El Criticón

Opinión de cine y música

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Salvar al soldado Ryan


Saving Private Ryan, 1998, EE.UU.
Género: Bélico, drama.
Duración: 169 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Robert Rodat.
Actores: Tom Hanks, Tom Sizemore, Edward Burns, Barry Pepper, Adam Goldberg, Vin Diesel, Giovanni Ribisi, Jeremy Davies, Matt Damon, Paul Giamattie, Ted Danson, Joerg Stadler.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, sonido, montaje, decorados, vestuario y dirección dan pie a una obra bélica asombrosa, tan descarnada como apasionante.
Lo peor: El guion es bastante endeble, el subrayado del drama con recursos narrativos simplones es exasperante y limita su potencial, aunque desde luego ayudó a venderla al gran público. Esta popularidad también implica que se sobrevalora demasiado.
Mejores momentos: El desembarco, el dilema de si ejecutar un prisionero.
La confusión: Hay que aclarar una confusión común dado el parecido de los actores: en la batalla final, el soldado aleman que apuñala a un protagonista y deja indemne al asustado novato no es el mismo soldado cuya vida defendió aquel cuando sus compañeros querían ejecutarlo en una escaramuza anterior; pero este sí reaparece pegando tiros en las últimas escenas en el puente. También es lioso que al poco de presentar al capitán enfocan directamente a sus ojos justo como un rato antes hicieron con el anciano que visita el cementario en el futuro… es decir, parecen decir que son la misma persona, pero al final el anciano resulta ser el soldado Ryan.

* * * * * * * * *

LA GUERRA EN TUS CARNES

El cine bélico más duro, el de corte histórico o simplemente más serio que otras aventuras sencillas ambientadas en épocas de guerra, no es un nicho tan exclusivo como otros (por ejemplo, la ciencia-ficción intelectual), pero aun así su público potencial se ve limitado bastante al sector adulto más cinéfilo y a aficionados a la Historia. Además, en los años noventa no había muchas cintas de este estilo, quizá porque, como con el western, hubo muchas y muy notorias en su momento y se considerada pasado de moda, por lo que invertir tanto esfuerzo y dinero como necesitan estas obras se veía como una temeridad. Pero eso también implica que quien se propone abordar de nuevo el género es porque tiene muchas ganas y las ideas claras.

En 1998 llegaron dos obras ambientadas en la segunda guerra mundial que conmocionaron a medio mundo, cada una por razones prácticamente opuestas. La delgada línea roja de Terrence Malick, aparte de estar ambientada en el Pacífico, ofrece una perspectiva filosófica e intimista, centrada en las emociones y reflexiones de los soldados durante una difícil batalla. Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg, partiendo del desembarco de Nombardía propone en un drama más sencillo pero con una espectacular descripción de la violencia de la guerra.

La introducción que muestra el desembarco dejó en shock a millones espectadores, incluso a muchos directores y otros artistas del gremio, que fliparon con el logro, y a veteranos de la guerra e historiadores, que vieron imágenes muy cercanas a la realidad. La representación de un ejemplo (además uno de los más famosos) de lo que sería un escenario bélico frenético y sangriento no se había realizado nunca antes con semejante verosimilitud y visceralidad, y el despliegue técnico orquestado para rodarlo fue asombroso.

La visión y determinación de Spielberg y su implicado equipo permitieron que este insólito reto llegara a buen puerto. La agitada cámara en mano, de apariencia anárquica pero que en realidad no descuida la narrativa, pues te deja seguir la acción con claridad y además es capaz saltar de un encuadre deslumbrante a otro, te sumerge de lleno en la acción, te hace correr, agacharte, sufrir y asustarte como a los anónimos soldados. En la fotografía del gran Janusz Kaminski, el color apagado, recordando a las imágenes de la guerra que vemos los que no estuvimos en ella, fomenta aún más la sensación de estar en esa época, pero también contribuye a generar un entorno opresivo, sin belleza ni casi vida. El trabajo de ambientación en vestuario, explosiones y amputaciones es muy certero. Y el increíble sonido te envuelve por completo, agobiándote, haciendo que sientas en el pecho cada explosión, en la carne cada impacto de bala (se acabaron los chiuuu cutres, esto es la realidad); sin duda estamos ante uno de los mejores trabajos de efectos sonoros de la historia del cine.

DOS VISIONES ENFRENTADAS

Pero un abrupto cambio de lugar y tono te saca de golpe de la abrumadora inmersión, rompe el hechizo, y te lleva al otro lado del espectro narrativo y emocional. Spielberg y el guionista Robert Rodat se empeñaron en unir dos estilos diametralmente opuestos, y la mezcla estuvo lejos de resultar homogénea. De la contundencia sobrecogedora, de la verosimilitud sin concesiones que te sumerge en la carnicería y el sinsentido de la guerra, pasamos a un drama de construcción demasiado rígida y dirigida, autoimpuesta por el convencimiento de que sólo se puede llenar salas de cine hay con una fórmula melodramática muy básica y estudiada, es decir, complaciente y llena de recursos simplones y muy sobados.

Ya el breve prólogo con el anciano visitando el cementerio parecía demasiado innecesario y endulzado, pero la escena de las cartas resulta vomitiva. Los tonos naranja cálidos para marcar el contraste con las trincheras son demasiado evidentes, las caras de congoja de secretarias y generales demasiado sobreactuadas, los discursos pretendidamente conmovedores casi rastreros, porque la historia de los hermanos de la carta de Lincoln se sabe que es falsa desde hace siglos, había desertores y prisioneros, no murieron todos heroicamente, y tratar de seguir la farsa a estas alturas es ridículo y ofensivo. Y la premisa que se presenta como hilo conductor es débil y poco atractiva: salvar a un pringado para que su mamaíta deje de sufrir.

En resumen, de una visión neutra del conflicto bélico pasamos a un drama de telefilme. Hubiera sido más lógico que siguieran centrándose en la descripción de la guerra y dejar otros dramones paralelos para otra historia que pueda tratarlos con más detenimiento y tacto. La misión podría haber sido simplemente ir al pueblo a defender el puente, como fue el objetivo real del pelotón en que se inspira, y como finalmente acaba ocurriendo después de tanto marearnos con el culebrón de Ryan.

GRAN ESPECTÁCULO, MELODRAMA BÁSICO

Durante el viaje tenemos una correcta variedad de escenarios de compañerismo y guerra, con una combinación de drama, intriga y acción lo suficientemente efectiva como para mantener el interés bastante alto. El periplo por campos y pueblos muestra distintas situaciones del conflicto sin que parezcan malamente justificadas, hay momentos bastante inspirados, como el póquer de fichas identificadoras de muertos, y la relación entre soldados, los miedos y disputas, tienen un buen momento álgido con el asalto a un nido de ametralladoras y el dilema de si ejecutar a un prisionero alemán. Sumando la virtuosa puesta en escena, con infinidad de planos magníficos y en general un ritmo impecable que mantiene bastante bien el ambiente bélico opresivo y realista, la aventura es muy entretenida.

Pero nunca llega a librarse de esa dualidad. La narrativa de ganchos sentimentales fáciles se extiende a la odisea del pelotón que busca al soldado, y aunque por suerte no caemos en la manipulación burda de las escenas en el futuro, sí mantiene ese tono dramático tan básico. Así pues, tenemos una decepcionante simpleza en el tratamiento de una historia que apuntaba a un tono más serio. En La lista de Schindler (1993), por comparar con una de Spielberg cercana en género e intenciones, los personajes eran complejos e iban cambiando con los hechos, aquí los estereotipos no dejan respirar a un grupo con un potencial mayor. Tienen lo suficiente para que cada uno sea identificable y agradable y te intereses por sus desventuras, pero sus descripciones se basan demasiado en un tic o característica que cada uno repite en cada aparición sin llegar a desarrollar una personalidad compleja ni una evolución que logren aportar algo más de atractivo y trascendencia.

Los únicos que ofrecen un poco de movimiento resultan desde luego interesantes, pero ofrecen historias muy tontorronas: el chulito pasota y el novato inocente tendrán su momento de maduración y redención más previsible y conveniente que cabía esperar, y por supuesto, estos llegan de golpe, no hay una transición bien trabajada, y el capitán pasa de frío y distante a algo más cercano también justo cuando se esperaba. Lo alucinante es que al capitán le ponen encima un problema físico que va y viene según quieran dar pena o suspense, cuando precisamente tenían en bandeja un buen arco dramático que parece que les da miedo abordar: la capacidad de mando en una misión de dudosa utilidad y ética solo queda en entredicho en una escena, y no deja secuelas.

De esta forma, cuando muere alguno, muere “el judío”, o “el francotirador”, y por mucho que su final se realce con otros tantos clichés (heroicidades maniqueas, cámaras lentas, etc.), no sientes la pérdida, no son personajes capaces de dejar un vacío. Ni siquiera el porvenir del capitán me inquieta, de hecho, con tanto forzar el drama, su caída acaba siendo empalagosa.

Y para colmo, después de tanto enredo, el soldado Ryan resulta ser un macguffin de baratillo, la excusa para mover la trama, y no se lo trabajan lo más mínimo. Parece que la muerte de sus hermanos le importa bien poco. Cuando sí se requería enfatizar la tragedia para intentar que el encuentro fuera más convincente, los autores no parecen esforzarse, como si quieran despachar el personaje-excusa y centrarse de nuevo en la acción. Aunque sea muy previsible, su decisión de no irse a casa y quedarse a luchar con sus compañeros parece encauzar la cosa… pero al final no llega a hacer nada, no participa activamente, no tiene ninguna escena que justifique y dignifique su presencia.

Sin embargo, esto no pareció molestar al público, y eso que una carambola inesperada generó expectación sobre su aparición. Eligieron al desconocido Matt Damon para potenciar que el soldado a rescatar no motivara una impresión previa en ningún sentido, pero inesperadamente arrasó justo antes con El indomable Will Hunting, que escribió y protagonizó acaparando muchos premios, así que se creó el efecto contrario, se generó mucho interés por su papel.

Con personajes tan simplones y un arco dramático tan limitado, gran parte de su potencial carisma reposaba sobre los hombros de los actores, y sin bien no tenemos un reparto brillante, todos cumplen adecuadamente, empezando por Tom Hanks en un papel contenido, de expresar con miraras y silencios, muy correcto. Cabe destacar que la película sirvió de presentación de varios actores jóvenes: Vin Diesel como el grandote simpático, Giovanni Ribisi como el enfermero preocupado, Jeremy Davis como el novato inocente, Nathan Fillion como el que confunden con Ryan… Y también relanzó o dio más categoría a algunos veteranos: Ted Danson demostró ser algo más que un comediante con su breve aparición, Tom Sizemore tuvo la oportunidad de ser algo más que el típico secundario del cine de acción… aunque por desgracia, sus líos con las drogas volvieron a frenar su carrera. También pienso que debería haber asentado mejor la trayectoria de Edward Burns, el soldado respondón, quien es capaz de dotar de vida a un rol muy trillado, pero parece que no supo aprovecharlo.

Por otro lado, la banda sonora del gran John Williams fue muy justita, y más conociendo sus capacidades. El tono de corte patriótico es bastante empalagoso, con un tema principal muy cargante, y los motivos de acción y suspense están poco inspirados y se ven lastrados por esa fórmula tan subrayada y repetitiva. La cinta funciona mejor cuando Spielberg prescinde de la música y deja que los sonidos de la guerra te arropen y zarandeen.

EL DÉBIL EQUILIBRIO SE VA VINIENDO ABAJO

Es difícil acabar un relato de este tipo, donde el argumento es el viaje y la experiencia y no hay una trama elaborada. Y los autores no atinan del todo, la batalla final se resiente bastante. Primero, pesa aquello de que ahora resulta que Ryan no importa, la misión es proteger el puente, de forma que este último acto parece un anexo improvisado para alargar la película y forzar el clímax heroico-lacrimógeno. Lo dicho: esta misión tendría que haber sido el objetivo, no la chorrada del soldadito. Segundo, la mezcla de estilos se desequilibra demasiado. En lugar de ser conscientes de que una vez expuesta la situación esta resulta muy predecible (el típico sacrificio en una misión suicida recuerda demasiado a cintas como Doce del patíbuloRobert Aldrich, 1967-) e intenten disimularlo yendo al grano y explotando el lado épico, se empeñan en reforzar el melodrama, en abusar de esos recursos obvios.

La crudeza de las escenas bélicas de nuevo realza el conjunto muy por encima de lo que las fallidas intenciones y el flojo guion llegan a alcanzar. El escenario, con el magnífico decorado del pueblo, se aprovecha en imágenes espectaculares, la tensión es palpable, la acción trepidante y por momentos agobiante. Pero poco a poco empieza a pesar su excesiva longitud, sobre todo conforme va dejando de lado la descripción puramente bélica de la batalla para centrarse en la tragedia tan artificial de los protagonistas. Como decía, mueren de típicas formas melodramáticas sin llegar a conmover lo más mínimo, pero además dejan algunos momentos de vergüenza ajena, como el capitán con la pistola disparando al tanque y este explotando de repente… porque han llegado refuerzos. ¿En serio pretendes que funcione este cliché a medio camino de la heroicidad cutre y el chiste estúpido en un clímax pretendidamente serio?

Y si el desenlace iba perdiendo fuelle, el epílogo con el viejo lacrimógeno, el cementario y las banderas termina de romper la conexión, llevándote de nuevo a pensar que hay dos visiones prácticamente opuestas muy mal combinadas. Por lo general no queda claro si querían hacer una representación fiel de la sinrazón y la crueldad de la guerra o si buscaban un drama simplón y patriótico, pero este final tan obvio y remarcado te deja con la visión maniquea y patriótica de la realidad que tienen en los Estados Unidos: las guerras son duras, pero tranquilos, que nosotros nos encargamos de salvar al mundo con nuestra superioridad moral, militar, humana… ¡y pobrecitos que somos, mira lo que sufrimos por esa carga!

PERO COLÓ BIEN COLADO

Salvar al soldado Ryan un espectáculo de primera, no por duro y espeluznante menos gratificante, que envejece bien y se puede ver una y otra vez… si esos momentos melodramáticos y la constante sensación de simplificación en el tratamiento de una historia y unos personajes con mayor potencial no te estropean la experiencia. Sin embargo, ese desequilibrio sí es suficiente colocar al conjunto bastante lejos de esa categoría de obra maestra que se empeñan muchos en darle.

Como suele ocurrir, el éxito popular implica también la adulación y sobrevaloración poco objetiva. El que poco sabe de cine se suma a modas y valora sin tener en cuenta hitos ya superados, cintas del estilo superiores pero que no va a ver porque son antiguas o no se mencionan por su zona de confort. Y si bien la dirección de Spielberg, la fotografía de Kaminski, el montaje y el sonido merecían premios en cantidad, pese a quien le pese, pues en su momento fueron incluso atacadas para realzar esta, Shakespeare enamorado (John Madden), El show de Truman (Peter Weir), Lock & Stock (Guy Ritchie), American History X (Tony Kaye), Bichos (John Lasseter, Andrew Stanton) y sobre todo La delgada línea roja (Terrence Malick) fueron y son mejores películas.

