El Criticón

Opinión de cine y música

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Día de patriotas


Patriots Day, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense, acción.
Duración: 133 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg.
Actores: Mark Wahlberg, Michelle Monaghan, John Goodman, Kevin Bacon, Rachel Brosnahan, J. K. Simmons, Christopher O’Shea, Jimmy O. Yang, Alex Wolff, Themo Melikidze, Michael Beach.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Excelente en lo audiovisual, correcta en el drama, neutral en los hechos, con tramos tensos y espectaculares.
Lo peor: Por decir algo, quizá había potencial para más.
Mejores momentos: La entrada del FBI. Las discusiones sobre si publicar información en los medios. El tiroteo contra el todoterreno.

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El maratón de Boston es la carrera más antigua y popular de Estados Unidos, y se da todos los años en abril en el festivo Día del Patriota. En 2013 sufrió un atentado que provocó por suerte sólo tres muertos, pues fue bastante aparatoso: dos atacantes con dos ollas con explosivos y metralla dejaron casi trescientos heridos y la cuidad se sumió en el terror durante días hasta que la amenaza fue neutralizada.

Peter Berg por entonces era un guionista y director (y a veces actor) que aparte de la atípica obra de culto Very Bad Things (1998) no daba muy buenas sensaciones. La sombra del reino (2007), Hancock (2008) y Battleship (2012) eran bastante flojas, y las series en que participó también. Pero la cosa ha cambiado desde entonces. Con El único superviviente (2013) y esta Día de patriotas se ha alzado como uno de los referentes de la acción con tintes dramáticos e históricos del momento, mostrando una madurez que bien le podía haber garantizado más reconocimiento y premios de los ha obtenido. Pero su estilo huye de la sensiblería y el ensalzamiento patriótico estándares de los Oscar y Globos de Oro, que sí cumplió por ejempelo una cinta menor pero multipremiada como En tierra hostil (2008).

Hay que recalcar que es todo un logro que Día de patriotas sea tan objetiva y neutral, porque la idea era hacer un homenaje a las víctimas y a la ciudad, y porque Estados Unidos es muy egocéntrico por lo general y esa herida caló hondo en la sociedad, así que cabría esperar un tono más lacrimógeno y a la vez vengativo, y por extensión sesgado. Pero Berg trata de mostrar qué ocurrió, quién lo sufrió y cómo la ciudad sobrepuso a la desgracia sin tomar partido emocional excesivo (sólo encontramos esto en los créditos finales, con las entrevistas a los implicados) ni meterse en berenjenales ideológicos. Así, no entra en la cuestión de cómo nace un terrorista, cómo se les pasó a las agencias de seguridad (uno de ellos estaba en las listas de distintas agencias y gobiernos como más que posible terrorista), de cómo la ciudad estuvo de facto bajo la ley marcial, algo impensable por ejemplo en Detroit con mucho más asesinatos al año, o cuando un supremacista blanco la lía parda, que ocurre muchas más veces de las que hay atentados de radicales islamistas y ni siquiera lo llaman terrorismo.

El único apunte crítico que hay emerge inevitablemente del relato de los hechos. Con tantas agencias trabajando juntas se provoca algún roce y retraso en toma de decisiones, mientras que por el lado contrario los medios hacen su agosto señalando incluso falsos culpables con las prisas. Sin embargo, no se para a ahondar y criticar esa problemática de las excesivas agencias con agendas propias y muchas fallas, que es bien patente desde el 11-S y el Katrina, ni que ningún medio de información pagó por la terrible injusticia de señalar a un ciudadano cualquiera como terrorista sin pruebas tangibles, sólo para vender más. Lo menciona porque ocurrió y pasa a otra cosa.

También es inevitable que haya algo de cursilería (las parejitas y sus frasecitas románticas, el intento de ligar del chino…), porque no hay mucho margen de maniobra al mostrar el día a día de gente corriente sin salirse por la tangente contando cosas más rebuscadas. Pero quizá el propio Berg lo sabía y desarrolla un personaje central ficticio que dirija mejor la historia y conecte mejor con el espectador que esas anécdotas. El personaje es muy sólido, funciona como nexo de toda la historia, centraliza y visibiliza el esfuerzo de la policía local, y Mark Wahlberg está más esforzado que de costumbre… pero aun así se llevó algunas críticas por no ser real; está claro que no llueve al gusto de todos.

El reparto es llamativo, pero con tanto personaje y salto de escenario pocos tienen tiempo para lucirse. Aparte del correcto Wahlberg el que más destaca es un sombrío e imponente Kevin Bacon como agente especial del FBI: con su mirada ya deja claro que está al mando.

Pero el nombre a recordar es Peter Berg, que construye este complejo, caótico y trágico evento como si fuera fácil. El ritmo es ágil en las partes menos intensas, los cambios de escenario no hacen que pierdas el hilo, y sintetiza bien incluso cuando se encuentra ante alguna dificultad importante: hay individuos cruciales en la parte final de los hechos, como el agente encarnado por J. K. Simmons y el estudiante chino en manos de Jimmy O. Yang, pero el realizador los presenta poco a poco sin dar la sensación de que rompen el flujo de acontecimientos.

