El Criticón

Opinión de cine y música

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A ciegas (Bird Box)


Bird Box, 2018, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 124 min.
Dirección: Susanne Bier.
Guion: Eric Heisserer, Josh Malerman (novela).
Actores: Sandra Bullock, Trevante Rhodes, John Malkovich, Sarah Paulson, Jacki Weaver, Rosa Salazar, Danielle MacDonald, Tom Hollander, Lil Rel Howey, BD Wong.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Es capaz de cumplir de sobras en un género y estilo muy gastados. La solidez de sus personajes. Clásica pero efectiva puesta en escena.
Lo peor: La narración fragmentada me parece contraproducente. Quizá falta algo en la parte de supervivencia en el exterior.
El título: La traducción fiel es Pajarera. A ciegas pega, pero si los autores querían el otro, más original y sutil, por qué lo cambias.

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Cuántas películas de suspense o terror hemos visto con personajes planos y aburridos a los que les colocan de mala manera un drama impostado para intentar que conectemos con ellos. Que si un divorcio en ciernes, una pelea entre familiares o amigos, y al final vuelven a unirse; que si un trauma reciente (el abuso de hijos muertos es penoso) a superar con un par de escenas llenas de clichés al final; etc. Cuántas hemos soportado con tramas encasilladas en los mismos escenarios, desarrollo y soluciones. Espacios aislados, locos asesinos o monstruos acosando, los secundarios estereotipados muriendo de forma previsibles, y giros finales rebuscados para intentar sorprender. A ciegas tiene un poco de todo eso… pero todo con la vuelca de tuerca y la inteligencia justas para que te olvides en seguida de los lugares comunes y acabes embaucado por el misterio y sintiendo empatía por los personajes.

La presentación nos pone ante dos hermanas con una vida normal y unos conflictos verosímiles. Puede que la obsesión de la protagonista principal con el embarazo no parezca especialmente trascendental, pero en nada que empieza la acción pasa a formar parte de su adaptación y evolución, para en el tramo final ir cobrando importancia con escenas muy efectivas, algunas sutiles, otras muy bien conectadas con los nuevos eventos que enfrenta. Así, el arco dramático resulta muy interesante, crucial para el personaje y emocionante para el espectador. Los niños llamado Niño y Niña por temor a coger demasiado apego, las dudas sobre cuál debe correr un riesgo enorme para que puedan salvarse otros y otros instantes resultan bastante duros e inquietantes.

La llegada del fin del mundo pone todo patas arriba con buenas dosis de intriga y una pizca de acción agobiante. No se ve mucho, sólo que todo se ha ido al infierno por la presencia de criaturas misteriosas, lo que fuerza a unos pocos desconocidos a sobrevivir improvisadamente encerrados en una casa. Como en las buenas obras de géneros afines, lo importante es el cómo se enfrenta la humanidad a situaciones extremas, no el dinero que se hayan gastado en la recreación del bicho de turno ni los sustos forzados. Hay momentos que beben de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) y El amanecer de los muertos (ídem, 1978), otros de La niebla (Frank Darabont, 2007) y otras tantas parecidas, pero sus autores se centran en lo mismo que hizo destacar a esas obras: construir personajes con suficiente profundidad como para que cuando se tuercen las cosas, y lo hacen a menudo, no parezcan carnaza que irá muriendo en fila sin que te importen un bledo sus destinos.

Para el tercer acto tenemos un cambio de lugar inesperado, es decir, salimos de la casa y enfrentamos lo desconocido. Mantiene la incertidumbre por cómo sobrevivirán los pocos que quedan, y el giro final es también ingenioso y efectivo, al contrario de las chapuzas que suelen verse. Pero aquí termina de hacerse notar el único fallo notable de la película, una narración no lineal que juega en contra de las posibilidades latentes. A lo largo del relato nos han ido soltando pequeñas escenas a modo de adelanto, sin duda con la intención de hilar paralelismos que enfaticen la evolución de la protagonista, pero no parece necesario, ya estaba yendo bien la cosa en ese sentido, y a cambio se resiente el factor intriga. Estoy convencido de que enfrentar cada nueva dificultad y huida por los pelos sin saber qué viene hubiera resultado más emocionante. E incluso ya puestos, podrían haber ofrecido un par de aventuras más antes de entrar en el río, para enriquecer la parte de supervivencia.