De hecho, con La delgada línea roja la diferencia es brutal. Los protagonistas están magistralmente descritos, entras de lleno en la mente de cada uno, sientes sus temores y esperanzas con gran intensidad. Se logra una inmersión en la guerra y un drama humano bastante superior sin recurrir a tantas florituras técnicas, más allá de la increíble fuerza dramática de la banda sonora de Hans Zimmer. Pero también cabe citar otras muchas aventuras de grupos, sean bélicas o de otros ámbitos, que desarrollan mucho mejor los personajes y la trama: Un puente lejano (Richard Attenborough, 1977), Los violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970), Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1954) y Los siete magníficos (John Sturges, 1960), Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969)… Y sin irnos tan lejos, poco después Ridley Scott nos trajo la impecable e impresionante Black Hawk derribado (2001), pero inesperadamente no causó el impacto que merecía. Tampoco puedo dejar de recomendar El último superviviente (Peter Berg, 2013), otra aproximación realista rodada con maestría que tampoco tuvo la repercusión que debería.

Sin embargo, no quiero restarle méritos, sino simplemente traer un poco de cordura y poner las cosas en su sitio. Aparte de ser un gran espectáculo y una aventura muy amena, el logro técnico es inconmensurable y marcó una época. Con 70 millones de dólares de presupuesto muy bien usados logró 480 de recaudación, solo superada ese año por Armaggedon (Michael Bay). En el género fue la más taquillera durante años, hasta las recientes El francotirador (Clint Eastwood, 2014) y Dunkerque (Christopher Nolan, 2017). Y la influencia que ha dejado es indudable y notoria. La cámara en mano como recurso para introducirte en la acción como si estuvieras ahí es algo que desde entonces se ha usado mucho, y pocas veces bien. Multitud de películas imitan sin disimulo su estructura (aunque no fuera nada original, la volvió a popularizar), como Corazones de acero (David Ayer, 2014), con la visión combinada de un joven inexperto y un veterano curtido, las escenas sangrientas mezcladas con dramones básicos, y el final de sacrificio. Y no sé yo si asentó también la idea de empezar con un prólogo de acción de altos vuelos para engancharte. Además, antes de que su influencia saltara a otros ámbitos, el propio Spielberg lo alentó, ideando y produciendo el videojuego Medal of Honor (1999) y la miniserie Hermanos de sangre (2001). Ambas obras fueron de las más revolucionarias e influyentes en sus campos.

Minority Report


Minority Report, 2002, EE.UU.
Género: Acción, suspense, ciencia-ficción.
Duración: 145 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Scott Frank, Philip K. Dick (relato).
Actores: Tom Cruise, Colin Farrell, Samantha Morton, Max von Sydow, Tim Blake Nelson, Kathryn Morris, Peter Stormare, Steve Harris, Neal McDonough, Patrick Kilpatrick, Meredith Monroe.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida. Buen misterio, con giros sorprendentes. Buen ritmo, con escenas espectaculares. Correctos pesonajes y certero reparto.
Lo peor: En el fondo es un thriller muy básico, lo que se hace evidente en el flojo desenlace y los fallidos villanos.
Mejores momentos: La introducción de los precogs, la policía voladora, las arañas, la huída con Agatha.

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Como ocurre muchas veces, el proyecto dio vueltas durante años y sufrió muchos cambios hasta que logró ver la luz. El productor y guionista Gary Goldman se hizo en 1992 con los derechos del relato El informe de la minoría de Philip K. Dick (1956). Trabajó con otros escritores en una dirección bastante sorprendente: iba a ser una secuela de Desafío total (Paul Verhoeven, 1990), que también se inspiró en Dick, con Arnold Schwarzenegger repitiendo protagonismo, la acción trasladada a Marte, y los precogs siendo los mutantes que allí habitaban. Estuvo a punto de dirigirla Jan de Bont (Speed -1994-, Twister -1996-) a finales de la década. Pero finalmente cayó en manos de Tom Cruise y Steven Spielberg, y la versión de estos escrita por Scott Frank, quien venía de pegar fuerte con Un romance muy peligroso (1998, dirigida por Steve Soderbergh), fue la que tuvimos.

La ciencia-ficción seria es un género arriesgado, porque cuesta más dinero cuanto más ambiciones, de hecho, Spielberg y Cruise tuvieron que recortar sus salarios (a cambio de un pico de la taquilla, eso sí), y también es difícil de vender al gran público si ofreces una historia muy compleja. Pero encontraron un buen término medio, combinando el thriller de acción comercial con una visión del futuro sugerente pero no demasiado complicada, y fue un éxito de taquilla y tuvo buenas críticas. Un año antes, Spielberg causó menos impacto con una obra más pretenciosa y muy publicitada, A.I., Inteligencia Artificial, pero se marcó un buen 2002 con la presente y otro thriller muy llamativo, Atrápame si puedes.

El tirón de Cruise y la marca Spielberg desde luego ayudaron mucho, pero su buen hacer también queda patente. Cruise mantiene su carisma nato y lo cierto es que se esfuerza y convence lo suficiente en un personaje, John Anderton, sencillo pero efectivo. Como en un buen título de cine negro, no tenemos un héroe impoluto e inquebrantable arquetípico, sino que estamos ante un policía bastante capaz pero con traumas serios y que se ve superado por un complot inesperado, de forma que cada paso que da es una lucha constante contra sus problemas personales y los que le caen encima. Cabe destacar que en algunas situaciones sale adelante por ayuda de otros, consiguiendo así giros bastante imprevisibles: un médico que perdió la licencia cuando lo detuvo y la ex esposa que no quería saber nada de él lo salvan en momentos cruciales. Y las dudas de cuánto margen le darán sus colegas del cuerpo generan buenos momentos de incertidumbre.

El misterio central es muy atractivo. Ya resultaba fascinante la premisa de los precogs, esos humanos, mutantes esclavizados, capaces de predecir crímenes capitales, pero la sorpresa de que el propio protagonista aparezca matando a alguien que ni conoce te deja anonadado. El destino incierto se torna inquietante cuando sale por los pelos una y otra vez de cada persecución y huída. Las secuencias con los policías voladores, las arañas y la carrera con Agatha son espectaculares. El esperado encuentro con ese tipo enigmático ofrece un subidón de aupa después de las ya de por sí frenéticas aventuras, y para rematar, te lanza otra gran sorpresa a la cara: era todo parte de la intriga y todavía quedan cosas por resolver.

Spielberg imprime un buen ritmo, sacando gran partido de los momentos cumbre de acción y tensión, y como es habitual nos deleita con algunos planos estupendos. Rodar la pelea con policías voladores tuvo que ser un quebradero de cabeza enorme, pero el resultado es impresionante. La de las arañas parece prescindible en el fondo, pero con los travellings por encima del escenario mostrando todo lo que ocurre se marca un vacile muy efectivo.

El reparto de secundarios está muy bien elegido. Max von Sydow (recientemente fallecido), Colin Farrell y Neal McDonough son valores seguros, la por entonces desconocida Samantha Morton dejó buena impresión ese año con esta cinta y la hermosa En américa (Jim Sheridan), y atención a la surrealista aparición de Peter Stormare. Quien no estuvo tan atinado fue el gran John Williams. Quizá porque trabajó con muchas prisas por problemas de agenda, ofrece un tema central interesante pero del que abusa demasiado, siendo incapaz de aportar el toque de suspense necesario.

Pero esas virtudes, destacando los giros sorprendentes y las partes tan bien trabajadas, se echan en falta en otros instantes clave, y una vez resuelto el caso miras atrás y empiezas a notar bastantes agujeros. Siempre me pasa lo mismo cuando la veo. Las dos horas y veinte que dura se pasan volando, termino con las buenas impresiones de haber disfrutado de un grato espectáculo… pero reposándola empiezan a salir a la luz carencias importantes, y termina pesando la sensación de que desaprovecharon un potencial mucho mayor.

Quizá con un final más elaborado que nos hubiera dejado absortos no te haría replantearte cosas, pero el desenlace supone un bajón que te hace pensar qué ha podido fallar, y la cadena de errores te lleva hacia atrás. Después de ponerte ante un futuro muy sugerente y tener el momento álgido de si el crimen vaticinado se cumple o no, el tramo final tira por clichés muy sobados de los thriller, con el traidor desenmascarado en unas situaciones muy predecibles.

Spielberg es un narrador bastante inspirado por lo general, pero en ocasiones se empeña en remarcar demasiado algunas cosas, a veces acertando de lleno (E.T. tiene escenas dramáticas un tanto forzadas, pero sin duda llegan hondo) y otras resultando demasiado manipulador (Salvar al soldado Ryan es toda ella un melodrama insoportable, y sus últimos trabajos demasiado pretenciosos). En este caso el efecto es contraproducente, porque realza las debilidades del guion de Scott Frank. En vez de mantener neutralidad con los personajes, de forma que sea más difícil intuir quién será el traidor y que una vez aparecido entre los pocos candidatos no parezca facilón, Spielberg y Frank intentan engañarnos. El rol de Colin Farrell, Witwer, entra en acción siendo un falso villano con el que distraerte, mientras que el director del proyecto Precrimen (Sydow) es un vejete entrañable. Y patinan bastante con ello, Witwer resula un trepa chulesco muy pasado de rosca, masticando el chicle con la boca abierta y todo, para que luego, cuando acaba la farsa, intenten de repente ponerlo de competente, serio y amigable, de forma que sintamos pena por su destino… Pero más bien resulta mosqueanto el ardid y su cutre final, porque si era tan capaz, cómo resulta a la vez tan idiota como para reunirse con el superior contra el que estaba trabajando y contarle todo lo que sabe, justo además cuando se presenta como el sospechoso más obvio.

Pero hay muchos más agujeros y deslices. El principal es que ni tan siquiera intentan tapar la paradoja tan importante que da pie a la trama y que requería una explicación para que la película no parezca al final una farsa o cagada bastante grande. Los precogs perciben la planificación de un crimen o la inmediatez de uno si es pasional… pero el asesinato que “cometerá” el protagonista se pone en marcha únicamente por la visión de estos, es decir, los precogs se lo imaginan por arte de magia, pues no había crimen en marcha, de forma que si no es por ellos el personaje no hubiera entrado en ese juego, no hubiera conocido al tipo al que podría asesinar. Los autores se habrían ahorrado este bucle absurdo haciendo que entrara en contacto con el individuo de otra forma, con una pista casual o un chivatazo de un posible sospechoso en la zona, o que el director interfiriera en la visión para lanzar la conspiración. En el relato de Dick se resuelve con ingenio y lógica: la primera visión condicionaría a Anderton en sus siguientes acciones (al ver el furuto él tiene la opción de elegir), así que las dos siguientes son versiones de lo que haría una vez sabido, pero al ser dos de ellas bastante parecidas a simple vista se genera el informe de la mayoría que lo pone como sospechoso.

Siguiendo la comparativa con el original, el complot es más algo más complejo, un golpe de estado militar, aunque en el fondo es lo mismo, un viejo aferrándose al cargo, y la esposa no es una mujer florero, sino una agente más que además pone en duda su lealtad. Eso sí, dicho relato me parece bastante flojo y también desaprovecha mucho el potencial que guardaba.

Otro aspecto decepcionante es que no se resuelva la desaparición del hijo del protagonista. Tan crucial como parecía en su historia y en la propia intriga, al final se destapa como un cliché melodramático para forzar el final feliz, la reconciciliación con la esposa; si la historia es sobre el complot, no me cueles cursiladas innecesarias. Y hay otros momentos que rechinan bastante. La pelea en la fábrica de coches es demasiado rebuscada y descabellada. Podían habernos dado alguna indicación de adónde quiere ir Anderton cuando se ve obligado a huir, porque se tira un buen tramo de la cinta corriendo para aparecer en la casa de la creadora de los precogs, de la que nada sabíamos y quien le da pistas clave sin que tenga que hacer un trabajo de investigación real, algo que se echa de menos; aunque eso sí, la mujer le da información después de marear la perdiz con diálogos más enredados de la cuenta, hasta el punto de parecer la oráculo de Matrix (hermanas Wachowski, 1999); y esto te lleva a preguntarte que si ella está tan preocupada por qué no ha hecho nada hasta ahora. Parece que falta una escena antes de encontrarse con el cirujano clandestino, cabe pensar que precisamente una donde el tipo sin ojos que le vendía droga los pone en contacto; quizá la eliminaron porque obviamente es predecible y ya había un metraje muy abultado, pero se nota un hueco, de estar sin saber qué hacer pasa a tener la solución en marcha, así que deberían haberla incluido. Pero lo más llamativo es una situación muy conveniente para agilizar las cosas: que a pesar de ser Anderton el fugitivo más buscado pueda volver a entrar en la comisaría con su ojo en la mano y no salten las alarmas ni hayan bloqueado su acceso no hay por dónde cogerlo.

Que dejen de lado el potencial que pone en bandeja el universo imaginado también le resta bastantes puntos. Los dilemas éticos subyacentes con el uso de los precogs, como el determinismo versus la capacidad de elección propia y el conflicto legal y ético con la falibilidad de las leyes y la severidad del castigo, no llegan a explorarse lo más mínimo. La mala imagen que da el caso tumba el proyecto, y aquí no ha pasado nada. Sólo deja una digna reflexión, la de que los ciudadanos estemos fichados en todo momento, sacrificando libertad e intimidad por comodidades (pagar el metro) y seguridad. Otros detalles en los que se pone bastante énfasis no funcionan en el lado argumental, son únicamente enredos visuales, como las autovías, o cosas muy vistas, como las realidades virtuales recreativas.

Por extensión, la recreación del futuro planteado es bastante impresionante en las escenas cumbre, pero siento que se queda corta en otros muchos momentos. Casi todos los escenarios son en sitios muy cerrados, incluso cuando estamos en una calle o parque se empeñan en enfocar un entorno mínimo y el horizonte queda como un fondo indeterminado por los filtros al color. El director de fotografía Janusz Kamiński trató el negativo en exceso, quedando un tono muy saturado y brillante con el que Spielberg estuvo de acuerdo. No fue un efecto que sorprendiera en su momento, si bien tampoco molestó, pero el paso de los años no le hace bien, parece una película más vieja de lo que es; y probablemente esto complique las cosas a la hora de hacer una remasterización. En resumen, no me parece que luzca como una superproducción de 100 millones de dólares (a principios de la década del 2000, hoy equivaldría a más de 150), sino como una de presupuesto medio, de 50 ó 60.

Con todos los pros y contras puestos en la balanza, Minority Report resulta una buena película, con elementos distintivos suficientes para estar por encima de la media y aguantar bien los revisionados, pero encuentro que el equilibrio al final no resulta tan efectivo como prometía, los autores sacrifican demasiado el tono de thriller de ciencia-ficción sólido y con calado por buscar una de acción comercial mediante tretas emocionales y argumentales básicas, de forma que le falta ese toque de grandeza como para poder dejar una huella imborrable.

Por comparar con otras del estilo, con mucho menos dinero y menos enredos visuales Días estraños (Kathryn Bigelow, 1995) te sumergue muchísimo mejor en el ambiente del futuro planteado y deja reflexiones muy potentes, pero no supieron venderla bien y acabó siendo una cinta de culto, conocida pocos pocos, y Desafío total mostró una inventiva sin igual en lo argumental tanto como en lo visual, teniendo gran éxito comercial y marcando un hito inolvidable en el cine.