Para la parte final nos trae un colofón de infarto. El intento de los terroristas de viajar a Nueva York pega un subidón en el factor suspense, y aunque conozcas más o menos el final de los acontecimientos sufres por los implicados y la tensión en el ambiente es palpable. El tiroteo que acaba con la vida de uno es memorable, de lo mejor en acción realista que se ha visto probablemente desde Heat (Michael Mann, 1995), pero cuando el hermano superviviente huye no hay sensación de bajón, sigue manteniendo la expectación.

Atención también al sorprendente y magnífico trabajo con efectos digitales. No se rodó en la calle, sino en un decorado con pantallas verdes que luego fueron sustituidas con ordenador por los bloques de edificios. No me di cuenta hasta que vi por casualidad una fotografía del rodaje.

Día de patriotas se puede disfrutar de varias maneras. Como homenaje, como drama, como thriller, como cinta de acción, y en todos los ámbitos cumple sin problemas cuando no impresiona.

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Atómica


Atomic Blonde, 2017, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 115 min.
Dirección: David Leitch.
Guion: Kurt Johnstad. Antony Johnston y Sam Hart (novela gráfica).
Actores: Charlize Theron, James McAvoy, Eddie Marsan, Toby Jones, James Faulkner, John Goodman, Sofia Boutella.
Música: Tyler Bates.

Valoración:
Lo mejor: La pelea principal, espectacular.
Lo peor: Mezcla de estilos y pretensiones caótica, chapucera, insoportable.

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Viendo los avances parecía que nos vendían una de acción loca en plan John Wick, de hecho, su director fue uno de sus principales artífices, aunque también esperaba que tuviera algo de Jason Bourne (antes de que la extendieran de mala manera), es decir, alma: un argumento más trabajado que el de aquella, algo garra y personalidad. Pero una vez enfrascado en el visionado me sorprenden con una de espionaje en la guerra fría con un tono serio y una estructura narrativa muy forzados y pretenciosos, donde meten a la fuerza esos enredos fantasiosos de la peor acción moderna. Y no creais que queda algo como James Bond, que suele combinar bien la elegancia y la acción exagerada sobre una base sencilla de espionaje clásico, o como Jason Bourne, más realista, ruda y dramática. La mezcla es burda, inconexa, delirante en algunos tramos.

También me pareció que Charlize Theron producía el proyecto (se supone que llevaba años trabajando en él) con la intención de dejar claro que las mujeres pueden protagonizar películas de acción, que son algo más que la secundaria atractiva que se lía con el protagonista… Pero va y casca un desnudo completamente gratuito en una de las primeras escenas (no hacía falta enseñar tanto para ver sus heridas), y a mitad de la cinta tenemos un poco de erotismo lésbico de baratillo sin venir a cuento también. Entre eso y el repertorio de modelitos que va mostrando, cabe pensar que más bien quería lucir físico, que me parece muy bien, pero luego que no se quejen de machismo.

En plena caída del muro de Berlín seguimos la declaración de una agente ante sus superiores, donde desgrana su última y difícil misión. Con una estructura narrativa fragmentada en idas y venidas en el tiempo los autores intentan maximizar una trama de suspense bastante predecible en un principio, pero van reliando las cosas y poniendo capas de enredos forzados hasta que no se entiende nada. Una de espionaje que se precie nos hace partícipe del miedo y desconcierto que viven sus protagonistas, llevándonos con ellos a su situación, compartiendo el esfuerzo por desentrañar los misterios. Una de calidad además sorprende al final con revelaciones verosímiles, de las que estaban ante tus narices y te faltaba sólo un dato para darles forma. Aquí nos embarcamos en mar de artificios, humo, requiebros y vaguedades que para colmo en todo momento parece ir diciendo “mirad qué película más inteligente estamos haciendo”, cuando el ridículo queda patente a las pocas escenas.

El suspense resulta impostado, el dibujo de personajes puesto a disposición total de la farsa (cambios de bando constantes, trampas molestas, como que la historia la veamos a través de los ojos de la protagonista y aun así que se nos oculten cosas que ha hecho), los diálogos resultan muy flojos y predecibles, y la acción es aparatosa y muy pasada de rosca. Ante este tal panorama me veía venir los típicos giros finales demenciales, y los tenemos a lo grande en un epílogo infumable que intenta darle la vuelta a todo, pero después de tanta mentira y engaño ya estaba del todo desconectado y no me hizo ni la esperable gracia por cutre.

Para colmo, es aburrida hasta la desesperación. Porque, aparte de su nula inteligencia, el guion sigue un esquema harto repetitivo: receso explicativo en la sala de interrogatorios, posicionamiento de personajes en el terreno en Berlín, escena de acción estrafalaria acompañada de numerito musical. Y en vez de ofrecer una perspectiva global concreta, de avanzar hacia alguna parte generando expectación, la sensación es que damos vueltas en círculos sin saber cómo contar las cosas, como el amigo borracho que balbucea un chiste eterno.