En lo visual en cambio evitan por completo artificios demasiado habituales en el género y que también suelen fallar: las puestas en escena rebuscadas para intentar sorprender y disimular las carencias del guion, como en Cloverfield, (Matt Reeves, 2008), 28 días después (Danny Boyle, 2002) y muchas más. La directora Susanne Bier (dada a conocer con la aclamada El infiltrado, 2016) apuesta por un acabado formal muy clásico y sobrio, y funciona muy bien, salvo por un par de planos en el río donde cantan las pantallas de fondo y por la ausencia de una banda sonora de calidad que realzara mejor cada situación. El reparto también está bastante bien, destacando a Sandra Bullock, que muestra con intensidad la constante desesperación y el agobio que viven, y los siempre competentes John Malkovich y Tom Hollander; sólo Trevante Rhodes queda un poco por debajo del resto.

A ciegas no llega a resultar tan impactante y original como para marcar un hito en el género, pero no hace falta más para tener un buen entretenimiento, como ha demostrado también otro estreno del mismo año bastante parecido en concepto, Un lugar tranquilo (John Krasinski). Según los pocos datos que da Netflix, ha sido su película más exitosa hasta la fecha.

Alerta de spoilers: Destripo el final a fondo, no leas más si piensas verla.–

La ubicación de la salvación final da la impresión de estar en medio bosque inaccesible. Para que no parezca exagerado bastaba con señalar que hay una ciudad cerca y debido al caos era mejor ir por el río. Lo que no trago es que aparezca la doctora de maternidad ahí tan campante; no hacía falta para remarcar el desenlace feliz. Me alegro de que no enseñen al monstruo. No era necesario, el temor a que hay algo es suficiente. Además, si la idea es que te salvas no mirando, no tiene sentido que lo veamos a no sea que la protagonista lo hiciera.

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Milla 22


Mile 22, 2018, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 94 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Lea Carpenter, Graham Roland.
Actores: Mark Wahlberg, Lauren Cohan, Iko Uwais, John Malkovich, Ronda Rousey, Sam Medina.
Música: Jeff Russo.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo vertiginoso, tiroteos espectaculares, protagonistas carismáticos.
Lo peor: En escenas pausadas el director abusa del montaje rápido, resultando caóticas. Le faltan villanos de peso. El giro final es bastante fallido.

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Un comando especial se dedica a neutralizar amenazas terroristas en todo el globo. Por un lado, están los mercenarios, curtidos en cualquier escenario bélico, y por el otro, el jefe con los analistas y técnicos controlan las operaciones desde la sombra.

Viendo las últimas obras del realizador Peter Berg, El único superviviente (2013), Marea negra (2016) y Día de patriotas (2016), pensaba que Milla 22 también se basaba en hechos reales, pero no es el caso, aunque sí es muy parecida en argumento, personajes y estilo narrativo. Como en las citadas, intenta mostrar realismo dramático mezclado con acción aparatosa, esforzándose con los personajes más de lo habitual en el cine de acción contemporáneo, otorgándoles conflictos y características destacables, lo cual es muy de agradecer aunque no termine de alcanzar los niveles de grandes del género, como La jungla de cristal (John McTiernan, 1988).

En este caso se puede achacar que por mucho drama y tics que ponga sobre el rol encarnado por Mark Walhberg termina siendo Mark Walhberg, y aunque ofrece bastante simpatía y carisma, es evidente que un actor con mayor registro le vendría mejor; pero claro, es también uno de los productores principales, así que se aseguraría el puesto. Lauren Cohan (The Walking Dead, 2010) me convence más precisamente porque su papel es bueno y te crees su estrés en el trabajo y sus problemas en casa. Los secundarios cumplen con lo justo: escenas de camaradería, peleas y muertes que no dan vergüenza ajena son también poco habituales hoy en día. Donde anda más corta es en los malos, pues no tenemos un enemigo que dé la talla, que suponga un rival digno para los héroes: el líder de los comandos a pie de calle es muy soso, y los misteriosos individuos del avión resultan un pegote artificial.

El reto de los protagonistas no es gran cosa, simplemente avanzar disparando por las calles hasta llegar al destino seguro. No hay mucho más en la función, porque la intriga de política y espionaje es una excusa para justificar el lío, y además acaba en un giro surrealista que le hace perder la poca consistencia que tenía. Pero en su propósito funciona bastante bien porque Berg se centra en exprimir la acción frenética, el terreno donde mejor se mueve.

Con ello se perdonan bastante los excesos, como la cámara en mano a veces demasiado agitada, salvo en un par de instantes que deberían ser más tranquilos pero te marea igual, como la conversación de los dos protagonistas en la azotea. Y con ello se notan menos las carencias, como esos malos que llegan en oleadas cual videojuego. Calles, coches, tiendas, bloques, pasillos, pisos… escenario tras escenario encontramos tiroteos de impresión, carreras para salvar la vida, y alguna situación tensa muy lograda, como la protagonista atrapada en un piso.