El mundo perdido: Parque Jurásico


The Lost World: Jurassic Park, 1997, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 129 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (novela).
Actores: Jeff Goldblum, Julianne Moore, Pete Postlethwaite, Vince Vaughn, Vanessa Lee Chester, Peter Stormare, Richard Schiff.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que ya es algo.
Lo peor: Le falta todo lo que hizo buena a la primera entrega: originalidad, tensión, asombro, personajes con los que conectar.
El idioma: En el doblaje para España, el castellano que hablan con los costarricenses se convierte en algún lenguaje que no consigo identificar (no parece portugués, lo habitual en estos casos).
La curiosidad: En la novela Chrichton tuvo que resucitar a Malcolm porque en la primera moría. “Los médicos lo salvaron”, vino a ser la excusa.
Mejores momentos: La cacería motorizada. El tiranosaurio causando estragos en la ciudad.

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El éxito de Parque Jurásico fue abrumador, por lo que la secuela era bastante inevitable. Tanto los fans como los productores prácticamente le exigieron a Michael Crichton la segunda novela, estos últimos supongo que pensando en ir sobre seguro partiendo de nuevo de una novela con el renombre del autor. En ese sentido cabía esperar que tomando Steven Spielberg las riendas del proyecto no podía salir algo malo, pero lo cierto es que El mundo perdido decepcionó bastante. Viendo el acabado da la impresión de que la rodó como obligado, quizá para que no fuera otro quien le pusiera las zarpas encima y ensuciara su legado, pues las imágenes manifiestan una gran falta de inspiración y pasión, hasta el punto de no parece una película suya. Tanto en el guion, encargado de nuevo a David Koepp, como en la dirección se observan serias carencias, la mayor parte fruto de un fallo clásico: basar las continuaciones en la máxima “más y más grande”. En ese proceso se pierde el elemento que hizo que la primera parte calara tan hondo (y la inspiración obvia de esta segunda, El mundo perdido -1912- de Arthur Conan Doyle, también): el factor sorpresa, el asombro que despertó un relato muy original donde exprimían la intriga muy bien y mejor aún aprovechaban el espectáculo que ponía en bandeja tan buena recreación de los dinosaurios.

La trama se queda en un simple ir andando mientras llegan ataques puntuales, esto es, la típica premisa de “gente muriendo en fila” sin más calado, los diálogos son ramplones, con un humor fallido (se paran en medio del caos a soltar chascarrillos), los personajes principales son anodinos y los secundarios lamentables en su mayoría y con muertes y situaciones cada cual más vergonzosa. En lo visual no termina de desplegar el espectáculo que se espera, o sea, al nivel del episodio anterior. Aferrándose al “más y más grande” encontramos infinidad de dinosaurios nuevos, pero parecen hechos con prisas, los animatronics apenas se mueven, lo digital se nota bastante en algunos planos, y la pantallas de fondo y los matte paintings cantan un montón (la jaula colgante y el precipicio donde cae la caravana). Es decir, inesperadamente no tenemos una mejora sino una pérdida de calidad en el acabado. Y lo más grave, la desgana de Spielberg se disimula un poco en las partes más intensas, pero aun así no encontramos el despliegue de recursos que ofreció en Parque Jurásico. La inspiración que nos regaló infinidad de planos geniales, la construcción metódica de la atmósfera y la ejecución pasmosa de las escenas de acción se cambian por falta de nervio y de imaginación.

El retorno a la isla se hace esperar, con varias escenas anidadas de cháchara y reencuentros con viejos personajes que no despiertan interés alguno. De hecho, pueden provocar frustración: los simpáticos chavales del primer capítulo aparecen para luego no ser protagonistas, sino que los sustituye una niña repelente, y Hammond tiene una escena tan monótona que no deja huella. La información dada en esta introducción es muy sencilla (hay otra isla, vamos a ir a estudiar a los dinosaurios antes de que los cacen gobiernos o mercenarios) pero se reincide en ella minutos y más minutos sin crear la atmósfera adecuada de intriga y despertar en el espectador el deseo de vivir otra peligrosa aventura. Malcolm (Jeff Goldblum), protagonista principal ahora, repite varias veces no querer ir, pero sabemos que irá, así que es perder el tiempo aún más. Spielberg rueda con una pasividad asombrosa estos prólogos, con unos planos estáticos que confieren un ritmo aletargado. Las excusas para tener otra isla con más dinos parecen muy cogidas por los pelos: nunca se mencionó que nacieran y los criaran en otra parte, de hecho, vimos los huevos y un nacimiento en Nublar como si fuera habitual; y la dependencia de lisina se la quitan de encima con todo descaro. Y finalmente, cuesta creer que ningún gobierno realice acciones tan obvias como un bloqueo a la isla y exterminar o reubicar a los dinosaurios por ser una fauna muy peligrosa tanto en el factor ecológico como en el humano. Los prólogos de Parque Jurásico eran reiterativos, pero te enganchaban y animaban a seguir, mientras que aquí sucede lo contrario.

Cuando por fin llegamos no lo hacemos de la mano de unos protagonistas que despierten nuestro interés. Malcolm es bastante simpático, pero parece que recurren a él como reclamo publicitario, como nexo con la serie, porque no se lo trabajan mucho. Como motor dramático se apoyan en un concepto muy básico y trillado, de hecho, ya se vio en la primera parte y por desgracia también lo han ido repitiendo en la tercera y en Jurassic World: divorcio y niños sufriéndolo. Si la premisa es sobrevivir a los dinosaurios, ¿por qué lo adornas con cosas tan mundanas y estereotipadas? Entiendo que fuercen la presencia de infantes, es una obra comercial, pero qué obsesión tienen en Hollywood con que el único conflicto que puede tener un niño es la separación de los padres. Al menos, en Parque Jurásico este tema se mencionaba con naturalidad, para darle vidilla a los personajes, y cuando se volvía sobre las relaciones humanas era como reacción a eventos del parque: Alan Grant, que no traga a los niños, va acercándose a ellos, estos, con líos en casa, encuentran una figura paterna con la que sentirse más seguros… Aquí los problemas de Malcolm con la ex y la petarda de la hija son un culebrón paralelo a los demás acontecimientos, no aportan sustancia al viaje, es decir, tienen largas escenas sueltas que se hacen muy cargantes y en la acción no hay desarrollo emocional relacionado con ello.

El resto de protagonistas tampoco terminan de tomar forma. El fotógrafo (Vince Vaughn) no tiene dimensión y anda justo de carisma; cuando se descubre su misión secreta, esta no da mucho juego después de todo, y para colmo, en la parte final en la ciudad desaparece sin más. Eddie Carr (Richard Schiff) es más simpático, pero tampoco termina de estar justificada su presencia: ¿cuál es su trabajo, su especialidad, su personalidad? Con Sarah Harding (Julianne Moore) intentan mostrar a una mujer independiente y capaz, pero termina pareciendo un poco boba o inconsciente a veces, vagando por la isla con un entusiasmo un tanto infantil, sin mirar por su seguridad; cuando empieza la odisea, se queda atascada sin hacer nada interesante aparte de ir de acá para allá, hasta el punto de olvidarte de ella cuando no está en pantalla.

Con este panorama es difícil implicarse: no te interesa el destino de ninguno de los protagonistas, con lo que no se siente el peligro. La primera secuencia de acción importante, el ataque de los tiranosaurios a la caravana, es un desastre. Es un clon del mítico momento del coche de Parque Jurásico, pero sin savia, sin alma. Todo es ruido y caos alargado y exagerado hasta resultar pasado de rosca e inverosímil (los T-Rex que van y vienen según quieran incluir un descanso o más acción). Para rematar, toma un penoso cariz cómico involuntario con Eddie intentando enganchar la cuerda y cayéndose una y otra vez; sólo le faltó la música de Benny Hill. La escena termina haciéndose bastante pesada, porque parece que no va a terminar nunca.

A mitad del camino viene un giro que promete traer novedades a una proyección repetitiva y poco emocionante. La entrada de los mercenarios, con la persecución a los dinosaurios mientras son presentados por encima, tiene bastante pegada. Encabezados por el cazador experimentado, captado muy bien por un siniestro Pete Postlethwaite, tenemos un repertorio de personajes nuevos bastante intrigante. En seguida te preguntas por qué la película no se centró en este grupo, por qué esta no fue la escena inicial y pasaron la trama (sobrevivir, básicamente) a ellos, prescindiendo de Malcolm y demás, que ahora parecen ajenos a la proyección. Sí, terminan uniéndose, pero el conflicto entre ellos tampoco es muy jugoso, el argumento sigue limitado a la huida. Y me temo que en vez de exprimir su potencial los van ahogando en estereotipos y pronto son puestos en el otro lado del simplón espectro moral de la saga: los avariciosos y poco ecologistas son los malos, y tendrán muertes crueles y graciosas en las fauces de los dinosaurios. El empresario (Arliss Howard) cada minuto que pasa se vuelve más idiota, los mercenarios secundarios son directamente retrasados, e incluso el atractivo líder tiene algún patinazo. Atención al vigilante del perímetro escuchando música con auriculares, o al avezado cazador que se planta delante de la peligrosa presa para disparar, mientras que la protagonista al final, sin tener ni idea de caza, se busca como es lógico un lugar apartado y elevado.

No sorprende que el siguiente gran clímax sea también poco satisfactorio. Repetimos con una persecución de los velocirraptores en un complejo que sólo se diferencia en que está abandonado. De nuevo sin interés por el destino de los personajes, todo se resume en saltos, golpes y rugidos, y el abuso de estos conforma otra escena que termina haciéndose larga y poco atractiva. Los raptores han dejado de ser una amenaza, por peligrosos e inteligentes, para convertirse en unos animales tontos y pesados: parece que cazan por diversión, pues a pesar de la manada de humanos que han cogido en el herbazal persiguen a más por ahí con un ahínco desmedido, tropezándose y chocándose con todo como perros atontados. En cambio, en la tercera y las nuevas entregas vuelven al camino de que son inteligentes, pero se pasan de frenada, pues casi hablan. Si la situación estaba siendo vulgar, termina desbarrando con la hija acróbata derrotando al velocirraptor; ya de por sí la idea es ridícula (una niña de 30 kilos lanzando por los aires 150 de un bicho ágil), pero es que se pone a preparar la acrobacia antes de que el velocirraptor se coloque donde ella apunta… vamos, que ha visto el futuro.

Inesperadamente, cuando parece que la cinta ha terminado, nos ofrecen un nuevo arco argumental. El viaje Estados Unidos con el tiranosaurio no es original (inspirado sin disimulo en King KongMerian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933-) pero en una película tan limitada supone un soplo de aire fresco. El caos en que se sumerge la ciudad es más movidito e interesante que las otras piezas de acción, y aunque la solución no es sorprendente (la cría como cebo se veía venir) hay suficiente tensión como para garantizar un buen escenario. Pero tiene todavía demasiadas carencias que frenan sus posibilidades. Se afea un poco con el destino del último “villano”, el empresario avaricioso que no puede acabar sin su muerte estúpida, y con la incomprensible ausencia de unos de los protagonistas principales, el fotógrafo, pero son minucias al lado de la cagada monumental con que se da pie a esta situación. Resulta que el T-Rex se libera durante el viaje, mata a todos los del barco, incluyendo a los que estaban en la minúscula cabina donde evidentemente no cabe, y luego se mete en la zona de carga y un tipo moribundo lo encierra; y al llegar a puerto todos suben a bordo sin acordarse de su existencia, ¡y se sorprenden de que esté cuando abren las compuertas! No voy a entrar en que el barco no llevara escolta ni tuvieran un plan b en el puerto por si el dinosaurio despertaba, que visto lo visto es pedir demasiada lógica.

El mundo perdido acaba siendo, por muy generoso que fuera su presupuesto y el renombre de sus autores, una serie b cualquiera con ramalazos de cine cutre que se salva por los pelos porque resulta lo justo de entretenida y simpática (aunque a veces esto último sea involuntariamente). Gracias al efecto arrastre obtuvo una taquilla muy buena, pero la decepción del público dura desde entonces, y las siguientes secuelas no hacen sino extender la agonía, porque todos queremos ver una nueva Parque Jurásico pero no dejan de parir tonterías comerciales sin alma.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
-> El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

Parque Jurásico


Jurassic Park, 1993, EE.UU.
Género: Aventuras, suspense.
Duración: 127 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (también autor de la novela).
Actores: Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum, Richard Attenborough, Joseph Mazzello, Ariana Richards, Samuel L. Jackson, Wayne Knight.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Atrapa de principio a fin, asombra y emociona como pocas películas consiguen hacerlo. Dirección excelente, efectos especiales y sonoros rompedores, música magistral, grandes personajes, escenas y planos míticos por doquier…
Lo peor: Nada grave. Alguna conversación parece innecesaria o alargada, y hay unos pocos gazapos notables que pueden afear los revisionados.
Mejores momentos: La llegada a la isla con la música. El ataque del tiranosaurio al coche. Los velocirraptores dentro del complejo persiguiendo a los niños.
La frase: No hemos reparado en gastos– Hammond.

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Una de las producciones más recordadas, aclamadas y exitosas de los noventa así como una de las obras más reconocidas de Steven Spielberg (y esto es como decir que está entre por lo menos diez títulos memorables) fue Parque Jurásico. El fenómeno social que supuso fue impresionante. Rompió el récord de película más taquillera mantenido por E.T. desde 1982, rozando los mil millones de dólares mundiales (de los que 250 fueron para Spielberg), y duró hasta el estreno de Titanic (James Cameron, 1997). Creó una moda de dinosaurios que hinchó las arcas del estudio a base merchandising, y seguramente llenó carreras universitarias de paleontolgía al estilo Indiana Jones (1981-1989) con la arqueología.

Michael Crichton era por aquel entonces un escritor de best-sellers bien asentado en su gremio y bastante en el cine, porque casi todas sus novelas solían ser tanteadas los estudios y algunas adaptaciones llegaron a ver la luz (la primera, La amenaza de andrómedaRobert Wise, 1971-), pero, sobre todo, él mismo hizo sus pinitos como guionista e incluso director (por ejemplo, Westworld, Almas de metal -1973-, o El primer gran asalto al tren -1978-). En 1990 estaba ultimando su nuevo libro, Parque Jurásico, cuya atractiva temática atrajo la puja de las majors por los derechos antes si quiera de editarlo, con Steven Spielberg, Tim Burton, Joe Dante, Richard Donner y James Cameron en cabeza de lista de cada uno. Cameron afirmó que planeaba una versión más adulta y oscura, tipo Aliens (1986), pero lo cierto es que los noventa eran otros tiempos y la versión de Spielberg fue inquietante y sangrienta en su justa medida.

Universal Studios se hizo con el premio gordo, y Amblin Enterntainment, la productora fundada por Spielberg, Kathleen Kennedy y Frank Marshall, desarrolló el proyecto. El guion le fue encargado al mismo Crichton, pero el director decidió pulirlo, para lo que trajo a David Koepp, quien hay que decir que no tenía nada llamativo en su currículo. Como adaptación es notable, pues captura lo mejor de la novela y resume o elimina lo innecesario (algunas cosas que no cabían aquí se recuperaron en las siguientes entregas) o lo que no concuerda con el lenguaje cinematográfico, y todo ello sin perder fidelidad. Este uno de esos pocos casos donde se puede decir que se supera a la obra original, pues resulta mucho más intensa e impactante. El único cambio notable es el abuelo, representado por Chrichton como un empresario capitalista que sólo piensa en el dinero y en esta versión como un abuelito simpático que quiere traer felicidad a los niños del mundo. Pero lo cierto es que resulta entrañable aunque sea claramente una treta comercial para atraer al público joven.

