El Criticón

Opinión de cine y música

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Ad astra


Ad Astra, 2019, EE.UU.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 123 min.
Dirección: James Gray.
Guion: James Gray, Ethan Gross.
Actores: Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Ruth Negga, Donnie Keshawarz, John Ortiz, Loren Dean.
Música: Varios.

Valoración:
Lo mejor: Por decir algo, ver a la gente salir del cine tan dormida y cabreada como tú, compartiendo así la sensación de engaño.
Lo peor: Hecha a trozos de otras películas. Pretenciosa pero informe y fallida hasta el ridículo. Aburrida hasta la desesperación. Ni cumple en el acabado a pesar del abultado presupuesto.

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Conocí al guionista y director James Gray por La noche es nuestra (2007), un thriller de policía y mafias estupendo que no tuvo la recepción que merecía y pasó muy desapercibido. No me llamaron sus siguientes trabajos, los dramas románticos Dos amantes (2008) y El sueño de Ellis (2013), pero volví a él cuando encaró un género que me resulta más atractivo, el cine de aventuras. Pero Z, la ciudad perdida (2016) fue una gran decepción, no vi en ella ninguna de las cualidades que mostró en aquella. No fue capaz de hacer que conectara con tanta intensidad con los personajes, que la historia cobrara vida con garra y los giros y finales impactaran, sino que fue un título vulgar, superficial, plomizo, y sin pegada en lo visual a pesar del potencial del escenario. Aun con esas malas impresiones no he podido evitar ver Ad astra, pues la ciencia-ficción me llama aún más. Pero Grey sigue en la misma deriva, construyendo otra película torpe y soporífera, y esta vez se estrella más al apuntar mucho más alto.

Inexplicablemente, la crítica se ha volcado con la obra, con lo denostada que suele estar la ciencia-ficción, pero el recibimiento del público es más tibio, no tanto como yo esperaba, pero hay muchos espectadores que salen medio dormidos del cine y con cara de haber sido timados, porque los tráileres anuncian un drama con acción y aventuras pero lo que nos ofrece es un pretencioso pero fallido intento de relato introspectivo y reflexivo en la onda de 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), Solaris (Andrei Tarkovsky -1972-, Steven Soderbergh -2002-), Interstellar (Christopher Nolan, 2014) y, saliendo del género, Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979). Y también bebe más o menos descaradamente de Horizonte final (Paul W. S. Anderson, 1997), Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017), Mad Max (George Miller, 2015), Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)… Pero Grey está tan poco inspirado que los referentes en los que se apoya resultan demasiado evidentes, de forma que Ad astra resulta un burdo conglomerado de ideas de otros mezcladas con sus propias y vagas ambiciones.

Alerta de spoilers: A partir de aquí debo entrar bastante a fondo para sacar todas sus carencias a relucir.–

En estilo pega saltos sin ton ni son, sin tener claro hacia dónde se dirige, y lo que es peor, mareándote con promesas que no llevan a nada. El prólogo y partes del final tienen acción que parecen tomas descartadas de Gravity, tan exageradas que no encajan en una historia pausada e intimista. El viaje en busca de un familiar y héroe cuyo destino se desconoce recuerda demasiado a Interstellar y Apocalypse Now, y aunque hay que señalar que esta premisa bebe de la Odisea de Homero, la falta total de aportes propios pesa mucho. El protagonista (encarnado por Brad Pitt) serio, frío y desubicado que busca respuestas recuerda bastante a Blade Runner 2049, sobre todo cuando pasea con la misma seriedad que Ryan Gosling por escenarios demasiado semejantes. El dibujo del héroe abnegado y deshumanizado también me recordó a El primer hombre (Damian Chazelle, 2018), que ya era bastante floja de por sí. En la luna hace pensar en Mad Max, con una persecución de forajidos que sería efectiva si la película siguiera por ese camino, pero es un relleno sin justificación. Igual resulta el mono rabioso, un receso de suspense a lo Alien totalmente salido de madre que pone más misterios en la mesa que luego no vuelven a tratarse. También me acordé de Desafío total (Paul Verhoueven, 1990) en el segmento de la Luna, por eso de tener información constante de fondo que va describiendo el entorno (aunque luego no sirve para nada concreto). Los típicos y cansinos flashbacks de la mujer en casa, en plan ensoñación etérea a lo Terence Malick, intentan aportar romance y drama, pero es un toque demasiado artificial que sólo consigue generar distanciamiento. Las constantes menciones a la búsqueda de vida inteligente fuera del sistema solar apuntan a que en cualquier momento se convertirá en Contact (Robert Zemeckis, 1997) o La llegada (Denis Villeneuve, 2016), o que tendrá un final a lo Abyss (James Cameron, 1989) o Misión a Marte (Brian De Palma, 2000)… pero son todo vaciles y engaños insultantes o una torpeza insólita.