La pena es que los guionistas meten con calzador una idea que supone el mayor fallo de la propuesta, y ni Berg ni Walhberg ni otros productores han sabido verlo. Quizá pensando en que el argumento no dejaría huella y no daba para llegar al metraje mínimo (al final se queda en una hora y media, nada común en estos tiempos), intentan estirar como pueden y aportar un giro que cause sensación. Pero la narración paralela del protagonistas patina bastante. La cháchara metida entre medio de la aventura no genera intriga sino reiteración (te cuenta lo que vemos) y salidas tangenciales innecesarias (aporta datos irrelevantes), y al final resulta que está para justificar la revelación forzada que supuestamente cambiará nuestra percepción de todo lo que hemos visto. Pero me temo que es tan rebuscada y tramposa y a la vez tan intrascendente que produce el efecto contrario, hace que acabes con cierto mal gusto una proyección que iba siendo la mar de entretenida.

Aunque Día de patriotas tuvo buena recepción crítica no se transmitió a la taquilla, y esta, que se ha recibido con tibieza, difícilmente podría tener mejor suerte. Al menos en cines, porque son cintas que aguantan muy bien los revisionados en televisión y dvd/bluray. No sé por qué no les dan distribución y publicidad suficientes, pues Berg arrasó con Hanckok (2008) y Walhberg es un rostro conocido, así que ambos tienen tirón de sobras para atraer gente, y más con títulos más que decentes en un género saturado de fantasías y sagas clónicas.

Deepwater Horizon (Marea negra)


Deepwater Horizon, 2016, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 107 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Matthew Michael Carnahan, Matthew Sand.
Actores: Mark Wahlberg, Kurt Russel, John Malkovich, Gina Rodríguez, James DuMont, Kate Hudson, Dylan O’Brien.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo es algo intenso, sin bajones ni en las partes más expositivas.
Lo peor: No termina de arrancar nunca, esperas que llegue algo grande pero acaba sin dejar huella.
El título: La distribuidora le ha puesto Marea negra. Con la afición que suelen mostrar por los títulos en inglés, ¿qué tenían en contra de mantener el nombre de la plataforma? Es pegadizo y fácil. Y desde luego, la marea negra no es la protagonista de la película, sólo se menciona al final en texto en pantalla.

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Tras deslumbrar en su presentación en la pantalla grande con Very Bad Things, Peter Berg no volvió a ofrecer nada tan original y redondo, decantándose por un cine más comercial donde no exprimía su potencial: El tesoro del Amazonas, Hancock, La sombra del reino y Battleship son bastante olvidables. Pero en su siguiente obra personal retornó ese realizador habilidoso y comprometido: El último superviviente. Su guion no es complejo ni profundo, pero es que tampoco se requería, así que cumple de sobras; ni tampoco se veía algo esperable en una obra hollywoodiense sobre el ejército: el patriotismo aparece en su justa medida. Pero en lo visual resultó un ejercicio narrativo impresionante, regalándonos una de acción bélica memorable.

Su siguiente largometraje, Deepwater Horizon, llegaba con unos avances bastante espectaculares. ¿Tendríamos al Berg comercial o al inspirado? Pues me temo que se inclina por lo primero. A pesar de que el argumento amaga con mostrar un drama serio y de grandes pretensiones y calado, tanto el guionista Matthew Michael Carnahan (con el que colaboró también en La sombra del reino) como el propio director parecen empeñados constantemente en limitar sus posibilidades, optando por a una de acción al uso. Me recuerda mucho a United 93: una historia real tratada con demasiada distancia y frialdad, soltando unos pocos datos y acción en fila a toda leche pero sin trabajarse lo más mínimo el espectro emocional ni tampoco el alcance, porque requería una complejidad que no parecen buscar.

Tenemos decenas de personajes en distintos puestos de la plataforma, el barco de los residuos, las agencias de emergencias… Pero sólo unos pocos van más allá de simples elementos de la trama, y no es que se haga un gran trabajo con ellos. El empresario villano, el jefe responsable y el héroe protagonista tienen un dibujo extremadamente superficial, y apenas tenemos secundarios dignos de mención: la mujer del prota, el currante simpático y otros trabajadores con mucha presencia carecen de personalidad, aparecen en muchas escenas pero sin dejar huella alguna. No puedes formar un drama coral sin darle entidad y una historia a cada protagonista. Así, la cinta va avanzando saltando constantemente entre grupos de trabajo, pero sin que llegue a narrar ninguna odisea personal concreta. Llega el accidente, corretean y se salvan o mueren, no hay más. Demasiada anécdota, frase chorra suelta (“He dejado el café”), y poca, o más bien ninguna, concreción y profundidad, y por extensión, muy poca o ninguna conexión emocional. La trama más o menos igual. Parece que iban a poner algo de esfuerzo en explicar cómo funciona la plataforma, pero se limitan a cuatro datos vagos que describen el accidente, sin llegar a transmitir una idea clara del trabajo y el ambiente en general. Por supuesto, en este panorama no esperes un gran retrato del entorno y un análisis crítico de los hechos. Cumplen mostrando un par de escenas del empresario ambicioso contra el jefe prudente, y ya está.