La única licencia notable viene de la propia novela, que modifica a su antojo la anatomía de los velocirraptores para hacerlos más peligrosos y temibles. En realidad no eran así, sino que medían medio metro de altura y con toda probabilidad estaban cubiertos de plumas. Está claro que ver a los protagonistas luchando contra unas gallinas, por muy carnívoras que fueran, hubiera sido más bien un chiste, pero también es cierto que si pretende ser una ficción científica resulta una decisión muy cuestionable: ¿no hubiera sido mejor elegir otra especie? Así, atados a la continuidad, todas las entregas mantienen esta fantasía. Por no decir que casi todos los dinosaurios que aparecen son del cretácico…

La visión comercial y narrativa de Spielberg dio sus frutos en una aventura deslumbrante en todos los sentidos. Cabe señalar que fue uno de los trabajos más difíciles y agotadores a los que se enfrentó, principalmente porque estaba ante retos técnicos nuevos y un rodaje muy complicado, pero también porque compaginó la postproducción con la grabación de La lista de Schindler (1993). La sensación de asombro, maximizada por unos efectos especiales extraordinarios, el ritmo excelente con picos de tensión y acción sublimes, y la simpatía que despiertan los personajes conforman una película que rompió moldes y cautivó a toda una generación, y además aguanta el paso de las décadas sin problemas.

El director exprime cada pasaje al máximo. Mediante una metódica construcción de la atmósfera de intriga y tensión garantiza un visionado absorbente de principio a fin. Se trabaja las partes acción logrando unas secuencias insólitas, lo que, unido al paso previo, la creación del ambiente adecuado, garantiza que llegas ya con los nervios a flor de piel, con lo que acabas aturdido más que asombrado. Entre medio dibuja los personajes sin prisas, con presentaciones llamativas, relaciones que se modelan incluso en los momentos más aparatosos, y detalles por todas partes que van provocando un cambio gradual; además, los actores están todos estupendos. Vemos gente real, por muy exagerado que sea el escenario, con lo que conectas con la odisea con fuerza; incluso los niños caen muy bien, algo que rara vez ocurre en el cine. Sientes estar en el parque con ellos, descubriendo los fascinantes logros que han dado vida a los dinosaurios, embargándote la sensación de apremio y de peligro cuando se tuercen las cosas, y manteniéndote en vilo, incluso aguantando la respiración, en los momentos más difíciles.

Esta producción es el ejemplo perfecto de algo que repito muchas veces. Hay dos factores clave a la hora de conseguir una buena escena de acción. Primero, hay que tener unos personajes atractivos y que estos sean el centro de los acontecimientos, porque sin establecer una conexión la situación es muy probable que se reduzca a simple caos y ruido. Segundo y no menos importante, los efectos especiales deben ser un medio narrativo y no un protagonista forzado.

No se veían escenas de acción tan contundentes y asombrosas desde las obras maestras de James Cameron, Terminator II (1990) y Aliens. El ataque del T-Rex ha pasado merecidamente a los anales del cine como una de las escenas más impactantes y recordadas. La huella, el rugido, los chavales gritando mientras sujetan el cristal, el coche aplastado, la caída por el árbol… Y no se queda atrás el tramo final en las cocinas, con la persecución de los velocirraptores: el raptor levantando a la chiquilla al golpear la rejilla, la treta con el reflejo…

Spielberg dirige la mezcla de técnicas de efectos especiales con gran control y visión, sacando adelante escenas y criaturas que parecen imposibles, más cuando piensas que requerían procedimientos apenas desarrollados o muy complejos. El avance en estos campos marcó un hito, y de hecho ha envejecido bastante mejor que superproducciones que han ido llegando muchos años después. En principio todo iba a ser con animatronics (muñecos mecanizados), pero tras ver unas pruebas de cómo resultaría por ordenador decidieron repartir esfuerzos. La combinación se usa con sabiduría, manteniendo en primer plano los animatronics y gente disfrazada (los velocirraptores), y en los lejanos, donde se requería movimiento completo, se usaba el ordenador; en la página www.stanwistonschool.com se pueden ver algunos videos del proceso. Cruciales fueron también los efectos sonoros, con rugidos que te hielan los huesos. Los dinosaurios resultan tan realistas que cada vez que aparecen te olvidas de que estás ante un truco.

Aparte de que la composición de numerosos planos es crucial para forjar la sensación adecuada en cada instante (por ejemplo, la aparición del T-Rex la vemos desde dentro del coche, al lado de los protagonistas), Spielberg también nos deleita con un detallismo muy cuidado que termina de formar ese aura de película única y con gran personalidad. Algunos planos son muy cinematográficos y otros incluso juegan con la ironía, es decir, podrían resultar poco naturales, pero lo cierto es que ninguno desentona, o refuerzan la épica o son detalles curiosos. Cito mis favoritos: el logotipo del parque en la puerta del coche flamante al llegar pero lleno de barro al irse, el frasco de material genético robado perdido en el barro (fosilizándose), el velocirraptor con las secuencias genéticas de la pantalla del ordenador (ATGC) reflejándose en su piel, el T-Rex suplantando a su esqueleto…

El aderezo final lo pone la seductora y épica banda sonora del maestro John Williams, quien se marcó otro hito a través tanto de un tema inolvidable como de una serie de motivos que realzan todas las emociones de la cinta de forma magistral. Sus notas son inseparables en el imaginario popular de escenas como la llegada a la isla o la apertura de las puertas, de hecho en cuatro secuelas que llevamos nadie ha estado a esa altura… ni siquiera él mismo en la segunda parte.

Hay muy pocos momentos en que se pueda romper el hechizo que provoca esta colosal película… pero los hay. No deifiquemos, como hacen muchos con algunas que marcaron nuestra infancia o del cine clásico, hay que ser objetivos. El equilibrio narrativo, el ritmo y la fuerza de cada escena es magnífico, pero no tanto como para alcanzar el apelativo de obra maestra, hay algunos deslices (en tono y en contenido) que pueden empañar algunos tramos, sobre todo en los revisionados.

En el tono, está claro que Spielberg y demás productores querían un estilo familiar con mensajes sencillos, pero en una propuesta tan seria, trágica y terrorífica en muchos instantes, desentonan bastante algunas ideas propias de títulos intantiles llenos de estereotipos. Sólo los avariciosos sin posibilidad de redención mueren (el abuelo no, porque tenía buenas intenciones y aprende), además con una mezcla de crueldad y humor que no me convence, como el abogado en el váter o Nedry tras una serie de calamidades dignas de una comedia tontorrona. También hay algunos discursos un tanto anticientíficos que chocan con otras partes donde se muestra amor por descubrir y comprender el mundo que nos rodea, incluyendo el fascinante pasado; sí, se podría decir que muestran distintas visiones del asunto, y que además es raro ver debates intelectuales en cintas comerciales, pero mi sensación es que pretende sentarse cátedra en un único sentido: principalmente en boca Malcolm, a veces de otros, parecen querer meter miedo con que la naturaleza es como dios la hizo, o es dios, y si la cabreas te castiga, de forma que el más que respetable mensaje ecológico de cuidar nuestro entorno se pervierte con un giro religioso que no me gusta nada; esto se puede enlazar con las muertes absurdas: pórtate bien porque dios te vigila. Aparte de la moral, también se refuerzan las capacidades de los protagonistas de mala manera: el veterinario del parque lleva meses tratando a una triceratops pero tiene que venir una invitada a darse cuenta de síntomas que ha pasado por alto (por cierto, el misterio de qué la enferma no tiene solución, es una escena para fardar de dinosaurios).

En cuanto al contenido en sí, el primer aspecto es un tanto ambiguo, es decir, no me parece un fallo grave, sino una posible mejora, y entiendo que alguien no lo comparta. Si no fuera porque es una película muy querida que he visto muchas veces seguramente no haría un análisis tan profundo y detallista y habría pasado por alto este punto.

Los prólogos encadenados combinando la chispa del misterio con pequeños datos argumentales son un sello clásico del realizador, eficaces unas veces (Indiana Jones, En busca del arca perdida -1981-) y bastante mejorables otras (Encuentros en la tercera fase -1977-). Aquí diría que están en un término medio. Vistos ahora, a veinticinco años del estreno, me parecen fácilmente sacrificables, el primero (el caos con la jaula) por innecesario, y el segundo (el hallazgo de un mosquito) por redundante, pues lo que en él se dice está fuera de contexto (información de personajes que no han aparecido todavía, es difícil asimilarla toda) y se explicará mejor luego. Al menos el segundo lo quitaría, porque el inicial funciona bien en el factor suspense, siendo amenazador e intrigante a partes iguales. Incluso la siguiente escena, ya entrando en materia, se me antoja un poco cursi (el niño respondón) y tiene un fallo importante por culpa de buscar un efectismo innecesario: el aterrizaje del helicóptero sólo sirve para poner un énfasis artificial en la presentación de Hammond, pues él ya está en la caravana.

Pero como iba apuntando, estas cosas son difíciles de ver a la primera, porque Spielberg puede optar más de la cuenta en muchas de sus obras por lo emocional antes que por la concreción y la lógica, pero en la mayor de las veces parte lo hace tan bien, te embauca con tanta facilidad, que te dejas llevar. La atmósfera de misterio y descubrimiento te envuelve desde los primeros rugidos y sorpresas (la grúa apareciendo cual animal entre los árboles), y en seguida pasamos a la presentación de los personajes con una exposición que también tiene buenos aciertos. El niño repelente y la historia de Allan definen en un visto y uno visto a la pareja protagonista y su dinámica, y lo del helicóptero muestra bien la grandilocuencia alternada con cercanía de Hammond. Aun así, es evidente que todo lo que se cuenta en estas escenas se expone suficientemente bien en el viaje hacia la isla y los primeros pasos por ella: quién es quién, el parque y sus problemas, el comité evaluador, el divorcio de los padres de los niños… Puedes empezar a verla en el vuelo y no perderte nada… pero claro, quizá entonces no se hubiera creado tanta expectación por la llegada.

Otros aspectos sí son claramente un pequeño lastre. Hay unas pocas conversaciones que se alargan más de la cuenta para decir bien poco. La del caos es puro relleno, no aporta novedades a ninguno de los personajes, y la cena donde critican a Hammond (donde por cierto no llegan a comer nada) rompe el ritmo demasiado para ser una pequeña ampliación de lo que ya discutían en el helicóptero y otros momentos (amén del citado tono del discurso). También hay una situación que podría haberse resumido pero en cambio intentan realzarla más de la cuenta: el salto a la valla del perímetro (donde Tim se da el calambrazo) paralelo a la reactivación de la energía se exagera demasiado, con tensión forzada para alargar el clímax (tan forzada que incluso Ellie pasa dos veces la misma palmera, se ve que les faltaba metraje para estirarlo como querían). No puedo dejar de pensar que esa parte era para el cazador y los velocirraptores, un escenario más interesante que saltar una valla y pulsar unos botones y un personaje infrautilizado, pero se olvidan de él y lo recuperan más tarde para darle una muerte muy rápida.

Es indudable que con el paso del tiempo Parque Jurásico no ha perdido nada de su capacidad para entretener e incluso asombrar, pero sí puede ocurrir que de tanto verla encuentres algún gazapo que le quite algo de gracia a alguna escena, y lo cierto es que hay unos cuantos bastante gordos. Ya he citado la cuestión de por qué aterriza el helicóptero si el Hammond ya está en tierra. Por mucho que lo digan los personajes, se ve en todo momento que los coches no van sujetos al rail (podían haberse inventado que son magnéticos o algo así), y además en algún plano se ve a los conductores. Qué conveniente que aparezcan unos vasos de agua justo antes del ataque del T-Rex. Hay un baño público en el recorrido del T-Rex a pesar de que se supone que los visitantes no bajarán de los coches. También, si indagas un poco, encontrarás cagadas que eran fácilmente evitables, como por ejemplo que pongan San José, Costa Rica, con playa a pesar de ser una ciudad de interior.

Pero lo más notable es la gran trampa que esconde la escena del T-Rex. El coche de los niños está a la vista de la cabra cebo, por donde entra el tiranosaurio, y en toda la secuencia del ataque se ven plantas y árboles, ergo ese lado de la valla está al mismo nivel que el camino… Pero cuando tienen que huir saltando el muro bajo de la valla resulta que el suelo se ha convertido en un desnivel de diez o veinte metros, y los árboles se ven abajo a lo lejos. Una vez descubierto el engaño resulta muy descarado y difícilmente justificable, pero lo cierto es que esa parte es tan absorbente que es difícil darse cuenta. Es la magia del cine, depende de cada uno perdonar y aceptar el truco o no.

Parque Jurásico, como obra que marca una generación, es tan buena y tan querida que puso complicado que una secuela pudiera llegar a su nivel, y desde luego no lo hacen las dos entregas tan poco trabajadas que la siguieron El mundo perdido: Parque Jurásico, del propio Spielberg en 1997, y Parque Jurásico III de la mano de Joe Johnston en 2001. Pero tampoco da la talla la resurrección reciente, por ahora con otras dos partes, Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) y Jurassic World: El reíno caído (2018, J. A. Bayona), más entretenidas que las anteriores pero también muy mejorables.

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Saga Parque Jurásico:
-> Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio VIII – Los últimos Jedi


Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi, 2017, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 152 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Andy Serkis, Kelly Marie Tran, Laura Dern, Benicio del Toro, Gwendoline Christie, Anthony Daniels, Frank Oz, Lupita Nyong’o, Frank Oz, Joonas Suotamo, Jimmy Vee.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Personajes excelentes y actores muy implicados. Algunos tramos muy intensos y emotivos: los centrados en Luke, Rey y Kylo. Aspecto visual como siempre impecable.
Lo peor: Un tramo central sin trascendencia ni garra, agravado por las intromisiones del estudio a modo de anuncios de muñecos y de panfletos ideológicos. Cierta falta de épica y fuerza dramática en global: quiere ser El Imperio contraataca y El retorno del Jedi y se queda más cerca de La venganza de los Sith: mucho potencial desaprovechado.
Mejores momentos: Rey y Kylo Ren conectando sus mentes en varias ocasiones. La relación de Luke y Rey. Kylo abrazando su destino. La decisión de Luke, y el desenlace de la situación.
El plano: Un héroe solitario ante las máquinas de asedio. Los dos soles.
Las frases: El mejor profesor, el fracaso es -Yoda.

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Alerta de spoilers: Destripo a fondo.–

EL FANÁTICO: MUCHAS ESPERANZAS Y POCA OBJETIVIDAD

Llega el Episodio VIII – Los últimos Jedi con demasiados ojos puestos en él, demasiadas esperanzas y sentimientos a flor de piel, porque es una saga muy querida por millones y millones de seguidores. Y su confección deja entrever demasiada industria detrás, lo que genera también miedo. En las precuelas nos quejábamos de que George Lucas fuera el único artífice de las películas, sin relegar ni pedir consejo como hizo en la trilogía original. Ahora nos hemos ido al otro extremo. Hay demasiadas personas implicadas, directivos, productores, encargados de márketing incluso, y autores varios saliendo y entrando según desavenencias con los anteriores, con lo que si no se dirige bien el proyecto la posibilidad de que una de esas manos implicadas no acierte con su visión se hace mayor.