En resumen, te tiras toda la proyección creyendo que van a pasar cosas en un sentido u otro, que por fin está tomando rumbo, y de repente abandona esa dirección para irse por otros caminos y otras fórmulas narrativas empalmadas de mala manera.

Por extensión, no sorprende que haya numerosos giros según le convenga hacer avanzar la historia y realzar al héroe, lo que aumenta la sensación de que la progresión de los hechos no es nada natural, sino forzada e inverosímil. El general que lo acompaña un rato está para dar explicaciones, luego se lo quitan de en medio porque se pone malito el pobre. Los diversos extras para las partes de acción mueren con una facilidad pasmosa justo antes de saltar al siguiente escenario. Si Grey se mete en un callejón de salida se saca de la manga otro personaje que resuelve el entuerto, como la marciana, figura que además genera una de muchas incongruencias: afecta al protagonista, que en el planeta rojo queda un poco como un patán sin coraje después de tanto esfuerzo en ponerlo como un superhéroe. Algunas soluciones son delirantes, como esa tapa de alcantarilla en Marte que da a un lago y este tiene una cuerda sumergida para cruzarlo buceando y salir justo al sitio “seguro” donde despega el cohete de la mega corporación más poderosa del sistema solar; que se pueda abrir la escotilla en pleno lanzamiento es una minucia a lado de esto, de hecho, es creíble que un alto rango militar en una misión secreta tenga un código de anulación de protocolos varios. En cuanto al ejército, queda como un organismo bastante débil: apenas consiguen defenderse de los piratas, sus misiles tienen un alcance cortísimo, no son capaces de montar una misión secreta con naves propias…

En contenido es dispersa y vaga y a la vez repetitiva. No se centra durante un rato, y al siguiente se atasca en bucles de los que parece que no va a salir, con diálogos entre personajes o voz en off recalcando lo obvio, lo que estamos viendo. Por extensión, los diálogos explicativos son sonrojantes, casi en plan “vamos a ir en cohete a Marte, porque para llegar allí hay que ir en cohete”. La introspección la convierte en vacío narrativo. El protagonista susurra infinitos pensamientos supuestamente serios y conmovedores, pero en realidad mundanos y aburridos: debo distanciarme de mi esposa para no mostrar debilidad en el trabajo (¡no te hubieras casado!), sufro porque papá no está, etc. Lo sutil se le atraganta sobremanera al realizador, construyendo situaciones con unas obviedades que provocan vergüenza ajena; por ejemplo, el segundo al mando de la nave que transporta al protagonista queda como un inútil y un gilipollas imposible de creer, todo para ensalzarlo a aquel. Pretende ser seria y con rigor científico y da unos bandazos espectaculares, destacando ese salto espacial imposible con un escudo que al chocar con el polvo y los pequeños asteroides del anillo de Neptuno hace que estos exploten y el personaje parezca acelerar en vez de frenar y desviarse de su ya de por sí increíble trayectoria; y no se queda atrás lo de usar la explosión nuclear de una nave para coger impulso con otra, como si a esta la onda expansiva no la afectase.

Lo único que amaga con concretar algo inteligible e inteligente es con los temas sobre la corrupción del ser humano, el capitalismo esclavizando al ciudadano incluso en la conquista del sistema solar. Pero al final salta al otro espectro y suelta un mensaje que se me antoja profundamente anti científico, anti superación de la humanidad. No vayamos al espacio, no exploremos, no busquemos conocimiento, y rehuyamos de la ciencia, que sólo traen problemas. Quédate en casa y forma una familia, que es la única forma que tiene el ser humano para realizarse y encontrar la felicidad. No puedo evitar pensar en la delicadeza y maestría con que Interstellar combinaba pensamientos de esta índole.