Pero la narrativa es también veloz y algo enérgica, con lo que, aunque no se ahonde en nada al menos te dejas llevar. Y la acción, aunque tarda en aparecer y no destaca especialmente, mantiene un nivel de intensidad constante y Berg no se pierde entre los varios los frentes abiertos, siempre sabes dónde estás y siempre hay algo movidito a lo que atender. Además Mark Walhberg desprende una simpatía contagiosa en todas sus películas, con lo que incluso con su esquemático personaje te engancha.

Así pues, esto no está en la onda de El coloso en llamas, una de catástrofes que combinaba el drama serio con la acción aparatosa logrando un por lo visto inigualable referente para el género. Pero si haces la vista gorda a todo su potencial ignorado queda un entretenimiento sin pretensiones e inofensivo con el que pasar el rato.

El estreno casi se junta con el nuevo proyecto del realizador, Patriots Day (Día de patriotas), que tendría una postproducción mucho más corta. Por los avances, tiene pinta de ser el mismo estilo de película, y esta vez también promete un tono patriota claro.

Red 2


Red 2, 2013, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 116 min.
Dirección: Dean Parisot.
Guion: Jon Hoeber, Erich Hoeber.
Actores: Bruce Willis, Helen Mirren, John Malkovich, Mary-Louise Parker, Anthony Hopkins, Catherine Zeta-Jones, Neal McDonough, David Thewlis, Brian Cox.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Lo que queda de los personajes.
Lo peor: Insípida y aburrida.
Mejores momentos: Los celos entre Sarah y Katja.

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El éxito de Red fue bastante merecido. Como comedia de acción destacaba bastante en un panorama lleno de títulos repetitivos, de ideas agotadas. Los excelentes personajes, un ritmo bastante acertado y sobre todo el gran sentido del humor nos dieron una película bastante recomendable. La secuela es por el contrario una gran decepción. La chispa y energía de su predecesora no se ven por ninguna parte. Los personajes son una sombra de lo que eran, estirados sin sacarles mucho partido. El humor carece de originalidad, pero también de gracia: apenas consigue llevarte a la carcajada.

Por suerte los protagonistas eran tan buenos que lo poco que queda de ellos basta para salvar la función. Cada tramo dedicado a cada uno de ellos resulta divertido debido a sus peculiares personalidades, y la dinámica entre todos mantiene al relato en una constante sensación de que hay un buen poso y en seguida va a coger carrerilla… Pero el embrujo dura poco, porque una vez se va formando una perspectiva global de la narración queda claro que los guionistas no saben muy bien cómo enlazar un capítulo con otro y mover a los protagonistas hacia algo interesante. Es decir, el argumento es endeble y difuso, se salta de acá para allá sin motivos claros (damos la vuelta al mundo varias veces sin razón alguna), vemos metraje y más metraje sin tener a la vista un objetivo concreto.

En la primera entrega alabé a los actores bastante merecidamente, pero aquí se nota que no tienen material con el que trabajar, todos van con el piloto automático puesto. La puesta en escena es correcta, destacando de nuevo por ser sobria y efectiva en comparación con los cansinos artificios del cine de acción actual.

Nada original, poco graciosa, con un ritmo bastante caótico, Red 2 resulta un aburrimiento bastante grande. No llega a ser mala, pero tampoco logra resulta un visionado que deje buenas sensaciones: se ve con pasividad, sin despertar emociones en ningún sentido, y se olvida al instante. Otra saga echada a perder.

Transformers: El lado oscuro de la Luna


Transformers: Dark of the Moon , 2011, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, comedia.
Duración: 157 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Ehren Kruger.
Actores: Shia LaBeouf, Rosie Huntington-Whiteley, John Turturro, Frances McDormand, Tyrese Gibson, Patrick Dempsey, Kevin Dunn, John Malkovich, Julie White, Alan Tudyk, Ken Jeong.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Los efectos especiales y sonoros y el provecho que el director saca de los mismos en el impresionante tramo final gracias a una puesta en escena magnífica.
Lo peor: El infame guion, lleno de morralla, estulticia, subtramas fallidas e inconexas, mensajes maniqueos…
Mejores momentos: El salto desde el helicóptero. El ataque del robot gigante al edificio, que culmina con la caída de los protagonistas por la fachada.
El plano: La chica a cámara lenta, con la guerra al fondo.
La pregunta: ¿Sois conscientes de lo jodidamente insoportable que podría haber resultado el protagonista (Sam) de no ser interpretado por un actor carismático y resultón?