Por todo ello, vi casi como un milagro que El despertar de la Fuerza saliera tan redonda, aunque fuera evidente que dieron el primer paso yendo a lo básico, a recuperar a los fans perdidos con las más o menos fallidas precuelas, y que Rogue One apuntara tan alto y fuera tan arriesgada. Pero en esta última ya se iba mostrando durante su creación más abiertamente la lucha de egos y los cambios de última hora. Y ahora mismo, el rodaje de la entrega sobre la juventud de Han Solo está siendo otro caos inquietante. Así que no sorprende que este Episodio VIII empiece a mostrar en su narrativa los efectos inherentes a esta forma de producir la serie. Se aglutinan varias películas en una: la Disney sección merchandising, la división cinematográfica, productores varios, destacando a Kathleen Kennedy como directora de orquesta con poder de veto, y el director y guionista de turno. Y con este último no sé si es una bendición que haya conectado bien con los productores, porque eso nos ahorra cambios e improvisaciones de última hora, pero también parece señalar que para agradar se bajó los pantalones, como se suele decir. Ahí están como prueba los anuncios de muñequitos insertados con todo descaro en medio del metraje. Así que da la sensación de que Los últimos Jedi podía haber sido mucho más pero choca con demasiadas barreras, y se va haciendo cada vez más grande también la sensación de que esta serie puede descarrilar en cualquier momento.

Para muchos lo hace en cada nuevo capítulo que se estrena, porque, como decía, es una serie muy arraigada en el corazón y de la que se ansía mucho. Así se está viendo de nuevo la pugna entre el fan que tiene montada su propia obra maestra en su cabeza y chocará con prácticamente cualquier cosa que vea, y el fan dispuesto a abrir su mente y darle una oportunidad. Entre los primeros hay dos extremos igual de equivocados: unos se llevan las manos a la cabeza ante cualquier innovación, considerándola sacrilegio, otros critican cualquier lugar en común como falta de ideas. “¡El final es lo mismo que Hoth, el planeta de hielo, en El Imperio contraataca!”, señalan los segundos. “¡Pero de dónde saca Luke esos poderes, esto no es La guerra de las galaxias!”, dicen los otros. Hay que intentar ir sin ideas preconcebidas ni prejuicios y quedarse en una posición más neutral y objetiva. El escenario del ejemplo es espectacular y tiene elementos de la serie bien usados (los nuevos AT-AT son imponentes), ofrece nuevos giros y, sobre todo, los personajes son muy distintos. En cuanto a la mayor polémica, la sorpresa con la proyección de Luke, resulta una evolución muy acertada de nuestro conocimiento de la Fuerza, una idea bien sembrada a lo largo de la película (Kylo se moja al conectar con Rey), y un desenlace épico y hermoso.

Dice el propio Mark Hamill que se ha sentido defraudado por el camino que ha tomado el escritor y director Rian Johnson, por cómo ha desarrollado a Luke Skywalker. Como muchos fans, esperaba lo más simple y facilón, un retorno del Jedi en plan maestro avezado, soltando espadazos y salvando la situación como un héroe impoluto, y siente como una ofensa que otros hagan versiones distintas a la que ha soñado. A los espectadores que van con esta actitud, si cualquier cosa los descoloca se aferran a ello para tratar de hundir toda la cinta, sin esforzarse lo más mínimo en dar un paso atrás para ver la perspectiva global, para comprobar si un supuesto error puede ser perdonado por la suma de sus virtudes, o incluso para cerciorase de que a lo mejor no es tan grave, o quizá de hecho sea una gilipollez. Con Luke son incapaces de ver los enriquecedores y profundos giros que han planteado con el personaje, pero es que también señalan minucias como si fueran grandes transgresiones. Sirva el ejemplo más sangrante: ¿Pero cómo puede haber gente asombrada y cabreada porque Leia haga uso de la Fuerza? ¿Tan inconcebible es que en treinta años no haya entrenado un poco? ¿Por qué ese inmovilismo, esa idea de mantenerla como princesita que debe ser rescatada? ¿Qué tiene de malo esa escena, si es impresionante y dramática como otras tantas de la serie?

Asumir que Los últimos Jedi quizá no es un gran capítulo de la saga, que no es una obra maestra al nivel de la trilogía original, no implica darle un suspenso estrepitoso y aderezarlo con aspavientos y llantos. ¿Es que hemos olvidado la infame La amenaza fantasma? ¿Y el mal recibimiento inicial de El ataque de los clones y La venganza de los Sith? Y ahí están estas dos últimas (el Episodio I mejor hacemos como que no existe), siendo cada vez más reivindicadas, recordadas ahora con agrado mientras se minimizan sus muchos fallos, revisionadas infinitas veces con pasión. Diantres, la propia El Imperio contraataca se llevó en su estreno un buen puñado de críticas negativas de medios y fans, tardó en asentarse. Si con el tiempo y la reflexión pudimos perdonar los puntos grises y las cagadas de los episodios II y III, que las hubo bien gordas, como los Yoda y Dooku saltimbanquis o el patético Hayden Christensen, ¿cómo vamos a tumbar tan rápido y tan tajantemente un nuevo episodio que esconde otros tantos buenos aciertos? Estoy convencido de que con Los últimos Jedi pasará lo mismo: se calmará la tormenta y se irá recibiendo mejor, creciendo con el paso de los años.

LA PELÍCULA: IRREGULAR PERO MUY DIGNA

El prólogo puede engañar por su espectacularidad, pero en nada que atiendas un poco al contenido parece demasiado forzado (intenta conmoverte con una sucesión de escenas muy convenientes y sensibleras) y tontorrón (qué diálogos explicativos más infantiles, como si no fuera evidente lo que hacen). Pero una vez entrados en materia, el primer acto es el mejor tramo. Centrado en desarrollar a Rey, Kylo, Luke, la relación entre ellos y la Fuerza, y recuperando el misticismo de esta, Rian Johnson logra el tramo más sugerente y emocionante sin necesidad de vistosos escenarios y acción aparatosa. Yendo despacito y con buena letra desglosa los encuentros, los posicionamientos, los sentimientos de cada personaje en su justa medida, permitiendo que el espectador los entienda a fondo y conecte plenamente con sus tribulaciones y se inquiete por sus porvenires. No se ven prisas, miedo a perder a los espectadores impacientes, ni a los niños incluso, porque el ambiente es melancólico, lóbrego. Luke está abatido, derrotado por su fracaso con Ben Solo. Rey está un tanto perdida y acumula sentimientos sin la necesaria contención, y Luke ve que puede patinar hacia el Lado Oscuro o simplemente tomar malas decisiones. Kylo Ren, el alter ego de Ben, ambiciona mucho y siente demasiado dolor.

Los saltos a la situación actual de la resistencia están bien colocados y sientan unas bases muy prometedoras. Nos encontramos ante una retirada abrupta y desorganizada con más enjundia que de costumbre, alejada de la clara dicotomía entre el bien y el mal de la trilogía original. Hay angustia, cobardes, héroes militares sin visión política que entran en conflicto con unos pocos líderes al borde del desfallecimiento pero obstinados con seguir adelante un día más, porque la esperanza nunca se debe perder. Finn quiere salir por patas de una vida que le sigue viniendo grande, y encontrar a Rey, la única luz que alumbra su existencia. Poe sólo ve la victoria del día, mientras Leia y otros generales trabajan mirando a largo plazo. La sensación de que todo se puede desmoronar y de que no sabes cómo podrán salir adelante esta muy lograda, y tenemos un punto álgido imponente: Kylo evitando disparar en el último momento y Leia siendo lanzada al espacio.

Pero conforme llegamos al nudo de esta sección, este no se tensa con la destreza necesaria y comienza a deshilacharse. Inesperadamente, la caótica huída pierde fuelle a marchas forzadas, diluyéndose el efecto de desasosiego y de impotencia ante una muerte inminente. Nos estancamos en un bucle con un tono de serie de mala calidad, donde nos vamos a otros capítulos mientras se trata de postergar el desenlace estirando los recursos de mala manera. Llega un punto en que se roza el bochorno, con las naves explotando y explotando sin acabarse nunca, para dar tiempo a que se junten todas las líneas narrativas, y todo ello además con algunas justificaciones chapuceras. Hacen un barrido de descamuflaje y detectan a las naves que se estaban escapando… ¿Y por qué esto no lo hacen constanemente? ¿Y cómo sabe el mercenario que se estaban largando si no lo saben Finn ni Rose si quiera? Holdo se suicida embistiendo el acorazado de Snoke… ¡qué conveniente que los demás cruceros también exploten porque sí! Si saltar a la velocidad de la luz es tan efectivo, ¿por qué no se usa como arma más amenudo con naves-misil?

La causa de este bajón tiene un origen claro: por alguna razón han pensado que Finn necesitaba un arco propio por separado. Su odisea por el planeta de los millonarios (con el casino a lo James Bond, referencia cómica muy mal hilada) supone minutos tirados en una subtrama muy larga, poco trascendente, y que para colmo se desvía en aspectos que no pintan nada aquí. La encarcelación, el encuentro con el ladrón, la fuga (muy seguro conectar las cloacas de la prisión con las de los establos, sí señor) y las carreritas con animales resultan escenas de transición y acción sin sustancia ni un rumbo claro, recordando a los patinazos de Lucas en las precuelas.

La clave para el plan de infiltrarse en el destructor de Snoke es palabrería, ciencimagia, bien podría haberles dado la solución Maz Kanata en su videoconferencia directamente, sin mandarlos lejos. El rol de Benicio del Toro es muy conveniente y artificial, no resulta creíble; parece que tenía enchufe o alguien lo quería en la película. ¿No hubiera sido mejor mantener a Finn a bordo del crucero y reforzar el escenario de la persecución con todos los personajes trabajando en distintos ángulos y chocando en intereses? La relación de Finn y Rose resulta bastante simpática, y el apunte sobre los vendedores de armas que negocian con la Primera Orden y la rebelión por igual apuntala bien el tono más adulto que están imprimiendo a la serie, pero son lo único que sostiene este desvío tan fallido.

Aquí es imposible no pensar en que los distintos egos implicados han metido mano. Algún productor querría acción ligera en el ecuador de la cinta, porque le parecería demasiado oscura y pausada, y la Disney deja ver la ideología del país de piruleta de la compañía y la obsesión con el merchandising. Los mensajitos con sobredosis de corrección política (con patrocinio de alguna asociación animalista) y los anuncios publicitarios provocan unos cuantos momentos de pura vergüenza ajena: los estúpidos pajaritos-peluche con que topa Chewbacca y los pseudocaballos con cara triste son para vomitar. Nos quejamos del humor infantil de Lucas, pero al menos era inocente, aquí nos taladran con un panfleto adoctrinante. Y en este tramo se hace bastante evidente también el estudiado tono feminista: sólo las mujueres tienen la brújula moral intacta y toman buenas decisiones, los hombres son unos patanes que estropean todo.

No ayuda en este segmento que con Poe también patinen un poco. Su carisma y determinación se mantienen bien, pero la aventura en que lo sumergen es un tanto endeble. Su disputa con la vicealmirante Estorbo, perdón, Holdo, apunta maneras, pero necesita a gritos un desarrollo más verosímil, porque acaba resultando una trama postiza y previsible. ¿Pero qué le costaba a ella decir que tiene un plan, de verdad esperan que nos creamos que un buen comandante deja en el limbo a sus mandos más cercanos? Su respuesta ante las preguntas de Poe es pasar de él con mala leche, así que, ¿cómo no iba a montarse un motín? Muy forzado también que Leia y Holdo lo tengan en buena estima, cuando desobedeciéndolas casi apaga el último rescoldo de la resistencia.

Por suerte, la evolución de Kylo y Rey en el acto central aguanta muy bien el tipo, salvo que afilemos mucho las uñas con los puntos en común con El retorno del Jedi, con Rey metiéndose en la boca del lobo para intentar salvar a Kylo como hizo Luke con Vader. Es entendible que, dadas las características de la saga, haya una limitación en cuando a los arcos argumentales posibles, de la misma manera que para mantener la esencia ha de haber una continuidad y coherencia en argumento y personajes, pero entiendo si alguno se queja de que se nota demasiado la mirada al pasado. Pero en el lado emocional funciona muy bien, y dentro de la idea central de este episodio, el relevo generacional, es también admisible construir un escenario semejante desde el que mostrar las diferencias. Los encuentros mentales entre Rey y Kylo han sido intensos y nos han puesto en una situación muy atractiva con diferentes posibles resultados. La reunión con Snoke mantiene un tono tétrico y anuncia un futuro poco halagüeño para cualquiera de los dos jóvenes. Y la lucha entre los tres es vibrante y bastante espectacular, aunque como es obvio es difícil innovar con los duelos a espada a estas alturas. Para rematar, Johnson es capaz de sorprender con los giros finales, y no una, sino dos veces: los destinos Snoke y de Kylo te dejan sin aliento.

Eso sí, me temo que dejan algunas cuestiones importantes en el aire, y no parece muy lógico que las resuelvan en otros episodios, es aquí cuando había que darles respuesta, para que tuvieran mayor capacidad de impacto. Nos quedamos sin conocer quién es Snoke y sus orígenes, y tampoco ahondamos en los Caballeros de Ren, si son Jedis que Luke entrenaba o solamente acólitos de algún tipo, y qué ha sido de ellos, pues a pesar de su aparente importancia (unirse a Kylo y acabar con la nueva orden Jedi que estaba levantando Luke) no se los vuelve a mencionar. Siguiendo con otras faltas dignas de mención, igual que en El despertar de la Fuerza se echa de menos un poco más de desarrollo de la situación política de la galaxia. No queda nada claro cómo surge la Primera Orden con tanto poder y la resistencia aparece tan disminuida después de la gran derrota del Imperio. Hemos pasado de demasiada política en las precuelas a que haga falta exponer unas bases mínimas.

La batalla final remonta considerablemente el nivel de la sección de la resistencia desde la brutal embestida de Holdo contra el acorazado de Snoke, y aunque diría que no hasta alcanzar las cotas que los fans soñamos, como iba diciendo, eso no puede cegarnos ante lo que tenemos delante, y el clímax sin duda es bastante efectivo. Todos los personajes tienen su hueco, su conflicto, sea interno o con los demás, está muy bien desarrollado, y encontramos unos cuantos momentos asombrosos y épicos como se espera de la serie: la aparición de Luke y su redención es memorable, con algunos planos sobrecogedores (los AT-AT, los dos soles), y el renacimiento de la resistencia resulta bastante bonito, tanto por la maduración de cada protagonista y la reunión final, como por la semilla de nueva esperanza a lo largo de la galaxia. Aun así, no se libra de algún punto oscuro. ¿Por qué el suicidio de Holdo para salvar a la flota es una heroicidad y el de Finn una tontería a evitar? ¡Podía haber salvado a la resistencia!

LO MEJOR: GRANDES PERSONAJES Y ACTORES

Los cuatro protagonistas principales irradian un magnetismo irresistible, como los de la trilogía original, como se esperaba en las precuelas pero apenas se vio en Palpatine y en unos instantes poco aprovechados con Anakin. Ellos y la calidad de sus intérpretes realzan Los últimos Jedi por encima de sus carencias y problemas. Se conecta con intensidad con sus tragedias, con los miedos de Finn, el fuego descontrolado de Poe, la pasión y dolor de Rey y la tempestad interna de Kylo. Sus trayectorias se desgranan con inteligencia y llegan a sus puntos de inflexión adecuadamente, sin manidos clichés de última hora, y eso a pesar de que algunas de las etapas del argumento en que se ven metidos no son muy efectivas. Poe, carismático y capaz pero pendenciero e irreflexivo, va aprendiendo a analizar la visión global y pensar en el futuro. Finn, cobarde y egoísta, abre los ojos encuentra razones para luchar por otros dándolo todo. Rey y Kylo van tanteándose mutuamente, explorando sus puntos en común y sus diferencias mientras intentan crecer en un mundo muy complejo dominado por los poderosos adultos.