El desastre termina de rematarse con una estética de videoclip o de anuncio publicitario (de marcas de bebida principalmente, menudo publirreportaje se llevan Jack Daniels y el vodka Stoli). El director se ahoga en los bucles, perdiendo el norte en artificios inmediatos pero sin ser capaz de generar una atmósfera creciente de intriga. La composición de cada escena resulta demasiado teatralizada, con lo que a pesar del exceso de colorido y ruido resultan frías, artificiales. Las peleas salen muy perjudicadas, porque están tan estudiadas que hay momentos en que el movimiento de la cámara te anuncia el siguiente golpe. La paleta de colores es muy básica y a la vez excesiva: saltamos del típico gris verdoso para la europa del Este a neones para referenciar los años ochenta, pero todo llevado a un extremo antinatural. Tampoco convence la selección musical de temas ochenteros, es demasiado obvia, todo grupos ingleses con sus temas más sobados (David Bowie, Depeche Mode y New Order en fila), a pesar de que la mayor parte sucede en Alemania; no tienen ni la decencia de poner aunque fuera a los cansinos Kraftwerk.

Como resultado, Berlín parece demasiado idílico (qué fiestas más molonas) o demasiado barriobajero (cemento y pintadas), pero nunca transmite realismo. Ningún escenario deja huella o parece crucial en los acontecimientos, son sólo escaparates donde los personajes escupen sus diálogos acartonados o pegan tortas exageradas. Es decir, se transmite una sensación de frialdad bastante grande, de que todo está milimétricamente estudiado, impidiendo que emerjan sensaciones indispensables en el cine de espías: un entorno que genere desconcierto y peligro, un retrato palpable de una época y escenario sombríos.

Las peleas merecen un análisis aparte. Se pone demasiado esfuerzo por hacer algo supuestamente alucinante y épico pero no se cuida nada la verosimilitud, la rudeza natural propia de una película que se presentaba como seria pero acaba pareciendo una parodia torpe del género. Los ramalazos de James Bond (Skyfall viene rápido a la mente en la escena tras la pantalla de cine), y Jason Bourne (largas peleas cuerpo a cuerpo rompiendo muebles) le restan personalidad, las exageraciones y fantasías tan forzadas ni pegan con el estilo inicial de la propuesta ni emocionan. Sólo funciona la gran pelea central, esa que se sucede principalmente en la escalera de un bloque. En ella ponen más esfuerzo en una coreografía más orgánica, impredecible, y su ritmo frenético que no pierde fuelle a pesar de su gran longitud garantizan el único rato entretenido.

Los actores son pesos pesados capaces de cumplir en cualquier papel: James McAvoy logra dotar de algo de vida a su penoso personajillo, Eddie Marsan, John Goodman, Toby Jones y James Faulkner imponen lo justo en tópicos andantes que entran y salen de pantalla sin que termines de saber a qué se dedican o qué pretenden; incluso Sofia Boutella está bien en un rol breve y con poca chicha. Pero la protagnista absoluta, Charlize Theron, no se hace a un personaje demasiado plano y robótico, quedando una interpretación forzada. Sabemos por Mad Max: Furia en la carretera que es capaz de lograr buenos papeles que oscilan entre el drama y la acción, así que achaco el problema a las carencias, tanto de guion como de dirección.

Lo peor de todo no es que resulte un galímatías con ínfulas, sino el sopor absoluto que transmite al poco de empezar y va creciendo hasta convertirse en asco y rechazo. La acabé porque no soy de dejar películas a medias, pero cómo no, me arrepentí bastante: es uno de esos casos en que he terminado cabreado por las dos horas perdidas. No logro entender cómo tuvo una recepción crítica tirando hacia el notable, es uno de los peores filmes de los últimos años. El público la recibió con más tibieza y el boca a boca no la terminó de lanzar, si bien con su bajo coste (30 millones de dólares) los tímidos 95 millones de recaudación habrán dado bastante dinero.

Kong: La Isla Calavera


Kong: Skull Island, 2017, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 118 min.
Dirección: Jordan Vogt-Roberts.
Guion: Dan Gilroy, Max Borenstein, Derek Connolly, John Gatins.
Actores: Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, Brie Larson, John C. Reilly, John Goodman, Corey Hawkins, Jason Mitchell, Shea Whigham, Toby Kebbell, Eugene Cordero, Thomas Mann.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Es una obra con personalidad, tiene consciencia de que es un entretenimiento, una factura impecable y unos personajes carismáticos.
Lo peor: En la pelea principal de los helicópteros contra King Kong la verosimilitud cae por los suelos, y al menos a mí me fastidió la experiencia. El prólogo es completamente innecesario.
El título: No sé por qué le han quitado el King. Por eso andará tan cabreado el mono.
La frase: Reconozco a un enemigo en cuanto lo veo -Coronel Packard.

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Godzilla me resultó bastante entretenida, aunque se atascaba un poco en los clichés típicos del género, pero lo cierto es que esta nueva versión de King Kong, destinada a formar una serie con ese otro monstruo, no me llamaba mucho, ni siquiera contando con que los avances prometían al menos un aspecto visual potente. Pero como suele pasar, he acabado viéndola… y me ha sorprendido gratamente, he encontrado una superproducción que define a la perfección lo que debería ser el cine de acción comercial: con personalidad, consciencia de que es un entretenimiento, factura impecable y actores carismáticos en unos protagonistas más que decentes. Un par de semanas antes vi La gran muralla… y no hay color.