Si al menos tuviera un aspecto visual potente, hipnótico, que engañara los sentidos y te impidiera ver que no te están contando nada sólido o útil, como 2001 en gran parte del metraje (en otras partes el delirio era tal que también se hacía insoportable), Gravity, que con una historia sencilla ofrecía una de acción memorable, Interstellar, que hacía de las numerosas transiciones y explicaciones algo que admirar y no se resentía en su abultado metraje… Pero la labor de Gray es muy pobre y la dirección artística tirando a mala, algo incomprensible teniendo un presupuesto de casi 90 millones de dólares.

Hay un par interiores de naves bastante detallados, pero no les saca provecho con una puesta en escena muy básica, ahogada más de la cuenta en primeros planos; acabarás harto del careto de Brad Pitt. Pero fuera de eso no ofrece nada de nada. Las estaciones espaciales parecen rodadas en aparcamientos subterráneos, todo columnas de hormigón. Llegas a Marte esperando que te deslumbren con la colonia… y es lo más feo e inerte que puedas imaginar… y cutre, porque ponen iluminación roja en esos bastos interiores para decirte que estamos en Marte. Entonces es también cuando más recuerda a Blade Runner 2049, con los tonos anaranjados, los juegos de luces y sombras, los edificios extraños… pero todo parece una imitación barata. Las escenas del espacio, nada originales, como he indicado, pero tampoco hermosas e inquietantes como se espera. Las situaciones donde el personaje reflexiona sobre sí mismo y su entorno carecen de imaginación en la composición del plano, con lo que resultan aún más anodinas y aburridas: soportamos innumerables planos del tipo flotando en la nave, sentado mirando pantallas, el eterno paseo por el lago…

Brad Pitt, prácticamente la única figura relevante, tiene un papel difícil en el que no se lo ve cómodo, así que no conmueve. No creo que sea cosa del actor, al que no le falta talento y experiencia, sino del director, que anda muy perdido. La banda sonora, que cuenta con temas de Max Ritcher y Nils Frahm, dos de los compositores más destacados en cuanto a minimalismo se trata, tampoco da la talla, es un susurro continuo incapaz de transmitir las emociones necesarias, pero apuesto también a que es el director el que no ha sabido qué pedirles y cómo usar la música.

Con tanto cambio de tono y rumbo pesa cada vez más la sensación de que te están timando una y otra vez. Es imposible conectar con un relato que aspira a tanto pero tropieza continuamente, para que al final obtengas unas reflexiones tan pobres sobre padres e hijos y un cierre tan fallido, con la muerte más estúpida que recuerdo fuera del cine cutre. Y es imposible conectar con un personaje tan frío, tan irreal y forzado, cuyo destino no llega a importante y cuyo cambio final parece sacado de un panfleto conservador.

Ad astra es un desastre de proporciones épicas en el que sólo queda ver si se salva del fracaso en taquilla gracias al tirón de Brad Pitt, la notoria campaña publicitaria, y el asombroso tirón que ha obtenido en los medios.

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Blackhat


Blackhat, 2015, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 133 min.
Dirección: Michael Mann.
Guion: Morgan Davis Foehl.
Actores: Chris Hemsworth, Viola Davis, Wei Tang, Leehom Wang, Holt McCallany, Ritchie Coster, Andy On, John Ortiz, Yorick van Wageningen.
Música: Atticus Ross, Leopold Ross.

Valoración:
Lo mejor: Es un thriller con cierta intensidad y algo de originalidad. La puesta en escena es estupenda.
Lo peor: Le falta consistencia a la trama, y más aún a los personajes.
La curiosidad: A Harry Gregson-Williams le rechazaron la banda sonora tan en el último momento que llegó a ver la película sin saberlo y se cogió un buen cabreo.
El título: En España por supuesto tiene una coletilla absurda: Amenaza en la red.