Hay que destacar que Kylo Ren termina aún más alto del gran personaje que presentaron en El despertar de la Fuerza, haciendo recordar con lástima lo mal que expuso George Lucas la deseada presentación del joven Anakin Skywalker y su transformación paulatina en Darth Vader. ¡Kylo es el villano que nos merecíamos entonces! Pero mejor tarde que nunca, claro.

A ellos debemos sumar el retorno de Luke. Como a Hamill, duele verlo derrotado, huidizo, pero, como decía, esta perspectiva aporta un dramatismo muy certero, alejado de lo predecible que hubiera sido tenerlo en plena forma sin más dilemas. Su presentación no puede ser más elocuente: tirando el sable láser de malas maneras. (Por cierto, es una escena con un humor muy cabrón que contrasta con la ridícula cena de Chewbacca con los pajaritos de las narices, señalando muy bien los altibajos, la sensación de que hay demasiados autores metidos en la película). Luke no ha tenido un entrenamiento en condiciones, así que por mucho que lloren algunos, no cabía encontrarse un Maestro Jedi sin más. La única sabiduría que ha adquirido es la que enseña a Rey: deja claro que no hay más Jedi, que la arrogancia de la orden se acaba, y que ella es una niña egoísta como lo fue él. Que tenga una redención de último momento se podía intuir, pero la forma en que surge no se veía venir y supone un cierre para el personaje épico y dramático a partes iguales. También cabe señalar la fantástica aparición de Yoda, emotiva, divertida y con grandes dosis de sabiduría.

Leia queda un poco más en segundo plano, pero como faro de la rebelión brilla con luz propia. La pena es que nos quedaremos sin tener el Episodio IX centrado en ella como se planeaba, debido al inesperado fallecimiento de Carrie Fisher en diciembre de 2016, justo al terminar el rodaje. Queda por ver cómo apañan una despedida digna para el personaje que no parezca precipitada.

Los caracteres más secundarios no pasan desapercibidos. Rose es una chica sencilla en un puesto olvidado, la típica en la que nadie se fija, pero en cuanto la conoces se hace querer y su presencia parece indispensable; eso sí, si nos la presentaron siendo una mecánica, no pinta mucho pilotando una nave al final: convertirla en una heroína de acción es como desandar lo andado, despreciar el mensaje inicial de que todos cuentan. Con el General Hux consiguen que deje huella, a pesar de la aparente simpleza de su dibujo: un trepa psicópata, un perro rabioso pero fiel, como dice Snoke. Genial el momento “El Líder ha muerto. ¡Larga vida al Líder!”

Los actores están espléndidos, mostrando todos un entusiasmo y pasión que el director aprovecha al máximo. Imposible destacar a alguno entre John Boyega, Daisy Ridley y Adam Driver, todos bordan sus papeles, pero Mark Hamill merece una mención especial, por ser un regreso muy anhelado y que salda con maestría aun con las reticencias iniciales con su rol. Muestra todo el dolor que lo ahoga como si fuera un actor de primera, no uno de tercera que vive de las rentas de un éxito pasado. También hay que alabar a Domhnall Gleeson, capaz de conseguir un general temible a pesar de su juventud y cara de bueno.

Si El despertar de la Fuerza fue una introducción a los nuevos personajes, Los últimos Jedi lo es al conflicto global, abordándolo con una idea muy concreta: llega el fin de una época y el nacimiento de otra. Luke, aparte de evadirse por sus sentimientos de fracaso y remordimientos, empieza a ver que la Fuerza no es un asunto exclusivo de los Jedi, que el equilibrio entre luz y oscuridad se mantiene de forma natural y fueron unos egoístas al creerse el centro de todo lo relativo a esta energía. Por extensión, cree que ni los Jedi ni él pintan nada en un mundo que están construyendo los jóvenes. Kylo Ren está hastiado del control que ejercen sobre él los adultos, y se los quiere quitar de en medio para labrarse un camino en total libertad. Rey ofrece la otra cara de la moneda: el anhelo de unos padres y guías adultos le impide ver su propia fuerza. Con Leia, inicialmente se nota que estarían perdidos sin líderes como ella, lo que la abruma, aunque no por eso se rinda; y poco a poco ve la madurez de los jóvenes destinados a reemplazarla, encontrando esa nueva esperanza tan esperada.

De cara a extender la serie también se aporta savia nueva, llevando el legado Jedi más allá de unas pocas familias de sangre pura. Que Rey venga de la nada y nazcan otros Jedi sin más ha cabreado a algunos fans, pero yo lo veo una actualización lógica y muy bien aprovechada que enriquece el universo de La guerra de las galaxias. Los únicos puntos oscuros serían los citados más arriba sobre los orígenes de Snoke y los Caballeros de Ren.

ASPECTO AUDIOVISUAL CASI IMPECABLE

Rian Johnson, quien se dio a conocer con Looper, ha cumplido muy bien como director, sobre todo teniendo en cuenta las dificultades a la que se enfrentaba. Están las exigencias de los productores, las limitaciones argumentales, que esto es una serie con parámetros concretos, y las presiones de los seguidores, que no son pocas. Y con todo ello a cuestas debe lidiar con un rodaje de superproducción de alto nivel. El resultado es notable, sobresaliente en cuanto a dirección de actores, con los que logra algunas escenas memorables, como los encuentros entre Rey y Kylo, unos complicados por su contención y otros porque el espectáculo y las semejanzas con los capítulos antiguos podían minar su fuerza. Sólo podría criticársele que no viera que el guion en el tramo central no estaba a la altura y lo redujera en la mesa de edición para que no hiciera tanta mella. Con veinte o treinta minutos menos saldría una película muy superior.

En los aspectos técnicos sorprendería a estas alturas que fallaran, como mucho podríamos encontrarnos con un capítulo que por argumento no permitiera mostrar tantos lugares imaginativos. Y el presente precisamente tiene un poco ese problema: el casino no llama mucho la atención, es un lugar muy humano, mundano, cuando podían haber ideado cualquier cosa; a la nave de Snoke le falta imaginación y personalidad, que es un triángulo más grande y punto; incluir otra vez al Halcón Milenario volando por lugares estrechos mientras los persiguen los cazas enemigos ya cansa. Por lo demás, dirección artística, vestuario, decorados y efectos especiales son impecables y espectaculares.

La única limitación destacable, y esta sí es muy inesperada, viene de la banda sonora. La experiencia y maestría de John Williams se nota en cada nota, en su capacidad para llevar a un nuevo nivel las imágenes y dejar extasiado al espectador, pero al contrario que el magnífico Episodio VII, donde sorprendía con un trabajo mucho más sutil que el acostumbrado tono épico, aquí anda muy falto de inspiración. La partitura es una reutilización constante de todos los motivos ya conocidos, no hay renovación, expansión y adaptación a las nuevas situaciones. El ejemplo más evidente es que el conflicto creciente de Rey y Kylo y sus sentimientos en común eran caldo de cultivo para explorar versiones más dramáticas y oscuras de sus fantásticos temas, pero Williams no parece tan siquiera intentarlo.

CONCLUSIÓN

Analizada la cinta en conjunto, da la impresión de que sus autores tenían bien planeado el arco de cada protagonista, pero no los escenarios donde desarrollarlos. Y en esos falta imaginación y vitalidad, sobra algo de autocomplacencia (mirar demasiado al pasado) y sobre todo pesa la lucha por el control entre los productores de la serie. Anhela demasiado ser El Imperio contraataca y El retorno del Jedi y se queda más cerca de El ataque de los clones y La venganza de los Sith: es otro episodio más largo y descentrado de la cuenta, con mucho potencial desaprovechado. Pero, como esas entregas, resulta también un espectáculo vibrante, deslumbrante en numerosas ocasiones, pero además tiene algunas mejoras, como la gran calidad de sus personajes y, aun teniendo todavía alguna salida absurda, el estilo más serio y adulto.

DETALLES VARIOS

Listo aquí unos cuantos apuntes y detalles que no me cabían en el ya de por sí largo texto:

-El doblaje de El despertar de la Fuerza me sorprendió para bien con voces para los actores jóvenes poco conocidas y muy bien adaptadas. Pero aquí hay una cuestión chocante: Mark Hamill habla como Harrison Ford, porque comparten un actor de doblaje habitual. No me vale decir que fue la voz que tuvo Luke de joven, porque no se parece en nada a la de entonces. Teniendo en cuenta la de dobladores que hay, y que a estos actores los han doblado distintas voces a lo largo del tiempo, ¿por qué tenemos que encontrarnos con que Luke habla como Indiana Jones? Me sacó un montón de sus escenas. Menos mal que una vez pasado el mal trago de tener que verla doblada en el cine la revisiono siempre en VOSE.
-R2D2 y C3PO están muy olvidados, como si quisieran cumplir con ellos y ya está. Hemos pasado de sobreexplotación infantil en las precuelas a esto, y no me gusta. Al menos, el reencuentro de R2 con Luke es conmovedor.
-La visión de Rey en el pozo del Lado Oscuro es sugerente pero no da mucho de sí, cuando la de Luke en El Imperio contrataca era tenebrosa y se remataba señalando que podría convertirse en Vader.
-Vale que es fantasía, pero cagadas como el viento que hay en el espacio en el prólogo de La venganza de los Sith y la de las bombas de aquí, que caen en el espacio como en la atmósfera, son fácilmente evitables, que quedan fatal. Que no haya descompresión en la nave (abren las compuertas sin más) me lo puedo tomar como que tiene un campo de fuerza.
-Qué conveniente que desaparezca todo el ejército que rodea a Finn y Rose. ¿Y de dónde viene ahora Phasma, si estaba al lado? Bastaba con poner a aquellos dos corriendo entre el caos, no era tan complicado.
-Con Phasma al final no han sabido qué hacer. Iba para villana secundaria llamativa y aquí se la quitan de encima de mala manera con una pelea final cutre metida con calzador. Pero luego resulta que sí tenía un final digno pero fue recortado, con un duelo verbal con Finn la mar de efectivo, y bastante breve, así que cabía de sobras. Lo podéis ver aquí. Con menos caballitos tontos hubiera habido tiempo para desarrollar a estos secundarios tan interesantes…
-Se destruye el puente de mando cuando Leia sale despedida, pero luego trabajan desde otro puente perfectamente equipado sin explicar de dónde sale. Se supone que el hangar ha sido destruido, pero Finn y Rose despegan sin problemas con una nave.
-Según un fugaz plano en el epílogo, Rey ha cogido los vetustos libros Jedi, esos que se conservan de puta madre en un entorno de gran humedad. ¿Los toma para estudiar? Me cuesta creer que ella los coja sin preguntar. Además, si el mensaje es olvidar un pasado obtuso y caduco y abrazar los nuevos tiempos, ¿por qué esa escena?
-¿La baliza localizadora de Leia y Rey sólo suena cuando la miras o está todo el día haciendo ruiditos molestos?

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
-> Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

Encuentros en la tercera fase


Close Encounters of the Third Kind, 1977, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 132 min. (cines), 135 min. (Especial Edition), 137 min. (Director’s Cut).
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Steven Spielberg.
Actores: Richard Dreyfuss, François Truffaut, Melinda Dillon, Bob Balaban, Teri Garr.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Buena puesta en escena.
Lo peor: Caótica y artificial pero vacía, lenta cuando no pesada. Incomprensiblemente sobrevalorada.
Versiones: Hay tres versiones en las que al parecer cambia un poco el tono dramático y humorístico de la locura de Roy y los líos con su familia. La de cines, la edición especial (donde destaca que se ve a Roy entrar en la nave), y la Director’s Cut. Unos prefieren la original, otros la versión final del director. En movie-censorship las analizan más a fondo.

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Con el cuarenta aniversario y su llegada remasterizada en 4k, incluyendo reestreno en algunos cines, se está volviendo a hablar de una película de la que en realidad nunca se dejó de hablar, pues fue un fenómeno bastante notable en su estreno y desde entonces se ha mantenido muy viva como obra de culto. Pero yo nunca he entendido esa fascinación. Crecí en los ochenta fascinado con el mejor Steven Spielberg, el de E.T. e Indiana Jones, más otras grandes sagas que marcaron una época, como La guerra de las galaxias o Regreso al futuro. Pero Encuentros en la tercera fase nunca me dijo nada. Recuperada ahora como adulto sigue dejándome igual de frío, y como ahora puedo entender en qué falla, por extensión también me sorprende ese estatus tan alto que mantiene. Lo que veo es una cinta plomiza en ritmo, con un argumento sin dirección clara, muy poca sustancia y que además abusa del sensacionalismo, y unos personajes poco o nada llamativos.

Me he quejado, en sus respectivas críticas, de que el Spielberg contemporáneo, el de Caballo de batalla, Lincoln y El puente de los espías, es muy dado a remarcar e incluso forzar emociones, a tirar de dramón barato y maniqueísmo para taladrar al espectador (y a la academia de los Óscar, pues se nota mucho que estos últimos años gritaba por premios) una emoción determinada, mientras que en los setenta, ochenta y noventa su estilo era mucho más natural, la magia emergía de una buena historia, unos buenos protagonistas y situaciones originales y con gran fuerza. Pero en Encuentros en la tercera fase (que además escribió él, al no encontrar un guion que lo satisfaciera) ya mostraba a lo grande ese amor por el artificio, por la construcción obvia de planos y escenas. El prólogo es buena muestra de ello, con tanto secretismo e intriga forzados (qué conveniente la tormenta de polvo), musiquita insistente, palabras crípticas y planos demasiado evidentes (esos trávelings hacia las caras de asombro), todo para realzar un truco argumental barato: proponer algo insólito para tratar de atrapar la imaginación del espectador.

Avanzando en la proyección se ve pronto que ese prólogo, con los aviones de la Segunda Guerra Mundial apareciendo intactos en el presente, ha sido simplemente eso, un truco, uno del que además abusa, pues vuelve a él con esos indios embelesados (¿ante qué?) y el barco en Gobi (otro desierto y otro vehículo antiguo, qué ingenioso). Porque, ¿sirven estos enredos para dar sentido a la trama y desarrollar el viaje de los protagonistas? Ni por asomo. Una vez presentada la historia OVNI queda claro que secuestran o abducen gente, siendo esto lo único que tiene relevancia en sus aventuras; las apariciones supuestamente sobrecogedoras de vehículos en sitios raros (a lo que hay que añadir la larga escena de los controladores aéreos) son adornos, y viendo el metraje excesivo y los bajones de ritmo que suponen, evidentemente innecesarios y malogrados.

