace un uso de la violencia muy raro, convirtiéndola en chistes de tortas tipo historieta a lo Mortadelo y Filemón. Hay cantidad de golpes, hostias y tortazos usados como gracia, y algunos me parecen un poco excesivos: electrocuciones tipo táser, gente lanzada contra columnas de metal y otros del estilo no me parecen muy divertidos ni acordes al tono esperable.

Otro detalle que suele ir con el género y me mosquea es el abuso de la cienci-magia. Los malditos cascos que desaparecen, rayos tractores usados para todo, la chorrada de la flecha-silbido (todo el mundo se queda mirando cómo se mueve en vez de disparar al tío)… Y la más importante es la que menos me convence, la fantasmada del bloqueo de naves en Xandar, esa red que montan juntándose para frenar a la nave enemiga: qué conveniente resulta, y parece que tienen cien mil naves.

En cuanto a trampas argumentales, porque no parecen ser gazapos propiamente dichos, sino requiebros que cuelan los guionistas para acabar las escenas como desean, hay un par muy cantosas. Cabe preguntarse por qué las autoridades han llevado la nave de Quill a la prisión. ¿Por qué ese gasto en trasladarla a donde nadie le va a dar uso, por qué no es subastada en Xandar? Pues porque así pueden fugarse con ella. No costaba nada que robaran un transporte de la prisión y que luego consiguieran otra nave semejante de los piratas, para recuperar la suya al final, sería más creíble y no creo que ocupara más líneas de guion. El segundo es incluso más absurdo. En el ataque a la gran nave enemiga el plan es abrir una brecha en el casco y colarse. Pero resulta que lo hace Rocket con una nave mientras los otros esperan lejos, tras las líneas enemigas; cuando termina se va y Quill sufre de lo lindo para llegar. ¿Por qué no pasó él también a través de la distracción, colaboró en la brecha y así podría entrar sin tantas dificultades? Supongo que pensarían que se limitaría mucho la batalla espacial al no tener al protagonista en acción. Pero es fácil pensar que si quitas a Rocket y la distracción de la ecuación todo seguiría igual pero sin patinazo de guion: Quill llega tras sortear la flota enemiga, hace la brecha y entra.

Cabe preguntarse cómo un realizador (productor, guionista y director) con tan poco currículo y tan desconocido como James Gunn (sólo destacan Super y Slither, una parodia de superhéroes y una parodia de terror, respectivamente) acabó con el control creativo casi total de una superproducción de este calire. Pero de alguna forma el productor Kevin Feige, dirigente de la línea Marvel, confió en él tras las reuniones con varios autores sobre cómo enfocar la película. Y menudo acierto.

La puesta en escena es un auténtico portento en lo relativo a manejar efectos especiales, pero también en el dominio narrativo. La dirección artística es soberbia: alienígenas, mundos, ciudades, naves por fuera y por dentro y vestuario componen un mosaico fascinante, y no falla su recreación a través de un trabajo de decorados y efectos especiales inconmensurable. ¿Qué es digital y qué no? A saber, todo lo que se ve transmite realismo, te crees los lugares y casi puedes tocarlos. La dirección de Gunn es ejemplar, no se amilana ante una superproducción tan difícil y saca lo mejor de todos los campos, incluyendo los actores. El ritmo es impecable, todas las escenas fluyen de maravilla con una enorme capacidad para asombrar, divertir y emocionar. Sólo se echa en falta una banda sonora instrumental con más pegada, que ni siquiera hay un tema llamativo que defina un sello para la saga; y eso no implica decir que el trabajo de Tyler Bates sea malo, que dista de serlo, pero le falta personalidad. Al menos en la selección musical aciertan de lleno, porque además de ser buenas canciones estas forman parte de la esencia de la aventura y los personajes.

Guardianes de la galaxia es cine y espectáculo de primerísimo nivel. Y no la veremos en las listas de lo mejor del año de los medios y premios convencionales por su fobia a determinados géneros y su afinidad con dramones prefabricados. Pero como ocurre siempre, el tiempo la pondrá en su sitio. Se recordará durante años, mientras los títulos más aclamados por esos carcas se los llevará el viento. No tengo dudas de ello, tiene alma de clásico del cine.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
-> Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

¡Rompe Ralph!


Wreck-It Ralph , 2012, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 108 min.
Dirección: Rich Moore.
Guion: Rich Moore.
Actores: John C. Reilly, Sarah Silverman, Jack McBrayer, Jane Lynch, Alan Tudyk, Mindy Kaling, Ed O’Neill.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Bastante original y entretenida.
Lo peor: Pero en el fondo muy sencilla y predecible en ocasiones.

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Rompe Ralph es en el fondo una historia sencilla, el clásico cuento de superación personal a través de un viaje que tiene bastante de cuento de príncipes y princesas (Vanellope es la princesa destronada, King Candy el brujo o rey malvado, y Ralph el héroe bonachón). La aventura se envuelve en un entorno que recuerda un poco a Monsters S.A. , dinámica de trabajo y las escenas en la sala central la traen a la memoria, pero en líneas generales sigue su propio camino ofreciendo una sabia mezcolanza de referencias al mundo de las salas de juegos, dando vida a los personajes y argumentos clásicos en un sinfín de homenajes y parodias.

La plasmación de este imaginario en un guion coherente y atractivo no ha debido de ser fácil. Había que recrear el mundo presentado de forma que resulte verosímil de cara al espectador, introducir la aventura en él atendiendo a sus reglas, colar referencias en cantidad para no perder la idea de homenajear a los videojuego… El resultado es digno de elogio: la cinta es original, trepidante y divertida como cabe esperar de una buena película de animación. Aunque en este caso, no tengo claro que sea para público infantil: me pregunto es cuánto entenderán los espectadores no adultos, los que no han crecido en ese mundo.

Sin embargo, a la larga el tono de cuento simplón va tomando protagonismo, sobreponiéndose a la dinámica original con que se iniciaba la proyección. Conforme va acercándose el desenlace se ve que hay más artificio que contenido real, y aun así no logran disimular los clichés de su base de cuento clásico y la narración se va tornando cada vez más lineal y previsible. Se ve venir muy de lejos cada acción y resultado, y si bien su ritmo y capacidad de entretener no se ven especialmente resentidos, algo de emoción sí pierde. Termina siendo un relato de escasa trascendencia, incapaz de dejar huella, a pesar del potencial que desplegaba inicialmente ante nuestros ojos. A ratos parece una película para rememorar nuestra infancia, a ratos una de Disney muy clásica, y el equilibrio no termina de dar la gran película que hay latente, el potencial de crear su propia personalidad se esfuma a ojos vista. Pero simpática y entretenida es de sobras para pasar un buen rato.