La introducción del misterio de la isla y los personajes que quieren resolverlo, más la unión del resto del equipo, la despachan rápido, que ya conocemos la historia y para colmo en los tráileres para variar nos han reventado más de la cuenta. Y aun así no sabe a precipitado, de hecho consiguen concretar las características de cada rol sin dejar la sensación de que cumplen con desgana con los estereotipos. Llegamos a la isla en un visto y no visto y entramos en materia sin rodeos innecesarios. Muchas películas hubieran perdido el tiempo posicionando personajes y relaciones, pero esta ha caído en manos de unos guionistas más hábiles, y las van desgranando poco a poco incluso entre las escenas de acción.

El grupo no es deslumbrante pero sí la mar de interesante. Reconoces quién es quién, más o menos intuyes cómo reaccionará cada uno, y siempre sabes dónde se encuentran, a pesar de estar muchas veces separados. Es cierto que su recorrido emocional es tirando a nulo, pero tampoco hacía falta que vivan un proceso de aprendizaje o que superen un drama psicológico, algo a lo que se aferran sin justificación clara en demasiadas cintas de acción. Como mucho se puede criticar que de algunos podrían haber sacado un poco más, en plan que sufrieran y se esforzaran más, pues a veces parece que tiran para adelante sin sudar mucho. Pero con el carisma logrado con la combinación de unos diálogos muy inspirados, llenos de humor, y unos actores de calidad, se perdona bastante.

Queda claro que el explorador (un estupendo Tom Hiddleston) está bien curtido en su trabajo y sin él se aburre, igual que el militar (Samuel L. Jackson), que además arrastra la obsesión con una guerra no acabada. Es evidente que el antibelicismo mueve a la fotógrafa, y esto resulta esencial en algún momento, aunque se podría decir que con un talento como Brie Larson podrían haber reforzado un poco más la parte dramática. El tesón y entusiasmo de los que dirigen la investigación (John Goodman, Corey Hawkins) es palpable, y Goodman como siempre se come la pantalla, aunque su destino es un tanto extraño. Hasta los secundarios tienen una personalidad tangible, no son maniquíes destinados a morir… Bueno, en realidad con estos hay dos excepciones, dos individuos que no aportan nada: la cuota-asiática encarnada por Tian Jing (vista recientemente también en La gran muralla) y la cuota de empresario cargante a la que da vida John Ortiz; por suerte su presencia es anecdótica y no molestan. Pero el que termina resultando más interesante es el menos esperado, el náufrago encarnado con entusiasmo por John C. Reilly, cuyo punto de locura, sin excesos tontos como cabría esperar en el cine comercial contemporáneo, es tronchante y no impide que resulte una figura muy humana.

Debo matizar que la entrada en la isla tropieza un poco, pues la primera gran escena es bastante espectacular pero lo cierto es que me dejó frío. La aparición de King Kong derribando helicópteros es imponente en lo visual, con una orgía de destrucción bastante intensa, pero en la verosimilitud hace agua por todas partes. Para empezar, tenemos los helicópteros que se multiplican (se cuentan seis despegando del barco, pero en el aire se materializan trece), luego te tiras un rato preguntándote para qué llevan tantos… Al final está claro que es para usar como carnaza para tratar de lograr una secuencia de proporciones épicas, pero podían haber disimulado un poco, que no hay personajes y currantes del proyecto para llenar tantos. Y, sobre todo, no hay quien se crea tanta incompetencia en unos militares veteranos, cuya estrategia de ataque es acercarse en línea recta al simio y disparar, lo cual hacen sucesivamente a pesar de que ven a sus compañeros caer uno detrás de otro.

Por suerte, a partir de ahí no hay ningún momento que rechine, sino todo lo contrario, se saca gran partido del escenario incluso teniendo en cuenta que hay bastantes situaciones nada novedosas, pues ya hemos visto muchos filmes de monstruos. El director Jordan Vogt-Roberts obtiene un espectáculo de primer nivel, y todo ello sin abusar del efecto especial en una película que, por narices, los tiene en casi cada plano. La puesta en escena deja ver muy bien los golpes y la reacción de los personajes, y a la vez transmite la sensación de caos y destrucción, todo ello sin borrones, sin agitar la cámara más de la cuenta, y como digo sin abusar de las digitalizaciones o logrando que estas no se noten. Cualquier otro en estas circunstancias habría volado con la cámara sin ton ni son por todas partes, pero este realizador sabe siempre dónde poner el objetivo para transmitir la impresión de que estamos viendo una situación real incluso cuando sólo los colosos se zurran. Pero además tiene tiempo de esforzarse buscando la belleza, y de paso también el homenaje, pues Apocalypse Now viene a la mente en varias ocasiones. Sí, hay algún plano-vacile descarado (esos protagonistas posando con el horizonte al fondo), pero en general, para ser una cinta de acción, resulta asombrosamente delicada y hermosa en su fotografía.

No sé cómo Vogt-Roberts llamó la atención del estudio para encabezar un proyecto de este tamaño, pues en su haber no tiene ninguna obra de gran calibre, sólo unas pocas series desconocidas. Pero el acierto ha sido muy llamativo. Como Gareth Edwards con Godzilla, ha deslumbrado como hacedor de grandes espectáculos, y su carrera habrá que seguirla con atención.