Me temo que entrando en materia no se ve un horizonte muy sugerente, ni en complejidad, ni en profundidad, ni en el factor asombro o magia, como para justificar precisamente el asombro que despertó la película. Es demasiado larga y dispersa para lo poco que llega a mostrar, y también poco emocionante. La mitología OVNI se queda en su mínima expresión y no aporta ninguna novedad a los relatos típicos. Un encuentro en la carretera, una abducción ruidosa en una casa, y el contacto definitivo. Las dos primeras están bien trabajadas, y en la época, más con la fiebre de los platillos voladores aún dando coletazos, puedo entender que funcionaran. Pero es que no hay nada más. El suspense de quiénes son, qué hacen aquí, qué quieren de los humanos y qué pasará con los protagonistas se va diluyendo con rapidez porque ni la trama ni sus arcos personales se terminan de dirigir hacia algo determinado. Todo el misterio central se basa en el personaje principal, Roy, haciendo montañitas. Cada cual se lleva largos y aburridos minutos, en especial cuando se empeña en meter tierra por la cocina, que es la simple y repetitiva forma que tiene Spielberg de remarcar que ha quedado un poco tocado y es incomprendido por los demás.

De hecho, aparte de la locura irracional, ¿qué mueve a Roy? Lo suyo sería hablar de cómo el encontrarse con los alienígenas lo ha despertado de su vida monótona y aburrida, y cómo anhela nuevas experiencias y buscarlos para encontrar respuestas. Pero no nos llega a contar nada con esta figura tan superficial e intrascendente, no digamos ya con los secundarios, que entran y salen del relato sin motivos claros. Sólo hay una ocasión en que Roy intenta (con otros afectados) algo más concreto, hablar con el gobierno. Es una escena necesaria dado el tema tratado, pero Spielberg parece cumplir con ella con desgana para luego centrarse en la incomprensible locura de Roy, prácticamente sin volver a hablar de otros implicados y de los movimientos del gobierno hasta el final, donde tampoco aporta nada jugoso.

El contacto con los extraterrestres sólo tiene una secuencia donde veamos a alguien trabajar en una investigación, y es bastante chapucera: la del francés exponiendo, ante una pequeña audiencia, que ha descubierto una melodía con la que quizá puedan comunicarse. Es tan vago todo que deja un montón de incógnitas. ¿Quién es este individuo y por qué manda tanto? ¿Qué han visto los indios, qué cantan, cómo ese tipo saca de ahí la pista para llegar a la melodía? ¿Cómo un aspecto clave de la trama se expone en una escena tan breve y tonta? Pero hay más… ¿Y ese otro tipo, el de los mapas, qué hace metido en todo? No sé si es un intento de incluir humor, pero menudo desastre de personajillo; al final incluso parece uno de los rangos más altos en la base militar donde preparan para el encuentro.

Aparte, el realizador también se entretiene demasiado en un drama familiar que reincide demasiado en unos pocos clichés anodinos, añadiendo más metraje inerte y la sensación de que no sabe en qué historia y género centrarse. En E.T. el lío familiar tenía relevancia clara y era muy emotivo. Aquí los niños cansan desde la primera aparición, la esposa es un maniquí, y después de tanto rollo, en el tercer acto se olvida por completo de ellos, como si no hubieran existido.

El desenlace es la mismísima definición de anticlímax. Llegamos a la montaña por fin, ya iba siendo hora, para que lo único que veamos sean más platillos volantes en un escenario propio de James Bond (o sea, muy común, sin originalidad ni sorpresas). ¿Y qué ocurre ahí? Nada de nada, salvo alguna incongruencia monumental, como la otra mujer, Jillian (esa que aparece de vez en cuando sin venir a cuento, como para cumplir con el tema de las abducciones), que no quiere acercarse porque no ve a su bebé ahí, cuando ha ido precisamente buscando a los alienígenas que se lo llevaron y estos se están acercando justamente ahora, o ese beso que se da con Roy, cuando no se ha mostrado ningún acercamiento romántico, amén de que significa confirmar que a Roy su familia le importa una mierda, con lo que queda un individuo bastante cabrón aparte de idiota.

Todo el eterno tramo final se resume en que los alienígenas y humanos se saludan y hacen un intercambio erasmus, que para colmo no se sabe de dónde sale, porque en este momento queda claro que el gobierno está improvisando la comunicación, o sea, que no se han pasado mensajes antes para poder concretar ese plan. Entre medio suena mucho la melodía, pero resulta ser otro artificio, musiquita facilona para encandilar al espectador, pues no llega a formar parte de ninguna sorpresa o conclusión. Pero está claro que la melodía funcionó y sigue funcionando, pues todo el mundo habla de ella pero no de que la película en realidad no cuenta nada ni en su ruidoso pero vacuo desenlace. Es que ni se llega a aclarar el título. ¿Qué es la tercera fase? ¿Y la primera y segunda? En algunos pósteres lo explican, pero durante la proyección no se puede ni dedudir: la primera fase es ver un OVNI, la segunda tener evidencia, la tercera realizar el contacto.

En resumen, Encuentros en la tercera fase es media hora de anexos sensacionalistas (los viajes por el mundo) irrelevantes en la trama, casi una hora del prota medio loco, sin garra ni dirección clara, media hora de viaje a la montaña, sin intriga ninguna, y media hora de final más que lento pesado de la nave aterrizando para que luego no pase nada interesante. Sí, toda la película se basa en ir a una montaña a ver aterrizar una nave. Se saludan y se acaba.

Tampoco se puede decir que deslumbre en su acabado. La labor de Spielberg es sólida pero muy tradicional, no sorprende nada. Los efectos especiales son correctos sin más, nada original o espectacular, lo único que hacen es ponerle luces a los platillos volantes de toda la vida, siendo esta también la única y pobre actualización al género. Los actores son competentes, pero los personajes son muy pobres y no tienen un recorrido llamativo, así que no conmueven. Ni la música de John Williams destaca más allá de las dichosas notas, es uno de sus trabajos menos interesantes, y aun así tiene una veneración como si fuera La guerra de las galaxias.

Para cintas de contactos con extraterrestres está la propia E.T., clásicos como Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951), o las más recientes Contact (Robert Zemeckis, 1997) y La llegada (Denis Villeneuve, 2016). Si es que hasta ¡Han llegado! (David Twohy, protagonizada por Charlie Sheen, 1996) es más estimulante que este bodrio.

La guerra de las galaxias: Episodio VII – El despertar de la Fuerza


Star Wars: Episode VII – The Force Awakens, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 135 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Lawrence Kasdan, Michael Arndt, J. J. Abrams.
Actores: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Harrisond Ford, Carrie Fischer, Mark Hamill, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Andy Serkis, Lupita Nyong’o.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes son maravillosos, los diálogos geniales, la historia sencilla pero bien contada, y todo se remata con un reparto fantástico y una puesta en escena perfecta. La aventura es vibrante, emotiva y memorable como se espera de un capítulo de La guerra de las galaxias.
Lo peor: Un agujero de guion importante, más algunos detalles que podrían haber sido evitados.
Mejores momentos: Tantos… Los dejo para el apartado de spoilers.
El plano: El final, con dos protagonistas mirándose cara a cara.
Las frases:
1) Cumpliré con tu destino, terminaré lo que tú empezaste -Kylo Ren.
2) No sabía que había tanto verde en la galaxia -Rey.
3) Suéltame y deja la puerta abierta -Rey.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Los datos reveladores los dejo para el apartado final, el resto de la crítica sólo menciono lo que se intuye en el tráiler. No revelo sorpresas, ni detalles concretos, ni el destino de los personajes.–

QUÉ ESPERABA

Con todo el dinero y prestigio que había en juego en Disney después de pagar a George Lucas 2.000 millones de dólares, más otra cifra semejante en acciones, era bastante esperable que fueran a tratar de esquivar los puntos polémicos de la trilogía de precuelas, denostada por la mayoría de los fans de la saga, y fijarse más en los aciertos de la trilogía original. Pero en el lado contrario pesaba el miedo a que en el lío de productores metiendo mano y cambiando guionistas y directores saliera un desastre aún mayor. Las continuas reescrituras de guion no me asustan de primeras, porque es parte del proceso (si siguen así mientras ruedan sí es para temblar) y hasta no ver el trabajo final no podemos opinar nada concreto. Fue la elección J. J. Abrams como realizador y firmante del repaso final al libreto la que me dio mucho miedo, pues precisamente falló en sus intentos de recuperar sagas y estilos de los años ochenta: la frialdad de Super 8 y Star Trek no eran buenas señales, y más concretamente las dos entregas de la renovada (y pisoteada, porque no tiene nada del espíritu de la original) serie trekkie apestaban bastante con su guion chapucero y el abuso de efectos narrativos y especiales sin ton ni son; y para colmo gustaron al público, con lo que los productores podrían pensar que valía la pena seguir por ese camino.

Así pues, pasé por una fase de negación total, “esto va a ser un desastre”, antes de limpiarme de toda sensación y esforzarme por ir sin prejuicios, en blanco, con la puerta abierta a la esperanza. La voy a ver y que venga lo que sea. Si es mala al menos podré divertirme poniéndola a parir en la redes. Pero los fans hemos tenido una suerte inmensa. El despertar de la Fuerza ha resultado ser un capítulo fantástico, memorable.

¡ES LA GUERRA DE LAS GALAXIAS!

Para empezar, ya en el tráiler se veía respeto por el espectador, en especial por el fan. Sabes que el fanático va a verla sí o sí, no se la destroces en un avance; pero tampoco jodas al público potencial revelándole lo mejor cuando es más efectivo crear expectación. ¡Creía que se había perdido la forma de hacer tráileres de verdad! También vimos entrevistas varias donde Abrams señalaba sus intenciones de mirar a las viejas películas, algo no del todo de fiar porque en las promociones se miente mucho, y también porque una cosa es lo que dices y otra lo que consigues al final. Pero el estreno confirmó ese amor por la saga y el esfuerzo por hacer las cosas bien, por buscar despertar en el espectador las mismas sensaciones que tuvimos con la trilogía original: vibrar con la aventura, sentir conexión y admiración por los personajes, sumergirte en un universo mágico y fascinante. Los fallos de Lucas en las precuelas han quedado atrás: los excesos visuales que saturaban de colores, criaturas digitales y escenas exageradas e infantiles en detrimento de un tono más serio y una narrativa mejor trabajada; el fracaso a la hora de confeccionar personajes de gran nivel (sólo en el Episodio III se acercaba a ello), incluyendo el casting y la dirección de actores, pero sobre todo los diálogos; las tramas políticas densas que no lograban el interés esperado y abandonaban la esencia aventurera y la clásica fantasía de espada y brujería.

Los actores elegidos son magníficos, los diálogos están rebosantes de ingenio y gracia, el dibujo de los personajes es estupendo, y como resultando tenemos unos protagonistas maravillosos y entrañables. La puesta en escena es intachable, no hay abuso de escenarios demasiados sobrecargados, sino que mantienen la belleza sobria y natural de las películas originales. Y la aventura deslumbra y emociona como pocas logran hacerlo. De principio a fin te mantiene pegado a la butaca con una odisea épica de familias enfrentadas, príncipes oscuros y elegidos de la luz, el destino señalando el camino, viajes a lo desconocido en busca de respuestas, lugares asombrosos y duelos inolvidables. Resumiendo, el capítulo séptimo es cien por cien La guerra de las galaxias.

Es imposible no enamorarse de Rey, la chica dotada pero abatida por un trauma del pasado que le impide explotar su potencial hasta que el destino la alcanza. Difícil no sentir empatía con Finn, su conflicto moral y su huida sin rumbo hasta que los acontecimientos lo empujan a decidir. Quieres abrazar a BB-8, un robot redondo que no habla pero resulta adorable. Poe es puro carisma y coraje. Te conmueves con la presencia de viejos conocidos, que son ellos mismos pero con nuevas historias a cuestas que les dan bagaje. Y puedes sentir temor y a la vez empatía por el villano, Kylo Ren, con su lucha interna y el inevitable enfrentamiento contra los héroes.

¿Qué será de cada personaje? Como saga de fantasía te puedes hacer una idea general, igual que era fácil intuir que en Una nueva esperanza ganaría el Bien sobre el Mal. Pero aun así el viaje resulta no sólo atractivo, sino delicioso, cada nueva vivencia y acontecimiento llega con una intensidad que pocas veces he visto en el cine reciente (Interstellar, Mad Max: Furia en la carretera y Guardianes de la galaxia). Se disfruta a lo grande viendo cómo crecen y la dinámica que van creando entre ellos, cómo se enfrentan a los distintos problemas externos y conflictos internos. Y menuda química se logra: gracias a la combinación de guion, casting y dirección de actores se ofrece un resultado difícilmente mejorable. Los diálogos son ingeniosos, dulces, emotivos, oscuros, trágicos… según requiera la situación, describiendo a cada personaje con mucho tacto, cimentando sus relaciones con naturalidad y atractivo. Cabe destacar que el sentido del humor es brillante, siendo la entrega más divertida de toda la serie. Los primeros pasos entre Rey, Finn y BB-8 son geniales y te ganan para toda la proyección; sublime el momento de BB-8 haciendo el gesto de “ok”, por ejemplo. Y en la parte oscura no defraudan tampoco, teniendo líneas que dan canguelo: las dudas de Kylo, sus arrebatos (“¿El androide ha robado un carguero?”), el interrogatorio (“Tú… tienes miedo”)…

El elenco elegido es un acierto digno de aplauso. Los jóvenes Daisy Ridley (unos pocos papeles muy secundarios en algunas series inglesas) y John Boyega (dado a conocer en Attack the Block) demuestran un entusiasmo y compromiso total, logrando unos personajes tan creíbles que desde su primera aparición te quedas prendado de sus miserias, miedos, esperanzas y esfuerzos. Oscar Isaac es un gran actor que ya cuenta con mucho reconocimiento (fantástico su papel en A propósito de Llewyn Davis), y derrocha carisma y simpatía. Harrison Ford es lo que se esperaba, un Han Solo viejo, con historia y cargas detrás. La única un poco corta sería Carrie Fisher, pues le falta algo de garra a sus intervenciones. A Adam Driver lo conocía por su papelón en Girls y sabía de lo que era capaz, pero aun así me ha dejado anonadado. Qué magistral exposición de lo que supone caer al Lado Oscuro: los sentimientos encontrados, el miedo, la sumisión al líder… Así tenía que haber sido Anakin en las precuelas: un chico perdido, lleno de contradicciones y miedos, atraído por las formas más llamativas y fáciles del Lado Oscuro, pero Lucas tropezaba demasiado en su desarrollo, y sobre todo la pifió a lo grande con la elección del intérprete. También cabe señalar que el doblaje al castellano es excelente, algo cada vez menos común; de hecho en las precuelas era bastante malo.

LA PUESTA EN ESCENA, TAMBIÉN IMPECABLE

El guion es certero, pero la dirección de Abrams, sumada al trabajo actoral y el esfuerzo del equipo técnico, es lo que termina de levantar esta enorme película. Decir perfecta es quedarse corto. La proyección es un no parar, no te deja respirar, no hay bajones ni desviaciones. El equilibrio y empaque de cada escena es sensacional, cada una de ellas combina magistralmente un poco de acción, un poco de fascinación por lo desconocido, de fantasía épica, de personajes cautivadores, de diálogos brillantes, y otro tanto de pequeños detalles que terminan de perfilar su irresistible magia. No se dejan huecos donde el desinterés y la desconexión puedan aparecer, no se desaprovecha una sola emoción que pueda sacarse de la situación.