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Por lo que veo en internet, mucha gente quedó desencantada con Transformers: La venganza de los caídos, de hecho se considera una pésima película comparada con Transformers, que fue bastante bien aceptada (muchísimo dentro del género de taquillazo de acción sin más pretensiones que entretener). La verdad es que en líneas generales no veo diferencia cualitativa entre ambas, aunque sí es cierto que el humor inmaduro abunda más en el segundo episodio. Sea como sea, la tercera parte se ha esperado con intriga: ¿remontaría y daría un final digno a la trilogía o seguiría por el mal camino? La respuesta del público está bastante polarizada, y se entiende, pues aquí se magnifica todo aún más, tanto lo bueno como lo malo, hasta el punto de que parecen dos películas mal mezcladas.

Se podría aceptar que como introducción a la trama nos muestren al protagonista, Sam, adaptándose a una nueva etapa de su vida, pues es algo básico y casi ineludible en el cine (y la literatura, el teatro…) mostrar evolución en el personaje, moverlo del punto A al B, que viva conflictos en los que madurará, etc. Pero lo que aquí encontramos es peor que la parte de la universidad de la segunda entrega. No es de recibo que esta sección ocupe la mitad de un metraje de dos horas y media, y menos teniendo tan poca relación con el argumento principal. Este proceso largo y sin rumbo se convierte pues en la primera subpelícula, que resulta una insoportable y cutre comedia de adolescentes sobre un pringado que fue héroe y se aferra a eso como si no tuviera más en su vida y que intenta encontrar empleo, porque claro, un hombre no puede ganar menos que su novia.

Si el argumento de este tramo es penoso, no lo es menos su desarrollo, todo a trompicones, perdiéndose en subtramas irrelevantes y saltando entre escenas que poco o nada pegan entre sí. Las apariciones de los padres se han reducido, pero siguen resultando ridículos y cargantes. No resulta creíble que tal paquete de niñato tenga semejantes novias, pero ya sabemos que las películas estas son los sueños onanistas de Michael Bay, y se acepta; y como opinión masculina, Rosie Huntington-Whiteley es fea de narices (nunca mejor dicho), por mucho que tenga buen culo. Además, como lo fue Megan Fox, es una mujer florero, puesta ahí para lucir y como excusa para que el protagonista haga cosas de machotes. La búsqueda de empleo se salda con un montón de entrevistas que pretenden ser humorísticas, y cuando lo encuentra se tira allí minutos y minutos sin hacer nada relacionado mínimamente con la historia de los robots. Y hablando de perder el tiempo, aquí nos topamos con el personaje de John Malkovich, el más descolocado y sobrante que he visto en toda mi vida en una película; y lo peor, en principio es un jefe maniático y pesado, pero más adelante, tras pensar que por fin ha dejado de salir, reaparece convertido por arte de magia en un tontaina.

Esta subpelícula resulta extremadamente difícil de digerir, pues como comedia de adolescentes es inmadura y estúpida hasta provocar vergüenza, pero sobre todo porque carece de sentido y no lleva a nada tangible: pasan cosas porque sí, una chorrada detrás de otra. Burdas rivalidades y celos con el aburrido empleador de la novia, conflicto familiar delirante, amigos mini-robots que se transforman en chistes (al menos nos hemos librado de los gemelos raperos), lucimientos de cuerpos femeninos y coches de lujo sin venir a cuento, problemas laborales que rozan el surrealismo… En todo este galimatías infumable que se come más de una hora (más o menos lo que duran muchas obras maestras) se salvan unos cuantos chistes, eso sí, infantiles, primarios.