Por supuesto, hay que alabar también el titánico esfuerzo del equipo técnico. Los efectos digitales son abrumadores, estamos en la liga que sólo unas pocas series con enorme apoyo detrás (presupuestario y empresarial) alcanzan, como Los Vengadores, Transformers y las nuevas entregas Las guerra de las galaxias. Impecable es decir poco. Seguro que hay infinidad de planos de la isla que son falsos, pero no se nota nada. Los animales son impresionantes, parecerían reales si no fuera porque su diseño fantasioso los delata. Los momentos más difíciles, como la batalla de Kong con algún otro monstruo en zonas de agua, son alucinantes, la conjunción de paisajes, actores, agua y criaturas es perfecta. Vuelvo a comparar con el otro taquillazo de la temporada: qué cutre resultaron los efectos especiales de La gran muralla y qué mal estuvo su director aunque tenía muchísima experiencia.

Eso sí, le faltan algunas puntadas para el notable. Se echa de menos algún escenario más original y sacar más provecho de unos personajes con potencial, y se podían haber resuelto mejor algunas partes. El prólogo sobra por completo, es anticlimático y evidente. Encontrarse al piloto sin más hubiera sido una buena sorpresa (o no, viendo que en los avances te cuentan todo hoy en día). La batalla principal con los helicópteros ya la he mencionado: podría haber sido mejor sin forzar tanto la cosa. Por otro lado, la selección musical está muy trillada, y aunque funcione porque son buenas canciones, podían esmerarse en sorprender un poco; aparte, hay demasiadas, un par de numeritos musicales sobran. En cuanto a la banda sonora original, tampoco se han esforzado mucho, al contrario de lo visto en Godzilla, donde eligieron a uno de los mejores compositores del momento, Alexandre Desplat, y dejaron que trabajara a gusto. La labor de Henry Jackman es bastante básica, rudimentaria, cumple con lo que le piden y ya está.

En resumen, Kong: La Isla Calavera tiene personalidad, estilo y calidad suficientes para considerarla una buena película, algo que en el cine comercial actual, lleno de títulos mediocres, es bastante sorprendente. Sin embargo, creo que su tono de aventura desenfadada está siendo tomado por algunos espectadores como “es tonta y cutre”. Eso se le puede aplicar a La gran muralla, que resultaba irrisoria por la cantidad de estulticia que emanaba de su guion y la puesta en escena fallida, pero no aquí, donde son conscientes de la fantasía excesiva que tienen entre manos y exprimen el factor entretenimiento con sabiduría. Quizá es que han sido demasiado sutiles. Por ejemplo, el rol de Samuel L. Jackson es criticado como acartonado, simple o estúpido, cuando a mí me parece evidente que buscan una hipérbole, una vuelta de tuerca al estereotipo: es tan exagerado como toda la aventura, y su decisión final deja claro que lo sabían y se están riendo de ello.

Ver también:
Godzilla (2014)
-> Kong: La Isla Calavera (2017)
Godzilla: Rey de los monstruos (2019)

Calle Cloverfield, 10


10 Cloverfield Lane, 2016, EE.UU.
Género: Intriga.
Duración: 104 min.
Dirección: Dan Trachtenberg
Guion: Josh Campbell, Matthew Stuecken, Damien Chazelle.
Actores: John Goodman, Mary Elizabeth Winstead, John Gallagher Jr.
Música: Bear McCreary.

Valoración:
Lo mejor: Bastante entretenida. Los autores conocen sus limitaciones y se esfuerzan por lograr un producto sólido.
Lo peor: Venderla como secuela de Cloverfield (Monstruoso), cuando no tiene nada que ver ni en forma ni en contenido… ni en calidad.

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Alerta de spoilers: Sin datos reveladores más allá del argumento presentado en los avances; y desde luego no destripo los giros clave.–

Qué cagada anunciarla como secuela o película derivada (“spin off”) de Cloverfield (Monstruoso). Está claro que los productores (J. J. Abrams, Drew Goddard, Matt Reeves) han aprovechado el éxito de aquella, auspiciado por la efectiva campaña viral que se montaron, para atraer de nuevo al buen número de espectadores que tuvo. Pero también es evidente que no tiene nada que ver en lo argumental, ni en el estilo… pero tampoco en la calidad, con lo que han abandonado directamente al resto de espectadores y a los que se sintieron estafados con aquel burdo engaño. Así, ha recaudado menos, la gente que se espantó no se ha acercado a esta. Y estamos ante un entretenimiento muy digno gracias a que está bien planteado y ejecutado con profesionalidad, así que pienso que podía haber tenido más éxito con una campaña que vendiera mejor sus cualidades de cinta de misterio bastante más seria que la bobada de acción juvenil que ofreció la otra.

Una mujer es secuestrada y llevaba a un búnker por un tipo espeluznante. Obviamente deberá tratar sobrevivir al captor, aprender de sí misma para sacar fuerzas de su interior, y elucubrar algún plan para escapar. Pero los realizadores dosifican bien los previsibles pasos de la aventura, manejando con habilidad la buena descripción de los pocos personajes y los escasos elementos narrativos disponibles, logrando un relato con cierta intriga, emoción y buen ritmo.