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La crítica y el público son unánimes en señalar que Michael Mann se ha pegado un buen batacazo, pero desde mi punto de vista se pasan de largo mientras a películas auténticamente infames las trataron mejor. No hay más que compararla con Jack Ryan: Operación Sombra, una reciente del género que solamente fue tildada de regulera a pesar de ser una abominación. Blackhat no es una buena película, pero dista de ser mala, y comparada con el cine actual desde luego tiene virtudes que se ven cada vez menos.

Lo mejor es que el thriller es thriller, algo que solo hemos visto últimamente en Jack Reacher y Bourne. Hay un misterio que desentrañar y los personajes investigan sin descanso mientras se topan con peligros varios. Esos peligros son tangibles, te crees que sufren y pueden morir, y el esfuerzo que hacen buscando pistas también llega con intensidad, nada les cae del cielo; remarco esto porque en el cine actual los personajes avanzan por distintas fases sin despeinarse y las cosas se resuelven casi solas. Tenemos también escenarios diversos y bastante atractivos. La guerra de despachos, agencias y jurisdicciones es muy interesante y realista. La informática está bastante bien tratada, algo insólito en el cine. Y las escenas de acción son buenas, en especial por la calidad de Mann como director, un talento a la hora de conseguir tiroteos vistosos pero verosímiles.

Ahora bien, esos puntos fuertes no llegan a deslumbrar, y algunos deslices minan la solidez del conjunto. Hay giros cogidos por los pelos, como que la enviada de justicia apoye al protagonista a la hora de hackear la NSA como último recurso, pero luego va tras él sin pestañear, como si no hubiera estado implicada en eso, o que el Marshal no compruebe nunca la ubicación de su vigilado, pues aunque tarde en actualizarse el mapa del móvil después del cambio de configuración, precisamente por eso puede ver una posición rara en cuanto eche un vistazo. También falla el realismo citado en la parte final, con la pelea entre el gentío, donde no hay quien se crea que con individuos armados y tiros varios no haya una estampida y caos. Pero lo peor son los personajes…

Por una vez Mann no escribe, y Morgan Davis Foehl no llega al nivel al que nos tiene acostumbrado, en especial a la hora de conseguir protagonistas de calidad y atractivo. La presentación de todos los personajes es francamente buena y muy prometedora, pues hasta se nota interés por lo sutil (el héroe mirando al horizonte, anhelando la libertad). Pero pronto se estrellan para no volver a levantarse. Los secundarios se van olvidando, para ir muriendo justo cuando ya no parecen ser necesarios. La relación que forman el protagonista y la chica de turno es verosímil y efectiva de primeras, pues el deseo de vivir y tener compañía es evidente que surge en situaciones así. Pero luego intentan mostrar problemas de pareja que no tienen sentido alguno, y menos entre gente tan inteligente: ¿por qué el protagonista y el amigo de toda la vida (y hermano de ella) hablan de la relación como si no hubiera más opción tras haberse acostado que iniciar una relación estable?, ¿es que no pueden tener una aventura breve, diversión sin pensar en relaciones largas? El guionista busca conflicto donde no lo hay, con lo que el toque de drama personal queda muy impostado.

Pero el problema más grave es el propio rol central. Apuntaba maneras, pero el hechizo dura bastante poco. Enseguida lo convierten en un héroe de acción que domina todo campo como si fuera un agente con años de entrenamiento. Armas blancas y de fuego, supervivencia en países extranjeros… Al final sí termina pareciéndose al nefasto personaje de Jack Ryan: Operación Sombra… ¿Qué demonios hacen llevando a un simple hacker que ha sido contratado como ayuda con los ordenadores a un tiroteo contra fuerzas fuertemente armas? ¿Cómo pueden dejar que entre solo en la habitación de un sospechoso? Y lo peor: ¿cómo pretenden que nos traguemos que puede liderar el equipo de rescate en una central nuclear extranjera accidentada? Así, a partir de cierto momento la película parece dividirse en dos obras distintas, como si el guionista quisiera una de acción moderna (efectismo sin pensar en su credibilidad y coherencia) y el director quisiera potencial el entorno de thriller, con puntos álgidos más trabajados (atención a la fuga a tiros de los mercenarios).