El hilo central, lo de la nave oculta en la Luna cuya existencia fue mantenida en secreto por el gobierno de Estados Unidos, no es por definición complejo ni difícil de exponer, pero como el guionista es un patán necesita un montón de metraje para hacerlo, y en el proceso termina repitiendo información, añadiendo sandeces innecesarias y en definitiva enmarañando todo torpemente. El propio prólogo es buena muestra de ello: ¿tantos minutos y tanto enredo para decir tan poco? Durante la primera subpelícula aparecen algunos retazos de dicha trama (vagos, dispersos… y aun así redundantes), siendo lo más destacable la inclusión de otro personaje totalmente fuera de lugar y que resulta lo más penoso y molesto de toda la película: el asiático loco (Ken Jeong), sobre el que no pienso perder el tiempo diciendo nada más. Cuando por fin se dignan en lanzar esta dichosa historia central lo hacen sin embargo precipitadamente. ¿Tanto perder el tiempo en otras chorradas y ahora van con prisas? Pero lo sorprendente es que acelerar las cosas funciona. Desde que aparece el mejor acierto de la saga, el histríonico Simmons (encarnado por un alocado John Turturro), la narración se lanza. Se comen con buen ritmo los simplones descubrimientos que nos llevan al meollo del asunto, y mediante algunas acertadas secuencias de transición nos introducen de una vez por todas en la segunda subpelícula. Destaca por ejemplo la divertida inclusión de Alan Tudyk como acompañante de Turturro, aunque por desgracia ambos pasan muy pronto a segundo plano.

Y esto me lleva a ahondar en la cuestión de los personajes. Es desesperante observar como protagonistas de bastante importancia para la historia son maltratados o relegados a un plano inferior a favor de otros que tienen mucho metraje para lo poco o nada que aportan. El de Patrick Dempsey tiene escasa presencia para su relevancia en los planes enemigos, y resulta el típico traidor en el que ni pierden el tiempo tratando de exponer motivaciones, porque no hay quien se lo crea. El propio Turturro no pega mucho en esta entrega, dando la sensación de que aparece por cumplir; su presentación se da en otra larga e innecesaria escena, y cuando la acción empieza casi desaparece del relato. Tampoco funciona la tropa de militares que nos ha acompañado en toda la saga (Lennox –Josh Duhamel– sale más, pero Epps –Tyrese Gibson– está metido con calzador), pues aparecen sólo al final para pegar cuatro tiros, y además con el tiempo reducido porque se presentan nuevos soldados. Igual que ocurre con el argumento, el desequilibrio en la exposición y desarrollo de los protagonistas es horroroso. Y por último, igual que en los otros dos capítulos siento que los propios robots están infrautilizados con respecto a los humanos: ninguno llega a resultarme interesante, sus propios conflictos personales me aburren (las motivaciones de Megatrón entran en la categoría citada anteriormente: es malo porque sí y punto). De hecho en toda la saga los robots secundarios me resultan imposibles de diferenciar, aspecto en el que tiene parte de culpa ese diseño demasiado abstracto que les resta personalidad.

Entrando por fin en materia, esta segunda subpelícula supone una de las mejores muestras del cine de catástrofes, apocalipsis, invasiones alienígenas y por ende de acción que se han creado, eso sí, si hablamos de espectáculo de entretenimiento sin grandes pretensiones (para una buena historia me pongo Terminator II, Aliens o Matrix, pero a veces apetecen chorradas del tipo Independence Day o Transformers). Michael Bay se exprime al máximo y echa todo lo que tiene, todas sus dotes como realizador de colosales y grandilocuentes escenas de acción. Y lo más destacable y lo que hace grande a este tramo es que no se limita a soltar explosiones sin más y dar unas cuantas vueltas de 360º con la cámara como en otros bodrios suyos (Dos policías rebeldes y secuela, por ejemplo), sino que nos hemos encontrado con el Bay más inspirado (el de La Roca). Se enlazan ideas y secuencias muy bien planeadas y ejecutadas con maestría que aportan constantemente algo atractivo al clásico proceso de “hay una invasión y luchamos heroicamente”: asombrosos planos de destrucción y desolación, distintos tipos de incursiones (la del salto desde el helicóptero es impresionante), distintos tipos de ataques enemigos, conflictos variados (escenas cuerpo a cuerpo entre los mastodontes, momentos trágicos con rehenes, duelos personales épicos –Optimus versus Sentinel-)… Pero entre toda esta orgía de destrucción hay un momento que destaca, y lo hace tanto que por ello resulta aún más memorable. Hablo del clímax en el edificio cuando el robot gigante ataca. La conjunción de los brillantes efectos especiales con las impecables labores de planificación, dirección y montaje ofrecen una de las secuencias más asombrosas vistas en el cine: el edificio cayéndose, los protagonistas salvándose como pueden, la huída suicida por la fachada de cristal… Bay podrá ser un pésimo hacedor de historias, pero quien tenga huevos de decir que no sabe dirigir que se ponga esta escena.