Los protagonistas son definidos con trazos sencillos pero efectivos y pequeñas menciones a sus historias personales acertadamente desglosadas a través del argumento, con lo que no tenemos los típicos roles planos en plan el malo porque sí y la heroína imbatible: nos hacemos una idea de los condicionantes que han dirigidos sus vidas, y en la historia que están viviendo ahora los cambios en ellos son evidentes y cruciales en el desarrollo de acontecimientos. Por ello podemos introducirnos con cierta intensidad en esta odisea e interesarnos por cómo podría acabar. Además se añaden las dosis justas de sorpresas, jugando con las distintas ocurrencias y locuras del captor, y con el suspense, tanto por cómo saldrá de esta la protagonista como por si realmente está ocurriendo algo fuera. El final se lanza al giro que finge ser innovador, único, asombroso, pero a estas alturas no sorprende lo más mínimo. Por suerte el clímax de acción y tensión funciona bien, sobre todo gracias a la fuerza del rol central y al buen trabajo del director.

La puesta en escena de Dan Trachtenberg (este es su primer largometraje) ofrece un producto bastante sólido, y más teniendo en cuenta que el escenario único limita mucho el rango de acción y las posibilidades narrativas. Se nota que pone esfuerzo en sacar partido del lugar, de forma que todos los rincones del búnker (habitaciones, almacén, cocina, comedor) son presentados poco a poco y cada uno forma parte intrínseca del avance de la trama y la evolución personal, es decir, es consciente de su relevancia argumental, no sólo visual. Está claro que es un filme muy del estilo de Hitchcock… pero también que queda lejos de la visión y excelencia del genio del misterio. Una cosa es no fallar, pero otra llegar a deslumbrar. Y tanto al guion como a la dirección les falta ingenio y novedades. No hay situaciones que nos cojan desprevenidos, soluciones visuales de alta calidad u originalidad que refuercen la sencillez del argumento, de hecho recurren más de la cuenta a golpes sonoros y subidones musicales. En otras palabras, cumplen con lo justo y no son capaces de quitarse el tono predecible de encima, de manera que los momentos importantes, incluso como digo los que pretenden ser giros sorprendentes o resoluciones inesperadas, se ven venir de muy lejos. Hasta cuando lo tienen en bandeja fallan: hubiera sido muchísmo mejor dejar la decisión final en el aire para quedarte con la duda.

Así pues, aunque funciona bien como entretenimiento pasajero, se queda a las puertas de lograr un título tan intrigante, agobiante e innovador como da la sensación de que pretendían. Los que mejor cumplen son los actores. John Goodman es la elección perfecta para hacer de tipo imponente y chiflado, y Mary Elizabeth Winstead es una actriz de sobras competente que no termina de alcanzar el éxito que merece.

Monuments Men


The Monuments Men, 2014, EE.UU.
Género: Bélico, aventuras.
Duración: 118 min.
Dirección: George Clooney
Guion: George Clooney, Grant Heslov. Novela de Robert M. Edsel y Bret Witter.
Actores: George Clooney, Matt Damon, Cate Blanchett, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin, Hugh Boneville, Bob Balaban.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, fotografía y ambientación.
Lo peor: Hecha a trozos sin conexión entre sí, es un galimatías y un rollazo.
El título: Estamos ante una de esos extraños casos en que para la versión española simplemente le quitan el “The” al título, como The Matrix, The Terminator o The Abyss. Y si en esos casos no tenía sentido, en este menos todavía.

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Qué pena que un argumento tan potente, que una perspectiva alternativa tan original y atractiva de la Segunda Guerra Mundial, que un tipo de filme con base para ofrecer una aventura como las de antaño (con la referencia de Los violentos de Kelly a la cabeza) se quedara en tan poca cosa, prácticamente en nada. George Clooney y Grant Heslov (su colaborador habitual) no han sabido adaptar bien la novela en que se basan, confeccionando un guion superficial, desestructurado y disperso incapaz de dotar de vida a los protagonistas y de dar ritmo y objetivo a una trama compuesta de capítulos anecdóticos casi sin conexión entre ellos. Son errores que se veían en otros de sus títulos en común, las sobrevaloradas Buenas noches, y buena suerte (tediosa y caótica como la aquí comentada) o Los idus de marzo (telefilme sin garra), pero aquí se ven maximizados porque la sensación de potencial desaprovechado es enorme.

A primera vista la labor de dirección de Clooney es correcta en la composición de escenas sueltas, pero sin una trama con proyección trabajada y creciente es difícil saber si la poca intensidad de la narración es fruto del guion o de falta de visión en conjunto como director. Todas las escenas tienen el mismo tempo, no hay tensión o intriga en aumento ni la elaboración de algún clímax en momentos clave. Como resultado la película es un inestable conglomerado de escenas sueltas cuyo hilo conductor (buscar y recuperar las obras de arte robadas por los nazis) no basta como nexo en común, como centro de gravedad sobre el que hacer girar los acontecimientos de manera que haya una progresión narrativa en la que sumergirse con interés y emoción.