Por ejemplo tenemos una escena presentada en el tráiler, la de un personaje misterioso rondando las ruinas de un destructor imperial: con golpe de sonido sutil y un plano llamativo captan toda tu atención, con el entorno te envuelve la atracción por lo desconocido, con la acción del personaje (recoger chatarra para sobrevivir) te definen lo justo de su vida para conectar con él y esperar más con interés. Y basta un par de secuencias por protagonista para ponerlos en camino, no hay una larga y farragosa introducción ni recesos expositivos, todo fluye de maravilla como en pocas obras se ha visto (de nuevo cito Mad Max, porque está claro que es el referente de la década). Lucas en las precuelas se perdía en largas secuencias de acción hipertrofiada que sólo contenían efectos especiales, y cuando se centraba en los personajes lo hacía tarde y lejos del nivel exigible. Abrams pone todo su empeño en que cada situación aporte algo al desarrollo de los protagonistas.

La fotografía es estupenda, el montaje es un portento indescriptible, los efectos especiales están siempre al servicio de la narración y son magníficos (hay mucho digital, pero sabiamente usado)… Pero lo que más me llama la atención es el magistral uso del sonido. Pocas veces he visto una implicación tan férrea y efectiva entre efectos sonoros y la transmisión de emociones: un disparo de bláster parado en el aire, la entrada de Rey en pantalla, un casco que retumba al caer, o los efectillos para mostrar el poder de Kylo, son usados con sabiduría para contener o explotar tal o cual emoción.

En cuanto a la inevitable mención a John Williams, este ofrece una composición exquisita que realza la acción y el drama con el esperable virtuosismo, pero como se inclina más por lo sutil algunos han acabado descontentos al no encontrar algún tema tan épico como deseaban, como si la banda sonora fuera sólo eso. Aquí hay más apoyo velado a la acción y los personajes (el tema de Rey es sencillo y el de Kylo muy contenido) que un despliegue de cortes de gran fuerza heroica o trágica como los que necesitaba La venganza de los Sith. Y tiene tantos momentos inolvidables como en las demás entregas: Rey’s Theme, March of the Resistance, Kylo Ren Arrives at the Battle, The Abduction, Scherzo for X-Wings… No, Williams no ha fallado, ha superado el listón, por alto que lo pusiéramos, como hace casi siempre.

AUNQUE TIENE ALGÚN FALLO… ¿Y ES UN REMAKE?

Ahora bien, aunque El despertar de la Fuerza es una obra deslumbrante en el sentido emocional, en llegar directa al corazón, no es perfecta en la lógica. Algún error tiene, y quizá porque se acerca más a la trilogía original, repite algunas lagunas de aquella. El principal problema es el deus ex machina que da cierre al misterio principal, el nexo que mueve a los personajes… la Búsqueda de rigor en la fantasía, vamos. Pues resulta que se resuelve porque sí, y descoloca bastante después de tanto darle importancia al asunto. Y lo peor es que da la sensación de que era facilísimo hacerlo bien. Por suerte es el único fallo importante. Las preguntas sobre dónde está la flota de los malos, que nadie vea venir una estación tan grande y peligrosa o lo fácil que es acabar con ella, vienen de las viejas películas y no me parecen agujeros de guion grandes (sí lo fue en El retorno del Jedi al no explicar qué es de la enorme flota tras la destrucción de la Estrella de la Muerte); incluso podría decir que también se repite el mal uso del tiempo que se ve en la batalla de Una nueva esperanza: según indican los personajes, todo el asalto se desarrolla en quince minutos, pero es como si hablaran en tiempo de película y no en tiempo de lo que realmente duraría, de forma que dicen “dos minutos” y vemos un montón de eventos y desplazamientos. Lo único que puedo considerar como mejorable es que podrían haber matizado algunas cosas: la ubicación de los distintos planetas importantes queda un poco confusa, no se sabe muy bien de dónde viene y a dónde va la Estrella de la Muerte, y quizá habría sido mejor explicar algo de la estructura política actual para darle un poco de dimensión a la galaxia. El resto son detalles menores o aspectos muy subjetivos (la mayor parte los tengo que dejar obviamente para la sección de spoilers), como lo de si es un remake descarado o velado o no lo es en absoluto.

Yo no veo lo de remake de Una nueva esperanza, y menos si me saltan con que no tiene aportes originales. Sí le puedo poner alguna pega, pero no como para echar bilis como hacen algunos. Hay referencias más o menos claras (la esfera de entrenamiento, el ajedrez holográfico) y varios lugares comunes, inevitables para que reconozcamos el universo y conectemos mejor con el entorno. Es cierto que las precuelas se arriesgaban más, pero vuelvo al principio de la crítica: había que volver a lo que funcionaba, y para ello qué mejor que recuperar cosas conocidas. Sí, hay un planeta desértico, sí, los personajes se encuentran porque el Destino es así, y sí, hay una confrontación final clásica, porque va con el género.

Pero también es cierto que los realizadores se obsesionan más de la cuenta con el factor nostalgia, y habría enriquecido el relato si hubieran evitado dos puntos en común demasiado utilizados en la serie para aportar algo más novedoso. Podrían haber puesto un planeta no desértico para variar (o al menos haberlo llamado Tatooine directamente, leches): una tundra o uno pantanoso como parece que tenían pensado inicialmente. Pero bueno, el lugar funciona en su propósito: una jaula psicológica para la protagonista, un entorno visualmente atractivo. ¿Que sea un desierto te fastidia lo emotiva que es la presentación de Rey, su la espectacular entrada en la trama y los asombrosos planos de destructores estrellados? Pues lo siento, pero a mí está muy lejos de molestarme.

Que la batalla final sea contra otra súper arma es lo único que rechina realmente, porque no costaba nada haber planteado un desenlace de otra forma, por ejemplo con una incursión en territorio enemigo en alguna nave o base que no fuera de estas características. Por otro lado, tampoco me parece un motivo poner a parir la cinta. Es sólo un macguffin, un elemento sobre el que hacer girar la trama y los personajes. Y la trama no es cómo detienen el chisme, sino el viaje de los personajes: el drama familiar de corte fantasioso, la tragedia shakesperiana de padres e hijos, la Luz contra la Oscuridad; y ahí funciona de maravilla, superando con creces a las problemáticas precuelas. Por lo demás, sin planetas exóticos, alienígenas variados (también había un bar en El ataque de los clones y nadie se quejó), duelos a espada y demás elementos, esto no sería La guerra de las galaxias. Jurassic World sí era un remake nada disimulado: repetía casi todas las situaciones paso por paso y no aportaba nada realmente nuevo, ni siquiera ponían esfuerzo en dotar de profundidad a los personajes. El despertar de la Fuerza está muy lejos de esa categoría.

CONCLUSIÓN

El llamativo agujero de guion y cierta falta de atrevimiento para ir más allá es lo único que aparta a El despertar de la Fuerza del sobresaliente. De corazón quiero dárselo, la he visto tres veces en cines y he vivido el mismo torbellino de emociones en todas las ocasiones, pero es indudable que podría haber llegado un poco más allá. Sin embargo, también tengo que decir que, aunque se vea un poco el plumero en el factor nostalgia, Abrams y equipo han hecho muy bien lo que tenían que hacer: recuperar la esencia de la saga, ganarse de nuevo a los fans. Es el capítulo piloto de una serie y a la vez una transición entre etapas, y ahí funciona a la perfección: satisface a los viejos espectadores, atrae a las nuevas generaciones, y estoy convencido de que tiene la suficiente calidad y personalidad como para aguantar el paso de los años. El desarrollo y profundización de las tramas vendrá luego. O eso espero, porque empezando esta trilogía tan bien, si el resto crece como se espera podemos estar ante algo antológico.

ME SOBRAN ALGUNAS QUEJAS

Aunque a la grandísima mayoría del público y la crítica le ha gustado, hay un sector muy ruidoso (internet maximiza las polémicas) que se empeña en buscar fallos, exagerando lo del remake o quejándose de que no aborda los mil millones de temas posibles en una obra de fantasía. ¿Pero queréis una entrega de La guerra de las galaxias o una versión alternativa, una nueva saga espacial que sólo comparta el nombre, como ocurre con la nueva Star Trek? Para eso están los spin off que han puesto en marcha. La trilogía tiene que versar sobre la lucha entre Jedis y Sith, y para ello tiene que seguir cierto patrón. Ya vimos que la inclinación hacia la política en las precuelas no contentó a casi nadie.

Otra obsesión es la de tener explicación de todo. Deja que haya incógnitas. Si Una nueva esperanza causó un gran impacto fue porque transmitía sensación de misterio, de haber vislumbrado sólo una parte de un mundo vasto y mágico. Si explican todo lo que ocurre y nos cuentan el pasado y la trayectoria completa de todos los personajes, ¿dónde queda la intriga, la atracción por lo desconocido y el interés en ver más capítulos? Quién es el viejo del principio, cuál la situación de los Jedi que quedan, cómo nace la Primera Orden y quién es su líder, y otras cosas en suspenso están muy bien sin desvelarse por completo. Curiosamente, muchas de las obras de aventuras y acción que triunfan en los últimos tiempos son muy dadas a no explicar, no profundizar y ni siquiera a dar coherencia y lógica a situaciones y personajes: El Señor de los Anillos, Piratas del Caribe y casi todas las que nacen en su estela tienen una narrativa torpe y llena de huecos, con personajes que actúan sin que se expongan sus motivaciones y tramas completamente inconexas… Y no hay muchas quejas sobre ello. Pero con El despertar de la Fuerza algunos han ido al otro extremo, todo es analizado a fondo y expuesto a un escrutinio excesivo e injusto.

Hay que admirar la película por lo que es, no por lo que esperábamos que fuera. Y está claro que es mucho más La guerra de las galaxias que las precuelas, aunque sea menos original y arriesgada. Es el capítulo inicial de un nuevo ciclo, no se puede pedir que tuviera un poco de todo (sería proclive a quedarse corta en todo) o que se aleje mucho del concepto básico (entonces seguro que se quejarían de que no se parece a la serie).

DETALLES VARIOS QUE SON REVELADORES

Alerta de spoilers: Hay algunos comentarios que no me cabían en la crítica por ser spoilers gordos. No sigas leyendo de aquí al final si no has visto la película.–

Me resultó fantástica la humanización de los soldados imperiales, no sólo por Finn, sino por las reacciones de otros tantos oficiales y soldados (genial la pareja que huye ante la pataleta de Kylo). Que no sea un ejército impersonal de extras otorga más credibilidad y tragedia a la guerra, y más posibilidades a la historia. En cuanto a Finn, qué grandísima presentación combinada con habilidad con la de Poe. “Cálmate, cálmate”, “Estoy calmado”, “Me lo decía a mí mismo”.

Siguiendo con los villanos, no comparto la decepción por Phasma, esa comandante de traje plateado (interpretada por Wendoline Christie, Brienne en Juego de tronos) de la que muchos esperaban gran protagonismo por su aspecto diferente, aunque desde luego no estaría mal que apareciera de nuevo para explotar la relación con Finn. Por otro lado, el discurso del general Hux (Domhnall Gleeson) en plan nazi es imponente y describe bien las ambiciones de la Nueva Orden, con lo que se realza sin querer la falta de descripción de la situación política en la República: la escena de destrucción del planeta capital resulta menos impactante de lo que debiera, y ni siquiera queda claro si es Coruscant u otro mundo, ni por qué la Resistencia se esconde tan cerca.

También hay algunos detalles que, sin afectar realmente al conjunto, me disgustan un poco. ¿Por qué Rey toma el mando del Halcón Milenario por encima de Chewbacca? No me parece lógico, ni que vaya ella a por Luke siendo una don nadie, debería ir alguien cercano, como la propia Leia, u otro alto rango que lo conozca. Tampoco tiene mucho sentido el abrazo entre Rey y Leia, como si se conocieran íntimamente. Espero que el Líder Snoke dé juego, porque de primeras no me causó mucha impresión, no impone como debería. Y quizá el único diálogo fallido sale de su boca: la excesiva matización en quién es el padre de Kylo me parece innecesaria, es como si hablara para un niño chico. Las partes de acción son magníficas, impresionantes de arriba abajo… pero se pasan un poco con las hostias que se lleva el Halcón, que para ser chatarra resulta casi indestructible. Por el lado contrario, no entiendo la queja sobre que Han lo encuentra por arte de magia, cuando dice con claridad que lo estaba buscando por el sector y lo ha detectado al despegar. Y finalmente, me mosquea cómo se abre la tierra para que Kylo siga vivo. Justo en una escena paralela pusieron en bandeja una solución más natural: Hux recibe la orden de buscarlo, así que podría haber aparecido con la nave disparando a Rey para que esta huya sin matarlo.

Por suerte, como indicaba sólo hay un fallo con cierta gravedad, de esos que se pueda considerar un agujero de guion claro que fastidia un poco la narración: el giro que lanza el cierre de la trama de búsqueda de Luke, con R2-D2 despertándose repentinamente en el momento justo sin que haya una razón para ello. ¿De verdad ninguno de los guionistas y productores implicados encontró una manera más coherente y fluida de hacerlo? Es que es muy simple: tenían que haber dejado la presentación del robot para ese instante, y que fuera ahí cuando BB-8 se topa con él, le diga que tiene pistas sobre su amo, y el otro despierte para compartir el resto de la información. Ahora bien, la escena de cierre es tan hermosa y emotiva que te hace olvidar el torpe truco que nos lleva a ella: el fantástico plano de Luke reticente y Rey insistente.

Y huelga decir que todos los pequeños peros quedan eclipsados por la cantidad abrumadora de grandes escenas, por la lluvia de sensaciones que transmite toda la proyección. El encuentro de Rey y BB-8, la fuga de Finn y Poe, la unión de Finn y Rey y todo lo que viven juntos hasta… hasta el final de la película: los diálogos ingeniosos escupidos a toda prisa (la cinta adhesiva), los pasos en la relación (las veces que se salvan mutuamente)… Pero ni con tantos momentos memorables Han Solo y Chewbacca, secundarios en este relato, quedan por debajo en relevancia e interés: también hacen gala de una gran química, derrochan diálogos geniales y tienen infinidad de escenas deliciosas. La entrada en el Halcón, la negociación con los mercenarios, la ballesta, la oferta de trabajo a Rey, el encuentro con Leia, el frío y la chaqueta, la decisión de enfrentar a Kylo cara a cara…

En el antro de Maz Kanata (¿qué tiene de malo este personaje?, es encantador e intrigante) hay otras tantas inolvidables: el sable láser atrayendo a Rey (se me encogió el corazón con la fuerza que posee toda la secuencia), el soldado llamando traidor a Finn, la captura de Rey por Kylo… Luego incluso mejora: qué tensión en el interrogatorio, qué emocionante la forma en que ella empieza a descubrir sus habilidades (fantástica la fuga usando al soldado imperial –que por cierto parece ser un cameo de Daniel Craig-). Todas las apariciones de Kylo son sensacionales también: el disparo del bláster parado en el aire, la mirada a Finn sospechando de él, los arrebatos, su discurso ante el casco quemado de Darth Vader, el miedo ante Rey… y sobre todo el paso final al Lado Oscuro con una tragedia que se intuye pero no quieres creer, para terminar en un duelo final que por fin está a la altura de los de Luke y Vader: inquietante, oscuro, lleno de diálogos de gran intensidad, con los personajes en primer plano y un entorno natural bien aprovechado, olvidando las florituras absurdas y escenarios de estilo videojuego de las precuelas. Y por cierto, qué problema hay con que Finn sepa manejar un sable láser, si es evidente que conoce todas las armas de mano y se adapta rápidamente a cualquier otra.

* * * * * * * * *

Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
-> Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)