El resultado es una película bélica de ciencia-ficción colosal… pero eso visualmente hablando, porque la conexión emocional es escasa debido a la falta de fuerza y cohesión del argumento, tanto por la poca calidad del mismo como por la eterna hora de sufrimiento anterior. Pocos espectadores han llegado hasta aquí despiertos, pocos han soportado el tedio y las sandeces previas, pocos llegan con entusiasmo y ganas y son capaces de dejarse llevar por la espectacularidad. Yo estaba tan desconectado a estas alturas que estoy seguro de que no he disfrutado plenamente este festín. Sin duda coger el dvd y ponerse esta parte será un viaje de infarto. Otros sí han sido capaces de aguantar o borrar de su memoria la primera sección y habrán disfrutado de lo lindo con la segunda…

… pero seamos justos: esto hay que valorarlo como una sola película. Lo que nos queda es un producto demasiado desequilibrado, largo, descompuesto e incluso estúpido. Un galimatías, una película delirante, amorfa. Un pastiche de los egos, manías, sueños y fetiches de su autor: onanismo con lo militar, patriotismo hortera con dosis de xenofobia recalcitrantes (todos los extranjeros se definen mediante tópicos –empezando por el de “son malos”-, llegando a extremos ofensivos: ver a los Autobots machacando árabes en plan mercenarios de los USA es vomitivo), anuncios descarados (marcas como Cisco o Chevrolett tienen auténticos reportajes velados), machismo del cutre (el momento latina-buenorra es asqueroso, los pases de modelo de Rosie Huntington cantan demasiado), videoclips musicales cada dos por tres, etc. Prescindiendo de la primera subpelícula podríamos haber estado ante una auténtica joya del cine de acción, con un estilo parecido al de la correcta pero infravalorada Invasión a la Tierra pero con tres veces más presupuesto y por lo tanto tres veces más espectáculo. En esas condiciones probablemente estaríamos hablando de algo digno de recordar, pero lo que ofrece Transformers 3 es el máximo exponente de película taquillera veraniega de consumo rápido: la más grande y espectacular, pero también la más hueca, torpe y ridícula.

Serie Transformers:
Transformers (2007)
Transformers: La venganza de los caídos (2009)
-> Transformers: El lado osucro de la Luna (2011)
Transformers: La era de la extinción (2014)
Transformers: El último caballero (2017)

El imperio del sol


Empire of the Sun, 1987, EE.UU.
Género: Drama, bélico.
Duración: 152 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Tom Stoppard, J. G. Ballard (novela).
Actores: Christian Bale, John Malkovich, Miranda Richardson, Niger Havers, Joe Pantoliano, Leslie Phillips, Masatô Ibu, Emily Richard, Rupert Frazer.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y emotiva. Dirección, guion, actores, música…
Lo peor: Algunas sensaciones que deja: no es muy original, peca de ser melodramática y se hace algo larga.
Mejores momentos: La huida por la ciudad, el ataque al campamento.

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La cantidad de recursos que posee un director tan dotado como Steven Spielberg hacen de El imperio del sol una aventura épica cuando el caos sumerge a la población en el desconcierto (las imágenes de la huida por la ciudad son impresionantes, pero no menos que el ataque al campamento) y un drama personal sencillo pero emotivo cuando se centra en las penurias que sufren unos pocos pero deliciosos personajes. Por si fuera poco, si como epopeya bélica es notablemente eficaz, no lo es menos ahondando en temas sociales subyacentes: muestra muy bien como los diferentes estratos sociales se van al carajo con la guerra y la forzosa igualdad que provoca el internamiento en el campo de concentración. En escenas sueltas también deslumbra con el Spielberg de la época, inspirado y conmovedor, destacando por ejemplo la habitación que muestra el secuestro a través de las huellas en el polvo de maquillaje.

Sin embargo, en la estancia en el campo la narración pierde algo de fuerza e interés, pues es un tramo que sabe a visto y se desarrolla con algunos trucos demasiado evidentes, y además la parte final se alarga demasiado sin que parezca llegar a ningún lado, para desembocar en un epílogo quizá necesario pero demasiado melodramático. En otras palabras, la cinta a veces peca de excesos de sentimentalismo, pues parece buscar forzadamente la emoción del espectador, y de metraje, pues se hace ligeramente larga, con esos pasajes no parecen aportar demasiado o se inflan más de la cuenta. Así pues, a pesar de ser visualmente redonda y de contener muchísimos instantes de gran fuerza, en general le falta algo, ese algo que supone pasar la frontera entre la perfección técnica y el arte inolvidable.