Con los protagonistas ocurre lo mismo. Los personajes aparecen en pantalla sin más, no se expone bien quién es quién a pesar de que se nos presentan de uno en uno. De ahí nos vamos al frente, donde todo el rato están nombrando ciudades pero finalmente no tenemos ni idea de dónde estamos y cuál es la misión actual. Cuando se separan en grupos todo se viene abajo definitivamente, saltamos entre ellos sin que haya motivos claros solo para soportar anécdotas triviales y aburridas que no aportan nada al argumento: ahora fumamos, ahora un chiste, ahora echamos de menos el hogar aunque realmente no da esa sensación, ahora la escena de francotirador de turno, ahora la de “he pisado una mina”… Los intentos de humor que deberían mostrar camaradería son un desastre, pues las escenas se fuerzan demasiado para meter la gracia. La muerte de algún protagonista no impacta lo más mínimo. Los discursos narrados que aparecen de vez en cuando cansan y son otra muestra de que no sabían cómo enlazar las historias entre sí. La única línea con algo de continuidad es la relación entre Matt Damon y Cate Blanchett, pero es muy simple y no impresiona lo más mínimo.

En estas condiciones es difícil interesarse por el porvenir de los protagonistas y el desarrollo de sus aventuras. No hay sensación de esfuerzo, de trabajo, de peligro, de que se muevan realmente hacia algo, solamente saltamos entre un caso y otro. Y ninguna de estas aventuras tiene fuerza suficiente por sí sola para dejar huella, salvo los hallazgos finales, y por la importancia de estos, no porque la película impacte: el nivel de hijoputismo de los nazis fue tan grande que resulta difícil de creer todo lo que estaban haciendo.

La ambientación está bien lograda, hay buenos paisajes y escenarios pequeños pero efectivos de la guerra. Pero eso no es nada que no se consiga con dinero. El reparto es lo único llamativo, pero solo destacan por carisma, porque con los diálogos acartonados y el escaso calado emocional de los personajes ninguno puede conseguir una buena interpretación. También destaca para mal el habitual tono patriotero paternalista que se traen los estadounidenses. Ellos salvan el mundo, la cultura y la forma de vida occidental, que además es la única que vale. Hasta la música realza ese patriotismo de forma demasiado evidente y cargante, decepcionándome Alexander Desplat por primera vez.

Monuments Men es un asombroso desastre narrativo que además muestra que la carrera de George Clooney como realizador va hacia abajo en vez de hacia arriba: le falta bastante para entender los conceptos más básicos del lenguaje cinematográfico.

Monstruos University


Monsters University, 2013, EE.UU.
Género: Animación, comedia.
Duración: 104 min.
Dirección: Dan Scanlon.
Guion: Daniel Gerson, Robert L. Baird, Dan Scanlon.
Actores: Billy Crystal, John Goodman, Steve Buscemi, Helen Mirren, Nathan Fillion, Aubrey Plaza, John Krasinsky, John Ratzenberger.
Música: Randy Newman.

Valoración:
Lo mejor: Es un sinfín de escenas rebosantes de humor y personajes entrañables.
Lo peor: El argumento de base es muy simple, se espera algo más de originalidad de Pixar.
Mejores momentos: La madre escuchando música heavy.
La frase: ¡No puedo volver a la cárcel!
El título: De verdad que no entiendo por qué traducen sólo la mitad del título.

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Fui al cine con miedo, pues no me gustó nada la clara deriva hacia el Disney menos inspirado y más maniqueo que mostró la insulsa Brave, pero para mi sorpresa he salido muy contento. Es una secuela sencilla pero eficaz, que sabe con qué limitaciones y bazas cuenta, y disimula bien las primeras para que no lastren demasiado el relato mientras explota las segundas con mucha habilidad.

En el primer grupo, en sus limitaciones, destaca la falta de trascendencia y originalidad del argumento. Era difícil aportar algo nuevo después del derroche de originalidad que supuso la primera parte, pues presentó un mundo único y fascinante, pero partir de un punto tan difícil no perdona lo evidente: la trama de esta segunda entrega no corre riesgo alguno, es muy facilona, y además el centrarse en imitar el mundo real le quita la magia que tenía el relato original, donde todo era algo nuevo. Así pues, el tono de comedia juvenil tan básica y trillada donde todos los puntos clave y resoluciones obedecen a demasiados clichés asusta en principio. Este problema se lima un poco porque los personajes son sólidos y carismáticos y su evolución funciona bastante bien, además de mostrar con ella algún buen mensaje para el público joven, pero no esconde del todo la sensación de que la historia es lineal y predecible en todo momento.

Sin embargo, sus puntos fuertes son tan destacables que es fácil dejarse llevar y olvidar la fachada de título menor, de clásica comedia en clave de parodia sobre algún aspecto de la vida real. El ritmo es trepidante y absorbente, no hay lugar para que aparezca el aburrimiento, para que los fallos impidan disfrutar de la aventura. Y lo mejor es que se saca el máximo partido de cada escena gracias a un inspirado sentido del humor y una serie de detalles muy originales (las habilidades de los monstruos y muchos elementos de las pruebas sorprenden constantemente). Sí, las tonterías de las fraternidades, los frikis asociales, los guaperas exitosos y demás temas están muy sobados, pero la parodia de estos elementos es brillante, cada personaje suelta sin parar chistes uno detrás de otro, cada situación derrocha pequeñas genialidades y logradísimas dosis de humor que te dejan a cuadros y riéndote a carcajadas, de hecho en algunas escenas he tenido auténticos ataques de risa incontrolable.