Por otro lado, como informático tengo que ahondar en este campo, que no se libra de algún cliché cansino. Primero están los monitores que hacen ruiditos cada vez que un texto cambia. Hasta los paneles de la bolsa hacen pipipipi. ¿Te imaginas la sala de la bolsa en pleno bullicio con miles de paneles haciendo ruido? Es tan estúpido que no entiendo cómo nadie en la producción dice que ya basta de tonterías. Otra memez cansina del cine es que el ratón no existe, y aquí lo mantienen a rajatabla: todo lo hacen tecleando, incluso seleccionar una celda de una tabla enorme lo consiguen pulsando una sola tecla. La incomprensible representación de los datos viajando por los ordenadores y redes tampoco funciona, porque no se sabe qué demonios son los enredos que salen, en especial esa lucecita minúscula que se enciende en el microprocesador, como si estuviera infectado por un ente mágico. Por suerte, sólo son detalles, porque en lo argumental la cosa está mejor: las tecnologías, los lenguajes de programación, la terminología hacker y demás está bien trabajado y es bastante realista. Aunque precisamente por eso descoloca y molesta que luego caigan en topicazos tan absurdos.

Al contrario que las anteriores obras de Michael Mann (Enemigos públicos, Corrupción en Miami), Blackhat no gana con los revisionados, porque la carencia de profundidad en los personajes se hace más evidente. Y es una pena, porque los puntos fuertes del thriller parecen apuntar a una película mucho más interesante.

La entrega


The Drop, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 106 min.
Dirección: Michaël R. Roskam.
Guion: Dennis Lehane.
Actores: Tom Hardy, Noomi Rapace, James Gandolfini, Matthias Schoenaerts, John Ortiz.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: La calidad de los personajes e intérpretes. El tono europeo: más originalidad y menos acción superficial.
Lo peor: Lenta e incapaz de ir al grano: se hace aburrida.

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La entrega es la última película del gran James Gandolfini, que se hizo un hueco en la historia del séptimo arte con un papel televisivo, el del mítico Tony Soprano, pero en cine no terminaba de despuntar. Encarna a un camarero con lazos con la mafia chechena que en otros tiempos disfrutó de una mejor posición y mayor respeto, y su interpretación tiene lo justo de amargura y melancolía como para hacer creíble al personaje, pero lo cierto es que no destaca mucho; más o menos igual estuvo en otra estrenada póstumamente, Sobran las palabras, dando la sensación de que Los Soprano no encontró un papel que le entusiasmara. Además no es el protagonista principal, pues este recae en un roba escenas nato y un talento en alza, Tom Hardy, quien hace suyo desde la primera escena al buenazo de andares raros y quizá algo corto de mollera pero que esconde más de lo que aparenta. Recuerda mucho al protagonista de Rundskop (más conocida con su título en inglés, Bullhead), con la que se dio a conocer el director Michaël R. Roskam. Noomi Rapace, anclada en chicas torturadas y desvalidas, a las que ciertamente capta muy bien, es la mujer de la función, un poco cliché de primeras (víctima a rescatar) pero que termina resultado bastante adorable.

El tono europeo del guion (Dennis Lehane, experto en vender sus novelas al cine) de primeras es un aliciente, porque garantiza un relato que se aleja de los topicazos de Hollywood (narración predecible adornada con predecibles escenas de acción) y sobre todo porque pone mucho énfasis en los personajes, en cómo enfrentan la situación emocionalmente, no sólo en cómo agarran la pistola y resuelven todo heroicamente. Pero esa virtud se limita a los protagonistas, todos muy humanos y con los que se conecta inmediatamente, porque la trama es simple y no se desarrolla bien. El ritmo es lento de por sí y se ve retenido aún más por subtramas completamente innecesarias, como la anodina investigación del detective, quien finalmente no tiene nada que aportar al relato, o por los capítulos que se estiran con conversaciones triviales y los que reinciden una y otra vez en cosas ya expuestas (cuántas veces nos van a decir que Deeds está loco y es una amenaza, por ejemplo).

Es una pena que una película que prometía ofrecer algo distinto se quede en tan poca cosa. De hecho hubo tramos que me aburrieron bastante. Al menos el largo capítulo final está bastante bien, y sobre todo los personajes llegan con intensidad y logran que al menos algo recuerdes de ella.