Cabe destacar, en un reparto muy bien elegido (John Malkovich y Miranda Richardson están fantásticos), la presencia como protagonista absoluto de Christian Bale. Su papel es encomiable, sobre todo teniendo en cuenta su juventud, mostrando con gran habilidad todo el proceso de cambio que provoca en él la aventura: de joven pijo y mimado pero entusiasta pasa a chaval aterrorizado, llegando luego a ser un joven avispado y a veces un sabiondo repelente, y terminando en la más absoluta desesperación y soledad. Bale vio lanzada muy merecidamente su carrera, y como curiosidad, hay quienes dicen que el enfrentarse a un papel tan exigente a tan corta edad le marcó y por eso siempre elige personajes raritos y torturados.

Estoy de acuerdo con lo que he visto en unas cuantas críticas: parece una cinta hecha para que te den premios y obtener prestigio en Hollywood. Pero no concuerdo lo más mínimo con quien dice que es uno de los fracasos de Spielberg. Quizá está excesivamente edulcorado, pero es un peliculón. Es una de esas muestras de que no importa si el argumento o alguna ida están muy vistos, si está bien narrado puede dar un producto de primera calidad. La entereza de los personajes, el detallismo que impregna todo el relato y la puesta en escena con un ritmo y belleza envidiables hacen olvidar el exceso de sentimentalismo y lo vistas que están las historias de campos de concentración y superación personal.

Crónicas mutantes


The Mutan Chronicles , 2019, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 111 min.
Dirección: Simon Hunter.
Guion: Philip Eisner.
Actores: Thomas Jane, Ron Perlman, Devon Aoki, John Malkovich.
Música: Richard Wells.

Valoración:
Lo mejor: Es una película para reírse de lo mala que es.
Lo peor: Es una abominación indescriptible.
La frase: No soy de tener fe, soy de joderlo todo.

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Crónicas mutantes (aunque lo correcto sería Crónicas de mutantes) fue un juego de rol alrededor del que surgió toda una gama de complementos y merchandising (miniaturas, juegos de cartas, videojuegos…) hasta que finalmente en 2008 nos obsequiaron con una película de bajo presupuesto que debido a su nula calidad deambuló penosamente en algunos cines de EE.UU. hasta que decidieron sacarla directamente en DVD en el resto del mundo.

La cinta sobrepasa la categoría de serie b para entrar directamente en la del cine cutre, es decir, que es tan mala que resulta descojonante. Este género tiene sus adeptos (famosa es la web Cinecutre.com), y lo cierto es que como entretenimiento para una tarde con los colegas los filmes de este calibre son un auténtico festín de carcajadas, eso sí, si se sabe lo que se va a ver, porque no es lo mismo ponerse El increíble Hulk o Narnia 2 esperando algo pasable y encontrarse con un bodrio infumable que tener asumido que se va a ver algo tan penoso que podrías haberlo rodado tú mismo. Como es imposible describir esta obra de arte con palabras mundanas he optado por la verborrea gafapastil inundada de anglicismos absurdos que usan los críticos profesionales para aparentar conocimientos del cine y del lenguaje de los que sin duda carecen.

Alejada de cualquier corriente mainstream Crónicas mutatnes ofrece un esperpéntico espectáculo retro-vanguardista-pulp, es decir, que es ciencia-ficción postapocalíptica y pseudomedieval con toques de fantasía de zombis y héroes de videojuegos, y por si fuera poco todo se rodea de una estética tan extravagante como el steampunk. El nulo presupuesto ofrece unos efectos especiales amateurs bastante divertidos (por decirlo suavemente), pero son suficientes para formar ese aspecto visual tan curioso que, si hubiera sido bien aprovechado en una película de verdad, podría haber resultado muy llamativo.

Sorprende el reparto, donde la presencia de nombres como John Malkovich o Ron Perlman hace pensar en alguna clase de enchufe o incluso chantaje para que semejantes talentos se rebajaran a rodar esto. Por cierto, aunque la dirección finalmente recayó en Simon Hunter, John Carpenter fue uno de los inicialmente previstos. Y debo citar también al semi-desconocido protagonista, Thomas Jane (lo conocí en la estupenda La niebla), un carismático héroe de acción desaprovechado por Hollywood que aquí cumple con su ridículo cometido porque el pobre hombre tiene que comer.

La historia no puede esconder su origen y para los frikis roleros resultará bastante divertida, pues la trama desarrolla precisamente una partida de rol de forma nada disimulada. La presentación de la historia, la aparición de los personajes variopintos y con cualidades bien definidas (todos tan surrealistas, absurdos y estúpidos que o te suicidas o te mueres de risa), la unión del grupo de héroes, la búsqueda y el enfrentamiento final, con un clímax a lo juego de plataformas que pone el punto final a toda esta inmundicia caricaturesca de forma hilarante.