Monsters University no tiene en su conjunto (en detalles sueltos sí) la esencia de Pixar, esa capacidad para narrar historias completamente nuevas, y como secuela de Monstruos S.A. da un giro bastante importante y en principio discutible, pero su capacidad para entretener y sobre todo para hacer reír supera de largo a títulos con los que sería fácilmente comparable, como la saga Shrek. A pesar de las reticencias iniciales la odisea de estos monstruos en la universidad es toda una lección de cómo parodiar argumentos clásicos, resultando una de las comedias con las que más me he reído en muchos, muchos años. Y ni hace falta decir que la calidad de la animación de Pixar va siempre por delante del resto.

The Artist


The Artist, 2011, Francia, Bélgica.
Género: Drama, comedia.
Duración: 100 min.
Dirección: Michel Hazanavicius.
Guion: Michel Hazanavicius.
Actores: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman, James Cromwell, Penelope Ann Miller.
Música: Ludovic Bource.

Valoración:
Lo mejor: Actores, música, fotografía.
Lo peor: Que tanta publicidad y premios y su forma atípica parezcan implicar que es una gran película, cuando dista de serlo
Mejores momentos: El sueño en el que el sonido ataca al protagonista. La chica tratando de chantajear al director.

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Rodada en blanco y negro, muda, en formato 1:37 (con el que empezó el cine), usando la música como constante elemento enfatizador de la acción y contando con algunos planos que referencian a cintas clásicas, desde la parte técnica está bastante claro que The Artist pretende homenajear y recordar al cine de la época silente. Pero el argumento sigue también firmemente esa idea, pues muestra la vida del gremio en la época, tanto delante como detrás de la pantalla, con mucho cuidado en escenificar situaciones de aquellos tiempos: el galán, la estrella ascendente, los géneros de moda, las productoras principales, etc.

La trama parte de una base sencilla para mostrar todo ello. Un actor de éxito del cine mudo ve truncada su carrera cuando hace aparición el sonido. Su forma de actuar ya no está de moda, y su ego le impide arriesgarse a evolucionar. Por el lado contrario, una joven estrella femenina a la que ayudó a afianzarse es ahora quien triunfa. Aunque resulta una historia ciertamente previsible y posee tramos que necesitan más intensidad, la aventura se narra francamente bien, en especial gracias al empaque de sus protagonistas. Estos personajes se ganan al espectador con pocas escenas, pues a pesar de la condición de película muda son descritos con gran habilidad en pocos minutos (genial la presentación del actor, acaparando todos los aplausos), y con el mismo éxito se exponen las relaciones amorosas (preciosa la escena donde tienen que repetir tomas) y las distintas etapas por las que van pasando.

Es crucial para ello un buen trabajo actoral, algo que superan de largo los dos protagonistas absolutos. Bérénice Bejo tiene el encanto y vitalidad de las estrellas de la época, pero Jean Dujarin está inconmensurable, pues muestra con una facilidad pasmosa los tres registros que mantiene el personaje: cuando actúa en sus películas, cuando mantiene su fachada de galán ante el público (el tío la clava, es un auténtico Humphrey Bogart), y cuando está en casa y es él mismo. Con un par de gestos y miradas nos traslada por completo a la situación que se esté mostrando en ese momento, y tampoco falla cuando cae en desgracia y se va deprimiendo y desesperando.

Otros elementos como el vestuario y la fotografía resultan muy buenos, pero si tras el papelón de Dujardin merece ser destacado algo más es la banda sonora de Ludovic Bource, adaptada perfectamente al estilo de la epoca, evolucionando constantemente según la narración lo requiera, poniendo la puntilla de suspense y emoción que necesita cada escena… Realza tanto la cinta que ayuda a enmascarar esa ligera falta de ritmo y da mucha vida a las situaciones más predecibles… De hecho tengo la sensación que si The Artist funciona es gracias a todos estos aspectos técnicos que ensalzan un guion bien intencionado pero demasiado sencillo y lineal.

El estilo de cinta muda sin duda es una barrera para el espectador medio, pero a quienes les guste de verdad el cine seguramente les entre muy bien. Es muy entretenida y divertida y está bien hecha e interpretada. Pero parece que a los críticos le gustan las visiones al pasado, porque sino no se entiende el apabullante éxito académico que ha obtenido, cuando es una cinta interesante pero bastante normalita. Y si bien los premios le vienen bien, pues ha lanzado su carrera y tanta fama ayuda a vencer prejuicios (sin los Oscar ni de coña la hubieran estrenado en mi zona), lo cierto es que me parece injusto que su prestigio se valúe por el impacto mediático más que por su propia calidad. Aunque es un visionado grato no me parece que sea como para citarla como una gran película, como una para recordar. Como mucho anecdótica y curiosa por su estilo ajeno a los cánones actuales, pero ya está.